Evo Morales. ¿Cuando la política ya no es lo que fue?

Written By: Hugo Neira - Sep• 05•16

Ocurren en América Latina sucesos cargados de significado. La destitución de Rousseff en Brasil, las marchas de la oposición venezolana y el reciente enfrentamiento entre mineros y policías en Bolivia. Prefiero comentar este último caso. Mineros descontentos han asesinado al viceministro Rodolfo Illanes que fue a dialogar con ellos. De “rebelión de la economía informal” la califica, desde las páginas de El Diario, periódico de La Paz, Armando Méndez, boliviano, expresidente del Banco Central. Pero ese conflicto, desde la fragmentada sociedad boliviana (tanto o más que la nuestra) deja ver la aparición de nuevos actores internos. Los llamados “cooperativistas” que, paradójicamente, son una entidad social permitida y auspiciada por el régimen mismo.

Fulgurante carrera política de Evo. Líder de cocaleros, las reivindicaciones de las poblaciones indígenas es su primera plataforma electoral en el 2005. Y en su primer mandato no solo se presenta como el primer aymara vencedor sino que en alianza con el MAS, y tras una nueva Constitución, se ocupa de la mayorías indígenas con aumentos en el salario mínimo y otras medidas, mientras en la escena internacional se alinea con Cuba, Venezuela y cerca del Brasil de Lula. Evo logra un segundo mandato (2009), reelegido con un 67%. Evo se convierte en el abanderado internacional al vincular el global tema climático a “la defensa de los derechos de la Tierra Madre”. Sus aliados del MAS obtienen la mayoría absoluta en el Parlamento. Y Bolivia en su nueva Constitución, establece en el artículo 311, “los recursos naturales pertenecen al pueblo boliviano y los administra el Estado”. Es el cenit. Una tercera victoria lo mantiene en su cargo, octubre del 2014, pero cuando intenta un referéndum que le permita un cuarto periodo, el resultado le es adverso. Hay que tomar en cuenta la campaña de demolición de la figura de Evo que acompañó aquella consulta. Lo acusan de favorecer a una expareja, Gabriela Zapata y además, de una paternidad no reconocida. Las investigaciones cesaron después del escrutinio. No había habido favoritismo y el hijo que se le atribuía, al aplicarse el ADN, no era suyo¡!

Lo que ocurre en Bolivia me trajo a la memoria un vaticinio de Norbert Lechner años atrás. Investigador de FLACSO, alemán de origen, chileno de adopción, hombre de izquierda. Nos dijo antes de irse que vendrían “sociedades de velocidades múltiples”,  con “distintos tiempos sociales”. Veamos en la Bolivia actual cómo asoman los vaticinios de Lechner, veinte años después. La centralidad del poder es discutida desde abajo.

Lo que llaman en La Paz “cooperativistas” —término inexacto— son asociaciones de mineros informales. Y bajo determinadas pautas. Estas provienen del Estado-Evo. Pero se acaban de sublevar contra dos medidas. Por un lado, la ley 149, que les impone tener sindicatos. Y por otra parte, la Corporación Minera de Bolivia ha comprobado que los “cooperativistas” —que no son ni autoridad estatal ni empresas privadas— habían firmado 31 contratos con empresas privadas extranjeras. Dicho con claridad, se han atribuido funciones propias al Estado. No olvidemos que todo el territorio boliviano es “reserva fiscal”. ¿Cuántos son los “cooperativistas”? Pasan de cien mil. Por lo demás son extractores artesanales, rudimentarios. No van a invertir en exploraciones o en técnica avanzada porque no tienen capital. Por lo demás, el gobierno de Evo viene enfrentando tomas de minas desde el 2012, por “originarios”, comunidades y ahora “cooperativistas”. Volviendo a Lechner y si le entendemos, cuando un poder cambia la sociedad —es el caso de la Bolivia de Evo— también cambia la política. No es la primera vez que ha ocurrido. Y “la multiplicación de lógica distintas”. Todo ello en un texto copioso que él llamó “¿Por qué la política ya no es lo que fue?”. ¿Otra política? ¿La idea a la vez elitaria y revolucionaria de un Estado líder de masas explotadas —la idea fuerte del MAS y de Evo— está quedando como un poco corta?

Por el momento el poder ha actuado. La respuesta, cuatro decretos oficiales. A grandes rasgos, lo siguiente. Se revierte al dominio del Estado las áreas donde se suscribieron contratos entre “cooperativistas” y empresas privadas. Luego, obligan a declarar el número de asociados, mientras el gobierno pone a los informales llamados “cooperativistas”  bajo la protección de la ley en temas de salud, mediante un aporte del 1,8% del valor neto. Y queda terminantemente prohibido el uso de la dinamita en manifestaciones públicas y huelgas, marchas. ¿Cómo no nos va a interesar lo que pasa en Bolivia? Hay Estado. Pero también —nos parece— una sociedad nueva, paradójicamente nacida de las innovaciones introducidas por la clase política encarnada por ese servidor del Estado al que han inmolado.

 

Publicado en El Montonero., 5 de setiembre de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/evo-morales-cuando-la-politica-ya-no-es-lo-que-fue

Del presente impreciso

Written By: Hugo Neira - Ago• 29•16

¿Qué se fizo el rey don Juan? / Los Infantes de Aragón, / ¿qué se fizieron? / ¿Qué fué de tanto galán? / ¿Qué fué de tanta invención como truxieron?                                                                                     —Jorge Manrique—

La vida peruana oscila entre dos polos, la politización extrema y la indiferencia. Ninguno de los dos es saludable. Lo primero es el placer narcisista de las elites políticas, la política como una actividad para unos cuantos, tanto para los revolucionarios como los liberales partidarios del mercado que nunca faltaron. Pero los primeros acaban con presidentes Gonzalo en prisión, y en cuanto a las corrientes políticas legales de nuestros días, sin duda que llegan a contar con mayorías en el Congreso, pero lo cierto es que se pueden esfumar. Miremos nuestra historia. Y para decirlo en peruano y en lenguaje popular, cuidado con creérselas.

El general Odría contó con mayorías y lo mismo Manuel Prado. No las tuvo Belaunde ni Bustamante y Rivero y ambos acabaron en un golpe de Estado. Nada indica que vivamos en una situación diferente. El electorado no quiere o no puede aceptar un sistema de partidos políticos. Menos llegar a un bipartidismo. Después del voto de abril y junio, ha ocurrido una etapa como de tregua, de luna de miel. Pero y según como se gobierne estos cinco años,  puede ocurrir no solo la indiferencia del ciudadano sino el fastidio. Me estoy preguntando, amable lector, si las fuerzas en presente, ambas cargadas de millones de votos que están a la expectativa sobrevivirán dentro de cinco años¿? No es que desee ni su perpetuidad ni su desaparición. Solo pregunto.

El 5 de junio fue como la caída de un meteorito. De un golpe se extinguieron no uno sino tres o cuatro partidos políticos peruanos. Puede que el aprismo resucite, no hay modo de medir si queda gente de Patria Roja, y cual será el itinerario del PPC. Y la suerte de Perú Posible, del posibilismo como lo llamó ese amigo generoso e inteligente que fue Hugo Garavito, ¿en qué ha quedado? Alejandro Toledo es un caso llamativo. Su gobierno no fue una desgracia, lejos de eso, comenzó la disminución de la pobreza que luego se sigue reduciendo durante el segundo gobierno de Alan García. Y Toledo tuvo muy buenos ministros. ¿Pero de ahí a un punto como resultado electoral en las presidenciales del 2016? ¿Y la caída del voto por AG a un increíble 5,83%?  La normalidad administrativa de ese lustro fue acompañada por la tarea de demolición de la Megacomisión. Al final ambos, apristas y nacionalistas,  perdieron. Ni sucesión aprista ni sucesión nacionalista. ¿Curioso no?

La conducta política sigue patrones de conducta históricos, hechos enclavados en la tradición y en la cultura. Escribo esto para que los partidarios tanto del presidente Kuczynski recuerden casos análogos. También fue un presidente muy popular Fernando Belaunde Terry y no atendió a dos demandas populares. Una, la recuperación del territorio de la Brea y Pariñas, y por otro lado, una reforma agraria, que los militares, en el corto plazo de 1962-63, ya habían iniciado en el valle de la Convención. No hizo eso. En el Perú, la popularidad —sobre todo presidencial— se esfuma más rápido que nuestras neblinas matutinas. ¿Conocen el caso de un estadista peruano que hace algo fuerte y el pueblo no le agradece con el voto? Muy sencillo, Valentín Paniagua. Desde una plataforma débil, estadista de un gobierno de transición, enjuicia y pone en chirona a unos 300 altos oficiales vinculados a Montesinos. Pero cuando fue a pedir votos en el 2006, obtuvo un 5%. En otro país, habría sido un héroe cívico.

Aquí en Perú está pasando algo terrible. En el pueblo, no quieren partidos. Los usan, que es otra cosa. Eso es lo que sienten los gobernados. En cuanto a los gobernantes, no les gusta el Estado. Son utópicos del todo mercado. Se sabe los enfrentamientos entre facciones de la tecnocracia limeña. Y sin embargo, esta es una democracia. O pretende serlo. Octavio Paz, sin embargo, sostuvo que en la democracia no hay absolutos “… ni un proyecto sobre el futuro: es un método de convivencia civilizada, no se propone  cambiarnos ni llevarnos a ninguna parte, pide que cada uno sea capaz de convivir con su vecino, que la minoría acepte la voluntad de la mayoría, que la mayoría respete a la minoría, y que todos preserven y defiendan los derechos de los individuos». No creo que estos principios elementales se están cumpliendo en mi país, donde los elegidos, de Presidente a congresista, se insultan. ¿Un favorcito que les hacen a los diarios, que no venden si no hay injurias? ¿Y cuando de más arriba venga, mejor? ¿Los diarios chicha? ¡Pero si todos nos hemos achorado!

 

Publicado en El Montonero., 29 de agosto de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/del-presente-impreciso

Lo normal como decepción

Written By: Hugo Neira - Ago• 22•16

No estamos en Semana Santa pero el domingo 21 se le parece. Domingo de Ramos.  ¿Qué de bueno ha ocurrido? Llanamente un acuerdo entre gobierno y oposición. Así de simple y así de enorme. Puntual. No una alianza. En fin, algo positivo. Se acaba esa etapa gris que media entra una campaña electoral feroz y las responsabilidades de partidos y elegidos. Sin embargo, me he puesto a ver los diarios. Acerca de la recepción del momentáneo acuerdo entre oposición y gobierno y el trato que le han dado en los medios. Hay matices. Por ejemplo, El Comercio (20.08.16), toda una página ocupa el rostro de Fernando Zavala y este comentario: «oleado y sacramentado». Ese diario informa que «tras unas 20 horas y durante dos días, el gabinete Zavala obtuvo el voto de confianza en el Parlamento». En su editorial, sin embargo, encuentran en la voz de los opositores, «oblicuas exhibiciones de fuerza», se refiere a Marco Arana. Y en efecto, hubo frases infelices: «vayan a trabajar, pero no crean que van a durar cinco años» (Vitocho).

El diario Expreso es prudente. «Ahora viene lo difícil», y no le falta razón. La República prefiere levantar, como se dice en la jerga periodística, una frase del primer ministro, «hay que perfeccionar el sistema de AFP y de ONP». Pareciera sensato, una noticia que interesa al gran público. Pero unos cincuenta años de práctica periodística –los míos– me hacen dudar. Creo que sin dejar de informar, esquivan el lado político de lo ocurrido. Piensan que estuvo mal que el Primer Ministro atendiera el pedido de la oposición. ¿Describir, también, cómo había dejado el país el gobierno saliente? Hacerlo era un gesto mínimo. ¿Ante el Parlamento? Ante la ciudadanía. Pero les ha parecido una debilidad del premier Zavala. Incluso un columnista llega a decir que «se especula sobre el tamaño de las rodilleras que usará el premier Zavala ante pedidos futuros que serán infinitos». Querían bronca, no acuerdos. No les gusta la política. Entonces, ¿qué hacen de comentaristas? En general, flota en el aire como una decepción. Acaso la truculenta hipótesis era que la actual oposición pisaba el palito. ¡Qué crédulos! Dos días discutieron, preguntaron, pero aprobaron.

Mi lectura de lo ocurrido en el Congreso es otra. Es un clásico de la ciencia politica «la minimización relativa de los antagonismos» (Philippe Braud, El jardín de las delicias democráticas). Que en otras ocasiones no se hayan usado nos permite decir que estamos no solo progresando en mecanismos democráticos sino que dejamos al fin el periodo paleolítico de la vida política peruana. Ya era hora.

Muchos no han entendido el estilo psicológico en política de los días que corren. La lógica de los gobernantes quiere seguir la lógica de los electores. Los peruanos quieren ver funcionar el Estado. Hay prisa. Pero hasta ahora los escándalos han nutrido a los diarios y no los programas de los gobernantes. La información al revés, y frívola.

Por otra parte, hay que saberlo. Las relaciones entre el presidencialismo y el parlamentarismo es un debate actual en la América Latina. Un sistema parlamentario se acomoda mejor en otros lugares del mundo, no en el nuestro. El presidencialismo, que es lo que tenemos, tampoco es recomendable. Atenuarlo con un presidente más bien débil, no es negativo. No por eso hay que sustituirlo con «cheques en blanco», señala Arturo Valenzuela, autor de un libro sobre El fracaso de la democracia presidencial. ¿Sabe el amable lector, que las sociedades donde el presidente es relativamente débil, son las que producen más democracia? Aquí, muchos opinológos creen lo contrario. Lo que quiero decir es que las tensiones entre Parlamento y Ejecutivo van a ser frecuentes, pero esto no será un problema de los elegidos. De la clase política. Más bien de los medios de prensa, tal como lo veo en este instante. Se han acostumbrado a vivir del escándalo. La normalidad los asombra. Por eso han maleteado al gabinete Zavala y a los congresistas. Ese debate no tiene «sangrecita».

No todo nos prepara para los retos que vienen. Tenemos un sistema de partidos no binario —izquierda y derecha— sino trinario. Lo de a tres es pésimo. Eso fue el Chile de Allende, su bloque de socialistas y comunistas, la derecha conservadora y los socialcristianos de Frey que se negaron a apoyar a Allende. Ya saben lo que ocurrió. Otro defecto, no tenemos cámara alta. ¿Sabe el amable lector que los países bicamerales funcionan mejor porque la cámara alta permite las alianzas? Pero cuando le preguntaron al ciudadano de a pie, allá por los años 90, dijeron que «no querían viejitos». Como dice el padre Gutiérrez, «la voz del pueblo no es necesariamente la voz de Dios». Otras reformas, pocas, se necesitan para enmendar esa arquitectura incompatible con las necesidades actuales.

 

Publicado en El Montonero., 22 de agosto de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/lo-normal-como-decepcion

Olimpismo y politiquería

Written By: Hugo Neira - Ago• 16•16

No han terminado los Juegos Olímpicos en Brasil y como cualquier hijo de vecino no puedo resistir a seguir la variada competencia entre atletas venidos de todos los puntos cardinales del planeta. Es el XXXI evento, y se presume que estarían interviniendo unos  11000 atletas de 206 comités olímpicos nacionales, que compiten en 306 eventos y en 28 deportes, incluyendo algunos nuevos, como el rugby 7, que se sumó a los programas olímpicos en el 2009. La humanidad representada sigue creciendo, esta vez se suma Kosovo y Sudán del Sur. En cuanto a las atletas femeninas, en 1992 y en Barcelona, 35 países participaban con equipos masculinos. En el 2010, solo tres países no llevaron atletas femeninos, países islámicos, Brunei, Arabia Saudita y Qatar. Con esa excepción, la paridad de sexo progresa en el deporte.

Me sorprende, sin embargo, un artículo de Andrés Oppenheimer en el diario El Comercio (10/08). Lleva el título «Río de Janeiro, ¿un desastre olímpico?». Sostiene que «las malas noticias económicas y políticas han empañado las Olimpiadas de Río de Janeiro». Me asombra esta actitud. Debo decir que este hombre de los medios no es un cualquiera. Le conozco un libro estupendo, México: en la frontera del caos, de 1996. Oppenheimer, coganador del premio Pulitzer y del premio Ortega y Gasset. En ese libro entrevista al expresidente Carlos Salinas y a la vez, al subcomandante Marcos, líder de la guerilla zapatista. Esa objetividad, parece, la ha perdido.

Contrariamente a lo que dice, estas olimpiadas no transcurren solo en Río. Cierto, múltiples competiciones se están llevando a cabo en 33 recintos deportivos de cuatro barrios de Río de Janeiro, a saber, Maracaná, Barra da Tijuca, Deodoro y Copacabana. Pero también ocurre en cinco estadios ubicados en las ciudades de Sao Paulo, Belo Horizonte, Salvador de Bahía, Brasilia y Manaos.  Por la otra, todo lo que le interesa, so pretexto de JO, es demoler a Lula. Y su conclusión  «mi opinión: las Olimpiadas de Río de Janeiro fueron el producto de las ansias de grandeza del ex presidente brasileño Lula». Hombre, ¡qué descubrimiento!

Siempre ha ocurrido. Los JO se han utilizado como propaganda. La Alemania nazi en Berlín en 1936, se recuerda el fastidio de Hitler cuando un atleta negro, Jesse Owens, gana cuatro medallas de oro. Y hubo problemas cuando en 1980 y en 1984 unos 65 países bloquearon los JO en Moscú tras la invasión de los rusos en Afganistán. Los bloqueos por razones políticas han sido frecuentes.

Y en nuestros días, en la era del triunfo del dinero, parece un buen argumento los gastos elevados. ¿Río de Janeiro y Lula? A Montreal le tomó unos 30 años pagar la deuda de los Juegos de 1976. Hay una polémica en la que sería extenso ingresar, si los efectos son positivos o negativos para los países sedes. A los JO los han venido a salvar de alguna manera los derechos televisivos, y para el 2018 y 2024, ya están vendidos por unos 1’300 millones de euros. Entonces, impacto deleznable en las economías, sumado a dopaje, racismo y disputas, ¿debemos anular los Juegos Olímpicos? No lo creo, nadie lo cree. Es un signo. Cuando hay JO no hay guerras. Y no desaparecieron durante la guerra fría. Los hubo en Helsinki, Australia, Roma, Tokio, Munich, México, Montreal, Moscú, Los Ángeles, Seúl y Atlanta.

Este culto al sport puede dejar a los economistas escépticos sobre sus beneficios. Pero el deporte juega un rol enorme en nuestra civilización. Estos no son los enfrentamientos sangrientos de Roma. Esos juegos inspiran otros, los de invierno, los de la juventud. ¿Y qué son, en definitiva? Más allá de los negocios, la política, el profesionalismo de los atletas o la  belleza del espectáculo, tienen una razon de ser: se llama el olimpismo. Una filosofía de la vida (ver Estatutos). Se trata de combinar las cualidades del cuerpo, la voluntad y el valor del esfuerzo personal. Así, batir un récord o ganar una medalla, por cierto que cuenta. Pero el espíritu del olimpismo es fair play + amistad. Para eso lo fundó Pierre De Coubertin a finales del XIX. La ética del juego en competición reemplaza en cierta manera la rivalidad que solo se resuelve con la guerra.

Importan las emociones. ¿Han visto con qué afecto se abrazan los que han competido en una pileta o en unas pruebas de trampolín? La violencia domesticada. Una de las grandes hazañas del actual homo sapiens (Norbert Elias). Pienso en el triunfo de Del Potro ante Nadal, no por eso menos grande. El adiós de Phelps con sus 23 medallas de oro. Y adiós, ahora me voy a ver la final de 100 metros planos, varones. Un clásico, siempre intenso, emocionante.

 

Publicado en El Montonero., 15 de agosto de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/olimpismo-y-politiqueria

 

Poznan, tres tendencias. Estado, sociedad, economía

Written By: Hugo Neira - Ago• 13•16

Hace un mes el clima político lo traté de calma chicha. Se ha transformado en luna de miel. Es natural. Los ciudadanos esperan los pasos venideros, propuestas del ejecutivo, respuesta de la cámara legislativa. Entre tanto, el presente artículo prefiere abordar una temática igualmente decisiva. La escena política del mundo. Acabo de llegar de un viaje en cierto modo agotador. He estado no en uno sino en tres congresos internacionales de ciencias políticas. En Querétaro y Monterrey, en México. Y en Poznan, en Polonia. De mis ponencias no me ocupo sino de cómo los politicólogos, venidos de todos los puntos del horizonte, perciben el estado del planeta. Las ponencias fueron precisas, un país o una región del mundo, y un tema empírico ligado a una hipótesis teórica. Tomé notas y trabajé como un escolar en apuros. No me ocuparé de lo dicho en Querétaro y Monterrey, temas latinoamericanos en suelo mexicano, no esta vez.

Solo la cita de Poznan —que esperábamos fuera en Estambul— reunió miles de oyentes y ponencias escritas. Organizada por la IPSA (International Political Science Association) solo el catálogo de temáticas tiene el grosor de una guía de teléfono. Hubo unas 500 mesas de exposición y debate en el curso de cuatro días y está claro que resultaba imposible asistir a todas ellas.  Sobre Poznan,  citaré algunos temas abordados, muy diversos entre sí. Recuerdo la discusión sobre políticas comparativas por regiones, lo que podía abarcar desde Tijuana en México hasta Brasil, o la evolución en el Sahara africano. Y la desigualdad en China, y África. En otras mesas se abordaba las migraciones. O la burocracia en Corea del Sur. O los modelos de federalismo. Y el tema de las desigualdades, en Egipto, una tarde entera, y en China. Unos días después, la regeneración de los partidos españoles. O la binacional percepción de la política de Obama. No dejaron de haber mesas sobre los gobiernos locales, el tema de género, el etnocidio y los votantes, los parlamentos elitarios, los populismos. Una mesa se ocupó del ISIS o Estado Islámico. Y un tema que nos toca, la judicialización de la política.

Pese a la vastedad de la información, intentaré una síntesis. Tengo la sensación, que confirmaré leyendo por entero esa masa de ponencias en los meses venideros, de que predominaron tres tendencias. A saber, la preocupación por el Estado de derecho y en general por el Estado. La segunda, la calidad de la democracia unida al tema de los asedios que sufre. La tercera, las elites políticas y la emergencia de nuevas fuerzas ligadas a la globalización económica. No por separado, Estado, economía, sociedad. Se interactúan.

Por otra parte, no hay señales de un cambio radical de la economía hegemónica. Dicho de otra manera, la ciencia política no vislumbra una alternativa inmediata al capitalismo, salvo casos aislados. Pero no por ello hay que pensar que el congreso en Poznan se reunió para celebrar el neoliberalismo. Profesionalmente y en búsqueda de lo real se reunió para examinar “la política en un mundo de desigualdades” (Politics in a World of Inequality). Lo cual, para decirlo con todas sus letras, renuncia a dos posturas más bien ideológicas y poco realistas. Por un lado, las economías planificadas han fracasado en Rusia, Europa, Asia y América Latina. Por otro lado, tampoco se suman a los ultraliberales que piensan que todo se reduce a más mercado, más negocios, más inversiones. La globalización del mundo no es discutible, pero tanto como crea riqueza crea nuevos problemas políticos y sociales. Entre ellos, la sucesión de crisis. En un estudio reciente, dice Niall Ferguson, de Harvard, que desde 1870 se ha identificado unas 148 crisis, y la economía, “sujeta a la fuerza motora del auge del dinero y del progreso humano”, es también “el reino de la incertidumbre”. (The Ascent o Money: A Financial History of the World, 2008). Entonces el otro gran problema, que se vincula paradójicamente al auge económico, es el de desigualdad. En fin, escuchando las discusiones de Poznan, Querétaro y Monterrey, vi con más claridad algunos de nuestros grandes defectos, tan grandes que no tienen agenda. Se necesita del Estado. Y no cualquier tipo. Se necesita el Estado de derecho. Sabemos que hacia el 2030, cuando la humanidad llegue a los 9 mil millones de seres  humanos,  un 59% estará en las clases medias. Ahora bien, ¿eso garantiza gobernabilidades más estables? De ninguna manera. La lucha que se avecina no solo es por dinero sino por derechos. A ver si nos damos por enterados.

Aterricemos en Lima. De esas tres preocupaciones planetarias —la importancia del Estado de derecho, la calidad de la política y la democracia, las relaciones del poder y la economía— tengo la impresión que solo nos importa actualmente la tercera. ¿Quién negará que es importante? Reducción del IGV, infraestructura, pero es muy difícil, casi imposible, cambiar el Poder judicial con una ley, o la tramitología. Se necesita una reforma del Estado en sendos casos. Por ejemplo, establecer una carrera de servidor público por concurso, como ocurre en sociedades del más avanzado capitalismo. Y establecer reglas y normas estables. Hernando de Soto sostiene que el Estado actual produce 100 normas por día. O sea, al año, 30 mil normas. Se necesita, dice, un sistema estable que no acumule las trabas. El mal estado del Estado no ayuda a ningún gobierno.

 

Publicado en El Comercio, 13 de agosto de 2016

http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/poznan-estado-sociedad-y-economia-hugo-neira-noticia-1923887