No estuvo mal (políticamente hablando)

Written By: Hugo Neira - Jul• 30•14

Pocas veces ha habido un discurso presidencial más esperado. Y con razón. A algo más de la mitad de su administración, en vísperas de un año —el 2015— prácticamente de campañas, tras una desaceleración sobre cuya raíz se puede discutir pero que no deja de ser un hecho, en el momento en que se lanza unos megaproyectos, unos 16 mil millones de dólares de inversión, ya veremos si caminan, y en fin, lo que todos sabemos, la poca aprobación, la salida intempestiva de ministros y las bancadas oficialistas que se rompen. Me preguntaba qué iba a decir y con qué talante.

En política como en fútbol, no se puede nunca estar seguro del todo. Para comenzar, el discurso no fue corto como algunos predijeron. Hubiese sido casi una abdicación. Confesar que no se había hecho gran cosa. Duró en cambio sus buenos 80 minutos, y fue una avalancha de cifras, un fuego de artificio. En la tele limeña, con Jaime de Althaus y con Milagros Leiva, algunos de sus invitados hasta reclamaron que hiciera el recuento de sus promesas, por incumplidas. Qué ingenuos. Los balances en serio los hace el PNUD o el Banco Mundial, nunca un mandatario. Su primer capital es él mismo. Ahora bien, uno de los poderes del Presidente de una democracia representativa es dirigirse a la nación por entera. Y es lo que ha hecho Ollanta Humala. No fue un discurso para salir del paso, sino trabajado, meticuloso. De su realismo económico, o no, se ocuparán otros. Tampoco le dedicó a la desaceleración el propio orador algo más que un par de minutos.

Se ha demorado tres años, pero este hombre ya no es el que jugaba con la banderita de su atril cuando discutía con Alan García en el 2006, ni el que juraba la presidencia en el 2011 en nombre de la del 1979. Ya no hace eso. Está serio. Cabe preguntarse  en qué ha cambiado y por qué. Bueno, el oficio de presidente no se enseña en ningún lugar académico, como no existe cartón para ser banquero. Y se aprende a gobernar gobernando. No es poco ser Presidente, se vive entre expertos, entre gente que sabe. Luego, ha viajado, ¿y qué cree usted que conversan los Jefes de Estado del mundo? Pues de cómo es el mundo. Lo real, la economía, sus altibajos. Y ver a Obama, al presidente Hollande, no es moco de pavo. Lo que ha tenido Humala es un stage. Esas cosas ocurren.

Este es su primer y verdadero discurso presidencial. Es como si se hubiera librado del fantasma chavista y marxista y de la quimera liberal. Para juntar dos cosas, crecimiento y gasto social estatal, que los dogmáticos de ambos bordes se niegan a admitir. Parte de lo que dijo, ya está en El Peruano. Y otra parte, es projecto que irá a la Cámara. Pero no sé que efecto tendrá ese discurso, el ciudadano de base se ha vuelto desconfiado. Por eso, alineó inversiones en educación, salud, becas por aquí, aumentos salariales por allá, aeropuertos, gas barato, comedores populares, o lucha contra el cáncer. O sea, no tenemos pozos de petróleo como Chávez pero podemos incluir, o sea, en el lenguaje realista de las ciencias políticas, tener clientelas.

Todo el tiempo vinculó presente y futuro. No digo que me gusta ese discurso. Digo que es un mensaje explícito. Ollanta o el ollantismo, no acaba en el 2016. Por error, a veces por negligencia, la oposición tiene expectativas perezosas. Tienen que proponer, partiendo de lo mismo, mercado y Estado activo, algo mejor. Ese es su trabajo.

Publicado en El Montonero, 28 de julio de 2014

Entrevista: «La educación en el Perú no es mala, es inexistente»

Written By: Hugo Neira - Jul• 22•14

Historiador y sociólogo Hugo Neira afirma: «La educación en el Perú no es mala, es inexistente». Lamenta «el reinado arrogante de la incultura» en el Perú.

 

Diario Expreso,  viernes 18 de julio de 2014

Por: Emilio Grillo

 

 

«Antes a los intelectuales se les temía y hoy se les ignora. El Estado se ha quedado sin territorio. El gobierno central no manda en las regiones.»

 

– Usted escribió en el 2002: “Como no sepamos establecer los límites de los gobiernos regionales, se va a armar un caos institucional de cuidado”. El tiempo le dio la razón. ¿Cuál es el remedio para este desmadre?

 

Lamento haber acertado. Hoy la situación no puede ser más grave. El Estado se ha quedado sin territorio. El gobierno central no manda en las regiones. El remedio es la apertura de un proceso de reforma constitucional. Lo dije en 2002, entonces una alta autoridad gubernamental me pidió que les echara una mano. Algo entendía, había vivido en la España de las 17 autonomías y dije a una comisión: todo se juega con «las competencias». Es decir, lo que hace una Comunidad Autónoma y lo que no puede hacer. Pero optaron por un esquema blando e impreciso. ¿Por qué lo hicieron? La respuesta que me dieron es: «Para tener zonas grises y poder negociar.»

– Algunos acusan al presidente Ollanta Humala de ser excesivamente permisivo con los «líderes» …

Hemos reproducido el vicio del presidencialismo a escala departamental. Al nacionalismo de Humala le ha nacido su propia contradicción, los nacionalismos chicos. Pero no se puede volver al antiguo centralismo limeño ni continuar con el patinazo de las regiones. La solución es democratizarlos más. En cada región debe elegirse un pequeño parlamento. Y de este, por voto indirecto, debe emanar el poder del presidente de región. El error es entronizar a un pequeño déspota local. El poder regional es la puerta legal abierta a posibles mafias.

 

 «Si la Superintendencia de Educación Universitaria fuese un proyecto honrado, debería marcar su límite en el tiempo y en sus poderes. No hay tal señal. Mala cosa. La idea del límite les es ajena. Vislumbro un poder que va a crecer. Y una libre inteligencia, otra vez, arrinconada.  Ninguna universidad progresa si no es libre.»

 

 

– ¿En algún otro pasaje de la historia del Perú hubo tanto desprecio por la la cultura?

Nunca peor que hoy. En el pasado, a los grandes intelectuales se les temía. De ahí los exilios. Hoy se les ignora. Esto es parte de un mito peruano de reciente creación. Muchos tienen la convicción anticultural, creen que el desarrollo es cuestión del consumo y los negocios, y no cuenta el saber, la lectura, el teatro, el buen leer y escribir.  Crasa ignorancia, encuevamiento. No conocen la historia de otras sociedades modernas, como México y Brasil. En Perú aparecen minorías empoderadas, pero absolutamente incultas. Este no es ya un país de analfabetos, es un país de iletrados, pueden leer y acceder a la lectura no lo hacen. La educación que han recibido no es mala, es inexistente.

– ¿Qué opina del rol que cumple Nadine Heredia en el gobierno?

 

No tengo nada en contra de sus ideas, por lo demás, no sabemos cuáles son. No he leído nada suyo. Yo soy de los de antes, creo en el compromiso del papel impreso, en el ser y no en el parecer. El tema no es una persona, sino esa arcaica institución, la ‘primera dama’. Debería desaparecer. ¿Quién es el esposo de Merkel? Y la señora presidente de Brasil, su esposo, ¿es “primer damo”?

 

«La izquierda peruana es incongruente»

 

– ¿Cómo observa a la izquierda que dice defender los derechos humanos, pero aplaude a Nicolás Maduro?

 

La gente de izquierda es culta pero  incongruente. Lo que dicen no corresponde a cómo viven. Ser de izquierda es hoy un estatus importante. Se te abren las puertas de los canales, de las universidades. ¿Y qué hacen? Consolidan un sistema fundado en que la principal desigualdad —el acceso al conocimiento— no se corrige.

– ¿Cómo le irá a Susana Villarán en los comicios de octubre?

 

Espero que no gane. Sus últimas maniobras la revelan como alguien sin escrúpulo alguno. Y pensar que era la campeona de la ‘decencia’.. ¡Qué amor por el poder!

 

«Velasco  nos legó rebeldía»

 

«Un día, en un encuentro internacional, Juan Rulfo me pregunta cómo era Juan Velasco Alvarado. Velasco nos legó la rebeldía. No digo que no fuera dictadura. Sí lo fue, pero si no se les entregaba la tierra a los campesinos, triunfaba Sendero Luminoso y esta conversación no tendría lugar.»

 

«Quieren librarse de rivales»

 

«Seamos sinceros. Si Toledo hubiese decidido quedarse en Stanford y no volver, y Alan, por Francia o Colombia que parece le gusta mucho, todos sabemos que nuestros Catones no tendrían el mismo arrebatado deseo de investigarlos. ¿La Institucionalidad o el arte de librarse de rivales?»

 

Los peruanos en la historia

 

«Hay peruanos que se rebelaron, Sanchez Carrión, Gonzalez Prada, Palma, Haya de la Torre, Mariátegui. Y los que partieron para crear cultura peruana, Garcilaso, Olavide, Vallejo, Vargas Llosa, Scorza. Y Arguedas, cuya contribución son sus obras trabajos y su suicidio. Y sabios como Basadre.»

 

                                                                                                                                Dato:

Para Neira, el mejor gobernante que ha tenido el Perú es Nicolás de Piérola. «Vino de una guerra civil pero no se quedó con el poder.» ¿Los peores? «Leguía, en su segundo mandato,  norteamericanizó la vida de Lima. Sánchez Cerro fue tirano aun viniendo del pueblo. Y Odría, gobernó con el modelo ‘mando yo y las finanzas me apoyan’.»

Una obra de José Miguel Oviedo. Inmensa, formidable (*)

Written By: Hugo Neira - Jul• 22•14

Había una vez un joven crítico literario y profesor universitario nacido en Lima. Muy amigo de Sebastián Salazar Bondy, de Luis Loaiza y Abelardo Oquendo, muy pronto destaca por su prosa límpida y sus juicios acertados. Luego, profesor en la PUCP, explica a Palma, a Martí, realiza diversas antologías, entre ellas de la poesía peruana de los años 70 (Esos 13) antes de establecerse definitivamente en los Estados Unidos. En 1988 es designado Trustee Profesor en la universidad de Pensilvania. Su interés se extiende al campo inmenso de la literatura hispanoamericana. Prologa a Ernesto Cardenal, al mexicano José Emilio Pacheco. En los últimos años, venía un poco menos al Perú, enfrascado en una obra decisiva. Se llama José Miguel Oviedo.

Una de estas tardes fui a dar una vuelta por librerías limeñas. Soy de los que no van a comprar un libro sino a ver qué hay, el placer de la sorpresa. Librerías que merezcan ese ejercicio no son muchas: Sur, Crisol y La Familia. En esta última me doy con uno de tapa azul, bien editado por Alianza Editorial que me llama la atención. Lo hojeo, sí pues, esa operación de escarceo, de casi distraída averiguación, antes de comprar. Es lo que hice y la verdad es que me quedé pasmado. A vuelo de pájaro había visto desfilar la integridad de una literatura. En un café, minutos después, mientras esperaba un taxi, proseguí una lectura con saltos de un autor a otro, de la poesía al teatro, el cuento y la novela. El IV° tomo,  “De Borges al presente” corona una obra inmensa. Luego, en mi casa, no paré de leer. En la madrugada, tenía que salir de viaje, y en un avión, borroneé las primeras líneas de esta nota. Estamos hablando de un tratado de literatura de José Miguel Oviedo. Por entero, nuestra literatura. La de la América Latina.

En la gran literatura universal es de general convencimiento que hace siglos ingresó la literatura de lengua inglesa y francesa. El castellano de españoles desde el siglo de oro. Y que la gran novedad del siglo XX ha sido la literatura de expresión norteamericana y la hispanoamericana. Oviedo es el autor de una “Historia de la literatura hispanoamericana”. Es decir, de un Everest de la literatura mundial. Trabajo panorámico, el tomo IV —el único que he conseguido— comienza con Borges, la literatura fantástica, y sigue con Rulfo y Arguedas. Luego “tres grandes”, Lezama, Cortázar y Paz. Obra gigantesca y sin embargo minuciosa, hay páginas para Cardenal y para marginales de Nicaragua, Martínez Rivas y Mejía Sánchez. ¿Los conoce el amable lector? Yo no, para eso también sirve este libro enciclopédico, para enterarse de desconocidas glorias. Más adelante, Oviedo reúne a Ribeyro y Monterroso.  Estudia el “boom”, y la posteridad del “boom”. Y el fin de siglo, incluso más allá del idioma, el bilingüismo. Y se despide, no sin celebrar a algunos nuevos poetas peruanos, Abelardo Sánchez León, a Verástegui. “Al cerrarse el presente capítulo, se cierra esta obra misma”. Otro siglo, otro tiempo, se dice melancólicamente el autor. Entre tanto, ¡qué obra tan extraordinaria!

Por mi parte, no he sido dado a ditirambos y elogios. Pero esta vez no hay que escatimar el elogio. Obra y autor lo merecen. Historias universitarias de la literatura hispanoamericana de hecho las hay, en castellano, inglés y francés. Las conozco, no viene al caso contarlo in extenso pero tuve que servirme de panoramas de historia literaria para dictar cursos que mi última Rectora francesa, Sylvie André, me impuso, a falta de especialista. Pero eso mismo me permite decir que el enciclopédico trabajo de Oviedo es acaso el mejor. Ocurre que Oviedo es crítico literario y el mismo, gran escritor. Las páginas que le dedica a Borges, a su “sistema y estrategia”, son sencillamente magistrales (pp. 15-37). Y las del “orbe barroco” a Lezama Lima (pp. 146-155) Y a García Márquez (pp. 289-302). Y lo mismo ocurre cuando aborda a Carlos Fuentes desde el tema “del tiempo”. Y tiene razón, obsesión permanente en este gran escritor mexicano que bien pudo también merecer el Nobel. Las páginas sobre Vargas Llosa las ve desde las “jerarquías de la realidad y el poder” (p. 316). Si se lee uno y otros textos, se descubre a Oviedo escritor de ensayos. Y de lo mejor.

José Miguel Oviedo y su trato cordial y crítico a la vez de una docena de grandes autores, aunque con el inmenso Paz —poeta, pensador—, un poco que tira la toalla. Paz se escapa a los campos del pensamiento, es algo más que literatura, pero eso es otro tema. Las ciencias históricas, las sociales, la filosofía, tareas pendientes para la inteligencia americana, otro asunto. Otro siglo. El presente.

En fin, esta obra de Oviedo, construida en universidades de lengua inglesa y a la vez dotada de sensibilidad latinoamericana es obra de dos orillas, en su caso, doblemente valiosas. Al análisis académico le acompaña siempre la voz personal del autor.  Prosa elegante, sencilla y cuidada a la vez, de frases precisas y ajustadas a cada autor, a cada corriente, a cada narrador. Finis coronat opus. ¿El fin corona la obra? Pero hasta las líneas finales se ocupa de la “onda” mexicana. Del “nadaísmo” colombiano. Del rock, la música tropical, del I Ching, de la influencia de Kerouac. Es un mundo tu libro José Miguel. Me lo llevaré a cada casa que habite. Libro de cabecera, indispensable.  Del fondo del alma, gracias. Me atreveré a decir, en nombre de muchos.

(*) Versión abreviada publicada en El Montonero., 21 de julio de 2014

< http://elmontonero.pe/columnas/2014/07/inmensa-obra-de-jose-miguel-oviedo/>

Diálogo entre analistas

Written By: Hugo Neira - Jul• 20•14

Diálogo entre analistas

El diálogo difícil

            por Jorge Nieto

 

«Pensaba escribir sobre otra cosa. O sobre lo mismo pero de otra manera, al fin, las obsesiones son eso, el asedio constante de la mismidad. Como las calles, los barrios y la ciudad de aquel poema de Cavafis: los llevamos dentro. En eso estaba cuando el artículo de Hugo Neira me obliga a la conversación. Digo obliga. Y sí. No hay manera de no hacerle caso a este señor al que el Perú le debe en unas crónicas periodísticas uno de los más incisivos análisis políticos del siglo XX: Cuzco: Tierra y Muerte. Para decirlo rápido y para quien entienda: es nuestro andino 18 de Brumario. Se que ha escrito mucho más. Y bien. Pero yo me quedo con ese que leí en la rústica edición de Populibros: aun puedo oler el dolor ciego de la multitud quechua cuya cresta serpenteante resbala de los cerros para el entierro de Emiliano Huamantica en el ombligo del mundo.

Pero me desvío. Quede allí. Era otra época y otro mundo. ¿Otro mundo? Acaso no. Quizá los mismos hayan seguido resbalándose hasta instalarse en los arenales de Lima, donde a punta de “rescates” produjeron una formidable transferencia de renta urbana. Y con base en ella, y en una ética del esfuerzo que hace converger productivamente el individualismo con el camachico y la unidad familiar, han logrado todo eso que ahora son las industrias y servicios de los pujantes conos.

¿Otro mundo? Acaso sí. La duda cabe sobre todo si a quien mejor les entendió en su hábitat andino, y les hizo cantar, bailar, luchar, llorar y hablar, Arguedas, se le hizo difícil seguirles el paso en el mundo costeño y en el laberinto múltiple del mercado y de la vida urbana. Porque aquellos de los Andes, sindicalistas, estudiantes y campesinos, eran finalmente subsumibles en un relato cultural ya construido. Desde este enfoque importa más su matriz, y menos si era aprista o socialista.

Pero estos, a los que el marxismo encontró al pasar discutiendo sobre el ejército industrial de reserva y la marginalidad, a los que diagnosticó como una de las transitorias vías de la aculturación y en los años 80 reconoció como una identidad cultural que llegó para quedarse, con una notable fuerza expansiva y de reconquista chola. Estos, a los que se ha dado en reducir como emergentes, atendiendo únicamente a la ruta que siguen en la escala social o, al menos, en la del consumo. ¿Son los mismos… o ya no? Son. Porque la poesía que los/nos envuelve es la misma. Y a la primera llamada esa gasa sutil que es la identidad se transforma en una aleación potente, que ha sido la que ha organizado las lindes políticas de las últimas décadas, más que las ideologías.

Lo que he dicho en «La Otra Transición», pero no menos, es que hay un hartazgo moral que puede hacernos transitar a una democracia mejorada, digamos, una democracia 2.0. No que vayamos hacia allá de todas maneras. Solo que es un escenario posible desde el cual también podemos pensar el proceso peruano actual. Claro, para que ello ocurra, el hartazgo moral de los jóvenes intermitentemente movilizados, y algunos periodistas, procuradoras o políticos, debería dialogar con la impaciencia, también moral, de quienes han aprendido que su ética del esfuerzo ha vencido en unos mercados que todavía siguen siendo, en mucho, de opresión mercantilista. Y ese diálogo debe, además, volverse política. ¿Es esta una visión posible?»

 El Montonero., 15 de julio de 2014 < http://elmontonero.pe/columnas/2014/07/el-dialogo-dificil/>

Artículo mío de referencia:

http://elmontonero.pe/columnas/2014/07/izquierda-y-derecha-unidas-jamas-seran-vencidas/

 

Izquierda y Derecha unidas jamás serán vencidas

Written By: Hugo Neira - Jul• 15•14

Escribir es también leer. Y en particular al vecino de página. Por eso me voy a referir en el curso de esta nota a coincidencias encontradas en «Reflexiones informales » de Victor Andrés Ponce y con Jorge Nieto, en «La otra Transición». Ellas son casuales, no somos sino un puñado de voces sin otro propósito que la libertad de pensar. El punto de encuentro es una duda acerca de «la normalidad casi irreversible del negocio político» (Nieto). Mi ángulo es, pues, el aborrecido tema (pero necesario) de los partidos políticos. No es que no los haya, ¿qué son?

La cuestión fue planteada por Weber. ¿Qué tipo de acción social propone un partido? Weber se concentra en la subjetividad de los individuos. O militantes o de simple apoyo. Como las acciones no son las mismas,  surgen varias posibilidades. «Partidos de clases que reclutan adeptos sobre el principio de intereses de clase. Partidos que llama de «patronazgo», donde el llamado a los seguidores se realiza sobre las bases de promesas de poder a posibles cargos. Y partidos que responden a una Weltanschauung, o concepción del mundo» (Almond, 1998). En Weber, el criterio de clasificación combina afectuosidad e instrumentalidad. Es el más completo pero también el más complejo. Como se verá.

En Perú, ha habido partidos de clases desde 1931. Apristas, socialistas, sanchezcerristas. Pero en aquel país rural, los partidos clasistas nacían como minorías activas y desde una base popular incomparablemente menor que los movimientos actuales. Los años 30 generan, como en el resto del mundo, partidos salvacionistas.  Partidos con una Weltanschauung. Los apristas levantaban el brazo izquierdo y el derecho la «Unión Revolucionaria» de Sánchez Cerro. Con gente dispuesta a una entrega total. ¿Cuándo comienza a mermar este tipo de partidos? Desde los 80 y 90.

Un modelo de estilo «como todo el mundo», de democracia liberal, llega con el Fredemo de Vargas Llosa, con 32% en la primera vuelta. Es el mismo año en que Henri Pease obtiene 8,2%. Y Barrantes, el gran federador de díscolas izquierdas en los 80, apenas un 4,7%. Quien enfrió el entusiasmo por partidos revolucionarios es el propio Sendero. Mucho antes que gobernara Fujimori, el caudal clasista y de concepción utópica del mundo había mermado enormemente. En los 90, el voto por «el chinito» marca la aparición de un país pragmático y una demanda popular de estabilidad. El Mercado cambió las mentalidades. Pero no del todo. Patria Roja, el Sutep, Movadef no se miden por datos empíricos. Son dogmatismos inalterables. No menos que la señora Villarán de la Puente (¡y Lavalle !).

Al clasismo lo reemplaza un voto de protesta, reflejo de desigualdades y exclusión (Mathieu Durand, IFEA). Ese es el voto de Ollanta en el 2006. ¿Por qué vence en el 2011? En este país ya de grandes ciudades, cabe observar sus numerosos afiches de propaganda. Uno de ellos dice «imparable», y luego: decencia, confianza, compromiso. Son valores que igual pueden corresponder a todo tipo de candidato. Son signo de nada, de ganas de eludir. ¿Y por qué?

Aquí se inscribe mi coincidencia con Ponce. Le inquieta, y con razón, la inmensa informalidad. Y con la idea de Nieto de una sociedad en transición. ¿Pero hacia dónde? ¿En un extraño país de no pobres despartidizados? Con maquinarias electorales habitadas por todos los estilos de hacer política weberianos —voto de protesta y movimientismo, promesa de distribución de poder y siempre oculta alguna intolerante Weltanschauung—, entonces, ¿la ambigüedad del votante produce líderes ambiguos? ¿Todo conduce en el 2016 a un cuartelazo que será un urnazo? Al Perú de siempre, de amables y sonrientes tiranos.

 

Publicado en El Montonero., 14 de julio de 2014