¡¿Comunismo en el Perú?! ¿Cuál de ellos?

Written By: Hugo Neira - Abr• 26•21

No hay un solo marxismo, eso lo piensan solo los fanáticos. Hay varios, como veremos. Por mi parte, las pocas veces que he tenido una militancia política ha sido el elegir al ingresar en San Marcos. Era imposible dejar de tener una doctrina y preferí ser comunista que aprista o liberal. Ser comunista, en la conservadora Lima de entonces, era una suerte de sacrificio. Por las urnas no llegaríamos al poder. Pero no nos habitaba la libido dominandi. A la juventud comunista no se entraba, te llamaban. Reclutaban a los mejores, tanto por los estudios como por la moral personal. Éramos pocos, la gran mayoría eran jóvenes apristas, o los indiferentes de siempre. Éramos pocos pero una élite, perdón por decirlo. Fernando Fuenzalida, Carlos Franco, Alfonso Barrantes que dejó el aprismo, el brillante Schreiber, el chino Chang que murió al lado del Che Guevara. Curiosamente, había más hijos de grandes familias que de obreros y trabajadores. Pensándolo bien, no sabíamos bien qué pasaba en Rusia. Lo que nos interesaba era lograr una revolución peruana. Éramos muy jóvenes, pero teníamos la convicción de que el Perú no saldría de otra manera del pozo de pobreza y la dominación de la oligarquía de entonces. ¡Cómo íbamos a imaginar que los militares iban a realizar una reforma agraria!

Fui marxista un buen rato, los estudios que hice en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París me descubrieron lo que Karl Marx no había previsto. Marx muere en 1883, y no vio las transformaciones producidas por la revolución industrial, el pauperismo de los obreros se transforma en mejores salarios, y la aparición de un tipo de marxistas socialdemócratas, en Alemania. Dejé pues de ser marxista cuando visité a la URSS. Fui como profesor y con mis alumnos franceses, por los años 70, y me asombré tristemente por el retraso de la sociedad soviética. Y la distancia social de la nomenklatura. Es palabra rusa. En el pueblo, los llamaron apparatchiks, es decir, burócratas de la buena vida. En los países marxistas-leninistas de la URSS y los países satélites —Polonia, países bálticos— nunca hubo igualdad de clases.

Volvamos sobre nuestros días. Enfrentemos el túnel que nos está llevando a un error colosal. Y antes de abordar la posibilidad del comunismo en nuestro país —eso que pregonan tanto el candidato presidencial Pedro Castillo como Vladimir Cerrón— para que el lector no piense que se me ocurre algo ideológico, he acudido a esa máquina formidable que se llama Google, en internet. Hice pues  una simple pregunta, la siguiente: ¿cuántos son los países comunistas en la actualidad? La respuesta fue inmediata: «Los únicos que quedan son 5 países comunistas». Cuba, Corea del Norte, Vietnam y Laos.

Y por supuesto China actual. Lo dejaremos para el final. El gran Mao Zedong muere en 1970.  Y deja un país potente y la vez pobre y rural. (Conocí la China de Mao, junto con Raúl Vargas, invitados.) Pero China ha cambiado enormemente. Los sucesores de Mao, comenzando por Den Xiaoping, en los años 80, hasta el presidente actual Xi Jinping, han conseguido que «el país pobre y rural» se convierta en una superpotencia mundial. No fue de inmediato, ¡tres décadas! Y así, «850 millones de chinos salieron de la pobreza gracias a las reformas». Lo dice el Banco Mundial. Una transformación de ese rango no se explica fácilmente. Hoy la academia planetaria tiene una definición: China, el nuevo capitalismo de Estado. Volveremos sobre esa mutación que hace del Asia el competidor de Occidente. Sin embargo conviene que se sepa que si progresaron, es porque dejaron de lado «el todo Estado» que es la ideología de nuestros comunistas peruanos. Ellos solo conocen Cuba. Los neocomunistas que han emergido en estas elecciones no examinan por qué los mismos rusos dejaron lo que había comenzado en 1917.  Aquí se piensa a la peruana, se arropan con el pensamiento mágico. La utopía. Y el rapidito nomás.

Pero sigamos, hechos reales y no blablablá. De los cinco, dos países asiáticos comunistas, Vietnam y Laos. Estoy seguro que el amable lector no se ha olvidado del Vietnam rebelde que le paró los machos a los Estados Unidos. Aquella fue la sola guerra que han perdido los norteamericanos. Ahora bien, hace más de 40 años que un Partido Comunista dirige Vietnam. Sin embargo el país de Ho Chi Minh a partir de 1986 se abre a la economía de mercado.  O  sea, dejan de lado el modelo soviético, mucho antes del colapso de la Rusia leninista (justo ese sistema que nos propone Perú Libre). Además en el 2007, Vietnam entra en la Organización Mundial del Comercio (OMC). O sea, adiós marxismo-leninismo.

En cuanto a Laos, pequeño país al lado de Birmania, excolonia francesa, se convierte en comunista en los finales de 1975, y «después de 43 años de régimen comunista, Laos es uno de los países más pobres del Asia», dice nuestra fuente. «El partido Popular Revolucionario tiene el poder militar y político, controla los tribunales y los medios de comunicación». Pero también abandona el modelo «todo para el Estado». (Eso que nos proponen en Perú.) Y según internet, «en 1986 deciden liberar la economía».  Y cómo otros países comunistas, incluyendo China, entran, desde el 2013, a la OMC. Menos mal porque se le conoce como el país cuya población al 77,2%  vive con menos de tres dólares al día. Y según el PNUD, en el 2017, «casi un tercio de los niños de menos de cinco años sufren de malnutrición».

Nos queda un país asiático, Corea del Norte. Sus habitantes aislados del mundo (de repente, en la mentalidad de algunos peruanos, es la meta paradisiaca). Corea del Norte es mucho más desdichada que los otros países comunistas. En 1990 hubo una hambruna «que dejó entre 900 mil y dos millones de muertos». Además de eso, Corea del Norte es una dinastía. En 1948 Kim II-Sung funda la República Popular Democrática. En el 2002, Kim Jong-il lo vuelve el país más militarizado del mundo. Pero una vez más, el régimen se modifica. En el 2009, en su constitución, «se suprime la referencia comunista y se proclama la supremacía del kimilsunismo». O sea, una dinastía. Otro, Kim Jong-un, se convierte, en el 2009, en el tercer dirigente de la dinastía Kim. Y según Amnistía Internacional, «hay 120 mil personas detenidas en campos para presos políticos». Corea del Norte, nadie entra ni nadie sale.

En cuanto a Cuba, la conozco. Cuando Velasco, yo era uno de los directores de Difusión del SINAMOS y viajé una infinidad de veces a La Habana. Además, había ganado un premio de la Casa de las Américas, con un libro que recogía la vida de un líder campesino. El libro se titula, Saturnino Huillca, habla un campesino peruano. Lo tradujeron a siete lenguas. Era la belle époque de Cuba. En plena Guerra Fría, la necesitaba la URSS geopolíticamente. Cuba podía amenazar a los Estados Unidos. Eso acaso frenó la posibilidad de una III Guerra Mundial. Y es así como consigue el apoyo del tío Iván —o sea la URSS de esa época—, el 90% del presupuesto del Estado cubano corría a cuenta de Moscú. Pero también han echado la toalla. Hoy hacen esfuerzos para volver a una economía privada. No pudiendo que les resuelva sus problemas el Estado, se autoriza, desde el 2011, comprar o vender sus viviendas, y también se han levantado las restricciones que impedían a los cubanos viajar al extranjero. Incluso Raúl Castro, el hermano de Fidel, también ha favorecido con las actividades privadas antes de dejar su cargo. Desde el 2014, «en la nueva Constitución se reconoce el mercado, y la propiedad privada».

En suma, el motor de toda economía es el mercado. Los rusos, pueblo culto dado a la ciencias y las matemáticas, intentó con millares de sabios reemplazar la dinámica espontánea del mercado mediante la planificación del Estado-Partido. Y es eso lo que ha hundido a la Rusia anticapitalista y a los 5 países que hemos resumido. Y entonces viene la pregunta esencial: ¿por qué el señor Vladimir Cerrón Rojas, médico y magister en neurociencias, propone «un nuevo régimen económico de Estado»? Eso no es economía, es la preparación de un despotismo que no logrará nunca salvarnos de la pobreza. En todos los países comunistas nadie ha salido de la pobreza. He leído el ideario y Programa del señor Castillo. En particular, el capítulo III. Él repite la palabra «mercado» pero no quiere que el gran capital transnacional intervenga. Al revés de la China comunista. Ellos progresan. Nosotros vamos a retroceder.

He leído minuciosamente su Programa. Repite «no estamos en contra de la empresa privada». Pero ahí dice: «toda empresa peruana debe ser formalizada para su mejor desarrollo» —y fíjese, amable lector— «e inserción al Estado». ¿Qué es eso? «Formalizar». Ya veo lo que significa, van a imponer eso que los 5 países que eran comunistas tipo soviético están haciendo lo imposible por dejar, salirse de ese sistema trasnochado. Algo peor, la economía no les importa, es el poder. A eso Jorge Basadre lo llamó el «sultanismo». Y harán negocios. ¿Están acostumbrados, no es cierto?

En  China, sabe usted, amable lector, no solo tienen millonarios sino multimillonarios. Los Estados Unidos tienen el mayor número (unos 439) pero también se lucen 324 multimillonarios chinos, según la revista Forbes. ¿Cómo llegaron a eso? Sencillamente, exactamente al revés de lo que propone el partido Perú Libre. Hoy se dice que China es el taller del mundo. ¿Sabe usted que la China actual, con Estado-Partido y economía de mercado, desde 2009, es el primer productor mundial de automóviles? Y a diferencia del partido Perú Libre, sobre su territorio, innumerables empresas extranjeras.

¿Qué es lo que está pasando? A diferencia de países que se encierran (es el caso de  Corea del Norte y acaso el Perú que viene), China se aprovecha de la internacionalidad. Desde 2009 ya había más de 13 mil empresas instaladas en 180 países. En fin, ¿cómo entender esa combinación de economía liberal y un partido de 88 millones de miembros? Esa modernización hay que explicarla. Para el próximo viernes.

Por el momento, Perú Libre propone un curioso comunismo primitivo. Sus teóricos están lejos de lo que pasa en otras naciones que se dicen comunistas. Los 5 países mencionados no detestan el capitalismo, cabalgan sobre él. Y por eso salen de la pobreza. Aquí, todos serán pobres, por unos cuantos decenios. Luego, los descendientes van a maldecir de los abuelos que fueron tan ingénuos de caer en una trampa que de no haber la pandemia, los resultados electorales serían distintos. Hoy buscamos caminos para llegar a un sistema a favor del pueblo. Tal vez, pero con Estado social —no socialista— sino moderno y empresas privadas y públicas. Y eso no es el neocomunismo, más bien conservadorismo y con temor a la modernidad.  No quieren la ciencia que la ven occidental. Qué error. China, Japón y la India prosperan porque toman el saber, que hoy es mundial, sin por eso perder su identidad.

Publicado en El Montonero., 26 de abril de 2021

https://elmontonero.pe/columnas/comunismo-en-el-peru-cual-de-ellos

Las Repúblicas también se mueren

Written By: Hugo Neira - Abr• 19•21

 «Primera vuelta se vota, segunda vuelta se veta».

Carlos Meléndez, 13-4-21

Mi formación espiritual se hizo en San Marcos y mis estudios, en Europa (me llamaron) luego fui profesor. En Francia, para ser catedrático se gana un concurso público. Digo esto sin vanidad. Porque mi punto de vista proviene de la observación de las sociedades sin las deformaciones que llamamos ideologías. Uno de los filósofos que hojeo de tiempo en tiempo es el alemán Voegelin, autor de Die politischen Religinen. Las ideologías son como las religiones, tienen creencias y pasiones que desbordan la realidad. Lo escribe en 1938, contra el nazismo. Perdone el amable lector este preámbulo.

Lo que está pasando en mi patria no me sorprende. Desde que volví de Europa, en el 2003, me encuentro con un increíble retroceso. Pese al crecimiento del PBI, la sociedad se hacía frágil y entre varios retrocesos, asombra el crecimiento de la ignorancia. Y en dos décadas, un rumbo incierto para llegar a la modernidad. Y es así como uno de mis libros, El águila y el cóndor (historia doble de México y Perú, 2019), lo termino con un epílogo amargo. «Anibal Quijano tenía razón, nos habita una suerte de mentalidad colonialista que nos impide, tras dos siglos de república, construir la nación. Nuestro siglo XIX fue caótico. El siglo XX, feroz (dictaduras, persecuciones, revoluciones sangrientas, etc).»

Para este siglo, temo lo que nos ocurra en el presente inmediato. Nuestro proceso industrial es incompleto, no hemos estado ni en la primera revolución industrial ni en la segunda ni en la tercera. Seguimos siendo un país de exportaciones mineras y agrícolas. Y lo peor, la actual educación primaria y secundaria va a la cola del planeta en las pruebas PISA. Los últimos de la clase (Nicolás Lynch). Por supuesto que hay excepciones, pero en mi edad de escolar, nos daban una educación con asignaturas tanto humanistas como científicas, y han desaparecido. Durante los últimos 30 años. De ahí que el Banco Mundial nos ha dicho que no tenemos recursos humanos. ¿Los efectos? La calidad de la vida política: en vez de mejorar se ha empobrecido. Hay una alianza perversa entre gobiernos corruptos y los medios de comunicación para manipular a las multitudes con la posverdad. No somos los únicos, en los Estados Unidos, hay un libro, La muerte de la verdad: notas sobre la falsedad en la era Trump.

– Castillo,  sí

Ahora bien, eso de que no se vio venir la aparición de Pedro Castillo antes del 11 de abril, será cierto para muchos, que viven dentro de sus burbujas. Pero este periodista y profesor de ciencias sociales entendió que la pandemia iba a tener un efecto enorme. Y esta idea me vino a la cabeza: ¿Por qué campesinos y pobres de verdad van a defender un sistema que no se ha ocupado de ellos? (En El Montonero, redactado el sábado y colgado el domingo antes de conocerse los primeros resultados.) El artículo se titula «Que el dios de los sufragios nos perdone». Y dije también que «las urnas van a ser el castigo al sistema». Dicho y hecho. Acaso porque conozco la sierra y su gente.*

El Perú tiene población urbana y rural. Y estas elecciones, con cuarentenas y el temor a los contagios, es exactamente lo que impide a la gente verse y reunirse en las ciudades. Seamos claros, no hay política cuando no se tiene una vida social, encontrarse con personas, tomando un café o almorzando, o en casa de alguien o en clubs y locales políticos. Nada de esto ha tenido el 90% de los peruanos urbanos. En cambio, la ruta de Castillo fue en el mundo rural, donde obviamente se encuentran entre sí por razones de trabajo. De no haber pandemia, los resultados habrían sido muy diferentes.

El para Castillo es porque representa una capa social, los campesinos. En efecto, después de la reforma agraria de Velasco, salvo algunos apoyos, ha sido el mundo peruano que habíamos olvidado. En las redes sociales, alguien ha dicho que esa primera vuelta es «una bofetada de Cajamarca al resto del país». Pase lo que pase en la segunda vuelta, en adelante el tema de la agricultura se ha hecho visible. Me alegro porque si hay algo que me da rabia, es la vanidad de la sociedad peruana del consumismo que, antes de la pandemia, se consideraba tan moderna que esperaban entrar a la OCDE. Dios santo, ¡qué estupidez! ¡Qué fuera de la realidad! Pero el Covid-19 nos ha desnudado más. Somos el país de los informales, tres cuartos de los empleos que son chamba sin derechos sociales. País montañoso sin infraestructura, sin carreteras modernas y ferrocarriles que podrían cambiar la vida peruana. Con problemas educativos, confirmados por el Banco Mundial que no ha parado de decir que nos falta «recursos humanos». Sin hospitales, ni millares de jóvenes preparándose para el salto hacia una sociedad industrial. Podríamos haber hecho como en el Asia contemporánea, Taiwán, Corea del Sur, Singapur. Además, comemos productos peruanos, la gastronomía es nuestro orgullo, pero se olvida que no vienen de Australia o Canadá, sino de los andinos. Hay dos millones de propietarios de lotes, de Puno a Cajamara (cifra del INEI, Instituto Nacional de Estadística.) Ha habido una marginalización, y el castigo ha sido las urnas.

– Castillo, no

Más allá del mundo agrícola, está el Perú, país fragmentado en regiones y con culturas  diversas. Pese a todo, un país de transición hacia la modernidad. Ahora bien, el partido Perú Libre se presenta como izquierda socialista. Me gustaría que, en los días que vienen, su candidato a la presidencia nos diga qué entiende por socialismo. Los hay diversos. Se dividen en demócratas y no demócratas. Los primeros, por ejemplo, están cerca, en el vecino Chile. Michelle Bachelet, que fue ministra en tiempo de Ricardo Lagos, también socialista, al punto que llegó a ser ministra de Defensa Nacional, en Chile (¡!) Y es en el 2005 que obtiene el 53,5% venciendo a Piñera. Al terminar le dieron un puesto en la ONU, y se ocupó de los derechos de las mujeres. Luego regresa, y hay un segundo gobierno. Lo mismo ocurre en España, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) viene gobernando desde noviembre de 2019 y ahora es su segundo periodo, el de Pedro Sánchez Pérez-Castejón. En cuanto a Europa, hay partidos de izquierda y demócratas. Por ejemplo, presidentes socialistas en Francia, Mitterrand, dos veces. Y Hollande. Pero nadie se queda como el socialista Fidel Castro, 70 años en el poder. O un Putin en Rusia, que gobernará hasta el 2036.

¿A cuál de los «socialismos» pertenece usted, señor Castillo? ¿A los vigentes en las sociedades avanzadas, porque son democráticas, y que tienen como regla, por si no se sabe, la gobernanza pro tempore? O sea, nunca partido o líder para siempre. Hay una lógica en esa ley. La alternancia de izquierdas y derechas es saludable porque si los mismos gobiernan sin límites, la corrupción y los abusos se instalan tarde o temprano. Por otra parte, si una derecha no logra éxitos para la sociedad, la alternativa, la izquierda, puede lograrlo. Y viceversa. Las sociedades hoy son muy diferenciadas, y de ahí, la pluralidad.

Y en lo que concierne al sistema económico, no existe ningún país del mundo que se salga del capitalismo. El mercado es el motor de la economía. Lo que no quita injusticias y desigualdades. Pero eso no se resuelve con el estanilismo. Incluso China ha inventado su sistema, progresa por tener un mercado libre y un partido de 85 millones funcionarios. El gran Eric Hobsbawm, profesor en Oxford y a su manera de izquierda, en su último libro Como cambiar el mundo, sostiene que el capitalismo no es una economía ni una ideología sino algo  como el Cámbrico, Cretácico, o Jurásico, en las etapas de la especie humana. Nace con la revolución industrial, y con ella, dos clases, proletarios y burguesía. Marx no quería su desaparición sino que lo dirigiera otra clase que no fuese la burguesía. Entonces, el gran problema no es el capitalismo sino qué tipo de Estado tiene cada nación.

Y está claro, hay diversos capitalismos. El norteamericano y el neoliberalismo, que reduce al Estado central. Pero también hay economías libres con Estados fuertes, que se ocupan de lo social. Eso es Europa y China. Por lo demás, lo que cuenta es lo que hace cada Estado con lo que se llama lo social. El capitalismo puede ser de tipo progresista. No soy yo quien lo dice sino Joseph Stiglitz. Premio Nobel de economía. Se busca otro modelo, que no sea ni el sistema neoliberal ni tampoco el de Stalin. Otro mundo es posible. Y los socialismos a la manera del chavismo, ya no son útiles para el siglo XXI. Siempre queda el tema de lo social, la necesidad del Estado protector, para los niñõs y jóvenes, y para los ancianos, una jubilación correcta. Y si es así, el modelo no es ni Cuba ni tampoco el neoliberalismo, debido a que, en efecto, produce más riqueza pero produce enormes brechas, y entonces hay la protesta de las clases pobres y medias ante las desigualdades. La combinación de un Estado moderno más una sociedad democrática, no es el Sendero Luminoso sino el Sendero del Conocimiento, sin autocracias.

Todo esto me lleva a decir que el asunto no es de izquierdas o derechas. Lo que se juega es tener o no tener democracia. En fin, sin ofender al candidato Pedro Castillo, no lo veo como un político de izquierda. Lo veo como un neoconservador rural. Le sostiene el amor al campo y la naturaleza. Pero esa señora es muy mala amiga. De la naturaleza vienen las enfermedades y las pestes. Y pienso que lo mejor del hombre ha sido y es contradecir la naturaleza. Por eso se vive más tiempo que en otros siglos. India y China progresaron, y hoy son potencias porque aprendieron la ciencia y tecnología que habían nacido en el mundo occidental, sin por eso perder su identidad.

Entonces, en esa segunda vuelta, no se juega solo el sillón en Palacio. Se juega el fin de la República. Adiós a la democracia, a la libertad de expresión, al derecho a la propiedad. Lo revolucionario es que tengamos democracia pese a la poca conciencia popular y los errores de las clases altas. Las revoluciones no son eso de coger un arma e irse al campo. Las hemos tenido, una, la Reforma Agraria. Dirigentes como Saturnino Huillca, que dirigió las recuperaciones de tierras entre 1961-62. Hay otro terremoto, la gran migración del campo a la sociedad. En otros países, ha habido casos en que se creyeron revolucionarios y eran todo lo contrario. En Italia, en los años veinte, el pueblo se levantó y tomaron las calles. No sabían que habían hecho nacer el fascismo.    

No me sorprende, pues, el abismo en que podemos caer. Keiko será 5 años. Lo contrario, el neoconservadorismo rural y el poder en manos de autócratas, serán 50. No bromeo. Cuando los socialismos suben al poder en América Latina, se quedan para siempre. Además, hay una geopolítica, Cuba tiene a Venezuela como colonia. Pero el Perú es más rico que Venezuela. El 6 de junio ¿morirá la patria? ¿Seremos Venezuela II? Votar en blanco, podría ser una salida. Pero es muy difícil reunir esos votos. A la gente le gusta vencer. Esta vez, tienen que controlar sus emociones, no se trata de votar por Keiko sino contra los que nos llevan al abismo. A un gigantesco retroceso. El sistema marxista-leninista es un mueble de otra época. Fue para una Rusia de  mayoría campesina, los mujiks, por lo general, analfabetos. No es el caso del Perú. La segunda vuelta, es también un test colectivo de inteligencia. Un filósofo, José Antonio Marina, habla de las «culturas fracasadas». El talento y la estupidez de las sociedades. No seamos una de ellas. No se vota por alguien. Se vota contra algo. Y siempre hay un mal superior ante otro mal.  

* Yo nací en Abancay, estudié en Lima, escribí Cuzco: tierra y muerte. Me volví un cronista, retuve lo real que me explicaban los dirigentes campesinos sin guerrilla, en Lima no los entendían. Evitando la policía, recuperaron las tierras que les habían arrebatado a lo largo del siglo XIX. Y más tarde, otro libro sobre el dirigente de la Federación Campesina, Saturnino Huillca, su vida. Fue premio de la Casa de las Américas, en La Habana. Con él fuimos a Cuba. Conozco el mundo andino. Cuando los arrendires lograron su libertad. Con ellos se hunde una clase de hacendados y con ello, la oligarquía. No necesitaron «vanguardias» o izquierdas. Vieron en ellos nuevos mistis explotadores. Acaso algo parecido está ocurriendo de nuevo en los Andes.

Publicado en El Montonero., 19 de abril de 2021

https://elmontonero.pe/columnas/las-republicas-tambien-se-mueren

Que el dios de los sufragios nos perdone

Written By: Hugo Neira - Abr• 12•21

Escribo como siempre el sábado y El Montonero lo pone al uso en el domingo por la noche. Será ya tarde. Como ha dicho De la Puente en un canal, «el lunes será un día amargo». Por lo demás, he estado desde hace meses diciendo que la coincidencia de pandemia y elecciones nos llevaba al abismo. Lo he estado diciendo semana tras semana. Me leen, a veces me escriben, y todo sigue igual. Hay peruanos haciéndose el sueco, «todo va bien». La pachocha criolla, «nada va a pasar», pero desde la Guerra del Pacífico a Sendero Luminoso, nos ha pasado de todo. Y seguimos así, satisfechos. Por eso, «Yo no vengo a resolver nada. / Yo vine aquí para cantar / y para que cantes conmigo./» (Pablo Neruda, Que despierte el leñador).   

Lo que sigue son fragmentos de mis artículos en El Montonero, de ahí las comillas.

«Nuestro compromiso con la ley y la legalidad es el más bajo de la América Latina. El problema es agudo, la política peruana ha dejado de ser. La reemplaza una guerra interminable de clanes. Hay candidatos pero no hay una clase política. No hay debate sino odio al otro.» (Lo que nos junta nos separa, 2-8-2020 https://www.bloghugoneira.com/non-classe/lo-que-nos-junta-nos-separa)

Se queda la peste. «Se irá un día, pero nos queda la otra peste: el desconcierto ciudadano, la crisis de credibilidad, el desencuentro entre gobierno y sociedad, el clima de discordia y las desigualdades opresivas, y como resultado, el fatídico 2021, la urna como sanción. Y en este país de diversas crisis —política, moral y sin sociedad democrática— se nos viene, desde el afuera, riesgos inmensos. Algo nos amenaza. Y ni lo sabemos. Está en un libro de Francisco Durand, La captura del Estado.»  (Idem)

«Nuestro pueblo disocia el progreso socioeconómico de lo político-institucional. No cree que lo segundo impulse y permita lo primero. Ocurre que simple y catastróficamente, no se acepta que la democracia no es sino un gobierno de poliarquías, es decir, minorías diferentes en sus propósitos y métodos. ¿Qué se produce entonces? Algo imposible de utilizar en cualquier otra sociedad que no fuese la peruana. Lo que Carlos Franco llamó «lo representativo-particularista». Porque en el Perú se confía en los individuos y no en las reglas.» (Política, memoria y compasión, 7-7-2019 https://www.bloghugoneira.com/non-classe/politica-memoria-y-compasion)

«La mentalidad ha cambiado pero con efectos perversos. (…) ¿Cómo ocuparnos de otros temas cuando vivimos una situación excepcional y planetaria? La pandemia y sus efectos económicos, sociales y mentales. En este instante, ¿hay otro tema decisivo? Lo dudo. Ninguna generación como la nuestra ha vivido algo tan dramático e inesperado.» (Covid-19. ¿Por qué los colectivos sociales desobedecen?, 12-4-2020 https://www.bloghugoneira.com/non-classe/covid-19-por-que-los-colectivos-sociales-desobedecen)

«Para evitar el matadero que se nos viene encima y del cual nadie tiene la culpa, me temo que nadie con poder va a tener la entereza, la presencia de ánimo, para establecer las reglas de la emergencia actual. Si eso no se hace, entonces, vivimos el crepúsculo del deber. El no gobierno nos haría un mal enorme. Lo malsano, lo latente, es que la gente peruana como en otros lugares, está comenzando a decirse, «los sistemas democráticos no son los mejores para responder la crisis». (Coronavirus 2019-nCoV y los tapujos para enfrentarlo, 8-3-2020 https://www.bloghugoneira.com/non-classe/coronavirus-2019-ncov-y-los-tapujos-para-enfrentarlo

Mis crónicas criticaban a los que tenían el poder legal pero también a la sociedad.

«El Perú y las costumbres peruanas tienen varias virtudes, pero también enormes defectos de comportamiento. Es el país en que los coches no respetan la luz roja, los peatones no suben a los puentes colocados sobre las carreteras para que no crucen la pista. Donde unos pocos pagan impuestos. Donde no nos gustan ni normas ni reglas. Esa plaga, me temo, no es solo eso, sino una prueba, una suerte de plomada, para saber cuánto una colectividad de millones de almas obedece a la razón o al capricho personal.» (Idem)

«En el caso del Perú, no se admite medidas fuertes por tres razones. La primera es el culto a la virilidad. Al macho, el hacerse el hombretón como dicen los mexicanos. Ya veo los machazos que se dan la mano, tosen con el brazo, etc. La segunda razón, nuestro sistema laboral puede guardar en casa su personal de empleados y obreros, aquellos que trabajan en el lado formal de la economía. Pero, eso no puede ocurrir con el 75% que son informales. La informalidad ha sido un bien para el país y las clases populares puesto que tienen chamba. Mis respetos. Pero esta vez, ante un accidente natural, se prueba su precariedad.» (Idem)

«Con el Covid-19, estamos descubriendo nuestras grandes debilidades. Desde el 2011, se olvidaron de la salud y la educación para los pobres. Y por el lado de los hábitos, estamos acostumbrados al hervidero, en particular en los mercados. No se ve la salida del túnel.» (Covid-19. ¿Quedarse en casa o consigo mismo?, 19-4-2020 https://www.bloghugoneira.com/non-classe/covid-19-quedarse-en-casa-o-consigo-mismo)                                                       

En una ocasión escribí para los millennials, es decir, los jóvenes.

«Que usted escriba, es casi un milagro. Los jóvenes peruanos salen de la secundaria sin saber escribir un simple paper. En este país se ha olvidado la importancia de la razón. La lectura no es innata, se adquiere. En las aulas o nunca. La habilidad digital es importante, pero no al punto de desaparecer una cultura entera. Hay algo que nos separa. Mi generación era apasionada por el estudio y el saber. Eso ha desaparecido. El desplome del nivel cultural peruano se nota en la vida política, en la música, en la televisión, por todas partes.» (Carta a un millennial que se dice de «una generación perdida», 6-4-2020 https://www.bloghugoneira.com/non-classe/carta-a-un-millennial-que-se-dice-de-una-generacion-perdida)          

«Seamos sinceros, unas semanas atrás, la atmósfera general —no solo en el Perú— era la antipolítica. Pero hoy, resulta que el Estado no solo manda sino protege, tanto bonos a 3 millones de familias como se prohíbe circular en todo el Perú entre 8 pm y 5 am. Papá Gobierno ha vuelto. A Max Hernández, le preguntaré si hay algo del complejo de Edipo de eso de desear al padre Estado en el Perú y a la vez detestarlo (¿?)» (Coronavirus. El gran giro que nadie esperaba, 19-3-2020 https://www.bloghugoneira.com/non-classe/coronavirus-el-gran-giro-que-nadie-esperaba)                                                                               

«Esas multitudes que discuten a sus Estados [por todas partes], son una modificación gigantesca de la relación entre gobernados y gobernantes. Así de simple y así de enorme. No es una crisis económica. ¿Otras modalidades de representación?» (Otro siglo, otra política. Notas sobre mi propio asombro, 1-12-2019- https://www.bloghugoneira.com/?s=Otro+siglo%2C+otra+pol%C3%ADtica)                        

«Afirmaba Juan A. Linz, nacido en Alemania y de madre española (…), profesor en Columbia (…)  que un principio de la democracia es pro tempore. La democracia es alternancia o no lo es. Linz lo dijo antes de Chávez, Evo Morales y Maduro. Entre las dificultades, según Linz, estaba también el hecho de que «a la presidencia llegan los políticos». Parece una broma, pero lo que quería decir es que son «amateurs sin una preparación específica para resolver los complejos problemas de nuestra sociedad y de la economía.» (Bienvenidos al peor de los mundos, 27-9-2020 https://www.bloghugoneira.com/non-classe/bienvenidos-al-peor-de-los-mundos). En estas elecciones, hay varios candidatos están lejos de ser estadistas.

¿Cuándo se jodió el Perú?¿Y se puede volver a joder?

«1. Cuando Chile entiende que la Confederación Perú-Boliviana no le convenía, atacan y se suman diversos peruanos que detestaban a Andrés de Santa Cruz, por ser mestizo.

2. En 1874, cuando el presidente Manuel Pardo no compra las naves de guerra contratadas por el presidente anterior, José Balta. Sin embargo, Ramón Castilla había dicho: «cuando Chile compra una nave de guerra, hay que comprar dos».

3. El Perú se jode el 8 de octubre, cuando en Angamos, pierde a Grau y al Huáscar y luego de la derrota, las riquezas del salitre.

4. El Perú se jode cuando el presidente Mariano Ignacio Prado decide dejar el país en plena guerra.

5. El Perú se jode cuando Leguía gana las elecciones presidenciales en 1919. Había ganado pero igual da un golpe de Estado. Y exila a todos los que lo alababan.

6. El Perú y el aprismo pierden la posibilidad de un régimen de socialdemocracia  cuando la foto de Haya de la Torre, en almuerzo con Odría y Pedro Beltrán, se hace pública.

7. El Perú se vuelve a joder cuando en la noche del 17 de mayo de 1980, en el distrito de Chuschi, ocurre el primer atentado terrorista de Sendero Luminoso. Las ánforas y las cédulas de los 2000 electores de ese pueblo ayacuchano fueron robadas y quemadas.

8. El Perú se jode cuando el joven presidente Alan García anuncia, un inolvidable día, el 28 de julio de 1987, la estatización de la banca.

9. El Perú se jode en las elecciones presidenciales de 1990, cuando Vargas Llosa —admirado en el mundo entero— es derrotado. La campaña del novelista es un manual de «cómo no se debe hacer una campaña». Se apoya en dos demócratas, Fernando Belaunde y Bedoya Reyes, ambos honestos, pero que representaban «lo mismo de siempre». Lo derrota un rector casi desconocido, Alberto Fujimori, el «chinito», que los peruanos prefirieron precisamente porque les parecía más cercano al país de cholos y capas populares.

10. Entre el 2005 y el 2014, Odebrecht y otras empresas brasileñas reparten millones de dólares americanos para pagos de sobornos. El daño moral, social, político y económico es incalculable.»  («¿Cuándo se jodió el Perú?» En diez errores, 24-5-2020 https://www.bloghugoneira.com/non-classe/cuando-se-jodio-el-peru-en-diez-errores).

¿Y no es cierto que nos siguen dominando los malditos?  

Mínima reflexión

Alfredo Bryce Echenique dice que cada vez que nos hundimos se escucha «la gran cagada y ¡viva el Perú!». Espero equivocarme pero bajo una pandemia la razón desaparece y la reemplaza las emociones, y no las mejores. Rencor, venganza, prejuicios raciales. Hoy, el pueblo está enojado y furioso. Las vacunas llegarán tarde. La endemia favorece a quienes les conviene el caos. Pero también es verdad que las urnas van a ser el castigo al sistema que funcionaba sin interesarse por los pobres de verdad. Salvo una presidencia, la segunda de Alan García: les guste o no, lo cierto es que desciende la pobreza de un 20%. Hoy hay campesinos y pobres que están en zonas periféricas de la misma Lima. Y podemos pensar que no quieran defender un sistema que no se ha ocupado de ellos. De esa culpa, todos hemos pecado. Nos parecía normal el país informal y la pobreza andina. No nos sorprendamos del dragón que tal vez saldrá de las urnas. (Espero equivocarme.)

Hay dos Perú. El que se preocupa por nuestro futuro inmediato. Y muchos candidatos han hecho propuestas, algunas muy interesantes, las llamaré «modernizantes». Pero eso lo entienden las clases medias con estudios superiores, y en general, forman la parte de la población que está en la economía formal. Dudo que quieran modificaciones.

Los candidatos intentan llegar a las capas bajas. Pero en la presente situación, perdiendo familiares, y muchos sin chamba, hablarles de política y economía es como preguntar a los habitantes de Pompeya cómo mejorar el plan urbano cuando la ciudad era barrida por el volcán Vesubio. Tienen otras preocupaciones. Incluso, dice un periodista, hay los «pinchos». O sea, gane o no gane Fulano o Zutano, «me llega al pincho».

Publicado en El Montonero., 12 de abril de 2021

https://elmontonero.pe/columnas/que-el-dios-de-los-sufragios-nos-perdone

Un mundo con malestar y cólera

Written By: Hugo Neira - Abr• 05•21

No vamos a hablar del Covid-19 sino de la serie de estallidos y protestas de pueblos enteros que comenzaron antes del coronavirus. En el 2020, millares de ciudadanos en las calles, en manifestaciones de gran envergadura, y hubo acciones de desórdenes como incendios y toma de plazas públicas. Estamos hablando de una protesta planetaria de orden político y social, antes de la crisis de salud de nuestros días. Muchos piensan hoy que ese mundo del 2019, era una suerte de paraíso. Antes de la peste, hubo visiblemente reclamos diversos, por ejemplo, los «indignados» de Madrid, del partido Podemos. O el millón de ciudadanos en Santiago de Chile por el alza del precio del ticket para viajar en el metro y otras tarifas aplicadas por el presidente Piñera, que luego tuvo que anularlas. ¿Pero eso es todo? Si fuera así, no escribiría esta nota. Antes del coronavirus hubo la protesta mundial. Quizá lo hemos olvidado. Pero cuando desaparezca la peste, volverá la protesta. Y eso no se cura con vacunas.   

Lo que había pasado en América Latina y Europa en esos años sin peste, lo dejo para más adelante. Comencemos por el fastidio y la rebeldía en zonas que solemos olvidar. Por ejemplo en Sudán, en el África, estalla la cólera popular desde diciembre del 2018, por una grave crisis de liquidez y la falta de gasolina. Marchan hacia la capital, Jartum, y piden la destitución de Omar al-Bashir, que gobernaba desde 1989 y cae en abril de 2019. Mediante un acuerdo entre militares y ciudadanos es arrestado, y se llama a unas elecciones para el 2022. Y estoy seguro que el amable lector probablemente ha escuchado hablar de la «Primavera árabe», pero lo que quizá no se ha dicho es que ese movimiento, que comenzó en el 2011, se extendió de Yemen a Siria, Egipto, Libia, y gira hacia Marruecos, Irak, Argelia, Omán, Qatar. El Medio Oriente. Y sin embargo, hay una «Primavera de Praga» y a la vez, el movimiento Occupy Wall Street en Nueva York. Como diría ese filósofo que fue Cantinflas, «ahí está el detalle». La generación del descontento es popular y a la vez, heterogénea. En el Asia, ni la poderosa China se escapa, le dicen ‘no’ en Hong Kong. Lugar en donde hay 24 partidos divididos en tres posiciones, los pro Beijing, los pro democracia y los locales.

No todo fueron victorias para el pueblo. En Irán, en noviembre de 2019, se anuncia el alza del precio de la gasolina, y estallan manifestaciones en diversas ciudades. Una centena de muertos en cuatro días, y unos miles son arrestados. En Argelia, cercanos a una elección, la posibilidad de que Abedelaziz Bouteflika sea elegido por quinta vez, provoca que centenas de miles de argelinos salgan a la calle en febrero del 2019. Bouteflika tira la toalla en abril del mismo año.

Este fenómeno de poblaciones que se sublevan ante el poder establecido, no solo ocurre en Bagdad o en Argelia. Veamos qué pasó en Ecuador, aquicito nomás. En octubre del 2019, el gobierno anuncia un programa de austeridad, o sea, la supresión de subvenciones para los carburantes. El precio se vuelve el doble. La huelga general es la respuesta popular. Visto que todo el país se paraliza, Lenin Moreno renuncia a aplicar esas medidas. ¿Qué había pasado? Les rebeldes y descontentos formaron una alianza de indígenas, trabajadores, mujeres y jóvenes, «como plataforma de lucha». En Venezuela, en mayo del 2018, es reelegido Nicolás Maduro, y los venezolanos salen a las calles. Pero la represión se impone. Juan Guaido se proclama «presidente interino». Entre tanto Venezuela agudiza su crisis económica y social, una megainflación, penurias que hacen insoportable la vida corriente de los venezolanos. Y en Bolivia, Evo Morales se presenta para un cuarto periodo de mando, pero diversas fuerzas, entre ellas los militares, se lo impiden. Evo se refugia en Argentina. Sin embargo, las nuevas elecciones del 2020 las gana un candidato de su partido. Y en Colombia, en noviembre de 2019, un concierto de cacerolas se organiza contra la postura ultraliberal del presidente Iván Duque. ¿Qué ha provocado que millares de ciudadanos del mundo entero hayan salido a las calles para reivindicar sus derechos? Hay que desechar la idea de una suerte de Internacional revolucionaria, eso ya no existe, eso era cuando el Kremlin manejaba la IIIa Internacional. La Rusia actual de Putin suele entrometerse con usos electrónicos, como en la Inglaterra del Brexit o en los servicios a Donald Trump ante la candidata Hillary Clinton en las elecciones del 2016.

El fenómeno de la protesta múltiple y variada por todo el planeta —insisto— antes de la peste del coronavirus,  me lleva a alguien que conoce a fondo unos y otros estallidos,  y ese observador es Gary Younge, periodista que viaja por todo el mundo, y a la vez,  profesor en la Universidad de Manchester, Gran Bretaña. Si el lector quiere seguir sus artículos, los encontrará en The Guardian de Londres. Según su opinión, es un enfrentamiento entre «el despotismo y la corrupción». (Y como soy peruano, pienso en la monstruosidad del poder de Odebrecht que manda en el Perú.)  Ante lo que pasa en el mundo entero, Younge dice: «ha sido un decenio explosivo. Millones de manifestantes han desfilado, ocupando espacios públicos, incluso con sit-in, o sea, se sientan en el suelo y se quedan». La represión del orden los limita pero no los desaparece. «Los pueden llevar a las prisiones, pero por su parte siguen con sus pillajes, a la vez llenan las calles con bandoleras, a veces con esloganes, o formando un lobby o grupo de presión», y de esa manera «sus acciones desafían a los tiranos, se mofan de los gobiernos y producen una metamorfosis de la geopolítica. Y dada su actividad, caminan hacia la transformación de los viejos partidos políticos, al crear una fuerza novedosa». No los llamaría populistas, un concepto demasiado indeterminado. No se les puede llamar de izquierda o de derecha, son algo nuevo.  

Todo eso tiene una causa. La globalización. Esa economía y articulaciones más allá de las fronteras, por un lado es ventaja, por el otro, nuevos e inesperados conflictos. Cierto, « los pueblos están en rebeldía. «Un mundo en cólera», portada de Courrier International. Cierto, hay un malestar general. Malestar, qué palabra tan precisa y a la vez, polisémica. O sea, de diversos contenidos. Personal o numeroso como una muchedumbre, quiere decir incomodidad, desasosiego, ansiedad, inquietud, molestia, pesadumbre, congoja, nerviosidad, disgusto, fastidio, tedio, intranquilidad. ¿Y qué puede producir esa crisis en un planeta pleno de naciones, religiones y costumbres tan  diferentes? Países pobres o avanzados y ricos, nadie escapa. Cualquiera que tiene un puesto estable puede perderlo. O si tiene ahorros en los bancos, puede haber una crisis financiera como la del 2008, y perderlo todo. En suma, la actual mundialización neoliberal es un sistema sin centro alguno.  O sea, todo puede ocurrir.  

De las grandes desigualdades de nuestro tiempo, proviene la raíz de la cólera, la percepción de perder lo que habían conseguido las clases medias, que se empobrecen de nuevo (véase Thomas Piketty, Capital e Ideología), incluso en las sociedas capitalistas más avanzadas. Somos una generación excepcional. Hemos visto el colapso del todo Estado, la obra de Stalin y los países llamados socialistas. Y ahora, el todo mercado en estos años y en países donde aumentan por doquier los multimillonarios —inclusive los hay en China— y cada vez más es mayor la distancia entre los que viven con sus salarios y los que tienen rentas. Nada de esto ha ocurrido anteriormente. Y si esto es así, entonces, tenemos que pensar nuestro sistema tanto político como económico, que era bueno para el siglo XX pero no en estas relaciones globales. ¿Cómo hacemos cuando las democracias actuales están compuestas por millones de desconocidos, que ya no son analfabetos ni se contentan con votar cada cinco años? ¿Y cómo se puede tener una economía internacional privada y sin límites, cuando los ciudadanos son lo público, la vida de cada día? ¿Qué instituciones, que no tenemos, pueden reunir la jurisdicción de lo internacional privado y los seres humanos, en la jurisdicción de lo público? Entre tanto, movimientos de resistencia como los gilets jaunes de los franceses, que marchan cada  semana, pero sin líderes ni soluciones. Ocurre que los pueblos han aprendido el arte de la desobediencia. En Europa, la gente no soporta las cuarentenas. Y simplemente, desobedecen.

Resulta claro que ante los problemas nacidos de la imposición de la modernidad que viene de fuera, se necesita otras prácticas. Por el momento, en todas partes, la inestabilidad del electorado se debe a las divisiones identitarias. Es  posible que necesitemos construir «un espacio democrático transnacional» (Piketty). De lo contrario, «aparecerá lo social-nativista». (Más o menos,  Antauros en Italia, Francia y Barcelona.) En Europa, las clases populares se divorciaron de las izquierdas. Y esa izquierda encuentra su electorado en los millones de «titulados» (gente con estudios superiores). Es lo que llama Piketty la «izquierda brahmánica». Ya no hay derechas ni izquierdas, la brecha de la educación es lo que separa clases, etnias e ideologías. También algo así por aquí. Veremos qué pasará el 11 de abril.

Esta es una reflexión personal, acaso solitaria. Más allá de los estereotipos al uso. Una vez en un museo, le preguntan a una persona: ¿Qué es usted? Y dice: « soy un precursor». ¿Y precursor de qué? le contestan. Y responde: «Si lo supiera ya lo diría, y dejaría de ser precursor».  

Publicado en El Montonero., 5 de abril de 2021

https://elmontonero.pe/columnas/un-mundo-con-malestar-y-colera

Sobre el primer grupo de debate presidencial

Written By: Hugo Neira - Mar• 30•21

Acabo de ver y escuchar el primer debate de candidatos presidenciables, evento organizado por el Jurado Nacional de Elecciones. Confieso que me movió la curiosidad. Y quiero opinar como ciudadano sin inclinarme a uno u otro candidato o candidata. No soy hombre que hace alabanzas, pero lo cierto es que he visto una jornada de primera calidad. El evento tuvo como moderadores a Mónica Delta y a Pedro Tenorio, periodistas que manejaron rigurosamente los minutos e incluso los segundos de cada candidato, por igual. Y los presidenciables, francamente, expusieron lo que van a hacer en caso de ganar, para no solo mejorar el país, sino salvarlo y reformarlo. Los presidenciables hablaron de distintos asuntos, con rapidez, contundencia, confianza y naturalidad. Y en corto tiempo.

En este evento, además de exponer rápidamente, también se les hacía preguntas, que venían de los periodistas, Delta o Tenorio. Ninguna pregunta quedó sin respuesta. Lo cual quiere decir que tienen a flor de labios sus ideas y proyectos. Buenos o imposibles, pero los tienen. Y entonces, a los pocos minutos, me puse contento por varias razones.

La primera, no me pregunten quién estuvo mejor. Lo que me importa es que quien gana con este evento es sencillamente la ciudadanía peruana. Y felicito al JNE y las instituciones que lo han concebido. Y en segundo lugar, esos seis primeros presidenciables forman una clase política, con gente del pasado reciente pero también con muchos rostros y maneras de pensar novedosas. Hay una clase política. Y eso no es poco.

Como somos un país de mayoría juvenil, acaso debo decir lo siguiente. Desde mi vida  entera, que comienza a ser longeva, les digo que nunca he visto un debate de esta categoría en el Perú. Por el azar de la historia, ya no es un partido contra otro partido. Tendencias distintas existen, pero nunca vimos a tantos actores en escena. Ciertamente, eso significa fragmentación. Pero lo que hemos visto, es la pluralidad. Y eso es, finalmente, la democracia. He visto candidatos diversos, heterogéneos. Y todos impávidos, ante sus rivales. Ya no va haber el poder de un solo partido.

He escuchado, en las redes, que fue aburrido. No me parece, hubo vapuleos y crítica de uno y otro. Y también eso me pareció un milagro. Se dijeron cara a cara lo que pensaban. He visto, pues, un valor moral que se había perdido. La sinceridad. Los moderadores trataron de moderar a los presidenciables, y las puyas siguieron, pero con elegancia. Se habló entonces de «falsos profetas», y reproches. Pero como en el fútbol, no duró mucho.

No me voy a perder las dos noches que siguen. Se aprende mucho sobre cómo está el país y cómo piensan los que pueden gobernar. Por cierto, no hago una reseña de los problemas que han circulado y sus posibles soluciones. Esos temas van desde la seguridad ciudadana a la manera de vencer la pandemia, volver a tener empleos, de todo.

Y quisiera decir algo más. Hay que saber criticar. Pero también hay que tener el coraje de decir que algo está bien hecho y vale la pena. No me importa lo que digan los que  se sienten bien en el oficio del negativismo. Hasta ahora, la construcción política e ideológica había retrocedido. Pero con Marco Arana, César Acuña, Alberto Beingolea, Keiko Fujimori, George Forsyth y Verónica Mendoza, me parece un equipo mucho mejor que Toledo, Ollanta, PPK y Vizcarra.

Y eso que no he visto, todavía, en este baile de exposiciones y respuestas a las puyas, a Hernando de Soto, Daniel Urresti, Pedro Castillo, y en el tercer día, a Yonhy Lescano, Julio Guzmán, Rafael Santos, Rafael López Aliaga. (No he citado a todos.)

Qué difícil va a ser elegir esta vez.

Hay más candidatos que partidos.

Por un lado, va ser duro hallar consensos.

Por otro, nadie va a tener el monopolio del poder.