Lo normal como decepción

Written By: Hugo Neira - Ago• 22•16

No estamos en Semana Santa pero el domingo 21 se le parece. Domingo de Ramos.  ¿Qué de bueno ha ocurrido? Llanamente un acuerdo entre gobierno y oposición. Así de simple y así de enorme. Puntual. No una alianza. En fin, algo positivo. Se acaba esa etapa gris que media entra una campaña electoral feroz y las responsabilidades de partidos y elegidos. Sin embargo, me he puesto a ver los diarios. Acerca de la recepción del momentáneo acuerdo entre oposición y gobierno y el trato que le han dado en los medios. Hay matices. Por ejemplo, El Comercio (20.08.16), toda una página ocupa el rostro de Fernando Zavala y este comentario: «oleado y sacramentado». Ese diario informa que «tras unas 20 horas y durante dos días, el gabinete Zavala obtuvo el voto de confianza en el Parlamento». En su editorial, sin embargo, encuentran en la voz de los opositores, «oblicuas exhibiciones de fuerza», se refiere a Marco Arana. Y en efecto, hubo frases infelices: «vayan a trabajar, pero no crean que van a durar cinco años» (Vitocho).

El diario Expreso es prudente. «Ahora viene lo difícil», y no le falta razón. La República prefiere levantar, como se dice en la jerga periodística, una frase del primer ministro, «hay que perfeccionar el sistema de AFP y de ONP». Pareciera sensato, una noticia que interesa al gran público. Pero unos cincuenta años de práctica periodística –los míos– me hacen dudar. Creo que sin dejar de informar, esquivan el lado político de lo ocurrido. Piensan que estuvo mal que el Primer Ministro atendiera el pedido de la oposición. ¿Describir, también, cómo había dejado el país el gobierno saliente? Hacerlo era un gesto mínimo. ¿Ante el Parlamento? Ante la ciudadanía. Pero les ha parecido una debilidad del premier Zavala. Incluso un columnista llega a decir que «se especula sobre el tamaño de las rodilleras que usará el premier Zavala ante pedidos futuros que serán infinitos». Querían bronca, no acuerdos. No les gusta la política. Entonces, ¿qué hacen de comentaristas? En general, flota en el aire como una decepción. Acaso la truculenta hipótesis era que la actual oposición pisaba el palito. ¡Qué crédulos! Dos días discutieron, preguntaron, pero aprobaron.

Mi lectura de lo ocurrido en el Congreso es otra. Es un clásico de la ciencia politica «la minimización relativa de los antagonismos» (Philippe Braud, El jardín de las delicias democráticas). Que en otras ocasiones no se hayan usado nos permite decir que estamos no solo progresando en mecanismos democráticos sino que dejamos al fin el periodo paleolítico de la vida política peruana. Ya era hora.

Muchos no han entendido el estilo psicológico en política de los días que corren. La lógica de los gobernantes quiere seguir la lógica de los electores. Los peruanos quieren ver funcionar el Estado. Hay prisa. Pero hasta ahora los escándalos han nutrido a los diarios y no los programas de los gobernantes. La información al revés, y frívola.

Por otra parte, hay que saberlo. Las relaciones entre el presidencialismo y el parlamentarismo es un debate actual en la América Latina. Un sistema parlamentario se acomoda mejor en otros lugares del mundo, no en el nuestro. El presidencialismo, que es lo que tenemos, tampoco es recomendable. Atenuarlo con un presidente más bien débil, no es negativo. No por eso hay que sustituirlo con «cheques en blanco», señala Arturo Valenzuela, autor de un libro sobre El fracaso de la democracia presidencial. ¿Sabe el amable lector, que las sociedades donde el presidente es relativamente débil, son las que producen más democracia? Aquí, muchos opinológos creen lo contrario. Lo que quiero decir es que las tensiones entre Parlamento y Ejecutivo van a ser frecuentes, pero esto no será un problema de los elegidos. De la clase política. Más bien de los medios de prensa, tal como lo veo en este instante. Se han acostumbrado a vivir del escándalo. La normalidad los asombra. Por eso han maleteado al gabinete Zavala y a los congresistas. Ese debate no tiene «sangrecita».

No todo nos prepara para los retos que vienen. Tenemos un sistema de partidos no binario —izquierda y derecha— sino trinario. Lo de a tres es pésimo. Eso fue el Chile de Allende, su bloque de socialistas y comunistas, la derecha conservadora y los socialcristianos de Frey que se negaron a apoyar a Allende. Ya saben lo que ocurrió. Otro defecto, no tenemos cámara alta. ¿Sabe el amable lector que los países bicamerales funcionan mejor porque la cámara alta permite las alianzas? Pero cuando le preguntaron al ciudadano de a pie, allá por los años 90, dijeron que «no querían viejitos». Como dice el padre Gutiérrez, «la voz del pueblo no es necesariamente la voz de Dios». Otras reformas, pocas, se necesitan para enmendar esa arquitectura incompatible con las necesidades actuales.

 

Publicado en El Montonero., 22 de agosto de 2016

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Olimpismo y politiquería

Written By: Hugo Neira - Ago• 16•16

No han terminado los Juegos Olímpicos en Brasil y como cualquier hijo de vecino no puedo resistir a seguir la variada competencia entre atletas venidos de todos los puntos cardinales del planeta. Es el XXXI evento, y se presume que estarían interviniendo unos  11000 atletas de 206 comités olímpicos nacionales, que compiten en 306 eventos y en 28 deportes, incluyendo algunos nuevos, como el rugby 7, que se sumó a los programas olímpicos en el 2009. La humanidad representada sigue creciendo, esta vez se suma Kosovo y Sudán del Sur. En cuanto a las atletas femeninas, en 1992 y en Barcelona, 35 países participaban con equipos masculinos. En el 2010, solo tres países no llevaron atletas femeninos, países islámicos, Brunei, Arabia Saudita y Qatar. Con esa excepción, la paridad de sexo progresa en el deporte.

Me sorprende, sin embargo, un artículo de Andrés Oppenheimer en el diario El Comercio (10/08). Lleva el título «Río de Janeiro, ¿un desastre olímpico?». Sostiene que «las malas noticias económicas y políticas han empañado las Olimpiadas de Río de Janeiro». Me asombra esta actitud. Debo decir que este hombre de los medios no es un cualquiera. Le conozco un libro estupendo, México: en la frontera del caos, de 1996. Oppenheimer, coganador del premio Pulitzer y del premio Ortega y Gasset. En ese libro entrevista al expresidente Carlos Salinas y a la vez, al subcomandante Marcos, líder de la guerilla zapatista. Esa objetividad, parece, la ha perdido.

Contrariamente a lo que dice, estas olimpiadas no transcurren solo en Río. Cierto, múltiples competiciones se están llevando a cabo en 33 recintos deportivos de cuatro barrios de Río de Janeiro, a saber, Maracaná, Barra da Tijuca, Deodoro y Copacabana. Pero también ocurre en cinco estadios ubicados en las ciudades de Sao Paulo, Belo Horizonte, Salvador de Bahía, Brasilia y Manaos.  Por la otra, todo lo que le interesa, so pretexto de JO, es demoler a Lula. Y su conclusión  «mi opinión: las Olimpiadas de Río de Janeiro fueron el producto de las ansias de grandeza del ex presidente brasileño Lula». Hombre, ¡qué descubrimiento!

Siempre ha ocurrido. Los JO se han utilizado como propaganda. La Alemania nazi en Berlín en 1936, se recuerda el fastidio de Hitler cuando un atleta negro, Jesse Owens, gana cuatro medallas de oro. Y hubo problemas cuando en 1980 y en 1984 unos 65 países bloquearon los JO en Moscú tras la invasión de los rusos en Afganistán. Los bloqueos por razones políticas han sido frecuentes.

Y en nuestros días, en la era del triunfo del dinero, parece un buen argumento los gastos elevados. ¿Río de Janeiro y Lula? A Montreal le tomó unos 30 años pagar la deuda de los Juegos de 1976. Hay una polémica en la que sería extenso ingresar, si los efectos son positivos o negativos para los países sedes. A los JO los han venido a salvar de alguna manera los derechos televisivos, y para el 2018 y 2024, ya están vendidos por unos 1’300 millones de euros. Entonces, impacto deleznable en las economías, sumado a dopaje, racismo y disputas, ¿debemos anular los Juegos Olímpicos? No lo creo, nadie lo cree. Es un signo. Cuando hay JO no hay guerras. Y no desaparecieron durante la guerra fría. Los hubo en Helsinki, Australia, Roma, Tokio, Munich, México, Montreal, Moscú, Los Ángeles, Seúl y Atlanta.

Este culto al sport puede dejar a los economistas escépticos sobre sus beneficios. Pero el deporte juega un rol enorme en nuestra civilización. Estos no son los enfrentamientos sangrientos de Roma. Esos juegos inspiran otros, los de invierno, los de la juventud. ¿Y qué son, en definitiva? Más allá de los negocios, la política, el profesionalismo de los atletas o la  belleza del espectáculo, tienen una razon de ser: se llama el olimpismo. Una filosofía de la vida (ver Estatutos). Se trata de combinar las cualidades del cuerpo, la voluntad y el valor del esfuerzo personal. Así, batir un récord o ganar una medalla, por cierto que cuenta. Pero el espíritu del olimpismo es fair play + amistad. Para eso lo fundó Pierre De Coubertin a finales del XIX. La ética del juego en competición reemplaza en cierta manera la rivalidad que solo se resuelve con la guerra.

Importan las emociones. ¿Han visto con qué afecto se abrazan los que han competido en una pileta o en unas pruebas de trampolín? La violencia domesticada. Una de las grandes hazañas del actual homo sapiens (Norbert Elias). Pienso en el triunfo de Del Potro ante Nadal, no por eso menos grande. El adiós de Phelps con sus 23 medallas de oro. Y adiós, ahora me voy a ver la final de 100 metros planos, varones. Un clásico, siempre intenso, emocionante.

 

Publicado en El Montonero., 15 de agosto de 2016

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Poznan, tres tendencias. Estado, sociedad, economía

Written By: Hugo Neira - Ago• 13•16

Hace un mes el clima político lo traté de calma chicha. Se ha transformado en luna de miel. Es natural. Los ciudadanos esperan los pasos venideros, propuestas del ejecutivo, respuesta de la cámara legislativa. Entre tanto, el presente artículo prefiere abordar una temática igualmente decisiva. La escena política del mundo. Acabo de llegar de un viaje en cierto modo agotador. He estado no en uno sino en tres congresos internacionales de ciencias políticas. En Querétaro y Monterrey, en México. Y en Poznan, en Polonia. De mis ponencias no me ocupo sino de cómo los politicólogos, venidos de todos los puntos del horizonte, perciben el estado del planeta. Las ponencias fueron precisas, un país o una región del mundo, y un tema empírico ligado a una hipótesis teórica. Tomé notas y trabajé como un escolar en apuros. No me ocuparé de lo dicho en Querétaro y Monterrey, temas latinoamericanos en suelo mexicano, no esta vez.

Solo la cita de Poznan —que esperábamos fuera en Estambul— reunió miles de oyentes y ponencias escritas. Organizada por la IPSA (International Political Science Association) solo el catálogo de temáticas tiene el grosor de una guía de teléfono. Hubo unas 500 mesas de exposición y debate en el curso de cuatro días y está claro que resultaba imposible asistir a todas ellas.  Sobre Poznan,  citaré algunos temas abordados, muy diversos entre sí. Recuerdo la discusión sobre políticas comparativas por regiones, lo que podía abarcar desde Tijuana en México hasta Brasil, o la evolución en el Sahara africano. Y la desigualdad en China, y África. En otras mesas se abordaba las migraciones. O la burocracia en Corea del Sur. O los modelos de federalismo. Y el tema de las desigualdades, en Egipto, una tarde entera, y en China. Unos días después, la regeneración de los partidos españoles. O la binacional percepción de la política de Obama. No dejaron de haber mesas sobre los gobiernos locales, el tema de género, el etnocidio y los votantes, los parlamentos elitarios, los populismos. Una mesa se ocupó del ISIS o Estado Islámico. Y un tema que nos toca, la judicialización de la política.

Pese a la vastedad de la información, intentaré una síntesis. Tengo la sensación, que confirmaré leyendo por entero esa masa de ponencias en los meses venideros, de que predominaron tres tendencias. A saber, la preocupación por el Estado de derecho y en general por el Estado. La segunda, la calidad de la democracia unida al tema de los asedios que sufre. La tercera, las elites políticas y la emergencia de nuevas fuerzas ligadas a la globalización económica. No por separado, Estado, economía, sociedad. Se interactúan.

Por otra parte, no hay señales de un cambio radical de la economía hegemónica. Dicho de otra manera, la ciencia política no vislumbra una alternativa inmediata al capitalismo, salvo casos aislados. Pero no por ello hay que pensar que el congreso en Poznan se reunió para celebrar el neoliberalismo. Profesionalmente y en búsqueda de lo real se reunió para examinar “la política en un mundo de desigualdades” (Politics in a World of Inequality). Lo cual, para decirlo con todas sus letras, renuncia a dos posturas más bien ideológicas y poco realistas. Por un lado, las economías planificadas han fracasado en Rusia, Europa, Asia y América Latina. Por otro lado, tampoco se suman a los ultraliberales que piensan que todo se reduce a más mercado, más negocios, más inversiones. La globalización del mundo no es discutible, pero tanto como crea riqueza crea nuevos problemas políticos y sociales. Entre ellos, la sucesión de crisis. En un estudio reciente, dice Niall Ferguson, de Harvard, que desde 1870 se ha identificado unas 148 crisis, y la economía, “sujeta a la fuerza motora del auge del dinero y del progreso humano”, es también “el reino de la incertidumbre”. (The Ascent o Money: A Financial History of the World, 2008). Entonces el otro gran problema, que se vincula paradójicamente al auge económico, es el de desigualdad. En fin, escuchando las discusiones de Poznan, Querétaro y Monterrey, vi con más claridad algunos de nuestros grandes defectos, tan grandes que no tienen agenda. Se necesita del Estado. Y no cualquier tipo. Se necesita el Estado de derecho. Sabemos que hacia el 2030, cuando la humanidad llegue a los 9 mil millones de seres  humanos,  un 59% estará en las clases medias. Ahora bien, ¿eso garantiza gobernabilidades más estables? De ninguna manera. La lucha que se avecina no solo es por dinero sino por derechos. A ver si nos damos por enterados.

Aterricemos en Lima. De esas tres preocupaciones planetarias —la importancia del Estado de derecho, la calidad de la política y la democracia, las relaciones del poder y la economía— tengo la impresión que solo nos importa actualmente la tercera. ¿Quién negará que es importante? Reducción del IGV, infraestructura, pero es muy difícil, casi imposible, cambiar el Poder judicial con una ley, o la tramitología. Se necesita una reforma del Estado en sendos casos. Por ejemplo, establecer una carrera de servidor público por concurso, como ocurre en sociedades del más avanzado capitalismo. Y establecer reglas y normas estables. Hernando de Soto sostiene que el Estado actual produce 100 normas por día. O sea, al año, 30 mil normas. Se necesita, dice, un sistema estable que no acumule las trabas. El mal estado del Estado no ayuda a ningún gobierno.

 

Publicado en El Comercio, 13 de agosto de 2016

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Post Brexit. Un reflejo de prudencia en toda Europa

Written By: Hugo Neira - Ago• 09•16

Escribo esta nota después de Poznan, la antigua capital de Polonia donde tuvo lugar un  Congreso mundial de ciencias políticas y en ruta a París, y me parece necesario transmitirles los sentimientos europeos tras la salida del Reino Unido. Dejando de lado un humor bastante amargo —comienzan a llamarlo “el Reino desunido” ante la posibilidad venidera de que Escocia e Irlanda prefieran quedarse en la Unión Europea— me atengo a los resultados de una encuesta. Organizada por la Fundación Jean Jaurès y la Fundación Europea de Estudios Progresistas, la dicha encuesta cubre seis países, a saber, Alemania, Bélgica, España, Francia, Italia y Polonia. Es probable que los diarios peruanos hayan tenido esta información. En Europa se han republicado en Le Soir, El País, el Süddeutsche Zeitung, La Reppublica y extensamente en el diario Le Monde. ¿Qué dice de esencial esta consulta a ciudadanos europeos?

El euroescepticismo estaría en retroceso, incluyendo “la misma extrema derecha” (Le Monde). El apego a la UE progresa también en el seno de los partidos de la izquierda radical. Es cierto que en diarios e informaciones de los medios no deja de decirse los líos en que andan metidos los británicos tras el Brexit, y por lo visto, nadie quiere verse en los otros 28 Estados de la Unión (no todos en el euro) en la situación actual de los ingleses. Tras la encuesta y el reflejo de prudencia se hallan algunas otras razones menos visibles, como las que provienen de la geopolítica. Me refiero al tema turco y la vecindad inquietante de Rusia, es decir, la necesidad que tienen estas naciones, al margen de la economía, de permanecer unidas por razones de orden más bien militar. Pero vayamos a la encuesta misma.

Se les ha preguntado a los ciudadanos encuestados lo siguiente. En caso de un referéndum, por cuál de estas opciones se inclinarían, mantenerse en la Unión, salir de ella y la última, no pronunciarse. Los resultados han sido los siguientes: ninguno de los seis ha votado por salir. Los porcentajes de adhesión oscilan con diferencias en cada nación: un 53% los franceses, 65% en Alemania, 52% en Italia —el más frágil de todos— 67% en España, 61% en Bélgica y un 84% en Polonia. En cuanto al euro —hay países dentro de la Unión y fuera de la zona del euro— las respuestas son las siguientes. En Francia un 75% no quiere volver al franco. En Alemania un 67% dicen no al antiguo marco. Los italianos que no quieren el retorno a la lira son un 57%. Y lejos de la peseta un 69% de españoles. Y se olvidan del florín los Belgas con un 75%. En cuanto a Polonia, donde pasé una larga semana, tuvimos que cambiar euros por zlotis, una relación de 3,5.

No es lo único que aporta la encuesta. Hay que destacar que en general están en contra de toda ampliación de la UE, con lo cual el tema del ingreso de Turquía queda descartado. Un socio como Turquía habría sido conveniente cuando era un estado laico en una población islámica. Un poco que Europa se durmió. Este tema, para otra ocasión.

Cierto, la encuesta es fotografía inmediata, la opinión puede cambiar. A lo que voy, no se ha producido el desmadejamiento de las naciones europeas —seamos francos— que más de uno de los opinólogos limeños presagiaban. Es lo contrario. Me atrevería a decir que el Welfare State (el reconocimiento de los derechos sociales por el Estado) a la manera europea sale favorecido. Pero no quiero caer en ilusiones, en la encuesta hay también una demanda de mayores iniciativas en la clase política para relanzar “el proyecto europeo”. La revista L’Express titula: “Refaire l’Europe”. ¿Qué quiere decir eso? “La Europa social”. Cuesta mucho entender, desde el Perú cuyos dirigentes solo  confían en el mercado, esas geopolíticas europeas. Estamos aislados entre una cordillera y el inmenso océano más bien asiático que es el Pacífico de ese mundo europeo, y nos falta información. Cierto, su integración resulta trabajosa puesto que en ella existen “diversos tipos de capitalismos”. Europa es múltiple, economías diversas, naciones milenarias, lenguas distintas. Y un contexto, a un lado, Rusia. Al otro lado del Mediterráneo, población islámica. Repito esa es otra geopolítica: rusos, turcos, islámicos, Israel, el África. Lejos de América. Lejos de China.

¿Hay un islam moderado? Lo hay, pero hay otro y violento y como señala Nial Ferguson, profesor en Harvard, van al islam radical no solo devotos musulmanes “sino jóvenes inadaptados de otros orígenes” (“De Babilonia a Wall Street”). Es acaso el desafío mayor. Ahora bien, vivimos en un planeta de dinamismos capitalistas distintos. Y el nuestro, ¿cuál es? ¿Solo mercado y sin reformas del Estado?

 

Publicado en El Montonero., 8 de agosto de 2016

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Jorge Nieto, algo más que un ministro

Written By: Hugo Neira - Ago• 01•16

En el curso de este viaje por Europa tuvimos noticias diversas. Una, terrible, en Turquía, purgas y 10 mil detenciones que el presidente Tayyip Erdogan lleva a cabo, entre ellos colegas que no llegaron a nuestro Congreso de ciencias políticas.1

La otra noticia fue más bien grata. Jorge Nieto ya será ministro de cultura cuando se publique este texto. Me parece un gesto político muy importante por las diversas razones que a continuación expongo.

Nieto y el que esto escribe, nos conocimos aunque pasajeramente. Sin embargo en algo que yo no puedo olvidar. Eran los años del velasquismo y Nieto militaba en uno de los tantos partidos de izquierda, para los cuales la “aplanadora” del Sinamos era un dolor de cabeza. Nos dijeron de todo, de fascistas para abajo. Pero Nieto, a Carlos Franco, a Francisco Guerra García, a Carlos Delgado y a Béjar, nos trató de ser parte de un “reformismo militar”. No estaba del todo mal para el clima de ese momento. Otro que nos trató de reformistas fue Ricardo Letts. Los más feroces opositores eran unos ultras, con el tiempo formarían Sendero Luminoso. Años después, en una de mis tantas visitas a México, lo volví a encontrar.  Y de ahí hacia delante, amigos.

En cuanto a su perfil —es decir, que es sociólogo, doctorados, etc— lo ha hecho a tiempo Enrique Planas. Solo quiero añadir qué significa en la vida de un peruano la experiencia mexicana. Y eso, me parece, un tema central. Nieto no ha sido el único peruano en vivir en México. Tomo en cuenta a Rafael Roncagliolo, a Osmar Gonzáles y su doctorado en el Colegio de México. Y a Hugo Garavito. Nieto como Garavito puede que sean los peruanos que más  tiempo recibieron las lecciones prácticas de la vida política de México. En ambos me ha asombrado siempre su tino y la finura del análisis de situación. Y disposiciones para lo que Pareto llamaba “el arte de las combinaciones”. En ese sentido, México es el Vaticano de la cultura política latinoamericana. Cuando se entiende qué pasa en los Pinos, el nombre corriente que dan los mexicanos a la residencia presidencial, se entiende todo el resto.

Ministro de cultura, era de esperar. Ha vivido en un México donde la cultura no es la última rueda del coche como en nuestro descuidado país, sino la pieza clave.  Formación de la conciencia nacional, servicio público como por ejemplo el mejor museo antropológico del planeta, gasto en educación e instituciones que no podemos ni imaginar. ¿Sabe usted, amable lector, que tienen unos “investigadores nacionales”, para que investiguen y escriban de por vida? Y ese Colegio de México¡! Y muchas otras instituciones y recursos que los mexicanos gozan porque el Estado es culto y su clase política. Aman y protegen a sus intelectuales. Octavio Paz vivió en México. Mario Vargas Llosa tuvo que irse a los veintitantos años. Igual Julio Ortega, Oviedo, tantos…

Pero en el intitulado digo que Nieto es algo más. En un gabinete en que predominan los expertos, puede que contribuya en puntos precisos. Por ejemplo, la cuestión de la regionalización, ese actual pantano. Jorge Nieto conoce cómo funciona un país vasto y complejo como el mexicano siendo federal. Cuando quieran discutir sobre la lucha contra la corrupción, Nieto podrá explicar algo que se desconoce de México, las instituciones instaladas para detectar con la más avanzada informática el movimiento de capitales delictivos. Andan varios pasos por delante nuestro.

En suma, el Presidente —y el país— gana en tener consigo una cabeza política. Y una que se ha nutrido de realidades aun más enmarañadas que las nuestras. Estoy diciendo entonces que no solo hará una gestión ministerial sino que el sociólogo Nieto y consultor de presidentes centroamericanos puede levantar una arquitectura de partido político que por el momento el electo mandatario Pedro Pablo Kuczynski no tiene. O sea, ese jale de alguien que piensa en qué es hacer política, plantea problemas tanto a Verónika Mendoza como a Keiko Fujimori. Ya ha dicho Nieto que no le veía futuro al Frente Amplio. ¡Menos ahora! El nuevo ministro tiene cualidades que la izquierda no pudo hasta ahora reunir en una sola persona.

En fin, voy a hacer una apuesta pública con el flamante ministro. Aquí me callo pero pongo unas líneas en una carta que sellaré solo para abrirla hacia el 2019. Y daré la carta a guardar, por ejemplo, a Max Hernández. Y al lector curioso, que espero sepa el ajedrez, le sugiero algo. Nieto ha comenzado una larga partida con la apertura llamada Nimzoindia, estrategia de mover apenas un peón, luego un caballo. No digo más. Esa cabeza despejada al lado de ese Presidente, es un tablero que todos miraremos, de lo más interesante. Hasta hace unos días, Palacio era una desolada comisaría.

1 En la Mittleeuropa corre el rumor de que es un autogolpe

Publicado en El Montonero., 01 de agosto de 2016

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