Perú sin brújula

Escrito Por: Hugo Neira 92 veces - Ago• 01•22

Hace trece meses les decía en este portal lo siguiente:

Lo que está pasando es lo que anticipó Francisco Durand, «La captura del Estado». Ni más ni menos, como en el siglo XIX, cuando grupos pequeños se convertían en plutocracias (Basadre). No de clases sino de castas y sectas. No viene del pueblo, el nuestro quisiera volver a la época anterior a la pandemia. Hoy, bajo diversas máscaras, se repite la historia, una crisis, y se preparan para dominar desde arriba mientras los de abajo los creen revolucionarios. Ahora o nunca. Después de todo, han desaparecido los cursos de Historia peruana y mundial en los colegios estatales. Y menos tienen Educación Cívica. Se están aprovechando la incultura de los pobres. Ellos, los que quieren dominar, les han quitado las asignaturas que enseñan a pensar, a razonar, a tener un espíritu crítico. Esa también es una trampa. Nos hemos olvidado que un sistema político —el que sea, liberal, socialdemócrata, comunista o conservador— tiene que tener una cosa que se llama ética. Así de simple, así de difícil.

Hace poco, una tesis fue aprobada en San Marcos. Trata de la pendejada, eso que divierte y nos hunde en el Perú, porque es el deporte más celebrado, tanto como el fútbol. Sigan así, y cada día nos iremos hundiendo en el desorden y la miseria. (El Montonero, 28 de junio de 2021, https://elmontonero.pe/columnas/ninan-cuyuchiq)

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“Desasiéndose de la historia, el hombre queda solo.”

Ortega y Gasset

Como lo saben mis lectores, me encuentro en Chile, y siguiendo un tratamiento médico, pero no dejo de preocuparme por el Perú que se hunde. En Cable, hay un canal que se ocupa del Perú (Perú Mágico), en el cual he podido seguir el programa de Jaime Chincha, “El octavo mandamiento” de Canal N, luego del discurso del presidente el 28 de julio. Lo que digo es sin interés personal. Por internet, al día siguiente he podido leer algunos diarios limeños, por ejemplo, el diario Expreso con una portada fuerte: “86 páginas de mentiras” y esta opinión: “QUIERE HACER CREER A LOS PERUANOS QUE ESTAMOS EN SUIZA, EN UN PAIS DE PRIMER MUNDO”. Me permito una felicitación por la portada. Algo conozco de comunicación pues no solo he sido en mi vida un periodista que escribía artículos o columnas de opinión, 50 años atrás fui director del diario Correo (tiempos de Velasco, que luego volvió a las manos de sus dueños). Algo entiendo por no haber sido solo un docente universitario. En todas las ciudades del mundo, los quioscos lucen diarios y revistas. Es un arte que ingresa por la imagen y el contenido de las hojas. Cuando hacíamos la primera plana, acudíamos al mejor periodista, el más agudo y a la vez sincero. Es verdad entonces, yo también he escuchado el mensaje diciendo que estábamos en el mejor de los mundos. Se entiende que el actual presidente quiera gozar de ese honor, pero lo que es de la mayoría de la población, no ve las cosas de esta manera. Voy a decir algo personal. No lo voy a aplaudir, pero tampoco soy de los que golpean a quienes ya están en el suelo. A Pedro Castillo no lo conozco personalmente, pero conocemos su vida, él adora lo que llamamos el campo, el mundo agrario. Bueno, a cada quien sus gustos. Hay también seres humanos que aman el mar, el océano, y otros los cerros y las grandes alturas. Digo esto, señor Presidente, porque nuestro país actual es de costa, sierra y selva, no solo agrario, es una visión algo anticuada.

Hoy el Perú es un país urbano como consta en las publicaciones oficiales, las del INEI, por ejemplo. La migración interna no fue la obra de los partidos políticos, las iglesias o los gobiernos. No señor, y es el más grande fenómeno social y político, espontáneo. Comienza a mediados del siglo XX y modifica todo. Llegaron por millones cambiando por completo el rostro de Lima. Se cansaron de esperar que llegara la modernidad, la escuela para los niños andinos, los médicos, los dentistas, la chamba, y a falta de trabajo, inventaron su pequeño negocio, sus tiendas, etc. Eso que llamamos ‘los informales’. Es por allí, señor Presidente, donde está la pobreza, en las grandes urbes, y por cierto, la delincuencia, el desorden. Con su discurso señor Presidente —y no soy el único que lo diga—, usted muestra que no conoce el Perú de estos días, sus gigantescos problemas. Faltos de cultura mínima, con esa primaria y esa secundaria, la peor del planeta, entre otros. Yo me formé en escuelas fiscales estupendas pues mi familia no era de las clases altas. Los últimos de la clase, es título de un libro de un profesor peruano, Nicolás Lynch. Desde entonces el saber, el conocimiento, necesarios para prosperar, han desaparecido. No hay sociedad avanzada y poderosa sin educar al pueblo, de ahí la creación de riqueza, mediante los recursos humanos. No podemos entrar a la modernidad con el vicio del dinero fácil, la plata como cancha, como dijo el dueño de una universidad. O sea, la coima, el soborno o el cohecho.

Pero no todo es así. En el programa de Jaime Chincha en TV, escuché a sus invitados, entre ellos el ministro de cultura, Alejandro Salas, y Cayetana Aljovín, varias veces ministra, y otros más. Yo estaba a punto de apagar la tele, desfilaban funcionarios cercanos al actual presidente, cuando de pronto escuché ideas sensatas y se formuló una pregunta necesaria, decisiva y muy sencilla. ¿Adónde va todo y todos los peruanos, señor Presidente? Cada país y cualquier civilización se proyectan, se ponen metas indicando un punto de llegada deseable. Por ejemplo, en Brasil apuntan a mejorar el PBI per cápita de un 3,4%. En España, proyectan aumentar el PBI de un 4% este año. Otros se preocupan por la cantidad de ciudadanos que tendrán más de 75 años. O si se tendrá el doble de jóvenes en edad escolar dentro de veinte años, lo cual implica formar más profesores y tener locales en número suficiente. En fin, usemos una metáfora: nuestro querido Perú es hoy como nave en aguas peligrosas. ¿Adónde vamos señor Presidente? ¿Hacia qué meta económica, científica, política y moral? Los países son como los antiguos navíos o buques, tienen una ruta, ¿o es que somos apenas una chalupa llena de infames campeones de robo al Estado en ese juego peruano de volverse rico de un día para el otro —la coima—, desde arriba hacia abajo? No se nace con esa costumbre, se aprende. Ese chongo es peor que el Covid.

Publicado en El Montonero., 1 de agosto de 2022

https://www.elmontonero.pe/columnas/peru-sin-brujula

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