El poder del mestizaje

Written By: Hugo Neira - Dic• 04•16

Es lo que más nos puede interesar como latinoamericanos: una realidad, y un concepto teóricamente confuso. Verlo como algo étnico y de mezclas nos llevaría a definiciones calamitosas, a dividirnos en guerras tribales. Sin embargo, es lo que propalan muchas ONGs: la ruptura de las actuales naciones en diversas comunidades, a la manera anglosajona. Por esa ruta podemos llegar al gueto judío, al nazismo. Tanto de los que se creen blancos como de los que se toman por negros o indios puros.

Yo estoy por lo contrario. Todos somos mestizos pero culturales. Esa vía es trabajosa pero necesaria. Hay que admitir el concepto como una metáfora. Desde Nietzsche, «la verdad es un tropel de metáforas». Y Borges: «Quizá la historia universal no es más que la historia de algunas metáforas» (Mestizajes, Laplantine, 2001). Ya sería mucho poner esa idea en plural. Viene del griego metaforein que significa transportar, sustituir, transformar, en general, metamorfosis. Pero en nuestro caso hay lugar de partida pero no de llegada, está en la historia misma, que es como sabemos, impredecible.

¿Qué son los mestizajes nuestros? El castellano en el que nos expresamos. Es la religión que practicamos, un producto del Concilio de Trento y del Real Patronato, en el que cedía el Vaticano al Emperador, desde Carlos V, en todo el periodo colonial, el derecho formal de nombrar a los obispos. ¿Qué es nuestra historia cuando la cuenta el mestizo Garcilaso de la Vega, o el semicura Huamán Poma de Ayala, sino el producto de un mestizaje con reivindicaciones locales? ¿Y qué es San Martín, Bolívar, Iturbide (mexicano que se proclama emperador en México) y la centena de caudillos, sino condotieros tardíos? ¿Y qué han sido los diversos populismos, desde Perón a Hugo Chávez, sino combinaciones de modalidades de movilización del pueblo con bonapartismos que recuerdan el ascenso de Lenin, Mussolini, Hitler, por el personalismo del líder? Desde este anticipado mundo complejo, contradictorio y por momentos tan enredado que no se puede realizar ni un desarrollo calmo tampoco una revolución (casi no las ha habido), lo que somos es ese torbellino. Sociedades semitradicionales y semimodernas, por momento, posmodernas. Con varios tiempos históricos diferentes, varios pasados presentes. La huella oral y mental de las viejas civilizaciones. Varias sociedades a veces dentro de un caótico Estado-nación. Con élites entre sí enemistadas. Lo mejor es que tomemos en cuenta el aporte del antropólogo  Laplantine.

Publicado en la revista quincenal EME, año 1, n°6 / diario Expreso del 03 de diciembre de 2016

http://emelarevista.com/el-poder-del-mestizaje/

 

 

Carta de un amigo sobre la muerte de Fidel

Written By: Hugo Neira - Dic• 03•16

Querido Hugo:

Brillante trabajo el tuyo. Lo dejas en el punto que corresponde para que tu inmensa lectoría saque sus conclusiones. Perdóname por utilizar tu espacio para poner puntos de vista adicionales, escritos comentando un texto también muy bueno, de Germán Luna.

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Comentando un estupendo trabajo de Germán Luna, que enorgullece a los apristas:

¿CUBA Y EL PERÚ: IGUALES REALIDADES, IGUALES SOLUCIONES?

Saludo con admiración tu estupenda nota sobre la muerte de Fidel. Comentarios así, esperaría de otros compañeros que lucen en sus oficinas, bibliotecas y casas muy orgullosamente fotos en las que aparecen al lado de el líder cubano, y que ahora guardan metículoso silencio por temor por o por cálculo.

Claro, Germán, que está pendiente aún el veredicto de la historia. Nadie podrá quitar a Fidel,  sin embargo, su sitial entre las figuras más importantes del siglo XX en el mundo, para, por lo menos, la mitad de la humanidad, entre la que se encuentra lo más selecto de ella.

Si lo juzgáramos desde nuestra perspectiva ideológica, mirándolo a través de los cristales que nos dejó Víctor Raúl, es probable que nuestra mirada relativista fundada en la tesis del Espacio-Tiempo-Histórico, nos daría como resultado una mayor comprensión del fenómeno fidelista y de sus consecuencias.

Ver el mundo desde el Sur de América del Sur en territorio continental situado a buen recaudo respecto del enemigo común de la época, no es igual a verlo desde una frágil isla del Caribe, rodeada por islas más frágiles aún y por países centroamericanos tanto o más frágiles todavía. Tendríamos que recordar la larga historia colonial y republicana de esa parte del mundo llamada Caribe, tan dolorosa y desgraciada, pagando tributo a la brevedad de sus territorios y al dominio que sobre ellos ejercían media docena de países europeos además de los Estados Unidos, que trasladaban sus conflictos de ultra mar a tierras insulares y continentales de América Cental y mares adyacentes.

Tendríamos que verla desde la óptica de territorios tomados por gigantescas empresas predominantemente norteamericanas que explotaban inicuamente a sus poblaciones en faenas de caña de azúcar y frutales; y que sofocaban a sangre y fuego con intervenciones armadas, cualquier demanda o ideal de independencia.

Tendríamos que remitirnos a pocos años antes de la insurgencia cubana, cuando la revolución democrática del compañero Jacobo Arbenz en Guatemala, fuera avasallada por los ejércitos imperialistas del norte que se atrevieron a pisar suelo continental, ofendiendo con ello a toda América Latina, sin que nuestros países hermanos pudiéramos hacer nada por él. Tendríamos que tomar en cuenta el caso de Nicaragua y el gran Sandino, amigo de Haya de la Torre, en cuya insurgencia estuvo a punto de enrolarse nuestro entrañable Jefe Víctor Raúl.

Tendríamos que observar desde la perspectiva de una América que hacía poco tiempo había aprobado tratados interamericanos impulsados por el APRA de Víctor Raúl, que prohibían que país alguno, por la razón que fuera, allanara ni un solo metro cuadrado de otro estado, y que pese a ello, con mil argucias las fuerzas armadas norteamericanas y la CIA ingresaban y salían de los países del Caribe, como por su casa.

Tendríamos que sumar a ello, la manera cómo el capital norteamericano había prostituido a la patria de Martí e indignado a un pueblo que luego de ser colonia española, pasó a colonia de los Estados Unidos sin haber saboreado la plenitud de la independencia que ya vivían prácticamente la totalidad de países de América Latina, al empezar el siglo pasado.

Pues bien, llegó el tiempo en que el pueblo cubano no pudo soportar un día más la tenebrosa dictadura del mayor opresor del Caribe, Fulgencio Batista, que en complicidad con el imperialismo de la época tenía secuestrado el cuerpo y el alma de la isla antillana y entonces, Fidel Castro, con un puñado de héroes, subió a la Sierra Maestra para poner en marcha el más grande movimiento insurreccional de repercusiones mundiales, que recuerda la América Latina.

Está claro pues que la realidad cubana y caribeña en general en casi nada se parecía a la de los países sudamericanos, salvo en que en ambas regiones se lloraba en español.

Cuando triunfante la Revolución Cubana en medio del júbilo del mundo, se aprestaba a organizar un gobierno democrático, se escucharon tambores de guerra: los norteamericanos gobernados por el republicano General D. Eisenhower estaban organizando una invasión generalizada a la Isla que empezaría por la Bahía de Cochinos, con la complicidad de países y gobiernos del entorno, cuyos soldados hablarán español, para simular una insurrección de cubanos contra cubanos. El destino de esa insurrección armada, no podía ser otro que el de la pobre Nicaragua. Cuba sería barrida del mapa por el atrevimiento de haberse parado fuerte frente a la nación más poderosa de la tierra.

A la sazón en el mundo se desarrollaba una Guerra Fría que enfrentaba a las dos mayores potencias: la URSS y USA. Para los Estados Unidos, América Latina y sobre todo, el Caribe, constituía el «patio trasero» de su casa. Fidel debía escoger: o permitía que Cuba fuera arrasada por la invasión en ciernes, o se alineaba bajo la protección soviética. Ante el panorama de una América Latina que en la práctica lo dejaba solo, optó por el comunismo. ¿Hizo bien o hizo mal? Eso es lo que ha de juzgar la historia. Cuba y Perú, realidades diferentes, ¿también caminos diferentes? Haces bien, querido Germán, en dejar el tema donde lo has dejado y no sumarte a quienes por ignorancia o repetición vacía de consignas lanzan piedras a la historia.

Todo lo que sostengo en estas líneas escritas a la carrera, lo puedo documentar, si es que me das la hospitalidad de tus páginas.

Un abrazo, compañero.

Alfonso Salcedo

 

Fidel. Tal como

Written By: Hugo Neira - Nov• 28•16

El 26 de julio de 1953, unos 150 jóvenes toman por asalto el cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Fue un fracaso y pocos sobrevivieron. Más tarde los exilan en México y en diciembre de 1956, 82 hombres desembarcan del barco Granma en las costas orientales de Cuba. Los esperaban los soldados de Batista, solo doce hombres sobreviven, entre ellos el Che Guevara. Luego, la corta guerra en la sierra Maestra, los guerrilleros triunfantes ciudad tras ciudad, la fuga de Batista, el ingreso de los barbudos el 1 de enero de 1959 a La Habana. Su jefe y guía es el hijo de un gallego vuelto en Cuba plantador de caña de azúcar, que envía al hijo a una escuela de jesuitas, estudiante de derecho en la universidad de La Habana, expedicionario revolucionario en 1947 en la República Dominicana para derrocar la dictadura del general Trujillo. Cuba, el desembarco de los exiliados cubanos en Playa Girón. La crisis de los misiles, 1962. Muchas cosas se pueden invocar en torno a la vida de Fidel Castro. No obstante, ante el tema de la muerte, prefiero otra aproximación. El hombre mismo, su carácter, su carisma.

El azar del destino me ha hecho ver y conocer repetidas veces a Fidel Castro en La Habana. Por dos sencillas razones. Había ganado el Premio Casa de las Américas con  la vida de Saturnino Huillca. Y la segunda razón son los años de Velasco. Por una razón o por la otra, fui muchas veces a Cuba, y pude conocer a Fidel Castro y no soy el único.

Fidel Castro orador. En el veinteavo aniversario de la toma del cuartel Moncada. Era parte de la delegación digamos, velasquista. Nos apreciaban, estaba yo a cuatro gradas de donde hablaría Castro. En el mundo rusificado de los cubanos esas cosas tenían sentido. Estábamos en el Moncada, vuelto tribuna inmensa y ambiente de fiesta. Llega Castro. Aparecen como por magia unos soldados en los techos y disparan al aire con metralletas. Se enfría el ambiente. Fidel arranca con aire severo, espartano, habla del sacrificio de gentes de su generación en ese asalto (fue una masacre) y al terminar, recita de memoria un poema que yo no conocía, el de Rubén Martínez Villena: Hace falta una carga para matar bribones, / para acabar la obra de las revoluciones; / para vengar los muertos, que padecen ultraje, / para limpiar la costra tenaz del coloniaje; /. Me acuerdo como si fuese ayer. A esas alturas, la gente de la platea ya estaba de pie. Y entonces, personalizando por completo el poema, prosigue: «para que la República se mantenga de sí, para cumplir el sueño de mármol de Martí.» Y levantando la voz, «para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos la patria que los padres les ganamos de pie.»  Fidel: «Desde aquí te digo, Rubén Martínez Villena, el 26 de Julio fue la carga que tu querías. Patria o muerte¡!»

Al retorno, en un carro de lujo, con banderitas peruanas y cubanas, mientras otros conversaban, yo me encontré musitando en voz baja el poema que había escuchado. Me lo había aprendido de memoria! Cosas de la emoción. No habré escuchado ni a Mussolini ni a Hitler, ni a Lincoln, pero los grandes oradores son contados con los dedos de la mano, y Fidel era uno de ellos.

Fidel político. En una visita me dicen que no me mueva del hotel, “el comandante quiere hablar contigo”. Llega la noche, y “Fidel no tiene hora, no salgas y duerme si es preciso, vestido”. A la una de la madrugada, Fidel y hombres de su seguridad. Entra y a quemarropa: — Quiero saber por qué el Perú no acepta los armamentos soviéticos que les ofrecen y sabemos que tú eres uno de los que opinan en contra. Le explico nuestras razones (no queríamos depender de los soviéticos) y con tal convicción que me encuentro golpeando mi mano sobre la otra mano, en las narices de Fidel. Realmente era yo un desatinado. Y lo miro, y veo pasar una lucecita por los ojos de Fidel Castro, tuve temor. Al llegar a Cuba, el pasaporte se quedaba en manos del Ministerio del Interior. Me detuve, y Fidel me dice: —“Sigue Hugo, sigue”. Claro que seguí pero con prudencia. Luego: —“Ahora vas a escuchar mi opinión”. Al despedirse, lo hace cordialmente y de paso un manazo en la espalda: —“No te preocupes, chico”.

El Fidel considerado. En una recepción, en un besamanos, había una señora peruana, muy humilde, que viaja a Cuba con wawa y todo, se le enferma el niño, y Fidel, en el turno de los peruanos, le pregunta cómo andaba el crío. La señora de marras se arranca con una descripción de los excrementos del infante y otros detalles, en su contorno no sabían cómo pararla, la jalaban, la tironeaban, y Fidel, ¿saben lo que hizo? La escucha con toda la paciencia del mundo. Extraordinariamente educado, se ponía al nivel de cada persona. La sutileza de un prelado y las actitudes, si era preciso, del guerrero.  Se explica por qué lo llora el pueblo cubano. Fidel es la historia. Y para el resto, los balances de lo hecho y de lo desecho, habrá tiempo. No ahora.

Publicado en El Montonero., 28 de noviembre de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/fidel-tal-como

 

Trump y la quiebra de la fábrica de hacer ciudadanos

Written By: Hugo Neira - Nov• 21•16

Donde se forjan ciudadanos es en las fraguas de la escuela. No es el caso del Perú, los distraen. Pero ingenuo de mí, pensé que eso no pasaba en las grandes naciones. Y me equivoqué.

Dentro de muy poco, Donald Trump despachará en el salón oval de Washington. Su victoria me cae como anillo al dedo. Por una temática que ya me cansa decirlo, el desplome de la educación popular en el Perú y sus efectos perversos en la vida pública. Se elige a personalidades tan competentes como el comandante Ollanta Humala, gracias a los votos de las ingenuas izquierdas que creyeron que podían manipularlo. Lo vieron militar, más o menos otro Velasco, y se equivocaron. Con el comandante que no hizo gran cosa salvo dejar la caja fiscal calata, se han lucido sus electores populares y sendas élites, y además el mentor, Mario Vargas Llosa. El país camina para atrás. Mafias civiles encabezadas por expolicías. Jueces que le dan una paliza a la expareja, «es que estaba borrachísimo» (Hildebrandt en sus trece, n°324). La joya de modernidad de Larcomar sin rociadores de agua. «Lo que pasa es que…». Qué sinuosa expresión, cuando la escucho es que viene una explicación medio solapa.

Volviendo a Trump, sus compatriotas vinculan su triunfo a la desastrosa escuela americana pública. ¿Cómo me atrevo a decir eso? Porque ellos mismos lo dicen. El lector sabe que soy un chancón. Para esta columna, leo a diestra y siniestra, mando mails a conocidos que no radican en la bella Lima, con su tránsito tan silencioso de automóviles, de gente feliz de la vida y que nunca te mienta la madre en el primer atasco, los que viven en el extranjero no saben lo que se pierden. Pero esas investigaciones mías (perdón, maestro Porras, por perder mi tiempo en esas cosas) a la postre, dan un fruto. El caso es que los americanos tienen ahora su outsider político, fruto de su mala educación popular.

Miren de lo que me entero. En los Estados Unidos se ha establecido una pedagogía muy parecida a la peruana, y lo de Trump la pone en la silla de acusados. La cosa es sencilla. Decidieron que los escolares no necesitan docentes sino un «guía». Igualito, por acá lo llamamos «facilitador». Y esa escuela busca que los jóvenes «no memoricen simples hechos y conocimientos inútiles». O sea, lo mismo que en Perú, adiós al aprendizaje de saberes. La denuncia la hace Sol Stern en The Daily Beast, un diario de Nueva York. Y la conclusión es «trastornaron la enseñanza, interrumpieron la transmisión de valores cívicos de una generación a otra». No cambio ni una coma. El que protesta es el National Assessment of Education Progress. ¿Qué le parece profesor Vexler? Culpan a esa escuela —que en el Perú viene ruinosamente actuando desde hace treinta años— de «la crasa ignorancia de los americanos, jóvenes o viejos, en historia y en instrucción cívica». Con ese tipo de escuela no solo el Perú sino los Estados Unidos se pueden ir a la misma (…)

Lo digo en dos palabras, allá y aquí, se ha cerrado la fábrica de ciudadanos. Y cuando eso ocurre, todo el resto —recursos humanos, clase política— se va en picada. Y eso es lo que a nosotros nos ocurre. Ellos tienen algunas de las mejores universidades del planeta —no todo es Trump— y capas cultas. No es nuestro caso.

El efecto Trump ya se siente en Europa. Están recapacitando. La otra noche escuché en la tele el debate directo de siete candidatos de la derecha francesa, en víspera de sus primarias presidenciales. ¡Cómo han cambiado! No se van a dejar desbordar por el populismo interno. En nuestro país, el APEC nos entusiasma. Normal. Pero creo que las agujas del reloj van por otro lado. La América de Trump va a ocuparse, es lo más probable, del capital interno que es su mano de obra. Una cosa es ciencia económica y otra política económica. Estas cambian. Se ha creído demasiado en el economicismo. En la superioridad de una disciplina sobre la política, el derecho, el pensamiento. En los Estados Unidos va a regresar la razón política sobre la razón empresarial.

¿Es una suerte de tradición peruana llegar tarde a la historia? Hacia 1808 en Lima el Virrey, muy de mala gana, se preparaba a enviar nuestros diputados a Cádiz, pero ya Bonaparte invadía España. En los años 40, en la élite había simpatizantes del nazismo, y Héctor Velarde les tomaba el pelo, simpatizaban con el III Reich cuando estaba perdiendo la guerra. Hoy veo un furor neoliberal justamente cuando merma en los Estados Unidos. Hernando de Soto, de regreso de China, dice que hubo 660 mil revueltas el año pasado, o sea, 1800 por día. Es mucho, la globalización despierta resistencia por todas partes. El voto de Trump es la venganza del proletariado gringo venido a menos. Millones de trabajadores blancos desocupados y la indiferencia de la gran finanza. Hay que mirar el mundo. José Carlos Mariátegui lo llamaba «la escena contemporánea». Nuestra clase dominante es por tradición, extemporánea.

Publicado en El Montonero., 21 de noviembre de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/trump-y-la-quiebra-de-la-fabrica-de-hacer-ciudadanos

 

 

Una visita inesperada. Nikolái Kondrátiev

Written By: Hugo Neira - Nov• 14•16

Venimos de dar una vuelta para estirar las piernas y en el salón, nos espera un visitante inesperado. No es la primera vez que ocurre, “las grandes sombras”. Como son “grandes” no piden permiso y como los nobles de otras épocas, entran nomás. Y como son “sombras”, descienden desde una escalera en caracol que se materializa al interior de mi casa. Ya me ha pasado con la visita de Hobbes. Y lo he contado en esta misma columna (14.09.2015). Ahora es el ruso Nikolái Kondrátiev. Propuso en vida los ciclos largos en la economía. Estos presentan dos fases distintas. La fase A, que es ascendente, que trae prosperidad. Y la fase B, lo contrario, descendente. Veinte años en cada caso. Era ruso de los años 30, muere en un Gulag. Lo eliminan los dogmáticos. Lo rescata para la ciencia el norteamericano Shumpeter.

Dobry vecher! Buenas noches.

Diablos, este ruso no se da cuenta que no hablo su idioma. Pero, pronto funciona una magia y le entiendo todo. Y él lo mismo.

— Buenas. ¿A qué debemos este honor?

Kondrátiev me mira y arranca con energía.

— Me han dicho que da usted clases, y le pregunto por qué no explica mi teoría de los ciclos económicos que se repiten cada 40 o 60 años ¿?

— Bueno, no sé, yo no hago cursos de economía, preguntéselo a Carranza, o al ministro Zavala, a Castilla o a Segura, ¿por qué me lo pregunta a mí?

El ruso ni me ha escuchado. Se ha puesto a mirar la estantería y entre mis libros, encuentra uno.

— Conoce usted a Braudel, el francés. Ya está en donde estoy yo. Y no me puede decir que no conoce lo de la “longue durée? ¿Entonces?

Me oigo responderle.

— Claro, pero es la versión de los ciclos para historiadores y sociólogos. El ruso prosigue con un tono entre profesoral e irónico.

— “Los intelectuales socialistas latinoamericanos se creen autónomos y aplican políticas sociales y económicas sin tomar en cuenta el sistema financiero mundial” (Wallerstein). Lo interrumpo.

— Puede ser, pero ¿tendría la amabilidad de decirme un caso concreto?

El ruso pega un salto.

—¿No sabe usted que el ciclo A de alza arranca de 1945 hacia delante y se detiene en los años 60? Lo principal fue que Estados Unidos después de la guerra reconstruye la Europa occidental y el Japón y deja a los soviéticos a su suerte. Y ustedes en América Latina, no hacen nada grande y se vuelven subjetivos e ideológicos.

— Le repito, doctor Kondrátiev, ejemplos, nombres propios, spasibo. Por favor.

— ¿Ejemplos? Raúl Prebisch, la CEPAL, los dependentistas, Dos Santos, Cardoso, Frank, Samir Amin, revolucionarios del tercer mundo¡!

— Diablos, ¿qué nos reprocha usted?

— Están siempre descolocados, dice casi a gritos Kondrátiev.

— ¿Y qué es lo que nos recomienda?

— Pero ¿es que no saben que están todavía en un ciclo A, de alza? ¿Y que va pronto a terminar? Hacia el 2020. ¿Y qué hacen? Se pelean entre sí. Por minucias, quién es o no miembro del BCR. Y hacen todo al revés, tienen urbanización antes que industrialización. Dejan irse sus mejores cerebros a universidades extranjeras. Y ahora están en la pequeñez del “costo/beneficio”.

— Insisto, ¿qué nos falta?

— Grandes obras, señor peruano. Y reeducar los recursos humanos para que como en India y China absorban la ciencia mundial que no tiene dueño propio. Su país, que puede ser fuerte en el biopoder que se avecina, debe dar el salto a la cuarta revolución industrial desde la ciencia y la química, los medicamentos, experimentando en laboratorios y con la ciencia de la vida, me grita Kondrátiev, con toda la energía que tienen los rusos y sobre todo cuando es un genio incomprendido.

— Para eso se necesita otra clase dirigente, le digo.

— En eso lo doy razón. Pero puede haber un cambio de mentalidad. Se entusiasman cuando viven la fase B. ¡O sea tarde! Solo sueñan en las inversiones extranjeras y no admiten que la reestructuración capitalista del mundo ocurre fuera, en América, China.

— Bueno, cuando viene el FMI y nos dice… Kondrátiev se pone histérico.

— ¡Pero si todo lo que hacen es introducir los dispositivos imperialistas! ¿No se dan cuenta que los provincianizan? No son ustedes centros de producción, todo lo que les interesa a los de afuera es el bajo costo del trabajo. ¿Cómo le dicen a sus mujiks? Cholo barato.

— Kondrátiev, usted exagera, me atrevo a decirlo.

— No señor. ¿No se da cuenta que está agonizando la ideología liberal tanto como su  vieja izquierda? ¿No se da cuenta que sus socialistas son conservadores? En Perú, se les viene una fase B, con Trump.

— ¿Una revolución, entonces? Tengo entendido que a usted … (Iba a decir, lo mataron, pero me callo).

— No, claro que no. Eduquen a su pueblo. Los que llegan allá —y señala el cielo— nos cuentan que sus paisanos son capaces, pero el sistema exterior los divide y desintegra. No viene el socialismo. Viene un mundo poscapitalista. La historia no garantiza nada. La fase B puede durar decenios de decenios.

En fin, se despide. Vsego nailuchshego! Te deseo lo mejor. Claro está, con entrevistas a  los muertos van a creer en Lima que estoy mal de la azotea.

Publicado en El Montonero., 14 de noviembre de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/una-visita-inesperada-nikolai-kondratiev