2018, después de las lluvias

Written By: Hugo Neira - Ene• 09•18

Mucho se puede decir del pasado año 2017. Lo mejor, si uno toma en cuenta las pasiones nacionales, ha sido la clasificación al Mundial. Acaso a falta de mejores noticias. Esa emoción, la de los estadios, no solo es popular sino que tiene sus secretos y verdades, y llega a construir una alegoría de la vida peruana, una que explica no solo el fútbol sino la idiosincracia del país. Lo digo porque suelo escuchar a los periodistas especializados en el fútbol, por lo general son muy atinados. Dejémonos llevar, pues, por la tentación de una semántica que cubre no solo estadios sino al mismo Estado.

La inmensa mayoría de peruanos sabe que no hay determinismos en la cancha de fútbol, y convendría decirles que tampoco en política. Los partidos —de fútbol— usan también sistemas rotativos. A veces algún crack pasa demasiado tiempo en la banca de suplentes, hasta que una parte de la escuadra veterana impulsa a su jugador y entonces cambia todo el alineamiento, incluyendo el del equipo rival. Luego vienen inesperados goles. Algunos de media cancha. Y cuando parte de la tribuna protesta, sacando tarjetas amarillas y rojas, ya es tarde. Perú va al Mundial de Rusia. Fujimori en su casa. Y Meche Aráoz buscando un equipo. Hasta el momento en que se escribe este artículo, no sabemos si reúne jugadores de esos que entienden que patear es un arte como lo es la política, o no. Sean quienes sean evaluaremos.

Entramos al 2018 con una crisis debido a la pugna entre Ejecutivo y Legislativo. ¿Cambios históricos cada año solar? En el calendario de mis abuelas, el año viejo era un Matusalén arrastrando los pies y cargado de una guadaña. Al lado, el nuevo año, un niño gateando. ¿Pero un 2018 distinto? Si hay reconciliación, lo cual es deseable pero dudoso, será entre poderes del Estado. Nada indica que el clima político se enfríe. Ni en medios, ni en redes. Ni en el ciudadano que ve furioso en el quiosco las portadas de diarios y no compra. Además, se vienen las elecciones regionales y para alcaldías. ¿Vamos a tener una política que acepte la pluralidad de ideas? Francamente, ese sería un milagro que no me atrevo a pedirle ni a Santa Rosa. Qué envidia de la placidez casi nórdica de Uruguay y Chile. Al día siguiente de las elecciones presidenciales, la señora Bachelet tomando desayuno con la pareja Piñera.

Quisiera recordar cómo recibimos, disipadamente, el 2017. A fines del 2016: “No nos dejaremos pisar por una mayoría en el Congreso”. Es PPK, el presidente (El Comercio, 24/12/2016). La guerra civil sin balas hizo perder a la gobernabilidad y al país un tiempo precioso. La crisis actual acabaría si proyectos del Congreso fueran aprobados por el presidente. Y cuando los de ley del Ejecutivo, reciban trato correcto en la Cámara. ¿Será eso posible?

Lo de Pasamayo ha sido terrible. No es la primera vez. Justo en diciembre del 2016 se precipitó al vacío, en Apurímac, un bus con 12 policías. En la aldea global, además de Odebrecht y Lava Jato, se sabe que al Perú actual le falta, entre otras cosas, infraestructura. ¿Y quieren tener turistas? Todavía no somos modernos ¿Y qué hace su clase política? Desacreditarse mutuamente. Autodestruirse.

“Después de las lluvias”. Estos meses veraniegos, en la sierra es tiempo de aguaceros. Cuando pasen, volverán, con más ganas, las marchas antimineras. Y habrá salido de prisión Antauro Humala. En el futuro, la historia de estos años y el charco de sus confusiones, será difícil de explicar la pérdida del sentido común de los mandatarios y lamentablemente, de una parte de la inteligencia. Entre tanto, en el pueblo peruano hay desilusión, dolor, cólera, desconfianza. Y esto no sale en las encuestas sino en las urnas. Recuerden la sorpresa Fujimori, la sorpresa Toledo, la sorpresa Ollanta. Acaso ¿la sorpresa Antauro?

Publicado en El Comercio, 09 de enero de 2018

https://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/2018-despues-lluvias-hugo-neira-noticia-487389

 

2017, adiós. ¡Y sigamos en la guerra de cien años!

Written By: Hugo Neira - Ene• 08•18

El 2017 en el Perú, pasará un buen rato para que lo olvidemos. Fue el de la corriente marítima del Niño y sus calamidades, y en política, si por ello se entiende la actividad gubernamental, un año perdido. No vamos a ser tan mezquinos de negar esfuerzos e inicios de políticas públicas. Pero cómo dejar de subrayar las energías y el tiempo gastado en la demolición del inevitable adversario. El origen del mal se halla en las elecciones del 2016. El margen de diferencia fue mínimo, de 42’597, el 0,248% de votos. Al día siguiente, PPK era Presidente pero sin partido ni bancada. Y no tejió lazos públicos con otras corrientes. Hubo gabinetes con técnicos y ciudadanos sin duda competentes, pero sin calle ni pueblo. Y olvidando que era el Presidente de todos los peruanos, se embarcó en una nave muy precaria que se llama el «anti». Por Fuerza Popular habían votado nada menos que 8’549’205. Pero el antifujimorismo, entonces con PPK, sostuvo todo el 2017, que esos millones de peruanos querían establecer una dictadura¡! ¿Cómo lo saben? ¿Qué estudio o encuesta hubo? Eso no fue sino una insultante suposición. Y su mayor víctima, el Perú.

La percepción de nuestra vida política es digna de Parque Jurásico. Desde Londres, Drinot, desde su EIAL, nos dice que lo importante es estudiar el fujimorismo. Pero no vaya a creer que es un simpatizante. Le respondo. Sobre los noventa y los años de Fujimori padre, hay estudios muy claros y certeros. Tanaka, Iván Degregori, Dammert. Para el segundo fujimorismo, no son muchos los trabajos, y en el exterior, de Carlos Meléndez y Alberto Vergara, y que en algún momento comentaré. Pero sobre Fuerza Popular, ¿estudios académicos en el Perú? ¿Alguna tesis? Me gustaría saberlo. No hay duda de que la emergencia de un partido nuevo y popular, es difícil de situar. Viene entonces un recurso bien criollo y antiguo. Una combinación de flojera con costumbrismo. Se insulta. Me temo que esa hipótesis sea la más certera. O sea, no tenemos historia, que es flujo. Sino repetición.

El Perú siempre giró sobre feroces antinomias. Al final del siglo XIX, la interminable guerra entre caudillos (que nos hicieron perder un siglo) fue reemplazada por Piérola contra Cáceres, Leguía contra el Partido Civil, Sánchez Cerro y luego Belaunde contra Haya. Después de Velasco, socialistas y apristas se acercaron. Pero vino otro abismo, Abimael Guzmán y su guerra contra el Perú, tras una calamitosa tesis sobre la paz universal de E. Kant¡! Vencido por sinchis, rondas y campesinos armados en grupos antisubversivos, vino su derrota, que había comenzado en el primer periodo de Alan García y que culminó cuando Benedicto Jiménez y los hombres del GEIN capturan al jefe de Sendero en los primeros años del gobierno de Fujimori. Han pasado 25 años y parece que no podemos jugar otro deporte que al adversario, liquidarlo judicialmente o por descrédito. Los jóvenes creen que eso es novedad. Es al revés, es vieja y mala costumbre.

Mientras duren estos juegitos, se retarda la nación, el Estado y la modernidad democrática. Así, pese a todo, nos acercamos al Bicentenario y aparte de alguna Comisión, nos devora lo inmediato. Nuestro pueblo, que se ha inventado una manera de sobrevivir, resulta ajeno a lo que haga o no el gobierno. Solo un 17% cree que se gobierna para el pueblo (Latinobarómetro, 2017). En el CADE de Ejecutivos (Paracas, 2017), estuve invitado y el lema ha sido «No más cuerdas separadas». Se refiere a economía y política. Me parece estupendo, pero si el Presidente no da un inmenso giro, no vamos sino al abismo, a una enorme grieta llamada 2021.

Hoy sobre el Presidente bromean los caricaturistas, «se le ha ido el ala izquierda de Palacio». Discrepo de ese reduccionismo. Proviene de aquellos que se van y se creen indispensables. El Perú de hoy, con más universidades, más profesionales, más gente que ha hecho estudios en el extranjero, puede proporcionar a la administración gubernamental un personal político nuevo y acaso más popular y más joven. Lo cierto es que hay elites en estado de disponibilidad. Sin embargo, la mejor cabeza política del gabinete, Jorge Nieto, se ha alejado. Qué lástima. Lo conozco desde siempre. Y no diré más, por ahora. A veces, entre el periodismo y la amistad, prefiero lo último.

Volviendo al indulto, y a las deliberadas mentiras, resulta que el juez Villa Stein, que presidió la sala que se ocupó de Alberto Fujimori, ha dicho que fue condenado pero no por crímenes de «lesa humanidad» (https://www.youtube.com/watch?v=GNJrlXnNC0s).

También en RPP César San Martín. (https://youtu.be/QJvgbOR6Lk0).

Muy saludable. Pero esa increíble distorsión, esa patraña, esas fake news, se las hemos vendido a Europa y a los Estados Unidos, al mundo entero. Vayamos al grano. Se entiende en el mundo por «lesa humanidad», por ejemplo, al acusado Slobodan Milosevic, serbio, que en la descomposición de Yugoslavia, ocupa Kosovo, y gobierna entre 1988-1989. Había emprendido «una limpieza étnica», que tuvo como víctimas a los albaneses. Lo cual provoca una reacción de los organismos internacionales. La Serbia de Milosovic fue intervenida con bombardeos aéreos de la OTAN en 1999. Al fin, Milosovic es extraditado en el 2001 para comparecer ante el Tribunal Internacional de La Haya. Murió antes de que terminara su juicio. Sin embargo, en el 2016, el mismo tribunal lo exoneró de responsabilidad en supuestos crímenes de guerra en Bosnia (Wikipedia).

Como todos sabemos:

Fujimori hizo desaparecer los aymaras del sur peruano —nuestros albaneses—.

Sufrimos bombardeos aéreos de la OTAN por su culpa.

Fue juzgado por el Tribunal de La Haya.

Hay que odiar intensamente para tragarse esa posverdad, esas fake news más grandes que el cerro San Cristobal.

Publicado en El Montonero., 8 de enero de 2018

http://elmontonero.pe/columnas/2017-adios-y-sigamos-en-la-guerra-de-cien-anos

La IPVU. O sea la Inquisición de los Propietarios de la Verdad Única

Written By: Hugo Neira - Ene• 03•18

En Twitter, Memorex dice hoy lo siguiente: “Hugo Neira ingresando al cóctel de Keiko Fujimori, donde canceló sus 500 dólares”. Tomo esa posverdad como una infamia contra mi persona. Sí estuve. Pero en calidad de invitado. El autor del tuit da por sentado que pagué. Una vez más, una de esas fake news. No fue así. ¿Cómo entonces? Fui con mi mujer y corrieron con el gasto amigos de Keiko. Ella quería verme, en persona, para agradecerme lo que dije en la entrevista que me hizo Juan José Garrido, entonces director de Perú21. A una pregunta que hizo Juan José —que lamento no siga a la cabeza de ese diario— sostuve que no «temía una victoria de Keiko». Como se comprenderá, eso contradecía la intensa propaganda de demolición en torno a esa candidatura, sosteniendo la tesis completamente delirante que la hija iba a repetir las actitudes autocráticas del padre. ¿Por qué razón habría de hacerlo? Ni ella ni ningún otro presidenciable, ya no había coches bomba, apagones, terrorismo. Tampoco me espantó una victoria de PPK. Pero a partir de la segunda vuelta, solo atiné a ver dos corrientes de derecha por el momento, rivales. Pensé en algún acuerdo, en nombre de la necesidad de gobernar, me equivoqué. No pude imaginar el cachascán en el que se metieron, oficialistas y la bancada naranja. Esperamos que eso no siga.Ahora bien, ¿por qué desacreditarme? En el transcurso de este horrendo 2017, no he parado de insistir en que la democracia es plural o no lo es. Y que nadie tiene la razón por completo. Y por sostener esa idea abierta y republicana, el partido del odio me odia por no odiar.

Ahora bien, ¿por qué desacreditarme? En el transcurso de este horrendo 2017, no he parado de insistir en que la democracia es plural o no lo es. Y que nadie tiene la razón por completo. Y por sostener esa idea abierta y republicana, el partido del odio me odia por no odiar.

Supongo que seguirán las calumnias. Conviene que diga, públicamente, cuál es mi credo y mi vida. Por lo primero, yo escribo y pienso en los ciudadanos, no en los militantes o simpatizantes de tal o cual corriente política. En segundo lugar, cómo soy. No aspiro sino a las tareas que ahora me ocupan: mis clases, mis libros, mis artículos. Caracterialmente, soy un tanto un lobo solitario. No me gustan las invitaciones, de esas que me llovían cuando era Director de la Biblioteca Nacional, y yo las tomaba, puesto que eran al mediodía, como una distracción innecesaria. Distribuía las tarjetas de entrada entre el personal. Por lo demás, no soy de grandes comilonas. Me encuentro con amigos, prefiero los tête-à-tête, cara a cara, delante de un café. En la Tiendecita Blanca. O en el Haití de Miraflores. Tampoco soy hombre de club. Me gusta la calle, la gente. Y las entrevistas en los diarios, o las invitaciones a la televisión, no las busco. No tengo un equipo de comunicaciones conmigo. Cuando Canal N me ha llamado, o Beto Ortiz a su programa, no es porque Perico de los Palotes le han pedido que me inviten. Se lo pueden preguntar a la gente de la televisión. Jamás he pedido un espacio, aunque a veces tengo ganas de hacerlo, para presentar mis libros. Pero anticipo lo que va a pasar: por lo general, algo me preguntarán de mi última obra (dos libros gruesos por año, no está nada mal ¿no?) pero se irán a los hechos inmediatos. Tienen razón, manda la actualidad, sobre todo la nuestra, cada vez más de color de hormiga.

Entonces, ¿quién es mi rival, quiénes son los que me echan caca puesto que yo no aspiro a cargo alguno? Unos que llamaremos la IPVU (la Inquisición de los Propietarios de la Verdad Única). Y si se siguen interesando por mi humilde persona, les anticipo los delitos que he cometido en los últimos años. En efecto, he ido a locales políticos. No solo los del aprismo —son sus jóvenes los que me invitan— sino a uno de Humala, en el Cusco, me invitaron unos alumnos míos (en aquel momento, dictaba un curso los fines de semana en Cusco). A mi asombro, en el 2010, fue mucho público y la crema del humalismo local. Fue un malentendido. Mis alumnos me habían hablado de una conversación y me encontré con un hemiciclo. Les dije entonces: «ustedes son los que me deben explicar qué entienden por nacionalismo, yo solo estaba preparando un libro sobre Nación». Y eso fue lo que pasó. Me hicieron preguntas, una de ellas por qué había aceptado un puesto como director de la BNP, y yo, qué era lo que iban a hacer si ganaban las elecciones, por ejemplo, ¿cerrar los locales de los partidos rivales? El público del gran salón dijo a gritos que eso era lo que iban a hacer «y mandarlos a la cárcel». Los de la primera fila, lo contrario. Fue divertido, se pasaron discutiendo líderes y pueblo. Al final, me condecoraron con la medalla de su partido. El que me la puso fue Jorge Acurio, hoy en la cárcel. Así pasan las cosas.

A ver, ¿cuáles otras? He estado invitado por Keiko a una reunión de su bancada, en el hotel El Pueblo, sobre cómo «es la dinámica de un poder como el parlamentario». O sea, ya, ¡te ampayamos! Y una vez estuve ante el estado mayor de Sendero Luminoso, en la cárcel de Piedras Gordas. O sea, ¡era senderista! Resulta que durante los años de la BNP, unas bibliotecarias que se encargan en una tarea nada fácil —atender las demandas de los presos políticos— me hicieron saber que ellos querían que yo fuese a verles. Ya no era director pero me recordaron mi compromiso. Fui a Piedras Gordas. Como de política no se podía hablar, les propuse una conferencia sobre la obra de Julio Cortázar, y lo aceptaron. Fui entonces, les dije que la conferencia se podía convertir en algo mejor, en una charla. Les propuse que en una primera parte, me escucharan quién era Cortázar, tanto el hombre como su obra, y luego, leyéramos todos un par de cuentos que yo traía como fotocopias, y luego, discutiéramos. Así fue. Quiero decirle algo al lector de estas líneas. Pocas veces he tenido ante mí un público tan agudo y mentalmente rápido. Me hicieron las preguntas más sorprendentes y brillantes. Fue una tarde fenomenal. Luego, con Morote a la cabeza, me enseñaron su biblioteca, sus talleres, y cerraron la tarde con el obsequio de una hermosa torta, que ellos mismos habían hecho. Salí de los muros de esa prisión para presos riesgosos con una pena negra en el alma. No me volvió en nada simpatizante de su ideología, pero me dije, para mi capote, «qué lástima que gente como esta se perdió en una batalla inútil y cruenta, a la que los llevó Abimael Guzmán». ¡Qué crimen y qué error!

Cuántos pecados. No soy del Partido Popular Cristiano, pero hice el prólogo al formidable libro sobre su vida y memoria, de Luis Bedoya Reyes. A pedido suyo. Que me transmitió Harold Forsyth. Tampoco soy aprista, pero prologué el libro de Nicanor Mujica Álvarez Calderón. ¡Cómo no aceptar! Es una vida llena de hazañas, cambios de vida, algo completamente fuera de lo común. Lo hice porque así lo quiso François Mujica. Y se lo agradezco.

Es un clima inquisitivo el que hoy reina. Es cierto que el escándalo Odebrecht/Lava Jato ha embarrado a media Lima. Y están destruyendo la poca democracia que nos queda, es seguir intimidando. Están, sin embargo, lejos de la realidad. Yo sé, porque me lo han contado, cómo los ministros —en este régimen y en el anterior— consultaban a opinólogos. No voy a dar nombres, tanto de ministros como de algunos de mis colegas, y no lo hago puesto que le dije a Beto, en su programa, que no voy a decir nada de quién con quién y en qué lugar, porque los peruanos tenemos la religión de la amistad. A Beto le encantó, y al toque, lo digitó en su Twitter. Con lo cual quiero decir que hay gente que se ocupa seriamente de los políticos, porque son gente del mundo de las ciencias políticas. Estoy diciendo, con humildad, que no soy el único.

Ahora bien, los autores de esas fake news hacen como que no entienden que uno se ocupe de política, como es mi caso, sin ser parte de uno de los grupos en competencia. Y manipulan entonces el ancho mundo de los que no son universitarios. Construyen un enemigo. Desdicen a todos los demás, salvo ellos mismos. Son peor que la Inquisición colonial. Porque saben que mienten o exageran, mientras fingen ser los inmaculados. Si esto sigue, si por cada gesto o acto cotidiano —por ejemplo si te ven con un amigo al que ellos no aprecian— te cargan de inmediato con vicios ajenos, entonces ese ambiante limeño se vuelve peor que el Moscú de Stalin. Reina la sospecha. Unos pocos califican quién es decente o no lo es. Dictadura, lo que se llama dictadura con militares, tanques y suspensión de garantías, no hay. Pero sí otra forma dictatorial, llena de hipocresía y medias verdades: te metes con nosotros y ya te jodiste, si no tienes cacerolas te las inventamos. Sí, pues, esto ya lo he vivido desde que era muchacho. Es un capítulo de una de las novelas de Bryce Echenique. Los blanquitos nunca pierden, y cuando pierden, tiran golpe. Hoy, sueltan tuits con medias verdades.

A propósito, señor Cateriano, y gracias por el tuit que me dedica, una pregunta: ¿en qué colegio estuvo usted en su secundaria? ¿No será por casualidad, La Inmaculada? Y a propósito, califica a Alberto Fujimori, de exdictador. OK, pero ¿dónde estaba usted cuando quemaban las papas, con el terrorismo de Sendero? ¿No cree usted que, le guste o no, algo le debe? La vida por ejemplo. Porque de triunfar la guerra que le declaró Abimael Guzmán al Perú, si ganaba, usted y yo estaríamos muertos. Me intriga algo, la forma cómo se expresa. Usted es un hombre culto. Y me pregunto por qué no usa en sus escritos los conectivos. Es decir, usar las expresiones «por una parte, por la otra». Sí, pues, sirven para decir el pro y el contra de un caso. Dudo que sus profesores, entre ellos algún cura, no le enseñó el arte de usar frases que permiten enfrentar temas complejos. La oración, por ejemplo, que usa este sistema: ‘si bien es cierto que’… ‘no deja de ser cierto que’… A mí me sirve mucho. Puedo decir, por ejemplo: «Si bien es cierto que Fujimori realizó varias políticas positivas, como introducir el país al mercado libre, y la victoria sobre SL, no deja de ser verdad que dio un golpe de Estado, se vinculó en extremo con Vladimiro Montesinos, etc. No es su estilo, ¿no? Con todos mis respetos, doctor Cateriano, un abismo semántico nos separa.

Sí pues, hay un destino en algunos cuantos, en mandar en este país de cholos, blancos de clase media y pobretones, de chinos, japoneses, descendientes de polacos o italianos, de todo, pero ellos mandando. O por la derecha o por la izquierda. «Dicen estar a favor de un Estado de derecho, pero no es cierto. No quieren ninguna fuerza política o legal que esté por encima de la sociedad civil y sus conflictos. Sino, ya habría concursos públicos para cargos ministeriales, no a dedo como hoy». Lo he escrito en el colofón de la segunda edición de ¿Qué es Nación?. «Las clases altas, si el país adoptara un sistema de Estado de derecho, perderían gran parte de sus privilegios. No hablo de bienes sino de distancias sociales que necesitan para prolongar su estatus poscolonial ».

Es hora de acabar esta larga carta a mis amigos que en las redes levantan el dedo por que me aprueban. No quiero perder la ocasión de agradecerles a todos las últimas horas del 2017, no han dejado de enviarme felicitaciones y saludos. Me atribuyen «sosiego», «conocimiento y años de estudio y experiencia». Les doy las gracias, incluyendo a la que me dice «más sabe el diablo por viejo que por diablo». Por lo visto, estos amigos anónimos y numerosos están cansados de lo que llaman, «los odiadores». Seguiré. Puedo equivocarme, pero eso es otra canción. Lo que me preocupa, aun en la lejanía física, es el feroz sectarismo. La intolerancia es lo peor que nos está pasando.

¿Sabe usted dónde estoy ahora? En el extranjero. Salgo del Perú para hallar las fuentes de mi segundo libro comparativo México y Perú. Y en mi patria, ¿me insultan? ¿Así que Neira pagando su cuentita para hacerse pata de una candidata presidencial?! ¿Y luego pasar piola con su careta de «objetivo»?! No, pues. Como se nota que no me conocen.

Esta historia me recuerda un relato de Abelardo Sánchez-León. Se había ido a Europa por un corto plazo, estaba en París, con un amigo, están tomando su desayuno muy tranquilos en una avenida, y pasan dos peruanos que los reconocen, se sientan en su mesa, los acompañan hasta el metro, en uno de sus pasajes subterráneos los asaltan y les quitan todo. Y entonces, una de las víctimas, el personaje central de este relato, acaso el mismo Balo, dice: «por lo visto, de Lima nunca se sale».

Neira: “Hay que saber perdonar, hay que aceptar el perdón”.

Written By: Hugo Neira - Ene• 01•18

El intelectual analiza la coyuntura política ante el indulto a Fujimori. Considera que el presidente Kuczynski se ha sacrificado por la gobernabilidad.

Entrevista  

Por: Jaime de Althaus

                                               _____________________

 

El historiador Hugo Neira afirma que quienes están en contra del indulto a Alberto Fujimori y optan por los principios tienen razón y que quienes están a favor, por razones como la gobernabilidad, también tienen razón. Además, cree que es momento de que el presidente Pedro Pablo Kuczynski y Fuerza Popular hagan una lista para sacar adelante proyectos y reformas.

—¿Se justifica el indulto a Alberto Fujimori? ¿Es correcto? ¿Está bien que se haya hecho? 

Mira, el indulto es un tema enorme. Digas lo que digas, habrá una parte de la población que estará en contra. Es una situación trágica, en el sentido griego. Tú sabes que Edipo, sin saberlo, mató a su padre, se casó luego con la viuda Yocasta, y cuando se entera de que era su madre, se castiga a sí mismo sacándose los ojos. Regresa con su hija, Antígona, a Tebas, él ciego, y sus hijos Polinices y Eteocles se enfrentan entre ellos en una guerra por el trono de Tebas, y mueren los dos. Y luego sube al poder Creonte, que es un juez y decide castigar a Polinices y agradecer a Eteocles. A Polinices lo castiga prohibiéndole los homenajes de los funerales, condenando a su alma a vagar eternamente porque ha ido contra la ley, contra la ciudad, porque ha ofendido a los dioses al haberse levantado contra el hermano. Entonces, Antígona se encuentra en un dilema. Por un lado, si ella le realiza los funerales a su hermano, es castigada con la muerte. Ella tiene que elegir entre la ley de los dioses y la ley del clan de la ciudad. Opta por el clan de la ciudad y se sacrifica y la matan. Entonces, ¿cuál es la tragedia? La tragedia es encontrarse entre dos legitimidades. Y las dos tienen razón. Entonces, quienes están contra el indulto y optan por los principios tienen razón. Y los que están a favor, por diversas razones, entre ellas la gobernabilidad, también tienen razón. Y entonces no hay nada peor que nos pase como un conflicto de legitimidades. Y de morales a la vez. PPK se ha sacrificado por la gobernabilidad y ha perdido a sus amigos. Pero era imposible un enfrentamiento con el Congreso y con el fujimorismo. Tremendo problema para todos nosotros.

—Hay también una discusión en torno a la legitimidad del mismo juicio a Fujimori, en el sentido de que él ha sido condenado por asesinato sin prueba directa sobre la base de una suposición teórica: por su posición de dominio, él tenía que haber ordenado las muertes. Más bien quizá debió haber sido juzgado por haber violentado la democracia, sojuzgado las instituciones…

Sí, claro que sí. He sostenido que la autocracia de Fujimori era respuesta a otro autoritarismo, el de Sendero Luminoso. Yo creo que en Lima no se acuerdan bien qué pasó con Sendero, en las ciudades andinas sí. Allí hasta el día de hoy se acuerdan de que quien los salvó de Sendero Luminoso fue Fujimori. Ahora bien, lo que yo sé es que Chile entrega a Fujimori en función de tres acusaciones: delito criminal, secuestro y una tercera que no me acuerdo. Pero ninguna dice derechos humanos ni lesa humanidad. Eso se lo han colgado aquí. Y entonces, esta es una posverdad. Por lo tanto, vale legalmente el indulto. Y ya ha pedido perdón. Creo que es una página que hay que voltear. No hay que olvidar que en el peso de la historia Fujimori hace dos cosas. La primera –y sin negar todo lo otro–, la victoria sobre Sendero, y la segunda, introducirnos en la economía liberal.

—¿El perdón que ha pedido Fujimori es suficiente?

Creo que deberíamos pensar que le quedan pocos años, y cualquier cosa le puede pasar. Hay que tomarlo como algo que ayuda a una política de paz que es necesaria. Lo de la paz no significa que todo el mundo se abrace y se quiera. Tiene que haber una sociedad con diversas sociedades porque la democracia es una eterna discusión y debate, pero que no nos lleve a esa guerra civil, sin balas, en la que se ha convertido el Perú. No pues, no se puede gobernar así, no se puede prosperar así. Política de paz digo yo. Es una buena invitación a reflexionar y a pasar la página.

—Ahora, eso debería ser promovido, desarrollado, alguien debería tomar la iniciativa.

Bueno, es una iniciativa digna de un obispo o un arzobispo, y como Cipriani ya no tiene ganas de intervenir en estas cosas, nos queda hacer un poco la moral simple, del mundo cristiano. Hay que saber perdonar, hay que aceptar el perdón. Es muy duro para una personalidad fuerte como la de Fujimori decir perdón después de que le han dado un indulto. No ha sido para buscar el indulto, no ha sido un gesto de poca calidad, al contrario. Eso, un mundo católico debe entenderlo.

 

Hugo Neira afirma que el fujimorismo debe comportarse “como la gente espera y hacer algo para que avancemos en una situación económica difícil”.

 

—Pedro Pablo Kuczynski ha quedado muy debilitado, pese a que podría mejorar sus relaciones con el Congreso, por las cosas que le pueden ir sacando nuevamente, por el propio indulto. ¿Debería renunciar?

Yo estaba por que más bien vacara. Estaba con la idea de que PPK no ha entendido qué cosa es la vida política. Pero nos ha dado una lección de que sí la entiende. Porque lo que ha hecho es magistral. Se impuso a [Martín] Vizcarra y a Meche [Aráoz] para decirles: “Ustedes también renuncian”, con lo cual cerró la posibilidad de una transición constitucional del poder, que hubiera sido normal. Por eso existen los vicepresidentes. Pero era peligroso porque el problema era que si la presidencia pasaba al Congreso para convocar a una elección, en esa elección perdía cualquier heredero político de las bancadas democráticas. Y perdía también Keiko [Fujimori], que ganaría en la primera vuelta pero no en la segunda, y entonces aparecía un ‘outsider’ y así fue la historia de [Hugo] Chávez en Venezuela. Nos hemos escapado de eso. El abismo no era Keiko, el abismo era ese vacío de poder donde aparecen los ‘outsiders’. Ahora, en este momento algunos se le están yendo a PPK, tiene una crisis política, pero de repente puede tener otras personas, otro personal político que en el Perú abunda. Hay gente muy talentosa. Puede cambiar de ministros y de políticas. De pronto personajes políticos muy hábiles, como Ántero Flores-Aráoz, y también personas ligadas al mundo popular…

—¿Fuerza Popular estaría ahora más dispuesta a acordar un plan de trabajo de aquí hasta el 2021? Es indispensable…

Por supuesto. Ahí ganan los dos. Si no, pierden los dos. No se trata de fusionar porque son mentalidades distintas. Luego de las elecciones del 2016, yo me dije, bueno, al diablo pues, han ganado dos derechas. Una derecha de financieros, de la élite, y una derecha popular; se van a entender. No pasó eso. Pues es el momento de que hagan una lista, sin fusionarse, manteniendo su distancia. En ciertos puntos no estarán de acuerdo, pero en otros sí. Imagínate que el Congreso le propone A, B, C, D y él dice sí, está bien, esto lo voy a firmar. En cambios ustedes me ponen F, G, H… proyectos, leyes, reformas, todo el mundo reclama reformas. Y la gente quiere cosas concretas, inmediatas, que se pongan de acuerdo, que trabajen. Eso se hace cuando la nación está en peligro, se cierra filas y todos están de acuerdo en defenderla. ¡Está por hacer todo!

—¿Eres optimista? 

Bueno, hay un peligro, Lava Jato sigue, entonces desde el punto de vista ciudadano parece trágico, nos pone siempre en disyuntivas terribles, nunca se puede tener la razón al 100%. Las bancadas mismas se dividen. Has visto la discusión vil entre Mulder y Del Castillo… pero al fin y al cabo esos son los parlamentos, desde los griegos y los romanos se trompeaban sin ningún problema. Eso es un Parlamento. No es tan grave. Pero va a haber otro arco iris, PPK va a buscar otras alianzas y también el fujimorismo se va a portar de una manera que ya no puede seguir atacando a los otros poderes. Tiene que comportarse como la gente espera y hacer algo para que avancemos en una situación económica difícil. Es formidable, es un buen momento.

—Pero da la impresión de que el fujimorismo no ha procesado intelectualmente la década de los 90 para entender qué pasó y por qué, y extraer de allí propuestas programáticas. Entonces, en lugar de rechazar la parte autoritaria de los 90, regresa ahora a actitudes más bien autoritarias, y en lugar de recoger lo positivo de los 90, la apertura y la libertad económica, lanza o apoya leyes populistas.

Un cambio tan grande que un amigo mío, Jaime de Althaus, habla de la revolución capitalista y tiene razón. Eso, todo lo que ha pasado en el Perú es sorprendente. Ahora bien, tú sabes que a la gente y a los políticos les cuesta trabajo comprender a veces cómo cambia la sociedad. Los 90 son los 90. En ese momento había algo que era Sendero, había un riesgo gigante. Si hubieran vencido, no estaríamos conversando como ahora, estaríamos muertos. Pero hoy no hay eso, entonces no hay ninguna razón [para] tomar como modelo aquel poder centralizado y personalista. Pero te pregunto, ¿cuál de los tres fujimorismos? Porque tenemos el de Fujimori padre, el de Kenji y está el de Keiko. ¡Han proliferado! Y se dividen. No les deseo eso, pero tanto como la izquierda también. O sea que el panorama para el análisis está estupendo, aunque el ciudadano sufra.

—Parece que tienen un problema de identidad. Por ejemplo, Fujimori representó a ese sector informal, emergente, mayoritario, se relacionó directamente con ellos. Pero Fuerza Popular prefiere representar al establishment laboral, a los sectores organizados que gozan de una legalidad laboral excluyente. Entonces rechaza una reforma laboral que permitiría incorporar a estas grandes mayorías a la formalidad…

A mí me parecería que Kenji o Keiko podrían hacer el trabajo sociológico-político que hizo el padre, que fue ganarse a esa capa social. Acuérdate de que Hernando de Soto la descubrió. Mi amigo Carlos Franco, que echo de menos, decía que la plebe urbana y la plebe rural serían la base de un movimiento socialista. Pero no, votaron por Fujimori porque se entendían muy bien directamente. Y ahora hay otros sectores sociales más acomodados, ahí están los conos, gente como los mineros ilegales, que Hernando de Soto me explicaba que desean conectarse con el Estado y no les hacen ni caso. Es otra sociedad menos pobre, con nuevas clases medias, que tienen dinero, son la emergencia, y el fujimorismo es el nuevo ‘partido del pueblo’. Mis amigos apristas se enojan cuando digo eso. Pero son el nuevo partido del pueblo. Por eso las élites le tienen un terror enorme, como le tuvieron al aprismo. Aparece una cosa nueva, y en vez de integrarla a la democracia, la combaten. Entonces están volviendo un monstruo de Frankenstein al fujimorismo como lo volvieron al Apra en las persecuciones. O sea, el aprismo violento, difícil, ese movimiento intolerante, dogmático, era el resultado de lo que le habían vuelto, el país mismo, persiguiéndolo. Hoy el cuco es Keiko. No pues. Ella está formando un partido, cosa que el padre no hizo nunca porque no tenía idea de partido. Pero el fujimorismo debe leer la sociedad que hay hoy día, que es mucho más rica que en el pasado. La pobreza está en 20% solamente, hay demandas de reconocimiento jurídico, y eso sería un trabajo muy importante. Yo les recomendaría que llamen a Hernando de Soto, que conoce muy bien del tema.

—La izquierda peruana es también un problema, ha evolucionado poco…

Exactamente. Es también un tiempo de que las izquierdas hagan pues un mea culpa y se reconcilien consigo mismas. Yo las respeto, nunca uso la palabra ‘caviar’, que debería, pero en fin [risas]. Tienen que pensar cómo se reconcilian con las masas, con el pueblo, qué política tienen porque ya no funcionan los radicales. El que sale radical no va a ser elegido. El pueblo quiere tener progreso, están en la economía de mercado, no van a retroceder, ya tienen un sentido común. No vas a decirle a un amigo que vive en los conos que Proudhon, socialista, decía que la propiedad es un robo. Te saca a patadas. Es imposible. Entonces, no tienen un proyecto dentro del capitalismo –porque no tenemos otra economía en el mundo– con políticas sociales. La combinación de liberalismo con socialismo la hace Macron, la hace la señora Bachelet en Chile, la hacen los españoles socialistas, ¿por qué no la hacen aquí? La izquierda peruana todavía no ha entendido dos cosas: democracia –el otro existe– y mercado –es imposible salirse de él–.

Publicado en el diario El Comercio, 01 de enero de 2018

https://elcomercio.pe/politica/neira-hay-perdonar-hay-aceptar-perdon-noticia-485571

 

Indulto. Jonas, el principio de Responsabilidad

Written By: Hugo Neira - Dic• 26•17

Los grandes hechos históricos están ligados a lo imprevisible. Más de uno ha sido sorprendido por el indulto a Alberto Fujimori. Lima es la ciudad de los rumores y de eso se hablaba hace rato. Y ni siquiera cuando los congresistas votaron contra la vacancia de PPK, nada aseguraba la pronta libertad de Alberto Fujimori, acaso solo la libertad de la muerte. Por mi parte temía que el Presidente no diera un paso tan difícil y riesgoso. Y lo ha dado. Se entiende que el indulto sea aplaudido por unos y repudiado por otros. Quiero dar mi opinión, apretada y sincera.

No sin antes una cuestión previa.

No fui fujimorista, no vivía en el Perú en los años noventa. Y sinceramente, me parecía un gobierno autocrático. Estaba de acuerdo —y sigo estándolo— que se había producido una «democracia delegativa» (Carmen Rosa Balbi). Incluso vine al Perú por unas semanas para participar en las actividades del Foro Democrático, se lo pueden preguntar al doctor Alberto Borea. Éramos unos cuantos. Cucho Haya de la Torre, Lourdes Flores y yo, teníamos la misión de ir, una por una, a las desangeladas universidades del norte costeño, predicando contra la reelección por tercera vez de Fujimori, año 2000. Por mi parte, nunca dejé de pensar que la violencia de Sendero Luminoso es la causa para que naciera su contraparte, el poder centralizado y personal de Fujimori. Rara vez se dice que un autoritarismo produjo otro autoritarismo. Y ahí está la trampa. Con la excepción de Iván Degregori, pocos en la izquierda tomaron a Sendero por lo que es. El lugar de «los hondos y mortales desencuentros».

Lo que voy a decir de inmediato gira sobre dos formas de razonar. La Realpolitik. Luego, un tema de ética.

A) Hoy, ante el indulto, pienso lo que sigue. 1) El Presidente tiene esa prerrogativa y la gracia de otorgar la libertad. 2) Esto es corriente en todas las democracias del mundo. 3) Los que no la entienden no conocen la lógica del Estado, se indulta en nombre del «bien común». Es decir, la paz social. Habrá marchas y protestas, están en su derecho, pero es difícil que los peruanos prefieran la continuidad de la tensión entre el Ejecutivo y el Legislativo, como ha sido el horrendo año que termina. 4) Negarle ese derecho al actual Presidente es negar la potestad misma del mandatario, no solo el actual sino toda forma de presidencialismo; en realidad los que protestan (Cateriano) pertenecen a un extraño poder que se sitúa por encima del poder. Son parte de un proyecto de clase dirigente sin pueblo. 5) Lo que ha hecho PPK es en nombre de la gobernabilidad. 6) Ninguno de estos argumentos logrará calmar el ánimo de los que están por el ‘No’. Cierto, la democracia es un conflicto permanente. Pero en el Perú, siempre tan originales, estar en contra es una forma de vida y de recursos para poder vivir. El nihilismo en Lima paga bien.

B) Las razones éticas. ¿Ha oído usted algo sobre Hans Jonas? Nacido en 1903, estudió filosofía, teología, historia, heredero de Husserl, Heidegger, profesor en la New School for Social Research de Nueva York, alcanza la celebridad con el «principio de la responsabilidad» (Das Prinzip Verantwortung, 1979). Jonas sostiene que las éticas tradicionales están superadas por la civilización actual. La tarea de la filosofía consiste en reprogramar los principios mismos de la ética. Hay un imperativo categórico pero que sucumbe ante las tentaciones de una era de la dominación de la técnica. Entonces, el dilema es entre lo que es posible hacer, hoy, desde las situaciones nuevas que engendra la ciencia y los hechos políticos. Hay, pues, una ética de la convicción. Por ejemplo, yo soy pacifista, en consecuencia, no tomo las armas cuando invaden mi país (es el caso de los cuáqueros). Ahora bien, Jonas no discute la convicción, pero pregunta: ¿cuál es la consecuencia del pacifismo? Los enemigos arrasan tu país, tus bienes, tus familiares. El filósofo no discute las creencias (entre ellas, los derechos humanos) sino que no es posible eludir el «principio de la responsabilidad». Así de simple y de enorme. La guerra civil post Sendero y post Fujimori ha durado hasta las navidades del 2017.

C) Se libera a Fujimori. ¡Y también a PPK!

Hasta este día de Pascuas que difícilmente olvidarán los peruanos, el Presidente de la República aparecía como un mandatario entre indeciso y cauteloso. Esa imagen, precisamente la peor que pueda lucir un mandatario en un país como el nuestro, que no soporta mandatarios asustadizos y cohibidos —Bustamante y Rivero, Fernando Belaunde, Ollanta Humala—, hoy no juega con PPK. Para esa decisión se precisa de arrojo, de determinación. Al Presidente hoy, lo admiten el lado popular de la peruanidad y no los sinuosos capitostes de la nada. El indulto es doble. Salva a un hombre enfermo que nos había salvado de Sendero Luminoso y de un tipo de economía que no era la correcta, y por otro lado, libera al propio Presidente de la indigencia política y moral de buena parte de su contorno. Así, en este país, por lo menos hay dos hombres dichosos. Uno, cuyo indulto significa que los peruanos no somos tan ingratos como parecía. Y otro, un Jefe de Estado que va a poder ejercer su autoridad de una manera más desenvuelta.

Publicado en El Montonero., 26 de diciembre de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/indulto-jonas-el-principio-de-responsabilidad