Brasil. «Depois da goleada»

Written By: Hugo Neira - Jul• 10•14

Apenas me he levantado, de madrugada, corro a ver los diarios brasileños. “Depois da goleada”, dice el importante diario O Globo de Río, el fútbol es un juego que nadie quiere continuar. Ninguém, dice el diario.  “No es la derrota de un equipo, es la derrota del Brasil”. Y las repercusiones son muchas. Para comenzar, “la derrota faz goberno mudar estratégia”. Los especialistas comienzan a ver cual va a ser el impacto en las elecciones. Sigo examinando otros diarios. Conviene saber que solo el Brasil tiene tantos diarios impresos como el resto de la América Latina que lee en español. El mundo lusitano en eso y en otras tantas cosas, calidad del Estado, la educación, nivel científico y técnico. Pero igual, el impacto es mayúsculo. “La vergonha no país do futebol”, alcanza todas las capas sociales, todos los diarios, todos los temas.

Claro está, comienzan con los primeros responsables, el técnico, que asume la derrota de la manera más profesional. Se ha equivocado y confiesa, “el peor día de toda mi vida”. Julio César, ‘el goleiro’, anuncia que este es su último Mundial. Dilma, la presidente, interviene: “no nos vamos a dejar quebrar”. Pero igual llama a lo que ha pasado en el estadio, un vexame. Una ofensa, deportiva sin duda. Pero algo más. Mucho más. Hora es, dice solemnemente otro diario, de recuperar la identidad del fútbol brasileño. Diablos!

El lector estará de acuerdo que eso, en Brasil, son palabras mayores. Es como si los ingleses decidieran pasar a revisar si la Monarquía les sirve o no. Si algún Emirato árabe decidiera dejar de ser musulmán. El lugar que ocupa el fútbol en Brasil no es fácil de explicar. Hoy están enfrentándose a la Fifa. Y a sus servidores. Un tal Raymond Whelan está con un proceso por un negocio de entradas. Acaba el hombre de apelar a un habeas corpus. En los diarios hay una protesta gigantesca. La Fifa es ahora el enemigo. Y  un periodista inglés, Ray, especializado en los negocios de esa entidad, ha publicado un libro que revela sus manejos. Tampoco se libra Alemania de ironías. A la goleada le llaman “el alemanazo”. Y eso que en Brasil hay brasileños descendientes de inmigrantes alemanes. Incluso corre en la red un video, mentiroso pero bien realizado, de un Hitler dando órdenes para una goleada. No sé de donde se han sacado al actor, no solo por el bigotito, sino por la pronunciación. Como digo, la cosa es enorme. Todos los defectos que Brasil tiene salen ahora al aire. El fútbol es más que un deporte.

Pero es sobre todo una manera de vencer ante el mundo. Así, se abre una crítica de fondo sobre ese deporte. Algo así como si los italianos discutan la ópera o los norteamericanos el cine californiano. Todo. El fútbol brasileño ha sido grandes jugadores. ¿Por qué han mermado? Los jugadores brasileños juegan hoy en diversos equipos europeos, no se ven casi entre ellos. A eso se refería el diario sobre ‘la identidad’. Es probable. Hay que saber que la torcida brasileña cotiza para sus equipos. Son de ellos los clubs sociales. Digamos como si en Lima, el Club Regatas, además de ser más extenso, lo administrara el Alianza Lima. Ese es el tema. En esos colegios va todo tipo de muchachos, y ahí son reclutados. Y ese es el secreto del gran fútbol brasileño. Al poner en duda los clubs, ponen en duda todo. La derrota es un asunto colectivo. De negocios, jugadores, entrenadores, familiares, amigos, de una red inmensa e interactiva que ahora, el “alemanazo”, le ha abierto un agujero tan grande como el que produciría un meteorito sobre Copacabana. No me alegro. Describo.

Publicado en El Montonero., 09 de julio de 2014

De Caudillos y clientelas

Written By: Hugo Neira - Jul• 08•14

Todos sabemos que la sociedad peruana ha cambiado enormemente en los últimos dos decenios. Ahora bien, ¿por qué creemos que ese inmenso fenómeno “societal” no va a repercutir en el sistema de preferencias políticas?

Hace 30 años, estando en Francia, me pidieron un estudio sobre la izquierda peruana. No solo hice una descripción técnica de los veinte partidos políticos que entonces la componían, desde «Unidad» a los trotskistas, pasando por todas sus organizaciones, sino que me animé a una hipótesis. En un tableau o cuadro general de mi propia concepción establecía el nexo entre la aparición de clientelas y partidos políticos. Vale decir, el nexo de lo social y lo político (Revue Problèmes d’Amérique latine n° 74, 1984. Hoy en mi blog).

Este pronóstico en parte se cumplió y en parte no. Los 80 fueron los años del crecimiento de las izquierdas electorales (Barrantes). Pero el proceso de adecuación de masas y partidos se rompe. El terror a Sendero lleva, en un clima de guerra, al afianzamiento del poder personal. Es decir a Fujimori. Y luego, de nuevo caudillismos, esta vez civiles: Toledo, Alan. Pero tengo el palpito de que estamos al final de un ciclo. Puesto que somos un país convulso, puede que se vuelvan a conectar clientelas y lideratos con motivo del 2016.

Por el momento es evidente que los caudillismos son nuestra actual manera de hacer política. Daniel Parodi acaba de decirlo: «En el Perú ya no se vota por AP, PPC o Izquierda Unida, ni son ya tantos los que votan militantemente por el APRA». Y señala: «En el Perú se vota por Ollanta, por Lourdes, por Alan o por PPK». A Daniel, historiador, docente en la UPC y en la PUCP, no le falta razón. Por mi parte, en uno de mis libros, admito la tendencia secular al caudillismo republicano. Pero aun en el XIX eso cesó cuando un caudillo se trascendió a sí mismo. Fue el caso de Piérola. En 1931 se cambiaron las reglas de juego y, precisamente, nacieron nuevas clientelas. Como hoy.

No estoy diciendo que para el 2016 desaparezca el ‘factor personal’, sino que van a ser necesarias unas propuestas mucho más anchas y serias que el marketing o la publicidad. Me anima a decirlo algo que todos conocemos, los movimientos sociales. No ha habido gobierno que haya escapado de ellos. De Fujimori a Toledo y a Alan como ante el Presidente Ollanta, estuvieron activos, crecieron. Los movilizados van desde médicos a mineros informales. Tanto es esto verdad que hay ONGs, talleres y think tanks de análisis. ¿Y cómo se llama en ciencias políticas a esas masas peticionarias? Clientelas en estado de disponibilidad.

Y por si acaso, no estoy hablando de las elecciones municipales, y menos la de Lima, donde “los vientres de alquiler” sirven para una sola campaña y a intereses locales. Trato de lo decisivo, de las presidenciales, del tramado entre vastas clientelas y líderes y partidos. Quien quiera ganarlas tendrá necesidad de operadores. Y como la sociedad se ha vuelto exigente y respondona, de ganar, dudo que se pueda gobernar sin correas de transmisión. ¿Y a eso cómo se le llama? Partidos. El problema es de todos los políticos. La conexión de demandas variadísimas en nuestro país y candidato presidenciable toca a todos, desde la izquierda a la derecha. A Toledo con sus posibilistas. Al nacionalismo, al fujimorismo, al aprismo. A todo lo que se proclame “nacional”. Los Caudillos van a necesitar volverse líderes. Conducir equipos. El elector se vuelve con el mercado exigente. Interesado. Y ese sano egoísmo es pues, modernidad.

 

Publicado en El Montonero., 07 de julio de 2014

Entrevista a Hugo Neira para «Punto de Encuentro»

Written By: Hugo Neira - Jul• 02•14

¿Qué peruanos ilustres destaca de la historia nacional?

¿Qué tal si nos olvidamos un poco de los héroes sangrientos? Mis peruanos ilustres (el nombre mismo ya me incomoda, suena a señorial) es muy distinto a lo corriente. Prefiero a los héroes civiles y culturales, Julio C. Tello, el arqueólogo que desenterró las cabezas clavas y el monolito de Chavín, el educador de indios que fue Encinas, la historiadora María Rostworowski tan universitaria y libre, y una punta de pintores, poetas, escritores. Sin duda Porras, un liberal rebelde. No te preocupes, todos están exilados de los textos al uso de los escolares peruanos. No han leído un poema entero de Vallejo. Ni un solo cuento, entero, de Valdelomar o de Vargas Llosa. Lo que se hace en las aulas lo llamo la no educación. No es que sea mala, no existe. No se parece a nada de lo que se hace en todos los países donde habita el homo sapiens. La educación ha sido un experimento de los constructivistas, y es un gigantesco error. La prueba los tests de PISA. Pero el gobierno prefiere meterse con las universidades, ¿raro no?

Brevemente, ¿qué es república para usted? El Perú, ¿qué tan republicano es?

Lo que no tenemos. No confundamos con tener gobiernos. Madison, el autor de The Federalist, consideraba que un pequeño número de ciudadanos que representaban intereses solía ser intolerante, injusto e inestable. Eso es el gobierno del Perú de 1821 a 1914. República sería si supiéramos debatir, estar en desacuerdo sin odiarnos. El republicanismo es modales políticos que aquí se ignoran. Se practica la muerte civil del otro. Un joven amigo, muy inteligente, ha escrito un libro sobre “ciudadanos sin República”. Siento decirlo pero pienso otra cosa. ¿Los peruanos tratan a los otros peruanos como sus iguales? Por favor. Ciudadanos hay, pero son pocos. La gran mayoría practica el diferencialismo: colegios privados, barrios con rejas. Y los que escriben, no citan jamás a sus rivales. Yo sí.

Desde su perspectiva: ¿cuál es el principal problema del país?

Eso mismo, creerse modernos. Hay muchos trabajos de antropología, sociología, política, valiosos. Pero no circulan. Es un país que lee poco, para entretenerse y no para reflexionar. No se termina de entender lo que somos. Temor a lo real. Desde la narrativa a la telenovela local, nos contamos cuentos. Nos creemos lo máximo. Eso es lo que se dice, ¿una suerte de recurso psicológico para no deprimirse? La mitología, el ensueño colectivo es nuestro fuerte. ‘Perú mágico’, aunque vayamos en estos años a un abismo. Y luego se reprocha a los políticos que mientan, ¡pero es lo que se les pide! Nietzsche decía que la capacidad para soportar la verdad es la prueba de la fortaleza de un pueblo. Pero acá, un realista no llena las urnas.

¿Cuánto daño le ha hecho el SUTEP a la Educación en el Perú?

Todo el que le han dejado hacer. La educación era el sendero más corto para el desarrollo pero se ha tomado el atajo contrario, el sendero que ellos recorrieron, sin fusil naturalmente. Mira, el SUTEP es un sindicato de maestros que ha controlado la educación pública mientras ocurría la masificación de la enseñanza, y el resultado es un desastre. Inconmensurable, la generalizada incultura. No hay sino que mirar las pruebas de PISA y sobre el SUTEP abrir el libro de Nicolás Lynch, Los últimos de la clase. Por mi parte estoy enteramente con su denuncia. ¿Maoístas? Los llama conservadores reaccionarios recubiertos de una retórica izquierdista. ¿Por qué los han respetado? Su sindicalismo se afianzó gracias al abandono del Estado de las aulas donde estudian los hijos del pueblo y el desprecio de las elites dominantes cuyos hijos sí disponen de las buenas escuelas privadas. Extraña alianza de intereses, ¿no? Pero así es el Perú barroco. ¿Qué daño han hecho? El peor. Decirse de izquierda y encarnar la mentira. Fingen ser el antisistema pero parasitan el crecimiento económico como una pulga a un perro enfermo. No sé cómo se puede ser docente y maoísta peruano: detestan la cultura occidental, la ciencia moderna, el progreso porque este ha llegado de la mano de las empresas, ¿y se les confía la educación popular?

Hay un nuevo Perú, de propietarios y empresariado popular. ¿Cómo observa usted ese cambio; qué perspectivas le generan ese proceso?

No hay un nuevo Perú. Hay la emergencia de propietarios y empresarios populares, y eso es ya mucho pero no es suficiente. Invito a que se tenga en cuenta lo que dice Jürgen Golte, sobre la debilidad de la cultura criolla, y cómo los que la arrasaron en Lima, los migrantes aldeanos andinos,  se insertan en el contexto mundial con un sistema de cohesión grupal que no tienen otros grupos. Han prevalecido los informales gracias al mercado. Pero la usurpación del poder por las elites criollas no ha menguado. Los migrantes creen en la producción, los otros en la renta, el status, el apellido. Los hijos del privilegio, encima, se disfrazan de izquierda para conducir la choledad ascendente. Este cuento ha funcionado en las elecciones del 2011 y en la Alcaldía. Y ya sabes, vienen  los desengaños para los ingenuos votantes. Pero los de arriba, lo volverán a intentar. Las clases emergentes todavía no tienen ni intelectuales ni caudillos propios, pero ya tienen gente rica. ¿Está próxima la era de esa nueva burguesía? Es un capítulo que falta. Pero no por tener orígenes populares los nuevos ricos garantizan que no serán, a su turno, abusivos y despóticos. Hay un patrón de conducta, diría virreinal, que se reproduce. ¿No tuvo la colonia nobles indios? ¿No eran parte del abuso? Salvo José Gabriel Condorcanqui. Ya veremos como son. ¿Apoyarán posturas socialdemócratas o chavistas? No lo sé.

Alguna izquierda en el Perú defiende la correcta prédica acerca de los derechos humanos, pero a contrapartida avala apasionadamente al régimen de Nicolás Maduro. ¿Cómo ve usted ello?

Tienes razón, es incoherente. Es la escopeta de dos cañones que reprochan ellos a los apristas. En cuanto a los derechos humanos, es un temazo. Es el tema del desarrollo de un derecho internacional. Digamos, de una democracia cosmopolita. Es parte de la globalización. De un geogobierno. Acaso de un imperio mundial, no sé. Entre tanto, existen los Estados-nación. Que guardan su soberanía. Entonces, ¿dos tipos de tribunales? ¿Los nacionales y los internacionales? Para nada está claro cómo se resolverá…

Entre tanto…

Sí, pues, mientras tanto hay quienes, local, peruanamente, usan los derechos humanos por las malas razones. En un país de cuidadanía a medio hacer, enfrentan al Estado y no para mejorarlo, para sustituirlo. Por una  representación —dicen— de la ‘sociedad civil’. Discuto ese uso. No es lo que dice Hegel, para quien hay clase política y clase civil, y ellos aquí, con sus ONGs, son clase política. Salvo que evitan pasar por las urnas. Ahora bien, al debilitar la difícil construcción de la nación peruana, ¿a quién favorecen? ¡Al imperio! Son sus servidores, por supuesto, revestidos de izquierdistas.

¿Cuánto daño le hace al régimen las acusaciones de los aportes de la minería artesanal?

Mucho. Revela su ambigüedad. Y la falta de decisión. Y en política, la decisión lo es casi todo.

¿Cómo observa a los partidos políticos en el Perú?

Los hay. El PPC, partido de liberales, entre de centro y de derechas, pero sensato, democrático. Acaso acantonado en Lima. Luego, Patria Roja, ahí Rolando Breña, y una buena cantidad de maestros. Existe el Apra. Existe el fujimorismo. Y el nacionalismo, ahora a punto de obtener una base juvenil gracias a la habilidad del congresista Mora. Sendero no ha desaparecido. Ni los pequeños partidos. Mira, los electores peruanos no están en los partidos pero terminan por votar por los candidatos de estos.

El odio político es uno de los elemento claves de la antipolítica. ¿Relaciona esto con algunas campañas de marketing político en las que no se le admiten argumentos al adversario por ser “corrupto”?

Es el tema que más me preocupa. Pero para abreviar, diré dos cosas. Hay un clima de guerra civil, dada la manera como unos y otros se tratan. Yo no uso nunca el término de ‘caviar’ o de ‘terruco’, y menos soy parte del inmenso partido del antiaprismo y el antifujimorismo, no. Pero satanizar el adversario da rentas. El gusto del agravio al otro es moneda corriente, y esa es la tarea cotidiana de innumerables comentaristas. No se dan cuenta, deslegitiman la política. Le hacen la cama a la tiranía. Pero es lo que quiere el público. Que se insulten, para despreciarlos a todos juntos. Ese reparto de quién es decente y quién corrupto me da hasta risa. Cuatro tipos que vienen del privilegio se toman por la conciencia del país.

¿Cuál es su posición respecto al intento de inhabilitación al expresidente Alan García?

En contra, obviamente. Oiga usted, viajo a menudo por el extranjero, y se me cae la cara de vergüenza. Nos ven como un pleito de tribus. Mira, dejémonos de cuentos, o tenemos democracia o no. Estoy en contra de toda inhabilitación de posibles candidatos, lo que va de Alan a Toledo, Keiko, de quien fuera, incluso del insoportable Santos.

La detención preventiva de Gregorio Santos y toda esta ola de detenciones a presidentes regionales, ¿qué opinión le merece respecto al proceso de descentralización en sí?

Mira, nos ponen, como ciudadanos, en una mala postura. ¿Cómo no aprobar si han cometido barbaridades? ¿Cómo no dejar de pensar que es un truco del gobierno para desembarazarse de rivales? No nos olvidemos, el primer deporte en el Perú no es el fútbol sino la pendejada.

¿Usted cree que la elección metropolitana se polarizará entre Susana Villarán y Luis Castañeda?

¿Entre un gerente que no le gusta hablar y una arrogante improvisada? Pobre Lima.

¿Qué espera de las elecciones del 2016? ¿Hay la posibilidad de una arremetida de un outsider con prédica radical o de lo mismo, pero de un candidato del gobierno de Humala?

Eso del outsider ya no va. Lo anuncié, al outsider, para el 2011. Acerté donde se equivocaban las encuestas de Tuesta y de Torres. Porque yo iba a pueblitos de los Andes, discretamente y por mi cuenta, a palpar el parecer de la gente. Desde mis libretas de notas, anuncié “gana Ollanta”. Mi premio fue que el diario donde escribía me pidió que dejara de colaborar. Si hubiese sido el New York Times me habrían felicitado. Pero ahora los que hacen encuestas (en realidad no sondean la opinión, la fabrican) quieren un outsider. Están asustados. No lo habrá, el outsider es el poder actual, y es legítimo. ¿Intentarán destruir el sistema, desde arriba? Eso es Caracas, la Paz, es Quito. Uno de mis amigos me dice que “hay una mayoría democrática peruana que no se expresa” (Victor-Andrés Ponce). Ojalá. Pero también creo que hay un compromiso peruano muy fuerte con la ilegalidad. Puede que en el 2016 la subcultura política se afirme en Palacio. No soy pesimista pero me preparo para lo peor.

Entrevista realizada por Enrique Valderrama y editada en Facebook – Punto de Encuentro el 02 de julio de 2014

2016 y Ley Mora. ¿Educación masiva o Chávez?

Written By: Hugo Neira - Jul• 01•14

Tras ciento cincuenta años de República y soledad, se pensó que el Perú tenía un destino agrario. La vida peruana giró en torno a hacendados, tierra y abandonados indios. En los últimos decenios, nos creímos modernos y la apuesta fue el destino minero. ¿No había dicho acaso el poeta, «Perú, país de metal y melancolía»? Empero, gente del afuera, expertos internacionales, nos dijeron que no hay progreso en una nación inculta. Del gigantesco error de la no educación nos venían advirtiendo los informes PISA. Éramos «los últimos de la clase». El Banco Mundial nos hizo esta pregunta: ¿cuáles son las consecuencias de una juventud pobre, no preparada y desocupada? (Perú, 2006)

A esas admoniciones se le prestó oídos sordos. Se vive en un necio entusiasmo. Perú, ¡la mejor comida del mundo! ¡Los mejores cocineros! ¡Machu-Picchu! Qué rápido el recurso al autoengaño. ¿Cómo se explica que a una sociedad entera se le diga que es mejor que sus hijos únicamente vayan por la mañana a las aulas y se lo crean?  Pareciera que esa suerte de renuncia tácita a los bienes culturales responde a una ideología ingenua. La del dinero. Un par de generaciones de informales, tras el éxito, se han entregado a la religión del consumo. ¿Pero sin cabida a bienes culturales, desechados por decorativos? Hoy la realidad social está pasando la factura. La economía se está parando. La chamba resulta insuficiente y los gerentes vienen de afuera.

Nunca he creído en las ventajas del iletrismo. Hace apenas unas semanas, en este diario, toqué el tema. «El Perú ignora su peor mal. No se enseña en las aulas ni química ni física» (Las doctas tinieblas). Me refería a la enseñanza media o secundaria común. Ocurre que la ley aprobada es universitaria. La ley Mora. La voy a comentar. En sucesivas notas. Pero en este inicio voy al bulto. Me surge una pregunta. ¿Por qué comenzar con las universidades?  ¿Por la azotea y no por los cimientos? La respuesta es sencilla. Porque los escolares son menores de edad y no votan. Y los universitarios sí.

La estrategia Mora. Con solo modificar las universidades públicas ya está llegando a un estrato decisivo. Al que ambicionan entrar otros jóvenes peruanos. Pero si uno quiere vislumbrar los fines últimos, basta echarle un vistazo a lo que hizo Hugo Chávez, y Correa en Ecuador, y en general los países de Unasur. No me digan que abren otros Cambridge y Oxford. La ley toca, sin embargo, una ancha problemática. Ni se han dado cuenta sus estrategas el Godzilla que despiertan. La juventud es un tercio de peruanos. Por el 2007 andaban ya en 7,6 millones. Ahora bien, de diez jóvenes solo tres estudiaban. Y siete, ni trabajo ni estudios. A esto en ciencias políticas se le llama una clientela en estado de disponibilidad.

Por mi parte tengo no uno sino dos ‘NO’. A la situación de las universidades peruanas, razones sobran. El otro ‘NO’ es a las trampas del proyecto, no me digan que no las tiene. Nos quieren tomar el pelo con la promesa de una Sunedu. ¡Por favor! Si por la chismosa Lima ya corren los nombres de los señorones que la van a componer. Pero tengo un ‘SÍ’. No a la ley Mora pero sí al debate que se viene. Hoy, no es el empleo ni la inseguridad ciudadana la primera expectativa. Sino qué beca me propone el gobierno para que yo, joven pobre y de los conos o de la infinita provincia, pueda estudiar. En consecuencia no podemos decir únicamente ‘NO’. Hay que proponer.  La campaña del 2016 acaba de comenzar. Y la educación de calidad y de masas en el centro de la agenda.

Publicado en El Montonero., 30 de junio de 2014

¿Monarquías democráticas y Repúblicas despóticas y frivolonas?

Written By: Hugo Neira - Jun• 24•14

Que a Juan Carlos I, «sensato rey», le siga el hijo, Felipe VI, ha despertado un reguero antimonarquista en nuestra muy civilizada prensa. Eso de ser antimonárquico,  y con más ganas si se trata de un riesgo lejano, como que viste mucho. Uno queda regio. Mismo Simón Bolívar. Me tinca que esos, los de grandes apellidos, no anduvieron tan antimonárquicos cuando sus tatarabuelos y ancestros inclinaban «la humillada cerviz» ante Pezuela y con La Serna, antes de San Martín.

Varias naciones en Europa son monárquicas. A saber, Bélgica, Dinamarca, Holanda, Inglaterra o Reino Unido, Noruega y Suecia. Y no parece que les vaya mal. En realidad,  la lista se estira con Luxemburgo, gran ducado, o Liechtenstein, que es un principado cuya extensión, más o menos, es la de San Juan de Lurigancho, pero que igual añade a su distrital corona el concepto de «parlamentaria». Y ahí está el «detalle», como decía ese gran filósofo mexicano Mario Moreno, más conocido como Cantinflas.

De esas Monarquías parlamentarias el detalle es que sus Reyes no gobiernan. Cada día, la reina Isabel II de Inglaterra se ocupará de su personal agenda, pero no despacha los asuntos de Inglaterra en el célebre 10 de Downing Street sino que eso es la chamba de su Primer ministro. Ahora bien, en España se le llama Presidente de Gobierno. De modo que si un Presidente sudamericano,  Correa o Evo Morales, va a zanjar un problema por las Españas, no verá forzosamente a Felipe VI sino a un señor de lentes y barbita llamado Mariano Rajoy. En Suecia, el monarca, Carlos Gustavo, no  gobierna cada día la próspera y democrática Suecia. El poder está en la clase política y partidos. Entonces, ¿para  qué Coronas en Europa?

Esa es la pregunta de fondo. ¿Por qué algunos de los pueblos más cultos, prósperos y democráticos del planeta —belgas, dinamarqueses, holandeses, ingleses, suecos y noruegos— han optado por guardar esa institución? La respuesta viene del sentido común. Si las cosas se ponen muy mal, entonces, una señora de ochenta y tantos años, Isabel II, tiene poderes disuasorios, de veto. La Reina solo opina y es suficiente. Es decir, por encima del juego de intereses y pasiones colectivas hay un árbitro incontestable, la Corona. Así se han librado de aparatosos golpes de Estado. Así progresó la Europa nórdica descrita por un viajero llamado Victor Raúl Haya de la Torre. Y se fijó en Suecia, más socialista que la extinta URSS.

Sobre la Monarquía en Perú, desde Sánchez Carrión hicimos bien en evitarla, no hubiese sido otra cosa que una continuidad del absolutismo de esos días. Pero por evitarla, fuimos al pantano del poder personal. Caudillos, dictadores y autócratas. Y así en otras patrias, con las excepciones del caso, Lula que sabe irse, Bachelet que sabe volver. Por casa, hasta nuevo aviso, un presidencialismo errático. De pronto, lo que está mal no es  tanto los inquilinos de Palacio sino el sillón mismo. ¿No sería bueno elegir con el mismo voto popular, a la vez Presidente y Primer Ministro? ¿Y el segundo, con plenos poderes? Nuestros reyecitos, como a algunos les gusta la juerga y la frivolidad, entonces serían nuestras reinas coronadas… Con fotos de familia, sonrientes, mientras alguien chambea en Palacio…

Publicado en El Montonero., 23 de junio de 2014