Protestas

Written By: Hugo Neira - Jun• 08•20

La idea de protesta me encandela, no por su contenido solamente sino por sus analogías. Reclamar, desaprobar, censurar (aunque no lo usaría así), rechazar. Y también aprecio su contrario, el conformarse. No es mi caso.  

Primera protesta. Sin el «quédate en casa» de este gobierno —o como dicen en otros países, confinamiento— de repente hubiera habido también en Lima una protesta sobre eso de un policía en Minneapolis con la rodilla en el cuello de un señor que tenía la desgracia de ser black —George Floyd— y que protestando porque le faltaba el aire, se fue directo al cielo. Lo que ha provocado, como sabemos, incontables protestas que solo se pueden comparar a las que hubo en los sesenta, cuando los estadounidenses estaban cansados de enviar a los jóvenes a morir en Vietnam. Años de Ho Chi Minh. «Es el Bonaparte de esta era», me dijo Perón. Solíamos conversar, vivía en las afueras de Madrid, y unos jóvenes argentinos, por cierto exiliados por montoneros, me llevaron para que lo conociera. Sí, pues, conocí a Perón, nadie es perfecto.

Pero no entiendo. Claro que conozco América del norte, incluso me detenía por ratos cuando volvía de Europa a Polinesia francesa parando en California, porque uno de mis hermanos, Federico, médico, vivía ahí. Muchas veces he ido a Gringolandia. Incluso conocí a los Kennedy pero no es tiempo de contarlo. Hoy ¿realmente, racistas? Y sobre todo, ¿anti blacks? Ahora bien, como vivimos en una era surrealista en que vemos lo que pasa en el mundo como si tal cosa, desfilan en nuestras pantallas las manifestaciones con muy pocos afros y sí, en cambio, muchísimos caucasianos, así se dice ¿no? Los blancos de ayer admiraron a ese black que fue boxeador invencible que se llamaba Joe Louis. Y tuvieron como lo máximo a otro black que se llamaba Cassius Clay y que prefería llamarse Muhammad Ali. Magnífico.

El rostro de los afros en la vida americana. No por ocho años con Obama sino permanentemente. ¿No es cierto que a un black como el artista Morgan Freeman le han dado roles siempre de hombre honesto, simpático, sereno (incluso en una de las muchas películas que ha filmado, hace de Dios)? Cómo le gustaría a Trump ese rol. Y cuando los extraterrestres atacan a nuestro mundo, en la película Día de la Independencia, uno de los héroes lo encarna un black, Will Smith, y logran entrar a la nave capitana de los extraterrestres, le colocan una bomba hiperpotente en la nave principal y la invasión sucumbe y se salva el planeta y la humanidad. Entonces, ¿qué pasa con la policía americana? ¿Por qué los rostros de los artistas blacks —además de los citados y de Sidney Poitier, que siempre hace de negro cultivado y serio— no los conocen?

Me hace pensar en el odio de los nazis en los años treinta ante los judíos, justamente porque eran una élite. O sea, lo del policía blanco que mata a un black bien educado y que no le discuten en nada —incluso sonríe, eso se ve en los vídeos—, todo eso huele no solo a racismo sino a nazismo. Microviolencia. Macroproblemas. Me tinca otra cosa, una modesta hipótesis. La etnografía inquieta a los Estados Unidos, país que nace de la inmigración. Por ahora los blancos son el 66%. Los latinos y asiáticos, unos 23% y los afroamericanos, un 12,4%. Unos 37 millones. A eso se añade que asiáticos y latinos tienen más hijos. «La población hispana o latina es joven y de rápido crecimiento», dice la Oficina de los Censos. Temen, pues, el 2050. Serían un país de mestizajes. Bueno, ¿qué los asusta? Nosotros somos desde 1492 un continente de mestizajes. Lo que pasa es que no comprendemos la ventaja que tenemos de ser una sociedad universal. Y Europa, ¿no es acaso un mosaico de lenguas y naciones? Eso que se llama ‘razas’, los antropólogos ya no lo usan. Lo que hay es culturas diversas.   

Segunda protesta. Estoy desencantado. El caso Richard Cisneros, o Richard Swing. La fiscalía investiga ministros y exministros como Salvador del Solar. Ahora bien, leo los diarios y luego recorto algunas páginas y textos. Y los separo por temáticas. ¿Sabe usted, amigo lector o lectora, que el paquete Swing es más gordo que el asunto Floyd, la meseta del Covid-19 que —por lo visto— se nos va hasta el 2022? Ahora bien, señor Swing, usted ha jugado un rol muy apreciado. Acaso mayor que un Primer ministro. Es un puesto muy alto, y con todos mis respetos, le explico qué cosa es una marioneta o un títere, lo hago porque no me parece muy letrado. Ahora bien marionetas y títeres no eran cualquier cosa. Los reyes del absolutismo tenían en la corte sus bufones, y mire usted, era el único cortesano al que se le permitía decir lo que sea. El bufón era fino, inteligente, los reyes le permitían sus bromas. Eran la voz del pueblo. Hay cuadros célebres y una vasta literatura. Pero ese no ha sido su rol. Los bufones no apapachaban, decían lo que escuchaban como queja o protesta de los de abajo en las barbas de Carlos V o Felipe II.

Eso tuvimos, en la medida de nuestras posibilidades, en nuestra cultura peruana. Claro está, en tiempos de Maricastaña, pero hubo un Cordero y Velarde. Era cantante, alegre, hablantín, y sobre todo pobre. Lo volvieron loco, unos amigos le hicieron creer que debería ser presidente. Y se lo creyó, y gastó sus ahorros en hacer sus afiches. Cuando le dijeron que era una broma, no regresó a la razón. Se hizo llamar Apu Capac Inca, Emperador del Perú y Conductor del Mundo; Soldado de Tierra, Mar, Aire —y además— de Profundidad (porque se habían olvidado de los submarinos). Vivía de su periódico que se llamaba El León del Pueblo, «sale cuando puede, y pega cuando quiere». Llevaba un sombrero de tarro, chaqueta negra y la «banda presidencial». Pero no estaba tan loco. Cuando un político de los serios reunía una muchedrumbre, los rivales contrataban a Cordero y Velarde que, llegado a la plazuela o calle, se llevaba el público. ¿Por qué razón? Porque les decía zambacanuta a los poderosos. Yo sé, no es el estilo de usted. Otro de ese calibre es Tulio Loza, mi paisano, abanquino, el popular Camotillo, el tinterillo. ¿Y por qué para mensajes llenos de sabiduría y de humor no han llamado a Melcochita? Es el representante de una cultura amulatada y fina. Cuando le preguntaba Bayly qué pensaba de una estrella de la tele peruana —pongamos una Maruja—, Melcochita respondía: «la llaman la anticuchera». Y luego,  «porque se la comen en cualquier esquina». La ambigüedad, pero con un oxímoron que elude la palabrota.

Y por qué no, en estos días de confinamiento, en los hogares, hubiéramos estado mejor matando el tiempo con Al fondo hay sitio o La paisana Jacinta, no por azar la ponen fea, gesto de racismo enmascarado, pero ella –o él– se defiende. Y no con eso de ayudas personales que son el palabreo seudopsicológico sin valor científico alguno, y menos humor e ironía, que siempre ha sido una lección moral. Lo que es usted es algo que no creo que conozca. Es usted un Eróstrato, la versión acriollada del griego que quema el Templo de Artemisa con tal de ser famoso. Estará usted satisfecho, la prensa, yo mismo caigo en la trampa. Sí, pues, temáticas de un tiempo de decadencia. Sin embargo, acaso lo que nos admira es su desenfado para sacarse un selfie con los poderosos, pero mucho más nos inquieta el nivel cultural del contorno palaciego. ¡No conocen este país! No saben qué es lo que le gustaría al populorum. Qué lejos están, les dicen que se laven las manos a las capas populares que no tienen ni siquiera un solo caño, como los callejones de antaño, más cómodos. Dios Santo, ¡qué retroceso!

PD: Están con Covid-19 Eloy Jáuregui y el Dr Oscar Ugarte del Instituto de Gobierno y Gestión Pública. Ambos se acercaron a los focos, uno como escritor y periodista, el otro como médico. Esperamos que se salven. Con todo respeto y admiración.

Publicado en El Montonero., 8 de junio de 2020

https://elmontonero.pe/columnas/protestas

Salinas y la búsqueda de la razón práctica*

Written By: Hugo Neira - Jun• 06•20

Si he aceptado este ejercicio es porque veo amanecer en este texto otra generación, menos propicia a encerrarse en capillas y círculos cerrados. Salinas ha reunido aquí varios ensayos. A saber, democracia delegativa y autoritarismo competitivo. Después de la crisis del 2008, se pregunta qué hicieron los países andinos. El liderazgo populista de Rafael Correa. La comparación entre España y Perú en materia de desigualdad social y calidad de la democracia. Un contrafáctico —no es el primero en los nuevos investigadores— sobre un Mario Vargas Llosa presidente. Iba a poner más afortunado, pero hubiese sido un error. Probablemente no habría tenido el Nobel. Y la conducción del poder presidencial en el Perú, no es un lecho de rosas. Luego sigue un trabajo sobre democracia de audiencia. El presidencialismo en Perú. Siete ensayos, una cifra siempre mágica para los peruanos.

El trabajo roza ese otro sujeto de estudio, lo colectivo. Ese es un tema que me intriga. los conocedores de ese mundo son escasos. Y el hecho de llamarlos populistas no es sino una pausa, la conflictividad y la espontaneidad de esos movimientos —enormemente disímiles, como son las clientelas de Fujimori y la composición social del español Podemos— merecen ir un poco más lejos que Laclau. Cierto, son la sanción de los pueblos a las elites de izquierda y derecha, pero esto mismo se nos queda corto. Es una singularidad que escapa a nuestros paradigmas. En cuanto al concepto de Steve Levistky, «autoritarismos competitivos», me parece un oximorón. Ingenioso pero nada científico. No tiene lógica.

Un punto de discrepancia, Vargas Llosa presidente con la ayuda de Alan García. Eso ni en un contrafáctico. Es como imaginar a Lutero acogido con los brazos abiertos por el Papa León X. O sea, ni en sueños.

Por lo demás, un libro que revela un paisaje intelectual de investigadores. Y un ánimo reflexivo. Sin politiquerías.

* Extractos del prólogo al libro Apuntes sobre política, del sociólogo Alan Salinas, Editorial Académica Española, febrero de 2019.

Publicado en Caretas n° 2636, 4 de junio de 2020, p. 49.

Informales, el compromiso con el atraso

Written By: Hugo Neira - Jun• 01•20

Sobre la situación crítica que estamos pasando, en este diario libre El Montonero, expongo lo que he expresado oralmente en la XCI Cátedra Perú (USMP) a la que me invitó Hugo Guerra. Fue una sesión que se llamó «perspectivas sociales, económicas, políticas y educativas tras la cuarentena». De manera virtual, vía Zoom. Confieso que no me ocupé de la estrategia sanitaria del actual gobierno, por ahora, no. Tarde o temprano, la pandemia terminará por irse, vencida por la ciencia y los médicos, o bien por la misma naturaleza. Ya ha ocurrido, las pandemias desaparecen. Lo que sí se va a quedar es la informalidad. El gran mal del Perú no es la pandemia, al fin y al cabo, universal. Sino su inmóvil estructuración social. El Covid-19 nos ha puesto al desnudo. Frágil el Estado. Frágil el mundo informal. Frágil país el Perú.

He sostenido y firmo y confirmo, la estructura social del Perú actual es un gigantesco error. Dije en esa noche del martes 26, «nos hemos acostumbrado a una economía paralela a la normal, con lo cual no podremos nunca dar el salto a la modernidad, como lo han hecho los países asiáticos». Recojo, pues, parte de esa exposición oral, sin grandes modificaciones, acaso porque escribo como hablo y hablo como escribo.

Se ha hablado de la informalidad mucho y acaso demasiado. La han visto como un asunto económico y social. Algo tiene pero discrepo. Es más un asunto de demografía y de puestos de trabajo.   

1. La gran migración. Algo gigantesco. Basadre la llama, «las ojotas porfiadas». Por mi parte en uno de mis libros, «las placas tectónicas» (El águila y el cóndor, 2019, p. 491). Idea de la historia social de Braudel, las sociedades pasan por cambios lentos y casi invisibles pero decisivos. En nuestro caso peruano, el traslado espontáneo de millares de personas y familias  del campo a la ciudad y de las ciudades a Lima. En 1940 se realiza el primer censo peruano del siglo XX y arroja una población de 7 023 111 habitantes. El porcentaje de analfabetismo era de 57%. Pero no se tomaba en cuenta lo que iba a revolucionar la vida peruana, las migraciones. Sin embargo hay gente que le atribuye la culpa a Velasco Alvarado. ¡Qué tontería! El primer libro sobre los asentamientos, es de Matos Mar, en 1957. Velasco en el poder, en 1968. No fastidien, «el flujo migratorio surge en San Cosme – El Agustino, y en torno al Mercado Mayorista, y se ramifica en las faldas del cerro San Cristóbal» (Matos Mar). Desde 1955, fuera del casco de la ciudad, en el desierto costeño, surge la «barriada». Observemos bien su sentido, no es un «barrio», eso que llena la literatura de Julio Ramón Ribeyro y de Mario Vargas Llosa.

2. ¿Cómo nos acostumbramos? Los ambulantes, para los que vivíamos en barrios, de oligarcas o clase media, su comercio se hizo habitual. No era necesario ir a las barriadas, llegaban a la capital pedaleando en triciclos desde Villa El Salvador, atiborrados de frutas y cultivos, tomates, yucas, choclos, papas. Venta de casa en casa. Luego, abrieron calles enteras llamadas mercadillos. Luego Gamarra, de todo. Un estamento nuevo de comerciantes, hasta el día de hoy.

3. La barriada se instala. No es una revolución, es una migración. Fue a la peruana, la forma de ampliar los distritos. Además, el migrante era mano de obra para la construcción y diversos oficios manuales. Y empleos en hogares. ¿Qué familia de clase media no tuvo alguna empleada? Entre tanto, los diversos gobiernos los apoyan. ¿Cómo no hacerlo? Eran zonas eriazas. Por lo demás, a medida que se instalan, muchos se vuelven alfabetos y entonces cuentan en las urnas. La política se interesa por esa masa de recién llegados y surgen las ‘clientelas’. Y lo informal crece.

4. Es un debate. En partidos y universidades, en la «intelligentsia», Carlos Franco, «un alumbramiento», en un texto brillante «Exploraciones en la otra modernidad, de la migración a la plebe urbana», enero de 1990. Matos Mar ve un problema para el Estado: «el desborde». También lo cree un movimiento de las izquierdas. Franco nota algo que llama «la sustancial ambigüedad». «Diferentes grupos, intereses y organizaciones, estilos de actuación pública en que se expresan los migrantes avecinados en Lima». Los quiere ver como de izquierda, pero tomaron otros rumbos. ¿De izquierda? Esos marginales de Tacora, Paruro, Gamarra, «son un conglomerado productivo-comercial» (Franco). O sea promercado y el capitalismo. El que atina a entenderlos, es Hernando de Soto. Ve en ellos los empresarios modernos.

5. ¿Cómo lo vemos hoy? En estos días, he escuchado a de Soto y al alcalde de La Victoria, George Forsyth, en una videoconferencia. ( https://www.youtube.com/watch?v=k9t5gVYThaQ&feature=youtu.be)

Fue la mejor de las disertaciones que le haya conocido. «Los informales, son personas que viven en un país capitalista, ellos son capitalistas y no pueden capitalizarse» (De Soto). Y habla, esa magnífica noche, de «bufetes de abogados» y «lobbies» que impiden que se formalicen. En cuanto al alcalde, fue una lección de lo difícil que es ocuparse de La Victoria cuando el aporte del distrito es de S/. 102 millones al Foncomún, y el gobierno central le asigna apenas S/. 6 millones. Ese dato feroz, lo tenemos en El Montonero, en un artículo reciente de Guillermo de Vivanco.         

                                                                                                                

6. ¿Solo un problema de empleos? Durante casi noventa años, la economía informal ha sido una columna de empleos precarios pero numerosos, representando un 61% del empleo en 2007. Pero, amable lector, vea el cuadro que acompaña este artículo. El sector informal aporta solo el 19% del PBI en 2007, y en cambio, el sector formal, el 81%. Estas cifras están en los tomos que publica el INEI. También nos dicen que lo informal está compuesto por actividades comerciales, transportes, restaurantes y alojamiento, y sin embargo, baja productividad. La paradoja peruana: la mayoría tiene chamba que no produce plusvalía, apenas dinero para sobrevivir. Llega una crisis y no tienen cómo comer¡! Y la minoría hace casi el total del PBI.

7. Volviendo a la demografía. Lo siento pero tengo que acudir a una anécdota. Durante el velasquismo, invitaron a Raúl Vargas, Hernando Aguirre Gamio, y el que habla a un viaje a Pekín. Era todavía la China de Mao. Mucho podría decir de ese viaje, pero reduzco mi impresión a un solo tema. Recibimos una lección. La relación entre demografía y pasiones políticas. Nos explicaron que para vencer las hambrunas, controlaron el crecimiento demográfico hasta que la curva de la producción de alimentos estuviera sobre la curva de  población. Al tiempo que se industrializaban. Por eso pienso entonces que en 1960 la población peruana era de unos 10 millones. Hoy somos tres veces más y la oferta de buenos empleos no ha avanzado. Más de 3 millones de peruanos se fueron al extranjero. Yo uno de ellos. ¿La razón? El sistema de producción sigue siendo el mismo. Producción primaria, minera y algo de exportaciones de cultivos. Este país no está en el siglo XXI.

Conclusión. Hay dos países. Ya no costeño o serrano, ni rico o pobre sino quién está en planilla y quién no. «Perú dualista». El error consiste en no vincular los efectos del crecimiento demográfico a las anacrónicas formas de producción en el Perú actual. La informalidad no es el camino al progreso. No somos una nación, ni tenemos un Estado moderno. Ni sombra de ingresar a las olas de la revolución industrial, como lo han hecho en Corea del Sur (27 mil dólares per cápita), Taiwan (20 mil), Singapur que no tiene agricultura sino industria y servicios, con un per cápita de 56 mil dólares. ¡No tienen informales ni tampoco minas! La cruel paradoja es que los así llamados —descendientes de los indígenas— son nuestros judíos. Están pero no son. El actual sistema, que es perverso, no quiere incluirlos. Es cierto, también, que muchos no quieren abandonar su cómoda marginalidad. Pero ya han visto lo que ocurre cuando salimos de la rutina. Las Pymes parecen superiores, pero como se ve en el cuadro, es una minoría la que tiene productividad y ganancias. Nos hemos equivocado, la movilidad social se ha logrado en otras sociedades, desde la educación. Para sobrepasar ese espejismo de falso progreso se necesita proyectos y modificaciones que no caben en esta modesta reflexión.

Publicado en El Montonero., 1 de junio de 2020

https://elmontonero.pe/columnas/informales-el-compromiso-con-el-atraso

«¿Cuándo se jodió el Perú?» En diez errores

Written By: Hugo Neira - May• 25•20

Nunca me gustó esa frase. Dilema tonto, puesto en la boca de Zavalita, personaje de «penosa sensación de mediocridad», dice José Miguel Oviedo. Y nosotros, como si se tratara de Hegel o de Kant, «miramos la Avenida Tacna, sin amor; edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos» en la novela de Mario, y entonces, en el día gris nos decimos, ¿en qué momentos se había jodido el Perú? Y ya somos filósofos y sociólogos¡! Falso dilema. Una persona puede realmente joderse si mata a alguien o roba y lo descubren¡! Pero las naciones se recomponen. La Alemania hitleriana que sigue a su Führer en la invasión a Rusia, se jode y pierde la guerra. Pero la Alemania de hoy es una gran potencia y una sociedad demócrata. Es otra Alemania. He aquí un caso de polimorfia.

¿Cuándo se jodió el Perú?

1. Cuando asume el cargo de protector de la Confederación Perú-Boliviana, el mariscal boliviano Andrés de Santa Cruz, uno de los vencedores en la batalla de Ayacucho, y a la vez, presidente del Perú (1827) y de Bolivia (1829-1839). Para Chile fue una muy mala noticia. La idea de reunir esas repúblicas era la esperanza de varios líderes peruanos, como Xavier de Luna Pizarro, José María de Pando, Vidaurre y a ratos, Agustín Gamarra. Chile entonces declara la guerra a la Confederación y su ejército llamado Ejército Restaurador invade el sur. Luego hubo una segunda expedición chilena, a la que se suma el presidente del Estado Nor-Peruano, Luis José de Orbegoso. Santa Cruz es derrotado en 1839 y parte en exilio a Europa. Todo esto ocurre 41 años antes de la Guerra del Pacífico.

2. El Perú había comenzado a joderse cuando en 1874, el presidente Manuel Pardo renuncia a adquirir las naves de guerra contratadas por el presidente anterior, José Balta. Sin embargo, Ramón Castilla había dicho: «cuando Chile compra una nave de guerra, hay que comprar dos». Pero Manuel Pardo creía en los acuerdos internacionales y decía a sus allegados que tenía dos fragatas, «Argentina y Bolivia». En política no se puede ser ingenuo, y él lo era. Además, en secreto, en 1873, se había firmado un tratado de alianza defensiva entre Bolivia y Perú. Y eso fue otro gran error.

3. El Perú se jode cuando el 8 de octubre, en el combate de Angamos, pierde a Grau y al monitor Huáscar y el país, la guerra. El enemigo tenía el dominio del mar, y de ahí, se inicia la ocupación y el Perú pierde las riquezas del salitre. Los historiadores chilenos lo admiten, «el fin de la guerra permitió a Chile contar con una serie de nuevas e importantes riquezas minerales. Chile vivió uno de los periodos de mayor riqueza de su historia» (Nueva historia de Chile, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2011).  

4. El Perú se jode cuando el presidente Mariano Ignacio Prado decide dejar el país en plena guerra y el gobierno queda en manos de un general anciano. Al poco tiempo, el golpe de Estado de Piérola. Ese viaje, no era necesario, para comprar armas bastaba con enviar a uno o dos comisionados. Entonces, ¿por qué dejar la gobernabilidad? No obstante, cuando retorna en 1886,  «numerosas personalidades lo recibieron». Muere en París, en 1901. Hasta el día de hoy, la familia Prado intenta salvar la honra de ese presidente en fuga, pero historiadores como Jorge Basadre y el norteamericano Markham «han censurado la necesidad del viaje de Prado a Europa». Solamente a fines del XIX,  y gobernando Piérola, se funda una Escuela de Guerra. Paradojas del Perú, el montonero  reforma al ejército contratando una misión francesa.

5. El Perú se jode cuando Leguía gana las elecciones presidenciales en 1919. Fue el vencedor pero «faltando pocos días para su asunción al mando, encabeza un golpe de Estado. Fue una época en que se restringieron las libertades públicas. Turbas asaltaron los talleres de los diarios de oposición» (Wikipedia). Leguía mandaba al exilio al católico conservador Víctor Andrés Belaunde y el joven dirigente universitario Haya de la Torre, por igual, fuera del país. En el Oncenio la figura del presidente fue adulada a límites extremos. El Congreso lo declaró Prócer de la República en 1928. Dos años más tarde, es derrocado. Y luego de tantos arrumacos y halagos, lo dejan morir en una fría celda. Con Leguía se inicia en el Perú un estilo de gobierno personal y autocrático. Militares y civiles lo han imitado a lo largo del siglo XX.

6. El Perú y el aprismo y la posibilidad de un régimen de socialdemocracia se va al diablo cuando la foto de Haya de la Torre, en almuerzo con Odría y Pedro Beltrán, llega al público, y una buena cantidad de apristas deciden no seguir al Jefe. Entre ellos, Alfonso Barrantes, Carlos Delgado, Luis de la Puente Uceda, que muere en Mesa Pelada.

7. El Perú se vuelve a joder cuando en la noche del 17 de mayo de 1980, en el distrito de Chuschi, ocurre el primer atentado terrorista de Sendero Luminoso. Las ánforas y las cédulas de los 2000 electores de ese pueblo ayacuchano fueron robadas y quemadas. Había nacido Sendero. Y como dice Constante Traverso en La Izquierda en el Perú, Sendero es un giro hacia el culto a la personalidad de Abimael Guzmán Reinoso, quien se autoproclamó «el más grande marxista-leninista-maoísta viviente». Se había muerto Mao. Lo peor es que le creyeron. Patético. En esa guerra que Abimael Guzmán declara al Perú, han muerto unas 70 mil personas, entre ellas, la mayoría campesinos (ver Comisión de la Verdad).

8. El Perú se jode cuando el joven presidente Alan García anuncia, un inolvidable día, el 28 de julio de 1987, la estatización de la banca. Eso hace nacer a un rival político, Mario Vargas Llosa. En cuanto a Alan, menos mal que pudo retornar a Palacio, mostrando su pericia en su segundo gobierno.

9. El Perú se jode en las elecciones presidenciales de 1990, cuando el candidato —un hombre admirado en el mundo entero— sufre una derrota inesperada. Se puede discutir largamente esa sorpresa. Para muchos, entre ellos Enrique Ghersi, no fue tanto el peso del contricante —Alberto Fujimori, era un Rector desconocido en política, y Mario un candidato joven, nuevo, le bastaba el FREDEMO— pero levanta el brazo de Fernando Belaunde y el de Luis Bedoya Reyes. Sin duda hombres honestos, no era un acierto, el pueblo los veía como «lo de siempre». Mario pierde por sus propios discursos. Su error fue la sinceridad: atacó al aprismo, a la izquierda, a los empresarios y a los militares. Y a todas esas fuerzas sociales y políticas, nos les deja otra posibilidad de frenarlo que votar por Fujimori, sin imaginar lo que se venía con el desconocido «chinito». Hay un buen texto sobre este episodio peruano, de Carlos Zuzunaga: Vargas Llosa: el arte de perder una elección. De modo que Vargas Llosa mismo, es parte de la cuestión planteada por su personaje Zavaleta. ¿Cuándo se jodió el Perú? Cuando Mario quiso ser presidente y lo derrota un desconocido.  

10. Entre el 2005 y el 2014, Odebrecht y otras empresas brasileñas reparten millones de dólares americanos para pagos de sobornos. El daño moral, social, político y económico es incalculable.   

Mínima reflexión

Y como dice Alfredo Bryce Echenique, «la gran cagada y ¡viva el Perú!». Cabe preguntar si el Perú se jode repetidas veces, ¿es la culpa de quién? ¿De la oligarquía? Ya no la hay. ¿De la CIA? Un filósofo español, desconocido en Lima, José Antonio Marina, ha explicado qué son «las culturas fracasadas». Me pregunto si vamos por ese camino. Hace veinte años que llega a Palacio una caterva de improvisados.1 ¿Y quién los pone en el sillón? Los mismos peruanos. Acabamos de descubrir que la informalidad es nuestro peor defecto, no nos habíamos dado cuenta hasta que llega el Covid-19. El mito del Perú en progreso acaba de hundirse. 3/4 de la población con trabajos precarios, sin servicios de salud, con la peor educación, no es una plataforma para saltar a la modernidad y al bienestar. Sin perder la democracia, hay que removerlo todo.

1 Caterva quiere decir un montón de gente desordenada.

Publicado en El Montonero., 25 de mayo de 2020

https://elmontonero.pe/columnas/cuando-se-jodio-el-peru-en-diez-errores

La replana y la rebelión de las mesas

Written By: Hugo Neira - May• 19•20

Uf! Al menos unas temáticas que me pongan lejos de las últimas noticias del coronavirus, si los contagios del mundo rebasan los 4.3 millones y que los catalanes en su Ayuntamiento (traducción, la Municipalidad) «reparten 20 mil cajas de comida a los desprotegidos de la pandemia». ¿Cuáles temáticas? Un cierto debate sobre cómo se quiere enseñar el castellano. Y el otro, lo lindo que se está portando el nuevo Congreso. Está claro que es peor que el anterior.  

Roberto Abusada Salah (El Comercio, 13/05/20) dice con sinceridad que «mientras el virus destruye las fuentes de sustentos de millones de peruanos un Congreso hiperactivo y disfuncional», «dispara y aprueba leyes sin debate de comisiones ni opiniones de expertos». El Banco Central cree que es posible una recuperación económica para los finales del 2021. Abusada duda y sostiene que no será posible porque los mecanismos que tenía el Perú antes de la pandemia, los está arruinando el Congreso actual por su «cortoplacismo, clientelismo, y el desbocado populismo». Si así es, su fúnebre presagio es peor que el coronavirus. Un Perú debilitado en su economía quedará para el siglo XXI, como decimos, calato.  

Entre tanto, otro problema, la manera de enseñar en Perú el castellano. Hay confusión en la materia. No existe un solo modo de hablar el castellano. Lo que cambia en los países de la lengua de Cervantes son los usos. Y sin duda, los acentos. Puede que un español no sepa que un peruano no está enamorado sino templado. Que los peruanos no tenemos amigos sino patas. Si eres estudioso entonces te llaman chancón. El peruano no se porta tímidamente, se chupa. Y lo que llamamos cantaleta, los españoles le dicen estribillo. El cocacho peruano de la abuela es coscorrón en la península. Un español no se escarapela, se espeluzna. Podemos seguir, los peruanismos son innumerables. Hay los tradicionales como en el Vocabulario de peruanismos de Miguel Ángel Ugarte, mi profesor de gramática en el Melitón Carvajal. Sí, pues, tuve la suerte de vivir mi adolescencia en la era de oro de la secundaria estatal peruana, antes que se volviera un Ersatz. Es decir, algo que reemplaza, que se parece y no lo es. Como la sacarina en vez del azúcar. Hace rato que lo digo: no es que sea mala esa educación, ha dejado de existir. Hace rato que lo digo, pero seguimos tan panchos pese a las pruebas de PISA, en la cola del planeta.

Ahora bien, lo gramatical va muy lejos. En cada vocablo nuevo asoma un cambio en la sociedad. Lo de acholar deja de ser después del «Cholo soy, y no me compadezcas» de Luis Abanto Morales. En los breviarios de peruanismos se solía decir huachafo por ridículo o cursí. Pero eso era antes de la migración andina y la emergencia de clases medias. Desde los 40 del siglo pasado, el recién llegado a Lima se vuelve mosca, despierto, osado, ambicioso y nace otro vocablo. El achorado. Cuidado, entramos en la dinámica de las relaciones sociales. Eso que necesita explicación, porque no es racional sino emotivo. Y el problema de lo peruano no es la identidad. Es «el otro» (sobre ese escollo trabajo en un libro que será amplio por la complejidad del tema).

La cuestión clave de la sociología en nuestros días, ¿cuál es la idea de sí en un grupo? ¿Cómo se ve y cómo los ven? ¡Qué se han creído! En el turbulento mosaico de culturas que habitan el Perú, país heterogéneo como India o México, las mutaciones sociales producen configuraciones espontáneas. Después del cholo vino el achorado. Ahora bien, a muchos peruanos ese juego de categorías les parece trivial. No es así para Danilo Martuccelli, profesor de sociología en París, que se ocupa del individualismo y resulta que en el Perú actual ve diversos rostros. En Lima y sus arenas, los criollos, la cultura chicha y el achorado con su «humor del aplaste». Ya no es el advenedizo, ni el intruso, como los emigrantes andinos. Martuccelli define al achorado al que «avasalla sin miramientos, por ignorancia, por indiferencia, por buscavidas». No acata además las reglas. Lo que le interesa únicamente es su exclusivo beneficio.

Entonces, se entiende el intitulado de este artículo. La rebelión de las mesas. Es cierto que los informales necesitan salir a comprar cada día. Pero no deja de ser verdad que vienen del mal vivir, pobrecitos. Y su ideología, por decir así, es una confluencia de la informalidad y la costumbre de la transgresión liberticida, algo que sería el paraíso para los ácratas del planeta. Por lo demás, no han recibido nada de eso que se llama Estado. Al menos esta vez, algo de comidas y bonos para sobrevivir. Pero carecen de la educación para salir de la precariedad. Si hubieran tenido estudios, hoy conocerían el misterio de cómo prosperaron las naciones capitalistas desde el XIX a nuestros días. Es sencillo, gracias a los lazos fiscales. Tú me das tributos, yo te hago carreteras, túneles, puertos, escuelas, hospitales. Pero eso es Suecia o Suiza, más lejos del Perú que la galaxia Andrómeda.

En fin, la replana, la jerga, no necesariamente lenguaje para delincuentes, sino las ganas de cada generación de tener claves y secretos. Es la voz de las características particulares. Por ejemplo, nuestra «sociabilidad» que sorprende a Martuccelli. Lo somos, y por eso nos cuesta el confinamiento. Pero,  debo decir que la mejor síntesis de nuestra manera de vivir, la pone en el lenguaje no un sociólogo o un político, sino un poeta, Carlos Germán Belli. En ¡Oh Hada Cibernética!, Belli desentierra la palabra descuajeringados. Gran peruanismo, más fuerte que despelote, para casos menores. O descomputarse (Hevia). Quiere decir que vivimos en el caos. Yo lo llamé, veinte años atrás, anomia. Ausencia de reglas. Y así no se sale de pobre.

El tema de las «discriminaciones lingüísticas», me llega de parte de un amigo que teniendo hijos para la escuela primaria, se inquieta que las clases a distancia no «corregirán los defectos». Yo también me indigné. Pero no eran las formas provincianas de hablar. El error está en no hacer la diferencia entre acento y reglas. Acento tiene el mexicano, el argentino, y lo tenemos nosotros. El cusqueño, el limeño, el loretano. Otra cosa es que el castellano tenga diversos nombres para la misma cosa. He sido por unos años, periodista en España. Y el director de la revista en la que trabajaba, «bueno, Neira, el artículo está bien construido, pero ahora ¡tradúcelo al castellano, coño! Ellos cogen las cosas, nosotros las agarramos (pero no tenemos garras¡!). No dicen carro sino auto o coche. Un español se pone de pie cuando un latinoamericano se para. En la lengua corriente pararse es detenerse. En fin, un ejemplo. En Madrid, para cruzar una avenida, el letrero para los transeúntes, de ser a la peruana, sería, «apriete el timbre y pase la calle». Para los madrileños, «pulse el botón y atraviese la calzada». ¿Cuál es el mejor? ¡No lo hay! Las lenguas son variadas como la vida y tienen modificaciones que solo se nota con los siglos. ¿Podemos acaso leer a un autor del Siglo de Oro y entenderlo? Puede que sí, puede que no. La mujer que dice «que ya entiendo lo que demandades: non es desseosa de amar», es la vaquera de la Finojosa que le dice nones al Marqués de Santillana¡! Incidente que se vuelve poema (no se dice deviene), un clásico del castellano antiguo.

Conclusión, nuestro argot o jerga, cumple una tarea social: comunica. Pero escribir es otra cosa. Lo hacemos para una vasta comunidad lingüística. Igual que en matemáticas, artes y pintura,  corregir es necesario ante las reglas estrictas de la gramática. Cuidado con esa tendencia al facilismo. Por lo demás, ya es tiempo que vuelva para los escolares peruanos la gramática desaparecida por el capricho de unos cuantos. Hace 30 años. Me dicen que solo un 3% consigue entender hoy un texto escrito. Después de eso, ¿reclaman tener congresistas cultivados?! La solución es simple, falta un Senado.

Publicado en El Montonero., 18 de mayo de 2020

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