Aguas desbordadas y el estrés climático

Written By: Hugo Neira - Mar• 20•17

Los océanos son el 71% del planeta. El agua dulce es escasa. Además, se encuentra fuera de nuestro alcance, en glaciales. Los ríos, aunque no lo parezca, son mínimos. Incluyendo el Nilo, el Mississippi o el Amazonas. De modo que cuando mis paisanos ven llegar los huaicos y el agua feroz de los desbordes, ven una calamidad. Y tienen razón. Pero también una riqueza que ni hemos intentado controlar. El agua la necesitamos para muchos usos y para el cuerpo. Somos en un 78% agua.

Nunca en mi vida, que comienza a ser anormalmente lóngeva, había visto algo semejante. ¡Tantos ríos fuera de cauce! “Más de medio millón de afectados” (Perú21). Pero de aquí a unas semanas, cesarán las lluvias. Se levantarán casas y puentes, parte de lo dañado. ¿Regresará la pachocha? Lo peor que nos puede pasar es que lo tomemos como un accidente. No es solo un Niño más, técnicamente lo llaman la “oscilación austral” (ENSO) vinculado a un proceso muy complejo. ¿Saben qué provoca sequías y hambrunas en el Asia? El recalentamiento climático actual es un hecho y no tiene precedentes. Sus altas temperaturas ya las conocen en Lima. Adiós a la eterna primavera. Y adiós al mito, “en la costa no llueve”. Hoy llueve y truena.

Los retos ecológicos hicieron naciones. Los Estados Unidos existen —entre otras causas— porque pueden usar las aguas del Mississippi. Tiene 6800 kms. Como a cada rato se salía —sin Niño alguno— en 1875 y 1880 comenzaron los grandes trabajos. En 1927 se volvió a salir. Tiene hoy 37 represas y una serie inacabable de esclusas. Cuando era niño lo conocí, leyendo a Mark Twain. De grande, tomé uno de sus barcos, es navegable.

Nunca tuvimos techos en A, ni calles con canales. Me alegré mucho que el ministro Nieto, tan cuidado en sus expresiones, no pudiera retenerse para decir una verdad de perogrullo: Piura, Chiclayo, Trujillo, con calles inundadas, sin alcantarillas “tenía que haberse hecho desde el siglo XVIII”. En el Diccionario, “canales situados a los lados de las calles para las aguas de las lluvias”. Eso será en España, lo que es por aquí, nunca.

El sida no es un asunto solamente medicinal. Las inundaciones no pueden ser consideradas únicamente como catástrofe natural. Ponen al descubierto la capacidad de una sociedad para instalar personas fuera de las zonas expuestas. Y eso no va a ser fácil.

Y ante lo que está pasando, ¿cómo nos verán en el planeta entero? Nos verán como un país indolente de ríos ricos en agua. Pero sin barreras ni represas. En la actual geografía del mundo, los países se clasifican, los que tienen agua y los en vía de desertificación. En el norte de la India, en Afganistán, en países africanos, de sus zonas desérticas parten gigantescas migraciones. Esos países no tienen Niño. Simplemente no tienen agua.

Hay una geopolítica del agua. ¿Sabía usted, amable lector, que hay más de mil millones de seres humanos que no tienen acceso al agua potable? Si el Presidente PPK logra su plan agua, pasa a la historia. En la totalidad de la hidroesfera, el agua de mar es el 97,5% y el agua dulce, 2,5%. Y está en los glaciales y en lagos y aguas subterráneas. Y ya se habla de las guerras futuras por el agua. Cargamos con el peso de la inercia de las generaciones anteriores. Vieron correr tranquilamente hacia el mar, una riqueza invalorable.

El desborde de estos días es catastrófico, hay muertos y gente que ha perdido bienes y cultivos. Pero hay que verlo como una moneda. En una cara está la desgracia, en la otra, la fortuna. Tener agua dulce. Pero deben clamar por las represas¡! Si fuéramos un país moderno ni una gota de esos ríos costeños llegaría al océano. Tampoco es fatal que la costa sea un desierto. Mirada colonial, pasiva. Con agua, dejaría de ser eriaza. Y eso es la modernidad. Pero en el Perú hay una adoración panteísta para apus y cerros. En China, sin dejar de ser confucianos o budistas, sobrepasan sus montañas con carreteras elevadísimas que nos gustaría ver en los Andes. Grandes obras, no hemos hecho. Ni en la Colonia ni en la República. Y Henri Meiggs era gringo¡! Pero a muchos, tocar la naturaleza les parece una apostasía. En fin, la nueva era geológica ya tiene nombre, Antropoceno: el clima hace la historia, y al clima lo hace el hombre. Una gran parte de lo que está pasando —globalmente— es nuestra responsabilidad. El ozono, el CO2. Hay unos límites naturales al desarrollo.

En lo inmediato, el coraje con que los peruanos con los pies en el agua enfrentan el cataclismo. Y la manera eficaz, hay que decirlo, cómo el Estado y las fuerzas armadas están actuando. Pero le temo al cortoplacismo. Sin embargo, con obras que se continuaran unos 20 años podríamos ser un país próspero con agricultura moderna. Hace bien, señor Presidente, de llamar a unos 15 mil ingenieros. No es un sueño es una posibilidad. Como decía mi abuelita, no hay mal que por bien no venga.

Al presidente Piñera, liberal, el terremoto chileno lo obligó a cambiar de plan. De pronto PPK prefiere el crecimiento de los bienes públicos. Otros puentes, otras carreteras, ríos domesticados…

 

Publicado en El Montonero., 20 de marzo de 2017

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Algunos sinceros asombros y reparos

Written By: Hugo Neira - Mar• 13•17

Sin sectarismo ni excluyendo a nadie, escuchando tan solo la voz de mi conciencia, y distante de las menudas pasiones políticas que nos devoran, estas tres notas.

1) Espero que alguna mañana por la mañana, tenga el gusto de coincidir con alguna de las crónicas que sobre política da a conocer Mario Vargas Llosa. Por lo visto el cielo me niega esa complacencia. Acabo de leer un texto suyo sobre los populistas. Sostiene que ese es “el nuevo enemigo”. No me preocupa tanto el modo con que abordas ese tema, el populismo, sino la palabra “enemigo”. ¿Qué pasa, Mario? Te pido que recuerdes los días en que siendo jóvenes nos encontrábamos en París. En ese tiempo, había un profesor de filosofía y política que se llamaba Raymond Aron. ¿Y sabes lo que dijo? “En política no hay enemigos sino rivales”. Aron era un liberal, cuando decirlo no estaba de moda. Y su definición de lo público es magistral. Porque si política es establecer quién es el enemigo como dices, entonces ya no es política. Es guerra. Y la peor de ellas, guerra civil. La rivalidad es otra cosa. Al rival se le necesita. ¿Sino cómo competiríamos con otros en el fútbol, en un tablero de ajedrez? ¿Sabes quién tenía la urgencia de hallar un enemigo? Carl Schmitt, el filósofo alemán que fusionaba guerra y política, tan reaccionario que Hitler lo consideraba a su derecha. Por lo demás, el populismo es un tema muy ambiguo, Mario. No sé si conoces uno de los libros que recientemente se han publicado en Francia. Populisme, contre-populisme (PUF). Acabo de terminar un libro. Y uno de los capítulos que más trabajo me ha dado es los populismos. Son inclasificables. No por eso “enemigos”.

 

2) Las marchas en Lima, “con-mis-hijos-no-te-metas”. Obviamente, una marcha se respeta, se esté o no de acuerdo. El mínimo de civismo que se puede tener es reconocer a la gente el derecho inalienable de expresarse públicamente y en las calles. Por ahí, OK. No entro a ese debate, pero añado que me resulta patético que a funcionarios del Estado los ocupen en contrarrestar una marcha calificada “de homófobos”, mientras centenares de miles de peruanos están con los pies en el agua.

 

Ocurre que eso que llamamos democracia, no es solo un tipo de régimen político, es más bien algo que nace en Atenas, hace 2400 años, para “saber vivir juntos”. Las marchas son necesarias pero algo falta ostentosamente en nuestra vida pública. No hay debate en Perú entre quienes tienen opiniones antagónicas. En la democracia cuentan las discuciones, esa es su alma. Los debates exigen argumentos, persuación. Y ese tipo de debates no lo hay en Lima. No en la televisión. Ni en radios, ni en universidades. Me dirán que Jaime de Althaus invita a gente variada, o Cecilia Valenzuela, o Magali. No es lo mismo. Ellos son el centro de la atención. Son stars. OK, pero lo que reclamo es lo que estoy acostumbrado a ver —¡en otros países!—, es un formato distinto. Veo controversias.

 

¿Y saben una cosa? Eso es democracia. Escuchar al otro aunque no nos guste. Las marchas políticas en la historia las inventan los fascistas en Italia para militarizar a los italianos. No digo que el que va a una marcha es fascista. Digo que Mussolini es el gran agitador que en los inicios del siglo XX, moviliza gente, con uniforme, antorchas. Marchas en Lima, ¿y eso es todo? Nos estamos acostumbrando en política a emociones sin ideas. El hecho que el debate (no diré “alturado”) prácticamente ha desaparecido, es lo que llamaría Barthes parte de “un sistema de signos”. Inquietante, el “yo no hablo con keikistas”, o con ese “porque es de derechas o de izquierda”. Espíritu de secta, solo yo y mi burbuja, más el hecho que se ha perdido la costumbre de leer. Estamos, 2017, para decirlo parodiando a Barthes, en “el grado cero del pensamiento político”.

 

3) No entiendo a las procuradoras Katherine Ampuero y Liliana Meza. Defensoras del Estado y lo primero, ¿complican al Presidente? Miren, me ocurrió cuando vivía en la Polinesia Francesa y pasaba por Santiago con una parada, antes de proseguir a Lima. (En 15 años, 23 viajes a Lima.) En uno de esos viajes, llego, y me tomó dos horas para llegar a mi hotel, las pistas estaban ocupadas por una huelga de camioneros. Me dije, el día de mañana va a ser un problema. Pero a la hora del desayuno me doy cuenta que no queda un solo camión. Y eran kilómetros de huelguistas. Pregunto qué había pasado y me explican. Dos procuradores del Estado –como las dos damas mencionadas– tomaron la decisión de judicialmente suspender esa huelga que paralizaba a millones de ciudadanos. Unas grúas enormes del Ejército levantaron los camiones, los dirigentes del gremio protestaron y 50 de ellos fueron detenidos. Esto no ocurría con Pinochet sino con el democrático presidente Lagos. Por cierto, socialista. Él fue a visitar en los calabozos a sus camaradas, ese día mismo salieron, y santas pascuas. Desde entonces entiendo qué es un procurador del Estado. Un funcionario que lo defiende. ¿O no? Procuradoras del Estado contra el Estado. Genial!

PD: Butters en Exitosa. Con la estampida de periodistas, ya lo han hecho candidato.

 

Publicado en El Montonero., 13 de marzo de 2017

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A cada país y cultura, su Esfinge

Written By: Hugo Neira - Mar• 06•17

¿Quién no conoce la leyenda de un Príncipe griego que huyendo del pronóstico que iba a matar a su padre, huye de su hogar, en el camino encuentra a un hombre mayor e insolente, riñen, lo mata, llega a una ciudad, encuentra a una hermosa viuda, y se casa con ella? Edipo no era un libidinoso, pese a Freud. No sabía que Layo era su padre y aquella mujer, Yocasta, su madre. Lo que sabe todo el mundo, Edipo lo ignoraba. En cambio, era muy inteligente. A la entrada de Tebas había un monstruo, la Esfinge, devoradora de viajeros. Rostro de mujer, cuerpo de felino, le hace una pregunta al peregrino Edipo, y este le contesta acertadamente. El héroe resuelve el enigma que salva a la ciudad. Pero no el enigma de quién es. Sófocles con la Tragedia, nos dice que podemos mirar el horror de los otros pero el hombre es ciego sobre sí mismo.

Escuché lo de Lúcar. Y lo que dijo, y su llanto de varón indignado. No conocí a José Yactayo, y para el caso, poco importa. ¿De dónde esa crueldad? ¿Serruchar, meter lo que queda en una maleta y quemarla?

¿Y si les digo que nuestra esfinge es lo que nos está pasando? Esa barbarie. Y delincuencia, corrupción, fláccida ley, “golpean a policías y Fiscalía los deja libre”. Hoy lo trágico no está en un hombre sino en un pueblo entero que no sabe como encarar el enigma de sí mismo.

Una revista de Lima me pide una opinión sobre la corrupción en 400 palabras. No puedo responder ni con 4000, o 400 páginas. Es un macroproblema. En Lima lo van a reducir a la falta de valores y a un asunto jurídico, delitos no prescriptibles. Pero la esfinge con rostro de mujer hermosa y patas de león seguirá devorando expertos, políticos y caminantes. La pregunta es: ¿por qué los peruanos se han vuelto corruptos? No todos, claro, no me hagan perder el tiempo en lo obvio. Es un sistema, una manera de vivir, de salir de pobres. OK. ¿Y por qué, ah?

El problema es complejo. ¿Y qué es lo complejo? Algo compuesto de partes. Entonces, vamos a dividir el espacio social donde está ocurriendo. Le pido al amable lector que me admita una hipótesis de trabajo. Miremos por un momento el Perú no como una sociedad sino tres, yuxtapuestas, cada una con su economía, costumbres y mentalidad. No soy el primero. Francisco Durand: “formalidad, informalidad y economía delictiva”. O sea, el ministro Zavala se ocupa de un tercio.

Ante la virtud o el dinero, el primer estrato es el popular. En su gran mayoría, atrapados en la informalidad. He dicho bien, atrapados. Y aunque tengan chamba propia e ingresos, siguen siendo precarios. Y como ha dicho Lúcar en la tele, indignado, “tenemos la peor educación del mundo”. Entonces, cuando falta la “capability” —oficios bien aprendidos—¿qué queda? El delito. Mucha ONG en Perú pero no conozco un solo estudio que nos diga cuál es la secundaria que siguieron los muchachos que hoy están presos por sicarios. O sea, si quieres ser rico en Perú, el delito es como una carrera. Siento decirlo. Ha emergido uno que otro rico honrado, pero está ahí nomás. No hay desarrollo con informalidad. ¿Se dan cuenta qué describo? Sin una remodelación brutal de salarios, educación y costumbres —nos gusta ostentar— no revertiremos las causas del crimen y la corrupción. Hemos inventado el desarrollo mafioso. Una quimera.

¿Se hace uno rico desde la clase media? Sí y no. Si quieres hacer la misma vida que papá y mamá, tal vez; los viejos trabajaron toda la vida, ahora tienen su casita, su carrito, su AFP. Pero no se prospera mucho, sabemos las causas. Los puestos de trabajo estables y bien remunerados son poquísimos. Y no hay culto alguno a la meritocracia. Entonces, ¿cómo no van a caer en la tentación burócratas momentáneos? Y en cuanto a la clase alta y sus tecnócratas, no han entendido que el Estado no es una empresa. Política nunca han hecho. El fajín de ministro —con pocas excepciones— no contagia un oficio que nunca se ha practicado. No es la vacancia del poder al estilo Humala, pero por ahí va. De eso ya me ocuparé.

Y aquí viene la otra plaga. Como para psicoanálistas. El dinero se ha vuelto una “psicosis pasional”. Y eso afecta abajo, al medio y arriba. Seamos francos y consulten: Mati Caplansky, Max Hernández, Moisés Lemlij (¡feliz cumpleaños!). En Perú el que menos quiere ser millonario, pasado mañana. Con signos visibles, casa en las Casuarinas, pero Alejandro, la de Camacho no estaba mal. ¿Qué le digo al lector que no sepa? Quieren cargos políticos —alcaldía, región, ministerio— para tener harta plata. ¡Y que se sepa! Hay una amoralidad generalizada en la ideología del “saber hacerla”.

No éramos tan corruptos pero se aprende¡! Estamos en la prosperidad del vicio, y en un país donde abunda gente con ambiciones desmesuradas y a menudo, bajísima capacitación. Nos falta un Foucault. Lo suyo fue “Vigilar y castigar”. El nuestro será “O robas o eres un huevón”. Me inscribo en el club de los VNP, los voluntariamente no pendejos. ¿A propósito, no tienen, por ahí, alguna consultoría que proponerme?

 

Publicado en El Montonero., 06 de marzo de 2017

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Malas buenas noticias. Odebrecht y periodo cámbrico

Written By: Hugo Neira - Feb• 27•17

No estoy en Lima, pero el planeta se ha hecho pequeño. Las noticias circulan en el mundo instantáneamente, y en la pequeña pantalla, calamidades climáticas como las iniquidades de la escena política. No solo la crisis de la natura sino de la cultura. He visto como cualquier hijo de vecino, los desbordes de ríos, las lluvias que destruyen las pobres casas de adobe del centro de Lima, los taxistas que atropellan a un mujer encinta y se dan a la fuga, las querellas entre congresistas amigos, de todo. El nombre del Perú circula mundialmente en torno a los escándalos Odebrecht. De mi parte, congoja personal y vergüenza ajena.

  1. «Los condottieri en el proceso económico, Enrique Meiggs, Augusto Dreyfus, una gavilla de grupos de presión.» Jorge Basadre (Sultanismo,…, p. 84). Lo que nos ocurre no es nuevo. La misma ilusión ‘por el desarrollo material y las obras públicas’. Odebrecht es el Meiggs del siglo XXI. Y lo de siempre, “pingüe renta fiscal”, derroche atolondrado (casa en Las Casuarinas). Pompa, espectacularidad del gasto. En otros países, los muy ricos son discretos.
  1. El malestar general de hoy tiene sentido. Entre muchas desilusiones, en torno a Toledo, no estoy pero me lo cuentan amigos. Los sentimientos son también un hecho social (Durkheim, uno de los fundadores de la sociología). Producen fastidio, emociones, que se hacen luego política. Como los implicados en Odebrecht suman tres administraciones, la cosa es seria. Y el desengaño colectivo incalculable. Me dicen que se vive pendiente de lo que sigue, OH, Nadine, si Toledo lo extraditan o no. Al final, puede que no pase gran cosa. Salvo para funcionarios menores y periodistas con consultorías. Sería lo peor.
  1. «Un país no es sólo el pueblo». «Ningún problema más discutido que el problema de los dirigentes, de las elites». Otra vez Jorge Basadre. «Frente a los distinguidos caballeros que se creen facultados para cualquier exceso porque heredaron un nombre y una cuenta corriente» (1946). Sí pues, las elites. Elite no es elogio. Ortega y Gasset decía: «siempre hay diez mejores. Los diez mejores pianistas, los diez mejores ciclistas, los diez mejores ladrones». ¿Me permite el amable lector algo de teoría política en esta nota?

Por los años sesenta, C. Wright Mills pone de moda La elite del poder, 1956. Se refiere a los Estados Unidos, la teoría de una sola clase dirigente, políticos, militares, financieros. A mi generación nos sirvió como anillo al dedo. Pero era falsa. Dahl llegará para decir que no. En ¿Quién gobierna?, muestra que hay elites en plural. Incluyendo las elites políticas. Y en una democracia, «puesto que el pueblo nunca gobierna directamente», lo que hay es una poliarquía. En otras palabras, grupos de poder competentes y distintos se suceden tras el voto democrático. El tema de las elites es decisivo. Está en Pareto, que escribe en 1916 su Tratado de sociología general, tiene 1860 páginas. Una monstruosidad. Según Pareto, «en todas las sociedades existe una minoría privilegiada o elite en un sentido amplio, que engloba a otra más restringida, la elite gobernante». Y que lo saludable es «la circulación de las elites». Pues bien, desde mi punto de vista, no solo estudios sino experiencia personal, eso no ha ocurrido jamás en el Perú.

Nunca la minoría en el poder ha admitido a su competidora. No es que la combata políticamente. La costumbre peruana es negarla por completo. Eso ocurrió con el aprismo cuando Haya de la Torre. Ocurre con el fujimorismo de Keiko. El asesinato simbólico del otro. Y se aplica a quien incomode. Izquierda o derecha, si no eres parte del club del achoramiento. Caretas ya lo dijo. «Tránsfugas, militares, médicos y burriers practican y fomentan la cultura del achoramiento, la nueva estrategia de ascenso social y político en el Perú». ¿Saben cuándo? En el 2000. No se haga, lector, hace rato que se trepa a cómo dé lugar.

Hoy, a raíz de Odebrecht, es la guerra de elites contra elites. Se atacan entre sí, políticos, periodistas. Predominan las acusaciones. Ad hominem. Por ejemplo, la confrontación García Belaunde y Lombardi en RPP (sí, pues, se escucha fuera del país). Sin embargo, a mi modesto parecer, se movieron en lógicas distintas. Pero eso no lo dijo Carvallo. La de Lombardi, la lógica de la política, la misma que Vizcarra, la de sacar adelante el aeropuerto de Chinchero. La de Víctor Andrés, la juridicidad. La adenda. Se repiten agravios a la ley, maniobras proempresa de amigos o familiares. Las afirmaciones de Víctor Andrés, «Vizcarra le ha regalado a la hermana del Primer ministro un aeropuerto por 40 años», dan la vuelta al planeta.

Visto lo que ocurre, me desvela el vaticinio de Pareto. «La historia es un cementerio de elites». Pero puede pasar lo contrario. El efecto Odebrecht sería una suerte de periodo cámbrico a nivel nacional. Si no lo sabe —no todo el mundo ha tenido secundaria en una unidad escolar con maestros laicos que explicaban Darwin— un momento espectacular de aparición de múltiples formas de vida. Casi todos los animales actuales. Paradójicamente y gracias al destape de Odebrecht, es lo que puede pasar. Otros políticos u otra política.

 

 

Publicado en El Montonero., 27 de febrero de 2017

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Juan, de las ecuaciones al periodismo

Written By: Hugo Neira - Feb• 20•17

Juan es la historia de un gran periodista. Apenas volvió de sus estudios en la London School of Economics, comenzó a escribir en el diario de su familia. La suya era una familia peruanísima, o sea que descendía de un judío francés que llegó al Perú a mitad del siglo XIX, y fundador de El Diario. Los Toutlefric —así— se llaman, fueron empresarios, doctores, políticos pero sobre todo periodistas. El hecho que su apellido se parece a una expresión que quiere decir “los que tienen TODA la plata”, no tiene mayor importancia. Juan se dio de lleno a su oficio, escribir en el gran diario. Pero al poco tiempo se dio cuenta de que las matemáticas que había aprendido en Londres, no le servían para nada. En el periodismo no siempre x∑y, funciona. ¿Qué hacía con el axioma de extensionalidad de Fraenkel en esa oficina en el centro de Lima y escribiendo sus 600 palabras?

En las reuniones de familia, era el mejor en cuanto se hablaba de cifras y negocios, pero él sabía que su prosa era sosa, pesada o excesivamente coloquial. Podía entrar al concejo de alguna de las muchas empresas del clan familiar pero quería ser periodista, como el tatarabuelo. Su amigo Max, el psicoanálista —ambos coincidieron cuando se formaban en Londres— le aconsejó el psicoanálisis. Dicho y hecho, Juan tenía fortuna, podía disponer de su vida y se mandó a mudar a un lugar de los Estados Unidos, donde siguió un curso acelerado de psicología. Buscó a un especialista de un tipo particular de neurosis, el deseo de mandar, la libido dominandi. O sea, los políticos. A los seis meses estaba de vuelta. Esta vez se dedicó a los reportajes. Su éxito fue inmediato, como sabemos.

Fue él quien en una entrevista, predijo que Alejandro sería un presidente tarambana y que la familia no corría ningún riesgo. Y previno sobre la personalidad del peligroso comandante que le sucede. Uso con él la famosa paradoja, “quiero pero no quiero”. Y entonces, El Diario propuso lo que resultó conveniente para el país y la democracia: le pusieron seis tecnócratas de primera y funcionó el “piloto automático” por cinco años. Juan se había olvidado de las ecuaciones y ahora pensaba en el ego y el ello, el inconsciente y Freud y la cosa marchaba, pero no del todo. Seguía siendo un plomazo en cuanto escribía.

Era al revés, cuanto más sabía —matemáticas, economía, psicoanálisis— peor eran sus columnas. Se puso a leer literatura. Alonso Cueto le regaló un libro de Flaubert, que también fue un hijo de familia que le costó aprender a escribir, y descubre que la escritura es un lujo, que al lado del lujo de saber vivir, de saber hacer, había un saber entretener diciendo cosas incómodas. Y que eso era fácil para poetas, para gente insólita e inconforme y no para gerentes. Escribir no era un memorándum. Se daba de narices con la gloria de lo efímero. El Diario, en otros tiempos, tenía una redacción de gente insalubre, pero que escribían como dioses y que gustaban a las clases altas por su audacia y al menudo pueblo por su gracia. Cuando él era pequeño, había visitado de la mano del abuelo, la sala de redacción, llena de zambos, cholazos y blancazos bien corridos, que eran simpáticos, divertidos, y acaso por eso, buenos periodistas.

Juan, entonces, decidió adquirir ese lujo. Y cambió de estilo de vida, dejó de ir al club, a la casa de playa, partía a vivir entre bohemios en barrios pecaminosos. Alberta, su mujer, no le aceptó esta vez ese tipo de entrenamientos. Ya tenía cerca de 40 años, estaba poniéndose calvo, y no se ocupaba de los “enanos”, tres encantadores niños. Para mala suerte, Juan se había hecho amigo de un sociólogo que le explicó la anomia y eso de la “asimilación social”. Entendió entonces que él provenía de eso que el maldito sociólogo llamaba un “grupo tradicionalista coherente” y en cambio los lectores eran parte de una sociedad anómica, dispersa, antitodo, jodida, y la lógica de sus crónicas no predisponía a la simpatía. Tenía que descomponerse un poco. Se leyó entonces todo lo que había en inglés sobre la asimilación de polacos en Chicago y anduvo con el libro de Znaniecki bajo el brazo, hasta en las madrugadas en El Romano y en antros de la Victoria. Y entonces, su columna se volvió viral en las redes sociales. Se había salvado como columnista, en lo personal era un desastre.

La mujer lo dejó, los hijos no querían ni verlo, cambió de lectores, ahora lo adoraban los que querían hacer saltar por los aires el orden social, todo orden social, y se había vuelto prematuramente viejo, chupaba y tenía amigos rarísimos, pero escribía unas crónicas de puta madre que le habrían envidiado tanto Sofocleto como Baudelaire. Se había hecho periodista.

A ratos, se arrepentía. Si hubiese sabido en su juventud que el periodismo no es un oficio sino una disposición, se hubiera quedado en x∑y y la extensionalidad de Fraenkel, y habría sido un limeño feliz. Recomendó entonces a los administradores que contrataran a una punta de desubicados y medio chiflados para reflotar El Diario, pero ni lo recibieron.

 

Publicado en El Montonero., 20 de febrero de 2017

 

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