Aldo Mariátegui y los abismos que te miran

Written By: Hugo Neira - Ene• 11•16

El Octavo Ensayo  arranca con una confesión. «¿Por qué detesto tanto a la izquierda?» Su éxito revela, a mi parecer, un vasto público que no soporta más a una red de privilegiados situados en cátedras y medios de prensa que se autotitulan «de izquierda». Sin por ello correr riesgo alguno. No son precisamente Ricardo Letts o Béjar. Resulta irónico pero el mismo Marx —el joven Marx del Manifiesto— se ocupó de ese tipo de teóricos llamándolos por lo que son, socialistas conservadores. El texto de Aldo es celebrado por su rara y desconcertante sinceridad. Felicitaciones.

Ahora bien, ¿puede gustarme una obra con la que en gran parte discrepo? Perfectamente, por su coraje y franqueza, y porque a Aldo lo anima el riesgoso afán de decir la verdad. Con la misma franqueza debo decir que el equivoco cultural después del fin del velasquismo y lo que este significó para el Perú, no se disipa, al contrario. La gran ocultación de lo que ocurrió entre 1968 y 1975 continúa. Por mi parte, nunca he negado mi participación. Así, un par de cosas. Nunca fui de izquierda, eso es moda ideológica propia a los años 70, yo era comunista. Dejé de serlo después de un viaje a la Europa dominada por los soviéticos. Y escribo Hacia la tercera mitad, explicación de la historicidad del velasquismo, la izquierda y de Mariátegui. «Historicidad», algo comienza y algo acaba. ¡Hace veinte años! Pero las izquierdas continuaron encuevándose. En fin, si alguien piensa que por haber sido velasquista debo ser partidario in sæcula sæculorum de todo golpe militar, conmigo se equivoca. Dejé de ser marxista pero no me hice liberal. No pasé de un absolutismo a otro absolutismo como Mario Vargas Llosa.

El intitulado de esta columna viene de una frase: «cuando miras a un abismo, también te mira a ti» (Nietzsche). El libro que comento abre un debate ante tres problemáticas. En realidad son abisales. ¿Cómo explicar que lo que aprueba Eric Hobsbawm en su planetariamente conocida Historia del siglo XX, «el mayor de los acontecimientos del Perú contemporáneo, la liberación del campesinado indio de una servidumbre secular», fuera la obra de un régimen militar? El segundo abismo es del continuo retroceso de la izquierda a medida que el país se moderniza. No es algo por celebrar. De ese pozo sin fondo emanan aventurerismos. El tercero es la personalidad de José Carlos Mariátegui. La reducción de sus ideas es de tal grado que José Miguel Oviedo, profesor en Pensilvania, dice: «es irónico que un maestro de la discusión haya terminado por ser un oráculo indiscutible» (Vol III, p. 438.) Hobsbawm y Oviedo. Esas cosas no se dicen en  Perú ni en cátedras ni en medios. Lima es por momentos una Teherán de ayatolás católico-leninistas: todo lo sacralizan e inmovilizan.

Sobre la crisis de la izquierda peruana ha habido textos y posturas, por ejemplo, Nicolas Lynch —Los jóvenes rojos de San Marcos— cuando era un templo de Mao Tse-tung. Hay abundante literatura y rescato un testimonio. Alberto Adrianzén. A la izquierda peruana la sepulta con una sola frase: «Ni buena para las reformas ni para la revolución». En Socialismo y Participación, 2007. «Es evidente que la crisis de la izquierda peruana, finalmente, tocó fondo». Se refiere a los magros resultados electorales, un 2%. «Ha surgido una fuerza política progresista que no proviene de su propio seno». Se refiere nada menos que al nacionalismo de Ollanta Humala. Vaya, Beto se equivocó. Humala no fue de izquierda, ni de centro ni de nada.

Lo de Mariátegui en Mariátegui no es lo mejor de su ensayo. ¿Cómo caes Aldo en esa vieja y manida tesis del resentimiento? Viejísimo argumento para desacreditar en Lima a todo inconformismo¡! Aun el de rebeldes acomodados. De la Puente Uceda, Fuenzalida, Heraud. Y dos enormes descuidos. Uno es Benedetto Croce a quien conoció en su viaje por Italia dado que la familia Chiappe, eran amigos del filósofo. Croce no era cualquier profesorcito y jugó un papel enorme en la vida espiritual de José Carlos, el carácter no intelectual del arte, el poder de la intuición. El otro fantasmal padre ausente es Nietzsche. De ahí un Mariátegui de varias vanguardias no solo políticas sino estéticas. El amigo de Valdelomar, de Eguren y del Vallejo de Los heraldos negros. A Nietzsche lo cita abiertamente. Y eso se te ha escapado. Lo habitaba el erleben de los alemanes, es decir la vida, lo que Ortega y Gasset tradujo como vivencia. Pese a su enfermedad, ¡qué vitalidad! Nietzsche de nuevo está de moda y las modas no son fenómenos arbitrarios. Amaba el instinto, la música, al dios Dionisios. Nadie ha tenido en Europa tal pasión por la verdad del mundo. Ni nadie en el Perú ese amor por las ideas, el arte y la vida como el abuelo de Aldo. En José Carlos la lengua danza, hay fervor, no la aburrida prosa de tantos mariateguistas.

Publicado en El Montonero., 11 de enero de 2016

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“Podemos” en España y Ramón Tamames

Written By: Hugo Neira - Ene• 04•16

Podemos de España, es un partido político nuevo. Proviene de un movimiento social espontáneo conocido como “los indignados”. Su base misma son capas juveniles profesionales y cultas y sin trabajo en la España moderna. Eso acaso explica la juventud de sus dirigentes, su manejo de las redes sociales y el hecho que emergieran en las elecciones para diputados europeos en el 2014. Fue entonces que lograron cinco escaños. Sin embargo, en España cuentan, pero no tanto. Han obtenido, el pasado 20 de diciembre, unos 42 diputados sobre 558 escaños, es decir, el 12%, detrás de Ciudadanos, con un 13%. No ha habido el tsunami de votos antisistemas que anunciaron pitonisas limeñas. La realidad es que los punteros sigue siendo el Partido Socialista con un 22% y el partido de Rajoy, con un 28%. Lo que no quita que Rajoy, ganador pero no vencedor, tenga dificultades para formar gobierno. En suma, Ciudadanos y Podemos han sacudido el sistema bipartidario pero no lo han tumbado.

Con todo ¿qué es Podemos? ¿Un populismo más o la izquierda de la izquierda? En España dicen: “Podemos capitaliza el cabreo de los ciudadanos”. Traducción: cabreo, fastidio, rabia. Cavilaba en este tema cuando en la feria última del libro en Lima encuentro una obra de Ramón Tamames, titulada ¿Podemos? En esta columna me he propuesto escribir con el mismo afán de verdad que pongo en mis libros.

Viví en España en años finales del franquismo y luego, cuando la Transición. Y fue en la redacción del “Madrid”, diario legendario, en vida de Franco, antifranquista, que conocí a Ramón Tamames. Hoy referencia inevitable para comprender España contemporánea. Ha explicado en sendos libros el “Mercado Común Europeo”,  “La era de Franco”, y no sigo. Tamames es uno de esos españoles que cuando la dictadura enfrió la vida política —la era del Hielo— se fue a completar estudios al extranjero. A la London School of Economics. A su retorno, catedrático de estructura económica en Madrid. Y diputado en las Cortes o parlamento que preparó la Constitución. Es un espíritu libre. Lo invité a mi universidad francesa en Tahití. Y en otra a Lima, con Moisés Lemlij, con ocasión de un coloquio estupendo sobre el III Milenio.

En su libro no escatima elogios para la gente de Podemos, aunque tenga enormes reparos. “Campaña brillante y un resultado espectacular” (p. 13). Se comportan, dice, como “shumpeterianos”, o sea, “innovadores” del mercado político. Y luego celebra el uso de ordenadores, tabletas, Twitter. Y en fin, admite que son “una erupción anti-muchas-cosas”. En efecto, son otra generación. Por ejemplo, no tienen empacho en maletear a la Monarquía, por más constitucional que sea. Al actual Rey, lo llaman Felipe « El Breve ». «Porque no va a durar». Y don Ramón no se va por las ramas. Dice lo que piensa. “El programa de Podemos es incumplible”. “España sería una Grecia pobre”. Sus argumentos son contundentes. La realidad es que tienen “techo electoral” y en la eurozona —observa Tamames— el crecimiento es de 1,3% en 2015 y el PBI rozará el 2% en el 2016.

En suma, me quedo con la impresión de que Podemos tiene el mal del siglo. Sus límites  no son distintos a otras izquierdas. Conocen los defectos del capitalismo pero no su remedio. Y las democracias son regímenes de lo inmediato. Un Piketty, un Tamames, la perspectiva de los sabios es para tramos largos. Y las urnas tienen los pies cortos.

En fin, ¿se sabe que los de Podemos fueron asesores en la Venezuela de Hugo Chávez? O sea, han sudamericanizado la vida española. Hay, pues, quienes sueñan en ser un  Podemos limeño. ¡Qué ingenuidad! Ni tenemos inmensas clases medias cultas que hacen posible Ciudadanos y Podemos. Ni hay que confundir la sociedad informal que somos y la sociedad española industrial. Ambos, Iglesias y Monedero, son catedráticos de ciencias políticas. Nada que ver con Acuña. Aquí lo que tenemos es “Nos metemos”.

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Publicado en El Montonero., 04 de enero de 2016

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La república incompleta. El billete no es la libertad

Written By: Hugo Neira - Dic• 29•15

Cuzco, tierra y muerte (1964). Esa obra se compone de dos partes: la primera es una serie de artículos que se fueron publicando en el diario Expreso, con un inmenso éxito mediático a medida que el corresponsal, no por azar autotitulado ‘corresponsal de guerra’ * , permanecía en el sur, cubriendo con su reportaje, en vivo, esa suerte de guerra civil entre campesinos, hacendados y el poder constitucional de este momento (gobernaba Belaunde Terry). La segunda parte es menos conocida. Debo decirlo ahora. Al volver de mi prolongada estadía, Manuel Scorza, con Sebastián Salazar Bondy, decidió reunir esas crónicas que no nacieron como un libro. Yo también, como Nietzsche, amo «los libros que se hacen solos». El segundo, Sebastián, me sugirió que a posteriori de los acontecimientos «redondeara las crónicas» —esas fueron sus palabras—, con una reflexión personal. En efecto, yo era joven (28 años), pero un joven que venía de esas tres formaciones: Historia, con Raúl Porras, experiencia en el Partido Comunista y el San Marcos de los años 60. Entonces, son una suerte de ensayos que aquí separamos y recuperamos. A saber: «Tal reforma, tal país», «La república Señorial», «La gran hacienda nos impide ser nación», «La clase ociosa». Se entiende que estando yo fuera, ya contratado, en París, por François Chevalier como investigador, en Lima, el Congreso, me hiciera un homenaje por mi veracidad y recibí el Premio Nacional Fomento a la Cultura de ese año (1965). Un premio que se daba a una obra y no como en el día de hoy, bajo fórmulas cortesanas. Hoy un joven desconocido no podría ganar ese honor.

Ahora bien hay quienes no entienden dos cosas:

1)    Sin oligarquía, sobrevivió la cultura oligárquica. La mala fama de la reforma agraria. No entienden que la nación estaba bloqueada hasta que una fuerza política inesperada, que Alain Rouquié ha llamado ‘una burguesía de sustitución’ (las FFAA revolucionarias del 68) hiciera aquello que era necesario: devolverlos a los indios del Perú el derecho a trabajar su tierra, para su propio beneficio. Cincuenta años más tarde, hay quienes todavía no entienden este punto de partida en el país.

2)    Por desgracia, nuestras costumbres no cambiaron. Es evidente que sobreviven malos comportamientos ‘manifestaciones ostensibles de nuestra vida pública’, el ‘señoritismo’, el ‘ninguneo’ provienen de este tiempo que asombrosamente no se ha modificado. Las clases dominantes han respondido —lo voy a decir con las palabras del joven Neira— ‘abúlicamente al reto republicano’.

Una sola pregunta: ¿Qué seguía después de la reforma agraria? Otro gran gesto de democratización hubiera sido la multiplicación de las grandes unidades escolares. ¿Por qué no se siguió con ellas? La República no lo es del todo mientras haya dos pueblos: el educado y el que no han querido educar. Ni el Estado. Ni la sociedad. No busquen el autor de la culpa. De la pésima educación, la culpa la tenemos todos. Y no se quejen, pues, del nivel deplorable de los pretendientes al poder legítimo que otorgan las urnas. Nuestros futuros dictadores serán más ígnaros que los caudillos a caballo del XIX peruano. Ojalá me equivoque. Después de Huillca, debieron haber recibido cultura, ciencias, conocimientos, sus hijos y sus nietos. Han nacido nuevos latifundios. Se llaman hoy universidades.

                                                                       ***

«TAL REFORMA, TAL PAÍS

En la Capital, el gran debate sobre la ley de reforma de la tierra, continuaba, punto por punto, enconadamente. El país seguía este debate sin dejar por eso de observar los acontecimientos del Sur. La opinión pública no se engañaba: en realidad se trata de hechos entrelazados. Las escaramuzas entre los sindicatos y la policía eran algo más que un simple episodio laboral o político. Lo que se discutía en el Parlamento era el Perú de los años inmediatos. Los campesinos, al negar con las recuperaciones de tierra la propiedad a los grandes latifundistas, procesaban no sólo al régimen vigente de tenencia de tierras sino a la estructura básica de la sociedad peruana. Removido por los asaltos a las haciendas, el universo estacionario que origina el latifundio y sus castas, se resquebrajaba.

    Por eso, se ha dividido tanto la opinión en los partidos políticos, las instituciones, los hombres, frente al problema de la tierra. No nos engañemos. Se trata de elegir, de optar. El tipo de reforma que se quiera implantar en el campo, señala el tipo de sociedad, uno y otro, que se desee para el país mismo. Tal es para un país agrario y minero como el nuestro, país encerrado en la trampa de las materias primas, la vinculación entre las relaciones de propiedad y el sistema mismo que rige la vida de millones de hombres. Cambiando éstas, se altera todo.

LA REPÚBLICA SEÑORIAL

Se puede vacilar en esta elección, porque la imprudente prisa puede llevar a optar por lo regular en vez de lo óptimo. En cambio, se sabe qué es lo peor y lo peor es ya lo establecido, el campesino desesperado, estragado por el hambre, por las enfermedades endémicas, en el círculo vicioso: tierra ajena —deudas al prestatario—, hombres sin tierra. Lo peor es lo actual. Así, todo cambio será para bien. Vivimos en el peor de los mundos posibles.

         La República ha sido cómplice de todo esto, uniendo su destino a un sistema: la concentración de la renta nacional en pocas manos, a los hábitos seculares de desdeñoso poder sobre el país, a la poca movilidad social, convirtiendo a la estructura política, en apariencia liberal, en una dependencia gigantesca de los Barones de la Tierra. Vivimos una República, no de iguales como lo quisieran sus fundadores, sino Señorial, y en una democracia de minorías, por lo tanto, fraudulenta. De ahí pues que algunas de las instituciones que surgen de este estado de cosas —Parlamento, partidos políticos—colaboren en la defensa del Statu Quo. El sistema segrega sus propios defensores.

     Es cómodo y responde a una natural tendencia de la menta humana, a la pereza ecléctica, pensar en soluciones intermedias. Pero la reforma de la tierra no es sólo una empresa de economía sino un acto de justicia. Incluso, olvidando que la defensa del Statu Quo conlleve un freno de todo el proceso de desarrollo democrático, sin el cual no hay el económico y el educativo, la solución intermedia se anula en sí misma. Sobreviviendo terratenientes y campesinos, los primeros continuarían en posesión del poder económico y por lo tanto, del político. Admitiendo un Estado imparcial, por encima de estos conflictos (sueño del liberalismo decimonónico) y que además este Estado se incline por la ayuda a los campesinos, prestándoles créditos técnicos, haciendo posible las granjas cooperativas, la promoción comunal, evitando la dispersión de esfuerzos de los pequeños propietarios, es necesario pensar que los latifundistas, aunque restringidos, poderosos, bloquearían una por una, las obras del Estado en apoyo de los campesinos. En el Perú se le contestó a un técnico de la Alianza para el Progreso, (Clarence O. Senior) aquello de que los campesinos no precisaban planes de alfabetización, pues «labraban la tierra tan bien como si supieran escribir».

       De ahí que mientras vean a sus amos en uso del poder que tradicionalmente el derecho a la tierra les ha conferido, el campesino no crea en la reforma de la tierra y proceda a realizarla por su cuenta y riesgo. Debe tener algo de razón, puesto que la mayoría las reformas agrarias permanecen en el papel en todo Latinoamérica, exceptuando Bolivia y Cuba.

     ¿Puede imponerse una clase a sí misma, una concesión que atenta tanto y de modo tan profundo su propia vida? La historia es el reino de la libertad, y esto es posible. Basta recordar la clase terrateniente inglesa y sus sacrificios para ingresar en la edad industrial, las grandes familias del Japón feudal que originaron y dirigieron el cambio hacia el Japón Imperial e industrial. La casta de donde procede Nehru, las legiones de Nasser, etc. No parece éste, sin embargo, nuestro caso. En una respuesta a un cuestionario realizado en las Naciones Unidas, se admite la amenaza de la frustración de todo cambio, por tímido que sea. «De acuerdo a la estructura económica y política del país —dice el documento— la reforma agraria será difícil. Los terratenientes, que serían afectados por cualquier medida económica, administrativa, legal o social, se opondrían violentamente a su realización, y su influencia económica y política es poderosa en grado sumo …»

LA GRAN HACIENDA NOS IMPIDE SER NACIÓN

Pero no seremos una nación hasta que dejemos de ser la suma de la gran propiedad. Francia moderna sólo es contada a partir de que Bailly contesta: «La nación reunida en asamblea no puede recibir órdenes». ¿Contra quiénes estaban? Por la nación en contra de los derechos señoriales. Eso es 1789. Nuestro caso es más grave. La fuerza de seducción de los privilegios no aparece en forma legal, pero ejerce su predominio. Por eso Janio Quadros, sólo pudo llamarlos «las fuerzas oscuras». Como los cuerpos opacos en astronomía, ejercen influencia sin aparecer. Raúl Porras, en su carta de renuncia, no pudo sino llamarlas: «influencias extra-constitucionales».

      Dicho de otro modo: la estructura feudal agrícola impide la democracia rural, regional y aun nacional. La hacienda es un Estado dentro de otro Estado. Situadas en puntos lejanos, ellas constituyen sus propios sistemas de venta, de consumo interno, e incluso, de transporte. El hacendado se interesa por el ferrocarril y el camino si éstos lo acercan al gran puerto exportador. Las rutas locales, los caminos internos que unificarían a nuestra diversa humanidad, no son necesarias. El desarrollo a escala regional queda abandonado. No le interesa el consumo interno y por lo tanto, no hay vías entre la hacienda y el mercado regional. La casa-hacienda se ilumina con motor a gasolina. Por eso, no se interesa en la electrificación rural. Las autoridades locales obedecen sólo al gran propietario, el poder más fuerte que conocen. La capital está lejos. Es un cuadro social, viejo, varias veces denunciado. Afecta a todo el país, agudiza nuestros males. Pese a la continua censura, de dentro y de fuera, no ha sido cancelado. ¿Por qué esta cerrada negativa para la reforma? Porque es algo más que un cambio en el sistema económico del Perú.

     Falta, pues, examinar las relaciones concretas entre esta sociedad de grandes propietarios y los hábitos de mando en la clase dirigente, impactada por esta experiencia de administración de bienes raíces. Entre las manifestaciones más ostensibles de nuestra vida pública y la vida al parecer, inocente y sencilla de una gran hacienda, hay lazos no por sutiles, menos estrechos y reales. Veamos las cosas en su totalidad, en su intensa complejidad de cosas, grupos sociales y conductas.

      La gran propiedad sigue dando, a quien la posee, poder y prestigio. Es el origen del patriciado señorial. Y sus hábitos mentales corresponden, de modo general y conductivo, a los que se ejercitan dirigiendo una hacienda. Hábitos, por lo tanto, de tutoría legal frente a un país juzgado como menor de edad (el gusto por las persecuciones y los ciudadanos a medias). Paternalismo y jerarquías sociales inconmovibles es otro rasgo de la influencia de la manera de poseer sobre los modos de mandar en los poderosos del Perú.

      Quien nazca en una condición social en la hacienda en ella muere. Igual, piensa el patriciado, sucede en el país. Las haciendas forman señoríos económicos autárquicos. El país —nación— lo representa el juez, el destacamento policial, el gobernador, puestos a su servicio. La inteligencia la encarna el humillado maestro-escuela. La oposición es la de los forasteros. De ahí, la falta de respeto al Estado, que es suma de los estados-haciendas, a los intelectuales o la acusación de que toda idea de libertad, justicia social o de cambio que altera sus privilegios, tiene que ser, necesariamente, extranjera. Dentro de los límites de la hacienda o del país, se piensa, no puede nacer la rebelión.

     Somos un país con un Poder Central —léase Gobierno— débil ante la asamblea de los propietarios. Cuando el Poder Central cae en manos de reformistas, ocurre como a los tímidos reyes medievales, que si intentaban disminuir el poder de los señores de la Tierra, eran irremediablemente derribados. Somos una nación frustrada, porque no somos una empresa colectiva, sino una permanente improvisación, porque no formamos un pueblo en forma sino un universo de dispersos siervos bajo la complicidad de una geografía disolvente; porque no nos comanda una élite con conciencia de la justicia y de las responsabilidades del poder, sino los representantes estériles de una clase ociosa. La Gran Hacienda impide la nacionalidad. En vano, nos presentamos como un país con delegaciones diplomáticas y sistema bancario y comercial al día, cuando el motor de nuestra historia se filia en edades y maneras colectivas, que no son de este siglo.

    Por la Gran Hacienda, somos una sociedad tradicional. Los usos de la tierra penetran profundamente nuestra vida, aun la más contemporánea. Entre «el ninguneo» y «el señoritismo» oscilan las relaciones humanas. Es típico de los países agrícolas más viejos del mundo, el caso de la India, que las relaciones personales carezcan de la impersonalidad en el trato entre los hombres, de las sociedades evolucionadas en las que la escala de valores se constituye sobre la eficiencia y no sobre el origen social. Entre nosotros, aún los individuos están adscritos y dependen de su nivel social, del clan local o de la familia. O del amigo influyente o de la lealtad al superior. La vida en nuestras ciudades se ajusta a valores no ciudadanos sino feudatarios. Un puesto público o un trabajo no se asigna de acuerdo a consideraciones funcionales de beneficio mutuo (patrono y obrero). Sino por el contrario, priman los códigos de amistad, de lealtad regional o familiar o de situación jerárquica. Se prefieren las relaciones señoriales (mundo feudal) que las relaciones abstractas (mundo capitalista o socialista). Así es como muchos hacendados se oponen a la formación de sindicatos, esto es: a la aparición de entidades de relación altamente abstractas o impersonales. Afirman que los braceros no las necesitan para lograr sus derechos. Para ello, creen, está el trato directo, personal. En realidad, se sienten incómodos ante una sigla. Esta carece de rostro, de antecedentes, de padre y madre, de recuerdos y afectos que puedan servir para ablandar al contendor social. En cambio, el bracero como persona, es más dominable. Se llama Juan Zúñiga, el señor Feudal lo llevó a la pila bautismal. En cierta forma, le debe la vida, lo que es.

     He visto como muchos hacendados se oponen en el campo, al sindicalista, con la misma santa indignación que un Patriarca del Antiguo Testamento viese que alguien intentase sindicalizar a sus concubinas o a sus hijos naturales.

     Si la hacienda influye en los modos de vida peruana, la imagen del buen padre, del patrón bondadoso prima y decide cierto estilo político nuestro al cual regresamos de una y otra forma. De ahí, pues, el origen de muchos mitos políticos como el culto al hombre fuerte, al jefe. «Fulano es el hombre» dice el pueblo, para expresar su acatamiento al prestigio de algún caudillo. De aquí se origina la aceptación casi sin repulsa para con las dictaduras paternalistas, la ausencia de espíritu de libertad y democracia, que son fruto de las ciudades, los propietarios libres y de la clase obrera, es decir, entidades emergentes y aún débiles en nuestro país. La intolerancia y el despotismo de algunos dictadores nos recuerda un poco al Señor Hacendado, con fuete y mando total de vidas y honras. Para satisfacer la demanda de orden de un país impedido de ser nación, sumergido en una elemental economía de haciendas y minas, nada más sencillo que el orden elemental de nuestras periódicas dictaduras. Una gerencia que garantice la paz interna y la venta de los productos en el mercado, no es todo. No hay metas. Estamos fuera del reino de la historia.

LA CLASE OCIOSA

No hay más que dos tipos predominantes de agricultura: la de plantaciones, o latifundios; la de los campesinos pobres y comunidades, o minifundios. Entre ellos, existen escalones intermedios de organización. Pero la mayor parte de la tierra fértil es cultivada en las plantaciones del gran latifundio o destinada a la cría de ganado. En algunos casos, se subdivide en lotes menores para ser arrendados en condiciones onerosas para los pequeños agricultores.

       En resumidas cuentas: el campesino es casi siempre el habitante de la tierra, desposeído de la propiedad de la misma. Los dueños de la tierra cultivan el ausentismo patronal. Son los maharajás peruanos, viven los altos niveles de consumo y gozo de una existencia que Occidente ha exportado, sin que ellos hayan provocado el milagro de la producción masiva ni acepten, en esta periferia económica, las responsabilidades de la heredad.

     Adoptan un lujo, un confort, que compran e importan, lo que les proporciona una apariencia de modernidad, de estar al día, a estas minorías refinadas, autoritarias y parásitas. Esta clase social no acepta convertirse en clase capitalista, porque para ello tendría que ahorrar y exigirse sacrificio y austeridad. Viven, por lo tanto, lejos de sus propiedades, manejadas a control remoto, sujetas a sus cuentas bancarias por la tenaz acción del caporal. Quedan así, aislados del riesgo de la vida, del país mismo,  habitando el milagro de las campanas neumáticas urbanas en las zonas residenciales de nuestra Capital. Y esta secreta deshonra que no dicen los barrios residenciales quizás sea «lo horrible» de Lima. El poder del dictador de turno o la presión de grupos que la Constitución no señala, vigilan, mientras se continúa la siesta señorial, que este cuidadoso mecanismo de privilegios y canonjías, no se altere. Así, la clase ociosa peruana, de origen agrario ha respondido abúlicamente al reto republicano. Debieron convertirse, durante el siglo XIX y parte del XX, en una clase industrial, capitalista y burguesa. No lo han hecho. Y el drama de hoy radica en que impiden que otras clases emergentes cumplan con el rol que ellos desdeñaron, en nombre de un curioso aristocraticismo que los alejó del uso de la libertad democrática y sus responsabilidades.»

                                                             […]

«En algún momento llegaron a decir: «Causachu Expreso» ¿Qué hay detrás de este grito? El fin de un mito: la pasividad de las masas. Cuando los escuché, comprendí que eran sindicalistas como podían también provocar un movimiento religioso como los Cristeros, o como podían seguir a un gran agitador como Zapata, o integrar un ejército campesino como el de Mao, o aceptar un máximo rol histórico, alterando la forma actual del Gobierno, como en el caso de sus hermanos de Bolivia.

   Los que dicen causachu lo pueden todo. Es cuestión de tiempo. Pero la integración de este mundo de hombres y mujeres indios al país oficial, solo es cuestión de maneras, de procedimientos. Un hecho fatal se avecina: o el país asimila a estos trabajadores o ellos harán pedazos el régimen que por tantos años los ha menospreciado.

   Fue un espectáculo inolvidable y un suceso histórico presenciar en el Sur la afirmación de estos millares de campesinos vivando organizaciones que en la capital hallaban extremistas.

   Con las manos en alto, gritaban causachu. Una férrea disciplina, lealtad absoluta a sus jefes, unidad en los propósitos, mezcla de acción pacífica y violenta, los sindicatos están en vías de cambiar todo el reparto político de los grandes partidos, al convertirse, por obra de la urgencia de cambio en el país, en el mayor de los partidos políticos del Perú.

   Y aunque el analfabeto no vote, su peso decidirá el futuro inmediato del Perú. »

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Hugo Neira, Cuzco: tierra y muerte, 1° edición, Populibros, 1964. Reeditado en el 2008, Ed. Herética, Lima, pp. 101 a 103.

El odio a la inteligencia y a los ilustrados. De 1822 a nuestros días

Written By: Hugo Neira - Dic• 21•15

Esta mañana, antes de escribir esta crónica, me entretenía en hojear documentos antiguos destinados a un trabajo que no tiene que ver con la coyuntura presidencial del 2016 cuando me doy de narices con Sánchez Carrión, el primer tribuno republicano, texto de 1822. Y de chocante actualidad. En efecto, le asombra a Raúl Porras Barrenechea, « … constatar la exactitud de sus observaciones sobre el carácter peruano y la fijeza psicológica de éste transmitida por la herencia. Apuntaciones de actualidad parecen estas sobre el oportunismo criollo» (dixit).

¿Qué decía aquel peruano para llamar la atención del historiador Porras y la nuestra? Lo siguiente: «En primer lugar hemos heredado de nuestros antiguos señores el detestable espíritu de pretenderlo todo y, de consiguiente, todas las formas de que es preciso vestirse para conseguir el fin, conviene a saber la bajeza, la adulación y el modo de conseguir con las flaquezas del que puede o debe conceder la gracia, creyéndonos aptos para todo, poco premiados con cuanto nos dan y dignos del empleo más eminente, aunque faltan actitudes y por más que la comunidad se perjudique con nuestra colocación». Comprensión lectora: colocación, o sea, ¡la Presidencia!

No es texto de encontrar en un diario de hoy y colgado en un kiosco. ¡En una pluma de hace dos siglos! ¿Y vamos a festejar el Bicentenario? ¿Cómo, si la historia peruana es inmóvil? Sencillamente vemos en el candidato Acuña la repetición de las viejas astucias: clientelaje, repartija. No hay duda, tenía mucha razón el moralista limeño que dijo que en el Perú no hay que comenzar el día preguntando qué hay de nuevo sino qué hay de viejo.

Cuando me iba a perder en el laberinto de viejas y nuevas mañas, me llega un mail de un amigo que reside en el extranjero. Se ha labrado una carrera brillante y meritoria, y como muchos de los 3 millones de emigrados, nos sigue y observa. Le pedí la autorización de publicar su carta, guardando su anonimato. El texto lleva las comillas de rigor.

«Hablando de mis percepciones electorales te diré, Hugo, tienes razón, Acuña es una pesadilla pero lo es porque puede pasar a segunda vuelta, por ahora tiene más aciertos que errores, y disfruta el efecto ‘teflón’ es decir que no se le pegan las críticas. Tiene el beneficio (que antes tuvo el Cholo Toledo) de ser el tipo común y corriente (más lo segundo que lo primero) pero justamente lo hace parecer al alcance de todos. Lo contrario de PPK quien tiene una campaña estática e insípida (además de tacaño por no pagarle a Favre). Creo que en la siguiente encuesta lo puede pasar. Ya muchos se lo olieron así y engrosan sus filas, cuadros importantes, que pueden armar una campaña razonable bajo las órdenes de Favre. Lo terrible de esto es que creo que detrás de su ‘plata como cancha’ es la presencia del narcotráfico. No creo que Acuña discrimine de donde viene el dinero de su campaña.

Debo decirlo pero no le veo muchas posibilidades a la ‘alianza popular’, atraerá el voto duro de ambos segmentos (no más del 10%) pero el rechazo de los que son antipartidos (la mayoría de votantes) y la lápida de los narcoindultos es muy pesada (el electorado no es tan irracional como puede parecerlo). Creo que la más perjudicada es Lourdes, la entierra como líder nacional (bueno ya estaba semienterrada). Paradójica lideresa, destinada a nunca ganar por una cabeza, la maldición de Abraham, una alegoría del infierno: tener el alimento al alcance de la boca y no poder comerlo.

Keiko debe enfrentar el castigo edípico, si logra superarlo con valentía racional y emocional será presidenta, si titubea o comete un error solo pasará a segunda vuelta. Su error costará tener a Acuña como presidente.»

La mirada realista del amigo bien parado en el siglo XXI y “las aspiraciones serviles dignas para ser vasallos y no ciudadanos”, del Solitario de Sayán. ¿El pasado, eterno presente? ¿Para cuándo la independencia de nuestros propios defectos?

 

Publicado en El Montonero., 21 de diciembre de 2015

“Acuña compra votos”. Entrevista

Written By: Hugo Neira - Dic• 19•15

Advierte historiador Hugo Neira: “Acuña no entiende qué es la política, él compra los votos”. Critica a dueños de universidades que encarnan a un “gamonalismo de nuevo cuño” y que solo reparten cartones “a una muchachada mal formada”.

Por: Emilio Grillo/ Diario Expreso

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Los cinco candidatos con más opciones de llegar a la presidencia ya nos presentaron sus primeras propuestas de gobierno en la CADE. Con estos proyectos, ¿hacia dónde apunta el Perú en su camino al bicentenario de nuestra independencia?

Déjeme dar una visión de conjunto. Estoy preocupado —el término es débil— inquieto, alarmado por lo que puede pasar este 2016. Creo que el Estado esta vez se va a romper. La democracia se hace con gente libre. Es la primera condición, desde los griegos, y no votaban los esclavos. Nuestra versión del voto alienado es cuando los propietarios de hacienda llevaban a sus peones y siervos a las mesas de sufragio. Eso en el siglo XIX. A las juntas departamentales. Tiempos de Piérola y sus rivales. Hoy volvemos a algo parecido. Acuña compra los votos. Un gamonalismo de nuevo cuño ha aparecido. Ya no se tienen latifundios sino universidades, por otro lado, falsas, son “empresas” que reparten cartones a una muchachada mal formada en la pésima enseñanza secundaria. Vamos a ver nacer una neooligarquía, venida de abajo. Y acaso más despiadada que la tradicional. Eso es lo que veo. “El predominio de la incompetencia y los audaces”. La frase última no es mía, sino de mi maestro Raúl Porras Barrenechea. La dijo en 1957. Desde entonces, o sea hace 58 años, hemos avanzado en muchas cosas, pero dejando sin progresos la educación para hacer ciudadanos. Ahora, puede que paguemos muy caro ese gravísimo descuido.

Ahora sí, respondo a su pregunta.

Usted junta a los candidatos, ¿no? Yo los separo. Hay cuatro demócratas y contra todo pronóstico, un “outsider”. No es el primero. Se llama “outsider” a quien no pertenece a la clase política, y vino de “fuera”, para decirlo así. Fujimori, el chinito, ¿recuerda? Luego, Toledo. Luego Humala. Hace veinticinco años que los votantes buscan algo diferente, con la excepción de la reelección por segunda vez de Alan García. Curioso, ¿no? Esas ganas de tener otra conducción política, y no encontrarla.

¿Qué análisis hace acerca de expresiones como “plata como cancha” o “lo he logrado todo, lo único que me falta es ser presidente”?

Fui el primero en decir, en Caretas, que era el mal mayor. Como sociólogo diría que es un fenómeno. También lo fue Fujimori, Sendero Luminoso, lo son hoy los sicarios y el peso de las mafias. Como ciudadano y votante, el mayor riesgo. Acuña, no entiende qué es política. Y muchos de sus electores tampoco lo entienden. Una cosa es el comercio, qué es una interacción de individuos desde su propio interés. ¿Quién estaría en contra de eso? Siempre lo hubo, desde la noche de los tiempos, la relación comercial incluso antes de la moneda. Pero política no es el interés. Es el derecho a tener derechos. ¿Le ha escuchado decir algo sobre derechos? Lo cívico, lo público no aparece ni en su lenguaje, ni en los escritos, que dicho sea de paso, no puede ni leer en público. Ojalá no  sea elegido. Nos va a dar vergüenza. Una vergüenza antigua. Vergüenza ajena. Me la enseñó Julio Ramón Ribeyro. Quiere decir alipia. La vergüenza que te dan otros.

¿Cree pertinente que el presidente Ollanta Humala ataque a las fuerzas de oposición en ceremonias oficiales, como lo ha hecho hace poco al arremeter contra el fujimorismo?

El presidente Humala, con todos mis respetos, se va a ir sin darse cuenta que es Jefe de Estado. Le regalo esta definición del poder legal. “La democracia es la organización de las separaciones”. Es del profesor Pierre Manent. Quiere decir que una democracia separa los poderes, y la sociedad civil y el Estado. Ferguson, otro pensador, dice “this age of separation”. Pero él sigue como nacionalista. Y palo a los rivales. Qué vamos a hacer, votó por él la izquierda. ¡Vaya regalo!

¿Humala debería indultar a Alberto Fujimori?

De repente lo hace. Y de paso, libra a hermano Antauro.  Me gustaría ver cómo eso altera el actual proceso electoral. Me voy a divertir mucho.

¿Cuál considera que es el legado del presidente Ollanta Humala al Perú?

Lo diré en un libro que preparo.

Parece que al nacionalismo solo le interesa librar de sus problemas judiciales a Nadine Heredia. ¿Cómo hemos llegado a este punto en el que ya no interesan las ideologías, sino se usa a los partidos como herramientas de presión para impedir procesos judiciales?

La pregunta es muy buena, ¿pero me pide que diga cómo cambiaron las mentalidades? ¿Bajo los grandes desengaños? Se cayó la guerrilla en los setenta, se hunde la Unión Soviética, China inventa una mezcla de mercado despótico con elite postleninista. Y se les viene a los trabajadores peruanos los ‘services’, la sola salida por los pymes, y como si eso no fuese poco, la “intelligentsia” (universitarios, pensadores) no saben encontrarle una alternativa a ese ingreso caótico en la modernidad. ¿Por qué el pueblo peruano, que trabaja más que ninguno –una media de 12 a 15 horas por día en la chamba personal– va a hacer el trabajo que no hacen las universidades y los partidos?

 ¿Qué opina del candidato Daniel Urresti?

Al lado de Acuña, un civilizado. Tiene un discurso, un logos, al menos. No me gustaba hace meses. Ahora, todo el que tenga su primaria completa me parece una opción.

Hace un año y medio nos dijo que la educación en el Perú no existe. Hoy el gobierno se ufana de invertir más que ningún otro en educación. ¿Algo ha cambiado en el país en el tema educativo?

Mire, el tema es sencillo. El esquema estándar de enseñanza secundaria, que comenzó a cesar en los inicios de los 80 —sí, ¡con Belaunde!— y que luego no dejó de deteriorarse, se hace con dos elementos. Cursos sobre materias. Y profesores titulados. Las materias, es decir, en ciencias, física, química, álgebra, lógica, y en humanidades, literatura, historia, geografía, existían en los colegios del Perú. Por ejemplo, en las Grandes Unidades Escolares.

Me canso de decirlo, yo vengo de ellas. Escolar hijo de policía sin recursos. Mi pregunta es: ¿han vuelto esos cursos, y esos maestros? No. No en el Perú. Siguen con “las áreas”. Ese sistema existe en Ecuador y Bolivia. Y no le digo, en Chile, en toda la América Latina.

No se atreven a decir por qué no los reponen. Por dos razones. Porque el dueño del error sigue en el Ministerio de Educación; la logia de los constructivistas. Su ideólogo es el doctor Vexler. Y no tienen oferta de gente calificada para enseñar en los colegios porque al desaparecer los cursos (solo en el Perú y no en el resto del mundo), las universidades dejaron de preparar maestros para enseñar historia, matemáticas, filosofía, etc. ¿Es claro no? Una reforma de la educación tendría que llegar a un acuerdo con el Sutep. Porque habrá que importar, por unos años, el capital humano que dejamos de producir.

¿Cómo observa el debate en torno a la supervisión de las universidades a través de la Sunedu?

El problema, general Mora, no está en la enseñanza superior, sino más abajo. En la educación básica en primaria y secundaria. A ver si se da cuenta. Se está usted ocupando de los oficiales y no de los soldados rasos.

La justicia tarda y a veces no llega para los pobres en el Perú. ¿Qué reflexión podría hacer sobre nuestro sistema de justicia?

La pobreza ha comenzado a descender. Pero se seguirá separando a los peruanos privilegiados y los que no, por el tema de la distancia, el territorio, la conectividad, los pobres son los alejados, los que no tienen formación alguna. Del poder judicial no hablemos. Me voy a poner a llorar.

El daño de los “narcoindultos”

¿La alianza Apra-PPC podrá durar más allá de las elecciones? ¿Qué aspectos positivos ve en esta alianza?

Claro que es una unión. Pero qué pasa, ¿la Concertación de los chilenos nos les dio buenos resultados por la friolera de unos veinte años?

¿Los “narcoindultos” afectarán a Alan García en este último tramo de la campaña electoral?

Pero claro. No lograron encontrarle nada pero igual le  han hecho daño. Oiga, amigo, ¡ese era el propósito! ¿O usted cree que era una santa cruzada para reponer la moral en la vida pública peruana?

La izquierda y los cambios en América Latina

¿Existe la izquierda en el Perú? ¿Cuál es la responsabilidad histórica de la izquierda en la situación actual del país?

Claro que la hay. Pero no la que se dice de izquierda. Por lo general gente que nunca corrió un riesgo, ni que por ser de izquierda perdió un puesto, una cátedra, al contrario. ¿Conoce el testamento de Flores Galindo? Es conmovedor por su lucidez: “los votos del pueblo no nos pertenecen”, o algo por el estilo. Le contesto de memoria. En ese momento, con Barrantes, estaban arriba. ¿Qué pasó? Otro tema para mi libro.

¿Qué cambios se vienen en Sudamérica tras la derrota del chavismo en Venezuela y el triunfo de Macri en Argentina?

No muchos. Temo a los opositores de Chávez. Este, no fue nunca santo de mi devoción. Lo del ‘socialismo del siglo XXI’ a partir de un modo de producción parasitario como el petróleo es una bravuconada de llanero, y punto. Pero los otros, los demócratas, fueron los que produjeron por su corrupción y descuido de los cerritos, la llegada de Chávez. Por lo demás, no nos apresuremos. Maduro sigue en el poder, sus cubanos, que son unos 60 mil, y nadie sabe qué piensan los militares. En cuanto a Macri, es el pasaje de un error peronista a un error liberal. Ha bajado el presupuesto de educación argentino de 6% a 3%. Vaya programa que se les viene encima. Los cambios que se vienen son posibles pero no son probablemente eficaces. ¿Han visto el peso de la sensatez? En Francia, luego de un voto de protesta —eso es el voto por la señora Le Pen—, pasaron a un voto que no le dejó ni una sola región. Pero la democracia francesa es muy antigua, muy ducha, ya iremos aprendiendo. Si Acuña no es presidente.

 

Publicado en Expreso, 17.12. 2015

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