Está en los diarios, en la
angustia y conciencia de todos. «Caos total en Santiago: incendios, desmanes y
saqueos alargan la jornada de evasión masiva en el Metro». Me explico, como
todo periodismo se habla en código y para mis lectores limeños, debo explicar.
Cuando se dice «evasión», en chileno, quiere decir que no pagas el precio de un
transporte. En cuanto al «estallido social» tiene fecha de nacimiento, viernes
18 de octubre del 2019. Y es heterogéneo, o sea, diversos sujetos sociales. Los
encapuchados, pequeños grupos, son los que rompen e incendian. Luego, gente de
marchas pacíficas, llegaron a un millón el 26/10. Hay gente que sale a dar un
cacerolazo en alguna plaza. Pero quienes inician el estallido fueron menores de
edad, escolares que evadieron masivamente el metro, días antes del 18 de octubre. Y continuaron
para no pagar en las carreteras, quemando peajes. ¿Y eso fue todo? No señor.
El descontento de los
ciudadanos, ese día, se traslada a las calles, al eje Alameda, como quien dice,
la vía expresa de Lima. Un eje central. Entre tanto, los encapuchados meten
fuego a las estaciones del metropolitano. Se
incendian unas 10 estaciones, desde metro Trinidad, a Los Quillayes y
Santa Julia, las líneas 4 y 4A, y línea 5. Todavía no se han reconstruido, porque
puede que vuelvan a incendiarlos. ¿Y eso es todo? Los ataques al metro,
desembocan en el saqueo de locales comerciales, de tiendas, muchas de ellas muy
modestas, o sea, por la tarde, entraron a robar masivamente en las calles. Por
lo demás, por las redes sociales, se supo que al presidente de la República de
Chile lo ampayaron en un restaurant llamado Pizzería Romería de Vitacura (una
comuna residencial parecida a un ‘Asia’ para muy ricos bastante lejos del
centro). El caos reinaba en Santiago pero Piñera festejaba su cumpleaños con su
familia. Lo cuento porque todo el mundo ha sido tomado por sorpresa. Cierto,
después se ha puesto a ‘monitorear’ la situación. De paso, por qué usamos eso
de ‘monitorear’, lo usaba Alejandro Toledo, que sabe más el inglés que el
castellano. Podemos decirlo sin esa huachafería, dirigir, mandar, organizar, lo
de ‘monitorear’ es un anglicismo innecesario.
Han pasado 70 días. Tengo
dos maneras de describir algo al amable lector. La más fácil, decir cuánto ha
perdido Chile por ese estallido. Decir, por ejemplo, que los destrozos ocasionados
por los incendios y saqueos de tiendas se eleva a 900 millones de dólares.
También puedo decirles que las empresas afectadas son por lo menos 10 mil, el
equivalente a nuestras pymes, y muchas han quebrado. Y han dejado sin empleo a
400 mil chilenos y chilenas. Es obvio que el PBI ha retrocedido. Pero, no sé,
es la manera como los economistas explicarían el tema caótico. Pero yo quiero
contarles cómo es vivir en una capital caótica, en lo que era una de las más
racionales y estables de la América Latina, el país mas suizo, y hoy el caos. Como
su nombre lo indica, es esto y lo otro. Lo que funciona y lo que no funciona. El
azar. Lo aleatorio. ¿Buscan su Lenin? No, ya tienen su Bakunin. Su Kropotkin.
Me he puesto a escarbar —yo soy calle y archivos— y resulta que anarquistas ha
habido en Chile de 1850 a 1950. Y hoy, una Internacional de los que se llaman
libertarios. Algo tuvimos de eso en los días de SINAMOS. Pero eso es otra historia.
Delgado, Llosa, Carlos Franco. Yo mismo. Amábamos las cooperativas, «la
propiedad social», una utopía libertaria.
No todo libertario es un asesino ácrata. Son los que no creen ni en los Estados
capitalistas ni comunistas. Parece que eso es lo que está volviendo, el Estado
social. En fin, volvamos a Santiago.
Les cuento cómo es hoy
cruzar sencillamente una calle llena de automóviles. Santiago no es una ciudad
de Irak o de Siria, pero reina la anarquía. ¿Qué ha pasado? Se han cargado los
semáforas en cada esquina, quedan los cadáveres metálicos de los focos que nos
decían a los peatones, verde o rojo, y eso, ya no lo hay. ¡Los han roto! Seguro
que Max Hernández me diría que es un símbolo de castigar al padre, al orden, a
la ley. ¿El anarquismo es el infantilismo de las izquierdas? Después terminan
dándole poder a nuevos padres, esta vez autoritarios. En fin, estoy trabajando
en mi casa, y se me acaba el papel. Salgo a la calle pero dudo que la tienda de
artículos de oficina esté abierta, por temor a los saqueos. O bien, abre de tal
hora a tal hora. Estoy diciendo, amigo lector, que imagine una avenida de Miraflores,
como la Diagonal frente al parque Kennedy, que tenga 7 tiendas cerradas sobre
10. Así están las calles comerciales de Santiago. Además, han aparecido unas
cortinas que casi todos los comercios han adoptado, son unas enormes puertas de
acero que se pueden cerrar en segundos. El problema es que no hay sitio para
las vitrinas. Y se imaginan ustedes, ¿sin vitrinas? Los comercios medianos, se
han hundido. Y además, medio Santiago esta lleno de grafitis, con letreros como
«paco culeado». Lo de ‘culeado’ es un insulto chileno. Paco es carabinero,
policía. Les tienen odio. En un país tan formal como el chileno, el carabinero
era temido y a la vez admirado. Pero hace unos años, se descubre corrupción
entre ellos, y de entonces, perdieron crédito y de todos modos, les recuerdan
los años de Pinochet.
Yo podría decirles a mis
lectores que todo arranca de temas precisos, el fastidio por las pensiones para
jubilados que no alcanzan para nada, los impuestos que al presidente Piñera se
le ocurrió imponer sobre el agua, la luz, y otros menesteres. Y las grandes
desigualdades en Chile, en especial, en materia de salud y educación. Se sabe
que los precios para una clínica o una buena universidad son equivalentes a los
de los norteamericanos. Y por mucho que las clases medias hayan mejorado en los
últimos años, la media del producto personal es 15 mil dólares (nosotros
estamos por los 6 mil) y un americano, por los 59 mil. O sea, inalcanzable para
el chileno de clase media. El malestar social ya lleva sus 30 años. Y es la
calle la que le ha dicho ‘no’ al sistema.
Pero ahora viene lo bueno.
Les ruego a los diagramadores de El
Montonero pongan las portadas de los libros que he encontrado en las
librerías de Santiago en los inicios de este artículo. Los intitulados son los
siguientes: Malestar social y
desigualdades en Chile, de Antonieta Vera Gajardo. Amigo lector, eche un
ojo al año de edición, ¡2017! Y no es el único: de Carlos Rivadeneira Martínez,
Aquí se Fabrican Pobres. El sistema
privado de pensiones chileno. Otra catastrofe social «que no garantiza
ningún bienestar en el tercio de sus vidas». Ese libro es una tesis, también de
2017. Un tercero, de Kathya Arauco, psicoanalista, Habitar lo social. Usos y abusos en la vida cotidiana en el Chile actual.
Y saben de qué año, nada menos que en el 2009, en una serie de LOM Ediciones
dirigida por ella y Danilo Martuccelli. Tres libros y un cuarto, que es
aplastante, Chile concentrado (2016).
Es una investigación de varios autores sobre el modelo económico. Iniciada por
Pinochet, con la reprivatización de casi todas las empresas, se ha formado «una
economía oligopolizada». Chile no tiene sino un 9% de pobreza. Lo que ocurre es
una rebelión de las clases medias¡! Por
otra parte, había señales de lo que hoy es caos. No me sorprende que la clase
política en el Perú no lea, ¿pero en Chile?!
Leo los diarios
santiaguinos. No dicen nada de lo que dicen los sociólogos, politólogos y
economistas de los libros señalados. ¿En que confían los sordos diarios? En la
aplicación de nuevas tecnologías. Pero no faltan cabezas sensatas que provocan diálogos
entre algunos partidos. Pero entre tanto, la oposición produce acusaciones
constitucionales contra carabineros y los intendentes (el equivalente del
prefecto, de otras épocas). Incluso la ONU ha intervenido diciendo que
Chile debe atenerse a las reglas internacionales, y frenar el uso de balines y perdigones. Es
cierto que hay 170 personas con traumas oculares. Pero también acaban de dar
una prisión preventiva para un sospechoso por quemar la iglesia de Carabineros
San Francisco de Borja, hace pocos días.
Haré ahora la pregunta
esencial, ¿por qué tanta desigualdad en los países de América Latina? ¿Qué
continente es este que tiene modernizaciones sin modernidad? Me parece mentira,
la situación de Chile me recuerda a Basadre calificando las clases sociales
durante la República peruana. «Desaparece la aristocracia colonial peruana; y
después del empobrecimiento con la guerra de caudillos, la formación de un
sólido grupo plutocrático.» Nunca tuvimos una burguesía moderna.
Entonces, ¿no hay clases
dirigentes en nuestros países? ¿Solo enriquecimientos ilegales en el Perú,
vendido y dominado por Odebrecht? Y en Chile, ¿no han podido establecer el muy
conocido sistema alemán Mittelstand? «Consiste
en firmas medianas en oposición a las grandes corporaciones multinacionales». ¿Por
qué ese sistema alemán es más eficaz? «Porque toman decisiones a largo plazo» (Chile concentrado, p. 44). El tema es
largo. En la próxima semana les contaré
lo que hacen las instituciones en los preparativos para abril sobre la nueva
constitución. Y cómo sigue el caos.
Chile no es sino un caso. El
gran problema mundial es el de la desigualdad. Ya no es la pobreza. Lo que
ocurre está más allá de la derecha y la izquierda tradicionales. La gente no
quiere esperar tres generaciones para salir de la pobreza. Y ocurre entonces,
lo que Iván Degregori llamó, ante Sendero, «los hondos y mortales
desencuentros».
Publicado en El Montonero., 6 de enero de 2020
https://elmontonero.pe/columnas/chile-cronica-de-un-estallido-enorme