Homenaje al 8 de marzo. Miriam Jerade: «La mujer y la filosofía»

Written By: Hugo Neira - Mar• 12•18

Las manifestaciones por el Día Internacional de la Mujer han sido impresionantes. En Polonia, Turquía, Argentina, EE UU, solo en España han desfilado en las calles de 49 ciudades. Me conmovió. Pensaba por mi parte, pobre de mí, escribir en esta columna algo sobre tres mujeres que siempre he admirado y que a ratos, transitan por mis libros. Lou Andreas-Salomé, la joven rusa que fascinó a Freud, a Nietzsche. Margaret Mead, la antropóloga de Sexo y temperamento, en Samoa. La tercera es Simone Weil, laica mística, se dedicó a salvar obreros dándoles conciencia de sí mismos. Y en eso, hojeando una revista mexicana, Nexos (revista magnífica, de esas que no tenemos), me doy de narices con un texto excepcional. De una mujer, sobre filosofía y los olvidos de Marx. De modo que decidí dejarle mi espacio a Miriam Jerade, mexicana, filósofa. Francamente, un texto riguroso, original, el problema del trabajo doméstico que Marx y en general los varones, nos hemos saltado a la garrocha. El amable lector apreciará su calidad y su franqueza (HN).

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«Cuando Marx expone en El capital su (vaga) definición de la explotación a partir de la noción de plustrabajo —esa parte de la jornada laboral que no se remunera y que genera plusvalía—, no toma en cuenta un componente fundamental de la vida del obrero. Para que este perciba un salario, hay generalmente una mujer que se encarga del cuidado de los hijos, de tener la comida lista y de lavar su ropa para que regrese al día siguiente a cumplir con el trabajo. Cuando la filósofa María Pía Lara le preguntó sobre esto a Frederick Neuhouser de la Universidad de Columbia durante su reciente visita a México, él le respondió que la razón por la cual Marx no habla de ellas es porque, para entender el capital, solo interesa el trabajo asalariado.

No obstante, podemos afirmar que ese trabajo no remunerado e ignorado (no solo por Marx) es el que sostiene al capitalismo. Y que quizás, como lo querían Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin en la II Internacional, mediante la reivindicación del trabajo de las mujeres, remunerado o no pero generalmente precarizado por las relaciones estructurales de poder, se podría enarbolar una crítica a las violencias del capitalismo que por lo general se encubren en el discurso de una lógica de mercado, y así irrumpir e interrumpirlas. Históricamente, el 8 de marzo recupera estas dos dimensiones: la de la lucha de las sufragistas y las sindicalistas de principios del siglo XX que reivindicaban a las mujeres trabajadoras, y el reconocimiento de ese trabajo de cuidado que Marx ignora flagrantemente. La celebración de este día tiene su origen en 1857, con una serie de manifestaciones de trabajadoras textiles en Nueva York que pedían mejores condiciones laborales y exigían derechos. A principios de siglo XX, el movimiento conquistó el derecho al voto para las mujeres. En ese sentido, el 8 de marzo es también un recordatorio de que las mujeres se pueden unir para hacer cambios políticos y tomar la plaza pública; lograr una construcción distinta del espacio público, mostrarse desde la vulnerabilidad de sus cuerpos para indignarse y manifestarse contra las violencias que viven. Esto es importante en un esquema en el que las mujeres han sido confinadas durante siglos al espacio de lo privado, a la casa concretamente. La lucha internacional o transnacional que exigían las mujeres de la II Internacional para reivindicar el papel de las mujeres en la sociedad se revive este año con la convocatoria al paro que asumiremos mujeres en más de cincuenta países.

Las reivindicaciones del 8 de marzo están atravesadas por cuestiones filosóficas: la necesidad de reconocimiento, el trabajo como un fenómeno vital y social que implica al cuerpo, la maternidad como cuidado del otro, las relaciones estructurales de poder del patriarcado, o las violencias y las violaciones que padecen las mujeres de manera constante y que permanecen tan invisibilizadas como su trabajo. En este sentido, es un prejuicio creer que la filosofía se decanta por abstracciones y se aleja de las cuestiones políticas; esto me hace recordar a Hannah Arendt, quien terminó por decir que ella no era filósofa sino teórica política. La filosofía está lejos de ser contraria al activismo, pues permite percibir ciertas violencias que se toman por legítimas o se tornan invisibles para articularlas en un discurso. A pesar de ello, es cierto que en la filosofía las mujeres han estado infrarrepresentadas y que persiste la imagen del filósofo como la de un “hombre inteligente.” […]

Lo que es relevante de la movilización de este año e importante para pensar desde la filosofía, es que hoy será un día de feminismo para el 99%, como lo han proclamado algunas teóricas norteamericanas. Esto quiere decir que la convocatoria no responde a un feminismo hipócrita de mujeres que tienen en casa a otra mujer realizando trabajos del hogar y la labor de cuidado sin derechos laborales, sin jubilación, sin tiempo de ocio. Es una movilización sobre todo para las mujeres pobres, las de bajos salarios, las que hacen trabajos de cuidado no remunerados y esencialmente precarizados: las trabajadoras del hogar y las trabajadoras sexuales. Este año se llama a una movilización que trasciende por mucho los reclamos que le hacíamos a Marx. Será una movilización en contra de la violencia estructural que se apropia del cuerpo de las mujeres. Una movilización, una alianza de cuerpos o cuerpas o cuerpes que salen a la calle para inaugurar espacios políticos.»

Miriam Jerade, Doctora en filosofía. Profesora en la UNAM.

Revista Nexos. México, 8 de marzo de 2018

 

Publicado en El Montonero, 12 de marzo de 2018

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Televisión y dos políticos peruanos

Written By: Hugo Neira - Mar• 05•18

Estando en el extranjero, no dejo de leer diarios peruanos. Y lo que no he dicho hasta ahora, veo entrevistas en la televisión a personalidades. No todas. Con internet el mundo es un pañuelo. La mayoría del tiempo lo empleo, como puede suponerse, en mis quehaceres intelectuales.

Voy a opinar. Estrictamente, una “opinión no es sino una expresión oral o por escrito” (Diccionario Casares). O sea, no es gran cosa. Voy a opinar, sin embargo, dejándome llevar por lo que se llama una impresión. Algo que he visto y oído, algo sin duda subjetivo, pero los seres humanos, además de conciencia y conocimientos, tenemos instinto. Y el periodismo —y la política— desarrollan esa tercera herramienta.

Vamos al grano. He escuchado a Keiko Fujimori cuando, con un grupo de personas de su partido y ante los periodistas, daba su parecer sobre las declaraciones últimas de Barata, que la excluye. Y he visto la entrevista a Gregorio Santos hecha por Butters. Ahora bien, como se sabe, o debe saberse, yo no estoy ligado a ningún partido. De modo que si me equivoco, es algo que asumo personalmente. Como en los suicidios, “no se culpe a nadie…”.

Comencemos por Keiko. Estuvo sonriente, tranquila, saca unos papeles y emite un mensaje calmo y breve. Unas sonrisas, y la cosa se acaba. Ni un ¡viva el Perú!, nada. ¿Qué es lo que no va?

– En primer lugar, se trata de alguien que ha recibido 8’549’205 votos en la segunda vuelta electoral del 2016. El 49,42%. La diferencia con PPK fue de 42’597 votos. 0,2%. Una ñizca.

– En segundo lugar, Keiko ha sido la víctima de una de las más feroces campañas de demolición personal en diarios y medios y redes sociales. Y hoy, cuando sale Barata a decir que ni la conoce, ¿hace un discursito light?

Quien haya visto esa conferencia no la puede tomar como un acto político. Más parecía una reunión de club o de alguna empresa. Y si no se supiera de lo que se trata, por ejemplo, un corresponsal venido de Finlandia, pensaría que era una notaria, una médica, por la frialdad. Mal camino. La “niña buena” —que le han recomendado— era para sus años en el Sagrado Corazón de la Recoleta. Hoy, no va a convencer a sus detractores y más bien va a perder, inevitablemente, simpatizantes. La política es agon, decían los griegos, es decir combate. No malacrianza pero sí pasión, coraje, e incluso el derecho a indignarse. En mi modesto entender, era el gran momento.

¿Qué pasaba si salía y decía lo siguiente: “a los ocho millones de peruanos que votaron por mí, les puedo decir que no los he traicionado”, o algo por el estilo. Un político —lo que se llama un “animal político”— no hubiera perdido la ocasión para enfrentar a sus rivales, tal vez con una sonrisa sardónica, o una broma. Caray, ¡era una hora de triunfo! No ha recibido dinero, ella¡! Yo imagino en la misma situación a Nadine Heredia. A Meche Aráoz. A la ministra Aljovín. Me imagino, en cualquier escenario, a Mélenchon, el francés, si durante dos años lo han jodido acusándolo de gánster, lo que hubiese dicho en la Plaza de la República a jueces y periodistas: ¡incendios! OK, me van a decir, Keiko no quiere mostrarse agresiva porque confirmaría la etiqueta que le han colgado en el cuello, “hija de autoritario”, entonces, “autoritaria”. Puede ser, pero hay que ir contra los prejuicios. Una pregunta: ¿por qué lee? En su campaña no habló sin papelito (¿?)

Para ser totalmente sincero, ella y el grupo se olvidaron de algo. Del pueblo. Había que preparar ese acto no solo para los privilegiados congresistas sino para una muchedumbre desparramada en el país enorme y fragmentado que es el Perú. Si hacen política, si viven de ella, lo cual es legal, deben pensar todo el tiempo en los que votaron por ellos. Se olvidaron de eso. Y se dicen un partido “popular”. Yo vi un grupo burgués muy satisfecho de sí mismo.

Lo que Keiko me produjo cabe en una sola palabra, decepción.

En cuanto a Gregorio Santos, sabemos quién es. Ha sido no solo Presidente Regional de Cajamarca sino que lo han reelegido cuando estaba en prisión. Sabemos que paralizó el proyecto Conga y que se ha bancado 14 meses de prisión preventiva. Famoso lo es. Wikipedia: “una de las figuras actuales de la izquierda peruana”. También se apellida Guerrero, pero no se le nota. Lo he visto en el programa de Butters, que lo revolcó, sin dejar de tratarlo con amabilidad. Lo que yo vi fue alguien escurridizo, sacando el cuerpo todo el tiempo a las preguntas. Butters le pide que diga qué cambiaría en la Constitución de la que ‘Goyo’ despotrica. ¡Pero no dijo nada! ¿Y su partido se llama “democracia directa”? ¡Uy! Qué de silencios y disimulos… Qué olores a sacristía.

La mala impresión que me deja Santos se llama desconfianza.

Es usted radical, dígalo Santos. No le fue mal a Alfonso Barrantes por ser sincero. Le recomendaría que pase un tiempo en una barriada de Trujillo, o en San Juan de Lurigancho. Costa, no solo la sierra cajamarquina. Hay otras culturas en nuestro país, de criollos, de cholos urbanos. Sin tantas dobleces. A los ciudadanos, como están las cosas, no se les puede seguir diciendo medias verdades. ¡Ni siquiera pudo decir que era candidato!

A Keiko, su educación y autocontrol, el peruano de a pie los toma como debilidad. Y hable señora, no lea. Muestre sus emociones, eso es política aquí y en la Cochinchina. Y acuérdese de Vallejo, cuidado “con las crepitaciones de un algún pan que en la puerta del horno se nos quema”. Líbrese de esos “heraldos negros” —sus consejeros— que la están volviendo una lideresa encuevada.

Publicado en El Montonero., 5 de marzo de 2018

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Capitalismo. “El gato de siete vidas”, y Ramón Tamames

Written By: Hugo Neira - Feb• 26•18

Vamos a ocuparnos de un libro cuyo autor, no lo escondo, es amigo mío. Y de unas “circunstancias”, para no olvidar a Ortega y Gasset. El hombre “es el yo y sus circunstancias”. Lo tengo clavado no sé si en el cerebro o en el lugar de la conciencia. Ahora me explico por qué los nazis y los estalinistas —si te salías de lo “políticamente correcto”— te enviaban al otro barrio con un tiro en la nuca. Pero no hablemos de cosas feas. El libro se titula El último siglo económico. Su autor es Ramón Tamames. Español que estudió economía en donde se tiene que estudiar, en la London School of Economics. Y luego, además de ser catedrático en la Autónoma de Madrid, tomó la postura más sana en los decenios del crecimiento económico compulsivo de Francisco Franco, o sea ser comunista. No se decía de izquierda, eso vino después. Nada que ver con los años duros.

Hablaré del libro y del amigo Tamames, entre los que se enfrentaron al franquismo cuando Franco vivía, cuando nos conocimos. Vargas Llosa llegó después, cuando la mesa estaba servida. A Tamames hoy lo invitan a todas partes para dar conferencias. Y puede estar en Asia o cualquier confín del mundo, igual me informa de sus recientes textos. Y Claire lo pidió a Amazon. Es un libro pequeño y sabio. En 154 páginas está todo. Lo que se llama todo. Taylorismo, fordismo, el New Deal de Roosevelt, Keynes y Schumpeter. Marshall y Gorbachov, Mao y Milton Friedman. El hundimiento del comunismo y el Muro de Berlín y la China emergente. Y “la exuberancia irracional de la Nueva Economía”. Y “la amenaza proteccionista de Trump” y “África emergiendo” porque China la ha vuelto su campo de experimentos.

Pero alguien me dirá, muy bien, ¿pero qué hacemos ahora? ¿Y qué es lo que está pasando? No me tomaría el trabajo de comentar a Tamames si no trajera, además de la síntesis, algo nuevo. El libro trae la imagen de un gato, una metáfora, “las siete vidas del capitalismo”. Mala noticia para los marxistas congelados o los liberales altaneros. Tamames ha estado hace poco en el Acuerdo de París, 2015, convocado por Naciones Unidas, para pensar cómo frenar el calentamiento global. Sostiene que ha muerto hace rato el capitalismo manchesteriano. Y la complejidad del mundo la abraza a partir de tres categorías. A saber, SEM. Luego, EB y luego SOS. ¿Qué es SEM? La economía mixta. ¿Lo ha leído bien el lector? Ha dicho mixta. Y lo que sintetiza en EB es el Estado de Bienestar. No lo dice, pero se me ocurre, los escandinavos, los canadienses, etc. Luego se agrega SOS (sostenibilidad), es decir, otra forma de organización de las sociedades actuales. ¿Lo ha escuchado así por estos lares? Ha dicho “Estado” y ha dicho “Bienestar”, no de unos cuantos, sino educación, salud y seguridad para todos. ¿Qué horror, no? Para los de abajo, los pobres, los cholos, con bajísimos salarios.

A propósito, ¿qué le pasa a la bancada de Fuerza Popular? Con eso de los muchachos, trabajando gratis por tres años, so pretexto de aprendizaje, ¿están volviendo a reinventar el cholo barato? ¿Están mal de la cabeza, o qué?

Volviendo a Tamames, lo conocí en el diario “Madrid”, yo era parte de ese diario de oposición al gobierno de los últimos años de Franco. No pueden imaginarse cómo era eso. Cada mañana, se enviaba un ejemplar al Ministerio de Información y Turismo que se ocupaba de la censura de prensa, y entonces un censor se leía lo que íbamos a poner en las calles, tomándose un chocolate con churros, desayuno muy madrileño, y diciendo a su capote, “vamos a ver qué han escrito los cabroncetes del Madrid”. Y si no le gustaba algo, una línea, cogía un teléfono especial, llamaba y decía “el diario no se mueve”. Y venía a los minutos una caravana de la policía y se llevaba la edición entera. ¿Y por qué yo andaba en el Madrid? Eso se los cuento otro día. Solo decirles que de esa vida mía, que ya va para larga, me hice, por el azar de las cosas, de amigos, pero de verdad. No por Facebook, Twitter, amistades fantasmales aunque sumen millares. Soy capaz de viajar para encontrarme con amigos de carne y hueso y conversar y tomarnos un café (casi digo, sin bizantinismos). El culto a la amistad, por ejemplo con Jorge Nieto, que tuvo la gentileza, cuando era ministro, de presentar uno de mis libros en público. Tamames es uno de ese tipo de amigos.

¿Saben qué pasa? Hubo una época en que se militaba. Es decir, compromiso y riesgo a fondo. Por eso los amigos que uno se hacía, son de una nobleza ya casi desaparecida. A Tamames no le importo nunca el qué dirán. Fue comunista y deja de serlo ante la mutación del mundo. No pasó de sectario de la revolución a sectario del todomercado. De un –ismo a otro –ismo. Qué fácil. En cuanto a los que ahora somos, poco importa. Nos interesa lo real. Las sociedades cambian. En el Perú, nos han cambiado el pueblo. En suma, hemos entrado a una nueva era. Pero solo con el vientre y no con la cabeza. En fin, pienso que “lo liberal” y “lo social” tienen nexos. De eso, ya hablaremos.

Tamames les invita “de una sentada”, dice, a enterarse. De esa economía mixta (o social). En Lima nuestros tecnócratas solo escuchan a los economistas del FMI y el Banco Mundial. Hay otros capitalismos. Sean humildes. Lean.

Publicado en El Montonero., 26 de febrero de 2018

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Cumpleaños del Tucán. Vítores por un liberal de verdad

Written By: Hugo Neira - Feb• 19•18

Hay muchos temas por comentar. Por ejemplo el hecho que Kim Jong-un anuncia una posible “reconciliación” con Seúl. Está conmovido por la recepción que ha tenido en Pyeongchang la delegación norcoreana en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno. Lo del diálogo puede ser una “apertura” comercial. Corea del Norte está estancada. Lo que de ninguna manera comentaría es si PPK sí o no vacancia. El tema, de tan manido termina por “romperte las pelotas” como dicen los argentinos. Si lo pongo en criollo, es más soez.

No se hagan ilusiones. Les cuento: en los inicios de los ochenta, viniendo de Francia como siempre, vivían todavía mis padres y vine también a ver a mis amigos, en el CEDEP, en 6 de agosto, me recibe Francisco Guerra García y hablamos de ese segundo gobierno de Belaunde. Le pregunto su opinión y me dice que, habiendo hablado con mucha gente —mis amigos del CEDEP eran de los más abiertos y sociales y conversaban con gente muy diversa— la opinión generalizada era que ese gobierno no duraba. En los kioscos se lucía una entrevista, en El Espectador, de alguien que no quiero mencionar ahora, por amistad, alguien muy talentoso pero fatal en conjeturas, convencido de que Belaunde “estaba con los días contados”. No me parecía, hay gobiernos que no hacen gran cosa pero no se caen. Le dije a Pancho que ese régimen, con toda las cargas y defectos, iba a ser el primero en entregar la banda presidencial a un candidato también elegido en urnas. Y fue así. En 1985, Belaunde se saca la banda y se la pone Alan García.

Al iniciar esta semana, el tema central es Luis Bedoya Reyes que cumple años. Decir en cuanto aprecio su vida y conducta, está de más. Ya lo dije en el prólogo de La palabra del Tucán. A pedido de Bedoya Reyes, qué honor, y por amistad a Harold Forsyth, quien hizo las preguntas en esa vasta y excepcional entrevista, y las respuestas, claro está, del Tucán, sin ambages, pese “a la tortuosa y zigzagueante historia del Perú y la vida política y sus contravueltas”.1

Dije en ese prólogo que tuve la impresión “de atravesar diversos patios y jardines e ir a dar a una glorieta amable donde dos amigos conversan, y uno de ellos, en especial, cuenta su vida. Y entonces el lector no es sino el afortunado invitado. Hay diversas maneras de abordar un tema biográfico. En el caso presente, de modo excepcional. La vida entera de un testigo histórico, que a sus años —nacido en 1919— guarda por entero su cabeza y lo que cuenta más, su carácter. Luis Bedoya Reyes con el mejor de los talantes, se prestaba a ese largo ejercicio de rememoración y franqueza. Destaco desde las primeras líneas lo esencial, su franqueza.” 2

Y pensándolo bien, lo que quiero decir a Luis Bedoya Reyes es que encarna, quiérase o no, una tendencia poderosa y mundial, el liberalismo. Pero a los liberales de hoy, les pasa lo que les pasó a los socialistas de otrora, eran tan variados que terminaban por perderse o contradecirse. ¿Liberales por valores? ¿Liberales por negocios? De lo primero un ejemplo, Raúl Porras, se había buscado como auxiliares a Araníbar, Vargas Llosa, Pablo Macera y el que escribe, y francamente, a los veintitantos años, éramos de una insoportable intransigencia doctrinaria. El liberal era Porras. Un día Scorza, en París, escuchándome cómo fue aquello en la casa Colina, me sale con una de esas cosas que lo volvían filósofo: “Entonces, Hugo, ustedes han tenido una doble estrella. Uno, tener un maestro. Dos, un maestro que no teniendo una ideología, los dejó pensar”. Sí pues, nos salvamos de “la celda de conceptos” (Octavio Paz).

Lo segundo, “liberales por negocios”, Pedro Beltrán y desde el eterno complot, Eudocio Ravines: El Camino de Yenán (1951). Mucho antes que Margaret Thatcher, “la dama de hierro”, y Ronald Reagan y “la revolución conservadora”.

Amigo Bedoya, ¿no le parece que hubo un liberalismo que del XIX al XX, venía de Adam Smith, y durante siglo y medio, en las naciones avanzadas, permitió un equilibrio entre mercado y Estado? ¿Adam Smith y Marx, reconciliados? Eso fue la edad de oro del capitalismo social, en especial, europeo. Hemos visto, usted y yo, cambios increíbles después de los noventa. Quién podía adivinar que mil millones de seres humanos iban a dejar la negra miseria para ser parte de las clases medias, en China, India, África y en parte América Latina. Pero de otro lado, ¡qué enormes riesgos! Hoy las corporaciones de la globalización mundial someten por doquier la política a la economía. A toda política. No piense usted que se me ocurre, lo dice Bénéton, filósofo, economista, no es anglosajón sino europeo y afirma que “el liberalismo despolitiza”. Hay liberales de los derechos civiles. Y hay un liberalismo dogmático. Por momentos, a esos, no los veo distintos de los antiguos stalinistas. El “pensamiento único” cambia de cancha, pasa de la izquierda a la derecha, y lo pudre todo.

¿Por qué no hay en Perú, un partido liberal? Y del aprismo y de una buena parte de la izquierda, ¿cuándo un partido socialdemócrata? Debe haber una salida que no sea ni Trump ni China popular. En fin, lo mejor en este aniversario, amigo Bedoya. Pero déjeme decirle, usted debería estar, aunque fuese a ratos, permanentemente en un Consejo de Estado. Cómo se nota en esta trasegada democracia, la ausencia de los mejores.

1 Amable lector, en venta en los mejores establecimientos del ramo.

2 ¿Cómo? ¿Todavía no ha salido corriendo a adquirir el libro del Tucán?!

Publicado en El Montonero., 19 de febrero del 2018

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¿Maduro? El capítulo que se le escapó a Borges

Written By: Hugo Neira - Feb• 12•18

Maduro. Que venga. Que se le conozca. Que los peruanos, y no solo la clase política y los Jefes de Estado, lo escuchen. Esto de las ventajas de la palabra, lo inventaron hace siglos los antiguos griegos, y no por sabios sino por astutos. Inventaron el ágora. El pez por la boca muere. A Maduro hay que escucharlo. Borges escribió Historia universal de la infamia. Se perdió la suya.

No solo es el presidente de un país sudamericano sino una suerte de virrey. Quien manda en Venezuela no son civiles sino el ejército venezolano —hay que ver qué orgullo de esos generales cuando toman la palabra, por cierto no hacen cola en los supermercados— y a estos cuadros, los vigilan algunos miles de cubanos armados hasta los dientes. No son los venezolanos que mandan en Venezuela sino los herederos de Fidel. La isla tiene una colonia sudamericana, pocas veces se ha visto esta recolonización espectacular. ¿Y vamos a perdernos la ocasión de ver al representante de una doble función?

Que venga a Lima, que soporte las marchas que harán millares de venezolanos que han tenido que dejar su patria que está patas arriba. Y acaso no solo el gesto de protesta sino subirse, cada dos calles, a un improvisado proscenio. Y explicar lo que está pasando en Venezuela. No es que sea un país pobre, la escasez es un arma de castigo a los opositores y a la vez de reclutamiento, bolsas de comida. Una infamia deliberada del genio de Maduro y sus compinches. Entre tanto, cada día, por lo menos 37 mil venezolanos pasan la frontera para ir a comprar un poco de pan. Muchos de ellos, no vuelven más.

Venezuela fue un país excepcionalmente rico. El petróleo. Lo hunde primero la corrupción (Carlos Andrés Pérez). Luego, la clase política entera ante Hugo Chávez, en 1998, y en el 2006, con un 60%. Chávez nunca pensó que el cáncer tuviera la última palabra. Indicó a Maduro como sucesor y fue su peor error.

¿Y sabe el amable lector cuál es el método Maduro? Llevar a Venezuela a la frontera misma de la extrema necesidad. Un ser humano, chavista o antichavista, tiene que comer. Y en Venezuela no es una cuestión de la relación de los bolívares con el dólar, aun con 500 mil bolívares por 2 dólares (!) No es que tengan o no dinero, ¡no hay comida! Hay una brutal escasez. Entonces, si quieres comer, lo mejor es pertenecer al sector de la población que respalda al régimen de Maduro, y que recibe, de parte del gobierno, bolsas de comida. Señor Maduro, todo se sabe. Cómo utiliza los llamados consejos comunales, los denominados Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), son quienes reparten alimentos, en las zonas populares. Para comprar comida —no la regalan— hay que tener “carnet de residencia”.

Vamos, Presidente, venga a Lima. Que lo entreviste César Hildebrandt, Milagros Leiva, si todo eso que estoy diciendo en el párrafo anterior, es cierto o no es cierto. Y en NPortada, que diga si es cierto o no que pese a tales presiones, hasta ahora solo apenas un 11% dice apoyarlo. Cómo será la desaprobación que pese a ese control autoritario sobre los alimentos los venezolanos van a los supermercados haciendo colas de 12 horas, o hartos de todo, se van a comprar los productos en el mercado negro, que gracias a su excelente gestión, crece de día en día.

Brillante chavismo, venga por favor, y denos las lecciones que merecemos. Lo que usted ha hecho es genial. Cómo, ¿que no es es suyo? ¿Que es de sus consejeros totalitarios cubanos? Ah, bueno, pero igual, mis respetos. Primero lanza usted un programa para distribuir alimentos a “millones de venezolanos”. Segundo, y bien solapa, usted se agarra gran parte del mercado, con el pretexto del “Precio Justo” y “productos regulados”. Los siguientes: aceite, granos, jugos de fruta, pasteurizados, azúcar, café, víveres, pollo (sí, ¡el pollo!), carne de res, compotas, carne de cerdo, leche, cremas para el cabello, quesos, pan, agua, mineral, pasta, cereales, jabón de baño, arroz, sorgo, suavizantes, enjuagues para la ropa, maíz, harina de maíz precocido, crema dental, pescados, champú, desodorante, pañales para bebé, papel higiénico, máquinas para afeitar, limpiadores, cloro, jabón para lavar platos y ceras para pisos.

Tercero, consigue que la escasez sea la preocupación mayor de los venezolanos: van al mercado, por semana, cuatro o cinco veces. Compran enormemente. Además del acaparamiento de mafias, cada familia, para no volver a hacer cola o porque no son abastecidos los mercados, ¡almacenan en casa! Y entonces todo el mundo se dedica al “bachaqueo”. A revender. Felicitaciones. Usted ha querido combatir el capitalismo. Y ha conseguido mostrar el socialismo de la escasez y un curso acelerado de compra y venta, al final de cuentas. Como dicen mis paisanos, nadie sabe para quien trabaja. Usted los ha entrenado en las delicias del compra y venta. Venezuela, cuando se vaya, será el país más capitalista de Sudamérica.

Venezuela se divide entonces, en tres tendencias. Los que gozan de la bolsa de comida en casa, son muy pocos. Los que van al supermercado, y tras colas interminables por horas (las fotos dan la vuelta al planeta), guardan y revenden. Y los que se van de Venezuela. Aquí, en el Perú los recibimos con los brazos abiertos. Han dejado tras sus espaldas, el deliberado desorden de la economía y la sociedad en Venezuela, y el intento de montar un gobierno rarísimo, que es un zafarrancho de primera. Aunque ese traje oficial que lleva, señor Maduro, parece el de un líder chino o ruso, pero francamente, es el de un actor estrambóticamente vestido en el drama social de Venezuela.

Venga Señor. Venga a explicarnos por qué a los venezolanos que compran en los supermercados y no están en las listas de militantes, les toman las huellas digitales. Lo esperamos.

Publicado en El Montonero., 12 de febrero de 2018

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