Portugal. Brasil. Un antecedente: los ‘bandeirantes’

Written By: Hugo Neira - Ene• 23•17

La era Odebrecht. Sus consecuencias. ¿Pensar en otra cosa? Me cuesta. Y eso que no estoy físicamente en Perú, como siempre aprovecho del verano sin clases para mis viajes y entonces, en otro lugar que no sea Lima, me encierro, me enfrailo como un cartujo para trabajar. Y luego de la pitanza (comida casera) y la tarea (cada día varias páginas), trato de saber qué pasa en el mundo. Y en los diarios limeños, muy bueno lo tuyo, Jaime de Althaus. Ya era hora de otra mirada al vecino Brasil. Está cerca y nos fascina, que si el fútbol, los carnavales, las Garotas. Pero no solo es eso. Como en nuestras escuelas no se enseña historia de los países vecinos, conviene evocar un antecedente. El Brasil colonial permitía la esclavitud de los indios –prohibida en la América española –y sus bandeirantes, grupos armados, excursionaron por Paraguay y el norte argentino capturando indios para esclavos. Entre latinoamericanos, ¿podemos colonizarnos? Lo de Odebrecht es una suerte de colonización. El Brasil siempre ha aspirado a ser un subimperialismo. Bravo Jaime, tu artículo es indignado y vaya, como de izquierda.

Pero, por analogía, estos días me acuerdo del Portugal de la revolución de los Claveles y de Mario Soares que se acaba de morir.

En la madrugada del 25 de abril de 1974, en Lisboa, a las 00:25, en la radio Renascença, se escucha una canción, “Grândola, Vila Morena”, que habla de una aldea y de una revolución, tonada conocidísima y prohibida por el régimen. Es una señal, y el mayor Otelo Saraiva de Carvalho, en el cuartel de la Pontinha, pone en marcha a los “capitanes de abril”, que según un plan previo, toman aeropuertos y las instalaciones del gobierno civil. Más tarde, unidades de la Marina de guerra se adhieren a la revuelta, y al amanecer, las calles de Lisboa estaban llenas de gente. Y entonces, en la plaza del Rossio, donde se situaron los tanques de los sublevados que esperaban órdenes, una muchacha, extiende un clavel a un soldado que lo coloca en la boca de su fusil. Fue el bautizo de la Revolução dos Cravos. Con la revolución de los claveles regresaron del exilio el socialista Mario Soares, y el comunista Álvaro Cunhal. Al año siguiente se celebraron elecciones constituyentes. Tras 40 años.

Al pasar del tiempo, miramos esos acontecimientos con los ojos puestos en el fin del franquismo y lo que llamamos la Transición Española. El origen del actual régimen monárquico-parlamentario en Madrid. Pero Portugal fue anterior, 1974. Yo he visto a los españoles, asombrados, viniendo a visitar Lisboa. No era para menos. Hubo una España y un Portugal fascistas que sobrevivieron por largos años. Y el Franco portugués, Antonio Oliveira Salazar, dictador desde 1926, un Estado Novo, todavía más replegado que el español. Franco inició un proceso industrial. Salazar detestaba toda forma de modernidad. Su propósito era mantener un vastísimo imperio colonial. Y el Ejército portugués mantuvo una larga guerra en sus colonias africanas. Y de pronto, un puñado de capitanes pone fin al gobierno de Caetano, un profesor de derecho (Salazar había muerto). Es el fin espectacular del imperio colonial, de la dictadura y del propio retraso. Unos 500 mil portugueses regresaron del África, entre ellos, los exsoldados.

En abril de 1974, dirigía el diario Correo. Aquella inesperada revolución de militares de izquierda en Europa no podía dejarnos indiferentes. Viajé y no fui el único. Y de otros diarios, Raúl Vargas, Mirko Lauer. Correo se quedó en buenas manos —Francisco Guerra García, Julio Ortega, que había renunciado a su puesto de profesor en USA—. Y en la jefatura de redacción, Julio Higachi, cargo que había ocupado cuando Banchero y antes de la expropiación. Me había tomado la libertad de incorporar al humorista antivelasquista Sofocleto cuya columna nos sacaba el ancho. Para compensar esa derechización, tuvimos artículos críticos de Ricardo Letts. Con un público de derechas y de izquierdas, vendíamos más que El Comercio y La Prensa de la época. No te preocupes Aldo, el tiraje fue descomunal.

Lo de “los claveles” fue un sueño imposible. ¿Un régimen militar semianarquista en el costado atlántico de Europa? El poder volvió a los civiles. En cuanto a los militares radicales, Otelo, el de los claveles, como Leonidas Rodríguez en Perú, se presentó a las elecciones. Castro lo alaba. “Cuba y Portugal, unidos vencerán” y lo hace perder. Saca muy pocos votos. Luego estuvo con subversivos, imaginemos al exjefe del SINAMOS al lado del MRTA. Más o menos eso, y lo condenan a prisión. Pero era tan popular que no tienen más remedio que dejarlo libre. Un ícono. Entre tanto Soares lleva a Portugal a un régimen institucional. Ya sin colonias, se vuelve un modesto país europeo. ¿Modesto? Con apenas 5,3 millones de empleos activos, produce unos 219,9 billones de dólares como PBI. Un poquito más que el Perú. Pero el ingreso per cápita de un portugués es de 20 mil dólares. Por encima de Argentina, México, Chile. Las ventajas que se obtienen cuando un país deja de vivir de rentas coloniales y adquiere una democracia con servicios públicos, salarios altos y empleos estables, ¿interesante, no? Europa es otro capitalismo. Brasil otro, con bandeirantes en el capitalismo del siglo XXI.

 

Publicado en El Montonero., 23 de enero de 2017

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En Quito, Hugo Otero

Written By: Hugo Neira - Ene• 16•17

Hugo Otero, por estas fechas, debe estar aterrizando en Quito para asumir el cargo de Embajador del Perú. Otero suele tener un par de actividades en nada sencillas. O embajador y/o analista político. Debo contar que el azar de la vida hizo que coincidiera en París y en Santiago con mi tocayo en ese cargo. En Francia, cuando reinaba François Mitterrand, no hay otra manera de describirlo. Con Otero en la avenida Kléber, los vínculos con el Elíseo, fueron algo más que protocolares. Se hicieron amigos. El gran Mitterrand venía de la SFIO, una corriente más bien moderada, pero supo proponer a izquierdistas y comunistas «un socialismo de lo posible». Que llenó las urnas. Con fama de tener carácter y ser a la vez un gran señor, ¿qué le atrajo de la personalidad de nuestro embajador? Sin duda su vida. Otero, hijo de un aprista en el exilio, crece en tierra chilena del destierro. Mitterrand, prudente como mandatario —aunque hizo grandes reformas—, fue un hombre de la resistencia armada cuando la ocupación alemana. En Europa se aprecia a gente de izquierda que corra riesgos. En Perú, al revés, los que se autoproclaman serlo, llevan una vida de burgueses sedentarios y bien remunerados. Con las pocas excepciones del caso.

Me volví a encontrar con Otero, esta vez embajador en Santiago. Yo había ido expresamente para intentar recuperar los libros saqueados durante la guerra del Pacífico. Otero me dio un consejo decisivo. «La clase política chilena es muy formal y muy directa». «Ve de frente a ver a tu par, Ximena Cruzat, en la Biblioteca Nacional de Chile». Y eso fue lo que hice. Y a Nivia Palma, Directora DIBAM. No me extiendo en los detalles. Cada quien en sendas bibliotecas hizo su trabajo discretamente. Evité la prensa. Lo del silencio era decisivo. La presidenta Bachelet, primer gobierno, estaba de acuerdo. Pero tal devolución no era bien vista en sectores chilenos tradicionales. Por el lado peruano no fue tampoco fácil. Lo contaré en otra ocasión. Unos meses después, el 5 de noviembre del 2007, me llama Joselo (el canciller García Belaunde) para decirme, «ni te muevas».  Esa mañana llegaban 238 cajas con libros antiguos, es decir, 3 mil 788 volúmenes, a las puertas de la BNP. Fue un gran día. Sin el consejo de Hugo Otero, no hubiésemos llegado a ese buen puerto.

Cada país tiene su singularidad. Estoy seguro que Hugo Otero muy pronto aprenderá in situ, cómo es el vecino país. Y podrá ayudar a  ciudadanos peruanos y al Estado. Algo conozco de Ecuador, como americanista, pero el tiempo nos ha ganado. Amo los libros, y me tomo la libertad de recomendarle tres o cuatro, espléndidos. Hay una «intelligentsia» ecuatoriana. Y si el pasado de Ecuador es tan milenario como el nuestro, y si se quiere conocer su periodo aborigen y colonial, y la etapa que llaman colombiana y así hasta nuestros días, entonces el libro de Enrique Ayala Mora, editado en Quito, Resumen de historia del Ecuador, 2012, por la Universidad Andina Simón Bolívar. Es un texto sobrio y sistemático.

Ahora bien, tocayo, ¿un gran intelectual? Entonces Benjamín Carrión. Habrás escuchado hablar de él. La elegancia de Luis Alberto Sánchez con algo de panfletario. Su Breve Historia del Ecuador se llama El cuento de la patria. Desde las primeras líneas, «cada pueblo vive de sus mitos humanos, o los ha creado para hacer alarde de ellos.» Carrión solo es comparable al mexicano Vasconcelos. Su libro es el Ecuador desde el fundador general Flores al enigma de Quito. Un clásico. El tercer libro es de nuestros días. De Miguel Donoso Pareja, Ecuador: identidad o esquizofrenia. O sea, la rivalidad entre Quito y Guayaquil. Tanto como Lima y provincias. Mira lo que se dicen: «Buscando un lugar maldito/ que al echarme su rigor/ y no encontrando otro peor/ me vino a botar a Quito». Donoso tiene la cabeza de un Cotler y la pluma desenfadada de César Hildebrandt. Si sobre ese mundo de mutuas acusaciones quieres algo técnico, el trabajo de Jean-Paul Deler, 2007, sobre Ecuador, del espacio al Estado nacional. Un frío y exacto francés.

En fin, te recomiendo todos los libros de Jorge Enrique Adoum¡! Mi brillante amigo ecuatoriano en París. Padres libaneses, nacido en Ambato, tras la llegada al poder de un tirano más, Adoum prefirió irse a Europa. Me lo presenta Julio Ramón Ribeyro entonces Embajador en la Unesco, nombrado por Velasco (¡!) Adoum, poeta en su juventud, Ecuador amargo, que celebró Neruda. Luego obras de teatro, El sol bajo las patas de los caballos, 1987. Novelas, Entre Marx y una mujer desnuda, 1996. Y el ensayo Ecuador: señas particulares  (2000). En dos palabras, la difícil sencillez. Ser ecuatoriano, ¿es un origen o una actitud?

Se me quedan otras interrogaciones trascendentes. La gastronomía. ¿Es verdad que el cebiche no lo comen sin maíz tostado y le añaden una cosa que llaman canguil?  ¿Y qué es una esmeraldeña? ¿Y acaso es verdad que en política, la buena fórmula es un presidente costeño y un vice serrano? ¡Suerte maestro!

Publicado en El Montonero., 16 de enero de 2017

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Etnología en el caserón de Alfonso Ugarte

Written By: Hugo Neira - Ene• 09•17

En el n°1012 de Alfonso Ugarte, en Breña, queda la Casa del Pueblo, el local principal, guste o no, del partido aprista. Y el amable lector se preguntará qué tiene que ver el intitulado con la etnología. Como se verá por lo que sigue, mucho que ver. Estoy intentando comentar un estudio de lo más original entre los publicados recientemente en el Perú. Alguien ha estudiado una “micropolítica” en ese recinto, con el mismo cuidado profesional que Fernando Fuenzalida, en 1982, la comunidad de Huayopampa, o Julio Cotler, la vida en San Lorenzo de Quinti. Pero ¿lo “micro” como tema antropológico, en el más conocido de los partidos peruanos?

Cuestión previa. De entrada, puede que no se entienda. Lo “etno” lo asociamos al estudio de un sujeto colectivo, comunidades indígenas y tribus amazónicas. Y en ellas, la manera de organizarse, mitos y costumbres. Tanto que si alguien te dice que es etnógrafo, de inmediato se piensa que viene de Acancocha, en la provincia de Tarma, en Junín. Pero si te dice el estudioso que se interesa por la etnomusicología o la etnopsiquiatría, todavía suena a verosímil. Lo cierto es que vivimos dentro de un estereotipo, “la etnología solo se aplica a los indígenas”. Ya no es así. Los antropólogos se interesan por las urbes. En Brasil, desde DaMatta. Você sabe com quem está falando? Pero eso fue novedad por los años 70. Hoy resulta que hay un docente universitario en Perú que se ocupa de lo que llama “etnografía política”, o sea, estudia a los apristas y sus rituales e interacciones en los espacios internos de la Casa del Pueblo, incluyendo “puertas, rejas y ventanas” (p. 176).

«Este es el Apra, ¿qué les parece de Moisés K. Rojas, publicado por San Marcos, donde es docente. Me lo he leído de un tirón. No había indagación que sorprendiera sobre el aprismo desde 1991, desde Imelda Vega-Centeno. Cansada de los triados trabajos sobre la ideología —que si Mariátegui o Haya— toma otro camino. Ella estudia la religiosidad popular. “Los movilizadores sicoafectivos de las masas nacional-populares”. Y menos mal que Rojas la cita (p. 70). Se lo hubieran reclamado. Observen lo de “nacional-popular”. Vega-Centeno tenía de aprista ni un solo pelo. Su tesis es brillante: “el aprismo se funda en la complementaridad de una orfandad, el refugio de las masas olvidadas y el anuncio salvador de Haya de la Torre”. Se estaba refiriendo al aterrizaje de Víctor Raúl tras la revolución mexicana y los bolcheviques rusos, en ese país peruano turbulento de los treinta. Bourricaud, mucho después, también observó el Haya de discursos redentoristas venidos del lado sacrificial del cristianismo, “en el dolor hermanos”. El “nosotros hemos padecido” página 179 de “Poder y Sociedad”. (No soy Acuña. Cito y pongo comillas.)

Pero ese aprismo, a Moisés K. Rojas, no lo ocupa mucho, apenas los capítulos I y II, “desde la distancia y la abstracción”. En cambio, desde la página 135 a 280, describe los espacios, las reuniones partidarias, el proscenio, dónde se sientan, cómo se visten, “todos llevan terno” (p. 192). Nada se le escapa, ni “el palma compañeros”, la estrella “reguetonera”, ni la gente y el micromapa. “Las cosas que construye el Apra”. Es antropología. Eso implica gente y “cosas” a las que llama no humano, concepto tomado de Latour. Sencillamente son los objetos. Pero lo dice un poco al paso. ¿Y la repetición de lo no humano a secas? Van a creer algunos, dado los brillantes niveles de la comprensión lectora, que se trata de fantasmas o duendes. En fin, ¿qué descubre? El acto comunicativo y las jerarquías entre apristas. Es un estudio meticuloso del poder. Las diversas clases de performance apristas (p. 246-280).

No le ha sido fácil el “trabajo de campo”. Como si visitara una estación científica en la Antártida, describe sus dificultades, por ejemplo los tres accesos al Congreso Nacional del 2010. Siempre el tema de los espacios. Los más alejados al congreso, los ubicaban en la calle. “Luis Alberto Salgado, un militante expulsado, estaba a nuestro costado” (p. 179). Había dos entradas, por Alfonso Ugarte “se topaba con rejas”. Por el jirón Carhuaz, “con hombres de seguridad”. En los días siguientes intentan disfrazados de médicos. Por último, consiguen ubicar a Carlos Roca, y no llegan al Aula Magna sino por casualidad.  Gracias al desorden, cuando Mulder estaba perdiendo, logran entrar al Aula Magna.

Dicho esto, imagino la sorpresa del lector. Como los hay amables, hay los aviesos. “El apristón de Neira está inflando a su amiguito”. Perdone: los apristas fueron dos veces en mi vida mis rivales, cuando comunista y con Velasco. E incendiaron Correo, con riesgo para mi vida. Pero yo no sé odiar. Razono. Por otra parte, a Moisés K. Rojas no tengo el gusto de conocerle. No es necesario. Maestría en la PUCP y becado por el PNUD para Harvard. Luego de estas precisiones, me pondré mis borlas académicas para lo que sigue.

Moisés K. Rojas nos entrega una obra limpia de a priori y juicios de valor. Lo cual es rarísimo en Lima. En juvenil obra maestra, de golpe, une dos ciencias sociales: la antropología y las ciencias políticas. Tengo algunos reparos, pero para una reseña más larga. Sinceramente, mis felicitaciones.

Publicado en El Montonero., 09 de enero de 2017

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Entrevista: Odebrecht es un cataclismo económico, político y moral

Written By: Hugo Neira - Ene• 08•17

Mientras la tecnocracia impone unos peajes desmedidos para muchos hogares.

 

Así opina el sociólogo, escritor, historiador, periodista, Hugo Neira, quien es –como él mismo se define– un hijo de la Ilustración. Él afirma que cuando surjan nombres de los implicados, veremos qué fuerzas políticas quedan de pie y otras van a desaparecer como cuando un meteorito puso fin a los dinosaurios.

                                                                                             Por: Plinio Esquinarila

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Mucho se habla en el Perú, y hasta hay ciudadanos que creen ciegamente que marchamos a un golpe de Estado a PPK, sea a través del fujimorismo congresal, o que incluso podría ser de tipo militar, según cree un número en este caso reducido de compatriotas. ¿Usted qué piensa ahora con el caso Odebrecht?

Vaya, Lima no pierde sus costumbres. Me cogen con un libro de historia colonial en las manos y ¿qué pasa hoy?  Rumores de comadres de barrio. Pero pisemos tierra. Miremos más bien lo que ocurre en Puente Piedra por la subida del peaje. Cinco soles de ida y otros cinco de vuelta es 10 por 30 días, 300 soles al mes. Es demasiado para muchos hogares. La tecnocracia en el poder impone una nueva fiscalidad en muy mala coyuntura, cuando el efecto de Odebrecht es un cataclismo económico, político, moral.

¿Sobre un golpe de Estado? No es la primera vez que me lo preguntan. Al comienzo pensé que hablaban de un golpe clásico. Me sorprendió la cuestión. He permanecido ocho meses seguidos en Perú, de mayo a diciembre, y no he escuchado nada por el estilo. Ahora bien, no soy un experto en golpes de Estado. En 1968, yo me encontraba trabajando en la Fondation Nationale des Sciences Politiques en París y ese golpe militar lo organizaron los militares de entonces. Y nadie lo vio venir. Hoy ya no se dan golpes con tanque en las calles

-Digamos no un golpe clásico sino la vacancia presidencial…

Bueno, en efecto, la vacancia ha ocurrido en Brasil, con la expresidenta Dilma Rousseff (que, por cierto, todavía no le han probado nada), se valieron de una parte de la cámara que manejaba Temer, para el “golpe constitucional”. Entonces, leo los diarios limeños y veo que varios sostienen que “las condiciones para derrocar presidentes por vías legales ya están presentes”. Uno de los comentaristas, Augusto Álvarez Rodrich, sostiene “que si el expediente Odebrecht evoluciona de manera desfavorable para PPK, casi no hay que ser muy zahorí para suponer que entonces, el fujimorismo lo utilizaría para organizar su vacancia presidencial” (La República, 05.01.17). Y continuando en su suposición, descarta el hecho de que sea inocente, con un “eso qué tiene que ver”. Lo del Congreso sería un “juicio político”, ¿y eso es suficiente? Bueno, Augusto, tampoco se necesita ser muy zahorí –esa palabra no la escuchaba desde los textos de Mariátegui, el abuelo— para que nos demos cuenta de que no está de por medio ni la verdad ni la ley sino un lío entre poderes de Estado. ¡Qué alegría para muchos! ¡Cómo se van a vender los diarios en los kioscos con grandes titulares! ¡La carnecita, el morbo! Miren, esto se llama un double bind, es decir, una trampa lógica. La madre que le dice al niño “¿Te vas sin saludarme?” Y el niño le da un beso, y ha perdido, no ha sido su iniciativa. Y si no se lo da, peor, confirma el pronóstico negativo.

 

“Nunca he estado por vacancias presidenciales, menos ahora con PPK (…) solo digo que lo de la constructora brasileña es algo serio”.

 

-Saltemos un poco en el tiempo…

Dentro de unos días, unas semanas o acaso meses, algo habrá pasado en el contorno de PPK, no del actual, sino cuando era premier [de Alejandro Toledo]. Suficiente como para sacar la maquinita callejera y pedir la sanción al Presidente. Con lo cual, ponen contra la pared a los congresistas. En ese caso, o sancionan o no sancionan. Si lo hacen, entonces confirman que Keiko y su gente son unos vengativos, mala gente, miserables. Usan el poder legislativo para vengarse. Si, en cambio, no lo sancionan, van a decir: “Claro, descendientes de la horrenda mafia fujimontesinista de los noventa, ¡cuándo no! Ladrón protege a ladrón.” O sea dos pájaros de un tiro. No sé si Dios es peruano pero el Diablo sí.

Cuando se haga la historia de estos días funestos, ya sabremos quiénes estuvieron en el complot de este tiempo, bajo la máscara, por supuesto, de “los valores”. Pero este batacazo de billar a tres bandas –PPK, Keiko y el resto de la clase política embarrada– puede tener su feedback, de ilimitados alcances. ¡Bravo, continúen! ¡Adiós al actual Presidente y su plana de ministros! ¡Adiós al Congreso con color naranja!  Del cual no soy asesor ni nada. ¡Viva el caos y el alza del tiraje!  ¡Al diablo la estabilidad! ¿Querrán a un Vizcarra? ¿O nuevas elecciones? Se frotan ya las manos.  Me estoy poniendo en lo peor. Nunca he estado por vacancias, ni cuando Humala, menos ahora. Solo digo que lo de Odebrecht es algo serio. No es una lista de personas, ni tal o cual, es toda una clase administrativa y política. No es un terremoto. Es un cataclismo. Definición: “desastre de proporciones desusadas”; “Suceso que causa mucho trastorno material o no material” (Diccionario de María Moliner).

La otra posibilidad es que más de medio Perú, si acaso el escándalo incluye al fujimorismo, busque un Donald Trump peruano, para acabar con tanta impunidad, desde una perspectiva de derechas.

Sí, pero las conjeturas que teníamos cambian enormemente ante el cataclismo Odebrecht. Va a haber un antes y un después. Todo razonamiento futurista es apresurado o imposible en el estado de cosas presente. Hay que esperar. Cuando surjan nombres, entidades, corrientes políticas, que sé yo, entonces, veremos qué fuerzas políticas quedan de pie y otras van a desaparecer como cuando un meteorito puso fin a los dinosaurios.

-¿Qué debería hacer PPK en una situación tan difícil?

Buscarse un vocero. Él, que conoce los Estados Unidos, es la forma ritual y práctica de comunicarse. Y hacer caso a los politólogos. Hubo uno que, para desanimar a los que querían el “cetro”, dijo lo siguiente: “What win I if I gain the thing I seek? A dream, a breath, a froth of fleeting joy”. En castellano: “Si logro lo que busco, ¿qué obtendré? Un sueño, un soplo, un borbotón de dicha”. Un politólogo más conocido como Shakespeare.  O sea, no creo que un generalote se compre el pleito. Si a un gobierno legítimo le cuesta gobernar, ¿cómo sería con uno ilegítimo? Miren Venezuela.

-Hay intelectuales que se sorprenden de la comprensión suya de los parlamentos modernos malcriados, turbulentos, como es el Congreso actual, en la idea de seguir el sueño republicano de hombres como Hipólito Unanue, que se nutría del humanismo y la ilustración. ¿Qué opina usted?

No comprenden eso de comprender, ¿no? Soy sociólogo, y de la línea de Max Weber. Se recomienda como un principio profesional la “neutralidad axiológica”. En alemán, Verstehen quiere decir entender. Pero en Lima parece raro y lo es. Yo por lo menos, no me confundo. No mezclo cátedra y política. Verstehen, comprender, no quiere decir aprobar. Tampoco sermonear. La sociología no es una ciencia formativa como el derecho. Yo puedo describir y estudiar lo que no me gusta, el Ku Klux Klan. No  escribo en diarios para decir qué es el bien y qué es el mal. No juego a Catones, como denuncia Mariella Balbi. En cuanto a los parlamentos –insisto–, no han sido nunca una reunión de una membresía distinguida que se trata bien entre ellos. ¿Por qué nos asombramos? La democracia tiene el mismo sentido que el fútbol. Dos equipos que compiten. Las malacrianzas de unos y de otros. No las aplaudo. Pero lo que está en el fondo de la cuestión es que no admiten que esa gente –que no saben cómo clasificar– esté en el Congreso. Lo que cuesta admitirse en nuestro país es la pluralidad de los regímenes democráticos. Desde la primera vuelta que favoreció al fujimorismo, ya tuvo una porción de la ciudad letrada en contra. Esa es una pasión, y contra eso no hay remedio. Pero no es señal de modernidad sino de prácticas coloniales. ¿Se conoce en nuestras universidades los trabajos de antropología política de René Girard? En cada sociedad se inventa un chivo expiatorio. Es muy cómodo, el otro tiene la culpa. Hoy es Keiko, mañana el propio Presidente, luego Verónika, Goyo, el que sea. Somos todos perfectos ciudadanos, salvo el otro. Así se persiguió al aprismo en los años treinta y perdimos un siglo de solapada guerra civil. En eso, el Perú no ha cambiado. Por mi parte, todo lo que pregunto en el campo de lo público, es si el otro tiene legitimidad. O sea, en los Estados Unidos, ¿los demócratas ya están tramando la vacancia de Trump? ¡Por favor!

-¿Qué debería hacer el Congreso en estas circunstancias?

Trabajar en lo suyo y como en toda democracia sensata, aprobar las propuestas de ley del Ejecutivo sin pensar en otra cosa que eso que se llama “el interés general” de la nación. Es tonto. Pero así progresan las naciones que no usan la picardía criolla sino para chistes, no para echar a andar un Estado.

 

“Los compadrazgos, la cundería criolla, los males de la nación. No hay progreso alguno si reina la pendejada”, opina el intelectual.

 

-¿Cuáles  deben ser nuestras líneas matrices de acción programática, como país, con vistas al Bicentenario?

Qué Bicentenario, ni niño muerto. Odebrecht es algo gigantesco. Esto es peor que cuando el destape de los primeros vladivideos. Dos grandes heridas quedarán de esa hecatombe. La primera, ¿cómo desarrollarse cuando sabemos que no hay gobierno en el mundo que pueda invertir en infraestructura sin el capital internacional? La segunda, ¿cómo cambiar de costumbres, cuando en nuestro país la anomia, que observé desde los años ochenta, ha seguido creciendo y con la pareja presidencial llegó a Palacio? Lo que está en cuestión es el crecimiento achorado a la peruana. Está claro, no funciona. La prueba, el escándalo. Más eficaz resulta ser honesto. Aunque parezca mentira, el capitalismo se funda en un mínimo de ética. De los dos lados, de los que pueden construir y de los que pueden aprobar las licitaciones. ¿Cuándo vamos a renunciar a lo que los costumbristas del XIX y luego los primeros sociólogos –como el olvidado Valega– denunciaron hace decenios? Los compadrazgos, la cundería criolla, los males a la nación. No hay progreso alguno si reina la pendejada.

“Con la paz democrática no se juega”

 

“Pase lo que pase, sea quien sea el que se hizo millonario de la noche a la mañana, no dudemos ni por instante de las ventajas de la libertad. Dejemos de pensar que todo hombre público es un canalla. Muchos quieren cargarse las instituciones actuales y ya repican campanas. Pero cuidado. Con la paz democrática no se juega. No han pasado sino siete meses, y hay una grita terrible. Curioso, con Humala no era así. O sea, ¿quiénes son los que chillan? ¡Los que no están ni en el Congreso ni en el Poder!  ¿Nos toman por idiotas o qué?”, se pregunta Hugo Neira desde Chile.∞

Publicado en Expreso, domingo 08 de enero de 2017

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¿Existe Papá Noel? Un dilema navideño

Written By: Hugo Neira - Ene• 02•17

En un taxi escucho de casualidad y en una radio limeña la respuesta de una madre, o acaso abuela. “Yo les digo que Papá Noel no existe”. Y entonces pensé en esta crónica. Podemos suponer las buenas razones del adulto ante la pregunta. Decirles la verdad. En nuestro contorno cotidiano, hay una tira de falsedades. Hablando de Acuña, un colega, Juan de la Puente, ante sus plagios y títulos postizos, los toma como una mentira más “en un mar de zapatillas y prendas de vestir con marcas falsificadas, medicinas adulteradas, cobros disfrazados y adulteración de facturas”. Hoy, sin duda ante la corrupción de Odebrecht, la verdad por horrenda que sea. ¿Pero ante un niño? ¿A qué edad se distingue lo real de lo ficticio? Estamos hablando de la formación del cerebro humano desde que se viene al mundo. Y disculpe el lector por el rollo que sigue. El tema no es nada simple.

Después de Piaget y hasta los años 90, fue de uso creer que los niños habitaban un territorio mental bizarro, enfrentando sonidos y visiones de un mundo de cosas y gente que aparecían y desaparecían. Era el tema de Piaget, “la permanencia del objeto”. Apenas nacidos, cosas y parientes, desconcertantemente, se movían por sí solos. Por eso cuando desaparecen, sobre todo las madres, los críos lloran. Pero sobre lo ficcional infantil hay novedades. Lo que voy sumariamente a presentar, se asienta en un campo reciente del conocimiento, las ciencias cognitivas. Son tan importantes como la genética. Los ejemplos que siguen provienen de un número excepcional de una revista francesa sobre el mundo mental de los infantes (Sciences Humaines, 2015).

Los niños no son tan crédulos como lo habíamos pensado. Investigadores como Elisabeth Spelke y Rochel Gelman, preguntando a niños de 3 y 4 años, comprueban que saben que un guijarro no se mueve solo y que un perro en un film de Disney no es el mismo que el perro de casa. Logran, muy tempranamente, hacer la diferencia entre un ser real y un personaje fictivo. Más tarde, cuando lean comics, sabrán que Batman o el Hombre Araña son personajes reales “en el mundo ficcional”. Aunque en algunos casos no falta alguno que se pone la capa de Superman y se lanza desde un edificio de 10 pisos. Sucedió en Madrid. Tienen, pues, su héroes. ¿Por qué? Porque ellos también quieren serlo¡!

Volviendo a Papá Noel, es difícil que los niños desde los 5 años crean a pie firme “que un señor mayor de barba blanca baje de los cielos en un trineo jalado por renos”. Desde los 3 años ya saben que los autos no vuelan. En la revista citada, se dice que con flexibilidad que ignoran a menudo los adultos, eso puede existir “en otra parte”. Y no olvidan que “Santa Claus viene de lejos”. Entonces, en el mundo mental de los niños, temen y se divierten con hadas y duendes, con brujas y ogros, aprendiendo que el mal existe. Y saben que Peter Pan, que nunca deja de ser niño, es la representación de la libertad. Y así hasta ET, el simpático extraterrestre con voz de vieja que no sueña sino con volver a casa. A su planeta. En todo caso, los niños saben que un soldado de plomo no es de verdad. En suma, “los niños son mucho más listos de lo que imaginamos, y los adultos menos lucidos de lo que nos creemos”. (Dortier)

Acabemos el rollo con una buena noticia. Los niños, que no son ni los angelitos que pensábamos antaño, ni tampoco “perversos polimorfos”, ni mucho ni poco, resulta que tienen “reglas morales”. Antes de la escuela infantil¡! Las ha estudiado Lawrence Kholberg. “Piensan que si alguien ha hecho algo de malo, debe ser castigado”. Y además existe una tendencia a ayudar al prójimo, siempre instintivamente, entre los 10 y los 14 años. Así, las emociones morales fundamentales existen en todas las culturas. ¡Hay altruismos!

Pero como todo lo politizamos, hay que atender a dos aproximaciones (que expongo sin compartirlas). La primera, el legendario monje, San Nicolás, se ha vuelto un cómplice del consumismo de nuestros días. Un sirviente, un payaso. Pero cabe advertir que Papá Noel no vende ni compra. ¡Hace regalos! Lo que el economicismo no puede entender si lo comprenden los antropólogos. La práctica del don. Eso es innato en la especie humana, como lo muestran las excavaciones del paleolítico. Junto a las puntas de lanza, conchas hilvanadas como joyas, cosas no utilitarias. Los rituales religiosos estuvieron desde los inicios. La segunda idea anti Papá Noel es que lo abstracto no sirve para nada. Lo siento, niños y adultos necesitamos lo simbólico. Para pasar del estado psicomotor al desarrollo de conceptos abstractos. Sin los cuales no hay saber alguno. Pensar es significar algo, como en la imagen que traza un cavernícola y que acompaña esta crónica.

En resumidas cuentas, cuando un niño pregunta si existe, eso ya lo sabe (!). Lo que quiere saber es qué piensa el adulto. El sujeto del test es usted. No Santa Claus. El dilema es suyo. Y la respuesta más conveniente es acaso responder con otra pregunta. Por ejemplo, ¿y tú qué piensas? Hágala, y se llevará una buena sorpresa.

Publicado en El Montonero., 02 de enero de 2017

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