Ribeyro resulta además de escritor, profeta.

Written By: Hugo Neira - Ene• 24•22

Habló de «Gobernantes que no gobiernan»                                   

Julio Ramón Ribeyro es un gran escritor, acaso el más grande en el género de narrativa de cuentos. Él conocía muy bien la vida de los peruanos, en particular las clases urbanas y populares. Pero tenía, además, otros dones. No lo sabíamos. Hemos elegido uno de sus cuentos que resulta ser un vaticinio, lo que se llama un augurio, un pronóstico, el de un peruano que llega al rango más alto sin que él entienda dónde lo lleva el destino.

En el cuento, los efectos misteriosos de una joya encontrada por casualidad en un basural. Una insignia. Aparece gente que no conocía y culmina como presidente, solo porque recoge del suelo la insignia misteriosa. Ribeyro, esta vez, vidente, sospechaba que en algún momento de la vida peruana un peruano llegaría al poder, pero sin saber por qué ni para qué. Es asombroso, el pronóstico se está cumpliendo. (Por si acaso, ese vacío de poder está en el cuento de la página 117 de la edición de Alfaguara 2021, y lo escribe en 1952 y en Lima). Lo cual nos pone en los terrenos del ocultismo, el de los hechizos siempre fascinantes. En el año 52 peruano no pasaba gran cosa. (Por si acaso, Neira no ha metido la mano en este cuento de Julio Ramón Ribeyro, con algo de taumaturgia, por algo lo incorpora a los otros muchos cuentos. Éramos amigos). Y que da que pensar y también recordar que existen las ciencias oscuras. Quizá Ribeyro lo sabía. Y nos prevenía, no desde París sino desde algún lugar del cosmos.

Pero volviendo a lo real, para esta semana, había decidido ocuparme de uno de sus cuentos. Lo he conseguido en Santiago de Chile. Libro enorme, de noventa y cinco cuentos, 984 páginas de una narrativa considerada «una de las empresas más valiosas de la literatura latinoamericana», dice Juan Gabriel Vásquez en una breve representación de los relatos del autor peruano, Ribeyro. Cuentos completos del autor de La palabra del mundo. Julio nace en Lima en 1929 y había estudiado Letras y Derecho en la Católica de Lima. En 1952 viaja a Madrid becado para cursar el oficio de periodista, y continúa su formación en Francia, Alemania y Bélgica y retorna al Perú en 1958 para trabajar en Ayacucho. Pero regresa a París, fijando su vida como periodista en la Agencia France Presse (1961-1971). Durante años va publicando sus libros de cuentos, el primero Los gallinazos sin plumas sale en 1955 y con el tiempo, se juntaron en cuatro volúmenes para conformar La palabra del mudo (Tomo I, 1973, y 1992 para el tomo IV). También escribe textos de teatro, y libros que llamaríamos ensayos, como Prosas Apatridas.

Estando en Francia fue nombrado Ministro Consejero del Perú en la UNESCO. En París conoce al general Velasco que tenía un cargo diplomático en Francia. Fueron amigos. Ribeyro, a quien conocí en París, no se le encuentra ninguna tendencia política. Lo que sí hay que decir con toda sinceridad es que esos cuentos —que eran como él mismo los llamó Cuentos de circunstancias—, desde Las botellas y los hombres de 1964 hasta Silvio en El Rosedal, en 1977, son un desfile de situaciones y personajes, sin faltarle la ironía y la ternura por los pobres o las vidas perdidas. Es el más completo retrato de la sociedad civil del Perú y su clase media, las frustraciones, en la literatura peruana y acaso latinoamericana, el destino de los seres humanos enfrentados a la vida urbana. A tal punto que va más lejos en la comprensión de esas clases medias, más que la sociología. Con la narrativa de Ribeyro, surgen situaciones donde el azar y los dioses invisibles son los que deciden de la felicidad o del dolor, más allá del mundo real, magias como sucede al personaje del cuento que se titula La insignia. Hay en esa narrativa peruana costumbres, el milagro, lo sobrenatural, nigromancia y hechiceros. Al personaje le va muy bien, demasiado bien porque ha encontrado una joya, una insignia que lo hace conocer gente de otra clase, dominante y superior, y él no comprende por completo que está en un rango alto y poderoso, y eso es lo que lo desespera. Se parece a algunos de los altos funcionarios de nuestra clase política. Por cierto resulta que Ribeyro encabeza esa corriente que conoce los cambios del destino, la descomposición total de lo real. Personas infelices que persiguieron el poder, y cuando lo tienen, no saben como evitar el surrealismo de esta época. 

Resumen del cuento La insignia

El personaje, al pasar por un malecón, ve un pequeño objeto en el basural. Lo recoge y lo frota contra la manga, se lo echa al bolsillo y retorna a su casa. Luego se desencadena una serie de sucesos. En una librería de libros viejos, el patrón se le acerca para decirle que tiene todos los libros de Feifer, y le explica que lo han matado en Praga. Él intenta esconder su ignorancia, y después, ya lejos de la librería, siguen las cosas raras: un hombre que no conocía le entrega una tarjeta blanca, le hace saber una fecha y un lugar al que está invitado. Va, se encuentra con gente que le extiende la mano con gran familiaridad. Después cumple una serie de encargos, como tener la lista de todos los números de teléfono que empiezan con 38. Después lo envían al extranjero donde siempre se le recibe muy bien. El personaje explica que han pasado 10 años. «Por mis propios méritos he sido designado presidente. Uso una toga orlada de púrpura con la que aparezco en los grandes ceremoniales. Los afiliados me tratan de vuecencia. Tengo una renta de cinco mil dólares, casas en los balnearios, sirvientes con  librea que me respetan y me temen (…). Y a pesar de todo esto, ahora, como el primer día y como siempre, vivo en la más absoluta ignorancia, y si alguien me preguntara cuál es el sentido de nuestra organización, yo no sabría qué responderle. A lo más, me limitaría a pintar rayas rojas en una pizarra negra, esperando confiado los resultados que produce en la mente humana toda explicación que se funda inexorablemente en la cábala.» (Escrito por Ribeyro en Lima, 1952)

Publicado en El Montonero., 24 de enero de 2022

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Otro elogio a un escritor. Esta vez, Rolando Arellano, «El tesoro»

Written By: Hugo Neira - Ene• 17•22

Otra vez un libro bien construido, y mi deseo que se le conozca y evitemos la costumbre del desdén de un libro no examinado por descuido y embarullamiento. Es cierto que el libro de Rolando Arellano titulado El tesoro goza de un subtítulo múltiple. El tesoro: la aventura del pasado, el presente y el futuro del Perú.  Y entonces, me pareció un libro de historia, pero al abrirlo se encuentra el lector con 18 textos en los cuales se diría que tiene algo teatral, como entrevistar a Catalina Huanca, y su leyenda de tesoros escondidos. En cada escena parecería entrevistas de periodistas de nuestra época a peruanas y peruanos del siglo XVI, de otros siglos, los hace hablar. Por ejemplo los obreros tejedores, esos sabios —los khipucamalloc—, y Guamán Poma de Ayala, y de paso a Francisco Pizarro. Y luego criollos y revolucionarios, y una entrevista nada menos que a la famosa Micaela Villegas, la Perricholi, ya estamos en el XVIII. Y luego continúa con don Ricardo Palma. Como del Perú no se puede tener memoria de nuestros literatos sino de los hombres de guerra, Andrés Avelino Cáceres, a fines del siglo XIX.

Don Rolando Arellano, he leído su libro con agrado y con rigor. Lo que ha hecho usted es una descripción pero brilla en la prosa algo valioso, la prosa de cada personaje de ese mundo peruano, y la lengua castellana peruana según la época y el ámbito, o sea un experimento de filología, con gran desenvoltura. Francamente, merece su libro lo que se llama normalmente «reconocimiento». Lamentablemente, ese gesto es raro en la Lima actual. Por mi parte, argumento que todas las lenguas conocidas tienen palabras para elegir algo de valor no cuestionado. Eso ocurre no solo con el castellano, el francés, el inglés, siempre se tiene una palabra, un vocablo, para reconocer un poema o alguna prosa de valor. Por ejemplo, los alemanes al «reconocimiento» le dicen Erkennen einer Person (traducción: el «reconocimiento de una persona» y ante un especialista en reconocimiento de algo, Erkennung. Eso es lo que debemos aplaudir en su libro, don Rolando Arellano, un hombre que ha vivido en diversos mundos. Y que ha querido escribir una novela con aventureros que se encuentran en nuestra historia peruana. Pero me parece que va más lejos que una novela, juntando civiles y militares, hombres y muchas mujeres, quizá nuestro gran tesoro. Se me ocurre, «nuestros grandes mestizajes» que él coloca en esa aventura, para que lo lean los jóvenes o la gente de edad.

Esa manía de no admirar más claramente el arte y no decirlo públicamente, no es solo una manía peruana sino también de otros países iberoamericanos. En México, conocí personalmente a Octavio Paz. Lo había leído y me parecía en ese instante uno de los escritores y pensadores más acertados del continente, y sin embargo, me dijo que pese a su obra, lo «ningunearon».¡Y ya tenía el Nobel! No quiero extenderme sobre ese fenómeno, entre social y psíquico, porque en otras culturas, en otras sociedades, no es así. En la vieja Europa donde estudié largos años y decenios, y ya como profesor, vi algo distinto, generación tras generación: la cultura en cada nación se modificaba. En esa vieja sociedad europea, cada tiempo afecta sin embargo la maquinaria intelectual y científica, le devuelve la  eterna juventud. Y se discute entre lo clásico y las formas nuevas de la lengua, y el pensamiento que emerge. Y están acostumbrados a ver cómo nacen las ideas nuevas, las artes, e inclusive una guerra permanente de las ideas. Sin perder la memoria de lo ya conocido.

I. Pero no puedo dejar de lado los grandes problemas del mundo contemporáneo. Que conciernen incluso a los Estados Unidos que temen que Donald Trump intente otro asalto al Capitolio (como el del 6 de enero del 2021), pues sus milicias de extrema derecha no han disminuido. En los Estados Unidos se sabe que los republicanos —que son millones de electores— volverán al asalto. Esto lo dice claramente la prensa, lo tomamos de The Los Angeles Times. Y algunos otros datos. «Unos 65 millones de americanos están convencidos que Joe Biden es un presidente ilegítimo». Y ya surgen unas palabras novedosas, de las que hablaba líneas arriba. Por ejemplo: ANOCRATIE. En los Estados Unidos es algo que no es democrático, tras las afirmaciones de Barbara F. Walter, una nueva voz. La «anocratie» es una situación intermediaria entre la democracia y el Estado autocrático, un concepto creado en The Center for Systemic Peace, un think tank americano, según la profesora de la Universidad de California San Diego. Ella la presentó en una revista, con un título que da frío: «Cómo se inician las guerras civiles».

II. Al problema de la pandemia del Covid-19 que ya ha hecho 5 millones de víctimas en solo dos años, hoy la variante Ómicron y la crisis sanitaria mundial afectan la economía, los actos políticos en democracia también por el riesgo de contagio en los mitines urbanos, temor que corre en varios continentes. Entre tanto, se ralentiza la producción, aumentan en todas partes los no empleos, la interdependencia dentro de una economía mundial globalizada comienza a debilitarse. China y los Estados Unidos —potencias mundiales aunque hay otras— no tienen los lazos comerciales que hasta hace poco tenían por la globalización. En una situación conflictiva como la presente, no se puede detener el recalentamiento de la atmósfera.

Siempre hubo migraciones. Hay países que nacieron con migraciones gigantescas, Estados Unidos, Argentina, Australia, Canadá, etc. Hoy sabemos que las olas migratorias controladas han disminuido desde 1970.

Pero se han multiplicado los desplazados y los ilegales, y las ONGs intervienen en todas partes. ¿Son una nueva sociedad civil mundial? Por eso se habla de la Global Civil Society, desde el 2003.

Mirando y viajando por el cosmos

III. Más allá de los flujos de la mundialización, los intercambios comerciales en los inicios del siglo XXI representan un 60% del PBI mundial. Las mercancías circulan cada vez más, hombres y mujeres —emigrantes o turistas—, también. Hay cada vez más intercambios. Pero ¿podemos seguir? ¿Habrá territorios para las diversas sociedades? ¿Alcanzará la energía para las flotas de aviones y barcos comerciales que necesitaremos? Hay algunos países que piensan el porvenir cercano entre sociedades no solo de distintos continentes sino de distintos cielos, entre planetas, exoplanetas hallados en el cosmos.

Hablemos ahora de ciencia y del transporte interestalar que interesa a los astrónomos. De una máquina espacial llamada James Webb. Se trata del más grande telescopio que la humanidad ha lanzado al espacio. Permitirá observar las primeras estrellas y si hay huellas de vida exterrestre, lo que va modificar nuestra visión del universo.

IV. Según el New Scientist de Londres, en octubre del 2021 un barco deja el Océano Atlántico hacia el Este de la América del Sur. Su preciosa carga es excepcional. Se trata del telescopio espacial James Webb Space Telescope (JWST). Es un experimento que ha esperado 25 años y fruto de la colaboración de veinte países. El dispositivo está concebido para servir de máquina para remontar el tiempo. Es decir, a la época misteriosa de la formación de las primeras estrellas del universo, de la que «no sabemos nada». Es fantástico, dicen los técnicos como Torsten Böker, de la Agencia Espacial Europea. Lo fantástico es que esta máquina que orbita el sol podrá analizar las atmósferas de miles de exoplanetas, examinar si alguna es propicia a la vida. No es exagerado pensar que la visión que tenemos del universo y del lugar en que estamos podría cambiar.

V. ¿Un cosmos más bien juvenil? ¿Un deseo de ver las primeras estrellas del universo? Una estrella produce elementos químicos, por lo general a su muerte. Eso que llamamos una supernova. Pero una parte de sus restos —dicen los técnicos— se puede transformar en una nueva generación de estrellas. Y el ciclo se repite.

Los científicos que observan el espacio lejano dicen: «Hasta ahora, no hemos logrado ver con precisión las estrellas que existieron durante los cien primeros millones de años después del Big Bang. La luz de las primeras estrellas se confunde con los residuos de hidrógeno y helio —los átomos más ligeros—, un momento que nosotros llamamos ‘el alba cósmico’».

El telescopio James Webb llegará a una distancia mayor que diversas galaxias juntas. En órbita situada a 1,5 millón de kilómetros de la Tierra. Pero será un triunfo de los sabios que investigan el cosmos.

Qué de cosas que no sabemos y podemos descubrir. Y qué de efectos sobre la salud humana. Y acaso alguna vez nuestra especie descubra cómo llegar a la inmortalidad. Por la ciencia y la capacidad moral de no destruirnos nosotros mismos. Por eso quizá no nos visitan los extraterrestres. Todavía tenemos la violencia de los animales.

Publicado en El  Montonero., 17 de enero de 2022

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Elogio de un libro peruano y para peruanos

Written By: Hugo Neira - Ene• 10•22

Es la madrugada, todavía no es de día en Santiago de Chile. He pasado la noche en un paseo por el libro titulado El  umbral de los dioses (Cauces Editores). No tiene una sola temática porque los dioses y demonios van de un lado a otro, y el libro llegó a mis manos como un regalo, y en Los Álamos, donde vivimos, alguien lo entregó en la caseta de los vigilantes (o como otros les llaman, wachimanes). Me lo dieron cuando nos despedíamos, lo metí en el portafolio sin acudir a algún tipo de magia. Pero ya sobre las nubes, que es el lugar desde donde se puede leer mejor su contenido, llama la atención  la portada. Hay vivos y muertos, diversos seres tanto amables como demoniacos. El libro nos hace saber que las imágenes de la portada son las «Cuatro Partes Del Mundo», obra de Alex Ángeles, Carlos Lamas y Ángel Valdez, acrílico e impresión serigráfica sobre tela del 2003. Es acrílico —insisto— y la tela mide 178×158 cm. No es fácil verlo por entero, reposa en la Colección del Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA).

Pero si el posible lector todavía no asume que está ante un libro singular, al menos puede que se sorprenda que tenga más de dos autores. A saber Moisés Lemlij y Luis Millones. O sea, dos ciencias sociales, la psicología, como es sabido en Lemlij, y la antropología con Millones. En la página 15 el libro nos prepara para una «aproximación psicoantropológica a los mitos andinos». Pero en el prólogo se hace público que es una conversación entre el psicoanálisis y la historia, viene de los años sesenta «cuando la coyuntura generacional reunió a un conjunto de jóvenes interesados en la cultura andina». Hubo afinidades y amistades, y rivalidades. Pero eso no es todo. El prólogo explica que por un conjunto ligado «al propio desarrollo de las disciplinas en mención». Pero con los autores de esas páginas se descubre, desde el índice, que Max Hernández  se ocupa de «Las formas de lo invisible», «Los sueños del inca conquistador» en páginas de Moisés Lemlij y también «Pachacútec y el incesto dinástico», y «Algunos mitos referentes al dios Pachacámac» de nada menos que María Rostworowski, y en conjunto con Luis Millones, Alberto Péndola y Max Hernández está el capítulo sobre «Identidad y origen: el mito del nacimiento de Pariacaca».

El libro se anticipa en ser claros sobre sus fines y metas, no solo de uno sino de varios. «Se ha mencionado que Lima fue el lugar de encuentro y teatro de las acciones de la reflexión y consulta de los autores. Esto se ajusta a la verdad, pero no quiere decir que las investigaciones se redujeran al ámbito de la capital. Se trabajó en Ayacucho, en la selva, en Carhuamayo, Junín y en los valles del Chillón y de Lurín —o sea Lima— para cubrir temas que son muestras de esta labor multidisciplinaria. Hay, pues, un profundo interés en dar una dimensión nacional y de proveer un correlato empírico a nuestras reflexiones»  (página 13).

El libro luego se ocupa del Taki Onqoy, «la enfermedad del canto». «Los años oscuros de Santa Rosa de Lima» (en manos de Luis Millones). Y con Moisés Lemlij y Luis Millones, desde las páginas 237 a 254, sobre los demonios del siglo XVII, que es una interpretación psicoanalítica de las «idolatrías». Y en una que sobrepasa al pasado histórico, la importancia del psicoanálisis del mito, no me digan que me equivoco, estamos rodeados de mitos contemporáneos que se podrían discutir si es que usamos la razón, incluso cuando se trata de actitudes y mentalidades que han salido de eso que se llama razón. Quizá otra disciplina es de urgencia, me refiero, más allá del libro El umbral de los dioses, al que nuestra Edad Media no está del todo estudiada. La aceptación de un Dios superior. El Dios Sol fue desplazado por el Dios Padre eterno, venido al mundo andino no tanto por los conquistadores sino por la habilidad de dominicos, agustinos, franciscanos. Todo lo que sabemos de esa transición de la fe de los  indígenas a la teología que llega desde el mar, se apoya no solo en las disciplinas de nuestros días sino en los testigos, Santa Cruz Pachacuti, desde que lo tenemos, desde 1927. Y de los cronistas, desde Garcilaso hasta Arguedas. Es cierto que a Juan Carlos Estenssoro, peruano y profesor de historia en París, le debemos la mutación ya no de los incas sino de la masa de indígenas, el pasaje «del paganismo a la santidad», título de su libro. Pero esa transformación no fue solo el peso del poder colonial. La Iglesia actuó de una manera mucho más compleja, incluyendo no solo los viejos rituales sino las huacas sagradas, los protagonistas predicadores indígenas. Consta en «El mito del nacimiento del Pariacaca», información que conoció Julio C. Tello, desde la etnografía que estudia en 1977, y también Julio Cotler y José Matos Mar, desde los ritos y tradiciones de Huarochirí, en 1987, traducidos gracias a Taylor. Y este libro que celebramos nos dice que el periodo peruano con doble mentalidad, que se llama periodo colonial o virreinato —o si se quiere, del siglo XV hasta el fin de este tiempo más o menos moderno, nuestra Edad Media—, no hemos terminado de estudiarlo.            

Las tendencias, la rivalidad de clases y estamentos, las leyendas, las utopías actuales, nada de esto acaso requiere de otra disciplina. Sin olvidar el cuerpo, la mente, la fe, acaso la sociología. Pero la sociología hoy no es sino un apéndice del marxismo, el liberalismo, cuando el socialismo no se hizo fuera de las pasiones y las emociones o las utopías. Casi todas provienen de la vieja europa. Pero este libro abre unas ventanas nuevas. Cómo se forma en lo que ese libro llama «las formas de lo invisible». Desde el primer aprismo al filo del comienzo del siglo XX, o el desdén a Vargas Llosa y que prefirieran a Fujimori. Y cómo llegó, adónde llegó Sendero Luminoso. En «¡Qué  difícil es ser Dios!» de Carlos Iván Degregori, no podemos evitar dos frases suyas: «SL fue una etapa oscura de nuestra historia». Pero también dijo «que era un objeto de estudio opaco y elusivo». Hay otra idea en Iván Degregori: «Los Robin Hood ya pasaron a la historia. Abimael Guzmán y la izquierda latinoamericana». Como se entiende, hay ambigüedad. Los 75 mil muertos, los jóvenes que creyeron que habían hecho estudios para manuales, la base social de jóvenes campesinos y buena parte de la población andina, ignoran las herramientas intelectuales que necesitan. Tenemos que entrar a otro milenio, como China, India, y pronto el África.

Algo de lo más histórico es que el país que surge pese a la administración imperial produjo un campo de religiones. Y eso es lo que explica este libro, los indígenas absorbieron otros cielos, otros dioses, mientras estaban embebidos. Por más abrupto que fuera el camino impregnado de la fe de los recién llegados, sería algo de fusión de ambas religiones, algo barroco. No había contradicciones, detrás del Dios Sol, un Dios oculto, hacedor del Cosmos. Y que tuviera hijos con poderes únicos, que eran exploradores y bajaban al mundo de los mortales. Esas visitas, las conocían en la memoria de las creencias milenarias.

Publicado en El Montonero., 10 de enero de 2021

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Para la presidencia y el Estado se necesita una batuta

Written By: Hugo Neira - Ene• 03•22

La política entre otras artes

El final de este mes diciembre nos lleva a usos corrientes. Estando lejos de Lima, muy lejos, pero siempre del lado del Océano Pacífico, en otros países, otras ciudades, algunos ciudadanos en casa, con la familia. La música no está ausente. El repertorio es accidental, puede ser de los vecinos pero composiciones más breves, melodías conocidas listas para cantar a toda voz, y bailar lo que ya conocen. Festejan el nuevo año, algunos han ido a escuchar música religiosa —hay una capilla a tres cientos metros de la casa en que vivimos—, otros han ido a un concierto. En materia de música así se dice, concierto. También se dice igual en Perú. Y en todas partes del planeta.

Concierto se dice cuando se trata de composiciones musicales para diversos instrumentos. Y aunque haya también los coros, siguen los bemoles. Imagínense dos conjuntos de músicos tocando algo distinto a la vez. Escucharíamos solo ruido. Pero en el concierto del que hablo, el resultado es la armonía. Porque los instrumentos diversos intervienen cuando un maestro, que dirige la sinfónica, con una varita en mano que se llama la batuta —palabra que viene del italiano «battuta»— marca el compás a la orquesta, tanto silenciando a un grupo de instrumentos como invitando a otros a tocar. Detener los violines o hacer ingresar las arpas al lado de grupos de vientos o maderas, o flautas o clarinetes, y luego, un poco al fondo, los instrumentos de metales, o de percusión, timbales, platillos, o el gong, el xilófono. Esa batuta la tiene la persona que dirige el conjunto, al punto que esa palabra se la usa ya no solo para la música clásica sino para las grandes orquestas, para grandes empresas, un rectorado o un Estado de nuestros días. Aquí la palabra clave es concertar. Con la batuta. A la administración del Estado y las fuerzas políticas dentro del Estado.

Concertar es una palabra que viene del latín. CERTARE, es luchar y también arcordarse, armonizar, concordar, que quiere decir estar de acuerdo. Concertar es poner, colocar o relacionar a un número de personas que en negocios han concertado para emprender  juntos con otros. En política es estar de acuerdo, o cooperar, para un resultado que implica grupos y personas numerosas, debido a una concordia, una fraternidad. Y se puede decir entonces que se ha concertado. En la gramática corriente, concordar no puede dejar de lado dos palabras decisivas: «con», es una de ellas, y «entre». Sí, pues, entre personas, clases sociales, y regiones. La sustancia real y moral de esta palabra la hemos extraído del más serio diccionario de la lengua castellana, nos hemos apoyado en DICCIONARIO DE USO DEL ESPAÑOL de María Moliner. Y la armonía de los conciertos musicales.

CONCERTAR es el verbo que se puede encontrar en negocios, política y música en sus más altos niveles. 

En el arte de la música no hay nada mayor y mejor que la existencia de los conciertos. Y en ellos los directores de orquestas sinfónicas. Lo que tendría de parecido, con sus dificultades, es un Jefe de Estado, sea un Rey sea un ciudadano elegido por los votos,  alguien que tiene el poder legal de una presidencia. En ningún caso va a ocuparse de todas las diversas entidades e instituciones. Ningún Estado o toda otra nación moderna deja de tener una multiplicidad de instituciones, a diferencia de las empresas privadas. Y un Estado es más extenso que una orquesta.

Y dejemos de lado lo que un pueblo espera de los Estados nuestros en esta América Latina con tantos retrasos, por ser sociedades muy fragmentadas: hacer llegar los recursos,  llegar a la modernidad y a un país sin hambre, de dignidad humana y atención pública, igualdad ante la ley. Es algo que podemos alcanzar pero no es para el día de mañana. Y es cuando alguien mueve la batuta.

Sé lo que piensan muchos de mis paisanos y contemporáneos, no creen que el Estado es algo importante. Por lo menos, yo debo lo que soy a los estudios que tuve en un colegio del Estado y en universidades estatales. No era la educación de hoy que creen que es suficiente. Pero, para decirles algo sobre la importancia del Estado, aparece en Europa desde el siglo XVI, y los Estados Unidos, y no olvido como Rusia y China son lo que son por tenerlo desde el origen. Y otros países asiáticos y las potencias que están apareciendo.

En uno de mis viajes, encontré un libro sobre Egipto. Yo estuve un tiempo en El Cairo, para hacer una tesis corta que me pedían en París. Me mantuve gracias a una disposición de la universidad en que estaba, me cambiaron por un profesor egipcio y así yo dicté unos cursos e hice una tesis breve sobre el Egipto de hoy.

Y es por eso que, por curiosidad, me acerqué a una librería gigantesca en la que encontré un libro titulado Instituciones de Egipto, en tiempos de faraones. Casi me caigo al suelo cuando descubro que los faraones tenían instituciones, antes de JC. Tenían lugares para los extranjeros, los reyes (con menos poder que el faraón), residencias faraónicas, residencias para la corte, diversas sepulturas, y dominios de la corona. Y palacios para la función legislativa y el poder ejecutivo, en otro lugar; los grandes cuerpos del Estado —seis grandes tribunales, archivos y bibliotecas— y luego, unos «nomarcas» (de nomo, unidad territorial económica, fiscal y religiosa) que controlaban otros funcionarios en ciudades, como nuestros alcaldes; distritos y ejércitos para la dominación de los países del desierto oriental  y de Sinai. Todo estaba organizado. El desierto, los oasis y lugares fronterizos.

No lo sabía. Sabían ellos dónde estaban las tierras cultivadas, qué pagaban en impuestos. Tenían catastros, yo creía que eso era de los primeros griegos. Se sabía todo lo del Nilo, cuando bajaba o subía el agua. Y de los rebaños y la fauna. Y los recursos minerales.

Y  la gente calificada por profesión, educación y cultura. Había una educación egipcia y una economía. Y el monopolio del Estado. Tenían un Ejército y una Marina. No sigo, hay una época en que aparecen otras ciudades en el Mediterráneo.

Y ahora usted, estimado lector, coja su silla para lo que sigue. ¿Sabe quiénes copiaron el Estado de Egipto? Los romanos. El Egipto faraónico y sus instituciones anticipan el modelo romano de los Césares que luego se volvió Reyes, Emperadores. Y demócratas o totalitarios, pero siempre hubo Estados. Hasta nuestros días.  El orden de la política no viene de los Césares sino del orden de los Faraones.

Debería cada semana una orquesta tocar públicamente. ¿O es que no tenemos ni una entidad musical capaz de un concierto con director con batuta en mano? Quizá entenderíamos qué es la gran música y cómo los Estados cumplen sus deberes. Sería un paso enorme porque el ser humano comprende ciertos símbolos que nos hacen vivir mejor mediante concertaciones y no por la violencia y las guerras internas.

Publicado en El Montonero., 3 de enero de 2022

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Mensaje y misiva sobre la elección presidencial en Chile

Written By: Hugo Neira - Dic• 21•21

Lo que decían los diarios chilenos el domingo 19 y lunes 20 de diciembre

Acabamos de llegar a Santiago. Y recurro a los diarios de esta mañana. No he venido a Chile por razones periodísticas sino por una serie de trabajos de carácter académico, pero no cuesta nada una nota breve sobre estas elecciones. El diario El Mercurio recordaba que había que elegir entre Gabriel Boric (candidato de Apruebo Dignidad), y su rival, José Antonio Kast, del Partido Republicano, candidato por el Frente Social Cristiano. El diario Las Últimas Noticias del lunes 20 cubre la primera página con su rostro y en grandes letras: BORIC PRESIDENTE. Y el mismo diario: «Candidato de Aprueblo Dignidad se impuso en segunda vuelta con 55,86% de las preferencias al 99,77% de las mesas escrutadas».

Cabe tomar, para esta breve nota, lo que ha dicho el vencedor. «Vamos a expandir los derechos sociales con responsabilidad». Los diarios dicen que esta «segunda vuelta cuenta con la más alta participación, supera las cifras del Plebiscito Nacional del 2020». En uno se dice que Gabriel Boric llega al gobierno con especial legitimidad: además de ser elegido en la elección más masiva de la historia de Chile, llegará a La Moneda (el palacio de gobierno de Chile) el presidente más joven en doscientos años. «No es una anécdota», dice el autor de esa columna, Bunker, sino «una señal de esperanza». Boric, el vencedor, también dijo cuando habló en una plaza popular de «Cuidar la democracia».

Esta nota quisiera que sea lo que los mismos chilenos conocen. Pero me atrevo a decir que nunca estuvo más polarizada la elección, con unos 15 millones de electores. La toma de poder es para el 11 de marzo, con un nuevo Congreso. Y añadir que a las dos grandes tendencias políticas, se sumaron diversas partes del voto de la derecha y de la izquierda, que es la que ha vencido. Los políticos chilenos, los veo con una actitud cívica, contrariamente a otras repúblicas de este vasto continente. Un ejemplo, cuando el conteo de votos iba a la mitad, el republicano Antonio Kast, candidato por el Frente Social Cristiano, reconoció su derrota y llamó a su contrincante, Gabriel Boric, de Apruebo Dignidad, para felicitarlo. Y es una tradición muy cívica la chilena, como cuando en el 2013 la vencedora fue Bachelet —y poco importaba que con votos comunistas—, y tomó desayuno con el presidente electo Sebastián Piñera. 

Me impresionan los rituales republicanos para después de unas elecciones. Entre tanto, se cuidaron los votos de las mesas, no como pasó con una candidata en el Perú. Tengo algo de envidia cuando dicen «primero Chile». Y hoy con Boric electo, hijo pródigo de la Concertación, un antropólogo proyecta el futuro, a partir del 11 de marzo, «con equipos completamente nuevos a cargo del gobierno». En las páginas políticas de Las Últimas Noticias dice que «Boric podría ser un gran Presidente, si encuentra los equipos adecuados». El antropólogo, Pablo Ortuzar, investigador del Instituto de Estudios de la Sociedad y, como dice el diario, más bien cercano a la derecha. Por si acaso, personalmente no lo conozco. Pero si pienso en el Perú, en mi patria, hay muchos agudos analistas que si los hubiesen llamado, otra política tendríamos. Pero no se equivoquen, no busco una chamba. Lo digo por decirlo. La gran politica, en cualquier situación, no se hace con amiguitos sino con los  mejores. El Estado y gobernar es siempre difícil, y se necesita gente que comprenda la sociedad, sobre todo en países de diferentes culturas como el nuestro. País fragmentado geográficamente y de regiones y brechas económicas enormes y distantes.

Publicado en El Montonero., 21 de diciembre de 2021

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