Sobre la situación crítica que estamos pasando, en
este diario libre El Montonero,
expongo lo que he expresado oralmente en la
XCI Cátedra Perú (USMP) a la que
me invitó Hugo Guerra. Fue una sesión que se llamó «perspectivas sociales,
económicas, políticas y educativas tras la cuarentena». De manera virtual,
vía Zoom. Confieso que no me ocupé de la estrategia sanitaria del actual
gobierno, por ahora, no. Tarde o temprano, la pandemia terminará por irse, vencida
por la ciencia y los médicos, o bien por la misma naturaleza. Ya ha ocurrido, las
pandemias desaparecen. Lo que sí se va a quedar es la informalidad. El gran mal
del Perú no es la pandemia, al fin y al cabo, universal. Sino su inmóvil
estructuración social. El Covid-19 nos ha puesto al desnudo. Frágil el Estado.
Frágil el mundo informal. Frágil país el Perú.
He sostenido y firmo y confirmo, la estructura
social del Perú actual es un gigantesco error. Dije en esa noche del martes 26,
«nos hemos acostumbrado a una economía paralela a la normal, con lo cual no
podremos nunca dar el salto a la modernidad, como lo han hecho los países
asiáticos». Recojo, pues, parte de esa exposición oral, sin grandes
modificaciones, acaso porque escribo como hablo y hablo como escribo.
Se ha hablado de la informalidad mucho y
acaso demasiado. La han visto como un asunto económico y social. Algo tiene
pero discrepo. Es más un asunto de demografía y de puestos de trabajo.
1. La gran
migración. Algo gigantesco. Basadre la llama, «las ojotas porfiadas». Por
mi parte en uno de mis libros, «las placas tectónicas» (El águila y el cóndor, 2019, p. 491). Idea de la historia social de
Braudel, las sociedades pasan por cambios lentos y casi invisibles pero
decisivos. En nuestro caso peruano, el traslado espontáneo de millares de
personas y familias del campo a la
ciudad y de las ciudades a Lima. En 1940 se realiza el primer censo
peruano del siglo XX y arroja una población de 7 023 111 habitantes. El
porcentaje de analfabetismo era de 57%. Pero no se tomaba en cuenta lo que iba
a revolucionar la vida peruana, las migraciones. Sin embargo hay gente que le
atribuye la culpa a Velasco Alvarado. ¡Qué tontería! El primer libro sobre los
asentamientos, es de Matos Mar, en 1957. Velasco en el poder, en 1968. No
fastidien, «el flujo migratorio surge en San Cosme – El Agustino, y en torno al
Mercado Mayorista, y se ramifica en las faldas del cerro San Cristóbal» (Matos
Mar). Desde 1955, fuera del casco de la ciudad, en el desierto costeño, surge la
«barriada». Observemos bien su sentido, no es un «barrio», eso que llena la
literatura de Julio Ramón Ribeyro y de Mario Vargas Llosa.
2. ¿Cómo
nos acostumbramos? Los ambulantes, para los que vivíamos en barrios, de
oligarcas o clase media, su comercio se hizo habitual. No era necesario ir a
las barriadas, llegaban a la capital pedaleando en triciclos desde Villa El
Salvador, atiborrados de frutas y cultivos, tomates, yucas, choclos, papas. Venta
de casa en casa. Luego, abrieron calles enteras llamadas mercadillos. Luego
Gamarra, de todo. Un estamento nuevo de comerciantes, hasta el día de hoy.
3. La
barriada se instala. No es una revolución, es una migración. Fue a la
peruana, la forma de ampliar los distritos. Además, el migrante era mano de
obra para la construcción y diversos oficios manuales. Y empleos en hogares.
¿Qué familia de clase media no tuvo alguna empleada? Entre tanto, los diversos
gobiernos los apoyan. ¿Cómo no hacerlo? Eran zonas eriazas. Por lo demás, a medida
que se instalan, muchos se vuelven alfabetos y entonces cuentan en las urnas.
La política se interesa por esa masa de recién llegados y surgen las
‘clientelas’. Y lo informal crece.
4. Es un
debate. En partidos y universidades, en la «intelligentsia», Carlos Franco, «un alumbramiento», en un texto
brillante «Exploraciones en la otra modernidad, de la migración a la plebe
urbana», enero de 1990. Matos Mar ve un problema para el Estado: «el desborde».
También lo cree un movimiento de las izquierdas. Franco nota algo que llama «la
sustancial ambigüedad». «Diferentes grupos, intereses y organizaciones, estilos
de actuación pública en que se expresan los migrantes avecinados en Lima». Los
quiere ver como de izquierda, pero tomaron otros rumbos. ¿De izquierda? Esos
marginales de Tacora, Paruro, Gamarra, «son un conglomerado
productivo-comercial» (Franco). O sea promercado y el capitalismo. El que atina
a entenderlos, es Hernando de Soto. Ve en ellos los empresarios modernos.
5. ¿Cómo lo vemos hoy? En estos días, he escuchado a de Soto y al alcalde de La Victoria, George Forsyth, en una videoconferencia. ( https://www.youtube.com/watch?v=k9t5gVYThaQ&feature=youtu.be)
Fue la mejor de las disertaciones que le haya conocido. «Los informales, son personas que viven en un país capitalista, ellos son capitalistas y no pueden capitalizarse» (De Soto). Y habla, esa magnífica noche, de «bufetes de abogados» y «lobbies» que impiden que se formalicen. En cuanto al alcalde, fue una lección de lo difícil que es ocuparse de La Victoria cuando el aporte del distrito es de S/. 102 millones al Foncomún, y el gobierno central le asigna apenas S/. 6 millones. Ese dato feroz, lo tenemos en El Montonero, en un artículo reciente de Guillermo de Vivanco.
6. ¿Solo
un problema de empleos? Durante casi noventa años, la economía informal ha
sido una columna de empleos precarios pero numerosos, representando un 61% del
empleo en 2007. Pero, amable lector, vea el cuadro que acompaña este artículo.
El sector informal aporta solo el 19% del PBI en 2007, y en cambio, el sector
formal, el 81%. Estas cifras están en los tomos que publica el INEI. También
nos dicen que lo informal está compuesto por actividades comerciales,
transportes, restaurantes y alojamiento, y sin embargo, baja productividad. La
paradoja peruana: la mayoría tiene chamba que no produce plusvalía, apenas dinero
para sobrevivir. Llega una crisis y no tienen cómo comer¡! Y la minoría hace
casi el total del PBI.
7. Volviendo
a la demografía. Lo siento pero tengo que acudir a una anécdota. Durante el
velasquismo, invitaron a Raúl Vargas, Hernando Aguirre Gamio, y el que habla a
un viaje a Pekín. Era todavía la China de Mao. Mucho podría decir de ese viaje,
pero reduzco mi impresión a un solo tema. Recibimos una lección. La relación entre
demografía y pasiones políticas. Nos explicaron que para vencer las hambrunas, controlaron
el crecimiento demográfico hasta que la curva de la producción de alimentos
estuviera sobre la curva de población.
Al tiempo que se industrializaban. Por eso pienso entonces que en 1960 la población
peruana era de unos 10 millones. Hoy somos tres veces más y la oferta de buenos
empleos no ha avanzado. Más de 3 millones de peruanos se fueron al extranjero.
Yo uno de ellos. ¿La razón? El sistema de producción sigue siendo el mismo. Producción
primaria, minera y algo de exportaciones de cultivos. Este país no está en el
siglo XXI.
Conclusión. Hay dos países. Ya no
costeño o serrano, ni rico o pobre sino quién está en planilla y quién no.
«Perú dualista». El error consiste en no vincular los efectos del crecimiento
demográfico a las anacrónicas formas de producción en el Perú actual. La
informalidad no es el camino al progreso. No somos una nación, ni tenemos un
Estado moderno. Ni sombra de ingresar a las olas de la revolución industrial,
como lo han hecho en Corea del Sur (27 mil dólares per cápita), Taiwan (20 mil),
Singapur que no tiene agricultura sino industria y servicios, con un per cápita
de 56 mil dólares. ¡No tienen informales ni tampoco minas! La cruel paradoja es
que los así llamados —descendientes de los indígenas— son nuestros judíos. Están
pero no son. El actual sistema, que es perverso, no quiere incluirlos. Es
cierto, también, que muchos no quieren abandonar su cómoda marginalidad. Pero
ya han visto lo que ocurre cuando salimos de la rutina. Las Pymes parecen superiores,
pero como se ve en el cuadro, es una minoría la que tiene productividad y
ganancias. Nos hemos equivocado, la movilidad social se ha logrado en otras
sociedades, desde la educación. Para sobrepasar ese espejismo de falso progreso
se necesita proyectos y modificaciones que no caben en esta modesta reflexión.
Publicado en El Montonero., 1 de junio de 2020
https://elmontonero.pe/columnas/informales-el-compromiso-con-el-atraso