A la una de la tarde, la Independencia

Written By: Hugo Neira - Ene• 30•19

A pueblos y naciones no los hacen las batallas, pero a veces, sí. Nadie puede negar que los 14 años de continuas guerras napoleónicas cesan cuando en Waterloo, Bonaparte es vencido. O en la segunda guerra mundial, cuando los rusos llegan a Berlín. Por mi parte, prefiero la ciencia histórica de la Escuela francesa de los Annales, el aporte de Braudel, la historia económica y social, la longue durée, o larga duración. Pero en ciertos casos, las armas hacen la historia. Se nos acerca el Bicentenario. Y debemos hacernos algunas preguntas. Realistas y patriotas, lo sabemos, ¿pero quiénes eran los reclutados en ambos bandos? ¿Por qué el número de muertos, en cada combate, fue enorme?

En Junín, el 6 de agosto de 1824, una batalla a 4000 metros de altitud, no hubo artillería alguna, ni un tiro, fue a arma blanca. «En un terrible silencio, que era roto solo por la estridencia de las cornetas, el choque de las espadas y de las lanzas, los caballos que pifiaban, el grito de los heridos.» ¿Quién lo dice? O’Leary en sus Memorias (1952:179).

Ejércitos casi sin dinero. En 1816, un general de 38 años atraviesa los Andes, y le escribe a su socio y amigo Pueyrredón pidiendo ayuda. Se llamaba San Martín. Respuesta: «no tengo un peso pero enviaré 20 mil, 400 mantas, 500 ponchos, y las mil arrobas de carne seca, todos los uniformes y los 200 sables pedidos». Pueyrredón tenía un método. Poner «presos a los capitalistas» (Cartas secretas a San Martín). ¿Eran ejércitos de insurrectos? El lector dirá.

Los efectivos —como dicen hoy— ¿de dónde salían? Del lado realista, vinieron tropas de la metrópoli. Temor a un desembarco de ingleses. Y desde 1813 llegaron al continente 6580 hombres, luego 14041 en 1815 y entre 1810 y 1821, 27 mil hombres (J. Alonso, Historia política del ejército español). En el lado patriota, la cosa fue distinta. Aparte de voluntarios británicos, tuvieron que buscar combatientes en cada país, y en el Perú, ambos bandos reclutaron campesinos indígenas, bastante más por el lado realista, siento decirlo.

¿Qué armas tenían? El fusil Baker, el Brown Bess. Pero el Baker, el más usado, era un fusil de chispa y las balas se metían por el cañón del fusil. El Brown Bess, un mosquetón. En general, armas pesadas y largas, si disparaban mucho, el cañón se calentaba. Servían un instante, como se decía “antes de una carga”. Lo que decidía era la bayoneta, el sable y la lanza.

Ayacucho: 9310 realistas, de los cuales solo «600 españoles, el resto peruanos» (Demélas, 1987:122). En el campo patriota, «5780 (4500 colombianos, 1200 peruanos y 80 argentinos)». Paradójico, más peruanos estuvieron arriba del cerro, con los realistas, que abajo, con los patriotas. En fin, la capitulación ese día, una de la tarde, el jefe de estado mayor Canterac declina.

Se rinden 16 coroneles, 68 tenientes coroneles, 484 oficiales y 2000 soldados. Pérdidas realistas en Ayacucho «1700 realistas muertos y 751 heridos» (informe de Sucre, según O’Leary). ¿Y por qué la mortandad? El cuerpo a cuerpo. Decide esa batalla la división de caballería Miller, los dos escuadrones de Húsares de Junín, de Isodoro Suárez (lo llenaba de orgullo a Borges, su bisabuelo), Gamarra, La Mar. Y claro está, José de Sucre.

Ayacucho es el sangriento sacrificio para tener una república. Dos siglos más tarde, podemos preguntarnos si merecemos esa herencia de libertad.

Nota: Las citas provienen del libro La vida cotidiana en los tiempos de Bolívar de M.-D. Demélas & Y. Saint-Geours que harían bien en traducir al castellano para el Bicentenario.

Publicado en El Comercio, 30 de enero de 2019

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/tarde-independencia-hugo-neira-noticia-602430

 

Venezuela, y todo el mundo en la guerra global

Written By: Hugo Neira - Ene• 28•19

De Venezuela, sabemos lo que sabemos. Tres países europeos, España, Alemania y Francia —o si se quiere, tres políticos, el español Pedro Sánchez, Angela Merkel y Emmanuel Macron—, han dado un ultimátum, 8 días para llamar a comicios generales. En los diversos acontecimientos, debe sorprendernos la rapidez con la que Rusia y China han apoyado a Maduro. Y además, Irán y la Turquía de Erdogan. Putin ha enviado un equipo de militares para proteger a Maduro. Luego se ha sabido que lo ha hecho a través de una empresa rusa, es decir privada. Igual, el gesto lo dice todo. Estamos en un tipo de conflicto que no es guerra fría sino global.

Cuál guerra, dirá el amable lector. Como sudamericanos, nos hemos habituado a que las guerras mundiales sean cortitas, la primera y la segunda. Pero hubo contiendas de treinta años en Europa. Y la guerra de cien años. Estamos volviendo a un ciclo que Eduardo Subirats llama «guerras indefinidas». No se declaran. Invasión de Irak por los Estados Unidos de Bush, la Siria y el ejército del Estado Islámico, los rusos mostrando su poder militar, la China posmaoísta, potencia científica, en el otro lado de la Luna.

La Associated Press dice «Venezuela es el referente de la geopolítica mundial». ¿Solo un referente? A Venezuela hay que situarla en el contexto mundial. No es un asunto local. Va más lejos. Hay un conjunto de naciones y gobiernos que no son del todo dictaduras pero tampoco democracias. En ellas está la Rusia de Putin, la Turquía de Erdogan, y la Venezuela de Chávez y Maduro. La lista era larga, el Brasil de Lula. No son comunistas, son otra cosa.

Cuando las inmensas torres del World Trade Center se derrumban y llueve hierro y vidrios rotos sobre Nueva York, obra terrorista de Al Qaeda, lo ve alguien a quien siempre tuve una gran admiración, Néstor García Canclini, el autor de Culturas híbridas, estrategias para entrar y salir de la modernidad, y en esa ocasión dijo lo siguiente: «nuestras ideas han envejecido». Ese no era el sereno mundo que se esperaba cuando desaparece el Estado soviético en 1991-1992. Cierto, recuperan su independencia una serie de repúblicas, países bálticos, Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, naciones del Cáucaso y el Asia central (con estas últimas, compartimos los últimos puestos del planeta en comprensión lectora). Países desarrollados y subdesarrollados, de economía abierta o cerrada. Todos esos conceptos, ya no tienen vigencia. China, ¿qué es? ¿Capitalismo de Estado o el retorno a la potencia que siempre fue?

Tras el colapso de la Unión Soviética, se esperaba una transición rusa a la democracia y la economía de mercado, sin Partido Comunista como único y una administración honesta. «Esa predicción nunca se realizó», dice Igor Kliamkine, un analista de los regímenes actuales rusos. Nada mejor que la gente de un país para saber dónde le aprieta el zapato. La manera como se ha reconstruido la Rusia de Putin, resulta una combinación de capitalismo con exfuncionarios llamados «la oligarquía» —así los llama el propio Putin— y un sistema a la vez eficaz y corrupto. Los que manejaron la Krycha (la economía subterránea) en tiempos de la URSS, son los mismos que se han reciclado en los negocios y empresas privadas. «Los principios democráticos en la vida financiera y judicial, no han transformado el comportamiento del ruso que sigue siendo un espectador de la vida pública» (Louise I. Shelley, Policing Soviet Society. The evolution of state control).

En nuestro tiempo —desde la caída del Muro de Berlín— hay un nuevo mundo acelerado por las innovaciones tecnológicas, la mundialización, pero en gobernabilidad y política, la aparición de «sistemas» inclasificables. No han hecho ninguna revolución, son parte de una descomposición. Es inútil llamar comunista esos regímenes. Por lo demás, es hora de decirlo, nunca hubo comunismo en Rusia. Acaso en los días de Lenin, que muere en 1924. Es hora de dejar otro mito. La URSS que se desploma, no es el triunfo del modelo liberal que provoca grietas y abismos que pueden ser insalvables.

Los «sistemas», del tipo Estado soviético, ajustan sus gastos a su propio interés, y no a las necesidades del pueblo. Preguntéselo a un ruso. Tampoco es cierto que se hunde por exceso de funcionarios. En 1990, era un 1,8% de la población activa. En Francia 4,9% y en los Estados Unidos, entre un 4,4% y 7,8%. Lo que sí cuenta en cada caso de «sistema» es una nomenklatura. No es una burguesía ni una élite, sino la combinación de grupos de poder. Es el caso de Hugo Chávez, Kirchner y Lula da Silva. Y eso, se repite con Maduro. Un gobierno de un soviético venezolano con petróleo. Ha inventado lo que podemos llamar el Estado-cuartel. Se vive del rancho.

Si hay elecciones, tendrá votos a favor. No sé cuántos, pero hay estratos sociales que viven del Estado. El maestro de ese tipo de “modo de producción” es la Cuba de Fidel Castro, casa gratis, servicios, ganaban poco, pero no trabajaban mucho. Cuba es pequeña y contaban con el apoyo soviético. El tío Iván ponía la plata. Venezuela es federal, en los 24 estados, clientelas. Como otros “sistemas”, hay una nomenklatura. Salir del chavismo no va a ser fácil. En el momento que escribo estas líneas, los Estados Unidos exhortan a los miembros de la ONU a tomar el bando de Guaidó. Esperemos que el Secretario de Estado, Mike Pompeo, haya hecho sus cuentas. Esta es también una prueba de si USA tiene o no, influencia en otras naciones. Rusia sigue diciendo que «Maduro no es un peligro para la paz, y en consecuencia, no hay que intervenir». Eso será en el Kremlin. Pero si esa Venezuela perdura, en la América del sur, vamos a tener un problemita. Una suerte de stalinismo a nuestro costado¡! Y esto ya no es política sino geopolítica.

Publicado en El Montonero., 28 de enero de 2019

Venezuela, y todo el mundo en la guerra global

La desmemoria peruana o matando el Ka egipcio

Written By: Hugo Neira - Ene• 21•19

Cuando era periodista en España, tiempos de Franco, en un diario contrario al franquismo, tenía los problemas que puede tener un australiano o un americano al trabajar en un diario británico. Escribía artículos —con lo que me gané algunos líos con la policía española— pero lo peor era el director del diario, diciéndome: «muy bien Hugo, pero ahora, tradúcelo al castellano». Diferencias dialectales. No era solo que al saco lo llamen chaqueta y al comer de noche, cena. Usan palabras que no usamos. Tenía una amiga española, y a veces me decía, «estoy enfadada contigo». En Lima hubiese escuchado, «enojada». El enojo es un disgusto mayor. Lo mismo pasa con el uso de mentira. Lo sabemos, quiere decir callar la verdad. Pero hay otro vocablo, el embuste. Por ejemplo, si alguien te conduce con algún pretexto a una sala, y para tu sorpresa, está llena de amigos que celebran tu cumpleaños.

Supongamos, pues, que alguien me envía un artículo embustero. Unas líneas que llegan por mail y tratan de la crisis política en nuestro país. Pongamos que decida frasearlo en el presente artículo. El autor habla de «la crisis presente». Comienza por decir que «el porvenir risueño que nos han contado» —retorno a la economía de mercado desde hace 18 años— no cuenta mucho. «Ha aumentado la riqueza pública», pero las «instituciones no se consolidan», ni dejan de «asomar, los vicios del pasado (…)» «El mecanismo electoral se quiebra», y «el Parlamento se esteriliza en luchas ásperas, o se rinde al poder sin resistencias». Y entonces, «el desaliento desolador y la absoluta desorientación envuelve todos los espíritus (…)» «Crisis económica, política y moral al mismo tiempo». En suma «el Parlamento, por la crisis que estudiamos, no hace otra cosa que sancionar los hechos consumados».

No sé qué pensará el amable lector. Si le suena a algo conocido. Ese texto, amigo lector, parece describir nuestros días. Ahora bien, ese texto que parece muy actual, remonta a 1914, en la Universidad de San Marcos, y es un discurso de Víctor Andrés Belaunde, orador, diplomático y pensador peruano, y tiene como título «la crisis presente» en libros capitales como Meditaciones Peruanas y Peruanidad en 1942. De ese discurso que aquí citamos, Porras dice que es «a la vez, emocional y analítico, expresión feliz y colmada de un orador innato como era Belaunde». En 1986, «audaz reformismo político» lo llama César Pacheco Velez. «Había tocado a fondo, la crisis de la República Aristocrática”. Víctor Andrés Belaunde es, de alguna manera, el fundador de una corriente política y filosófica que podemos llamar los cristianos democráticos, en ellos, Cornejo Chávez y Luis Bedoya Reyes.

Este embuste nos permite decir dos cosas. Por una parte, la extraña coincidencia de la situación del Perú en 1914, casi lo mismo un siglo más tarde (¡!). Cabe deducir, entonces, una suerte de extraño patrón de comportamiento tanto en las instituciones públicas como en el imaginario popular. La no aceptación del principio de los tres poderes separados, ejecutivo, legislativo y judicial. Tendemos, quiérase o no, a fusionar sendos poderes. En el caso de «la crisis presente» de 1914, no estalla de inmediato. Después de Piérola, una serie de presidenciables gobiernan, venidos del Partido Civil. Pero Leguía, en su segundo gobierno, destruye el sistema y lo reemplaza por la autocracia en 1919. Lo cual se ha repetido a lo largo del siglo XX y por supuesto, en estos primeros decenios. ¿Seguirá lo mismo? ¿Tan difícil es asumir que una democracia es plural y sobre todo, un debate permanente?

Pero la analogía entre ambas crisis no es lo central de esas líneas. Mucho más me intriga pensar cuántos se dieron cuenta de que era un discurso de V. A. Belaunde. Con toda seguridad, Domingo García Belaunde y Osmar Gonzales, que han publicado en el Fondo del Congreso, Belaunde. Peruanidad, contorno y confín (2007). Pero no es así para el colectivo histórico de peruanos. Ante los grandes pensadores, se les ignora por completo. Aparte de Haya y de Mariátegui, menos frecuentados a raíz de la crisis de las ideologías, nada de Porras, Basadre, Luis Alberto Sánchez, y dudo que se enteren de la obra de Flores Galindo o Matos Mar, y de muchos otros pensadores.

De ahí el intitulado. La desmemoria.

Amable lector, juguemos un poco. Si le pongo una frase, ¿me puede decir a qué gran escritor peruano pertenece? «Conmigo empieza a cerrarse un ciclo, el de la calandria consoladora, del azote, del arrieraje, del odio impotente, de los fúnebres alzamientos». ¿Y quién ha dicho, «frente a los distinguidos caballeros que se creen facultados para cualquier exceso porque heredaron un nombre y una cuenta corriente (…) ni las juergas ni el látigo son el símbolo de las elites auténticas”?

El primero es Arguedas. El segundo, es Jorge Basadre. Son la herencia intelectual de todos los peruanos pero no están en los pésimos libros que se imponen en la educación peruana, una de las peores del planeta. Ver Los últimos de la clase (Nicolás Lynch).

Ahora explico el intitulado, lo del Ka. Los antiguos egipcios creían que tenemos dos almas, la Ba y el Ka. La primera, muere con el cuerpo. El Ka es la energía del alma. Cuando querían matar espiritualmente al muerto, rompían las tumbas y símbolos del Ka. Eso es lo que hacemos. El Ka de Basadre, de Belaunde o el de Arguedas, está en sus libros, en sus ideas y escritura. Pero los ignoramos. Y sin embargo, son actuales. Por desgracia, en el Perú no tenemos historia sino teatro, las escenas se repiten con otros actores. No solo la soberbia de los dominadores sino el apoyo del pueblo que nunca lee. Todo esto durará hasta que surja una elite plebeya que lea y comparta su cultura humanista con la cultura digital.

Publicado en El Montonero., 21 de enero de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/la-desmemoria-peruana-o-matando-el-ka-egipcio

Calentamiento global y un evento gigantesco

Written By: Hugo Neira - Ene• 16•19

Estoy en Santiago, es rutina, para escribir mis libros, que por lo general termino en Lima. Y eso antes o al retorno de Europa. En el viejo continente encuentro colegas y novedades. En mi vida, aprendí a aprender. Pero esta vez, una sorpresa en Santiago. Tienen por estas fechas su Congreso Futuro. Pero en este 2019, se ha vuelto gigantesco. Ni futurismo ni profecías. Conocimiento.

Se han traído cuatro premios Nobel, tres de Física y uno Medicina y Fisiología. Brian Schmidt, en el 2011, por comprobar la expansión del universo; Serge Haroche, por medir sistemas cuánticos individuales en el 2012. Michael Kosterlitz, en el 2016, por hallar formas inusuales de materia. Y Bruce Beutler, en el 2011, por descubrir por qué existen inmunidades innatas. Además, 100 invitados, 300 charlas y unas 500 ponencias, en Santiago y también en provincias: Antofagasta, Coquimbo, Maule, Biobío, etc. Entre el 14 y 20 de enero. Explican y discuten ante el público, tres invitados. Sobre el rompecabezas genético, el futuro de la alimentación, la prolongación de la vida. Es un evento en Chile y universal. El tema de fondo es calentamiento global y el desafío a la humanidad. Sigo, pues, “el futuro sostenible” por las mañanas, y por las noches, mi libro que trata otros temas.

Pero al escribir estas líneas tengo un conflicto de emociones. Me conmueve la inundación en San Juan de Lurigancho. Que el lector, por favor, no tome esta crónica como un reproche a nuestro atraso. Veo en cambio que los están atendiendo.

Volviendo al Congreso Futuro, es científico y filosófico. La pregunta mayor es la siguiente: ¿Qué especie queremos ser? El Congreso Futuro sostiene en los diarios chilenos que “la humanidad vive su máximo esplendor de desarrollo”. En efecto, los propósitos van más lejos que Julio Verne o la ciencia ficción de Asimov, que devoré en mi juventud. Hoy día, es proyecto prolongar la vida, modificar los genes. ¿Matar a la muerte? Pero a la vez, cambios climáticos. Así, la sociedad industrial misma, está en cuestión. Nuestros errores: combustibles fósiles, tala de selvas tropicales y el ganado, producen gases que al añadirse a la atmósfera, elevan la temperatura. Esto ha comenzado en el siglo XIX. CO2, metano, óxido nitroso, gases fluorados. Los humanos no causamos el cambio climático pero lo incrementamos.

El Congreso Futuro, por lo visto, intenta democratizar la información científica de los ciudadanos. Unas 40 mil personas se han inscrito como presenciables. Y tienen 2 millones de seguidores en virtual. Las charlas son transmitidas en www.congresofuturo.cl. Y de la enorme bibliografía me atrevo a recomendar un libro excepcional: Mark Lynas, Seis Grados. El futuro en un planeta más cálido. Premio de la Royal Society, Reino Unido. Cada capítulo es un grado más alto. Si no se hace algo decisivo, en el 2050, estamos perdidos. Confieso que al leerlo, solo he llegado al grado 3. Me resisto a saber qué será el planeta recalentado.

Aterricemos. Nuestra economía, política, hábitos, consumos, resultan prácticamente obsoletos. La física –la nanotecnología— busca nuevas formas de energía.

La meta, no sobrepasar dos grados más. Tal es la respuesta inmediata a la naturaleza. Ciencia y tecnología. Un conocimiento que todo pueblo o nación puede adquirir. Y una responsabilidad que toca a cada Estado, sin excepción. Entre tanto, el lector puede preguntarse, ¿lograr el bienestar con otro tipo de producción? El reto del cambio climático pone en cuestión la actual civilización del derroche de energía y de consumo. ¿Y qué pasará en Perú, al final de este siglo, si los ríos de la costa no tienen nada de agua?

Publicado en El Comercio, 16 de enero de 2019

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/cambio-climatico-calentamiento-global-evento-gigantesco-hugo-neira-noticia-597904

Breve historia del odio en el Perú

Written By: Hugo Neira - Ene• 14•19

Una nación es una comunidad de ciudadanos. Las naciones democráticas, sin embargo, atraviesan tensiones de orden cívico. Es normal, la comunidad de ciudadanos no tiene por qué dejar de ser diversa y en general, desigual. Si se ha llegado a la modernidad, los conflictos se resuelven por el derecho, incluyendo y no excluyendo (que es nuestro caso). Pero hay singularidades, cuando no predomina la cultura cívica sino pasiones interétnicas. No hay lucha de clases sino de clanes. Y los partidos políticos, sectas. De eso me ocupo en estas líneas. Más que un analista político, soy sociólogo. Y la política, sobre todo la inmediata, es la espuma del mar. Flor de un día. El sociólogo observa las corrientes profundas, no siempre visibles. La historia de una nación es también las de sus desdichas. No todo es Grau.

Cierto, todo comienza en Cajamarca. Es decir, llegada de los conquistadores, captura y muerte de Atahualpa, decisión de Francisco Pizarro, que luego, a su retorno a España, se lo reprocha el propio Carlos V: “Os he enviado a servir Señores, no a matarlos”. En efecto, acaso el Emperador pudo llegar a un protectorado como el que tenían con los reinos musulmanes, o algo por el estilo. Pero el cuadro de “Los funerales de Atahualpa” de Luis Montero, nos acompaña como un signo permanente y trágico en el Museo de Arte de Lima.

¿En Cajamarca nace el odio? La decisión de quienes votaron entre los conquistadores por su muerte, era más bien un tema de estrategia. Temían a ese Señor cautivo. En un país de 13 millones de súbditos indígenas, un puñado de invasores. Pero Atahualpa, prisionero, despacha a sus mensajeros al Cusco, donde se hallaba Huáscar, vencido y prisionero. Atahualpa lo manda matar «con una gran piedra» y «con el rostro vuelto hacia Caxamarca» para que «los orejones tuvieran temor y gritaran ¡Viva Atagualpa nuestro Inca!» (Porras, Cronistas del Perú, Grace & Co., 1962, p. 294.) Sabemos cómo fue, una inmolación, narrada por testigos de vista. Atahualpa no solo envía a sus mensajeros sino «a su pariente llamado Cuxi Yupangui, para que no dejase pariente ni valedor de Guáscar que no matase». Así, «sacaron de la prisión todas las mujeres de Guáscar, paridas y preñadas. Y las mandó ahorcar (…) y a las preñadas les hizo sacar a los hijos de los vientres y colgárselos de los brazos». (…) «Mataron ochenta y tantos hijos e hijas de Guáscar» y «delante sus ojos, para más tormentarle» (ibid. p. 296).

O sea, Atahualpa aniquila al linaje de Huáscar y con ello sepulta para siempre la elite inca. Además de la crueldad, un error político que no se menciona en nuestros desangelados cursos de historia peruana, si es que se dictan: el último Inca acaba con el Incario.

El odio enfrenta a Almagro y a Pizarro, a quien se mata. El imperio español trae el virrey para no dejar esos dominios en manos de conquistadores. No reciben rangos de nobleza a lo que aspiraban, sino encomiendas, bienes e indios serviles. La Colonia se mantiene por tres siglos al montar un sistema de poder: ayuntamientos, audiencias, visitadores, juicios de residencia. Una dominación a la que se suman para sobrevivir, curacas y pueblos indígenas. Así se mezcla la complicidad y la resistencia. Nace la ambigüedad. Y algo más. En esa realidad concreta —que dura siglos— se establece la fatídica costumbre peruana que hoy llamamos bipolaridad. ¿Quién derrota a Túpac Amaru II sino otro cacique, Pumacahua? Y luego, en la Emancipación, ¿no hay disputa entre San Martín y Simón Bolívar? ¿Acaso el propio José Sánchez Carrión, ferviente republicano, prefiere apoyar el cesarismo de Bolívar antes que San Martín nos traiga un príncipe para una monarquía nacional?

¿Y qué en el XIX? Después de la Independencia, ¿quién manda? Basadre es claro: «en la disolución de la nobleza española y la burocracia virreynal, la milicia es el fruto relevante». Es decir, «la clase militar» (Cap. I, La Iniciación de la República). ¿Y qué es lo que hacen? Guerrean entre ellos. Gamarra, La Mar, Santa Cruz. Y Salaverry contra todos. El desorden dura hasta 1842. Cuando gobierna Ramón Castilla. Y el apogeo del guano. Pero luego, se asesina a Balta y a Manuel Pardo, fundador del Partido Civil. ¿Y no fue el siglo XIX el enfrentamiento de Piérola con sus rivales? El siglo XX, no mejora nada. Por segunda vez como presidente, Augusto B. Leguía vence con el voto de los civilistas. ¿Y lo primero que hace es deportarlos? Leguía encarna el «autócrata popular» (Pedro Planas). El leguiísmo ha sido un patrón de conducta pública con éxito. Militares: Odría, Velasco. Civiles: Manuel Prado en los años 40, y Alberto Fujimori.

En suma, se equivocan marxistas y liberales. A una sociedad no la determina su economía sino su cultura, su antropología. Cuentan las costumbres. A propósito, leyendo a Basadre, ¡cómo nos conocía! «Los diarios circunspectos e insidia sutil (…)»; «Riquezas que se prodigan, oportunidades que se pierden, la postergación injusta, el acomodo cínico».

El gran problema de los peruanos es reconocer al ‘otro’. Indio, cholo, al distinto. Y al aprista, al comunista, al derechista, al izquierdista, al banquero y al empresario de Gamarra. Sociología de democracias que segregan. ¿Relaciones con el ‘otro’? Para algunos, el otro no existe o no debe existir. Entonces, la preventiva, so pretexto de lucha contra la corrupción. Claro que la hay, pero no es un asunto solo de los posibles ilícitos de cuatro o cinco expresidentes. Los depredadores del Estado y el fisco son legión. Es un sistema, dejémonos de cuentos. Entre tanto, tras el antiaprismo, perdimos el siglo XX. Y hoy, este inicio de siglo lleno de ‘antis’. La democracia es un debate permanente o no es nada. Para debatir se necesita el reconocimiento del ‘otro’. Un asunto comportamental. Por lo visto, hay goce en aplastar al rival. Lo citado en Basadre tiene más de 50 años. No hemos progresado, tampoco retrocedido. Somos un enigma.

Publicado en El Montonero., 14 de enero de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/breve-historia-del-odio-en-el-peru