Odebrecht y los siete pecados capitales, a la peruana

Written By: Hugo Neira - Jun• 30•17

1 La crisis política, moral y ética que produce Odebrecht es mayor que cuando se descubrieron los vídeos tomados achoradamente a una serie de personalidades y personajes de la vida pública recibiendo dinero en la célebre oficina de Vladimiro Montesinos. Entonces, cae un gobierno. Hoy una capa social de funcionarios públicos y políticos. El daño es incalculable.

2- En la portada del n° 352 del semanario de César Hildebrandt se señala que «el Ministerio Público abre investigación preliminar por entregas de dinero de Odebrecht a empresas del presidente». No me alegro de esa noticia. Desde una convicción ética y republicana, no he sido nunca partidario de la vacancia presidencial, incluso cuando Ollanta Humala, que nunca fue santo de mi devoción. Siempre estuve a favor de que cada presidente cumpliera sus cinco años de poder legal. Me pregunto ahora si tuve razón.

3- El caso Odebrecht ocupa un lugar en nuestra historia contemporánea solo comparable al «affaire Dreyfus» del siglo XIX. Léase, pues, a Alberto Flores Galindo y Heraclio Bonilla.

4- Otro mito se derrumba con Odebrecht. Si no tenemos gente competente y honesta en la esfera política, acaso el personal técnico puede reemplazarla en los cargos públicos, los más altos. Estamos viendo que tampoco eso es posible. Venidos del mundo de los negocios, no entienden qué es un Estado. El presidente maneja su gabinete –donde, con algunas notables excepciones, solo hay técnicos– como si fuera una capa social de managers. La prensa no para de pedirle a PPK que «haga política». Eso le es imposible. Nunca la ha hecho. Eso se aprende de joven y en las universidades, o jamás. Digo, pues, que nuestros gobernantes no entienden que el Estado y el mercado, ambos necesarios, tienen lógicas distintas.

5- Hace dos siglos, Hegel separó conceptualmente la sociedad política, o Estado, del mundo de la sociedad civil. El Estado es el bien público. La sociedad civil representa los intereses particulares. No es lo mismo. Es hora, pues, de decir, que eso es la modernidad y que parte de nuestra élite económica confunde lo privado con lo público. Por eso el ministro Thorne no entiende por qué le reprochan su conversación con un contralor que lo graba (!) Conversación que le puede parecer habitual, normal, con presiones y juegos propios de negociantes. Desde eso que Bourdieu llama el «habitus». Desde los hábitos de clase.

6- En la sociedad peruana —alta, media y baja— la confusión de lo privado y de lo público es corriente. Por ejemplo, cuando Techito, congresista, pide el apoyo de la policía (pública) para un evento de su empresa (privada). Como sociólogo ese comportamiento revela la permanente matriz colonial en los comportamientos.

7- En el pasado virreinal, corregidores criollos y caciques trabajaban sin salarios y sus ganancias las extraían, con permiso del poder imperial, de sus dominados.

No somos republicanos sino apenas poscoloniales.

Publicado en Brújula Noticias, n°40 del 28 de junio de 2017

https://issuu.com/aeg-pucp/docs/br__jula_40

La lectura. Qué dicen los de las ciencias cognitivas

Written By: Hugo Neira - Jun• 26•17

En julio del 2016, hicimos nuestro peregrinaje ritual, pasar por Europa (sus corrientes científicas, sus librerías), antes de aterrizar en mi modesto estudio, en Chile, y encerrarme en cuatro paredes para redactar mis libros, antes de volver a Lima por mis clases. Pero quiero hablarles de una sorpresa. El libro electrónico, difundido gracias a la computadora y la atracción de sus pantallas, parecía imbatible. Pero hoy la gente compra de nuevo libros de papel y el eBook se ha estancado.

Por lo pronto, salgamos de la idiotez del dualismo. Cuando aparece el cinematógrafo, allá por los años veinte del siglo pasado, más de uno sostuvo que ese nuevo arte era la muerte del teatro. Pero hoy, en Nueva York, Broadway tiene salas de cine, que compiten con unas cuarenta salas de teatro y de musicales, como si tal cosa. En Madrid la hinchada que va al Santiago Bernabéu, templo del fútbol español, se llena con sus 85 mil asientos, lo cual no impide que la plaza de toros de Las Ventas se llene con sus 21 mil posibles aficionados a la tauromaquia. En las grandes metrópolis, hay públicos para todos los gustos. Y me libraré aquí de intentar un estudio sociológico sobre el tipo de aficionado a uno u otro espectáculo. Ese tema da para mucho, y tengo prisa por llegar a otras cosas.

Amable lector, ¿ha escuchado hablar de las ciencias cognitivas? Tengo que explicar qué es, porque es el axioma dominante en este artículo. Se trata de una convergencia de disciplinas, psicólogos, lingüistas, filósofos, antropólogos e informáticos, y de médicos especialistas en el funcionamiento de un órgano que conocemos como el cerebro. No existía esta ciencia de ciencias hasta 1975. Arrancó desde el Massachusetts Institute y una fundación americana que inyectó 20 millones de dólares para los primeros laboratorios. El trabajo se volvió, entonces, pluridisciplinario. Abreviemos, las llaman hoy neurociencias. Los 90 han sido el decenio del estudio de la mente. Desde entonces, se ha acumulado un nuevo saber sobre la forma cómo sabemos.

¿A qué viene esto? La educación –en general– en la era de las nuevas tecnologías (smartphone, iPod, tablet) ha descendido a menos. En Francia, en dos puntos. Lo mismo pasa en los muy avanzados países del norte de Europea. Así, desde 2014, dentro de un programa llamado Unión Europea Horizonte 2020, se constituye un grupo de trabajo compuesto de 150 científicos de treinta países, y cuyo director es la noruega Anne Margen. El campo de estudio es la lectura. De pedagogos a neurólogos, se han hecho la siguiente pregunta: cuál es el futuro de la lectura en la era de la digitalización. Ha sido explorado y medido todo lo que concierne el uso de las pantallas, desde los aspectos emocionales a intelectuales. No olvidemos que hoy, la informática permite escanear el cerebro de una persona, sin hacerle daño alguno.

Tengo muy malas noticias para los que creen que la formación del cerebro humano sale mejorada con el uso de las pantallas. No nos equivoquemos. Nadie niega que lo digital permite almacenamientos increíbles de datos. Yo mismo, escribiendo estas líneas, lo hago desde mi estudio con tres pantallas abiertas, y tengo unos 20 back-ups repletos de CD de libros y revistas, y que transporto en mis viajes. Pero, lo que la comisión a la que acudo tiene, es un balance negativo ante el uso de las pantallas. A saber:

En primer lugar, «la pantalla entorpece la comprensión intelectual de lo leído». Se pierde la necesaria concentración. Es frecuente que el lector se ponga a viajar en Facebook o YouTube, seamos sinceros, dejando el aburrido texto por una buena película porno. Por lo demás, la lectura en pantalla de textos largos fatiga los ojos.

En segundo lugar, se ha redescubierto la relación entre la mano humana y los circuitos neurológicos. Dicho de otra manera, si no se toma notas, no se recuerda nada. Los experimentos son concluyentes. Se ha hecho la prueba de un grupo de personas que escuchan una conferencia y miran el PowerPoint. Y en el mismo grupo, se les pide que tomen notas. Lo que recuerdan unos y otros, va de 15% en el primero y más del 85% en el segundo. El lapicero nos impone un trabajo manual y a la vez del intelecto, una frase, algún nombre, y mucho más tarde, el solo reparar uno de esos datos, el conjunto de información viene a la memoria. El cerebro y la mano están ligados. No es un capricho de educadores. Es la natura del homo sapiens.

Lo tercero, Theresa Schilhab —una de las investigadoras del E-Read— interrogando a niños daneses, se sorprendió cuando esos niños de una escuela repleta de instrumentos del mundo digital, le dicen que les encantaba ir a las librerías y tocar libros de papel. «Es más fácil, dijo uno de ellos, la lectura se hace simplemente abriendo un ejemplar, sin encender aparatos y pulsar botones». Alejandro Navas, profesor de la Universidad de Navarra, de cuyo artículo he obtenido varios de estos datos, concluye su comentario con esta frase: «Una vez más, la sabiduría habla por la boca de los niños».

Y en cuanto al PowerPoint, vasto desastre su uso en nuestro país. Las ideas no se miran. Se explican. Seguiré la próxima semana.

Publicado en El Montonero., 26 de junio de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/la-lectura

 

 

En-red-dados (J. H.)

Written By: Hugo Neira - Jun• 20•17

Julio Hevia, con mucho talento, vincula a nuestra realidad con uno de los grandes de la sociología francesa como Gabriel Tarde (1843-1904), cuya primera obra fue sobre “criminalidad comparada”. Aunque usted no lo crea. Viejo problema, y teoría sobre una praxis achorada que envuelve a personajes que “distribuyen el dinero lavado”. (HN)

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“Gabriel Tarde (1843-1904), pensador francés, fue juez y criminólogo autodidacta y, para muchos especialistas en ciencias sociales, el auténtico padre de la denominada microsociología del fragor cotidiano, aquella dimensión en la que los flujos del imitar, del oponer y del inventar se suceden e interceptan continuamente en las redes sociales pretéritas y en las virtuales de actualidad. Recientemente reivindicado por la posmodernidad y las corrientes mejor conceptualizadas del quehacer etnográfico urbano, Tarde era un convencido de que la revolución que las clases oprimidas atisban opera, no por el poder que una coyuntura y un contexto estructurales facilitan, sino por una suerte de acumulación gradual de diatribas, intercambios y coincidencias de puntos de vista, disconformidades que fueron y vinieron de uno a otro escenario, contrayéndose y dilatándose en unos y otros lugares, entre una y otra locación, de allí que lo que la sociología debe estudiar, opinaba el autor, no es necesariamente el estallido de un conflicto social o las coordenadas espacio-temporales en las que se manifiesta, sino las secuencias y conexiones que nos llevan hasta ellas, al punto que tal eclosión ya estaría, de algún modo contenida, en el momento que un obrero deja de devolverle el saludo al patrón, la circunstancia concreta en la que este último deja de ser el patrón del primero o la razón indiscutible de su sometimiento.

Entendiendo los pequeños acontecimientos y trocas diarias desde una lectura radial, es decir, imaginándolas como irradiaciones constantes que permiten vincular la escena micro con el orden macro, disolviendo en parte la rigidez de su diferencia y relativizando el valor de su volumen, Tarde fue quizás el primer estudioso en postular que la estadística bien podría constituirse en un instrumento para mapear los afectos de los distintos sectores, para monitorear sus fluctuaciones opinativas, en fin, dar cuenta de la presión imitativa en que se apoyan las creencias generales o, en términos más actuales, acompañar las recurrentes trayectorias que sigue aquella cultura del miedo que tan oportunamente saben administrar los medios masivos de comunicación.

Hoy por hoy es probablemente Bruno Latour, con su teoría del actor-red, quien mejor ha reinterpretado el legado de Tarde, al punto de señalar que en vez de una “ciencia de lo social” de lo que precisamos es de un “rastreo de las asociaciones”, por no hablar de un itinerario de los lugares que van constituyendo las acciones del sujeto o el de las huellas locales que viran globales o viceversa. Latour nos recuerda lo obvio: Wall Street no es una entidad fantasmagórica e inaprehensible, es un local, un conjunto de operarios, unas cifras fluctuantes, unos indicadores en alza o en baja, unos documentos que se validan o se desechan. Casi como señalar que aquí y allá todo depende de lo que Bourdieu hubiera llamado el capital de contactos con que cada cual cuenta o por el que cada cual se descuenta.

La escena clásica, casi histórica entre nosotros, nos muestra a un personaje distribuyendo el dinero lavado o por lavar en una oficina del Ministerio del Interior, mundo de fajos por el que todos se fajan; también hay transcripciones de conversas y confesiones telefónicas donde se definen y redefinen los grandes proyectos de la nación, allí donde los políticos viran empresarios, los empresarios se politizan y la delincuencia de cuello blanco campea y pampea; hoy tenemos, por añadidura, odebrechtmaníacos, odebrechtvictimados y odebrechtvictimadores. El público, el lector, el ciudadano que aún cree en la honestidad y la transparencia informativa se consuela certificando que aquello de lo que hoy nos enteramos no se hubiera revelado ayer con la misma celeridad y contundencia.

Describiendo los pesos diferenciales dados en el perfil metodológico de las antropologías norteamericanas e inglesas, Bauman sostiene que mientras los primeros se inclinaron a inventariar lo que oían, los segundos sistematizaron lo que vieron, cabe concluir que por acá, en Lima Perú, modernos tardíos y prepuberales, pasamos de un lugar a otro, sin solución de continuidad, entre vladivideos, petroaudios y demás odebrechtpatías.

Julio Hevia Garrido Lecca»

El fenómeno Macron o cómo entrar a la era del conocimiento

Written By: Hugo Neira - Jun• 19•17

El 23 de abril, en la primera vuelta, Macron salva no solo el euro, sino Francia, la Unión Europa y unos valores que no pueden desaparecer en el desorden mundial que siembra Trump con su ‘no’ al ecologismo, Putin que se inventa una nueva guerra fría, los ingleses consternados con la tontera que han cometido con el Brexit, el terrorismo islámico, el ejército de Daesh, entre otros signos de desaliento a nivel planetario. Y por una vez, un signo positivo en la escena.                                   

Domingo 18, han sido las legislativas francesas.

Descripción. Amplia mayoría para La República En Marcha! Unos 319 escaños o sea, la victoria espectacular del presidente Macron. Los Republicanos, 103. Derrota de los socialistas, 32 escaños. Unos 8 escaños para el Frente Nacional, pero Marine le Pen, a la Asamblea. Solo había sido diputada en el Parlamento Europeo. Francia Insumisa, 16 y Mélenchon diputado. Y algo muy significativo, la abstención, al 57%.

Explicación. Macron cuenta con mayoría absoluta. El pueblo de Francia le ha dado los instrumentos para la acción, eso está claro. Podrá hacer las reformas que el país espera. No me voy a poner ahora a describir la Francia fragmentada por el impacto de la mundialización, el retroceso del empleo, etc. En síntesis, el voto es de confianza. Y a la vez, de vigilancia.

Comentario. Nadie va a decir que un jefe de Estado europeo con apoyo legislativo es un tirano. Eso no puede ocurrir en un país cuyos ciudadanos permanecen políticamente activos ganen o pierdan. Los partidos no desaparecen, como ocurre en nuestro país. Y no se puede decir que republicanos conservadores, socialistas, comunistas y electores del Frente Nacional, han perdido. Esa expresión no tiene sentido alguno. Ahora bien, escuchaba los debates. Está claro, tienen en común la misma educación. Entonces, se entienden aun cuando discrepan.

En cuanto a Macron. Alguna vez consulté a un motor de investigación de Internet. Pregunté si había «socialismo liberal». Y los anónimos motores me contestaron: «Pregunta mal planteada». Pues bien señor robot, esa temática existe. Serge Audier, Le socialisme libéral  (La Découverte, 2006). Audier es docente en Paris-Sorbonne (París IV). El concepto —dice— se presta a confusiones. «Se trata de superar el liberalismo clásico y el socialismo autoritario». Y recuerda que lo anticipa Bobbio, Walzer y Habermas. Naturalmente, el librito (124 páginas) puede haber pasado desapercibido entre los 4 mil por año que se publican en Francia sobre ciencias sociales y humanas, pero a mí me llamó la atención en uno de mis viajes.

Macron es también un tema de filosofía política. Ha tomado una serie de principios que provienen del lado liberal, el individuo, la propiedad, el mercado. Pero eso no lo hace un neoliberal. Y del otro lado, la idea del Estado como agente de los servicios sociales, en Salud, Educación, protección de los pobres, y eso no lo hace un totalitario. Desde hace un par de siglos, existen dos poderosas corrientes del pensamiento occidental, liberales y socialistas. En su caso, convergen. Pero ¿protección social y cambios en el régimen de trabajo en materia de despidos? Macron tiene una batalla colosal por delante.

Y también nosotros. Me refiero a la Educación, en especial la media. Lo que quiero decir es que Francia posee un capital que nos falta desesperadamente, aquello que el sociólogo Bourdieu bautiza como el “capital simbólico”. No solo el dinero, señores, hace el progreso de una nación. Es curioso que se olvide que Francia está siempre entre los cuatro primeros países del mundo que ganan premios Nobel. A saber, Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña. Además, la república francesa goza de una educación pública gratuita, masiva y de calidad. Es decir, lo que nos falta. He vivido y practicado la enseñanza como profesor en Francia, rango que se adquiere por concurso. Los alumnos tenían computadoras, lo que no les impedía haberse formado con libros y cursos de física, química, lógica, historia, literatura. Materia por materia, no como aquí, “por áreas”. El resultado es visible. “Los últimos del planeta”, parafraseando a Lynch.

Sin embargo, hay una corriente dominante en Lima, convencida que para llegar a adquirir ciencia y tecnología hay que deshacerse de las humanidades. Como siempre, estamos tomando el rábano por las hojas. No se ha entendido que el saber teórico alimenta las ciencias experimentales. Alemania y Francia tienen filósofos y matemáticos. Está claro, nos falta el aprendizaje del saber que sabe cómo llegar al saber. Eso que se llama propedéutica y métodos. Algo que explica el caso Macron, capaz de ser banquero, ministro de economía y filósofo. ¡Qué problema para nuestros tecnócratas!

En fin, me permito decir que viajar como lo ha hecho el Presidente a Europa para atraer capitales, es tarea obvia. Pero me parece que debería haberlo acompañado la ministra de Educación y el de Cultura. Es hora que admitamos que el diseño curricular adoptado por decenios es un fracaso monumental. Millones de peruanos —de las clases populares— han salido de la secundaria sin poder ni leer ni escribir ni razonar. Formados para la nada. No nos sorprendamos que aumenten los sicarios juveniles. Una misión francesa nos podría ayudar. Y colaborar con el actual Consejo Nacional de Educación que prepara un plan educativo.

Publicado en El Montonero., 19 de junio de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/el-fenomeno-macron

La violencia simbólica. No solo con los gays sino con el «otro»

Written By: Hugo Neira - Jun• 12•17

Desde Max Weber, hay una sociología de la dominación. Pero el concepto de Herrschaft, «lo usa de manera restringida y precisa» (Francisco Gil Villegas en la tercera edición castellana de Economía y Sociedad). Para entender a Weber hay que partir del concepto de Verstehen que se puede traducir por comprensión. Es decir, entender «la economía, los órdenes y poderes sociales». Siempre y cuando el sociólogo se obligue a imponerse la objetividad. Pero ello no significa complicidad con los poderes fácticos. Comprender o Verstehen es develar el velo de ignorancia que cubre la conciencia de los dominados. Formas de orden y dominados y dominadores, siempre los hay en toda sociedad humana. A diferencia de Karl Marx, no funda Weber una internacional política. Deja la tarea de la acción a lo que llama «los actores sociales». La paradoja es que la sociología comprensiva, cuando se vuelve Erklärend (explicación), revela las formas más ocultas del poder de los dominantes. En efecto, más allá de la policía, los ejércitos y el dinero, hay una forma de violencia que no es física. La llamamos desde Weber la «violencia simbólica». Ella lleva a aceptar en los dominados los dogmas y criterios de los dominadores. Los medios, la educación, las costumbres…

¿A qué viene todo esto? El azar construye la presente nota. Ocurre que en este mes de junio, dicto un curso sobre pensamiento social francés en la Alliance Française, lo cual incluye pensadores, digamos, de Sartre a Touraine. Y me ocuparé de Pierre Bourdieu. Y justo entre mis papeles, revisando mis notas, encuentro un artículo suyo sobre la cuestión gay y lesbianas. De años atrás, obviamente. Ahora bien, Bourdieu casi no se ocupa del movimiento de homosexuales hombres o mujeres, porque ellos —dice— no lo necesitan, «se defienden lúcidamente de la visión dominante» a la que llama «el falonarcisismo mediterráneo». Bourdieu se ocupa de la violencia simbólica en general. Y entonces me pregunté cómo se está usando y para qué, en nuestra sociedad peruana. ¡Y quiénes!

Por mi parte, en clase o en un artículo, creo que se debe definir el concepto que se usa. «La violencia simbólica es un poder casi mágico, que permite, tanto como el uso de la fuerza física o de la presión económica, influir en la mentalidad, gustos y hábitos de los dominados, hasta convencerlos de aceptar los criterios de sus dominadores». Bourdieu fue miembro del Collège de France y desde ese altísimo púlpito laico, examina sin complacencia alguna, a la élite francesa (La nobleza de Estado). A los catedráticos mismos, siendo uno de ellos (Homo academicus). Francia, a diferencia nuestra, adora sus críticos, de Voltaire a nuestros días. Nosotros, en cambio, preferimos que se vayan (Pásara, Oviedo, Julio Ortega). Para felicidad de las camarillas que se benefician con el éxodo de los mejores.

A mí me parece muy valioso que los dominadores luchen para que se deje de marcar negativamente a categorías sexuales que son una realidad y tienen derecho, como todos, a la visibilidad. Pero ese mismo aparato de poder que rechaza un estigma —de orden sexual— es el mismo que estigmatiza en el orden intelectual y político a aquellos que osan no estar de acuerdo con ellos. Han establecido una polaridad, keikismo y oficialismo, de la que viven. Y en el campo de las ideas ellos, que no son gran cosa, deciden quiénes son los «correctos». Y el que no lo es, «resulta el otro». Al cual evitan minuciosamente. El estigma toma la forma, entonces, de la invisibilidad. No siempre, ni a Carlos Meléndez, ni a mí ni a El Montonero.

El azar he dicho. Ocurre que en estos días, Hernando de Soto ha recibido el Premio Internacional sobre Desarrollo Empresarial 2017, en Suecia. «Por su investigación sobre la formalización del derecho de propiedad como el motor de los países en desarrollo». La noticia está en Internet y no en algún diario peruano. Y ni siquiera lo he encontrado yo, sino Claire mi mujer, que sabiendo que ando zambullido en mis clases y libros, trajina por las redes. «Los análisis de De Soto» —dice el paper que circula— «fueron una fuente principal de inspiración para los informes Doing Business del Banco Mundial realizados con regularidad en 190 economías y ciudades seleccionadas a nivel subnacional y regional.»

De Soto se llevará una sorpresa ante estas líneas que no me ha pedido. Ciertamente, en algún momento trabajó con Alberto Fujimori. Yo no lo hice. Vivía en el extranjero pero vine unas semanas a ser parte del esfuerzo cívico por impedir que llegase a un tercer mandato. Creo que se llamaba el Foro Democrático. Fuimos, con Lourdes Flores, Cucho Haya de la Torre, por desangeladas universidades a predicar contra ese abuso. ¿Pero esa es una razón para no escuchar hoy, al excepcional consultor que es De Soto? Digo, pues, que en Lima hay inquisidores. Ni siquiera son una burguesía. Pequeños burgueses, incapaces de reconocer la existencia del otro, del distinto. Sacrifican el saber para seguir en el poder. De Soto es un sabio. Ay del Perú cargado de problemas, que lo desperdicia.

Publicado en El Montonero., 12 de junio de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/la-violencia-simbolica