Entrevista. «Han roto la educación para que los puestos interesantes sean para unos cuantos»

Written By: Hugo Neira - Dic• 05•16

Pensador, político, profesor e investigador peruano. Se indigna cuando habla del Perú, de la calidad de la educación pública y denuncia un crimen contra la enseñanza pública durante los años 90.

                                                                      —Por Juan Carlos Soto y Fiorella Montaño

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“Soy profesor y bien fregado, no soy político. No tengo que encantar a nadie ni desencantar, por eso respondo bien feo”, advierte, sincero, Hugo Neira antes de la entrevista. El autor llegó este fin de semana a Arequipa para la presentación de sus obras El mundo mesoamericano y el mundo andino y Civilizaciones comparadas en el décimo Festival del Libro.

La advertencia tiene asidero. Neira es frenético y polemista durante la charla. Se levanta de su asiento varias veces y se indigna cuando habla del Perú y de la calidad de la educación pública.

Neira denuncia un crimen contra la enseñanza pública. En los años 90 se redujeron horas de clases y quitaron de la currícula cursos generales, entre ellos historia y gramática. “Si usted quita la historia universal a un país, le quita la memoria”, señala.

—Quizá es una nueva educación planteada desde un pragmatismo económico, instrucción para satisfacer las demandas laborales.

Alemania es un país industrial. ¿Acaso desaparecieron las humanidades? Quién le ha dicho que mañana un físico o un astrónomo no tenga que aprender a redactar bien (esta capacidad la fortalece la gramática, la literatura y humanidades). Vaya usted a Lima, a la librería Crisol, al fondo, encontrará libros de ciencia, que se encuentran admirablemente escritos, porque los autores aprendieron a redactar. Redactar es saber pensar. Yo tengo que enseñarle a mis alumnos, que son doctores, qué es un párrafo, qué cosa es un paper (introducción, desarrollo conclusión) porque no lo aprendieron en la escuela secundaria. ¿Quién siguió gramática o literatura? En la escuela privada no dieron esos cursos, pero los colegios de curas sí enseñaron.

—Desde su perspectiva, ¿quienes cometieron estos crímenes?

(Neira culpa a los gobiernos y también se refiere a «los señoritos» cuyos padres tenían dinero para darles una buena educación.)

Ellos («los señoritos») tienen un capital simbólico superior a la de la clase popular.  Y a la clase popular le contaron el cuento de la empresa privada, del trabajito precario. Jamás llegarán a gerentes, porque los otros tienen una formación que los superará para siempre. Han creado una nueva clase popular precaria sin la capacidad cognitiva de entender las ciencias y las humanidades más avanzadas. Ese es el mayor crimen que se cometió en el Perú.

—¿Ha sido una actitud perversa y calculada?

Para tener una clase dominante. Le voy a decir algo peor. El Perú tenía una desigualdad terrible entre un país criollo y un país de indios dominados en las grandes haciendas. Esos campesinos que aparecen en las fotografías con harapos dependían del terrateniente para tener una tierra donde trabajar y alimentar a su familia. Eso comenzó a cambiar cuando ocurrieron las invasiones. Entonces apareció la figura de Hugo Blanco, que fue uno de nosotros, que se dedicó a ser campesino, a aprender que ellos tenían una lógica para vencer al sistema (gamonalismo), que consistía en recuperar sus tierras por sus propias manos, en lugar de litigar ante el Poder Judicial. En Cusco encontré una mutación social de campesinos que pertenecían al ejército. Saturnino Huillca, Eduardo Sumire, Fausto Cornejo. Una serie de gentes que en vez de ir a la guerrilla, empezaron el movimiento campesino espontáneo. Se dieron cuenta que eran más numerosos que la policía y empezaron a invadir terrenos agrícolas sin enfrentarse con las fuerzas. Luego llegó Velasco, en 1969 firma la reforma agraria, que era poner de jure lo que ya estaba de facto. Ya no había haciendas en el sur. Entonces desaparece la clase terrateniente y la clase de servidumbre.

—¿La reforma agraria no significó la destrucción del aparato productivo del Perú, sobre todo de una agricultura competitiva?

(Hugo Neira se levanta de su asiento y dice «ya regreso». En cuestión de minutos vuelve con un portadocumento donde se encuentra un papel impreso con gráficos).

Este es un gráfico de la curva del PBI según el Banco Central. Esta cúspide es Velasco, esto se cayó después y siguió en picada con (Alan) García. Es vergonzoso que no se den cuenta. En todo el planeta, el velasquismo pasa como un sistema autoritario, pero nunca dicen que fue un fracaso económico-social.

—¿Tampoco fue la gran revolución que se pensaba?

Sí lo fue, desaparecieron los señores feudales y vino otra clase y otro sistema de nación. Estoy señalando un país más o menos homogéneo. Pero ahora han vuelto a crear otra capa dominada: la gente popular que no tiene nada en la cabeza, que no lee un libro. Que cree que como empresario le va a ir muy bien y con estudios precarios. Esa es la nueva clase chola dominada. Ya no es una separación de dinero, es una separación cognitiva.

—¿Qué otras cosas le preocupan del Perú?

El derrumbe de la educación…  Porque el Perú no ha terminado de ser una nación. Eso es algo distinto, es algo donde la gente tiene cosas en común.

—Ponerse de acuerdo es complicado por la diversidad  peruana. ¿Cómo consolidar una nación?

La educación ayuda. Es la construcción de un pueblo, de un individuo. Eso se les quita a los peruanos en los años noventa. El servicio militar también es fundamental; hace que uno esté dispuesto a dar el impuesto de sangre, como dicen los franceses. Acá solo van al Ejército los cholos, en cambio en otros países es distinto. Otro punto es que hay que pagar impuestos. Muy pocos peruanos lo hacen, no hay ningún sentido de solidaridad. ¿Qué tenemos en común? Como dijo Macera una vez: el Perú es un territorio habitado, nada más. La educación la han roto para evitar que los puestos interesantes que hay en el Perú, que son pocos, sean para unas cuantas personas de los colegios privados. (Carlos) Basombrío y otros más. Esa pequeña élite que se reúne en CADE y conversa entre ellos. Entonces al otro lado están los otros, mal educados para que tengan su negocio y empresita y quizá más plata.

—¿Le ve futuro al país?

Así como están las cosas, no, salvo un cambio sideral. Pero el pueblo se cansa y castiga. Como el caso de Donald Trump. Dejaron de lado a la clase obrera y ellos votaron (…) Esto quizá cambie y en el 2021 tendremos un Trump en el poder.

-¿Esto rompe el mito de la gran globalización?

Sí, la pone en cuestión.

—¿Qué piensa de esta gestión de Jaime Saavedra?

Él ha tenido un gasto muy fuerte en publicidad. Es un economista que trabajó en organismos internacionales. Muy bien, ¿qué tiene que ver con la educación? Hay una cosa que se me ha quedado en la cabeza, que viene de mi formación francesa, cuando a uno le preguntan por algo pero se pone a hablar de otra cosa le dicen ‘hors sujet’, que significa ‘fuera del tema’. Para mi Saavedra es ‘hors sujet’. Por  otro lado, el debate se está centrando en cosas colaterales. Es importante saber si hay corrupción (por las denuncias contra Saavedra) pero eso no tiene nada que ver. No le preguntan por qué siempre estamos al final en la prueba PISA. Yo le aplaudiría al señor Saavedra si introduce 2 cursos más, Educación Cívica o Historia y un curso de Gramática. ¿Qué está pasando hoy día? Un tipo mata a su esposa y deja 2 hijos huérfanos. Qué hubiera pasado si a ese chico le enseñaban poesía. ¿Acaso salíamos maricones del colegio? Nos enseñaban a ser hombres y a la vez tener sensibilidad. Nos han empobrecido culturalmente. ∞

Publicado en La República (Sur), domingo 04 de diciembre de 2016

 

http://larepublica.pe/impresa/sociedad/827537-han-roto-la-educacion-para-que-los-puestos-interesantes-sean-para-unos-cuantos

 

El poder del mestizaje

Written By: Hugo Neira - Dic• 04•16

Es lo que más nos puede interesar como latinoamericanos: una realidad, y un concepto teóricamente confuso. Verlo como algo étnico y de mezclas nos llevaría a definiciones calamitosas, a dividirnos en guerras tribales. Sin embargo, es lo que propalan muchas ONGs: la ruptura de las actuales naciones en diversas comunidades, a la manera anglosajona. Por esa ruta podemos llegar al gueto judío, al nazismo. Tanto de los que se creen blancos como de los que se toman por negros o indios puros.

Yo estoy por lo contrario. Todos somos mestizos pero culturales. Esa vía es trabajosa pero necesaria. Hay que admitir el concepto como una metáfora. Desde Nietzsche, «la verdad es un tropel de metáforas». Y Borges: «Quizá la historia universal no es más que la historia de algunas metáforas» (Mestizajes, Laplantine, 2001). Ya sería mucho poner esa idea en plural. Viene del griego metaforein que significa transportar, sustituir, transformar, en general, metamorfosis. Pero en nuestro caso hay lugar de partida pero no de llegada, está en la historia misma, que es como sabemos, impredecible.

¿Qué son los mestizajes nuestros? El castellano en el que nos expresamos. Es la religión que practicamos, un producto del Concilio de Trento y del Real Patronato, en el que cedía el Vaticano al Emperador, desde Carlos V, en todo el periodo colonial, el derecho formal de nombrar a los obispos. ¿Qué es nuestra historia cuando la cuenta el mestizo Garcilaso de la Vega, o el semicura Huamán Poma de Ayala, sino el producto de un mestizaje con reivindicaciones locales? ¿Y qué es San Martín, Bolívar, Iturbide (mexicano que se proclama emperador en México) y la centena de caudillos, sino condotieros tardíos? ¿Y qué han sido los diversos populismos, desde Perón a Hugo Chávez, sino combinaciones de modalidades de movilización del pueblo con bonapartismos que recuerdan el ascenso de Lenin, Mussolini, Hitler, por el personalismo del líder? Desde este anticipado mundo complejo, contradictorio y por momentos tan enredado que no se puede realizar ni un desarrollo calmo tampoco una revolución (casi no las ha habido), lo que somos es ese torbellino. Sociedades semitradicionales y semimodernas, por momento, posmodernas. Con varios tiempos históricos diferentes, varios pasados presentes. La huella oral y mental de las viejas civilizaciones. Varias sociedades a veces dentro de un caótico Estado-nación. Con élites entre sí enemistadas. Lo mejor es que tomemos en cuenta el aporte del antropólogo  Laplantine.

Publicado en la revista quincenal EME, año 1, n°6 / diario Expreso del 03 de diciembre de 2016

http://emelarevista.com/el-poder-del-mestizaje/

 

 

Carta de un amigo sobre la muerte de Fidel

Written By: Hugo Neira - Dic• 03•16

Querido Hugo:

Brillante trabajo el tuyo. Lo dejas en el punto que corresponde para que tu inmensa lectoría saque sus conclusiones. Perdóname por utilizar tu espacio para poner puntos de vista adicionales, escritos comentando un texto también muy bueno, de Germán Luna.

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Comentando un estupendo trabajo de Germán Luna, que enorgullece a los apristas:

¿CUBA Y EL PERÚ: IGUALES REALIDADES, IGUALES SOLUCIONES?

Saludo con admiración tu estupenda nota sobre la muerte de Fidel. Comentarios así, esperaría de otros compañeros que lucen en sus oficinas, bibliotecas y casas muy orgullosamente fotos en las que aparecen al lado de el líder cubano, y que ahora guardan metículoso silencio por temor por o por cálculo.

Claro, Germán, que está pendiente aún el veredicto de la historia. Nadie podrá quitar a Fidel,  sin embargo, su sitial entre las figuras más importantes del siglo XX en el mundo, para, por lo menos, la mitad de la humanidad, entre la que se encuentra lo más selecto de ella.

Si lo juzgáramos desde nuestra perspectiva ideológica, mirándolo a través de los cristales que nos dejó Víctor Raúl, es probable que nuestra mirada relativista fundada en la tesis del Espacio-Tiempo-Histórico, nos daría como resultado una mayor comprensión del fenómeno fidelista y de sus consecuencias.

Ver el mundo desde el Sur de América del Sur en territorio continental situado a buen recaudo respecto del enemigo común de la época, no es igual a verlo desde una frágil isla del Caribe, rodeada por islas más frágiles aún y por países centroamericanos tanto o más frágiles todavía. Tendríamos que recordar la larga historia colonial y republicana de esa parte del mundo llamada Caribe, tan dolorosa y desgraciada, pagando tributo a la brevedad de sus territorios y al dominio que sobre ellos ejercían media docena de países europeos además de los Estados Unidos, que trasladaban sus conflictos de ultra mar a tierras insulares y continentales de América Cental y mares adyacentes.

Tendríamos que verla desde la óptica de territorios tomados por gigantescas empresas predominantemente norteamericanas que explotaban inicuamente a sus poblaciones en faenas de caña de azúcar y frutales; y que sofocaban a sangre y fuego con intervenciones armadas, cualquier demanda o ideal de independencia.

Tendríamos que remitirnos a pocos años antes de la insurgencia cubana, cuando la revolución democrática del compañero Jacobo Arbenz en Guatemala, fuera avasallada por los ejércitos imperialistas del norte que se atrevieron a pisar suelo continental, ofendiendo con ello a toda América Latina, sin que nuestros países hermanos pudiéramos hacer nada por él. Tendríamos que tomar en cuenta el caso de Nicaragua y el gran Sandino, amigo de Haya de la Torre, en cuya insurgencia estuvo a punto de enrolarse nuestro entrañable Jefe Víctor Raúl.

Tendríamos que observar desde la perspectiva de una América que hacía poco tiempo había aprobado tratados interamericanos impulsados por el APRA de Víctor Raúl, que prohibían que país alguno, por la razón que fuera, allanara ni un solo metro cuadrado de otro estado, y que pese a ello, con mil argucias las fuerzas armadas norteamericanas y la CIA ingresaban y salían de los países del Caribe, como por su casa.

Tendríamos que sumar a ello, la manera cómo el capital norteamericano había prostituido a la patria de Martí e indignado a un pueblo que luego de ser colonia española, pasó a colonia de los Estados Unidos sin haber saboreado la plenitud de la independencia que ya vivían prácticamente la totalidad de países de América Latina, al empezar el siglo pasado.

Pues bien, llegó el tiempo en que el pueblo cubano no pudo soportar un día más la tenebrosa dictadura del mayor opresor del Caribe, Fulgencio Batista, que en complicidad con el imperialismo de la época tenía secuestrado el cuerpo y el alma de la isla antillana y entonces, Fidel Castro, con un puñado de héroes, subió a la Sierra Maestra para poner en marcha el más grande movimiento insurreccional de repercusiones mundiales, que recuerda la América Latina.

Está claro pues que la realidad cubana y caribeña en general en casi nada se parecía a la de los países sudamericanos, salvo en que en ambas regiones se lloraba en español.

Cuando triunfante la Revolución Cubana en medio del júbilo del mundo, se aprestaba a organizar un gobierno democrático, se escucharon tambores de guerra: los norteamericanos gobernados por el republicano General D. Eisenhower estaban organizando una invasión generalizada a la Isla que empezaría por la Bahía de Cochinos, con la complicidad de países y gobiernos del entorno, cuyos soldados hablarán español, para simular una insurrección de cubanos contra cubanos. El destino de esa insurrección armada, no podía ser otro que el de la pobre Nicaragua. Cuba sería barrida del mapa por el atrevimiento de haberse parado fuerte frente a la nación más poderosa de la tierra.

A la sazón en el mundo se desarrollaba una Guerra Fría que enfrentaba a las dos mayores potencias: la URSS y USA. Para los Estados Unidos, América Latina y sobre todo, el Caribe, constituía el «patio trasero» de su casa. Fidel debía escoger: o permitía que Cuba fuera arrasada por la invasión en ciernes, o se alineaba bajo la protección soviética. Ante el panorama de una América Latina que en la práctica lo dejaba solo, optó por el comunismo. ¿Hizo bien o hizo mal? Eso es lo que ha de juzgar la historia. Cuba y Perú, realidades diferentes, ¿también caminos diferentes? Haces bien, querido Germán, en dejar el tema donde lo has dejado y no sumarte a quienes por ignorancia o repetición vacía de consignas lanzan piedras a la historia.

Todo lo que sostengo en estas líneas escritas a la carrera, lo puedo documentar, si es que me das la hospitalidad de tus páginas.

Un abrazo, compañero.

Alfonso Salcedo

 

Fidel. Tal como

Written By: Hugo Neira - Nov• 28•16

El 26 de julio de 1953, unos 150 jóvenes toman por asalto el cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Fue un fracaso y pocos sobrevivieron. Más tarde los exilan en México y en diciembre de 1956, 82 hombres desembarcan del barco Granma en las costas orientales de Cuba. Los esperaban los soldados de Batista, solo doce hombres sobreviven, entre ellos el Che Guevara. Luego, la corta guerra en la sierra Maestra, los guerrilleros triunfantes ciudad tras ciudad, la fuga de Batista, el ingreso de los barbudos el 1 de enero de 1959 a La Habana. Su jefe y guía es el hijo de un gallego vuelto en Cuba plantador de caña de azúcar, que envía al hijo a una escuela de jesuitas, estudiante de derecho en la universidad de La Habana, expedicionario revolucionario en 1947 en la República Dominicana para derrocar la dictadura del general Trujillo. Cuba, el desembarco de los exiliados cubanos en Playa Girón. La crisis de los misiles, 1962. Muchas cosas se pueden invocar en torno a la vida de Fidel Castro. No obstante, ante el tema de la muerte, prefiero otra aproximación. El hombre mismo, su carácter, su carisma.

El azar del destino me ha hecho ver y conocer repetidas veces a Fidel Castro en La Habana. Por dos sencillas razones. Había ganado el Premio Casa de las Américas con  la vida de Saturnino Huillca. Y la segunda razón son los años de Velasco. Por una razón o por la otra, fui muchas veces a Cuba, y pude conocer a Fidel Castro y no soy el único.

Fidel Castro orador. En el veinteavo aniversario de la toma del cuartel Moncada. Era parte de la delegación digamos, velasquista. Nos apreciaban, estaba yo a cuatro gradas de donde hablaría Castro. En el mundo rusificado de los cubanos esas cosas tenían sentido. Estábamos en el Moncada, vuelto tribuna inmensa y ambiente de fiesta. Llega Castro. Aparecen como por magia unos soldados en los techos y disparan al aire con metralletas. Se enfría el ambiente. Fidel arranca con aire severo, espartano, habla del sacrificio de gentes de su generación en ese asalto (fue una masacre) y al terminar, recita de memoria un poema que yo no conocía, el de Rubén Martínez Villena: Hace falta una carga para matar bribones, / para acabar la obra de las revoluciones; / para vengar los muertos, que padecen ultraje, / para limpiar la costra tenaz del coloniaje; /. Me acuerdo como si fuese ayer. A esas alturas, la gente de la platea ya estaba de pie. Y entonces, personalizando por completo el poema, prosigue: «para que la República se mantenga de sí, para cumplir el sueño de mármol de Martí.» Y levantando la voz, «para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos la patria que los padres les ganamos de pie.»  Fidel: «Desde aquí te digo, Rubén Martínez Villena, el 26 de Julio fue la carga que tu querías. Patria o muerte¡!»

Al retorno, en un carro de lujo, con banderitas peruanas y cubanas, mientras otros conversaban, yo me encontré musitando en voz baja el poema que había escuchado. Me lo había aprendido de memoria! Cosas de la emoción. No habré escuchado ni a Mussolini ni a Hitler, ni a Lincoln, pero los grandes oradores son contados con los dedos de la mano, y Fidel era uno de ellos.

Fidel político. En una visita me dicen que no me mueva del hotel, “el comandante quiere hablar contigo”. Llega la noche, y “Fidel no tiene hora, no salgas y duerme si es preciso, vestido”. A la una de la madrugada, Fidel y hombres de su seguridad. Entra y a quemarropa: — Quiero saber por qué el Perú no acepta los armamentos soviéticos que les ofrecen y sabemos que tú eres uno de los que opinan en contra. Le explico nuestras razones (no queríamos depender de los soviéticos) y con tal convicción que me encuentro golpeando mi mano sobre la otra mano, en las narices de Fidel. Realmente era yo un desatinado. Y lo miro, y veo pasar una lucecita por los ojos de Fidel Castro, tuve temor. Al llegar a Cuba, el pasaporte se quedaba en manos del Ministerio del Interior. Me detuve, y Fidel me dice: —“Sigue Hugo, sigue”. Claro que seguí pero con prudencia. Luego: —“Ahora vas a escuchar mi opinión”. Al despedirse, lo hace cordialmente y de paso un manazo en la espalda: —“No te preocupes, chico”.

El Fidel considerado. En una recepción, en un besamanos, había una señora peruana, muy humilde, que viaja a Cuba con wawa y todo, se le enferma el niño, y Fidel, en el turno de los peruanos, le pregunta cómo andaba el crío. La señora de marras se arranca con una descripción de los excrementos del infante y otros detalles, en su contorno no sabían cómo pararla, la jalaban, la tironeaban, y Fidel, ¿saben lo que hizo? La escucha con toda la paciencia del mundo. Extraordinariamente educado, se ponía al nivel de cada persona. La sutileza de un prelado y las actitudes, si era preciso, del guerrero.  Se explica por qué lo llora el pueblo cubano. Fidel es la historia. Y para el resto, los balances de lo hecho y de lo desecho, habrá tiempo. No ahora.

Publicado en El Montonero., 28 de noviembre de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/fidel-tal-como

 

Trump y la quiebra de la fábrica de hacer ciudadanos

Written By: Hugo Neira - Nov• 21•16

Donde se forjan ciudadanos es en las fraguas de la escuela. No es el caso del Perú, los distraen. Pero ingenuo de mí, pensé que eso no pasaba en las grandes naciones. Y me equivoqué.

Dentro de muy poco, Donald Trump despachará en el salón oval de Washington. Su victoria me cae como anillo al dedo. Por una temática que ya me cansa decirlo, el desplome de la educación popular en el Perú y sus efectos perversos en la vida pública. Se elige a personalidades tan competentes como el comandante Ollanta Humala, gracias a los votos de las ingenuas izquierdas que creyeron que podían manipularlo. Lo vieron militar, más o menos otro Velasco, y se equivocaron. Con el comandante que no hizo gran cosa salvo dejar la caja fiscal calata, se han lucido sus electores populares y sendas élites, y además el mentor, Mario Vargas Llosa. El país camina para atrás. Mafias civiles encabezadas por expolicías. Jueces que le dan una paliza a la expareja, «es que estaba borrachísimo» (Hildebrandt en sus trece, n°324). La joya de modernidad de Larcomar sin rociadores de agua. «Lo que pasa es que…». Qué sinuosa expresión, cuando la escucho es que viene una explicación medio solapa.

Volviendo a Trump, sus compatriotas vinculan su triunfo a la desastrosa escuela americana pública. ¿Cómo me atrevo a decir eso? Porque ellos mismos lo dicen. El lector sabe que soy un chancón. Para esta columna, leo a diestra y siniestra, mando mails a conocidos que no radican en la bella Lima, con su tránsito tan silencioso de automóviles, de gente feliz de la vida y que nunca te mienta la madre en el primer atasco, los que viven en el extranjero no saben lo que se pierden. Pero esas investigaciones mías (perdón, maestro Porras, por perder mi tiempo en esas cosas) a la postre, dan un fruto. El caso es que los americanos tienen ahora su outsider político, fruto de su mala educación popular.

Miren de lo que me entero. En los Estados Unidos se ha establecido una pedagogía muy parecida a la peruana, y lo de Trump la pone en la silla de acusados. La cosa es sencilla. Decidieron que los escolares no necesitan docentes sino un «guía». Igualito, por acá lo llamamos «facilitador». Y esa escuela busca que los jóvenes «no memoricen simples hechos y conocimientos inútiles». O sea, lo mismo que en Perú, adiós al aprendizaje de saberes. La denuncia la hace Sol Stern en The Daily Beast, un diario de Nueva York. Y la conclusión es «trastornaron la enseñanza, interrumpieron la transmisión de valores cívicos de una generación a otra». No cambio ni una coma. El que protesta es el National Assessment of Education Progress. ¿Qué le parece profesor Vexler? Culpan a esa escuela —que en el Perú viene ruinosamente actuando desde hace treinta años— de «la crasa ignorancia de los americanos, jóvenes o viejos, en historia y en instrucción cívica». Con ese tipo de escuela no solo el Perú sino los Estados Unidos se pueden ir a la misma (…)

Lo digo en dos palabras, allá y aquí, se ha cerrado la fábrica de ciudadanos. Y cuando eso ocurre, todo el resto —recursos humanos, clase política— se va en picada. Y eso es lo que a nosotros nos ocurre. Ellos tienen algunas de las mejores universidades del planeta —no todo es Trump— y capas cultas. No es nuestro caso.

El efecto Trump ya se siente en Europa. Están recapacitando. La otra noche escuché en la tele el debate directo de siete candidatos de la derecha francesa, en víspera de sus primarias presidenciales. ¡Cómo han cambiado! No se van a dejar desbordar por el populismo interno. En nuestro país, el APEC nos entusiasma. Normal. Pero creo que las agujas del reloj van por otro lado. La América de Trump va a ocuparse, es lo más probable, del capital interno que es su mano de obra. Una cosa es ciencia económica y otra política económica. Estas cambian. Se ha creído demasiado en el economicismo. En la superioridad de una disciplina sobre la política, el derecho, el pensamiento. En los Estados Unidos va a regresar la razón política sobre la razón empresarial.

¿Es una suerte de tradición peruana llegar tarde a la historia? Hacia 1808 en Lima el Virrey, muy de mala gana, se preparaba a enviar nuestros diputados a Cádiz, pero ya Bonaparte invadía España. En los años 40, en la élite había simpatizantes del nazismo, y Héctor Velarde les tomaba el pelo, simpatizaban con el III Reich cuando estaba perdiendo la guerra. Hoy veo un furor neoliberal justamente cuando merma en los Estados Unidos. Hernando de Soto, de regreso de China, dice que hubo 660 mil revueltas el año pasado, o sea, 1800 por día. Es mucho, la globalización despierta resistencia por todas partes. El voto de Trump es la venganza del proletariado gringo venido a menos. Millones de trabajadores blancos desocupados y la indiferencia de la gran finanza. Hay que mirar el mundo. José Carlos Mariátegui lo llamaba «la escena contemporánea». Nuestra clase dominante es por tradición, extemporánea.

Publicado en El Montonero., 21 de noviembre de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/trump-y-la-quiebra-de-la-fabrica-de-hacer-ciudadanos