El pasado 11 de marzo asumió el poder en Chile el joven Gabriel Boric, de 36 años, un caluroso día que congregó muchísima gente en la Plaza de la Constitución, en Santiago. El más joven de todos los presidentes chilenos. ¿Quién es Boric? Viene de las protestas estudiantiles de la década pasada. Nacido en Punta Arenas (Magallanes) en 1986, hizo estudios en Derecho en Santiago, en la Universidad de Chile. Destacó como líder estudiantil en las protestas que estallan al final del primer gobierno de Michelle Bachelet, y sucede a Camila Vallejo en la presidencia de la Federación Estudiantil de Chile. Figura política emergente, es candidato a diputado por su región en la categoría de independientes, y es elegido por 4 años en el 2014, y reelegido en el 2018. En tanto que diputado es como llega a las primarias de la izquierda chilena. Es candidato por la coalición Pacto Apruebo Dignidad, siendo el más joven de todos los aspirantes en las elecciones del 2021. Se impuso en la segunda vuelta de diciembre y asumió este viernes la presidencia. Boric pertenece a Convergencia Social, un partido político de izquierda vinculado al Frente Amplio.
Esa coalición, Apruebo Dignidad, se forma el 11 de enero de 2021 para enfrentar las elecciones de convencionales constituyentes. La integran Chile Digno, representado por el comunista Daniel Jadue, y el Frente Amplio, representado por Gabriel Boric. En las primarias internas de julio pasado, Boric se calificó para representar a la izquierda en las elecciones generales. Para entender el proceso de renovación de la política que ocurrió en Chile, es importante recordar la composición de sendas coaliciones en competencia.
– Chile Digno —denominado antes «Unidad para el Cambio»— juntaba el Partido Comunista, el Partido Igualdad, la Federación Regionalista Verde Social. Y movimientos como Izquierda Libertaria, Acción Humanista, Izquierda Cristiana, etc.
– Frente Amplio sumaba a Nueva Mayoría (ex Concertación), Convergencia Social (el partido fundado en el 2018 y presidido por Boric), Revolución Democrática, Izquierda Autónoma, Igualdad, Ecologista Verde. El Frente Amplio nace con el objetivo de transformar el escenario político chileno, lograr una democracia participativa y un nuevo orden social más inclusivo.
Ese día, el joven presidente Boric busca el contacto con la gente, saluda dando la mano o con gestos diversos. Pese a que sus detractores lo relacionan con políticos de izquierda del continente, Boric ha condenado públicamente los regímenes de Venezuela y Nicaragua. En chile hay no solo partidos sino organizaciones múltiples y masivas. Cuando le preguntan por qué, la respuesta es la «lucha social».
Esa tarde del primer discurso presidencial, en la Plaza de la Constitución, muchos chilenos y chilenas se reunían en un ambiente de fiesta patriótica para ver el nuevo presidente que se desplazaba en ese instante en un helicóptero. Yo estuve ahí algunas horas. No era un mitin sino el deseo de conocerlo de cerca. Una plaza y una sociedad, había desde gente mayor a niños que escapaban a las madres, y vueltas y desenvueltas para que bajase a tierra. Luego entró al edificio de La Moneda y desde una ventana en los pisos superiores, hizo lo que viene a ser un primer encuentro con el pueblo. Y acaso, en ese momento, creo que he entendido. Trataban de ver al nuevo presidente porque le tienen confianza. No son las coaliciones, o los partidos, lo que produce esa actitud. Lo ven todavía tan joven, entonces, tienen la esperanza de otro Chile, más fraterno y solidario entre ellos mismos. La confianza en una generación que ha estudiado y desea desempeñarse sin dolor ni sangre innecesarios. La verdad, he asistado a otros encuentros de dirigentes y masas —a Perón en Buenos Aires o Fidel Castro en Cuba—, pero esta vez, era algo como el fin de una época. Ojalá sea para mejor, de todo corazón. Ceremonia con naturalidad. Sabemos que gobernar el Estado no será sencillo, él mismo lo ha dicho. Pero cuando un pueblo se reconoce a sí mismo, en gran parte encumbra a alguien como debe ser. No tiene importancia que no se ponga una corbata pero, como muchos, estoy fascinado por la idea de un gobierno diferente.
Es algo que ocurre en el espacio postsoviético. ¿Sabe, el amable lector, que Moscú formaba parte, antes de la invasión, de algo llamado la Comunidad de Estados Independientes (CEI)? Luego de la celebración del Foro Económico Internacional en San Petersburgo, el 4 de junio de 2009, un periódico moscovita la daba por fenecida. El Foro —dice el historiador Charles Urjewicz—, con el paso de los años, se había convertido en una «cumbre informal» de los dirigentes del espacio postsoviético. Si esa entidad contaba con la presencia de jefes de Estado de otros continentes como Gloria Arroyo, presidenta de las Filipinas, solo se desplazaron algunos jefes de Estados de la CEI. Esa celebración, el presidente armeniano y azerí la aprovecharon para reanudar negociaciones sobre el conflicto del Alto Karabaj (territorio de Azerbaiyán poblado mayoritariamente por armenios, y que era objeto de un conflicto armado).
Hay más. Los países que eran parte de la Rusia de antaño y luego de la CEI se han visto duramente golpeados por los efectos de la crisis, su producto nacional bruto había caído un 10% en los primeros meses de 2009. Traslado lo que observaba el historiador, evoca los cierres empresariales y las reducciones presupuestarias. Quedaba pendiente para la CEI la tarea de entrar a la economía mundializada. Al mismo tiempo, en la antigua capital imperial, el presidente Medvédev resaltaba la fortaleza financiera de su país ante representantes de los medios empresariales y «economistas venidos de todos los rincones del mundo».
¿Cómo se puede pensar la problemática post crisis desde el sector social? Todo el espacio postsoviético está afectado. Espero, amable lector, que lo mire. Ucrania está a unos 800 kilómetros de Moscú. A los demás territorios, ciudades, fronterizos, se les llama geográficamente Europa Oriental (Bielorusia, Moldavia). Un poco más al oeste están los países europeos que fueron parte de la Rusia en su época soviética, antes de 1991: Hungría, Polonia, Eslovaquia.
Algunas hipótesis
1- Puede que sea un conflicto interno entre el presidente Putin, acaso un choque, y lo que él llama los «oligarcas», cosmopolitas, que ganan tanto dinero que no pueden gozar de sus fortunas, cuando Putin es castigado por los organismos internacionales. Entonces quiere un retorno al pasado, cuando la Rusia del final del siglo XX era un imperio muy parecido a la Rusia de los zares, con emperador, o sea antes de 1917.
2- Pero no es fácil. La invasión militar ha despertado la conciencia de los ciudadanos que vuelven al criterio nacional, quieren tener una emancipación en tanto que nación, estar entre otros 200 Estados, ya quieren dejar de ser parte de un imperio, quieren volver a la patria. Está claro que la resistencia es lo que ocurrió cuando la Alemania e Hitler ocupó territorios de Europa.
Curiosamente, la ideología marxista la dejaron de lado los países en que la nación era fundamental. Parece que esa idea y pasión no ha desaparecido en la vida política y en los actos de los pueblos. Aunque crezca la economía globalizante, el resultado es que los países tienen gustos y culturas distintas. No es acaso una entidad europea pero cada sociedad tiene sus propios criterios y valores.
Diversas maneras de ver la guerra contra Ucrania
El uso de la violencia no parece tener éxito, hay protestas desde todo tipo de instituciones. Es al revés: si se quiere comunismo con armas, no parecen a favor si no hay solidaridad. Ese no es el socialismo de Marx, de Gorbachov. Nos olvidamos que en 1956, Hungría abandonó el comunismo.
¿Qué estamos viendo planetariamente? El comunismo en la Europa del Este se quedó en 1991. Las sociedades evolucionan de manera que no hemos terminado de entender, pero usar la fuerza para encajar a sociedades en mutación es algo que no quieren millones de seres humanos que conocieron el comunismo. La gran fraternidad de Marx no puede imponerse como lo hicieron los alemanes nazis o la barbarie, que no ha desaparecido. Nadie ha hecho más daño que Putin. Nuestra era es tanto de crisis política como del modo de vivir sin el retorno de la barbarie de siempre. En Ucrania, el presidente Volodímir Zelensky, nos dice: «Si Ucrania deja de existir, otros países serán atacados» (Radio Universal de Chile).
1. Para tener buenos resultados en la economía, Ucrania va a preferir alejarse del método comunista.
2. La coexistencia se hace difícil con Estados pequeños que estuvieron unidos cuando la URSS era un imperio, hasta 1991. Hoy, la república checa, Polonia, y Ucrania, pueden tenir éxito.
3- Lo que quiere Putin es volver a un Estado gigante como lo era.
Se llamaba República de Ucrania, su capital, Kiev; superficie de 603’700 km2, población de 44 millones de habitantes. Idiomas: ucraniano (oficial), ruso, turco-tártaro, rumano, húngaro, búlgaro, polaco, alemán, eslovaco, bielorruso, griego. Moneda, la grivna. Es una república unitaria joven, su sistema de gobierno presidencialista parlamentario, con un Jefe del Estado, Volodímir Zelenski, outsider actor de cine elegido en el 2019. Durante los años del poscomunismo, el intervencionismo occidental (Irak, Yugoslavia) rompió los acuerdos internacionales, y la ampliación de la OTAN al Este fue «un error fatal de la política americana desde el fin de la guerra fría», según el americano George F. Kennan, gran arquitecto de la política de contención de la expansión soviética.
La intervención militar de la Rusia actual ha cambiado el juego. Antes de proseguir, conviene saber qué es esa Rusia donde ha desaparecido el Estado soviético en 1991. No ha habido restauración alguna del sistema de la antigua URSS, ni acaso la implantación de un sistema capitalista. El ataque a Ucrania repercute en toda la Europa Oriental. Miren bien el mapa de esa zona cercana a Rusia y Moscú. Ucrania está al lado de Bielorrusia, Polonia, Moldavia, Rumanía, y más abajo, hacia el Mar Negro, Turquía. Más al norte, hacia el Mar Báltico, Letonia, Estonia y Lituania, naciones hoy independientes de la ex URSS, y países limitrófes con la Unión Europa.
Para responder a la pregunta cómo funciona la Rusia de esta época, hay estudios muy claros. Acudo al del CERI (Centre d’Études et de Recherches Internationales) que conozco, le tengo confianza y tengo a la mano la descripción de la Rusia poscomunista. ¿Cómo funciona entonces? En realidad, reuniendo a tres sistemas: la política, la burocracia y la oligarquía, que gira en torno a Putin.
Lo que voy ahora a decir es algo increíble. La clase política rusa, tras modificaciones en el sistema estatal y en los cargos administrativos, pasó de ser funcionarios de la URSS a volverse empresarios durante 15 años. La burocracia por sí misma pasó a ocuparse de la economía. Rusia ha tenido y tiene una rara clase social de burócratas y hombres de negocios a la vez. Es inútil enterarse que la corrupción se ha disparado puesto que los que podían controlarla son los mismos que la adaptan al sistema. Es el triunfo de la «propiedad privada», la posibilidad de intercambios dentro de los lazos familiares y sociales. Se forman redes que son mafias rusas, dice uno de los investigadores, Arcadi Vaksberg (La Mafia russe, Albin Michel, París, «administración sin fin ni ley»), en la página 21 de su texto. Pero hay algo más. La burocracia rusa ha pasado del 1,8% al 4,9%, más que en la sociedad francesa y la americana.
Una de las investigadoras así resume a la Rusia de hoy: «Le triomphe des bureaucraties», y lo firma María Mandras, profesora en la escuela de Sciences Politiques de París. En el equipo de investigación estuvo el sociólogo Igor Kliamkine, vicepresidente de la fundación Mission Libérale, en Moscú. Y Robert Orttung, investigador y docente en el Transnational Crime and Corruption Center, y que es profesor además en la American University George Washington. Y Louise Schelley profesora de Ciencias Políticas en la misma institución.
¿Cuál fue el gran cambio? La reforma estructural. Convencidos del muy alto nivel de corrupción que se había instalado en Moscú y en la inmensa Rusia, la estrategia que se empleó se inicia en 1985 dando paso a la perestroika de Mijail Gorbatchov, sin dejar duda alguna sobre la función estratégica de la administración a todos los niveles de gobernabilidad. Quienes se ocuparon de esa selección fueron los tchinovniki (funcionarios secundarios) que gozaban de simpatía. Pero no era fácil elegir sin hacer un gran daño al Estado tomando en cuenta que las estructuras administrativas habían consolidado los territorios, las poblaciones. Se puede decir, sin faltar a la verdad, que esa capa social de funcionarios formaba una casta, y con los reformadores, después de los comunistas, estaría reemplazada por liberales, empresarios, o sea, para decirlo con claridad, otra «sociedad civil». Como se puede entender, era algo muy complejo. Se podía producir una resistencia entre «reaccionarios» y «modernizadores».
Parece increíble, por supuesto que hubo una trama de interrelaciones y interdependencias personales —como dicen los investigadores—, pero lo cierto es que entregaron la autoridad a los funcionarios mismos. O sea, el viejo Estado soviético se salva «mediante sus propios administradores». Estas modificaciones comenzaron en agosto de 1991 cuando el régimen de Gorbatchov se desploma, y el partido es dirigido por Boris Eltsine.
Hay que tener en cuenta que el federalismo del Estado soviético es también una modalidad de «regionalización» compleja. No deja de ser importante que Rusia comprende 21 repúblicas, 49 regiones (oblast), 6 territorios (krai), 11 distritos (okrug) y 2 ciudades con la calidad de estatus federal. Se comprende entonces que la reforma burocrática tomó unos 15 años.
La Rusia de hoy distribuye a los oligarcas las grandes empresas, los medios de comunicación y la administración local en cada lugar del inmenso país. ¿Pero cómo se puede progresar si la esfera económica está criminalizada? Con la krycha, palabra rusa que significa ‘techo’: quien tiene un gran negocio es protegido si el ilícito es de grandes volúmenes (protection racket). Si el lector de esta nota quiere saber más sobre esta Rusia que no es ni soviética ni la de los zares, puede conseguir La mafia en Union soviétique, de Virginie Coulloudon (J.C. Lattes, París, 1990).
No vivo en Rusia y los pocos sucesos salen rara vez en la prensa mundial —ya lo saben— pero hay algo que me confunde. El presidente Putin mismo los llama los «oligarcas», esos que él mismo ha reunido en esas nuevas condiciones de capitalismo criminal, y los trata de «incapaces», «ineficientes», «reaccionarios», «corrompidos», y probablemente busca otra desburocratización. Rusia no es un Estado de derecho. Putin pertenece a esos países donde manda una sola persona, es un Daniel Ortega ruso. Los diarios de Santiago están llenos de los efectos económicos posibles de los ataques de Rusia cuyo ejército es solo menor ante el de los Estados Unidos. En tanto que poder económico, Rusia es la 11a mayor economía del mundo por su PBI que viene creciendo un 4,7%. Tiene petróleo, «es el segundo mayor productor de crudo del mundo» según El Mercurio del 26-2-22. Es el mayorproductor de gas natural del mundo y principal exportador, con reservas inmensas. No nos confundamos, no estoy diciendo que el comunismo produce más que las democracias, hay que saber el ranking de producción de los principales minerales y metales. Desde el cobalto al cobre o el zinc.
Una opinión personal. La riqueza de Rusia no viene de la ideología de Hegel o de Marx, sino del impulso dado por Lenin. No solo hizo una revolución sino que la gran metamorfosis fue sumar a los poderes de los sóviets el de los bolcheviques que transformaron la sociedad para ingresar a la revolución industrial, como lo explica desde hace años, la profesora y especialista de Rusia, Hélène Carrère d’Encausse. No es solo el partido, es el Estado, un sistema de poder, y millones de habitantes.
¿Qué pasó en este continente nuestro de revoluciones que no lograron acabar con la miseria? Es que no entendemos que un régimen feroz no es lo que produce la emergencia de una potencia. No es solo el genio de la política que tuvieron los bolcheviques en 1917 sino el conocimiento de la modernidad industrial que nosotros no tenemos. Seamos francos, ninguna de las repúblicas de nuestro continente ha salido de lo que somos, vendedores de materias de extracción. Sino seríamos otros pueblos. Otra historia. La Rusia de Lenine creció mirando hacia las sociedades industrializadas, pero muchos de nosotros han creído que solo se necesitaba el poder. En cambio, nosotros hemos perdido a los reformadores, a los intelectuales y sabios, por eso estamos así. Nada bien. No nos hace falta un nuevo orden político-social. Lo que nos falta es una civilización industrial. Seremos libres cuando floten barcos construidos en nuestros puertos, atraviesen los océanos con fletes destinados a otros continentes porque habremos modernizado la agricultura tradicional de los Andes que hoy no puede competir. No estoy hablando de Estados Unidos o de Europa sino cómo, del otro lado del Pacífico, los países asiáticos han modificado su producción, que es la manera de ser moderno. Japón, Corea del Sur y la China son el ejemplo que tenemos del otro lado del Pacífico. Solo entonces habremos dejado el orden colonial que todavía nos domina. Necesitamos una reforma de cómo trabajar, cómo vivir. Todavía hoy hay peruanos que sueñan con ser terrateniente. Y no pongo nombres por no insultar.
Para este lunes, tengo tres temáticas para mis lectores del portal El Montonero de mi amigo y director, Víctor Andrés Ponce. Él me conoce y sabe que me interesan diversas ideas y corrientes intelectuales. Como soy en Europa un exprofesor, me llegan las revistas científicas que debido a las nuevas investigaciones sobre psicología tratan del caso de los más jóvenes que pueden comprender perfectamente, desde los seis años, hasta la filosofía. Esa es la primera noticia.
La segunda es que una modalidad de meditación corre por el planeta, fuera de su lugar de origen, es la meditación budista. Qué lástima que se fuera de este mundo un político que le atraían estos temas, me refiero a Alan García, y su libro Confucio y la globalización, con un subtítulo bien claro, «comprender China y crecer con ella». Por lo visto, ya no son los Estados Unidos el gran país productivo y de emigración que fueron al final de la segunda Guerra Mundial. Yo me he cansado de decir a mis alumnos que si les interesa la economía internacional, es mejor que estudien el chino y no las lenguas que son las de otras épocas. Pero la fascinación americana sigue siendo la más dominante.
En cuanto a la filosofía para escolares, fue la idea del editor Jean-Paul Mongin. Creó una colección —«Les petits Platons»— dirigida tanto a lectores de 9-10 años como a adultos que quieren refrescar sus conocimientos. La colección existe hoy en 26 lenguas (Sciences Humaines n°343, enero de 2022). Su originalidad es permitir a los niños de descubrir a los mismos filósofos como Descartes, Leibniz y Kant, y filosofar desde su corta edad. Había habido antes experiencia de colecciones de libros de filosofía para los menores de edad, es el caso de El mundo de Sofía del noruego Gaarder que fue traducido al francés en 1995, y también una colección de Gallimard —«Chouette! Penser»— que no duró lamentablemente, dice Mongin, pero su colección trae ficciones que hacen eco a los conceptos filosóficos, y la fórmula es exitosa. Ponen portadas como para jugar, por ejemplo, Nietzsche subiendo a un cerro a grandes pasos, o la confesión de San Augustín. Todo esto antes de la secundaria. Conclusión: cada vez más lejos estamos de los lugares donde la filosofía se ha vuelto al alcance de todos. No olvidemos que toda nación necesita una ética en torno a la cual gira su economía y ordenamiento legal.
Tercera temática, ¿qué ciudadanos formamos? ¿Qué sabemos de los niños? Hace 30 años que se estableció una nueva especialidad llamada ‘neurospsicología’ (neuropsychologie en francés). Demoró diez años en desarrollarse en Francia (hay a la fecha 5000 neuropsicólogos) y hoy es cada vez más pedido un balance neuropsicológico tanto de los niños (que no es test de QI) como de los adultos para asegurar un mejor futuro, una mejor orientación en función del perfil de cada quien. Pensando en nuestros déficits en capital humano y educación, no puedo sino recordar una magnífica tesis de un estudiante de San Marcos, Humberto Porras Vásquez, y como asesor, César Germaná. Cómo la «criollada» se vuelve algo más que una viveza, se convierte en achoramiento y arribismo, lo que cuenta es subir, con comportamientos cualesquiera. Tras la omnipresencia de la mentira, sin valores ni principios, sin otra preocupación que subir, ascender a como dé lugar. Esa tesis es lo más real que se ha dicho y escrito en el Perú en unas 200 páginas. Ahí está en la web desde el 2010. Ya sabemos que el peor de los vicios es esa cultura criollista, que no ha desaparecido, es una forma de vida fuera de toda norma y un juego sin seriedad. Aun las bromas y la vida tienen límites. De ahí quizá que el peruano no tiene confianza en el peruano amigo, socio, o pariente. ¿No es la confianza una de las virtudes en otras sociedades? Triste es la vida en países sin fiestas pero triste también es si solo cuenta la carcajada… Les reprodujo un artículo que escribí al respecto hace 6 años, publicado el 8 de febrero de 2016 en este mismo portal.
Presidencia, pendejada y el Quijote de Menard
Las malas palabras dicen mucho. Pendejada es concepto utilísimo para describir buena parte de la sociedad peruana. Y si el amable lector cree que no hago honor a mis borlas académicas al usarlo, le prevengo que el sociólogo Gonzalo Portocarrero de la PUCP se sirve de la noción para una «sociogénesis del cinismo» —chúpate esa— y en un libro de lo más serio, Rostros criollos del mal (p. 102). Sé que el amable lector va a protegerse —eso también es de rigor— y va a decir, claro, un caviar. Tengo malas noticias. El término y lo que significa es usado en tesis de San Marcos, «Estudiantes universitarios y cultura de la criollada», Humberto Porras, dirigida por César Germaná. El capítulo sobre la pendejada va de la página 19 a la 35. Y Juan Carlos Ubilluz, Nuevos súbditos (IEP, 2006). Trata del sujeto criollo y la pendejada.
En castizo, «viene del pelo del pubis y las ingles» (Dic. Casares). En su raíz tiene un sentido sexual, «el burro se ha puesto pendejo», es decir exitado y por lo tanto tonto. Ahora bien, la gran pendejada consiste en que le hemos sacado la vuelta al castellano. Para mexicanos, venezolanos y colombianos no es pícaro ni vivo. «No seas pendejo» es ponerse estúpido. «En el Perú pasó a ser algo reprochable», dice Humberto Porras siguiendo a Tauro del Pino. Y aquí viene la cosa curiosa. Es deshonestidad con éxito. ¡Y con algo de gracioso! Mi teoría es que la pendejada la hacían los pobres indios para joder un poco a sus curacas y curas explotadores (¿qué se han creído que fue la Colonia?!) y también, los de arriba. Señoritos blancos con su toquecito andaluz. Es decir, con picardía. Si alguien te pone hoy en Lima una pistola en la cabeza es un asalto. Si tu socio te roba es una pendejada. El riesgo con el pendejo es que se siente en la obligación de caerte simpático. Ahí viene la confusión. La transgresión (Portocarrero). Hace siglos que nos encantan los pendejos. La pendejada es un arte. Te joden pero bonito. Ahí está el problema. Te seducen.
La vaina es que también queremos ser ricos pero la ética de la modernidad no aguanta pendejadas. La burguesía cuando aparece —tesis del alemán Weber— viene asociada a una moral del esfuerzo, austeridad y trabajo. En Perú ha habido más bien ricos disipados. «Fina estampa, caballero». Las elites chamberoburguesas de verdad han faltado. Las ha habido, unos cuantos blancos que llegaron a fines del XIX, de ahí mineros, industriales, banqueros. Emigrantes italianos, vascos, ingleses, polacos y judíos. Pero luego la prole se acriollaba. Algunos linajes se hundieron, otros no. ¿Por qué los descendientes de migrantes étnico-internos no seguirían el modelo tradicional? Los nietos de los invasores de H. de Soto, hoy chamberos exandinos, han conquistado las urbes, pero sociedades como la peruana tienen un molde que se reproduce. Ha surgido una nueva categoría de pendejos de origen popular. ¿O no es cierto que empresarios emergentes pagan pésimos salarios a sus operarios? «Los rostros del mal» no solo son criollos. Eso era antes.
Según Ubilluz, los patterns locales te dan a elegir, lorna o pendejo (p. 59). La opción es espantosa. Pero la misma sabiduría popular nos propone «el cojudo pendejo y elpendejo cojudo». Puro barroco pero interesante. El que se hace el buenito, por ejemplo, «soy provinciano, empresario», ¿les suena a alguien? Y entonces el pendejo, que de serlo tanto, pasa a la categoría de conchudo. Y entonces viene el roche.
César, no hagas caso. Borges habla de un tal Menard que decidió ser Miguel de Cervantes. Y publicó El Quijote. Tú no quieres escribir como Arguedas, sino ser Arguedas. Cómo no nos dimos cuenta, es sencillo. Lo editas con tu nombre y se acabó el merengue. Hazlo, te hago el prólogo y te iremos a visitar a un lugar calmo y simpático que se encuentra por Magdalena del Mar.
En la línea de los grandes libros que los peruanos se niegan a leer, uno más al que podrían al menos echar una mirada —es decir, lo mínimo— profesores, académicos, periodistas, políticos en plena actividad, y diversos tipos de profesionales porque esos libros podrían ser una vía para comprender nuestro Estado y la sociedad peruana, y acaso sobrepasar la crisis de estos días. Ya lo he hecho, semanas anteriores, con El umbral de los dioses, obra de Moisés Lemlij, conocido psicoanalista, y Luis Millones, por cierto antropólogo, porque la temática de ese estudio junta dos disciplinas y se ocupa no solo de las mentalidades de una parte de la población peruana del siglo XVI hacia adelante en el mundo andino sino de la probable mentalidad de los pobladores rurales, porque son las culturas que habitan la parte más numerosa de la población andina. Hay en ellos otros cielos, otros dioses, otra idea de la vida social y política y que desconocemos, tan lejanos al resto de la población como lo están India, China, y otras zonas del mundo. Hay varios Perúes, las creencias milenarias no han perdido su fuerza. Las etapas oscuras de nuestra historia se mezclan con los problemas modernos de nuestros días.
Pero dejemos esas utopías, también se distancian de aquellos que han pensado, porque en dos siglos de Independencia, dejaron en este mundo un largo estudio sobre la democracia peruana. Su economía, sus posibles maneras de pensar la política. Hemos dicho pensar. Su autor, Carlos Franco, era en vida un producto de la Universidad Mayor de San Marcos que había logrado un Bachiller en Ciencias Sociales interesándose en la Psicología, y caso raro, continuó su formación en Lovaina, Bélgica. Y luego, estudios sobre Ciencias Sociales, en FLACSO en Quito, Ecuador. En pocas palabras, Carlos Franco estudió Psicología y Ciencias Sociales, y tanto en instituciones europeas como latinoamericanas, en un momento en que las Ciencias Sociales vivieron un siglo de oro y de esplendor. Si esto no fuese suficiente, Franco venía políticamente de la izquierda, pero libre en sus lazos con el poder de esos momentos. En 1968 entra en el conjunto de intelectuales que apoyaron el gobierno del general Juan Velasco Alvarado. Estuvo en el SINAMOS de 1970 a 1975. Carlos Franco era no solo un intelectual sino un hombre político.
Para entender la importancia de ese libro y la situación de su autor, es preciso señalar un par de cosas. La primera, su escritura: no es la del ensayo o solo producto personal sino un análisis de las estructuras socioeconómicas. Y en segundo lugar, el marco político intelectual en que se forjaría la idea de la democracia.
Por lo visto, Carlos Franco razonaba sobre tres ejes y su dinámica. Más sencillamente, las relaciones entre economía y política. Pero dudando de ambos ejes, incluye otro aspecto, «el modo de pensar la democracia en América Latina», título del libro (1998). En esta obra destaca el capítulo III, el más importante. ¿Era un déficit de previsibilidad o previsiones ocultas? Pregunta del mismo Franco que dejó sin responder. El autoritarismo, ¿era solo una situación que era previa al desarrollo? ¿Qué era necesario y qué virtud? En el mundo de la acción política, a más de medio siglo, ¿no podemos saber qué es mejor entre las democracias y los regímenes como el de Venezuela? Cuál era la mejor vía, ¿los regímenes burocráticos o los con libertades? La respuesta más feliz y eficaz, ¿acaso la conocemos hasta el día de hoy?
Y si es como pensamos, en el intento de un Estado legal, con la democracia solamente, lo que nos ocurre son grupos pequeños que lo infiltran, esa modalidad de gobernar para una posible oligarquía, como en el siglo XIX peruano. Después de la Independencia, dominaron hasta el siglo XX, es decir, ni el eje económico intentó un país sin miseria, ni el eje político. Los partidos de representación de lo popular duraban muy poco, para ello se daban golpes militares. Y la promesa de una revolución que llegase al poder para imponer el poder absoluto a millones de ex ciudadanos sin derechos, y sin posibilidad de discutir a los poderosos dirigentes, es la rueda del destino que regresa en el siglo actual, y que diríamos es la gran temática de Carlos Franco. Un libro de homenaje del 2012 en el que intervienen diversas voces (Héctor Béjar, Alberto Adrianzén, Francisco Guerra García, Max Hernández, Carlos Meléndez,…) trae algo muy interesante. Eduardo Dargent y Alberto Vergara, por ejemplo, se preguntan por qué ese libro no tuvo la acogida que merecía. ¿Por qué no funciona la democracia en América Latina?
El tema es decisivo. Fui un amigo de Carlos, estuvimos en las mismas izquierdas y en el Estado cuando Velasco. Yo dejé el Perú, continué mis estudios en París. Luego, hice un viaje a la Rusia soviética, antes de su caída. Y también pude ver, en el otro lado de Europa, cómo la muerte del general Franco dejaba a los españoles libres para pasar del despotismo a formar una nación, que podría ser parte de la familia europea. Diversos son los sistemas políticos, Reinos con Parlamentos que hacían lo que descubre la Ilustración (Reinos a la inglesa) y ahí los tenemos entre las sociedades más libertarias y de mayor eficacia. ¿Cuál es el sistema que puede sobresalir gracias a una economía de mercado y un Estado de Derecho y protección a los ciudadanos? ¿Eso es la modernidad que no tenemos, o la que no queremos tener?
Me atrevo a esta hipótesis. Sé que nuestros pueblos quieres que los manden, que los dirijan. Pero también en México, en la zona Caribe y gran parte de América Central, se escuchaba a la gente decir: «el régimen ideal es pues una especie de déspota ilustrado, o según las expresiones de la época un ‘tirano honesto’ o un ‘dictador liberal’» (América Latina en el siglo XX, Olivier Dabène, Editorial Síntesis, 2000, p. 31.)
Perdón pero recuerdo lo de Bolívar. Quería la presidencia vitalicia. Solo lo hizo Brasil. Y nosotros, evitamos los reyes, pero ya llevamos tres siglos de «príncipes» que llegan al poder y tienen derecho a todo.
Ni reino ni república, es lo que somos. Poderosos por poco tiempo. Y el caos sigue. Ser presidente o ministro es un riesgo extremo en esta América que un gran escritor latinoamericano llamó «América ladina» (G. Arciniegas). Nadie sabe qué rumbo tiene este continente. Siento decirlo.