América, la nuestra

Written By: Hugo Neira - Feb• 27•19

Cuando a Max Weber se le pregunta para qué servía su Sozialwissenchaft (ciencias de la sociedad) su respuesta fue «desencantar el mundo». No lo han entendido. Del derecho y la economía había pasado a la historia y la filosofía. La sociología se ocupa también de la magia como de las religiones. Pero centralmente, de las sociedades. Y evitando oráculos y profetas. Por relación social debe entenderse una conducta plural. Y ese comportamiento colectivo no siempre es racionalista. En muchos casos lo sustituyen los mitos. O sea, la irracionalidad.

Tenemos uno. Mito, una ilusión, que nos avergüenza declarar. Estamos convencidos de que la América del Sur es una suerte de Estados Unidos fallidos. Es riesgoso decirlo, cada cultura guarda sus grandes mentiras. Voy a utilizar el punto de vista de uno de los pensadores más libres que hemos tenido. No diré de inmediato su nombre. Cuando le preguntaron sobre la independencia, la respuesta fue: «el nacimiento de los Estados Unidos es un hecho histórico de significación opuesta al nacimiento de la América Latina. Los Estados Unidos nacieron con la modernidad. Es decir, la Reforma (protestante), el individualismo, la Enciclopedia, la democracia, el capitalismo. Nosotros nacimos con la Contrarreforma, el Estado absolutista, la teología neotomista, el arte barroco». «A la excepción de Argentina, Uruguay y Chile, las poblaciones autóctonas fueron siempre importantes». «En cambio, en los Estados Unidos y en Canadá, los nativos fueron exterminados o marginados». Sus independencias fueron diferentes. «En los países de América Latina fue la consecuencia de la decadencia de España y la disgregación de su imperio. En el norte, se emanciparon de la metrópoli británica para extenderse hacia el oeste del continente». El pensador citado es Octavio Paz.

Por si acaso, conocía a pie juntillas a los poetas modernistas de los Estados Unidos. Cuando la guerra civil en México, su familia se había instalado en Los Ángeles, y a los seis años, hizo su kindergarten en inglés. Luego conoció los poetas surrealistas franceses y la España de Ortega y Gasset. Con lo cual se desmorona cierto mito. Lo cosmopolita quita la identidad, es lo contrario. ¿Dónde J. C. Mariátegui se encontró a sí mismo? En su viaje por Italia. ¿Y Vallejo, Scorza, Bryce, Vargas Llosa?

Otro mito que me inquieta. El desdén por la gramática castellana. En muchos textos, noto que no se usan los conectivos. Aquellos como «por una parte, por la otra». Por lo visto, no hay sino una sola verdad¡! Y entre tanto, se aprenden otros idiomas, lo cual es saludable, ¿y se ignora lo propio? En fin, me asombra la escritura lineal sin matices, oraciones subordinadas que se siguen unas a otras. No se usa frases cortas. Y sin embargo, a lo Nietzsche, el aforismo, en Más allá del bien y del mal. 1886.

Voy a dar un ejemplo de sus ventajas en un escritor sudamericano. Nos explica cómo al poeta Byron le importaba Simón Bolívar, y escribe: «Si Byron no marchó a América, fue porque la inmediata aventura de Grecia le atrajo más de cerca. Pero tal era su entusiasmo por Bolívar, ‘de virtudes políticas’ (…), que a su yate lo llamó Bolívar. En ese yate fue a rescatar las cenizas de Keats, ahogado en las aguas del Mediterráneo italiano». Frases breves.

Se llama Germán Arciniegas, colombiano. El libro citado es una panorámica de nuestra cultura latinoamericana. ¿No conoce el lector El continente de siete colores? Entonces se pierde algo de lo mejor. Octavio Paz, Borges, Arciniegas, deberíamos conocerlos. Nuestro destino somos nosotros mismos. Los Estados Unidos son una singularidad. Nosotros también. No hay un modelo único para las civilizaciones.

Publicado en El Comercio, 27 de febrero de 2019

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/america-nuestra-hugo-neira-noticia-611686

 

La vida nueva, que desde la niñez ardía

Written By: Hugo Neira - Feb• 25•19

Los que me han llamado me conocen, saben que carezco de cálculo alguno y menos de ambición política. No es que la desprecie, y menos a quienes le dedican su vida. Las líneas que siguen, son una suerte de anticipación de lo que pienso escribir en esta columna. Pero para comprenderme, creo que no tengo más remedio que explicar sin vanidad, de dónde provengo.

Soy un caso particular. Mi padre, un rebelde, que por eso entra a la policía montada. Así conoce a mi madre, en Abancay, señorita de gran familia, los Samanez. Se amaron, se casaron, tuvieron dos hijos y se divorciaron. No estaban hechos para vivir juntos. Fueron mis abuelas paternas las que se ocupan de mi infancia, las Damiani, ellas mismas, singulares. Arequipeñas de origen italiano, estudiaron en el norte de Italia. Fueron para mí tutela y rigor. Luego, un segundo rigor, el barrio en el cual crecí, Lince, barrio de broncas. Mi adolescencia fue un interminable combate callejero. La tercera lección de exigencia fue la escuela fiscal, recuerdo el nombre, el 429 de Lince. Escuela estatal, o estudiabas o te ibas. Luego, secundaria en el Melitón Carvajal. ¿Alguna sorpresa, que a los 18 años y muertas mis abuelas, entrara en San Marcos y trabajara como obrero para sobrevivir y estudiar? Tuve una cultura ni criolla ni andina. Quizá, por eso, una mirada distinta a la de otros escritores. Fuera de etnias y clanes familiares, navegué a contracorriente. No es una cuestión de ideología sino de modo de ser.

Pero sí, la suerte y el azar. Me dieron becas, por lo menos para ir a comer al restaurante universitario, “la muerte lenta”, en San Fernando. Luego, la fortuna quiso que Porras me llamase a trabajar en su casa, junto a Pablo Macera, Carlos Araníbar y Mario Vargas Llosa. En fin, periodista, años después, desde 1961, en el diario Expreso, cuando lo dirigía José Antonio Encinas. Me enviaron al Cusco como corresponsal de guerra, y mis crónicas son Cuzco, tierra y muerte. Libro que me dio un premio nacional y el azar, un inesperado salto a Francia. François Chevalier, profesor francés de paso por Lima, buscaba un peruano para completar su equipo y me invita a trabajar en París. Curiosa historia. Difícil de repetirse.

Vengo, también, de la inevitable errancia. Hoy dicto cursos, editan mis libros, pero el Perú no es un jardín del Edén. Me viene a la memoria una frase de mi maestro Porras: «la recompensa falaz de las suplantaciones de mérito». Pese al raje y las envidias, continúo con mis investigaciones. Y hago poca vida social y poquísimo tuiteo. Mi programa para ustedes, abarcará las ciencias sociales y lo que corresponde a un siglo de tecnociencias como el XXI. Transformaciones de sociedades, nuevos modelos de gobernabilidad y el renacimiento mundial de una cultura ligada a diversos saberes, tanto científicos como humanistas. Mis crónicas solo se harán para conducir al ciudadano lector hacia su propia libertad.

Publicado en el portal digital Café Viena, 25 de febrero de 2019

http://cafeviena.pe/index.php/2019/02/25/la-vida-nueva-que-desde-la-ninez-ardia/

 

¿Vaticano o Pandemonio?

Written By: Hugo Neira - Feb• 25•19

Mafias internacionales y locales, novedad de las tecnologías, amenazas de la Rusia de Putin con nuevos misiles, nuevas modalidades de terrorismo, hackers que atacan Estados, bancos y empresas, catástrofes naturales del cambio climático, Maduro y los países totalitarios que lo apoyan, ¿y ahora se suma la asombrosa crisis en la Roma católica? Pasmo y turbulencia al enterarnos de que «el Vaticano es la comunidad homosexual más importante del mundo» (Martel). Me sorprendo escribiendo esta crónica. Estamos en un siglo en que lo imprevisto no tiene límites. Pandemonio quiere decir ruido y confusión.

Los diarios del mundo. «El Vaticano en vilo, un libro destapa la red gay en la jerarquía». No es tan simple, ¿una red? Lo veremos mas adelante. El destape se llama Sodoma, investigación en el corazón del Vaticano. Su autor, el sociólogo francés Frédéric Martel. Lo he escuchado estos días en la televisión francesa. Ha explicado cómo escribió ese libro. No es un libelo.

En su extensa historia, la Iglesia ha sufrido ataques panfletarios. Para mí, la Iglesia es una institución, un clero y no soy de los que van a misa, pero respeto a las religiones, a todas, desde la fe de mis abuelas a los budistas. Por eso mismo, me impresiona lo que está pasando. Sodoma está siendo impreso en 8 lenguas y estará en librerías desde el 1° de abril. Pero vivimos la era de Internet. Desde el 21 de febrero se ha lanzado el ebook. Y lo he adquirido. 600 páginas. Martel ha entrevistado a 1500 personas del Vaticano, 41 cardenales, 52 obispos y prelados. Un trabajo de 4 años. Ha viajado a 30 países, al encuentro de clérigos en la América Latina, Asia, los Estados Unidos y el Medio Oriente. En su libro confiesa haber vivido al menos una semana por mes en el propio Vaticano, «bajo la hospitalidad de prelados que se reconocían formando parte de esa sociedad de homosexuales clérigos», a los que ellos mismos llaman, «la parroquia». Códigos entre ellos. En su libro dice que nunca ocultó su condición de periodista y de investigador.

Al grano, el problema no es el sexo ni la homosexualidad. Es el engaño. La doble moral de cardenales, arzobispos y prelados. Homofóbicos en público y gay en privado¡!

Martel no se ocupa de rumores ni de chismes. Roma no es Lima. La impresión que me deja al leerlo, es que acaso es el primer especialista de la vida de los que residen en el Vaticano. Los conoce uno a uno. En su libro desfilan personas de carne y hueso, el cardenal Benjamin Harnwell, que no tiene inconveniente en declararse gay. O el cardenal Burke, quien tiene una posición extremadamente compleja. Es el cabecilla de los «homófobos», o sea, de los que no aceptan a los gay, al tiempo que él se declara uno de ellos. ¡Vaya usted a entenderlos!

La revelación de estos días es que hay un Vaticano gay y el sartén por el mango. Aquí entra a tallar uno de los entrevistados, Francesco Lepore, y esto no es novelita con personajes imaginarios. Lepore era el orgullo de los cardenales por su inteligencia, hasta que lo «reducen» al estado laico (qué idea, como si el laico fuese inferior al que lleva sotana). Y cuando lo interroga Martel, su respuesta es «pienso que son un porcentaje muy elevado, por lo menos el 80%». La noticia dio la vuelta al mundo. ¿Es exacta? Poco importa. Una hegemonía. Pero en secreto.

No estamos, pues, ante lo que el papa Juan Pablo II llamaba «las ovejas perdidas». Estamos ante un fenómeno mayor. Eso que los sociólogos norteamericanos llaman un pattern. En el Vaticano, los seminarios, o la vida cotidiana, es «homoerótico», dice Martel. Además, comunidad homosexual pero dividida. En Sodoma, Martel describe la existencia de clanes¡! Su descripción es real y patética. Hay los drag-queens, los realistas, los fluidos, los queers, los no estables, los extravagantes. Y entre ellos se insultan, se dicen «locas». Los matices son para que toda variante gay sea admitida. Y luego, Martel ironiza, “Oscar Wilde habría aplaudido”.

¿Qué pasa en el mundo católico mientras los prelados la pasan muy bien en el laberinto sexual del Vaticano de hoy? Aquí, la opinión sin tapujos de un cardenal, Marc Quellet: «Progresión inimaginable de escándalos y abusos sexuales, una Iglesia en estado de estallar». No es solo el Vaticano, sino «en todas las parroquias del mundo, en las conferencias episcopales, en todas las diócesis, la contaminación». «La Iglesia parece un Titanic a punto de hundirse». La Iglesia está lejos de la grey. «Ni en Alemania, Suiza, o Austria la gente católica entiende la oposición de Roma a la contracepción, los preservativos, las uniones libres, y menos aún, el celibato de los curas». Sin embargo, y es hora de decirlo, el papa Francisco en sus homilías matinales en Santa Marta, hablaba de «los falsos devotos, los rígidos insinceros», y con frases cabalísticas, «detrás de los rígidos, algo se esconde». Ya sabemos qué. El secretismo. Hay sin embargo una salida. Los curas de la religión ortodoxa —los coptos, los primeros cristianos de los primeros tiempos—, se casan, tienen mujer e hijos, y llevan la sotana.

¿Cuándo ha comenzado esta cruzada? Cuando Francisco le dice al maestro de ceremonias, ya nombrado papa, «se acabó el carnaval». Lo que ocurre en el Vaticano, no es un asunto baladí. Concierne a 1’165’714’000 de seres humanos. Las religiones también tienen mutaciones. ¿Es el fin del celibato? ¿Qué pasa en el Vaticano? Acaso, una vez más, la soberbia de los que se creen intocables.

Pero hay algo más, algo muy enrevesado y complicado. Ese mundo del Vaticano gay, está poblado de una masa crítica de sacerdotes cultos y con experiencia, y sin embargo, ¿son a la vez, homófobos y homosexuales? Roma está en Europa y hace rato que la homosexualidad no es un delito. Aquí hay un enigma, que abordaremos en el siguiente artículo.

 

Publicado en El Montonero., 25 de febrero de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/vaticano-o-pandemonio

El vía crucis del papa Francisco

Written By: Hugo Neira - Feb• 21•19

Como ya se sabe, hay un escándalo en Europa. «El Vaticano está en manos de una red gay». Primeras planas de los diarios del mundo. «El Vaticano pende de un hilo». El libro del sociólogo francés Frédéric Martel se llama Sodoma, enquête au cœur du Vatican. No es un libelo, o alguna novelita, en ese caso, ni me ocuparía. El investigador ha trabajado 4 años en 30 países entrevistando a 1500 personas del Vaticano, 41 cardenales, 52 obispos, y prelados. Uno de ellos, que ha dejado los hábitos, le dijo que piensa que el 80% es gay. Pero en secreto. El libro en papel saldrá en algunas semanas en 8 lenguas. Hoy se lanzó el ebook, y lo he comprado. Y me pasaré el fin de semana leyéndolo. Son unas 600 páginas llenas de nombres, casos concretos. Lo digo con una gran tristeza de mi parte. No soy de ir a misa pero me parece terrible. Por la infamia del secretismo.

El problema no es el sexo ni la homosexualidad, es otra cosa. Las Naciones Unidas, los Derechos Humanos, no se escandalizan cuando alguien se declara homosexual. Ese es también mi punto de vista. El tema es la mentira. ¿Cómo han podido guardar este secreto y practicar una doble moral? Por lo que voy entendiendo, según Martel, «los peores prelados homofóbicos son los que más practican la homosexualidad». Francamente, el colmo de la hipocresía. Dice Martel que son una serie de clanes, entre ellos mismos se llaman ‘las locas’ y detestan al papa Francisco, su enemigo.

Lo que ocurra en Europa será bastante distinto de lo que ocurra en América Latina. En Europa, los bautizos y los matrimonios religiosos son cada vez menos frecuentes. La práctica de acudir a la Iglesia para los rituales tradicionales está en declive. Los cristianos no practicantes superan en número a los que sí van a misa, y eso antes del escándalo.

Hay sin embargo una salida. Los curas de la religión ortodoxa —los coptos, los primeros cristianos de los primeros tiempos, que no se diferencian de los católicos sino que no tienen papa—, se casan, tienen mujer e hijos, y llevan la sotana. Por otra parte, tengo que decir que el tema de la mujer avanza en otra religión que no es la católica. Para ser claro, hay 200 rabinas en Estados Unidos, judías sacerdotisas. Y la Iglesia Anglicana decidió en 1994 el sacerdocio para ellas, y hoy son 2000 sacerdotisas en actividad.

Que el Cielo nos ampare por los cambios que puedan venir en América Latina. ¿Cuál es el país del mundo con más católicos? Brasil. ¿Cuántas comunidades eclesiásticas tiene? 100 mil. En América Latina, sostengo, hay un cristianismo popular, con elementos cristianos, y de origen indígena y afroamericano. El pueblo seguirá yendo a la procesión del Señor de los Milagros. Lo que está en duda es si se va a aceptar que la religión se ocupe de la educación de los niños en colegios.

Mi respaldo y apoyo al papa Francisco, peronista, de 82 años, y que convoque un Vaticano III. ¡Que se casen los curas! Han perdido vocaciones de jóvenes que querían el sacerdocio pero que no admitían que tuvieran que bajarse los pantalones para poder ascender en la jerarquía. ¿Qué es eso?! ¿Cómo es posible?! Más en mi próximo artículo.

Los «caviares». Sine ira et studio

Written By: Hugo Neira - Feb• 18•19

«Nosotros que nos queremos tanto

debemos separarnos, no me preguntes más»

Los Panchos

La expresión latina sine ira et studio significa pensar y escribir sin resentimiento. Los que siguen mis crónicas, habrán notado que rara vez o nunca he usado ese vocablo. Pero es un hecho. Peruanismo que requiere un mínimo análisis. El caviar, huevos de esturión, no es nada del otro jueves. ¿Por qué su fama? Manjar apreciado por ser caro. Signo de poder como el champán.

Para mí fue sorpresa. Regresando de Europa en el 2003, invitado a una embajada escuché por vez primera el vocablo ‘caviar’. Y no me gustó para nada. Entre el muy seleccionado público había un invitado, un dirigente mestizo de una izquierda muy conocida y potente, bajito, bien encorbatado y entonces escucho a alguien decir: «¿Qué hace este aquí?» «Viene porque quiere comer caviar». El desdén por el político para ellos intruso de esa tarde me pareció doblemente inaceptable, por clasista y racista.

En política abundan los apodos. Recordemos a Jean Baudrillard «La izquierda divina». Etiqueta para gente famosa en París y de origen popular como el actor Depardieu y el roquero francés Johnny Hallyday y lo que tenían en común. Cada primero de mayo iban a animar la enorme fiesta que montaba el Partido Comunista de Francia. El gesto de las dos stars significaba que, ricos y célebres, no negaban sus orígenes. Lo de «divina» es reconocimiento. Lo de ‘caviar’ en Lima, es silbatina.

Hay una historia. Hasta finales del siglo XX, en Perú, en los diversos partidos comunistas, hubo todo tipo de gente, obreros, docentes, y aquellos venidos de clases medias altas o incluso de familias acomodadas. Por ejemplo, Francisco Moncloa, subdirector del Expreso que Velasco expropia y entrega al sindicato, tenía una librería en la plaza San Martín, y fue un promotor del IAC. Ricardo Letts Colmenares, funda Vanguardia Revolucionaria. El PC lo lidera Jorge del Prado. ¿Qué eran, qué éramos? Militantes. Eso que ni amarrado es un ‘caviar’.

¿Había que ser intelectual? Al pensamiento peruano poco se le ha estudiado. De esa temática me ocupé en «la liturgia de pensar». (Hace de eso 23 años, en Hacia la tercera mitad.) Dije que esa capa social había examinado industriales, comunidades indígenas, el Estado oligárquico, pero «poco dicen de sí mismos». Ahora bien, si los ‘caviares’ son intelectuales, no todos los intelectuales son ‘caviares’. Y citaré para esta crónica las opiniones de Pásara, entre ellas, «la catolización de la izquierda». Y el estudio de Osmar Gonzáles, Señales sin respuesta.

Hubo una izquierda nacida para enfrentar a la oligarquía y a la vez, al APRA. Pero, algo ocurrió. La revolución —por arriba— de las Fuerzas Armadas. «Y eso los hace vivir una época post-oligárquica» (Gonzáles). Una serie de cataclismos socio-políticos, Velasco, Sendero Luminoso y Fujimori. Tres estrategias distintas. Y todo cambia. Y entonces, para Pásara, «aquellos militantes radicalizados que quedaron desubicados luego que la DC (Democracia Cristiana) decide apoyar las reformas del velasquismo, estuvieron intelectualmente más dispuestos a sustituir la visión global del catolicismo por la también holística del marxismo». Lo del catolicismo que observa Pásara no es volverse protestante o ateo. Es otra cosa. Indica un desplazamiento del hábito de la intransigencia religiosa al campo de la política. Entonces, describe Pásara, «la elite se siente dueña de la verdad, no hay lugar para la discusión». Y alejados de las masas, «espacios cerrados, centros de investigación, las universidades».

Osmar Gonzáles, formado nada menos que en el Colegio de México, dedica uno de sus libros «a los zorros y el pensamiento socialista en el Perú». Y como buen investigador, estudia minuciosamente la infancia y juventud de Rolando Ames, Sinesio López, Carlos Iván Degregori, Manuel Córdoba, Alberto Adrianzén. Un par de cuestiones simples. ¿En qué colegios estudiaron, qué eran sus padres? Y resulta que tienen en común colegios de curas, de jesuitas o de curas franceses de la Inmaculada. Me temo que no se lo hayan perdonado. En fin, ya sabemos dónde aprendieron la intolerancia. Y el hábito de decidir quién es ‘correcto’ o incorrecto. Se hicieron marxistas porque necesitan un dogma. Y demonizar a sus rivales.

De la lista de ‘caviares’, sacaría dos intelectuales. Alberto Adrianzén rompió sus lazos, «ni reformadores ni revolucionarios». Y a Iván Degregori. «Los hondos y mortales desencuentros» es lo mejor sobre Abimael Guzmán. La meta no era una revolución en el Perú sino salvar al comunismo mundial. Desde Ayacucho. El delirio.

Rochabrún había notado que se separaban «bases y dirigencias». En efecto, el mito proletario se desvanece cuando en los ochenta «los caballos de Troya de los invasores» (J. Golte y Norma Adams) andinizan Lima y la cultura chicha reemplaza a lo criollo. Si los zorros se habían extinguido, ¿por qué no una «nueva izquierda»? ¿Quién más claro que Flores Galindo? Sin embargo la ve «sin faros ni mapas» (Tiempo de plagas). Desde entonces, un cierto tipo de pensar con sinceridad, se apaga. Siento decirlo.

No tienen partido, demasiado lejos del pueblo. Tampoco son «comunidad epistemológica», eso para Oxford o la Sorbona. O para la inteligencia que no es ‘caviar’. En ellos no va a amanecer una teoría del Perú actual. Influyen, gracias a su mundanidad, a ONGs y medios, y lo que aprendieron en las escuelas con curas: los contactos sociales. Pero mientras actúan —la política como escena teatral— no habrá una izquierda real. Ni lo que reclamaba Basadre, un «Estado en forma». Sus privilegios impiden la meritocracia tras la proliferación de sus consultorías. Seguirán prendidos de las pobres ubres de un débil Estado. En resumidas cuentas, un modus vivendi. Una manera de vivir. Nada que ver con la otrora grandeza de la izquierda y su capacidad de sacrificio. Béjar, o Letts con sus exilios. Hoy, son una limeñada que parece salida no de Lenin sino de las Tradiciones de Ricardo Palma.

Publicado en El Montonero., 18 de febrero de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/los-caviares-sine-ira-et-studio