Olimpismo y politiquería

Written By: Hugo Neira - Ago• 16•16

No han terminado los Juegos Olímpicos en Brasil y como cualquier hijo de vecino no puedo resistir a seguir la variada competencia entre atletas venidos de todos los puntos cardinales del planeta. Es el XXXI evento, y se presume que estarían interviniendo unos  11000 atletas de 206 comités olímpicos nacionales, que compiten en 306 eventos y en 28 deportes, incluyendo algunos nuevos, como el rugby 7, que se sumó a los programas olímpicos en el 2009. La humanidad representada sigue creciendo, esta vez se suma Kosovo y Sudán del Sur. En cuanto a las atletas femeninas, en 1992 y en Barcelona, 35 países participaban con equipos masculinos. En el 2010, solo tres países no llevaron atletas femeninos, países islámicos, Brunei, Arabia Saudita y Qatar. Con esa excepción, la paridad de sexo progresa en el deporte.

Me sorprende, sin embargo, un artículo de Andrés Oppenheimer en el diario El Comercio (10/08). Lleva el título «Río de Janeiro, ¿un desastre olímpico?». Sostiene que «las malas noticias económicas y políticas han empañado las Olimpiadas de Río de Janeiro». Me asombra esta actitud. Debo decir que este hombre de los medios no es un cualquiera. Le conozco un libro estupendo, México: en la frontera del caos, de 1996. Oppenheimer, coganador del premio Pulitzer y del premio Ortega y Gasset. En ese libro entrevista al expresidente Carlos Salinas y a la vez, al subcomandante Marcos, líder de la guerilla zapatista. Esa objetividad, parece, la ha perdido.

Contrariamente a lo que dice, estas olimpiadas no transcurren solo en Río. Cierto, múltiples competiciones se están llevando a cabo en 33 recintos deportivos de cuatro barrios de Río de Janeiro, a saber, Maracaná, Barra da Tijuca, Deodoro y Copacabana. Pero también ocurre en cinco estadios ubicados en las ciudades de Sao Paulo, Belo Horizonte, Salvador de Bahía, Brasilia y Manaos.  Por la otra, todo lo que le interesa, so pretexto de JO, es demoler a Lula. Y su conclusión  «mi opinión: las Olimpiadas de Río de Janeiro fueron el producto de las ansias de grandeza del ex presidente brasileño Lula». Hombre, ¡qué descubrimiento!

Siempre ha ocurrido. Los JO se han utilizado como propaganda. La Alemania nazi en Berlín en 1936, se recuerda el fastidio de Hitler cuando un atleta negro, Jesse Owens, gana cuatro medallas de oro. Y hubo problemas cuando en 1980 y en 1984 unos 65 países bloquearon los JO en Moscú tras la invasión de los rusos en Afganistán. Los bloqueos por razones políticas han sido frecuentes.

Y en nuestros días, en la era del triunfo del dinero, parece un buen argumento los gastos elevados. ¿Río de Janeiro y Lula? A Montreal le tomó unos 30 años pagar la deuda de los Juegos de 1976. Hay una polémica en la que sería extenso ingresar, si los efectos son positivos o negativos para los países sedes. A los JO los han venido a salvar de alguna manera los derechos televisivos, y para el 2018 y 2024, ya están vendidos por unos 1’300 millones de euros. Entonces, impacto deleznable en las economías, sumado a dopaje, racismo y disputas, ¿debemos anular los Juegos Olímpicos? No lo creo, nadie lo cree. Es un signo. Cuando hay JO no hay guerras. Y no desaparecieron durante la guerra fría. Los hubo en Helsinki, Australia, Roma, Tokio, Munich, México, Montreal, Moscú, Los Ángeles, Seúl y Atlanta.

Este culto al sport puede dejar a los economistas escépticos sobre sus beneficios. Pero el deporte juega un rol enorme en nuestra civilización. Estos no son los enfrentamientos sangrientos de Roma. Esos juegos inspiran otros, los de invierno, los de la juventud. ¿Y qué son, en definitiva? Más allá de los negocios, la política, el profesionalismo de los atletas o la  belleza del espectáculo, tienen una razon de ser: se llama el olimpismo. Una filosofía de la vida (ver Estatutos). Se trata de combinar las cualidades del cuerpo, la voluntad y el valor del esfuerzo personal. Así, batir un récord o ganar una medalla, por cierto que cuenta. Pero el espíritu del olimpismo es fair play + amistad. Para eso lo fundó Pierre De Coubertin a finales del XIX. La ética del juego en competición reemplaza en cierta manera la rivalidad que solo se resuelve con la guerra.

Importan las emociones. ¿Han visto con qué afecto se abrazan los que han competido en una pileta o en unas pruebas de trampolín? La violencia domesticada. Una de las grandes hazañas del actual homo sapiens (Norbert Elias). Pienso en el triunfo de Del Potro ante Nadal, no por eso menos grande. El adiós de Phelps con sus 23 medallas de oro. Y adiós, ahora me voy a ver la final de 100 metros planos, varones. Un clásico, siempre intenso, emocionante.

 

Publicado en El Montonero., 15 de agosto de 2016

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Poznan, tres tendencias. Estado, sociedad, economía

Written By: Hugo Neira - Ago• 13•16

Hace un mes el clima político lo traté de calma chicha. Se ha transformado en luna de miel. Es natural. Los ciudadanos esperan los pasos venideros, propuestas del ejecutivo, respuesta de la cámara legislativa. Entre tanto, el presente artículo prefiere abordar una temática igualmente decisiva. La escena política del mundo. Acabo de llegar de un viaje en cierto modo agotador. He estado no en uno sino en tres congresos internacionales de ciencias políticas. En Querétaro y Monterrey, en México. Y en Poznan, en Polonia. De mis ponencias no me ocupo sino de cómo los politicólogos, venidos de todos los puntos del horizonte, perciben el estado del planeta. Las ponencias fueron precisas, un país o una región del mundo, y un tema empírico ligado a una hipótesis teórica. Tomé notas y trabajé como un escolar en apuros. No me ocuparé de lo dicho en Querétaro y Monterrey, temas latinoamericanos en suelo mexicano, no esta vez.

Solo la cita de Poznan —que esperábamos fuera en Estambul— reunió miles de oyentes y ponencias escritas. Organizada por la IPSA (International Political Science Association) solo el catálogo de temáticas tiene el grosor de una guía de teléfono. Hubo unas 500 mesas de exposición y debate en el curso de cuatro días y está claro que resultaba imposible asistir a todas ellas.  Sobre Poznan,  citaré algunos temas abordados, muy diversos entre sí. Recuerdo la discusión sobre políticas comparativas por regiones, lo que podía abarcar desde Tijuana en México hasta Brasil, o la evolución en el Sahara africano. Y la desigualdad en China, y África. En otras mesas se abordaba las migraciones. O la burocracia en Corea del Sur. O los modelos de federalismo. Y el tema de las desigualdades, en Egipto, una tarde entera, y en China. Unos días después, la regeneración de los partidos españoles. O la binacional percepción de la política de Obama. No dejaron de haber mesas sobre los gobiernos locales, el tema de género, el etnocidio y los votantes, los parlamentos elitarios, los populismos. Una mesa se ocupó del ISIS o Estado Islámico. Y un tema que nos toca, la judicialización de la política.

Pese a la vastedad de la información, intentaré una síntesis. Tengo la sensación, que confirmaré leyendo por entero esa masa de ponencias en los meses venideros, de que predominaron tres tendencias. A saber, la preocupación por el Estado de derecho y en general por el Estado. La segunda, la calidad de la democracia unida al tema de los asedios que sufre. La tercera, las elites políticas y la emergencia de nuevas fuerzas ligadas a la globalización económica. No por separado, Estado, economía, sociedad. Se interactúan.

Por otra parte, no hay señales de un cambio radical de la economía hegemónica. Dicho de otra manera, la ciencia política no vislumbra una alternativa inmediata al capitalismo, salvo casos aislados. Pero no por ello hay que pensar que el congreso en Poznan se reunió para celebrar el neoliberalismo. Profesionalmente y en búsqueda de lo real se reunió para examinar “la política en un mundo de desigualdades” (Politics in a World of Inequality). Lo cual, para decirlo con todas sus letras, renuncia a dos posturas más bien ideológicas y poco realistas. Por un lado, las economías planificadas han fracasado en Rusia, Europa, Asia y América Latina. Por otro lado, tampoco se suman a los ultraliberales que piensan que todo se reduce a más mercado, más negocios, más inversiones. La globalización del mundo no es discutible, pero tanto como crea riqueza crea nuevos problemas políticos y sociales. Entre ellos, la sucesión de crisis. En un estudio reciente, dice Niall Ferguson, de Harvard, que desde 1870 se ha identificado unas 148 crisis, y la economía, “sujeta a la fuerza motora del auge del dinero y del progreso humano”, es también “el reino de la incertidumbre”. (The Ascent o Money: A Financial History of the World, 2008). Entonces el otro gran problema, que se vincula paradójicamente al auge económico, es el de desigualdad. En fin, escuchando las discusiones de Poznan, Querétaro y Monterrey, vi con más claridad algunos de nuestros grandes defectos, tan grandes que no tienen agenda. Se necesita del Estado. Y no cualquier tipo. Se necesita el Estado de derecho. Sabemos que hacia el 2030, cuando la humanidad llegue a los 9 mil millones de seres  humanos,  un 59% estará en las clases medias. Ahora bien, ¿eso garantiza gobernabilidades más estables? De ninguna manera. La lucha que se avecina no solo es por dinero sino por derechos. A ver si nos damos por enterados.

Aterricemos en Lima. De esas tres preocupaciones planetarias —la importancia del Estado de derecho, la calidad de la política y la democracia, las relaciones del poder y la economía— tengo la impresión que solo nos importa actualmente la tercera. ¿Quién negará que es importante? Reducción del IGV, infraestructura, pero es muy difícil, casi imposible, cambiar el Poder judicial con una ley, o la tramitología. Se necesita una reforma del Estado en sendos casos. Por ejemplo, establecer una carrera de servidor público por concurso, como ocurre en sociedades del más avanzado capitalismo. Y establecer reglas y normas estables. Hernando de Soto sostiene que el Estado actual produce 100 normas por día. O sea, al año, 30 mil normas. Se necesita, dice, un sistema estable que no acumule las trabas. El mal estado del Estado no ayuda a ningún gobierno.

 

Publicado en El Comercio, 13 de agosto de 2016

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Post Brexit. Un reflejo de prudencia en toda Europa

Written By: Hugo Neira - Ago• 09•16

Escribo esta nota después de Poznan, la antigua capital de Polonia donde tuvo lugar un  Congreso mundial de ciencias políticas y en ruta a París, y me parece necesario transmitirles los sentimientos europeos tras la salida del Reino Unido. Dejando de lado un humor bastante amargo —comienzan a llamarlo “el Reino desunido” ante la posibilidad venidera de que Escocia e Irlanda prefieran quedarse en la Unión Europea— me atengo a los resultados de una encuesta. Organizada por la Fundación Jean Jaurès y la Fundación Europea de Estudios Progresistas, la dicha encuesta cubre seis países, a saber, Alemania, Bélgica, España, Francia, Italia y Polonia. Es probable que los diarios peruanos hayan tenido esta información. En Europa se han republicado en Le Soir, El País, el Süddeutsche Zeitung, La Reppublica y extensamente en el diario Le Monde. ¿Qué dice de esencial esta consulta a ciudadanos europeos?

El euroescepticismo estaría en retroceso, incluyendo “la misma extrema derecha” (Le Monde). El apego a la UE progresa también en el seno de los partidos de la izquierda radical. Es cierto que en diarios e informaciones de los medios no deja de decirse los líos en que andan metidos los británicos tras el Brexit, y por lo visto, nadie quiere verse en los otros 28 Estados de la Unión (no todos en el euro) en la situación actual de los ingleses. Tras la encuesta y el reflejo de prudencia se hallan algunas otras razones menos visibles, como las que provienen de la geopolítica. Me refiero al tema turco y la vecindad inquietante de Rusia, es decir, la necesidad que tienen estas naciones, al margen de la economía, de permanecer unidas por razones de orden más bien militar. Pero vayamos a la encuesta misma.

Se les ha preguntado a los ciudadanos encuestados lo siguiente. En caso de un referéndum, por cuál de estas opciones se inclinarían, mantenerse en la Unión, salir de ella y la última, no pronunciarse. Los resultados han sido los siguientes: ninguno de los seis ha votado por salir. Los porcentajes de adhesión oscilan con diferencias en cada nación: un 53% los franceses, 65% en Alemania, 52% en Italia —el más frágil de todos— 67% en España, 61% en Bélgica y un 84% en Polonia. En cuanto al euro —hay países dentro de la Unión y fuera de la zona del euro— las respuestas son las siguientes. En Francia un 75% no quiere volver al franco. En Alemania un 67% dicen no al antiguo marco. Los italianos que no quieren el retorno a la lira son un 57%. Y lejos de la peseta un 69% de españoles. Y se olvidan del florín los Belgas con un 75%. En cuanto a Polonia, donde pasé una larga semana, tuvimos que cambiar euros por zlotis, una relación de 3,5.

No es lo único que aporta la encuesta. Hay que destacar que en general están en contra de toda ampliación de la UE, con lo cual el tema del ingreso de Turquía queda descartado. Un socio como Turquía habría sido conveniente cuando era un estado laico en una población islámica. Un poco que Europa se durmió. Este tema, para otra ocasión.

Cierto, la encuesta es fotografía inmediata, la opinión puede cambiar. A lo que voy, no se ha producido el desmadejamiento de las naciones europeas —seamos francos— que más de uno de los opinólogos limeños presagiaban. Es lo contrario. Me atrevería a decir que el Welfare State (el reconocimiento de los derechos sociales por el Estado) a la manera europea sale favorecido. Pero no quiero caer en ilusiones, en la encuesta hay también una demanda de mayores iniciativas en la clase política para relanzar “el proyecto europeo”. La revista L’Express titula: “Refaire l’Europe”. ¿Qué quiere decir eso? “La Europa social”. Cuesta mucho entender, desde el Perú cuyos dirigentes solo  confían en el mercado, esas geopolíticas europeas. Estamos aislados entre una cordillera y el inmenso océano más bien asiático que es el Pacífico de ese mundo europeo, y nos falta información. Cierto, su integración resulta trabajosa puesto que en ella existen “diversos tipos de capitalismos”. Europa es múltiple, economías diversas, naciones milenarias, lenguas distintas. Y un contexto, a un lado, Rusia. Al otro lado del Mediterráneo, población islámica. Repito esa es otra geopolítica: rusos, turcos, islámicos, Israel, el África. Lejos de América. Lejos de China.

¿Hay un islam moderado? Lo hay, pero hay otro y violento y como señala Nial Ferguson, profesor en Harvard, van al islam radical no solo devotos musulmanes “sino jóvenes inadaptados de otros orígenes” (“De Babilonia a Wall Street”). Es acaso el desafío mayor. Ahora bien, vivimos en un planeta de dinamismos capitalistas distintos. Y el nuestro, ¿cuál es? ¿Solo mercado y sin reformas del Estado?

 

Publicado en El Montonero., 8 de agosto de 2016

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Jorge Nieto, algo más que un ministro

Written By: Hugo Neira - Ago• 01•16

En el curso de este viaje por Europa tuvimos noticias diversas. Una, terrible, en Turquía, purgas y 10 mil detenciones que el presidente Tayyip Erdogan lleva a cabo, entre ellos colegas que no llegaron a nuestro Congreso de ciencias políticas.1

La otra noticia fue más bien grata. Jorge Nieto ya será ministro de cultura cuando se publique este texto. Me parece un gesto político muy importante por las diversas razones que a continuación expongo.

Nieto y el que esto escribe, nos conocimos aunque pasajeramente. Sin embargo en algo que yo no puedo olvidar. Eran los años del velasquismo y Nieto militaba en uno de los tantos partidos de izquierda, para los cuales la “aplanadora” del Sinamos era un dolor de cabeza. Nos dijeron de todo, de fascistas para abajo. Pero Nieto, a Carlos Franco, a Francisco Guerra García, a Carlos Delgado y a Béjar, nos trató de ser parte de un “reformismo militar”. No estaba del todo mal para el clima de ese momento. Otro que nos trató de reformistas fue Ricardo Letts. Los más feroces opositores eran unos ultras, con el tiempo formarían Sendero Luminoso. Años después, en una de mis tantas visitas a México, lo volví a encontrar.  Y de ahí hacia delante, amigos.

En cuanto a su perfil —es decir, que es sociólogo, doctorados, etc— lo ha hecho a tiempo Enrique Planas. Solo quiero añadir qué significa en la vida de un peruano la experiencia mexicana. Y eso, me parece, un tema central. Nieto no ha sido el único peruano en vivir en México. Tomo en cuenta a Rafael Roncagliolo, a Osmar Gonzáles y su doctorado en el Colegio de México. Y a Hugo Garavito. Nieto como Garavito puede que sean los peruanos que más  tiempo recibieron las lecciones prácticas de la vida política de México. En ambos me ha asombrado siempre su tino y la finura del análisis de situación. Y disposiciones para lo que Pareto llamaba “el arte de las combinaciones”. En ese sentido, México es el Vaticano de la cultura política latinoamericana. Cuando se entiende qué pasa en los Pinos, el nombre corriente que dan los mexicanos a la residencia presidencial, se entiende todo el resto.

Ministro de cultura, era de esperar. Ha vivido en un México donde la cultura no es la última rueda del coche como en nuestro descuidado país, sino la pieza clave.  Formación de la conciencia nacional, servicio público como por ejemplo el mejor museo antropológico del planeta, gasto en educación e instituciones que no podemos ni imaginar. ¿Sabe usted, amable lector, que tienen unos “investigadores nacionales”, para que investiguen y escriban de por vida? Y ese Colegio de México¡! Y muchas otras instituciones y recursos que los mexicanos gozan porque el Estado es culto y su clase política. Aman y protegen a sus intelectuales. Octavio Paz vivió en México. Mario Vargas Llosa tuvo que irse a los veintitantos años. Igual Julio Ortega, Oviedo, tantos…

Pero en el intitulado digo que Nieto es algo más. En un gabinete en que predominan los expertos, puede que contribuya en puntos precisos. Por ejemplo, la cuestión de la regionalización, ese actual pantano. Jorge Nieto conoce cómo funciona un país vasto y complejo como el mexicano siendo federal. Cuando quieran discutir sobre la lucha contra la corrupción, Nieto podrá explicar algo que se desconoce de México, las instituciones instaladas para detectar con la más avanzada informática el movimiento de capitales delictivos. Andan varios pasos por delante nuestro.

En suma, el Presidente —y el país— gana en tener consigo una cabeza política. Y una que se ha nutrido de realidades aun más enmarañadas que las nuestras. Estoy diciendo entonces que no solo hará una gestión ministerial sino que el sociólogo Nieto y consultor de presidentes centroamericanos puede levantar una arquitectura de partido político que por el momento el electo mandatario Pedro Pablo Kuczynski no tiene. O sea, ese jale de alguien que piensa en qué es hacer política, plantea problemas tanto a Verónika Mendoza como a Keiko Fujimori. Ya ha dicho Nieto que no le veía futuro al Frente Amplio. ¡Menos ahora! El nuevo ministro tiene cualidades que la izquierda no pudo hasta ahora reunir en una sola persona.

En fin, voy a hacer una apuesta pública con el flamante ministro. Aquí me callo pero pongo unas líneas en una carta que sellaré solo para abrirla hacia el 2019. Y daré la carta a guardar, por ejemplo, a Max Hernández. Y al lector curioso, que espero sepa el ajedrez, le sugiero algo. Nieto ha comenzado una larga partida con la apertura llamada Nimzoindia, estrategia de mover apenas un peón, luego un caballo. No digo más. Esa cabeza despejada al lado de ese Presidente, es un tablero que todos miraremos, de lo más interesante. Hasta hace unos días, Palacio era una desolada comisaría.

1 En la Mittleeuropa corre el rumor de que es un autogolpe

Publicado en El Montonero., 01 de agosto de 2016

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Hugo Neira: “Si mañana me invita Movadef, voy, ad honorem”. Entrevista

Written By: Hugo Neira - Ago• 01•16

Científico social, historiador, discípulo de Raúl Porras Barrenechea. Hugo Neira sorprendió en la última campaña electoral al respaldar desde sus columnas al movimiento político de Keiko Fujimori. ¿Es Neira el intelectual que le hace falta al fujimorismo? Él dice que va adonde lo llaman.

 

                                                                                             Por: Emilio Camacho

 

“Yo tenía el monopolio de la información”, afirma Hugo Neira, con una sonrisa, cuando recuerda su experiencia como reportero en el Cusco, en 1963, durante la toma de tierras por los campesinos, un embrión de lo que sería la reforma agraria de 1969, aplicada por Juan Velasco Alvarado. Y sí. Es verdad. Él era el reportero de los comuneros. Era su compañero. No dejaban que nadie más los siguiera en sus movilizaciones. “Prohibieron a otros a patadas”, cuenta. Y allí está su libro, Cuzco: Tierra y muerte, para dar fe de aquel trabajo. Allí están las fotos del batallón de mujeres de Sicuani, de las amazonas de Canas. Están sus frases: “No es un partido político sino un pueblo en marcha”. Aquel viaje, de tres meses, fue decisivo en su historia personal. Hizo que se alejara del marxismo, hizo que el mundo académico le abriera las puertas. Fue por Cuzco: Tierra y muerte que fue invitado a estudiar y trabajar en la Fondation Nationale des Sciences Politiques de Francia, fue por ese mismo viaje que pudo ver los hechos de mayo del 68. Siempre curioso, siempre con ojos de testigo.

Reivindica siempre el trabajo de campo a la hora de investigar, ¿es usted un reportero atrapado en la rutina de un científico social?

A ver, yo comencé a hacer periodismo en el diario Expreso. Allí encontré una publicación en la que el director era un hombre del servicio diplomático: José Antonio Encinas, que había hecho un doctorado en Harvard, en filosofía y en economía; y el redactor jefe era el gordo (Raúl) Villarán, una especie de monstruo. El periódico tenía una página editorial digna del Times, pero con un periodismo bien popular que era el de Villarán. Decían que Expreso era una especie de matrimonio entre un profesor de Oxford y una puta del Callao (se ríe). Bueno, un día de 1963, en una reunión de editorialistas, Encinas dijo que lo que pasaba en el Cusco, la toma de tierras por los campesinos, era extraordinariamente novedoso. “Lo que nos envían los periodistas del lugar -decía- es insuficiente. No entendemos lo que pasa. Uno de ustedes tiene que desplazarse al Cusco. Y me señaló a mí. Usted tiene que ir Neira. Es historiador, ha recibido cursos de antropología. Es el único que tiene una formación para ir al campo”. Es así que fui a reportear al Cusco. Y mis despachos se convirtieron después en este libro. (Señala una edición de Cuzco: Tierra y muerte, que reposa sobre su mesa).

Vamos al libro. Usted toma contacto con los campesinos, ve que su protesta es absolutamente legítima y que el cambio (la reforma agraria) tiene que hacerse ya. ¿Ver eso lo convenció de alguna manera de sumarse luego al proyecto militar de Velasco Alvarado?

Es que yo no sabía qué iba a pasar. Era el 63. Tal vez los militares tendrían su plan Inca en marcha, pero yo no lo sabía. Recuerdo un texto de Mariátegui, en el que él dice que los libros más importantes se hacen por sí mismos. Yo no partí a escribir un libro. Yo partí en misión periodística para cubrir un hecho con la mayor probidad posible, respetando el discurso de los dirigentes del movimiento campesino. Llegué sin a prioris. Yo soy hasta el día de hoy una persona que se da cuenta de cosas porque no tengo a prioris, no tengo ideas previas -negativas o positivas- de cualquier sujeto social.

Hablemos de los años posteriores al 69. Usted siempre recuerda la pasión que había en Lima por hacer política. Cita, por ejemplo, a Alfonso Barrantes, quien lo buscaba después de noches de juerga, para salir a conversar sobre política hasta las cinco de la madrugada. O también habla de Haya de la Torre, del que -dice usted- no tenía partidarios sino acólitos. ¿Hay alguna cosa parecida a estos personajes en la actualidad?

Nada, no hay nada. Es otro tiempo. No creo que se fabrique un Haya de la Torre cada siglo.

Es muy crítico de la izquierda, ¿usted se reconoció alguna vez como marxista?

Bueno, yo me reconocía como marxista cuando entré a Expreso (en el 61). Pero ya cuando escribí mi primer libro (en el 64) sabía que el Partido Comunista era un partido pequeño, laborista, que no se planeaba la revolución, ya mi amigo Héctor Béjar se había ido a las guerrillas, pero yo no. ¿Por qué no fui?

¿Pudo ir a la guerrilla?

Yo estaba dispuesto a cualquier cosa. ¿Pero qué pasó? Yo tuve una experiencia. Vi la movilización campesina, y esto no era la izquierda. Era la herejía de la izquierda, era Hugo Blanco. Y él decía una cosa muy sencilla, que refutaba a Béjar y al Che Guevara: “De 100 campesinos, 99 me siguen en una toma de tierras, y uno me sigue a la guerrilla”. ¿Por qué? Porque ir a la guerrilla, para los campesinos, era dejar su familia, su riqueza, ¿para qué?, ¿para tomar el Estado? ¡Ellos no veían el Estado! Ellos querían recuperar sus tierras. Yo comprendí, entonces, la inteligencia del pueblo. Los campesinos habían descubierto una capacidad de movilización, mientras que las élites de izquierda seguían pensando en ser la vanguardia de algo que ya se habían tomado los campesinos.

Hablemos de cosas más recientes. En sus últimas columnas ha tratado de comprender al fujimorismo, ¿para qué sirve entender al fujimorismo en este momento, más allá de para ganar enemigos?

A mí me importa muy poco tener enemigos. Lo que yo he hecho toda mi vida, es tratar de entender los fenómenos sociales. Y cuando aparece un nuevo fenómeno, me hago preguntas, no pongo cuestionamientos morales.

Como usted dice, no tiene pensamiento a priori.

Aunque sí lo tendría, si fuera Alberto Fujimori, el padre. Las cosas en su sitio. Durante los años 90 yo estaba fuera pero colaboré con el Foro Democrático. ¡Nunca me gustó Alberto Fujimori! Me parecía un autócrata, al revés de la mitad del Perú que estaba enamorado de ‘el chinito’. De eso ya han pasado unos años. Luego ha aparecido este movimiento social que yo, lo he dicho, me intriga, porque es nuevo y no tengo los a priori del pasado. ¿Y eso por qué razón? Porque instintivamente entiendo que la sociedad peruana produce fenómenos sociales que nos siguen sorprendiendo. Por ejemplo, la migración. ¿Cómo íbamos a pensar que los mestizos que bajaron para trabajar en carretillas, luego se iban a organizar en pequeños mercados y luego iban a ahorrar? Se fue creando una nueva clase social, que va en ascenso. Se hicieron ricos, apareció la burguesía chola, o el cholo capitalista de Hernando de Soto. Y de pronto también tienen ideas políticas y un movimiento que no quiere estar con los partidos tradicionales.

¿Y este es el fujimorismo actual?

Eso es el fujimorismo.

¿El empresario emprendedor, el informal?

El que era informal. Porque ahora ya son pequeños propietarios, medios propietarios. Las Pymes, hay un millón novecientos mil pymes en el Perú. Eso emerge. Y las personas dispuestas a entender, nos damos cuenta que hay un movimiento interesante. Yo digo que el movimiento keikista es una realidad sin teoría. ¿Adónde van a ir? ¿Hacia la derecha o la izquierda? Por el momento, en ellos hay rasgos de los dos, con lo cual irritan mucho. Algunos dicen que se irán haciendo en el camino. Yo digo, perdón, es la tercera vez que veo que la autoorganización se hace fuera de nosotros.

Tiene vocación de testigo, usted.

Así es.

A ver, de Keiko Fujimori usted ha dicho: Tiene bancada, pueblo y partido. Los dos primeros conceptos son innegables. Tiene una bancada muy grande. También tiene una altísima votación. Mi duda es si tiene partido. De sus 73 congresistas, sólo 11 son parte de Fuerza Popular, y actualmente —según registros del JNE— los inscritos en ese grupo son 4,100. El partido no es tan sólido como aparenta.

No, no, no. Claro que no. El gran problema de Keiko es… Por cierto, yo sólo la he visto dos veces. Una vez hace diez años, y ahora, el día de su cumpleaños. Ese día, por algunas cosa que yo había dicho, un alumno mío se me acercó y me dijo: “Doctor, yo lo invito al aniversario de Keiko”. Y yo le dije: “Oye, yo no voy a poner 500 dólares” (para entrar al coctel de recaudación de fondos para la campaña de Keiko Fujimori). Entonces, él me dijo: “Yo pago por usted”. Y fui.

Bueno, digamos que le hizo caso a su curiosidad de científico social.

Bueno, pero los campesinos no me pagaron el viaje a Cusco. A ver, lo que vi fue a Keiko que baja, saluda a cada una de las personas. Me ve, me abraza y me dice: “Hugo, muchas gracias por tus artículos, ya hablaremos”. Luego la vi en otra ocasión. Me llamaron a este teléfono. “De parte de la señora Keiko Fujimori, está usted invitado a dar una conferencia magistral”. Yo dije: “Es una broma, deme su teléfono para llamar”. La señora se molestó. Me dijo: “¡Señor, yo me llamo Carmela nosequé y no estoy bromeando!…”

Es que los fujimoristas no bromean, tenga cuidado.

(Se ríe) Es verdad, no bromean. Bueno, entonces hice una exposición (para la bancada fujimorista en el hotel El Pueblo)… Hablé de la situación del país, qué cosa es política, qué cosa es República, qué cosa es ciudadanía. Ese es mi pecado. Y si mañana me invita Movadef, voy, ad honorem. Yo voy al lugar donde hay pueblo. ¿A partir de qué me llaman? De que no soy un político. No voy a ser alcalde, ni candidato. Tengo una mirada objetiva, distante. Pero evidentemente voy a partidos donde está el pueblo, porque yo vengo del pueblo, y no lo niego. Y ad honorem, ah. Además, te he mencionado al Movadef. Yo he ido a Piedras Gordas a dar una conferencia a los senderistas.

¿Sabe qué pienso? Que el hecho de que se haya reunido con el Movadef no le va a gustar a sus lectores actuales.

No era Movadef, era Sendero.

Ok, me equivoqué.

Mire, cuando yo estaba en la Biblioteca Nacional yo me comprometí a hablar con la gente de Sendero de un tema que no fuera político, con Morote. Pero no cumplí. Al tercer año de estar en la Biblioteca, me dio un chucaque, me enfermé y decidí irme. Y cuando volví (al país), me invitaron de nuevo. Han invitado a varios, pero nadie va, tienen miedo. Entonces fui a Piedra Gordas, hace dos años. Hablé de Julio Cortázar, era el año de Cortázar (2014), y les expliqué quién era este escritor, cuáles eran las particularidades de sus textos. Expliqué un rato y luego repartí unos cuentos, para empezar un debate. Es más, bajé un momento y le di la mano a cada uno de ellos. Las preguntas que me hicieron eran tan buenas que al regreso solté una lágrima. ¡Qué inteligentes, qué buenas preguntas! Ellos no estudiaron literatura. Pero empezaron a definir lo Fantástico en Cortázar. Yo me decía: Qué pena esta élite política, perdida para siempre allí. Qué error llevarlos a un callejón sin salida.

Volvamos a Fuerza Popular. ¿Uno de los problemas de este grupo no es su falta de alternancia? No imagino una elección interna en Fuerza Popular que no termine siendo una farsa, porque al final siempre ganaría la señora Fujimori.

A ver…  Primera cosa, yo me doy cuenta que la señora Keiko Fujimori tiene tres mochilas. La del padre, la de su bancada, y a la vez la del montaje de un partido. Luego, ese partido no se va a organizar de la manera como se han organizado otros partidos.

Es un partido atípico, dice usted.

Estos (los fujimoristas) van a ser fundadores, con otras reglas de organización de la globalización, de una economía que tiene prosperidad. Van a sorprendernos o van a fracasar.

¿La teoría del partido sólido es real o ahora mismo son un proyecto embrionario?

Bueno, ahorita están en formación. Es un niño de un año o dos, está creciendo. Pueden pasar muchas cosas. Pueden auto organizarse, pueden mermar sus fuerzas, como ha pasado con el nacionalismo, o pueden pasar a la historia y olvidarse.

Hay un momento de la campaña en el que usted aprovecha una columna para mandarle un mensaje a Hernando de Soto. Usted dijo: “Hernando, cállate. No declares más a la prensa”. ¿Qué pasó allí, hubo un momento de apasionamiento? ¿El votante le ganó al científico social?

(Se ríe) No, el amigo. Yo sentía que Hernando había estado mucho tiempo fuera y tenía algunas posturas apresuradas. Además que yo uso mis columnas como si escribiera cartas a mis amigos, acuérdate de la carta a Vargas Llosa. Ahora, yo quería que ganase Keiko, de eso no hay duda alguna. Pero no lo creí nunca. En una columna de marzo, que apareció en El Comercio, yo dije: Keiko tiene bancada, partido y pueblo, y por esas razones no va a ganar. Es que así somos. Te lo lanzo aquí. Yo no puedo ver los problemas peruanos sin el pasado. Y he visto cosas que se repiten. Lo que se podría llamar un patrón: la sociedad peruana es profundamente conservadora, y esta sociedad conservadora se resiste a las sorpresas políticas desde hace tiempo. Llegan Simón Bolívar y San Martín. La resistencia fue tremenda. Al final se fueron. Llegamos a la época de los caudillos republicanos. Aparece Piérola, que es el eterno revolucionario. No soportaban su plebeyidad. No era uno de ellos. En 1933 aparece el Apra. Tiene obreros, clase popular, clases medias y cañeros del norte. Les tiraron el tablero por la cabeza. ¿Cuánto tiempo tomó entender que ese era un modelo para el país? Cuando hay algo nuevo no lo digieren. Llega Belaunde, entran los militares. Aparece Vargas Llosa, votan por el chinito.

Una última pregunta para entender su apuesta. El fujimorismo juega dentro de la democracia, pero no cree en algunos roles de la misma. Al Senado, por ejemplo, le tiene fobia. Usted, en cambio, cree totalmente en ese organismo…

Es que yo no tengo que estar de acuerdo en todo. Yo no soy un militante.

¿Esta elección terminó con el mito de que Alan García es el mejor candidato que puede haber en el país?

Qué pregunta. Yo sigo intrigado por lo que ha pasado. A Alan no lo veo. El no verme, en el caso de Alan, es un gesto de amistad. Es como si me dijera: “No quiero verte, Hugo, para no discutir, porque vas a decir cosas contrarias a las que yo pienso” (se ríe).

¿Alan García lo evita?

Lo que puedo decir es que la cortesía que tiene conmigo es no frecuentarme. Cuando estuve en la Biblioteca Nacional, jamás me llamó para algo. En cambio hubo personas a las que nombró en la televisión a las que llamaba todo el tiempo. Yo me hubiera ido.

¿Dice que Alan García llamaba con frecuencia al Canal 7?

Muchísimo. Ese es un problema.

A lo mejor llamaba para aparecer en el canal, que era una manera de mostrarse ante la población, porque no viajaba mucho.

O simplemente llamaba para dar una opinión. Técnicamente se pueden decir muchas cosas. Yo he visto cómo el gordo Villarán no lo dejaba entrar a Banchero al periódico. Cuando era dueño de Correo, Banchero se metía todo el tiempo. Hubo un momento que Villarán lo botó: ¡Anchovetero de mierda, fuera de acá! Y puso un vigilante para que no lo dejara entrar.

No nos dé malas ideas a los reporteros de planta, por favor.

(Lanza una carcajada) No sé, no sé. Mira, ¿qué le hubiera dicho a Alan? El mensaje que le mandé con cuatro amigos cercanos: “No te presentes ahora, el país cambió”. Este país ya no es el del gran discurso. Y él es un gran orador, pero hay un mundo joven y un mundo comercial, mercantil, es otra lógica. Él no ha captado ese cambio.

Hace un año le dijo a Perú.21, “los peruanos nos detestamos profundamente”, ¿por qué?

Porque no somos nación. No te detestas si estás en un clan. En términos históricos, en un clan encuentras a tus pares. Cuando tratas a una persona con el mismo afecto y cordialidad con el que tratarías a un pariente, en ese momento tienes nación. Y a ese momento no hemos llegado todavía.

Allí coincide con Julio Cotler, quien dice que no tenemos experiencias comunes, no hacemos el servicio militar juntos, la educación es distinta de acuerdo a los ingresos de cada familia…

Exacto. ¿Cuándo debería darse uno cuenta de que formamos una nación? En el colegio. En mi colegio, en Melitón Carbajal, había negros, chinos, mestizos, blancos pobres, blancos acomodados. Allí hubo una camaradería de gente de todas las sangres.

Ahora, para entendernos es importante la enseñanza de la historia en los colegios, pero ha quedado de lado…

¡No hay! No existe el curso de historia. Es terrible eso. Es una barbaridad. Hemos dejado que eso se produzca. Esas son las cosas que yo no puedo admitir.

Ha escrito hace poco, “en la vida llega el momento de hacer el recuento de uno mismo”. Cuando las clases en la universidad, las columnas, el libro que está por presentar, el cine que tanto le gusta, le dejan tiempo, ¿a qué etapa de su vida vuelve usted?

¿Ahora? Yo pienso en mi sorpresa de llegar a los 80 años. Yo he vivido apretando siempre el acelerador. Y bueno, hay momentos en que uno empieza a reflexionar. Los 80 son una edad estupenda. Aunque empezamos a parecernos a los más frágiles, a los niños. Un resfriado puede convertirse en una pulmonía. ¿En qué nos diferenciamos de los jóvenes? En que ellos tienen carretera y yo sé que no la tengo. Borges decía una cosa hermosa. La vejez es cuando descubres que hay una ciudad que no visitarás, una lengua que no aprenderás, una mujer que no amarás.

A Javier Tantaleán le dedicó el poema Responso a Verlaine de Rubén Darío, cuando se despidió de él, ¿quién, qué amigo leerá poesía en su despedida?

Eso debe preguntárselo a ellos. Pero, ¿sabe?  Yo me resisto a pensar que han muerto mis amigos. Sueño y los encuentro. Y hablo con ellos. Echo de menos a Fernando (Fuenzalida), a Pocho Tantaleán. Yo creo en el encuentro de las personas. Yo no creo que los amigos se hagan por Facebook.∞

El historiador se reconoce como un ‘friki’. Le gustan los cómics y las novelas gráficas. Es fanático de Star Wars, Star Trek y del historietista francés Moebius. Foto: Giovani Alarcón.

Neira asegura que analiza los fenómenos sociales que ocurren en el país sin apasionamientos. “No llego con a prioris a ningún lugar”, afirma. Foto: Giovani Alarcón.

Publicado en la revista Carta Abierta N°11, julio 2016

http://www.cartaabierta.pe/hugo-neira-manana-me-invita-movadef-voy-ad-honorem/