Entrevista: «Por encima de PPK y Keiko pesa responsabilidad de una nación»

Written By: Hugo Neira - Dic• 27•16

Hugo Neira Samanez, doctor en Ciencias Sociales, reparte buenos deseos al oficialismo y a la oposición. En su casa de Lima, que alterna con temporadas en Santiago, Neira tiene la mayor parte de su biblioteca. A sus 80 años, tiene una larga lista de investigaciones en curso y libros por publicar. (Foto: Juan Ponce / El Comercio)

Por: Fernando Vivas

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Vive entre el Perú y Chile, pero la Navidad la pasa aquí, en su tierra. Me recibe en su terraza, invadida por parte de su biblioteca. Sobre una mesa, enormes táperes rotulados se asolean con las fichas de investigaciones y libros por venir. Uno de los rótulos menciona a Arguedas y a otros dos personajes cuya asociación es muy provocadora. Tres cerebros angustiados ante el fin de sus culturas. Me pide que no revele los nombres. Le debo guardar el secreto.

—¿El diálogo entre PPK y Keiko abre una nueva fase?

Espero que sí. El acercamiento de un presidente legítimo y la encarnación de la oposición, no sorprendería en otras partes del mundo.

—Hay quienes dicen que fue muestra de debilidad del presidente.

¿Cuando Estados Unidos y Rusia, en la Guerra Fría, tenían un teléfono rojo estaban reconociendo su debilidad? Gracias a Dios así se evitaba la guerra atómica. Por encima de la geopolítica pesaba la responsabilidad de la humanidad. Por encima de PPK y Keiko está pesando la responsabilidad de una nación.

—En lugar del botón rojo destructivo, el teléfono rojo para hablar.

La gran mayoría de la sociedad peruana respondería, con un sentido común que a veces falta en la clase política, que esperaba ese gesto de ambos. Porque en la lógica popular suponen que ese es el trabajo del político y estamos en Navidad. ¿Puedo desarrollar una idea?

—Por supuesto, pero haz referencia, por favor, a la censura de Saavedra.

Hay una cadena entre el ciudadano y las decisiones gubernamentales. En el medio está el congresista que es controlado por el ciudadano que puede votar o no por él y el congresista controla al ministro, tiene que fiscalizarlo. No estamos acostumbrados a que aparezcan representantes de orden plebeyo y popular. Alain decía que los jefes de Estado tienden a ser monarcas y los parlamentos a ser oligárquicos. Hasta que llega el pueblo tal como es. Entonces, los parlamentos modernos son malcriados, son turbulentos, se agarran a trompadas y nos aterramos porque no tienen buenas costumbres. Yo tengo paciencia y comprensión. Ni PPK ni los que han llegado en mayoría al Parlamento han tenido experiencia de partido político. Me abstengo de un juicio negativo a priori.

—O sea, ¿comprensión y hasta indulgencia con quienes llegan desde la tecnocracia y desde cierta marginación del establishment?

Los detentores legales de la representación popular son el presidente y los congresistas. A ellos se suelen enfrentar otras gentes, los franceses les llaman ‘los notables’: empresarios, artistas.

—En la campaña dijiste que Keiko podía reciclar la herencia autoritaria de su padre. Tras su derrota, ¿esa capacidad ha disminuido?

Aclaro que no tengo antis ni quiero participar en ningún partido. He visto ahí un fenómeno nuevo, la emergencia de una capa social política que representa un poco a las mypes, al sector informal. Todo el tiempo hablábamos de la informalidad y pensábamos que tarde o temprano iban a estar detrás de la izquierda, del aprismo o de algún partido moderno. Resulta que no, están formando su propia élite política. No tengo un juicio definitivo sobre algo que está creciendo, pero para empezar digo que no veo golpistas. Escucho a los entrevistados de las comisiones del Congreso y me parece que están haciendo un trabajo interesante. Y Zavala es un buen ministro. Ahora tengo una posición pro oficialista y pro oposición [ríe].

—¿Cómo sintetizar la promesa de PPK de modernizar el país? Suena gaseosa.

Cuando PPK dice tenemos que entrar a la OCDE, es un proceso muy largo, pero está bien. Eso quiere decir cómo entramos a la modernidad, y eso significa profundas reformas: nuevos estándares para la educación popular, rehacer la descentralización que es un tema tabú, elevar la capacidad laboral y aumentar la productividad.

—La corrupción nos paraliza, ¿no?

[Busca por buen rato un libro, Sultanismo, corrupción y dependencia en el Perú republicano de Jorge Basadre] El s. XIX lo perdimos por la corrupción y por eso nos interesa que no fracasen PPK ni Keiko. Basadre recoge este concepto de sultanismo de Weber: [lee] “sistema estatal que carece de contenido nacional y racional y desarrolla en extremo la esfera del arbitrio libre y la gracia del jefe”. Si no tenemos una democracia eficaz, la gracia del jefe, el poder híbrido de un Evo Morales o Correa puede establecerse; y cada empresa con su libre arbitrio puede hacer lo que le parece.

—Honor a Basadre. El Lava Jato es sultanismo a escala internacional.

A niveles dantescos de corrupción. Es un riesgo para la economía mundial al punto que los americanos se han metido en el tema. El imperio ha tenido que intervenir para no podrirse. ¿Cómo se puede cambiar eso? Con una conciencia del tiempo. Con el tiempo corto la gente se pone muy nerviosa y quiere hacer plata pronto, desaparece el escrúpulo. Necesitamos pensar las cosas de aquí a 10 o 15 años.

—Por favor, tus buenos deseos de Año Nuevo.

La sociedad peruana busca que le den fronteras nuevas de conquista. Tenemos que vencer las montañas, hay que sacar el agua de la selva hacia la costa. La migración va a ser donde haya tierra agrícola, porque en la ciudad no hay empleo formal. Que no solo se muevan las mercancías, que se muevan los hombres. La sociedad peruana se está moviendo sola, desconectada del Estado.∞

 

Publicada en El Comercio, 26 de diciembre de 2016

http://elcomercio.pe/politica/actualidad/encima-ppk-y-keiko-pesa-responsabilidad-nacion-noticia-1956104

¿Jaime Saavedra? Hemos perdido un Amauta¡!

Written By: Hugo Neira - Dic• 19•16

«El mejor de los últimos ministros en educación». Lo dijo un miembro del Ejecutivo.  Por lo visto no cuenta Nicolás Lynch, pese a que se enfrentó a un poderoso Sutep en el 2001. Ni menos, por aprista, José Antonio Chang, pese a los concursos para la carrera magisterial o los colegios emblemáticos. Insistieron tanto políticos y periodistas en la evidente superioridad de Jaime Saavedra que terminaron por convencerme.

Educadores hemos tenido en la historia de la educación peruana pero ¿qué cuenta don Julio C. Tello, apenas arqueólogo, que escribiera sobre la reforma de la educación en 1928? ¿Y el puneño José Antonio Encinas, que con un máster en Padua, se hizo defensor de indígenas? Nada que ver con Saavedra, amauta insuperable. Cierto es que Felipe Mac Gregor, sacerdote jesuita y profesor de filosofía, nacido en el Callao, rector de la Católica de 1963 a 1977, impulsa la investigación, pero Saavedra es «el hombre de la revolución educativa»¡! (Diana Seminario, El Comercio, 12.12.16) Ni Jorge Dintilhac, profesor de francés y de griego, que inventa la Católica, ni los fundadores de la Cayetano Heredia. Todos chancay de a medio al lado de Jaime Saavedra. Los mencionados, por lo visto, unos ilusos. Creían en la cultura, las profesiones, la ciencia, el conocimiento.

Me pregunto si no habrá pecado de modesto el exministro ¿? Hubiera sido oportuno mencionar su obra magna —Motivation to Learn (2003)— que trata de la revolución de las ciencias cognitivas, traducida a todos los idiomas, refuta a las grandes corrientes pedagógicas, de Pestalozzi a John Dewey y a la escuela de Decroly, en páginas admirables. Y no les digo la discusión con Célestine Freinet sobre los métodos activos. Saavedra no es solo un téorico sino un ministro pragmático. A él le debemos la desaparición de esa lacra de la enseñanza peruana que han sido los 12 mil polidocentes multigrado en particular en la serranía. Saavedra acabó con eso. Además ¿no ha sido quien reintegró los cursos de lógica y gramática que tanto hacen falta a los educandos?

Ahora bien, los dos párrafos anteriores no son sino un canular o hoax, es decir, una broma.

Cable a tierra, ¡cómo lo han exaltado!  Saavedra —un sabio, el hombre del destino— no merecía la censura «por su contribución al sector» (Ana Jara). Y los «resultados importantes en una reforma de nuestra injusta educación pública» (El Comercio, 14.12.16).  «Respaldo el trabajo de Saavedra porque es el camino correcto para las reformas en educación» (Premier Zavala).  En fin, lo que resulta divertido y a la vez patético, es que nadie ha dicho en qué consistía esa gran reforma. Los romanos decían flatus vocis, palabras sin contenido.  Sin duda el efecto de una hipnosis colectiva, según Luis García Miró Elguera, debida a «la concentración mediática y la progresía que quieren gobernar» (Expreso, 15.12.16).

Saavedra, el verdadero, la educación como un negocio más. Ni se ha ocupado de los maestros. «El sueldo promedio en julio del 2015, en su abrumadora mayoría, estaba debajo de la canasta básica» (Lynch, 13.07.15). Y en cuanto a las pruebas de PISA, ya no somos sino penúltimos. Debajo Túnez, Macedonia y el Líbano. Y por encima a 12 rangos Costa Rica; a 20 Chile. A este paso, multiplicando por tres (el lapso de PISA) alcanzamos a Chile en 60 años. O sea, nunca.

En esta columna he aplaudido lo poco que hizo, extender las horas de clases y un par de cursos. Ahora bien, acaba de llegarme un paquete gentilmente enviado por el MINEDU. Se agradece. Justamente, compruebo que en tres años de Jaime Saavedra —dos con Humala— el plan vigente de educación básica sigue siendo el de siempre. Y siguen aplastantes las áreas de «tutoría y orientación educativa». En suma, clases de comportamientos. ¿Pero sin la transmisión de conocimientos fundamentales? Saavedra no se ha apartado ni un ápice del currículo que nos lleva a la ruina.

Cierto, lo han sancionado, entre otras cosas, por los 850 millones de gastos en consultorías. El país entero teme la aparición de «cajas chicas», y ya no por el Sistema de Inteligencia Nacional sino por cualquier rendija del Estado. El montesinismo es una praxis sin nombre propio.

Dicho esto, el problema educativo sigue entero. La etapa llamada media en el Perú es una extravagancia. A mí lo que me preocupa es la masa de escolares que van cada mañana  a colegios de media que se han salido de la ruta del homo sapiens.

Las clases subalternas venidas de la inmigración se establecieron en una frontera, el arenal. Luego en las pymes. Creen que han llegado. Siguen fuera. Empantanados en la trampa de carreras cortas y empleos precarios. A los nietos de «pobladores» les pasa algo como a las primeras mujeres escritoras que entraron, a fines del XIX, al mundo intelectual. El orden patriarcal las condenaba a la vida doméstica, a cuidar al marido e hijos. Hoy, a los que vienen del pueblo les enseñan a desdeñar la cultura. En Perú hay una inadmisible educación a tres niveles. Universidades para ricos, para pobres (que son forzosamente selectivas) y nada para los de la pésima media sin maestros ni libros. Un país con un triple apartheid, no es una nación moderna.

PD: Parece que hay nueva ministra. Marilú Martens. Muy buen perfil. Buena suerte.

 

Publicado en El Montonero., 19 de diciembre de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/jaime-saavedra-hemos-perdido-un-amauta

 

¿Interpelación? El enigma Saavedra

Written By: Hugo Neira - Dic• 12•16

¿Tan importante es el ministro Saavedra? ¿Al punto que en Palacio son capaces de correr el riesgo, con el pedido de confianza, de una desestabilización entre el Ejecutivo y el Legislativo? ¿Al punto que la oposición a la oposición —no hay otra manera de describir al actual gobierno— se las juegue todas por completo?

En esta columna, lo que pienso y doy a conocer con toda libertad se dirige al ciudadano. No tengo otro propósito. Como diría Octavio Paz, «no aspiro ni al sillón del Príncipe ni al púlpito del Obispo». Y ante el tema de la educación no me queda más remedio que abordarlo desde mi experiencia personal. Y no porque quiera ser ministro o algo por el estilo. Así estamos, todo hay que decirlo.

Fui profesor francés, dada la meritocracia que practican en Europa, al ganar ese estatus por concurso público, y he vuelto en el 2003. Al retorno al país de mis padres, no me han faltado cátedras y para mis libros, sucesivas ediciones. Pero algo me desvela. En los últimos trece años y ocho meses, siempre me han dicho amigos, alumnos y colegas que los colegios de secundaria de los años cincuenta a los ochenta eran excelentes. Entonces, ¿por qué abandonaron a las Grandes Unidades Escolares? Ese enigma pudre el conjunto de la vida peruana.

No siempre fue así. El Perú de mi infancia era más pobre pero más culto. Yo nací en Abancay y crecí en Lince, un barrio popular, anterior a las barriadas. De la miseria me salvan mis abuelas provincianas y de la incultura la  primaria que fue en el 429 de Lince con maestras normalistas y secundaria en el Melitón Carvajal con profesores de geografía, historia del Perú, universal, matemáticas, química y física. Y educación cívica. Teníamos profesor de gimnasia y de música, y de religión, un cura. Incluso clases de teatro y de esgrima. Hoy no existe esa educación (estatal) que yo recibí. Hoy, a mi retorno, observo el abismo entre los felices escolares en colegios de paga y los desdichados que van a escuelas de gratuidad, entre ricos con cultura y unos estratos sociales que se creen clase media. Hemos fabricado, desde la mala escuela, una capa social emergente pero de pobres con plata. Ni cuenta se dan de lo que les han quitado. La cognición. El conocimiento. El poder de pensar.

El tema es clasista. Mientras el mercado iguala, la escuela separa. Se ha reinventado una nueva clase de dominados. No tienen capital simbólico. El inculto de escuela estatal es el neoindio del siglo XXI.

Pasemos, pues, de la educación al muy siniestro poder criollo. Sobre lo primero, un amigo que ya no es de este mundo, José Rivero, decía que «el acceso generalizado a la educación básica es el signo de la democratización». Me temo que tendremos que esperar tiempos mejores. Va a continuar el actual diseño curricular que, hablando claro, es un Ersatz es decir, una sustitución mediocre. Bajo Toledo comenzó el gran asalto al Ministerio de Educación. Y no por los ministros —Antonio Chang y Lynch pusieron el pecho— sino desde los viceministros, gamonales de la empleocracia. No fue el Sutep ni Patria Roja, esa es otra historia, de ella ya se ha ocupado Nicolás Lynch (Los últimos de la clase, 2006). Aquí el meollo es una escuela llamada constructivista. A ella y al doctor Vexler le debemos las áreas y otras invenciones geniales. La prueba de su buen sentido son los resultados de PISA. Nos ganan los que tienen, en otros países, historia, humanidades, etc.

Hace poco, por mi parte, escribí un artículo crítico «Educación, cuatro catastróficos mitos» (El Comercio, 10.09.16). A la semana siguiente me dijeron, muy amablemente, que prescindían de mis colaboraciones. Tocar la cartera de Saavedra marca por lo visto los límites de la libertad¡! Pese a ello, y prueba de que no sé guardar rencor, me destinaba a aplaudir dos gestos del ministro Saavedra. El retorno a clases mañana y tarde. Y luego, la promesa de cursos de historia y geografía para abril del 2017. Pero no puedo cerrar los ojos a que lo han interpelado no por el tema pío de la educación ni solo por «los presuntos activos de corrupción en la compra de computadoras». Asombra y aterra los enormes gastos en consultorías. Y de pronto, una buena parte de los medios está alineada a favor del gobierno¡! Entonces, ¿qué es lo que está en juego con el funcionario Saavedra? ¿La educación básica o el poder que otorga el presupuesto de Educación, segundo en cantidad de millones de soles?  ¿Otra vez se recurre a los diarios para convencer a la opinión por vías sesgadas? ¿Es eso democrático? Eso pasa cuando se llega al sillón sin partido político ni bancada. Además, en estos preparativos de otro Leviatán achorado, cuenta la insistencia por una Superintendencia que mañana por ejemplo, prohíba cursos de ciencias políticas. Es decir, un presidente autocrático —a la manera del turco Erdogan— está en el orden de lo posible. No de lo deseable. Y pensar que votaron contra Keiko para evitar autoritarismos¡!

Posdata :

Son más que inquietantes las recientes declaraciones del jefe de Estado sobre «los politólogos» (Somos, 10.12.16). En la persona de Alberto Vergara, un joven profesor de ciencias políticas hoy en París, se insulta al mundo universitario. Al parecer, el virus de la tentación totalitaria no ha abandonado el caserón de Palacio. Viajamos hacia el pasado. Se sube por las urnas, se desesperan los mandatarios y se montan poderes laterales. Como debe divertirse en prisión el inventor de los psicosociales, el doctor Montesinos.

Publicado en El Montonero., 12 de diciembre de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/interpelacion-el-enigma-saavedra

 

El otro comunismo

Written By: Hugo Neira - Dic• 05•16

Una noche en la tele le llevo un libro mío a Milagros Leiva. Inocente de mí, todo lo que le interesó fue decirme que no entendía «como yo había sido comunista». Esa noche, y la pausa que calló mi respuesta, me dejó en el alma una llaga más grande que el Amazonas. Entiendo lo que quiso decir, pero es la mitad de la verdad. El comunismo fue lo peor y lo mejor del terrible siglo XX.

Marx concebía la emancipación de los trabajadores por obra de sí mismos y no de un partido, lo que ocurrió fue el Estado tártaro de Stalin y crímenes colectivos tan viles como los de la Alemania nazi. Pero los comunistas no han sido solo eso. Los que fueron a luchar armas en la mano contra el fascismo en la guerra civil española, lucharon por la libertad. Como le maquis de la resistencia francesa. En las brigadas internacionales estaban ingleses como Orwell, rumanos como John Murra antes que conociera el Perú y nos explicara qué era el archipiélago vertical andino. El comunismo tuvo dos rostros, solo la intolerancia y la ignorancia de la historia puede negar esa ambigüedad.

A los veinte años, sin recursos, distante de mi padre —no quise entrar a los institutos armados—, muertas mis tías abuelas que me salvaron de la miseria, entré a San Marcos, trabajaba de obrero en fábricas que había en la Colonial, y vivía en un callejón, en Walkusky, todavía existe, al lado de las Brisas del Titicaca.  De vez en cuando la policía rompía a patadas la puerta y se llevaba mis libros, los de tapa roja. Una vez se llevaron uno de Pirandello, por el color. Y entre aprismo o comunismo, opté por este último. Era una opción sacrificada. El aprismo llenaba urnas y calles. Entrar al comunismo era algo como ser misionero. El trabajo en la casa de Colina junto a Macera, Vargas Llosa y Araníbar, vino después. Y Porras, en verdadero liberal, nunca se escandalizó de mis ideas. Porque eran algo más, una conducta. Fundábamos sindicatos y alfabetizábamos obreros. No éramos comunistas para matar a nadie.

Fue gente estupenda los que fueron mis camaradas. Fernando Fuenzalida, que venía del Colegio Inmaculada y vivía en una mansión en el Paseo Colón. Félix Arias Schreiber, de una familia, como se decía en la época, decente. Eran muchachos blancos e inteligentes. Digo esto para combatir prejuicios. No eran  como creen «resentidos». Fuenzalida, brillante como pocos. Félix, abnegado, no solo guapo sino bello, dicho esto desde mi varonía. Como un verso de Gabriela Mistral, «batallador y puro como un arcángel». Comunista toda su vida, siempre pobre e irreprochable. Pienso en Carlos Franco, incapaz de intolerancia. En Carlos Delgado, tan aprista que se salió del Apra. En Francisco Guerra García, venía de las fraguas de los demócratas cristianos. En Alfonso Barrantes. Qué mal lo conocen¡! Su biblioteca, legada a la BNP, contiene más obras religiosas que marxistas. No era el único monje sin sotana en el viejo partido. Lo éramos todos. Entré al comunismo como quien entra al Seminario Santo Toribio de Mogrovejo. La juventud comunista era no beber ni fumar, menos coquear. De ahí mi rigor. Y los amigos que tuve. Leíamos desenfrenadamente. Cuando discutíamos era hasta el gallo de la madrugada.

Mi vida se ensancha con la experiencia española y francesa. Los mejores, los más encendidos y generosos, eran siempre comunistas. Mis amigos «cocos», como dicen los franceses, en Saint-Étienne, en París. Los que conocí cuando entré a escribir en revistas y diarios contrarios a Franco en vida —sí pues—, mi España no fue la mesa servida, Mario. Hoy sabemos que la Rusia soviética fue un desastre pero no me arrepiento de haber luchado por una utopía. La última vez que canté la Internacional fue en la Yugoslavia de Tito, entre un japonés y un alemán. Cada uno, «arriba los pobres del mundo», en su propia lengua. Pero la autogestión, al menos la peruana, fue quimérica. En las haciendas norteñas expropiadas, los cooperativistas se llevaron hasta los picaportes.

Estoy voluntariamente fuera de capillas ideológicas. Mi fervor se desplaza a la anchura de las ciencias humanas y sociales y no a una sola disciplina. He escrito mucho, pero al final de cada obra, puedo poner esta frase de Tocqueville: «este libro no se pone al servicio de nadie».

Nunca pensamos en el poder como vía al enriquecimiento. En mi generación no hubo la angurria de querer ser rico a cómo dé lugar. Tengo hoy lo que necesito, autonomía. Me la dan mis años de profesor en Francia. Me sigue apasionando el conocimiento. Soy crítico de todo y de mí mismo. Soy austero y la gastronomía no es mi mayor pasión. No he engordado. Creo en la intensidad de cada día, por lo cual no tengo teléfono inteligente, la vida es demasiado preciosa para vivir pendiente de banalidades. Creo en el saber que está sentado a la diestra de un Dios sin sotana, creo en la historia que juzgará a los vivos y a los muertos, en la vida eterna de lo escrito, en la victoria final sobre la ignorancia, en la libertad del pensamiento y en la hermandad de los rebeldes, amén.

 

Publicado en El Montonero., 05 de diciembre de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/el-otro-comunismo

 

Entrevista. «Han roto la educación para que los puestos interesantes sean para unos cuantos»

Written By: Hugo Neira - Dic• 05•16

Pensador, político, profesor e investigador peruano. Se indigna cuando habla del Perú, de la calidad de la educación pública y denuncia un crimen contra la enseñanza pública durante los años 90.

                                                                      —Por Juan Carlos Soto y Fiorella Montaño

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“Soy profesor y bien fregado, no soy político. No tengo que encantar a nadie ni desencantar, por eso respondo bien feo”, advierte, sincero, Hugo Neira antes de la entrevista. El autor llegó este fin de semana a Arequipa para la presentación de sus obras El mundo mesoamericano y el mundo andino y Civilizaciones comparadas en el décimo Festival del Libro.

La advertencia tiene asidero. Neira es frenético y polemista durante la charla. Se levanta de su asiento varias veces y se indigna cuando habla del Perú y de la calidad de la educación pública.

Neira denuncia un crimen contra la enseñanza pública. En los años 90 se redujeron horas de clases y quitaron de la currícula cursos generales, entre ellos historia y gramática. “Si usted quita la historia universal a un país, le quita la memoria”, señala.

—Quizá es una nueva educación planteada desde un pragmatismo económico, instrucción para satisfacer las demandas laborales.

Alemania es un país industrial. ¿Acaso desaparecieron las humanidades? Quién le ha dicho que mañana un físico o un astrónomo no tenga que aprender a redactar bien (esta capacidad la fortalece la gramática, la literatura y humanidades). Vaya usted a Lima, a la librería Crisol, al fondo, encontrará libros de ciencia, que se encuentran admirablemente escritos, porque los autores aprendieron a redactar. Redactar es saber pensar. Yo tengo que enseñarle a mis alumnos, que son doctores, qué es un párrafo, qué cosa es un paper (introducción, desarrollo conclusión) porque no lo aprendieron en la escuela secundaria. ¿Quién siguió gramática o literatura? En la escuela privada no dieron esos cursos, pero los colegios de curas sí enseñaron.

—Desde su perspectiva, ¿quienes cometieron estos crímenes?

(Neira culpa a los gobiernos y también se refiere a «los señoritos» cuyos padres tenían dinero para darles una buena educación.)

Ellos («los señoritos») tienen un capital simbólico superior a la de la clase popular.  Y a la clase popular le contaron el cuento de la empresa privada, del trabajito precario. Jamás llegarán a gerentes, porque los otros tienen una formación que los superará para siempre. Han creado una nueva clase popular precaria sin la capacidad cognitiva de entender las ciencias y las humanidades más avanzadas. Ese es el mayor crimen que se cometió en el Perú.

—¿Ha sido una actitud perversa y calculada?

Para tener una clase dominante. Le voy a decir algo peor. El Perú tenía una desigualdad terrible entre un país criollo y un país de indios dominados en las grandes haciendas. Esos campesinos que aparecen en las fotografías con harapos dependían del terrateniente para tener una tierra donde trabajar y alimentar a su familia. Eso comenzó a cambiar cuando ocurrieron las invasiones. Entonces apareció la figura de Hugo Blanco, que fue uno de nosotros, que se dedicó a ser campesino, a aprender que ellos tenían una lógica para vencer al sistema (gamonalismo), que consistía en recuperar sus tierras por sus propias manos, en lugar de litigar ante el Poder Judicial. En Cusco encontré una mutación social de campesinos que pertenecían al ejército. Saturnino Huillca, Eduardo Sumire, Fausto Cornejo. Una serie de gentes que en vez de ir a la guerrilla, empezaron el movimiento campesino espontáneo. Se dieron cuenta que eran más numerosos que la policía y empezaron a invadir terrenos agrícolas sin enfrentarse con las fuerzas. Luego llegó Velasco, en 1969 firma la reforma agraria, que era poner de jure lo que ya estaba de facto. Ya no había haciendas en el sur. Entonces desaparece la clase terrateniente y la clase de servidumbre.

—¿La reforma agraria no significó la destrucción del aparato productivo del Perú, sobre todo de una agricultura competitiva?

(Hugo Neira se levanta de su asiento y dice «ya regreso». En cuestión de minutos vuelve con un portadocumento donde se encuentra un papel impreso con gráficos).

Este es un gráfico de la curva del PBI según el Banco Central. Esta cúspide es Velasco, esto se cayó después y siguió en picada con (Alan) García. Es vergonzoso que no se den cuenta. En todo el planeta, el velasquismo pasa como un sistema autoritario, pero nunca dicen que fue un fracaso económico-social.

—¿Tampoco fue la gran revolución que se pensaba?

Sí lo fue, desaparecieron los señores feudales y vino otra clase y otro sistema de nación. Estoy señalando un país más o menos homogéneo. Pero ahora han vuelto a crear otra capa dominada: la gente popular que no tiene nada en la cabeza, que no lee un libro. Que cree que como empresario le va a ir muy bien y con estudios precarios. Esa es la nueva clase chola dominada. Ya no es una separación de dinero, es una separación cognitiva.

—¿Qué otras cosas le preocupan del Perú?

El derrumbe de la educación…  Porque el Perú no ha terminado de ser una nación. Eso es algo distinto, es algo donde la gente tiene cosas en común.

—Ponerse de acuerdo es complicado por la diversidad  peruana. ¿Cómo consolidar una nación?

La educación ayuda. Es la construcción de un pueblo, de un individuo. Eso se les quita a los peruanos en los años noventa. El servicio militar también es fundamental; hace que uno esté dispuesto a dar el impuesto de sangre, como dicen los franceses. Acá solo van al Ejército los cholos, en cambio en otros países es distinto. Otro punto es que hay que pagar impuestos. Muy pocos peruanos lo hacen, no hay ningún sentido de solidaridad. ¿Qué tenemos en común? Como dijo Macera una vez: el Perú es un territorio habitado, nada más. La educación la han roto para evitar que los puestos interesantes que hay en el Perú, que son pocos, sean para unas cuantas personas de los colegios privados. (Carlos) Basombrío y otros más. Esa pequeña élite que se reúne en CADE y conversa entre ellos. Entonces al otro lado están los otros, mal educados para que tengan su negocio y empresita y quizá más plata.

—¿Le ve futuro al país?

Así como están las cosas, no, salvo un cambio sideral. Pero el pueblo se cansa y castiga. Como el caso de Donald Trump. Dejaron de lado a la clase obrera y ellos votaron (…) Esto quizá cambie y en el 2021 tendremos un Trump en el poder.

-¿Esto rompe el mito de la gran globalización?

Sí, la pone en cuestión.

—¿Qué piensa de esta gestión de Jaime Saavedra?

Él ha tenido un gasto muy fuerte en publicidad. Es un economista que trabajó en organismos internacionales. Muy bien, ¿qué tiene que ver con la educación? Hay una cosa que se me ha quedado en la cabeza, que viene de mi formación francesa, cuando a uno le preguntan por algo pero se pone a hablar de otra cosa le dicen ‘hors sujet’, que significa ‘fuera del tema’. Para mi Saavedra es ‘hors sujet’. Por  otro lado, el debate se está centrando en cosas colaterales. Es importante saber si hay corrupción (por las denuncias contra Saavedra) pero eso no tiene nada que ver. No le preguntan por qué siempre estamos al final en la prueba PISA. Yo le aplaudiría al señor Saavedra si introduce 2 cursos más, Educación Cívica o Historia y un curso de Gramática. ¿Qué está pasando hoy día? Un tipo mata a su esposa y deja 2 hijos huérfanos. Qué hubiera pasado si a ese chico le enseñaban poesía. ¿Acaso salíamos maricones del colegio? Nos enseñaban a ser hombres y a la vez tener sensibilidad. Nos han empobrecido culturalmente. ∞

Publicado en La República (Sur), domingo 04 de diciembre de 2016

 

http://larepublica.pe/impresa/sociedad/827537-han-roto-la-educacion-para-que-los-puestos-interesantes-sean-para-unos-cuantos