Del asombro al entendimiento

Written By: Hugo Neira - Jun• 20•16

Hay sociologías donde el asombro ante la novedad no tienen lugar. No es esa mi barra brava. Bernard Lahire, en El espíritu sociológico, sostiene que «debemos tener una disposición a la variación de los fenómenos sociales y que la idea crítica no es la descalificación de los hechos empíricos», por mucho que no nos gusten¡! Que se me perdone este texto personal y acaso sentimental. En la vida llega el momento de hacer un recuento de sí mismo. Me ocurren dos cosas. Me acerco a los ochenta años, por una parte. Y por la otra, algunas de mis reflexiones son ininteligibles para algunos de mis amigos, entre los más queridos. No deberían sorprenderse. Siempre he pensado por mi cuenta y siempre he sido incorrecto. De ahí algunos aciertos.

En 1964, el diario Expreso, entonces dirigido por José Antonio Encinas, me envió «al sur» que ardía en recuperaciones de tierras. Fui, conversé y escribí. Mis crónicas recogidas en un libro, acaso por su sinceridad, me ganan el Premio Fomento a la Cultura. Escrito a los 27 años, ¿qué describía? Un fenómeno nuevo, inusitado. La rebelión espontánea de campesinos arrendires y aparceros. Su lógica social no respondía  en nada al pasado. Tampoco era una guerilla. Amanecían nuevos líderes, además de Hugo Blanco, Eduardo Zumire y Saturnino Huillca. Los insurrectos se autogobernaban. Mi solo mérito fue el asombro y decir la verdad. Raúl Vargas dijo que me había vuelto «cronista de indios». Y tenía razón.

Cuzco: tierra y muerte me vale la invitación a trabajar en París con François Chevalier en la Fondation Nationale des Sciences Politiques. No había terminado de instalarme cuando estalla Mayo de 1968. Como venía de San Marcos no me sorprendió la toma de calles de París y las barricadas, más bien otra cosa. La organización y el discurso libertario. Raymond Aron, tan inteligente, confesó su desconcierto. «No sé si es la última revolución del siglo XIX francés o la primera del siglo XXI.» De nuevo lo inclasificable.

En 1969 vuelvo al Perú y tras la iniciativa de Carlos Delgado, me incorporo —tras largos meses de reflexión— al puñado de excomunistas, exapristas y demócratas cristianos rebeldes que entraban al velasquismo. Y de nuevo una extrañeza, “militares de izquierda”. Parece que el destino me había preparado a la costumbre de lo imprevisible. Siete años más tarde, en el inevitable exilio europeo, habiendo retomado mi actividad de investigador, enfrento el tercer caso de excepcionalidad. Estalla la revuelta obrera de Solidarnosc, de Lech Walesa. Viajo a Polonia, observo y le envío a Carlos Franco un ensayo. La clase obrera rechazaba el principio mismo de legitimidad del comunismo. Y anuncio, un decenio antes, el fin de la URSS. Por esos años, regresé a Madrid y asisto al fin del franquismo y la Transición. Mi cuarta estadía en el territorio asombroso de lo socialmente inesperado.

Cuando vuelvo al Perú, Francisco Guerra García me pide que investigue lo que más me sorprenda. Y trabajo sobre la anomia. 1987. En la izquierda el único que me entendió fue Nicolás Lynch. Mi texto, por cierto incorrecto, no hablaba del desborde sino de una nueva inclinación por lo ilícito. La anomia crecía en las capas populares. Hería sin desearlo la susceptibilidad de quienes esperaban una nueva plebe revolucionaria. Como sabemos, hoy la generalizada anomia es nuestro rasgo dominante. Ese caminar se acompañó de un estudio permanente de orden conceptual. Castoriadis y su idea de la autoorganización y la complejidad de Morin. Ellos son los pilares epistemológicos de  los 50 ensayos de Hacia la tercera mitad. Ante cada fenómeno, mi asombro preparaba el ejercicio del entendimiento. Pero no hay que confundirse. Me admiró la originalidad del aprismo. Escribí mucho sobre ese partido pero no me hice militante. Tampoco antiaprista. Eso no se entiende en algunas universidades que actúan como si fueran mezquitas.

Acaso llevo conmigo la lección de autonomía del maestro Porras y sin duda Hegel: la lógica de la liberación pasa por la «subversión del esclavo ante el amo». No soy más inteligente que los demás, solo un espíritu libre, o lo intento. Como profesor no encierro a mis alumnos en ninguna caja de hierro dogmática. Mi irreverencia intelectual, que en otras sociedades es la postura normal del académico, me ha permitido entender el peronismo, el PRI mexicano, Gandhi y Nelson Mandela y los “Indignados” de Madrid. Y la ambigua globalización mundial de estos días que enriquece y a la vez destruye sociedades enteras. Creo que de niño me encantaron los héroes solitarios, Fantomas, Mandrake, El Llanero Solitario.

Keiko en el 2011 y Humala me parecieron dos outsiders no democráticos (24.03.11, La República). Keiko de hoy, viajes por el interior y demanda popular que ingresa con ella a la legitimidad, es una innovación no solo política. En mi comportamiento como científico social hay eso que tienen los geólogos, no temen los volcanes. Donde el sentido común ve repetición yo veo proceso. Hernando de Soto vio venir las mutaciones de la migración. Por mi parte en el keikismo presiento unas placas tectónicas. Pero el peso de la noche es muy fuerte en el Perú y casi todo lo remiten al pasado. Se les escapa el hervor del mundo.

Publicado en El Montonero., 20 de junio de 2016

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Drinot: «El gran reto es explicar el fujimorismo»

Written By: Hugo Neira - Jun• 18•16

Se avecinan tiempos difíciles. No veo una dualidad PPK y Keiko sino un triángulo. Estado, parlamento y sociedad. Y relaciones complejas. Ya no se trata de marketing electorero y mañoso, ya fue. Se trata de encontrar respuestas a los problemas de fondo y además en el corto plazo. Hay una primera problemática: la presidencia misma. Lo que voy a decir no concierne a la persona del presidente electo sino a la función política misma.

Para comenzar, se ha tenido tasas altas de crecimiento en el último decenio, mientras la autoridad presidencial se deterioraba. Es paradójico, qué duda cabe. ¿Milagro económico por decenios y profundidad del descontento? Segundo punto, se supone que nuestro régimen es presidencialista, como lo es América entera. ¿Realmente? Del sillón presidencial ha dejado de emanar un poder omnipotente. No me voy a detener en las causas, salvo que la mayor de todas es el caos regionalizado. Tercero, el actual presidente electo no cuenta con el soporte de un partido hegemónico. Y es  probable que el país se haya habituado al laxismo tras cinco años con Humala. De ahí Cajamarca, Tía María. Y Santos o Arana para el 2021. De modo que cualquier gesto de autoridad va a pasar como autoritarismo.

Hay una segunda problemática, acaso más grave. Un texto riguroso de Waldo Mendoza, economista, académico y ex viceministro de Hacienda (2005-2006), nos revela que los ingresos de asalariados y no asalariados (el sector informal) no se ha movido desde 1990 en relación a rentistas e ingresos corporativos que han montado en flecha. La desigualdad es manifiesta, real, riesgosa. Llevamos 26 años de brecha social. ¿Se entiende que voten cada 5 años contra el sistema? ¿Y nos envían outsiders? Ese gigantesco reto cae ahora sobre los hombros de PPK y de Keiko.

El intitulado es una frase del profesor Paulo Drinot en una entrevista. En Drinot, que se formó en Oxford, no hay una pizca de simpatía por el fujimorismo. Lo que resalto, al margen de su opción a la cual tiene todo el derecho, es esta reflexión: «no hemos hecho el esfuerzo de estudiarlo y es un gran error porque no hemos podido explicar el fenómeno de estas elecciones y en el transcurso de los últimos años». Coincido y a la vez discrepo de varias de sus afirmaciones, por ejemplo, que ese voto refleje una «estructura de clase racializada peruana». Eso me parece una fantasía como cuando a Sendero se le atribuía pujos indianistas. Pero esa pregunta ya la formulé en diarios limeños y en un congreso internacional acudí a una idea de Marisol de la Cadena, antropóloga, que frente a la actual comunidad campesina, la llama «una realidad sin teoría». Lo mismo digo del keikismo. Drinot vive en Londres. Por lo visto, desde Inglaterra las ciencias sociales ven más claro el Perú que nuestras universidades. ¿Entender y explicar? Profesor Drinot, eso es muy difícil de hacer en este país. Aquí se ha creado un clima intransigente y un puñado de gente determina qué es lo correcto. Practican el estigma. Las pasiones políticas han invadido a la «intelligentsia». No es fácil pensar por cuenta propia, se lo aseguro.

Es obvio que el Presidente electo y Keiko se encuentren. Ya lo harán, dialogar y encontrar puntos comunes, sin duda pocos. Otra cosa es pactos corporativos. No pueden ni deben fusionarse. Eso sería un desastre. Nuestra gastronomía mezcla ingredientes. La política, en cambio «es la organización de las separaciones» (Manent). Hay mucha gente que tiembla ante un nuevo fantasma: la polarización. Mientras sea política, y no social, no la temo. En cuanto al diálogo, solo hago esta pregunta: ¿una negociación para un cambio o para mantener el statu quo? Si es esto último, vamos derecho al abismo.

He dejado para el párrafo final lo más urgente y difícil. La construcción del Estado. En Querétaro, México, en un coloquio, escuché dos ponencias. Una de Adam Przeworski, de la Universidad de Nueva York. Przeworski sostiene que la desigualdad —el gran mal social en todas las sociedades del planeta— es imposible de corregir, salvo si el Estado provee los servicios básicos. Esa idea no está en el programa gubernativo de PPK, siento decirlo. La otra ponencia fue de mi colega, el sociólogo Sinesio López. Sobriamente, es decir, sin llevar agua a molino alguno, nos expuso un cuadro de la presencia del Estado en las regiones. Aterrador. No hay Estado. Ahí se inscribe la violencia social en espacios geográficos abandonados. Cajamarca. El Sur. ¿Cuándo vamos a construir, pensadores y políticos, un sentido social que abandone el conformismo epistemológico? En estos inicios del siglo XXI pasan cosas tremendas, Castells las ha llamado «informalización liberal». Pasan cosas que no han pasado nunca. Y en consecuencia caben ideas y actitudes nuevas. El fujimorismo combina derechas e izquierdas, acaso sin desearlo. Y eso inquieta e irrita. Y pregunto: ¿cuesta tanto trabajo admitir que algo es emergente? Y en cuanto a la izquierda, está más cerca de Riva-Agüero que de Flores Galindo en lo que es teoría. Poco les importa, a la praxis, Verónika. Eso de entender no funcionó ante Sendero, la singularidad de Alejandro Toledo, el aprismo de Alan García, y creo, ante las intenciones de PPK y de Keiko. Deben tener un ‘telos’. Una finalidad. Ya la sabremos.

Publicado en El Comercio, 18 de junio de 2016

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¿Ganar, perder? La paradoja del cretense y las bipolaridades

Written By: Hugo Neira - Jun• 13•16

«El peruano piensa sus relaciones con el prójimo en términos de oposiciones bi y tripolares, tales como gente decente/ gente de medio pelo/ indios, o provincianos/ limeños, o serranos/ costeños, o militar/ civil, pero visto de cerca, no es tal, sino el miembro de una suerte de minicorporación.»

                                             —Juan Abugattás, 1986—

Hace siglos, un cretense puso de vuelta y media a los griegos. Se conocen dos versiones, en una de ellas era el filósofo Epiménides, en otra un simple cretense, un forastero que tenía que plantear un dilema a un jurado de atenienses, tan inteligente que lo hiciera merecedor de quedarse en Atenas. Filósofo o simplemente un hombre corriente, el caso es que dijo lo siguiente: «todos los cretenses son mentirosos». El jurado se retiró a deliberar. El cretense había dicho que los de su isla eran mentirosos. Su razonamiento se desmentía a sí mismo, él era cretense. Su proposición era paradójica. Ni verdadera ni falsa. Y el cretense se quedó en Atenas.

En Querétaro, México, en el coloquio, hubo grandes pensadores. Uno de ellos es Adam Przeworski, de la Universidad de Nueva York. Sostuvo una de sus tesis, «en democracia los ciudadanos nunca son iguales». Bajo el efecto dominante de la economía «pesan más unos que otros». No es que se suman 1,1,1,1, sino que el 1, ciudadano corriente, ante individuos con poder y estatus, pesan ellos por 4, 20 o 200. Przeworski sostiene que la desigualdad –el gran mal social en todas las sociedades del planeta– es imposible de corregir salvo si el Estado provee los servicios básicos. No es lo que se escucharía en un CADE limeño.

Ante de volver a Lima supimos que nadie iba a tener el sillón presidencial y a la vez la bancada parlamentaria. Las más de seis horas de vuelo me dieron tiempo para reflexionar. La primera voz interior que escuché fue la de las ciencias políticas: hubiera sido más sencillo que el voto ciudadano tuviese suficiente confianza en uno de ellos, o PPK o en Keiko. Y darle sillón y bancada hegemónica. Si se piensa en la gobernabilidad. No oculto que me parecía y me sigue pareciendo que tras Keiko están las capas sociales más populares y un país impaciente. Y entiendo que otros no compartan mi visión. Pero también recordé una frase en quechua que está en González Holguin, «no me mandes demasiado». De repente es eso.

Quién ganó o perdió ¿es el tema? Los resultados son ambiguos. Barnechea se ha dado a conocer. Por casi las mismas razones, Guzmán. Acuña tiene bancada. También Vitocho. Y Verónika Mendoza. El aprismo una pequeña bancada pero competente. Todos han ganado y perdido a la vez, aunque César Hildebrandt no lo crea. No hay viudas, nadie se ha muerto. Los antiguos griegos no son el único pueblo sutil de la historia. Están mis paisanos. Acaban de votar primero así y luego asá. En fin, las formas de estas elecciones fueron de lo peor. Vayamos a los resultados.

En una primera vuelta ganó el pueblo de los distritos. En la segunda, el otro pueblo de mejores ingresos y temores, y como dicen los relamidos, «los poderes fácticos». Ahora bien, si el presidencialismo que tenemos continúa atado de manos por los-que-no-quieren-que-se-toque-el modelo, vamos al abismo. Las elecciones han servido para que los de abajo legitimen a los de arriba. Es un sistema cruel, los ricos se hacen más ricos. Sinesio López mostró en Querétaro un mapa de la ausencia del Estado. Cubre el país donde ha ganado Verónika Mendoza y Keiko.  Desigual al extremo.

«La política es la gestión de los conflictos» (Comte-Sponville). Gobernar es optar. Aquí hay sentidos políticos hasta hoy opuestos. Hacer crecer lo macro, el PBI y el per cápita. Eso se ha hecho en Perú y resulta insuficiente. Keiko trae consigo otra mochila en la que pocos se han fijado. Tras recorrer el país cinco años, la demanda social. Sin embargo debe concertar. Sin que deje de haber mayorías y minorías. Nada de sancochados, sino los electores nos mandan a la misma. En fin, leo la entrevista a PPK en El Comercio, justo al cerrar esta nota. Vamos a tener de nuevo un estadista en Palacio. Ya era hora. Cinco años de vacancia presidencial. Solo una observación, no se dice «yo me disculpo» sino pido disculpas, es el otro que perdona no uno mismo. La semántica de los presidentes peruanos siempre me ha interesado.

Creo que hay una clase política diversa y dispuesta a consensos y disensos. Y que ese peruano que no puede concertar sino en grupos binarios que describe Abugattás, tal vez está a punto de desaparecer. En cuanto al cretense, lo cito por pedagogía. Nunca nada es por completo negro o blanco. Y esa incertidumbre, ese trasiego de opiniones y propuestas es la democracia. El que no lo entiende así, es un reaccionario que se ignora.

Publicado en El Montonero., 13 de junio de 2016

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Hacer política en un país de negociantes

Written By: Hugo Neira - Jun• 07•16

En Lima se recibe a los presidentes con ramos y se les despide con vía crucis. Y entonces me pongo a pensar y me pregunto si los políticos tienen que tener ego o no para la locura de hacer política en el Perú. O sea, mover voluntades e inercias mil. Lo tuvo Nicolás de Piérola. Al ego del «Califa», cuando tomó Lima con sus montoneras, y al sistema que montó, debemos el periodo de progreso material más prolongado del Perú, o sea 1895-1930. Con estabilidad que ya quisiéramos hoy. En nuestro siglo XX, los pocos grandes políticos obraron gracias a un ego gigantesco.

Cuando surge Haya de la Torre, ¿qué otra cosa podía hacer sino reunir acólitos, escribir libros y congregar multitudes? ¿Pero qué creen que es un político? Yo les voy a decir, por ejemplo Alfonso Barrantes. Hace años, decenios, andaba yo metido hasta las narices en el velasquismo, trabajaba en el día como un forzado, pero joven y soltero, también juergueaba. Así, una de esas noches, saliendo de una boite, un carro frena, una cabeza se asoma, Alfonso Barrantes. «–¿Qué haces Hugo? Tenemos que hablar.» Le dije de inmediato que sí, fuera del aprismo, era él lo más fuerte de la oposición, y nos fuimos todos, sus acompañantes, varios de ellos armados, y mi amiga que abría enorme los ojos ante el giro que tomaba la noche, a un cuchitril de Barranco, «a hablar». Nos dieron las 5 de la madrugada. Para esa política no había hora ni agenda. Barrantes, por lo demás, había aprendido del mismo Haya el valor de la nocturnidad. Estaba dedicado, día y noche, a ser Alfonso Barrantes.

Otro gran insomne era Carlos Delgado. El asesor de Velasco, el civil más ocupado, mil comisiones, pero igual, Delgado se plantaba en cualquier momento en casa, cuidando de ese grupo que él había reclutado personalmente, a Béjar que salía de prisión, a Carlos Franco que dejó el Partido Comunista, a Francisco Guerra García que dejó la Democracia Cristiana, a mí que dejé Europa. Reunió a muchos. Para lo cual se comprenderá, se necesitaba de un Ego tan grande como el Cristo del Corcovado. Y Delgado, a la menor señal de fastidio de uno de nosotros, se aparecía y «tenemos que hablar». Y eran entonces conversaciones con aclares y granputeadas, que acababan en abrazos. La política era vivida como fervor y misión. No era light.

Por eso quizá no hay hoy partidos, fuera de elecciones. Porque la acción política no es algo que se hace de 9:30 am a 1:30 pm, y después del almuercito, de 4 pm a 6 pm. No es asunto de oficina. Son las 24 horas. Como Piérola, Haya, Barrantes, y Delgado. Lo que se llama un político, es eje central de una red de voluntades sin límites de familia y tiempo. Y para eso no alcanzan del todo los tuits ni mensajes en mail. Se necesita lo que se llama entrega. Y una sana locura. Hay que entender que ni la democracia ni la historia son el resultado de tendencias espontáneas de la sociedad. Algo la hace bifurcar, para bien o mal. Pedir una historia sin egos es un imposible, y como idea, es profundamente conservadora.

 

Publicado en El Montonero., 06 de junio de 2016

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Control de daños. Lo peor

Written By: Hugo Neira - Jun• 03•16

La perífrasis de control de daños sirve para decir que se inspecciona algo. Se dice que los primeros que utilizaron el término fueron marinos. En efecto, es el primer paso que da un capitán para comprobar el estado del barco después de un accidente. Pero como es fácil imaginar, la perífrasis fue adoptada por empresas y la política. ¿Se puede combatir un rival al punto de tumbarse el contendiente y el recinto mismo? Algo como el grito de Sansón, muero y conmigo los filisteos. Y eso es lo que ha ocurrido.

Los organizadores habían establecido una sapiente exposición en cinco bloques. ¿Qué vimos? Las propuestas. Ciertamente, se habló de ellas. Pero hubo otro tema, un leitmotiv, poderoso, recurrente. Hemos visto a dos PPK. Al candidato competente, varias veces ministro, y a la vez, al otro. Un fiscal que acusaba a una criminal. A Keiko, a la lideresa que ha ganado la primera vuelta y que tiene una bancada, la ha tratado como si fuera la cabecilla del Cartel de los Sapos de Colombia. PPK pudo ganar esa noche el debate apelando a lo que es, pero no fue así. El psicosocial pasó a ser el personaje central por encima de demandas y esperanzas de millones de personas. A todos nos interesa que el poder legal no caiga en manos de la mafia. Pero no podemos dejar de pensar que ese psicosocial ha estallado justo a tiempo.

Hasta esa noche, lo que estaba en juego era un cargo presidencial. Lo he venido diciendo, PPK y Keiko se van a necesitar. Pero para la mano oscura que lanza el psicosocial Vásquez-Rámirez a la hora undécima, la finalidad es otra. Priman otros intereses que los de la democracia. Hasta esa noche, pensé que Pedro Pablo era el candidato de Peruanos Para el Kambio. Pero lo que hemos visto es el candidato de todos contra Keiko a como dé lugar. Y no se si hemos asistido a una hábil maniobra al final de una batalla o un harakiri. PPK dirá que en ese caso se ha sacrificado por la buena causa. No pienso eso. La buena causa era una presidencia que reemplace a los actuales inquilinos de Palacio. De ese debate salen dañados tanto Keiko por el uso de la sospecha y el mismo PPK. Las fuerzas hostiles a Keiko son las mismas que demolieron a Alan García. Decir quien sale ganando, sería insultar la inteligencia del lector.

Tras ese debate se abren varios escenarios. Un primero, que no cambie gran cosa. Un segundo, más bien en los sectores dudosos. Pronto lo sabremos. Pero Luis Bedoya Reyes, en una entrevista de Jaime de Althaus, dijo que era temerario «enfrentarse radicalmente contra alguien que ya tiene 72 curules sobre 130». Hay, pues, otra consecuencia. Que PPK gane, justamente por esos ataques. Entonces, habrá vencido en una elección y herido de muerte el Estado y la gobernabilidad.

Lo que hemos escuchado augura tiempos tenebrosos. ¿Qué quiere decir PPK cuando le dice a Keiko que carece de autoridad moral? Su legitimidad no es el resultado de opiniones y rumores sino republicana. Proviene del voto de los peruanos, señor. Ya sabremos un día más sobre ese psicosocial y sobre todo quién lo preparó, qué quinto o sexto poder, qué misteriosa centralita. Entre tanto, ¿qué estuvo insinuando PPK toda esa noche? El nuevo parlamento tiene narcos, y entonces si llega, ¿va a disolverlo? Puedo equivocarme, pero me ha quedado la sensación de que PPK no admite que ha perdido la primera vuelta y el legislativo. Y esa posibilidad me estremece.

PPK usó una metáfora feliz, los tres jinetes del Apocalipsis. Faltaba uno, él mismo. El presidente que llegaría aupado por un conglomerado heterogéneo. Pedro Pablo, al día siguiente, te dejarán solo. Ya ocurrió con Toledo. El Titanic se hundió cuando choca con un iceberg, por el azar de las cosas. Aquí no ha habido casualidad. El torpedo anti-Keiko, surgido de un suelto en la prensa  peruana —la ironía de la historia, del periodismo chicha, como en los días de Alberto— ha sido concebido como el punto central del último debate¡! Alguien con mucho poder (todavía) no quiere otro gobierno. Lástima por Pedro Pablo. El fin no justifica los medios. Y el montesinismo ha cambiado de lugar. Es parte del anti-Keiko. ¡Cómo has cambiado pelona!

Publicado en El Montonero., 02 de junio de 2016

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