No te leo (J. Hevia)

Written By: Hugo Neira - Jul• 30•17

En ciertos puntos estoy de acuerdo, en otros no. Lo publicamos igual porque se preocupa por el problema de la lectura y de la educación. Para mí, las cosas son sencillas. En el resto del planeta, se enseña conocimientos. En el Perú, no. No se enseña física, química, lógica, gramática, historia universal, historia del Perú, literatura hispanoamericana. Eso es todo. Insisto, el Perú es un tren que se ha salido de los rieles. Hay que reconocer el error y volver a tener maestros y libros. En la Educación actual, se ha destruido la figura del maestro. Lo llaman “facilitante”. No se enseña a escribir un mínimo paper. Como están las cosas, jamás saldría un Julio Hevia Garrido Lecca de los colegios públicos. (HN)

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“Anne-Marie y Roger Chartier son dos de los especialistas más encumbrados del mundo de la lectura, acuciosos rastreadores de su genealogía como de sus abruptas metamorfosis contemporáneas. Así pues, la Chartier sostiene que nunca se ha leído tanto como en la era actual: en ese diagnóstico se cuida de incluir best sellers, artículos técnicos de la más variada índole, revistas de gran circulación y distinto alcance, sin omitir toda la oferta virtual que, hoy por hoy, se abre y cierra ante las miradas atónitas de los migrantes o el atisbar cloromorfizado del nativo.

De la cantidad pensaba Marx, debía darse el imprescindible y tantas veces postergado, salto cualitativo. En cambio Nietzsche, paródico o crudamente realista, llegó a señalar que la propia cantidad ya era, en sí misma, otro tipo de calidad. Quizá entre uno y otro razonamiento se yergue un vasto panorama donde conjeturar lo que le viene ocurriendo a la humanidad en el terreno, tecno-cognitivo se diría, de la lectura electrónica y sus posibles efectos que, señalémoslo de pasada, mal podrían desligarse de toda suerte de afectos.

Ronald Barnett, especialista británico de la problemática educativa y las variantes no poco significativas que el aprendizaje contemporáneo implementa, nos advertía de la mutación de una enseñanza históricamente centrada en la comprensión de los fenómenos hacia una modalidad, bancaria o atomística, harto focalizada en las, puras y duras, competencias. Dicho del modo más elemental, allí donde las competencias aislan los tópicos a aprehender y otorgan a cada cual, aprendiz primero, operario, técnico o profesional después, su lugar en la cadena productiva, la comprensión nos insta, volvemos a Barnett, a colocar en la balanza nuestro propio punto de vista y las correspondientes limitaciones que le son inherentes, ergo, la necesidad de relativizar el análisis y estar atento a su corrección continua.

Hay pues en la rejilla, claramente discriminatoria, del aprendizaje por competencias una suerte de traducción pedagógica de cierta mecánica fordista, a juzgar por la propia gestación, distribución y jerarquización de los saberes tal cual son ordenados social y laboralmente; mientras que en el ejercicio de la reflexión comprensiva aún se respira el aire calmado y menos apremiante que exhalaran el aura enciclopédica, los intereses humanistas o los formatos todoterreno que tanto atraen al ensayista de ayer y hoy. No es gratuito que las competencias, afirmándose en comparaciones y trabajando con constantes, autoricen siempre la configuración de manuales y tiendan a casos paradigmáticos. La comprensión en cambio, quizá más lenta y cuestionadora, lo sumerge todo en el plano de la duda y, desconfiada por naturaleza, no se conforma con fórmulas, de allí que tienda a atisbar en el uso y abuso del Power Point un mecanismo reduccionista, y en el cortar-pegar la sintomática resultante de una concesión educativa sospechosamente paternalista y alfabetizadora.

Si de comprender se trata poco es, valgan verdades, lo que comprendemos de nuestra realidad y es que, visto del modo más áridamente pragmático, tampoco hay demasiada motivación para ello, notando acá de pasada, que tal empuje parece estar inextricablemente ligado a los incentivos económicos y a sus pomposos empoderamientos. Dicho de modo muy grueso y bajo el empañado cristal de una óptica reflexiva en trance de extinción, el dilema parece oponer, de modo irreductible, el acto de leer al de no leer. Sin caer en tal suerte de catastrofismo podríamos preguntarnos si acaso la curva léxica en la que hemos entrado, ascendente o descendente en función del ángulo desde el que se la divise, no supone un facilismo que ablanda las iniciativas del lector, adelgaza sus búsquedas y, en consecuencia, acorta el tamaño de los intereses de quienes se involucran en tal práctica? Es así que tiempo atrás tratábamos a nuestros alumnos, medio en serio/medio en broma, cual si estuvieran afectados por un efecto tipo caña-corta.

Con la lectura electrónica, y a riesgo de ocupar el lugar del fetichista nostálgico, hablaríamos entonces de una reorientación, cuando no de una supresión de los afectos socioepidérmicos a los que estábamos habituados antaño: he allí los despliegues tactiles, el compromiso de la dimensión corpórea vía el tanteo manual, el ejercicio kinestésico en un mundo articulado en tres dimensiones, el aroma más o menos vinculado a la reciente adquisición o al carácter de reliquia del libro que tenemos entre manos.

La lectura digital hoy, es preciso reconocerlo, es la que practica el navegante en medio de una marea informativa que, como es natural, lo distrae, lo desconcentra, lo marea, a fuerza de proponerle todo tipo de conexiones, itinerarios y desplazamientos de superficie. Profundizar es inútil: el slogan adquiere valor de sentencia. Abstraer trae problemas y a ningún logro conduce: es el mejor modo de perder tiempo o de perdernos en él. Incluso, según demostrara recientemente un célebre filósofo fujimorista, leer hace daño y hasta produciría Alzheimer.

Otrora nos figurábamos las cosas vía el lenguaje escrito o hablado; hoy ambos regímenes son canjeables por una serie de gráficas que los emoticones proveen y los memes diseminan. ¿Proceso de transición hacia un orden mejor o involución de rasgos apocalípticos? No lo sabemos, nada es seguro y, en medio de la incertidumbre, J. Wagensberg, físico catalán, ha advertido que la gran virtud de los objetos inertes es la estabilidad, la de los objetos vivos la adaptabilidad y la de los pensantes, su creatividad. ¿Qué virtudes creen ustedes, amigos y amigas, son las que hoy se recompensan y a qué precio?

Julio Hevia Garrido”

El sueño de PPK. Una República moderna y justa

Written By: Hugo Neira - Jul• 28•17

Antes de escuchar el discurso, había ojeado los diarios locales, encontrando una coincidencia en lo que probablemente serían los temas centrales a los que acudiría Pedro Pablo Kuczynski, a saber, la economía, la inseguridad y la corrupción. Minutos más tarde, eso es lo que hizo, y algo más. Un discurso con problemática y como dicen los campesinos cusqueños, con “solucionática”.

A las 11 am, el Presidente comienza la lectura. Va a ocuparse de las reformas que le parecen conveniente pero pide a la Cámara, de antemano, agradecer a los voluntarios en la lucha contra los daños del Niño, y señala el palco presidencial y nueve peruanos que obraron a favor de los damnificados, como voluntarios. Los menciona por sus nombres, y uno por uno, el público presente los aplaude. Luego, otro gesto, pide guardar un minuto de silencio por las víctimas.

Desde las primeras frases, con voz nítida, fuerte, en una disposición a la franqueza –que no habíamos escuchado durante el gobierno anterior– PPK dice sinceramente que no había podido cumplir las reformas que preparaba puesto que dos inmensas desgracias cayeron sobre nuestro país: el Niño Costero y Lava Jato. Ante la primera plaga, nos hace saber que la reconstrucción con cambios, va a costar 20 millones de soles. Abrevio lo que dijo sobre Lava Jato. “La cadena de pagos que se interrumpieron”. Largamente nos dijo lo que queda por hacer en infraestructura destruida, “8 mil kilómetros de carreteras, 2000 colegios, los damnificados, y de inmediato, los ríos que serán modificados, el Piura, Olmos, la quebrada de San Idelfonso. Al tiempo que se reubica la gente, “fuera de las quebradas”. En fin, esas catástrofes, nos han costado 2 puntos menos del PBI. Por mi parte, no veo esos párrafos como un pretexto. Ambos hechos, la corrupción y la naturaleza, estaban fuera de su poder. Y la primera, viene de atrás.

Lo que sigue es francamente saludable. El Presidente entrega un libro de la Memoria de su primer año de gobierno a cada congresista. Luego, en el curso de su exposición, cinco proyectos de ley que son depositados, con la solemnidad del caso, a la mesa presidencial del Congreso. Proyecto sobre la reforma del Consejo Nacional de la Magistratura. “Desconocida entidad”, la llamó con ironía. Pero a lo que voy. El Presidente actual no es el tipo de mandatario que se contenta con presentar sus proyectos. Pedro Pablo Kuczynski no perdió una ocasión para señalar defectos y retrasos. Por ejemplo, “un país con un feminicidio por día”, y “el tercero en el mundo en violaciones”. A PPK lo hemos tomado como un tecnócrata. Acaso nos estábamos olvidando de qué canteras viene, que son las del conocimiento, la cultura. Y el saber indignarse. Ha dicho en alta voz que somos un país RACISTA. Ese rol crítico es raro en los mandatarios peruanos.

Mezcla en su discurso lo mal que anda un sector, por ejemplo, el judicial, admitiendo que “está sobrecargado”, y nos da cifras: “85 mil presos cuando solo hay capacidad para 37 mil”, y pedidos sensatos, “debemos acelerar las sentencias,” y el anuncio de algo que piensa construir, “unos 10 penales”. El sistema oratorio de PPK es una tríada, cifras, sinceridad, proyectos. Hay que recordar que ese discurso no se dirige solo a los medios y a políticos pero también al ciudadano que puede no conocer esas cifras. Me alegro que haya dicho que en “el gobierno anterior, habían metido 50 mil personas más en el cuerpo de funcionarios”. Qué cara habrá puesto Ollanta en su celda¡! Por lo demás, PPK arrancó reconociendo “la independencia de los poderes del Estado”.

Me sorprendió su interés por el agro, “abandonado en los últimos decenios”. ¡Lo dijo! Y habla de llamar a las rondas campesinas¡! Este hombre no es un palaciego. Habla con claridad. “La miseria del agro”. Un 43% de la población rural. Y luego, el agua para todos, la ampliación de los gastos por salud, la Alianza del Pacífico, la idea de recibir a venezolanos, con “permiso residencial”, y los preparativos para el Bicentenario. Sin duda, su disposición al diálogo con las fuerzas políticas, “una democracia busca consensos”.

En suma, en este feriado de un 28 de julio, hemos visto a un estadista. Quiere un país moderno. Lo dice. Sabe que no lo somos, por el momento. Entonces, no es cierto que tiene la mirada del tecnócrata. Estos son necesarios, siempre y cuando el Presidente tenga una visión global, holística. PPK la tiene. Se puede discrepar de los objetivos, pero hay un proyecto. Lo que quiero resaltar es ese ánimo crítico del Presidente. No es muy común esa actitud. Pero hoy un mandatario nos está diciendo que el Perú que deseamos, todavía no existe. Cuando “cada peruano respete a otro peruano”. No sé cuánto podrá hacer de lo que quiere hace, para llegar “al sueño de la República”. Ese discurso lo he sentido como un ejercicio de franqueza, de verdades que duelen, por un hombre que no oculta la alegría que tiene de ser presidente. Es solemne a ratos, como lo exige su rol de mandatario. Y de vez en cuando, un bailecito. Y ha trabajado, cinco proyectos en las manos del Congreso. No está nada mal.

Publicado en El Montonero., 28 de julio de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/el-sueo-de-ppk-una-republica-moderna-y-justa

 

¿Estado y procuradurías autónomas? Entre necesidad y disparate

Written By: Hugo Neira - Jul• 24•17

El sistema político que tenemos es creador de frustraciones específicas que él mismo se inventa. Los inquilinos momentáneos de Palacio quieren alcanzar resultados económicos sin gobernar demasiado. En efecto, cualquier gesto de poder, por más legítimo que sea, desencadena terremotos emocionales. El de esta semana ha sido el tema de las procuradoras. Pero es preciso definir qué es un procurador y qué es el Estado. Ahora bien, he escuchado a Ántero Flores-Aráoz, en el programa de Milagros Leiva, definir a un procurador como el abogado defensor del Estado. Por mi parte, voy a contar como vi actuar a procuradores.

Cuando vivía lejos, en Tahití, venía con mucha frecuencia al Perú. No existe un vuelo directo entre Papeete y Lima, y la escala en Chile era inevitable. En esos viajes, me hospedaba en el Conde Ansurez, un hotelito a la entrada de Santiago. Y en una ocasión, me encontré con las pistas bloqueadas por centenares de camiones pesados. La ciudad estaba tomada. Pero a la mañana siguiente me llevo una gran sorpresa. Los camiones habían desaparecido. A medianoche, dos procuradores del Estado chileno, así de sencillo, habían actuado con la ley en la mano. Y unas gigantescas gruas desalojaron a los camiones. Como hubo resistencia de los sindicalistas, la policía toma presos a unos doscientos. Todo esto pasaba no en el Chile de Pinochet sino durante el gobierno democrático de Lagos. Por la tarde, el Presidente fue a visitar a sus correligionarios socialistas, y estos salieron, luego de prestar declaraciones. Podía ser muy justa la causa de los trabajadores del transporte, pero no al punto de impedir la libertad de circulación a 5 millones de personas, la población de Santiago. Una cosa es una manifestación y otra paralizar una ciudad. Y desde ahí, entiendo qué es un Procurador.

¿Qué es un Estado? Vasta cuestión. Para la geografía es un territorio. Para el sociólogo la diferenciación entre gobernantes y gobernados. Para el jurista (H. Kelsen) «un sistema de normas». Nietzsche lo denigra, «el más frío de los monstruos fríos». Hegel lo exalta, «la esfera política es superior a la esfera de la sociedad civil que es el lugar disperso y conflictivo de los intereses particulares». Para Hegel, la esfera política es superior al reunir lo que la sociedad civil dispersa. Marx lo ve como una forma de coerción que utiliza una clase para dominar a otras. Sin embargo, esa definición ya no tiene sentido. El progreso introducido por las socialdemocracias es el fruto de las luchas sociales del siglo XX mediante la reforma de las leyes y un aparato de Estado que produjo el bienestar colectivo de las «Treinta Gloriosas». Cima del Estado de bienestar. Ahora bien, todo esto para decir qué un Estado moderno, es un requisito para la coherencia interna de las sociedades contemporáneas.

En el día de hoy, entendemos al Estado de derecho como una necesidad. Pero el “entendemos” me refiero a la comunidad científica que envuelve el derecho en otros países. Para aterrizar en el caso peruano, tengo que discrepar de dos lecturas locales. He escuchado a un congresista decir, “el pueblo es también el Estado”. No señor, está usted confundiendo Estado y sociedad. La segunda interpretación que comete un error. No aceptan que PPK es a la vez, el jefe de gobierno y “del Estado”. Lo dice la Constitución, artículo 110.

Vamos al grano. Un torpe decreto, el de urgencia n°003-2017, fue interpretado por la procuradora Katherine Ampuero como una posibilidad de investigar al mismo PPK. En cuanto a Julia Príncipe, si no me equivoco, investiga a Nadine Heredia entre junio y octubre del 2015, en tanto que ciudadana, y destituyen a la procuradora Príncipe. Hoy son de alguna manera, ella y la señora Ampuero, víctimas de errores que comete la actual administración presidencial. En el mundo hay 194 países soberanos en la ONU. Y en ningún caso un procurador trabaja contra su empleador, el Estado. En fin en la Constitución, el artículo 117 es claro: «solo puede ser acusado, durante su periodo, de traición a la patria (…)». No aparece nada sobre ilícitos.

En fin, el tema del manejo de las leyes y las circunstancias puede llevar a lo que Juan Paredes ha abordado en La presidencia ficticia. Ocurre cuando se produce un vacío de poder. “Cuando las funciones de estado se evaporan en las funciones de gobierno” (pp.17-25).

¿Y quién es el genio al que ahora se le ha ocurrido en el Consejo de Defensa Jurídica del Estado lo novedoso de ‘Procuraduría autónoma’? Menos mal que no fabricamos automóviles, les pondríamos tres puertas, dos timones, pura «creación heroica». Lo que sea con tal de ser diferente. En fin, supongamos que necesitamos de una suerte de Cuarto poder. Una entidad que vigile a los otros tres (!) Si es así, entonces, modifiquen la Constitución. Y por sufragio universal, nombren procurador o procuradora. En suma, moral y éticamente, Julia Príncipe y Katherine Ampuero tienen razón. Odebrecht, el proyecto Olmos, Lava Jato, lo merecen (no digo ‘ameritan’). Pero hasta nuevo aviso, una procuraduría autónoma no existe. Y en consecuencia, un Presidente puede despedir a sus abogados. Estado y nación, los encarna PPK hasta el 2021. Cómo está ejerciendo el poder, es otra crónica. En mis crónicas, nada de papas y camotes.

 

Publicado en El Montonero., 24 de julio de 2017

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¿Aprismo? Aprismos, un iceberg en el mar de la incertidumbre

Written By: Hugo Neira - Jul• 17•17

Hace una semana propuse ocuparme de un terremoto. Y en realidad, hubo no uno sino tres. El Instituto Geofísico registró un sismo de 4.2 grados de magnitud en la provincia de Oyón. No fue gran cosa. El segundo ocurrió en los quioscos. En los titulares, Ollanta Humala y Nadine Heredia. Desde el «prisión conyugal» (El Comercio) a «Juez ordena cárcel para Humala y Nadine» (La República) a «Tras las rejas» (La Razón, Expreso, Karibeña) hasta la mención muy modesta de El Chino, el célebre tabloide del fujimontesinismo de los noventa, que hoy prefiere ocuparse de la «disfunción eréctil» De las portadas, la mejor, el semanario de César Hildebrandt, «¡Esposados!». Flor de juego verbal y doble sentido. De los comentarios en las radios, mejor ni ocuparse.

No debo continuar sin confesar desde dónde razono. No soy un opinólogo. Ni tengo pretensiones de ideólogo. Acaso un universitario (lo de académico es pomposo) que dicta clases, escribe libros y hace periodismo. Sin olvidar que soy un abanquino que crece en el barrio bronco de Lince y cuya carrera de docente se hace en Europa. Vengo del pueblo. Y los partidos que vienen del pueblo puedo no aprobarlos, sin llegar al odio. Si alguna militancia tuve, fue de joven y era comunista. ¿Cuando dejé de serlo? Cuando acompaño a los espontáneos movimientos de sindicatos campesinos en los años sesenta que me enseñaron que era posible la autorganización de los explotados sin partido alguno. No fui el único en mi generación. A Fernando Fuenzalida le bastó unos meses en Polonia comunista para apartarse por completo.

Pero ni como comunista ni cuando Velasco, fiel a mis principios, jamás fui antiaprista. Si hubiese sido argentino, tengo la certeza de que no hubiese sido antiperonista. No es corriente en Lima asumir que alguien razone, discrepe, pero sin una previa ojeriza. En cada propuesta mía, hay una teoría. Frédéric Lordon, investigador francés del CNRS, propone como método «un estructuralismo de los afectos». Si no se entiende eso —el factor subjetivo—, no entenderemos nunca por qué hay peronistas y apristas. Ni tampoco izquierdas y derechas. Prefiero la razón, pero Pareto señaló que la política es el terreno de lo no lógico. Se olvidan en Perú que quien introdujo la antipolítica fue el mismo Alberto Fujimori. Resulta irónico que quienes lo combaten tengan una actitud que prolonga lo peor de los años noventa. Los diarios están llenos de montesinistas anti Montesinos.

Sobre ese Congreso aprista, El Comercio dice que se enfrentan sectores. Puede ser, pero hay otra manera de verlo. Es un asunto interno, conflictos intestinos, y en su larga historia, no es la primera vez. En ese caso, yo no me meto. Francamente, las desavenencias entre apristas me parecen un asunto conyugal. En los líos de pareja, es mejor no intervenir. Si la esposa de un amigo me cuenta que se están separando, yo no le voy a decir «al fin te das cuenta de ese desgraciado, te sacaba la vuelta todo el tiempo». A las pocas semanas, puede que la pareja se amiste y uno queda como palo de gallinero, o sea, cagado por chismoso.

¿Qué pienso de ese Congreso? Es «un coup de maître» de Alan García. Golpe maestro, lo renombran Presidente del partido. ¡Y luego renuncia! He escuchado a gente que lo detesta pero admiten su habilidad. Pero, ¿para qué? Está claro que me equivoqué de metáfora. No hubo terremoto, más bien el iceberg que está separándose de alguna Antártida. ¿El aprismo va a flotar en el mar de la incertidumbre hasta el 2021?

Sinceramente, esperaba algo más reflexivo. El aprismo, de izquierda o de derecha, necesita su Vaticano II. Un aggiornamiento. El pueblo de Haya, la plebe urbana diría Carlos Franco, no es la del jirón Gamarra y los Conos de hoy. Todo está por discutirse. La política en nuestros días no son las masas. Son los individuos. ‘Podemos’ por ejemplo. El aprismo no se está renovando. Tampoco la izquierda, no han hecho su perestroika y es hora de un mea culpa. Llevaron al poder a Humala.

No hay que ser aprista para preocuparse por el gran partido que fue una socialdemocracia. Cuando digo eso a los apristas, no les gusta. En una conferencia a tres en Villa Mercedes, hace poco, Carlos Roca me llevó la contraria. El universitario que soy los clasifica de esa manera. ¿Pero son posibles en sociedades que no han pasado por una fase industrial? Todavía la cuestión de encajar democracia y cambios sociales no encuentra una vía ni en Perú ni en la América Latina. Todo eso debe ser pensado en un Congreso. Haya ya lo hubiera hecho. Sus ideas nunca se quedaron estancadas. Recuerdo el «todo fluye, todo cambia», de Heráclito, en el Antiimperialismo y el Apra, de 1928. De haber vivido, hubiera llamado a otro tipo de Congreso.

En suma, no estoy en el negocio de los puestos públicos, a ver si me entienden. Ese aprismo, si de alguna Antártida se aleja, es del sentido común del ciudadano. Lo mismo ocurre en el resto de la clase política. ¿Quién manda en el Apra? ¡Allá ellos!

Publicado en El Montonero., 17 de julio de 2017

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Peor que politiquería, costumbrismo

Written By: Hugo Neira - Jul• 10•17

El país en que “quedamos en que veremos”. (François Bourricaud)

 

¿Cuál es ese país?, se dirá el amable lector. Cuál va a ser sino aquel en que usted y yo vivimos. En que la leche es leche y no lo es. En donde la policía le pone fin a los crímenes de ‘Los charlys’, mientras otros “policías robaban droga a narcos para negociarla con las mafias del Callao” (La República, 08/07/17). “En qué quedamos, por fin,/ me quieres o no me quieres/”. La ideología dominante son Los Tecolines. “Si estás cansada de mí,/ más vale que no lo niegues”. Bolerazo.

Lo del indulto o no, es tema que será interminable. He vivido en otros países, conozco otros pueblos y naciones, todavía los franceses polemizan si Bonaparte tuvo que ser Emperador o quedarse en primer cónsul. O si Franco produjo o no el desarrollo aunque dictatorial de España, y cosas por el estilo. El enjuiciamiento histórico sobre el gobierno de Alberto Fujimori no es para nuestro tiempo. No hay voluntad de un criterio neutral. Lo hará, en el futuro, algún scholar norteamericano. Por ahora, es el peor de los temas, divide a los peruanos. Y vuelve a Lima bizantina. Nos recuerda el desencanto de César Vallejo: “ahora en que me asfixia Bizancio”. Eso era Lima en los años veinte. Eso es un siglo más tarde, la Lima politiquera de hoy.

Estoy hasta la coronilla del tema del indulto a Alberto Fujimori, y no soy el único. En este país con una economía detenida, donde se han perdido unos 100 mil puestos de trabajo en el sector formal, en una situación en que el caos y la juerga se combinan, hay temas más graves, y sin embargo, ahora ya no es indulto, sino «perdón médico». El Presidente no ha dicho ni sí ni no. Ha hablado. Pero para no decir ni sí ni no.

Ante este escenario de idas y venidas, alguien como Raúl Tola se echa a razonar y se pregunta por qué el empecinamiento por mantener vigente este debate (La República, ibid.) Creo que eso merece no una sino dos respuestas. La primera, en efecto, parece una estrategia política. El Presidente lleva al fujimorismo a un juego peligroso, a oponerse todo el tiempo. Vuelve entonces a la oposición parlamentaria los malos de la película. La corriente antifujimorista estará encantada, pero hay un problema, en ese juego también pierde PPK. Lo que corre en medios y en las conversaciones, es que ni uno ni el otro gobiernan. Por el contrario, cuando su gabinete ha actuado, y con rapidez y energía, en el norte inundado por los huaicos, la aprobación al Ejecutivo subió varios puntos. El país quiere decisiones.

Ahora bien, y con riesgo de transformar estas líneas no solo en un análisis político sino en una crónica costumbrista, tengo que invocar otro componente. No todo es política sino malas costumbres. Comportamientos. Hay una manía limeña que viene del siglo XIX. Y la describe con ironía Manuel Ascencio Segura. «Democrático electivo/ […] Temporal, responsable, alternativo/ […] De este calificar pomposo y vano/ Que el Gobierno de intriga o fuerza emana/ Y hace después lo que le da la gana/». ¿Modernos? ¿A dos pasos de la OCDE? Algunos rasgos de hábitos sociales que describieron los escritores costumbristas, hace más de un siglo, el espíritu remolón y engreído de los encumbrados, no son novedades. Sino un permanente estereotipo. Tenerte en ascuas. De ahí los corillos periodísticos, el sainete del indulto, una teatralidad del pasado. Y nada saludable para los tiempos que corren.

Este artículo se inicia con una cita, la de François Bourricaud. El investigador francés que escribió un libro excepcional y que vivió entre nosotros y conocía nuestras mañas y vicios. Presidente de la Sociedad Internacional de Sociología cuando acababa de graduarme doctor en Ciencias Sociales en París, me invita a almorzar. Y me hace esta pregunta, a quemarropa.

– Y ahora Neira, ¿qué piensa usted hacer?

Bourricaud sabía que tenía relaciones académicas con España y México (y todavía no pensaba en presentarme a los concursos en Francia), y la verdad es que le dije que volvía al Perú, cosa que hice. Su comentario, no puedo olvidarlo. “De modo que vuelve al país en que ‘quedamos en que veremos’”.

La mala costumbre de mecer. Lo usamos en todo momento, cuanto te invitan a una cena, a un negocio, a lo que fuere. Las secretarias se pasan la vida llamando por teléfono «para confirmar». No es costumbre ni en Buenos Aires, París, Madrid o Nueva York. En Lima, por quítame estas pajas, en vez de decir «lo siento, no puedo», lo que hacemos es mecer. ¡Qué difícil debe ser hacer negocios en el Perú! Todo se diluye, de las inversiones privadas a los asuntos públicos, en el «quedamos en que veremos».

El disimulo. Dejemos eso para delincuentes que cambian hasta el nombre de las cosas: “Tengo 60 pollos [60 kilos de droga]. Tengo la merca caleta [escondida]”. (LR, ibid.)

La mecida, qué diablos, truco para otros menesteres, no para la primera autoridad del Perú que debe hablar solo para decir cosas definitivas.

Posdata: próxima columna, terremoto en el Apra

 

Publicado en El Montonero., 10 de julio de 2017

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