La Declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776)

Written By: Hugo Neira - Feb• 24•26

Hacia mayo de ese año, los delegados reunidos en Williamsburg, y mientras esperaban instrucciones de sus propios Estados, confiaron a un comité de cinco la preparación de un documento. Los miembros del comité y delegados eran John Adams (por Massachussetts), Benjamín Franklin (Pennsylvania), Robert R. Livingston (Nueva York), Roger Sherman (Connecticut). En cuanto a Jefferson, representaba a Virginia. El borrador, después de algunas modificaciones, fue casi por entero redactado por Jefferson. La exposición al pleno, al parecer, fue muy solemne, y más de un cuadro de pintura así lo recoge. Se ve a los del comité de pie ante un congreso de notables, todos vestidos con pelucas y trajes según la etiqueta impuesta en la moda por los ilustrados franceses. Todo eso en una ciudad de Virginia. El detalle indumentario no carece de significación, al contrario. Había que convencer a sus aliados europeos que esa no era una declaración “de derecho de ingleses”, sino de convincentes razones. Era una declaración en todo el sentido de la palabra, entre manifiesto y exposición de intenciones, dirigida tanto a la naciente clase política del país como al contexto geopolítico de las naciones europeas. Mensaje a los delegados timoratos que dudaban todavía en una ruptura por completo con Inglaterra, aunque ya estaban en guerra. Mensaje a las potencias “amigas”: no iban a ser colonias de nadie. Entre los tácitos destinatarios también estaban los mismos ingleses, en particular, los Old Whigs; tuvieron una fuerte influencia en la fase revolucionaria de la independencia. Era un misil que partía en varias direcciones.

De ahí, el tono explicativo de esa declaración. “Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro”. El tono solemne estaba destinado a asegurar a unos y otros que no se trataba de una crisis pasajera entre ingleses de cada lado del Atlántico sino de una ruptura: “disolver los vínculos políticos” no es lo mismo que remediar una crisis. Pero el texto prosigue acudiendo a principios universales: “Y en nombre del derecho natural, el más universal de los derechos, tomar entre las naciones de la Tierra el puesto separado e igual al que las leyes de la naturaleza y del Dios de esa naturaleza le dan derecho”. Lo de “separado e igual” era el preaviso, seremos una nación potente. Lo del derecho natural es un golpe de sombrero al tribunal del mundo. Hannah Arendt dirá más tarde que el borrador de la Declaración de Independencia por esa razonada explicación de unos derechos válidos para todo ser humano alcanza su propia grandeza. Será, pues, algo más que una declaración de británicos separatistas o de revolucionarios localistas sino una declaración de un valor ecuménico, no limitado a un solo país, a una sola nación, a una sola revolución. La siguiente parte del documento: “Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas, que todos los hombres han sido creados iguales, que fueron dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables como el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Que para dar cumplimiento a esos derechos, los hombres han instituido gobiernos, los cuales derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados.”

Líneas adelante se defiende el derecho a la insurrección, aunque de modo sibilino, “siempre que una forma cualquiera de gobierno llega a ser prejudicial, el pueblo tiene derecho a cambiarlo o a abolirlo”. Los constitucionalistas opinan hoy que Jefferson adoptaba el tema del “consentimiento” a la situación de las colonias, y en efecto, la Declaración no tiene empacho en describir las políticas recientes de Jorge III, exhibidas como “injurias”. “Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; y tal es ahora la necesidad que las compele a alterar su antiguo sistema. La historia del presente rey de la Gran Bretaña, es una historia de repetidas injurias y usurpaciones, cuyo objeto principal es y ha sido el establecimiento de una absoluta tiranía sobre estos Estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial”. Y sigue una descripción minuciosa de esos agravios. La idea fuerte es que el rey era quien había roto el contrato social original, el pacto colonial para decirlo de otra manera. Y no los colonos. Jefferson mismo ya había anticipado su opinión en 1774, en su primera obra, Una visión resumida de los Derechos de la América británica. El Parlamento inglés no tenía potestad sobre ellos. Las medidas no eran solamente injustas, eran ilegítimas. Jefferson desenvolvió esa idea radical en el borrador, los legisladores británicos no tenían autoridad para legislar las colonias. Y por último, los colonos tenían derecho a gobernarse a sí mismos, que es lo que habían estado haciendo desde que bajaron de las naves una hermosa mañana de abril de 1607.

Viene de ¿Qué es República?, Fondo Editorial USMP, Lima, 2012, pp. 215-217.

Publicado en El Montonero., 23 de febrero de 2026

https://www.elmontonero.pe/columnas/la-declaracion-de-independencia-de-los-estados-unidos-1776

China vuelve a ser gran potencia (III)

Written By: Hugo Neira - Feb• 10•26

La nueva China es el revés de la perestroika, un manejo atinado de la política y la sociedad que al Soberano, es decir al partido, no se le ha escapado de las manos. ¿Hasta dónde irá esa suerte de Despotismo ilustrado de los tiempos contemporáneos? Nadie lo sabe, ni los propios dirigentes chinos. Pero ¿qué se han creído los economistas, en particular los neoliberales? ¿Qué el milagro postmaoísta es el producto espontáneo del libre juego del mercado, las inversiones extranjeras y la mano barata y eficaz de los obreros chinos? Es la consecuencia y en grado sumo de la paz social que a su vez es el resultado de un pacto o contrato entre el Estado y la sociedad. Cuando pasó en México, a menor escala, con Lázaro Cárdenas lo llamaron “corporativista”. Ahora con la China salida de las canteras de Deng, ni se atreven. Atinan a decir que se junta un poder comunista con un mercado. En puridad de verdad, no hay en las ciencias políticas actuales los términos para definir esa combinación exitosa de élites y masas, de legitimidades venidas de la tradición (el respeto confuciano a los que saben y a la autoridad) y del marxismo, cuya dialéctica de clases conduce en la China post Mao y post Deng, a lo novedoso. China actual, tanto como India y Brasil, son parte de un traslado sin precedentes de riqueza y de potencia económica del Occidente afuera de este. Los puestos de trabajo en India y China son de capitales deslocalizados, agraviando el paro europeo o norteamericano. No es un reproche, es un hecho. La economía mundial, a niveles generales, sale adelante, lo que se altera es la geopolítica. Entramos, se quiera o no, a un mundo multipolar cuyas variables mayores —costo de la energía del petróleo, el gas, alimentos, agua y cambios climáticos y nuevas tecnologías— son imposibles de precisar. Entramos a un mundo indeterminado. Los escenarios mundiales son entonces muy aleatorios, y no los vamos a estudiar todos aquí.

Limitémonos a China, y a grandes rasgos. Los expertos se interrogan. China y Estados Unidos, ¿rivales o colaboradores? La respuesta es que China tiene un saldo significativo en la balanza de pagos con los Estados Unidos (Immanuel Wallerstein). Un país que posee bonos del Tesoro estadounidense no puede ser su enemigo. Sí un rival, acaso colaboradores, “lo que les cuesta admitir a unos y otros”, dice Wallerstein. Otros ven las dificultades internas, por ejemplo, un desarrollo económico muy veloz y próspero para el litoral, Cantón, Shanghái, con puertos gigantescos y las zonas del interior densamente pobladas y agrícolas. (Sciences Humaines n°107, julio 2000). Otros, siempre desde las dificultades internas, China, Estado multinacional, está compuesto de pueblos distintos, 56 después de 1949. Y cada ciudadano chino tiene una doble nacionalidad, no todos son Han. Por ahora el partido hace la unidad, ¿y mañana? Las identidades étnicas pueden reclamar un separatismo político. Otros señalan que su economía, dopada por el éxito, ha incurrido en gastos infraestructurales inútiles como el de la línea ferroviaria Tianjin-Baoding, comenzada en el 2010 y detenida el 2012. Otros que todavía están lejos de los niveles tecnológicos de Occidente y que invierten en alta tecnología y enviando estudiantes al extranjero. Hay los escépticos, ven una bomba de tiempo en la burbuja económica y el desequilibrio social. China es rica pero sus ciudadanos no ven alzarse su nivel de vida, la vida se hace cara, sobre todo la vivienda.

Y queda, en fin, el tema de la democracia. Muchos cuestionan esa posibilidad. Los objetores son de dos órdenes. Los desarrollistas: la prioridad china es al crecimiento, la lucha contra la pobreza, la democratización precipitaría al caos. La otra tesis adversa es culturalista. La herencia confuciana, fundada en una serie de cajitas chinas que se sobreponen por un sistema de respetos, condena a China a un heredado autoritarismo. Bien, precisamente en ese campo, hay quienes la contestan. Sostienen que en la misma tradición china existen los gérmenes de una democracia, y aluden a Mencius, siglo IV a.C. “Es el pueblo el que cuenta, los príncipes son lo de menos”. Entre tanto, varios observadores sostienen que las autoridades chinas, prudentemente, ensayan en unas cuantas aldeas, formas novísimas de representación democrática y de gobierno directo. Vaya usted a saber. Han traducido por millones a Rousseau. Entre tanto, prestan dinero, más fácilmente que el FMI. Pero con pesadas hipotecas a los países sobre sus reservas de recursos naturales. Están recolonizando el África. ¿Nuevo Imperio? ¿O cogobierno mundial? Ya se verá.

Publicado en El montonero., 9 de febrero de 2026

https://elmontonero.pe/columnas/china-el-confucionismo-y-el-capitalismo

Extraído de ¿Qué es Nación?, Fondo Editorial USMP, Lima, 2013, pp. 373-375.

China vuelve a ser gran potencia (II)

Written By: Hugo Neira - Ene• 27•26

La vieja y decadente China tuvo dos partidas de defunción: 1911 y 1946. El fin del antiguo y corrompido Imperio de los Manchú (1911). Es decir, la República china; es decir, Sun Yat-sen, cristiano, de origen campesino. Y 1949, tras la victoria de los comunistas, los años maoístas hasta 1976 y el fin del “Gran Timonel”. Que China no olvida, ni tiene por qué hacerlo. Si la gran nación retorna es porque Mao fue algo más que el hombre de la estrategia rural, de una revolución campesina y anticolonialista. Vuelve con Mao el poder austero y paternal de la China confuciana. El de un Soberano inaccesible con derecho incluso a los grandes errores. El autor de este libro ha visitado el ascético refugio de Mao después de “la larga marcha”, en un lugar alejado de la China montañosa. La China de Mao que recorrí fue una gigantesca escuela experimental: acupuntura, comunas populares, actividad autárquica, espíritu antiburocrático del maoísmo, “contar con sus propias fuerzas”. Los gigantescos trabajos hidráulicos y también, los errores —algunos monstruosos—, regresaron las hambrunas, hasta que el aparato del partido apartó, dulcemente, al anciano visionario. En una especie de Santa Helena, en sus últimos años, el Bonaparte Mao releyó a sus clásicos, de Hegel o Marx, a Sun Tzu, El arte de la guerra, y se las arregló para enviar mensajes crípticos en una cesta de frutas a un grupo de jóvenes en Shanghái. “Atacad el cuartel general”. Es decir, ¡el Comité Central! Y eso fue la revolución cultural. Los chinos no tienen carnaval de Río pero se mandaron uno de diez años. El gigante se desordenó y se volvió a ordenar.

Hay una tercera China, la actual. Pero no podemos comentar sin destacar que pocas naciones han tenido un conductor de la energía de Mao, y tras tanteos y luchas internas, un relevo que fue todo lo contrario, Deng Xiaoping. A la gran anarquía de Mao le sucede la gran perspicacia para lo inmediato de Deng. Cambios sociales ya los tenían, pero desde 1978, ya con Deng, el problema era cómo proseguirlos sin debilitar al poder que los impulsa. La explicación de Jean-Philippe Béja (Director de investigaciones en el CNRS de Francia), en libro del 2004, es pertinente.  Cuando Deng, el poder se estaba degradando. En junio de 1989, una foto daba la vuelta al mundo: un muchacho detenía un tanque. En realidad, los tanques terminaron aplastando la estatua de la democracia colocada por los estudiantes en la plaza Tiananmen. La vía china fue sorprendente. Mao manejó jóvenes, masas y militares desde su carisma. A Deng, en cambio, que no fue visto como un semidios, le quedaba solo la racionalidad y preguntarse: ¿qué quieren los chinos? Y encuentra un sentimiento unánime. Los chinos querían una China sólida. Y como la política es el arte de lo posible, el poder comunista post Mao se va a legitimar por el éxito de sus reformas (fu guo qiang bing). “Prosperidad y potencia”. “Deng refunda la legitimidad”, sostiene Béja. Es eso lo que mantiene desde hace veinte años a la élite en el poder, según Béja, y me parece, lo suyo, una realista y clara explicación de lo que es hoy Pekín.

Para sorpresa de muchos, sobre todo de maoístas peruanos y latinoamericanos, lo que ha seguido no fue un desarrollo fundado en la producción agraria y campesina. Hoy la parte de la agricultura en el producto bruto interno es de un 12%. La economía china se acrecienta desde “un salto hacia adelante” distinto: alta tecnología, export / import, servicios. Al tiempo que Pekín da confianza al sector privado chino al que dota de garantías. Pero China no es un sistema multipartidario. Hay un poder, el partido. Según Béja, reformar el Estado pasó por una negociación que no pudo ser sino ardua con los sectores obreros y campesinos. El poder ha cuidado la estabilidad como a la niña de los ojos. Cuando una sociedad se transforma produce nuevos profesionales, científicos, en otras palabras, capas medias. Que no son ni mudas ni inertes. Produce nuevos sujetos sociales de acción. ¿Cómo integrarlos? Toda gran reforma tiene conceptores. En China postmaoísta, el conceptor es Jiang Zemin, secretario general del PC, quien ha resumido el esquema de “las tres representaciones”, que están en la Constitución. El Partido representa “las fuerzas productivas más avanzadas de la sociedad, la clase obrera y los tecnócratas, los emprendedores, los dirigentes de empresas del Estado”. Como “cultura más avanzada”, Pekín entiende intelectuales y especialistas. Es un sistema de cooptación de élites. Ahora bien, si la intelligentsia es parte de la relojería del poder, ¿quién discutirá la legitimidad del poder? […]

Extraído de ¿Qué es Nación?, Fondo Editorial USMP, Lima, 2013, pp. 372-373.

Publicado en El Montonero, 26 de enero del 2026

https://www.elmontonero.pe/columnas/china-vuelve-a-ser-gran-potencia-ii

China vuelve a ser gran potencia (I)                                                               

Written By: Hugo Neira - Ene• 12•26

China fascina al mundo. Lidera la producción de electricidad, de automóviles y de computadoras. Fascina e inquieta, tiene la primera producción de armas y a la vez de carbón, de ahí su contaminación ambiental. El mundo ha visto en estos días el smog dominando Pekín tanto como lo dominó Londres, taller del mundo industrial en el siglo XIX. Un mundo que mira a China con simpatía por su “vía pacífica al desarrollo”, doctrina oficial. Y también con curiosidad, ¿cómo enfrentará sus contradicciones? Es el tercer país en haber enviado hombres al espacio, pero tiene 800 millones de agricultores en absoluta pobreza. Hay enormes diferencias entre sus desarrolladas zonas costeras y las del interior. Sus tasas de crecimiento de riqueza global son las más altas del mundo desde hace décadas, pero su laboriosa población activa obtiene 3.315 dólares per cápita, inferior a Serbia, Brasil y Colombia. El coeficiente Gini no la presenta como un país igualitario. Con todo, su progreso continúa: cuatro de los primeros puertos del mundo son asiáticos, “el primero es Singapur y los otros tres son chinos” (Images Économiques, 2010). “China y sus 36 millones de microempresas” (Chine: le nouveau capitalisme d’État, M. C. Bergère, Fayard, 2013).

China está de retorno. Entre 1500 y 1800 fue centro del mundo. Esta es una convicción que proviene de la global history, vale decir, del comparatismo. Dos obras en particular nos llevan a reflexionar a partir de esa evidencia: China está de regreso. La de Kenneth Pomeranz, The Great Divergence: China, Europe, and the Making of the Modern World Economy, 2000. Y el no menos apasionante libro del italiano Giovanni Arrighi, Adam Smith à Pékin, 2007. El postulado de Pomeranz, que comparten Arrighi y el mundo académico, es el siguiente: hasta el siglo XVIII, Europa, China e India no se diferencian. Desequilibrios y abusos coloniales vinieron después. ¿Se entiende entonces, el intitulado de líneas arriba? No es que en los años posteriores a Mao se vuelva una potencia sino que retorna a ser lo que fue, la gran y organizada sociedad, la más poblada de la tierra, tal como un embajador de Gran Bretaña de retorno de China, Lord Ambherst, le describe al Napoleón del exilio cuando lo visita en la isla de Santa Helena. El ex Emperador lo escucha por horas y luego le dice “entonces, cuando China despierte, el mundo temblará”.

Hoy no tiembla el mundo pero se interroga: ¿En qué momento China se retardó ante el capitalismo europeo? Este se acelera con la explotación del Nuevo Mundo, del África y con las innovaciones de la Inglaterra industrial, y cuando las fábricas y sus naves dominaron los océanos. Entonces China se vuelve un país campo, una semicolonia (pero a todos nos volvieron coloniales). Mucho de eso produjo efectos precisos y negativos en China tras el fatídico siglo XIX. Entre otros, sus guerras del opio. Todo está en el libro de Pomeranz. En el de Arrighi se rescata un pronóstico decisivo que sorprenderá a más de uno, el pensador liberal Adam Smith previó la potencialidad económica del lejano Oriente. La China tradicional conocía la economía de mercado. Hoy no ha hecho sino volver al mercado desde un capitalismo de Estado. “La resurgencia económica de China ha hecho comprender, a un número cada vez mayor de universitarios, que hay una diferencia histórica fundamental entre formación de mercado y desarrollo capitalista” (Arrighi, “La gran convergencia”, p. 54). El modelo de capitalismo de Estado de China puede tentar a otras naciones emergentes, señalan estudios de prospectiva para el año 2025. Tentar no quiere decir que Pekín se sitúe como un modelo como fue Moscú. Pero su actual éxito llama ya la atención de otros pueblos y otras élites del poder. […]

Extraído de ¿Qué es Nación?, Fondo Editorial USMP, Lima, 2013, pp. 370-371.

Publicado en El Montonero., 12 de enero de 2026

https://www.elmontonero.pe/columnas/china-vuelve-a-ser-gran-potencia-i

El aporte de Hobbes

Written By: Hugo Neira - Dic• 09•25

Al fin de cuentas, ¿en qué consiste la originalidad del Leviatán? ¿Cuál es la contribución de Hobbes al pensar político que establece un antes y un después? Pese a las controversias, varias ideas, que luego han sido adoptadas o recuperadas por otras sociedades.

La primera originalidad, que Pierre Manent llama ‘radical’, es “la organización política pensada como un artificio, es decir, algo opuesto a la naturaleza y construido deliberadamente por los hombres” (Dictionnaire des Œuvres Politiques, PUF, París, 1989). Y, en consecuencia, la renuncia al estado natural. Es decir, el naturalismo, venido de la Edad Media, dominaba hasta ese momento el pensamiento político. Se pensaba que la sociedad era un don natural que precedía a la voluntad humana. Hobbes revierte ese concepto. Haciendo inevitablemente el pasaje del estado en natura al “estado social”. Todos los otros principios parten de una lógica institucional. La necesidad de ese ente construido y no natural (el Estado) plantea el tema de la obediencia y la idea republicana en los tiempos modernos y hasta nuestros días.

La segunda es la idea del pacto. “Con Hobbes se consagra plenamente la idea contratalista” (O. Nay). Cada individuo libremente acepta el pacto. La potencia del Estado proviene de los derechos individuales de la persona. Esa idea del contrato —señala Olivier Nay—, aunque lo protegieran los Estuardos, le vale el rechazo por la mayoría de sus contemporáneos. Le acusan de ateísmo. “En 1683, su obra es condenada por la universidad de Oxford” (Nay, Histoire des idées politiques, Armand Collin, París, 2004).

La tercera es que es una obra fundadora, “fija los terminas de la reflexión política por lo menos hasta la Revolución francesa”. Es decir, en el tiempo en que en Europa el problema del poder se discute en términos teológico-políticos, en los tiempos de la Ilustración y en la emergencia de una idea nueva, la nación. Entonces, y solo entonces, la política se seculariza.

La cuarta es el tema de la obediencia legítima. Solo si hay un pacto. No es la obediencia medieval sino la de los tiempos modernos. No podemos imaginar en nuestros días un gobierno no legítimo o un país sin constitución. Que una camarilla se apodere del poder y transgreda los límites que la ley le marca, es una cosa. Otra, su inexistencia.

La quinta se liga al de la representación. Acaso escapa un tanto a nuestra percepción, parece un asunto interno de la vida inglesa, la Cámara de los Comunes, pero no lo es. Si la ruptura con Roma —dice Manent— había permitido situar a la Reina inglesa como Head de la Iglesia, un jefe supremo y coronado, Rey o Reina, entonces, la Cámara de los Comunes a su vez es los ingleses ante la Corona. Es decir, la fuerza del Parlamento sustrae una parte del poder a la corona, hasta nuestros días. Este cambio es decisivo para todo parlamento en la faz de la tierra.

La sexta, si el Leviatán o Civitas, o Commonwealth o República, es legítimo e impone el orden, hay un asunto previo. ¿Quién lo sostiene? El individuo. O la asamblea de individuos, etc. Es paradójico, pero eso es también Hobbes. La Monarquía absoluta y a la vez las libertades del individuo: el origen de “los derechos humanos”.

La sétima, “la república cristiana de Hobbes propone que el poder eclesiástico esté sometido al poder político” (Rémi Hess). La Iglesia (la que fuera) puede instruir a los fieles, no mandarlos. El razonamiento de Hobbes en esta materia comienza cuando se percata de que los ciudadanos tienen dos lealtades, la de su Rey y la de Roma. Un conflicto entre dos poderes, el temporal y el espiritual, prácticamente dos visiones. Y se pregunta: ¿los ciudadanos que ven doble son buenos ciudadanos? En consecuencia, en el Leviatán la doble visión es sustituida por un acto legal y no sacral. Hobbes apoya al Soberano de Inglaterra en su enfrentamiento a Roma. En efecto, se levanta contra lo que considera un abuso interpretativo de las Escrituras: “el Papa tiene la pretensión de ser el vicario general de Cristo en la Iglesia actual (pretendiendo que esta es el reino al cual se alude en el Evangelio)”, lo que trae como consecuencia “la doctrina según la cual es necesario para un rey cristiano recibir su corona de manos de un obispo, como si fuera de esta ceremonia de donde derivase la cláusula del Dei Gratia. Que solamente queda instituido como rey por el favor de Dios, y asume en su consagración un juramento de absoluta obediencia al Papa”. “Del reino de las Tinieblas”, en el Leviatán, es uno de los capítulos más extensos. De alguna manera Hobbes “funda la Iglesia Anglicana” (Hess, 1995).

Extracto de Lecciones sobre los filósofos de la política, Fondo Editorial USMP, Lima, 2017, pp. 130-131.

Publicado en El Montonero., 8 de diciembre de 2025

https://www.elmontonero.pe/columnas/el-aporte-de-hobbes