El populismo. Entre Frankenstein y arcángel vengador

Written By: Hugo Neira - May• 15•17

Un joven amigo y muy inteligente, me escribe y pregunta qué es populismo. En uno de mis libros, uno que espera las tintas, hay un ensayo sobre ese fenómeno, además de ocuparme de anomia, democracia y otras temáticas. Pero la edición en el Perú es veloz como las tortugas.

Populismo hay en los EEUU, Europa y Latinoamérica. El concepto rueda en los medios políticos, casi siempre como insulto. Y en los medios académicos, como repudio. En lo primero, desubica a los liberales como a los socialistas. En lo segundo, son raros los académicos que le encuentran un sentido, como lo hace Laclau. Lo primero que se nota en un populismo es lo enrevesado que es, pero también lo son sus críticos. Pero una profesora mexicana, Patricia Funes, dice lo esencial: son “una fuerza indeterminada”. Me parece, además, que los populismos son una irrupción. Vienen del abajo. Y como decía Cantinflas, “ahí está el detalle”.

Uno de mis libros se construye sobre definiciones: qué es Estado, qué es clase. Y por cierto qué es pueblo. ¡Ya no se usaba! Ya no había pueblo sino clientelas electorales. Para otros, en especial los ultraliberales, algo así como consumidores que suelen votar. Para el muy sensato “Dictionnaire de la science politique…” de Guy Hermet (en el país donde el Frente Nacional es fuerte) dice: “valorizan el pueblo y se ponen en contra de las políticas institucionales, consideradas corruptas o podridas”. O sea, gusten o no, ponen el pueblo por delante. No la clase ni la etnia. El pueblo. Vuelta a Rousseau. El soberano es el pueblo. ¿Qué hacer? ¿Ensanchar la democracia? ¿No solo con partidos sino con representantes de la sociedad civil? ¿O algunas curules por sorteo? Lo hacían los antiguos griegos. El pueblo —en todas partes— quiere estar presente en las instancias que deciden el uso del bien público.

Los populismos —desde la América de Trump a la Rusia de Putin o la Turquía de Erdogan— encarnan la crisis de la democracia representativa. Cuando la gente común duda y se exaspera con su clase política, surge alguna variante del populismo. Yo no escribo esto con criterios moralistas, no me jalo los cabellos porque aparecen líderes inclasificables. Como me he formado en las Altas Escuelas de Francia —perdón por decirlo— pienso y razono. Y sin estar a favor o en contra, me pregunto, sencillamente, por qué surgen. ¿Qué es lo que le falta a la democracia para llegar al pueblo?

Son muy distintos. Desde ‘Podemos’ en España a los Kirchner argentinos. No hay ni habrá una internacional de partidos populistas. Cada uno expresa un malestar. Por ejemplo Venezuela. Maduro debe irse pero conviene recordar qué pasó. El colapso de Acción Democrática y el Copei, dos partidos democráticos, produjo el enojo popular que lleva a Chávez al poder desde las urnas¡! Carlos Andrés Pérez, que había gobernado la próspera Venezuela Saudita, se hunde por sus inmensos robos al Estado. A la ruina populista de Maduro la precede la ruina corrupta de los adecos.

Los populismos son la impaciencia. Ahora bien, entiendo que las políticas económicas de las democracias tienen su ritmo, sus planes a corto y mediano plazo, y que, por muchas razones, un país no puede dotarse de la noche a la mañana de redes modernas de transportes, de nuevas industrias ecológicas. El desarrollo lleva tiempo. Pero vaya usted a explicar eso a pueblos que siguen sin servicios elementales hasta nuestros días, en nuestra patria y en media Latinoamérica. Y a los obreros americanos en el paro porque los empresarios de América prefieren abrir fábricas en países pobres donde la mano de obra es barata. El voto por Trump es una protesta populista. ¿Lo hace por eso menos legal?

El segundo rasgo común es que la ciudadanía que se enrumba a la protesta populista ya no se maneja con criterios de clase. ¿Es ‘Podemos’ un problema de clase? ¿Proletarios? De ninguna manera, son una masa de adherentes compuesta por jóvenes e individuos con calificaciones y que España no puede emplear (!) Esa es una rebelión de individuos. De sujetos libres, magníficamente formados y sin chamba¡! Son la metamorfosis del siglo XXI, el derecho al trabajo de calidad. ¿Qué es el populismo? Su definición no está en Platón ni en Marx, ni en los tratados de Sartori.

¿Líderes voluntaristas? Siempre son un riesgo. Los que entienden las “aspiraciones populares” tienen la tentación de quedarse para siempre en el poder, como es el caso de Maduro. Ese Fidel de pacotilla. Populista fue Domingo Perón, el Haya de la Torre de los años 30-40. Grandes oradores, por cierto. Populismo han tenido los americanos cada cierto tiempo, desde el People’s Party de 1890 —revisen la historia de los EEUU— a Roosevelt en los años treinta y el fenómeno, en los sesenta, de los hermanos Kennedy. Antisistemas, por eso los asesinaron.

El populismo tiene un doble rostro. Frankenstein: instalado, no hay quien lo tumbe. Pero también el rol del arcángel vengador, castigo bíblico para las elites vanidosas que se atreven a gobernar sin pueblo. En el Perú, todos han intentado ser populistas. De Leguía a Humala. Puesto que no hay Estado.

Posdata: Un programa de TV del presidente es un acto político de lo mejor. Lo hizo Roosevelt, charlas al pie de la chimenea. Eso es populismo, emociones directas.

 

Publicado en El Montonero., 15 de mayo de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/el-populismo-entre-frankenstein-y-arcangel-vengador

 

Banquero y filósofo. Un destino francés

Written By: Hugo Neira - May• 12•17

La victoria de Emmanuel Macron puede entenderse sumariamente a dos niveles. Efectos en Europa y en el contexto de la geopolítica mundial. Y como la necesidad de ser culto para ser Jefe de Estado en el caótico mundo que vivimos.

Macron es un hombre con suerte, con buena estrella. Se pensaba que el voto populista por Trump iba a inspirar a los electores en Francia. Ha ocurrido lo contrario. Un liderato personalista como el de Trump, sus primeros pasos, nada felices, no han ayudado a la candidata del FN, ¡al contrario! No han querido un Trump con faldas. Por otra parte, los franceses observan a pie juntillas las engorrosas negociaciones de Gran Bretaña en su divorcio con la Unión Europea (UE). Los ingleses se salieron de golpe sin negociar acuerdos comerciales y aduaneros. Tenían una serie de ventajas con la adhesión a la UE, y las han perdido. En Francia, la señora Le Pen, tozudamente, siguió insistiendo en la ruptura cuando 3 de 4 franceses no ve como sensato el salirse de la UE. Macron, en cambio, propuso otra cosa: discutir los esquemas de la UE, pero desde dentro. Y ganó. Quienes han perdido es Trump, Putin, y el turco Erdogan.

Macron sorprende. Como francés, se ubica dentro de la clase política, puesto que fue Ministro. Y a la vez fuera de la misma. Ha ganado las elecciones con un movimiento que no es ni la izquierda ni la derecha. Macron es un momento en que los dos grandes partidos franceses, socialistas y republicanos (o conservadores liberales), recapaciten y cambien de caras y programas. El fenómeno Macron obliga a todos los aparatos políticos a renovarse. Es probable que llame a unos y otros, y sin duda, gente sin partido pero valiosa. O sea, la sociedad civil.

En la política peruana, ¿qué lección se deduce de Macron? Son valores suyos la libertad, la empresa, el mercado (ha hecho fortuna como banquero), todo lo que podríamos llamar el liberalismo. Pero, en sus valores están también la solidaridad, los derechos sociales, ocuparse de inmediato de la brecha que hay entre los que trabajan y los que están en el paro. Cuenta en su destino político el inmenso bagaje de su formación en las Altas Escuelas de París. No llega en Francia, a la presidencia, gente inculta como nos ha estado pasando en los últimos años.

Publicado en Caretas n° 2487 del 11 de mayo de 2017

http://caretas.pe/politica/79027-banquero_y_filosofo

Macron. Un producto de las Altas Escuelas y del instinto político

Written By: Hugo Neira - May• 08•17

“Primeros resultados: Macron 65,8%; Marine le Pen,34,2%.”

En Francia ha vencido la razón y no el odio.

Macron ha sido ministro de Economía con Hollande, y eso no lo hace socialista. No es un centrista, como lo etiquetan en la prensa limeña. No sean burros, el centrista es Bayrou, un 6%. Macron ha montado una candidatura en menos de un año, con voluntarios, a la americana. Tan corto tiempo no se usa en Francia.

¿Quién es Macron? Una revista de Washington acierta al decir: “tiene tres vidas a sus 39 años, ha sido estudiante de filosofía, banquero y ministro de Economía”. Quien también lo ha entendido es un diario italiano, Corriere Della Sera: “En un contexto de incertidumbre y confusión, se comprende su ascensión, un joven exbanquero salido del limbo de los sin partido, pero próximo a los socialistas, defiende a la sociedad civil”. La prensa planetaria lo ha seguido. “¿Cómo se atreve a querer llegar al Elysée [palacio de gobierno] alguien que no es ni de derechas ni de izquierda” (New York Times), y además, “liberal, europeísta, proponiendo medidas y reformas que todo el mundo aborrece” (The Economist). “Macron es un enigma”, decía apesadumbrado, The Times. Ya no es.

2017. Sobre esta elección se ha dicho que era la revuelta populista contra las elites, tras el voto de los nacional-populistas del FN, y los de La Francia Insumisa. ¿Y sale elegido un pura sangre de esa elite que tiene Francia, gracias a sus altas escuelas? Un invento francés, se ubican por encima de las universidades, que son para profesiones. Ahí se forman cuadros y científicos. La ENS, la famosa École Normale Supérieure, donde estudió Sartre, y lo más graneado del pensamiento de Francia. S. Po, abreviado, Institut des Sciences Politiques (que el autor de esta nota conoce). Por ejemplo, la ENA, o École Nationale d’ Administration. De ahí sale Macron. De la escuela de Valéry Giscard d’Estaing, Jacques Chirac, y una interminable fila de ministros y altos funcionarios. Con un perfil original: banquero exitoso graduado en filosofía¡! Un imaginativo énarque, así los llaman, su campaña ha sido programas audaces. Un diario inglés le asombra su discurso, “defendiendo con argumentos complejos y contrarios a la simplificación, reuniendo la crítica y a la vez una visión optimista”.

Han perdido los autoritarismos.

¿Quiénes votan por Marine le Pen? Hay dos Francias. Una moderna y otra retrasada. Por el FN, las pequeñas villas, comunas con menos de 10 mil habitantes. En las grandes ciudades ha ganado Macron y Francia es urbana al 79%. En París, la señora Le Pen ha sacado un 4%. Además, es falso que el voto del FN sea solo racista. Los musulmanes no viven en las campiñas francesas. Pero el FN recibe votos de la Francia rural, en lugares donde no hay un solo árabe a la redonda¡! Cierto, por la familia Le Pen votan los obreros. Pero hoy no son las masas proletarias del pasado. Votos que vienen del partido comunista y que pasan de la extrema izquierda a la extrema derecha. La causa: Francia gobernada por elites socialistas y liberales, se alejó del menudo pueblo. A Macron le espera un trabajo enorme.

Hay que asombrarse de que en la crisis de la representatividad que corre como un escalofrío por todo el mundo occidental, los franceses se inventan un nuevo liderato. Un joven brillante, sin partido, y en este momento veo en la televisión cómo la gente ondea banderas en las calles, hay alegría, en especial los jóvenes. Lo explicaré en otra ocasión. Escucho las entrevistas a la gente en la calle. “Se voltea la página”. “Es otro estilo de gobernarnos”. Macron, en su primera palabra después de los primeros resultados, serio, grave (sobran problemas) y luego de agradecer a sus votantes, a todos los franceses, de inmediato ha saludado a la señora Le Pen. La política francesa se vuelve de nuevo, civilizada.

En fin, les cuento que he visto el duelo verbal entre ambos presidenciales. La señora le Pen ha estado fatal. Ella, se supone, representaba “el furor popular”. ¿Qué otra cosa es un populista? Pero se puso alegrona, juguetona y no dejaba hablar al “otro”. Lamentable. Se portó como una tía mayor discutiendo con el mejor de la clase. Y lo peor, mostró que no tenía programa. Ha perdido votos en ese duelo¡!

Mi punto de vista: el elegido en Francia reúne dos grandes tradiciones del pensamiento occidental, el liberalismo y el socialismo. Por eso está a tres pasos por delante del político corriente. Su capital simbólico es su formación elitaria en las grandes escuelas, pero solo haría de él un tecnócrata. Tiene el instinto de intuir qué quieren los de abajo. Y eso hace al político. Además, Macron es un provinciano, no es parisino. Otro punto a su favor. No es un francés “caviar”.

(Seguiré sobre este cambio en Europa)

Publicado en El Montonero., 8 de mayo de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/macron-un-producto-de-las-altas-escuelas-y-del-instinto-politico

Reseña de una conferencia magistral. Wieviorka en la Derrama

Written By: Hugo Neira - May• 01•17

«No todo en Wikipedia es bueno». Quien habla es Wieviorka, dictando un conferencia magistral en el aula de la Derrama. Y luego, el universitario que es, matiza al abordar el lado positivo y negativo de las nuevas tecnologías. «Wikipedia por lo general es buena en el campo de lo empírico. Pero no en filosofía, matemáticas, ciencias». Así que ya lo sabe el amable lector. Cuentan las enciclopedias. El tema de su conferencia fue «el giro digital y el cambio de paradigmas en la educación, y la evolución de la sociedad». Se expresó en castellano, y se tomó una hora y diez minutos para darnos un panorama de cómo se imbrican técnicas y sociedades modernas en el mundo actual.

Wieviorka, Director de la Maison des Sciences de l’Homme, como muchos de sus pares franceses, explica las cosas con gran sencillez. No hay duda, Descartes sigue de pie, «ir de lo conocido a lo desconocido, de lo sencillo a lo complejo». Dijo que comenzaría con un par de cosas banales. «Internet, los celulares, han cambiado el mundo». Y puso un ejemplo, cómo se ha modificado el trabajo de construir una tesis. «Imaginemos a alguien que en los años ochenta hubiese emprendido una tesis sobre el pintor Manet y uno de sus cuadros». Treinta años atrás, Wieviorka imagina a una candidata a doctor «viendo el cuadro en el museo, consultando libros en las bibliotecas, discutiendo con algunos amigos». La tesis clásica es un trabajo personal y novedoso. Para los que hemos pasado por ese trance, es siempre difícil lograr esas dos exigencias, conocer todo lo escrito sobre un tema —Manet y el impresionismo— y aportar con algo nuevo.

Hoy, señala Wieviorka, la investigadora acudiría a Internet. No solo a imágenes sino infinidad de estudios de Manet bajo diversos ángulos. Le sería posible conocer a otros investigadores, enviarles un mail. En suma «el trabajo de investigación de hoy, es más colaborativo y participativo». Puso otro ejemplo de las ventajas tecnológicas. «A alguien se le ocurre estudiar las menciones de la palabra Dios en la obra de Sigmund Freud. En los ochenta, el agobiado investigador tenía que leerse a todo Freud. Hoy, basta una aplicación.»

Pero mi Mac no me va a explicar las razones de los matices en Freud. Por lo poco que yo sé, una cosa es el Freud que estudia los actos obsesivos en los cultos religiosos (1907) y otro el de El porvenir de una ilusión de 1927. ¿Qué pasó? No es la computadora la que va a responder. La tecnología ayuda pero no reemplaza el trabajo cognitivo del individuo. Es un error la exaltación de los recursos de la informática, el saber se inicia cuando alguien duda. La máquina nunca. Nosotros, los humanos sí. Wieviorka: «El giro digital es un medio y no un fin». Mala noticia para los perezosos.

En el terreno de la educación, el visitante: «es un error pensar que se pueda sustituir al maestro». Lo decisivo es el espíritu crítico, «al que toda pedagogía debe orientarse». Ha notado que los jóvenes adoran la tecnología pero dudan de la ciencia. «Muchos no creen que el hombre puso el pie en la luna. Incluso la mentira es solicitada». No se refiere a una u otra generación, sino a una cierta manera incierta en los medios: la no verdad. Habló entonces de las redes. «No se puede tratar temas complejos de la economía y la sociedad actual en 140 caracteres de un twitter». Pero a la vez saluda que las redes sirvan para encontrarse multitudinariamente. Wieviorka cuenta cómo ha estudiado como sociólogo, los Occupy de Nueva York, los Indignados de Madrid, la revolución prodemocracia en Túnez.

Pero está preocupado. «Los sistemas políticos funcionan mal. Las instituciones entran en crisis. La tecnología se liga al poder del dinero». Todo eso —populismo, medios, tecnologías— «es un poder terrible». Y cuando llegó el turno de las preguntas, a una de ellas sobre la sociedad líquida de Zygmunt Bauman, responde que la sociedad no se ha vuelto solo líquida, sino por momentos gaseosa, y con autoritarismos, dura como una piedra. «Está de moda el pensamiento dicotómico». Negro o blanco. Pero el mundo no es así. Es más complejo.

Honoris Causa por la Católica del Perú, Michel Wieviorka ha venido acompañado de Nelson Vallejo-Gómez, alto funcionario de Francia y amigo del Perú, desde hace rato. Ante tal conferencia, yo saqué mi pluma de escribir para anotar. Paul Neira —sentado a mi costado y al que tuve el agrado de conocer— tomaba sus notas en su teléfono móvil. Poco importa, lo que cuenta es la voluntad de escuchar. Las reseñas son arterias de la sociedad para la circulación de ideas. Pero en el Perú han desaparecido de los diarios. La opinología no la necesita, no tienen nada que aprender de nadie. La reseña resulta incómoda, arte de explicar el aporte ajeno y sin ofender, si se discrepa. ¿Aburridazo, no? Pero necesario, sino colapso mental masivo. En virtual o en papel hay que debatir los verdaderos problemas, que son de fondo.

Publicado en El Montonero., 01 de mayo de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/resea-de-una-conferencia-magistral

Francia. Unas elecciones de infarto

Written By: Hugo Neira - Abr• 27•17

A Marine le Pen se la esperaba a la cabeza de la primera vuelta. No ha sido así. Un candidato inesperado, Emmanuel Macron, liberal en economía, social en lo político, la ha desplazado por una ventaja mínima. Pero su efecto es mayor. Todo el mundo daba por puntera a la señora Le Pen. Y el problema era quién la iba a enfrentar. Ese era su capital simbólico. “Yo soy la alternancia”. Pero Macron y también Mélenchon, son la renovación del mundo político. Hoy, el giro de esa primera vuelta la obliga a buscar alianzas con aquellos que la han combatido. La ven ahora como un salto a lo desconocido. Aunque no está claro cuál es el programa de Macron. ¿Un social liberal? Lo que quiero decir es que esta es otra Francia política. Algo ha acabado. El inmovilismo.

Más allá de las estrategias propias a una segunda vuelta, hay un par de hechos enormes que se deben considerar. El primero es que la alternancia de conservadores y socialistas ha llegado a su fin. Se ha desplomado el partido socialista, me guardo por el momento la explicación de ese hecho incalculable. Y también los conservadores (reformadores en el caso de Francia, muchos provienen de lo que hizo De Gaulle). Dos grandes fuerzas sociales han colapsado.

Los fenómenos de estas elecciones son Macron —hace solo un año que se le conoce— y el ascenso fulgurante de Jean-Luc Mélenchon. Cuidado con las equivocaciones. “La France Insoumise” de Mélenchon, la insumisa, no es un partido socialista más en la escena europea. Es el partido del fastidio, de la protesta, ante la globalización salvaje. La pérdida de soberanía. El dinero rey. He echado un vistazo a su programa de gobierno (por un pelo no estuvo en la segunda vuelta). Proponía un gasto inmenso en el sector público, “y al diablo lo que pensarán sus vecinos europeos” (L’Express, 18.04.17). Se proponía un programa a lo Kennedy, unos 173 billones de euros para construir 1 millón de casas, grandes inversiones en la transición ecológica, el retiro a los 60 años, el aumento del salario mínimo en un 16%. Se entiende por qué se encuentra entre los cuatro punteros.

Supongo que algún economista limeño va a decir que eso es un disparate. Me anticipo diciendo que ese programa fue chequeado por el Observatorio BFM Business, y con las cifras en la mano, eso hubiese producido un crecimiento del PBI de 1% en el 2018, un pico a 5,3% en el 2020, y un bajón, en el 2002, a 4,7%. De todos modos, mejor que el score del presidente Hollande, 1,2% para Francia en el 2016, en una economía de 2829 billones de dólares. No está mal, pero no pudo resolver el problema del paro masivo, y eso para un socialista es mortal. Pero debo decir que es difícil crear empleos en un país como Francia, cuya media del ingreso por persona se sitúa en 42 mil dólares. Por encima de los americanos. Entonces, ¿quién distribuye la riqueza? Los salarios y el Estado. ¿Se entiende por qué la lucha política? Ahora bien, ¿por quién votarán los melenchonistas en la segunda vuelta? Sobre ese punto, en la próxima semana.

Hemos hablado, líneas arriba de dos grandes ejes. El segundo consiste en que estas elecciones francesas no son solo francesas. Así lo ve la prensa planetaria. “Francia clave europea. La elección presidencial marcará la agenda política del continente” (El País). Las elecciones francesas son el tercer “round en el gran pulso electoral global tras el Brexit y Trump” (el analista Marc Basset). “Se espera un Frexit”, dice la periodista Silvia Ayuso “y ahora, parece, que iríamos a una Europa reforzada”. Pero de Macron otros dicen “la cuadratura del círculo”. En fin, hasta los diarios españoles han titulado y en francés, “L’Europe a gagné”. Ya no habrá Frexit. Pero, toda novedad, sobre todo en política, sorprende. De Macron asombra su hibridismo, “el candidato de la fusión de los contrarios. La izquierda y la derecha. El sistema y el antisistema. La continuidad y la ruptura. El liberalismo y la protección social”. Es audaz. No tiene las charreteras de De Gaulle, pero asume su ejemplo. Y no le falta razón, tiene una estrategia de transversalidad. Ha tenido el cuajo de decir, “como el General de Gaulle, elijo lo mejor de la izquierda, lo mejor de la derecha e incluso lo mejor del centro”. En el palacio de deportes de Bercy, en París. Lo de citar a De Gaulle y a Juana de Arco, es quitar banderas a la extrema derecha y recuperar el nacionalismo. Hay habilidad en Macron. Propone enormes reformas para su país y para la comunidad europea. Y hay perseverancia en la señora Le Pen. Según las encuestas, ella tiene los electores que menos dudan.

 

Posdata:

Un aparte personal y perdón por el narcisismo del investigador. Hace más de 40 años utilicé el adjetivo de “cesarista” para explicar los populismos (Revue Francaise de Sciences Politiques). Hoy, ese concepto lo usa la comunidad universitaria para hablar de Putin de Rusia, de la América de Trump y la Turquía de Erdogan. ¡En tres países poderosos! Cesarismo quiere decir, un poder personal (y legítimo) que las masas exacerbadas otorgan ante el egoísmo e indiferencia de las elites.

Publicado en El Montonero., 27 de abril de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/francia-unas-elecciones-de-infarto