Crónica de guerra. Atentados y el pueblo de París

Written By: Hugo Neira - Jul• 19•16

Estamos en Francia por unas semanas. Por motivos diversos. Visitar sus librerías, acaso algunas de las mejores de Europa. Reunirnos con amigos, aunque no es el mejor momento, las vacaciones. Igual nos recibe Nelson Vallejo Gómez en casa y con una cena. Y partir en el veloz TGV adonde viven los padres de Claire, una granja en los encantadores montes de Lyon. Íbamos a ir en principio a Turquía, a un congreso, pero se deslocalizó. Adiós Estambul. El Congreso Internacional de Ciencias Políticas ha sido trasladado a Poznan, Polonia. Todo esto nos llevó a estar el 14 de julio en París. De ese día y de esa noche trata esta crónica. Antes de proseguir quiero agradecer a las muchas personas y amigos que nos han escrito temiendo que podíamos estar entre las víctimas.

Lo ocurrido, en efecto, nos ha envuelto de varias maneras. Pero el atentado fue en Niza y no en la capital.  Ha sido, como saben, un asesinato masivo. Francia ya había sufrido varios en los últimos meses. De modo que, este jueves pasado, 14 de julio, apenas, muy de mañana, salimos del hotelito donde nos alojamos, rue de l’école de médecine, en el barrio latino, es mi costumbre, ahí donde estudié, pero algo notamos en la calle. No circulaban autos y las puertas de las estaciones de metro estaban herméticamente cerradas. Y París encuadrillado por fuerzas militares y policiales en pie de guerra. He vivido dos o tres veces en mi vida en Francia. Nunca había visto estos preparativos.

Lo que había en las calles era muchísima gente civil. «El pueblo de París». Desde el bulevar Saint-Michel, a un paso de Notre-Dame, giramos para ir a los puentes más cercanos. Las fuerzas del orden impedían cruzarlos. En ese momento, tomamos la decisión de llegar al lugar del desfile, sin saber en qué punto podíamos pasar el Sena. La caminata de esa mañana la pondré en términos limeños, más o menos, desde Barranco a la plaza de armas de Lima. A pie. Mentiría si dijese que no fue fatigante. Y fue de ida y de vuelta. No éramos unos cuantos, la mayor masa de gente que he visto en las anchas calles de esta ciudad. Acaso tanto o más que en mayo del 68. Había en la multitud un aire de fiesta, y a la vez, un convencimiento. Estar en la avenida Champs Elysées. Los diarios y la televisión algo preveían, pero nadie dijo que había que quedarse en casa. Eso hubiese sido una abdicación. El terrorismo busca intimidar. No lo lograron.

En cuanto al desfile mismo, lo vimos poco y mal. Pienso que lo que contaba no era la ceremonia misma sino la multitud. Unas 300 mil personas. Y lo que es revelador y significativo, la variedad de la gente. La gente parisina es un mundo, franceses y gente africana venidos de las excolonias o nacidos en Francia, turistas, ingleses, croatas, chinos. El variado y universal pueblo de París. Y estaba ahí. El desfile fue convencional, batallones, tanques, aviones en el aire, lo de siempre. El público aplaudía y sacaba fotos. Pero insisto, era multinacional. Luego de unas horas, retornamos caminando. A las 10 de la noche cuando la multitud presenciaba en la capital los fuegos de artificios, el atentado fue en Niza.

Al día siguiente, en avenidas, plazas públicas, teatros, cines, restaurantes, continuó la vida. París, en este verano poco caluroso, los repletos cafés sobre las terrazas, como siempre. Al día siguiente se abordaban trenes y aviones como si tal cosa. Claro que en su fuero interno cada pasajero piensa que le puede llegar la hora, y sin embargo prosigue. ¿El origen del conflicto? El apoyo de los franceses en el territorio invadido por el llamado Estado Islámico —en donde también hay voluntarios no islámicos que aman la violencia— se suma a tropas de países musulmanes y de rusos. Mohamed Lahouaiej-Bouhlel, el chofer del camión de 19 toneladas, no era conocido como un seguidor riguroso del Islam. Estamos ante una nueva intolerancia. Será una guerra imprecisa. Entre las víctimas de Niza hay norteamericanos, árabes y suizos. No son las de una nación en particular. Es la humanidad entera.

Estoy narrando, como testigo, el calmo coraje de estos días. La actividad urbana vino a ser, por el momento, la respuesta silenciosa y ciudadana. París megalópolis. Como lo es Londres, Tokio o Los Ángeles. El pecado de Occidente es amar la libertad. Y su costo es las medidas de seguridad y las víctimas. Para un partido de fútbol, hace poco, movilizaron una masa impresionante de gendarmes. Cuando llego a París siempre he pensado que llegaba a Atenas. Esta vez fue como aterrizar en Esparta. ¿Es que los países que tienen guerras también tienen filósofos?

Publicado en El Montonero., 18 de julio de 2016

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Perú, la nefasta matriz y el pasado presente

Written By: Hugo Neira - Jul• 11•16

Algunos virreyes se portaron como presidentes y a menudo presidentes como virreyes

¿Existe acaso una matriz, un molde o prototipo o pattern que en nuestra historia se repite, para desgracia de todos, en el tema de quién manda? ¿Algo que hace que los gobernantes cambien en cuanto encarnan el poder legítimo y lo vuelvan personal, caprichoso, discrecional?

En una tesis francesa se explica los regímenes hispanoamericanos de esta manera: «sufren de una recurrente inestabilidad, de la rápida rotación de los equipos en el poder, en todos los escalones, y en todas partes, por la falta de respeto a las reglas institucionales de sucesión, por la incoherencia o la desaparición de una vida parlamentaria regular por el recurso a la fuerza». Ahora bien, esa sinopsis está pensada para los inicios del siglo XIX. Y lo malo del asunto es que describe la actualidad. La invención política en Bolivia, Ecuador, Perú, es obra de Marie-Danielle Demélas (IFEA-IEP, 2003). La profesora describe un mundo poscolonial de parentelas, grandes familias y la importancia de los vínculos, «el destino de un político dependía de estrategias familiares». Reinaba «el arte del compromiso ». Dos siglos más tarde no somos muy distintos.

En el Perú sus tiempos históricos no mueren del todo. Conjuguemos, pues, el pasado presente.  Hay un pattern o pauta de conducta que es repetitiva. Nos viene de muy lejos la tentación de la discordia.

En la Isla del Gallo, Pizarro y sus doce solitarios aventureros languidecen siete meses alimentándose de cangrejos de tierra y culebras, era el segundo viaje y ya la fortuna les preparaba una oportunidad de conquista. La lucha entre los dos hermanos, Huáscar y Atahualpa, «evidenciaba los males íntimos del Imperio» (Porras). Esos males íntimos devorarían a los mismos conquistadores. Los almagristas matan a Pizarro. Felipe II  prefiere gobernar con funcionarios y la Iglesia de Indias.

El pattern de la desunión reaparece cuando José Gabriel Condorcanqui intenta librarse del sometimiento, siendo él mismo hijo del privilegio como cacique, pero lo derrota otro cacique, Pumacahua. El pattern de la desunión habita en la disputa entre San Martín y Bolívar. Y se establece como regla en el XIX con los caudillos. Salaverry, Gamarra, Santa Cruz, Castilla, Cáceres. La guerra de todos contra todos. Solo a fines del XIX, uno de ellos, Nicolás de Piérola, tras una alianza con los civilistas, gobierna en paz. No dura mucho. Leguía llega al poder para desterrar a los civilistas. En el Perú siempre hay alguien a quien conviene excluir.

El siglo XX confirma el hábito inquisitorial de dividir el país en perseguidores y perseguidos. El aprismo y el antiaprismo son los actores de una interminable guerra civil que arranca en 1931 y acaba en 1956. Cuando el aprismo ya no es insurreccional no es preciso tocar las puertas de los cuarteles. Pero el velasquismo será la nueva dicotomía. Y en los 90, cuando pensábamos que esa matriz nefasta era cosa del pasado, el pattern de la división regresa. Primero lo encarna Sendero, ora a favor, ora en contra. «Los hondos y mortales desencuentros» de Iván Degregori. Luego Alberto Fujimori. Otra vez negro o blanco.

Ese dualismo intolerante de puros e impuros comenzaba a desaparecer pero hoy vuelven a encontrar sus cabezas de turco. Los que han ganado la presidencia y antes de decirnos qué van a hacer o dejar de hacer, tienen ya una excusa. El Congreso como anticipado chivo expiatorio. Eduardo Dargent escribió: «Llamaré a estas élites “Precarios”, pues los actores abandonarán los valores democráticos cuando consideren que sus intereses se pueden avanzar por medios no democráticos” (Demócratas precarios). Acaso se anticipó a las metamorfosis del poder presidencial. Un hombre que creíamos no solo competente sino sensato, ¿quiere mover las masas para presionar a un Congreso? A cual, ¿al saliente o al entrante? Mala seña. Así comenzó Leguía, queriendo hacer cosas rápidas, qué bueno. Sin demasiada política, qué malo. Ya Luis Bedoya Reyes ha dicho lo grave que esto sería. Por mi parte, temo que la matriz colonial y republicana se repita. Alguien encarnará el rol, de aquí al 2021, de víctima sacrificial. El caso está resuelto, será Keiko. Por lo visto ni el presidente electo, ni aquellos que lo auparon al sillón, admiten que hay otro poder legal por el cual han votado millones de peruanos, casi tantos como los que votaron por PPK.

Esperemos que el autocratismo de Alberto Fujimori no reaparezca tras las prisas gerenciales de un mandatario liberal. En las democracias cuentan los procedimientos. ¿Otra vez en Palacio alguien a quien eso lo tiene sin cuidado? Ironías de la historia, ¡como el padre de Keiko! Espero equivocarme.

Publicado en El Montonero., 11 de julio de 2016

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Calma chicha y presagios de tormenta

Written By: Hugo Neira - Jul• 09•16

El presidente electo no se ha puesto todavía la banda. Ni se han instalado los legisladores. La calma chicha es un término marinero. Cuando las naves necesitaban de vientos. Los marinos entonces aprovechaban para revisar la nave, los garfios, los cabestrantes. Sobre todo el casco, parte principal de la embarcación. Por lo demás, no me sorprendió el hecho que Keiko no ganara la presidencia.  Véase la sumilla de mi artículo en  El Comercio un 1 de mayo (“Vamos a los hechos. Keiko tiene bancada, pueblo y partido. Y precisamente por todo eso, puede perder. Así somos”), mucho antes que los resultados de la segunda vuelta. La suma de fuerzas nuevas, en vez de afianzarla, ayudó a que el entorno de PPK volteara la campaña. Así son las cosas en nuestro país. Se gana Palacio con rumores. Ahora nos toca saber qué es lo que sigue. Somos un país de régimen presidencialista. Y la política son decisiones. Y es perfectamente legítimo que las cartas de la baraja del poder no se bajen hasta su hora cumplida.

Ahora bien, para prepararse a lo que pueda venir, del lado de PPK o de Keiko, o de la misma Verónika, por mi parte limpio mis utensilios. Y de entrada, cierta conceptualidad insuficiente para dar cuenta de la complejidad que habita la realidad peruana. Quiero ser franco. Solemos razonar desde conceptos antitéticos. Izquierda/derecha. Los de arriba/los de abajo. Conservadores/reformadores. Reaccionarios/revolucionarios.  No niego que tengan algún valor pero me ha pasado vivir en sociedades cuyos dirigentes dieron la sorpresa de combinar formas de poder, y entonces, el sistema de clasificación de regímenes tuvo que pasar de pares opuestos a combinaciones trifásicas. Por ejemplo, la existencia de reformadores conservadores liberales.

Por extraño que nos parezca, existen. Hasta hoy, hemos partido de la hipótesis que solo las revoluciones producen cambios profundos. Pero estas son pocas, 1789, 1917, y 1910, la revolución mexicana. Y 1949, Mao en Beijing o en 1959, Fidel Castro. Y son muchas las sociedades que evolucionaron sin revoluciones. Aquellas en que se combinaba el respeto a las instituciones tradicionales mientras se producían grandes reformas. Un reformador social fue De Gaulle. Solicitó a los ciudadanos ayudarlo a construir un Estado fuerte y eso es hasta nuestros días, la V República francesa. No estoy diciendo que se den esos pasos en Lima, sino señalo otro tipo original de políticos. Los hubo en el viejo continente con el alemán Konrad Adenauer, el italiano Alcide de Gasperi, el francés Jean Monnet, padres de la Unión Europea. Conservador reformador fue el rey Juan Carlos I, y Adolfo Suárez, luego promovido a Duque, por la hazaña política de transformar a España en una democracia siendo a la vez un régimen monárquico.

Reformador conservador es Fernando Henrique Cardoso en Brasil. Pero claro está, solemos fijar nuestra atención en Lula. Cardoso, dos veces presidente y que hizo una política combinada de neoliberalismo y de medidas sociales, con apoyos diversos tanto de la derecha como de la izquierda brasileña. Los Estados Unidos tienen varios reformadores conservadores en su historia. El Roosevelt que enfrenta la gran recesión con el New Deal, el nuevo pacto. La historia de EE.UU. lo considera hoy «un hombre de centro con políticas socialistas». Y de Kennedy a Obama, es un tiempo de grandes reformas. Sin romper las instituciones ni el liberalismo político.

Los tuvimos en nuestro pasado, Piérola. Para sorpresa de todos, el caudillo se vuelve estadista en 1895 y no solo funda su partido, el Demócrata, sino que se une a sus rivales, el Partido Civil, y lleva adelante una de las mejores administraciones lo cual explica el auge del Perú de 1900 a 1930. No gobernó sino una vez y fue suficiente.

En fin, ante un amigo mío, que conoce bien en lo personal a PPK, le pregunto en qué sueña el presidente electo. Y me dice, en ser un «Belaunde más enérgico». Creemos conocerlo. No es un outsider, se conoce al ministro pero no, todavía, al mandatario. Puede ser una sorpresa. Su victoria electoral habría consolidado el statu quo. Y al sector de las finanzas que se suele llamar «el poder fáctico», y en los análisis de Francisco Durand, «empresas multinacionales». Unas 30 cuenta Durand y apenas «9 nacionales». No nos engañemos, apostaron a PPK para que el modelo no se le toque ni un pelo. Esa finalidad sería un grave error.

Nos habita una racionalidad económica, la economía abierta. Pero no una racionalidad política. Lo he dicho en otra ocasión: “Mientras los índices de progreso macroeconómico son estables e incluso prósperos, se acrecienta la inestabilidad política”. Hay crecimiento y a la vez malestar. Si continuamos sin Estado seguiremos con el “desarrollo achorado” (Carlos Meléndez). Y lo que por mi parte llamo «lumpenburguesía». El sector acomodado de los informales reacios a los impuestos (en El Montonero). Ahora bien, si los beneficios de la modernidad siguen ampliando la brecha social, este país se incendia. Si no hay reforma alguna una ‘Dama de Hierro’, una Thatcher local los impondrá en el 2021. Mejor sería si el gobierno entrante enfrente las borrascas —es decir reformas impopulares— que esperar tempestades. Un economista de carrera que corona su vida con una presidencia, puede hacerlo. Muchos suben por la izquierda para gobernar por la derecha. Quizá PPK haga lo contrario. Las reformas también las hacen gobiernos conservadores. Si encarnan una burguesía inteligente. Pero ya sabemos, «la historia es un cementerio de elites». Vilfredo Pareto.

Publicado en El Comercio, 09 de julio de 2016

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Brexit inglés y Verstehen de Max Weber

Written By: Hugo Neira - Jul• 04•16

Verstehen es vocablo alemán y uno de los conceptos mayores de Max Weber. Quiere decir “explicación comprensiva”. En Querétaro, México, pude adquirir la última edición de su obra total. Se trata de una edición revisada, comentada y anotada por Francisco Gil Villegas, del Colegio de México, a quien tuve el gusto de conocer y platicar, como dicen los mexicanos. Debo decir sin rubor alguno que aprobó y gustó de mi ponencia. Esa edición, la tercera en español, gracias al trabajo de Marianne Weber, la viuda, trae documentos inéditos y decisivos en materia de teoría del Estado. Esta edición de 1451 páginas tiene centenares de notas de Gil Villegas, gran conocedor de Weber. Por mi parte, si alguna filosofía política tengo es la weberiana, que separó “el científico del político” (1919). Son ambos un Beruf, una “vocación” pero distintas. Pero eso no me lo entienden y se asombran que dé conferencias en locales partidarios diversos. Sin pertenecer a ninguno.

Ante el Brexit hay gente en Lima que parte del costo/beneficio. Las cosas no son tan simples. El macizo libro de Weber tiene un intitulado, “la economía y los órdenes y poderes sociales”. Propongo al amable lector otro camino. Una explicación donde se interactúan mercado, clases políticas y la especificidad de cada nación.

1. Antes del Brexit, al Reino Unido no le iba nada mal. Hablo de cifras. Unos 65 millones de habitantes, el PBI a 2’522 billones, inferior a Alemania (3’634) y a Francia (2’734). Pero tenía ese Reino Unido —hoy desarticulado— un crecimiento de 2,8%, es decir, el más fuerte de los países del G7. Entonces, razonemos. La salida no tiene sustento económico como algunos alegremente sostienen. Si los opinadores consultaran fuentes serias, que es lo que yo hago, encontrarían lo siguiente: “el alto PBI se ha recobrado gracias en particular a la política de la Banca de Inglaterra, con programas de acomodamiento (a la UE) mediante quantitative easing”, o sea funcionaban los acuerdos con la UE (Images Economiques du Monde, 2016). Repito, no le iba mal. Pero a Lima la intoxican con la idea de que la UE está quebrada y “el socio inglés se sale a tiempo”. Eso no se lo banca ni el propio primer ministro David Cameron, que no era partidario del Leave, o sea irse. Sino del Remain, quedarse. La UE tiene dificultades, pero las tienen todas las economías del mundo. Tienen que sostener 4 millones de sirios, en Turquía. Para que no invadan el viejo continente.

2. ¿Qué pasó? Algo que rara vez confiesan nuestros hombres públicos. Se equivocó el político Cameron. Hoy sabemos que no tenía ni siquiera un plan B. O sea, Londres se ha llevado una sorpresa. Y la crisis es hoy tan grave que ni Boris Johnson, el primer partidario del Leave, quiere ir a Downing Street, y asumir el cargo de Primer Ministro. Ahora, después de embarrarla, los euroescépticos se tirán para atrás.

3. El Brexit es un asunto político. Es el acto fallido de un estadista. No es la primera vez que un político europeo acude al referéndum y el electorado le dice “No”. Le ocurrió al presidente francés Jacques Chirac. En 1996, creyendo proteger a su Primer Ministro Alain Juppé, disuelve las cámaras legislativas y en la elección el pueblo francés le envía un socialista, Lionel Jospin. No tuvo más remedio que cogobernar con su rival político. En un referéndum le dijeron “No” a De Gaulle y decidió irse. Algo por el estilo, el general Pinochet. Un plebiscito en octubre de 1988, consultaba prolongarse en el poder, la respuesta fue el “No”, un 54,7%. Al año siguiente fueron las elecciones y llega Aylwin. Esas consultas son imprevisibles, miren el caso de Evo Morales. Le han rechazado un cuarto gobierno.

4. Acaba de morir Michel Rocard, la izquierda de la izquierda de François Mitterrand. Y así, en las primeras páginas en París sus opiniones, “a ustedes los ingleses solo les interesa el comercio”. Hay una corriente europea para la cual es un alivio que el Reino Unido se vaya. Al parecer están hartos del “I want my money back” de Londres. Devuélveme mi dinero y nada de federalismos. El tema, para la próxima semana.

5. En fin, en las neblinas limeñas no faltan quienes creen que el plebiscito es la mayor expresión de democracia. No cito a la opinóloga, por respeto al género. No es así, sorry. Suelen ser usados por los tiranos. Hitler llega por las urnas y se afianza a punta de plebiscitos. Esas consultas —no siempre vinculantes— dividen a los pueblos. Convocan verdades absolutas. Por o contra. Ahora bien, salvo la religión, nada es absoluto. En las elecciones se da poder legítimo a gente distinta. Se institucionalizan tendencias opuestas, a saber, extrema derecha, derecha, centro, centroderecha, centroizquierda, izquierda moderada, extrema izquierda. Me temo que muchos de mis compatriotas no han entendido todavía que una democracia es pluralista o no es. Muchos desean una versión unanimista de la política. “Todos juntitos”, en plan procesión del Señor de los Milagros, dicho con todo respeto por la cofradía, a la que pertenecía mi padre. Pero las andas del Estado son demasiado pesadas para una sola espalda.

Publicado en El Montonero., 04 de julio de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/brexit-ingles-y-verstehen-de-max-weber

Brexit. Y Pueblo. A mi manera

Written By: Hugo Neira - Jun• 27•16

«Cuando estás de mala, hasta los perros te orinan, dijo la Mariscala»

El discurso del Método, Alejo Carpentier

El Reino Unido se fue de la Unión Europea. ¿Pero estuvo en ella? No del todo.  Comentemos, hay aspectos que se nos escapan. Cameron se va pero no inmediato. Londres no es Lima, nada de rapidito. Ha renunciado pero se queda tres meses en su chamba. Y para salirse de la Unión, mínimo dos años de ajustes. En fin, la libra esterlina es la primera víctima. El referéndum ha sido un error. De entrada, los ingleses se empobrecen. Pero no voy a seguir con generalidades. Muchos opinólogos locales se portan como si fueran políticos. No es mi caso. Al amable lector propongo otra lectura. Cercana a la gente. Veamos quiénes votaron por salirse o quedarse.

Ganaron los viejos. Perdieron los jóvenes. Hay estadísticas. Las tienen en la ilustración de esta nota. Los jóvenes de 18 a 23 años han votado al 64% por quedarse en la Unión Europea.  También los de 25 a 49 años. O sea la cohorte de edad de los años mejores de la vida activa. En contra de seguir en la UE, los de 50 años a 65. ¿Por qué los jóvenes querían seguir dentro de la Unión? Por la sencilla razón que podían trabajar o emprender estudios. Con el Brexit se acabaron los viajes de escolares y las becas de intercambio con la comunidad europea. Estamos ante una ruptura de generaciones. ¿Estos viejitos que tienen sólidas pensiones sacrifican a los jóvenes que cotizan? Este voto es contra las generaciones más abiertas y cosmopolitas. Ha sido inútil el sacrificio de la diputada laborista Jo Cox, 42 años, madre de familia, asesinada a tiros y acuchillada en el suelo. El asesino, Tommy Mair, un inglés xenófobo de ultraderecha de 52 años. Jo Cox se ocupaba de inmigrantes. Algo muy feo está tras este Brexit.

Además, el Reino Unido es Gran Bretaña, Irlanda del norte y Escocia. Tres naciones, una corona. Ese concepto institucional, «reino unido», casi no lo usamos. Pues bien, ¿qué pasa si Escocia quiere librarse de Inglaterra y quedarse en la Unión Europea? Y el Scottish National Party (SNP) volvería a exigir un plebiscito. El Brexit sería entonces el fin del Reino Unido. La Reina debe estar encantada con la noticia.

En fin, «estar» en Europa no es una sino tres. El espacio sin control de seguridad para el ciudadano llamado Schengen, un espacio económico que reemplaza el mercado común y la moneda única, el euro. Noruega, por ejemplo, no está ni en el Schengen ni en la zona euro. Y así por el estilo. ¿Complicado no? Inglaterra nunca estuvo en el euro.

El tema del Brexit da para varias notas. Pronto estaré en Europa para un coloquio y seguiré. Entre tanto, nuestros diarios limeños gritan, «Europa se resquebraja». No hombre, es como un club, unos salen y otros entran. Pero los problemas de la isla acaban de comenzar. Unos 4 millones de puestos de trabajo se pierden con el Brexit.

Hotel El Pueblo. Conferencia sobre conceptos políticos ante la bancada naranja

Estuve en el hotel El Pueblo. Una mañana suena el teléfono y una voz femenina me dice de parte de la señora Keiko Fujimori estoy invitado a una conferencia magistral. Le digo que si es una broma pero el tono de la secretaria no deja dudas. Me lo anunció un amigo pero no me dijo cuándo. Y como está el tráfico, llegué horas antes. En la espera de mi turno escucho varias ponencias. Vi numerosas personas tras largas mesas, sentados unos frente a otros. Vi un vasto taller y no un convencional auditorio. Vi una bancada entera dispuesta a escuchar a escucharse y a trabajar. Me precedieron ponencias sobre asuntos jurídicos. Las intervenciones giraban sobre los mecanismos técnicos de un parlamento.  ¿Y esto son los obstruccionistas, los del bloqueo?

Cuando llegó mi turno, mi exposición giró en torno a dos puntos. El primero, la situación global del país. Hablé como sociólogo. Y  para el  segundo, desde las ciencias políticas. ¿Qué es política? «La gestión no guerrera de los conflictos.» ¿Y qué es ciudadanía? Y expliqué el juego democrático «de reglas, alianzas y compromisos». Y como yo no uso powerpoint distribuí un documento en papel (donde se puede anotar y no solo mirar con los brazos cruzados) con la cita de André Comte-Sponville. Hubo luego aplausos y preguntas. En suma, una bancada que se instruye sobre ese oficio difícil que es ser político. Nada más normal.

Aprovecho de esta ocasión para decir que no hay diferencia entre mis clases, escritos, entrevistas y este tipo de exposiciones en ámbitos públicos. Soy el mismo en ideas y puntos de vista. Y no voy a ningún lugar a sembrar odio entre peruanos. Creo en cambio en la institucionalización de los partidos. Y en la competencia y la separación necesaria de los mismos. Ninguna sociedad es homogénea, menos la nuestra. Pero vivimos en un clima artificial donde cunde el rumor infame, y viene a tiempo una inesperada reseña de mis palabras de parte de una persona que estuvo presente, que agradezco: http://owl.li/kyQa301ATBL .

Publicado en El Montonero., 27 de junio de 2016

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