La violencia simbólica. No solo con los gays sino con el «otro»

Written By: Hugo Neira - Jun• 12•17

Desde Max Weber, hay una sociología de la dominación. Pero el concepto de Herrschaft, «lo usa de manera restringida y precisa» (Francisco Gil Villegas en la tercera edición castellana de Economía y Sociedad). Para entender a Weber hay que partir del concepto de Verstehen que se puede traducir por comprensión. Es decir, entender «la economía, los órdenes y poderes sociales». Siempre y cuando el sociólogo se obligue a imponerse la objetividad. Pero ello no significa complicidad con los poderes fácticos. Comprender o Verstehen es develar el velo de ignorancia que cubre la conciencia de los dominados. Formas de orden y dominados y dominadores, siempre los hay en toda sociedad humana. A diferencia de Karl Marx, no funda Weber una internacional política. Deja la tarea de la acción a lo que llama «los actores sociales». La paradoja es que la sociología comprensiva, cuando se vuelve Erklärend (explicación), revela las formas más ocultas del poder de los dominantes. En efecto, más allá de la policía, los ejércitos y el dinero, hay una forma de violencia que no es física. La llamamos desde Weber la «violencia simbólica». Ella lleva a aceptar en los dominados los dogmas y criterios de los dominadores. Los medios, la educación, las costumbres…

¿A qué viene todo esto? El azar construye la presente nota. Ocurre que en este mes de junio, dicto un curso sobre pensamiento social francés en la Alliance Française, lo cual incluye pensadores, digamos, de Sartre a Touraine. Y me ocuparé de Pierre Bourdieu. Y justo entre mis papeles, revisando mis notas, encuentro un artículo suyo sobre la cuestión gay y lesbianas. De años atrás, obviamente. Ahora bien, Bourdieu casi no se ocupa del movimiento de homosexuales hombres o mujeres, porque ellos —dice— no lo necesitan, «se defienden lúcidamente de la visión dominante» a la que llama «el falonarcisismo mediterráneo». Bourdieu se ocupa de la violencia simbólica en general. Y entonces me pregunté cómo se está usando y para qué, en nuestra sociedad peruana. ¡Y quiénes!

Por mi parte, en clase o en un artículo, creo que se debe definir el concepto que se usa. «La violencia simbólica es un poder casi mágico, que permite, tanto como el uso de la fuerza física o de la presión económica, influir en la mentalidad, gustos y hábitos de los dominados, hasta convencerlos de aceptar los criterios de sus dominadores». Bourdieu fue miembro del Collège de France y desde ese altísimo púlpito laico, examina sin complacencia alguna, a la élite francesa (La nobleza de Estado). A los catedráticos mismos, siendo uno de ellos (Homo academicus). Francia, a diferencia nuestra, adora sus críticos, de Voltaire a nuestros días. Nosotros, en cambio, preferimos que se vayan (Pásara, Oviedo, Julio Ortega). Para felicidad de las camarillas que se benefician con el éxodo de los mejores.

A mí me parece muy valioso que los dominadores luchen para que se deje de marcar negativamente a categorías sexuales que son una realidad y tienen derecho, como todos, a la visibilidad. Pero ese mismo aparato de poder que rechaza un estigma —de orden sexual— es el mismo que estigmatiza en el orden intelectual y político a aquellos que osan no estar de acuerdo con ellos. Han establecido una polaridad, keikismo y oficialismo, de la que viven. Y en el campo de las ideas ellos, que no son gran cosa, deciden quiénes son los «correctos». Y el que no lo es, «resulta el otro». Al cual evitan minuciosamente. El estigma toma la forma, entonces, de la invisibilidad. No siempre, ni a Carlos Meléndez, ni a mí ni a El Montonero.

El azar he dicho. Ocurre que en estos días, Hernando de Soto ha recibido el Premio Internacional sobre Desarrollo Empresarial 2017, en Suecia. «Por su investigación sobre la formalización del derecho de propiedad como el motor de los países en desarrollo». La noticia está en Internet y no en algún diario peruano. Y ni siquiera lo he encontrado yo, sino Claire mi mujer, que sabiendo que ando zambullido en mis clases y libros, trajina por las redes. «Los análisis de De Soto» —dice el paper que circula— «fueron una fuente principal de inspiración para los informes Doing Business del Banco Mundial realizados con regularidad en 190 economías y ciudades seleccionadas a nivel subnacional y regional.»

De Soto se llevará una sorpresa ante estas líneas que no me ha pedido. Ciertamente, en algún momento trabajó con Alberto Fujimori. Yo no lo hice. Vivía en el extranjero pero vine unas semanas a ser parte del esfuerzo cívico por impedir que llegase a un tercer mandato. Creo que se llamaba el Foro Democrático. Fuimos, con Lourdes Flores, Cucho Haya de la Torre, por desangeladas universidades a predicar contra ese abuso. ¿Pero esa es una razón para no escuchar hoy, al excepcional consultor que es De Soto? Digo, pues, que en Lima hay inquisidores. Ni siquiera son una burguesía. Pequeños burgueses, incapaces de reconocer la existencia del otro, del distinto. Sacrifican el saber para seguir en el poder. De Soto es un sabio. Ay del Perú cargado de problemas, que lo desperdicia.

Publicado en El Montonero., 12 de junio de 2017

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Trump. O cómo volver pequeño a un gran país

Written By: Hugo Neira - Jun• 05•17

Trump, que gobierna con Twitter, se ha salido del planeta. Una ola de fastidio y de desilusión atraviesa el mundo y en particular, en los Estados Unidos. «Error histórico». «Vergüenza internacional». La reprobación es simplemente masiva y virulenta.

Por ejemplo, John Kerry critica amargamente «la ignorancia deliberada» de Trump. El ex secretario de Estado ve en esa acción «un llamado cínico a una facción anticiencia ligada a intereses privados, lejos de la opinión de la mayoría de americanos». El empresario Elon Musk (Tesla, SpaceX) ha rápidamente renunciado del Consejo Económico de la Casa Blanca. Y tres gobernadores —el de California, Nueva York y Washington— han anunciado la creación del US Climate Alliance. Por si acaso, California es la sexta economía del mundo. Jerry Brown, gobernador de California, es un ecologista convencido. Tres gobernadores en contra de Trump no es broma. Los Estados Unidos es un sistema político federal. Y Brown ha incorporado a Canadá, México y Suecia en su alianza. Lidera una coalición de 33 países con l,8 millones de seres humanos. La meta es luchar contra el recalentamiento con medidas científicas y técnicas. El umbral de 2°C se aproxima peligrosamente, más allá, la tierra sería incontrolable.

Trump ha provocado un tsunami de repudio en su propio país. Ha nacido un movimiento de resistencia contra el presidente y los climaescépticos, así los llaman, en el que no dejan de estar un bueno número de representantes republicanos. En esa coalición interna están desde directores de grandes empresas (General Electric, General Motors, Disney, Apple, Facebook), incluso algunos petroleros, y famosos como Arnold Schwarzenegger y Leonardo DiCaprio.

Ante el repliegue identitario de América, en Europa la cosa está que arde. Se ha formado un frente, una unión sagrada,  «contra el dirigente ignorante, o peor, cínico, que niega la realidad científica y la necesidad de combatir el cambio climático antes que sea demasiado tarde (Libération). El diario Le Monde, «El siglo XXI no será americano, como lo ha sido el siglo XX». América de Trump pierde el leadership. Ante ese vacío de poder, un trío se organiza, la Unión Europea, la Rusia de Putin, y obviamente, la República China, en camino al 2020 en que sobrepasarán en el PBI a los Estados Unidos.

Pero Trump no está solo. Sus secretarios de Estado consideran ese acuerdo un mal deal  para América. Ellos también son climaescépticos. Todo el mundo está al corriente de lo que se propone Trump, «relanzar la economía fósil en los Apalaches, financiando esa región para rehabilitar la minería abandonada». Pero incluso ese proyecto es rechazado por los expertos, como Scott Pruitt, el director de la Agencia de Protección del ambiente. «Es una idea ingenua el querer resucitar la industria de fósiles».

Trump ha llamado a la Casa Blanca a un elenco realmente particular. Ha nombrado a Rex Tillerson secretario de Estado, hasta entonces Presidente de la ExxonMobil. Patrón de una multinacional y muy amigo de Putin. En el Ministerio de Trabajo a Andrew Puzder, cuyo talento político consiste en haber dirigido una red de restaurantes de fast-food. En cuanto a Jeff Sessions, que se le ocurre decir que el solo reproche que le hace al Ku Klux Klan es que sus miembros, en sus juicios y atrocidades, «se pongan a fumar marihuana». ¡Y ese es el ministro de Justicia! Por lo demás, la ministra de Educación es Betsy Devos, directora de una empresa de venta directa. En otras palabras, a la cabeza de la hasta el momento primera potencia mundial, se encuentra un paquete de técnicos y hombres de empresa. No sé por qué, eso me suena a algo que conocemos.

Entre tanto, Berlín, París, Moscú y Pekín buscan los fondos para financiar la lucha contra el recalentamiento del planeta. Trump no dará ni un dólar al Fondo Verde. Pero incluso en eso, el tiro le sale por la culata. Un multimillonario americano, Michael Bloomberg, ya ha avanzado la entrega de 15 millones de dólares a la Convención por el Clima de la ONU. Y van a continuar los otros 193 países que firmaron el acuerdo, entre los que se encuentra la industrializada y contaminante China de nuestros días.

Los Estados Unidos estarán ausentes en la guerra contra el cambio climático. Y sin embargo, existen unas mil empresas americanas que han invertido en nuevas técnicas y procedimientos que puedan sustituir la energía hoy utilizada.

El problema americano radica en que han elegido al hombre inadecuado. Trump no ha sido aupado a presidente por las clases medias cultas, sino por parte del pueblo abandonado. Por aquellos que tienen una visión provinciana y poco educada. Hay dos Américas. La moderna y la que tiene 45 millones de pobres con subvenciones, y que no están entre los 40 millones que tienen pasaporte y viajan, y es la América no educada la que encuentra razonable el retiro táctico de Trump. Multimillonarios y lumpen, ¡vaya alianza!

Para nosotros, es una lección. Cuidado con que cualquier tipo inculto llegue a Palacio. Cuidado con los pretendientes a mandatarios, ignorantes y orgullosos de serlo. Los aventureros políticos siempre cuentan con el voto de los que el sistema ha excluido y olvidado. Cuidado con los que plagian tesis y solo saben sonreír.

Publicado en El Montonero., 05 de junio de 2017

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Roma locuta, causa finita. Toledo gana

Written By: Hugo Neira - May• 29•17

Locución latina. Quiere decir «Roma ha hablado, el caso está cerrado». Vamos lector, por una vez, un latinazgo. Establece un principio de jerarquía. Pero no estamos hablando del poder simbólico de Roma, eso fueron otros tiempos, y no se ofenda monseñor Cipriani, no estamos aludiendo al Papa Francisco que ya bastante tiene con la visita cínica del emperador Trump, sino a la verdadera Roma de nuestro tiempo. Vivimos una época de globalización y el Dios es la economía financiera transversal a todas las sociedades, sus fieles son las multitudes del consumo ilimitado y sus templos los supermercados en todo el planeta. La Roma pagana maneja el Fondo Monetario y el Banco Mundial y lo ha dicho claramente, «este es mi hijo bienamado». ¿O usted es de esos que creen que así no más pues, se invita a dar un par de conferencias académicas auspiciadas por la Organización de las Naciones Unidas y en Nueva York? En economía, política y relaciones internaciones mandan las relaciones de fuerza, a ver si nos entendemos.

¿Nuestro Poder Judicial y el Ministerio Público? Pobrecitos. Pero somos bien cautos, miren la mañosería de los diarios: «se advierten problemas para lograr detención de Toledo en EE.UU». Suaves, educaditos, ¿no? Qué pena que el gordo Villarán no sea de este mundo. En Última Hora de los sesenta, la primera página habría sido «El Imperio americano se limpia con nuestras leyes». Pero, como decía el poeta, «se acabaron los gitanos que iban por los montes, solos». Por si acaso, verso de Federico García Lorca, hay que decirlo, porque la literatura desapareció como curso hace decenios, y está por los suelos la comprensión lectora.

En fin, hace bien en protestar Marisol Pérez Tello. Ministra de Justicia, se siente indignada. También yo señora ministra. ¿Pero sabe una cosa? Yo fui alguna vez comunista, unos años de mi juventud, estudios en Europa y un viajecito por los países dominados por los soviéticos, me cambiaron los sesos. No fui aprista, pero leíamos a Haya de la Torre. Acaso no es su caso. Y entendimos que los Estados Unidos son un Imperio. Por dentro democráticos, por fuera lo que son. Una dominación solapa, de influencia no de ocupación, como los rusos. Pero eso no me hizo ni aprista ni antiaprista. Sino que, tuviese la postura política que tuviera, la arrogancia imperial entró en la cabeza de este abanquino crecido en Lince y con estudios en París. Sí, pues, el Imperio ha hablado. Y para que la injuria fuese mayor, lo han llamado para que explique qué son las asociaciones público-privadas. Maravilloso, atinado, algo como pedirle a Al Capone que diserte cómo se asalta un banco. Genial. Ese mamarracho de público-privado es trampa para privatizar los Estados, y con el tiempo, desaparecerlos.

¿Escribo esto para rajar de Toledo? No pues. En primer lugar me dirijo al ciudadano lector para decirle que a los gringos, por mucho que nuestros fiscales hablen «de ocho fuentes de dinero ilícito y varias coimas con Odebrecht» (El Comercio, 25.05.17), a los del norte, todo eso les llega altamente. Este no es asunto de leyes, aunque no faltarán abogados, y procedimientos y trucos de tinterillos, que si el ne bis in ídem, o sea no se juzga dos veces, etc. Pero ya está hecha la estafa a la nación y a aquellos que por un buen rato, creyeron en el «cholo sagrado».

Apunto a otra cosa. A la brillante carrera del «muchachito que estudió la primaria en la escuela Minerva, la secundaria en la Unidad Escolar San Pedro, y en eso que arriban a las calles de Chimbote los voluntarios del Cuerpo de Paz, y Joel y Nancy Meister, que le ofrecen a Toledo otro destino». Esto se halla en Umberto Jara, Historia de dos aventureros, si no lo ha leído, amable lector, no entiende nada. «En 1972 una maestría en Educación, en 1974, una de Recursos Humanos» (Jara, p. 33). No es economista. Pero ya es tarde, ¿no?

Escribo también para Alejando. Y agradecerle la gran lección que nos da. A ver si nos libramos de la credulidad propia a este desorientado país inclinado a la temeridad de la buena fe. Ovejas electorales que siguen a lobos carismáticos. Pero no creo que aprendan, en las escuelas no les han enseña lógica, es decir, a razonar. Se tragan todos los cuentos. Escribo estas líneas, Alejandro, para anunciar tu creación heroica. Acabas de lograr el primer golpe de Estado del siglo XXI. Se da en USA. En el corazón del imperio, vuelto el Perú una suerte de Puerto Rico de tercera. Al diablo la Soberanía, es tu teoría. Además, eres liberal, y tu hora presidencial fue cuando el republicano Bush hijo. Y ahora te apapachan en la era del simpático y sereno republicano llamado Trump. Vamos Alejandro, después de unos años, retorna. Y acaba de una vez con este simulacro de república independiente. Hoy me saco el sombrero. Un golpe de Estado sin un solo balazo. Habrá que cambiar el escudo nacional y sacar la cornucopia, erróneo signo de abundancia —salvo Ecoteva— y reemplazarla por un dedo erguido en medio de un puño. La patria achorada te lo agradece. Vuelve como Virrey, ya tenemos Marqués español.

Publicado en El Montonero., 29 de mayo de 2017

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«La Intelligentsia extraviada por el odio» (P. de E.)

Written By: Hugo Neira - May• 29•17

Reproducimos el editorial del portal digital Punto de Encuentro que reconoce que yo dije todo lo que todos sabían sobre Humala, y callaron. (HN)

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La Intelligentsia extraviada por el odio. Y el profesor Hugo Neira como una excepción Republicana

 

Una de las más perversas maldiciones que sufre el Perú desde el derrumbe de la República Aristocrática en el siglo XX y el surgimiento de partidos políticos de masas estructurados alrededor de visiones ideológicas, ha sido tener un gran sector de su Intelligentsia conducida por fundamentalismos ideológicos y odios políticos. El acto de pensar —que puede realizarse legítimamente desde la opción ideológica que cada uno adhiera—, de hacer hipótesis, contrastarlas con la evidencia, volver a pensar, no ha sido precisamente una línea de trabajo constante en los pensadores sociales peruanos. Primó antes la Panaca. La política entendida como guerra interna, y la labor intelectual como una herramienta a su servicio. Triste.

Obviamente este fundamentalismo y odio no lo cultivaron todos. Alberto Flores Galindo y Pocho Tantaleán, por poner dos insignes ejemplo, fueron dos intelectuales que, siendo fieles a su opción ideológica —socialista uno, aprista el otro— nunca torcieron evidencias y hechos a su conveniencia política. Apasionados de la historia y de los problemas del Perú, fueron siempre intelectualmente honestos.

El odio político infectó la reflexión intelectual de antiaprismo en el siglo XX, y antiaprismo y antifujimorismo en este siglo XXI. Así, la capacidad de aprender de la sociedad peruana se afectó severamente, y el relato principal sobre nuestra historia y realidad social son en gran parte constructos políticos de parte. En este esquema, la realidad, la evidencia, los hechos, sólo son piezas útiles si sirven a estos relatos predeterminados políticamente. Una Neolengua Orweliana.

Pero todo el fundamentalismo y odio político nunca bastarán para apagar el pensamiento libre, el ejercicio de la crítica, la investigación honesta, la búsqueda sincera por comprender nuestra sociedad y comprendernos como peruanos, el ir contra la corriente, el rigor intelectual, el cuestionar democráticamente las posiciones “políticamente correctas”. El profesor Hugo Neira es —entre otros pocos— una luz en estas tierras de “desconcertadas gentes”.

El 2 de junio del año 2011, antes de la 2da vuelta que llevó a Palacio a la pareja Humala–Heredia, mientras toda la Intelligentsia peruana cerraba los ojos y voluntariamente se tapaba las narices voluntariamente para apoyar a Humala, el profesor Neira escribió en La República un lúcido y dramático artículo titulado  “Ni con una pistola en la sien”. Frente al portaestandarte del odio MVLL, Neira señalaba:

«… lo que diga el Nobel no me impide pensar por mi cuenta … MVLL recibió a Humala en su casa de Madrid y eso le hizo subir varios puntos en Lima y entonces no le pareció ni el sida ni el cáncer. ¿Qué le ha visto el escritor al comandante golpista? Es un misterio. Le cree todo. Yo no… Él es (por Humala), ahora, el riesgo autoritario… Humala es el nuevo autócrata esta vez con su propia cúpula, militares de su promoción, empresarios «naïfs» y neoclientelas tras su Plan de Gobierno… Si gana Humala… puede intentar hasta un programa de derechas… ¿A quién va a servir? A todos y a ninguno. Es un voluntarista, hará lo que le dé la gana. Hará trizas economía y Nación. Para llegar, simula ser demócrata. A otro perro con ese hueso. A Ollanta lo educaron para encarnar a uno de los hermanos Ayar que revolucionará los Andes. No votaré por Ollanta Humala ni con una pistola etnocacerista en la sien.»

No era cierto entonces que nadie sabía quién era Humala y qué significaba para la sociedad, la política y el país. Había muchas evidencias, sangre y señales. Lo sabían todos. Lo sabía MVLL, lo sabía Javier Diez Canseco, lo sabían los intelectuales odiadores Nelson Manrique y César Lévano, lo sabía la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Lo sabía toda la Izquierda política. El profesor Neira fue despedido de La República después de escribir el citado artículo.

Desde Punto de Encuentro señalamos críticamente este papel de apóstoles del odio de gran parte de nuestra Intelligentsia.

El odio político la extravió. La pervivencia del odio político atenta e imposibilita directamente la construcción de una verdadera República de ciudadanos. Necesitamos una intelectualidad comprometida con la racionalidad, con la ponderación, con una sana distancia de quienes autoritariamente se sientan dueños de la verdad.

Recuperemos a la Intelligentsia, de ese extravío. Este paso es necesario para construir el sueño republicano peruano. Debe ser un Punto de Encuentro genuinamente democrático.

Profesor Neira, no está solo en el esfuerzo.

Editorial, Punto de Encuentro, 29 de mayo de 2017

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“Con pisco de Moquegua se conquistó el viejo oeste norteamericano”

Written By: Hugo Neira - May• 29•17

Cedo el espacio a un amigo de toda la vida, publicista, que nos trae un testimonio sobre el pisco más allá de las peleas legales que libramos con nuestro vecino sureño. (HN)

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El secreto estuvo guardado dos centurias en el fondo de ventrudas tinajas. Dos circunstancias que llamaron mi atención, me llevaron a tan feliz como sorpresivo descubrimiento.

En Tacna, allá por la década de los ochenta, cumpliendo funciones oficiales en la promoción de nuestro turismo me encontraba, cuando hojeando las páginas de un viejo álbum, llegué a una colección de bellas fotografías que mostraban la arquitectura de la vecina ciudad de Moquegua, lugar que yo no había visitado jamás.

Debo decir que quedé deslumbrado ante aquellas fotos que pusieron frente mi vista paisajes urbanos de una pequeña capital, ni ostentosa ni avergonzada, que ignoraba ella misma, los valores plásticos de que estaba dotada; ello, a despecho de la sensibilidad de poetas y pintores que transitaban por las calles de esa dulce Villa, en trance de convertirse en ciudad. Al día siguiente hice maletas y marché en busca de Moquegua, la desconocida. Confieso que la realidad superó mis expectativas. Fundada en 1541, no exhibía las heridas del tráfago histórico que le tocó vivir, como consecuencia de las luchas por la independencia y de la tragedia que significó para ella, la Guerra con Chile, que sembró destrucción por todas sus calles. Parece que los moqueguanos, pasado el conflicto, se dedicaron con amor y con afán, a restaurar el hogar común de sus ancestros.

En contradicción con la realidad, tuve la sensación de que Moquegua no había sido castigada por sismo alguno, pues no registraban sus paredes las marcas del mal humor tectónico que nos zarandea frecuentemente a los peruanos. Luego reflexionando, ante el espejo de la realidad, encontré respuestas a este sorprendente y positivo buen estado de conservación. Parece que los moqueguanos desde los días coloniales de fundación, se impusieron la mesura como un estilo de vida que nunca quebrantaron, del cual surgió no una ciudad colosal de torres, palacios, campanarios, edificios y grandes conventos, sino una maqueta de sí misma, una ciudad en miniatura… ¡el pueblo de Blanca Nieves!

Obedientes a esos principios, no renunciaron sin embargo a la armonía volumétrica, al matizado de los colores, a la joyería primorosa engastada en sobrias paredes de baja estatura y espigado encanto. Un rasgo que mi afán indagatorio no puede explicar, es el referente a los techados de “mojinete”, extendidos en el extremo de la costa sur del Perú Eterno, que en Moquegua adoptara carta de ciudadanía otorgando gracia y personalidad prevalentes y distintas a su arquitectura. Con su concepción de “dos aguas” el “mojinete” tiene tres, al cortar el cono típico de los techos de dos aguas y convertirlo en la figura de un trapecio, por razones ignoradas pero bellas.

Pues, a esa economía natural de paredes y de alardes de altura, ha debido Moquegua su resistencia a los sismos que azotaron su geografía, hasta que llegó el último y brutal remezón que la azotó combinando la violencia telúrica, con la capacidad destructiva del tiempo, para echar por tierra el sesenta por ciento de sus bellas edificaciones. Volvemos a la década de los ochenta y me veo llegando a esa ciudad para el regocijo del espíritu, humana, arbolada, tierna, fresca en su verdor; hecha para caminares, para mirares, para solazares en un mundo de dimensiones coherentes con las de la naturaleza humana. Me impresionaron los colores contrastados de sus paredes rimando con las tonalidades de sus techos de “mojinete” en diálogo amistoso con el azul incomparable del jacarandá y los tormentos de luz de la buganvilia. La tarea por delante era sencilla, busqué al alcalde, le propuse el proyecto: resanaríamos lo que hubiera que resanar; repintaríamos lo que necesitara ser repintado y procederíamos a la reinauguración de una Moquegua de fantasía, engalanada por el sol que la convierte en la ciudad del Perú que recibe mayor cantidad de luz solar, en todas las estaciones del año.

Visitamos al administrador del Hotel de Turistas de Moquegua y le propusimos el plan promocional: aquel día que no saliera el sol en Moquegua, el pasajero del hotel no pagaría el alojamiento. Luego vinimos a Lima y se armó el escándalo: la chica tímida que era Moquegua, de la noche a la mañana pasó a convertirse en la turbadora dama de moda del turismo en el Perú. Durante los últimos días de nuestro deslumbramiento moqueguano, disfrutamos también de su incomparable gastronomía, de sus postres, de su pastelería, de sus bebidas: el famoso pisco Biondi, los ponches, los macerados y misturas; también y sobre todo, de su cultura, de su poesía, de su historia y de ese símbolo de la arqueología, que es su “Cerro Baúl”. Recorrimos palmo a palmo su campiña, nos sorprendieron, regados por el campo, los restos de risueñas, apagadas, enormes y ventrudas botijas de pisco y los derruidos paredones que en otros tiempos habían guardado destilerías y bodegas del dulce y quemante licor de la uva. Ello, a la vuelta de cada recodo de los múltiples caminos.

En su mejor momento pisquero, el también pequeño valle solo tuvo diez mil hectáreas productivas de esos frutos de Dios. En ellas llegaron a establecerse ciento veintiséis bodegas productoras de pisco. Viendo las gigantescas botijas de alfarería arrumadas en los campos, nos nació una inquietud. ¿Fue acaso Moquegua un lago de pisco? ¿Para quién, en los tiempos antiguos, se producían estos ríos del néctar sagrado? No tuvimos que esperar mucho tiempo para hallar la respuesta: vueltos a Lima para impulsar la campaña de promoción de Moquegua y su turismo, una joven estudiante norteamericana que pretendía graduarse de historiadora en una universidad de su país, motivada por todo lo que los medios de comunicación comenzaban a decir de Moquegua, tocó entusiasmada nuestras puertas, y en forma atropellada por la excitación nos espetó: – “El oeste norteamericano fue conquistado con el vigor de los piscos de Moquegua, en el Perú”.

Luego, ya más sosegadamente nos contó que estaba culminando un viaje de constatación, en la tarea de investigación histórica que se había impuesto como trabajo de tesis universitaria “¿Qué licores tomaban los pioneros norteamericanos que se lanzaron a la conquista del oeste?”. Ello la había obligado a indagar en archivos, rutas de transporte terrestre, rutas marinas, sobre todo de la costa del Pacífico, esquemas industriales y comerciales de producción, distribución y comercialización; y especialmente, avisos periodísticos de incipiente publicidad y crónicas y relatos publicados e inéditos.

Mientras ella hablaba, cobraban vida en nuestra imaginación escenas de las películas de vaqueros que atiborraban las pantallas cinematográficas de nuestra infancia. Eran las famosas “Cow Boy” que mostraban profusamente a los vaqueros bebiendo licor en los “Saloon” o cantinas de puertas de vaivén, y haciendo héroes del más entregado al hábito de la bebida; que dieron lugar a un género de películas, al que despectivamente se les llamó “coboyadas”, por su propensión a liquidar toda diferencia por la fácil vía de la destreza en sacar el revólver y matar al adversario, cuando este era otro colono; o por el desigual enfrentamiento entre el rifle de los invasores y las flechas de los “indios”, a los que nos enseñaron a odiar. Pero más allá de valoraciones éticas, nos sorprendió el dato que se nos daba, corroborado por la joven estudiante, en las relaciones de carga de las empresas navieras norteamericanas que hacían el tráfico de cabotaje, o de destino a destino, entre los sureños puertos peruanos en la América del Sur, y los del oeste, en el Pacífico norteamericano. Allí habían quedado registrados los recojos de grandes cantidades de pisco de Moquegua, en el puerto de Ilo, con destino a los nacientes Estados Unidos.

La estudiante había querido llegar hasta Moquegua, ciudad de la que se enamoró, y al día siguiente, partió de retorno a su país, llevando fotos que ilustraban los restos de las tinajas y de las bodegas productoras, que sobrevivían en el valle de Moquegua, bañado por el río del mismo nombre. Nunca más la volvimos a ver. Eran años en que Chile aún no nos había iniciado su loca carrera por chilenizar productos naturales y culturales del Perú. El club Moquegua constituido por residentes moqueguanos en Lima, se movilizó en apoyo de la campaña de turismo que emprendimos en favor de su tierra. Fui invitado en repetidas ocasiones para dictar conferencias sobre el tema, que tuvieron lugar en su amplio local institucional de la Avenida Salaverry y en el más amplio aún, del Club de la Unión en la Plaza de Armas de Lima. Allí, con el testimonio de los más viejos moqueguanos, reconstruimos una historia que había quedado en el olvido: más o menos cien años atrás, el valle de Moquegua fue atacado por la filoxera, una plaga que destruyó las plantaciones de vid. Al año siguiente, los agricultores volvieron a la carga, insistiendo en producir la uva que había sido su producto emblemático, pero la tierra había quedado infestada por el mal. Tras cinco años de insistencia, todos quedaron empobrecidos y optaron por otros cultivos en un valle en que casi no había existido una pulgada que no estuviera dedicada a la vid.

El ser humano tiene una proclividad al olvido de los capítulos dolorosos de su historia, y eso había pasado a los moqueguanos. Pasaron los gobiernos en este país incapaz de establecer políticas de Estado, y el tema de Moquegua en su dimensión turística y en su dimensión pisquera fue olvidado. Valga la oportunidad para que hoy, con treinta años de atraso, volvamos al tema. Yo propongo que restauremos la hermosísima Moquegua, con motivo del Bicentenario, y que nos organicemos para emprender la campaña del regreso del licor con que se conquistó el oeste, a los Estados Unidos. Podríamos abrir un gigantesco mercado, para nuestro entrañable pisco. Me ofrezco para ambos emprendimientos. Lucidez, experiencia y entusiasmo, me sobran.

Alfonso Salcedo Rubio