Qué hemos hecho de mal

Written By: Hugo Neira - Jun• 14•21

No soy de aquellos que les cuesta escribir un paper, pero a veces, sí. Me pregunto —y sin duda el amable lector— qué hemos hecho de mal para llegar a la situación actual. Al desconcierto ciudadano, crisis de la credibilidad, voto del pueblo como sanción, el desencuentro de gobiernos y sociedad, y un clima de discordia entre peruanos mismos. Al escribir esta nota, me siento cercano de los astrónomos. Ellos ven estrellas lejanas y galaxias, pero también estallidos inesperados, astros que se vuelven agujeros negros, o sea, no saben en qué cosa se vuelven.

Algo parecido nos ocurre con nuestro futuro. Cuando era un estudiante universitario me fascinaba el Big Bang, había un orden en el cosmos. Pero ahora no es sino una teoría como otras sobre la creación del universo. Hoy, lo que dicen los potentes telescopios es que el universo sigue expandiéndose, pero en un caos permanente. La casualidad, lo inesperado, es lo que reina. Un simple meteorito hace 66  millones de años, acabó con la vida de los dinosaurios, y según los expertos, con el 75% de la vida en el planeta. Qué más da que una colectividad bastante heterogénea a la que llamamos Perú, pierda su identidad, su Soberanía de Estado porque sería amalgamada a un proyecto continental. Fuimos a un proceso electoral pero no nos consultaron sobre si queríamos formar parte de un proyecto de la Coordinadora Continental Bolivariana. Esta posibilidad no es algo que proviene de la imaginación de algún novelista. Es algo real, y a gente muy inteligente y hábil le debemos el lío de las actas electorales que casualmente han sido manipuladas en los lugares —Lima y el norte— donde la rival tenía más electores. Ya se verá en qué termina todo esto. Pero el mal ya está hecho. No habrá vencedor alguno. Es la victoria de la antipolítica. Y la continuidad de la descomposición de nuestra sociedad. 

Con calma y melancolía (o sea, tristeza activa), estando en el extranjero, me preguntaba si esto es algo que nos había ocurrido en otras etapas de nuestra historia. Además de sociólogo soy historiador, y me parecía que esto también ha pasado anteriormente. Y entonces, acudí a una fuente. Un libro de un intelectual peruano escrito en 1956, y que de vuelta al Perú, resume el país de ese momento y parte de su historia. (No diré quién es, por eso de nuestros prejuicios ideológicos.) Y pregunto al viajero: ¿Hubo en el pasado esa costumbre de votar contra el otro? Sin mentir, me dice: «un sector político del Perú proclamó en 1879 al 1880, «primero los chilenos que Piérola» (p. 109). Y de ahí proviene la costumbre de votar no por fulano sino contra fulano.

El autor, digamos Juan Esquina, cuenta que en 1928, había vuelto al Perú, y no estaba del lado de Leguía, y «un amigo y socio mío, un anciano de mucho prestigio social,  porque yo no quería escribir en su diario, le dice ‘este Juan Esquina’ es enemigo nuestro». «No suyo, sino todo un grupo social». Antagonismo, enemistad, «mi actitud —dice Juan— no pasaba de una crítica razonante, sin pasión». Juan había estado de paso por Chile, «pongo por caso, un conservador trata, con cordialidad, a un radical o un socialista y hasta un comunista». Pero en la Lima de esos años —dice Juan— «los pierolistas detestaban a los civilistas». «No concebimos la oposición sino como enemistad» (p. 108). Esas conductas han sido nuestra nefasta herencia. En costeños o andinos. Cholos o blancos. Yo solo veo peruanos.  

Pasando a otro tema, «nuestros partidos se constituyeron por circunstancias frágiles» (p. 111). Estamos, en este caso, en las del siglo XIX al XX . Claro que se refiere al Partido Civil, que era el partido de apartar el militarismo del poder, y ellos, algo de plutocracia agraria republicana. Y se improvisó otro grupo civil que buscó pueblo, el Partido Demócrata. Y luego, Leguía, el aprismo, el partido de Sánchez Cerro. Luego del periodo democrático y las dictaduras, no se dice qué son, no dicen si son conservadores o reformistas, liberales, rara vez socialistas o comunistas, por lo general máscaras simpaticonas, Somos Perú, Juntos Por el Perú, Frente Amplio. Es un signo. De los noventa a nuestros días, hay una crisis de los partidos políticos, tanto los partidos tradicionales —como el aprismo— como los demás. Al punto que Carlos Meléndez lo llama al presente sistema en crisis, el «periodo post-partidario». Esa crisis ocurre en otros países, inclusive en sociedades avanzadas, surgen los populismos. El caso del Perú podría explicarlo, pero sería un análisis que necesita más espacio.

Diríamos, sin embargo, paradójicamente ha habido un crecimiento del PBI del 2001 hasta 2021. Pero creo que no es solo un problema socioeconómico sino geopolítico. Las distancias entre Lima y las provincias, clases medias emergentes y a la vez precarias, los que no se salvan de la pobreza, pero sobre todo, la corrupción, Odebrecht, Lava Jato. Las mafias que envuelven presidentes, ministros, gobernadores, funcionarios, abogados, periodistas, gobernantes de regiones. Entonces, el peruano duda del peruano. El triunfo del otro es sospechable. Si alguien tiene éxito, «es que debe haber robado». En Perú se vive a la defensiva. Y esto que cuento a continuación es real. Conozco a un amigo, alto funcionario, que me cuenta que un presidente cuyo nombre prefiero callar le propuso ser ministro. La respuesta fue, al llegar a casa, decirle a su mujer que hiciera las maletas, y se fueron al extranjero. Tenía razón, el que tomaron como reemplazo, tras el desfalco y latrocinio, todavía lo busca Interpol.

Volvamos al tema de «frágiles». Eso está clarito. Los partidos políticos según la ley, hasta hace poco requerían 705 mil firmas de adherentes para inscribirse (4% del padrón electoral), pero esa exigencia ha sido modificada a un 0,1% (24 mil). Esto fue en julio del 2019. Y lo de frágil es que uno de ellos, Perú Libre, se inscribe con 25’296 adherentes, y es el partido que encabeza los sufragios en la primera vuelta (18,9%) y en la segunda (muy limitado en sendos casos). Fuerza Popular, en el segundo plano, solo logró el 13,4% de los sufragios. Es evidente que ambos contrincantes no tuvieron mucho tiempo para esa campaña electoral. De ahí acaso la ausencia de personeros, sobre todo en las aldeas peruanas (los Andes, señores) y los contrincantes de Keiko, bien organizados y que llegaron temprano, hicieron lo que les dio la gana. Pase lo que pase, se ha destruido la confianza y enferma la legitimidad.

Vayamos a otro tema, nada menos la cuestión indígena. ¿Mejoramos durante la República? Juan, el amigo que conoce nuestra historia, nos dice: «El Virreinato había sido más piadoso con el indio». La Independencia fue para los criollos. Los esclavos negros continuaron hasta Ramón Castilla, que los libera. Pero los indios siguieron viviendo no solo en plena servidumbre, el siglo «republicano» —no me hablen de que fue fraternal para los indígenas—, ¡fue el peor! Paradoja peruana, bajo el dominio de la administración de los peninsulares, estaban protegidos, eran los que pagaban los tributos y la mano de obra para el trabajo en las minas. Ellos, en cambio, retenían sus tierras, y así, tres siglos. Pero cuando el Perú se vuelve republicano, desaparece la nobleza india. (Aquella de donde surgió Túpac Amaru II) ¿Una República? El «todo somos iguales» no fue tendencia.

Perú en el XIX seguía siendo una sociedad de castas. Los ricos criollos se lanzaron sobre los terrenos comunales y jamás perdieron un litigio ante los indígenas campesinos. Hubo una suerte de colonialismo interno en los dos siglos después de la Independencia. Hasta la mitad del siglo XX, lo agrario era gamonales arriba, y abajo, indígenas aparceros o arrendires. El latifundio republicano era la continuidad de la encomienda  virreinal.  Y todo eso se detiene en junio de 1969. Le llaman Reforma Agraria. En realidad fue un cambio laboral. El latifundio peruano fue una forma precapitalista, feudal, lo sabemos, aunque todavía a una parte nada pequeña les parece normal que los campesinos (indio, ¿clase o etnia?) trabajaran sin salarios. Pese a la Independencia todavía no somos nación. Por eso Mario Vargas Llosa en un artículo reciente publicado en La República, dice «la forja de la nación». Está claro, si algo es forja, herrería, fragua, quiere decir que se está haciendo. Pero porque somos un país rico con muchos pobres.

En efecto, ¿por qué somos un país rico en su naturaleza y no salimos de la pobreza? Quizá porque no hemos tenido otra forma de trabajar. El escritor que acompaña estas líneas recuerda lo que se hizo con el guano de las islas en 1842. «El guano lo habían usado los incas para sus tierras». «El excremento que dejaban las aves marinas, ‘el guanay’ si lo hubiesen tomado como abono, pudimos lograr una agricultura peruana, pero eso no floreció nunca. El Estado prefirió el guano como producto de exportación, que sirvió para las rentas fiscales desniveladas» (p. 129). Si las islas guaneras hubiesen sido de Canada o de China, hubiera sido distinto. La agricultura se habria convertida en una riqueza que permitiria la venta internacional de un pais productor de alimentos.  

¿Qué sospechamos? El camino más fácil, evitar el trabajo o la inversión riesgosa. La flojera de una clase dominante en la que el ocioso ocupaba el tiempo. Un ejemplo: Lima, la capital, tenía hasta el fin del XIX una serie de fundos agrícolas en su contorno, de lo que se llama «de panllevar». La sombra del amigo que nos acompaña en esta escritura dice: «En materia de subsistencias, el Perú se abastecía a sí mismo en considerable proporción hasta 1916. La codicia por las grandes utilidades que empezó a rendir el algodón, eliminó de facto grandes plantaciones de panllevar. Y Lima se vio rodeada de campos blancos, en vez de los verdes que la circundaban» (p. 143).

Hay otras conductas, eso que interesa a psicólogos y antropólogos, acaso más que la economía. Porque en épocas distintas, en circunstancias diversas, se repiten ciertas actitudes. La historia (del Perú) tiene una invisible tendencia al «ritorno all’antico» (p. 98). Nos referimos a un curioso fenómeno. Se ama y a la vez se aborrece a fondo a uno que otro político con ideas y un paquete de reformas.  

El primer caso es alguien que encarna el siglo XIX, la guerra de caudillos, los militarismos, se llama Nicolás de Piérola. Nuestro amigo nos dice sobre su vida: «A este le birlaron todas las elecciones en que, queriendo participar, lo obligaron a ponerse de lado.» No lo invento, está en la página 116. ¿Cuál era su pecado? «El mestizo y el mulato, el pueblo oscuro, centenares de gente que estaba lista para ofrecer su vida, en la montonera».

El segundo, sin duda alguna, Haya de la Torre. La lealtad le acompaña más allá de la muerte. De 1931 hasta 1980, encarnaba el pueblo de trabajadores, de sindicatos, de empleados pobres, de profesionales en camino a ser clase media, y obviamente, perdimos otro siglo, el XX. Hubiéramos tenido una modalidad de socialdemocracia, de aquellas de Suecia, Dinamarca, economía de mercado y Estado social. Por algo, para mí su mejor libro Mensaje de la Europa nórdica. Para qué digo esto si en el Perú se lee poco o nada.

El tercer caso es Keiko Fujimori. No son los montoneros de Piérola ni las clases modestas del aprismo sino unas masas de clase media emergidas en los últimos decenios a las que disparatadamente le ponen una etiqueta de derecha. Son más bien profesionales, empresarios nuevos, más bien liberales y ningún elemento con las izquierdas. ¿Qué tienen en común? Casi nada. Salvo que sorprendieron, fueron un brote de modernidad, y la mentalidad conservadora de nuestro país, no los incluyó, cosa que se hizo en otras sociedades, sino que fueron el chivo expiatorio de cada etapa histórica. La invisible regla peruana es la exclusión. Piérola, Haya de la Torre y apristas, la máquina del desprecio se inventa cucos, y en país todavía adolescente, se lo creen.

En fin, responderé la pregunta del inicio de este texto. ¿Qué mal hicimos? La inmovilidad. Se perdió la ocasión de modernizar el país con las grandes reformas que no se han hecho. Hubo una ocasión, después de Velasco. Luego, después de la derrota de Sendero Luminoso. Y ahora, están soñando en volver al pasado «normal» que duró hasta el 2016. Solo ahora, se dan cuenta que había campesinos olvidados, y es el caso de Pedro Castillo que los representa. (Lo que no me convence es tener por encima a Venezuela y la Coordinadora Continental Bolivariana). Perú, sociedad de clases más o menos modernas, a sus élites políticas les han sido invisibles los que no tienen ni agua, ni trabajo ni estudios. No se dieron cuenta de un hecho demográfico, los campesinos son hoy alfabetos. Nos dormimos. El exceso de optimismo, mitos, como «Dios es peruano». No solo hay «demócratas precarios» (Dargent) sino las instituciones y esa cultura criolla que elude la realidad, porque en el Perú «los problemas se resuelven solos» (Una frase del presidente Manuel Prado). Lo dice todo, la dejadez criolla en el Estado, los negocios, los estudios…

En fin, liberales o marxistas, tendrán que aprender la tolerancia. Habrá rivalidad, ¿y qué? Lo contrario es el despotismo y el pensamiento único. Ahora bien, quien sea el inquilino de Palacio tendrá la mitad del país al frente. No es una desgracia que existan fuerzas políticas distintas y opositoras. Los peruanos por lo general admiran a los Estados Unidos. Pero se hacen los que no saben que si progresaron, es porque tuvieron siempre republicanos y demócratas. Somos hasta el momento una sociedad de libertades públicas —votos, marchas— pero no somos todavía una sociedad democrática. El gran problema del peruano no es solo el empleo, la salud o la educación, sino el «otro».

Posdata. El lunes próximo diré quién es el autor del libro cuyas páginas he citado. No es Pablo Macera, pero alguien de igual de atrevido.

Publicado en El Montonero., 14 de junio de 2021

https://elmontonero.pe/columnas/que-hemos-hecho-de-mal

Entrevista: «Historiador explica como «una venganza» la aparición de Pedro Castillo en el Perú»

Written By: Hugo Neira - Jun• 13•21

En entrevista con la Agencia Anadolu el historiador Hugo Neira hizo una radiografía de la campaña electoral peruana a una semana de la segunda vuelta presidencial, que se realizará este 6 de junio.

Entrevista: Luis Cáceres Álvarez

Hugo Neira jamás olvidará cuando cubría como periodista las tomas de tierras por parte de los campesinos que exigían la reforma agraria en el Cusco, en 1963. Un año después, a raíz de esas crónicas, publicaría Cuzco: tierra y muerte, una obra de gran repercusión internacional.

Gracias a ese trabajo fue invitado a Francia para investigar y continuar sus estudios. Más tarde, llegaría a graduarse como doctor en Ciencias Sociales por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París y a ser distinguido por el Ministerio de Cultura y Comunicación de la República Francesa como Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras, en el 2010, pero nunca perdió la conexión con ese Perú rural que le abrió las puertas del mundo. No por nada cumplirá 85 años el próximo 24 de junio, fecha en la que en su país se celebra el Día del Campesino.

No obstante, hoy no ve al Perú tan avanzado ni tan enfocado como quisiera. Desde Santiago de Chile, frente a la pantalla de su computador, se queja de que desde hace 30 años no se fortalecen los cursos de gramática, ni de lógica, ni de historia para que las juventudes utilicen estas herramientas. Recuerda con nostalgia sus estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y a Raúl Porras Barrenechea, historiador y político que fue su maestro y quien también le enseñó a Mario Vargas Llosa. «Se nos ha muerto una generación completa que era brillante. La izquierda peruana brilló después de la dictadura de Juan Velasco de una manera extraordinaria. Perdieron el tiempo. Se fueron muriendo», señala. Ahora, le parece que el país puede estar acercándose a un abismo, a una encrucijada de la que espera no le sea tan difícil salir.

¿Usted cómo resumiría la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en el Perú? ¿Qué está en juego este 6 de junio?

Lo que está pasando en el Perú es una cosa muy difícil de hacer entender. ¿Qué ha pasado en el Perú en los últimos 20 años? Una situación muy extraña. Le llamo el enigma peruano: cuanto más crecía la economía antes de la pandemia, había más tendencia en las elecciones a romper el sistema económico. Ha habido 20 años de crecimiento al punto que el Fondo Monetario Internacional decía que era un ejemplo. Yo tengo otra lectura. En esos 20 años ha habido un desencanto económico muy mayúsculo, una desconfianza en la política al tope porque salió una corriente de corrupción gigantesca; difícilmente hay un presidente que no haya sido sentado frente a un fiscal o a un juez, y la corrupción no implica a unos cuantos sino a centenares.

Yo no soy de decir todo es malo, todo es bueno. No pertenezco a ningún partido. ¿Quién trajo el sistema económico liberal? Porque no era así: Alberto Fujimori. Él trae la economía moderna liberal al Perú. Todos los que vinieron después continuaron con lo mismo, sabiendo que el neoliberalismo produce brechas gigantescas.

¿Esa es la crítica que le hace a la sociedad peruana actualmente?

Es verdad que aumenta el crecimiento económico, pero también aumenta el número de millonarios y el número de pobres, y se empobrecen las clases medias. Entonces uno se pregunta: ¿veinte años de descontento social y a la vez de auge económico? Ollanta Humala llega al poder en el 2011 y no hace nada por modificar eso. Todo se va juntando. El Perú tiene una cultura criolla. La mayoría de la población es urbana y mestizada. Y en la población rural encontramos lo que llamo los sentimientos de injusticia. Ahora son dos millones de campesinos con tierras, pero parece que no existieran. No se les construyen carreteras. No les dan ayuda de créditos. El Perú es un país bien difícil.

Usted menciona en el documental La revolución y la tierra —que alteró los ánimos del Perú más conservador desde su estreno en octubre de 2019— que si la dictadura militar de Juan Velasco Alvarado no hacía la Reforma Agraria (decretada en junio de 1969), Sendero Luminoso tomaba el poder como si nada…

Por supuesto. El error de Abimael Guzmán (fundador y máximo líder del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso) fue lanzar una revolución cuando a sus soldados campesinos ya les habían dado la tierra, y las comunidades campesinas se enfrentaron contra él. Estas gentes están fuera del sistema. Hay una cultura andina que ha conseguido llegar a la ciudad, penetrar en la economía. Se han instalado, menos mal, pero son la población de los informales. De cuatro personas que trabajan en el Perú, tres son informales, pero viven. Algunos trabajan tanto que son millonarios. Lo que ocurre es que, prácticamente, se olvidan que existen. Se olvidan que son una parte importante de la sociedad.

En el Perú sigue siendo un problema ser cholo. Ya se sabía que a los cholos les costaba trabajo tener un puesto importante, entrar a una gran universidad, y en ese momento viene la pandemia. La pandemia produce dos efectos gigantescos. En primer lugar, la pérdida de los empleos fáciles, los empleos precarios, de la informalidad. Tú eras un trabajador que tenías una ‘chamba’ en Lima y ‘chau’ porque la tienda cierra y no hay nada más que hacer. Solamente en Lima hay cuatro millones de desempleados. ¿Cómo será en el resto del país? Y la segunda cosa terrible fue que la pandemia apuntó a la emoción, de cierta manera al rencor y a la revancha, ¡es que se mueren las familias en sus casas! ¡Se está muriendo la gente de la clase baja! ¡De la clase popular! No nos sorprendamos entonces que un profesor de primaria, líder campesino, como Pedro Castillo, aparezca en escena. Esa es una respuesta del pueblo, de abajo, y una venganza. Como diciendo: ¡Acá estamos nosotros!

¿Considera que Perú Libre es un partido improvisado que se ha quedado detenido en el tiempo?

Absolutamente. Yo he sido marxista y lo entiendo. ¿Por qué dejé de ser marxista? Porque entré a hacer Ciencias Sociales. ¿Por qué repetir esto en un país que ya está a un salto de la modernidad? Me espanta. El problema es que llegue el señor Vladimir Cerrón (fundador del partido político Perú Libre, mentor de Pedro Castillo y condenado por varios casos de corrupción), siendo buscado por los jueces.

El comunismo y el marxismo son realmente trasnochados y del año 20. No han entendido que la mejor forma de hacer caminar el socialismo es subirse sobre la economía de mercado y manejarla. El problema está en que este país no es contemporáneo. Es extemporáneo. No está en el siglo XIX. Creen que solo hay un capitalismo. Todo el mundo es capitalista. La diferencia es qué Estado hay y qué tipo de Estado social hay. Eso es todo. Es la gran diferencia.

Yo no tengo ninguna simpatía por Keiko, pero Keiko son cinco años. Si estos (Perú Libre) se suben al poder son cincuenta años. ¿Qué socialista latinoamericano se ha ido de su poder? Si estoy en Chile, estaría a favor del socialismo. Estoy en España, votaría por el socialismo. En Francia también. ¿Por qué? Porque son socialismos democráticos. Se van después de tener el poder.

¿En el Perú qué tenemos?

Se nos quedan en el poder para siempre. Y lo dice Cerrón: «La derecha se queda en el poder, ¿por qué no la izquierda?», antes de llegar al poder. Y dice: «Al Congreso hay que cerrarlo», pero ni siquiera se ha establecido ese Congreso. ¿Qué es eso? Despotismo.

Yo veo algo muy fuerte porque puede ser que ganen por una razón. No se enseña nada de humanidades. Hace 30 años en el Perú no hay un curso de gramática, de lógica, de historia del Perú e historia universal. Entonces los jóvenes peruanos no han tenido las herramientas para llegar a la razón, a escribir un texto mínimo. Hay un desplome que se nota en los políticos. Se nota en los personajes que llegan a tener una importancia. Pero, ¿qué haces con una población que sabe leer y escribir y no lee? El Perú no tiene analfabetos, pero tiene iletrados. Es decir, no leen un periódico. Los periódicos están quebrando.

¿Usted considera que los dos candidatos en la segunda vuelta del 2021 harán un gran cambio ya sea desde la izquierda o desde la derecha?

No lo sé. Lo único que sé es que por el momento no nos conviene el marxismo leninista. Todos los países que han sido comunistas están volviendo a la economía de mercado. Nada más. Es suficiente. Acá no. Acá van a cerrar todo lo que sean empresas. Y es que este joven (Castillo) es progresista y a la vez reaccionario. Está en contra del aborto. Son conservadores socialmente. Retrocedemos.

Pero también el fujimorismo tiene parte de la culpa…

Muchísima. Tuvieron 73 congresistas y no pudieron hacer leyes sociales. Todas las observaciones que se han hecho les doy la razón. Realmente es una enfermedad, pero la cura que usted quiere no es buena. Hay que buscar. Hay que hacer que las grandes empresas peruanas gasten un poco.

Cuando yo llegué a Francia gobernaba de Gaulle, el otro presidente después de él fue de derecha liberal, y así. Me quedé con la boca abierta. Veinte años, cuatro presidentes. ¡Las reformas las hacía la derecha! ¿Se ha visto una derecha en América Latina que haga reformas? Si no ceden, van a perderlo todo. O sea que en el fondo me encanta que haya ese castigo. Aquí todavía hay mentalidades coloniales. No hemos salido de la colonia.

Especialistas sostienen que el fujimorismo aún no ha procesado, intelectualmente, la década de los noventa para entender su debacle y a partir de ahí hacer propuestas. ¿Qué opina al respecto?

La verdad es que estoy muy enojado y fastidiado. No quiero que ganen estos vende patria (Perú Libre) y me pongo en la posición de Keiko para que haga las grandes reformas. Seamos realistas. El Perú no está construido. No tiene ferrocarril que pase por toda la costa. La infraestructura no está. ¿Cuántos peruanos conocen Machu Picchu? No se ha creado la nación. Se ha fracasado en la educación. Los manejan por emociones. Eso ha sido un complot del imperio con las clases altas blancas que se asustaron con que los hijos de los cholos fueran al colegio porque de repente salían marxistas. Cuando salgamos de esto, hay que presionar para que se dé la modernidad.

Pero, con este apoyo a Keiko total de su parte…

¡Momentáneo!

Hay analistas que sostienen que esta Keiko Fujimori es la más débil de los últimos 15 años…

Lo único que a ella le saldría bien es que haya un gran peligro delante, y eso fue lo que hace que mucha gente vaya tapándose la nariz a votar por Keiko. Yo digo que hay que hacer eso por el momento. Después, ya veremos.

A mí me cae bien Castillo, pero no conoce muchas cosas. Eso es tremendo. Si esto sigue así y no hacen reformas, en el 2026 gana cualquier partido de izquierda. Sería peor. Este es un asunto fundamental.

Muchos quieren comparar a Perú Libre con fórmulas de la izquierda latinoamericana

En Ecuador, yo estaría con Correa. En Bolivia, yo le digo a mis amigos peruanos: ¿Se dan cuenta ustedes la habilidad que ha habido en Bolivia? Que un partido de izquierda se junte a las comunidades campesinas. ¿Cuándo hemos hecho eso nosotros? Tenemos 7.000 comunidades campesinas. Han juntado esas dos cosas y es gigantesco. Formidable. Eso es una habilidad política extraordinaria. Ya quisieran los peruanos tener eso. Allá está el pueblo. Ese sector no es invisible. En el Perú recién aparecen los campesinos ahora. Se han olvidado de que este país tiene otras cosas, y pobres en Lima también. Hay gente que no conoce. Las separaciones en el Perú son terribles. Hay ministros que dicen: «No se olviden de lavarse las manos cada día», ¡pero hay gente que no tiene caño de agua!

Hay quienes «terruquean» (tildan como terrorista) al candidato Castillo. Señalan que el Perú se convertirá en Venezuela y Cuba. ¿Cómo entender a esa derecha que ataca sin debatir con ideas?

Tenemos que construir otro tipo de izquierda, otro tipo de enfrentamiento, porque muchas veces las marchas —y las he visto en Chile— tienen toda la razón, pero no tienen la solución. Y para la solución se necesita de nuevo pensar políticamente en algo que no sea el comunismo y tampoco sea la democracia blanda que se ocupa de los grandes. Eso nos va a llevar tiempo.

Ya van dos años de movimientos sociales fuertes en los distintos países de la región. ¿Estamos viviendo una primavera latinoamericana?

Pero los movimientos sociales no llegan a la estructuración o al pensamiento. Son chispazos. Tarde o temprano hay que prender el foco. Tenemos que pensar en el siglo XXI. En el Perú hay gente que va a buenos colegios y gente que no va a buenos colegios. Está completamente fragmentado.

¿El Perú está en el siglo XIX?

Yo me vuelvo ministro e, inmediatamente, viene mi cuñado y viene un primo que tengo. Los pongo ahí (en esos puestos). No hay ese respeto a la meritocracia. ¿Cuántos peruanos se han ido afuera? Hay tres millones de peruanos que se han ido. ¿Por qué se han ido?

De cara al Bicentenario, ¿cuál es la reflexión que deberíamos hacer ante las dos propuestas extremas y populistas?

Si votan por Perú Libre, va a ser el entierro de la república. Es una buena manera de festejarlo. El bicentenario va a durar dos siglos entonces. Fidel Castro hizo una revolución. Estos no han hecho nada y están llegando por las circunstancias que los ayudan, nada más. Son capaces de creer que lo merecen. Qué situación tan extraña. Puede pasar cualquier cosa. Golpe militar. Levantamientos populares. La gente ya se acostumbró a ser libre. Qué difícil sería tener un sistema comunista en el Perú. No es Rusia. Los peruanos son el país más ácrata (que niega la necesidad de cualquier clase de autoridad) en el mundo. No pagan impuestos. No les importan las noticias. Se pasan las luces. ¿A esos vas a meter en la línea?

No tienen comportamiento democrático. El peruano no es demócrata y no merece ser demócrata porque todavía no sabe respetar al otro. Las sociedades existen cuando se acepta la pluralidad y las diferencias, pero no aceptan eso. El otro no es que esté equivocado. La política peruana es un truco muy simple: no se incluye, se excluye. El despotismo está en la base popular. No se han dado cuenta. Los peruanos de abajo admiten una dictadura con tal de que esté a su favor. Está ya lista la cama.

Y si usted tuviera a los candidatos al frente, ¿qué les diría?

A Castillo: No tenemos la necesidad de tener maestros de afuera. Tienes que hacerlo desde acá.

A Keiko: No defiendas tanto el sistema económico de tu padre. Hay que hacerle mejoras.

Publicada el 30 de mayo de 2021

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El yin y el yang

Written By: Hugo Neira - Jun• 07•21

Introducción   

Hasta que la ciudadanía no haya votado el 6 de junio y no se sepa el resultado de las elecciones, prefiero no decir nada. Lo que no quita que como millones de peruanos, yo también estoy preocupado e inquieto. No estoy en los ajetreos de Lima sino en Santiago de Chile por razones personales. Sin embargo, de la serie de causalidades y errores que nos han llevado hasta esta endemoniada situación, podría escribir un libro de un tirón, a favor de la verdad y no de tal o cual contricante. Pero esperemos. Sin embargo me permito decir algo para lo cual no es necesario ser ni vidente ni profeta. Vienen tiempos difíciles, gane quien gane. Es un presentimiento y espero equivocarme. Finalmente, la historia tiene una lógica propia, y por lo general, nos sorprende.

La complejidad del pensamiento chino

Ahora bien, este lunes retorno al caso de China y su pensamiento. Tengo un compromiso con El Montonero, y por cierto, con los lectores que me siguen. Y por dos razones: en primer lugar, hay que seguir los hechos locales, pero también lo que pasa en el mundo. La lección de ocuparse a la vez de nuestro país y de las potencias mundiales, lo hizo Mariátegui hace un siglo. (No me comparo, saludo al maestro.) Volviendo de su viaje por Europa produce primero La escena contemporánea y luego los Siete ensayos de la realidad peruana. Esa es la lección, qué pasa aquí y qué pasa allá. Y creo que la China actual es más que importante. Al punto que más de un estudioso de la geopolítica señala que en vez de decir «mundialización», deberíamos decir «asiatización». Se toma en cuenta la India. No estoy diciendo que hay que copiar a la China post Mao. Es imposible, ni los países asiáticos cercanos lo intentan. Pero está simplemente al otro lado del Pacífico. Si yo tuviera veinte años, estudiaría no el inglés sino la lengua china.

Hay una segunda razón. Consiste en hacer saber a la colectividad peruana que ha habido diversos marxismos, y el de la China de estos días usa la economía del mercado libre y prosperan, pisando los talones a los norteamericanos, si es que no es ya la primera potencia mundial. Salvo que USA es todavía la mayor fuerza militar. Ahora bien, en el caso de triunfar el partido Perú Libre, nos proponen el marxismo-leninismo, algo rechazado en tres países comunistas, a saber, Cuba, Vietnam, Laos y miren como está Venezuela. El estatalismo del sistema de la URSS era la regla de estos países hasta el colapso de 1990. Por mi parte, no entiendo que se proponga un sistema que ha fracasado. No quiero ofender a nadie pero es evidente que los teóricos de Perú Libre están con un retraso total de 40 años. Todo está en el artículo «¡¿Comunismo en el Perú?! ¿Cuál de ellos?».

En cuanto a las modificaciones en la cumbre del poder del gigante China, luego de la muerte de Mao, es una combinación de política marxista, o sea, partido único y Estado. Y a la vez, un sistema capitalista donde hay empresas privadas y públicas, propiedad privada, y hombres de negocios. China ha rescatado 500 millones de trabajadores en el campo para volverlos técnicos, profesionales en las actividades urbanas y tecnológicas, y con ello, capas sociales de la clase media. He dicho clase media, el ascenso hacia arriba. Todo ello, tras una sociedad de economía de mercado que, en el caso de China, proviene de tres mil años de experiencia.

Quiero ser claro. Ese «comunismo» asiático no tiene como meta desaparecer el capitalismo sino cabalgar sobre su dinámica. Como yo viajo para estudiar, he encontrado los libros adecuados para entender el rol de China en el mundo actual. No siempre ocurre la emergencia de un país como China, su territorio, su población, su modernidad que no ha tomado la vía de las naciones occidentales. El mapa de las grandes potencias es otro. Lo que debemos hacer es al menos pensar el mundo postsoviético. Si el amable lector quiere ampliar esa metamorfosis, puede acudir a la obra de Giovanni Arrighi, titulado Adam Smith en Pekín. Leer nos hace libres.

Sin embargo, saliéndonos por un momento de la política y la economía, es preciso comprender que el mundo chino es tan antiguo y creativo como la civilización occidental. En este caso, los antiguos griegos, Roma, el cristianismo y la Edad Media, el Renacimiento, la Ilustración, las revoluciones en Francia, en Inglaterra monarquía con parlamento, la libertad de los colonos en Norteamérica, y en ambos lados del Atlántico, aquello que ha hecho posible nuestra manera de vivir, trabajar: la revolución industrial. Por cierto, es posible un recorrido sobre China y la India, Sri Lanka, Sumatra y demás, la difusión hindú-budista que llega a China se hace popular porque encuentra un país y un pensamiento de la dinastía Han, una de las muchas dinastías, y esto ocurre en el año 206 a.C. ¿Por qué? Porque en China «aparecen la escritura china y una cultura de animados debates, desde el año 3500 a.C. y 1600 en el periodo Shang» (Peter Watson, Historia intelectual de la humanidad, 2005. Hay traducción al castellano, los libros no han muerto como creen algunos. Al contrario, el libro de Watson tiene 1491 páginas).

Para acercanos a las civilizaciones existen los estudios culturales (el libro de Michelle Payne y un equipo). Estudios bíblicos, caribeños, Europa occidental, culturales negros, irlandeses, japoneses, poscoloniales, latinoamericanos, inclusive postsoviéticos, y del Asia. Los ojos puestos sobre los conceptos y la estructura mental de la China antigua y actual. Para ello, un esfuerzo de síntesis. Es otra cultura, que nos puede asombrar. En primer lugar, tienen religiones, budismo —que llegó de la India—, taoísmo, confucianismo. ¿Pero son religiones o filosofía? En la creencia china desde el inicio de su cultura, a miles de años de Jesús, el cosmos no es la obra de un creador. No hay  una creación ex nihilo. Siempre existió, y por cierto, los dioses. La distancia de las otras religiones —en especial de judíos, cristianos y musulmanes— consiste en que los chinos piensan que la idea de un origen es una enfermedad espiritual. En la China antigua no hay una mitología como la tuvieron los griegos y luego los romanos. Y el Dao, que quiere decir el camino, el movimiento permanente. Visto que el cosmos es inalcanzable, el pensamiento oriental dispone las reglas humanas, y si no tiene magos, como los hindúes, China establece las escuelas, que además eran rivales. Ahí se formaban los funcionarios. No hay que olvidar que la China antigua tiene Emperadores pero no una nobleza. Las escuelas fueron coetáneas a la unificación de la China, desde el año 221 a.C. China, el Imperio del centro, burocracia, gobierno, economía. Pasaron con el tiempo dinastías, cambios socioeconómicos, y es un filósofo chino, Liang Shuming, en los años veinte, que conociendo la cultura occidental la define como una actitud, prometeica y conquistadora. De ahí la ciencia, la conquista del mundo, la democracia, que sería un rechazo a la servidumbre. «Lo Oriental es el conocimiento de sí mismo. Occidente es igualitario. Lo Oriental, la jerarquía. Occidente lo material. El Oriente lo equilibrado.»

Un par de ideas claves. Todo chino es monista. Quiere decir que para toda sustancia, sea espiritual sea material, todo está en movimiento, visible o invisible, lo que quiere decir que el soplo —el Qi—nos vincula. De ahí proviene la tercera llave del pensamiento chino, el yin y el yang. En particular el último nivel, que explica cómo las fuerzas opuestas se completan. En el fondo del pensamiento chino todo está ligado. El cielo y la tierra. Lo externo y lo interno. Y en ese juego, en el He, la armonía. Además,  existen las transformaciones (se dice bianhua), todo circula, lo que cuenta es la relación. «Así, el pensamiento chino no visualiza al individuo, lo elemental, sino la relación, lo multidimensional» (Isabelle Robinet).

Ahora bien, en las ideas, parejas complementarias. El yin y el yang. ¿Qué significado tiene? Estamos ante un principio filosófico, religioso y lógico para explicar la existencia de dos fuerzas opuestas pero complementarias, que son esenciales en el universo. Por lo general se atribuye el yin como lo femenino, la oscuridad, la pasividad y el suelo o la tierra. Y el yang, más bien lo masculino, la luz, lo activo y el cielo. Según los estudiosos del pensamiento asiático, ese concepto proviene de la escuela del Yin Yang, una de esas escuelas que surgieron entre los años 770 y 221 a.C. También se le vincula al Taoísmo que predicaba que todo lo que existe tiene una contraparte. En otras palabras, no hay lo inmutable. Lo estático está cambiando continuamente.

Pero hay un aspecto que nos interesa. Miren bien, en la entrada de este texto. Veremos entonces un diagrama dividido en dos partes. Un lado está de blanco, el otro lado con color negro. Pero con el detalle que algo de negro ocupa el espacio blanco, y a su turno, algo de blanco penetra en el espacio en negro. Las consecuencias de esa figura puede significar:

  • nada es por completo mal o bien
  • lo estático no existe
  • el equilibrio es cuando las fuerzas se enfrentan
  • nada está solo. Hay una contraparte

Se entiende entonces, que la economía de mercado adoptada por China, y el sistema del Estado, logran un equilibrio, una armonía. Lo he visto. En algún momento, conocimos China Raúl Vargas y el que habla. Después, he seguido su evolución.

Acaso en los milenios de la otra civilización occidental, la dialéctica fue el punto de inicio de los filósofos griegos. Heraclito: «no es posible nadar dos veces en el mismo río». Y Platón, en Gorgias. O en Sócrates. Y de ahí la dialéctica de Hegel. La regla de los conceptos de tesis, antitesis, y síntesis. Y por cierto, Karl Marx, lo social, una realidad conflictiva, y de ahí la unidad y la lucha de contrarios.

Y sigamos cómo piensan. La naturaleza es la lucha de elementos contrarios. Nosotros los humanos, destruyendo bosques, reservas de agua y llevando animales a su extinción. ¿No cambia la naturaleza? Y nada es por completo bueno ni completamente malo. Ahí «está el detalle», como diría Cantinflas. El yin se mete en el yang, y viceversa.

Y es eso que nos cuesta entender, que exista un poder Ejecutivo, un poder Parlamentario y un poder Judicial —el esquema de Montesquieu—, poderes que fijan los límites del otro poder. En realidad podría haber tendencias de izquierdas y de derechas. Unos quieren reformas y otros conservar. Pero nos devora el deseo de ser pocos en el poder. Pero si desaparece una u otra tendencia, tendremos inevitablemente sistemas despóticos, ora de pueblos, ora de élites, de abajo o de arriba, siempre incompletos. El yin y el yang, es los equilibrios. Lo que contraría es parte de lo contrariado. A nosotros, en cambio —«occidentales del extremo» como nos llamó Octavio Paz—, no nos gustan los matices. Y por eso nacimos y morimos en culturas inevitablemente sectarias. Nos olvidamos que las políticas no son una religión. Pero parecemos católicos de la época de las cruzadas, o los que siguen el Alá de Mahoma. Uno tiene la razón y el otro es un pobre diablo. Por todo eso es que no podemos llegar a tener ni República, ni Nación, y menos Estado moderno. Lo siento pero hace rato que quería decirlo.

Datos que circulan en Internet

– Los Estados Unidos y China son las economías más grandes del mundo. Estados Unidos tiene el PBI nominal más alto pero China tiene el PBI más alto en términos de paridad de poder adquisitivo. China es el mayor exportador del mundo y Estados Unidos es el mayor importador del mundo.

– En 2018, el PBI de China creció 6,6% fue equivalente al 66% del de Estados Unidos y representó alrededor del 16% del PBI mundial, lo que la sitúa como la segunda economía del mundo.

– China desbancará a Estados Unidos como la mayor economía del mundo en 2028, cinco años antes de lo previsto anteriormente por el Centro de Investigación Económica y de Negocios (CEBR, por sus siglas en inglés).

– En este nuevo escenario, India se convertiría en la tercera economía del mundo en 2030, lugar que actualmente ocupa Japón.

Publicado en El Montonero., 7 de junio de 2021

https://elmontonero.pe/columnas/el-yin-y-el-yang

Mirando claro al 6 de junio. Un foro de debate

Written By: Hugo Neira - May• 31•21

Hugo Guerra ha llevado a cabo, el pasado miércoles 26 de mayo, la 99° sesión de Cátedra Perú y la presenta de esta manera: «Estamos en  un momento especial de transición política en el Perú, y en vísperas de la segunda vuelta de las elecciones generales». «Por eso hemos decidido convocar a una reflexión desde el mundo académico a distinguidas personalidades que vamos a presentar a continuación. Estarán bajo el tema de propuestas de acción para los primeros cien días del nuevo gobierno. (Como se sabe, los 100 primeros días es una costumbre, como una suerte de neutralidad de los gobernados ante los nuevos gobernantes, casi como una luna de miel, por lo tanto, breve.) Hugo Guerra: «Lo hacemos ahora en víspera de la segunda vuelta porque nuestra cátedra, al ser un foro permanente de debate en nuestra Universidad San Martín de Porres, no tiene banderas políticas ni ideologías sino un pensamiento en torno a la realidad nacional de nuestra patria. No quisiéramos inclinar la balanza en ningún  sentido». Estuve invitado a escucharlos y me parecieron tan interesantes las ponencias que produzco una síntesis de lo dicho. Pero si se le quiere escuchar en replay, hay que conectarse al Facebook de la universidad. Está completo.

Luego Hugo Guerra cede la palabra a Raúl Bao, rector. Y él nos dice que «los invitados están para aclarar el panorama de cara al domingo 6 de junio. «Abordan un tema crucial, los proyectos de acciones para los primeros 100 días del nuevo gobierno. Para el Rector  «todo está dicho». Se refiere a la contienda de los dos candidatos, «aunque habría un debate el 30 de este mes y en Arequipa». Piensa que se ha visto las campañas, los debates, pero «queda el tema de las propuestas establecidas por los equipos técnicos y qué será el rumbo del país desde julio del 2021 hasta el 2026». Y en ese instante, el rector recuerda «que nuestra universidad, previa a la primera vuelta y mediante el  Instituto de Gobierno, tuvo a seis candidatos presidenciales. Ellos expusieron sus ideas, su programa, de modo académico. Estuvieron Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga, Hernando de Soto, George Forsyth, Julio Guzmán y Rafael Santos. (Se invitó a Verónica Mendoza, al «profesor» Castillo y otros, pero no vinieron.)

Observa Raúl Bao que en la primera vuelta electoral, «los 18 presidenciables que compitieron tuvieron unos resultados muy llamativos». «Los cinco que estaban en el pelotón superior han tenido diferencias estadísticas muy apretadas». Visto las consecuencias, fue «la dispersión del voto y un nuevo Congreso con fuerzas políticas atomizadas». El rector, dado el grado de fragmentación —nueve bancadas— piensa «que sería indispensable unas negociaciones y concertaciones en plural para llegar a acuerdos de mayoría relativa».  (Ojalá, pero por el momento, lo bipolar es lo dominante.)

Raúl Bao continúa esta vez con una síntesis. «Hay dos corrientes que son paralelas y en una suerte de empate en las estadísticas. Perú Libre y su candidato presidencial Pedro Castillo, tiene una visión socializante del Estado y de la economía, y propugna unas reformas radicales de la actual República, mediante una nueva Constitución».

«Del otro lado, Fuerza Popular y Keiko Fujimori, su visión es profundizar el Estado liberal mediante reformas que garanticen un modelo de capitalismo popular fomentando el desarrollo nacional sin por ello cambiar el sistema basado en la Constitucion del 93.»

Dicho esto, el rector no deja de lado las circunstancias de las elecciones de abril, la primera vuelta. Y dice: «Fue en un contexto nacional atípico debido a la pandemia». «Fue muy elevado el ausentismo. Un cuarto del padrón no votaron. Y fue muy reducido los votos de los peruanos en el extranjero. Espera que «en esta segunda vuelta haya una concurrencia más alta. Es preciso, pues, zanjar la pugna tensa de estos días. Ni pesimista ni optimista, no deja de tomar en cuenta lo que especialistas han descrito: por una parte, «la marcha hacia el comunismo, siguiendo un modelo que predica la Coordinadora Continental Bolivariana. Por la otra, «acentuar la democracia defendiendo sus valores tal como esencialmente fueron concebidos hace doscientos años».

Después del rector, le sigue en las ponencias el doctor Luis Solari de la Fuente, ex Primer Ministro, ex ministro de Salud, profesor emérito, y comienza su ponencia con esta frase: «el problema del Ministerio de Salud no es el dinero».

En efecto, señala que con la pandemia, el año pasado se ha manejado 20 mil millones, y «ya ven ustedes la catástrofe de la pandemia que hemos tenido». Lo atribuye a la falta de liderazgo y de competencia. «He observado coladeras en los aeropuertos, tumultos en los mercados a 60 días en que había comenzado la pandemia». Su ponencia gira sobre lo mal que se ha llevado el enfrentamiento de la pandemia. Es algo que no solo es técnico y retraso científico sino algo peor, una lección sobre lo lejos que estamos de eso que se llama Estado moderno. «Nosotros deberíamos tener un mínimo de 3400 camas pero ni siquiera hemos llegado con 4 o 5 ministros en 14 meses a completar ese número. Para hacernos una idea del problema humano que hay en el Ministerio». Lo que sigue me sorprendió y seguramente al amable lector. Continúa el doctor Solari: «Hay países que en esas semanas han controlado la pandemia, sin vacuna».

El tema se orienta a los organismos públicos y a su estructura interna. «Que no me vengan a decir que no se puede, sí se puede, pero lamentablemente en la América Latina, los ministerios de Salud no se han caracterizado por su brillantez para hacer esto, el control de la pandemia». Más adelante, nos cuenta cómo en el Perú, «si alguien mete la pata lo protege el director general, y a este el gobernador o el ministro». Para que funcionen bien los servicios de Salud —sostiene Solari— algo tiene que cambiar: «no se puede resolver nada si se toma en cuenta el primo o el sobrino». (Por mi parte, siempre he dicho que nuestras maneras son todavía clánicas, neocoloniales.) «Y todo eso no se acaba ahí», dice Solari, «no se puede hacer nada si el ministro se rodea de sus allegados y compadres». Fuerte vicio, ¿no? Pone un ejemplo, asunto de estos días. «Los 50 funcionarios que se fueron a su casa por la vacuna —que se clavaron en secreto— han sido reemplazados por funcionarios de corte ideologizado y que no se caracterizan por su brillantez, como estamos viendo en las tareas de la pandemia.»

¿Cuál es entonces la solución? Según Solari, se debe separar totalmente de la conducción de los establecimientos de Salud y no debe depender del poder político, o de turno». Pero eso no es todo. Solari sostiene que hay dos acciones: la primera, un conjunto de medidas que hay que tomar de inmediato ante una pandemia. La segunda, «algo que no se enseña mucho en nuestras universidades, a saber ‘el diseño intencional del futuro’».

En tercer lugar, añade: «… Sin dar inicio a una explicación ordenada, consecuente y progresiva de un modelo integral de Salud basada en las familias, la comunidad, los culturalismos…, ha sido demostrado y premiado en el poder por Medicus Mundi». Si entiendo bien lo que dice, hay algo construido en Huancavelica, y eso puede ser «una interrelación entre la comunidad, la salud y el desarrollo territorial».

Pese a que todavía no llegan las vacunas por millones, Solari tiene un toque de esperanza, porque hay soluciones, y cree en una «verdadera cobertura universal de Salud». Los problemas burocráticos se resolverían con un «proceso de formalización productivo». Si lo entiendo bien, «existe una ley para el sector rural, pero como estamos en el Perú, no ha sido reglamentada». Así es la cosa. Cada cinco años, muere un Estado y reaparece otro.

En fin su idea es que «la democracia del ciudadano es ser cada vez más libre y menos dependiente del poder político. Si alguno piensa que el ciudadano debe seguir siendo dependiente, entonces, no es un demócrata». Pero los partidarios del proyecto comunista de Perú Libre, si ganan, tomaría a la población peruana como si fueran menores de edad, es lo que el 6 de junio vamos a saber si los peruanos que quieren que los manden. Y entonces habremos dado un salto gigantesco hacia un pasado arcaico, vetusto, primitivo. Y de paso, los peruanos sirvientes de la gente de la Coordinadora Continental Bolivariana. Parece mentira, hay una parte de nuestros paisanos dispuestos a la servidumbre voluntaria. Ya no tendremos plutócratas y oligarquías sino burocracias por encima de trabajadores y otras clases. Los llamaban los rusos las nomenklaturas. Nunca hubo igualdad en la URSS.

Hubo otras ponencias. La de Jorge Izquierdo, economista en la Universidad del Pacífico. Su punto de vista fue claro y posible, «lo primero es la pandemia». No la economía. Y la de Rospigliosi sobre «la inseguridad ha crecido». Y el decano Álvarez, constitucionalista, explicando que no es necesario una Constitución nueva, hay otros modos jurídicos. Pero dice también que en Perú «cada político cree que tiene la razón». Y Delia Muñoz: «con nueve bancadas, hay necesidad de pactos políticos». Sus ideas-fuerza son conceptuar, negociar.

Y he dejado para estas líneas lo que ha dicho el rector. Grave muy grave, a saber:  «Este 6 de junio la nación decidirá no solamente un nuevo gobierno sino un nuevo régimen que enfrentará graves problemas que acosan su sociedad».

No he podido continuar porque inesperadamente me quedé sin electricidad. Se robaron los cables porque tienen cobre. Esto en Santiago de Chile. No solo mi casa sino toda una manzana. No pueden los lectores imaginar la manera como logramos enviarlo a El Montonero.  

Publicado en El Montonero, 31 de mayo de 2021

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Segunda vuelta: ¡Bienvenidos al ayer!

Written By: Hugo Neira - May• 25•21

Se acerca la fecha de que hablen las urnas en la incompleta república peruana, a pesar de un clima de discordia y vaguedad sin límites. Y se supone que hay uno o varios partidos que legítimamente aspiran a llegar al Caserón de Gobierno que queda en la Plaza de Armas de Lima. No me parece que es así. Para comenzar, acepte usted amable lector, que somos un caso particular. La década de la antipolítica, en el 2000, de Carlos Iván Degregori, se ha extendido hasta nuestros días. El odio. Desde entonces, no se debate ni se compite, se aplasta. No hay política y el país crece pero no evoluciona. Pero hay que recordar que, antes de la pandemia, la población peruana estaba adiestrada a progresar aunque sin prisa, pero ahora, hay un corte. Para cualquiera, una mañana nos espera el Covid. Si no pensamos en eso, el que no se distrae es el inconsciente. Y sin embargo, vacunados o no, la escena es una lucha feroz por quien agarra el poder (agarrar es un peruanismo, no debe usarse —no tenemos garras—, pero esta vez sí las tenemos). Cuando haya concluido esa peste, quien haga en el futuro la historia de estos años rabiosos y fúnebres no podrá eludir la palabra «locura». No hablo de los casos individuales sino de los rebaños que dejaron subir al poder a los más aprovechadores. Sin embargo, el concepto de «arribista» existía en el vocabulario del educado y también  del lumpen. Pero igual, el Perú tiene también, como otras sociedades, el recurso a la desmemoria. Y luego «yo voté pero no tengo la culpa».

Con cordialidad pero sin efusión, mi primera conjetura. Lo que nos está pasando, no es novedad. Es del pasado, por algo el intitulado de este modesto artículo, «el ayer». Hay una definición de Jorge Basadre, en el Perú de los años 70, que resulta justa como un anillo al dedo. Lo que nos proponen en la segunda vuelta electoral, puede no ser solo marxismo-leninismo (eso es una banderola para decir que somos «radicales extremos», acaso buena parte de la clientela lo espera) sino lo que llama sultanismo. Fue su último texto, acaso un testamento. ¿Sorprende el concepto? Entonces, el buen maestro don Jorge nos lo explica: «sistema estatal que carece de contenido racional y desarrolla en extremo la esfera del arbitrio libre y de la gracia del jefe» (p. 37). El concepto, nos dice nuestro historiador que viene de Max Weber. El alemán lo encuentra en el curso de la historia «de señores con vínculos de fidelidad». Y Basadre lo encuentra «en el viejo fenómeno del caudillaje». Además Basadre considera que en los peruanos ha habido un «sector culto, que se inspira en las ideas de la tradición occidental», pero también un grupo, que por «primitivismo sicológico o por conveniencia inmediata, se acopla al sultanismo y a veces  trata de injertarlo en la democracia formal» (p. 38). ¿Qué país es este en que los muertos saben más que políticos, periodistas, sociólogos y psicoanalistas?

Segunda conjetura. Me dirán que hay izquierdas. Yo no las veo. En los años 70, el más moderado partido de izquierda, el Movimiento Social Progresista fundado por el filósofo Augusto Salazar Bondy tenía locales por todo el país. Y hoy pregunto: ¿dónde están los locales de Perú Libre? Las leyes precisaban de que concurriera un número reducido de electores. Vaya facilidades. Se entiende por qué hay tantos partidos, y que no duran más allá de un ciclo. ¿Dónde está el partido Perú Posible de Alejandro Toledo? ¿Dónde el Partido Nacionalista de Ollanta Humala? ¿Dónde los que se opusieron a la revocación de Susana Villarán de su cargo de alcaldesa? ¿Qué hay entonces, ahora? Lo que es la dinámica partidaria son bandos, facciones, por lo general sin ideas ni proyectos, con sus propios circuitos de lealtades.

Digo esto porque la vida, y acaso el cielo, me ha permitido tener una larga vida y he visto en el Perú hasta 1990, las izquierdas peruanas. Lo que hoy pretenden ser, esa mentalidad y calidad no tiene nada que ver con los que ahora fingen serlo. De izquierda era Hugo Blanco que dirigía las tomas de tierras en la Convención y Lares, que le valieron años de cárcel. De izquierda era Moncloa, Carlos Malpica, Ricardo Letts Colmenares, aunque en partidos diferentes y a la vez con la misma intención. Entre ellos, Alfonso Barrantes Lingán. De tener mejor salud, habría llegado al sillón presidencial. Y Diez Canseco que fue diputado. Tengo en mis manos los nombres de líderes y dirigentes pero si los pongo aquí, ocuparían por lo menos diez páginas. Estaba Pablo Macera y Héctor Cornejo. No olvidaremos a Manuel Dammert. Genaro Ledesma y Manuel Scorza. Sí, el poeta y el novelista.

El Perú era izquierdista. Incluso, en la lista de los mejores poetas, Francisco Bendezú, Alberto Hidalgo, Arturo Corcuera, Gonzalo Rose, Alejandro Romualdo Valle, Gustavo Valcárcel, César Calvo. Héctor Béjar. Eleodoro Vargas Vicuña. Y hubo sus mártires voluntarios, Luis de la Puente Uceda, exaprista, que se lanza a una guerrilla en Mesa Pelada, y Guillermo Lobatón, como Javier Heraud. Y hubo el Ejército de Liberación Nacional de Javier Heraud. Y el «chino Chang» que fue a visitar al Che Guevara, justo cuando lo rodeaban, y muere junto el Che.

Tercera conjetura, de nuevo una idea de Jorge Basadre: «Perú, país de las oportunidades perdidas». En efecto, se muere Barrantes. Aplaude la mayoría el fin del gobierno de Velasco, y lo reemplaza Morales Bermúdez. Haya de la Torre ha muerto. Emerge el joven Alan García. Justo en el momento que se inician las acciones terroristas de Sendero Luminoso. Y nada más que eso, pone a los partidos de izquierda que esperaban llegar a Palacio por las urnas. Lo peor, un dilema. Si lo rechazaban, iban en contra de sus principios revolucionarios. Si lo seguían, perdían su estatus de partido, Abimael sería su jefe. Fueron los intelectuales los que tuvieron el coraje de disentir. Por ejemplo, Iván Degregori, su Qué difícil es ser Dios, es lo mejor que se ha dicho y escrito. Si hubiese triunfado, era un sultán en el poder. No olvide el lector que SL tiene como base del partido la creencia de Abimael Guzmán que el comunismo —no el local sino universal— estaba en riesgo. Muerto Mao, y no estando en este mundo ni Stalin, ni Lenin ni Marx, el puesto estaba listo para la cuarta o quinta espada. La guerra que arranca en Ayacucho era para reemplazar la China posmaoísta. ¡Y le creyeron! No era nada lógico sino desvarío, pasión, delirio, fanatismo, furor. No soy el único que no reduce Sendero Luminoso a un partido militarizado, hay otros causales: esa cultura peruana que cree en magias y creencias. Les invito a leer a Moisés Lemlij, psicoanalista, y Luis Millones, antropólogo, en su libro Guerra y fe en los Andes (2009).

Cuarta conjetura, el desinterés por la política proviene de los fracasos de casi todos los presidentes. Es cierto en gran parte que la crisis de los partidos peruanos cubre desde el 2001 hasta estos días, en el 2021. Pero, levanto la mano y pido la palabra. En un trabajo de Osmar Gonzales, se recoge una información estadística de Nicolás Lynch. Desde los años ochenta, hubo una crisis partidaria en la América Latina. Pero el Perú es el caso extremo. «Tomando como base las elecciones presidenciales, Lynch constata que mientras en 1980 la votación por los partidos representó el 96,9%, en 1990 era el 63%. Y en 1995 las cifras bajaron drásticamente hasta representar sólo el 8%». Amable lector, está claro que Toledo no resultó el cholo chambero que se esperaba sino un diletante, y que Ollanta no era por militar un cachaco de izquierda sino que firma la hoja de ruta y adiós las grandes reformas. Es claro, esta crisis viene de lejos, de raíces que nos da flojera investigar, por eso lo de rapidito nomás. El Perú no ha logrado tener una sociedad moderna, culta, con comportamientos republicanos. Ni la nación está construida, y cada vez más, nos fraccionamos. Vivimos entre burbujas.  

Quinta conjetura, algo que nos incluye a todos. «La vida social en el Perú está constituida en gran medida por el arte de enfatizar, en la práctica, las diferencias». Blanquiñosos o cholos, ricos y pobres, decentes y vulgares, elegantes o huachafos, honestos o corruptos, trabajadores u ociosos, de alcurnia o arribistas, los peruanos nos pasamos estableciendo permanentemente las diferencias entre «nosotros» y «los demás». De ahí la escasez de confianza. Te pones a hablar mal de un poderoso con un amigo, y a las horas apareces en YouTube o redes. Y te jodieron. Y si no hay partidos como los tradicionales, con espíritu de corporación, ¿cómo funciona la economía y la política?

Mediante algo que se llama argollas. No son el poder pero sí su dinámica. Además de la jerarquía, en tiempo de democracia o dictadura, las argollas —no es una cita mía sino de Dwight Ordoñez y Lorenzo Sousa— son «un grupo interactivo de individuos, deliberadamente establecido, independiente de una estructura organizacional formal». No sería un problema pero lo es porque existen «para garantizar a sus miembros y personas allegadas el control de una esfera de actividades… y por cierto, sus privilegios y beneficios»  (El capital ausente, tomo II, p. 238). Desde mi punto de vista, es el sumario de los efectos del sistema de vida y trabajo en el Perú. Como el lector apreciará, no estamos hablando de economía sino de comportamientos. No son ilegales, sino modalidades viciosas. Nos viene del ayer colonial, con algo del sistema inca, donde para gobernar había que nacer en el clan cusqueño. A propósito, nuestros historiadores callan ciertos hechos como que los indios, sobre todo en el norte, vieron a los conquistadores, se pasaron al bando de los invasores para dejar de ser dominados por los incas. El silencio o la hipocresía, habita en la historia oficial. Un ejemplo: ¿por qué el periodo 1895-1919 lo llaman «República Aristocrática»? Ya no había ni condes ni duques, todo con tal de no decir Timocracia o Plutocracia.

Sexta conjetura, el abuso del poder será permanente hasta que la sociedad deje de ser poscolonialista. Las argollas, como se comprende, echan a la basura lo que se llama la meritocracia. ¿Adónde te lleva el sistema de la argolla? Pues al flujo de las relaciones. O sea la vida mundana para abrirte paso, para triunfar tienes que prender una vela, «quemar el santo ni tan lejos que no te alumbre» (El capital ausente). Entonces, la política consiste en el arte de impedir. Pero suave camay, la obstrucción pasiva. Al poder no se le discute, se le tumba. ¿Por qué no funcionan con energía las instituciones en el Perú? Porque no son luchas de clase el neoliberalismo y el consumismo, rompen el tejido social. No es tampoco partidos, sobreviven dos o uno. Lo que hay es millares de pequeñas y continuas «guerras fratricidas» entre argollas. Y eso es una costumbre civil.

Hoy la  sociedad carbura en torno al dinero. En el ayer, Perú éramos mucho más pobres, se nacía pobre y se moría pobre, en cambio, éramos más cultos. Es cierto los efectos de la pandemia, tiendas y restaurantes que se cierran, gente que pierde su chamba y se queda sin nada. Cierto, ¿pero saben que desde 1990, de unos miserables ingresos por persona de entre 4000 y 6000, la economía abierta los ha hecho pasar a 16000 soles en el 2017? ¿Por qué entonces la protesta actual?  No es el ingreso. Es que son marginados. La separación geológica en lugares o provincias donde no se tiene una infraestructura moderna de ferrocarriles, aeropuertos, no llega la bonanza. No por azar, el candidato presidencial emerge del campesinado. Pero su partido ya ha dicho que se quedará en el poder. Quieren no solo el poder sino la presidencia vitalicia. No han libertado cinco repúblicas como Bolívar, o como Fidel Castro, venciendo el ejército de un dictador. Apenas un accidente, ¡la pandemia! Y el idiota sistema que en 20 años no hizo las grandes reformas.

Publicado en El Montonero., 24 de mayo de 2021

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