El día en que capturaron a Abimael Guzmán

Written By: Hugo Neira - Sep• 25•17

«La primera semana de mayo de 1980 Florencio Conde Núñez llegó a Chuschi, un caserío perdido entre las montañas de Cangallo» (…) para organizar las elecciones. Hombre de «marcados rasgos andinos» (…). Pero, «a las dos de la madrugada», cinco desconocidos forzaron la puerta de la casa en donde dormía, lo amedrentan, «lo amarraron de manos y pies, le vendaron los ojos», y «acto seguido arrojaron todo el material electoral» por los suelos, y «lo rociaron con gasolina y prendieron fuego».

He querido mostrar, con este primer párrafo, la sencilla precisión de las 240 páginas de un texto admirable por su probidad. El de Carlos Paredes, un joven y ya avezado periodista, La hora final. La verdad sobre la captura de Abimael Guzmán. Paredes es otra generación y otro periodismo. Que el lector no se equivoque. Nada más trabajoso que escribir llanamente cómo ocurrieron realmente las cosas.

¿Cómo llegué a este libro? Me habían hablado y un amigo me recomienda el de Zapata, que comentaré más adelante, y en la librería Sur, Zulma, que atiende y ha sido mi alumna, me dice, tenemos el libro de Jara, profe, pero hay otros¡! Y he leído de un tirón tres libros que abren una nueva era de los estudios senderistas.

La hora final gira sobre Abimael y la historia del Grupo Especial de Inteligencia. GEIN. Y como telón de fondo, el crecimiento de SL con atentados, asesinatos, paros armados, apagones, coches bomba y tomas de un penal como Huamanga para rescatar sus compañeros presos. Se habían llenado los cárceles de presos, y eran «su mejor escuela de cuadros». La cúpula de Sendero los llamaba «las luminosas trincheras de combate».

No perderemos tiempo en recontar lo que fueron esos años de sangre y violencia. Ahora bien, pensar —lo que se llamaba pensar— solo dos grupos lo hacían. El Estado Mayor de SL, «los que daban las órdenes», el centro de la gran madeja, que nadie entonces conocía. Y del otro lado, un minúsculo grupo de operativos, de Benedicto Jiménez, no la DINCOTE por completo. El GEIN. Los homenajes que este grupo ha recibido últimamente son un reconocimiento. Pero no explican qué realmente ocurrió.

¿El grupo GEIN? Nacen cuando nadie sabía donde estaba Abimael. Ni siquiera si estaba vivo. Tenían fotos, muy anteriores. Y cuando cae de casualidad el camarada «Ricardo», el jefe del aparato central de propaganda de Sendero, encuentran el vídeo «Zorba el griego», les cuesta reconocer en ese hombre gordo, con barba, al profesor Guzmán. En sus silenciosas pesquisas, los hombres del GEIN no solo se acercaban físicamente al corazón de SL, sino a cómo vivían. Fue el recojo de las bolsas de basura que revela las colillas de cigarillos Winston Light que modestamente fumaba Abimael, el Yves Saint-Laurent de Miriam, Elena Iparraguirre Revoredo. «Comiendo bien, tomando vino tinto Fonde Cave», entonces Paredes no puede más y tiene uno de sus raros juicios de valor ético: «el doble rasero ideológico de la cúpula senderista. Mientras decían hacer una revolución sangrienta en nombre de los pobres y explotados, de los marginados y oprimidos del Perú, ellos se daban la gran vida» (p. 104). No era una manera de despistar a sus perseguidores, sino un estilo de vida. No menos burgués que el de la clase dominante.

La cúpula de Sendero residía en Chacarilla, o en Buenavista, o en Monterrico. Precisamente porque eran lugares protegidos por la policía¡! Es una delicia la descripción minuciosa de quienes entran y salen de la calle de Buenavista, en la casa que llaman el Palomar, y siguen a Paloma 1, Paloma 2 y Paloma 3, «mujeres de la alta sociedad limeña en sus tareas de rutina», comprando en los centros comerciales, observadas por el agente Helio, un comandante en retiro; no olvidará nunca cuando vieron a las tres mujeres, entrando a una perfumería, para comprar un perfume, envuelto en papel regalo. Y el agente recordó, era el día inmediato al aniversario del nacimiento de Abimael Guzmán.

¿La técnica del GEIN? Nada que ver con la tradicional brutalidad de golpes y torturas de otras policías. Seguían los pasos de importantes senderistas, no capturaban a ningún mando medio, ¡los había por centenares! Arte de la paciencia. Con apenas dos autos Volkswagen, prestados (!) Con poco dinero para comer, a veces 3 soles de la época. Y pocas capturas, interviene diversas mansiones donde funcionaban los órganos centrales del organismo senderista, el Departamento de Apoyo Organizativo, y el Grupo de Apoyo Partidario (de alojamiento y seguridad a los mandos políticos y militares). El lector tomará en cuenta la inmensa red que fue SL.

No fue nada fácil. Hay un capítulo dedicado a «la fuga del verano». Abimael Guzmán deja la casa de Buenavista la noche del 28 de enero, y hasta hoy día, no se ha esclarecido quién lo alertó. ¿Una de las Palomas, Angélica Salas de la Cruz? ¿Acaso un policía de la DINCOTE infiltrado por Sendero? ¿Acaso el inefable Montesinos, porque la captura del terrorista más buscado en el país, como que dejaba sin razón al golpe del 5 de abril de 1992?

Todo acaba cuando el GEIN interviene en el departamento de Balconcillo, y Ardilla, uno de sus agentes, con un revolver calibre 38, Smith Weson, ingresa identificándose como policía en la casa de Maritza Garrido-Lecca y Carlos Incháustegui, tumbando una falsa pared, se encuentra con ‘Cachetón’, y le grita:

« -¡Soy de la Policía, si tú te mueves, te mató, carajo!

Abimael Guzmán, quien estaba asustado, solo atinó a decir:

-Tranquilo muchacho, ya perdí».

Después de El Padrino, no he leído nada mejor.

 

Publicado en El Montonero., 25 de setiembre de 2017

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«La religión de los datos»

Written By: Hugo Neira - Sep• 18•17

Bienvenido el nuevo Gabinete. Sin embargo no creo que desaparezca la polaridad en la que hemos estado inmersos en los últimos meses. Hay medios de prensa, o miembros de una que otra poliarquía —para llamarlos de alguna manera— que le echa leña al incendio. Ya casi no hay partidos y los pocos que existen, los tratan como si fueran tumores de los cuales cabe deshacerse. Se supone que en la proximidad del 2021, ambas fuerzas, el oficialismo y la oposición, se habrán desvalorizado mutuamente. Pero esa estrategia parte de una premisa falsa, el electorado no va votar por aquellos que perdieron en las elecciones del 2016.

Al paciente lector le propongo esta crónica de circunstancias. La componen tres elementos. El primero, «La religión de los datos». El segundo, la organización de FP (artículo de Carlos Meléndez, El Comercio). Y mis observaciones sobre las ciudades del interior cuando la huelga de docentes, en Puno, Juliaca y Abancay.

Es por azar que en estos días, bajo un fuerte gripazo, me pongo a leer un libro excepcional. Se titula Homo Deus. Breve historia del mañana, de Yuval Noah Harari, traducido a varias lenguas, y con un millón de ejemplares. «La religión de los datos», propia a nuestro tiempo, ocupa desde la página 400 a la 432. El autor piensa que los algoritmos informáticos van a continuar aplicándose en el corto corto y mediano plazo y en consecuencia prevé un mundo laboral sin panaderos, cajeros, camareros, televendedores. Lo que augura no es un mundo de desempleados sino algo peor. La aparición de una clase inútil, inempleable. Sin embargo, es probable que la prosperidad tecnológica hará viable alimentar y sostener masas inútiles. Es la primera vez que en la larga historia del Homo Sapiens, este no tenga gran cosa por hacer. «Las personas tendrán que hacer algo o se volverán locas» (p. 358). Desde mi lectura juvenil de 1984 ningún futuro me ha parecido peor que esa economía glacial en la que no hay trabajadores. Espero que Harari se equivoque.

¿Qué es el datismo? Es el flujo de datos libres. Es algo más que la información, «Google puede detectar nuevas epidemias con más deprisa que organizaciones sanitarias» (p. 417).

Aterricemos. «El cierre del Parlamento y la convocatoria a nuevas elecciones congresales no atemorizan al partido liderado por Keiko Fujimori» (Meléndez). Y en párrafo siguiente, claramente dirigido a PPK y a sus ministros: «¿Se ha puesto a pensar qué organización política está en capacidad de llevar adelante una actividad proselitista por todo el territorio nacional? ¿Realmente cree que la izquierda dividida, el ppkausismo inexperto y los moraditos start-up van a a desplegar mayor maquinaria que la naranja?» Y una frase anterior, lapidaria. «Los parlamentarios (…) naranja están en permanente contacto con sus bases ». Meléndez no tiene nada de fujimorista, hay que decirlo. Es doctor en Ciencias Políticas, acude a los hechos. Terrible ironía de la historia. Desde 2016, con PPK, se ha querido gobernar sin partidarismos y con un elenco de personas competentes en negocios. Eso puede parecer muy sensato, pero no lo es. Se lo están diciendo hace rato. El Estado no es una empresa.

Por mi parte, ya he explicado en El Montonero la emergencia política de algo nuevo tras los docentes en huelga. Estando en Puno, Juliaca, Abancay era imposible dejar de ver su praxis, aposentarse en una plaza pública, o en el atrio de una iglesia, a lo largo del día. Me puse entonces a hacer etnopolítica. ¿La comida? Venían los informales. Los discursos, no los había, sino datos. Los celulares permiten captar noticias que eran transmitidas inmediatamente a la muchedumbre. Una victoria de lo oral y las nuevas aplicaciones en informática. Durante el mes de agosto, tuve la ocasión –fuera de mis clases y conferencias– de conversar con profesores, estudiantes, gente corriente, con el chofer o la cocinera. Y no hubo una persona, una sola, que me dijera que el gobierno marchase bien.

¿Y el datismo? Hubo un tiempo en que el Estado peruano tuvo un Servicio de Inteligencia. Pero con Toledo, desaparece. Ya había sido vencido Sendero Luminoso. Como si la sociedad peruana no dejase de producir grandes huracanes y sorpresas.

Hay en nuestro país, dos grandes mitos. Desde arriba se cree que unos veinte años de crecimiento económico ya ha hecho olvidar el retorno del Inkarri, la posibilidad del gran salto hacia adelante, en suma, la posibilidad de una revolución sangrienta. En otros países de América Latina he escuchado, «la revolución es cosa del pasado». Aquí no. La terquedad de unos alimenta a los otros. Arriba, seguirá reinando el pensamiento único. Se gobierna con ideas fijas. «La baja de tasas facilita el crecimiento». Una ilusión. «Lo económico prima sobre lo político». Perverso.

Los neoliberales creían en el ‘Estado mínimo’. Pero eso fue Margaret Thatcher y Reagan. Hoy no. Para manejar un gobierno y en términos de poder, piensan en la pura economía. Pero la sociedad humana es más ancha que una sola disciplina. Dejan de lado los datos de la antropología, la psicología, la sociología. Y ya lo están diciendo, «no se avanza con cuerdas separadas».

Publicado en El Montonero., 18 de setiembre de 2017

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Ajedrez y política. La ministra Martens

Written By: Hugo Neira - Sep• 12•17

Bajo el hilado de mis crónicas, está el ajedrez. De muchacho, cuando escolar, lo practicaba apasionadamente. Cogía mi bicicleta e iba adonde vivían mis compañeros de clase del Melitón Carvajal, y en la mochila, tablero y piezas. Al entrar a San Marcos seguía jugando y fui, en un momento, parte del equipo que competía en olimpiadas para universitarios. Pero me había vuelto obrero en una fábrica textil para ganarme la vida, acudía a mis cursos y como si fuera poco, cumplía con el PC, barriadas por alfabetizar, sindicalismo. Un día de esos, desciende a mi célula (donde estaba Fernando Fuenzalida) nada menos que el Secretario de la Departamental. Algo así como si descendiera un arzobispo para dar lecciones a un seminarista del Toribio Mogrovejo. Y entonces me dice: – Hugo, eres un buen alumno y un buen jugador de ajedrez. Pero tienes que elegir. Los estudios o el tablero. En esos años, maestro de ajedrez era una carrera. Tomé una decisión. Adiós al tablero y a mi biblioteca sobre el juego-ciencia.

Nunca más. Pero las aperturas me quedaron en el alma. La Defensa Siciliana cuando blancas y negras sacan sus caballos. La Apertura Peón Dama. La India de Rey y sus variantes. Como los filósofos y los grandes músicos, el ajedrez tiene clásicos y famosos. Fisher, americano, el ruso Alekhine, el vencedor de otra leyenda, el cubano Capablanca. Y otros rusos, Karpov, Kasparov, que arrasaban a otros maestros entre 1948 y 1963.

Ahora bien, cuando se estudia la política como un agon —como combate lo asumían los antiguos griegos— y particularmente en el caso peruano, no veo solo un tablero sino varios. Campos de fuerza interconectados. Distribuidos de arriba a abajo. De modo que si se avanza o se sacrifica una pieza en un nivel, la movida repercute en otros campos de fuerza. Así, en nuestra heterogeneidad, una geología de estratos sociales y económicos sobrepuestos. Algunos visibles –en la política– y otros tras conjuras y estrategias semiclandestinas.

En esta mañana de setiembre, veo una pieza clave, la ministra Marilú Martens en el primer tablero, campo de duelos entre la oposición de la bancada naranja y un presidente que no quiere cambiar su Premier. Dicen que censurarla sería «presionar para cambios ministeriales, puesto que el gabinete se le considera fracasado». Es la hipótesis del diario Correo (9.9.17). Hay algo de cierto, ¿pero qué pasa si ni por esas PPK cede? Considera que Zavala es su torre¡! Y pensar que hay una fila de posibles candidatos al cargo de Premier. En el desorden, Lourdes Flores, Vitocho (que tiene mundo), Flores- Aráoz, Jorge del Castillo (que de repente tiene ganas), incluso otros, Villanueva —que se puso fuerte con Nadine cuando ella era una suerte de zarina Catalina de Rusia—, y pienso en Huaroc, desperdiciado hombre político. Entre tantos otros.

¿Qué pasaría en los otros niveles si descalifican a la ministra Martens que ha quebrado una huelga gigantesca, solo con descontar los sueldos? Mi criterio es que no se sanciona a un general que gana una batalla. Pero es probable que los parlamentarios naranja vayan a coincidir en el segundo plano con sus mayores rivales. ¿Con la izquierda del Frente Amplio, profundamente antifujimorista? ¿Y con Pedro Castillo? ¿O sea, coincidir con un Movadef que se ha quedado en los años noventa?

Hay un tercer campo de fuerzas. El del rumor, un terreno en que sale perdiendo Keiko Fujimori. La temible «china» que «quiere la vacancia para PPK», la mala de la película. La «obstruccionista». Los medios se han inventado su chivo expiatorio. Un pensador que no conoceremos nunca porque ni es norteamericano ni marxista, René Girard, sostiene que toda sociedad inventa un rival para sacrificarlo. Hitler los judíos. Nosotros, siempre hemos tenido alguien para odiar y culpabilizar. Perdimos el siglo XX despotricando contra Haya de la Torre. Hoy, nos disponemos a no recibir a ningún grupo político que no salga en las páginas sociales de El Comercio. Y pensar que politólogos americanos como Robert Dahl proponen el concepto de poliarquía para describir las sociedades modernas, con grupos de intereses y estatus diferentes llegando a un bargaining o mercadeo entre líderes distintos. En otras palabras, aceptar la pluralidad. Para eso no somos todavía modernos.

«Tomar la Dama», es decir, sacar del Minedu a la ministra Martens, para las bancadas es caer en un gambito (en lenguaje del ajedrez, una trampa). Cuarto nivel o tablero. ¿Como vencedor, Pedro Castillo? ¡Inconcebible! Una información del diario Perú21 (10.9.17) señala que «la desconfianza de los docentes es enorme ante el Sutep, un 78%». Es hora, pues, de unas elecciones internas de los docentes. Es el más vasto movimiento social de estas horas.

Hay un quinto campo de correlaciones de fuerza. Desde una capa social descuidada por los partidos, se llega a una celebridad política. Eso no es nuevo. Hugo Blanco se hizo famoso con las invasiones campesinas. Y Evo Morales con los sindicatos cocaleros. Pedro Castillo ha actuado del mismo modo. Pero el tema de la Educación, su trampolín a la fama, lo supera. La pregunta es: ¿el que dirija la educación y la escuela para los hijos de los más pobres, va a ser Abimael Guzmán?

Publicado en El Montonero., 12 de setiembre de 2017

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Visita de Voltaire y el Tribunal Constitucional

Written By: Hugo Neira - Sep• 11•17

TC: «Las bancadas tienen permiso para separarse» (El Comercio, 30.08.17). Por mi parte, no razono desde esa juridicidad sino desde otras disciplinas, ciencias políticas e históricas. Estas, por ser universales y no sometidas a los intereses particulares o sectarios. El TC argumenta desde «los derechos a la libertad de conciencia». Estoy en este punto cuando siento un ruido (nocturno). Ocurre que por una escalera de caracol que usaron de improviso Maquiavelo, Hobbes, esta vez François-Marie Arquet, más conocido como Voltaire.

Lo saludo y él me responde con una venia muy siglo XVIII.

– No veo un sillón Voltaire, querido amigo.

– No señor, se ha equivocado, el del sillón Voltaire es Alfredo Bryce Echenique.

– Veo que tiene, señor Neira, mi Cándido o el optimismo, se vendió a 20 mil ejemplares por año. Pero no veo mi Tratado sobre la tolerancia, de 1763, en el cual me batía por defender a un protestante que habían metido en la Bastilla, sin ser yo protestante. ¿Me prefiere irónico que filósofo?

– No somos muy dados a la tolerancia, señor Voltaire. En realidad, nada tolerantes. Deshacemos al enemigo, lo aplastamos. Con leyes de esas que ofenden a la razón y hasta el sentido común.

– Vamos a ver, ¿lo del TC no es cierto? ¿Me permite saber cuáles son los argumentos de los juristas de esa Corte?

Le entrego el texto de parte de la sentencia y Voltaire la lee en silencio.

– Veo —me dice— el triunfo del individuo. La «libertad de conciencia» para hacer lo que a uno le dé la gana. ¿Qué le ve usted de defectuoso o temible?

– Precisamente. Han pensado en el derecho del individuo y no en el derecho del ciudadano. ¡Se olvidaron!

– (Voltaire) ¿Me puede usted explicar por qué el ciudadano peruano resulta agraviado por la plena libertad de su representante?

– Señor, permítame un ejemplo. Somos una sociedad profundamente católica. Y una mayoría de peruanos está en contra del libre aborto. Muchos sostienen que el feto ya tiene alma, pero no entremos en metafísicas. Imagínese, pues, que compita para ser representante en el 2021, con el pacto implícito de defender la abrumadora corriente conservadora y gano una curul, ¿y a la semana me paso a la bancada pro libre aborto? Al hacerlo he roto mi pacto con mis electores.

– Y también con el contrato social, dice con ironía Voltaire. El de Rousseau, con quien no tuve buenas migas. Pero el Perú se volvió roussoniano, «la voluntad general de los pueblos» y su contraparte, las obligaciones, ¿salvo los representantes? No han leído a Benjamín Constant¡!

– Ni Constant ni otros, se miran el ombligo. Y cambiaron el nombre y escamotearon la función misma del legislador. En 1992. Se había cerrado un Parlamento y por presiones exteriores (la OEA), el gobernante reabre algo llamado Congreso. Cualquiera es congresista, es decir, ser parte de una reunión de profesionales. Congresos de médicos, etc. Diputado es otra cosa.

Voltaire, sentado en un humilde sillón: – A un ciudadano lo representa un diputado a quien ha cedido su poder, temporalmente. En mis días, lo usaban los ingleses.

– Exacto. Si el diputado en Lima es azul, detenta un poder (que no es un bien personal) y no puede ni debe, por capricho o interés, pasarse al de color verde o morado. Pero el TC acaba de privatizar el poder Legislativo¡! Actúan como si trataran de una transacción comercial. En el ejemplo que daba, me habría puesto de acuerdo con clínicas privadas, y cambiaría de bancada para hacer business. ¿Por qué entonces no vender los puestos públicos? Se hacía en el periodo colonial.

Voltaire: – A ver si lo entiendo. En su Perú que se llama republicano (sonríe), ¿la más alta autoridad legal está creando una capa de privilegiados que tienen derecho a romper sus pactos? Algo que se parece a los duques y condes de mi tiempo. ¡Qué divertido!

– Señor Voltaire, mis paisanos nunca han apreciado el parlamentarismo. No entienden a su paisano Montesquieu. ¿Para qué tres poderes? Bastaría con uno. Dicen que detestan los tiranos pero en silencio, los aprecian. Amaron a Leguía y a un militar, a Odría, porque los hizo prosperar materialmente. Ahora quieren un magnopresidente. No el que hay ahora. El que venga. Lo del equilibrio del poder los tiene sin cuidado. Alguien con «pantalones, mano dura, etc». ¿Regresión cultural y regresión política? Ya veremos.

– Me temo, Neira, que se imponga un futuro autócrata. En el siglo XIX tuvieron su guerra interminable de caudillos. Van a tener otro siglo de déspotas. Ojalá fueran al menos ilustrados. Como mi amigo Federico II.

– No los hay, señor. El último fue Fidel Castro. Los quieren cada vez más ignorantes. Tuvimos la peor educación del planeta por unos treinta años, y ahora el inmenso partido de los que no leen ni libros ni diarios, llevará su César a ese inmueble deshabitado que llaman Palacio. Entre tanto, adiós todo tipo de mayoría parlamentaria. Sea naranja, o mañana roja o morada. Quieren un presidencialismo a todo meter. A la vez, detestan el poder si este se ejerce. Nadie sabe lo que quieren los peruanos porque los peruanos mismos —subjetivamente— no lo saben. Entonces señor Voltaire, en un país así, es «mejor reír que llorar».

Publicado en El Montonero., 11 de setiembre de 2017

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Puno. Viajar es entender

Written By: Hugo Neira - Sep• 04•17

«La masa no existe, pero una descarga la constituye. La masa es cuando se desprenden de sus diferencias y se sienten iguales.»

Elias Canetti, Masa y potencia

 

He estado las últimas semanas en Puno, Juliaca, Cusco y Abancay. Invitado por universidades e instituciones, conferencias, clases, conversatorios. Debo confesar que me ha sido muy grata la calidez con la que se nos ha recibido. Sin embargo, callo reconocimientos personales y también las temáticas que me ocuparon. Otro lunes abordaré el progreso material e intelectual que he encontrado en esas ciudades del interior andino. Si menciono ese viaje, es para que el lector sepa de donde proviene lo que a continuación expongo. El azar ha hecho que mi itinerario coincida con la huelga de docentes. Y poco importa que haya concluido. Narro lo ocurrido. Escribo, pues, como testigo de vista. A 4 mil metros de altura, se ve el Perú de otra manera.

Nos instalamos en Puno y todos los días íbamos y veníamos a Juliaca. Unos 40 kilómetros, una hora de recorrido, por una estupenda carretera que será autopista. Pero nos trabó, como a muchos, la barrera de los huelgistas. No cerraban del todo el tránsito. Pagamos una suerte de peaje, no de dinero. No quiero mentir una línea. Pasábamos, siempre y cuando manos hábiles pintaran lemas en el coche mismo «viva la huelga», etc. Un precio simbólico. Parte de la publicidad del «movimiento de docentes radicales», no encuentro otro modo de llamarlo, MDR, sin entrar en vericuetos de si eran del Conare, el Sutep o el Movadef. El movimiento magisterial, sea quien sea el que lo monitoriza, rebasa el tema educativo. Han revelado un modo propagandista atípico.

El Perú actual es un país masivamente urbano. Y las ciudades de los Andes se han vuelto tan urbanas como la capital. Seamos claros, no son las tomas de carreteras lo principal de la praxis del MDR. Son las ciudades, calles y plazuelas. En una de ellas, donde me quedé un poco más de tiempo, tomaron el atrio de una iglesia. Y no por un día. ¿Qué hacen? La gente se distribuye entre gradas de la iglesia, calle y plaza, y no necesariamente la mayor. Están presentes docentes y gente y padres de familia y niños que corretean. ¿Qué son? Entre asamblea y sociabilidad. Lo principal, «estar juntos» (Canetti). Al poco rato, se suma el comercio ambulatorio que les lleva la comida. Lo informal peruano le saca provecho hasta la velada pública de los radicales. Ahora bien, el centro de esa cabildada eran unos cuantos, los que tenían en sus manos los altoparlantes. Cada cierto tiempo, tronaban las voces de los dirigentes explicando cómo iba la huelga de docentes en otras ciudades, qué había dicho en tal o cual radio o canal la ministra Martens. Y entonces, comencé a entender. No había clases para escolares pero sí las hubo para los adultos¡!

El término de la huelga no les convenía. La propeudéutica del nuevo movimiento ha sido una interminable ponencia entre contertulios. He estado horas escuchando diversas narrativas, mientras la gente igual conversaba, pese al estentóreo altoparlante. Y de golpe me acordé de «los conglomerados de la heterogeneidad peruana», que José Gabriel Valdivia, arequipeño, encuentra en la narrativa literaria. Yo la he visto en este tipo de manifestación atípica que rompe la tradición del líder mesiánico. Son masas, como describe Elias Canetti, las une la «descarga» del tema educativo y la sociabilidad.

Estoy describiendo un nuevo tipo de movilizaciones. ¡Son instantáneas! Volvíamos de Abancay a Cusco, y el tránsito vehicular se detuvo de golpe. Llegaba por los aires el presidente Kuczynski. Estábamos abajo, plantados en una fila de vehículos, y en eso que, ascendiendo a las alturas donde se aposentaría el helicóptero presidencial, vemos correr un conjunto de gente —en Curahuasi, a 2684 metros—, eran los maestros con sus banderolas y pliego de reclamos tras un mandatario que venía a celebrar un formidable hospital llamado Diospi Suyana. Pasaron a nuestro lado con el vigor de los andinos que cuando hay cuesta, corren con más ganas. Después nos enteramos que no solo no es obra de PPK sino que existe desde hace diez años¡! Ya ha servido a 253 mil pacientes, un hospital misionero de alemanes y 200 empresas de las cuales 40 son peruanas. En suma, micropolítica que viene de abajo y frivolidad del Estado.

Ahora bien, creí por un momento que Pedro Castillo había triunfado. Pero se demoró demasiado en acabar la huelga. Los docentes mal remunerados habían ganado la simpatía de la opinión pública. Pero lo que siguió, la ocupación achorada y avasalladora de la ciudad de Lima fue un error que pesará en las urnas para Castillo y para Santos. Difícilmente se olvidará su ilimitada prepotencia. Curioso movimiento. ¿De ágoras en las ciudades andinas e intimidación en la capital? Se han detenido, pero el daño está hecho.

Entender es percibir, percatarse. Hemos visto la escenificación en todo el país de una forma nueva de hacer política a la vez popular y alambicada. No llevan consigo esta vez la metralleta, pero sí el altoparlante callejero y los smartphones, y como siempre, estrategas en la cuidada penumbra. Santos, el cajamarquino. Lo dicen diarios locales, esos que nunca se leen en Lima. A varios los he encontrado más realistas y mejor escritos que los capitalinos.

Publicado en El Montonero., 04 de setiembre de 2017

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