¿Interpelación? El enigma Saavedra

Written By: Hugo Neira - Dic• 12•16

¿Tan importante es el ministro Saavedra? ¿Al punto que en Palacio son capaces de correr el riesgo, con el pedido de confianza, de una desestabilización entre el Ejecutivo y el Legislativo? ¿Al punto que la oposición a la oposición —no hay otra manera de describir al actual gobierno— se las juegue todas por completo?

En esta columna, lo que pienso y doy a conocer con toda libertad se dirige al ciudadano. No tengo otro propósito. Como diría Octavio Paz, «no aspiro ni al sillón del Príncipe ni al púlpito del Obispo». Y ante el tema de la educación no me queda más remedio que abordarlo desde mi experiencia personal. Y no porque quiera ser ministro o algo por el estilo. Así estamos, todo hay que decirlo.

Fui profesor francés, dada la meritocracia que practican en Europa, al ganar ese estatus por concurso público, y he vuelto en el 2003. Al retorno al país de mis padres, no me han faltado cátedras y para mis libros, sucesivas ediciones. Pero algo me desvela. En los últimos trece años y ocho meses, siempre me han dicho amigos, alumnos y colegas que los colegios de secundaria de los años cincuenta a los ochenta eran excelentes. Entonces, ¿por qué abandonaron a las Grandes Unidades Escolares? Ese enigma pudre el conjunto de la vida peruana.

No siempre fue así. El Perú de mi infancia era más pobre pero más culto. Yo nací en Abancay y crecí en Lince, un barrio popular, anterior a las barriadas. De la miseria me salvan mis abuelas provincianas y de la incultura la  primaria que fue en el 429 de Lince con maestras normalistas y secundaria en el Melitón Carvajal con profesores de geografía, historia del Perú, universal, matemáticas, química y física. Y educación cívica. Teníamos profesor de gimnasia y de música, y de religión, un cura. Incluso clases de teatro y de esgrima. Hoy no existe esa educación (estatal) que yo recibí. Hoy, a mi retorno, observo el abismo entre los felices escolares en colegios de paga y los desdichados que van a escuelas de gratuidad, entre ricos con cultura y unos estratos sociales que se creen clase media. Hemos fabricado, desde la mala escuela, una capa social emergente pero de pobres con plata. Ni cuenta se dan de lo que les han quitado. La cognición. El conocimiento. El poder de pensar.

El tema es clasista. Mientras el mercado iguala, la escuela separa. Se ha reinventado una nueva clase de dominados. No tienen capital simbólico. El inculto de escuela estatal es el neoindio del siglo XXI.

Pasemos, pues, de la educación al muy siniestro poder criollo. Sobre lo primero, un amigo que ya no es de este mundo, José Rivero, decía que «el acceso generalizado a la educación básica es el signo de la democratización». Me temo que tendremos que esperar tiempos mejores. Va a continuar el actual diseño curricular que, hablando claro, es un Ersatz es decir, una sustitución mediocre. Bajo Toledo comenzó el gran asalto al Ministerio de Educación. Y no por los ministros —Antonio Chang y Lynch pusieron el pecho— sino desde los viceministros, gamonales de la empleocracia. No fue el Sutep ni Patria Roja, esa es otra historia, de ella ya se ha ocupado Nicolás Lynch (Los últimos de la clase, 2006). Aquí el meollo es una escuela llamada constructivista. A ella y al doctor Vexler le debemos las áreas y otras invenciones geniales. La prueba de su buen sentido son los resultados de PISA. Nos ganan los que tienen, en otros países, historia, humanidades, etc.

Hace poco, por mi parte, escribí un artículo crítico «Educación, cuatro catastróficos mitos» (El Comercio, 10.09.16). A la semana siguiente me dijeron, muy amablemente, que prescindían de mis colaboraciones. Tocar la cartera de Saavedra marca por lo visto los límites de la libertad¡! Pese a ello, y prueba de que no sé guardar rencor, me destinaba a aplaudir dos gestos del ministro Saavedra. El retorno a clases mañana y tarde. Y luego, la promesa de cursos de historia y geografía para abril del 2017. Pero no puedo cerrar los ojos a que lo han interpelado no por el tema pío de la educación ni solo por «los presuntos activos de corrupción en la compra de computadoras». Asombra y aterra los enormes gastos en consultorías. Y de pronto, una buena parte de los medios está alineada a favor del gobierno¡! Entonces, ¿qué es lo que está en juego con el funcionario Saavedra? ¿La educación básica o el poder que otorga el presupuesto de Educación, segundo en cantidad de millones de soles?  ¿Otra vez se recurre a los diarios para convencer a la opinión por vías sesgadas? ¿Es eso democrático? Eso pasa cuando se llega al sillón sin partido político ni bancada. Además, en estos preparativos de otro Leviatán achorado, cuenta la insistencia por una Superintendencia que mañana por ejemplo, prohíba cursos de ciencias políticas. Es decir, un presidente autocrático —a la manera del turco Erdogan— está en el orden de lo posible. No de lo deseable. Y pensar que votaron contra Keiko para evitar autoritarismos¡!

Posdata :

Son más que inquietantes las recientes declaraciones del jefe de Estado sobre «los politólogos» (Somos, 10.12.16). En la persona de Alberto Vergara, un joven profesor de ciencias políticas hoy en París, se insulta al mundo universitario. Al parecer, el virus de la tentación totalitaria no ha abandonado el caserón de Palacio. Viajamos hacia el pasado. Se sube por las urnas, se desesperan los mandatarios y se montan poderes laterales. Como debe divertirse en prisión el inventor de los psicosociales, el doctor Montesinos.

Publicado en El Montonero., 12 de diciembre de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/interpelacion-el-enigma-saavedra

 

El otro comunismo

Written By: Hugo Neira - Dic• 05•16

Una noche en la tele le llevo un libro mío a Milagros Leiva. Inocente de mí, todo lo que le interesó fue decirme que no entendía «como yo había sido comunista». Esa noche, y la pausa que calló mi respuesta, me dejó en el alma una llaga más grande que el Amazonas. Entiendo lo que quiso decir, pero es la mitad de la verdad. El comunismo fue lo peor y lo mejor del terrible siglo XX.

Marx concebía la emancipación de los trabajadores por obra de sí mismos y no de un partido, lo que ocurrió fue el Estado tártaro de Stalin y crímenes colectivos tan viles como los de la Alemania nazi. Pero los comunistas no han sido solo eso. Los que fueron a luchar armas en la mano contra el fascismo en la guerra civil española, lucharon por la libertad. Como le maquis de la resistencia francesa. En las brigadas internacionales estaban ingleses como Orwell, rumanos como John Murra antes que conociera el Perú y nos explicara qué era el archipiélago vertical andino. El comunismo tuvo dos rostros, solo la intolerancia y la ignorancia de la historia puede negar esa ambigüedad.

A los veinte años, sin recursos, distante de mi padre —no quise entrar a los institutos armados—, muertas mis tías abuelas que me salvaron de la miseria, entré a San Marcos, trabajaba de obrero en fábricas que había en la Colonial, y vivía en un callejón, en Walkusky, todavía existe, al lado de las Brisas del Titicaca.  De vez en cuando la policía rompía a patadas la puerta y se llevaba mis libros, los de tapa roja. Una vez se llevaron uno de Pirandello, por el color. Y entre aprismo o comunismo, opté por este último. Era una opción sacrificada. El aprismo llenaba urnas y calles. Entrar al comunismo era algo como ser misionero. El trabajo en la casa de Colina junto a Macera, Vargas Llosa y Araníbar, vino después. Y Porras, en verdadero liberal, nunca se escandalizó de mis ideas. Porque eran algo más, una conducta. Fundábamos sindicatos y alfabetizábamos obreros. No éramos comunistas para matar a nadie.

Fue gente estupenda los que fueron mis camaradas. Fernando Fuenzalida, que venía del Colegio Inmaculada y vivía en una mansión en el Paseo Colón. Félix Arias Schreiber, de una familia, como se decía en la época, decente. Eran muchachos blancos e inteligentes. Digo esto para combatir prejuicios. No eran  como creen «resentidos». Fuenzalida, brillante como pocos. Félix, abnegado, no solo guapo sino bello, dicho esto desde mi varonía. Como un verso de Gabriela Mistral, «batallador y puro como un arcángel». Comunista toda su vida, siempre pobre e irreprochable. Pienso en Carlos Franco, incapaz de intolerancia. En Carlos Delgado, tan aprista que se salió del Apra. En Francisco Guerra García, venía de las fraguas de los demócratas cristianos. En Alfonso Barrantes. Qué mal lo conocen¡! Su biblioteca, legada a la BNP, contiene más obras religiosas que marxistas. No era el único monje sin sotana en el viejo partido. Lo éramos todos. Entré al comunismo como quien entra al Seminario Santo Toribio de Mogrovejo. La juventud comunista era no beber ni fumar, menos coquear. De ahí mi rigor. Y los amigos que tuve. Leíamos desenfrenadamente. Cuando discutíamos era hasta el gallo de la madrugada.

Mi vida se ensancha con la experiencia española y francesa. Los mejores, los más encendidos y generosos, eran siempre comunistas. Mis amigos «cocos», como dicen los franceses, en Saint-Étienne, en París. Los que conocí cuando entré a escribir en revistas y diarios contrarios a Franco en vida —sí pues—, mi España no fue la mesa servida, Mario. Hoy sabemos que la Rusia soviética fue un desastre pero no me arrepiento de haber luchado por una utopía. La última vez que canté la Internacional fue en la Yugoslavia de Tito, entre un japonés y un alemán. Cada uno, «arriba los pobres del mundo», en su propia lengua. Pero la autogestión, al menos la peruana, fue quimérica. En las haciendas norteñas expropiadas, los cooperativistas se llevaron hasta los picaportes.

Estoy voluntariamente fuera de capillas ideológicas. Mi fervor se desplaza a la anchura de las ciencias humanas y sociales y no a una sola disciplina. He escrito mucho, pero al final de cada obra, puedo poner esta frase de Tocqueville: «este libro no se pone al servicio de nadie».

Nunca pensamos en el poder como vía al enriquecimiento. En mi generación no hubo la angurria de querer ser rico a cómo dé lugar. Tengo hoy lo que necesito, autonomía. Me la dan mis años de profesor en Francia. Me sigue apasionando el conocimiento. Soy crítico de todo y de mí mismo. Soy austero y la gastronomía no es mi mayor pasión. No he engordado. Creo en la intensidad de cada día, por lo cual no tengo teléfono inteligente, la vida es demasiado preciosa para vivir pendiente de banalidades. Creo en el saber que está sentado a la diestra de un Dios sin sotana, creo en la historia que juzgará a los vivos y a los muertos, en la vida eterna de lo escrito, en la victoria final sobre la ignorancia, en la libertad del pensamiento y en la hermandad de los rebeldes, amén.

 

Publicado en El Montonero., 05 de diciembre de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/el-otro-comunismo

 

Entrevista. «Han roto la educación para que los puestos interesantes sean para unos cuantos»

Written By: Hugo Neira - Dic• 05•16

Pensador, político, profesor e investigador peruano. Se indigna cuando habla del Perú, de la calidad de la educación pública y denuncia un crimen contra la enseñanza pública durante los años 90.

                                                                      —Por Juan Carlos Soto y Fiorella Montaño

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“Soy profesor y bien fregado, no soy político. No tengo que encantar a nadie ni desencantar, por eso respondo bien feo”, advierte, sincero, Hugo Neira antes de la entrevista. El autor llegó este fin de semana a Arequipa para la presentación de sus obras El mundo mesoamericano y el mundo andino y Civilizaciones comparadas en el décimo Festival del Libro.

La advertencia tiene asidero. Neira es frenético y polemista durante la charla. Se levanta de su asiento varias veces y se indigna cuando habla del Perú y de la calidad de la educación pública.

Neira denuncia un crimen contra la enseñanza pública. En los años 90 se redujeron horas de clases y quitaron de la currícula cursos generales, entre ellos historia y gramática. “Si usted quita la historia universal a un país, le quita la memoria”, señala.

—Quizá es una nueva educación planteada desde un pragmatismo económico, instrucción para satisfacer las demandas laborales.

Alemania es un país industrial. ¿Acaso desaparecieron las humanidades? Quién le ha dicho que mañana un físico o un astrónomo no tenga que aprender a redactar bien (esta capacidad la fortalece la gramática, la literatura y humanidades). Vaya usted a Lima, a la librería Crisol, al fondo, encontrará libros de ciencia, que se encuentran admirablemente escritos, porque los autores aprendieron a redactar. Redactar es saber pensar. Yo tengo que enseñarle a mis alumnos, que son doctores, qué es un párrafo, qué cosa es un paper (introducción, desarrollo conclusión) porque no lo aprendieron en la escuela secundaria. ¿Quién siguió gramática o literatura? En la escuela privada no dieron esos cursos, pero los colegios de curas sí enseñaron.

—Desde su perspectiva, ¿quienes cometieron estos crímenes?

(Neira culpa a los gobiernos y también se refiere a «los señoritos» cuyos padres tenían dinero para darles una buena educación.)

Ellos («los señoritos») tienen un capital simbólico superior a la de la clase popular.  Y a la clase popular le contaron el cuento de la empresa privada, del trabajito precario. Jamás llegarán a gerentes, porque los otros tienen una formación que los superará para siempre. Han creado una nueva clase popular precaria sin la capacidad cognitiva de entender las ciencias y las humanidades más avanzadas. Ese es el mayor crimen que se cometió en el Perú.

—¿Ha sido una actitud perversa y calculada?

Para tener una clase dominante. Le voy a decir algo peor. El Perú tenía una desigualdad terrible entre un país criollo y un país de indios dominados en las grandes haciendas. Esos campesinos que aparecen en las fotografías con harapos dependían del terrateniente para tener una tierra donde trabajar y alimentar a su familia. Eso comenzó a cambiar cuando ocurrieron las invasiones. Entonces apareció la figura de Hugo Blanco, que fue uno de nosotros, que se dedicó a ser campesino, a aprender que ellos tenían una lógica para vencer al sistema (gamonalismo), que consistía en recuperar sus tierras por sus propias manos, en lugar de litigar ante el Poder Judicial. En Cusco encontré una mutación social de campesinos que pertenecían al ejército. Saturnino Huillca, Eduardo Sumire, Fausto Cornejo. Una serie de gentes que en vez de ir a la guerrilla, empezaron el movimiento campesino espontáneo. Se dieron cuenta que eran más numerosos que la policía y empezaron a invadir terrenos agrícolas sin enfrentarse con las fuerzas. Luego llegó Velasco, en 1969 firma la reforma agraria, que era poner de jure lo que ya estaba de facto. Ya no había haciendas en el sur. Entonces desaparece la clase terrateniente y la clase de servidumbre.

—¿La reforma agraria no significó la destrucción del aparato productivo del Perú, sobre todo de una agricultura competitiva?

(Hugo Neira se levanta de su asiento y dice «ya regreso». En cuestión de minutos vuelve con un portadocumento donde se encuentra un papel impreso con gráficos).

Este es un gráfico de la curva del PBI según el Banco Central. Esta cúspide es Velasco, esto se cayó después y siguió en picada con (Alan) García. Es vergonzoso que no se den cuenta. En todo el planeta, el velasquismo pasa como un sistema autoritario, pero nunca dicen que fue un fracaso económico-social.

—¿Tampoco fue la gran revolución que se pensaba?

Sí lo fue, desaparecieron los señores feudales y vino otra clase y otro sistema de nación. Estoy señalando un país más o menos homogéneo. Pero ahora han vuelto a crear otra capa dominada: la gente popular que no tiene nada en la cabeza, que no lee un libro. Que cree que como empresario le va a ir muy bien y con estudios precarios. Esa es la nueva clase chola dominada. Ya no es una separación de dinero, es una separación cognitiva.

—¿Qué otras cosas le preocupan del Perú?

El derrumbe de la educación…  Porque el Perú no ha terminado de ser una nación. Eso es algo distinto, es algo donde la gente tiene cosas en común.

—Ponerse de acuerdo es complicado por la diversidad  peruana. ¿Cómo consolidar una nación?

La educación ayuda. Es la construcción de un pueblo, de un individuo. Eso se les quita a los peruanos en los años noventa. El servicio militar también es fundamental; hace que uno esté dispuesto a dar el impuesto de sangre, como dicen los franceses. Acá solo van al Ejército los cholos, en cambio en otros países es distinto. Otro punto es que hay que pagar impuestos. Muy pocos peruanos lo hacen, no hay ningún sentido de solidaridad. ¿Qué tenemos en común? Como dijo Macera una vez: el Perú es un territorio habitado, nada más. La educación la han roto para evitar que los puestos interesantes que hay en el Perú, que son pocos, sean para unas cuantas personas de los colegios privados. (Carlos) Basombrío y otros más. Esa pequeña élite que se reúne en CADE y conversa entre ellos. Entonces al otro lado están los otros, mal educados para que tengan su negocio y empresita y quizá más plata.

—¿Le ve futuro al país?

Así como están las cosas, no, salvo un cambio sideral. Pero el pueblo se cansa y castiga. Como el caso de Donald Trump. Dejaron de lado a la clase obrera y ellos votaron (…) Esto quizá cambie y en el 2021 tendremos un Trump en el poder.

-¿Esto rompe el mito de la gran globalización?

Sí, la pone en cuestión.

—¿Qué piensa de esta gestión de Jaime Saavedra?

Él ha tenido un gasto muy fuerte en publicidad. Es un economista que trabajó en organismos internacionales. Muy bien, ¿qué tiene que ver con la educación? Hay una cosa que se me ha quedado en la cabeza, que viene de mi formación francesa, cuando a uno le preguntan por algo pero se pone a hablar de otra cosa le dicen ‘hors sujet’, que significa ‘fuera del tema’. Para mi Saavedra es ‘hors sujet’. Por  otro lado, el debate se está centrando en cosas colaterales. Es importante saber si hay corrupción (por las denuncias contra Saavedra) pero eso no tiene nada que ver. No le preguntan por qué siempre estamos al final en la prueba PISA. Yo le aplaudiría al señor Saavedra si introduce 2 cursos más, Educación Cívica o Historia y un curso de Gramática. ¿Qué está pasando hoy día? Un tipo mata a su esposa y deja 2 hijos huérfanos. Qué hubiera pasado si a ese chico le enseñaban poesía. ¿Acaso salíamos maricones del colegio? Nos enseñaban a ser hombres y a la vez tener sensibilidad. Nos han empobrecido culturalmente. ∞

Publicado en La República (Sur), domingo 04 de diciembre de 2016

 

http://larepublica.pe/impresa/sociedad/827537-han-roto-la-educacion-para-que-los-puestos-interesantes-sean-para-unos-cuantos

 

El poder del mestizaje

Written By: Hugo Neira - Dic• 04•16

Es lo que más nos puede interesar como latinoamericanos: una realidad, y un concepto teóricamente confuso. Verlo como algo étnico y de mezclas nos llevaría a definiciones calamitosas, a dividirnos en guerras tribales. Sin embargo, es lo que propalan muchas ONGs: la ruptura de las actuales naciones en diversas comunidades, a la manera anglosajona. Por esa ruta podemos llegar al gueto judío, al nazismo. Tanto de los que se creen blancos como de los que se toman por negros o indios puros.

Yo estoy por lo contrario. Todos somos mestizos pero culturales. Esa vía es trabajosa pero necesaria. Hay que admitir el concepto como una metáfora. Desde Nietzsche, «la verdad es un tropel de metáforas». Y Borges: «Quizá la historia universal no es más que la historia de algunas metáforas» (Mestizajes, Laplantine, 2001). Ya sería mucho poner esa idea en plural. Viene del griego metaforein que significa transportar, sustituir, transformar, en general, metamorfosis. Pero en nuestro caso hay lugar de partida pero no de llegada, está en la historia misma, que es como sabemos, impredecible.

¿Qué son los mestizajes nuestros? El castellano en el que nos expresamos. Es la religión que practicamos, un producto del Concilio de Trento y del Real Patronato, en el que cedía el Vaticano al Emperador, desde Carlos V, en todo el periodo colonial, el derecho formal de nombrar a los obispos. ¿Qué es nuestra historia cuando la cuenta el mestizo Garcilaso de la Vega, o el semicura Huamán Poma de Ayala, sino el producto de un mestizaje con reivindicaciones locales? ¿Y qué es San Martín, Bolívar, Iturbide (mexicano que se proclama emperador en México) y la centena de caudillos, sino condotieros tardíos? ¿Y qué han sido los diversos populismos, desde Perón a Hugo Chávez, sino combinaciones de modalidades de movilización del pueblo con bonapartismos que recuerdan el ascenso de Lenin, Mussolini, Hitler, por el personalismo del líder? Desde este anticipado mundo complejo, contradictorio y por momentos tan enredado que no se puede realizar ni un desarrollo calmo tampoco una revolución (casi no las ha habido), lo que somos es ese torbellino. Sociedades semitradicionales y semimodernas, por momento, posmodernas. Con varios tiempos históricos diferentes, varios pasados presentes. La huella oral y mental de las viejas civilizaciones. Varias sociedades a veces dentro de un caótico Estado-nación. Con élites entre sí enemistadas. Lo mejor es que tomemos en cuenta el aporte del antropólogo  Laplantine.

Publicado en la revista quincenal EME, año 1, n°6 / diario Expreso del 03 de diciembre de 2016

http://emelarevista.com/el-poder-del-mestizaje/

 

 

Carta de un amigo sobre la muerte de Fidel

Written By: Hugo Neira - Dic• 03•16

Querido Hugo:

Brillante trabajo el tuyo. Lo dejas en el punto que corresponde para que tu inmensa lectoría saque sus conclusiones. Perdóname por utilizar tu espacio para poner puntos de vista adicionales, escritos comentando un texto también muy bueno, de Germán Luna.

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Comentando un estupendo trabajo de Germán Luna, que enorgullece a los apristas:

¿CUBA Y EL PERÚ: IGUALES REALIDADES, IGUALES SOLUCIONES?

Saludo con admiración tu estupenda nota sobre la muerte de Fidel. Comentarios así, esperaría de otros compañeros que lucen en sus oficinas, bibliotecas y casas muy orgullosamente fotos en las que aparecen al lado de el líder cubano, y que ahora guardan metículoso silencio por temor por o por cálculo.

Claro, Germán, que está pendiente aún el veredicto de la historia. Nadie podrá quitar a Fidel,  sin embargo, su sitial entre las figuras más importantes del siglo XX en el mundo, para, por lo menos, la mitad de la humanidad, entre la que se encuentra lo más selecto de ella.

Si lo juzgáramos desde nuestra perspectiva ideológica, mirándolo a través de los cristales que nos dejó Víctor Raúl, es probable que nuestra mirada relativista fundada en la tesis del Espacio-Tiempo-Histórico, nos daría como resultado una mayor comprensión del fenómeno fidelista y de sus consecuencias.

Ver el mundo desde el Sur de América del Sur en territorio continental situado a buen recaudo respecto del enemigo común de la época, no es igual a verlo desde una frágil isla del Caribe, rodeada por islas más frágiles aún y por países centroamericanos tanto o más frágiles todavía. Tendríamos que recordar la larga historia colonial y republicana de esa parte del mundo llamada Caribe, tan dolorosa y desgraciada, pagando tributo a la brevedad de sus territorios y al dominio que sobre ellos ejercían media docena de países europeos además de los Estados Unidos, que trasladaban sus conflictos de ultra mar a tierras insulares y continentales de América Cental y mares adyacentes.

Tendríamos que verla desde la óptica de territorios tomados por gigantescas empresas predominantemente norteamericanas que explotaban inicuamente a sus poblaciones en faenas de caña de azúcar y frutales; y que sofocaban a sangre y fuego con intervenciones armadas, cualquier demanda o ideal de independencia.

Tendríamos que remitirnos a pocos años antes de la insurgencia cubana, cuando la revolución democrática del compañero Jacobo Arbenz en Guatemala, fuera avasallada por los ejércitos imperialistas del norte que se atrevieron a pisar suelo continental, ofendiendo con ello a toda América Latina, sin que nuestros países hermanos pudiéramos hacer nada por él. Tendríamos que tomar en cuenta el caso de Nicaragua y el gran Sandino, amigo de Haya de la Torre, en cuya insurgencia estuvo a punto de enrolarse nuestro entrañable Jefe Víctor Raúl.

Tendríamos que observar desde la perspectiva de una América que hacía poco tiempo había aprobado tratados interamericanos impulsados por el APRA de Víctor Raúl, que prohibían que país alguno, por la razón que fuera, allanara ni un solo metro cuadrado de otro estado, y que pese a ello, con mil argucias las fuerzas armadas norteamericanas y la CIA ingresaban y salían de los países del Caribe, como por su casa.

Tendríamos que sumar a ello, la manera cómo el capital norteamericano había prostituido a la patria de Martí e indignado a un pueblo que luego de ser colonia española, pasó a colonia de los Estados Unidos sin haber saboreado la plenitud de la independencia que ya vivían prácticamente la totalidad de países de América Latina, al empezar el siglo pasado.

Pues bien, llegó el tiempo en que el pueblo cubano no pudo soportar un día más la tenebrosa dictadura del mayor opresor del Caribe, Fulgencio Batista, que en complicidad con el imperialismo de la época tenía secuestrado el cuerpo y el alma de la isla antillana y entonces, Fidel Castro, con un puñado de héroes, subió a la Sierra Maestra para poner en marcha el más grande movimiento insurreccional de repercusiones mundiales, que recuerda la América Latina.

Está claro pues que la realidad cubana y caribeña en general en casi nada se parecía a la de los países sudamericanos, salvo en que en ambas regiones se lloraba en español.

Cuando triunfante la Revolución Cubana en medio del júbilo del mundo, se aprestaba a organizar un gobierno democrático, se escucharon tambores de guerra: los norteamericanos gobernados por el republicano General D. Eisenhower estaban organizando una invasión generalizada a la Isla que empezaría por la Bahía de Cochinos, con la complicidad de países y gobiernos del entorno, cuyos soldados hablarán español, para simular una insurrección de cubanos contra cubanos. El destino de esa insurrección armada, no podía ser otro que el de la pobre Nicaragua. Cuba sería barrida del mapa por el atrevimiento de haberse parado fuerte frente a la nación más poderosa de la tierra.

A la sazón en el mundo se desarrollaba una Guerra Fría que enfrentaba a las dos mayores potencias: la URSS y USA. Para los Estados Unidos, América Latina y sobre todo, el Caribe, constituía el «patio trasero» de su casa. Fidel debía escoger: o permitía que Cuba fuera arrasada por la invasión en ciernes, o se alineaba bajo la protección soviética. Ante el panorama de una América Latina que en la práctica lo dejaba solo, optó por el comunismo. ¿Hizo bien o hizo mal? Eso es lo que ha de juzgar la historia. Cuba y Perú, realidades diferentes, ¿también caminos diferentes? Haces bien, querido Germán, en dejar el tema donde lo has dejado y no sumarte a quienes por ignorancia o repetición vacía de consignas lanzan piedras a la historia.

Todo lo que sostengo en estas líneas escritas a la carrera, lo puedo documentar, si es que me das la hospitalidad de tus páginas.

Un abrazo, compañero.

Alfonso Salcedo