Fidel. Tal como

Written By: Hugo Neira - Nov• 28•16

El 26 de julio de 1953, unos 150 jóvenes toman por asalto el cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Fue un fracaso y pocos sobrevivieron. Más tarde los exilan en México y en diciembre de 1956, 82 hombres desembarcan del barco Granma en las costas orientales de Cuba. Los esperaban los soldados de Batista, solo doce hombres sobreviven, entre ellos el Che Guevara. Luego, la corta guerra en la sierra Maestra, los guerrilleros triunfantes ciudad tras ciudad, la fuga de Batista, el ingreso de los barbudos el 1 de enero de 1959 a La Habana. Su jefe y guía es el hijo de un gallego vuelto en Cuba plantador de caña de azúcar, que envía al hijo a una escuela de jesuitas, estudiante de derecho en la universidad de La Habana, expedicionario revolucionario en 1947 en la República Dominicana para derrocar la dictadura del general Trujillo. Cuba, el desembarco de los exiliados cubanos en Playa Girón. La crisis de los misiles, 1962. Muchas cosas se pueden invocar en torno a la vida de Fidel Castro. No obstante, ante el tema de la muerte, prefiero otra aproximación. El hombre mismo, su carácter, su carisma.

El azar del destino me ha hecho ver y conocer repetidas veces a Fidel Castro en La Habana. Por dos sencillas razones. Había ganado el Premio Casa de las Américas con  la vida de Saturnino Huillca. Y la segunda razón son los años de Velasco. Por una razón o por la otra, fui muchas veces a Cuba, y pude conocer a Fidel Castro y no soy el único.

Fidel Castro orador. En el veinteavo aniversario de la toma del cuartel Moncada. Era parte de la delegación digamos, velasquista. Nos apreciaban, estaba yo a cuatro gradas de donde hablaría Castro. En el mundo rusificado de los cubanos esas cosas tenían sentido. Estábamos en el Moncada, vuelto tribuna inmensa y ambiente de fiesta. Llega Castro. Aparecen como por magia unos soldados en los techos y disparan al aire con metralletas. Se enfría el ambiente. Fidel arranca con aire severo, espartano, habla del sacrificio de gentes de su generación en ese asalto (fue una masacre) y al terminar, recita de memoria un poema que yo no conocía, el de Rubén Martínez Villena: Hace falta una carga para matar bribones, / para acabar la obra de las revoluciones; / para vengar los muertos, que padecen ultraje, / para limpiar la costra tenaz del coloniaje; /. Me acuerdo como si fuese ayer. A esas alturas, la gente de la platea ya estaba de pie. Y entonces, personalizando por completo el poema, prosigue: «para que la República se mantenga de sí, para cumplir el sueño de mármol de Martí.» Y levantando la voz, «para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos la patria que los padres les ganamos de pie.»  Fidel: «Desde aquí te digo, Rubén Martínez Villena, el 26 de Julio fue la carga que tu querías. Patria o muerte¡!»

Al retorno, en un carro de lujo, con banderitas peruanas y cubanas, mientras otros conversaban, yo me encontré musitando en voz baja el poema que había escuchado. Me lo había aprendido de memoria! Cosas de la emoción. No habré escuchado ni a Mussolini ni a Hitler, ni a Lincoln, pero los grandes oradores son contados con los dedos de la mano, y Fidel era uno de ellos.

Fidel político. En una visita me dicen que no me mueva del hotel, “el comandante quiere hablar contigo”. Llega la noche, y “Fidel no tiene hora, no salgas y duerme si es preciso, vestido”. A la una de la madrugada, Fidel y hombres de su seguridad. Entra y a quemarropa: — Quiero saber por qué el Perú no acepta los armamentos soviéticos que les ofrecen y sabemos que tú eres uno de los que opinan en contra. Le explico nuestras razones (no queríamos depender de los soviéticos) y con tal convicción que me encuentro golpeando mi mano sobre la otra mano, en las narices de Fidel. Realmente era yo un desatinado. Y lo miro, y veo pasar una lucecita por los ojos de Fidel Castro, tuve temor. Al llegar a Cuba, el pasaporte se quedaba en manos del Ministerio del Interior. Me detuve, y Fidel me dice: —“Sigue Hugo, sigue”. Claro que seguí pero con prudencia. Luego: —“Ahora vas a escuchar mi opinión”. Al despedirse, lo hace cordialmente y de paso un manazo en la espalda: —“No te preocupes, chico”.

El Fidel considerado. En una recepción, en un besamanos, había una señora peruana, muy humilde, que viaja a Cuba con wawa y todo, se le enferma el niño, y Fidel, en el turno de los peruanos, le pregunta cómo andaba el crío. La señora de marras se arranca con una descripción de los excrementos del infante y otros detalles, en su contorno no sabían cómo pararla, la jalaban, la tironeaban, y Fidel, ¿saben lo que hizo? La escucha con toda la paciencia del mundo. Extraordinariamente educado, se ponía al nivel de cada persona. La sutileza de un prelado y las actitudes, si era preciso, del guerrero.  Se explica por qué lo llora el pueblo cubano. Fidel es la historia. Y para el resto, los balances de lo hecho y de lo desecho, habrá tiempo. No ahora.

Publicado en El Montonero., 28 de noviembre de 2016

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Trump y la quiebra de la fábrica de hacer ciudadanos

Written By: Hugo Neira - Nov• 21•16

Donde se forjan ciudadanos es en las fraguas de la escuela. No es el caso del Perú, los distraen. Pero ingenuo de mí, pensé que eso no pasaba en las grandes naciones. Y me equivoqué.

Dentro de muy poco, Donald Trump despachará en el salón oval de Washington. Su victoria me cae como anillo al dedo. Por una temática que ya me cansa decirlo, el desplome de la educación popular en el Perú y sus efectos perversos en la vida pública. Se elige a personalidades tan competentes como el comandante Ollanta Humala, gracias a los votos de las ingenuas izquierdas que creyeron que podían manipularlo. Lo vieron militar, más o menos otro Velasco, y se equivocaron. Con el comandante que no hizo gran cosa salvo dejar la caja fiscal calata, se han lucido sus electores populares y sendas élites, y además el mentor, Mario Vargas Llosa. El país camina para atrás. Mafias civiles encabezadas por expolicías. Jueces que le dan una paliza a la expareja, «es que estaba borrachísimo» (Hildebrandt en sus trece, n°324). La joya de modernidad de Larcomar sin rociadores de agua. «Lo que pasa es que…». Qué sinuosa expresión, cuando la escucho es que viene una explicación medio solapa.

Volviendo a Trump, sus compatriotas vinculan su triunfo a la desastrosa escuela americana pública. ¿Cómo me atrevo a decir eso? Porque ellos mismos lo dicen. El lector sabe que soy un chancón. Para esta columna, leo a diestra y siniestra, mando mails a conocidos que no radican en la bella Lima, con su tránsito tan silencioso de automóviles, de gente feliz de la vida y que nunca te mienta la madre en el primer atasco, los que viven en el extranjero no saben lo que se pierden. Pero esas investigaciones mías (perdón, maestro Porras, por perder mi tiempo en esas cosas) a la postre, dan un fruto. El caso es que los americanos tienen ahora su outsider político, fruto de su mala educación popular.

Miren de lo que me entero. En los Estados Unidos se ha establecido una pedagogía muy parecida a la peruana, y lo de Trump la pone en la silla de acusados. La cosa es sencilla. Decidieron que los escolares no necesitan docentes sino un «guía». Igualito, por acá lo llamamos «facilitador». Y esa escuela busca que los jóvenes «no memoricen simples hechos y conocimientos inútiles». O sea, lo mismo que en Perú, adiós al aprendizaje de saberes. La denuncia la hace Sol Stern en The Daily Beast, un diario de Nueva York. Y la conclusión es «trastornaron la enseñanza, interrumpieron la transmisión de valores cívicos de una generación a otra». No cambio ni una coma. El que protesta es el National Assessment of Education Progress. ¿Qué le parece profesor Vexler? Culpan a esa escuela —que en el Perú viene ruinosamente actuando desde hace treinta años— de «la crasa ignorancia de los americanos, jóvenes o viejos, en historia y en instrucción cívica». Con ese tipo de escuela no solo el Perú sino los Estados Unidos se pueden ir a la misma (…)

Lo digo en dos palabras, allá y aquí, se ha cerrado la fábrica de ciudadanos. Y cuando eso ocurre, todo el resto —recursos humanos, clase política— se va en picada. Y eso es lo que a nosotros nos ocurre. Ellos tienen algunas de las mejores universidades del planeta —no todo es Trump— y capas cultas. No es nuestro caso.

El efecto Trump ya se siente en Europa. Están recapacitando. La otra noche escuché en la tele el debate directo de siete candidatos de la derecha francesa, en víspera de sus primarias presidenciales. ¡Cómo han cambiado! No se van a dejar desbordar por el populismo interno. En nuestro país, el APEC nos entusiasma. Normal. Pero creo que las agujas del reloj van por otro lado. La América de Trump va a ocuparse, es lo más probable, del capital interno que es su mano de obra. Una cosa es ciencia económica y otra política económica. Estas cambian. Se ha creído demasiado en el economicismo. En la superioridad de una disciplina sobre la política, el derecho, el pensamiento. En los Estados Unidos va a regresar la razón política sobre la razón empresarial.

¿Es una suerte de tradición peruana llegar tarde a la historia? Hacia 1808 en Lima el Virrey, muy de mala gana, se preparaba a enviar nuestros diputados a Cádiz, pero ya Bonaparte invadía España. En los años 40, en la élite había simpatizantes del nazismo, y Héctor Velarde les tomaba el pelo, simpatizaban con el III Reich cuando estaba perdiendo la guerra. Hoy veo un furor neoliberal justamente cuando merma en los Estados Unidos. Hernando de Soto, de regreso de China, dice que hubo 660 mil revueltas el año pasado, o sea, 1800 por día. Es mucho, la globalización despierta resistencia por todas partes. El voto de Trump es la venganza del proletariado gringo venido a menos. Millones de trabajadores blancos desocupados y la indiferencia de la gran finanza. Hay que mirar el mundo. José Carlos Mariátegui lo llamaba «la escena contemporánea». Nuestra clase dominante es por tradición, extemporánea.

Publicado en El Montonero., 21 de noviembre de 2016

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Una visita inesperada. Nikolái Kondrátiev

Written By: Hugo Neira - Nov• 14•16

Venimos de dar una vuelta para estirar las piernas y en el salón, nos espera un visitante inesperado. No es la primera vez que ocurre, “las grandes sombras”. Como son “grandes” no piden permiso y como los nobles de otras épocas, entran nomás. Y como son “sombras”, descienden desde una escalera en caracol que se materializa al interior de mi casa. Ya me ha pasado con la visita de Hobbes. Y lo he contado en esta misma columna (14.09.2015). Ahora es el ruso Nikolái Kondrátiev. Propuso en vida los ciclos largos en la economía. Estos presentan dos fases distintas. La fase A, que es ascendente, que trae prosperidad. Y la fase B, lo contrario, descendente. Veinte años en cada caso. Era ruso de los años 30, muere en un Gulag. Lo eliminan los dogmáticos. Lo rescata para la ciencia el norteamericano Shumpeter.

Dobry vecher! Buenas noches.

Diablos, este ruso no se da cuenta que no hablo su idioma. Pero, pronto funciona una magia y le entiendo todo. Y él lo mismo.

— Buenas. ¿A qué debemos este honor?

Kondrátiev me mira y arranca con energía.

— Me han dicho que da usted clases, y le pregunto por qué no explica mi teoría de los ciclos económicos que se repiten cada 40 o 60 años ¿?

— Bueno, no sé, yo no hago cursos de economía, preguntéselo a Carranza, o al ministro Zavala, a Castilla o a Segura, ¿por qué me lo pregunta a mí?

El ruso ni me ha escuchado. Se ha puesto a mirar la estantería y entre mis libros, encuentra uno.

— Conoce usted a Braudel, el francés. Ya está en donde estoy yo. Y no me puede decir que no conoce lo de la “longue durée? ¿Entonces?

Me oigo responderle.

— Claro, pero es la versión de los ciclos para historiadores y sociólogos. El ruso prosigue con un tono entre profesoral e irónico.

— “Los intelectuales socialistas latinoamericanos se creen autónomos y aplican políticas sociales y económicas sin tomar en cuenta el sistema financiero mundial” (Wallerstein). Lo interrumpo.

— Puede ser, pero ¿tendría la amabilidad de decirme un caso concreto?

El ruso pega un salto.

—¿No sabe usted que el ciclo A de alza arranca de 1945 hacia delante y se detiene en los años 60? Lo principal fue que Estados Unidos después de la guerra reconstruye la Europa occidental y el Japón y deja a los soviéticos a su suerte. Y ustedes en América Latina, no hacen nada grande y se vuelven subjetivos e ideológicos.

— Le repito, doctor Kondrátiev, ejemplos, nombres propios, spasibo. Por favor.

— ¿Ejemplos? Raúl Prebisch, la CEPAL, los dependentistas, Dos Santos, Cardoso, Frank, Samir Amin, revolucionarios del tercer mundo¡!

— Diablos, ¿qué nos reprocha usted?

— Están siempre descolocados, dice casi a gritos Kondrátiev.

— ¿Y qué es lo que nos recomienda?

— Pero ¿es que no saben que están todavía en un ciclo A, de alza? ¿Y que va pronto a terminar? Hacia el 2020. ¿Y qué hacen? Se pelean entre sí. Por minucias, quién es o no miembro del BCR. Y hacen todo al revés, tienen urbanización antes que industrialización. Dejan irse sus mejores cerebros a universidades extranjeras. Y ahora están en la pequeñez del “costo/beneficio”.

— Insisto, ¿qué nos falta?

— Grandes obras, señor peruano. Y reeducar los recursos humanos para que como en India y China absorban la ciencia mundial que no tiene dueño propio. Su país, que puede ser fuerte en el biopoder que se avecina, debe dar el salto a la cuarta revolución industrial desde la ciencia y la química, los medicamentos, experimentando en laboratorios y con la ciencia de la vida, me grita Kondrátiev, con toda la energía que tienen los rusos y sobre todo cuando es un genio incomprendido.

— Para eso se necesita otra clase dirigente, le digo.

— En eso lo doy razón. Pero puede haber un cambio de mentalidad. Se entusiasman cuando viven la fase B. ¡O sea tarde! Solo sueñan en las inversiones extranjeras y no admiten que la reestructuración capitalista del mundo ocurre fuera, en América, China.

— Bueno, cuando viene el FMI y nos dice… Kondrátiev se pone histérico.

— ¡Pero si todo lo que hacen es introducir los dispositivos imperialistas! ¿No se dan cuenta que los provincianizan? No son ustedes centros de producción, todo lo que les interesa a los de afuera es el bajo costo del trabajo. ¿Cómo le dicen a sus mujiks? Cholo barato.

— Kondrátiev, usted exagera, me atrevo a decirlo.

— No señor. ¿No se da cuenta que está agonizando la ideología liberal tanto como su  vieja izquierda? ¿No se da cuenta que sus socialistas son conservadores? En Perú, se les viene una fase B, con Trump.

— ¿Una revolución, entonces? Tengo entendido que a usted … (Iba a decir, lo mataron, pero me callo).

— No, claro que no. Eduquen a su pueblo. Los que llegan allá —y señala el cielo— nos cuentan que sus paisanos son capaces, pero el sistema exterior los divide y desintegra. No viene el socialismo. Viene un mundo poscapitalista. La historia no garantiza nada. La fase B puede durar decenios de decenios.

En fin, se despide. Vsego nailuchshego! Te deseo lo mejor. Claro está, con entrevistas a  los muertos van a creer en Lima que estoy mal de la azotea.

Publicado en El Montonero., 14 de noviembre de 2016

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Trump. Hablando en serio

Written By: Hugo Neira - Nov• 11•16

Siento muchísimo escribir para traerles malas noticias. Acaso paradójicas. Pero lo estuve diciendo por cuenta propia. «Trump nos revela una América de espanto» (31.10.16) «Podría escribir sobre el posible triunfo de Trump pero preferí felicitar a Mariella Balbi (07.11.16). Nunca dije «si ganara Hillary Clinton», al contrario. «Los estadounidenses simpatizantes son blancos empobrecidos y sin cultura. Pueden ganar». Y cuando Raúl Vargas me invita a RPP para comentar esas elecciones, no pegué las pestañas. No soy sino un universitario que escribe en diarios. Me pasé la noche revisando información de diarios de América y llamando a amigos lejanos, pertenezco a varias membresías. Y europeos especialistas en política americana me dieron una información alucinante.

En RPP: https://www.youtube.com/watch?v=jtpoA02fZ80

Hoy, a cinco columnas, Le Monde se hace la buena pregunta: ¿Qué América después de Trump? El arte de la interrogación de los franceses, la honestidad intelectual de confesar  que algo no acabamos de entender. Así, cuando en Willax TV ante Jaime Chincha —no había terminado el conteo de votos— pude reducir el tema a cuatro puntos. Uno, es un outsider. Dos, es el voto contra el establishment, contra las élites políticas¡! ¿Qué les parece? Tres, los votantes son gente del pueblo arruinados por la globalización. Víctimas del gran capital en los Estados Unidos¡! Cuatro, es la puesta en cuestión de la globalización misma. No sé si entonces dije que era un terremoto, lo digo ahora. Un pachacuti, un feroz cambio.

En Willax: https://www.youtube.com/watch?v=W1lmJv9zTxY

El asombro, dicen, es el inicio de la sabiduría pero no es nuestro estado de alma preferido. Aquí, en Lima, cuando aparecen perros colgados de los postes en Chuschi, un presidente dijo que eran abigeos. Cuando bajaron los andinos para buscar chamba en la gran ciudad, pensaron que era una propuesta de jardineros y vendedores ambulantes. El cholo barato de siempre. Que se volvieran empresarios fue la gran sorpresa. Tuvo que decirlo Hernando de Soto que eso era el verdadero capitalismo, desde los de abajo. Y hubo un momento en que la prensa entera daba por ganador a un ilustre y liberal novelista y salió un chinito que hacía publicidad subido a un tractor, mientras los protestantes repartían unos lapiceritos. Yo no estaba aquí. Desde Tahití llamé a Lima para escribir para La República. Ivan García, que trabajaba en el diario de Thorndike, me cuenta que en las encuestas estaba apareciendo un outsider. Me eché a reír. El Perú cambiaba más rápido que los peruanos.

En los Estados Unidos «tienen miedo», me dice un amigo muy inteligente, que ha vivido en Nueva York, antropólogo, y no me da la gana decir su nombre. «Trump parece que tiene una lista negra». Y hay terror en los diarios, los intelectuales, las universidades. En América la cosa está que arde. Paul Berman, ensayista americano, teme el hundimiento de todas las instituciones americanas. «Ningún charlatán y un crápula, que jamás se ha izado a la cabeza de los partidos, ha conseguido llegar a la Casa Blanca». Qué libertad de expresión. Obama ha ido a saludar al vencedor Trump, pero lo había ridiculizado y eso lo hizo más fuerte. El escritor Thomas Chatterton dice «después de ocho años de una familia negra en la Casa Blanca, quieren desvalorizar la función presidencial». Sin duda, pero es juicio de tía. Hay regiones enteras con ciudades decrépitas, plenas de extrabajadores y de parados y criminales, de blancos pobres, abandonadas desde la era de Reagan y de los políticos democráticos, los financistas trasladaron sus fábricas al país de la mano de obra barata llamado México. Hoy, ¿América contra la globalización? La cosa viene como revuelta social y confusión étnica, Trump reactivó la xenofobia. Los republicanos han ganado Senado y Congreso, casi no hay contrapeso. El poder es potestad y todavía Trump no ha asumido. Nadie sabe qué diablos va a hacer. ¿Van a surgir “Trump” por todas partes o es un caso singular? ¿Martine le Pen en Francia?

Entre tanto, ya sabemos. Regresa el populus, el Volk de los alemanes, los de abajo, la canalla, los jodidos. Escribo para que tomen en serio lo ocurrido. Como en todo el planeta. Pero en Lima todo se resume a una cuestión de costo/beneficio. Lo siento, el concepto bien americano de people, no se le puede reducir a un algoritmo. Tampoco a un criterio de sacristía. Un político fue a dar una conferencia en una universidad y se puso a lamentarse, «esto no puede estar pasando». Y se echa a hablar de los Federalistas. Dios mío, no cambiarán nunca. Viven encerrados en sus respectivas burbujas. La gran cuestión es:  ¿por qué las élites —de izquierda o liberales— no ven llegar los movimientos populistas? Miren lo impopular que era la señora Hillary Clinton. ¿Qué pasa cuando las élites hablan de derechos humanos y se muere de pena y hambre un posproletariado sin chamba? Las sociedades se autoproducen. Y hay el político y la política. El primero puede cambiar lo segundo. Y eso lo explicaré más adelante. Es complicado.     

Posdata. Ahora resulta que California quiere la independencia. No quiero pasar por pedante, lo siento, pero eso lo dije en ¿Qué es Nación? p. 387:  «Los Estados Unidos se pueden romper» (febrero 2013).  En venta en las mejores librerías del ramo¡! Y el E-book en: www.cauceseditores.com

 

Publicado en El Montonero., 11 de noviembre de 2016

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Confidencias con una colega indignada

Written By: Hugo Neira - Nov• 07•16

Podría escribir sobre el posible triunfo de Donald Trump. De todos modos ya lo he dicho, «nos revela una América de espanto». Este lunes prefiero comentar un artículo de Mariella Balbi. «‘Catones’ abstenerse» (Perú21). Cada sociedad lleva consigo su propia barbarie. Algo que nos devora por dentro. Los estadounidenses simpatizantes de Trump son blancos empobrecidos y sin cultura. Pueden ganar. Los peruanos tenemos otras taras colectivas, no menos riesgosas. No se ha invertido en los últimos cuarenta años en la creación de recursos humanos. De ahí tus Catones, Mariella.

Mariella, estoy de acuerdo que esos que llamas «Catones» son insoportables. Pero, ¿te has fijado cómo está el nivel? Has tenido que explicar que son «hombres públicos de manera estricta», en la Roma antigua, no vaya a ser que alguno crea que se trata de Cattone y su teatro. Por lo demás tienes razón, asumen muy orondos una función que no es la suya, la del juez. Y así anulan el espíritu crítico, por sectarios. Y vuelven aburrida la lectura de los diarios. Menos mal que hay todavía quienes conocen el oficio. Pero son rara avis. (Y eso no lo explico, ¡al Google!). Quedan pocos. Los que vienen aprendieron con Powerpoint y sin abrir un libro. Un poco como los votantes de Donald Trump. El mismo mal, distintos efectos. Los que no han tenido buena escuela y escriben, instalan un a priori, o bien la maldita cultura da miedo o queda de lado. Los Catones son inseguros. De ahí la máscara de su desplante.

Me duele lo que voy a decirte, Mariella. De las escuelas públicas y privadas del Perú, desde hace cuatro decenios, se ha sacado a patadas a todo lo que puede ser la supuestamente inútil cultura general. Y bueno, eso se nota en los diarios. Y como no saben cómo se redacta, cómo se consulta y qué es razonar, pues simplemente pontifican.  Y no quiere decir hacer algún puente. Eso hay que explicarlo dado el nivel elevadísimo de «comprensión lectora».

Mira Mariella, no va a faltar quién se asombre: ¿un columnista conversando con otro columnista? Tenemos que decirle al amable lector que eso es corriente en otros países pero rarísimo en Lima. Aquí tampoco citan¡! Cuando he escrito sobre Trump, cito como cancha fuentes americanas. Los Catones ¡ni amarrados! ¿Te has preguntado por qué? En las escuelas peruanas les han enseñado a empoderarse. O sea, a tener autoconfianza. Bueno, eso es saludable para montar el negocio familiar. O si eres shipibo de esos del incendio, te vale para defender el lote. Pero eso de «a mí nadie me enseña nada», para el conocimiento es fatal. Un Catón, desde el fondo de sus entrañas, saca su propia verdad. «No le debo nada a nadie». Ni libro ni enciclopedia, ni michi. Bueno, los filósofos de los barracones del Callao, razonan por el estilo. «Eso será su verdad, pe, pa’mi es la mía». Pero esos Sócrates del lumpen no tienen columnas.

Tus Catones se dividen en subespecies. Una, es la que cuenta zonceras, para no decir otra cosa. Carlos Galdós, en Somos, cuenta que «lo ha hecho» —sexo pues Mariella— en ascensores de la residencial San Felipe, en jardines, «en el cuarto de mi vieja». Y sabes, ¿a mí qué me importa? Y hay otro tipo de Catón, que es cordial en la vida corriente pero se pone tenso cuando su escrito pasa por la imprenta. Un artículo de Carlos Bruce en Velaverde, sobre «la desconfianza en los partidos». De acuerdo, pero no hay ningún conectivo. Un por ejemplo, o sea, no obstante, tal vez, sin embargo. Lo de Techito no es artículo sino memorándum de ministerio. Y no es el único, Mariella. Al peruano le cuesta escribir. Una escuela, la de los constructivistas, se equivocó garrafalmente hace decenios. La lectura no es natural, como lo es respirar, mirar, tocar. Es artificial. Se enseña, se transmite, no es innata. A los infantes del mundo entero les cuesta aprender. El cerebro se adapta, pero eso tiene que ocurrir entre los 6 y los 11 años. Como sabemos eso no pasa en nuestras escuelas. Son 15 minutos de lectura. Así estamos. ¿Una de las mejores gastronomías y la peor de las escuelas del planeta? No sé qué decirte, ¿todos gorditos y terriblemente ignorantes, y felices de serlo? ¡Dios mío! Y pensar que me eduqué en eso de la «conciencia del pueblo».

¿Sabes qué dice Alfredo Bryce? «El peruano capta». O sea, tiene como encima de la cabeza una suerte de antena satelital. No piensa sino capta. Tus Catones captan. Y Lima es una Corte. Para mí es una suerte de Mónaco cercano al Perú. Los Catones escriben para quedar regio. Luego de consultar redes sociales, postean. Los griegos antiguos, que como todo el mundo sabe eran unos tarados —y encima maricones dicen los que tienen calle— le llamaban a eso doxa, o sea charlatanería. Y al saber de verdad —ya tenían médicos— epîsteme. En el Perú, la cultura se esfumó. Los del «ya fue» son numerosos.

Publicado en El Montonero., 07 de noviembre de 2016

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