Escocia y la cuestión de la nación

Written By: Hugo Neira - Sep• 23•14

Lo ocurrido en Escocia se comenta en el mundo entero. En cada país, en cada comunidad política, y por diversas razones. Una sociedad como la escocesa ha debatido, abierta e inteligentemente, un tema trascendente, y sin insultos ni agravios, las dos grandes corrientes han ido a urnas. Sabemos el resultado, no quieren el fin del Reino-Unido. Que es su nombre y no el facilón de Inglaterra. Apliquemos conceptos histórico-políticos y no solo geográficos. Han decidido permanecer en una Monarquía constitucional que federa espacios y pueblos. ¿Cuál hubiera sido el escenario si ganaba el Sí separatista? Los escoceses estarían dándose una defensa propia y un cuerpo diplomático. Todo eso es caro y a veces ilusorio.

Han optado, pues, por no tener un Estado-nación. El término puede parecer complejo, y lo es. Pero es mejor para enfrentar la complejidad de la modernidad política. El Estado-nación aparece, en general, en la construcción del Estado y la nación moderna. Del XVI al XIX. Pero la noción de Estado guarda un contenido jurídico e institucional. Y la nación un contenido territorial, cultural, una forma de vivir. En la historia de la humanidad, ambas realidades se imbricaron. Pero no siempre. En el caso de Escocia está claro. Siguen siendo una vieja nación. El plebiscito no altera usos y costumbres. En el plano político, resulta ser una saludable continuidad.

En Francia, Le Monde, saluda en ese voto la “sagesse”. Quiere decir en este caso, sensatez. La noción se estaba haciendo poco frecuente. No fue la que adoptaron yugoslavos vueltos hoy croatas y serbios. Ni la opción que sueñan los separatistas catalanes. Renán decía (1882), «un ayer, un presente, un mañana en común» (en mi libro ¿Qué es Nación?,  p. 68-75). La fórmula es vigente, pero ¿en nosotros? Nuestros Libertadores optaron por una República. Dejaron a otras generaciones la construcción de la igualdad y lo nacional. Lo uno son derechos. Lo otro, propósitos comunes. Ahora bien, ¿el Perú es vivido como una “comunidad de destino” por un cajamarquino, un limeño y un arequipeño? Me temo que no. Y sin embargo, en el XXI es una suerte tener Estado y nación, aunque inconclusos.

«La nación es un hecho universal», dice Jean Baechler, es “morfología”. A la vez materia y espíritu. Algunos hoy —en la era de la globalización— consideran a la nación un trasto viejo. Error, existen los Imperios. Las naciones son su par contrario. Sirven, en Europa y en América Latina, y por todas partes, para protegerse de los Imperios y sus buitres. Otros sueñan con la “Integración de Nuestra América”. No me parecen muy ‘socialistas’ sino chavistas, fusiones nazis. En América Latina la tarea es otra, interna. Edificar, desde cada Estado, lo que los escoceses ya tienen: una nación. Gellner decía que son las elites las que hacen las naciones, no los pueblos por sí solos, que tienden a lo tribal. Pero, a pocos años de cumplir doscientos, para ser nación tendríamos que tener lazos de cohesión social. Digo, en el adentro de la realidad peruana. Una interacción mayor entre nosotros mismos. Desde carreteras y vías férreas que unan a peruanos, a cursos de historia en las aulas. Nada de eso hay por culpa nuestra. Y la no-nación marcha a un lamentable cumpleaños en el 2021.

Publicado en El Montonero., 22 de setiembre de 2014

http://elmontonero.pe/columnas/2014/09/escocia-y-la-cuestion-de-la-nacion

Educación. La estrambótica secundaria peruana

Written By: Hugo Neira - Sep• 16•14

Estrambótico: lo raro, lo caprichoso.

 

Si José Carlos Mariátegui estuviera en vida, acaso escribiría «Siete ensayos de interpretación de la irrealidad peruana». La irrealidad más insoportable, la más grave, es la de creernos que andamos mal en educación. El problema no es ese, es peor. Lo que llamamos “educación” no tiene nada que ver con lo que se imparte en otras naciones. Traigo aquí la lista de asignaturas de la secundaria común en Colombia, Chile y Ecuador, para no ir más lejos. En esos países se imparten asignaturas desdeñadas en Perú. Y no están por ello detrás nuestro. Al contrario, ¡por delante! Basta ver los resultados de PISA. Vengo diciendo eso desde hace tiempo. Hoy, en esta columna, y ante el tribunal de la opinión pública, pongo en el tapete una información esencial. Un listado, el cual puede verificarse en Internet. Lo pongo entre comillas, no me pertenece.

 

«En Colombia la secundaria abarca:

Sexto: Aritmética, Inglés, Tecnología e Informática, Ciencias Sociales, Biología, Educación Física, Artes.

Séptimo: Aritmética, Inglés, Tecnología e Informática, Ciencias Sociales, Biología, Educación Física, Artes.

Octavo: Álgebra, Inglés, Ciencias Sociales, Biología, Tecnología e Informática, Lengua Castellana, Educación Física, Artes.

Noveno: Álgebra, Geometría plana, Inglés, Ciencias Sociales, Tecnología e Informática, Biología, Lengua Castellana, Educación Física, Artes.

Décimo: Trigonometría, Geometría analítica, Tecnología e Informática, Estadística, Economía, Filosofía, Inglés, Química, Física, Lengua Castellana, Educación Física, Artes, Ciencias Sociales (Cálculo Diferencial).

Undécimo: Cálculo, Estadística, Economía, Ciencias Sociales, Tecnología e Informática, Política, Filosofía, Educación Física, Artes, Inglés, Química, Física, Lengua Castellana, (Cálculo Integral, Cálculo de Probabilidades, Estadística).»

 

«En Chile, las asignaturas obligatorias en la educación secundaria son:

Lenguaje y Comunicación, Matemática, Biología, Química, Física, Historia, Geografía y Ciencias Sociales, Inglés, Educación Física, Artes Visuales o Artes Musicales, Educación Tecnológica (primeros dos niveles), Psicología (tercer año) y Filosofía (cuarto año).»

«En Ecuador, las asignaturas, dependen de un sistema similar al utilizado en Estados Unidos, Chile o Italia. Las materias que son impartidas son las siguientes, por semana:

Matemáticas: 5 a 7 horas

Español o Castellano: 5 a 7 horas

Lengua Extranjera: con 1 ó 2 lenguas, y  el 70%  de los estudiantes secundarios de la sierra ecuatoriana domina perfectamente el inglés.

Biología: 5 horas

Química: 5 horas

Ciencias Naturales: 5 ó 7 horas

Historia: 5 horas

Geografía: 3 horas

Cívica: 2 horas

Estudios Sociales: 5 horas

Natación: presente en un 70% de los colegios del país, va con 2 horas

Religión e Instrucción Militar: 2 ó 3 horas

Física: va con 5 ó 6 horas

Trigonometría y Cálculo: 3 horas

Filosofía: 4 ó 5 horas»

 

Y en Perú, ¿qué se enseña?

La misma fuente:  «Según el portal web oficial de la Educación secundaria del Perú, esta forma a los púberes y adolescentes para la vida, el trabajo, la convivencia democrática, el ejercicio de la ciudadanía y para acceder a niveles superiores de estudio; teniendo en cuenta sus características, necesidades y derechos.» Fin de cita. Y se fijan, ni ponen las materias. ¡No las tienen!! Ese es un tema que en el debate interno siempre eluden.

Ya lo saben. Mientras en otros países se estudia Física, Química, Geografía, Castellano, Historia, nuestros jóvenes estudian “convivencia democrática”, “ejercicio de la ciudadanía”. ¿Qué hacemos? ¿Mandamos a los hijos a estudiar a Ecuador?

¿Han querido enseñar «valores»? El infierno está lleno de buenas intenciones. ¿Privando a los adolescentes peruanos del conocimiento corriente? Dice el filósofo: “la racionalidad es el primer fundamento de la dignidad del hombre y de sus derechos”. Y ese derecho es “ser educado a la altura exacta de la humanidad”. Es lo que NO hemos hecho. Hay que salir de esa currícula estrambótica. ¡Y volver a los cursos de Física, Biología, y Gramática! Que se imparten en todos los países. ¿Me escucha Señor Ministro? No se arregla con más presupuesto. El delirio de una secundaria sin asignaturas nos mantiene en la cola del planeta.

 

Publicado en El Montonero., 15 de setiembre de 2014

http://elmontonero.pe/columnas/2014/09/la-estrambotica-secundaria-peruana/

 

Marca Perú ¿quién lo entiende?

Written By: Hugo Neira - Sep• 09•14

Cuando vi por vez primera el logotipo de Marca Perú, tuve la sensación de recibir dos mensajes antagónicos. Con el primero, me dije a mí mismo, mis paisanos se preocupan por el nombre del Perú y hacerlo conocer en el mundo; quieren para el país, la “gran industria sin chimeneas”, como la llamaron en España, años del franquismo, cuando el turismo atrajo turistas, unos 40 millones, tanto como españoles. Les llovían visitantes. He dicho dos mensajes. El segundo era una rara sensación, no sé, de engorro, de incomodidad. No me terminaba de cuajar lo de Marca Perú. Como si estuviera incompleto. Por lo demás, el signo que habían elegido los “conceptores” —la cola del monito de Nazca— no me parecía lo más explicito. ¿Una espiral? Laberintos hay en todas partes, para comenzar en Grecia.

En publicidad, el buen afiche es el que habla por sí mismo. En semiótica, el signo remite a algo ya conocido, a un referente (Saussure). Todo esto puede parecer muy teórico, pero se juntaba al fastidio (espontáneo) que me producía Marca Perú. Una mañana en una ciudad europea, veo una masa de turistas asiáticos. Y la idea me vino de golpe y porrazo. En Marca Perú falta algo. Justamente, el nombre completo del Perú. Reemplazado por la espiral de la cola del mono de la pampa de Nazca.

Mi pregunta a sus conceptores es sencilla. ¿Qué es lo que se ha perdido al omitir la letra ‘P’, que se escribe pe? ¿Qué consecuencias en la experiencia común tras la invisibilidad de la decimonovena letra del alfabeto?

¿Se sustituye un valor confirmado? Vamos a ver, amigo lector. ¿Aprueba usted un afiche en donde en el nombre de París se carga la pe? ¿La gente iría a Aris? Le quita usted la letra ‘N’ a New York? Perdón, no estoy diciendo que el nombre de un lugar es intocable, estoy diciendo —en la era de la globalización— que hay naciones que ya tienen un capital invertido en el nombre que llevan, archiconocido. Pero ¿China, si la ‘Ch’? ¿México sin la ‘M’? Por lo demás, hay 1500 millones de chinos, y cuando vean la cola del mono, van a creer que es un carácter como en su lengua. ¿Cómo van a saber que es figura en un gigantesco calendario de Nazca que no han visto todavía?

El concepto ‘Perú’ (completo) es logotipo que circula planetariamente desde el XVI. Se lo han cargado. Ventura García Calderón en 1939 escribe Vale un Perú. “Orígenes de nuestra reputación” (p. 20 y ss). Un par de siglos atrás, don Antonio de León Pinelo escribe que el paraíso bíblico quedaba en el Perú. ¿Tonteras coloniales? Pero más amorosa de lo nuestro que el par de improvisados que se han cargado la letra ‘P’. Nos han dejado sin patria y sin paisaje. Todos con pe. Como poncho, Piura y Puno. No vamos a tener turistas de Olonia y el Araguay. ¿Por culpa de quién? De nosotros los eruanos. Hay 1000 millones de musulmanes, muchos de lengua árabe. Y ni ellos ni los asiáticos vienen de un alfabeto indoeuropeo. O sea, perdemos dos mil millones de seres humanos para los cuales hay un inubicable país llamado eru.

¿Qué nos hizo la letra ‘P’ y el nombre del Perú que lo ocultamos? Me inquieta el subsuelo de esa decisión comercial. Su fenomenología, lo que manifiesta, posiblemente más allá de sus conceptores. No quieren al Perú. Nos quitaron el nombre de la atria, del adre, del aís. Sin la consonante bilabial de la ‘P’, se nos fue cinco siglos de eruanidad. ¿Cosas de la creatividad eruana? Sin embargo, la linda letra en el uso común, se vuelve una fricativa. Cuando decimos, “ya pe”, no se pasen. ¡Nos quedamos sin achamanca y sin oncho! Y todo por el oto del mono de Nazca.

 

Publicado en El Montonero., 8 de setiembre de 2014

http://elmontonero.pe/columnas/2014/09/marca-peru-quien-lo-entiende/

 

Nicolás Lynch y el bowling de ideas

Written By: Hugo Neira - Sep• 02•14

Pasaba por una librería como es mi costumbre, y encontré la última obra de Nicolás Lynch. Libro opinable, tanto que me lo llevé de viaje para comentarlo. Es una summa —no teológica— de críticas. Cholificación, república y democracia (Otra Mirada, Lima, 2014). Dice mucho. La he leído lápiz en mano, hoja a hoja. Y me pareció como que Nicolás Lynch jugaba al bowling al agrupar como palitroques, temas y sujetos. Luego les echa encima la bola de su argumentación, y ¡paf! tumba medias verdades. Deshace mitos. ¿Pero no es esa la tarea del sociólogo, desde Weber?

Primera bola. Se ocupa de la “república vacía” (:69) menos que un régimen, apenas una “formalidad”. Lynch revisa Basadre, de la Puente Candamo, pero ante Mc Evoy, sostiene que la historiadora se ha ocupado de “personajes diversos”, interesantes sus reflexiones, pero “otra era la realidad institucional del país” (:74). Palo a la doctora Mc Evoy. A Alberto Vergara, le da la razón, Ciudadanos sin república. Y concluye, “república de las palabras”. Al abordar el tema del proyecto colectivo y territorio, tiene un palo para Alan García (:85). Luego, ante el “Estado criollo”, dice “que se ha desarrollado como un orden ajeno al país” (:87). Entre los palitroques coloca a los que creen que “ya tenemos Estado”. Lynch discrepa: «El resultado de este choque entre Estado y democracia hace que el Estado peruano sea visto como un ‘aparato extraño’ al que se le demanda, desde distintos intereses, pero sin identificarse con él.» (:95) Recurre a varios autores, lo cual es normal. A los estudios de Manuel Dammert y Henry Pease, sobre “el Estado mafioso”. Lynch cita, pone comillas. Junta pasión crítica y tino académico.

Segunda bola. «La farsa de la ‘clase media’». Los palitroques, entonces, son los que han señalado alborozados que ya se tiene clase media, ¡un 72,2%! El BID, Gastañudí, Rolando Arellano, este último encarna una “consideración subjetiva de segmentos de la población” (:126). Para Lynch «la clase media es un sector social gravemente empobrecido» (:128). En la tercera bola, entre otros, estoy yo. «Si la república es en una de sus acepciones clásicas ‘el arte de vivir juntos’ (Neira 2012) (…) entre nosotros ha sido, la mayor parte del tiempo, el vivir a patadas, o peor, a balazos.» (:143) Lynch es hombre de izquierda. ¿Se salvan las izquierdas del bowling? No. La Izquierda Unida “atravesada por profundas contradicciones que finalmente la llevarían a su destrucción” (:172). Sendero Luminoso es “los atajos letales” (:174). Luego, “la guerra sucia”. “La dictadura mafiosa”. “La democracia sin democratización”. Y sobre Humala, “quizá el fraude mayor” (:203). En resumen, “una institucionalidad sin alma”. Con todo, tengo un par de reparos. Separa “gobierno representativo” de “democracia” (:72). Perdón, hasta ahora, la ‘directa’ no funciona en país alguno. Y un error, le atribuye a Tanaka los “autoritarismos competitivos”. No, el concepto es de Levitsky, dicho sea de paso, no me gusta, lo use quien lo use. Lynch concluye con un programa político.

A Lynch le conocemos ensayos anteriores. Uno en especial que aprecio, Los últimos de la clase, sobre la pésima educación y la responsabilidad del SUTEP. Pero todo el mundo se hizo, entonces, los desentendidos. Hoy ¿volverán los calculados silencios? Son páginas a contracorriente, remueven esa ñoñería de creernos ya en la otra orilla del desarrollo. ¿Con solo 12% de trabajo decente? ¿Con solo 2 millones de personas con derechos propios sobre 16 de la PEA (:42)? Denuncia que si alguien dice algo progresista, le caen con todo (:249). Nos hemos olvidado que ante una proposición, hay que pensar si contiene algo cierto o falso, no quien lo dice. Eso es la falacia ad hominem. Y su uso tan frecuente en la limeñidad, no es pensar. Es hígado.

 

Publicado en El Montonero., 01 de setiembre de 2014

Respuesta a Alberto Adrianzen

Written By: Hugo Neira - Ago• 26•14

Sobre el comentario que sigue, a mi artículo del 25.08.14 en El Montonero, «Anomia y sociedad incivil»:

 

«Estimado Hugo: decir que la gente adora a Valentín Paniagua “porque se fue al cielo” es una gran mezquindad. Es no reconocer lo que hizo en ocho meses. Que te sientas más cercano a Alan García que a Valentín Paniagua es tu opción, pero negar la realidad me parece un error y, te repito, una mezquindad». Alberto Adrianzen M.

Estimados lectores:

Sobre Paniagua he escrito el texto que sigue líneas abajo. Son dos páginas contundentes en El Mal Peruano. 1990-2001, Sidea, Lima, 2001, que fue un éxito de edición, voló en las librerías, y según me contaron, primer libro de venta.

 

Permítanme  situar ese texto.

Trataba, bajo el título del Mal peruano, «del abuso del poder, la plata fácil, la falta de escrúpulos y la espera de la impunidad.» «Este libro —dice en la contraportada— trata de Fujimori y Montesinos, de la mafia en el poder pero no solo de ellos.» Ahora bien, habiéndome ocupado del ‘fin de siglo’, la ‘desnudez del mal’, el ‘tejido despótico’, me ocupé de los políticos que competían en las elecciones del 2001. Y antes de dedicar a los que se presentaban — «el candidato Alan García» (p. 232), «Toledo o la otredad» (p. 235), y al voto en blanco y «el inmenso partido de los indecisos» (p. 238), le dediqué dos páginas a Valentín Paniagua. Antes de tratar de los posibles presidenciales. Esa mención no es corta, ocupa las páginas 35 y 36. Lo hice por dos razones. En primer lugar, cronológicamente Paniagua precedía el acto electoral del 2001. En segundo lugar me admiré de su energía. Al enviar a un paquete de altos jefes de las Fuerzas Armadas al retiro. Dije que se «reveló como un gran Presidente». Dije que tuvo «un gabinete de lujo que la opinión pública no tardó en reconocer». Parece mentira, hoy me tratan de mezquino. Después que fui Director de la Biblioteca Nacional porque me nombrara el presidente García, para algunos, soy una rata. Ya sabemos, en Lima no se lee, se desacredita. Es más rápido, más eficaz. Y pensar que estaba escribiendo contra el dogmatismo, ¡qué ironía! Pero le dije a Beto y lo repito: si escribe algo bueno, lo diré, sin pensar en qué bando está ni en el qué dirán.

El Neira que escribía eso no vivía en el Perú. Termina su ciclo de profesor en Papeete. Había venido por cortos periodos a Lima para ver qué pasaba. ¿Optar por Paniagua o por García? como me reprocha Adrianzen. ¡Paniagua se enfermó en plena campaña! Por lo demás, yo conocí a Paniagua personalmente, en la casa de Vitocho, simpatizamos. Contrariamente a lo que supone (ay las suposiciones¡!) no me habría disgustado que fuera Presidente y con todos los poderes, no de «Transición». Pero creo que lo que hay que preguntarse, por el amor al cielo Beto, no es qué pienso yo y si soy amigo de fulano, mengano o perencejo, sino por qué un hombre tan competente como Paniagua, tan apreciado por todos, por la clase política, salvo los fujimoristas  de ese instante, y que nos parecía conveniente a todos, a la nación, ¿solo obtiene un cinco por ciento de votos para Presidente? Y entonces,  volvamos a lo que he dicho en esa nota en El Montonero. Lo apreciaban personalmente pero puede que le temiesen. ¿Un hombre enérgico y demócrata en el poder? ¿Y además cusqueño? Eso, en la historia peruana, acaba siempre muy mal. ¿Habían sentido que era de los que no eran blandos? Y si no era eso, hay otra hipótesis, amigo Adrianzen, y que es peor. Sus amigos, cuando fueron ministros, lo habían hecho impopular. Perdona, no han podido ustedes poner a nadie en contienda electoral que pase el cinco por ciento. (Ollanta, es otros votos.) La gente no olvida, en particular los indultos a terroristas, entre otras coqueterías. Después del pasaje de Sendero, de Fujimori y del enérgico Paniagua, un izquierdista de los vuestros en el poder parecería una colegiala.

Acabemos. Valentín Paniagua ejerció un poder presidencial momentáneo, su misión era preparar la Transición, lo cual hizo. Pero no pudo emprender reformas de fondo, ni tenía tiempo, ni estaba legalmente autorizado para ello. Pero tengo la impresión  —y aprovecho la nota de Beto Adrianzen para decirlo—  que se reveló como un hombre de carácter, y que hubiese sido un presidente enérgico que no hubiese gustado a muchos. Por eso lo adoraron, repito, porque se fue. Me declaro pues convicto y confeso de lo dicho. Los grupos de interés, desde los que representa la Confiep y también los que representa Beto Adrianzen, no quieren presidentes que no puedan manejar. El electorado lo sabe y por eso vota al  1%  por sus candidatos; creen un momento en Ollanta Humala, y siguen buscando un líder fuerte y a la vez democrático. Que Dios nos coja persignados para el 2016.

 

El lector juzgará, ahí tienen lo que dije sobre Paniagua, en vida. Es muchas cosas salvo una mención mezquina. Quizá me equivoqué, pero sobre esa Transición, se ha escrito poco, muy poco. No hay tiempo ni hay ganas. Parte de la intelligentsia está ocupada en la persecución de los puestos, los rangos, las prebendas y, poco o nada, por la verdad histórica. A estas alturas de la vida, es algo que a mí  sí me interesa.

Sobre el gobierno de Transición y Valentín Paniagua, escribí:

«No es el fin del mundo, al contrario. Desde el recompuesto Congreso {…} surge un nuevo presidente legal, un presidente interino en un país en agonía, se llama Valentín Paniagua. Se había hablado de una «junta de notables», con el antecedente de 1931. Aunque Mario Vargas Llosa recomienda esa salida, la mejor solución fue la hallada por la clase política. Para que una Transición democrática se realice es siempre necesario un máximo de legalidad. La sustitución del presidente fugado por el presidente de los congresistas está contemplada en la carta constitucional de 1993, la misma que hizo aprobar el propio Fujimori. Ante la sorpresa general, Paniagua, representante de un disminuido partido de derechas y que había obtenido su curul con poquísimos votos, se revela como un gran presidente. Modesto y a la vez audaz, llama como primer ministro a Javier Pérez de Cuéllar. El gabinete Paniagua, como lo reconoce de inmediato la opinión pública, resulta de lujo: hombres probos, competentes, mantenidos en la sombra por el peso avasallador de la «máquina». Una buena noticia en ese mar de iniquidades que la revelación de la extensión de la corrupción va a dar a conocer. Entre las muchas cosas que emprende, la imparcialidad del Estado, el retorno a la independencia de la justicia, el dejar paso a la más intensa obra de moralización, conviene destacar un gesto, no el menor. Paniagua elimina en poco tiempo lo que queda de la mafia en el alto mando militar. En medio del asombro colectivo, destituye a los comandantes generales de las fuerzas armadas y al general Luis Cubas, jefe de la segunda región. Y en diciembre son pasados al retiro 37 generales del Ejército, veinte de la Marina y 170 oficiales de la Policía Nacional. Nadie se ha atrevido a tanto en tan poco tiempo. Han pasado tres meses del video-Kouri. El país, que no se lo cree, empieza a respirar. Comienza entonces, y sólo entonces, la casi imposible Transición democrática.»

(http://www.bloghugoneira.com/que-soy/editor/libros-personales/el-mal-peruano-1990-2001)

El lector juzgará, luego de la «mezquina» nota.

Desde Santiago de Chile, leyendo la historia del Perú en otras bibliotecas, agosto del 2014, a los 13 años de escribir El Mal Peruano.