¿Vaticano o Pandemonio?

Written By: Hugo Neira - Feb• 25•19

Mafias internacionales y locales, novedad de las tecnologías, amenazas de la Rusia de Putin con nuevos misiles, nuevas modalidades de terrorismo, hackers que atacan Estados, bancos y empresas, catástrofes naturales del cambio climático, Maduro y los países totalitarios que lo apoyan, ¿y ahora se suma la asombrosa crisis en la Roma católica? Pasmo y turbulencia al enterarnos de que «el Vaticano es la comunidad homosexual más importante del mundo» (Martel). Me sorprendo escribiendo esta crónica. Estamos en un siglo en que lo imprevisto no tiene límites. Pandemonio quiere decir ruido y confusión.

Los diarios del mundo. «El Vaticano en vilo, un libro destapa la red gay en la jerarquía». No es tan simple, ¿una red? Lo veremos mas adelante. El destape se llama Sodoma, investigación en el corazón del Vaticano. Su autor, el sociólogo francés Frédéric Martel. Lo he escuchado estos días en la televisión francesa. Ha explicado cómo escribió ese libro. No es un libelo.

En su extensa historia, la Iglesia ha sufrido ataques panfletarios. Para mí, la Iglesia es una institución, un clero y no soy de los que van a misa, pero respeto a las religiones, a todas, desde la fe de mis abuelas a los budistas. Por eso mismo, me impresiona lo que está pasando. Sodoma está siendo impreso en 8 lenguas y estará en librerías desde el 1° de abril. Pero vivimos la era de Internet. Desde el 21 de febrero se ha lanzado el ebook. Y lo he adquirido. 600 páginas. Martel ha entrevistado a 1500 personas del Vaticano, 41 cardenales, 52 obispos y prelados. Un trabajo de 4 años. Ha viajado a 30 países, al encuentro de clérigos en la América Latina, Asia, los Estados Unidos y el Medio Oriente. En su libro confiesa haber vivido al menos una semana por mes en el propio Vaticano, «bajo la hospitalidad de prelados que se reconocían formando parte de esa sociedad de homosexuales clérigos», a los que ellos mismos llaman, «la parroquia». Códigos entre ellos. En su libro dice que nunca ocultó su condición de periodista y de investigador.

Al grano, el problema no es el sexo ni la homosexualidad. Es el engaño. La doble moral de cardenales, arzobispos y prelados. Homofóbicos en público y gay en privado¡!

Martel no se ocupa de rumores ni de chismes. Roma no es Lima. La impresión que me deja al leerlo, es que acaso es el primer especialista de la vida de los que residen en el Vaticano. Los conoce uno a uno. En su libro desfilan personas de carne y hueso, el cardenal Benjamin Harnwell, que no tiene inconveniente en declararse gay. O el cardenal Burke, quien tiene una posición extremadamente compleja. Es el cabecilla de los «homófobos», o sea, de los que no aceptan a los gay, al tiempo que él se declara uno de ellos. ¡Vaya usted a entenderlos!

La revelación de estos días es que hay un Vaticano gay y el sartén por el mango. Aquí entra a tallar uno de los entrevistados, Francesco Lepore, y esto no es novelita con personajes imaginarios. Lepore era el orgullo de los cardenales por su inteligencia, hasta que lo «reducen» al estado laico (qué idea, como si el laico fuese inferior al que lleva sotana). Y cuando lo interroga Martel, su respuesta es «pienso que son un porcentaje muy elevado, por lo menos el 80%». La noticia dio la vuelta al mundo. ¿Es exacta? Poco importa. Una hegemonía. Pero en secreto.

No estamos, pues, ante lo que el papa Juan Pablo II llamaba «las ovejas perdidas». Estamos ante un fenómeno mayor. Eso que los sociólogos norteamericanos llaman un pattern. En el Vaticano, los seminarios, o la vida cotidiana, es «homoerótico», dice Martel. Además, comunidad homosexual pero dividida. En Sodoma, Martel describe la existencia de clanes¡! Su descripción es real y patética. Hay los drag-queens, los realistas, los fluidos, los queers, los no estables, los extravagantes. Y entre ellos se insultan, se dicen «locas». Los matices son para que toda variante gay sea admitida. Y luego, Martel ironiza, “Oscar Wilde habría aplaudido”.

¿Qué pasa en el mundo católico mientras los prelados la pasan muy bien en el laberinto sexual del Vaticano de hoy? Aquí, la opinión sin tapujos de un cardenal, Marc Quellet: «Progresión inimaginable de escándalos y abusos sexuales, una Iglesia en estado de estallar». No es solo el Vaticano, sino «en todas las parroquias del mundo, en las conferencias episcopales, en todas las diócesis, la contaminación». «La Iglesia parece un Titanic a punto de hundirse». La Iglesia está lejos de la grey. «Ni en Alemania, Suiza, o Austria la gente católica entiende la oposición de Roma a la contracepción, los preservativos, las uniones libres, y menos aún, el celibato de los curas». Sin embargo, y es hora de decirlo, el papa Francisco en sus homilías matinales en Santa Marta, hablaba de «los falsos devotos, los rígidos insinceros», y con frases cabalísticas, «detrás de los rígidos, algo se esconde». Ya sabemos qué. El secretismo. Hay sin embargo una salida. Los curas de la religión ortodoxa —los coptos, los primeros cristianos de los primeros tiempos—, se casan, tienen mujer e hijos, y llevan la sotana.

¿Cuándo ha comenzado esta cruzada? Cuando Francisco le dice al maestro de ceremonias, ya nombrado papa, «se acabó el carnaval». Lo que ocurre en el Vaticano, no es un asunto baladí. Concierne a 1’165’714’000 de seres humanos. Las religiones también tienen mutaciones. ¿Es el fin del celibato? ¿Qué pasa en el Vaticano? Acaso, una vez más, la soberbia de los que se creen intocables.

Pero hay algo más, algo muy enrevesado y complicado. Ese mundo del Vaticano gay, está poblado de una masa crítica de sacerdotes cultos y con experiencia, y sin embargo, ¿son a la vez, homófobos y homosexuales? Roma está en Europa y hace rato que la homosexualidad no es un delito. Aquí hay un enigma, que abordaremos en el siguiente artículo.

 

Publicado en El Montonero., 25 de febrero de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/vaticano-o-pandemonio

El vía crucis del papa Francisco

Written By: Hugo Neira - Feb• 21•19

Como ya se sabe, hay un escándalo en Europa. «El Vaticano está en manos de una red gay». Primeras planas de los diarios del mundo. «El Vaticano pende de un hilo». El libro del sociólogo francés Frédéric Martel se llama Sodoma, enquête au cœur du Vatican. No es un libelo, o alguna novelita, en ese caso, ni me ocuparía. El investigador ha trabajado 4 años en 30 países entrevistando a 1500 personas del Vaticano, 41 cardenales, 52 obispos, y prelados. Uno de ellos, que ha dejado los hábitos, le dijo que piensa que el 80% es gay. Pero en secreto. El libro en papel saldrá en algunas semanas en 8 lenguas. Hoy se lanzó el ebook, y lo he comprado. Y me pasaré el fin de semana leyéndolo. Son unas 600 páginas llenas de nombres, casos concretos. Lo digo con una gran tristeza de mi parte. No soy de ir a misa pero me parece terrible. Por la infamia del secretismo.

El problema no es el sexo ni la homosexualidad, es otra cosa. Las Naciones Unidas, los Derechos Humanos, no se escandalizan cuando alguien se declara homosexual. Ese es también mi punto de vista. El tema es la mentira. ¿Cómo han podido guardar este secreto y practicar una doble moral? Por lo que voy entendiendo, según Martel, «los peores prelados homofóbicos son los que más practican la homosexualidad». Francamente, el colmo de la hipocresía. Dice Martel que son una serie de clanes, entre ellos mismos se llaman ‘las locas’ y detestan al papa Francisco, su enemigo.

Lo que ocurra en Europa será bastante distinto de lo que ocurra en América Latina. En Europa, los bautizos y los matrimonios religiosos son cada vez menos frecuentes. La práctica de acudir a la Iglesia para los rituales tradicionales está en declive. Los cristianos no practicantes superan en número a los que sí van a misa, y eso antes del escándalo.

Hay sin embargo una salida. Los curas de la religión ortodoxa —los coptos, los primeros cristianos de los primeros tiempos, que no se diferencian de los católicos sino que no tienen papa—, se casan, tienen mujer e hijos, y llevan la sotana. Por otra parte, tengo que decir que el tema de la mujer avanza en otra religión que no es la católica. Para ser claro, hay 200 rabinas en Estados Unidos, judías sacerdotisas. Y la Iglesia Anglicana decidió en 1994 el sacerdocio para ellas, y hoy son 2000 sacerdotisas en actividad.

Que el Cielo nos ampare por los cambios que puedan venir en América Latina. ¿Cuál es el país del mundo con más católicos? Brasil. ¿Cuántas comunidades eclesiásticas tiene? 100 mil. En América Latina, sostengo, hay un cristianismo popular, con elementos cristianos, y de origen indígena y afroamericano. El pueblo seguirá yendo a la procesión del Señor de los Milagros. Lo que está en duda es si se va a aceptar que la religión se ocupe de la educación de los niños en colegios.

Mi respaldo y apoyo al papa Francisco, peronista, de 82 años, y que convoque un Vaticano III. ¡Que se casen los curas! Han perdido vocaciones de jóvenes que querían el sacerdocio pero que no admitían que tuvieran que bajarse los pantalones para poder ascender en la jerarquía. ¿Qué es eso?! ¿Cómo es posible?! Más en mi próximo artículo.

Los «caviares». Sine ira et studio

Written By: Hugo Neira - Feb• 18•19

«Nosotros que nos queremos tanto

debemos separarnos, no me preguntes más»

Los Panchos

La expresión latina sine ira et studio significa pensar y escribir sin resentimiento. Los que siguen mis crónicas, habrán notado que rara vez o nunca he usado ese vocablo. Pero es un hecho. Peruanismo que requiere un mínimo análisis. El caviar, huevos de esturión, no es nada del otro jueves. ¿Por qué su fama? Manjar apreciado por ser caro. Signo de poder como el champán.

Para mí fue sorpresa. Regresando de Europa en el 2003, invitado a una embajada escuché por vez primera el vocablo ‘caviar’. Y no me gustó para nada. Entre el muy seleccionado público había un invitado, un dirigente mestizo de una izquierda muy conocida y potente, bajito, bien encorbatado y entonces escucho a alguien decir: «¿Qué hace este aquí?» «Viene porque quiere comer caviar». El desdén por el político para ellos intruso de esa tarde me pareció doblemente inaceptable, por clasista y racista.

En política abundan los apodos. Recordemos a Jean Baudrillard «La izquierda divina». Etiqueta para gente famosa en París y de origen popular como el actor Depardieu y el roquero francés Johnny Hallyday y lo que tenían en común. Cada primero de mayo iban a animar la enorme fiesta que montaba el Partido Comunista de Francia. El gesto de las dos stars significaba que, ricos y célebres, no negaban sus orígenes. Lo de «divina» es reconocimiento. Lo de ‘caviar’ en Lima, es silbatina.

Hay una historia. Hasta finales del siglo XX, en Perú, en los diversos partidos comunistas, hubo todo tipo de gente, obreros, docentes, y aquellos venidos de clases medias altas o incluso de familias acomodadas. Por ejemplo, Francisco Moncloa, subdirector del Expreso que Velasco expropia y entrega al sindicato, tenía una librería en la plaza San Martín, y fue un promotor del IAC. Ricardo Letts Colmenares, funda Vanguardia Revolucionaria. El PC lo lidera Jorge del Prado. ¿Qué eran, qué éramos? Militantes. Eso que ni amarrado es un ‘caviar’.

¿Había que ser intelectual? Al pensamiento peruano poco se le ha estudiado. De esa temática me ocupé en «la liturgia de pensar». (Hace de eso 23 años, en Hacia la tercera mitad.) Dije que esa capa social había examinado industriales, comunidades indígenas, el Estado oligárquico, pero «poco dicen de sí mismos». Ahora bien, si los ‘caviares’ son intelectuales, no todos los intelectuales son ‘caviares’. Y citaré para esta crónica las opiniones de Pásara, entre ellas, «la catolización de la izquierda». Y el estudio de Osmar Gonzáles, Señales sin respuesta.

Hubo una izquierda nacida para enfrentar a la oligarquía y a la vez, al APRA. Pero, algo ocurrió. La revolución —por arriba— de las Fuerzas Armadas. «Y eso los hace vivir una época post-oligárquica» (Gonzáles). Una serie de cataclismos socio-políticos, Velasco, Sendero Luminoso y Fujimori. Tres estrategias distintas. Y todo cambia. Y entonces, para Pásara, «aquellos militantes radicalizados que quedaron desubicados luego que la DC (Democracia Cristiana) decide apoyar las reformas del velasquismo, estuvieron intelectualmente más dispuestos a sustituir la visión global del catolicismo por la también holística del marxismo». Lo del catolicismo que observa Pásara no es volverse protestante o ateo. Es otra cosa. Indica un desplazamiento del hábito de la intransigencia religiosa al campo de la política. Entonces, describe Pásara, «la elite se siente dueña de la verdad, no hay lugar para la discusión». Y alejados de las masas, «espacios cerrados, centros de investigación, las universidades».

Osmar Gonzáles, formado nada menos que en el Colegio de México, dedica uno de sus libros «a los zorros y el pensamiento socialista en el Perú». Y como buen investigador, estudia minuciosamente la infancia y juventud de Rolando Ames, Sinesio López, Carlos Iván Degregori, Manuel Córdoba, Alberto Adrianzén. Un par de cuestiones simples. ¿En qué colegios estudiaron, qué eran sus padres? Y resulta que tienen en común colegios de curas, de jesuitas o de curas franceses de la Inmaculada. Me temo que no se lo hayan perdonado. En fin, ya sabemos dónde aprendieron la intolerancia. Y el hábito de decidir quién es ‘correcto’ o incorrecto. Se hicieron marxistas porque necesitan un dogma. Y demonizar a sus rivales.

De la lista de ‘caviares’, sacaría dos intelectuales. Alberto Adrianzén rompió sus lazos, «ni reformadores ni revolucionarios». Y a Iván Degregori. «Los hondos y mortales desencuentros» es lo mejor sobre Abimael Guzmán. La meta no era una revolución en el Perú sino salvar al comunismo mundial. Desde Ayacucho. El delirio.

Rochabrún había notado que se separaban «bases y dirigencias». En efecto, el mito proletario se desvanece cuando en los ochenta «los caballos de Troya de los invasores» (J. Golte y Norma Adams) andinizan Lima y la cultura chicha reemplaza a lo criollo. Si los zorros se habían extinguido, ¿por qué no una «nueva izquierda»? ¿Quién más claro que Flores Galindo? Sin embargo la ve «sin faros ni mapas» (Tiempo de plagas). Desde entonces, un cierto tipo de pensar con sinceridad, se apaga. Siento decirlo.

No tienen partido, demasiado lejos del pueblo. Tampoco son «comunidad epistemológica», eso para Oxford o la Sorbona. O para la inteligencia que no es ‘caviar’. En ellos no va a amanecer una teoría del Perú actual. Influyen, gracias a su mundanidad, a ONGs y medios, y lo que aprendieron en las escuelas con curas: los contactos sociales. Pero mientras actúan —la política como escena teatral— no habrá una izquierda real. Ni lo que reclamaba Basadre, un «Estado en forma». Sus privilegios impiden la meritocracia tras la proliferación de sus consultorías. Seguirán prendidos de las pobres ubres de un débil Estado. En resumidas cuentas, un modus vivendi. Una manera de vivir. Nada que ver con la otrora grandeza de la izquierda y su capacidad de sacrificio. Béjar, o Letts con sus exilios. Hoy, son una limeñada que parece salida no de Lenin sino de las Tradiciones de Ricardo Palma.

Publicado en El Montonero., 18 de febrero de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/los-caviares-sine-ira-et-studio

 

En Perú, ¿un pensamiento racional y crítico?

Written By: Hugo Neira - Feb• 13•19

La presente crónica se ocupa, escuetamente, de autores peruanos que reflexionan ante la situación presente. Pero primero debo abordar un concepto muy al uso, el de la ideología. El término, propuesto por Destutt de Tracy en 1796 —ciencia de las ideas—, ha tomado un sentido peyorativo. Paradójicamente, fue el propio Marx y su amigo Engels, cuando jóvenes, en el célebre encuentro en Bruselas, al redactar el feroz texto contra los intelectuales alemanes de su tiempo, que lo titularon La ideología alemana. Destrozaban los argumentos de Feuerbach y de los jóvenes hegelianos Bruno Bauer, Stirner. La calificaron como «falsa conciencia». Ilusión o expresión de intereses materiales. Decirle a Marx ideólogo, era insultarlo.

No todo lo que se escribe sobre el Perú actual es ideológico. He aquí tres peruanos, en un orden sin prevalencia. Francisco Durand, desde la universidad de Texas, el intitulado de uno de sus libros lo dice todo. Riqueza económica y pobreza política. Reflexiones sobre las élites del poder en un país inestable. Ya Basadre insistía en el riesgo de élites irresponsables. Lo de Durand envuelve a empresarios y a políticos. En otro de sus libros, describe la economía peruana no como una sino tres: la formal, la informal y la delincuencial. Y ante el neoliberalismo, considera que el Perú no ha hecho sino entrar a una etapa de neosubdesarrollo, con consumo masivo.

Crítico y libre, Juan Paredes, con La presidencia ficticia. Cierto, artículos publicados en este diario. Pero nadie me ha pedido estas líneas. Libremente digo que es la historia inmediata, Fujimori, Toledo, García, Humala. Y actualidad, periodismo y resúmenes admirables. Sobre la presidencia de Toledo: «Llegado al poder más con el impulso del antifujimorismo en las calles que con la fortaleza de su propio partido en las ánforas, mantuvo a velocidad de crucero la economía y la democracia. Lamentablemente, descuidó su gestión presidencial directa». Reflexiona también sobre García y Humala.

El tercero es Jaime de Althaus. La promesa de la democracia. Marchas y contramarchas del sistema político en el Perú. La obra es del 2011, pero una premonición. No está seguro que el país se disponga a una forma autoritaria. Pero tampoco «a una democracia sólida y estable». El lector hallará una serie de cuestiones que interrogan tanto al Estado como a la sociedad misma.

¿La inestabilidad es nuestra regla? Por una vez, pensadores que practican una virtud, la sinceridad. Claro está, nadie puede ser del todo objetivo, pero al menos lo intentan. ¿En beneficio de quién? No de un gobierno o alguna ideología. Sino de eso que se llama el «bien común». ¡Y el lector!

Los citados, no son los únicos librepensadores, hay otros, pero siempre minoritarios.

Debo concluir. Las ciencias del Hombre, desde los inicios, con Max Weber, establecen una regla moral y profesional. Para el científico social, la obligación de la neutralidad axiológica. Tanto en lo escrito como en la cátedra. De ahí la «comprensión» weberiana de los hechos, y solo después, juicios de valores. Digámoslo de un tirón, la sociología no es una ciencia auxiliar ni del marxismo o el liberalismo. Cierto, es difícil escapar a imágenes, mitos, a representaciones subjetivas de una sociedad. El adversario de la razón en los temas peruanos, no son tanto las ideologías políticas, las cuales al final se autodestruyen. El caso de SL. Lo peor es el pensamiento mágico. La tendencia al encantamiento de hechizos y de Inkarris, todo menos la purulenta realidad. Una manera de huir. Una droga intelectual, Perú mágico.

Publicado en El Comercio, 13 de febrero de 2019

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/peru-pensamiento-racional-critico-noticia-607107

Venezuela saudita, o el horror a la vuelta de la esquina

Written By: Hugo Neira - Feb• 11•19

De ser un país pobre, Venezuela pasó a ser una República petrolera. Desde los años cuarenta del siglo XX, en torno al lago Maracaibo y al pie del litoral caribeño, la proximidad a los Estados Unidos atrajo a grandes refinerías como la Standard Oil, la Gulf, la Mobil Oil. Varios tiranos, como Juan Vicente Gómez, daban lo que suelen dar a las corporaciones internacionales, beneficios inmensos casi sin impuestos. Pero en 1983, una ley recupera los yacimientos. Es un proceso estupendo pero mal conocido. Un cuerda tensa entre la política venezolana y las compañías petroleras (Decenios antes de Hugo Chávez). Desde 1974, el Estado democrático en Caracas crea el FIV, el Fondo de Inversiones de Venezuela, y desde entonces, la política práctica, “las inversiones en una serie de actividades, aluminio, agroalimentación, cemento, papel, transportes”. El lema que se establece fue “sembrar el petróleo”. Todo esto se sabía en la comunidad científica francesa, lo explica el profesor Lacoste: “el boom petrolero produce un boom demográfico y un boom urbano”. De ahí, lo de Venezuela saudita. Una República petrolera con modernización acelerada. Decenios antes de la borrachera ideológica del “socialismo del siglo veintiuno”.

Esa Venezuela anterior a Chávez, conoce la alternancia de partidos. Además, Venezuela, como lo fue en los años treinta la Argentina, se convierte en un país que atrae extranjeros. En los inicios de los años ochenta, contaba con 3 millones de residentes extranjeros. Y llegaron colombianos y brasileños. Los hubo peruanos. Una generación de estupendos maestros de escuela, de nuestra Cantuta, se fueron del Perú hacia esa Venezuela saudita que invertía en educación. Les fue muy bien, y no volvieron nunca más.

Venezuela pimpante de esos años, que recibe migraciones. ¡Quién lo creyera! El Estado venezolano hizo una reforma agraria que solo un país muy rico puede emprender. Los llanos venezolanos, tan famosos, en realidad estaban despoblados. El Estado democrático los cubre de irrigaciones, rutas, centros de abastecimiento y llegan de la España pobre del sur, gente del campo andaluz que recibe lotes de tierra con créditos bajos. Un far west caribeño. Y buen sol, buena comida, prosperidad y migración, no nos sorprenda la abundancia de miss Venezuela. En resumen, hubo una nueva agricultura y una nueva industria, con subvenciones públicas. Entre 1960 y 1980, ese país latinoamericano estaba dejando de ser un país del tercer mundo.

Esta es la Venezuela que conocí. Como profesor, como “americanista”, estudié a ese país, tanto como lo hice con México, Argentina y Brasil. Y además, varias veces viajé a Venezuela desde Europa, invitado a coloquios. En uno de ellos, en 1983, que giraba en torno a un aniversario de Simón Bolivar, me crucé con Manuel Ulloa, eran los años del retorno de Belaunde Terry. Recogía yo una de esas bandejas para el almuerzo, haciendo cola, y de pronto escucho una voz que me dice: “¿Cómo te tratan los franceses?”. Era Ulloa, abrazos, de esos que se dan los peruanos en el extranjero, y le respondo: “Y a ti, ¿cómo te trata Fernando?” Y me responde: “No escucha. Solo piensa en la Marginal de la Selva”.

¿Qué pasó en Caracas? El modelo económico venezolano se fundaba en la regla de la alternancia de partidos, los Adecos —una suerte de izquierda moderada, como la de Rómulo Betancourt—, y el COPEI, demócratas cristianos. Pues bien, en un momento crítico, ambos fallan. Hubo una crisis del petróleo, el precio bajó bruscamente. Acaso pudo esa crisis ser admitida como un periodo de vacas flacas, pero la inmensa corrupción hizo perder la confianza de los venezolanos. Fallaron las elites. Retorna al poder Carlos Andrés Pérez, en 1989, y confiadamente, impone unos recortes feroces. Era necesario, algo semejante al shock que anuncia Mario Vargas Llosa en su campaña y que luego lo aplica Fujimori. Pero, en Caracas, el pueblo se rebela. ¿Un presidente corrupto les obliga a apretarse el cinturón?! La respuesta es el “caracazo”. Gigantesco motín popular. Unos 500 muertos, aunque se habla de muchos más. Los partidos que habían conducido a Venezuela a la prosperidad, colapsan en las urnas. Tan numerosos como las clases medias, los pobladores de los “cerritos”, 8 millones de venezolanos, esos, los olvidados, votaron por Hugo Chávez. El resto lo conocen.

Nos puede ocurrir algo semejante. Francisco Durand, profesor en Texas, titula uno de sus libros Riqueza económica y pobreza política. Reflexiones sobre las elites del poder en un país inestable. Duele eso de “pobreza política”, pero si eso somos nosotros, el Perú actual, el intitulado se puede aplicar también al desastre venezolano. Las democracias mueren cuando las elites fallan o traicionan. Y surgen de la nada los improvisados, los outsiders, ya nos ha ocurrido. Ahora bien, en el imaginario peruano, ¿qué va a dejar esa cloaca de repartijas y pendejadas que es Lava Jato u Odebrecht? ¿Qué efectos colaterales en las urnas? Jaime de Althaus dice que los peruanos sufren “de la insatisfacción con la democracia y la nostalgia del padre ausente” (La promesa de la democracia, p. 157). ¿Qué Inkarri, qué mito paternal, se van a inventar? Y el Estado actual, que es apenas gobierno, ¿no está produciendo una suerte de Cataluñas en las regiones?

Publicado en El Montonero., 11 de febrero de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/venezuela-saudita-o-el-horror-a-la-vuelta-de-la-esquina