Peor que una guerra

Written By: Hugo Neira - Feb• 22•21

«La verdad del escritor no coincide con la verdad

de los que reparten el oro.»

—Camilo José Cela, español

La guerra tiene sus momentos de tregua y paz, pero en estos días y meses, lo que nos llega son una serie de derrotas. Ni siquiera podemos decirnos, como en la guerra civil de España, «no pasarán». Hasta los terremotos tienen un tiempo y una fuerza y los miden. Hay una escala sismológica de Richter, de 2.0 a 7 o 9. Nunca se ha llegado a 10, sería el apocalipsis. Pero ¿qué logaritmo aplicamos cuando descubrimos —nosotros los peruanos y el mundo entero — que la lista de los que se creyeron privilegiados para vacunarse ilícitamente no son un puñado de conchudos sino 487? Funcionarios, empresarios, e incluso el nuncio del Vaticano (¿?!) Tenemos decesos diarios muy altos y también un alto número de contagiados, pero estoy pensando también en los que todavía estamos con vida. ¿Qué efectos produce ya el impacto moral, político y social cuando se pasa por un quiosko y los diarios tienen en la primera plana al retrato de la exministra de Salud Pilar Mazzeti que también fue inoculada contra el Covid-19 y el títular: Engañó al país? Cuando haya terminado la pandemia, quizá por el 2022, el número de sobrevivientes sera enormemente superior al de las víctimas de la pandemia, pero ¿en qué estado de ánimo? ¿Qué efectos dejará la repartija de las dosis? ¿Con qué logaritmo se mide la huella dejada por las mentiras y la indignación?

La pendejada del silencio. Si se habían vacunado algunos antes que otros, había que decirlo. Incluso si Martín —¿quién otro sino Martín el Vivo?, como dice Carlos Basombrío en El Comercio— hubiese dicho que la gente del aparato administrativo también tenía que ser vacunada, puesto que sus funciones los llevan de aquí para allá. ¿Pero calladitos? ¿No unos cuantos sino 487 personas? Como decía Cantinflas, ahí está el detalle. No solo Vizcarra sino gente madura y con puestos importantes, y que ahora las están viendo negras. ¿Quién les invitó a ese juego de esconderse? ¿Quién les aconsejó, Maruja la hija de una bruja? Prefirieron la maña, el matalascallando, la hipocresía. Es feo lo que ha pasado. Muy asqueroso, repelente. Ahora puede que cualquier funcionario se le suponga amigo de hacer trafas. Cuántas familias peruanas no perdonarán la pérdida de sus queridos parientes en estos meses, lo recordarán por generaciones. Hay cosas que no se olvidan.

Tirar dedo en el Perú ha sido corriente, pero esta vez, en plena pandemia, es algo muy desubicado. Ya se sabía que las cosas no iban por la avenida de la confianza dados los efectos de la corrupción de Odebrecht y Lava Jato, pero al menos tenían un Estado. Hoy ese frágil lazo entre gobernados y gobernantes se ha desgastado al límite. La distancia social entre quienes trabajan en el gobierno y la gente corriente, gracias al escándalo, ha aumentado en desconfianza. Y no sabemos qué va a pasar no solo en las elecciones (sí es que las hay) sino en la vida corriente. Eso de la distancia social (Bogardus social distance scale) es un asunto tan importante como el ingreso a las categorías A, B, C, D y E. Las vacunas mal servidas, marcan un antes y un después. Hoy tener un cargo administrativo en el Gobierno ya no es algo prestigioso.

Sin embargo las interacciones dentro de las sociedades son frecuentes, por ejemplo en los Estados Unidos, hartos los negros de ser despreciados, inventaron el «Black is beautiful». Lo negro es bello. Sin que se logre una armonía completa entre blancos y negros. Así como en Lima, «Cholo soy y no me compadezcas» de Luis Abanto Morales, que viene a ser la toma de conciencia y la Marsellesa de los emigrantes andinos hacia las ciudades y en particular, Lima.

¿De qué estamos hablando? De un tema esencial, la relación del peruano con el otro.  No con el extranjero o el turista, sino ante andinos, cholos, criollos, afros y asiáticos. O sea, ante el peruano corriente. Pero todos sabemos que después de la emigración espontánea, desde los años 40, las «ojotas porfiadas» de Jorge Basadre llenaron las ciudades y en particular Lima, y la tradición y la modernidad se mezclaron.  El Perú es hoy un país culturalmente plural. Esto lo nota Matos Mar, a la mitad del siglo XX, con la idea del «desborde». Y Golte & Adams, Los Caballos de Troya de los Invasores. Hoy hay un Perú urbano y amestizado, puesto que el campesino andino deja no solo los Andes sino también el pasado. Hay que comprender que más que clases tenemos estratos sociales, con valores y comportamientos distintos. Podemos decir que dos modalidades de vida se enfrentan: los Andes y la civilización occidental. Pero lo de occidental es más bien flojo, no tenemos una herencia alemana o italiana sino de España en su momento Imperial. Muchos sociólogos y antropólogos nos sitúan como «sociedades plurales». Y en fin, la aparición de culturas, esta vez urbanas, aumenta las identidades y no solo hay cholos y pitucos, sino novedades, lo que se llama el achorado.

Yo no digo cosas porque se me ocurran. Razono como historiador y sociólogo. Y me apoyo también en otros estudios. Por ejemplo en Lima y sus arenas: poderes sociales y jerarquías culturales, de Danilo Martuccelli —en parte francés y en parte peruano—, un libro que todo peruano debería conocer. Del achorado dice lo siguiente: son mutaciones individuales, y el achorado que ha aparecido en las últimas décadas, es la figura muy polémica. Un achorado es el que «fuerza las situaciones». Tiene la habilidad del criollo, lo cual es proverbial, y marcada por la prudencia. Y «el achorado es un atropellador imprudente; el migrante-propietario un individualista posesivo» (p. 262). Dice más cosas, tiene diversas caras para «lidiar, con ingenio, en medio de las arenas urbanas». Arenas significa algo muy inestable. Esos son los libros de los que conocen la compleja sociedad peruana, antropólogos y psicólogos, y no brujos como parece que prefería el penúltimo presidente que tuvimos.

¿Qué les pasó a los 487? Les ha faltado algo que se llama empatía. No quiere decir simpatía, un almuercito, una sonrisa, una seducción. Déjemos eso a los políticos. Concepto nuevo, empatía quiere decir la capacidad de cada uno para ponerse en el lugar del otro. Si había 487 personas —que no eran ni analfabetos ni menos cualquier gente sino profesionales—, ¿no hubo alguno que se hiciera esta pregunta: qué van a pensar los otros? Para mi manera de ver esta gigantesca estupidez y dado que no soy jurista, no me ocupo de saber si la irresponsabilidad es de ética o legal o moral. O cuántos años de pena se le daría a Pilar Mazzetti y a la señora Astete, ni de las denuncias constitucionales contra Vizcarra. Me asombra —miento, me aterra— la distancia social de estas capas de profesionales peruanos del mundo popular, y en particular, de los más pobres. Tengo la impresión de que no nos hemos librado de las costumbres coloniales, pese a dos siglos. Se han portado como los oidores criollos antes de la llegada de San Martín, o sea, han pensado sin decirlo, «merecemos este privilegio». Y los negros, los indios, los cholos, pueden esperar, porque somos los mejores. Lo peor es que parte de ese pensamiento es cierto. Pienso en los rectores y vicerrectores, las altas autoridades de la Universidad Cayetano Heredia y San Marcos. Qué lástima esa pérdida. Es el caso del Dr Málaga: su error no es vacunarse tres veces sino otra cosa, profundamente anclada en el pensamiento de «los zorros de arriba», como diría Arguedas. Y consiste en sentirse distintos y superiores. Y algo peor, no son republicanos, no creen que vivir en una república como la peruana, es vivir con gente que es tu igual. No lo creen ni amarrados. No son ciudadanos, aunque fueran excelentes científicos. Manejan las ciencias naturales del siglo XXI con la mentalidad social del siglo XVII. Y esto debe preocuparnos: por una parte, el pueblo no es tonto, y se siente humillado, marginado, despreciado. Y por otra parte, ¿cómo se puede tener democracias cuando ese régimen político, desde los antiguos griegos, necesita que haya ‘demos’? Igualdades. No lo tenemos. Tenemos estratos. Unos encima de otros. Por eso no hay una identidad peruana sino identidades distintas que además se detestan. Es hora de decirlo.

Pero como decía mi abuelita, que era arequipeña italiana, Angélica Damiani, «no hay mal que por bien no venga». Se les ha caído la máscara. Viven con nosotros peruanos poscoloniales. Dispuestos por supuesto a todo tipo de despotismo, de izquierda o de derecha, con tal que ellos sean lo que fue la nobleza colonial en el Peru virreinal. «La pobre y tonta nobleza criolla» la llamó nada menos que Riva-Agüero. No tuvieron ningún poder cuando vino la Independencia. Les salió de la nada la gente de abajo, los mestizos, los que sabían montar a caballo y guerrear —Gamarra, Ramón Castilla, los caudillos—, 40 años de guerras civiles. Y acaso es lo que se nos viene encima. A veces la historia castiga y se repite.

En fin, no estamos en la modernidad. Se fabrican distancias sociales. Prolongamos castas y etnias que vienen de la colonia. Y el Estado, que se dice peruano, en vez de entender y servir a la variada comunidad que habita este territorio, acaba por insultarla, jugando a esconder las llaves de la vida. Qué bien. Ya sabemos qué son. Marqueses y duques fallidos. Al borde mismo de la huachafería. Y esas vanidades no se curan con vacunas. Jugar al secreteo y tener adivinos. Genial. Eso en pleno siglo XXI. Si lo cuento en el extranjero, no me van a creer… ¡Para qué la novela si la realidad peruana es absolutamente surrealista! Nos vemos el próximo lunes.     

PD: estoy completamente en desacuerdo con Darío Sztajnszrajber, filósofo argentino. Él sostiene que el bien y el mal están en crisis (El Comercio, «Luces», 21/02/2021). Desde Kant, sabemos todos los seres humanos cuándo hacemos el bien o el mal. Y desde el cristianismo, hace 2000 años, que existe el libre albedrío. En el campo del pensamiento, muchos argentinos son europeos de cuarta categoría. Lo que dicen es para llamar la atención.

Publicado en El Montonero., 22 de febrero de 2021

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Un libro sobre mandatarios del Perú

Written By: Hugo Neira - Feb• 15•21

I

El jueves pasado, la Municipalidad Metropolitana de Lima reunió a los autores de un libro que se titula Presidentes y Gobernantes del Perú Republicano. Lo presentarán pronto. Ese jueves hubo un encuentro obviamente virtual. Nos reunió Juan Pablo de la Guerra de Urioste, Asesor de la Municipalidad que ha dirigido el equipo colaborador que se puso en contacto con cada uno de nosotros. En el prólogo y en la introducción, el señor Alcalde, Jorge Muñoz, y el organizador Juan Pablo, declaran que su intención era producir esa obra para celebrar este 28 de julio con una conmemoración de los 200 años de vida republicana. Y lo han logrado. Ahora bien, son por lo menos unos 70 personajes, desde José de San Martín y Matorras y Francisco Javier de Luna Pizarro, «un fiero republicano», hasta Pedro Pablo Kuczynski. El libro contiene 70 biografías. Y es larga la lista de obreros intelectuales que lo han hecho, entre los cuales me encuentro yo. Para mí, lo veo como un honor.

Esta obra de la Municipalidad tiene un toque original y particular, diría, su primera virtud. Se ocupa de los que se llaman «gobernantes». Es decir, aquellos que fueron transitorios, provisorios. Por lo general, se les deja de lado. De los gobernantes, un ejemplo, Andrés Reyes Buitrón, quien era presidente del Senado y que, en la situación de las pugnas de Gamarra y de la Fuente —típicas de los caudillos—, asume interinamente el Poder Ejecutivo de junio a diciembre de 1831. Como se comprenderá, ocuparse de Piérola o de Leguía, es más cómodo por su extensa bibliografía. En la obra que comento hay varios gobernantes, y puedo imaginar el esfuerzo de investigación para encontrar sus huellas, pero lo han conseguido. Por lo demás, no nos debe sorprender, en nuestro tiempo, Valentín Paniagua Corazao, que asumió la presidencia del Congreso en un momento muy difícil —fuga de Alberto Fujimori— y condujo el país a las elecciones democráticas del 2001. En suma, esta idea de tomar en cuenta no solo los presidentes sino también los gobernantes, permite ver los momentos críticos. Una idea que no tuvo ni el propio Jorge Basadre, dicho esto con todo mi respeto para el gran historiador de la vida republicana peruana. Esta visión integral no es su única virtud.

La segunda virtud la aprecié cuando tuvo el libro en las manos, me lo hicieron llegar unos días antes. Y lo que voy a decir después de su lectura, viene de mi absoluta sinceridad. He leído uno por uno los trabajos de esa obra. Y puedo decir que los editores han tenido la lucidez de reunir autores capaces de una descripción que haga conocer «el legado» de dos siglos. En mi lectura he comprendido las experiencias históricas individuales tanto de presidentes como de gobernantes. En breves páginas, lo cual es magistral, desfila la vida, las ideas y circunstancias, y la razón de sus acciones. No es este un «album de héroes» aunque los hay. Ni una historia imaginaria, como suele ocurrir. Es memoria de cada personaje y se nota la voluntad de un culto a lo verdadero. Una actitud, sin la cual no hay historia posible, ni nación, que casi estaba perdida.

La tercera virtud es el diseño de la portada del libro y su diagramación, obra de Alfredo Puccini, que tuvimos el gusto de conocerlo en esa reunión virtual. Es un libro hermoso. No solo bien construido sino que se ha acudido a la acuarela para los rostros de los presidentes y gobernantes. Pintor, Javier Rodríguez Canales nos hizo saber que se inspiraba en Pancho Fierro. Pintor, mulato, criollo, sacerdote, sus acuarelas —más de mil— nos hacen ver las costumbres corrientes de ese Perú todavía colonial, y los colores, tan originales.

La cuarta virtud, han editado 5 mil ejemplares. Pero no será un libro comercial. De este proyecto irán a otros proyectos. Probablemente una segunda edición, que puede llegar al público. Y acaso en lo virtual, pero también en papel. A los que hemos aportado con nuestro trabajo, 10 ejemplares con las breves biografías (y por breves, más exigentes). A mí los organizadores me pidieron ocuparme de la vida de Alan García. Es lo que hice (pp. 384-388). Lo agradezco, nunca fui aprista, pero tampoco antiaprista. Los antis y los odios no son parte de mi conducta de ciudadano y menos cuando escribo y razono. Con Alan, nos unía muchas cosas, estudió en Francia con profesores que también fueron los míos y finalmente, tuvimos los mismos sueños de nuestra generación.

En fin, en ese encuentro nos agradecieron pero, en realidad, somos nosotros los que felicitamos y agradecemos. Mi entusiasmo por ese libro es que he encontrado, a mi vuelta de Europa, diversos cambios positivos pero a la vez, una cultura peruana empobrecida. Peor que la pandemia es la ignorancia. Ella comienza en las aulas mismas. En general los países del mundo forman cerebros, espíritus, hacia el saber y el conocimiento, y en las aulas, dan lecciones para ser ciudadanos. Pero el caso del Perú, que ya lleva 30 años, es lo contrario. ¿Cómo es posible que se quiera tener un país desarrollado si en las escuelas se ha eliminado las humanidades y de paso, la historia del Perú? Pero este libro es un retorno a la sensatez. Las vacunas van a salvarnos, pero la ausencia de conciencia y la agresiva ignorancia es nuestra enfermedad más grave, de ahí provienen nuestros defectos peores. Seamos claros, se cura una sociedad de una enfermedad con vacunas. Para  males espirituales se curan con libros. «Esa cosa que los escolares no conocen», dijo esta tarde uno de los autores, joven y profesor de secundaria. Pues ahí tienen algo que puede ser un retorno a la razón.

II- Y nosotras, ¿qué?

Supongo, sin embargo, que la corriente feminista, a la que saludo con todo respeto, se preguntarán: Y nosotras, ¿qué? Sí, pues, es cierto que todavía no ha ocurrido que una mujer sea presidente de la República del Perú. Pero eso no significa que no hubo en el siglo XIX y el XX mujeres valerosas e intrépidas. Hubo una Francisca Zubiaga, la Mariscala, esposa de Agustín Gamarra. Y si queremos profundizar, esa mujer excepcional llamada Micaela Bastidas Pumacahua, descendiente de africanos cubanos, mulata, bella, «tez bronceada, cabello ondulado», esposa de un descendiente de la nobleza inca, José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru II). Ella, la primera consejera del rebelde, un 4 de noviembre de 1780, puso el primer grito de libertad. Pero nada de esto, sin dejar de ser cierto, me parece poco para lo que ha sido la larga marcha de las hijas de Eva en nuestra historia.

Cierto, tenemos una universidad Micaela Bastidas, pero el rol de las mujeres se nos ha quedado estancado en dos circunstancias. La primera, las guerras de la Independencia. Y la otra, la explosión de un feminismo liberal en el Perú decimonónico. Tanto como la rebelión de pensamiento de Manuel González Prada, las escritoras de 1870 hacia adelante. Las conocemos: Clorinda Matto de Turner, Mercedes Cabello de Carbonera. No están solas, Teresa González de Fanning, provinciana, venida de Áncash, o Carolina Freyre, de Tacna. Tenemos que reconocer que juega un rol importante Juana Manuela Gorriti, argentina, entre 1876 y 1877, se instala en Lima y sus veladas literarias influyen en las peruanas. No era, pues, un asunto nacional sino una modernización, un salto hacia adelante. Miremos un instante el título de las obras de Mercedes Cabello, La emancipación de la mujer (1884). Y La religión de la humanidad (1893). Todo está dicho.

Pero, ¿eso es todo? No es posible ocuparse solo de las heroinas de la Independencia o los escritoras del fin de siglo XIX como si no hubiera habido un cambio social, que convierte a mujeres activas en la vida política, tras su influencia en sus esposos.* No olvidar que la mujer en el Perú solo tuvo derecho al voto en 1956. Pero en los decenios anteriores, ¿solo rezaron, educaron a los hijos sin salirse de las costumbres, ser «el ángel del hogar»? ¿Y en Lima y las tapadas?

¿Podemos imaginar la difícil vida de José Carlos Mariátegui sin sus viajes y el haber desposado a Anna Chiappe, que se ocupó de los cuatro hijos pero también de la conservación de los archivos de Mariátegui, y de la Librería Minerva? ¿No dijo Mariátegui —aunque no fuera dado a la poesía— «la vida que me diste»?  Y acaso en el aprismo en sus inicios, ¿no estuvo una mujer excepcional llamada Magda Portal? ¿Y no hubo una Hilda Gadea? No era una simpatizante sino y por primera vez, una mujer en el Comité Ejecutivo Nacional del APRA. Y esto, en los  terribles años, 1948. Y exilada, conoce a un joven argentino, que andaba por Guatemala y México un tal Ernesto Guevara. Fue la primera esposa del Che, luego hubo otra.

Alguien me dirá, las mujeres de carácter están en los subversivos. ¿Solo en ellos? Las mujeres peruanas en la vida política están en todas las capas sociales. No podemos dejar de lado a Violeta Correa, la secretaria privada de Fernando Belaunde en los años 50,  ella además en el partido Acción Popular como dirigente de Juventudes. Se casaron en el exilio, en 1970. ¿Y qué me dicen de la esposa de Juan Velasco Alvarado, Primera Dama, Consuelo Gonzales Posada? Y del presidente Odría, puesto que su esposa, María Delgado Romero, como me lo han contado gente de esa época, era muy popular. ¿Y qué hacemos con el rol de Eliane Karp al lado de Toledo? ¿Y de Pilar Nores, la esposa de Alan, y sus trabajos en las comunidades andinas —entre otras actividades— su labor con Sembrando, introduciendo tecnología en la vida campesina? Yo he visto una aldea cercana al Cusco, a la que moderniza cambiando las cocinas rurales.

¿Estamos seguros que conocemos la historia del Perú y también de las hijas de Eva? Están muy seguros, acaso en exceso. A ver ¿quién fue Tocto Chimbu, princesa incaica en plena conquista española, hija de Huayna Capac y una de las mujeres de Atahualpa? ¡La regalaron al conquistador Hernando de Soto! ¿Quién hizo eso? Túpac Huallpa que era un inca independiente. Se hizo cristiana y se llamó Leonor. Tuvo hijas mestizas.  ¡Vaya usted a buscar filiaciones  y parentescos!

* Yo creo en la igualdad del hombre y la mujer. No me confundan, describo un hecho real. Por lo demás, si la Municipalidad construye un libro sobre la historia de la mujer en el Perú, eso será un arcoiris, de las santas a la poesía de Blanca Varela y las mujeres políticas, incluyendo demócratas y las de Sendero Luminoso. ¡Vaya obra! Hasta  el  lunes siguiente.                                                                                                             

Publicado en El Montonero., 15 de febrero de 2021

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Vacunas. ¿Otra vez la expedición de La Condamine?

Written By: Hugo Neira - Feb• 08•21

La aventura de las vacunas llegando a unos países más pronto que otros, es una agria polémica de estos días. Y para algunos que conocemos nuestra historia, nos sorprende la semejanza, al punto que podemos tomarla como una analogía. Lo que ahora ocurre —las idas y venidas de que sí y no las vacunas— recuerdan las exploraciones geográficas del pasado. Por ejemplo, cuando vinieron al Perú para medir el meridiano terrestre y comprobar la esferidad del planeta.

Charles Marie de La Condamine, hombre de ciencia francés, naturalista, geógrafo y matemático, de alguna manera, ha resucitado. Se le recuerda por participar en la expedición científica que llegó al Perú todavía virreinal, en 1735. En su caso, no era asunto de vacunas, aunque hubiera plagas, por la sencilla razón que Pasteur no había descubierto la primera vacuna contra la rabia (mucho más tarde, en 1885). Los apuros de La Condamine eran porque buena parte de la gente de su tiempo no admitía que la tierra no fuese chata. Se necesitaba mediciones astrogeodésicas, mapas de mares y continentes tomando en cuenta la esferidad del planeta. Urgente tema, se viajaba todavía con barcos de vela. Y entonces la Academia de las Ciencias de París, decide enviar un comité de sabios para numeralizar la longitud del arco del meridiano terrestre. Así, Charles Marie de La Condamine, miembro de la Academia de las Ciencias desde 1730, viajó con otros tres personajes. Pierre Bouguer, matemático y astrónomo, de 37 años. Louis Godin, matemático, de 30 años. Y Joseph de Jussieu, médico y naturalista, también de 30 años. Salieron de Francia, pero sus trabajos de medidas les tomaron diez años.

Ahora bien, como estamos acostumbrados a los viajes veloces de nuestro tiempo, no podemos imaginar lo difícil que era esa misión en esa época. Partieron del puerto de La Rochelle en mayo de 1735 y primero estuvieron en España. Para circular por los dominios españoles necesitaban una autorización. Por fortuna de la misión, era el tiempo de la España Ilustrada de Feijóo, y el apoyo de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, que conocían ese mundo al otro lado del Atlántico. Lo consiguieron y enrumbaron a Martinica, luego Cartagena, Panamá, para llegar a Ecuador y Lima y Callao.

Lo que se les pedía era un arco de meridiano, medición muy precisa. Tuvieron que hacer medidas de distancias en lugares distintos. Se les pedía un elipsoide, o sea, una superficie curva. Hay que ponerse por un momento en el caso de los cuatro científicos: estaban determinando el tamaño de la tierra esférica y para eso, triangulaciones. Y en consecuencia, se separaron. La Academia francesa había enviado al norte del planeta otra misión, cercana al Círculo Polar. En cambio, Godin, Bouguer y La Condamine tenían como misión la medida de un arco que pasara por la línea ecuatorial. Y lo hicieron, y las longitudes fueron después revisadas por Jorge Juan y Antonio de Ulloa que luego las publican como Observaciones astronómicas y físicas hechas de orden de S.M. en los Reinos del Perú (nos llamaban Reino, lo de Virreinato viene de tristes historiadores). Los cálculos fueron posteriormente corregidos por matemáticos, el francés Joseph Delambre en 1799, y por el alemán Helmert, en 1880. Casi un siglo después.

La misión solo fue el inicio de un concepto estricto. Ellos trabajaron a partir de triángulos con dos bases, la una al norte y la otra al sur. Pero el sitio mismo donde se hacían las medidas no tenían las mismas alturas sobre el nivel del mar. La Condamine y Bouguer inventaron un aparato especial para los ángulos. Pero las montañas sobre las que subían —más en el Perú que en Ecuador— producían resultados distintos. Además, todavía no se había establecido el metro. Eso que nos parece sencillo y práctico.

Es al revés, la implantación legal del sistema métrico se produce en 1799. Durante la Revolución Francesa, y hasta la mitad del siglo XIX, no lo adopta la comunidad científica de otras naciones. La misión y sus mediciones de un arco de meridiano, fue el nacimiento de las unidades básicas del mundo natural. Habían enfrentado la complejidad de las distancias y solo posteriormente, con el alemán Robert Helmer en 1880 y un algoritmo logra entender las variables. Lo que encontraron fue algo inestable, aquello que luego en el siglo XX se encuentra en la física y que se llama el indeterminismo (Heisenberg, 1927). Le dieron el Nobel en 1932. Como se sabe,  el mundo de Newton y  los sistemas planetarios, no tienen nada que ver en la escala de las partículas subatómicas. Y a menudo los hechos sociales, políticos y medicinales que nos rodean son imprevisibles. ¿Qué pasó con el muro de Berlín? ¿Cómo China sobrepasa a los Estados Unidos? ¿Qué va a pasar en el Perú el 11 de abril?

Todo lo dicho anteriormente es un ejemplo de que no siempre nos encontramos con problemas simples sino complejos. Porque existe en algunas problemáticas, fuerzas que se contradicen. Por mi parte, el largo viaje de los sabios franceses tras el meridiano terrestre, me lo explicó una maestra cuando era un colegial de quinto de primaria, en el colegio fiscal n°429, en la avenida Militar de Lince. Lo hacían para inspirarnos curiosidad a esa edad. Y por lo visto, buena pedagogía. Su recuerdo y algo de la bibliografía en torno a la aventura de esos sabios, nos lleva inexorablemente a la pandemia actual, movediza, mudable. Variables en el coronavirus, en laboratorios, en la transformación de la ciencia misma, y las diferencias de los Estados, ricos y pobres.

Amable lector, voy a usar el concepto de «arenas». Hay un excelente libro de Danilo Martuccelli, Lima y sus arenas. Y como subtítulo, «poderes sociales y jerarquías culturales» (2015). Obra de un profesor de sociología, en París, capaz de percibir «el agotamiento de un ciclo político y la impresión que tienen los limeños de vivir en una sociedad muy compleja». La arena es fragmentos de tamaño pequeño, pero como metáfora, se usa en otras lenguas, quiere decir algo movedizo y precario. Y por eso propongo esta hipótesis, las diversas «arenas», o sea, los problemas para llegar a tener vacunas en Perú que se fabrican al otro lado del planeta.  

La primera arena es que el coronavirus de esta pandemia ha aparecido de golpe y se ha expandido sin dar tiempo a médicos y gobernantes para una política de salud. Luego, laboratorios competidores entre sí, y el tema de la distancia, en particular para países como el Perú, dada la fragmentación de nuestro territorio.

Segunda arena, diversas vacunas. Los laboratorios con diversos procesos y primeros resultados: la Oxford-Astra Zeneca es inglesa. La de Moderna y la de Pfizer-BioNTech son americanas. La rusa es la Sputnik V. Y la China, tiene su Sinovac. Esta heterogeneidad se extiende a las diversas vacunas. El tipo de cada una es diferente: la inglesa ataca con un vector viral, lo que se llama ‘adenovirus’, o sea, un virus  genéticamente modificado. En cambio en la de Moderna y Pfizer, interviene el ARN del virus, es pura biotecnología (nanobiología). La rusa es un vector viral, como la inglesa. Donde se establecen diferencias más hondas es en la eficiencia. Segundo campo de las «arenas». La eficacia de la Oxford-Astra Zeneca es de un 70%. Las americanas, del 95%. Y se dice que la rusa todavía más segura (92%), por su protección completa contra la hospitalización y la muerte.

La tercera arena es cómo conservarlas. La inglesa, la Oxford, no presenta ninguna dificultad, se mantiene con temperaturas positivas (2°-8°), digamos las de un refrigerador. La Moderna de los americanos, tiene que estar a 20° bajo cero durante 6 meses pero puede mantenerse estable en un refrigerador corriente no más de 30 días. La más complicada es la de Pfizer, de los americanos, que tienen que estar a 70° bajo cero más allá de 15 días. ¡Vaya usted a conseguir refrigeradores de ese tipo! Pero los Estados Unidos no sufren por ello, no tienen que importar vacunas como es nuestro caso. Las fabrican en su territorio. La rusa es la más manejable. No hay diferencias en las dosis. Todas tienen doble pinchazo.

La cuarta diferencia es el costo de las vacunas. Son secreto de Estado y de las empresas productoras.  

La quinta, hay países en Latinoamérica más cerca mentalmente al mundo moderno que otros. ¿Saben cuándo encargaron sus vacunas en Chile? En el 2020, cuando los laboratorios se pusieron en marcha, solicitando gastos adelantados para ir a producir millones de vacunas. Entonces, los Estados Unidos, el Reino Unido, la Unión Europea y Australia se precipitaron a comprar las vacunas, y de pronto, Chile. Era agosto y el presidente Sebastián Piñera con el subsecretario Rodrigo Yañez acordaron la compra de nada menos que 10 millones de vacunas chinas de las cuales han recibido 4 millones. Y ya empezaron la vacunación de masas. También han pedido 10 millones de la vacuna americana Pfizer.

¿Por qué no ocurrió eso en Lima? Dos hipótesis: parte de la clase política estaba entretenida en tumbarse presidentes. Además la globalización es un hecho pero no pensamos más allá de nuestras fronteras. Lo siento, hay que decirlo, una buena parte de la sociedad peruana no está en el siglo XXI. Otras naciones se conectan con la realidad de este siglo. Se necesita para mandatarios gente que ame el país, que sea honrada pero también algo de cosmopolita. Estamos en otro siglo. Otro mundo. Y en cuanto a Sagasti presidente, que por momentos ha vivido fuera del país, acaso es quien ha entendido esa nerviosa red de laboratorios y Estados, tan flexible como las Bolsas y las finanzas internacionales. Entre tanto le han dicho de todo y se mofaron en las caricaturas. Bueno, eso es el mundo de los medios. Pero ahora, ¿qué van a decir? Y digo esto sin ningún interés personal, no aspiro a puesto alguno en el Estado. Soy quien insiste en que no hay Estado sino gobierno. Hoy llegarán las primeras vacunas, acaso esta noche, mientras el amable lector lee esta nota. Hasta el próximo lunes.

Publicado en El Montonero., 7 de febrero de 2021

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La entropía peruana y sus Ersätze

Written By: Hugo Neira - Feb• 01•21

Entropía es una manera termodinámica para medir la pérdida de energía (Diccionario de la Ciencia, Claude Allègre). Y Ersatz, su definición más adelante.

No es cómodo reflexionar y hablar de un país que sufre no una crisis sino varias. La pandemia, el hundimiento de la economía, la posibilidad de una venganza colectiva en las urnas en abril y la sensación de un desorden gigantesco. Curiosamente, crisis y cripta son dos vocables cercanos. Cripta es catacumba. ¿Qué se está muriendo en estos días? ¿Una época? ¿El fin de ese ahora detestado y maltratado sistema de economía abierta que nos ha dado, mal que bien, algo de crecimiento en los últimos decenios? ¿Pese a la corrupción de varios estadistas? Hoy, dada la enorme cantidad de víctimas del Covid-19, se nota claramente y también de modo subterráneo, la búsqueda del culpable. Pocas veces he visto, con tantas ganas, la búsqueda del chivo expiatorio. Por ahora son Vizcarra y Sagasti —los juntan—, se preguntan hoy si PPK lo hubiera hecho mejor, y cosas por el estilo. Pero lo que nos falta a los peruanos es una crítica de nosotros mismos. No nos dimos cuenta —o no quisimos ver la realidad— de lo frágil que son las instituciones, el Estado y la sociedad misma. Por ejemplo, la imposibilidad de confinar a poblaciones que llamamos informales puesto que «si no salen a trabajar hoy, no comen mañana». Esa frase no viene de ninguna ideología o de pedantes doctos. Lo dicen voces populares. Con una franqueza que falta a otras capas sociales de este país porque los señoritos confunden educación con hipocresía.

Hace casi veinte años que dejé Europa en donde fui profesor titular de universidad, puesto que obtuve por concurso público. En Europa no se es catedrático como en Perú, a dedo. Pero ya de retorno, me sorprendieron diversas cosas, entre ellas un absurdo optimismo. Los antiguos griegos decían que el asombro es el inicio del conocimiento. Y en efecto, me asombraba, por su irrealidad, esa idea flotante en la mentalidad peruana de que éramos un país ya listo para entrar al club de la OCDE. ¡Por el amor de dios! A la  Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos? Tienen 37 países miembros, entre ellos Alemania, Australia, Bélgica, Dinamarca, España, Estados Unidos, Estonia, Finlandia, Polonia, etc, en Europa, y los Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda. De los países americanos, un par de ellos, México y Chile. Y hace poco, Colombia. No están, en este lado del mundo, ni Brasil ni Argentina. Seamos sinceros, no veíamos la pobreza. No habita únicamente el espacio rural andino y las provincias, sino la misma Lima. ¿No la hay en San Juan de Lurigancho, y en la vía de Evitamiento, hasta incluir en esas zonas riesgosas al Agustino y Santa Anita? Antes de la pandemia, una entidad municipal me pidió trabajar en la descripción de los problemas urbanos en el margen izquierdo del río Rímac. Hice el trabajo y descubrí el otro país que existe. Y pensar que esos suburbios están a tiro de piedra de la espalda del Palacio de Gobierno.  Pero en lo que somos campeones mundiales es en el lenguaje evasivo. ¿Sabe el amable lector cómo se les llama a esos lugares? «Periféricos interiores». Un oxímoron (es decir, dos ideas contrarias).

Ser crítico en el Perú es un riesgo, te toman como alguien que no ama la patria. Pero lo real, lo verdadero, tarde o temprano se abre camino. Y para ver si eso nos está ocurriendo, le echo una mirada a la prensa local. Y encuentro a un exministro de Economía, Luis Miguel Castilla, con libro intitulado La oportunidad del siglo, y me ha llamado la atención por lo que dice: «El tiempo corre, la pobreza aumenta y somos un país mucho más precario de lo que ya éramos». ¡Aleluya! Volvemos a la sinceridad, aunque en punta de pie… Nunca palabras crudas. En cuanto al eminente ingreso a la OCDE ya podemos esperar el día en que San Pedro baje el dedo. 

¿Qué es Ersatz? A veces es necesario un concepto que no puede traducirse a lengua alguna. Ersatz es algo que reemplaza. Más claramente, un sucedáneo. Por ejemplo, un diabético que toma un chocolate que no es chocolate. El Ersatz es algo falso, artificial, de imitación. En suma, no es lo que pretende ser. Ahora bien, estamos rodeados de Ersätze, y acaso no nos damos cuenta. Por ejemplo, cuando hablamos del Estado, la educación peruana y la política que tenemos. La política no es odiar al rival, no es una guerra. Si no alcanzo aquí a describir los Ersätze peruanos, lo haré en otro artículo en este portal. Además, el gran problema de los peruanos es «el otro». Tema gigantesco.

Vuelvo, pues, sobre lo dicho por el ex ministro Luis Miguel Castilla. En la entrevista que le han hecho en Caretas, dice: «El Estado no da para más». Y luego pone sobre la mesa «la batería de reformas indispensables para un golpe de timón». Por mi parte, le doy la razón pero, señor Castilla, la cosa es más grave, es parte de nuestras propias automentiras. ¿Usted ha dicho Estado? * Llamemos las cosas por su nombre. Primero, no tenemos Estado. Lo que tenemos son gobiernos, no es lo mismo. Dos. No queremos tener Estado. Lo decimos de lengua para fuera. Y alguien puede decirme, pero bueno, ¿qué falta hace? Y si es un empresario o un exportador, o un minero, nos dirá: ¿acaso no crece la economía con un fisco que no tiene que pagar excesos de policías y docentes y comechados? Prácticamente, varias capas sociales peruanas creen que no lo necesitan. Arriba, los fanáticos del liberalismo y partidarios de Estados achicados. Y abajo en las capas pobres, no les importa, porque siguen sus vidas en el vasto campo laboral de lo informal.

Se llama Estado algo que ni conocemos, y sin embargo tenemos islas de modernidad estatal, lugares en donde hay un cuerpo especializado: Relaciones Exteriores, el MEF, el Banco Central de Reserva. Y acaso alguna otra entidad, pero no el conjunto de instituciones. ¿Los ministerios? Por favor, no me hagan llorar o reír.  Se entra a uno de esos paquidermos inútiles por una de las tres P. La P de partido (luego de las elecciones, el botín del vencedor). La P de parentela, eso de llevarse los parientes que es uno de los modus vivendi que nos han quedado de la colonia. Y la tercera P es tener un pata (pata o patín, o patricio, o amigo fraterno, ver Julio Hevia en ¡Habla Jugador!)

Lo del Estado es tema porque no lo hay. Pero en estos días de emergencia, se nota que tenga sentido que exista. Por eso felicito a Vivas por su «Decreto mi cuarentena» en El Comercio: les dice a sus amigos liberales, «una razón de vida o muerte para invocar la fuerza del Estado». Pero Fernando, pasada la pandemia, volveremos a lo mismo. Con dolor tenemos que admitir que nos sentimos mejor sin un Estado moderno. ¿Por qué no fue construido de la Independencia a nuestros días?  Alguien lo dijo, «un refinado y mañoso sistema de exclusiones en el que se esmeran tanto los de arriba como los de abajo». Esa observación viene de un libro de Dwight Ordoñez y Lorenzo Sousa (2003), admirable crítica de lo peor de nuestras costumbres, El capital ausente. ¿Lo ha leído el amable lector? Si lo hace, prepárese para un diluvio de verdades, que arden. Pero nada ha cambiado. Al  contrario, retrocedemos. (Entropía que también llamo anomia.) No hay Estado sino gobierno, una administración un poco más grande que una municipalidad y listo el pollo.

Otro Ersatz, la ciencia. En Somos, un gurú con barba y todo, Ragi Burhum, y nos sale con el hastag #SinCienciaNoHayFuturo. Gracias señor, qué revelación, no nos habíamos dado cuenta¡! Un país de ‘pelotudos’ como dirían los argentinos. No lo tuvimos nunca, sin embargo, cuando yo era un niño, en las escuelas del Estado (que eran muy buenas y han desaparecido), nos hablaban de nuestros científicos, de Antúnez de Mayolo, matemático y físico, que fue el autor de la central hidroeléctrica del cañón del Pato, en Áncash. Por supuesto, Daniel Alcides Carrión que se hizo inocular el producto de un brote de verruga, y la estudiaba mientras se moría. Trágico, ¿no? Además precursores, Pedro Paulet, arequipeño, precursor de la aeronavegación a propulsión, un peruano nacido para la era espacial. Pero tuvo que suspender sus experiencias porque los vecinos se quejaron a la policía de los ruidos del extraño aparato. Sí, pues, el Perú sigue siendo una sociedad en la que no hay lugar para sabios. Por lo general se van. Pero, señor Ragi Burhum, usted nos dice que no contamos con la ciencia, y es cierto. Pero la cuestión es el porqué. La causa, de muchas cosas, que el Estado —que no existe— «no da para más».

La respuesta es otro Ersatz. La educación peruana. Hubo una vez una excelente educación secundaria en escuelas públicas, en ese momento, mejores que las privadas. Al retornar he encontrado un desastre. Diversas causas: la desaparición simple y llana de asignaturas. Lo peor y que tiene que ver con el conjunto de los peruanos, es que hasta los años 70-90, eran otra sociedad, al parecer iba a entrar en la sociedad del conocimiento. Vayan hoy a un colegio y se echarán a llorar.  

Me escribe Heraclio Bonilla. Está en Lima, ha pasado años en Colombia como docente. Y como muchos que estuvimos fuera, vemos y sentimos lo que no perciben los sedentarios. «No acercamos al bicentenario, en el marco de un país en ruinas, expresado en la caída del producto bruto interno, del aumento brutal del desempleo». «Ahora ni siquiera la protesta legítima existe, porque los partidos políticos son anacronismos de antaño, porque los que se movilizan no saben nada del territorio donde habitan y no tienen por lo mismo ideas claras de las metas que persiguen ni cómo conseguirlas». Y termina: «A diferencia de la generación del centenario, ni el paisaje, ni la historia ni los dioses inspiran la búsqueda de un camino distinto». Heraclio, tengo que decirte que a estos jóvenes que hacen las marchas para tumbarse presidentes interinos, les han cerrado el cerebro, no hubo Historia del Perú desde 1990. Los han vuelto ahistoriados. Nuestros paisanos cantan el nombre del Perú pero son el pais —el único— que no tiene Historia nacional en las aulas de los escolares y el menor porcentaje de presión fiscal de América Latina junto a Venezuela y Guatemala. O como dice un personaje de Alfredo Bryce, «la gran cagada y ¡viva el Perú!».

*https://www.bloghugoneira.com/non-classe/has-dicho-estado

Publicado en El Montonero., 1 de febrero de 2021

https://elmontonero.pe/columnas/la-entropia-peruana-y-sus-ersatze

Escuchando a De Soto. Y un triste adiós a unos amigos

Written By: Hugo Neira - Ene• 25•21

Las agendas a veces las hace el azar. Comentaré el primer mitin virtual de Soto que quienes lo siguen han llamado «Gran mitin virtual. Hernando entra a la cancha». Fue en la noche del viernes pasado, 22 de enero, a las 7 pm. Pero creo necesario recordar que el 24 de noviembre se nos fue Pedro Cavassa, entre amigos, Quino. Fue de un momento a otro. Y en estos días, también Carlos Tapia. Ambos temas no tienen relación alguna. Salvo lo que dijo un filósofo: «la vida tiene sorpresas mientras te empeñas en hacer planes». 

I

Comentaré ahora el programa de Hernando de Soto. Fue mucho mejor de lo que podíamos esperar. A la primera o segunda frase, salté a buscar mi lapicero para tomar notas. Le escuché decir que «el Estado está maniatado». Todos los peruanos lo sabemos, el exceso de normas («28 mil al año» y «1439 que pertenecen a grupos pequeños»), lo llamamos «la tramitología». Ciertamente, no hay Estado sin leyes y reglas, pero bueno es culantro pero no tanto. Se comprende que es una manera de frenar la corrupción, pero la medicina ha resultado peor que la enfermedad. Las pequeñas coimas se reproducen en función del tropiezo y el enredo. Unos cuantos soles, y el expediente camina. Esa invitación a la sencillez, no solo es posible sino que es un buen proyecto tanto popular como para las grandes empresas. Primer acierto.

De Soto comenzó con ese tema y dirigiéndose a diversas instituciones sociales, propone inyectar en los dos primeros años de presidente —«si usted tienen la amabilidad del voto»— unos 37 mil millones de dólares, para que los que llamamos por ahora informales puedan obtener un capital y salir del círculo vicioso de la baja ganancia de sus pequeñas empresas. ¿Qué propone de Soto? Nada menos que «cerrar la brecha entre los sectores A/B y los C/D/E. Es decir, su proyecto, que proviene de su equipo de trabajo (citó algunos), cubre los intereses de las grandes empresas, obviamente, pero también abarca la gran parte de los empleos, gente, y producción de los productores medianos y populares con enorme potencial.

En su exposición, estuvo sereno, sonriente, además de proponer un nuevo paradigma para eliminar los obstáculos del Perú y dirigiéndose a «los jóvenes cuyo horizonte se ha perdido» (referencia a los estragos de la pandemia), habló de la importancia de las empresas y la historia del terrorismo: «fuimos el solo país que venció algo tan grave como Sendero Luminoso, pero por lo visto, no hemos aprendido nada». ¿Qué es lo que no hemos entendido? Sencillamente que «el Perú es un país con informales que no tienen cómo ingresar al mercado mundial, y un sistema que trabaja para los formales». El sistema actual protege las desigualdades. De Soto intentaría formalizar ese potencial gigantesco que está bloqueado. Millones que no gozan de la legalidad de sus propiedades.  Y no se trata solo de propiedad sino de lo que llama «securitizar» para que «sus  derechos de su activo puedan generar capital en las bolsas y mercados financieros global». (Esta explicación proviene de una entrevista en el diario Expreso). En efecto, hubo una reunión de 50 mil pequeños mineros de las federaciones nacionales de la pequeña minería artesanal, que representan a 500 mil mineros informales que trabajan la tierra sin papel alguno. De Soto les dice: el tener propiedad, es tener moneda. El misterio del capital es que les falta paquetes de información y acreditación, o sea, el «pasaporte» para entrar en los eslabones del sistema internacional. Según De Soto, «hay unos 800 mil millones de dólares en proyectos bloquedados en el Perú». En suma, se trata de darles a los mineros informales la identidad legal. Y entonces, no solo sale favorecida la gran empresa extractiva sino los productores medianos, los gobiernos regionales y central (más tributos). El Perú no es pobre. Está desconectado. Clase por clase, valle por valle.

Vuelvo a eso de evitar la brecha entre sectores A/B y los C/D/E. ¿Cómo llamar esa estrategia? Diría que es lo que nosotros los sociólogos llamamos conexionismo. Es decir, grande, mediano o pequeño, cada uno es un valor. Eso signicaría una filosofía política fraterna y amigable. De Soto no es que no crea que exista clases sociales —las hay—, pero lo que está claro es que la sociedad peruana no es una sino varias. No hemos salido de la situación colonial. Ahora bien, debo decir que a De Soto lo conocí por lectura, cuando escribí, antes de volver al Perú, Hacia la tercera mitad, tuve que ocuparme del enorme fenómeno de lo informal. Encontré tres interpretaciones: la de Carlos Franco, la de Matos Mar y la de De Soto, a quien no conocía. El primero, Franco, la «plebe urbana». Matos Mar, «el desborde». Pero preferí la versión que los tomó como los verdaderos empresarios. Lo hice pese a que Franco era más que un amigo, un hermano, y Matos, mi maestro en antropología. Preferí lo real, lo que envolvía la totalidad de la vida peruana. Después nos conocimos, y en estos últimos años, nos encontramos, no regularmente porque él suele viajar al extranjero y yo también. Pero hemos conversado a cada rato.

Ahora bien, el De Soto de hoy es alguien más que esa persona calificada mundialmente como teórico de los derechos de propiedad y acaso porque ha conocido 30 presidentes que lo han reconocido y porque el ILD ha sido elogiado por Milton Friedman, el Nobel de Economía. Lo veo esta vez más político que tecnócrata. Escuche bien, amable lector, ha articulado una federación de grupos sociales de trabajadores en la cual no solo hay  mineros sino todo tipo de vendedores, gente de diversos oficios, cosa que no tienen otros candidatos presidenciales. No estoy diciendo que tiene un gran partido sino que lo acompañan entidades laborales casi invisibles hasta la fecha.

Pero es necesario que diga que no busco un puesto en el Estado. Nunca he sido mermelero. Uso mi libertad. Y seré igualmente claro y desinteresado para todos los otros aspirantes a entrar en Palacio. Por lo demás, no tengo criterios maniqueos. Alguna vez un pensador francés dijo: «la historia no es enteramente racional, ni enteramente absurda» (Merleau-Ponty).

II

Cuando un amigo se va a ese lugar que es insondable, uno pierde algo de su propia vida.

Cuando venía a Lima desde las islas de la Polinesia Francesa tras 25 años de vida fuera del Perú, traía las pruebas de Hacia la tercera mitad. Publicarlo no hubiese sido posible sin Mati y Marcos Caplansky, sin Moisés Lemlij que buscó a Salomón Lerner. El libro lo había terminado en Papeete, 760 páginas, y la coordinadora era Dana Cáceres y Quino. Y no puedo olvidar cómo me ayudaron. Luego hubo otros libros. Quino estuvo trabajando conmigo cuando estuve en la Biblioteca Nacional. Hicimos libros no solo valiosos. Amábamos a fondo la escritura y estábamos convencidos de que los libros deben ser hermosos. Y sin tanto floro, al diablo, vaya a ver amable lector, Garcilaso, testigo de vista,  y Sueño y pasión por el Perú. Apuntes sentimentales. En ambos, Pedro Cavassa. Ocurre que Quino estudió antropología en la PUCP y a la vez, se dedicó a un oficio artesanal, la diagramación. Ahora bien, hubo un momento en que salí de la BN —y no quiero ni acordarme mis razones— y me dediqué a dar clases y escribir libros. Así,  salieron ¿Qué es República? y ¿Qué es Nación? editados por la USMP. Incluso otro libro posterior, Civilizaciones comparadas, editado gracias al banco BBVA, lo dedico «a la memoria de Mario Brescia», y agradezco a Carlo Reyes, a Claire «por su escrupulosa revisión de los originales« y a Quino, «que ha hecho lo imposible para que este libro sea correctamente editado». Pero está también un lujoso libro, que es Joyas de la Biblioteca Nacional del Perú, gracias a la ayuda del Banco Central de Reserva y de Julio Velarde. Ese libro tiene una infinidad de imágenes de los libros-tesoros que guarda la Biblioteca, y fue diagramado por Pedro Cavassa, esta vez, editor ejecutivo. ¿Se entiende por qué lo echo de menos?

Además, otros nexos con Quino. Por una parte, descendía de italianos, Cavassa. Lo mismo yo, mi padre Neira Damiani. (O sea un abuelo italiano que aterrizó de pronto en la Arequipa del siglo XIX. Y el bisabuelo se casó con una arequipeña chacarera y tuvieron una nube de hijos. En Arequipa los conocen, unos macizos mestizos). En cuanto a política, Quino fue trotskista. Por mi parte dejé el marxismo cuando conocí la URSS. Pero ante la política peruana, solía conversar por teléfono y le anticipaba a Quino mis ideas, y me respondía con una versión sensata y sutil. Entendía perfectamente hasta los partidos que no le gustaban. Era un don, algo especial. Al «otro» no lo despreciaba.

Sí, pues, confieso esa suerte de inesperada soledad que emerge cuando de la noche a la mañana se va el amigo y con ello, una copiosa parte de tu vida. Quizá porque cuando se va teniendo una vida más bien longeva —que es mi caso– la muerte o la «tiznada» como dicen los mexicanos, se complace en llevarse a los íntimos, incluyendo los amigos. Cómo no ponerse un tanto melancólico. Pero no lo tomo como solo un asunto patológico, como lo ha vuelto el psicoanálisis. Sin la melancolía no habríamos tenido poetas. Una suave tristeza cubre innumerables poemas. Es un sentimiento, duelo y melancolía, y aquí un poema de Gómez de Avellaneda, español: «Venid todos los que el ceño airado…, los que no esperáis consolación alguna, … Venid también, espíritus ardientes, que en ese mundo os agitáis sin tino». No es poema del Siglo de Oro, sino del XIX, pero la cultura peruana se ha distanciado de lo hispano. Cueto, en El Comercio, se acuerda de que hace un decenio que nos dejó el maestro Cisneros. Dice que le enseñó la diferencia entre Habla y Lengua. Pero hace 30 años que no hay asignatura de castellano en los colegios del Estado (¡!). Vamos Cueto, di algo.

El otro amigo es Carlos Tapia, ya no está en este valle de lágrimas. Con él no tuve actividades comunes, pero en los 90, escribí un libro titulado Cartas Abiertas y le dediqué una «en torno a guerrillas y grupos de presión armados» [https://www.bloghugoneira.com/biblio-upload/CartasAbiertas.1997.pdf].* Luego, nos conocimos. Aprecié su maneras de ver las cosas, era de izquierda pero sin deseos de despotismo. No era el único y si Alfonso Barrantes hubiese llegado a Palacio, no habría cometido ese error de quedarse en el poder para siempre, como en la Cuba de Fidel y la Venezuela de Maduro. Pero no cambiamos nosotros sino la historia. A la caída de la URSS, un giro feroz de un capitalismo destructor de sindicatos, sociedades y Estados, se impuso en el fin del siglo XX, hasta nuestros días. Hay una fecha en que Cotler cree que era posible «afirmar la Democracia», era el año 80. Pero entonces, afuera, el socialismo colapsa. Y en el Perú, Sendero es sangre y matanza de campesinos, arruinando a las diversas izquierdas de esos días. Por algo Basadre dejó un libro que deberíamos conocer, El azar en la historia. Y ya está bien, hasta el próximo lunes.

* En Cartas abiertas, p. 77, les dediqué también una a ‘Quino’ Cavassa y Dana  Cáceres, «Acotación sobre la sociedad hipercompleja»

Publicado en El Montonero., 25 de enero de 2021

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