Transar o no transar (comentario J. H.)

Written By: Hugo Neira - Abr• 05•17

Con muchísimo gusto publicamos el comentario del colega Julio Hevia.

 

«Vuelvo a caer en la tentación pues, que duda cabe, todo texto de H. Neira es un pretexto para dialogar y mantener vivo el rompecabezas interminable de la existencia.

Quizá el Perú sea el país del borrón y la cuenta nueva: la más vieja por cierto de todas las cuentas nuevas, a fuerza de negar antecedentes y sufrir, endémicamente se diría, de aquello que Harold Bloom llamó “angustia de las influencias” y que Freud, siempre freudiano, prefirió denominar “narcisismo de las pequeñas diferencias”. Genios de un lado, no son muchos por cierto, e ingeniosos del otro, por lo general empeñados y alineados en desacreditar la genialidad ajena. En nuestra aldea solemos mirar la clase social del otro, su ideología y color, anteponer su género y estilo de vida, denunciar el dark side of the moon personal para mejor minimizar los pensamientos del sujeto en cuestión o, peor aún, para guarecernos del atrevimiento que el propio acto de pensar supone: demasiado hegelianos quizá, procurando opuestos, antítesis o tristes conciliaciones; poco nietzscheanos, de repente, para detectar y reconocer genealogías, trayectorias, historias minúsculas y anonimatos generosos, esos que soportan la marca de apellidos sinuosamente paridos.

No son solo los desbordes de la naturaleza los que nos toman mal parados, también nos paralizan otros desbordes, los más insolentes y creativos, esos que a fuerza de crear y cuestionar la cárcel del hábito rompen el vidrio y asincopan los estribillos valsarios y el modo pop de la existencia. No se trata, claro está, de negar en clave anárquica toda normalidad; se trata de considerar su ritmo y movilidad, su tasa de obsolescencia, sus fisuras e incongruencias. Así, por ejemplo, hay quienes, como Erving Goffman, proponen distinguir un núcleo (la norma), un primer círculo concéntrico (las divergencias) y un segundo o último círculo (las desviaciones). Añade el padre del interaccionismo simbólico que las fronteras entre esas dimensiones son más o menos permeables, vale decir, las normas nunca se mantienen incólumes, de allí que tal dinámica suponga una confrontación obligada, unas discrepancias que no es posible tapar con el dedo o aplicando una suerte de liquid paper moral e ideológico.

Fernando Pessoa que, como se sabe, estrenó varias identidades durante su devenir literario, sostenía que hay gente normal, gente anormal y gente loca. Según el escriba portugués tanto el sujeto normal como el loco se definen por la lógica de la adaptación, fuera ella correcta o falsa, eficaz o calamitosa, correcta o simulada: preciso es recordar que entre ambas dimensiones desfilan no pocos psicópatas del orbe político y campean cantidad de dealers paranoicos del entorno mercantil. Restan los anormales, en quienes los motivos o las ejecuciones se tornan atípicos, anómalos, distintos. Tal cual están las cosas en el mundo se puede afirmar que pensar es anormal, atípico y riesgoso; pensar es estar suficientemente loco como para no tranzar todo el tiempo con la norma y no estarlo tanto como para perderse en ese trance. Bueno es señalarlo para ir terminando con esta apretada re-flexión.

Julio Hevia Garrido Lecca»

Perú, país de genios y que igual anda jodido

Written By: Hugo Neira - Abr• 03•17

¿Se acuerdan de Teihotaatamaraetefau, uno de mis estudiantes de la Polinesia francesa de nombre tan longilíneo como su persona? Yo le llamaba Vaiteia, un juego de palabras intraducible, significa horizonte y comida copiosa. En Papeete me visitaba. Entonces escribía para La República. Ahora se me aparece en Santiago y no tengo más remedio que atenderlo. Se ha metido a estudiar la “genialidad” que dice es corriente.

– ¡Profesor! —me dice, siempre zalamero—, ¡qué bueno lo suyo!

– Mire Vaiteia, le digo, sea bienvenido pero tengo poco tiempo, le ruego que sea preciso, ¿a qué se refiere?

– Cómo maestro, lo que ha respondido en El Comercio, que el Perú nunca ha estado jodido porque ha podido tener un Garcilaso, Vallejo y al propio Vargas Llosa.

– Hum, Vaiteia, la fracesita de marras es lo que me jode. Yo no soy literato como usted sabe, junto varias disciplinas de ciencias sociales en mis investigaciones y libros.

Pero Vaiteia, que tiene casi dos metros de estatura, me interrumpe.

– Eso es lo genial, pues, profe. El Perú es un país de genios y anda jodido.

– Bueno yo no he dicho eso…

– Pero lo ha insinuado, añade Vaiteia, triunfante.

– Vamos a ver, veamos si su hipótesis funciona, ¿ok? Por ejemplo, Mario Vargas Llosa.

– Fácil, pues. Un muchacho blanco, alto, de buenas familias, líos con el padre, pintón, pudo seguir una carrera de abogado que fue lo que estudió a la vez que literatura, pero no, hace todo lo contrario. Se va del país, con la tía Julia se encierra en un ático de Barcelona, viven pobremente pero alcanza la fama desde la primera novela. ¡Genial!

– Bueno, ¿y qué en común con César Vallejo? Le pregunto.

– A ver, dice Vaiteia, César, provinciano, estudia literatura, se gradúa en Trujillo, primer libro lleno de ternura, pero la crítica limeña de entonces, ni lo entiende. El hijo de Palma se ríe de ese intruso. Se va, se junta con surrealistas en París, inventa un lenguaje, en Trilce, y encuentra su cenit en “voluntario de España, cuando marcha a morir tu corazón”. Lo cual no tenía nada que ver con Santiago de Chuco, profesor.

– Sí pues, nada. A ver Vaiteia, otro caso, no me convence. Su teoría del genio y Haya de la Torre.

– Fácil, profe. Familia aristocrática trujillana, sin grandes riquezas, pero lo envían a los mejores colegios, los de la Torre descienden de un conquistador, pudo tener una vida distinta, pero se pone a la cabeza de un partido de mestizos, zambos, negros, cholos y blancos pobres, y se va a estudiar la revolución mexicana, Oxford, los bolcheviques, y regresa al Perú con una cultura cosmopolita que toda la oligarquía junta no podía enfrentar. Haya no estaba jodido, los que lo estaban eran todos los otros peruanos.

– A ver si le entiendo, ¿me está diciendo que lo que tienen en común, aparte de la personalidad, es la capacidad de ruptura? ¿Es eso, Vaiteia?

– Exacto, profe. Mire un caso más cercano, Hernando de Soto. El padre lo lleva por todas partes y estudia secundaria en Suiza. Es un chico burgués bien educado y sin embargo entiende a los que migran a las ciudades y organizan con racionalidad andina, nuevas ciudades y nuevos oficios. A De Soto lo contratan más en el extranjero que en su propio país.

– ¿Fernando de Szyszlo, entonces? Hijo de polaco, estudia ingeniería, pero se pasa a Bellas Artes y ni surrealista ni picasiano, inventa una pintura como suspendida en varios tiempos y culturas, ¿no?

– Claro, profe, me ha entendido. Los genios rompen, los que están jodidos son todos los otros. Los acomodaticios y conformistas los detestan. Muchos se han ido, hay un montón en USA. Otros aguantan y se frustran.

– Pero Vaiteia, si usted tiene razón, los genios abundan en el Perú. Chabuca Granda que se niega a ser solo una señora limeña de su casa. Mariátegui que no tenía universidad y escribía y pensaba mejor que nadie. Valdelomar, en vez de avergonzarse de ser provinciano escribe “mi infancia que fue dulce, serena, triste y sola, se deslizó en la paz de una aldea lejana”.

– Así es, profe. No hay que ser un Da Vinci o un Einstein.

– Valdelomar, de Pisco, se hizo el dueño simbólico de Lima¡! Y entonces, también Hugo Blanco que se hizo campesino para sublevar campesinos. O sea, Vaiteia, en el campo de la literatura, hoy, Renato Cisneros, Santiago Roncagliolo, en cuanto son distintos, ¿se van?

– Es probable, profe. Pero volviendo al ahora, creo que también los que fundan diarios virtuales. La prensa en papel se está yendo a la . . .

– Por favor, Vaiteia, nada de lisuras, no estamos tuiteando. Bueno, para concluir, el Perú está lleno de dificultades y problemas, acaso más que otro país, pero el hecho que tengamos varias culturas, y mezcladas, puede generar gente excepcional que usted llama genios, pero los “intereses creados” los aplastan, no quieren grandes esfuerzos ni cambio alguno, y muchos se van, ¿es eso, Vaiteia? Desde Garcilaso a Manuel Scorza.

– Sabía que me iba a comprender. Los genios abundan —escritores, políticos, estudiosos— pero en Perú, la envidia los exilia.

– Y es así como nada cambia, me atrevo a añadir.

 

Publicado en El Montonero., 03 de abril de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/peru-pais-de-genios-y-que-igual-anda-jodido

Lluvias y presagios. Una Santa y un pajarito

Written By: Hugo Neira - Mar• 27•17

El otro día, por aquí, en Santiago en donde ahora estoy cumpliendo un compromiso pedagógico, tuvimos que ir a buscar agua, como cualquier vecino. Un río, el Maipo, que recoge sus aguas de la cordillera, como cualquiera de los ríos nuestros, tuvo un huaico, y el tiempo de limpiar la turbulencia que trajo consigo, dejó sin servicios a varios distritos de la capital, y servidor y señora tuvieron que ir a unos de los puntos de entrega de agua. Les cuento eso, nada que ver con lo que pasa en Perú. Lo que les narro es un accidente. Lo del norte peruano es un cataclismo. Otro más, después del Odebrecht.

Les sigo contando. Como dicen los clásicos, la buena prosa viene de la buena conversación. Y a los amigos no se les miente. En estos días apurados trato de terminar un enorme libro. ¿Por qué les cuento esto? El tema es la mundialización, años venideros, y curiosamente, por azar, está en mis temas el cambio climático. A propósito, he escuchado a autoridades decir, el “calentamiento del clima”. No es eso. En el planeta le llaman “recalentamiento”. El re, es decisivo. De lo que se trata es del aumento de la temperatura en los océanos. “Si el clima fuera solo 5°C más frío, la ciudad de Boston estaría bajo kilómetros de hielo. Apenas hemos subido +1°C y pueden apreciar las consecuencias. En cuanto se recalienta solo un poco el agua de los océanos, por su extensión, se expanden. De modo que “si el alza del mar fuese de 75 cm, en un planeta cuya población en un 60% vive al lado del mar, las consecuencias serían dramáticas”. Esto está en Wikipedia.

El Niño no es el cambio climático. Pero el recalentamiento del océano produce las lluvias que lo incrementan. Lluvias que caen en un país candoroso. Nunca pensamos que la naturaleza nos iba a jugar una mala pasada. Un amigo que vive en Oceanía, Félix, me escribe: “te entiendo, la gente necesita comentarios esperanzadores, recuerdo un discurso de Fernando Belaunde, hubo también una lluvia y desbordes tremendos. Y no sirvió de nada. El nivel de previsión en el Perú es cero. Me decepciona una vez más por estas cosas cíclicas, repetitivas. Tú debes saber que hay especialistas en  domesticar ríos. Conozco  un par”. Por cierto, en cuanto deje de llover, atenderán a los damnificados pero, esperemos, no solo con casas, terrenos, créditos y levantar puentes, sino canalizar ríos. Nunca se ha hecho. Es hora.

He visto en la televisión lo mismo que ustedes. Si hubiese estado en Lima, hubiera ido al norte, como lo ha hecho mi amigo Victor Andrés Ponce. Lo que he visto me ha llegado al alma. He visto los peruanos luchando contra la adversidad. He visto a la policía y las fuerzas armadas al lado del pueblo, carpas, comida, ropa y medicamentos. He visto la distribución de toneladas que peruanos donaron. He visto que las empresas apoyaron. He visto a ministros en la escena misma de los acontecimientos. A un Presidente dando informaciones cada día. Y cuando he llamado a algún amigo o familiar, el operador de telefonía no dejaba de decir, “Una-sola-fuerza”. Nunca he visto tan unidos a los peruanos. La nación —que no es sino un sentimiento colectivo— se hace cuando hay guerras, desgracias, y nos olvidamos por un rato de nuestros asuntos particulares.

Esa es mi alma, acaso sentimental. Pero mi cabeza me dice: “Esa emoción va a pasar, van a volver a la politiquería. Se olvidarán de eso de desviar las aguas”. Y la voz interior me dice: “No les digas que hay que poner alcantarillas, suena a españolismo, prefieren palabras cortas, ¿a una ministra no la has escuchado decir cunetas? Es eso, a cada lado de la calle, para recoger las aguas de las lluvias”. Y esto pasa porque con el atinadísimo doctor Vexler, desaparecen las asignaturas de gramática y geografía y los escolares populares nunca escucharon que la costa peruana es desierto y oasis; pésima pedagogia.

Un día se lo dije a un chofer, “Lima está en medio de un desierto”, y pegó un salto.

-¿Con camellos?, me dijo. Y se echó a reír. Me lo enseñaron en el tercero de primaria, en el curso El niño y la salud. Colegio estatal 429 en Lince.

Hoy, tantos peruanos meditabundos ante la furia de las aguas. Pensar es bueno. Las lluvias han sido un aterrizaje de 30 millones de seres humanos en el siglo XXI. Ahora saben lo que necesitamos, un crecimiento con ecodesarrollo. No hay otra.

¿Seguiremos siendo incrédulos? Santa Rosa de Lima dijo que “las aguas llegarían a la Plaza de Armas”. Los limeños pensaron en el mar. Error, dijo “las aguas”. El Rímac ha pasado por detrás de las oficinas de PPK. ¿Qué otro signo del cielo quieren? Y como lo ha contado María Luisa del Río, en Perú21 —no la conozco, ni falta hace— “en el norte hay un pajarito, el chilalo, que hace su nido con barro y una entrada por arriba. Y cuando cambia el hueco, y lo hace de costado, mala seña. Va a llover fuerte”. ¿Qué más presagios quieren? Una Santa y el pajarito.

 

Publicado en El Montonero., 27 de marzo de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/lluvias-y-presagios-una-santa-y-un-pajarito

El efecto ‘caña corta’ de Julio Hevia

Written By: Hugo Neira - Mar• 24•17

Los dueños de la prosa barroca son Eloy Jaúregui y Julio Hevia. Vienen del corazón del barroco limeño virreinal. Son una maravilla republicana de ese barroco. Justos términos entrelazados con populares, con gran sentido del humor y pese a las desgracias que nos ocurren. Erudición de lo mejor (eso de lo rizomático, ¡puro Deleuze!) y vulgata plebeya vuelta principesca. Los admiro porque yo soy, desgraciadamente, un cartesiano, aunque a ratos, no. A veces, también, en honor de Góngora, se me lengua la traba. (HN)

 

«Querido amigo:

Acabo de revisar el último gran aporte del maestro a nuestra, tan alicaída, (in) cultura.

Con los textos de H. Neira, uno se ve tentado a confirmar aquello que Hume, desde su experimentalismo empirista, propuso mejor que nadie: el pensar está hecho de conexiones, bifurcaciones y salidas bifrontes. No hablamos de la arborización, de ese orgulloso y fálico tronco conteniendo a sus ramales o haciéndose servir por ellos; hablamos, claro está, de lo rizomático deleuziano, de las raíces subterráneas y de las aéreas, de lo que tienen de bueno la yerba mala, el musgo y las plantas trepadoras, avanzando, envolviendo, invadiendo.

Así pues metáforas van, metonimias vienen y en el camino, como decía la adivinanza, se detienen. Y a propósito del clima, de su problemática y sus militancias, de los agujeros de arriba y los desbordes de abajo, Zizek, el pensador lituano, decía que ante tal (des)orden de cosas caben varias posturas: la del obseso (ese que no deja de pensar en ellas), la del paranoico (el que jura que el mundo se va a acabar hoy o que, por equivocación, no se acabó ayer) y la del que, a falta de mejor término para nuestro medio, podríamos calificar como la del fresh (insospechado retorno anglosajón del «fresco» de antaño o equivalente eufemista del «conchudo» contemporáneo). Un fresh que por cierto confía, en el mejor de los casos, en las labores y esfuerzos de los otros, más obsesivos que él o menos individualistas en su mirada del entorno. Solía decirles a mis alumnos en los últimos tiempos que sufrían del efecto caña corta, vale decir, que carecían de resto físico para sostener un análisis o aventurarse a una reflexión sustentable. «Sustentable» y su primo hermano «sostenible», seguimos con las asociaciones, ¿qué de ellos hay o cabría hubiese en los proyectos concretos o en las ilusiones de la nación? Grado cero de la estructura, pura y dura como ella sola en nuestro terruño o retorno de lo reprimido (Freud y Eliade de la manito) que, como los huaicos, viene comprimido y sin previo aviso.

Sabemos que el tiempo nos estorba, de allí que todos sus imponderables deban ser negados entre nosotros, lo cual nos reenvía, con Eco, a un fraseo que no por haberse alterado deja de contener su núcleo de verdad: «el hábito hace el monje». Macera llegó a decir que en este país no puede haber revoluciones porque la gente está fabricando chistes; quizá el mejor chiste sea (por paródico o patético que resulte) que en Lima, mientras el terrorismo arreciaba y primaba el toque de queda, nos preocupaba encontrar algún dispositivo —léase «el tono de toque a toque»— para proteger nuestro divertimento y capear el temporal. El presente del Perú suele parecerse al empate con Venezuela: arrancamos perdiendo, demoramos la reacción y finalmente quedamos parches con el marcador y de paso, con la realidad. ¿Será que nuestro futuro se tiene que asemejar al próximo compromiso con Uruguay y conformarnos con que Goliat no nos endilgue una Goliat-da?

Saludos

Julio Hevia»

 

Aguas desbordadas y el estrés climático

Written By: Hugo Neira - Mar• 20•17

Los océanos son el 71% del planeta. El agua dulce es escasa. Además, se encuentra fuera de nuestro alcance, en glaciales. Los ríos, aunque no lo parezca, son mínimos. Incluyendo el Nilo, el Mississippi o el Amazonas. De modo que cuando mis paisanos ven llegar los huaicos y el agua feroz de los desbordes, ven una calamidad. Y tienen razón. Pero también una riqueza que ni hemos intentado controlar. El agua la necesitamos para muchos usos y para el cuerpo. Somos en un 78% agua.

Nunca en mi vida, que comienza a ser anormalmente lóngeva, había visto algo semejante. ¡Tantos ríos fuera de cauce! “Más de medio millón de afectados” (Perú21). Pero de aquí a unas semanas, cesarán las lluvias. Se levantarán casas y puentes, parte de lo dañado. ¿Regresará la pachocha? Lo peor que nos puede pasar es que lo tomemos como un accidente. No es solo un Niño más, técnicamente lo llaman la “oscilación austral” (ENSO) vinculado a un proceso muy complejo. ¿Saben qué provoca sequías y hambrunas en el Asia? El recalentamiento climático actual es un hecho y no tiene precedentes. Sus altas temperaturas ya las conocen en Lima. Adiós a la eterna primavera. Y adiós al mito, “en la costa no llueve”. Hoy llueve y truena.

Los retos ecológicos hicieron naciones. Los Estados Unidos existen —entre otras causas— porque pueden usar las aguas del Mississippi. Tiene 6800 kms. Como a cada rato se salía —sin Niño alguno— en 1875 y 1880 comenzaron los grandes trabajos. En 1927 se volvió a salir. Tiene hoy 37 represas y una serie inacabable de esclusas. Cuando era niño lo conocí, leyendo a Mark Twain. De grande, tomé uno de sus barcos, es navegable.

Nunca tuvimos techos en A, ni calles con canales. Me alegré mucho que el ministro Nieto, tan cuidado en sus expresiones, no pudiera retenerse para decir una verdad de perogrullo: Piura, Chiclayo, Trujillo, con calles inundadas, sin alcantarillas “tenía que haberse hecho desde el siglo XVIII”. En el Diccionario, “canales situados a los lados de las calles para las aguas de las lluvias”. Eso será en España, lo que es por aquí, nunca.

El sida no es un asunto solamente medicinal. Las inundaciones no pueden ser consideradas únicamente como catástrofe natural. Ponen al descubierto la capacidad de una sociedad para instalar personas fuera de las zonas expuestas. Y eso no va a ser fácil.

Y ante lo que está pasando, ¿cómo nos verán en el planeta entero? Nos verán como un país indolente de ríos ricos en agua. Pero sin barreras ni represas. En la actual geografía del mundo, los países se clasifican, los que tienen agua y los en vía de desertificación. En el norte de la India, en Afganistán, en países africanos, de sus zonas desérticas parten gigantescas migraciones. Esos países no tienen Niño. Simplemente no tienen agua.

Hay una geopolítica del agua. ¿Sabía usted, amable lector, que hay más de mil millones de seres humanos que no tienen acceso al agua potable? Si el Presidente PPK logra su plan agua, pasa a la historia. En la totalidad de la hidroesfera, el agua de mar es el 97,5% y el agua dulce, 2,5%. Y está en los glaciales y en lagos y aguas subterráneas. Y ya se habla de las guerras futuras por el agua. Cargamos con el peso de la inercia de las generaciones anteriores. Vieron correr tranquilamente hacia el mar, una riqueza invalorable.

El desborde de estos días es catastrófico, hay muertos y gente que ha perdido bienes y cultivos. Pero hay que verlo como una moneda. En una cara está la desgracia, en la otra, la fortuna. Tener agua dulce. Pero deben clamar por las represas¡! Si fuéramos un país moderno ni una gota de esos ríos costeños llegaría al océano. Tampoco es fatal que la costa sea un desierto. Mirada colonial, pasiva. Con agua, dejaría de ser eriaza. Y eso es la modernidad. Pero en el Perú hay una adoración panteísta para apus y cerros. En China, sin dejar de ser confucianos o budistas, sobrepasan sus montañas con carreteras elevadísimas que nos gustaría ver en los Andes. Grandes obras, no hemos hecho. Ni en la Colonia ni en la República. Y Henri Meiggs era gringo¡! Pero a muchos, tocar la naturaleza les parece una apostasía. En fin, la nueva era geológica ya tiene nombre, Antropoceno: el clima hace la historia, y al clima lo hace el hombre. Una gran parte de lo que está pasando —globalmente— es nuestra responsabilidad. El ozono, el CO2. Hay unos límites naturales al desarrollo.

En lo inmediato, el coraje con que los peruanos con los pies en el agua enfrentan el cataclismo. Y la manera eficaz, hay que decirlo, cómo el Estado y las fuerzas armadas están actuando. Pero le temo al cortoplacismo. Sin embargo, con obras que se continuaran unos 20 años podríamos ser un país próspero con agricultura moderna. Hace bien, señor Presidente, de llamar a unos 15 mil ingenieros. No es un sueño es una posibilidad. Como decía mi abuelita, no hay mal que por bien no venga.

Al presidente Piñera, liberal, el terremoto chileno lo obligó a cambiar de plan. De pronto PPK prefiere el crecimiento de los bienes públicos. Otros puentes, otras carreteras, ríos domesticados…

 

Publicado en El Montonero., 20 de marzo de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/aguas-desbordadas-y-estres-climatico