El estadista es fundamental para la época que viene

Written By: Hugo Neira - May• 09•22

Cuando se me ocurre una columna sobre la actualidad peruana, suelo acudir a lo que ya escribí para no repetirme. Y de paso, suelo lamentar la vigencia de nuestros problemas. Así que le entrego al amable lector unos párrafos de mi libro de comparatismo, El águila y el cóndor, publicado hace tres años y que circula en las librerías limeñas y mexicanas.

 ¿Cómo podemos hablar de servidumbre voluntaria en el Perú cuando las adhesiones a los tiranos son de corto plazo? Los grandes pueblos, ha dicho Churchill, son ingratos. […] En el caso del Perú contemporáneo, la volatilidad de las clientelas y los beneficiados. En el Perú del siglo XX nada dura. Ni democracias ni regímenes autoritarios. Al oncenio de Leguía le sigue el ochenio de Odría. El velascato fueron siete años. El fujimorismo, 1992, tras el autogolpe, al 2000, ocho años. Al tirano de turno cada vez se le acorta el tiempo. También el mandatario demócrata. Cinco años como mucho. Y llegan plebiscitados y se van cabizbajos. No me hagan explicar por qué. Todos lo sabemos. Queremos gobiernos y no queremos gobiernos. Somos alguno de los pueblos más pedigüeños de la tierra, ‘peticionarios’ dicen los mexicanos. Y a la vez, uno de los más ingratos. Al tipo de régimen que tenemos y que no hemos inventado, se le llama presidencialista. Pero eso será en Washington, en nosotros es una etiqueta. La realidad es otra. Un Jefe de Estado en Perú es un hombre muy ocupado, pero no en los grandes proyectos de desarrollo sino en su propia supervivencia.

«Voy al Golgotha», decía uno de nuestros mandatarios al ir cada mañana a su despacho, precisamente uno de talante democrático. Su primera ocupación fue llegar al fin del mandato, lo cual no es sencillo. Terminada la contienda electoral, y concluido el «discurso del salvador de la patria» que todos lucen antes de subir al trono, pasado el tiempo de «ponerse al corriente», y tomando en cuenta la agresividad latente del contexto incluyendo los cercanos colaboradores, el presidente, a la vez víctima y verdugo, comienza a prever quién será su posible sucesor, es decir, el enemigo que lo perseguirá inevitablemente. No hay presidente peruano que en el curso de su mandato no haya sufrido de la paranoia del poder. Paranoia, «sentirse como perseguido». Lo que provoca como enfermedad «la hipertrofia del yo». No es necesario mencionar nombres propios. Los últimos casos son de todos conocidos.

¿Cómo no emplear buen tiempo de su gestión en descubrir maniobras y emboscadas incluso entre sus ministros? Todo esto antes de sumirse en la indiferencia absoluta del que dejó el sillón para siempre. No hay Concejos de expresidentes, los tiene México, los Estados Unidos. Nosotros no. En el Perú estigmatiza tanto subir al poder como dejarlo. A diferencia de México, no hemos tenido ni por milagro, ese culto al Señor Presidente de los mexicanos.  (El águila y el cóndor. México/Perú, Universidad Ricardo Palma, Lima, 2019, pp. 400-401)

¿Y qué pasa en otros lugares? He recibido un mail de Europa, de Nelson Vallejo-Gómez, ciudadano francocolombiano como yo soy francoperuano, un pie en sendas culturas. Cuando estuvo en Lima, hicimos diversas maniobras para hacer llegar al Perú a Edgar Morin, un hombre de enorme sabiduría. Yo estaba de director de la Biblioteca Nacional y Nelson funcionario de la Embajada francesa. Morin habló en varias universidades peruanas. Hoy Nelson tiene un cargo administrativo muy alto en París. Me estoy olvidando, pudimos invitar también a Serge Gruzinski que escribe grandes libros que dan la vuelta al planeta. Ahora en su mail se ocupa nada menos que de Michel Wieviorka, presidente de la Asociación Internacional de Sociología. Y es director de la EHESS (Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales) en donde se forman los especialistas del mundo entero.

Yo obtuve en dicha institución mi grado de doctor en Ciencias Sociales, en el sistema francés la sociología no es una sola disciplina sino muchas otras, incluyendo filosofía. ¿Por qué esta respuesta por mi parte? El profesor Wieviorka aprecia al presidente Macron, pero le reprocha un «populismo singular». Apenas una idea mía, junto con mis saludos: creo que todo irá bien con Macron. En los países avanzados, no se le da el poder legítimo como sí lo dieron los 32 millones de peruanos a cualquiera que se presenta.

En líneas por venir, me extenderé más. Es cierto que de los grandes estudiosos muchos han perdido la confianza en los políticos. Cualquier país europeo, y en especial los que creemos más potentes, tiene dificultades ante las mutaciones de la economía nacional, europea y la economia mundializada, es algo que atrae a los posibles regímenes tiránicos. Yo le diría a Wieviorka, que me parece no solo un docente de alto vuelo sino valiente, que para el puesto de Presidente, creo que Macron tiene el carácter y el genio de quien deberá enfrentar los grandes desafíos que se vienen, y como estadista, los cambios probablemente difíciles pero necesarios e impostergables. Yo creo que varios de los grandes presidentes anteriores de Francia —Hollande, Sarkozy, Chirac, Mitterrand, etc—, sin duda fueron exitosos, pero la política era más serena, repetitiva. Y lo que se viene, es otra cosa.  ¿No sería mejor alguien que es parte del modelo con los mismos comportamientos? Por Macron votaron porque no tiene partido. ¿Es es algo riesgoso? ¿O al revés, los ciudadanos ya no creen mucho en los políticos? Los grands enjeux (lo más grande que está en juego) no estarán solo en la racionalidad sino también en lo que toca a los sentimientos, el amor a Francia, por ejemplo. Será la cultura francesa que con Macron salvará a Europa, y entonces, algo que va más allá del Estado.

Entramos en otra era. Es otra modernidad. Por eso, un personaje como Macron sabe lo que se puede hacer, pero no es solo la razón lo que salvará ese lugar del mundo.

Publicado en El Montonero., 9 de mayo de 2022

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«Perú Integral Bicentenario»

Written By: Hugo Neira - May• 02•22

Un gran libro, que recién leo, de Dammert Ego Aguirre, en Santiago. El Perú visto por sus cuatro ángulos, alguno de ellos cuando el autor lo ve como un «Perú integral», como «una comunidad nacional entre dos repúblicas» (página 584). Este libro lo llevé a Santiago en una maleta para saber qué pensaba de nuestra querida sociedad con un «Estado mafioso», lo que Sinesio López denomina «Estado cleptocrático patrimonial». Y recuerda que Francisco Durand, desde lejos, señala la captura del Estado por los privados de tres economías cruzadas: el Perú «formal, informal, y delincuencial».  

Como se nota claramente en estos últimos meses, envío a mis amigos y a los que me siguen mis cortos resúmenes de pensadores críticos, por los grandes defectos de los actuales «dueños del Perú» de esta época de nuestra historia. Ocurre que el libro de Dammert estuvo entre los últimos que había metido entre otros. Lo he hojeado al principio y leído la presentación del autor. Desde mi casa chilena quise llamarle por teléfono para felicitarlo, y Claire me dice: «- Pero si está muerto». No lo sabía. Luego me entero que se lo llevó el Covid-19. Qué lástima. Qué gran pérdida para el país.

Perú integral Bicentenario. El título es ancho. Civilización, territorio, nación, y república. Y el autor habla, con evidente razón, de un horizonte programático. Y por mucho que fuese un hombre de izquierda, varias veces diputado, fue un docente de la Facultad de Ciencias Sociales de  San Marcos que participó en 19 foros para intentar un amplio descentralismo de 1990 al 2001.  Otra estructura en el territorio de nuestro país. Para ello, lo que me parece decisivo es que uno encuentra, en unas 600 páginas, un repaso de nuestra historia, el mundo andino, los territorios cuando Perú era parte del Imperio, soberanías, ciudadanías —como sabemos nada fácil por nuestra diversidad pluriétnica— o periodos históricos como «1870-1926- De Túpac Amaru II a Bolívar» (p. 123), y después de Mariátegui. Dedica una sección a la «Colonialidad del capitalismo mundial y los inicios de la Patria Grande latinoamericana» (p. 91).

Voy a ser más sincero. Rara vez se ha hecho tal resumen que, diría, no es un libro solo sino varios, veinte capítulos en los que no se le escapa lo particular, lo mal que le fue a Túpac Amaru ante los ejércitos borbónicos —esos que todavía no conocían a Bolívar o San Martín— y no por eso explicarnos el rol de los grupos lobbystas, las elecciones y el régimen fujimorista, el petróleo y el gas, el agua y la minería, la Megarregión del Amazonas y otras, las vulnerabilidades, el riesgo de que la nación se quede sin seguridad energética.

Es muy posible, sabiendo el espacio político en el que se movía Dammert, que más de un ciudadano crea que ese libro es uno más al lado del marxismo u otra ideología propia a un sociólogo como ese autor, con talento de ingeniero. Pudo ser una retórica que ya se conoce. La verdad, me impresionó que comenzara el libro con la «Base andina civilizatoria autónoma». Y luego pasa del virreinato del Perú a la Independencia Continental y se ocupa de los criollos y la «nación mestiza».  Y algo que para mí es decisivo: la nación peruana y una república con un demos, o sea pueblo que tenga educación que  permita la emergencia de los hijos de la patria, para escalar a los estamentos más altos en el saber, y la voluntad de dejar una nación dividida por prejuicios étnicos. Una república democrática no se puede hacer con dos mundos que no se conocen, criollos y cholos, que no son todavía hermanos e iguales. Sin embargo tenemos por nuestras diferencias de piel, de estatus social, una gran riqueza, desde la música, la poesía, el arte, y grandes creadores. La heterogeneidad es estupenda, qué importa, pero para tener un Estado-Nación, todos debemos cumplir por igual las leyes de nuestro país sin que eso nos vuelva tontos. Las grandes naciones son las que tienen culturas diversas, por lo general, muy distintas unas de otras. Pero lo que tienen de bueno es la formalidad, y la honestidad. En los intercambios y la manera como el mundo se modifica, todas esas potencias tienen una ética. El progreso tiene ese precio, algo moral sin lo cual, por muchas minas y otras riquezas, no saldremos de este desorden ni en un milenio.

El libro es tan pleno de ideas y cosas ciertas que pienso que no estuvo solo. De hecho, en los créditos, aparecen los miembros de su equipo de apoyo: José Gabriel Lecaros, Rubén Castillo Ventura, Humberto Cortés, José Manuel Delgado, Alejandra Dinegro, Luis Enrique Pérez, Yorka Gamarra Boluarte. No los conozco personalmente. Nos encontraremos en Lima. A todos un sincero aplauso por una obra de gran calibre. Bravo.

Si los peruanos tuvieran en sus manos esa obra, tendrían la posibilidad de un horizonte programático. Comiencen por leerlo y se conectarán entonces con lo real, lo posible, que es lo que estaba en el alma del autor. Desconocer este libro es un pecado contra la patria. (Perú Integral Bicentenario: Civilización, territorio, nación, república. Horizonte programático de la República de Ciudadanos, autor y editor Manuel Dammert Ego Aguirre, Lima, 2014. ISBN: 978-612-46670-1-5). Libros como este hay uno por siglo. No es la muerte la que gana. Si usted no lo lee, gana el silencio, la flojera peruana, la vanidad de creer que yo ya lo sé todo.

Publicado en El Montonero, 2 de mayo de 2022

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Fin de semana y el liberador Macron: el resultado de las urnas

Written By: Hugo Neira - Abr• 27•22

Para la lectura del fin de semana del 23-24 de abril hasta fin de mes, había elegido varios libros. Debía concluir con uno sobre la historia de la India. Hay un país asiático que se enfrentó a las sociedades modernas de Occidente. Se trata del Japón, aunque fueron sus víctimas los habitantes de Hiroshima y Nagasaki. Rápidamente asimilaron las ciencias y técnicas de sus rivales, y adaptaron las instituciones de Occidente según el carácter y genio de los japoneses. Un japonés no ha perdido su cohesión, su identidad psíquica. Estudia a Confucio y no renuncia a su cultura, su arte, su manera de vivir. En otro lugar del Asia hay un país que llamamos la India. No es una sola nación sino varias, un conjunto de pueblos. Su sistema de castas y el hinduismo es muy suyo. Y a lo que apunto: la India no es una nación sino una civilización. El Asia occidental, es otra versión de Occidente que viene del mundo indoeuropeo, que a su vez vino de los iraníes de Mesopotamia. De los griegos que inventaron las divisiones del poder legítimo. El valor del individuo, el pensamiento libre pese a los dioses y religiones, que se respetan. Y la libertad de palabra de alguno o de grupos plurales. Lo que cuenta, su esencia, no es que alguien tenga la razón sino que haya debate, porque la verdad se encuentra en el diálogo, tarde o temprano. Y otras civilizaciones incluyen en su saber las ciencias occidentales. Mariátegui, por ejemplo.

Pues bien, dejé los libros sobre los países asiáticos por un asunto enorme que concierne Europa, la incierta disputa del poder en Francia entre Marine Le Pen y Emmanuel Macron. Ha sido reelegido. Desde mi pantalla de TV, pude seguir los debates entre los políticos invitados en el canal público France 2,  y la llegada de Macron al Champ-de- Mars donde lo esperaban sus militantes. La victoria de Macron no solo se celebra en Francia sino en Europa, dentro de este espacio de naciones con democracia que es la Unión Europea. Qué curioso, me vino a la memoria el recuerdo de un cuadro, surrealista, que había visto de Antonio Peláez, mexicano. En sus obras, siempre ardía el fuego, y las llamaba «el diablo suelto». Y pensar que hay repúblicas que ya no lo son, como la Venezuela de Maduro y esa Nicaragua de Ortega. «Diablo suelto» porque su presidente tiránico lleva un apellido que yo respeto mucho —Ortega—, que es uno de los grandes filósofos españoles.

Así, el cargo de presidente para la misma Francia que hace más de un par de siglos logró, con la Revolución Francesa, acabar con la monarquía, recae nuevamente en Emmanuel Macron. La democracia se salva. No deja de tener defectos, pero todo otro sistema del ejercicio del poder es peor. Cuando un pueblo no elige a sus representantes, llega la era de las tiranías, o de los gobiernos híbridos. Los Jefes de Estado son necesarios pero bajo reglas y leyes. Ser político es saber llegar y también saber irse. Ya no es tiempo de príncipes y aristocracias que solo valen por nacer en una clase privilegiada. Tampoco es saludable tener gente que viene de abajo y no sabe lo que se puede hacer por el bien común si es que no tiene idea de cómo se maneja el Estado, sobre todo en nuestra época de economía tan compleja y mundializada. Se necesita un capital humano preparado antes que dinero o grandes apellidos.

Pero veamos lo que pasó el domingo 24 de abril de 2022. Había mucha incertidumbre, por la abstención. Supongo que el amable lector sabe que aun en un país moderno como Francia, con escuelas y grandes universidades de calidad, la política tiene, como los trenes, dos rieles. Uno es la razón, la economía, si hay puestos de trabajo que permiten niveles de vida al menos aceptables. Y el otro riel es algo subjetivo, viene de las emociones: las cóleras, el deseo de castigar a los que están arriba, etc. ¿A qué viene esto? Es probable que muchos de los votos fueron a Macron (58,2%) solo para evitar que llegara la ultraderechista Marine Le Pen (41,8%), que sucedió a su padre. Más adelante explico por qué una parte no soporta al actual presidente. Como soy peruano, este domingo, Marine Le Pen me recordó una política peruana que todos conocemos. Keiko y ella también se acercan, por lo de los padres. Keiko decía que ella llevaba un peso muy grande («mochila pesada»), por el 5 de abril y todo lo que representaba su apellido.

Ahora bien, Marine Le Pen había suavizado su discurso. Durante el debate decisivo que tuvo con el presidente saliente el 20 de abril, había sido muy prudente, se preparó largo tiempo para debatir con Macron. Pero no dejaba de mirarlo como si fuese un muchachito atrevido, y se reía de buena gana. Ella es hoy la otra gran fuerza política, logró casi un 42% de los votos, un récord. Intentará disminuir la momentánea victoria de Macron porque hay una «tercera vuelta», la elección de la Asamblea de diputados (577 escaños), en junio. No es poca cosa, una mayoría adversa al presidente electo lleva a una cohabitación, todo un cambio programático.

Por un momento, me ha parecido que el sentimiento político de los franceses se acercaba mucho a los prejuicios y dudas que tienen los peruanos. Es curioso, tanto en la vieja Europa tan moderna como en el inmenso espacio de la Américas independientes, hay rupturas con las elites. A muchos franceses, algo les molesta: la formación intelectual y profesional de Macron. Es conveniente que el amable lector sepa que esas sociedades del viejo mundo no se parecen a nuestras sociedades poscoloniales. Entraron a la revolución industrial y preservaron su diversidad. Las enormes desigualdades, la trampa identitaria se resiste a una sola cosa: los que no estudiaron. Macron ingresó al prestigioso liceo Henri IV, en París, y tuvo su primer grado. Luego se formó en el Institut des Sciences Politiques de París y la Ecole Nationale d’Administration (ENA). Trabajó en el 2007 como Inspector de Finanzas en el Ministerio de Economía francés antes de unirse al banco de inversión  Rothschild en el 2008. El presidente Hollande lo nombra ministro de Economía, Industria y Asuntos Digitales en el 2014, dos años después de haberlo integrado en su gabinete. Macron dio sus primeros pasos en el Partido Socialista. Una brillante formación y brillante carrera. Macron producto de la meritocracia. Pocos han tenido su educación, por eso algunos lo detestan.

Los lazos que se ha querido mostrar entre el presidente y las grandes familias, si es eso, es algo muy equivocado. Los padres, Jean-Michel Macron y su esposa, son médicos ambos. Lo que los sitúa como una familia de clase media, lejos de París. Dos hermanos suyos al servicio de la Salud del Estado francés. Por mi parte, me encuentro con el libro de Thomas Piketty. Los conflictos de los jóvenes procedentes de familias de menor formación ante gente bien formada producen entonces una enorme cólera y envidia, se hace imposible el contacto con elites salidas de las clases populares. Se le llama populismo. Es algo más temible. Eso fue el nazismo alemán. Eso no lleva sino a aventureros e ignorantes que se creen revolucionarios. Esa actitud rompe el modelo revolucionario de Lenin. Y también tocó nuestro país. Jorge Basadre se ocupó en un momento del rol de las elites. La derecha tradicional peruana no las tiene porque ellos no tienen  intelectuales. Cuando hubo alguien excepcional en el Perú, por ejemplo José de La Riva Agüero, ¿qué partido le siguió? Nada.

Los odios entre clases sociales, es algo que se estudia en nuestra época. El libro sigue siendo un arma intelectual. En su obra Capital e Ideología, Thomas Piketty explica, con palabras y números, cómo, en Francia, el Partido Comunista dejó de ser atractivo antes del desastre del comunismo. Cómo los trabajadores, los obreros, dejaron los partidos de izquierda. Pero volvieron porque su base social era casi toda de doctores jóvenes que era lo que había crecido en las sociedades de nuestros días, pues la tecnología cambia el trabajo, lo cambia todo. Lo digo porque mi país, mi tierra, se ha quedado fuera del mundo actual y sus problemas. (Hay traducción al castellano de Daniel Fuentes. Lo considero lo mejor, con estadísticas: cómo las clases sociales prefieren sus partidos).

Publicado en El Montonero., 27 de abril de 2022

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Los guanacos son inteligentes

Written By: Hugo Neira - Abr• 26•22

Sigo en Chile, mis libros por escribir andan retrasados. Hemos salido bien de un Covid  pues nos habíamos puesto las tres dosis necesarias. Y Chile está saliendo de la ola porque no se puede estar en ningún lugar cerrado con público sin el pase de movilidad activo. Entre tanto me desespera saber cómo van las cosas en el Perú, no solo lo que ocurre en Ucrania o Afganistán, o sea, lo que pasa en el mundo.

Estamos suscritos a una revista semanal llamada Courrier International que nos informa de estos temas. Este semanario recoge lo mejor de otros diarios como The New York Times, The Economist, Die Zeit, La Vanguardia, y lo traduce al francés. En tres de sus páginas del n°1638 del 24-30 de marzo, desde la ética de otro lado del continente americano, encontramos una mirada sobre el gobierno del Perú. Así les enviamos un retazo del diario El País América, lo que piensa el periodista Juan Diego Quesada, desde México. El titular en el original es «Perú, el país de la crisis perpetua» que fue traducido así: «Pérou. Pedro Castillo, président erratique d’un pays ingouvernable» (Perú: Pedro Castillo, presidente errático de un país ingobernable). ¿Fuerte, no? Llama la atención, ¿no solo el presidente sino la sociedad peruana? Y continúa, en el encabezado: «En el poder desde julio del 2021, un jefe de Estado sin experiencia política ha acrecentado la inestabilidad del país andino donde hubo cuatro gabinetes en pocos meses. ¿La culpa es de sus opositores o de su inconsistencia? se pregunta El País América.» En la ilustración, brilla el sombrero del presidente. Espero que los diagramadores la tomen en cuenta. Veamos lo que nos dicen desde México. «Perú, de 33 millones de habitantes, se ha sumido de nuevo en la convulsión. En América Latina se le ha puesto la etiqueta de ingobernable. Se suceden los dirigentes quebrados. Los peruanos se preguntan qué clase de maldición ha caído sobre ellos.» «La palabra gruesa domina el debate público.» No es frase mía, las palabras del original fueron traducidas así : «Le débat public est dominé par la vulgarité». Pero continuaré con ese párrafo que gracias a la revista da la vuelta al planeta.«El Congreso, siempre fragmentado al no existir los partidos políticos tradicionales, es una herramienta para delimitar el poder presidencial y, llegada la hora, guillotinarlo. Perú lleva en esa espiral seis años.»

Pero yo no lo creo solo un asunto de política. Hay dos cosas. La primera, es la pésima educación secundaria. Hace decenios que se borraron las asignaturas a pedido del Banco Mundial, nada de Historia peruana, Gramática, redacción de textos racionales, ¿acaso no es cierto, maestro Vexler? Menos mal que yo fui a una escuela pública, en el Melitón Carvajal, usted todavía no había empezado con su tarea de la anti-Educación. La segunda, es que cuando entré a San Marcos, todos sabíamos pensar y redactar. No nos formaron para tener profesión solamente sino, de paso, para ser ciudadanos. Con tanta gente que no puede leer un libro, tenemos unas mayorías sin formación mental. Es entonces una crisis muy grave. En los pueblos donde se prefiere la ignorancia, cualquiera es estadista, funcionario o profesor. Estudiar solo les gusta a algunos, que son odiados y se van del país.

Lo que digo es duro, lo siento, pero se ha dicho muchas veces. Recuerdo, por ejemplo, a Gonzalo Portocarrero. Consideraba que la transgresión era «una forma específica de  goce del mundo criollo». Decía: «Con el ser criollo sucede algo paradójico, pues despierta valoraciones totalmente opuestas. Es decir la palabra está cargada de ambivalencia pues tan pronto significa algo apreciado y querido como, de otro lado, algo extraño y repudiable. En efecto, lo criollo se asocia con la alegría, el ingenio y el humor; y resulta para muchos peruanos, lo propio, lo entrañable, lo que nos identifica y que podemos asumir a ‘boca llena’. No obstante, para esos mismos peruanos lo criollo es también sinónimo de lo repudiable, de lo abyecto, de aquello que debe ser rechazado si uno quiere pasar por una persona seria y respetada.» Yo lo he leído, no solo conocido.

Pero en el Perú —y creo que más en Lima que en el Cusco o  Arequipa—, se habla de lo que no se conoce. El dios llamado Chisme, herencia de la época colonial. Un ejemplo: una abogada y política peruana se animaba a probar el voto popular en el 2001. Ella decía claramente que era abogada, con estudios en Lima en el Reina de los Ángeles, y en un colegio religioso canadiense y luego en la PUCP. Pero surgió un chisme. Su padre era lo que llamamos, en jerga, burro. Y el chisme se transformó en insulto cuando se le trató de «auquénido» a quien pasó por Harvard. Lourdes Flores Nano fue congresista de 1990 al 2000, si es que no me equivoco, pero lo de «auquénido» le costó su pasaje a la segunda vuelta.

Como viajo, de pronto nos encontramos en un zoológico. Y me llevo la mayor de las sorpresas. Un grupo de guanacos delante nuestro. Resulta que pueden ser de lo más dócil y no ataca a los que se le acercan. Los guanacos suelen tener como enemigos los que vuelan por encima de ellos, los cóndores. O sea, la metáfora de los que inventaron una manera de bajar la calidad de la política, es de gentes peruanas que no conocen el Perú, ni su fauna y vida natural, y hablan de lo que no saben. Aquí tenemos un ejemplo de la ‘transgresión, goce del mundo criollo’. Gonzalo Portocarrero nos dijo que «los criollos nos amamos y nos odiamos al mismo tiempo. La subjetividad criolla es pues frágil e insegura.» 

Tocqueville, para los Estados Unidos de sus primeros pasos, dijo que había encontrado una «sociedad democrática». Es decir, todos, por lo general los inmigrados del otro lado del Atlántico, se trataban como iguales. Y luego de tener un «pueblo» homogéneo, se pudo construir un segundo paso —o algunos más—, las instituciones, porque existía la igualdad y no había pasado aristocrático. Para nosotros, fue al revés. Primero subir. Luego convivir, pero no te pases.

Publicado en El Montonero., 25 de abril de 2022

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Alan García: “Entre las ideas, la existencia y la acción política” (*)

Written By: Hugo Neira - Abr• 18•22

Cuando preparo esta columna, es un día domingo de Pascua 17 de abril y fecha aniversario del suicidio de Alan García, hace de ello tres años. ¡Qué falta le hace al Perú! ¡A la política! En homenaje, reproduzco la biografía que me pidió el equipo de Juan Pablo de la Guerra, de la actual Gerencia de Educación y Deportes de la Municipalidad de Lima, Rafael de la Piedra y Renata Teodori, para la bella publicación de Presidentes y Gobernantes del Perú Republicano que la alcaldía preparó en ocasión del Bicentenario. Volveré pronto sobre Alan García en este portal.

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Alan García: “Entre las ideas, la existencia y la acción política”

El concepto de biografía, según la academia, proviene de dos vocablos griegos, bios o sea, vida, y graphein, escritura. Pero a un año de su partida, no podemos eludir la palabra muerte. En este libro sobre presidentes y gobernantes (*), en nuestra historia, varios fueron asesinados: Balta, Manuel Pardo, Sánchez Cerro. Pero no con el adiós doliente del suicidio. Sin embargo, a alguien que no era un político, igual lo hirieron tanto que no tuvo otro camino que partir, me refiero a José María Arguedas. Por lo demás, Alan Gabriel Ludwig García Pérez explica su vida en su obra póstuma Metamemorias, (2019). Alan García, entre las ideas, la existencia y la acción política. Un legado múltiple, acaso heredado de Haya de Torre, su maestro.

Ahora bien, una vida intensa que se autoafirma en discursos (gran orador) y libros, campañas y desempeños, y, para intentar resumirla, hay que tomar en cuenta que tuvo dos gobiernos: 1985-1990 y 2006-2011. Fernando Belaúnde también gobierna en dos ocasiones. Pero es preferible comparar a García con Leguía y Manuel Prado. Tienen en común que, de un gobierno al otro, estos tres presidentes tuvieron cambios enormes. ¿La presión de las circunstancias? Enigma de la vida política.

Se me pide en el proyecto, el “desempeño” y, a la vez, “el legado que dejaron en su gestión gubernamental”. No es una mala idea, lo que se hizo y luego la huella histórica. En el caso de Alan García, la gran cuestión suya era si habría un aprismo en el siglo XXI. García publica unos 18 libros, y entre ellos, El futuro diferente (1982), Modernidad y política en el siglo XXI. Globalización y justicia social (2003). Y en el 2013, Confucio y la globalización. La preferencia por ese pensador, un maestro, un letrado portador de una racionalidad que, con el tiempo, crece, se vuelve escuela de normas y serán el fundamento secular de la humanidad china. El libro sobre Confucio de Alan García lo han traducido en China. Conviene que diga esto en esta página. A García, mezquinamente, sus adversarios no le reconocieron lo que también era, un intelectual, un pensador, no solo a la cabeza de muchedumbres y masas como otros políticos peruanos.

Debo ocuparme ahora de su desempeño presidencial. Y para eso nada mejor que las cifras. Acudo al artículo de Carlos Adrianzén, “Reflexiones sobre la gestión de Alan García Pérez” (2019), que nos pone frente a siete cuadros. Nos limitaremos a algunos. Primera cifra, el PBI entre el 2007 y el 2011, la media entre 5% y 6%, por encima de los regímenes anteriores. La segunda, la tasa anual de inversiones, siempre de 2007 a 2011, un 14%. La tercera, lo dice el propio Adrianzén (2019) que, por supuesto, no es aprista, “el régimen de Alan García ocupa el primer lugar en el ritmo de crecimiento del consumo privado” (párr. 17). Un 6%. Por último, cómo disminuye en su gobierno la pobreza, y esta vez son curvas y cuadros del INEI (Instituto Nacional de Estadística e Informática): “en el período 2006-2011, la pobreza decreció en 21,4 puntos porcentuales, al pasar de 49,2% a 27,8%”. Una disminución significativa que expresa, de paso, la ampliación de las nuevas clases medias. Un fenómeno que no se ha vuelto a repetir. Un dato decisivo para avalar una gobernabilidad, pero por la incapacidad de sus adversarios de reconocerle alguna virtud, ese segundo gobierno se niega, o de ello no se habla.

No hay duda, hay una diferencia enorme con su primer gobierno. Y no la vamos a ocultar. En los ochenta, hubo un Alan García del pasaje del sol al inti, y una inflación tal que el FMI nos declara “inelegibles”. Seamos francos, fue una hiperinflación. Los peruanos no lo han olvidado: comienza en septiembre de 1988 con una tasa mensual del 1722% y termina en 7694%, cuando deja el poder. Nadie olvida ese momento: 5 millones de intis, en 1991, equivalían a 5 nuevos soles. Se entiende el shock económico de Alberto Fujimori apenas inicia su gobierno. ¿Qué pasó con el joven presidente? Acaso el romanticismo del Bildung —concepto weberiano— cuando emerge su “segundo ego” de revolucionario aprista. Fue un período difícil, se había iniciado la guerra de Sendero Luminoso contra el Perú.

Hubo una metamorfosis. Y para esta mínima biografía, conviene asomarse a lo que pasa en el alma de AGP. Aquello ocurre tras un intervalo prolongado, de 1990 a 2006. Perseguido por Fujimori, Alan parte al exilio. Se instala en Francia, vive en la Rue de la Tour, y continúa lo que siempre hizo, estudiar. Ya lo había hecho, en la Complutense de Madrid, cursos de doctorado en derecho en 1972 y 1974, y, en París, en la Universidad Panthéon-Sorbonne, una licencia en sociología de 1974 a 1977. Esta vez, bajo la tutoría de François Bourricaud, partidario de una mirada plural sobre las sociedades. Su itinerario fue una permanente formación intelectual: colegio nacional José María Eguren en su adolescencia, pregrado en la Pontificia Universidad Católica del Perú, y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, un título en leyes en 1971. Los padres de Alan coinciden con las capas sociales inclinadas al aprismo, esas capas de los años treinta al cincuenta, de pocos ingresos, empleados privados o públicos, obreros urbanos, maestros de escuela. Pero muy cultos. La madre, maestra. El padre, gran organizador, Secretario General del aprismo, en prisión en gran parte de su vida. Y Alan García recibe en Perú un legado singular, la enseñanza de Haya de la Torre, que implicaba una vasta transmisión de experiencias y lecturas de la filosofía y la historia, no sólo del Perú sino de la cultura occidental. Y en esos años de exilio, el presidente Mitterrand le pide a un brillante profesor, Alain Rouquié, socialista, que se ocupe de Alan, acaso entristecido por la lejanía. Son cosas que los franceses no hacen siempre. De alguna manera, político y hombre apasionado por el conocimiento. La prueba, su biblioteca personal, hoy en la Universidad San Martín de Porres. Los libros que había leído y anotado, van de la filosofía a la historia, de la antropología a las ciencias sociales. Alan García es, pues, un político que no tenía sobre su alma el peso de un dogma. Hay que apreciar que retorna, en su exilio, a una Europa de los noventa, cuando se hunde la URSS. Cosa que no lo pudo sorprender en demasía, era un antiguo vaticinio de Haya de la Torre: la Rusia de Stalin no era ni comunista ni socialista, sino un capitalismo de Estado. Alan no se vuelve un liberal. De alguna manera, era un hereje. Ni laisser-faire ni Estado empresario. Su segundo gobierno fue un equilibrio entre Mercado y Estado. Y se ocupó de invertir 350 millones de dólares para acabar con el analfabetismo. Y como este documento se escribe cuando el Covid-19 nos golpea, conviene que se sepa cuántos hospitales construye: 32 culminados y entregados. Y otros 15 culminados, pero sin equipamientos.

En Lima, de nuevo presidente, puesto que no expropiaba empresas como Velasco, al contrario, llama a la inversión privada (García, 2007-2008) y la izquierda limeña lo ataca a fondo durante esos cinco años. Lo cual es paradójico, Alan García, en su segundo gobierno, mantiene lazos de amistad con el presidente Lula de Brasil, con Michèle Bachelet en Chile, con la Concertación para la Democracia. Es decir, lo que podríamos llamar una izquierda democrática. Ese segundo gobierno no fue una taza de té. Huelgas y prensa hostil, rotación de gabinetes. Y el antiaprismo como ideología. De su persona, solo se puede decir que se casa un par de veces, y cuando tiene un hijo fuera de las normas, lo reconoce. Un intelectual fornido, muy alto, en un país de gente más bien baja. Sonriente, saludable. Lo que se llama una fuerza de la naturaleza. Alan no solo político, sino permanente escritor. Presidentes de ese nivel no abundan. Por lo demás, fue un demócrata. Y un librepensador. Pero el Estado social y de Derecho, sin Alan, se quedó para las calendas griegas. Me hace pensar en una canción de Demis Roussos, “El Griego”, que él conocía en París: “ha partido como una nave, acaso regrese como un ave”. (HN)

1. Adrianzen, C. (22 de abril del 2019). Reflexiones sobre la gestión de Alan García Pérez. El Montonero. Recuperado de https://elmontonero.pe/columnas/reflexiones-sobre-la-gestion-de-alan-garcia-perez

2. García, A. (28 de octubre de 2007). El síndrome del perro del hortelano. El Comercio.

3. García, A. (25 de noviembre de 2007). Receta para acabar con el perro del hortelano. El Comercio.

4. García, A. (2 de marzo de 2008). El perro del hortelano contra el pobre. El Comercio.

5. García, A. (2019). Metamemorias. Lima, Perú: Editorial Planeta.

(*) Presidentes y Gobernantes del Perú Republicano, Municipalidad Metropolitana de Lima, 2020, pp. 384-387.

Publicado en El Montonero., 18 de abril de 2022

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