Chile: Metamorfosis aquicito nomás

Written By: Hugo Neira - Feb• 07•22

Podría ocuparme de la política chilena. Podríamos creer que todo se trata de izquierda o de derecha, etc. La cosa es más compleja. En los diarios peruanos se están equivocando. Caen en ese defecto, la reducción. Si Camila Vallejo, futura Secretaria General del Gobierno, es del Partido Comunista, no significa nada de radical, lo que pasa es que en Lima no quieren, supongo haciendo rezos al cielo, que lo de Chile sea un gemelo de lo que tienen instalado en el Perú. El sistema que se organiza, en Chile, no tiene nada de parecido en el continente.

Y les voy a explicar qué es la Convención Constituyente. ¿Qué es una convención? Un poco de linguística para esclarecerlo. Convención es: 1- Convenio o pacto entre dos o más personas (o sea, van a hacer alianzas y acuerdos). 2- Conformidad de una cosa u otra (idem). 3- Asamblea que asume todos los poderes de Estado (o sea, ¿para qué más?). (Diccionario Ideológico de la Lengua Española de Julio Casares)

Hay dos probabilidades de que resulte un sistema de ideas aceptado. En primer lugar, los convencionales, sean cuales fueran sus partidos y tendencias, son parte de una generación cuyas ideas y maneras de pensar son muy cercanos. En segundo lugar, esta generación quiere «otro modelo», otro capitalismo, que se puede alcanzar preservando sus tres pilares. Primer pilar, la estabilidad macroeconómica. Solidez fiscal y gasto público bien cuidado, exitoso control de la inflación por el Banco Central de Chile. O sea, la prudencia. El segundo pilar, la apertura al comercio internacional. Y el tercero, una estrategia no intervencionista de desarrollo, algo que fue resumido a «soluciones privadas para problemas públicos», y sí merece ser reformado. Esto consta en un excelente libro que se llama El otro modelo: del orden neoliberal al régimen de lo público (2013). Sus autores se formaron en las universidades anglosajonas y europeas.  

¿Adónde va Chile? Ni hacia la izquierda ni hacia la derecha, VA A TRANSFORMARSE EN UNA NACIÓN INDUSTRIAL.

Estando en Santiago, trato de escuchar todas las voces posibles para entender qué es ese nuevo sistema que quieren. Encuentro en sus librerías libros publicados localmente y otros, llegados de Europa, cuyas ediciones revelan una sostenida actividad y renovación en las ideas y las acciones del Estado, con la actual sólida formación superior, y por cierto, eventos científicos que ni siquiera imaginamos. Un Chile en plena pandemia que continúa avanzando. Aquí se sabe lo que pasa en el mundo.

Tengo en mi mente, y con esto comienzo trasladando la preocupación a mis paisanos peruanos, una serie de proyectos inmensos para los años que vienen. Siempre en los políticos estadistas está presente cuál es la meta del Estado chileno, adónde se quiere llegar. He guardado algunos logros en la producción nacional y mundial. Tras las urnas y los votos, apareció una más de esas metas, que cambiaría por completo el Chile actual:  «HAY UN COMPROMISO  PARA CONSIDERAR A LA CIENCIA COMO UN PILAR EN EL DESARROLLO DEL PAIS» (A toda página en el diario El Mercurio del 22 de enero). Y el que lo anuncia es el futuro ministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación del gobierno de Boric, el doctor en Inmunología, Flavio Salazar, de 56 años. A propósito, ¿tenemos en Lima un Ministerio de Ciencia?

Por mi parte, siempre he insistido en que, en nuestra época, ya no se puede salir del Tercer Mundo como lo han hecho varias naciones en el Asia. En Indoamérica, podíamos haber alcanzado ese nivel con Brasil y México, o acaso con Venuezela —por sus recursos—, pero no hicieron ese esfuerzo.

Ante tal propagación, podemos preguntarnos si Chile tiene los cimientos para dar el salto a la educación de los países o sociedades avanzadas. Pero los datos sobre las universidades chilenas (sin que yo forme parte de alguna) son auspiciadores. El caso es que entre el año 2016 y el año 2020, en esos cinco años, las patentes de las universidades chilenas han crecido en un 75,8% a partir de innovaciones de la industria química (adjunto el cuadro estadístico de El Mercurio del 26-08-21 de las 10 universidades que lideran las patentes). Por último, han ampliando la gratuidad en la educación superior, logrando, en el 2022, 66 instituciones elegibles. Hay incluso expertos en formación para Acción Educativa para la crisis de la Salud.

Basta de datos y números. Voy a sentar el futuro contorno urbano y rural, el más sencillo y popular. Se habla en los medios de las soluciones innovadoras chilenas para tener ya «ciudades más inteligentes» y aplicar la tecnología del siglo XXI. Las smart cities fueron impulsadas desde el 2016 por la iniciativa privada. Hay también innovaciones de alcance internacional, como poner «los datos del mar austral a disposición de científicos de todo el mundo», o sea la meteorología en las arenas de las costas chilenas, mediante alianza público-privada entre la fundación Data Observatory y las universidades, respondiendo al llamado de Naciones Unidas de proteger el planeta y erradicar la pobreza de aquí al año 2030.

Me parece que a los chilenos, en esa etapa del futuro del planeta, les llama la curiosidad por la ciencia en el acto. En estos días se ha logrado algo en la exploración de las profundidades. Titular en los diarios: «Científico chileno desciende más de 8000 metros en primera expedición tripulada a la Fosa de Atacama». La noticia sigue con estas líneas: «El investigador hizo la travesía junto a el estadounidense Victor Vescovo, quien piloteó el sumergible. La hazaña duró casi diez horas frente a la Península de Mejillones». Yo no sabía que en Chile hay un Instituto Milenio de Oceanografía del cual el explorador chileno, Dr Osvaldo Ulloa, es director.

Por último, viene una tendencia que rompe la permanente dupla en guerra, la izquierda y la derecha. La sociedad, en diversos lugares, tiene polos pero no izquierda y derecha enfrentadas. Con la forma de vivir y trabajar hoy día, el mundo ha cambiado. Las sociedades se fragmentan, pero no por esas dos fuerzas. Aumento de escolares y con competencias mejores, diversas modificaciones, diversos mundos producidos por la mundialización. Y para poner un ejemplo, Pascal Perrineau —autor de La France sous nos yeux (Francia bajo nuestros ojos), nos dice que en Francia ya no hay más ‘partido socialista’, mientras que en otros lugares crece la tendencia ecológica, inclasificable. En los libros de Pascal Perrineau, los jóvenes toman distancia de lo que fue la fe de sus abuelos. En cuanto al comunismo, entre los libros que circulan en el mundo, está «Después de la caída: El fracaso del comunismo y el futuro del socialismo» (Ediciones Crítica, 1993), autores —todos o casi—, grandes marxistas del siglo XX.

CONCLUSIÓN

Lo que voy a decir no tiene nada que ver con la Guerra del Pacífico. Ni tampoco con un excesivo asombro por el culto a la ciencia y entender las diversas exposiciones de la  naturaleza. Solo digo que, muy pronto, apenas 15 o 20 años por delante, cuando el Perú ya no tenga más, al sur, un país más de los que que existen en nuestro continente sino  un país industrial, potente, dotado de ciencia, energías nuevas y control del agua, ¿qué pasará con los peruanos? ¿Serán los venezolanos del siglo XXI? ¿Irán a servir a otro país? La migración será otra de nuestras vergüenzas: nada hicimos por ingresar, en el siglo anterior, a la REVOLUCIÓN DEL CONOCIMIENTO, al conocimiento de nuestra geología. La soberanía se consigue con gente formada para ser autónomos, pero no veo por ningún lugar jóvenes entusiasmados por diferentes disposiciones educativas y el vivir en una economía abierta, por los puertos que el Perú podría construir para dominar el Oceáno, cuya otra orilla es la poderosoa China, que no tiene muchas plantas y minerales. Cada universidad es distinta.

PARA EL PRESIDENTE

Señor presidente:

Tiene usted una ocasión estupenda. Tenemos playas como las tiene Chile. Y al otro lado del Oceáno Pacífico, el país más potente del mundo ya ha sobrepasado a los Estados Unidos. Olvídese de Bolivia, nos traicionaron en la Guerra del Pacífico. Nos metieron en ella y luego se echaron a correr para volver a Bolivia. Nos quedamos solos en una guerra para la cual no habíamos comprado armas ni barcos. En el mundo hay más de un país sin salida al mar. Suiza es uno de ellos. Y no se mueren de hambre. Hay otros, pero estoy alejándome de lo que le quería decir. Construya 6 o 9 grandes puertos en nuestras ciudades del norte. Eso significa, en la economía del sistema mundializado, una vía para comerciar con China y el Asia, y comprar con ellos máquinas modernas, e incluso tomar lecciones para nuestra economía, esas habilidades de los peruanos.

Publicado en El Montonero., 7 de febrero de 2022

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Vallejo y qué significa la palabra Trilce

Written By: Hugo Neira - Ene• 31•22

En recuerdo de Vallejo, por la cronología. Y es trascendental recordar estos días en que el poeta estableció una química del espíritu llamada Trilce. ¿Y qué quiso decir con esa palabra, más allá de sus poemas, viajes, ideas políticas y una vida dividida en dos mundos?

Aunque estoy lejos de Lima, la distancia de la geografía ya no impone los kilómetros puesto que estamos en el siglo XXI. Y me llega un mail de un amigo de toda la vida, Alfonso Salcedo, para recordarme que es centenario no solo de sus poemas o sus esperanzas políticas, sino de lo que César Vallejo llamó Trilce, un concepto que nace después del primer libro, Los heraldos negros.

Pese a todo —la pobreza y la soledad de los Andes—, Salcedo me recuerda, en su carta, «la historia de cómo César Vallejo se inscribió en el corazón del pueblo, con padre y madre, seis hermanos». Él sin esperanza, casa humilde, barrio pobre, Cajamarca en 1932, los dos últimos hermanos que «fugan por caminos de cabras, a las alturas, no tienen ni siquiera el burro de la huida a Egipto. A los dos últimos hermanos, les tocará entonces nacer entre riscos y quebradas, parajes innominados de las serranías de Huamachuco.»

Me escribes: «No es intención de esta columna relatar las pericias de un joven aprista, joven constructor de caminos, y su familia huyendo y trabajando, trabajando y huyendo, por la alocada crestería de los Andes norteños… Hasta que fuera detectado por la «soplonería» del Ministerio de Fomento y Obras Públicas de las dictaduras, y puesto en la lista negra».

Cierto, el joven César, mucho antes de ser famoso, tiene un símbolo, la «piedra negra sobre una piedra blanca». Vallejo:

Me moriré en París con aguacero,

un día del cual tengo ya el recuerdo.

Me moriré en París —y no me corro—,

Tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Esa visión premonitaria de Vallejo se la dice a Larrea en 1924, se la remite a Luis Alberto Sánchez, que no recordaba si fue en 1927 o en 1930. Todo esto está en las páginas de Poemas Completos (Ediciones COPÉ, con notas de Ricardo González Vigil, páginas 9 a 31, la «trayectoria de Vallejo»).

La muerte y la vida estaban en su mente y en la evolución de sus poemas y en la vida misma. Ricardo González Vigil acierta en esa dramática vida, para llegar a los niveles más altos de la literatura, tuvo que «romper amarras con Trujillo el 27 de diciembre de 1917, embarcándose en el vapor Ucayali rumbo a Lima adonde llegó el 30 de diciembre». Se le había muerto la madre y Manuel González Prada. En la capital Abraham Valdelomar le había prometido un prólogo para Los heraldos negros, algo que nunca hizo.

En cambio en Trilce hay muchos poemas sobre los muertos. Por ejemplo, poema XXIII,  cuando muere la madre:

Tahona estuosa de aquellos mis bizcachos

pura yema infantil innumerable, madre. […]

En la sala de arriba nos repartías

de mañana, de tarde, de dual estiba,

aquellas ricas hostias de tiempo, para

que ahora nos sobrasen

cáscaras de relojes en flexión de las 24

en punto parados.

Madre, y ahora! Ahora en cuál alvéolo

quedaría, en qué retoño capilar,

cierta migaja que hoy se me ata al cuello

y no quiere pasar.

Cuando este dolor llega a una estética propia, hay sentimiento pero a la vez, la madurez del poema y sus pensamientos y los amores. Había iniciado sus estudios en la Universidad en San Marcos, trabajaba en un colegio y había tenido amores con Otilia Villanueva, conocido por la familia de ella. Pudo haberse casado cuando mejoró la situación económica del joven poeta. En el poemario de Trilce anda el recuerdo de un amor perdido, y al que pide perdón.

Poema XXXVII:

He conocido a una pobre muchacha

a quien conduje hasta la escena.

La madre, sus hermanas qué amables y también

aquel su infortunado «tú no vas a volver». […]

Me gustaba su tímida marinera

de humildes aderezos al dar las vueltas,

y cómo su pañuelo trazaba puntos,

tildes, a la melografía de su bailar de juncia.

Y cuando ambos burlamos al párroco,

quebróse mi negocio y el suyo

y la esfera barrida.

El joven Vallejo quizá tomaba las estribaciones de los Andes, con sus faldas y contrafuertes, gigantescos, por las puertas de la guarnición de la cárcel donde estuvo por un tiempo, algo que nunca olvidó. De ahí el intitulado «Vallejo entre la agonía y la esperanza» de José Miguel Oviedo, en Historia de la literatura hispanoamericana.

La crítica académica reúne Darío, Lugones, y Herrera. Pero Vallejo lleva consigo un impulso de ternura, sus poemas tienen símbolos de expiación y sacrificio. Aun en la vida, no deja de decir a la amada:

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;

se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;

y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

Cuando he comenzado a escribir este corto ensayo sobre Vallejo y lo que es Trilce, acudí al estudio de la «época moderna» de la Historia de la literatura hispanoamericana  de Enrique Anderson Imbert, argentino, que fue profesor en Harvard, Duke, y Princeton. Sobre Vallejo y su Trilce nos dice que después de su primer viaje poético —Los heraldos negros, 1918—, «en la vanguardia de esos años nadie pudo subir tan alto ni ir tan lejos como Vallejo en Trilce». Y el profesor Imbert nos presenta ese poeta nómade, en sus viajes poéticos: conoce la estética de los padres, o sea, los grandes poetas de ese instante, Ruben Darío, Herrera y Reissig y Leopoldo Lugones, del Lunario sentimental. Pero el joven Vallejo —dice Imbert—«se llevaba en los bolsillos, como confituras obsequiadas, muchos versos de la alacena modernista. Y el muchacho, aunque por el camino iba saboreando esas confituras, se alejó del cosmopolitismo hacia lo nacional, regional, popular, e indigenista. Mestizo el autor, mestiza su poesía. La sangre parnasiana y simbolista circular por las arterias de los versos mezclada con la de un realismo peruano». Añade: «Notables sus ‘canciones de hogar’; la evocación de los padres y hermanos, el haber partido, el estar ausente, el sentirse desguarnecido lejos de la familia, el regresar ya sin consuelo posible.»

Eso es el Trilce. Los temas del «amor, erótico u hogareño, la vida cotidiana en su tierra de cholos; y el humor es de tristeza, desilusión, amargura, sufrimiento. El hombre sufre fatalmente golpes inmerecidos: Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo  no sé! Golpes como del odio de Dios».

Trilce fue algo gigantesco, que toma a la tierra, la patria, el continente, la furia del océano, los volcanes, las estrellas, el cosmos.

Viajero en dos mundos, un peruano, que muy poco lo conocemos, le dedica unas páginas en su libro. Tengo en la mano el libro de Antenor Orrego. Filósofo a quien salva Eugenio Chang-Rodríguez, compilador, y libro editado por el Fondo Editorial del Congreso del Perú. Intervino Antero Flores-Áraoz, en el 2004. Es un gran filósofo peruano que murió en plena juventud. Le dedica su crónica «Mi encuentro con César Vallejo» (1955). Explica el poeta del solecismo. El sentido americano y universal de la poesía de César Vallejo. Y varias especulaciones suyas. Qué es filosofía, contribución de estima de Ortega y Gasset. Sobre el Dios encadenado. Historia y dialéctica. Idea y creación y temas políticos. Una «carta abierta» a Fidel Castro. Y varios ensayos sobre el Pueblo-continente, cuyo lenguaje no resulta el castellano de la colonia sino un castellano que era peruano y no necesariamente hispánico. Fue hasta el fin de su vida un luchador por la unidad continental, tanto como Zum Felde, Townsend Ezcurra, Luis Alberto Sánchez.

Es mucho, pero para otra semana. Un filósofo de primera, y que se nos muere pronto. Pero su pensamiento sigue en vida en ese libro de 500 páginas, amigo lector. También escribiré sobre cómo van las cosas en Chile. En los diarios limeños, no han entendido qué es la Convención. Ni tampoco las transformaciones de ese país vecino en el campo industrial: se volverá una nación aferrada a la ciencia y la tecnología. Y nosotros ¿qué? En ciencia, ¿qué?

Publicado en El Montonero., 31 de enero de 2022

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Ribeyro resulta además de escritor, profeta.

Written By: Hugo Neira - Ene• 24•22

Habló de «Gobernantes que no gobiernan»                                   

Julio Ramón Ribeyro es un gran escritor, acaso el más grande en el género de narrativa de cuentos. Él conocía muy bien la vida de los peruanos, en particular las clases urbanas y populares. Pero tenía, además, otros dones. No lo sabíamos. Hemos elegido uno de sus cuentos que resulta ser un vaticinio, lo que se llama un augurio, un pronóstico, el de un peruano que llega al rango más alto sin que él entienda dónde lo lleva el destino.

En el cuento, los efectos misteriosos de una joya encontrada por casualidad en un basural. Una insignia. Aparece gente que no conocía y culmina como presidente, solo porque recoge del suelo la insignia misteriosa. Ribeyro, esta vez, vidente, sospechaba que en algún momento de la vida peruana un peruano llegaría al poder, pero sin saber por qué ni para qué. Es asombroso, el pronóstico se está cumpliendo. (Por si acaso, ese vacío de poder está en el cuento de la página 117 de la edición de Alfaguara 2021, y lo escribe en 1952 y en Lima). Lo cual nos pone en los terrenos del ocultismo, el de los hechizos siempre fascinantes. En el año 52 peruano no pasaba gran cosa. (Por si acaso, Neira no ha metido la mano en este cuento de Julio Ramón Ribeyro, con algo de taumaturgia, por algo lo incorpora a los otros muchos cuentos. Éramos amigos). Y que da que pensar y también recordar que existen las ciencias oscuras. Quizá Ribeyro lo sabía. Y nos prevenía, no desde París sino desde algún lugar del cosmos.

Pero volviendo a lo real, para esta semana, había decidido ocuparme de uno de sus cuentos. Lo he conseguido en Santiago de Chile. Libro enorme, de noventa y cinco cuentos, 984 páginas de una narrativa considerada «una de las empresas más valiosas de la literatura latinoamericana», dice Juan Gabriel Vásquez en una breve representación de los relatos del autor peruano, Ribeyro. Cuentos completos del autor de La palabra del mundo. Julio nace en Lima en 1929 y había estudiado Letras y Derecho en la Católica de Lima. En 1952 viaja a Madrid becado para cursar el oficio de periodista, y continúa su formación en Francia, Alemania y Bélgica y retorna al Perú en 1958 para trabajar en Ayacucho. Pero regresa a París, fijando su vida como periodista en la Agencia France Presse (1961-1971). Durante años va publicando sus libros de cuentos, el primero Los gallinazos sin plumas sale en 1955 y con el tiempo, se juntaron en cuatro volúmenes para conformar La palabra del mudo (Tomo I, 1973, y 1992 para el tomo IV). También escribe textos de teatro, y libros que llamaríamos ensayos, como Prosas Apatridas.

Estando en Francia fue nombrado Ministro Consejero del Perú en la UNESCO. En París conoce al general Velasco que tenía un cargo diplomático en Francia. Fueron amigos. Ribeyro, a quien conocí en París, no se le encuentra ninguna tendencia política. Lo que sí hay que decir con toda sinceridad es que esos cuentos —que eran como él mismo los llamó Cuentos de circunstancias—, desde Las botellas y los hombres de 1964 hasta Silvio en El Rosedal, en 1977, son un desfile de situaciones y personajes, sin faltarle la ironía y la ternura por los pobres o las vidas perdidas. Es el más completo retrato de la sociedad civil del Perú y su clase media, las frustraciones, en la literatura peruana y acaso latinoamericana, el destino de los seres humanos enfrentados a la vida urbana. A tal punto que va más lejos en la comprensión de esas clases medias, más que la sociología. Con la narrativa de Ribeyro, surgen situaciones donde el azar y los dioses invisibles son los que deciden de la felicidad o del dolor, más allá del mundo real, magias como sucede al personaje del cuento que se titula La insignia. Hay en esa narrativa peruana costumbres, el milagro, lo sobrenatural, nigromancia y hechiceros. Al personaje le va muy bien, demasiado bien porque ha encontrado una joya, una insignia que lo hace conocer gente de otra clase, dominante y superior, y él no comprende por completo que está en un rango alto y poderoso, y eso es lo que lo desespera. Se parece a algunos de los altos funcionarios de nuestra clase política. Por cierto resulta que Ribeyro encabeza esa corriente que conoce los cambios del destino, la descomposición total de lo real. Personas infelices que persiguieron el poder, y cuando lo tienen, no saben como evitar el surrealismo de esta época. 

Resumen del cuento La insignia

El personaje, al pasar por un malecón, ve un pequeño objeto en el basural. Lo recoge y lo frota contra la manga, se lo echa al bolsillo y retorna a su casa. Luego se desencadena una serie de sucesos. En una librería de libros viejos, el patrón se le acerca para decirle que tiene todos los libros de Feifer, y le explica que lo han matado en Praga. Él intenta esconder su ignorancia, y después, ya lejos de la librería, siguen las cosas raras: un hombre que no conocía le entrega una tarjeta blanca, le hace saber una fecha y un lugar al que está invitado. Va, se encuentra con gente que le extiende la mano con gran familiaridad. Después cumple una serie de encargos, como tener la lista de todos los números de teléfono que empiezan con 38. Después lo envían al extranjero donde siempre se le recibe muy bien. El personaje explica que han pasado 10 años. «Por mis propios méritos he sido designado presidente. Uso una toga orlada de púrpura con la que aparezco en los grandes ceremoniales. Los afiliados me tratan de vuecencia. Tengo una renta de cinco mil dólares, casas en los balnearios, sirvientes con  librea que me respetan y me temen (…). Y a pesar de todo esto, ahora, como el primer día y como siempre, vivo en la más absoluta ignorancia, y si alguien me preguntara cuál es el sentido de nuestra organización, yo no sabría qué responderle. A lo más, me limitaría a pintar rayas rojas en una pizarra negra, esperando confiado los resultados que produce en la mente humana toda explicación que se funda inexorablemente en la cábala.» (Escrito por Ribeyro en Lima, 1952)

Publicado en El Montonero., 24 de enero de 2022

https://elmontonero.pe/columnas/ribeyro-resulta-ademas-de-escritor-profeta

Otro elogio a un escritor. Esta vez, Rolando Arellano, «El tesoro»

Written By: Hugo Neira - Ene• 17•22

Otra vez un libro bien construido, y mi deseo que se le conozca y evitemos la costumbre del desdén de un libro no examinado por descuido y embarullamiento. Es cierto que el libro de Rolando Arellano titulado El tesoro goza de un subtítulo múltiple. El tesoro: la aventura del pasado, el presente y el futuro del Perú.  Y entonces, me pareció un libro de historia, pero al abrirlo se encuentra el lector con 18 textos en los cuales se diría que tiene algo teatral, como entrevistar a Catalina Huanca, y su leyenda de tesoros escondidos. En cada escena parecería entrevistas de periodistas de nuestra época a peruanas y peruanos del siglo XVI, de otros siglos, los hace hablar. Por ejemplo los obreros tejedores, esos sabios —los khipucamalloc—, y Guamán Poma de Ayala, y de paso a Francisco Pizarro. Y luego criollos y revolucionarios, y una entrevista nada menos que a la famosa Micaela Villegas, la Perricholi, ya estamos en el XVIII. Y luego continúa con don Ricardo Palma. Como del Perú no se puede tener memoria de nuestros literatos sino de los hombres de guerra, Andrés Avelino Cáceres, a fines del siglo XIX.

Don Rolando Arellano, he leído su libro con agrado y con rigor. Lo que ha hecho usted es una descripción pero brilla en la prosa algo valioso, la prosa de cada personaje de ese mundo peruano, y la lengua castellana peruana según la época y el ámbito, o sea un experimento de filología, con gran desenvoltura. Francamente, merece su libro lo que se llama normalmente «reconocimiento». Lamentablemente, ese gesto es raro en la Lima actual. Por mi parte, argumento que todas las lenguas conocidas tienen palabras para elegir algo de valor no cuestionado. Eso ocurre no solo con el castellano, el francés, el inglés, siempre se tiene una palabra, un vocablo, para reconocer un poema o alguna prosa de valor. Por ejemplo, los alemanes al «reconocimiento» le dicen Erkennen einer Person (traducción: el «reconocimiento de una persona» y ante un especialista en reconocimiento de algo, Erkennung. Eso es lo que debemos aplaudir en su libro, don Rolando Arellano, un hombre que ha vivido en diversos mundos. Y que ha querido escribir una novela con aventureros que se encuentran en nuestra historia peruana. Pero me parece que va más lejos que una novela, juntando civiles y militares, hombres y muchas mujeres, quizá nuestro gran tesoro. Se me ocurre, «nuestros grandes mestizajes» que él coloca en esa aventura, para que lo lean los jóvenes o la gente de edad.

Esa manía de no admirar más claramente el arte y no decirlo públicamente, no es solo una manía peruana sino también de otros países iberoamericanos. En México, conocí personalmente a Octavio Paz. Lo había leído y me parecía en ese instante uno de los escritores y pensadores más acertados del continente, y sin embargo, me dijo que pese a su obra, lo «ningunearon».¡Y ya tenía el Nobel! No quiero extenderme sobre ese fenómeno, entre social y psíquico, porque en otras culturas, en otras sociedades, no es así. En la vieja Europa donde estudié largos años y decenios, y ya como profesor, vi algo distinto, generación tras generación: la cultura en cada nación se modificaba. En esa vieja sociedad europea, cada tiempo afecta sin embargo la maquinaria intelectual y científica, le devuelve la  eterna juventud. Y se discute entre lo clásico y las formas nuevas de la lengua, y el pensamiento que emerge. Y están acostumbrados a ver cómo nacen las ideas nuevas, las artes, e inclusive una guerra permanente de las ideas. Sin perder la memoria de lo ya conocido.

I. Pero no puedo dejar de lado los grandes problemas del mundo contemporáneo. Que conciernen incluso a los Estados Unidos que temen que Donald Trump intente otro asalto al Capitolio (como el del 6 de enero del 2021), pues sus milicias de extrema derecha no han disminuido. En los Estados Unidos se sabe que los republicanos —que son millones de electores— volverán al asalto. Esto lo dice claramente la prensa, lo tomamos de The Los Angeles Times. Y algunos otros datos. «Unos 65 millones de americanos están convencidos que Joe Biden es un presidente ilegítimo». Y ya surgen unas palabras novedosas, de las que hablaba líneas arriba. Por ejemplo: ANOCRATIE. En los Estados Unidos es algo que no es democrático, tras las afirmaciones de Barbara F. Walter, una nueva voz. La «anocratie» es una situación intermediaria entre la democracia y el Estado autocrático, un concepto creado en The Center for Systemic Peace, un think tank americano, según la profesora de la Universidad de California San Diego. Ella la presentó en una revista, con un título que da frío: «Cómo se inician las guerras civiles».

II. Al problema de la pandemia del Covid-19 que ya ha hecho 5 millones de víctimas en solo dos años, hoy la variante Ómicron y la crisis sanitaria mundial afectan la economía, los actos políticos en democracia también por el riesgo de contagio en los mitines urbanos, temor que corre en varios continentes. Entre tanto, se ralentiza la producción, aumentan en todas partes los no empleos, la interdependencia dentro de una economía mundial globalizada comienza a debilitarse. China y los Estados Unidos —potencias mundiales aunque hay otras— no tienen los lazos comerciales que hasta hace poco tenían por la globalización. En una situación conflictiva como la presente, no se puede detener el recalentamiento de la atmósfera.

Siempre hubo migraciones. Hay países que nacieron con migraciones gigantescas, Estados Unidos, Argentina, Australia, Canadá, etc. Hoy sabemos que las olas migratorias controladas han disminuido desde 1970.

Pero se han multiplicado los desplazados y los ilegales, y las ONGs intervienen en todas partes. ¿Son una nueva sociedad civil mundial? Por eso se habla de la Global Civil Society, desde el 2003.

Mirando y viajando por el cosmos

III. Más allá de los flujos de la mundialización, los intercambios comerciales en los inicios del siglo XXI representan un 60% del PBI mundial. Las mercancías circulan cada vez más, hombres y mujeres —emigrantes o turistas—, también. Hay cada vez más intercambios. Pero ¿podemos seguir? ¿Habrá territorios para las diversas sociedades? ¿Alcanzará la energía para las flotas de aviones y barcos comerciales que necesitaremos? Hay algunos países que piensan el porvenir cercano entre sociedades no solo de distintos continentes sino de distintos cielos, entre planetas, exoplanetas hallados en el cosmos.

Hablemos ahora de ciencia y del transporte interestalar que interesa a los astrónomos. De una máquina espacial llamada James Webb. Se trata del más grande telescopio que la humanidad ha lanzado al espacio. Permitirá observar las primeras estrellas y si hay huellas de vida exterrestre, lo que va modificar nuestra visión del universo.

IV. Según el New Scientist de Londres, en octubre del 2021 un barco deja el Océano Atlántico hacia el Este de la América del Sur. Su preciosa carga es excepcional. Se trata del telescopio espacial James Webb Space Telescope (JWST). Es un experimento que ha esperado 25 años y fruto de la colaboración de veinte países. El dispositivo está concebido para servir de máquina para remontar el tiempo. Es decir, a la época misteriosa de la formación de las primeras estrellas del universo, de la que «no sabemos nada». Es fantástico, dicen los técnicos como Torsten Böker, de la Agencia Espacial Europea. Lo fantástico es que esta máquina que orbita el sol podrá analizar las atmósferas de miles de exoplanetas, examinar si alguna es propicia a la vida. No es exagerado pensar que la visión que tenemos del universo y del lugar en que estamos podría cambiar.

V. ¿Un cosmos más bien juvenil? ¿Un deseo de ver las primeras estrellas del universo? Una estrella produce elementos químicos, por lo general a su muerte. Eso que llamamos una supernova. Pero una parte de sus restos —dicen los técnicos— se puede transformar en una nueva generación de estrellas. Y el ciclo se repite.

Los científicos que observan el espacio lejano dicen: «Hasta ahora, no hemos logrado ver con precisión las estrellas que existieron durante los cien primeros millones de años después del Big Bang. La luz de las primeras estrellas se confunde con los residuos de hidrógeno y helio —los átomos más ligeros—, un momento que nosotros llamamos ‘el alba cósmico’».

El telescopio James Webb llegará a una distancia mayor que diversas galaxias juntas. En órbita situada a 1,5 millón de kilómetros de la Tierra. Pero será un triunfo de los sabios que investigan el cosmos.

Qué de cosas que no sabemos y podemos descubrir. Y qué de efectos sobre la salud humana. Y acaso alguna vez nuestra especie descubra cómo llegar a la inmortalidad. Por la ciencia y la capacidad moral de no destruirnos nosotros mismos. Por eso quizá no nos visitan los extraterrestres. Todavía tenemos la violencia de los animales.

Publicado en El  Montonero., 17 de enero de 2022

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Elogio de un libro peruano y para peruanos

Written By: Hugo Neira - Ene• 10•22

Es la madrugada, todavía no es de día en Santiago de Chile. He pasado la noche en un paseo por el libro titulado El  umbral de los dioses (Cauces Editores). No tiene una sola temática porque los dioses y demonios van de un lado a otro, y el libro llegó a mis manos como un regalo, y en Los Álamos, donde vivimos, alguien lo entregó en la caseta de los vigilantes (o como otros les llaman, wachimanes). Me lo dieron cuando nos despedíamos, lo metí en el portafolio sin acudir a algún tipo de magia. Pero ya sobre las nubes, que es el lugar desde donde se puede leer mejor su contenido, llama la atención  la portada. Hay vivos y muertos, diversos seres tanto amables como demoniacos. El libro nos hace saber que las imágenes de la portada son las «Cuatro Partes Del Mundo», obra de Alex Ángeles, Carlos Lamas y Ángel Valdez, acrílico e impresión serigráfica sobre tela del 2003. Es acrílico —insisto— y la tela mide 178×158 cm. No es fácil verlo por entero, reposa en la Colección del Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA).

Pero si el posible lector todavía no asume que está ante un libro singular, al menos puede que se sorprenda que tenga más de dos autores. A saber Moisés Lemlij y Luis Millones. O sea, dos ciencias sociales, la psicología, como es sabido en Lemlij, y la antropología con Millones. En la página 15 el libro nos prepara para una «aproximación psicoantropológica a los mitos andinos». Pero en el prólogo se hace público que es una conversación entre el psicoanálisis y la historia, viene de los años sesenta «cuando la coyuntura generacional reunió a un conjunto de jóvenes interesados en la cultura andina». Hubo afinidades y amistades, y rivalidades. Pero eso no es todo. El prólogo explica que por un conjunto ligado «al propio desarrollo de las disciplinas en mención». Pero con los autores de esas páginas se descubre, desde el índice, que Max Hernández  se ocupa de «Las formas de lo invisible», «Los sueños del inca conquistador» en páginas de Moisés Lemlij y también «Pachacútec y el incesto dinástico», y «Algunos mitos referentes al dios Pachacámac» de nada menos que María Rostworowski, y en conjunto con Luis Millones, Alberto Péndola y Max Hernández está el capítulo sobre «Identidad y origen: el mito del nacimiento de Pariacaca».

El libro se anticipa en ser claros sobre sus fines y metas, no solo de uno sino de varios. «Se ha mencionado que Lima fue el lugar de encuentro y teatro de las acciones de la reflexión y consulta de los autores. Esto se ajusta a la verdad, pero no quiere decir que las investigaciones se redujeran al ámbito de la capital. Se trabajó en Ayacucho, en la selva, en Carhuamayo, Junín y en los valles del Chillón y de Lurín —o sea Lima— para cubrir temas que son muestras de esta labor multidisciplinaria. Hay, pues, un profundo interés en dar una dimensión nacional y de proveer un correlato empírico a nuestras reflexiones»  (página 13).

El libro luego se ocupa del Taki Onqoy, «la enfermedad del canto». «Los años oscuros de Santa Rosa de Lima» (en manos de Luis Millones). Y con Moisés Lemlij y Luis Millones, desde las páginas 237 a 254, sobre los demonios del siglo XVII, que es una interpretación psicoanalítica de las «idolatrías». Y en una que sobrepasa al pasado histórico, la importancia del psicoanálisis del mito, no me digan que me equivoco, estamos rodeados de mitos contemporáneos que se podrían discutir si es que usamos la razón, incluso cuando se trata de actitudes y mentalidades que han salido de eso que se llama razón. Quizá otra disciplina es de urgencia, me refiero, más allá del libro El umbral de los dioses, al que nuestra Edad Media no está del todo estudiada. La aceptación de un Dios superior. El Dios Sol fue desplazado por el Dios Padre eterno, venido al mundo andino no tanto por los conquistadores sino por la habilidad de dominicos, agustinos, franciscanos. Todo lo que sabemos de esa transición de la fe de los  indígenas a la teología que llega desde el mar, se apoya no solo en las disciplinas de nuestros días sino en los testigos, Santa Cruz Pachacuti, desde que lo tenemos, desde 1927. Y de los cronistas, desde Garcilaso hasta Arguedas. Es cierto que a Juan Carlos Estenssoro, peruano y profesor de historia en París, le debemos la mutación ya no de los incas sino de la masa de indígenas, el pasaje «del paganismo a la santidad», título de su libro. Pero esa transformación no fue solo el peso del poder colonial. La Iglesia actuó de una manera mucho más compleja, incluyendo no solo los viejos rituales sino las huacas sagradas, los protagonistas predicadores indígenas. Consta en «El mito del nacimiento del Pariacaca», información que conoció Julio C. Tello, desde la etnografía que estudia en 1977, y también Julio Cotler y José Matos Mar, desde los ritos y tradiciones de Huarochirí, en 1987, traducidos gracias a Taylor. Y este libro que celebramos nos dice que el periodo peruano con doble mentalidad, que se llama periodo colonial o virreinato —o si se quiere, del siglo XV hasta el fin de este tiempo más o menos moderno, nuestra Edad Media—, no hemos terminado de estudiarlo.            

Las tendencias, la rivalidad de clases y estamentos, las leyendas, las utopías actuales, nada de esto acaso requiere de otra disciplina. Sin olvidar el cuerpo, la mente, la fe, acaso la sociología. Pero la sociología hoy no es sino un apéndice del marxismo, el liberalismo, cuando el socialismo no se hizo fuera de las pasiones y las emociones o las utopías. Casi todas provienen de la vieja europa. Pero este libro abre unas ventanas nuevas. Cómo se forma en lo que ese libro llama «las formas de lo invisible». Desde el primer aprismo al filo del comienzo del siglo XX, o el desdén a Vargas Llosa y que prefirieran a Fujimori. Y cómo llegó, adónde llegó Sendero Luminoso. En «¡Qué  difícil es ser Dios!» de Carlos Iván Degregori, no podemos evitar dos frases suyas: «SL fue una etapa oscura de nuestra historia». Pero también dijo «que era un objeto de estudio opaco y elusivo». Hay otra idea en Iván Degregori: «Los Robin Hood ya pasaron a la historia. Abimael Guzmán y la izquierda latinoamericana». Como se entiende, hay ambigüedad. Los 75 mil muertos, los jóvenes que creyeron que habían hecho estudios para manuales, la base social de jóvenes campesinos y buena parte de la población andina, ignoran las herramientas intelectuales que necesitan. Tenemos que entrar a otro milenio, como China, India, y pronto el África.

Algo de lo más histórico es que el país que surge pese a la administración imperial produjo un campo de religiones. Y eso es lo que explica este libro, los indígenas absorbieron otros cielos, otros dioses, mientras estaban embebidos. Por más abrupto que fuera el camino impregnado de la fe de los recién llegados, sería algo de fusión de ambas religiones, algo barroco. No había contradicciones, detrás del Dios Sol, un Dios oculto, hacedor del Cosmos. Y que tuviera hijos con poderes únicos, que eran exploradores y bajaban al mundo de los mortales. Esas visitas, las conocían en la memoria de las creencias milenarias.

Publicado en El Montonero., 10 de enero de 2021

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