Escribiendo a amigos

Written By: Hugo Neira - Feb• 21•22

Para este lunes, tengo tres temáticas para mis lectores del portal El Montonero de mi amigo y director, Víctor Andrés Ponce. Él me conoce y sabe que me interesan diversas ideas y corrientes intelectuales. Como soy en Europa un exprofesor, me llegan las revistas científicas que debido a las nuevas investigaciones sobre psicología tratan del caso de los más jóvenes que pueden comprender perfectamente, desde los seis años, hasta la filosofía. Esa es la primera noticia.

La segunda es que una modalidad de meditación corre por el planeta, fuera de su lugar de origen, es la meditación budista. Qué lástima que se fuera de este mundo un político que le atraían estos temas, me refiero a Alan García, y su libro Confucio y la globalización, con un subtítulo bien claro, «comprender China y crecer con ella». Por lo visto, ya no son los Estados Unidos el gran país productivo y de emigración que fueron al final de la segunda Guerra Mundial. Yo me he cansado de decir a mis alumnos que si les interesa la economía internacional, es mejor que estudien el chino y no las lenguas que son las de otras épocas. Pero la fascinación americana sigue siendo la más dominante.

En cuanto a la filosofía para escolares, fue la idea del editor Jean-Paul Mongin. Creó una colección —«Les petits Platons»— dirigida  tanto a lectores de 9-10 años como a adultos que quieren refrescar sus conocimientos. La colección existe hoy en 26 lenguas (Sciences Humaines n°343, enero de 2022). Su originalidad es permitir a los niños de descubrir a los mismos filósofos como Descartes, Leibniz y Kant, y filosofar desde su corta edad. Había habido antes experiencia de colecciones de libros de filosofía para los menores de edad, es el caso de El mundo de Sofía del noruego Gaarder que fue traducido al francés en 1995, y también una colección de Gallimard —«Chouette! Penser»— que no duró lamentablemente, dice Mongin, pero su colección trae ficciones que hacen eco a los conceptos filosóficos, y la fórmula es exitosa. Ponen portadas como para jugar, por ejemplo, Nietzsche subiendo a un cerro a grandes pasos, o la confesión de San Augustín. Todo esto antes de la secundaria. Conclusión: cada vez más lejos estamos de los lugares donde la filosofía se ha vuelto al alcance de todos. No olvidemos que toda nación necesita una ética en torno a la cual gira su economía y ordenamiento legal.

Tercera temática, ¿qué ciudadanos formamos? ¿Qué sabemos de los niños? Hace 30 años que se estableció una nueva especialidad llamada ‘neurospsicología’  (neuropsychologie en francés). Demoró diez años en desarrollarse en Francia (hay a la fecha 5000 neuropsicólogos) y hoy es cada vez más pedido un balance neuropsicológico tanto de los niños (que no es test de QI) como de los adultos para asegurar un mejor futuro, una mejor orientación en función del perfil de cada quien. Pensando en nuestros déficits en capital humano y educación, no puedo sino recordar una magnífica tesis de un estudiante de San Marcos, Humberto Porras Vásquez, y como asesor, César Germaná. Cómo la «criollada» se vuelve algo más que una viveza, se convierte en achoramiento y arribismo, lo que cuenta es subir, con comportamientos cualesquiera. Tras la omnipresencia de la mentira, sin valores ni principios, sin otra preocupación que subir, ascender a como dé lugar. Esa tesis es lo más real que se ha dicho y escrito en el Perú en unas 200 páginas. Ahí está en la web desde el 2010. Ya sabemos que el peor de los vicios es esa cultura criollista, que no ha desaparecido, es una forma de vida fuera de toda norma y un juego sin seriedad. Aun las bromas y la vida tienen límites. De ahí quizá que el peruano no tiene confianza en el peruano amigo, socio, o pariente. ¿No es la confianza una de las virtudes en otras sociedades? Triste es la vida en países sin fiestas pero triste también es si solo cuenta la carcajada… Les reprodujo un artículo que escribí al respecto hace 6 años, publicado el 8 de febrero de 2016 en este mismo portal.

Presidencia, pendejada y el Quijote de Menard                                    

Las malas palabras dicen mucho. Pendejada es concepto utilísimo para describir buena parte de la sociedad peruana. Y si el amable lector cree que no hago honor a mis borlas académicas al usarlo, le prevengo que el sociólogo Gonzalo Portocarrero de la PUCP se sirve de la noción para una «sociogénesis del cinismo»  —chúpate esa— y en un libro de lo más serio, Rostros criollos del mal (p. 102). Sé que el amable lector va a protegerse —eso también es de rigor— y va a decir, claro, un caviar. Tengo malas noticias. El término y lo que significa es usado en tesis de San Marcos, «Estudiantes universitarios y cultura de la criollada», Humberto Porras, dirigida por César Germaná. El capítulo sobre la pendejada va de la página 19 a la 35. Y Juan Carlos Ubilluz, Nuevos súbditos (IEP, 2006). Trata del sujeto criollo y la pendejada. 

En castizo, «viene del pelo del pubis y las ingles» (Dic. Casares). En su raíz tiene un sentido sexual, «el burro se ha puesto pendejo», es decir exitado y por lo tanto tonto. Ahora bien, la gran pendejada consiste en que le hemos sacado la vuelta al castellano. Para mexicanos, venezolanos y colombianos no es pícaro ni vivo. «No seas pendejo» es ponerse estúpido. «En el Perú pasó a ser algo reprochable», dice Humberto Porras siguiendo a Tauro del Pino. Y aquí viene la cosa curiosa. Es deshonestidad con éxito. ¡Y con algo de gracioso! Mi teoría es que la pendejada la hacían los pobres indios para joder un poco a sus curacas y curas explotadores (¿qué se han creído que fue la Colonia?!) y también, los de arriba. Señoritos blancos con su toquecito andaluz. Es decir, con picardía. Si alguien te pone hoy en Lima una pistola en la cabeza es un asalto. Si tu socio te roba es una pendejada. El riesgo con el pendejo es que se siente en la obligación de caerte simpático. Ahí viene la confusión. La transgresión (Portocarrero). Hace siglos que nos encantan los pendejos. La pendejada es un arte. Te joden pero bonito. Ahí está el problema. Te seducen. 

La vaina es que también queremos ser ricos pero la ética de la modernidad no aguanta pendejadas. La burguesía cuando aparece —tesis del alemán Weber—  viene asociada a una moral del esfuerzo, austeridad y trabajo. En Perú ha habido más bien ricos disipados. «Fina estampa, caballero». Las elites chamberoburguesas de verdad han faltado. Las ha habido, unos cuantos blancos que llegaron a fines del XIX, de ahí mineros, industriales, banqueros. Emigrantes italianos, vascos, ingleses, polacos y judíos. Pero luego la prole se acriollaba. Algunos linajes se hundieron, otros no. ¿Por qué los descendientes de migrantes étnico-internos no seguirían el modelo tradicional? Los nietos de los invasores de H. de Soto, hoy chamberos exandinos, han conquistado las urbes, pero sociedades como la peruana tienen un molde que se reproduce. Ha surgido una nueva categoría de pendejos de origen popular. ¿O no es cierto que empresarios emergentes pagan pésimos salarios a sus operarios? «Los rostros del mal» no solo son criollos. Eso era antes.

Según Ubilluz, los patterns locales te dan a elegir, lorna o pendejo (p. 59). La opción es espantosa. Pero la misma sabiduría popular nos propone «el cojudo pendejo y el pendejo cojudo». Puro barroco pero interesante. El que se hace el buenito, por ejemplo, «soy provinciano, empresario», ¿les suena a alguien? Y entonces el pendejo, que de serlo tanto, pasa a la categoría de conchudo. Y entonces viene el roche.

César, no hagas caso. Borges habla de un tal Menard que decidió ser Miguel de Cervantes. Y publicó El Quijote. Tú no quieres escribir como Arguedas, sino ser Arguedas. Cómo no nos dimos cuenta, es sencillo. Lo editas con tu nombre y se acabó el merengue. Hazlo, te hago el prólogo y te iremos a visitar a un lugar calmo y simpático que se encuentra por Magdalena del Mar.

Publicado en El Montonero., 21 de febrero de 2022

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¿Carlos Franco profeta? No lo sabemos todavía

Written By: Hugo Neira - Feb• 14•22

En la línea de los grandes libros que los peruanos se niegan a leer, uno más al que podrían al menos echar una mirada —es decir, lo mínimo— profesores, académicos, periodistas, políticos en plena actividad, y diversos tipos de profesionales porque esos libros podrían ser una vía para comprender nuestro Estado y la sociedad peruana, y acaso sobrepasar la crisis de estos días. Ya lo he hecho, semanas anteriores, con El umbral de los dioses, obra de Moisés Lemlij, conocido psicoanalista, y Luis Millones, por cierto antropólogo, porque la temática de ese estudio junta dos disciplinas y se ocupa no solo de las mentalidades de una parte de la población peruana del siglo XVI hacia adelante en el mundo andino sino de la probable mentalidad de los pobladores rurales, porque son las culturas que habitan la parte más numerosa de la población andina. Hay en ellos otros cielos, otros dioses, otra idea de la vida social y política y que desconocemos, tan lejanos al resto de la población como lo están India, China, y otras zonas del mundo. Hay varios Perúes, las creencias milenarias no han perdido su fuerza. Las etapas oscuras de nuestra historia se mezclan con los problemas modernos de nuestros días.

Pero dejemos esas utopías, también se distancian de aquellos que han pensado, porque en dos siglos de Independencia, dejaron en este mundo un largo estudio sobre la democracia peruana. Su economía, sus posibles maneras de pensar la política. Hemos dicho pensar. Su autor, Carlos Franco, era en vida un producto de la Universidad Mayor de San Marcos que había logrado un Bachiller en Ciencias Sociales interesándose en la Psicología, y caso raro, continuó su formación en Lovaina, Bélgica. Y luego, estudios sobre Ciencias Sociales, en FLACSO en Quito, Ecuador. En pocas palabras, Carlos Franco estudió Psicología y Ciencias Sociales, y tanto en instituciones europeas como latinoamericanas, en un momento en que las Ciencias Sociales vivieron un siglo de oro y de esplendor. Si esto no fuese suficiente, Franco venía políticamente de la izquierda, pero libre en sus lazos con el poder de esos momentos. En 1968 entra en el conjunto de intelectuales que apoyaron el gobierno del general Juan Velasco Alvarado. Estuvo en el SINAMOS de 1970 a 1975. Carlos Franco era no solo un intelectual sino un hombre político.

Para entender la importancia de ese libro y la situación de su autor, es preciso señalar un par de cosas. La primera, su escritura: no es la del ensayo o solo producto personal sino un análisis de las estructuras socioeconómicas. Y en segundo lugar, el marco político intelectual en que se forjaría la idea de la democracia.

Por lo visto, Carlos Franco razonaba sobre tres ejes y su dinámica. Más sencillamente, las relaciones entre economía y política. Pero dudando de ambos ejes, incluye otro aspecto, «el modo de pensar la democracia en América Latina», título del libro (1998). En esta obra destaca el capítulo III, el más importante. ¿Era un déficit de previsibilidad o previsiones ocultas? Pregunta del mismo Franco que dejó sin responder. El autoritarismo, ¿era solo una situación que era previa al desarrollo? ¿Qué era necesario y qué virtud? En el mundo de la acción política, a más de medio siglo, ¿no podemos saber qué es mejor entre las democracias y los regímenes como el de Venezuela? Cuál era la mejor vía, ¿los regímenes burocráticos o los con libertades? La respuesta más feliz y eficaz,  ¿acaso la conocemos hasta el día de hoy?

Y si es como pensamos, en el intento de un Estado legal, con la democracia solamente, lo que nos ocurre son grupos pequeños que lo infiltran, esa modalidad de gobernar para una posible oligarquía, como en el siglo XIX peruano. Después de la Independencia, dominaron hasta el siglo XX, es decir, ni el eje económico intentó un país sin miseria, ni el eje político. Los partidos de representación de lo popular duraban muy poco, para ello se daban golpes militares. Y la promesa de una revolución que llegase al poder para imponer el poder absoluto a millones de ex ciudadanos sin derechos, y sin posibilidad de discutir a los poderosos dirigentes, es la rueda del destino que regresa en el siglo actual, y que diríamos es la gran temática de Carlos Franco. Un libro de homenaje del 2012 en el que intervienen diversas voces (Héctor Béjar, Alberto Adrianzén, Francisco Guerra García, Max Hernández, Carlos Meléndez,…) trae algo muy interesante. Eduardo Dargent y Alberto Vergara, por ejemplo, se preguntan por qué ese libro no tuvo la acogida que merecía. ¿Por qué no funciona la democracia en América Latina?

El tema es decisivo. Fui un amigo de Carlos, estuvimos en las mismas izquierdas y en el Estado cuando Velasco. Yo dejé el Perú, continué mis estudios en París. Luego, hice un viaje a la Rusia soviética, antes de su caída. Y también pude ver, en el otro lado de Europa, cómo la muerte del general Franco dejaba a los españoles libres para pasar del despotismo a formar una nación, que podría ser parte de la familia europea. Diversos son los sistemas políticos, Reinos con Parlamentos que hacían lo que descubre la Ilustración (Reinos a la inglesa) y ahí los tenemos entre las sociedades más libertarias y de mayor eficacia. ¿Cuál es el sistema que puede sobresalir gracias a una economía de mercado y un Estado de Derecho y protección a los ciudadanos? ¿Eso es la modernidad que no tenemos, o la que no queremos tener?

Me atrevo a esta hipótesis. Sé que nuestros pueblos quieres que los manden, que los dirijan. Pero también en México, en la zona Caribe y gran parte de América Central, se escuchaba a la gente decir: «el régimen ideal es pues una especie de déspota ilustrado, o según las expresiones de la época un ‘tirano honesto’ o un ‘dictador liberal’» (América Latina en el siglo XX, Olivier Dabène, Editorial Síntesis, 2000, p. 31.)

Perdón pero recuerdo lo de Bolívar. Quería la presidencia vitalicia. Solo lo hizo Brasil. Y nosotros, evitamos los reyes, pero ya llevamos tres siglos de «príncipes» que llegan al poder y tienen derecho a todo.

Ni reino ni república, es lo que somos. Poderosos por poco tiempo. Y el caos sigue. Ser presidente o ministro es un riesgo extremo en esta América que un gran escritor latinoamericano llamó «América ladina» (G. Arciniegas). Nadie sabe qué rumbo tiene este continente. Siento decirlo.

Publicado en El Montonero., 14 de febrero de 2022

https://elmontonero.pe/columnas/carlos-franco-profeta-no-lo-sabemos-todavia

Chile: Metamorfosis aquicito nomás

Written By: Hugo Neira - Feb• 07•22

Podría ocuparme de la política chilena. Podríamos creer que todo se trata de izquierda o de derecha, etc. La cosa es más compleja. En los diarios peruanos se están equivocando. Caen en ese defecto, la reducción. Si Camila Vallejo, futura Secretaria General del Gobierno, es del Partido Comunista, no significa nada de radical, lo que pasa es que en Lima no quieren, supongo haciendo rezos al cielo, que lo de Chile sea un gemelo de lo que tienen instalado en el Perú. El sistema que se organiza, en Chile, no tiene nada de parecido en el continente.

Y les voy a explicar qué es la Convención Constituyente. ¿Qué es una convención? Un poco de linguística para esclarecerlo. Convención es: 1- Convenio o pacto entre dos o más personas (o sea, van a hacer alianzas y acuerdos). 2- Conformidad de una cosa u otra (idem). 3- Asamblea que asume todos los poderes de Estado (o sea, ¿para qué más?). (Diccionario Ideológico de la Lengua Española de Julio Casares)

Hay dos probabilidades de que resulte un sistema de ideas aceptado. En primer lugar, los convencionales, sean cuales fueran sus partidos y tendencias, son parte de una generación cuyas ideas y maneras de pensar son muy cercanos. En segundo lugar, esta generación quiere «otro modelo», otro capitalismo, que se puede alcanzar preservando sus tres pilares. Primer pilar, la estabilidad macroeconómica. Solidez fiscal y gasto público bien cuidado, exitoso control de la inflación por el Banco Central de Chile. O sea, la prudencia. El segundo pilar, la apertura al comercio internacional. Y el tercero, una estrategia no intervencionista de desarrollo, algo que fue resumido a «soluciones privadas para problemas públicos», y sí merece ser reformado. Esto consta en un excelente libro que se llama El otro modelo: del orden neoliberal al régimen de lo público (2013). Sus autores se formaron en las universidades anglosajonas y europeas.  

¿Adónde va Chile? Ni hacia la izquierda ni hacia la derecha, VA A TRANSFORMARSE EN UNA NACIÓN INDUSTRIAL.

Estando en Santiago, trato de escuchar todas las voces posibles para entender qué es ese nuevo sistema que quieren. Encuentro en sus librerías libros publicados localmente y otros, llegados de Europa, cuyas ediciones revelan una sostenida actividad y renovación en las ideas y las acciones del Estado, con la actual sólida formación superior, y por cierto, eventos científicos que ni siquiera imaginamos. Un Chile en plena pandemia que continúa avanzando. Aquí se sabe lo que pasa en el mundo.

Tengo en mi mente, y con esto comienzo trasladando la preocupación a mis paisanos peruanos, una serie de proyectos inmensos para los años que vienen. Siempre en los políticos estadistas está presente cuál es la meta del Estado chileno, adónde se quiere llegar. He guardado algunos logros en la producción nacional y mundial. Tras las urnas y los votos, apareció una más de esas metas, que cambiaría por completo el Chile actual:  «HAY UN COMPROMISO  PARA CONSIDERAR A LA CIENCIA COMO UN PILAR EN EL DESARROLLO DEL PAIS» (A toda página en el diario El Mercurio del 22 de enero). Y el que lo anuncia es el futuro ministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación del gobierno de Boric, el doctor en Inmunología, Flavio Salazar, de 56 años. A propósito, ¿tenemos en Lima un Ministerio de Ciencia?

Por mi parte, siempre he insistido en que, en nuestra época, ya no se puede salir del Tercer Mundo como lo han hecho varias naciones en el Asia. En Indoamérica, podíamos haber alcanzado ese nivel con Brasil y México, o acaso con Venuezela —por sus recursos—, pero no hicieron ese esfuerzo.

Ante tal propagación, podemos preguntarnos si Chile tiene los cimientos para dar el salto a la educación de los países o sociedades avanzadas. Pero los datos sobre las universidades chilenas (sin que yo forme parte de alguna) son auspiciadores. El caso es que entre el año 2016 y el año 2020, en esos cinco años, las patentes de las universidades chilenas han crecido en un 75,8% a partir de innovaciones de la industria química (adjunto el cuadro estadístico de El Mercurio del 26-08-21 de las 10 universidades que lideran las patentes). Por último, han ampliando la gratuidad en la educación superior, logrando, en el 2022, 66 instituciones elegibles. Hay incluso expertos en formación para Acción Educativa para la crisis de la Salud.

Basta de datos y números. Voy a sentar el futuro contorno urbano y rural, el más sencillo y popular. Se habla en los medios de las soluciones innovadoras chilenas para tener ya «ciudades más inteligentes» y aplicar la tecnología del siglo XXI. Las smart cities fueron impulsadas desde el 2016 por la iniciativa privada. Hay también innovaciones de alcance internacional, como poner «los datos del mar austral a disposición de científicos de todo el mundo», o sea la meteorología en las arenas de las costas chilenas, mediante alianza público-privada entre la fundación Data Observatory y las universidades, respondiendo al llamado de Naciones Unidas de proteger el planeta y erradicar la pobreza de aquí al año 2030.

Me parece que a los chilenos, en esa etapa del futuro del planeta, les llama la curiosidad por la ciencia en el acto. En estos días se ha logrado algo en la exploración de las profundidades. Titular en los diarios: «Científico chileno desciende más de 8000 metros en primera expedición tripulada a la Fosa de Atacama». La noticia sigue con estas líneas: «El investigador hizo la travesía junto a el estadounidense Victor Vescovo, quien piloteó el sumergible. La hazaña duró casi diez horas frente a la Península de Mejillones». Yo no sabía que en Chile hay un Instituto Milenio de Oceanografía del cual el explorador chileno, Dr Osvaldo Ulloa, es director.

Por último, viene una tendencia que rompe la permanente dupla en guerra, la izquierda y la derecha. La sociedad, en diversos lugares, tiene polos pero no izquierda y derecha enfrentadas. Con la forma de vivir y trabajar hoy día, el mundo ha cambiado. Las sociedades se fragmentan, pero no por esas dos fuerzas. Aumento de escolares y con competencias mejores, diversas modificaciones, diversos mundos producidos por la mundialización. Y para poner un ejemplo, Pascal Perrineau —autor de La France sous nos yeux (Francia bajo nuestros ojos), nos dice que en Francia ya no hay más ‘partido socialista’, mientras que en otros lugares crece la tendencia ecológica, inclasificable. En los libros de Pascal Perrineau, los jóvenes toman distancia de lo que fue la fe de sus abuelos. En cuanto al comunismo, entre los libros que circulan en el mundo, está «Después de la caída: El fracaso del comunismo y el futuro del socialismo» (Ediciones Crítica, 1993), autores —todos o casi—, grandes marxistas del siglo XX.

CONCLUSIÓN

Lo que voy a decir no tiene nada que ver con la Guerra del Pacífico. Ni tampoco con un excesivo asombro por el culto a la ciencia y entender las diversas exposiciones de la  naturaleza. Solo digo que, muy pronto, apenas 15 o 20 años por delante, cuando el Perú ya no tenga más, al sur, un país más de los que que existen en nuestro continente sino  un país industrial, potente, dotado de ciencia, energías nuevas y control del agua, ¿qué pasará con los peruanos? ¿Serán los venezolanos del siglo XXI? ¿Irán a servir a otro país? La migración será otra de nuestras vergüenzas: nada hicimos por ingresar, en el siglo anterior, a la REVOLUCIÓN DEL CONOCIMIENTO, al conocimiento de nuestra geología. La soberanía se consigue con gente formada para ser autónomos, pero no veo por ningún lugar jóvenes entusiasmados por diferentes disposiciones educativas y el vivir en una economía abierta, por los puertos que el Perú podría construir para dominar el Oceáno, cuya otra orilla es la poderosoa China, que no tiene muchas plantas y minerales. Cada universidad es distinta.

PARA EL PRESIDENTE

Señor presidente:

Tiene usted una ocasión estupenda. Tenemos playas como las tiene Chile. Y al otro lado del Oceáno Pacífico, el país más potente del mundo ya ha sobrepasado a los Estados Unidos. Olvídese de Bolivia, nos traicionaron en la Guerra del Pacífico. Nos metieron en ella y luego se echaron a correr para volver a Bolivia. Nos quedamos solos en una guerra para la cual no habíamos comprado armas ni barcos. En el mundo hay más de un país sin salida al mar. Suiza es uno de ellos. Y no se mueren de hambre. Hay otros, pero estoy alejándome de lo que le quería decir. Construya 6 o 9 grandes puertos en nuestras ciudades del norte. Eso significa, en la economía del sistema mundializado, una vía para comerciar con China y el Asia, y comprar con ellos máquinas modernas, e incluso tomar lecciones para nuestra economía, esas habilidades de los peruanos.

Publicado en El Montonero., 7 de febrero de 2022

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Vallejo y qué significa la palabra Trilce

Written By: Hugo Neira - Ene• 31•22

En recuerdo de Vallejo, por la cronología. Y es trascendental recordar estos días en que el poeta estableció una química del espíritu llamada Trilce. ¿Y qué quiso decir con esa palabra, más allá de sus poemas, viajes, ideas políticas y una vida dividida en dos mundos?

Aunque estoy lejos de Lima, la distancia de la geografía ya no impone los kilómetros puesto que estamos en el siglo XXI. Y me llega un mail de un amigo de toda la vida, Alfonso Salcedo, para recordarme que es centenario no solo de sus poemas o sus esperanzas políticas, sino de lo que César Vallejo llamó Trilce, un concepto que nace después del primer libro, Los heraldos negros.

Pese a todo —la pobreza y la soledad de los Andes—, Salcedo me recuerda, en su carta, «la historia de cómo César Vallejo se inscribió en el corazón del pueblo, con padre y madre, seis hermanos». Él sin esperanza, casa humilde, barrio pobre, Cajamarca en 1932, los dos últimos hermanos que «fugan por caminos de cabras, a las alturas, no tienen ni siquiera el burro de la huida a Egipto. A los dos últimos hermanos, les tocará entonces nacer entre riscos y quebradas, parajes innominados de las serranías de Huamachuco.»

Me escribes: «No es intención de esta columna relatar las pericias de un joven aprista, joven constructor de caminos, y su familia huyendo y trabajando, trabajando y huyendo, por la alocada crestería de los Andes norteños… Hasta que fuera detectado por la «soplonería» del Ministerio de Fomento y Obras Públicas de las dictaduras, y puesto en la lista negra».

Cierto, el joven César, mucho antes de ser famoso, tiene un símbolo, la «piedra negra sobre una piedra blanca». Vallejo:

Me moriré en París con aguacero,

un día del cual tengo ya el recuerdo.

Me moriré en París —y no me corro—,

Tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Esa visión premonitaria de Vallejo se la dice a Larrea en 1924, se la remite a Luis Alberto Sánchez, que no recordaba si fue en 1927 o en 1930. Todo esto está en las páginas de Poemas Completos (Ediciones COPÉ, con notas de Ricardo González Vigil, páginas 9 a 31, la «trayectoria de Vallejo»).

La muerte y la vida estaban en su mente y en la evolución de sus poemas y en la vida misma. Ricardo González Vigil acierta en esa dramática vida, para llegar a los niveles más altos de la literatura, tuvo que «romper amarras con Trujillo el 27 de diciembre de 1917, embarcándose en el vapor Ucayali rumbo a Lima adonde llegó el 30 de diciembre». Se le había muerto la madre y Manuel González Prada. En la capital Abraham Valdelomar le había prometido un prólogo para Los heraldos negros, algo que nunca hizo.

En cambio en Trilce hay muchos poemas sobre los muertos. Por ejemplo, poema XXIII,  cuando muere la madre:

Tahona estuosa de aquellos mis bizcachos

pura yema infantil innumerable, madre. […]

En la sala de arriba nos repartías

de mañana, de tarde, de dual estiba,

aquellas ricas hostias de tiempo, para

que ahora nos sobrasen

cáscaras de relojes en flexión de las 24

en punto parados.

Madre, y ahora! Ahora en cuál alvéolo

quedaría, en qué retoño capilar,

cierta migaja que hoy se me ata al cuello

y no quiere pasar.

Cuando este dolor llega a una estética propia, hay sentimiento pero a la vez, la madurez del poema y sus pensamientos y los amores. Había iniciado sus estudios en la Universidad en San Marcos, trabajaba en un colegio y había tenido amores con Otilia Villanueva, conocido por la familia de ella. Pudo haberse casado cuando mejoró la situación económica del joven poeta. En el poemario de Trilce anda el recuerdo de un amor perdido, y al que pide perdón.

Poema XXXVII:

He conocido a una pobre muchacha

a quien conduje hasta la escena.

La madre, sus hermanas qué amables y también

aquel su infortunado «tú no vas a volver». […]

Me gustaba su tímida marinera

de humildes aderezos al dar las vueltas,

y cómo su pañuelo trazaba puntos,

tildes, a la melografía de su bailar de juncia.

Y cuando ambos burlamos al párroco,

quebróse mi negocio y el suyo

y la esfera barrida.

El joven Vallejo quizá tomaba las estribaciones de los Andes, con sus faldas y contrafuertes, gigantescos, por las puertas de la guarnición de la cárcel donde estuvo por un tiempo, algo que nunca olvidó. De ahí el intitulado «Vallejo entre la agonía y la esperanza» de José Miguel Oviedo, en Historia de la literatura hispanoamericana.

La crítica académica reúne Darío, Lugones, y Herrera. Pero Vallejo lleva consigo un impulso de ternura, sus poemas tienen símbolos de expiación y sacrificio. Aun en la vida, no deja de decir a la amada:

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;

se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;

y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

Cuando he comenzado a escribir este corto ensayo sobre Vallejo y lo que es Trilce, acudí al estudio de la «época moderna» de la Historia de la literatura hispanoamericana  de Enrique Anderson Imbert, argentino, que fue profesor en Harvard, Duke, y Princeton. Sobre Vallejo y su Trilce nos dice que después de su primer viaje poético —Los heraldos negros, 1918—, «en la vanguardia de esos años nadie pudo subir tan alto ni ir tan lejos como Vallejo en Trilce». Y el profesor Imbert nos presenta ese poeta nómade, en sus viajes poéticos: conoce la estética de los padres, o sea, los grandes poetas de ese instante, Ruben Darío, Herrera y Reissig y Leopoldo Lugones, del Lunario sentimental. Pero el joven Vallejo —dice Imbert—«se llevaba en los bolsillos, como confituras obsequiadas, muchos versos de la alacena modernista. Y el muchacho, aunque por el camino iba saboreando esas confituras, se alejó del cosmopolitismo hacia lo nacional, regional, popular, e indigenista. Mestizo el autor, mestiza su poesía. La sangre parnasiana y simbolista circular por las arterias de los versos mezclada con la de un realismo peruano». Añade: «Notables sus ‘canciones de hogar’; la evocación de los padres y hermanos, el haber partido, el estar ausente, el sentirse desguarnecido lejos de la familia, el regresar ya sin consuelo posible.»

Eso es el Trilce. Los temas del «amor, erótico u hogareño, la vida cotidiana en su tierra de cholos; y el humor es de tristeza, desilusión, amargura, sufrimiento. El hombre sufre fatalmente golpes inmerecidos: Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo  no sé! Golpes como del odio de Dios».

Trilce fue algo gigantesco, que toma a la tierra, la patria, el continente, la furia del océano, los volcanes, las estrellas, el cosmos.

Viajero en dos mundos, un peruano, que muy poco lo conocemos, le dedica unas páginas en su libro. Tengo en la mano el libro de Antenor Orrego. Filósofo a quien salva Eugenio Chang-Rodríguez, compilador, y libro editado por el Fondo Editorial del Congreso del Perú. Intervino Antero Flores-Áraoz, en el 2004. Es un gran filósofo peruano que murió en plena juventud. Le dedica su crónica «Mi encuentro con César Vallejo» (1955). Explica el poeta del solecismo. El sentido americano y universal de la poesía de César Vallejo. Y varias especulaciones suyas. Qué es filosofía, contribución de estima de Ortega y Gasset. Sobre el Dios encadenado. Historia y dialéctica. Idea y creación y temas políticos. Una «carta abierta» a Fidel Castro. Y varios ensayos sobre el Pueblo-continente, cuyo lenguaje no resulta el castellano de la colonia sino un castellano que era peruano y no necesariamente hispánico. Fue hasta el fin de su vida un luchador por la unidad continental, tanto como Zum Felde, Townsend Ezcurra, Luis Alberto Sánchez.

Es mucho, pero para otra semana. Un filósofo de primera, y que se nos muere pronto. Pero su pensamiento sigue en vida en ese libro de 500 páginas, amigo lector. También escribiré sobre cómo van las cosas en Chile. En los diarios limeños, no han entendido qué es la Convención. Ni tampoco las transformaciones de ese país vecino en el campo industrial: se volverá una nación aferrada a la ciencia y la tecnología. Y nosotros ¿qué? En ciencia, ¿qué?

Publicado en El Montonero., 31 de enero de 2022

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Ribeyro resulta además de escritor, profeta.

Written By: Hugo Neira - Ene• 24•22

Habló de «Gobernantes que no gobiernan»                                   

Julio Ramón Ribeyro es un gran escritor, acaso el más grande en el género de narrativa de cuentos. Él conocía muy bien la vida de los peruanos, en particular las clases urbanas y populares. Pero tenía, además, otros dones. No lo sabíamos. Hemos elegido uno de sus cuentos que resulta ser un vaticinio, lo que se llama un augurio, un pronóstico, el de un peruano que llega al rango más alto sin que él entienda dónde lo lleva el destino.

En el cuento, los efectos misteriosos de una joya encontrada por casualidad en un basural. Una insignia. Aparece gente que no conocía y culmina como presidente, solo porque recoge del suelo la insignia misteriosa. Ribeyro, esta vez, vidente, sospechaba que en algún momento de la vida peruana un peruano llegaría al poder, pero sin saber por qué ni para qué. Es asombroso, el pronóstico se está cumpliendo. (Por si acaso, ese vacío de poder está en el cuento de la página 117 de la edición de Alfaguara 2021, y lo escribe en 1952 y en Lima). Lo cual nos pone en los terrenos del ocultismo, el de los hechizos siempre fascinantes. En el año 52 peruano no pasaba gran cosa. (Por si acaso, Neira no ha metido la mano en este cuento de Julio Ramón Ribeyro, con algo de taumaturgia, por algo lo incorpora a los otros muchos cuentos. Éramos amigos). Y que da que pensar y también recordar que existen las ciencias oscuras. Quizá Ribeyro lo sabía. Y nos prevenía, no desde París sino desde algún lugar del cosmos.

Pero volviendo a lo real, para esta semana, había decidido ocuparme de uno de sus cuentos. Lo he conseguido en Santiago de Chile. Libro enorme, de noventa y cinco cuentos, 984 páginas de una narrativa considerada «una de las empresas más valiosas de la literatura latinoamericana», dice Juan Gabriel Vásquez en una breve representación de los relatos del autor peruano, Ribeyro. Cuentos completos del autor de La palabra del mundo. Julio nace en Lima en 1929 y había estudiado Letras y Derecho en la Católica de Lima. En 1952 viaja a Madrid becado para cursar el oficio de periodista, y continúa su formación en Francia, Alemania y Bélgica y retorna al Perú en 1958 para trabajar en Ayacucho. Pero regresa a París, fijando su vida como periodista en la Agencia France Presse (1961-1971). Durante años va publicando sus libros de cuentos, el primero Los gallinazos sin plumas sale en 1955 y con el tiempo, se juntaron en cuatro volúmenes para conformar La palabra del mudo (Tomo I, 1973, y 1992 para el tomo IV). También escribe textos de teatro, y libros que llamaríamos ensayos, como Prosas Apatridas.

Estando en Francia fue nombrado Ministro Consejero del Perú en la UNESCO. En París conoce al general Velasco que tenía un cargo diplomático en Francia. Fueron amigos. Ribeyro, a quien conocí en París, no se le encuentra ninguna tendencia política. Lo que sí hay que decir con toda sinceridad es que esos cuentos —que eran como él mismo los llamó Cuentos de circunstancias—, desde Las botellas y los hombres de 1964 hasta Silvio en El Rosedal, en 1977, son un desfile de situaciones y personajes, sin faltarle la ironía y la ternura por los pobres o las vidas perdidas. Es el más completo retrato de la sociedad civil del Perú y su clase media, las frustraciones, en la literatura peruana y acaso latinoamericana, el destino de los seres humanos enfrentados a la vida urbana. A tal punto que va más lejos en la comprensión de esas clases medias, más que la sociología. Con la narrativa de Ribeyro, surgen situaciones donde el azar y los dioses invisibles son los que deciden de la felicidad o del dolor, más allá del mundo real, magias como sucede al personaje del cuento que se titula La insignia. Hay en esa narrativa peruana costumbres, el milagro, lo sobrenatural, nigromancia y hechiceros. Al personaje le va muy bien, demasiado bien porque ha encontrado una joya, una insignia que lo hace conocer gente de otra clase, dominante y superior, y él no comprende por completo que está en un rango alto y poderoso, y eso es lo que lo desespera. Se parece a algunos de los altos funcionarios de nuestra clase política. Por cierto resulta que Ribeyro encabeza esa corriente que conoce los cambios del destino, la descomposición total de lo real. Personas infelices que persiguieron el poder, y cuando lo tienen, no saben como evitar el surrealismo de esta época. 

Resumen del cuento La insignia

El personaje, al pasar por un malecón, ve un pequeño objeto en el basural. Lo recoge y lo frota contra la manga, se lo echa al bolsillo y retorna a su casa. Luego se desencadena una serie de sucesos. En una librería de libros viejos, el patrón se le acerca para decirle que tiene todos los libros de Feifer, y le explica que lo han matado en Praga. Él intenta esconder su ignorancia, y después, ya lejos de la librería, siguen las cosas raras: un hombre que no conocía le entrega una tarjeta blanca, le hace saber una fecha y un lugar al que está invitado. Va, se encuentra con gente que le extiende la mano con gran familiaridad. Después cumple una serie de encargos, como tener la lista de todos los números de teléfono que empiezan con 38. Después lo envían al extranjero donde siempre se le recibe muy bien. El personaje explica que han pasado 10 años. «Por mis propios méritos he sido designado presidente. Uso una toga orlada de púrpura con la que aparezco en los grandes ceremoniales. Los afiliados me tratan de vuecencia. Tengo una renta de cinco mil dólares, casas en los balnearios, sirvientes con  librea que me respetan y me temen (…). Y a pesar de todo esto, ahora, como el primer día y como siempre, vivo en la más absoluta ignorancia, y si alguien me preguntara cuál es el sentido de nuestra organización, yo no sabría qué responderle. A lo más, me limitaría a pintar rayas rojas en una pizarra negra, esperando confiado los resultados que produce en la mente humana toda explicación que se funda inexorablemente en la cábala.» (Escrito por Ribeyro en Lima, 1952)

Publicado en El Montonero., 24 de enero de 2022

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