Censo, ¿o psicoanálisis colectivo?

Written By: Hugo Neira - Oct• 24•17

Se entiende la necesidad del censo de población. Ningún gobierno puede administrar una nación sin saber cuántos habitantes tiene y una      serie de datos sobre vivienda, servicios, la familia y las relaciones de parentesco, y si el ciudadano tiene tal o cual nivel de estudios, y la lengua que habla. Y sobre el empleo, y si obrero o empleado. Habrá una estadística útil para  «políticas públicas». Hasta aquí, vamos bien. Pero la cosa tuvo color de hormiga cuando llegamos a lo de «costumbres y antepasados». El otro día, Vitocho en la televisión recordaba que en censos anteriores, el que corría con la responsabilidad de establecer el maldito fenotipo, era el encuestador y no el encuestado. Hoy ha sido al revés.

A usted, amable lector, ¿le preguntaron qué eres? Este domingo ha sido un momento de autoanálisis severo. No olvidemos que somos una de las poblaciones más mezcladas de la tierra. Lo del mestizaje no es reciente. Alexander von Humboldt, a inicios del XVIII en México y el Perú, hizo minuciosos análisis sobre lo que entonces se llamaba «las castas». Y lo que encontró fue asombroso. En 1800, el número de blancos puros e indígenas puros era inferior a lo que se llamaba entonces «las castas» (Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España, México, Ed. Porrúa, 1966). ¡Hace dos siglos!

Por su lado, la administración virreinal tuvo una clasificación singular. Al comienzo contaban solamente el número de blancos, indios, negros. Luego tuvieron que inventar, debido a los cruces, lo de tercerón, albino, cuarterón de chino, chamizo, morisco. Muchos se han perdido. Gracias a Dios. Pero todavía quedan mulato y zambo. Por lo visto, la vida colonial no fue en nada aburrida. La máquina del deseo o de la dominación, los cruces sexuales y de sangre se dispararon. Las castas, en el tiempo colonial, llegaron a 53 subcastas. Casta quería decir «donde naces, ahí te quedas». Pero hoy existe la movilidad social, por el mercado o por la educación. ¿Y te preguntan hoy qué ancestros tienes? ¿Y si resultan múltiples?

Confieso que tuve ese dilema en el censo. Pude decir que soy blanco. Pero eso no es del todo cierto. Mis dos apellidos son españoles, Neira (encima gallego) y de madre, Samanez. Pero el apellido completo de mi padre era Neira Damiani. Esto último, ostentosamente italiano. El bisabuelo venía de Milán, se instala en Arequipa, según se cuenta, traía dinero, y casóse (como escribiría Riva-Agüero) con una señora peruana de apellido Álvarez. Sobre los orígenes «ancestrales» como dice el censo con cierto sesgo etnocacerista, me puse mosca hace años, y fui a rescatar un álbum de fotos que un familiar me guardaba. Y aleluya, la bisabuela Álvarez era una hermosa cacica de Yanahuara dueña de tierras; y fueron felices y comieron perdices. Los Damiani mis tíos abuelos salieron unos blancazos fuertotes. En realidad, mestizos. Esta fue una preocupación cuando Ollanta en el 2006, y hasta en el 2011, parecía radical. Por eso con bisabuela india de Yanahuara podía sacar mi «permiso de circulación étnico», si es que esa discriminación se hacía legal. Todavía guardo la foto de la bisabuela, por si acaso Antauro.

Me han preguntado el domingo qué soy. La historia de mis ancestros no ha concluido. Por el lado de mi madre Rosalía Samanez Richter, tengo un bisabuelo judío, que se instaló en Abancay. Y ante la página 5, ¿qué hago con bisabuelo español, bisabuela india, bisabuelo italiano y bisabuela judía y peruano nacido en Abancay? Así pueden ser los cosas en nuestro país. Finalmente he dicho que soy mestizo.

El lector se dirá los «originarios» están a salvo. Ni se lo crea¡! Marisol de la Cadena estudió el resultado de una encuesta hecha en una comunidad indígena, en el Cusco. De esas que le gustaban a la señora Karp, bien «originarias». Y ante el asombro de todos, no se declararon ni indios ni del todo peruanos. La doctora de la Cadena fue a verlos. Y uno de ellos, le dice: «Usted llama indio a alguien que solo es campesino y solo habla quechua, entonces eso no soy yo. Yo viajo por temporadas (para comerciar) y hablo el español. La que solo habla quechua y se ocupa del campo es mi mujer». – ¿Entonces? pregunta la antropóloga. Y el hombre le responde: «en proceso». Francamente brillante, un campesino anónimo nos dice con franqueza cómo la identidad está en plena autoconstrucción. El artículo de la doctora de la Cadena se titula «Ya no hay indios sino indias». Interesante, ¿no?

El censo en esa página 5, se deslizó de lo cuantitativo al campo incierto de las opiniones, a lo subjetivo. ¿En un mundo en que las mujeres rurales, en el interior andino, se cambian las polleras por panti de moda para ir a las ciudades? Nos han puesto un enrejado de categorías demasiado escueto, pese a que Iván Degregori nos ha considerado «el país más diverso». Y por desgracia, uno «de hondos y mortales desencuentros». En ese punto —qué eres— nos colocaron a todos en el diván de Freud. ¡La otredad! La encuesta del self ¡! ¿No habría habido una sugerencia de mi amigo Max Hernández? En fin, esa preguntita fue una invitación descarada a la hipocresía. Pero no he caído en eso.

Publicado en El Montonero., 23 de octubre de 2017

http://www.elmontonero.pe/columnas/censo-o-psicoanalisis-colectivo

Lenin entra y sale de Petrogrado

Written By: Hugo Neira - Oct• 22•17

La mítica lealtad del campesino ruso, el mujik, con la familia imperial de los Romanov, se ha desvanecido bajo el efecto de la metralla.

RUSIA ANTES DE LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE

Por: Hugh Samanoff *

 

Por fin estoy en Petrogrado, la hermosa ciudad que hace cinco años, hasta 1912, se llamaba San Petersburgo. ¿Por qué cambiaron de nombre? Porque la encontraban en exceso germánica. El alemán, para los rusos, el enemigo de siempre. Saliendo de Londres, he tenido que dar una inmensa vuelta para entrar en Rusia. Como todos sabemos, el frente este de los alemanes lo impide. Me ha pasado lo mismo que a los exilados rusos, ¿cómo entrar en Rusia en plena guerra? Muchos de los llamados bolcheviques vivían en el exilio en Ginebra, Londres o Nueva York. Con más razón regresan, cuando en febrero de este año, 1917, se produce la abdicación de Nicolás II. La mítica lealtad del campesino ruso, el mujik, con la familia imperial de los Romanov, se ha desvanecido bajo el efecto de la metralla en la que los campesinos y obreros vueltos soldados, siguen muriendo por millares.

El gobierno actual se llama a sí mismo, provisional. Gobierna desde febrero. Su figura más importante es Aleksandr Kérenski, abogado de profesión y que ha jugado un papel decisivo en el colapso del gobierno zarista. Es el actual primer ministro y guarda además la cartera de guerra. Varios colegas me lo sitúan como social-revolucionario y patriota, y que seguirá la guerra contra «los imperios centrales», la manera como los rusos llaman a Alemania. Pero esa causa es cada vez más impopular. Además, Kérenski, siendo republicano, tiene una actitud acaso en extremo respetuosa con la familia real. Los visita, y ha intentado exiliarlos a Gran Bretaña, pero no obtuvo el apoyo de su partido, que es de izquierda. Además, los sóviets, que son muy poderosos, pusieron el grito en el cielo. Tuvo que dejar ese proyecto. Después del Zar, se ha echado a andar una Asamblea Constituyente.

Petrogrado es una ciudad con una actividad política increíble. Existen corrientes diversas, mencheviques, bolcheviques, social-revolucionarios (SR), estos últimos de izquierda, pero rivales de los dos primeros. Hay liberales, que son constitucionalistas-demócratas. El lector se preguntará cuál es el que obtiene más votos. Los últimos resultados son concluyentes. Las urnas han hablado. Los social-revolucionarios —los que no siguen a Lenin— han obtenido 17 millones de electores, o sea un 40%. Les siguen los bolcheviques pero con 10 millones, o sea un 24%. Si a esto se suma a los SR los ucranianos, también SR, pasan del 50%. Corre el rumor que esto no le ha hecho ninguna gracia a un hombre que se llama Vladímir Uliánov, más conocido como Lenin.

Nacido en Simbirsk —curiosamente, la misma ciudad que Kérenski— Lenin tenía dos años cuando se traduce al ruso el primer volumen de El Capital de Marx, once cuando asesinan al Zar Alejandro II, y 17 cuando ejecutan a su hermano mayor por anarquista. En 1893, encuentra a la mujer de su vida, la Krúpskaia. Dos años después, lo acompaña a la Siberia. En 1897, deja de llamarse Uliánov, se llama Lenin, hace rato que milita en el partido socialdemócrata de Rusia, y parte a Suiza. A los rusos revolucionarios, los he conocido no en Rusia sino en Europa. Los bolcheviques han tenido la costumbre de reunirse en sus sucesivos Congresos, en ciudades como Londres, Bruselas, París, Praga. Y aquí, en Petrogrado, un hombre de la policía zarista —de triste fama, la Okhrana—, me explica que preferían dejar salir a los revolucionarios, porque se gastaba menos que llevarlos a la Siberia. Hoy de Petrogrado, Lenin ha huido a Finlandia, dado que un golpe de Estado fallado en junio pasado produjo que muchos bolcheviques fueron detenidos, Zinóviev, Kámenev. Lenin es un campeón en materia de apariciones y desapariciones.

En el estado actual de cosas, Kérenski enfrenta dos máquinas de guerra. La del general Hindenburg que ha destruido los ejércitos rusos a punta de cañonazos, la batalla del lago de Mazurie fue un desastre total para los rusos. Pero Kérenski ha lanzado una ofensiva, y él mismo va muchas veces al frente.

La otra máquina de guerra es la que maneja Lenin. El mayor poder que tiene no está en el parlamento sino en millares de comités de fábricas. Es algo que ha inventado, los soviets. Esa palabra rusa fusiona a la vez soldados armados y obreros. En el Palacio Táuride, donde por momentos funciona la Asamblea Constituyente, ante Tsereteli, uno de los ministros de Kérenski, que dijo “en la situación de Rusia, ningún partido podía reclamar el poder”. No le faltaba razón, el país está desorganizado. Pero Lenin, entonces presente, se puso de pie y dijo: “Ese partido existe. Estamos listos para tomar el poder.” Kérenski es un buen expositor, para tiempos acaso más calmos. Lenin habla a martillazos. En los aplausos, ganó Kérenski a Lenin. Pero en la calle no.

Los bolcheviques tienen una serie de imprentas, no solo publican Pravda sino centenares de gacetas con títulos tremendos. “¡Abajo el parlamento del Zar!”. “¡Abajo los 10 ministros capitalistas!”. “Paz, pan y libertad”. Y un eslogan, que machacan día y noche: “todo el poder al proletariado”. Kérenski ha repartido armas entre los obreros. Los bolcheviques tienen batallones. Aquí hay dos poderes. Los que están por la Asamblea y los que están en contra y tienen de su lado el Congreso del sóviet. Es decir, los comités militar-revolucionarios, que por lo que veo, cada día son más numerosos. No sé qué va a pasar en Rusia en este mes de octubre.

                                                                      ___

* Nota del editor. El periodista llamado Hugh Samanoff no existió nunca. Es una ficción periodística de Hugo Neira, para enviar un corresponsal al pasado, en la máquina del tiempo, a Rusia antes de la toma del poder por los bolcheviques. En cambio, todo lo que aquí figura, desde resultados electorales y maniobras políticas, procede de los mejores libros de historia para esta crónica. Las cosas no fueron simples en 1917. Seguiremos.

Publicado en el diario Expreso, domingo 22 de octubre de 2017, pp. 20-21

http://www.expreso.com.pe/mundo/lenin-entra-sale-petrogrado/

 

Velasco, Chile y el historiador Zapata

Written By: Hugo Neira - Oct• 16•17

Octubre, Velasco, la memoria colectiva, y un artículo de Alberto Adrianzén: «el velasquismo sentó las bases no solo para el advenimiento de la democracia moderna y antioligárquica sino también para el nacimiento de un pueblo libre, capaz de autodeterminarse. Su propuesta fue construir un país de ‘plebeyos’, sin ‘señores’ » (La República, 05.10.17). Adrianzén siempre estuvo en la izquierda, lo digo por si acaso, no fue velasquista.

Carlos Contreras, en su libro Perú, historia mínima, editado nada menos que por el Colegio de México, tiene un juicio neutral. Después de «la restauración oligárquica y crisis», se ocupa del «reformismo militar», 1968-1990. Y en los siguientes términos, «el nacionalismo de los uniformados», y «un general revolucionario». Su juicio es sereno, no esconde la importancia de la reforma agraria, aunque critica algunos de sus aspectos. Me hubiera gustado que dijera que desaparecen los gamonales. En fin, Béjar ha escrito. Y se pregunta si es necesario reivindicar a Velasco. Dice: «No, el paso del tiempo, ya se encargó de hacerlo» (Otra Mirada n°1072). Tengo por Béjar el mayor de los aprecios. Pero no estoy de acuerdo. Velasco y los que lo conocimos no seremos perdonados por haber participado en algo que fue el fin de la servidumbre indígena. Ese tema no está cerrado, Héctor.

Me he visto envuelto en una polémica en torno a Velasco, sin desearlo. Ocurre que hace un tiempo, TVPerú me hizo una prolongada entrevista para «Sucedió en el Perú». Y hoy, lo que editan en RPP (11.10.17) es la cuestión de si Velasco y el tema de Chile. Y de pronto, Antonio Zapata, consultado por los de ese canal, sostiene «que no hay indicios» de lo que digo.

Y sobre eso, respondo. Por una vez, en el Twitter. «No, Zapata, te equivocas. Sobre ese tema no soy historiador sino testigo, a ver si lo entiendes».

En 1977, pasé meses viviendo clandestinamente, cuando Morales Bermudez, pero eso lo contaré acaso en otra ocasión. No vivía en Lima. Una mañana entra una llamada de Velasco directamente a casa de mi madre. « Señora, soy Juan Velasco, la llamo porque corre el rumor de que Hugo se va. Dígale que venga a despedirse». Y como se puede suponer, bajé a Lima. Visité a Velasco, en el hospital militar. Hablamos horas, pero ahora voy directamente al tema de la guerra con Chile. Y me dijo entonces: – Mira, hijo (así me trataba, incluso, hijito), tienes que entender que a estos chilenos nunca más los vamos a encontrar en la situación en que están. Por primera vez tenemos mejores aviones, tanques y habíamos estudiado un ataque como el de los israelitas en el Sinaí. Los íbamos a agarrar con los pantalones abajo». Hasta ahí, TVPerú ha usado mi testimonio. Pero se han callado lo que sigue.

El plan de Velasco era ocupar el territorio perdido de Arica, Iquique y Antofagasta. Y cuando le pregunto si estaba seguro que ganaríamos, me dice: – Mira, si era una guerra entre fuerzas armadas, las chilenas y las peruanas de entonces, ganábamos. Ocupadas esas provincias, lo más probable es que el gobierno chileno habría llamado a la OEA, a los Estados Unidos, para detener la ofensiva. Me entró una duda, y le dije: – ¿Y si no pedían «la intervención internacional»? Y ahí Velasco me dice: – Mira hijito, tú eres un muchacho fuerte, sólido, pero no quiero ofenderte. Gente como tú, la reserva chilena tiene como un millón. ¿Entiendes lo que te digo? De militares a militares, ganábamos de lejos. Pero si era de reserva a reserva, no. Entonces, asombrado, le dije: – Entonces ¿esa guerra no se iba a ganar?! Y me responde: « – Eso nunca lo sabremos».

Mi pregunta hoy se dirige a ese programa de TV. ¿Por qué mocharon ese testimonio? En la respuesta de Velasco se le ve razonando como es propio a los militares, con criterios de orden estratégico. Tengo la peor hipótesis. Siempre se quiso mostrar a Juan Velasco como un imbécil. En cuanto al historiador Zapata, ha dicho «que no tiene indicios». No los tiene porque no los ha buscado¡! En las redes, mi postura de testigo y la respuesta negativa de Zapata han levantado una ola de opiniones contrarias al historiador. Por lo general insisten, en lo que concierne a Velasco, en tres virtudes, «no robó, amaba al Perú, tenía pantalones». (En esto veo asomarse el 2021, el electorado va a querer presidentes con carácter. No golpe, no militares, pero como se dice vulgarmente, «con huevos».)

¿Qué pasa Zapata? Testimonios sobre ese punto los hay por doquier. Muchos en los blogs, hijos de militares, han escuchado a sus padres la misma versión. ¿Y tú dices que no hay indicios? Estás ofendiendo mi probidad. Yo no miento. Además tergiversas el tema de la compra de armas a la Unión Soviética. O sea, ¿Velasco un vendido al comunismo? Compró algunas, pero la masa de armas vinieron de naciones occidentales. Sobre ese punto, en una de mis visitas a Cuba, Fidel Castro me impone una conversación, cara a cara: « – Hugo, ¿por qué te opones a que Perú se arme con lo que le puede dar la Unión Soviética? La he contado en este portal, con la ocasión de su muerte. Vamos Zapata, si no hay «indicios» podemos, si tú quieres, llamar a Raúl. No te preocupes, de hoy en adelante, voy a llevar un notario. Creo que se llama heurística el arte de saber discernir entre el mentiroso y el testimonio honesto. ¿Qué provecho busco o saco por decir la verdad? La actitud de Zapata me sorprende y me molesta.

Publicado en El Montonero., 16 de octubre de 2017

http://www.elmontonero.pe/columnas/velasco-chile-y-el-historiador-zapata

 

¿Adónde va Cataluña? Opiniones de un charnego

Written By: Hugo Neira - Oct• 09•17

Me puse a examinar el tema de Cataluña. Y puedo decirles que es uno de los lugares más tensos del planeta entero. No tienen los misiles del coreano del norte sino algo más vasto. Geopolíticamente, es decir, a escala global, es lo más serio que está pasando.

Cataluña, PBI US$ 211 billones. No está mal, pero España entera es 1381 billones en 2014 (Images Économiques du Monde, 2017). Una de las autonomías más ricas. Pero no exageremos. Haga números lector, aportan más, pero el resto de españoles no es una gavilla de perezosos que viven de Barcelona. Cataluña, 32113 km2. Un poco menos que Cajamarca. Unos 7,4 millones de habitantes. Bastante menos que el departamento de Lima. ¿Qué tiene de importante? El Mediterráneo. Es decir, si los secesionistas se salen con la suya, un nuevo Estado en el riñón de Europa deja de ser un asunto estrictamente español. Es la geopolítica global la que se altera.

El lector se preguntará qué es un charnego. Según el Institut d’Estudis Catalans, el término corresponde a un “inmigrante castellanohablante residente en Cataluña, dicho despectivamente”. ¿Solo al que habla castellano? Seamos sinceros, el insulto para los pobres de toda España que por razones de trabajo habrían inmigrado. El término es más fuerte que «cholo». Un sentido racial y no solo social habita en esa categoría. Entonces, voy a pensar este tema como un charnego. ¡Por solidaridad proletaria!

La cosa ha ido rápidamente. El violento 1° de octubre fue de incidentes tanto de manifestantes que provocaban como de la policía nacional que vino del «extranjero», perdón de España. La sorpresa fue que los policías locales, llamados Mossos —ni me pregunte el lector, cosas de la lengua catalana que no conozco ni pienso conocer— se pusieron del lado de este inicio de golpe de Estado. El poder legítimo del presidente Rajoy pudo ser tildado de «represor». La sedición catalana había ganado esa batalla. Rajoy igual Franco. El jueves 5 de octubre, «los separatistas catalanes pusieron fecha y hora a la consumación de su desafío» (El País). Fue el gran momento de Puigdemont: «No nos moveremos».

Sin embargo, la crisis catalana había comenzado a barrer los valores en la bolsa mundial y no solo de españoles sino de catalanes. Y entonces, ocurren tres cosas que probablemente han sorprendido. La primera, la enérgica intervención del Rey. Luego, la fuga masiva de empresas catalanas. Y por último, el gran miedo que ha invadido Cataluña.

Lo del Rey. «Estamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida democrática». Desde la primera frase, destruye la seudolegalidad que se habían inventado en la Asamblea catalana. Unos 45% habían aprobado declarar lo más pronto posible la independencia. ¡No era una mayoría! El Rey, en su discurso, descalifica las autoridades de Cataluña por quebrar la ley, el Estado de derecho. Y no hay una línea de reproche para Rajoy. ¿Qué quiere decir eso? Aprueba que la España constitucional y democrática pueda acudir a lo que es propio al Estado. «El monopolio legítimo de la violencia» (Max Weber). En fin, la gente de Podemos, que está en la movida catalana, descubren que el hijo de Juan Carlos I tiene carácter. Al menos, eso ha quedado claro.

El segundo cambio en la correlación de fuerzas. Algo que es incalculable para la economía de los catalanes. Grandes bancos, como CaixaBank, Sabadell, han trasladado su sede, en horas, a Alicante. El Gas Natural se ha ido a Madrid. Y centenares de medianas y pequeñas empresas se van, anónimamente. O sea, ¡se están empobreciendo!

El tercero es el miedo de los mismos catalanes. Llovieron cartas de desesperación por toda España. Uno de ellos dice: «estoy paralizado, vuelve lo más oscuro y siniestro de nuestra historia». Lo de Antonio Machado, «españolito que vienes al mundo te guarde Dios una de las dos Españas ha de helarte el corazón».

¿Qué produjo esa ola de temor? La fuerza política que ha tomado Cataluña. Se la llama CUP, Candidatura de Unidad Popular. La forman diversas ultraizquierdas que le están declarando una guerra abierta al «Estado opresor». (Una posverdad, fabricada con ayuda de Assange, el enemigo de todo lo que sea nación.) En realidad, el 90% del tributo catalán se invierte en la misma Cataluña. Han sido ricos porque estaban en España y en la Unión Europea.

Lo que ha creado realmente una inmensa inquietud es cuando se ha sabido qué es lo que haría el gobierno CUP al día siguiente. Uno, echar a los soldados españoles. (¿Y si los del Estado Islámico?) Dos, cerrar fronteras y aduanas. Tres, adiós separación de poderes. «Un modelo que no corresponde a ninguno de los países europeos». Cuatro, legislación delegada, o sea, chau parlamento. Quinto, inmunidad para los «consejeros». ¡Cómo se nota que Pablo Iglesias hizo su educación política con Chávez! No lo quise decir desde la primera línea, porque el lector no iba a creerme. A su plan Puigdemont lo llama «bolivariano»¡! Entonces, no estamos ante un proceso por formar una nueva nación —eso sí sería justo con los kurdos— sino en un proceso de desnacionalización. Lo explico la próxima semana, además los grandes escándalos de corrupción en el gobierno de Rajoy, lo cual lo debilita.

Publicado en El Montonero., 09 de octubre de 2017

http://www.elmontonero.pe/columnas/adonde-va-cataluna-opiniones-de-un-charnego

 

La guerra de cien años y el 2021

Written By: Hugo Neira - Oct• 02•17

De modo que el joven Abimael Guzmán, crecido en un pueblito que se llama El Arenal, a cuarenta minutos de Mollendo, madre Berenice, que lo trajo al mundo el 03/12/1934, tuvo un padre muy prolífico, “cuatro hijos matrimoniales y otros diez en distintas mujeres”. Una adolescencia bastante movida, como dice Umberto Jara, “siempre un forastero”. Quizá el ser distinto lo preparó, desde el afuera, a entender la sed de venganza social y racial de numerosos peruanos. He prometido ocuparme de estos nuevos senderólogos, Paredes, Jara y Zapata. Y es lo que ahora hago. Y me dejan con la boca abierta.

Me sorprende que, según Jara, Abimael Guzmán quizo ser militar. Y que lo marcó, como a toda nuestra generación, la segunda guerra mundial que los periódicos de entonces, informaron a raudales. El joven Guzmán se acordará de cómo el Ejército Rojo penetra en el Berlín de los nazis y por otra parte, aquicito nomás, asiste a la insurrección de Arequipa contra el dictador Odría. “Aquella sangrienta revuelta arequipeña fue una epifanía para Abimael Guzmán Reinoso” (Jara:46).

Es una pista su culto por Stalin. El hombre de acero, capaz de esta terrible frase: “Una muerte es una tragedia, pero un millón de muertes es solo estadística” (Jara:48). No lo veo marxista, en todo caso con conceptos vagos, deshilachados, paparucheros, “capitalismo burocrático” (sic). Y la caracterización de la sociedad peruana, según el PCP-SL, de semifeudal y semicolonial. Es decir, todo y nada. ¿Pensamiento Gonzalo? En realidad, consignas, órdenes de Jefe, en esos años atroces de los noventa, “batir el campo”, “ejecutar a los pequeños reaccionarios”. En suma, la meta personalista del fundador de Sendero Luminoso no era convertirse en un marxista más. ¡Abundaban! Y no paraban de hablar de la revolución sin hacerla. El Reformismo burgués, de Mirko Lauer, 1978 —antes que el senderismo cuelgue perros en los postes para denigrar a Teng Siao Ping— congrega a Arias Schreiber, Dammert, Espinoza, Letts, Malpica, Moncloa, Felipe Portocarrero. Es el momento más alto de la izquierda peruana (de retórica y sin metralletas). Lo que quiso el jefe de SL es ser uno de los grandes. Lenin, Stalin, Mao. ¿Y en qué consiste su carisma? Es de orden localista y provinciano. Le siguen porque cuando alguien le pregunta, en clase, “por qué la izquierda no toma las armas”, el profesor Guzmán, responde porque “faltaba gente como ustedes, ahora la guerra será posible” (Zapata:26, La guerra senderista). Ese fue su atractivo. Miles de peruanos estaban esperando el guía que les dijera que era válido matar. Abimael, obispo rojo, el perdón anticipado para los grandes crímenes. La autorización moral a la masacre de campesinos y ríos de sangre. ¿Cree el lector que esa religión popular se ha desvanecido?

Senderología, la historia inmediata, presentista, el Perú del culto a la personalidad. Más que partidario, con intensidad de orden religioso, “el Presidente Gonzalo”. Paredes, en su libro, comenta ante el vídeo de ‘Zorba, el griego’, “hombres y mujeres que miraban fascinados a su ‘Presidente Gonzalo’ como si fuese un semidiós” (p. 115). Vamos al grano. He usado la metáfora de la guerra de cien años. Dado que la educación secundaria se ha hundido y no existen cursos de historia universal en el Perú actual, explico que la guerra de cien años entre Inglaterra y Francia fue de 1415-1453. Y tuvo tres fases. Dicho esto, pregunto: ¿a qué creen que apuesta Abimael Guzmán, en su prisión perpetua? Al largo tiempo. ¿Por qué creen que aceptó las propuestas de Vladimiro Montesinos para la paz en 1993? No fue sino táctica. Cuenta con su longevidad. Cuando lo capturan tenía 59 años. Hoy, 84. Pero el lector debe saber que la gente con ochenta y noventa, en los tiempos que corren, son millones. (Yo entre tantos.) Y más sabe el diablo por viejo que por diablo.

En el mundo entero se ha hecho obsoleta la política fundada sola en programas. Está de vuelta el personalismo. ¿Qué otra cosa es el americano Trump? ¿Qué es el francés Macron? ¿Qué es la alemana Merkel? Son fuertes personalidades. Cuenta el carácter. El Perú no escapa a esas tendencias actuales. El principio político del Jefe, ya vive entre nosotros. Hay quienes desean cambios con sangre y no se atreven a decirlo.

Entonces, ¿en el 2021? Los hipnotizados por el todo-mercado no tienen mañana. A Alan le ha hecho un daño irreparable la terrible campaña de la megacomisión, manejada por Nadine. La derecha solo cree en el economicismo y los logaritmos que producen riqueza. La izquierda ha perdido la brújula y Alberto Adrianzén se despidió hace años, “ni reformista ni revolucionaria” (Socialismo y Participación, 2007). El nivel político sigue por los suelos. Van a seguir lloviendo los fuegos del castigo celeste con las revelaciones de Odebrecht, Lava Jato. Nos vamos a quedar sin clase política. En esta guerra de cien años que ha establecido el Presidente Gonzalo, solo veo una salida, Mario Vargas Llosa for president.

Sería, en efecto, mejor que asumiera. Que dejara de jugar ese rol nefasto, de gamonal de opiniones sobre la pobre chacra que es el Perú de sus seguidores. ¿Qué es eso de Rosa María Palacios, suerte de abadesa con furias personales, consejera de PPK? La fujimorista y hoy antifujimorista, ¿habituada a echar cizaña y dividir más de lo que ya están a los peruanos? Vamos Mario, te queremos de candidato, a las claras, ¿qué es eso de ser un dirigente desde las sombras? ¿Mario, por el camino luminoso de las técnicas del montesinismo?

Lo real: hay un político en vida y que piensa y manda desde su prisión perpetua. Entonces, se necesita de alguien que piense el Perú y pueda enfrentarlo desde la legitimidad. Digo esto sin pertenecer al clan que lo adula. En Lima todo se sabe, me cuentan que unos amigos suyos, cuando viajan y lo encuentran, dicen que “están con Dios”. ¡Qué capacidad limeña para la “sumisión voluntaria”! Conozco a Mario. Fue de joven, como yo lo fui, militante en la juventud comunista. Claro que la dejamos. Pero por eso creo que no será un pacato liberal sino un liberal con sensibilidad social. Mario tiene carácter. Y una capacidad de astucia, su estrategia para llegar al Nobel no fueron solo novelas. Tomó las banderas del liberalismo. Sabe moverse en diversos campos de fuerza. Este país y su pueblo solo caminan si alguien orienta y manda. Así que ya saben, o Mario o Gonzalo. Ustedes verán. Tengo otro argumentos. Seguiré en la próxima semana.

Publicado en El Montonero., 02 de octubre de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/la-guerra-de-cien-anos-y-el-2021