Hugo Neira: “Si mañana me invita Movadef, voy, ad honorem”. Entrevista

Written By: Hugo Neira - Ago• 01•16

Científico social, historiador, discípulo de Raúl Porras Barrenechea. Hugo Neira sorprendió en la última campaña electoral al respaldar desde sus columnas al movimiento político de Keiko Fujimori. ¿Es Neira el intelectual que le hace falta al fujimorismo? Él dice que va adonde lo llaman.

 

                                                                                             Por: Emilio Camacho

 

“Yo tenía el monopolio de la información”, afirma Hugo Neira, con una sonrisa, cuando recuerda su experiencia como reportero en el Cusco, en 1963, durante la toma de tierras por los campesinos, un embrión de lo que sería la reforma agraria de 1969, aplicada por Juan Velasco Alvarado. Y sí. Es verdad. Él era el reportero de los comuneros. Era su compañero. No dejaban que nadie más los siguiera en sus movilizaciones. “Prohibieron a otros a patadas”, cuenta. Y allí está su libro, Cuzco: Tierra y muerte, para dar fe de aquel trabajo. Allí están las fotos del batallón de mujeres de Sicuani, de las amazonas de Canas. Están sus frases: “No es un partido político sino un pueblo en marcha”. Aquel viaje, de tres meses, fue decisivo en su historia personal. Hizo que se alejara del marxismo, hizo que el mundo académico le abriera las puertas. Fue por Cuzco: Tierra y muerte que fue invitado a estudiar y trabajar en la Fondation Nationale des Sciences Politiques de Francia, fue por ese mismo viaje que pudo ver los hechos de mayo del 68. Siempre curioso, siempre con ojos de testigo.

Reivindica siempre el trabajo de campo a la hora de investigar, ¿es usted un reportero atrapado en la rutina de un científico social?

A ver, yo comencé a hacer periodismo en el diario Expreso. Allí encontré una publicación en la que el director era un hombre del servicio diplomático: José Antonio Encinas, que había hecho un doctorado en Harvard, en filosofía y en economía; y el redactor jefe era el gordo (Raúl) Villarán, una especie de monstruo. El periódico tenía una página editorial digna del Times, pero con un periodismo bien popular que era el de Villarán. Decían que Expreso era una especie de matrimonio entre un profesor de Oxford y una puta del Callao (se ríe). Bueno, un día de 1963, en una reunión de editorialistas, Encinas dijo que lo que pasaba en el Cusco, la toma de tierras por los campesinos, era extraordinariamente novedoso. “Lo que nos envían los periodistas del lugar -decía- es insuficiente. No entendemos lo que pasa. Uno de ustedes tiene que desplazarse al Cusco. Y me señaló a mí. Usted tiene que ir Neira. Es historiador, ha recibido cursos de antropología. Es el único que tiene una formación para ir al campo”. Es así que fui a reportear al Cusco. Y mis despachos se convirtieron después en este libro. (Señala una edición de Cuzco: Tierra y muerte, que reposa sobre su mesa).

Vamos al libro. Usted toma contacto con los campesinos, ve que su protesta es absolutamente legítima y que el cambio (la reforma agraria) tiene que hacerse ya. ¿Ver eso lo convenció de alguna manera de sumarse luego al proyecto militar de Velasco Alvarado?

Es que yo no sabía qué iba a pasar. Era el 63. Tal vez los militares tendrían su plan Inca en marcha, pero yo no lo sabía. Recuerdo un texto de Mariátegui, en el que él dice que los libros más importantes se hacen por sí mismos. Yo no partí a escribir un libro. Yo partí en misión periodística para cubrir un hecho con la mayor probidad posible, respetando el discurso de los dirigentes del movimiento campesino. Llegué sin a prioris. Yo soy hasta el día de hoy una persona que se da cuenta de cosas porque no tengo a prioris, no tengo ideas previas -negativas o positivas- de cualquier sujeto social.

Hablemos de los años posteriores al 69. Usted siempre recuerda la pasión que había en Lima por hacer política. Cita, por ejemplo, a Alfonso Barrantes, quien lo buscaba después de noches de juerga, para salir a conversar sobre política hasta las cinco de la madrugada. O también habla de Haya de la Torre, del que -dice usted- no tenía partidarios sino acólitos. ¿Hay alguna cosa parecida a estos personajes en la actualidad?

Nada, no hay nada. Es otro tiempo. No creo que se fabrique un Haya de la Torre cada siglo.

Es muy crítico de la izquierda, ¿usted se reconoció alguna vez como marxista?

Bueno, yo me reconocía como marxista cuando entré a Expreso (en el 61). Pero ya cuando escribí mi primer libro (en el 64) sabía que el Partido Comunista era un partido pequeño, laborista, que no se planeaba la revolución, ya mi amigo Héctor Béjar se había ido a las guerrillas, pero yo no. ¿Por qué no fui?

¿Pudo ir a la guerrilla?

Yo estaba dispuesto a cualquier cosa. ¿Pero qué pasó? Yo tuve una experiencia. Vi la movilización campesina, y esto no era la izquierda. Era la herejía de la izquierda, era Hugo Blanco. Y él decía una cosa muy sencilla, que refutaba a Béjar y al Che Guevara: “De 100 campesinos, 99 me siguen en una toma de tierras, y uno me sigue a la guerrilla”. ¿Por qué? Porque ir a la guerrilla, para los campesinos, era dejar su familia, su riqueza, ¿para qué?, ¿para tomar el Estado? ¡Ellos no veían el Estado! Ellos querían recuperar sus tierras. Yo comprendí, entonces, la inteligencia del pueblo. Los campesinos habían descubierto una capacidad de movilización, mientras que las élites de izquierda seguían pensando en ser la vanguardia de algo que ya se habían tomado los campesinos.

Hablemos de cosas más recientes. En sus últimas columnas ha tratado de comprender al fujimorismo, ¿para qué sirve entender al fujimorismo en este momento, más allá de para ganar enemigos?

A mí me importa muy poco tener enemigos. Lo que yo he hecho toda mi vida, es tratar de entender los fenómenos sociales. Y cuando aparece un nuevo fenómeno, me hago preguntas, no pongo cuestionamientos morales.

Como usted dice, no tiene pensamiento a priori.

Aunque sí lo tendría, si fuera Alberto Fujimori, el padre. Las cosas en su sitio. Durante los años 90 yo estaba fuera pero colaboré con el Foro Democrático. ¡Nunca me gustó Alberto Fujimori! Me parecía un autócrata, al revés de la mitad del Perú que estaba enamorado de ‘el chinito’. De eso ya han pasado unos años. Luego ha aparecido este movimiento social que yo, lo he dicho, me intriga, porque es nuevo y no tengo los a priori del pasado. ¿Y eso por qué razón? Porque instintivamente entiendo que la sociedad peruana produce fenómenos sociales que nos siguen sorprendiendo. Por ejemplo, la migración. ¿Cómo íbamos a pensar que los mestizos que bajaron para trabajar en carretillas, luego se iban a organizar en pequeños mercados y luego iban a ahorrar? Se fue creando una nueva clase social, que va en ascenso. Se hicieron ricos, apareció la burguesía chola, o el cholo capitalista de Hernando de Soto. Y de pronto también tienen ideas políticas y un movimiento que no quiere estar con los partidos tradicionales.

¿Y este es el fujimorismo actual?

Eso es el fujimorismo.

¿El empresario emprendedor, el informal?

El que era informal. Porque ahora ya son pequeños propietarios, medios propietarios. Las Pymes, hay un millón novecientos mil pymes en el Perú. Eso emerge. Y las personas dispuestas a entender, nos damos cuenta que hay un movimiento interesante. Yo digo que el movimiento keikista es una realidad sin teoría. ¿Adónde van a ir? ¿Hacia la derecha o la izquierda? Por el momento, en ellos hay rasgos de los dos, con lo cual irritan mucho. Algunos dicen que se irán haciendo en el camino. Yo digo, perdón, es la tercera vez que veo que la autoorganización se hace fuera de nosotros.

Tiene vocación de testigo, usted.

Así es.

A ver, de Keiko Fujimori usted ha dicho: Tiene bancada, pueblo y partido. Los dos primeros conceptos son innegables. Tiene una bancada muy grande. También tiene una altísima votación. Mi duda es si tiene partido. De sus 73 congresistas, sólo 11 son parte de Fuerza Popular, y actualmente —según registros del JNE— los inscritos en ese grupo son 4,100. El partido no es tan sólido como aparenta.

No, no, no. Claro que no. El gran problema de Keiko es… Por cierto, yo sólo la he visto dos veces. Una vez hace diez años, y ahora, el día de su cumpleaños. Ese día, por algunas cosa que yo había dicho, un alumno mío se me acercó y me dijo: “Doctor, yo lo invito al aniversario de Keiko”. Y yo le dije: “Oye, yo no voy a poner 500 dólares” (para entrar al coctel de recaudación de fondos para la campaña de Keiko Fujimori). Entonces, él me dijo: “Yo pago por usted”. Y fui.

Bueno, digamos que le hizo caso a su curiosidad de científico social.

Bueno, pero los campesinos no me pagaron el viaje a Cusco. A ver, lo que vi fue a Keiko que baja, saluda a cada una de las personas. Me ve, me abraza y me dice: “Hugo, muchas gracias por tus artículos, ya hablaremos”. Luego la vi en otra ocasión. Me llamaron a este teléfono. “De parte de la señora Keiko Fujimori, está usted invitado a dar una conferencia magistral”. Yo dije: “Es una broma, deme su teléfono para llamar”. La señora se molestó. Me dijo: “¡Señor, yo me llamo Carmela nosequé y no estoy bromeando!…”

Es que los fujimoristas no bromean, tenga cuidado.

(Se ríe) Es verdad, no bromean. Bueno, entonces hice una exposición (para la bancada fujimorista en el hotel El Pueblo)… Hablé de la situación del país, qué cosa es política, qué cosa es República, qué cosa es ciudadanía. Ese es mi pecado. Y si mañana me invita Movadef, voy, ad honorem. Yo voy al lugar donde hay pueblo. ¿A partir de qué me llaman? De que no soy un político. No voy a ser alcalde, ni candidato. Tengo una mirada objetiva, distante. Pero evidentemente voy a partidos donde está el pueblo, porque yo vengo del pueblo, y no lo niego. Y ad honorem, ah. Además, te he mencionado al Movadef. Yo he ido a Piedras Gordas a dar una conferencia a los senderistas.

¿Sabe qué pienso? Que el hecho de que se haya reunido con el Movadef no le va a gustar a sus lectores actuales.

No era Movadef, era Sendero.

Ok, me equivoqué.

Mire, cuando yo estaba en la Biblioteca Nacional yo me comprometí a hablar con la gente de Sendero de un tema que no fuera político, con Morote. Pero no cumplí. Al tercer año de estar en la Biblioteca, me dio un chucaque, me enfermé y decidí irme. Y cuando volví (al país), me invitaron de nuevo. Han invitado a varios, pero nadie va, tienen miedo. Entonces fui a Piedra Gordas, hace dos años. Hablé de Julio Cortázar, era el año de Cortázar (2014), y les expliqué quién era este escritor, cuáles eran las particularidades de sus textos. Expliqué un rato y luego repartí unos cuentos, para empezar un debate. Es más, bajé un momento y le di la mano a cada uno de ellos. Las preguntas que me hicieron eran tan buenas que al regreso solté una lágrima. ¡Qué inteligentes, qué buenas preguntas! Ellos no estudiaron literatura. Pero empezaron a definir lo Fantástico en Cortázar. Yo me decía: Qué pena esta élite política, perdida para siempre allí. Qué error llevarlos a un callejón sin salida.

Volvamos a Fuerza Popular. ¿Uno de los problemas de este grupo no es su falta de alternancia? No imagino una elección interna en Fuerza Popular que no termine siendo una farsa, porque al final siempre ganaría la señora Fujimori.

A ver…  Primera cosa, yo me doy cuenta que la señora Keiko Fujimori tiene tres mochilas. La del padre, la de su bancada, y a la vez la del montaje de un partido. Luego, ese partido no se va a organizar de la manera como se han organizado otros partidos.

Es un partido atípico, dice usted.

Estos (los fujimoristas) van a ser fundadores, con otras reglas de organización de la globalización, de una economía que tiene prosperidad. Van a sorprendernos o van a fracasar.

¿La teoría del partido sólido es real o ahora mismo son un proyecto embrionario?

Bueno, ahorita están en formación. Es un niño de un año o dos, está creciendo. Pueden pasar muchas cosas. Pueden auto organizarse, pueden mermar sus fuerzas, como ha pasado con el nacionalismo, o pueden pasar a la historia y olvidarse.

Hay un momento de la campaña en el que usted aprovecha una columna para mandarle un mensaje a Hernando de Soto. Usted dijo: “Hernando, cállate. No declares más a la prensa”. ¿Qué pasó allí, hubo un momento de apasionamiento? ¿El votante le ganó al científico social?

(Se ríe) No, el amigo. Yo sentía que Hernando había estado mucho tiempo fuera y tenía algunas posturas apresuradas. Además que yo uso mis columnas como si escribiera cartas a mis amigos, acuérdate de la carta a Vargas Llosa. Ahora, yo quería que ganase Keiko, de eso no hay duda alguna. Pero no lo creí nunca. En una columna de marzo, que apareció en El Comercio, yo dije: Keiko tiene bancada, partido y pueblo, y por esas razones no va a ganar. Es que así somos. Te lo lanzo aquí. Yo no puedo ver los problemas peruanos sin el pasado. Y he visto cosas que se repiten. Lo que se podría llamar un patrón: la sociedad peruana es profundamente conservadora, y esta sociedad conservadora se resiste a las sorpresas políticas desde hace tiempo. Llegan Simón Bolívar y San Martín. La resistencia fue tremenda. Al final se fueron. Llegamos a la época de los caudillos republicanos. Aparece Piérola, que es el eterno revolucionario. No soportaban su plebeyidad. No era uno de ellos. En 1933 aparece el Apra. Tiene obreros, clase popular, clases medias y cañeros del norte. Les tiraron el tablero por la cabeza. ¿Cuánto tiempo tomó entender que ese era un modelo para el país? Cuando hay algo nuevo no lo digieren. Llega Belaunde, entran los militares. Aparece Vargas Llosa, votan por el chinito.

Una última pregunta para entender su apuesta. El fujimorismo juega dentro de la democracia, pero no cree en algunos roles de la misma. Al Senado, por ejemplo, le tiene fobia. Usted, en cambio, cree totalmente en ese organismo…

Es que yo no tengo que estar de acuerdo en todo. Yo no soy un militante.

¿Esta elección terminó con el mito de que Alan García es el mejor candidato que puede haber en el país?

Qué pregunta. Yo sigo intrigado por lo que ha pasado. A Alan no lo veo. El no verme, en el caso de Alan, es un gesto de amistad. Es como si me dijera: “No quiero verte, Hugo, para no discutir, porque vas a decir cosas contrarias a las que yo pienso” (se ríe).

¿Alan García lo evita?

Lo que puedo decir es que la cortesía que tiene conmigo es no frecuentarme. Cuando estuve en la Biblioteca Nacional, jamás me llamó para algo. En cambio hubo personas a las que nombró en la televisión a las que llamaba todo el tiempo. Yo me hubiera ido.

¿Dice que Alan García llamaba con frecuencia al Canal 7?

Muchísimo. Ese es un problema.

A lo mejor llamaba para aparecer en el canal, que era una manera de mostrarse ante la población, porque no viajaba mucho.

O simplemente llamaba para dar una opinión. Técnicamente se pueden decir muchas cosas. Yo he visto cómo el gordo Villarán no lo dejaba entrar a Banchero al periódico. Cuando era dueño de Correo, Banchero se metía todo el tiempo. Hubo un momento que Villarán lo botó: ¡Anchovetero de mierda, fuera de acá! Y puso un vigilante para que no lo dejara entrar.

No nos dé malas ideas a los reporteros de planta, por favor.

(Lanza una carcajada) No sé, no sé. Mira, ¿qué le hubiera dicho a Alan? El mensaje que le mandé con cuatro amigos cercanos: “No te presentes ahora, el país cambió”. Este país ya no es el del gran discurso. Y él es un gran orador, pero hay un mundo joven y un mundo comercial, mercantil, es otra lógica. Él no ha captado ese cambio.

Hace un año le dijo a Perú.21, “los peruanos nos detestamos profundamente”, ¿por qué?

Porque no somos nación. No te detestas si estás en un clan. En términos históricos, en un clan encuentras a tus pares. Cuando tratas a una persona con el mismo afecto y cordialidad con el que tratarías a un pariente, en ese momento tienes nación. Y a ese momento no hemos llegado todavía.

Allí coincide con Julio Cotler, quien dice que no tenemos experiencias comunes, no hacemos el servicio militar juntos, la educación es distinta de acuerdo a los ingresos de cada familia…

Exacto. ¿Cuándo debería darse uno cuenta de que formamos una nación? En el colegio. En mi colegio, en Melitón Carbajal, había negros, chinos, mestizos, blancos pobres, blancos acomodados. Allí hubo una camaradería de gente de todas las sangres.

Ahora, para entendernos es importante la enseñanza de la historia en los colegios, pero ha quedado de lado…

¡No hay! No existe el curso de historia. Es terrible eso. Es una barbaridad. Hemos dejado que eso se produzca. Esas son las cosas que yo no puedo admitir.

Ha escrito hace poco, “en la vida llega el momento de hacer el recuento de uno mismo”. Cuando las clases en la universidad, las columnas, el libro que está por presentar, el cine que tanto le gusta, le dejan tiempo, ¿a qué etapa de su vida vuelve usted?

¿Ahora? Yo pienso en mi sorpresa de llegar a los 80 años. Yo he vivido apretando siempre el acelerador. Y bueno, hay momentos en que uno empieza a reflexionar. Los 80 son una edad estupenda. Aunque empezamos a parecernos a los más frágiles, a los niños. Un resfriado puede convertirse en una pulmonía. ¿En qué nos diferenciamos de los jóvenes? En que ellos tienen carretera y yo sé que no la tengo. Borges decía una cosa hermosa. La vejez es cuando descubres que hay una ciudad que no visitarás, una lengua que no aprenderás, una mujer que no amarás.

A Javier Tantaleán le dedicó el poema Responso a Verlaine de Rubén Darío, cuando se despidió de él, ¿quién, qué amigo leerá poesía en su despedida?

Eso debe preguntárselo a ellos. Pero, ¿sabe?  Yo me resisto a pensar que han muerto mis amigos. Sueño y los encuentro. Y hablo con ellos. Echo de menos a Fernando (Fuenzalida), a Pocho Tantaleán. Yo creo en el encuentro de las personas. Yo no creo que los amigos se hagan por Facebook.∞

El historiador se reconoce como un ‘friki’. Le gustan los cómics y las novelas gráficas. Es fanático de Star Wars, Star Trek y del historietista francés Moebius. Foto: Giovani Alarcón.

Neira asegura que analiza los fenómenos sociales que ocurren en el país sin apasionamientos. “No llego con a prioris a ningún lugar”, afirma. Foto: Giovani Alarcón.

Publicado en la revista Carta Abierta N°11, julio 2016

http://www.cartaabierta.pe/hugo-neira-manana-me-invita-movadef-voy-ad-honorem/

Tesis de jóvenes. Y el silencio de los mayores

Written By: Hugo Neira - Jul• 25•16

Uno de los conceptos mágicos de la vida peruana y latinoamericana es la palabra juventud. Desde el poema de Ruben Darío, «divino tesoro» al muy meditativo Benedetti:  «¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco? ¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo? también les queda no decir amen». Tengo una amiga que le encanta Benedetti, a mí me deprime. Pero más allá de la poesía, a nosotros nos queda algo por hacer. El tomarlos en cuenta. Y no porque pueblen las redes sociales sino cuando escriben. Hace rato que recojo tesis de graduados de diversas universidades y encuentro diversas perlas. Las que siguen.

Una tesis sobre «La cultura política desde las emociones juveniles». Tesis de grado de Manuel Jerjes Loayza Javier, dirigida por Tirso Aníbal Molinari. En San Marcos. Luego de un pasaje por la noción del mundo de la vida, el descentramiento, la ambigüedad, y la definición de la problemática y la inevitable cita a Maffesoli, Latour, Castoriadis y Derrida, su tesis aterriza en la discoteca Los Botes, «en la meca del perreo y sus inicios». Para ilustración del lector: «Dale, Dale Dale un Nalgazo, ay bien duro». Los himnos de la sexualidad juvenil —dice el autor— señalan «un cisma generacional cada vez menos metafórico y más crudo». Esta etnología limeña del mundo adolescente arranca en la cuadra 15 de la Av. Arequipa, Niza. De las 5:30 pm, y culmina cerca de las 8:30 pm. Eso ocurría en el 2009. Y el autor de la tesis le da importancia «al animador». Su rol bien llevado, antes del perreo, el uso de las frases en off de Chapulín Colorado, la invención lingüística, «calma, calma, que no panda el cúnico». Ni Julio Cortázar, con su invento del glíglico, lo haría mejor.

Cuidado con las categorizaciones globales. No hay una juventud, o un solo gusto por un tipo de música. El reggaetón, conocido como «perreo», tuvo sus rivales. «Agg, ¡solo la gente ignorante escucha esa basura, esa música es para los del cono! ¡Y ahora ya salió el perreo chacalonero! Por Dios ¡qué mierda es eso! (p. 283)» Pero he mostrado apenas un pasaje. La tesis se ocupa de las relaciones cara a cara y de las virtuales (p. 132). De la violencia, la delicuencia juvenil, las drogas, el alcohol, del dolor y el sufrimiento, «de las fronteras juveniles virtuales», de «las sensibilidades intolerantes y etnocéntricas», y sin duda, de la política. La tesis va desde el significado de los tatuajes, al muralismo cholo y a las pandillas. ¿Sabía el amable lector que solo en Lima, y en el año 2009, los grupos juveniles de las pandillas reclutaban a 12’128 menores de edad? ¿Y que las más bravas son las pandillas femeninas? (p. 164)

Revisando varias de estas tesis, he hallado una que sobresale por su rigor. Es la dedicada al tema del «abandono patern », de Ana Ponce Alegre, de la PUCP. No dude de mí, amable lector, no la conozco personalmente. Ella ha partido desde una serie de postulados e ideas —como ella misma dice— «muy interconectadas en la literatura acerca de efectos perversos en niños y adolescentes debido al abandono paterno». Pero se hace una pregunta previa: «¿Qué hay de verdad en la gravedad del abandono paterno?» Y manos a la obra, se acerca a un centro juvenil, en San Miguel, y pregunta si los ingresados pertenecen a esas familias llamadas «inestructuradas» o «disfuncionales». Y la respuesta que recibe es la siguiente: «de 426 internos, solo el 20% provenía de hogares unipersonales. El otro 80% provenía de hogares donde estaban presentes ambos padres». No resumo su tesis sino su gesto. Ana Ponce reformula el proyecto original y vira hacia colegios del distrito de San Juan de Lurigancho. Pero se entiende, con otras hipótesis. Un trabajo ejemplar, y además, el fin de un mito. El problema de la delicuencia no es solo el abandono del hogar por el padre.

Y está la tesis de Georgina Estela Gogin Sias sobre «las nuevas religiosidades urbanas». Y las representaciones de los jóvenes de Comas, «sobre sí mismos» de Luis Román García Venegas. Que sus autores me perdonen la brevedad y la cita apresurada. Es bueno que se sepa que esas investigaciones existen. Van desde las nuevas religiones, las modas y los gustos, al sexo, la mentalidad y la política. Ya no son los siete ensayos, sino los 700 de la nueva realidad peruana.

Publicado en El Montonero., 25 de julio de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/tesis-de-jovenes-y-el-silencio-de-los-mayores

 

Crónica de guerra. Atentados y el pueblo de París

Written By: Hugo Neira - Jul• 19•16

Estamos en Francia por unas semanas. Por motivos diversos. Visitar sus librerías, acaso algunas de las mejores de Europa. Reunirnos con amigos, aunque no es el mejor momento, las vacaciones. Igual nos recibe Nelson Vallejo Gómez en casa y con una cena. Y partir en el veloz TGV adonde viven los padres de Claire, una granja en los encantadores montes de Lyon. Íbamos a ir en principio a Turquía, a un congreso, pero se deslocalizó. Adiós Estambul. El Congreso Internacional de Ciencias Políticas ha sido trasladado a Poznan, Polonia. Todo esto nos llevó a estar el 14 de julio en París. De ese día y de esa noche trata esta crónica. Antes de proseguir quiero agradecer a las muchas personas y amigos que nos han escrito temiendo que podíamos estar entre las víctimas.

Lo ocurrido, en efecto, nos ha envuelto de varias maneras. Pero el atentado fue en Niza y no en la capital.  Ha sido, como saben, un asesinato masivo. Francia ya había sufrido varios en los últimos meses. De modo que, este jueves pasado, 14 de julio, apenas, muy de mañana, salimos del hotelito donde nos alojamos, rue de l’école de médecine, en el barrio latino, es mi costumbre, ahí donde estudié, pero algo notamos en la calle. No circulaban autos y las puertas de las estaciones de metro estaban herméticamente cerradas. Y París encuadrillado por fuerzas militares y policiales en pie de guerra. He vivido dos o tres veces en mi vida en Francia. Nunca había visto estos preparativos.

Lo que había en las calles era muchísima gente civil. «El pueblo de París». Desde el bulevar Saint-Michel, a un paso de Notre-Dame, giramos para ir a los puentes más cercanos. Las fuerzas del orden impedían cruzarlos. En ese momento, tomamos la decisión de llegar al lugar del desfile, sin saber en qué punto podíamos pasar el Sena. La caminata de esa mañana la pondré en términos limeños, más o menos, desde Barranco a la plaza de armas de Lima. A pie. Mentiría si dijese que no fue fatigante. Y fue de ida y de vuelta. No éramos unos cuantos, la mayor masa de gente que he visto en las anchas calles de esta ciudad. Acaso tanto o más que en mayo del 68. Había en la multitud un aire de fiesta, y a la vez, un convencimiento. Estar en la avenida Champs Elysées. Los diarios y la televisión algo preveían, pero nadie dijo que había que quedarse en casa. Eso hubiese sido una abdicación. El terrorismo busca intimidar. No lo lograron.

En cuanto al desfile mismo, lo vimos poco y mal. Pienso que lo que contaba no era la ceremonia misma sino la multitud. Unas 300 mil personas. Y lo que es revelador y significativo, la variedad de la gente. La gente parisina es un mundo, franceses y gente africana venidos de las excolonias o nacidos en Francia, turistas, ingleses, croatas, chinos. El variado y universal pueblo de París. Y estaba ahí. El desfile fue convencional, batallones, tanques, aviones en el aire, lo de siempre. El público aplaudía y sacaba fotos. Pero insisto, era multinacional. Luego de unas horas, retornamos caminando. A las 10 de la noche cuando la multitud presenciaba en la capital los fuegos de artificios, el atentado fue en Niza.

Al día siguiente, en avenidas, plazas públicas, teatros, cines, restaurantes, continuó la vida. París, en este verano poco caluroso, los repletos cafés sobre las terrazas, como siempre. Al día siguiente se abordaban trenes y aviones como si tal cosa. Claro que en su fuero interno cada pasajero piensa que le puede llegar la hora, y sin embargo prosigue. ¿El origen del conflicto? El apoyo de los franceses en el territorio invadido por el llamado Estado Islámico —en donde también hay voluntarios no islámicos que aman la violencia— se suma a tropas de países musulmanes y de rusos. Mohamed Lahouaiej-Bouhlel, el chofer del camión de 19 toneladas, no era conocido como un seguidor riguroso del Islam. Estamos ante una nueva intolerancia. Será una guerra imprecisa. Entre las víctimas de Niza hay norteamericanos, árabes y suizos. No son las de una nación en particular. Es la humanidad entera.

Estoy narrando, como testigo, el calmo coraje de estos días. La actividad urbana vino a ser, por el momento, la respuesta silenciosa y ciudadana. París megalópolis. Como lo es Londres, Tokio o Los Ángeles. El pecado de Occidente es amar la libertad. Y su costo es las medidas de seguridad y las víctimas. Para un partido de fútbol, hace poco, movilizaron una masa impresionante de gendarmes. Cuando llego a París siempre he pensado que llegaba a Atenas. Esta vez fue como aterrizar en Esparta. ¿Es que los países que tienen guerras también tienen filósofos?

Publicado en El Montonero., 18 de julio de 2016

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Perú, la nefasta matriz y el pasado presente

Written By: Hugo Neira - Jul• 11•16

Algunos virreyes se portaron como presidentes y a menudo presidentes como virreyes

¿Existe acaso una matriz, un molde o prototipo o pattern que en nuestra historia se repite, para desgracia de todos, en el tema de quién manda? ¿Algo que hace que los gobernantes cambien en cuanto encarnan el poder legítimo y lo vuelvan personal, caprichoso, discrecional?

En una tesis francesa se explica los regímenes hispanoamericanos de esta manera: «sufren de una recurrente inestabilidad, de la rápida rotación de los equipos en el poder, en todos los escalones, y en todas partes, por la falta de respeto a las reglas institucionales de sucesión, por la incoherencia o la desaparición de una vida parlamentaria regular por el recurso a la fuerza». Ahora bien, esa sinopsis está pensada para los inicios del siglo XIX. Y lo malo del asunto es que describe la actualidad. La invención política en Bolivia, Ecuador, Perú, es obra de Marie-Danielle Demélas (IFEA-IEP, 2003). La profesora describe un mundo poscolonial de parentelas, grandes familias y la importancia de los vínculos, «el destino de un político dependía de estrategias familiares». Reinaba «el arte del compromiso ». Dos siglos más tarde no somos muy distintos.

En el Perú sus tiempos históricos no mueren del todo. Conjuguemos, pues, el pasado presente.  Hay un pattern o pauta de conducta que es repetitiva. Nos viene de muy lejos la tentación de la discordia.

En la Isla del Gallo, Pizarro y sus doce solitarios aventureros languidecen siete meses alimentándose de cangrejos de tierra y culebras, era el segundo viaje y ya la fortuna les preparaba una oportunidad de conquista. La lucha entre los dos hermanos, Huáscar y Atahualpa, «evidenciaba los males íntimos del Imperio» (Porras). Esos males íntimos devorarían a los mismos conquistadores. Los almagristas matan a Pizarro. Felipe II  prefiere gobernar con funcionarios y la Iglesia de Indias.

El pattern de la desunión reaparece cuando José Gabriel Condorcanqui intenta librarse del sometimiento, siendo él mismo hijo del privilegio como cacique, pero lo derrota otro cacique, Pumacahua. El pattern de la desunión habita en la disputa entre San Martín y Bolívar. Y se establece como regla en el XIX con los caudillos. Salaverry, Gamarra, Santa Cruz, Castilla, Cáceres. La guerra de todos contra todos. Solo a fines del XIX, uno de ellos, Nicolás de Piérola, tras una alianza con los civilistas, gobierna en paz. No dura mucho. Leguía llega al poder para desterrar a los civilistas. En el Perú siempre hay alguien a quien conviene excluir.

El siglo XX confirma el hábito inquisitorial de dividir el país en perseguidores y perseguidos. El aprismo y el antiaprismo son los actores de una interminable guerra civil que arranca en 1931 y acaba en 1956. Cuando el aprismo ya no es insurreccional no es preciso tocar las puertas de los cuarteles. Pero el velasquismo será la nueva dicotomía. Y en los 90, cuando pensábamos que esa matriz nefasta era cosa del pasado, el pattern de la división regresa. Primero lo encarna Sendero, ora a favor, ora en contra. «Los hondos y mortales desencuentros» de Iván Degregori. Luego Alberto Fujimori. Otra vez negro o blanco.

Ese dualismo intolerante de puros e impuros comenzaba a desaparecer pero hoy vuelven a encontrar sus cabezas de turco. Los que han ganado la presidencia y antes de decirnos qué van a hacer o dejar de hacer, tienen ya una excusa. El Congreso como anticipado chivo expiatorio. Eduardo Dargent escribió: «Llamaré a estas élites “Precarios”, pues los actores abandonarán los valores democráticos cuando consideren que sus intereses se pueden avanzar por medios no democráticos” (Demócratas precarios). Acaso se anticipó a las metamorfosis del poder presidencial. Un hombre que creíamos no solo competente sino sensato, ¿quiere mover las masas para presionar a un Congreso? A cual, ¿al saliente o al entrante? Mala seña. Así comenzó Leguía, queriendo hacer cosas rápidas, qué bueno. Sin demasiada política, qué malo. Ya Luis Bedoya Reyes ha dicho lo grave que esto sería. Por mi parte, temo que la matriz colonial y republicana se repita. Alguien encarnará el rol, de aquí al 2021, de víctima sacrificial. El caso está resuelto, será Keiko. Por lo visto ni el presidente electo, ni aquellos que lo auparon al sillón, admiten que hay otro poder legal por el cual han votado millones de peruanos, casi tantos como los que votaron por PPK.

Esperemos que el autocratismo de Alberto Fujimori no reaparezca tras las prisas gerenciales de un mandatario liberal. En las democracias cuentan los procedimientos. ¿Otra vez en Palacio alguien a quien eso lo tiene sin cuidado? Ironías de la historia, ¡como el padre de Keiko! Espero equivocarme.

Publicado en El Montonero., 11 de julio de 2016

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Calma chicha y presagios de tormenta

Written By: Hugo Neira - Jul• 09•16

El presidente electo no se ha puesto todavía la banda. Ni se han instalado los legisladores. La calma chicha es un término marinero. Cuando las naves necesitaban de vientos. Los marinos entonces aprovechaban para revisar la nave, los garfios, los cabestrantes. Sobre todo el casco, parte principal de la embarcación. Por lo demás, no me sorprendió el hecho que Keiko no ganara la presidencia.  Véase la sumilla de mi artículo en  El Comercio un 1 de mayo (“Vamos a los hechos. Keiko tiene bancada, pueblo y partido. Y precisamente por todo eso, puede perder. Así somos”), mucho antes que los resultados de la segunda vuelta. La suma de fuerzas nuevas, en vez de afianzarla, ayudó a que el entorno de PPK volteara la campaña. Así son las cosas en nuestro país. Se gana Palacio con rumores. Ahora nos toca saber qué es lo que sigue. Somos un país de régimen presidencialista. Y la política son decisiones. Y es perfectamente legítimo que las cartas de la baraja del poder no se bajen hasta su hora cumplida.

Ahora bien, para prepararse a lo que pueda venir, del lado de PPK o de Keiko, o de la misma Verónika, por mi parte limpio mis utensilios. Y de entrada, cierta conceptualidad insuficiente para dar cuenta de la complejidad que habita la realidad peruana. Quiero ser franco. Solemos razonar desde conceptos antitéticos. Izquierda/derecha. Los de arriba/los de abajo. Conservadores/reformadores. Reaccionarios/revolucionarios.  No niego que tengan algún valor pero me ha pasado vivir en sociedades cuyos dirigentes dieron la sorpresa de combinar formas de poder, y entonces, el sistema de clasificación de regímenes tuvo que pasar de pares opuestos a combinaciones trifásicas. Por ejemplo, la existencia de reformadores conservadores liberales.

Por extraño que nos parezca, existen. Hasta hoy, hemos partido de la hipótesis que solo las revoluciones producen cambios profundos. Pero estas son pocas, 1789, 1917, y 1910, la revolución mexicana. Y 1949, Mao en Beijing o en 1959, Fidel Castro. Y son muchas las sociedades que evolucionaron sin revoluciones. Aquellas en que se combinaba el respeto a las instituciones tradicionales mientras se producían grandes reformas. Un reformador social fue De Gaulle. Solicitó a los ciudadanos ayudarlo a construir un Estado fuerte y eso es hasta nuestros días, la V República francesa. No estoy diciendo que se den esos pasos en Lima, sino señalo otro tipo original de políticos. Los hubo en el viejo continente con el alemán Konrad Adenauer, el italiano Alcide de Gasperi, el francés Jean Monnet, padres de la Unión Europea. Conservador reformador fue el rey Juan Carlos I, y Adolfo Suárez, luego promovido a Duque, por la hazaña política de transformar a España en una democracia siendo a la vez un régimen monárquico.

Reformador conservador es Fernando Henrique Cardoso en Brasil. Pero claro está, solemos fijar nuestra atención en Lula. Cardoso, dos veces presidente y que hizo una política combinada de neoliberalismo y de medidas sociales, con apoyos diversos tanto de la derecha como de la izquierda brasileña. Los Estados Unidos tienen varios reformadores conservadores en su historia. El Roosevelt que enfrenta la gran recesión con el New Deal, el nuevo pacto. La historia de EE.UU. lo considera hoy «un hombre de centro con políticas socialistas». Y de Kennedy a Obama, es un tiempo de grandes reformas. Sin romper las instituciones ni el liberalismo político.

Los tuvimos en nuestro pasado, Piérola. Para sorpresa de todos, el caudillo se vuelve estadista en 1895 y no solo funda su partido, el Demócrata, sino que se une a sus rivales, el Partido Civil, y lleva adelante una de las mejores administraciones lo cual explica el auge del Perú de 1900 a 1930. No gobernó sino una vez y fue suficiente.

En fin, ante un amigo mío, que conoce bien en lo personal a PPK, le pregunto en qué sueña el presidente electo. Y me dice, en ser un «Belaunde más enérgico». Creemos conocerlo. No es un outsider, se conoce al ministro pero no, todavía, al mandatario. Puede ser una sorpresa. Su victoria electoral habría consolidado el statu quo. Y al sector de las finanzas que se suele llamar «el poder fáctico», y en los análisis de Francisco Durand, «empresas multinacionales». Unas 30 cuenta Durand y apenas «9 nacionales». No nos engañemos, apostaron a PPK para que el modelo no se le toque ni un pelo. Esa finalidad sería un grave error.

Nos habita una racionalidad económica, la economía abierta. Pero no una racionalidad política. Lo he dicho en otra ocasión: “Mientras los índices de progreso macroeconómico son estables e incluso prósperos, se acrecienta la inestabilidad política”. Hay crecimiento y a la vez malestar. Si continuamos sin Estado seguiremos con el “desarrollo achorado” (Carlos Meléndez). Y lo que por mi parte llamo «lumpenburguesía». El sector acomodado de los informales reacios a los impuestos (en El Montonero). Ahora bien, si los beneficios de la modernidad siguen ampliando la brecha social, este país se incendia. Si no hay reforma alguna una ‘Dama de Hierro’, una Thatcher local los impondrá en el 2021. Mejor sería si el gobierno entrante enfrente las borrascas —es decir reformas impopulares— que esperar tempestades. Un economista de carrera que corona su vida con una presidencia, puede hacerlo. Muchos suben por la izquierda para gobernar por la derecha. Quizá PPK haga lo contrario. Las reformas también las hacen gobiernos conservadores. Si encarnan una burguesía inteligente. Pero ya sabemos, «la historia es un cementerio de elites». Vilfredo Pareto.

Publicado en El Comercio, 09 de julio de 2016

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