¡Horror! El retorno a una política normal

Written By: Hugo Neira - Nov• 02•15

Esta semana, en Lima, ha pasado un par de cosas inusitadas. Por una parte, Alonso Segura, es decir el MEF, y Luis Castañeda, Lima, se enfrentaron duramente y la cosa se presentaba mal pero luego se reunieron. Sobre la reforma del transporte, Segura había entrado con la pata en alto: “no se puede atropellar el orden jurídico”. Y uno de sus viceministros le metió leña al fuego, “Castañeda y los caballazos”. El Alcalde, por su parte, mal llamado el mudo: “Segura debe renunciar”. Ambos arrogantes. Se alarmó la opinión. Pero 48 horas después, ministro y burgomaestre sonrientes y en la foto. Qué bien. Hallar una salida normativa es pura sensatez. Lima tiene tanta población como Bolivia y tres veces más que Uruguay. Y gastamos 4 horas de cada día en movernos por esta inmensa urbe sin tren subterráneo.

Este viernes los apristas proclamaron a Alan García su candidato. En un modesto local deportivo. No estuve, no tengo por qué. Con mis amigos apristas tengo la misma relación que con mis amigos masones, voy cuando me invitan, estos últimos, “a una tenida blanca”. Lo escuché en la televisión. Ofreció concertar y mencionó, sin agravio, a Keiko, Kuczynski, Verónika Mendoza. Prometió ocuparse de la vacunación infantil al parecer descuidada por el actual gobierno y de obras gigantes. ¡Dios santo! De nuevo la sensatez.

Entre tanto, Carlos Meléndez recuerda que Perú21 hizo “entrevistas a reputados intelectuales para revisar el eje ideológico izquierda-derecha”. Y como en el ‘uno de ellos’ estoy yo, me siento señalado y la verdad, un tanto maleteado. Meléndez es mi amigo, y tengo la mejor opinión. Pero como dicen en Piura, “la amistanza no autoriza la abusanza”. En efecto, Juan José Garrido me preguntó “sobre la situación que atravesaba la izquierda y la derecha”. Meléndez dice: “algunos catalogaron esa distinción como desfasada, otros como insuficiente”. Serán los otros, porque yo no dije eso. Dije, que a ambas, en el Perú, “las considero débiles”. Lo cual no es lo mismo. Y no me puse a rajar, ni traté a unos de “caviares” y a la derecha de “bruta y achorada”. Nada de eso. Dije en cambio por qué eran débiles. “Por la gran masa de personas pobres y emergente”, divididos por el sistema de trabajo, con la chamba en Pymes. Ahora bien, firmo y confirmo, izquierda y derecha son categoría universal y el Perú entrará a esos estándares si se vuelve una sociedad de clases como todas.

Mis análisis arrancan de la calle y de la gente. Y por mi parte no creo en esos menjurjes del pro/anti-establishment, cosas pensadas para que no se entiendan sino en un campus americano. Queremos aquí pensar desde el sentido común. Víctor Andrés, en estas columnas, sostiene que hay una “mayoría silenciosa” a favor de lo que llama “el elenco”. Eso encabrita a muchos opinólogos, “qué aburrido, lo mismo”. Pero elegir un Presidente no es pasarela de Lima Fashion Week ni hay que elegir a la más guapa y algún traje de esos tan sofisticados que nadie se lo pone. No, pues. Por otra parte, lo del líder de masas ya fue. Y Alan García, tiene buen olfato. Aparte del poema, los once puntos. Pero lo del poema, nada menos que de un poeta de izquierda, se les pasó a los chicos de la prensa. De repente ni saben quién fue Romualdo, no hay cursos de literatura y ni se lee en la pésima escuela de hoy.

En fin, me parece entender lo que la gente reclama, algo enorme y sencillo: que no vuelva a gobernar alguien como Humala. El no gobierno del actual presidente ha hecho añorar a sus rivales. Y como me ha ocurrido anteriormente, tengo un pronóstico. El discurso inaugural de Alan García acaba de sentar la pauta de la campaña misma. PPK, Keiko, van a tener que plantear, quiérase o no, soluciones. Lo de ferrocarriles por toda la costa no me parece una mala la idea. Tengo una deformación europea, me encantan los trenes y carezco del arrebato criollo por el carrazo.

 

Publicado en El Montonero., 02 de noviembre de 2015

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Perú. Cuando dos por dos no es cuatro

Written By: Hugo Neira - Oct• 26•15

Para dejar de ser un país inacabado y de pobres hemos partido de dos supuestos. Y cuando digo hemos, es el mundo político, empresarial, y la opinión, la académica como las redes sociales. El primero, la democracia. El segundo, el realismo económico, o lo que llaman neoliberalismo. Pero prevengo que no me voy a lanzar ni a una diatriba ni a un elogio del libre comercio, sector privado, reducción del gasto público, etc. En el neoliberalismo hay tendencias moderadas y radicales. Sus detractores recuerdan Pinochet y sus Chicago Boys, o Fujimori en el Perú. La desregularización es un largo debate. Voy directamente a los resultados.

Hemos intentado, pues, la práctica de la democracia + el mercado. Pero la cuenta no nos sale. Tenemos elecciones sin interrupción desde Paniagua (2000-2001). O sea, quince años, tres gobiernos, Toledo, García, Humala. La cuenta puede ser más larga, Belaunde, en 1980. O sea, hace de eso 35 añitos. No es poco. Y la pregunta es: ¿somos por eso un país más democrático? Parto de fuentes externas, más neutrales. Ellas dicen que solo un 12% tiene una actitud estable ante la democracia (2014, USAID). Entre los motivos de desconfianza, lo poca aprobación al sistema judicial. También una muy baja disposición a la tolerancia. Asoma, pues, una tradición autoritaria. Se explica la poca disposición a tener partidos políticos y debates de fondo. Nada de esto evita la politización, al contrario. Conga, Tía María. En suma, no democracia pero sí política improvisada y fluctuante. De maravilla.

El segundo tema es la economía. Es sabido, tuvimos picos altos de PBI entre el 2006 y el 2012, lo que no quita el jalón de orejas del FMI. El Perú como toda la América Latina es el continente de las desigualdades. Se nos viene encima años difíciles, años de vacas flacas. Se nos viene un vendaval. Hace rato que este país deriva hacia el entusiasmo por la demanda externa. Ahora, hacia la neblina de una economía mundial de bajo crecimiento. Y dentro, masas de no ciudadanos. ¿Pagan impuestos?

Dos por dos no nos salen cuatro. Sobre lo que falta, se invocan muchas áreas. La desigualdad de los ingresos (R. Webb). La reforma del servicio civil (Castilla). La flexibilidad laboral (Jorge Toyama). Esos retos se mueven ante esferas visibles, Estado, economía privada, clase política. ¿Qué es lo que no se ve? Alberto Vergara, en un artículo que inspira esta nota (“Crispación sin crisis”, El Comercio, 25.10.15) observa «una polarización sobre la nada política». De acuerdo Alberto, pero hay que mirar más y hacia abajo. Por mi parte siempre he mirado hacia el abismo.

Hace años observé la anomia. Y creo que el análisis político, para sociedades no modernas del todo como la peruana, debe acompañarse de estudio de creencias. Así, las cuentas no nos salen porque el paradigma político y el paradigma económico se acompañan de un paradigma cultural que en Perú dejó de construirse. La involución se inicia, pues, con el abandono de la escuela estándar de educación primaria y secundaria. El resultado es catastrófico. Carecemos de personal calificado y de una masa mayoritaria de ciudadanos educados. La mejora económica no resuelve el abismo, lo acrecienta. A los jóvenes de origen popular los duermen con empleos precarios. Un estudio —y hecho por jóvenes— nos dice que la mayoría de “emprendedores” entre 19 y 29 años no asiste a ningún centro de enseñanza «porque no les gusta estudiar  (CONAJU, p. 39). Un 87% es indiferente a las elecciones. Por lo demás, no nos quejemos del poco o nada capital simbólico de los elegidos congresistas. ¿Qué garantiza que mejoren? Puede empeorar. Abajo, a los neourbanos populares los volvieron pymes, gente con ambición de billete, y la cultura profesional la guardan para las clases medias con plata y sentido de las cosas. Tenemos, pues, un desarrollo descendente. Esa «nada cultural» —¡y abajo!— es el taller del diablo. Cualquier cosa sale de ahí. Y no va a ser precisamente muy democrática que digamos.

Publicado en El Montonero., 26 de octubre de 2015

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Béjar, cronista

Written By: Hugo Neira - Oct• 19•15

«El elefante es irrefutable». Me trota esa frase en la cabeza. Me trota porque Béjar es real y las guerrillas de los 60. Y su derrota. ¿Pero estamos seguros de eso? ¿Y qué fue la reforma agraria de los militares sino la distribución de tierras de hacendados y el adiós al gamonalismo? Y dar paso a un país de millares de nuevos propietarios, expongos y yanaconas. Los Andes de hoy.

¿Cómo hago para cumplir con esa regla mínima de la contextualización ante el libro de Héctor Béjar, y de lo que contiene, en el Perú actual cuyo nuevo dios es el Mercado? Y los jóvenes quieren iPod, laptop, moto, depa y negocio propio, ¡ya! Y lo de la Kalashnikov les es inverosímil. Para los no entendidos, la AK-47, o fusil ligero.

¿Cómo hago? Y me sopla al oído el ángel de la guarda: habla de la atmósfera de los 60. Y en efecto, ese tiempo peruano cabe en una metáfora político-militar: vanguardia, conflicto, lucha, correlación de fuerzas, estrategia, táctica. Así pensábamos. No solo el ELN de Béjar y sus compañeros. Hegemónico el discurso de las armas en el aprista rubio y trujillano de la Puente Uceda que se fue a morir a Mesa Pelada. Y en el MRTA, que resbala de la utopía a la cubana al secuestro de gerentes. No todo fue la muerte poética de Javier Heraud.

Retorno a la guerrilla no es  ni regreso a las  armas ni reflexión sobre la guerrilla, eso ya lo hizo Béjar. Tampoco es Memoria, género para pedantes pero también para que un Chateaubriand político se revele gran escritor. Pero no creo que la haya escrito de un tirón postoperatorio. Las ha compilado —páginas del tiempo vivido— ahora del tercer Béjar. Profesor y pensador. Libro sincero hasta el desdoblamiento del yo del autor en dos personajes. Por un lado, Calixto, el guerrero que se asombra de su propia dureza. «Ahora que han pasado tantos años digo: (…) se había endurecido dentro de mí haciéndome resistente a las impresiones de la muerte (:331).» Y hay el otro álter ego de Béjar, se llama Bernardo, el que se alegra de volver a la vida corriente, como todo mortal.

En esas páginas, hablan muchos peruanos. Y esas conversaciones están recogidas con las artes del oficio de escribir. Hay, pues, mucha oralidad. Se les escucha decir cosas ciertas y conmovedoras. Sus ilusiones, sus miedos. Pero no la crean ficción. No es novela. Nada es inventado. Acaso es una crónica. Sí, de esas del XVI cuando los conquistadores al pie del vivac, escribían a cerca de un país que comenzaba a llamarse Pirú. No hay muchas crónicas de guerreros, ni la bitácora de Grau ni hay un carnet de vida de Piérola. ¿Para qué? No nos interesa el pasado. Aunque se sabe el precio de ese error: pueblo que ignora su historia la repite.

Béjar deja hablar a la sombra de sus muertos. Y si describe a los guerrilleros, también a los militares. No los idealiza, hubo remates y torturas, pero también se hablaron. En un momento del relato el ya vencido y cautivo guerrillero Zapata Bodero (existió) responde a un militar que lo interroga.

Nosotros queremos resolver los problemas sociales por la única vía posible, las armas. Todo lo demás está agotado.

El militar que le escucha «arrastró la silla y luego tomó asiento con las piernas abiertas, las botas enredándose en las patas metálicas». El militar está intrigado por esos guerrilleros. Y le suelta a la cara su sincera opinión:

 – Zapata, ustedes están locos. El tono es ahora paternal. Lo escucha y luego le espeta:

Tú has sido dirigente sindical. Has tratado de levantar a los obreros de Cachimayo. Pero también sabes que ellos no querían otra cosa que salarios más altos para comer mejor. No querían la revolución.

Eso es lo que tú piensas, contesta Zapata. Nosotros creemos que estamos abriendo un camino.

Aguilar sonrió irónicamente y movió la cabeza de un lado a otro.

– No. Están perdidos, Zapata, están perdidos (:343).

Textos inspirados en lo real. Como el elefante de las primeras líneas.

 

Publicado en El Montonero., 19 de octubre de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/bejar-cronista

 

Arequipa y la cultura

Written By: Hugo Neira - Oct• 12•15

Estuve en Arequipa, en una gran Feria Internacional del Libro. Con el apoyo de dos universidades —UNSA y UCSM—, la Alianza Francesa, el ICPA, el CCPNA, el Gobierno Regional, el Instituto de Ingenieros de Minas, invitaron a unos 125 autores entre nacionales y extranjeros. Por mi parte tuve tres actividades. Una, comenté el libro de Juan Carlos Valdivia Cano, profesor en sendas universidades arequipeñas y estupendo ensayista. Su “Voluntad de crear” dedicada a Mariátegui merece crónica aparte (no se dice amerita). Dos, un libro mío, ¿Qué es Nación?. La tercera fue en un homenaje que me hicieron (*). Me pidieron “la vida y la escritura”.

Eso hice. Y hablando de mis libros y vida, les dije algo que no sabían: de muy niño viví en Arequipa en casa de mis abuelas paternas, las Damiani, y luego ellas me llevaron a Trujillo y a Lima, mis padres se habían divorciado, y con ellas viví mi infancia y mi adolescencia. Las abuelas arequipeñas marcaron mi manera de ser y mi destino, desde la severidad afectuosa con la que se ocuparon de ese niño y el cotidiano yantar de pastas como descendientes de italianos y el chupe de camarones cada domingo de la vida, de los 8 a los 18 años. Y el respeto a los principios cristianos pero no a los “curas”. El abuelo italiano era garibaldino. Eso, y una atención sin mimos, y la estupenda escuela fiscal y el Melitón Carbajal de esa época de oro de la educación pública, y el barrio moreno y bronco de Lince donde se aprendía a ser iguales, hicieron el resto. Por eso no puedo ser hasta ahora dogmático de nada.

Perdón por estas confidencias. Voy a mi crónica, sobre temas públicos. Medios y prensa me hicieron diversas preguntas. A ellas acudo.

– Usted ha dicho que volvió a estudiarlo todo en 1989, cuando se desplomó la URSS. Ha dicho que vino también una renovación de las ciencias políticas. ¿Podría explicar un poco más eso?

Mire, vuelto a Europa, Antes de la Perestroika, visité la Polonia de Solidaridad. Y escribí un artículo que publicó Carlos Franco en Socialismo y Participación. Anuncié el fin de la URSS siete años antes. La hipótesis era sencilla: Moscú tenía que elegir entre su imperio del Este y las demandas internas. Lo que no pensé fue en el desplome total. Entonces, decidí revisarlo todo. Fueron años de relectura, en Tahití, ya profesor.

-Y con eso escribe Hacia la tercera mitad. ¿Pero puede darnos más precisión?

Tiene razón. Por un lado, la renovación de las ciencias humanas vino del lado liberal, desde Raymond Aron y Hannah Arendt, ante el tema del totalitarismo. Pero a ambos se les ignoró en América Latina. ¡No eran marxistas! Por otro lado, se descubre a un par de enormes pensadores, los criticos de izquierda de la izquierda. Rogelio Castoriadis y Edgar Morin. En ambos hay otro paradigma para pensar la sociedad y al hombre. La idea de la autoorganización.

– ¿Puede darnos un ejemplo de esa autoorganización?

En el Perú, las invasiones (o recuperaciones de tierras) de los campesinos cusqueños. Comenzó con Hugo Blanco, pero fue un movimiento espontáneo. De inteligencia colectiva. El otro movimiento que se genera sin partidos ni líderes es Mayo del 68 en París. También estuve de cuerpo presente. Fui un testigo. La conceptualización me vino después. Es así siempre.

-Doctor Neira, de todo eso, díganos un concepto, uno solo.

El concepto de la libertad. Desde la libertad hay entonces política. Fíjese bien, no digo política de izquierda o de derecha. Solamente que exista. La libertad no es un regalo.

-¿Le preocupa el 2016?

Me preocupa el 2017. Vamos a pagar el monstruoso error de aulas sin humanidades ni libros.  Ciudadano es quien sabe leer y comentar un texto. Pero nunca han aprendido a redactar ni una página personal. ¿Somos una democracia con millones de ágrafos?

Publicado en El Montonero., 12 de octubre de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/arequipa-y-la-cultura

(*)  Homenaje / Artequipa:

corto: https://www.youtube.com/watch?v=APmKff9ppoQ

largo: https://www.youtube.com/watch?v=0-r-Wl4Rlt4

 

 

Otro visitante, Niccolò Machiavelli

Written By: Hugo Neira - Oct• 05•15

Llego a casa un poco tarde, y en esto que me espera en el salón nada menos que Maquiavelo. Otro enviado del cielo como Hobbes. O de los infiernos. El florentino se pasea entre los estantes de mi biblioteca. Comedidamente me da la bienvenida.  No hay que olvidar que es coetáneo de Castiglione, el de la idea del Cortesano. Y luego me suelta una pregunta.

– ¿De modo que soy «el Galileo de la política»?

– Bueno, eso no lo digo yo sino el filósofo Cassirer.

– Claro, responde. Un tudesco. Con el tiempo los alemanes se volvieron finos, no eran así cuando los visité en 1508. Su Señor, era Maximiliano, un inconstante.

– No fue su modelo de Príncipe, me atrevo a decir.

– No por cierto, más aprecié a Fernando el Católico, campeón de una virtud, la avaricia.

– En Lima decimos tacaño.

– Eso es bueno para el Principatibus, no son convenientes los Señores dispendiosos responde Maquiavelo.

Y le pregunto: – ¿Quién le inspiró El Príncipe, César Borgia?

Maquiavelo no responde y sigue hojeando libros. Al fin retoma la palabra y me dice:

– Esa obra se la dediqué a uno de los Médicis. Quería volver a Florencia, vivía en Sant’Andrea in Percussina, a unos veinte kilómetros. Suspira y me pregunta:

– En su Señoría, ¿van pronto a elegir otro gonfalonero?  (El abanderado, el jefe)

– En efecto, en elecciones generales.

Inmutable Maquiavelo prosigue:

– ¿Elige el pueblo grosso?

– ¿O sea los magnates? Claro que sí, pero el popolo es mayoritario.

Maquiavelo me mira y me dice:

– En Florencia unas mil familias elegían un gonfalonero de justicia de por vida. En mis días, fue mi amigo Soderini, republicano como yo, quien me eleva a segundo canciller, y me ocupé de asuntos internos como de las relaciones exteriores de mis 29 a los 43 años. Luego, para ambos, vino la tortura y el exilio. ¿Sus gonfaloneros tienen mejor destino?

– De ninguna manera. Por lo general pasan el resto de su vida en prisión. Otros tienen que huir por los techos y otros terceros enfrentan a los tribunales por el resto de su vida.

– Usted sabe que he pensando siempre que el pueblo de trabajadores, los mechanici, finalmente piensa mejor que los Príncipes. Eso lo digo en  “Los discursos”.

– Es libro para republicanos, se lee menos. Somos un país donde nadie quiere ser pueblo. La aspiración es a enriquecerse rápidamente y ser a su vez, Señores. Le llaman «movilidad social».

– ¿Qué va a pasar en el 2016?

– Usted usa dos conceptos. Virtù y diosa Fortuna. Lo primero es el coraje para gobernar. E imponer decisiones realistas. No creo que nuestros electores busquen eso, sino “la fortuna”, es decir el azar, la chance. Dios es peruano.

– Bizarra República, le oigo decir. ¿Tienen guerreros?

– Sí, como usted reclamaba, una milicia.

– ¿Son valientes?

– Sí, pero luego que salvan al pueblo de tiranías y condotieros peligrosos (Abimael Guzmán) van presos. En los conflictos internos, algunos pillan, violan a campesinas.

– Si la milicia falla, entonces  los grossos (los ricos) ¿toman las armas?

– Para nada. Quieren que todo se arregle con conversaciones y consensos.

Maquiavelo sonríe. «Han pasado siglos y la humanidad se mantiene inmutable. Siguen pensando que el orden es un hecho natural y no político».

– Tengo entendido que es amigo de Alan García. ¿Qué le falta  para ganar?

– Lo que tiene Keiko, una parte del pueblo de abajo.

– ¿Y a esa dama, qué le falta?

– Lo que tiene García, cuadros de clase media, pueblo aprista y experiencia.

– ¿Y el Signore PPK?

– Como consejero, dicen, se habría traído un brasileño, una persona de otro país.

Maquiavelo enarca las cejas.

– ¿Un extraño para saber qué quieren los grossos y el popolo locales? No me han entendido. Hay que ser temido y ser amado, pero si hay que elegir…

– No, en la Señoría de Lima todos quieren ser amados. ¿Temidos por aplicar la ley? Ni locos.

– Y entre tanto el caos se apodera de la citta, concluye Maquiavelo.

– Sí, pues la República está en riesgo y el Marqués no lo entiende.

 

Publicado en El Montonero., 05 de octubre de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/otro-visitante-niccol-machiavelli