Arequipa y la cultura

Written By: Hugo Neira - Oct• 12•15

Estuve en Arequipa, en una gran Feria Internacional del Libro. Con el apoyo de dos universidades —UNSA y UCSM—, la Alianza Francesa, el ICPA, el CCPNA, el Gobierno Regional, el Instituto de Ingenieros de Minas, invitaron a unos 125 autores entre nacionales y extranjeros. Por mi parte tuve tres actividades. Una, comenté el libro de Juan Carlos Valdivia Cano, profesor en sendas universidades arequipeñas y estupendo ensayista. Su “Voluntad de crear” dedicada a Mariátegui merece crónica aparte (no se dice amerita). Dos, un libro mío, ¿Qué es Nación?. La tercera fue en un homenaje que me hicieron (*). Me pidieron “la vida y la escritura”.

Eso hice. Y hablando de mis libros y vida, les dije algo que no sabían: de muy niño viví en Arequipa en casa de mis abuelas paternas, las Damiani, y luego ellas me llevaron a Trujillo y a Lima, mis padres se habían divorciado, y con ellas viví mi infancia y mi adolescencia. Las abuelas arequipeñas marcaron mi manera de ser y mi destino, desde la severidad afectuosa con la que se ocuparon de ese niño y el cotidiano yantar de pastas como descendientes de italianos y el chupe de camarones cada domingo de la vida, de los 8 a los 18 años. Y el respeto a los principios cristianos pero no a los “curas”. El abuelo italiano era garibaldino. Eso, y una atención sin mimos, y la estupenda escuela fiscal y el Melitón Carbajal de esa época de oro de la educación pública, y el barrio moreno y bronco de Lince donde se aprendía a ser iguales, hicieron el resto. Por eso no puedo ser hasta ahora dogmático de nada.

Perdón por estas confidencias. Voy a mi crónica, sobre temas públicos. Medios y prensa me hicieron diversas preguntas. A ellas acudo.

– Usted ha dicho que volvió a estudiarlo todo en 1989, cuando se desplomó la URSS. Ha dicho que vino también una renovación de las ciencias políticas. ¿Podría explicar un poco más eso?

Mire, vuelto a Europa, Antes de la Perestroika, visité la Polonia de Solidaridad. Y escribí un artículo que publicó Carlos Franco en Socialismo y Participación. Anuncié el fin de la URSS siete años antes. La hipótesis era sencilla: Moscú tenía que elegir entre su imperio del Este y las demandas internas. Lo que no pensé fue en el desplome total. Entonces, decidí revisarlo todo. Fueron años de relectura, en Tahití, ya profesor.

-Y con eso escribe Hacia la tercera mitad. ¿Pero puede darnos más precisión?

Tiene razón. Por un lado, la renovación de las ciencias humanas vino del lado liberal, desde Raymond Aron y Hannah Arendt, ante el tema del totalitarismo. Pero a ambos se les ignoró en América Latina. ¡No eran marxistas! Por otro lado, se descubre a un par de enormes pensadores, los criticos de izquierda de la izquierda. Rogelio Castoriadis y Edgar Morin. En ambos hay otro paradigma para pensar la sociedad y al hombre. La idea de la autoorganización.

– ¿Puede darnos un ejemplo de esa autoorganización?

En el Perú, las invasiones (o recuperaciones de tierras) de los campesinos cusqueños. Comenzó con Hugo Blanco, pero fue un movimiento espontáneo. De inteligencia colectiva. El otro movimiento que se genera sin partidos ni líderes es Mayo del 68 en París. También estuve de cuerpo presente. Fui un testigo. La conceptualización me vino después. Es así siempre.

-Doctor Neira, de todo eso, díganos un concepto, uno solo.

El concepto de la libertad. Desde la libertad hay entonces política. Fíjese bien, no digo política de izquierda o de derecha. Solamente que exista. La libertad no es un regalo.

-¿Le preocupa el 2016?

Me preocupa el 2017. Vamos a pagar el monstruoso error de aulas sin humanidades ni libros.  Ciudadano es quien sabe leer y comentar un texto. Pero nunca han aprendido a redactar ni una página personal. ¿Somos una democracia con millones de ágrafos?

Publicado en El Montonero., 12 de octubre de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/arequipa-y-la-cultura

(*)  Homenaje / Artequipa:

corto: https://www.youtube.com/watch?v=APmKff9ppoQ

largo: https://www.youtube.com/watch?v=0-r-Wl4Rlt4

 

 

Otro visitante, Niccolò Machiavelli

Written By: Hugo Neira - Oct• 05•15

Llego a casa un poco tarde, y en esto que me espera en el salón nada menos que Maquiavelo. Otro enviado del cielo como Hobbes. O de los infiernos. El florentino se pasea entre los estantes de mi biblioteca. Comedidamente me da la bienvenida.  No hay que olvidar que es coetáneo de Castiglione, el de la idea del Cortesano. Y luego me suelta una pregunta.

– ¿De modo que soy «el Galileo de la política»?

– Bueno, eso no lo digo yo sino el filósofo Cassirer.

– Claro, responde. Un tudesco. Con el tiempo los alemanes se volvieron finos, no eran así cuando los visité en 1508. Su Señor, era Maximiliano, un inconstante.

– No fue su modelo de Príncipe, me atrevo a decir.

– No por cierto, más aprecié a Fernando el Católico, campeón de una virtud, la avaricia.

– En Lima decimos tacaño.

– Eso es bueno para el Principatibus, no son convenientes los Señores dispendiosos responde Maquiavelo.

Y le pregunto: – ¿Quién le inspiró El Príncipe, César Borgia?

Maquiavelo no responde y sigue hojeando libros. Al fin retoma la palabra y me dice:

– Esa obra se la dediqué a uno de los Médicis. Quería volver a Florencia, vivía en Sant’Andrea in Percussina, a unos veinte kilómetros. Suspira y me pregunta:

– En su Señoría, ¿van pronto a elegir otro gonfalonero?  (El abanderado, el jefe)

– En efecto, en elecciones generales.

Inmutable Maquiavelo prosigue:

– ¿Elige el pueblo grosso?

– ¿O sea los magnates? Claro que sí, pero el popolo es mayoritario.

Maquiavelo me mira y me dice:

– En Florencia unas mil familias elegían un gonfalonero de justicia de por vida. En mis días, fue mi amigo Soderini, republicano como yo, quien me eleva a segundo canciller, y me ocupé de asuntos internos como de las relaciones exteriores de mis 29 a los 43 años. Luego, para ambos, vino la tortura y el exilio. ¿Sus gonfaloneros tienen mejor destino?

– De ninguna manera. Por lo general pasan el resto de su vida en prisión. Otros tienen que huir por los techos y otros terceros enfrentan a los tribunales por el resto de su vida.

– Usted sabe que he pensando siempre que el pueblo de trabajadores, los mechanici, finalmente piensa mejor que los Príncipes. Eso lo digo en  “Los discursos”.

– Es libro para republicanos, se lee menos. Somos un país donde nadie quiere ser pueblo. La aspiración es a enriquecerse rápidamente y ser a su vez, Señores. Le llaman «movilidad social».

– ¿Qué va a pasar en el 2016?

– Usted usa dos conceptos. Virtù y diosa Fortuna. Lo primero es el coraje para gobernar. E imponer decisiones realistas. No creo que nuestros electores busquen eso, sino “la fortuna”, es decir el azar, la chance. Dios es peruano.

– Bizarra República, le oigo decir. ¿Tienen guerreros?

– Sí, como usted reclamaba, una milicia.

– ¿Son valientes?

– Sí, pero luego que salvan al pueblo de tiranías y condotieros peligrosos (Abimael Guzmán) van presos. En los conflictos internos, algunos pillan, violan a campesinas.

– Si la milicia falla, entonces  los grossos (los ricos) ¿toman las armas?

– Para nada. Quieren que todo se arregle con conversaciones y consensos.

Maquiavelo sonríe. «Han pasado siglos y la humanidad se mantiene inmutable. Siguen pensando que el orden es un hecho natural y no político».

– Tengo entendido que es amigo de Alan García. ¿Qué le falta  para ganar?

– Lo que tiene Keiko, una parte del pueblo de abajo.

– ¿Y a esa dama, qué le falta?

– Lo que tiene García, cuadros de clase media, pueblo aprista y experiencia.

– ¿Y el Signore PPK?

– Como consejero, dicen, se habría traído un brasileño, una persona de otro país.

Maquiavelo enarca las cejas.

– ¿Un extraño para saber qué quieren los grossos y el popolo locales? No me han entendido. Hay que ser temido y ser amado, pero si hay que elegir…

– No, en la Señoría de Lima todos quieren ser amados. ¿Temidos por aplicar la ley? Ni locos.

– Y entre tanto el caos se apodera de la citta, concluye Maquiavelo.

– Sí, pues la República está en riesgo y el Marqués no lo entiende.

 

Publicado en El Montonero., 05 de octubre de 2015

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El tercer Béjar, en la Derrama

Written By: Hugo Neira - Sep• 28•15

Hace unas noches, Héctor Béjar en la Derrama. El auditorio y la galería superior atiborrados, y como se dice, no cabía un alfiler. Héctor y un nuevo libro. Lo sabíamos enfermo y gravemente. Los médicos lo han salvado, y una vez más su coraje. Esa noche no fue mitin sino ceremonia. Coro de San Marcos, himnos, y mesa de debate. El historiador Antonio Zapata que explicó los años 60. Haydée Chamorro de San Marcos, Marco Sipán dirigente de Patria Roja, Federico Helfgott, antropólogo de Michigan. Y Víctor Aguirre, Nelly Reyes. El libro de Béjar se titula ‘Retorno a la guerrilla’. Algo provocador y equívoco, no dice que su autor, repuesto de sus males, anuncie su vuelta al monte, metralleta al hombro.

Fue un acto de rememoración sin duda trágico, pero cuerdo. Uno de los más jovenes habló de las guerrillas como “esas dinámicas de los años 60”. Víctor Aguirre, si mis apuntes no me traicionan, lo ve como “una cuestión de generaciones”. Y ante una sala atiborrada: “¿Qué significa hablar del socialismo, hoy? Y que “los socialismos reales podían ser una medicina peor que la enfermedad”. Nadie dijo lo contrario, ni el propio Béjar. Y se volvió a pronunciar la famosa y temible palabra ‘revolución’. De otra manera. Alguien recordó la movilización de los jóvenes ante la ‘ley Pulpín’.

Hay tres Béjar. El militante comunista y luego fundador del ELN, el guerrillero. El segundo, junto a otros que reúne Carlos Delgado, con Velasco. En esa noche se refirió, escuetamente, “un momento en que un grupo militar liberó fuerzas sociales y políticas”. Hoy el tercer Béjar es el profesor, don Héctor, querido y apreciado. El que viene de su doctorado, que viaja y estudia, y que desde una perspectiva altermundista piensa y escribe. El tercer Béjar en la noche de la Derrama fue para luchar contra esa ley inexorable que en el Perú es el olvido y el calculado silencio.

No explicó su guerrilla, ya lo ha hecho en ensayo autocrítico que publicaron los cubanos hace años. Aunque esa noche dijera “nuestro pueblo siempre ha tenido razones para sublevarse”. Más bien fue un Béjar calmo y sonriente hablando de sus camaradas. De ellos, los olvidados, minuciosamente, evocando a Camba y a Pachi, comuneros. A Mario Rodríguez y a Antonio, soldados del ejército, parte de los alzados (cosa que hasta ahora ignorábamos). Y a José Tope Apaza, obrero de construcción. Béjar los mencionaba como si hubiesen muerto ayer. Nemesio Junco, el balsero. Sinceramente, no sabíamos que eran tantos y diversos. El cortejo de sombras desfiló esa noche con su carga trágica. De ahí el libro. Que comentaré aparte. Es otra sorpresa, memoria e historia.

Y de esa noche unas frases. “Han desaparecido los gamonales. Se ha acabado con el pongo y el trabajo servil de los indios”. “El movimiento guerrillero se inscribía en la gran movilización mundial contra el colonialismo”. Y desde los “micropoderes de los débiles”. Y esta otra, de paso, “el poder no está en el fusil sino en la calidad moral del que lo porta”. No estuvo mal para una noche de rumores de golpe. El tercer Béjar es aquel que no olvida. Aquel Perú donde no había héroes a lo Oropeza.

Noche de gente joven y de la antigua izquierda, no la sabionda, con cátedra y que nunca corrió riesgos. Confieso que canté la Internacional. Hacía tiempo que no lo hacía, desde la Yugoslavia de Tito, con mi hermano socialista autogestionario, Carlos Franco, locos de esas quimeras generosas. Béjar propuso una letra distinta: “Arriba parias de la tierra”. Yo me he quedado en “arriba los pobres del mundo, de pie los esclavos sin pan”. Bueno, amable lector, ¿quién quiere el partido único, el totalitarismo? Ni Béjar ni los presentes de esa noche. Más bien la esperanza de hacer una política sana. Hoy no hay guerrillas sino algo hasta peor. El asalto claro, mafioso y deliberado al poder para enriquecerse.

 

Publicado en El Montonero., 28 de setiembre de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/el-tercer-bejar-en-la-derrama

“Avenida Larco” / Y debates ad hóminem

Written By: Hugo Neira - Sep• 21•15

Teatro Marsano. La comedia musical Avenida Larco. Quien vaya a verla, como fue mi caso, puede llevarse una muy grata sorpresa. Por una parte, asistirá como espectador a un evento musical de gran calidad. El grupo de rock es de primera y lo es el juego de los actores que cantan y bailan profesionalmente. Da gusto decirlo. Tan bueno como los que se presentan en Buenos Aires. Por otra parte, es más que un entretenimiento. Me hizo recordar West Side Story, el enfrentamiento de dos grupos étnicos, americanos y portorriqueños. Avenida Larco hilvana un conflicto nuestro. Debo decir que había visto el documental sobre Frágil. La puesta en escena de Giovanni Ciccia supera a la película. En el Marsano tiene la ventaja del impacto directo. Es la historia de un grupo de rockeros que se hilvana con la feroz vida peruana de los sesenta a los noventa. ¡Y de qué manera! En este musical usted va a ver bailar a Sendero, las Fuerzas Armadas y policiales. Bajo el poder del arte y de la irreverencia, los poderes fácticos danzan. Tanto los defensores del orden (y señores del abuso) como los que cogieron los fierros. El público aplaude de pie. Es un mitin pacifista con música. Algo raro. Necesario en tiempos en que algunos todavía traman el infame proyecto de un golpe de Estado.

El segundo tema es el concepto de “democracia delegativa”. Su mención por el congresista Fujimori en la entrevista que le hizo El Comercio levantó polvareda. Pero no entiendo el ruido, es categoría conocida. El error del congresista Kenji fue decirlo en primera persona. “Yo considero que en el gobierno de mi padre hubo una democracia delegativa”. Parecía una idea suya. No es así. Se lo recordó Sinesio López.1 En efecto, es categoría analítica de Guillermo O’Donnell, argentino, profesor en Notre Dame. Voy a criticar, pues, la manera cómo se le ha abordado, incluyendo Kenji Fujimori, pero también a algunos comentaristas.

Me asombran varios olvidos.

En primer lugar, no bastaba recordar a O’Donnell. La ha usado Carmen Rosa Balbi. Su trabajo “Le fujimorisme: délégation sous surveillance et citoyenneté”, es de 1997.2 Hace 18 añitos. El concepto tiene vida propia. En Google, Diana Burgos-Vigna. Lo he usado en El mal peruano.3 Es de lo más corriente.

En segundo lugar, la argumentación ad hóminem. Consiste en tomar en cuenta quien dice algo y no el contenido. Es una falacia. No recomendable para académicos. Es perder, una vez más, la ocasión de debatir un tema de fondo. ¿Hay o no hay una disposición popular al autoritarismo? Eso importa y no si lo dijo Kenji o Perico de los Palotes.

En tercer lugar, ocurre cuando la clase política no atiende las demandas sociales. El poder por delegación tiene un arcoíris que va desde Hugo Chávez a la señora Marine Le Pen, de Maduro a media Europa reaccionaria. Cuando conversamos con Víctor Andrés Ponce, él sostiene que hay “una reserva democrática de mayorías”, ojalá. Yo pienso que la tentación autoritaria fue el 2011, con la victoria de Ollanta Humala. Lo delegativo estuvo en su campaña. “Voy a comandar”. ¡Y lo apoyaron! Ahora bien, los que les parece horrendo el poder delegativo a Alberto Fujimori ¿acaso no son los mismos que aquellos que se subieron al carro de la victoria humalista en las elecciones pasadas? Un poco, pues, de coherencia.

“Quería describir una nueva especie”, dice O’Donnell. “Hay delegación cuando la ciudadana aupa a un líder al poder y luego le da carta blanca”. De ahí, los gobiernos personalistas y regresivos. Chávez y compañía. Lo bello del tema es que puede que ya no sea así. Creo que Kenji se equivoca: “La población está dispuesta a ceder derechos por orden”. No, pues. Mire usted las encuestas de Humala. Al ciudadano lo irrita tanto el desorden delincuencial como los abusos de poder dentro del Estado de derecho. Quieren orden pero también sus derechos. Le va a ser muy difícil a Urresti. Y lo mismo a Antauro Humala, cuando lo suelten.

  1 http://larepublica.pe/impresa/opinion/703996-los-nuevos-teoricos-de-la-democracia

   2 Carmen Rosa Balbi, en: Problèmes d’Amérique latine n° 25, La Documentation Française, París, 1997

   3

 http://www.bloghugoneira.com/wp-content/uploads/2012/02/ElRegimen.pdf

 

Publicado en El Montonero., 21 de setiembre de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/avenida-larco-y-debates-ad-hominem

 

Sala Penal y visita intempestiva de Hobbes

Written By: Hugo Neira - Sep• 15•15

Luego del teatro nos tomamos un café con unos amigos. Y como la obra nos ha gustado, hablamos de otras cosas. Por ejemplo, de la decisión de un juzgado para no investigar los orígenes de los fondos de la primera Dama y 13 personas más, y la imposibilidad de saber si esos misteriosos ingresos procedían de empresas venezolanas. Esa noticia y su probable archivamiento, ocupa la primera plana de un diario limeño que no es un tabloide, y en otro titular nos hace saber que “la delincuencia obtiene armas y granadas procedentes de las fuerzas del orden”. Son noticias catastróficas. Regresamos tarde a casa y me encuentro sentado en el salón a un visitante. Los hábitos negros de un inglés de la época isabelina contrastan con el blanco de las paredes y de los muebles. Thomas Hobbes en persona.

Lo reconozco de inmediato. Cuántas veces, ese rostro en los grabados de época, en las ilustraciones del Leviatán (1605).  Sabía que amó en vida las matemáticas y la física pero no lo sabía partidario de los viajes en el tiempo. Y me escucho darle la bienvenida como en sueños.

-Vamos a ver, dear Hugo, sabe perfectamente por qué estoy aquí, me dice Hobbes o su fantasma.

Vacilo un tanto y el visitante prosigue. -Es usted peruano, ¿no? Y como tal, sabrá que Dios es peruano. De modo que estamos muy inquietos por lo que está pasando en su país, y levanta el dedo y señala a los cielos. Y agrega: -Tengo entendido que explica mi filosofía política a sus alumnos.

Me oigo responder que sí, pero que no tienen un gran entusiasmo por lo que consideran teoría. La consideran pérdida de tiempo. Me pongo a explicar la moda del pragmatismo pero Hobbes, impaciente, me corta.

-A ver, ¿cuál es mi metáfora del poder?

-Bueno, le digo, que los hombres son iguales e igual se desgarran entre sí.

Hobbes corrige. Son iguales por naturaleza. Y por lo tanto rivales entre sí. Y repregunta:

-¿A qué lleva eso?

– A lo que usted llama “la guerra de todos contra todos”.

Hobbes no se complace con esa respuesta. Me mira ceñudo. Como si yo tuviera la culpa de los sicarios, las avionetas cargadas de droga en el VRAEM, las agendas y otras plagas. Y me vuelve a preguntar:

– ¿Cómo se sale de la inseguridad, cómo se llega al orden?, insiste Hobbes.

– A ver, usted dice por medio de un pacto. Entre los ciudadanos y el Estado.

– ¿Y en qué consiste?, dice sardónico este doctor de Oxford.

– Bueno, en una renuncia de los hombres a uno de sus derechos naturales.

– ¿A cuál de ellos?, presiona desaforadamente el visitante.

– A ver, a no tomarse la justicia por su propia mano. En el supuesto en que hay justicia y Estado, y no lo tenemos. Muchos de mis compatriotas solo creen que cuenta el mercado, agrego.

Hobbes medita. Y me dice: – La multitud, a punto de golpes y latigazos, en su Perú, puede castigar a uno que otro delincuente. Pero otros volverán, armados de metralletas. A su vez el pueblo se armará. ¿Por qué no entre distrito y distrito? El lío entre Magdalena del Mar y San Isidro, a tiro limpio. Por el canon, región contra región. ¿Cuál es el límite? No lo hay.

Intento hablar sobre el desarrollo peruano pese al desorden y Hobbes no solo me corta sino que sentencia.

– Su país se está convirtiendo en una vasta sociedad de comerciantes y mercachifles que se combatirán entre sí, como los indios de la América del norte antes de la llegada de los colonos protestantes. Y diciendo eso se va por una escalera de caracol que no existía.

– Le dejo una metáfora, me dice como despedida. Hobbes me ha dejado la metáfora de la precipitación del Perú al abismo. O a resignarnos que necesitamos de Estado. Por la  escalera de caracol de la historia se sube o se baja.

Publicado en El Montonero., 14 de setiembre de 2015

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