“Con pisco de Moquegua se conquistó el viejo oeste norteamericano”

Written By: Hugo Neira - May• 29•17

Cedo el espacio a un amigo de toda la vida, publicista, que nos trae un testimonio sobre el pisco más allá de las peleas legales que libramos con nuestro vecino sureño. (HN)

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El secreto estuvo guardado dos centurias en el fondo de ventrudas tinajas. Dos circunstancias que llamaron mi atención, me llevaron a tan feliz como sorpresivo descubrimiento.

En Tacna, allá por la década de los ochenta, cumpliendo funciones oficiales en la promoción de nuestro turismo me encontraba, cuando hojeando las páginas de un viejo álbum, llegué a una colección de bellas fotografías que mostraban la arquitectura de la vecina ciudad de Moquegua, lugar que yo no había visitado jamás.

Debo decir que quedé deslumbrado ante aquellas fotos que pusieron frente mi vista paisajes urbanos de una pequeña capital, ni ostentosa ni avergonzada, que ignoraba ella misma, los valores plásticos de que estaba dotada; ello, a despecho de la sensibilidad de poetas y pintores que transitaban por las calles de esa dulce Villa, en trance de convertirse en ciudad. Al día siguiente hice maletas y marché en busca de Moquegua, la desconocida. Confieso que la realidad superó mis expectativas. Fundada en 1541, no exhibía las heridas del tráfago histórico que le tocó vivir, como consecuencia de las luchas por la independencia y de la tragedia que significó para ella, la Guerra con Chile, que sembró destrucción por todas sus calles. Parece que los moqueguanos, pasado el conflicto, se dedicaron con amor y con afán, a restaurar el hogar común de sus ancestros.

En contradicción con la realidad, tuve la sensación de que Moquegua no había sido castigada por sismo alguno, pues no registraban sus paredes las marcas del mal humor tectónico que nos zarandea frecuentemente a los peruanos. Luego reflexionando, ante el espejo de la realidad, encontré respuestas a este sorprendente y positivo buen estado de conservación. Parece que los moqueguanos desde los días coloniales de fundación, se impusieron la mesura como un estilo de vida que nunca quebrantaron, del cual surgió no una ciudad colosal de torres, palacios, campanarios, edificios y grandes conventos, sino una maqueta de sí misma, una ciudad en miniatura… ¡el pueblo de Blanca Nieves!

Obedientes a esos principios, no renunciaron sin embargo a la armonía volumétrica, al matizado de los colores, a la joyería primorosa engastada en sobrias paredes de baja estatura y espigado encanto. Un rasgo que mi afán indagatorio no puede explicar, es el referente a los techados de “mojinete”, extendidos en el extremo de la costa sur del Perú Eterno, que en Moquegua adoptara carta de ciudadanía otorgando gracia y personalidad prevalentes y distintas a su arquitectura. Con su concepción de “dos aguas” el “mojinete” tiene tres, al cortar el cono típico de los techos de dos aguas y convertirlo en la figura de un trapecio, por razones ignoradas pero bellas.

Pues, a esa economía natural de paredes y de alardes de altura, ha debido Moquegua su resistencia a los sismos que azotaron su geografía, hasta que llegó el último y brutal remezón que la azotó combinando la violencia telúrica, con la capacidad destructiva del tiempo, para echar por tierra el sesenta por ciento de sus bellas edificaciones. Volvemos a la década de los ochenta y me veo llegando a esa ciudad para el regocijo del espíritu, humana, arbolada, tierna, fresca en su verdor; hecha para caminares, para mirares, para solazares en un mundo de dimensiones coherentes con las de la naturaleza humana. Me impresionaron los colores contrastados de sus paredes rimando con las tonalidades de sus techos de “mojinete” en diálogo amistoso con el azul incomparable del jacarandá y los tormentos de luz de la buganvilia. La tarea por delante era sencilla, busqué al alcalde, le propuse el proyecto: resanaríamos lo que hubiera que resanar; repintaríamos lo que necesitara ser repintado y procederíamos a la reinauguración de una Moquegua de fantasía, engalanada por el sol que la convierte en la ciudad del Perú que recibe mayor cantidad de luz solar, en todas las estaciones del año.

Visitamos al administrador del Hotel de Turistas de Moquegua y le propusimos el plan promocional: aquel día que no saliera el sol en Moquegua, el pasajero del hotel no pagaría el alojamiento. Luego vinimos a Lima y se armó el escándalo: la chica tímida que era Moquegua, de la noche a la mañana pasó a convertirse en la turbadora dama de moda del turismo en el Perú. Durante los últimos días de nuestro deslumbramiento moqueguano, disfrutamos también de su incomparable gastronomía, de sus postres, de su pastelería, de sus bebidas: el famoso pisco Biondi, los ponches, los macerados y misturas; también y sobre todo, de su cultura, de su poesía, de su historia y de ese símbolo de la arqueología, que es su “Cerro Baúl”. Recorrimos palmo a palmo su campiña, nos sorprendieron, regados por el campo, los restos de risueñas, apagadas, enormes y ventrudas botijas de pisco y los derruidos paredones que en otros tiempos habían guardado destilerías y bodegas del dulce y quemante licor de la uva. Ello, a la vuelta de cada recodo de los múltiples caminos.

En su mejor momento pisquero, el también pequeño valle solo tuvo diez mil hectáreas productivas de esos frutos de Dios. En ellas llegaron a establecerse ciento veintiséis bodegas productoras de pisco. Viendo las gigantescas botijas de alfarería arrumadas en los campos, nos nació una inquietud. ¿Fue acaso Moquegua un lago de pisco? ¿Para quién, en los tiempos antiguos, se producían estos ríos del néctar sagrado? No tuvimos que esperar mucho tiempo para hallar la respuesta: vueltos a Lima para impulsar la campaña de promoción de Moquegua y su turismo, una joven estudiante norteamericana que pretendía graduarse de historiadora en una universidad de su país, motivada por todo lo que los medios de comunicación comenzaban a decir de Moquegua, tocó entusiasmada nuestras puertas, y en forma atropellada por la excitación nos espetó: – “El oeste norteamericano fue conquistado con el vigor de los piscos de Moquegua, en el Perú”.

Luego, ya más sosegadamente nos contó que estaba culminando un viaje de constatación, en la tarea de investigación histórica que se había impuesto como trabajo de tesis universitaria “¿Qué licores tomaban los pioneros norteamericanos que se lanzaron a la conquista del oeste?”. Ello la había obligado a indagar en archivos, rutas de transporte terrestre, rutas marinas, sobre todo de la costa del Pacífico, esquemas industriales y comerciales de producción, distribución y comercialización; y especialmente, avisos periodísticos de incipiente publicidad y crónicas y relatos publicados e inéditos.

Mientras ella hablaba, cobraban vida en nuestra imaginación escenas de las películas de vaqueros que atiborraban las pantallas cinematográficas de nuestra infancia. Eran las famosas “Cow Boy” que mostraban profusamente a los vaqueros bebiendo licor en los “Saloon” o cantinas de puertas de vaivén, y haciendo héroes del más entregado al hábito de la bebida; que dieron lugar a un género de películas, al que despectivamente se les llamó “coboyadas”, por su propensión a liquidar toda diferencia por la fácil vía de la destreza en sacar el revólver y matar al adversario, cuando este era otro colono; o por el desigual enfrentamiento entre el rifle de los invasores y las flechas de los “indios”, a los que nos enseñaron a odiar. Pero más allá de valoraciones éticas, nos sorprendió el dato que se nos daba, corroborado por la joven estudiante, en las relaciones de carga de las empresas navieras norteamericanas que hacían el tráfico de cabotaje, o de destino a destino, entre los sureños puertos peruanos en la América del Sur, y los del oeste, en el Pacífico norteamericano. Allí habían quedado registrados los recojos de grandes cantidades de pisco de Moquegua, en el puerto de Ilo, con destino a los nacientes Estados Unidos.

La estudiante había querido llegar hasta Moquegua, ciudad de la que se enamoró, y al día siguiente, partió de retorno a su país, llevando fotos que ilustraban los restos de las tinajas y de las bodegas productoras, que sobrevivían en el valle de Moquegua, bañado por el río del mismo nombre. Nunca más la volvimos a ver. Eran años en que Chile aún no nos había iniciado su loca carrera por chilenizar productos naturales y culturales del Perú. El club Moquegua constituido por residentes moqueguanos en Lima, se movilizó en apoyo de la campaña de turismo que emprendimos en favor de su tierra. Fui invitado en repetidas ocasiones para dictar conferencias sobre el tema, que tuvieron lugar en su amplio local institucional de la Avenida Salaverry y en el más amplio aún, del Club de la Unión en la Plaza de Armas de Lima. Allí, con el testimonio de los más viejos moqueguanos, reconstruimos una historia que había quedado en el olvido: más o menos cien años atrás, el valle de Moquegua fue atacado por la filoxera, una plaga que destruyó las plantaciones de vid. Al año siguiente, los agricultores volvieron a la carga, insistiendo en producir la uva que había sido su producto emblemático, pero la tierra había quedado infestada por el mal. Tras cinco años de insistencia, todos quedaron empobrecidos y optaron por otros cultivos en un valle en que casi no había existido una pulgada que no estuviera dedicada a la vid.

El ser humano tiene una proclividad al olvido de los capítulos dolorosos de su historia, y eso había pasado a los moqueguanos. Pasaron los gobiernos en este país incapaz de establecer políticas de Estado, y el tema de Moquegua en su dimensión turística y en su dimensión pisquera fue olvidado. Valga la oportunidad para que hoy, con treinta años de atraso, volvamos al tema. Yo propongo que restauremos la hermosísima Moquegua, con motivo del Bicentenario, y que nos organicemos para emprender la campaña del regreso del licor con que se conquistó el oeste, a los Estados Unidos. Podríamos abrir un gigantesco mercado, para nuestro entrañable pisco. Me ofrezco para ambos emprendimientos. Lucidez, experiencia y entusiasmo, me sobran.

Alfonso Salcedo Rubio

Perú y el Pacífico. Serge Dunis, la visita de un sabio

Written By: Hugo Neira - May• 19•17

Este es el relato de una obra excepcional y de una serie de viajes. Alguien que conozco personalmente ha logrado, tras años de erudición y de expediciones científicas, una visión de la totalidad del Pacífico, el más vasto de los océanos y que vincula las tierras asiáticas y americanas. Estas líneas no son sino un sucinto relato que une el Antiguo Perú a los mares del Asia continental, las plantas y la gente andina con las islas melanesias y polinesias, con Hawái, la isla de Pascua o Rapa Nui, y la Nueva Zelandia y Taiwán. El lector se preguntará, en efecto, ¿qué liga la Amazonía y los Andes con las islas del Pacífico? ¿Nuestras humildes aldeas cusqueñas, puneñas y bolivianas con el inmenso océano («155,6 millones de km2, el 46% de las aguas del mundo, más vasto que todas las tierras reunidas»? dice el autor (p. 699). El amable lector ya se habrá dado cuenta de que hablamos de un hallazgo de alcance descomunal. Sin embargo, en las líneas que siguen, verá que la ciencia del hombre se hace desde comprobaciones sencillas, tanto como las iguanas que sorprendieron a Darwin cuando visita las islas Galápagos.

Este es un relato de amistad y de viajes. Todo comienza en Papeete. Centro administrativo de la isla Tahití, 176 mil habitantes. Cuando algún peruano llegaba a la isla —María Rostworowski o Enrique Carrión, a los que acogí—, en una tarde le hacíamos conocer la franja costera de un urbanismo californiano, distritos, iglesias, centros comerciales, y en el centro, altas montañas, isla volcánica. De clima tropical húmedo. La mayor de las islas, entre las 118 de los cinco archipiélagos, está a 4400 kms de Hawái, a 7900 de Santiago, y a 5700 de Australia. La población, chinos, franceses, ingleses y maoríes. Una universidad había nacido a pedido de los residentes. El Ministerio de Educación francés decidió el envío de profesores muy especiales. Así fue cómo Serge Dunis llega a Papeete, había sido profesor en el Caribe, en Nueva Zelandia. ¿Y saben una cosa? Nada es mejor para la vida universitaria que las ciudades pequeñas. Oxford, Stanford, el París del barrio latino. Los profesores de la Université de la Polynésie Française vivíamos a tiro de piedra. Y en ese lugar en medio del Pacífico, surgieron dos grandes pasiones. La interdisciplinaridad entre nosotros mismos. Y los viajes científicos por el resto del mundo. Dunis, el de mayor experiencia, dirigió un doctorado, ‘Imago Mundi’, proponiendo a nuestros doctorantes que venía de todas partes un comparatismo polinesio-europeo. Y entonces, como americanista, fui parte de ese equipo excepcional MAUI. Serge Dunis, egresado de la ENS, llega como profesor de literatura y civilización británicas y después de un doctorado con Lévi-Strauss, en antropología. Y yo había seguidos dos ciclos con aquel, parte de mi formación en la EHESS. Y entonces, lo animé a que conociera el Perú andino. Conocía medio mundo salvo a los amerindios.

En 1999, Dunis llega a Lima. Tuvo encuentros con especialistas, de ellos se acordará y no me dejará mentir Jorge Bruce, que fue el traductor. Luego, el Cusco. Luego, un viaje a Puno y a Bolivia. ¿Sabe el lector que el camote (patata dulce) se extendió por las islas lejanas, de Rapa Nui a Nueva Zelandia? ¿Y que hay 17 variantes del mito de patate douce? Ahora bien, prometí en las primeras líneas un hallazgo concreto. La antropología se hace, como la zoología, la botánica y la geología, en el terreno. Fuimos Dunis y yo al mercado de Puno y luego lo mismo en La Paz. Y nos pusimos de cuclillas ante las vendedoras quechuas de lo que llamamos camotes. Dunis pronunció la palabra mágica, umara (el nombre que le dan los polinesios). Y las señoras replicaron, kumar(a). Inflexiones, suelen ocurrir de una lengua a otra. Pero ya sabíamos algo real y decisivo. ¡La planta alimenticia era la misma! La misma que salva del hambre a los isleños de la Rapa Nui cuando pierden sus bosques. La misma que se instala en Nueva Zelandia. Viajaron en las piraguas dobles de los polinesios, los vikingos del Pacífico.

Este sencillo hallazgo cambia la vida del sabio Serge Dunis. Lo dice nada menos que Maurice Godelier en el prefacio, donde me cita (p. 38). Había otras similitudes que Dunis quiso comprobar, a la manera de un Alexander von Humboldt, viajando. Lo que sigue el corto episodio peruano es el estudio de los indios de Norteamérica. Ya no perseguía solo la huella del pájaro albatros o las ballenas sino los mitos. De Amerindios, pasa a la Siberia y a Europa. En el libro que tengo a la mano, desfilan mitos, tubérculos, pájaros, tortugas, héroes y demonios, y 142 ilustraciones de su propia mano. Su obra es antropológica, histórica, marítima, naturalista. El momento mítico en que se separan hombres y mujeres: L’île aux Femmes. El libro ha sido publicado por el CNRS francés, solo publica investigaciones de enorme valor.

He contado este periplo como quien hubiese narrado cómo Raimondi llega al Perú. O Humboldt. Y así, una mañana al pie de la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, yo le entrego mi libro Civilizaciones Comparadas, y Dunis el libro que apenas rozo con este primer comentario. Ha encontrado un mito único que se repite desde hace 8 mil años.

Publicado en El Montonero., 22 de mayo de 2017

 

Article en français

Le Pérou et le Pacifique. Serge Dunis ou la visite d’un savant

C’est le récit d’un travail exceptionnel et d’une série de voyages. Une personne que je connais a dressé, au terme d’années d’érudition et d’expéditions scientifiques, une vision de la totalité du Pacifique, le plus vaste des océans, qui relie les terres asiatiques et américaines. Ces lignes ne sont qu’un récit succinct qui relie le Pérou de l’antiquité et les mers d’Asie continentale, les plantes et la population andine avec les îles mélanésiennes et polynésiennes, Hawai’i, l’île de Pâques, la Nouvelle-Zélande et Taïwan. Le lecteur en effet se demandera ce qui peut bien relier l’Amazonie, les Andes et les îles du Pacifique. Nos humbles petits villages du Cusco, de la puna péruvienne et bolivienne, et cet immense océan, «155,6 millions de km2, 46% des eaux du monde, plus vaste que toutes les terres réunies», nous dit l’auteur en page 699. L’aimable lecteur se sera rendu compte que nous parlons ici d’une découverte énorme. Il verra, cependant, dans les lignes qui suivent, que la science de l’homme procède par des vérifications simples, tout comme les iguanes ont surpris Darwin lorsqu’il visitait les îles Galapagos.

C’est le récit d’une amitié et de voyages. Tout a commencé à Papeete. Le centre administratif de Tahiti, qui compte 176 mille habitants. Lorsqu’un péruvien venait visiter l’île —María Rostworowski ou encore Enrique Carrión que j’ai accueillis—, nous lui faisions parcourir le littoral, d’un urbanisme californien, avec ses quartiers, ses églises, ses centres commerciaux, puis le centre, avec ses hautes montagnes d’île volcanique. Un climat tropical humide. La plus grande des îles parmi les 118 que comptent les cinq archipels se situe à 4400 kilomètres de Hawai’i, à 7900 kms de Santiago et à 5700 kms de l’Australie. La population, des chinois, des français, des anglo-saxons et des maoris. Une université y a vu le jour à la demande des résidents. Le ministère français de l’Education lui a envoyé des enseignants peu ordinaires. C’est ainsi que Serge est arrivé à Papeete. Auparavant, il avait enseigné dans les Caraïbes, en Nouvelle-Zélande. Et vous savez quoi? Rien ne vaut les petites cités pour la vie universitaire: Oxford, Stanford, le Paris du quartier latin. Nous les professeurs de l’Université de la Polynésie Française, nous vivions tous proches les uns des autres. Et en cet endroit en plein cœur du Pacifique, deux grandes passions ont surgi. L’interdisciplinarité entre nous-mêmes et les voyages scientifiques de par le monde. Dunis, fort d’une plus grande expérience que la nôtre, dirigeait le DEA ‘Imago Mundi’ qui proposait à nos doctorants issus de tous horizons une approche civilisationniste comparatiste europeo-polynésienne. Alors, en tant qu’américaniste, j’ai intégré cette équipe exceptionnelle, MAUI. Serge Dunis, normalien, rejoint l’université en tant que professeur de littérature et civilisation britanniques, après un doctorat avec Lévi-Strauss en anthropologie. J’avais pour ma part suivi deux cycles avec lui lors de ma formation à l’EHESS. Je l’ai alors motivé pour qu’il découvre le Pérou andin. Il connaissait déjà la moitié du monde mais pas les amérindiens.

En 1999, Dunis arrive à Lima. Diverses rencontres avec des spécialistes, l’une d’entre elles avec Jorge Bruce comme traducteur, qui peut en témoigner. Ensuite, destination Cusco. Puis Puno, la Bolivie. Le lecteur sait-il que la patate douce (camote) s’est étendue aux îles lointaines, de Rapa Nui à la Nouvelle-Zélande? Qu’il y a 17 variétés de patate douce? Fort bien, mais j’avais annoncé dans les premières lignes une découverte concrète. L’anthropologie, tout comme la zoologie, la botanique ou la géologie, c’est du travail de terrain. Dunis et moi nous nous sommes donc rendus au marché de Puno, puis à celui de La Paz. Nous nous sommes accroupis devant les vendeuses de ce qu’on appelle le camote. Dunis a prononcé le mot magique, umara (nom de patate douce chez les polynésiens), et ces dames ont répliqué kumar(a). Les inflexions sont fréquentes d’une langue à une autre. Mais on venait d’apprendre quelque chose de réel et de décisif. La plante alimentaire était la même! Celle qui a sauvé les habitants de Rapa Nui de la famine lorsque la forêt a disparu. Celle qui prospère en Nouvelle-Zélande. Les patates douces ont voyagé sur les pirogues doubles des polynésiens, les vikings du Pacifique.

Cette simple découverte va changer la vie du savant Serge Dunis. Celui qui le dit n’est pas moins que Maurice Godelier dans la préface où je suis cité (p. 38). Il y avait d’autres similitudes que Dunis voulait vérifier pendant ses voyages, tel un émule d’Alexandre de Humboldt. Ce qui suivra ce court épisode péruvien, c’est l’étude des indiens de l’Amérique du Nord. Il n’était plus seulement sur les traces de l’albatros ou des baleines, mais sur celles des mythes. Des amérindiens, il passe en Sibérie et en Europe. Dans ce livre que j’ai entre mes mains, les mythes, les tubercules, les oiseaux, les tortues, les héros et les démons défilent, avec 142 planches de sa propre élaboration. Son œuvre est anthropologique, historique, maritime, naturaliste. Le moment mythique où se séparent les hommes et les femmes: L’île aux Femmes. Le livre a été publié par les éditions du CNRS qui n’éditent que les études de grande valeur.

J’ai raconté ce périple comme on l’aurait fait de Raimondi lorsqu’il arriva au Pérou. Ou de Humboldt. Et c’est au pied de l’église de Saint-Germain-des-Prés que je lui ai remis mon livre Civilizaciones Comparadas, après qu’il m’ait remis le sien dont je viens de faire un bref et tout premier commentaire. Il a découvert un seul et même mythe qui se répète depuis 8000 ans. (A suivre)

Publié en langue originale dans le journal virtuel péruvien El Montonero., le 22 mai 2017       http://elmontonero.pe/

 

El populismo. Entre Frankenstein y arcángel vengador

Written By: Hugo Neira - May• 15•17

Un joven amigo y muy inteligente, me escribe y pregunta qué es populismo. En uno de mis libros, uno que espera las tintas, hay un ensayo sobre ese fenómeno, además de ocuparme de anomia, democracia y otras temáticas. Pero la edición en el Perú es veloz como las tortugas.

Populismo hay en los EEUU, Europa y Latinoamérica. El concepto rueda en los medios políticos, casi siempre como insulto. Y en los medios académicos, como repudio. En lo primero, desubica a los liberales como a los socialistas. En lo segundo, son raros los académicos que le encuentran un sentido, como lo hace Laclau. Lo primero que se nota en un populismo es lo enrevesado que es, pero también lo son sus críticos. Pero una profesora mexicana, Patricia Funes, dice lo esencial: son “una fuerza indeterminada”. Me parece, además, que los populismos son una irrupción. Vienen del abajo. Y como decía Cantinflas, “ahí está el detalle”.

Uno de mis libros se construye sobre definiciones: qué es Estado, qué es clase. Y por cierto qué es pueblo. ¡Ya no se usaba! Ya no había pueblo sino clientelas electorales. Para otros, en especial los ultraliberales, algo así como consumidores que suelen votar. Para el muy sensato “Dictionnaire de la science politique…” de Guy Hermet (en el país donde el Frente Nacional es fuerte) dice: “valorizan el pueblo y se ponen en contra de las políticas institucionales, consideradas corruptas o podridas”. O sea, gusten o no, ponen el pueblo por delante. No la clase ni la etnia. El pueblo. Vuelta a Rousseau. El soberano es el pueblo. ¿Qué hacer? ¿Ensanchar la democracia? ¿No solo con partidos sino con representantes de la sociedad civil? ¿O algunas curules por sorteo? Lo hacían los antiguos griegos. El pueblo —en todas partes— quiere estar presente en las instancias que deciden el uso del bien público.

Los populismos —desde la América de Trump a la Rusia de Putin o la Turquía de Erdogan— encarnan la crisis de la democracia representativa. Cuando la gente común duda y se exaspera con su clase política, surge alguna variante del populismo. Yo no escribo esto con criterios moralistas, no me jalo los cabellos porque aparecen líderes inclasificables. Como me he formado en las Altas Escuelas de Francia —perdón por decirlo— pienso y razono. Y sin estar a favor o en contra, me pregunto, sencillamente, por qué surgen. ¿Qué es lo que le falta a la democracia para llegar al pueblo?

Son muy distintos. Desde ‘Podemos’ en España a los Kirchner argentinos. No hay ni habrá una internacional de partidos populistas. Cada uno expresa un malestar. Por ejemplo Venezuela. Maduro debe irse pero conviene recordar qué pasó. El colapso de Acción Democrática y el Copei, dos partidos democráticos, produjo el enojo popular que lleva a Chávez al poder desde las urnas¡! Carlos Andrés Pérez, que había gobernado la próspera Venezuela Saudita, se hunde por sus inmensos robos al Estado. A la ruina populista de Maduro la precede la ruina corrupta de los adecos.

Los populismos son la impaciencia. Ahora bien, entiendo que las políticas económicas de las democracias tienen su ritmo, sus planes a corto y mediano plazo, y que, por muchas razones, un país no puede dotarse de la noche a la mañana de redes modernas de transportes, de nuevas industrias ecológicas. El desarrollo lleva tiempo. Pero vaya usted a explicar eso a pueblos que siguen sin servicios elementales hasta nuestros días, en nuestra patria y en media Latinoamérica. Y a los obreros americanos en el paro porque los empresarios de América prefieren abrir fábricas en países pobres donde la mano de obra es barata. El voto por Trump es una protesta populista. ¿Lo hace por eso menos legal?

El segundo rasgo común es que la ciudadanía que se enrumba a la protesta populista ya no se maneja con criterios de clase. ¿Es ‘Podemos’ un problema de clase? ¿Proletarios? De ninguna manera, son una masa de adherentes compuesta por jóvenes e individuos con calificaciones y que España no puede emplear (!) Esa es una rebelión de individuos. De sujetos libres, magníficamente formados y sin chamba¡! Son la metamorfosis del siglo XXI, el derecho al trabajo de calidad. ¿Qué es el populismo? Su definición no está en Platón ni en Marx, ni en los tratados de Sartori.

¿Líderes voluntaristas? Siempre son un riesgo. Los que entienden las “aspiraciones populares” tienen la tentación de quedarse para siempre en el poder, como es el caso de Maduro. Ese Fidel de pacotilla. Populista fue Domingo Perón, el Haya de la Torre de los años 30-40. Grandes oradores, por cierto. Populismo han tenido los americanos cada cierto tiempo, desde el People’s Party de 1890 —revisen la historia de los EEUU— a Roosevelt en los años treinta y el fenómeno, en los sesenta, de los hermanos Kennedy. Antisistemas, por eso los asesinaron.

El populismo tiene un doble rostro. Frankenstein: instalado, no hay quien lo tumbe. Pero también el rol del arcángel vengador, castigo bíblico para las elites vanidosas que se atreven a gobernar sin pueblo. En el Perú, todos han intentado ser populistas. De Leguía a Humala. Puesto que no hay Estado.

Posdata: Un programa de TV del presidente es un acto político de lo mejor. Lo hizo Roosevelt, charlas al pie de la chimenea. Eso es populismo, emociones directas.

 

Publicado en El Montonero., 15 de mayo de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/el-populismo-entre-frankenstein-y-arcangel-vengador

 

Banquero y filósofo. Un destino francés

Written By: Hugo Neira - May• 12•17

La victoria de Emmanuel Macron puede entenderse sumariamente a dos niveles. Efectos en Europa y en el contexto de la geopolítica mundial. Y como la necesidad de ser culto para ser Jefe de Estado en el caótico mundo que vivimos.

Macron es un hombre con suerte, con buena estrella. Se pensaba que el voto populista por Trump iba a inspirar a los electores en Francia. Ha ocurrido lo contrario. Un liderato personalista como el de Trump, sus primeros pasos, nada felices, no han ayudado a la candidata del FN, ¡al contrario! No han querido un Trump con faldas. Por otra parte, los franceses observan a pie juntillas las engorrosas negociaciones de Gran Bretaña en su divorcio con la Unión Europea (UE). Los ingleses se salieron de golpe sin negociar acuerdos comerciales y aduaneros. Tenían una serie de ventajas con la adhesión a la UE, y las han perdido. En Francia, la señora Le Pen, tozudamente, siguió insistiendo en la ruptura cuando 3 de 4 franceses no ve como sensato el salirse de la UE. Macron, en cambio, propuso otra cosa: discutir los esquemas de la UE, pero desde dentro. Y ganó. Quienes han perdido es Trump, Putin, y el turco Erdogan.

Macron sorprende. Como francés, se ubica dentro de la clase política, puesto que fue Ministro. Y a la vez fuera de la misma. Ha ganado las elecciones con un movimiento que no es ni la izquierda ni la derecha. Macron es un momento en que los dos grandes partidos franceses, socialistas y republicanos (o conservadores liberales), recapaciten y cambien de caras y programas. El fenómeno Macron obliga a todos los aparatos políticos a renovarse. Es probable que llame a unos y otros, y sin duda, gente sin partido pero valiosa. O sea, la sociedad civil.

En la política peruana, ¿qué lección se deduce de Macron? Son valores suyos la libertad, la empresa, el mercado (ha hecho fortuna como banquero), todo lo que podríamos llamar el liberalismo. Pero, en sus valores están también la solidaridad, los derechos sociales, ocuparse de inmediato de la brecha que hay entre los que trabajan y los que están en el paro. Cuenta en su destino político el inmenso bagaje de su formación en las Altas Escuelas de París. No llega en Francia, a la presidencia, gente inculta como nos ha estado pasando en los últimos años.

Publicado en Caretas n° 2487 del 11 de mayo de 2017

http://caretas.pe/politica/79027-banquero_y_filosofo

Macron. Un producto de las Altas Escuelas y del instinto político

Written By: Hugo Neira - May• 08•17

“Primeros resultados: Macron 65,8%; Marine le Pen,34,2%.”

En Francia ha vencido la razón y no el odio.

Macron ha sido ministro de Economía con Hollande, y eso no lo hace socialista. No es un centrista, como lo etiquetan en la prensa limeña. No sean burros, el centrista es Bayrou, un 6%. Macron ha montado una candidatura en menos de un año, con voluntarios, a la americana. Tan corto tiempo no se usa en Francia.

¿Quién es Macron? Una revista de Washington acierta al decir: “tiene tres vidas a sus 39 años, ha sido estudiante de filosofía, banquero y ministro de Economía”. Quien también lo ha entendido es un diario italiano, Corriere Della Sera: “En un contexto de incertidumbre y confusión, se comprende su ascensión, un joven exbanquero salido del limbo de los sin partido, pero próximo a los socialistas, defiende a la sociedad civil”. La prensa planetaria lo ha seguido. “¿Cómo se atreve a querer llegar al Elysée [palacio de gobierno] alguien que no es ni de derechas ni de izquierda” (New York Times), y además, “liberal, europeísta, proponiendo medidas y reformas que todo el mundo aborrece” (The Economist). “Macron es un enigma”, decía apesadumbrado, The Times. Ya no es.

2017. Sobre esta elección se ha dicho que era la revuelta populista contra las elites, tras el voto de los nacional-populistas del FN, y los de La Francia Insumisa. ¿Y sale elegido un pura sangre de esa elite que tiene Francia, gracias a sus altas escuelas? Un invento francés, se ubican por encima de las universidades, que son para profesiones. Ahí se forman cuadros y científicos. La ENS, la famosa École Normale Supérieure, donde estudió Sartre, y lo más graneado del pensamiento de Francia. S. Po, abreviado, Institut des Sciences Politiques (que el autor de esta nota conoce). Por ejemplo, la ENA, o École Nationale d’ Administration. De ahí sale Macron. De la escuela de Valéry Giscard d’Estaing, Jacques Chirac, y una interminable fila de ministros y altos funcionarios. Con un perfil original: banquero exitoso graduado en filosofía¡! Un imaginativo énarque, así los llaman, su campaña ha sido programas audaces. Un diario inglés le asombra su discurso, “defendiendo con argumentos complejos y contrarios a la simplificación, reuniendo la crítica y a la vez una visión optimista”.

Han perdido los autoritarismos.

¿Quiénes votan por Marine le Pen? Hay dos Francias. Una moderna y otra retrasada. Por el FN, las pequeñas villas, comunas con menos de 10 mil habitantes. En las grandes ciudades ha ganado Macron y Francia es urbana al 79%. En París, la señora Le Pen ha sacado un 4%. Además, es falso que el voto del FN sea solo racista. Los musulmanes no viven en las campiñas francesas. Pero el FN recibe votos de la Francia rural, en lugares donde no hay un solo árabe a la redonda¡! Cierto, por la familia Le Pen votan los obreros. Pero hoy no son las masas proletarias del pasado. Votos que vienen del partido comunista y que pasan de la extrema izquierda a la extrema derecha. La causa: Francia gobernada por elites socialistas y liberales, se alejó del menudo pueblo. A Macron le espera un trabajo enorme.

Hay que asombrarse de que en la crisis de la representatividad que corre como un escalofrío por todo el mundo occidental, los franceses se inventan un nuevo liderato. Un joven brillante, sin partido, y en este momento veo en la televisión cómo la gente ondea banderas en las calles, hay alegría, en especial los jóvenes. Lo explicaré en otra ocasión. Escucho las entrevistas a la gente en la calle. “Se voltea la página”. “Es otro estilo de gobernarnos”. Macron, en su primera palabra después de los primeros resultados, serio, grave (sobran problemas) y luego de agradecer a sus votantes, a todos los franceses, de inmediato ha saludado a la señora Le Pen. La política francesa se vuelve de nuevo, civilizada.

En fin, les cuento que he visto el duelo verbal entre ambos presidenciales. La señora le Pen ha estado fatal. Ella, se supone, representaba “el furor popular”. ¿Qué otra cosa es un populista? Pero se puso alegrona, juguetona y no dejaba hablar al “otro”. Lamentable. Se portó como una tía mayor discutiendo con el mejor de la clase. Y lo peor, mostró que no tenía programa. Ha perdido votos en ese duelo¡!

Mi punto de vista: el elegido en Francia reúne dos grandes tradiciones del pensamiento occidental, el liberalismo y el socialismo. Por eso está a tres pasos por delante del político corriente. Su capital simbólico es su formación elitaria en las grandes escuelas, pero solo haría de él un tecnócrata. Tiene el instinto de intuir qué quieren los de abajo. Y eso hace al político. Además, Macron es un provinciano, no es parisino. Otro punto a su favor. No es un francés “caviar”.

(Seguiré sobre este cambio en Europa)

Publicado en El Montonero., 8 de mayo de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/macron-un-producto-de-las-altas-escuelas-y-del-instinto-politico