Puno. Viajar es entender

Written By: Hugo Neira - Sep• 04•17

«La masa no existe, pero una descarga la constituye. La masa es cuando se desprenden de sus diferencias y se sienten iguales.»

Elias Canetti, Masa y potencia

 

He estado las últimas semanas en Puno, Juliaca, Cusco y Abancay. Invitado por universidades e instituciones, conferencias, clases, conversatorios. Debo confesar que me ha sido muy grata la calidez con la que se nos ha recibido. Sin embargo, callo reconocimientos personales y también las temáticas que me ocuparon. Otro lunes abordaré el progreso material e intelectual que he encontrado en esas ciudades del interior andino. Si menciono ese viaje, es para que el lector sepa de donde proviene lo que a continuación expongo. El azar ha hecho que mi itinerario coincida con la huelga de docentes. Y poco importa que haya concluido. Narro lo ocurrido. Escribo, pues, como testigo de vista. A 4 mil metros de altura, se ve el Perú de otra manera.

Nos instalamos en Puno y todos los días íbamos y veníamos a Juliaca. Unos 40 kilómetros, una hora de recorrido, por una estupenda carretera que será autopista. Pero nos trabó, como a muchos, la barrera de los huelgistas. No cerraban del todo el tránsito. Pagamos una suerte de peaje, no de dinero. No quiero mentir una línea. Pasábamos, siempre y cuando manos hábiles pintaran lemas en el coche mismo «viva la huelga», etc. Un precio simbólico. Parte de la publicidad del «movimiento de docentes radicales», no encuentro otro modo de llamarlo, MDR, sin entrar en vericuetos de si eran del Conare, el Sutep o el Movadef. El movimiento magisterial, sea quien sea el que lo monitoriza, rebasa el tema educativo. Han revelado un modo propagandista atípico.

El Perú actual es un país masivamente urbano. Y las ciudades de los Andes se han vuelto tan urbanas como la capital. Seamos claros, no son las tomas de carreteras lo principal de la praxis del MDR. Son las ciudades, calles y plazuelas. En una de ellas, donde me quedé un poco más de tiempo, tomaron el atrio de una iglesia. Y no por un día. ¿Qué hacen? La gente se distribuye entre gradas de la iglesia, calle y plaza, y no necesariamente la mayor. Están presentes docentes y gente y padres de familia y niños que corretean. ¿Qué son? Entre asamblea y sociabilidad. Lo principal, «estar juntos» (Canetti). Al poco rato, se suma el comercio ambulatorio que les lleva la comida. Lo informal peruano le saca provecho hasta la velada pública de los radicales. Ahora bien, el centro de esa cabildada eran unos cuantos, los que tenían en sus manos los altoparlantes. Cada cierto tiempo, tronaban las voces de los dirigentes explicando cómo iba la huelga de docentes en otras ciudades, qué había dicho en tal o cual radio o canal la ministra Martens. Y entonces, comencé a entender. No había clases para escolares pero sí las hubo para los adultos¡!

El término de la huelga no les convenía. La propeudéutica del nuevo movimiento ha sido una interminable ponencia entre contertulios. He estado horas escuchando diversas narrativas, mientras la gente igual conversaba, pese al estentóreo altoparlante. Y de golpe me acordé de «los conglomerados de la heterogeneidad peruana», que José Gabriel Valdivia, arequipeño, encuentra en la narrativa literaria. Yo la he visto en este tipo de manifestación atípica que rompe la tradición del líder mesiánico. Son masas, como describe Elias Canetti, las une la «descarga» del tema educativo y la sociabilidad.

Estoy describiendo un nuevo tipo de movilizaciones. ¡Son instantáneas! Volvíamos de Abancay a Cusco, y el tránsito vehicular se detuvo de golpe. Llegaba por los aires el presidente Kuczynski. Estábamos abajo, plantados en una fila de vehículos, y en eso que, ascendiendo a las alturas donde se aposentaría el helicóptero presidencial, vemos correr un conjunto de gente —en Curahuasi, a 2684 metros—, eran los maestros con sus banderolas y pliego de reclamos tras un mandatario que venía a celebrar un formidable hospital llamado Diospi Suyana. Pasaron a nuestro lado con el vigor de los andinos que cuando hay cuesta, corren con más ganas. Después nos enteramos que no solo no es obra de PPK sino que existe desde hace diez años¡! Ya ha servido a 253 mil pacientes, un hospital misionero de alemanes y 200 empresas de las cuales 40 son peruanas. En suma, micropolítica que viene de abajo y frivolidad del Estado.

Ahora bien, creí por un momento que Pedro Castillo había triunfado. Pero se demoró demasiado en acabar la huelga. Los docentes mal remunerados habían ganado la simpatía de la opinión pública. Pero lo que siguió, la ocupación achorada y avasalladora de la ciudad de Lima fue un error que pesará en las urnas para Castillo y para Santos. Difícilmente se olvidará su ilimitada prepotencia. Curioso movimiento. ¿De ágoras en las ciudades andinas e intimidación en la capital? Se han detenido, pero el daño está hecho.

Entender es percibir, percatarse. Hemos visto la escenificación en todo el país de una forma nueva de hacer política a la vez popular y alambicada. No llevan consigo esta vez la metralleta, pero sí el altoparlante callejero y los smartphones, y como siempre, estrategas en la cuidada penumbra. Santos, el cajamarquino. Lo dicen diarios locales, esos que nunca se leen en Lima. A varios los he encontrado más realistas y mejor escritos que los capitalinos.

Publicado en El Montonero., 04 de setiembre de 2017

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Santa Rosa y Lima la festiva

Written By: Hugo Neira - Ago• 26•17

Ante el cuarto centenario de Santa Rosa, hubo el jueves pasado un conversatorio en el Instituto Porras Barrenechea, organizado por su Director, el Embajador Harry Belevan. Participaba con una lectura psicológica Moisés Lemlij, Jorge Secada con una lectura filosófica, Augusto Tamayo con una visión hagiográfica desde el cine, y pudimos ver algo del largometraje que prepara, Rosa Mística. Me invitaron. ¿Cómo no ir a esa casona miraflorina en la que me inicié en la sed sin límites del conocimiento? La noche fue excelente. No alcanzó la sala y se dispuso sillas en el patio. En el público estaba Ramón Mujica, que sabe enormemente sobre ese tema, pero no intervino. Ramón es un señor por sus cuatro costados.

Me precedía en el uso de la palabra Moisés Lemlij. Los psicólogos suelen sucumbir a la tentación de reducir el martirio a una suerte de sadomasoquismo, pero no fue el caso. Rosa de Lima, para Lemlij —que se declaró judío— tiene enormes antecedentes en la tradición biblíca y judaica. En dos libros. En el Cantar de los cantares, «la parte erótica lleva al amor de Dios y el amor por Jesús». En el Libro de Job, «el sufrimiento en el cuerpo es la demostración de Dios». Fue una ponencia brillante y original.

Por mi parte desde la sociología dije que contrariamente a lo que se piensa, nos interesa las religiones. Las abordamos desde las consecuencias inmanentes de una fe o una creencia, los comportamientos. Max Weber, en un breve libro en 1905, nos revela el éxito económico de los laboriosos puritanos alemanes del XVI. Para ellos, el trabajo cotidiano era el equivalente de la plegaria. El ascetismo protestante produce el nacimiento del capitalismo como un efecto colateral de la ética calvinista.

Santa Rosa me llevó un par de noches de desvelo. Sobre su vida se ha escrito, según Mujica, no menos de 400 biografías. Cogí acaso las mejores, y las devoré.

Lo primero que me sorprendió es su familia modesta. De padre portorriqueño, confieso que no lo sabía. La limeña era la madre, María de Oliva. Los sociólogos observamos hechos en apariencia banales. A los meses de nacida «a la madre se le secaron los senos». Cosa por demás, frecuente. En ese caso, se suele acudir a una nodriza. Pues bien, no pudieron hacerlo. «La familia carecía de medios para pagar una ama». ¿No había entonces, en esa casona, esclavos? En la Lima de sus días, sobre 27’064 habitantes, había unos 10’758 españoles, unos 13’620 negros y unos 861 mulatos. Tener una esclava negra era de lo más corriente. Por lo demás, el padre no parece algún criollo tras un puesto oficial, chambeaba. La familia estuvo un tiempo en el pueblo de Quivi. Había minas.

Lo que más nos debe sorprender es su ermita. «En un rincón en el huerto de su casa.» Con hábitos pero no en un convento¡! Su infancia es oración y penitencia. Y había aprendido a hilar, coser, tejer, tocar el arpa, pero eso no la hace una limeña convencional. De su ermita salía para ir a hospitales plenos de enfermos y moribundos. Y a veces, a casonas muy precisas, la de Luisa Melgarejo, la del doctor Juan del Castillo. Lo que está claro, no trotaba las calles como las tapadas. En Lima había dos opciones de sociabilidad. Conventos y calles. A ambas, las repudia. Los conventos eran el lugar donde sepultaban las hijas de familias que no tenían dote para lograr un marido. E iban a esos lugares por la fuerza, acompañadas de sus esclavas negras.

Lima y su doble leyenda. Por un lado, esplendor, boato, fiestas. Por el otro, estrechas calles por donde circulaban 5’000 calesas, y el resultado era «una ciudad polvorienta, con olor a guano». Por la noche, «no se podía circular debido a los delincuentes». Si esto era Lima, ciudad de fiestas continuas y además peligrosa, creo que la santidad de Isabel Flores de Oliva tiene más que ver con ella y su fuerza de carácter que con su limeñidad. No puede dejar de decir que las exequias de la santa fueron escandalosas. El Virrey tuvo que enviar sus alabarderos. El gentío le arranca en pedazos el hábito negro y blanco que había adoptado de los dominicanos, para posibles milagros. Otra gente recoge el polvo de su tumba para sanar «pecadores impíos y mujeres de mala vida». ¿Cuál cree el lector que era lo que el Tribunal de la Inquisición examinaba con más frecuencia? Al margen de alguna negra chiflada que sostenía haber tenido contacto sexual con el demonio con cuernos y todo, y que terminaba quemada en la plaza mayor, la mayoría de casos no eran las herejías sino la lujuria.

No se debía comulgar sino un par de veces por semana. ¿Acaso una precaución de la Iglesia para que las mujeres, con ese pretexto, no salieran de sus hogares? La santa iba cinco veces pese a la prohibición. No dudo de sus milagros y éxtasis y raptos místicos. Lo que me admira es su independencia personal. Un rasgo en el que coincide esa noche con Augusto Tamayo. Yo veo una rebelde. Una mujer de voluntad de hierro.

Publicado en El Montonero., 28 de agosto de 2017

Aunque dicen que se ha ido. Carta a Arturo Corcuera

Written By: Hugo Neira - Ago• 22•17

Me acaban de decir que la palabra muerte y Corcuera coinciden. No me lo creo, Arturo. Que ya no estás, que te has ido. ¿Te has fijado la cantidad de verbos que utilizamos? Expirar, fenecer, acabar. Y algunos hablan de «tránsito». ¿Qué saben ellos? El que ahora lo sabe eres tú. Y algunos dicen, con el mejor de los deseos, pensando en parientes y en amigos, «que descanse en paz». Pero ¿qué sabemos? Por mi parte, te cuento querido amigo, que se fueron, no me lo creo.

No vayas a creer que estoy tocado de la cabeza, pero me pasa que por las noches —no siempre— suele ocurrir que sueño con ellos, los vuelvo a ver y a escuchar, en torno a una mesa, en amenas conversaciones, desde mi madre a César Calvo, a Raúl Porras, a Fuenzalida, a Scorza, que como en tu caso, han tenido la crueldad de dejarnos. Cuando eso ocurre, entran y se sientan como si tal cosa. Una vez, sin embargo, hace años, se me ocurrió preguntarle a mi madre en uno de esos intervalos entre lo imposible y lo deseado, si podía contarme «cómo era la vaina al otro lado». Y la lección de mi madre fue terrible. Me contestó, muy molesta: – «Cómo, ¿no sabes que de eso no se puede hablar? ¿Para qué quieres saber, para escribir un librito?» Y no la volví a ver en ese encuentro nocturno, por mucho tiempo. Cuando de nuevo regresó en las medias noches, no dije ni pío. De verdad, Arturo, te esperaremos con los brazos abiertos. «Que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero» (Miguel Hernández).

El lector se preguntará si fuimos muy amigos. Que te parece si le decimos algo que nos hizo la vida. Inicios muy semejantes. Todos sabemos, por los diccionarios de literatura peruana, que naciste en Salaverry, 1935, y que en 1961 ganaste el premio de poesía de los Juegos Florales. Tú lo sabes y eso nos acercó desde el inicio, yo gané el mismo año y el mismo premio en ensayo. Me acuerdo que fue sobre las rebeliones de los estudiantes de la Edad Media, todo por fregar a los apristas de nuestra generación que exaltaban la Reforma Universitaria de Córdoba, Argentina.

Y en esta hora, me acuerdo como si fuese ayer, que nos encontramos en Palacio de Gobierno, estábamos entre muchos, invitados por un nuevo presidente, más bien liberal, bajito, uno con voz engolada. Y puesto que corría el rumor de que iban a darme un cargo –cosa que de ninguna manera pedía ni era cierto– se te despertó la camaradería de otros tiempos, llena de -ismos, y tomando un aire de reprobación anticipado, me dijiste, muy serio: «Hugo, no te voy a perder de vista». Y en plan de hermano mayor y en tono rezongón: «no te voy a dejar que te desvíes». Para entonces, si eso era un oxímoron a propósito del viejo marxismo de los años sesenta, yo ya estaba bastante desviado. Qué cara habré puesto que te echaste a reír y decirme «es una broma, Hugo», mientras terminabas de comerte uno de los anticuchos que Palacio, por orden del de Cabana, nos servía.

Cuando me pregunten cómo era Corcuera, el poeta, el intelectual, diré que su compromiso con el socialismo, el comunismo, la izquierda —no es hora de hacer distingos— era todo eso, y a la vez una persona disconforme pero sosegada, sin desavenencia ni petulancia alguna. Se supone que el desasosiego acompaña la lira de los poetas, pero no en tu caso Arturo. Me permitiré contar que los que te conocimos, jovial, cuerdo, amable, la rara combinación de lealtad a sus principios radicales y sin la impaciencia que otros las adoptasen. Pero eso sí, para acelerar la toma de conciencia, el humor. Cómo olvidar esos versos en los que le tomabas el pelo al mito del negro obediente y sometido, cambiando el nombre de esa historia, «la cabaña del tío Tom a la cabaña del tío Tonto».

Iluminado Corcuera. Es Noé delirante su mejor libro, lo dice César Toro Montalvo. Y como no soy profesor de literatura, diré sencillamente lo que me maravilla de tus versos. La dulce abeja, que le añades que es «cascarrabias». El gato de siete colas, y le añades, «y siete garras». Cómo no decir en esta hora lo esencial. El que amaramos la vida, desde la hormiga, el canario, el pato como el cisne, la lechuza como el jabalí. ¿Y por qué razón? Nada de simbolismos oscuros. «Enamorado de la fauna y la naturaleza» (César Toro).

Basta una línea para que los poetas no duerman para siempre. «Venid a ver el cuarto del poeta» (Calvo). «Para hacer el amor, debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos» (Toño Cisneros). «Ya descuajaringándome, ya hipando/ hasta las cachas de cansado ya/» (Carlos Germán Belli). ¿No es cierto Corcuera? Tus hermanos, los poetas de los 50 y los 60. A ver si los maestros peruanos les leen esas líneas a los pobres escolares que nunca escuchan un poema en el aula.

Publicado en El Montonero., 22 de agosto de 2017

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¿El Virrey? No todo eran fiestas

Written By: Hugo Neira - Ago• 21•17

Una leyenda dorada, que resulta negra, flota cual halo de disipación sobre los virreyes. En gran parte tiene la culpa Ricardo Palma. Quiso hacernos sonreír sobre el pasado vergonzante, y nos contó chismes de virreyes mujeriegos que se trepaban a los balcones para llegar a los aposentos de damas ligeras de casco. Sin duda eso ocurrió. Pero no tanto como el machismo contemporáneo lo desea. Palma era un liberal de esos tiempos o sea, un rojo. Necesitaba desacreditar el pasado. Por algo lo deporta Castilla a Chile.

Los criollos del XIX que servían inevitablemente a los turbulentos caudillos no son los únicos en ese ensayo de desmemorización. Los franceses hicieron añicos el Ancien Régime. Pero desde Tocqueville se sabe que los republicanos heredaron una administración real que había enseñado a soportar censos, impuestos, respetar leyes y tener funcionarios. Cuando Bolívar en Lima pregunta cuántas personas sabían administración y hacienda, le dijeron que cuatro. Uno de ellos era Unanue, que trabajó para los últimos virreyes. Cuando Bonaparte preguntó lo mismo, le trajeron una lista de 900 «pares del reino». No necesito explicar por qué Francia pudo montar un Estado moderno y nosotros no.

¿A qué viene todo esto? PPK acaba de decir «el presidente es una mezcla de gerente, administrador y virrey» (Caretas n°2500, 10.08.17). Y añade: «el virrey asiste a los desfiles, ceremonias y misas». Flota la idea de que era una suerte de gobernante frívolo. Por mi parte, me he ocupado del «hombre festivo» (en Hacia la tercera mitad, 1996). Pero trataba del criollo y su conducta y mentalidad y no a los peninsulares. Es cierto que hubo procesiones, fiestas y saraos, pero la leyenda dorada nos distrae y oculta la poderosa estructura de poder que duró tres siglos. Con todos mis respetos, señor Presidente, el Virrey chambeaba.

Capitán General, Presidente de la Real Audiencia, Gobernador General de la Flota o Armada. Un virrey era alguien muy ocupado. En Perú como en Nueva España (México) sus atribuciones eran variadas y extensas. Eran militares y judiciales. Los Austria hispánicos enviaban como alto funcionario a un noble, o sea, un hombre de armas. En cuanto a lo jurídico, la Audiencia era el poder legal integrado al sistema, no separado. Terreno de abogados, pleitos y fallos dictados contra corregidores y autoridades civiles pero por su potestad, intervenía el Virrey. Esa fusión de poder y leyes (hoy, abominable) se llamaba Consejo Consultivo.

Lo que acabo de describir son funciones seculares. Además tenía las religiosas. La Iglesia era poderosa pero el Virrey también. Había una silla permanente para tan alto funcionario en cada oficio eclesiástico. «Cuando llegaba, cuatro o seis prebendados salían a la puerta a recibirlo» (Eugenio Alarco). El Virrey pasaba de unas funciones a otras, movilizándose en su calesa con seis mulas, con cocheros y el palio, y con oidores de la Real Audiencia en la proa.

¿Y qué eran los oidores? Además de recibir apelaciones en la Audiencia —el poder judicial— debían averiguar cómo estaban las cosas a lo largo del territorio virreinal. Cada oidor tenía un lugar determinado. En términos de nuestros días, eran inspectores de funcionarios locales. Los mercaderes les temían. También las instituciones, cada una tenía su oidor (la Flota, la Real Hacienda). Prácticamente, la organización político-administrativa. La acusación de un oidor deshacía el honor del más alto caballero. Y el Virrey les escuchaba. En los inicios coloniales, eran solo españoles peninsulares. Al final, la mayoría eran criollos. O sea, es un cuento que no tenían poder. ¿Y ahora? Como siempre cerca del trono, solo que se dicen de izquierda.

El Virrey escribía sus Memorias. ¿A propósito, dónde están las de Manuel Prado, Odría? ¿Lo ven a Toledo redactando las suyas en Punta Sal?

El Virrey, a diferencia de los presidentes, tenía límites. Además de la prohibición de casarse en la jurisdicción, o hacer negocios, estaba la obligación del Juicio de Residencia. La consideró Víctor Andrés Belaunde, en 1910, en célebre ensayo. El Virrey tenía que esperar un año antes de partir. Se acondicionaba un local en la Plaza de Armas a la que accedía cualquiera para presentar sus quejas. Seis virreyes pasaron los mares cargados de cadenas.

Pero lo peor es que era más autónomo que nuestros presidentes. Si le llegaba una ley (una cédula real) un tanto indigesta, bastaba ponerla en la cabeza y pronunciar «se acata pero no se cumple». Imaginen que un presidente de este siglo se ponga sobre la cabeza las reglas del Consenso de Washington y acto seguido posterga, por ejemplo, el pago de la deuda externa. Le caería encima el Fondo Monetario. ¿«Somos libres, seámoslo siempre»?

El lector se preguntará por qué se oculta la información de ese aparato de poder virreinal. Ocurre que no nos conviene comparar nuestras instituciones con las de ese pasado, porque saldríamos perdiendo. Llegaron a pactos con los sometidos, en una escala jerárquica que por supuesto repudiamos, pero que vertical y eficazmente incluía Oidor limeño, Corregidor, Curaca local y a los indígenas mismos. Con los virreyes, hubo indios de nobleza, cuyos títulos desaparecen en la República. No solo les quitaron tierras sino rango social. Después del virrey vinieron casonas y caudillos, luego plutocracias, oligarquías, autocracias y últimamente cleptocracias.

Publicado en El Montonero., 21 de agosto de 2017

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Sendero: 1. Ejecutivo: 0

Written By: Hugo Neira - Ago• 14•17

Las noticias. El ecuatoriano Christian Ramos falla el penal, dejando a su club fuera de la liga de los Libertadores. Y PPK la posibilidad de una mejor aceptación en la ciudadanía. Si se hubiese puesto duro, millones de padres de familia se lo hubiesen agradecido. Pero no, prefirió jugar un rol simpático. Caray, esas cosas se las podemos dejar a los chicos y chicas de la farándula que salen en Luces. El poder si no provoca respeto, está perdido.

La noche del viernes 11 de agosto pasará a los anales de nuestra historia. Un presidente constitucional recibe a sus peores enemigos en un encuentro en el que no saca ningún provecho. Al día siguiente la huelga continuaba. Y en los quioscos,  «El Minedu seguirá conversaciones con los maestros en las regiones».  ¿Y eso es todo?

El jueves, el día anterior, la ministra Martens ya tenía la cosa resuelta, los 2000 soles, y entonces, ¿para qué la reunión? Solo en caso de estar seguros que los invitados iban a conceder algo. Así, mientras periodistas, la televisión y el país entero suspendían la respiración ante el anuncio presidencial sobre los resultados de esa descabellada reunión, las masas tenían en las manos la plaza San Martín de Lima y la de Cusco y la de Arequipa. El sartén por el mango. Al fin se escucha de labios no del que invitaba sino del ministro Zavala, algo asombroso. ¡No concedieron nada! Ni lo más mínimo. Al revés, al Ejecutivo le pusieron la agenda de las semanas siguientes.

Es ininteligible ese Waterloo pepekacista. Un Jefe de Estado concibe la necesidad de un encuentro de ese tipo, OK. Pero, ¿sin acudir a algún operador, no un ministro, alguna persona de confianza para un sondeo previo? Nada de eso se hizo. ¿Qué habrán pensado? ¿Que iban a una reunión financiera? Iban a algo enigmático, a una reunión con políticos. No todo en la vida son transacciones económicas. Existe la lucha por el poder. Eso que los griegos llamaban el agon, que es combate físico, en el que cabe la simulación. Eran los griegos famosos por astutos. Y los invitados han mostrado lo que querían. Revelar la debilidad extrema del presente gabinete y la del Presidente. Es decir, el tímido gobierno democrático de estos días. Y ante ellos, una combinación de maestros, protesta y senderistas ¡en 16 regiones!…

Un mundo de maestros fragmentados y en competencia, Sutep 1, 2 y 3. Y lo que le puede haber pasado es justamente, invitando a Palacio a los moderados, a esos que están perdiendo terreno, entonces, los ha obligado a ponerse duros¡! Y es lógico, no cedieron en nada. La calle los esperaba. ¡Qué ingenuidad de los que nos gobiernan! Y la arrogancia de no tener ni asesores ni consejeros. Y en fin, decir que la reunión le permitió apreciar «el interés de esos maestros por lo niños». De echarse a llorar o a reír. Lo que les interesa hoy es el poder.

PPK y el ministro Zavala tienen una investidura. Representan un Estado nacional. Una comunidad de 31 millones de personas que no olvida el ataque militar de Sendero a las aldeas y ciudades de este país. ¿Y el Presidente los recibe? ¿O sea, los legitima? ¿Sabe cómo está la nación peruana en estos días, señor Presidente? Está temblando. Abimael Guzmán le ha dado un jaque mate al presidente PPK.

Lima invadida. Lima tomada. A partir de hoy, el rival no es el fujimorismo sino el retorno de los muertos vivos, como en Game of Thrones. Por lo demás, está claro el desorden de ese gabinete. El Ministro Basombrío anuncia que «unos 454 expresos senderistas trabajan en el sector Educación». El dato es grave, ¿pero no podía callarse y soltarlo en otro momento? Supongo que la señora Martens ha quedado encantada. Justo cuando negociaba con «terrucos».

No hay que confundirse. Mucha de la gente que manifiesta apoyando la huelga no son necesariamente militantes de Movadef. Miren el gráfico, a los maestros hace decenios que los han abandonado. Y obviamente, la izquierda de la izquierda halla una capa social desesperada.

¿Qué nos queda para que se hagan política y reformas, comenzando por la educación? La política la pone hoy la calle urbana con provincianos organizados. Ellos comparan la actual movilización nacional con julio de 1979. Tienen razón y no la tienen. Gobernaba Morales Bermudez, cuya legitimidad no venía del pueblo. Hoy, les guste o no, hay democracia. Lo que no hay es autoridad. Y dicen en sus periódicos esas nuevas izquierdas que no han ido al colegio Inmaculada ni tienen padres en San Isidro. «Que no nos salgan con que no hay plata. Que el PBI ha crecido…». ¿Ven los resultados de pasarse de optimistas? ¿De andar diciendo que estamos a dos dedos de entrar en la OCDE? Los efectos perversos de la automentira que repite el poder mediático. La cosa está bien jodida, y no ha acabado. Espero que haya al menos, como en el fútbol, un segundo tiempo. Acaso con un político en el cargo de Premier. ¡Pero ya! No sé qué esperan. Pero «imprudencia y terquedad» dice Rospigliosi. Dios, ¡qué verdad!

Publicado en El Montonero., 14 de agosto de 2017

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