El ‘litio providencial’ en América Latina y el Perú

Written By: Hugo Neira - May• 30•22

Entre los dolores y desastres de la pandemia de Covid-19 en toda la región, con naciones sin perspectiva de mejorar en el futuro, viene en estos días una noticia de inmensa fortuna, el «providencial litio», un metal que vale oro. No viene tras el rumor de alguna red sino del semanario Courrier International al cual estamos suscritos, en su número 1643 del 28 de abril al 4 de mayo de 2022. Y me alegra inmensamente que exista el «triángulo del litio» en Latinoamérica, que representaría el 63% de la reservas mundiales. Y que hay tres millones de toneladas más en Perú y México que, con los Estados Unidos, serían los principales países productores. La página 19 del artículo de ese diario internacional luce el triángulo del litio que aquí reproducimos, dentro de los siete países del continente con dichas reservas. Más adelante, nos ocuparemos de qué país tiene más del mineral.

Conviene explicar por qué el litio es oro. Ocurre que es un excelente conductor eléctrico. Imagine usted, amable lector, la necesidad mundial de baterías para carros eléctricos en los países que han empezado su transición energética. En los países de cultura anglosajona, el litio es considerado un recurso natural a transformar, es valor agregado no solo un mineral del porvenir. Por ahora, se proyecta que de las nuevas ventas de vehículos el 52% ya serán eléctricos en los países desarrollados de aquí al 2030 (proyección realizada por la firma KMPG). Según el diario El País México reeditado por Courrier International, más de 1100 dirigentes de la industria automotora, en 31 países, han comenzado ya la transformación con pilas de litio que permitirá abandonar los actuales combustibles muy contaminantes. Lo que está pasando de modo global es el desarrollo de una energía nueva para vehículos, una tecnología en pleno auge, no un proyecto. El precio del litio ya subió en un 80% en el año 2021. Hoy la tonelada cotiza en unos 40 mil dólares.

Un gran cambio está en curso y cada país busca evaluar sus reservas. En México, se dice que son 1,7 millón de toneladas. En Chile, los yacimientos dispuestos están operativos y en manos de privados, pero hay quienes no quieren que solo intervengan empresas privadas. Al terminar su mandato, el presidente Sebastián Piñera había anunciado que dos sociedades, una china y otra chilena, recibieron la concesión para producir  80 mil toneladas de litio. Pero la noticia cayó mal pues su sucesor Gabriel Boric (de izquierda) había hablado en su campaña de crear una sociedad nacional de litio, y la justicia ha suspendido los contratos. El argumento de Boric: «el litio es el mineral del futuro (…). Chile no puede cometer el error histórico de privatizar los recursos, por eso es que crearemos la Empresa nacional del litio». Esto es una decisión que todavía no se ha tomado pero el Congreso dio un primer paso en ese sentido.

En México, el presidente López Obrador (AMLO) considera que la cifra actual puede superarse, tendría reservas por encima de lo estimado por los organismos americanos. Se dice que prepara una reforma energética, una ley de nacionalización del litio con una institución nueva que se ocupe de la transformación del mineral. Lo que sí se sabe es que es hay un interés más allá de las fronteras, la empresa anglocanadiense Bacanora Minerals había descubierto tres años atrás un yacimiento en el norte de México que se consideraba el más importante del mundo. Pero dos años más tarde, el gigante chino Ganfeng, accionista principal, compró la firma Bacanora. Ganfeng es hoy el más grande fabricante de baterías eléctricas en el mundo. Según El Universal, con la nacionalización y control del 54% del mercado, AMLO buscaría que el Estado pueda controlar los precios al consumo.

«Bolivia tiene el salar más grande del mundo.»

Esa frase ya no tendría sentido. Porque voy a decirles algo realmente inesperado. Se habría descubierto litio en Perú de una gran pureza, y «el mayor yacimiento del mundo» según la fuente que consultamos. No es broma. Se encuentra en Puno. Por el momento, se calcula en 2,5 millones de toneladas de carbonato de litio. Pero según los técnicos encargados de la exploración, el yacimiento es especial, «está ubicado en un lago prehistórico cubierto de lava, en la zona norte del departamento de Puno (Falchani) y contendría también 124 millones de libras de uranio, que era originalmente el metal que buscaban». Fue casual encontrar litio, buscaban uranio y este está ubicado en Corani y Chaca.

Ahora el anuncio del descubrimiento en Perú obliga a una serie de expectativas y al mismo tiempo, plantea desafíos ambientales, sociales y políticos pues sería un megaproyecto. Hasta hace poco se hablaba del «triángulo», el espacio de yacimientos en Bolivia, Chile y Argentina. Con Perú, la zona va a tener que cambiar de nombre. La mayor mina de litio del mundo estaría en Puno, con una particularidad: es litio en roca, o sea muy dura, a diferencia del litio del triángulo mencionado que proviene de salares. Nos enteramos que la empresa que se ocupa de la exploración es canadiense, y se llama Plateau Energy Metals. Curiosamente, años atrás, un presidente del Perú tenía en consideración ese país desarrollado y envió un embajador político a Canadá. Que yo sepa, ¿por qué no se dijo nunca nada sobre este tema? Nuestros hábitos del secretismo. Pero es inútil, ahora me entero por los periódicos internacionales y no nacionales de esa gran noticia —el yacimiento más grande del planeta—, la dio a conocer la cadena internacional Deutsche Welle, que emite en 30 idiomas, en agosto del 2018. ¿Por qué este interés desde Alemania? Ocurre que en Europa pasar a automóviles eléctricos forma parte de la transición energética con la que se ha comprometido. Las baterías funcionan con litio entonces es decisivo tener donde abastecerse. Pero los alemanes no esconden los problemas sociales y ambientales que plantea la explotación de un megaproyecto como este. «Puno es uno de los departamentos más poblados del Perú, y la zona norte, la más pobre del departamento, con alta desnutrición infantil». El litio es una riqueza pero «su producción es algo muy sucio», resalta la politóloga Bettina Schoor, también  directora del Programa sobre Desarrollo Sostenible y Desigualdades Sociales en los Países Andinos. Concuerda con la socióloga Narda Henríquez, de la Universidad Libre de Berlín, en cuanto al impacto sobre las poblaciones locales. «Las autoridades y comunidades locales van a estar muy pendientes de cómo va a afectar el proyecto a la salud, el agua y la producción agrícola local». Ambas lamentan que en materia de inversiones mineras se ponen por delante los beneficios a corto plazo para la comunidad y no unas estrategias de sostenibilidad y superación de la desigualdad. Sí pues, un regalo celestial, litio como oro, pero se necesita enfrentar lo duro, lo que es resistente, compacto y trabajoso. Eso es lo peruano. Testarudo, obstinado por lo de indio que tenemos. ¿Se puede esperar mucho del litio?

Comparación con ‘la era del guano’

Se ha hablado de este milagro en nuestra historia y si ha tenido usted, amable lector, un buen curso de Historia, sabe que se le ha llamado «la era del guano». Es el periodo de auge posterior a la Independencia que va de 1840 a 1870. La economía se había hundido tras diversas guerras de caudillos. Asaltaban las haciendas para alimentar soldados y oficiales improvisados. Ese excremento, el guano, que se depositaba naturalmente en nuestras islas —las Islas Chincha— muy cercano a las playas, resultaba ser un fertilizante. Iba a ser un giro. El descubrimiento se lo debemos a Alexander von Humboldt que había enviado muestras a laboratorios alemanes en 1882. También llegaron a Estado Unidos y Francia.

Resulta que el guano contenía nitratos y fósfatos. Y vino la hora de exportarlo. En 1841, en el buque Bonanza se envió el primer cargamento hacia Gran Bretaña y poco después, se despacharon 22 barcos hacia Francia, Alemania, Bélgica. La revolución industrial en Europa había disminuido la población agrícola. Había que producir más y mejor y el guano venía a tiempo para salvar la producción de esos países (Cf. mi libro,  El águila y el cóndor, 2019, p. 164). El precio oscilaba ente 25 y 28 libras esterlinas la tonelada. Por supuesto, en la venta del guano, hubo consignatarios y comerciantes que se volvieron acauladados. Los primeros en Lima y Perú —Candamo, Francisco Quirós, etc—, la primera clase que no era de la nobleza sino del negocio y dinero. (Para conocer más, puede leer «La república oligárquica (1850-1950)» de Juan Luis Orrego en Historia del Perú editada por Lexus, pp. 832-970).

Como se nota, nuestra historia peruana conoce momentos excepcionales como fue la era del guano. Conviene compararlos, la prosperidad de la exportación a una Europa necesitada de fertilizantes pese a su lejanía, en las islas peruanas de la costa Pacífica. Ese fue el país de Ramón Castilla que pudo, por primera vez, en 1846, hacer el primer presupuesto del Estado,  dos décadas después de la Independencia. Más tarde, en 1864, el venturoso guano contribuía en el 80% de los ingresos. Es el resultado de la explotación vuelta exportación. Fueron los días en que Ramón Castilla abolió la esclavitud de la mano de obra venida del África. Mediante remuneraciones, pagos, los volvía libres. A la vez, los negocios de los consignatarios continuaban, hasta 1868. Tiempos de Castilla, Echeñique, Balta, Piérola y Meiggs, los historiadores los llamaron «la oligarquía del guano». ¿Y en qué se gastó esa enorme riqueza? Fue un periodo de crecimiento de los distritos de Lima capital: grandes avenidas, balnearios, locales para el teatro, el Palacio de la Exposición en 1860. Corría una fiebre de ferrocarriles, hicieron uno para unir el Sur, Puno, Arequipa y Mollendo. Y los hubo también en Chiclayo y Trujillo. Entre los partidarios de la vía férrea estaba Henry Meiggs: famoso por inescrupuloso.

La ‘fiebre modernizadora’ —así la llama Juan Luis Orrego— se extiende en el tiempo hasta Leguía, presidente. No solo carreteras para Lima sino en la sierra, como en Huarca. Esta es acaso la Lima que no vio Ricardo Palma: la llegada de los chinos para los trabajos rurales, luego una masificación de gentes que se llama criolla y emerge en el campo de la cocina, el lenguaje y el vals (Felipe Pinglo Alva), y sectores populares diversos.

Fin de la era del guano. El Perú contemporáneo. Los gobiernos de Odría, con cierta bonanza. Belaunde, Velasco y la reforma agraria, luego elecciones y crisis políticas, el país se  divide, diversas mentalidades y formas de vivir se instalan, diversas elites económicas, intelectuales y políticas. El nacimiento de las clases medias, la informalidad y los negocios familiares. La transformación del rostro de Lima tras la migración de la población andina. La distancia de los partidos ante los peruanos del pueblo que moviliza a nuevos grupos y actores como Sendero Luminoso. En resumen, no anticipamos el futuro.

Entonces, una sola pregunta. ¿No será el litio, como lo fue el guano, un ingreso excepcional para el Estado y la empresa privada para modernizar el Perú? Se trata de no perder esa extraordinaria oportunidad. Sinceramente veo unas cuantas posibilidades:

1. Lo primero que cuenta es la salud de la población. Desde la infancia se la debe proteger.

2. Luego, educación de calidad y gratis. El gran defecto de nuestra educación se encuentra en la secundaria, muy lejos de la que tienen los países vecinos. Si no se tiene  una buena preparación en la secundaria, los alumnos no pueden profundizar asignaturas o disciplinas, y es eso lo que ahora produce resultados temibles. Millones de nuestros jóvenes con secundaria completa no pueden entender un texto ni escribir uno racionalmente construido, lo que los norteamericanos llaman un paper.

3. Si nuestra patria está en condición de crecer enormemente debemos entender que lo primero que hacen los países en construcción es unir a la nación. Nosotros no hemos articulado nuestro enorme territorio con la infraestructura necesaria y tenemos gigantescos problemas. No tenemos un ferrocarril a lo largo de la costa y en los Andes. Los peruanos no conocen su país. Ni tampoco el Cusco y las obras de los antiguos incas, ni Machu Picchu. Tampoco los pueblos de Piura ni los que rodean el lago Titicaca. No somos todavía gente de una nación.

4. Estamos en un gran continente. Lo llaman Indoamérica, América Latina, pero está al borde del Oceáno Pacífico, lo cual significa que nuestra costa debería estar llena de grandes puertos porque, al frente, del otro lado del inmenso oceáno, se encuentra el Asia, el Japón y Corea, pero sobre todo China, una potencia industrial y comercial. Nosotros podemos ser el punto de pasaje entre el Asia y Brasil, los países que nos son más cercanos. El mundo se mueve y está modificando las fronteras. Deberíamos tener más carreteras, las que necesitan nuestros campesinos para sacar su producción de las grandes cuencas y valles de los Andes. No necesitamos de alimentos ajenos en teoría. Podemos ser una de esas naciones que, además de alimentar su población, puede exportar y contribuir a vencer el hambre. Como es el caso cerca de Argentina, Estados Unidos, y mucho más allá, Francia, pero hay muchos más países exportadores de alimentos.

Tenemos un pueblo con una herencia técnica para lo agrario y una gran variedad de climas, solo nos falta una cosa: sacar nuestros productos de las cuencas y valles del país sin infraestructura. El dinero que el Estado pueda recibir con el «litio providencial» es un regalo que viene de los cielos. Y estos no perdonan: no hay que perder una gran ocasión que nos saque de pobres. El litio es oro, lo dice gente sabia. Dos vicios nos amenazan: primero el robo del burócrata. Segundo, dejar la acción para después. Pero podemos evitar el cinismo y la flojera.

Publicado en El Montonero., 30 de mayo de 2022

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Las dos Américas de Octavio Paz

Written By: Hugo Neira - May• 24•22

Unas frases de Octavio Paz —el gran mexicano que se ocupó no solo de su país sino también de nosotros, es decir de la historia de Latinoamérica y lo que somos—, es lo que hoy regalo a mis paisanos. Un breve párrafo que nos dice sin embargo algo muy importante. Estamos en este lado del mundo que llamamos Sudamérica. O Iberoamérica. O América Latina, un enorme continente. Pero lo que dijo en unas líneas el gran pensador que es Octavio Paz me llamó la atención y me estremeció como supongo le ocurra al amable lector: América Latina —donde nacimos y vivimos— tiene aspectos radicalmente diferentes de Norteamérica y Europa. Sinceramente, no nos sorprenderá la lejanía geográfica del Viejo Continente, pero a lo que inmediatamente Paz nos enfrenta es lo mucho que nos diferencia. He aquí las inmensas diferencias.

Dice Paz que «el nacimiento de los Estados Unidos es un hecho histórico de significación opuesta al nacimiento de la América Latina. Los Estados Unidos nacieron con la modernidad: la Reforma, el individualismo, la Enciclopedia, la democracia, el capitalismo. Nosotros nacimos con la Contrarreforma, el Estado absolutista, la teología neotomista, el arte barroco Esta breve observación es cierta. En los países europeos, los que se hicieron protestantes se desarrollaron rápidamente, por ejemplo los Países Bajos y luego Alemania, por lo visto con una ética exigente. Solo Dios perdonaba (no perdonaba un cura), y acaso esa diferencia fue lo que produjo comportamientos de una austeridad feroz pero eficaz: el primer capitalismo en Inglaterra y poco después, el ingreso a la revolución industrial. Eso no ocurre en ninguna república latina de las nuestras. Nosotros compramos trenes, rieles, pero no los fabricamos. En otros continentes —por ejemplo, en el Asia—, ellos sí han entrado a ese sistema productivo.

Pero volviendo a Octavio Paz, nos dice que «las poblaciones autóctonas fueron siempre  muy importantes y, con la excepción de Argentina, Uruguay y Chile, lo siguen siendo. En cambio, en los Estados Unidos y en Canadá los nativos fueron exterminados o marginados. También la Independencia de las dos mitades del continente fue diferente.» Y prosigue con algo muy importante.En la América del Norte, «los Estados Unidos comenzaron como pequeños núcleos de colonos unidos por vínculos religiosos; vivían en el noreste y más tarde se extendieron por todo el norte y el oeste del continente hasta convertirse en un gran país. El nacimiento de los países de América Latina fue ante todo la consecuencia de la decadencia de España y de la disgregación de su imperio». Y sobre este punto, Paz precisa: «El movimiento histórico de los Estados Unidos no sólo unificó a muchas regiones y territorios sino a distintas comunidades y culturas. En cambio nuestra Independencia fue el comienzo de la dispersión. El caudillismo fue determinante en la atomización política de América Latina. Nació en las guerras de Independencia y prosperó en las guerras civiles del siglo XIX

Esta visión de las dos Américas se puede encontrar en sus Obras completas. Ideas y costumbres I. La letra y el cetro, FCE, México, 1995, pp. 109-110. No estoy en Lima pero siempre llevo conmigo los seis volúmenes del mexicano. A mí me parece el mayor pensador de este continente porque no estaba en eso que yo llamo las cárceles del pensamiento. Paz no creía en ninguna de las ideologías, era un hombre libre.

Pero algo más importante aún, es tiempo que recordemos a un filósofo. Uno entre muchos, Inmanuel Kant. Cuando le preguntaron qué era su ética filosófica su respuesta fueque tenía un principio moral,  sapere aude,  que significa «pensar por sí mismo». Si uno encuentra una verdad, que la diga.  Eso es el pensar  por sí mismo.

Algo más sobre América. Para la Independencia en el lado Norte, hubo un Thomas Jefferson, el autor de la Declaración de la Independencia, un George Washington, Thomas Paine que llegó de Inglaterra con un folleto de 50 páginas. El Common Sense. Respecto a las Independencias del Sur, una pregunta de imposible respuesta: ¿por qué Bolívar y también San Martín tuvieron que irse pese a las batallas victoriosas? Y ¿por qué se marginó, después de la Independencia, a todo lo que era indio? Entre tanto, los norteamericanos —con Andrew Carnegie, un magnate del mundo de la empresa y filántropo venido de Escocia y de familia muy pobre— levantaban unas fábricas de hierro y acero, las más grandes. Y luego Carnegie recorre todos los Estados Unidos y financia bibliotecas por toda la nación. ¿Se hizo alguna vez algo para la masa de los indios peruanos? Solo sirvieron por tres siglos. Siervos de los gamonales. Hasta 1969.   

Todo esto para decirles que veo mucha gente que quiere partir, en especial a los Estados Unidos e imitarlos. Los comprendo, es seductor estudiar o vivir en esa sociedad del norcontinente. Lo conozco, era mi ruta cuando dejaba las islas de la Polinesia camino a Europa, un viaje directo era imposible. Pero no es fácil ser norteamericano. Por una cosa que los historiadores llaman la historicidad. Eso que se forma con la edad, desde pequeño y durante toda la juventud. Hay estudios que muestran que lo que toca la identidad no siempre despierta otra formar de vivir. (Diccionario de teoría crítica y estudios culturales, Paidós, 2002)

Sobre los latinoamericanos estudios hay. Como los hay sobre la India y la filosofía africana. Pues bien, así como existen estudios bíblicos, es hora de tener una filosofía política para los pueblos de la América del Sur y América Central. Nuestros países provienen de colonias y por lo tanto, no nos desprendemos de la mentalidad que no es para esta época. Nuestros antropólogos saben, por sus estudios culturales, del peso del poder patriarcal indígena o del poder colonial como si estos fueran tiempos de virreyes. Otro mexicano, Leopoldo Zea, tiene un estudio de 1986 al respecto: América Latina en sus ideas. Lo mejor es no copiar ni a Europa ni a otra civilización. Por ejemplo, Europa ha producido el filósofo Derrida, que se ocupa de la deconstrucción, lo cual no tiene valor alguno.

Esto de una filosofía en la que ingresaría una ética, conociendo nuestras sociedades, sería mejor que imponer leyes y reglas sin conocer a quienes se les pide cumplirlas. En París, estudiaba diversas disciplinas pero se me impuso un curso de filosofía. Mi profesor, Lucien Goldmann, era rumano-francés. Era marxista pero se volvió profundamente hostil al estalinismo. Para Goldmann, la filosofía y los sistemas políticos deben de considerarse, como la vida misma, algo específico. Y dejó el marxismo porque no era el sistema adecuado. No lo olvidé nunca. La apariencia asemeja los problemas humanos pero en la práctica, los que surgen son diferentes. Entonces solo con militares se sostenían las naciones controladas por la Unión Soviética. Goldmann no volvió a Rumanía. Murió en París en 1970. En su último libro, se ocupaba de sociología y literatura. Por ser más humanista.

Publicado en El Montonero., 23 de mayo de 2021

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El Perú inacabado

Written By: Hugo Neira - May• 16•22

Nos preguntamos por qué nuestras democracias son inestables y pasan fácilmente de regímenes autoritarios a otros, a lo que llamamos ‘regímenes híbridos’. Los regímenes autoritarios lamentablemente llamaron la atención de Raymond Aron en 1965, y en 1975, el politólogo Juan Linz estableció una tercera categoría, los ‘regímenes híbridos’. Se repiten en todo el enorme territorio de América Latina, al punto que un escritor la ha llamado ‘América ladina’, y es que no podemos evitar de pensar en los poderosos carteles de la droga en México, el tráfico de cocaína en Bolivia, Perú y Colombia, rumbo a Estados Unidos o hacia Europa y, además, en la corrupción de aquellos que llegan a la cima del poder gracias al voto y se hacen ricos en países de miseria colectiva. Con lo cual millones de ciudadanos pierden la confianza en la clase política y en el sistema democrático, que hace más pobres a los pobres. Y con gran cinismo fabrica ricos de un día para el otro.

Pero soy peruano y me digo que hay un malestar que proviene de hace dos siglos. Por cierto, lo que fue la Independencia no lo pongo en cuestión pero tenemos que comprender que no éramos la Europa de las Luces. Detrás de los independentistas, no había un Voltaire, un Montesquieu, un Rousseau, su cosmopolitismo y unidad europea. Francia, Inglaterra, Alemania y su genio filosófico. Ellos no se tomaron sino como una comarca. Hacían arte en plena revolución, los cuadros todavía se pueden ver. Por un momento, al rival de siempre —los ingleses—, los franceses los encontraron ilustrados. Su tierra era un isla dichosa, un país de la abundancia. Cuando pasaba por Londres, Voltaire encontraba a Locke, el filósofo, elegante, y no se cansaba de decirlo. En realidad, la Inglaterra del siglo XVIII tenía una buena reputación pero los ingleses habían cambiado su sistema monárquico por uno con una cámara política, el parlamento, eso que los reyes franceses y su aristocracia obstinadamente se negaron a hacer y ya sabemos los resultados: 1789, la Revolución Francesa.

Volviendo al Perú, como es sabido, en primer lugar  tuvimos precursores y republicanos, Baquíjano y Carrillo y sin duda José Faustino Sánchez Carrión. Los liberales peruanos, los primeros políticos y pensadores. Y luego los diversos enfrentamientos de hombres de a caballo: Gamarra, Castilla, Echeñique. Y luego Nicolás de Piérola, Manuel Prado, la aparición de un Partido, el primer civilismo. Y fue en 1870. Pero en los albores de la joven república del Perú, la mayor parte de la población estaba excluida. Los caudillos los había para los hacendados, los comerciantes, los banqueros. Dicho de otra manera y con claridad, la política era solo para la gente de las clases altas. Después de la Independencia,  se ensanchó el Perú republicano y formó dos países: el de los blancos y el de los indios o hijos y nietos de la herencia (sangre y cultura) del imperio Inca. Hay que reconocer que en el tiempo de la dominación hispana, hubo una élite india, una nobleza. Con los indios, en la época virreinal hubo un trato de noble pese a que la colonia extremaba en el trabajo excesivo de los indios. La Independencia borra a los nobles indios bajo el pretexto de igualdad. Perdieron todos sus derechos. En realidad, la Independencia fue solo una ruptura. No hubo ninguna modificación para incorporar tanto a los descendientes de los indios como a los blancos que no lo son del todo.

El Perú es visiblemente una república no construida que sigue dividida por el color de piel. Han pasado dos siglos y

– no somos una república unitaria sino de dos pueblos.

– el Perú no es todavía una nación sino un territorio de pueblos diversos. De esa manera, no se tiene lo que se llama conciencia de nación, ni metas para su futuro inmediato.

– en dos siglos no se ha podido construir tampoco un Estado con un ordenamiento legal que sea respetado. Ni hemos conseguido que la autoridad legal logre la defensa de los derechos que en democracia se otorgan.

Ni nación, ni república, ni Estado moderno que se ocupe de la sociedad peruana como debe ser y no para poner los intereses personales o los del parentesco primero. Lo que debe contar es el bien común. Todo está por hacer. No perdamos otro siglo. Hay que elevar el saber de los cholos y los indios. Educación de calidad sin costo. Y dejar de lado las diferencias culturales o étnicas. Hay países que son multiculturales y son potencias como Canadá o la India, la China misma, los Estados Unidos donde la inmigración los hizo más fuertes. Debemos respetarnos de peruano a peruano. Ser una comunidad, una fraternidad. Nos iría mejor.

Publicado en El Montonero, 16 de mayo de 2022

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El estadista es fundamental para la época que viene

Written By: Hugo Neira - May• 09•22

Cuando se me ocurre una columna sobre la actualidad peruana, suelo acudir a lo que ya escribí para no repetirme. Y de paso, suelo lamentar la vigencia de nuestros problemas. Así que le entrego al amable lector unos párrafos de mi libro de comparatismo, El águila y el cóndor, publicado hace tres años y que circula en las librerías limeñas y mexicanas.

 ¿Cómo podemos hablar de servidumbre voluntaria en el Perú cuando las adhesiones a los tiranos son de corto plazo? Los grandes pueblos, ha dicho Churchill, son ingratos. […] En el caso del Perú contemporáneo, la volatilidad de las clientelas y los beneficiados. En el Perú del siglo XX nada dura. Ni democracias ni regímenes autoritarios. Al oncenio de Leguía le sigue el ochenio de Odría. El velascato fueron siete años. El fujimorismo, 1992, tras el autogolpe, al 2000, ocho años. Al tirano de turno cada vez se le acorta el tiempo. También el mandatario demócrata. Cinco años como mucho. Y llegan plebiscitados y se van cabizbajos. No me hagan explicar por qué. Todos lo sabemos. Queremos gobiernos y no queremos gobiernos. Somos alguno de los pueblos más pedigüeños de la tierra, ‘peticionarios’ dicen los mexicanos. Y a la vez, uno de los más ingratos. Al tipo de régimen que tenemos y que no hemos inventado, se le llama presidencialista. Pero eso será en Washington, en nosotros es una etiqueta. La realidad es otra. Un Jefe de Estado en Perú es un hombre muy ocupado, pero no en los grandes proyectos de desarrollo sino en su propia supervivencia.

«Voy al Golgotha», decía uno de nuestros mandatarios al ir cada mañana a su despacho, precisamente uno de talante democrático. Su primera ocupación fue llegar al fin del mandato, lo cual no es sencillo. Terminada la contienda electoral, y concluido el «discurso del salvador de la patria» que todos lucen antes de subir al trono, pasado el tiempo de «ponerse al corriente», y tomando en cuenta la agresividad latente del contexto incluyendo los cercanos colaboradores, el presidente, a la vez víctima y verdugo, comienza a prever quién será su posible sucesor, es decir, el enemigo que lo perseguirá inevitablemente. No hay presidente peruano que en el curso de su mandato no haya sufrido de la paranoia del poder. Paranoia, «sentirse como perseguido». Lo que provoca como enfermedad «la hipertrofia del yo». No es necesario mencionar nombres propios. Los últimos casos son de todos conocidos.

¿Cómo no emplear buen tiempo de su gestión en descubrir maniobras y emboscadas incluso entre sus ministros? Todo esto antes de sumirse en la indiferencia absoluta del que dejó el sillón para siempre. No hay Concejos de expresidentes, los tiene México, los Estados Unidos. Nosotros no. En el Perú estigmatiza tanto subir al poder como dejarlo. A diferencia de México, no hemos tenido ni por milagro, ese culto al Señor Presidente de los mexicanos.  (El águila y el cóndor. México/Perú, Universidad Ricardo Palma, Lima, 2019, pp. 400-401)

¿Y qué pasa en otros lugares? He recibido un mail de Europa, de Nelson Vallejo-Gómez, ciudadano francocolombiano como yo soy francoperuano, un pie en sendas culturas. Cuando estuvo en Lima, hicimos diversas maniobras para hacer llegar al Perú a Edgar Morin, un hombre de enorme sabiduría. Yo estaba de director de la Biblioteca Nacional y Nelson funcionario de la Embajada francesa. Morin habló en varias universidades peruanas. Hoy Nelson tiene un cargo administrativo muy alto en París. Me estoy olvidando, pudimos invitar también a Serge Gruzinski que escribe grandes libros que dan la vuelta al planeta. Ahora en su mail se ocupa nada menos que de Michel Wieviorka, presidente de la Asociación Internacional de Sociología. Y es director de la EHESS (Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales) en donde se forman los especialistas del mundo entero.

Yo obtuve en dicha institución mi grado de doctor en Ciencias Sociales, en el sistema francés la sociología no es una sola disciplina sino muchas otras, incluyendo filosofía. ¿Por qué esta respuesta por mi parte? El profesor Wieviorka aprecia al presidente Macron, pero le reprocha un «populismo singular». Apenas una idea mía, junto con mis saludos: creo que todo irá bien con Macron. En los países avanzados, no se le da el poder legítimo como sí lo dieron los 32 millones de peruanos a cualquiera que se presenta.

En líneas por venir, me extenderé más. Es cierto que de los grandes estudiosos muchos han perdido la confianza en los políticos. Cualquier país europeo, y en especial los que creemos más potentes, tiene dificultades ante las mutaciones de la economía nacional, europea y la economia mundializada, es algo que atrae a los posibles regímenes tiránicos. Yo le diría a Wieviorka, que me parece no solo un docente de alto vuelo sino valiente, que para el puesto de Presidente, creo que Macron tiene el carácter y el genio de quien deberá enfrentar los grandes desafíos que se vienen, y como estadista, los cambios probablemente difíciles pero necesarios e impostergables. Yo creo que varios de los grandes presidentes anteriores de Francia —Hollande, Sarkozy, Chirac, Mitterrand, etc—, sin duda fueron exitosos, pero la política era más serena, repetitiva. Y lo que se viene, es otra cosa.  ¿No sería mejor alguien que es parte del modelo con los mismos comportamientos? Por Macron votaron porque no tiene partido. ¿Es es algo riesgoso? ¿O al revés, los ciudadanos ya no creen mucho en los políticos? Los grands enjeux (lo más grande que está en juego) no estarán solo en la racionalidad sino también en lo que toca a los sentimientos, el amor a Francia, por ejemplo. Será la cultura francesa que con Macron salvará a Europa, y entonces, algo que va más allá del Estado.

Entramos en otra era. Es otra modernidad. Por eso, un personaje como Macron sabe lo que se puede hacer, pero no es solo la razón lo que salvará ese lugar del mundo.

Publicado en El Montonero., 9 de mayo de 2022

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«Perú Integral Bicentenario»

Written By: Hugo Neira - May• 02•22

Un gran libro, que recién leo, de Dammert Ego Aguirre, en Santiago. El Perú visto por sus cuatro ángulos, alguno de ellos cuando el autor lo ve como un «Perú integral», como «una comunidad nacional entre dos repúblicas» (página 584). Este libro lo llevé a Santiago en una maleta para saber qué pensaba de nuestra querida sociedad con un «Estado mafioso», lo que Sinesio López denomina «Estado cleptocrático patrimonial». Y recuerda que Francisco Durand, desde lejos, señala la captura del Estado por los privados de tres economías cruzadas: el Perú «formal, informal, y delincuencial».  

Como se nota claramente en estos últimos meses, envío a mis amigos y a los que me siguen mis cortos resúmenes de pensadores críticos, por los grandes defectos de los actuales «dueños del Perú» de esta época de nuestra historia. Ocurre que el libro de Dammert estuvo entre los últimos que había metido entre otros. Lo he hojeado al principio y leído la presentación del autor. Desde mi casa chilena quise llamarle por teléfono para felicitarlo, y Claire me dice: «- Pero si está muerto». No lo sabía. Luego me entero que se lo llevó el Covid-19. Qué lástima. Qué gran pérdida para el país.

Perú integral Bicentenario. El título es ancho. Civilización, territorio, nación, y república. Y el autor habla, con evidente razón, de un horizonte programático. Y por mucho que fuese un hombre de izquierda, varias veces diputado, fue un docente de la Facultad de Ciencias Sociales de  San Marcos que participó en 19 foros para intentar un amplio descentralismo de 1990 al 2001.  Otra estructura en el territorio de nuestro país. Para ello, lo que me parece decisivo es que uno encuentra, en unas 600 páginas, un repaso de nuestra historia, el mundo andino, los territorios cuando Perú era parte del Imperio, soberanías, ciudadanías —como sabemos nada fácil por nuestra diversidad pluriétnica— o periodos históricos como «1870-1926- De Túpac Amaru II a Bolívar» (p. 123), y después de Mariátegui. Dedica una sección a la «Colonialidad del capitalismo mundial y los inicios de la Patria Grande latinoamericana» (p. 91).

Voy a ser más sincero. Rara vez se ha hecho tal resumen que, diría, no es un libro solo sino varios, veinte capítulos en los que no se le escapa lo particular, lo mal que le fue a Túpac Amaru ante los ejércitos borbónicos —esos que todavía no conocían a Bolívar o San Martín— y no por eso explicarnos el rol de los grupos lobbystas, las elecciones y el régimen fujimorista, el petróleo y el gas, el agua y la minería, la Megarregión del Amazonas y otras, las vulnerabilidades, el riesgo de que la nación se quede sin seguridad energética.

Es muy posible, sabiendo el espacio político en el que se movía Dammert, que más de un ciudadano crea que ese libro es uno más al lado del marxismo u otra ideología propia a un sociólogo como ese autor, con talento de ingeniero. Pudo ser una retórica que ya se conoce. La verdad, me impresionó que comenzara el libro con la «Base andina civilizatoria autónoma». Y luego pasa del virreinato del Perú a la Independencia Continental y se ocupa de los criollos y la «nación mestiza».  Y algo que para mí es decisivo: la nación peruana y una república con un demos, o sea pueblo que tenga educación que  permita la emergencia de los hijos de la patria, para escalar a los estamentos más altos en el saber, y la voluntad de dejar una nación dividida por prejuicios étnicos. Una república democrática no se puede hacer con dos mundos que no se conocen, criollos y cholos, que no son todavía hermanos e iguales. Sin embargo tenemos por nuestras diferencias de piel, de estatus social, una gran riqueza, desde la música, la poesía, el arte, y grandes creadores. La heterogeneidad es estupenda, qué importa, pero para tener un Estado-Nación, todos debemos cumplir por igual las leyes de nuestro país sin que eso nos vuelva tontos. Las grandes naciones son las que tienen culturas diversas, por lo general, muy distintas unas de otras. Pero lo que tienen de bueno es la formalidad, y la honestidad. En los intercambios y la manera como el mundo se modifica, todas esas potencias tienen una ética. El progreso tiene ese precio, algo moral sin lo cual, por muchas minas y otras riquezas, no saldremos de este desorden ni en un milenio.

El libro es tan pleno de ideas y cosas ciertas que pienso que no estuvo solo. De hecho, en los créditos, aparecen los miembros de su equipo de apoyo: José Gabriel Lecaros, Rubén Castillo Ventura, Humberto Cortés, José Manuel Delgado, Alejandra Dinegro, Luis Enrique Pérez, Yorka Gamarra Boluarte. No los conozco personalmente. Nos encontraremos en Lima. A todos un sincero aplauso por una obra de gran calibre. Bravo.

Si los peruanos tuvieran en sus manos esa obra, tendrían la posibilidad de un horizonte programático. Comiencen por leerlo y se conectarán entonces con lo real, lo posible, que es lo que estaba en el alma del autor. Desconocer este libro es un pecado contra la patria. (Perú Integral Bicentenario: Civilización, territorio, nación, república. Horizonte programático de la República de Ciudadanos, autor y editor Manuel Dammert Ego Aguirre, Lima, 2014. ISBN: 978-612-46670-1-5). Libros como este hay uno por siglo. No es la muerte la que gana. Si usted no lo lee, gana el silencio, la flojera peruana, la vanidad de creer que yo ya lo sé todo.

Publicado en El Montonero, 2 de mayo de 2022

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