Perú. Cuando dos por dos no es cuatro

Written By: Hugo Neira - Oct• 26•15

Para dejar de ser un país inacabado y de pobres hemos partido de dos supuestos. Y cuando digo hemos, es el mundo político, empresarial, y la opinión, la académica como las redes sociales. El primero, la democracia. El segundo, el realismo económico, o lo que llaman neoliberalismo. Pero prevengo que no me voy a lanzar ni a una diatriba ni a un elogio del libre comercio, sector privado, reducción del gasto público, etc. En el neoliberalismo hay tendencias moderadas y radicales. Sus detractores recuerdan Pinochet y sus Chicago Boys, o Fujimori en el Perú. La desregularización es un largo debate. Voy directamente a los resultados.

Hemos intentado, pues, la práctica de la democracia + el mercado. Pero la cuenta no nos sale. Tenemos elecciones sin interrupción desde Paniagua (2000-2001). O sea, quince años, tres gobiernos, Toledo, García, Humala. La cuenta puede ser más larga, Belaunde, en 1980. O sea, hace de eso 35 añitos. No es poco. Y la pregunta es: ¿somos por eso un país más democrático? Parto de fuentes externas, más neutrales. Ellas dicen que solo un 12% tiene una actitud estable ante la democracia (2014, USAID). Entre los motivos de desconfianza, lo poca aprobación al sistema judicial. También una muy baja disposición a la tolerancia. Asoma, pues, una tradición autoritaria. Se explica la poca disposición a tener partidos políticos y debates de fondo. Nada de esto evita la politización, al contrario. Conga, Tía María. En suma, no democracia pero sí política improvisada y fluctuante. De maravilla.

El segundo tema es la economía. Es sabido, tuvimos picos altos de PBI entre el 2006 y el 2012, lo que no quita el jalón de orejas del FMI. El Perú como toda la América Latina es el continente de las desigualdades. Se nos viene encima años difíciles, años de vacas flacas. Se nos viene un vendaval. Hace rato que este país deriva hacia el entusiasmo por la demanda externa. Ahora, hacia la neblina de una economía mundial de bajo crecimiento. Y dentro, masas de no ciudadanos. ¿Pagan impuestos?

Dos por dos no nos salen cuatro. Sobre lo que falta, se invocan muchas áreas. La desigualdad de los ingresos (R. Webb). La reforma del servicio civil (Castilla). La flexibilidad laboral (Jorge Toyama). Esos retos se mueven ante esferas visibles, Estado, economía privada, clase política. ¿Qué es lo que no se ve? Alberto Vergara, en un artículo que inspira esta nota (“Crispación sin crisis”, El Comercio, 25.10.15) observa «una polarización sobre la nada política». De acuerdo Alberto, pero hay que mirar más y hacia abajo. Por mi parte siempre he mirado hacia el abismo.

Hace años observé la anomia. Y creo que el análisis político, para sociedades no modernas del todo como la peruana, debe acompañarse de estudio de creencias. Así, las cuentas no nos salen porque el paradigma político y el paradigma económico se acompañan de un paradigma cultural que en Perú dejó de construirse. La involución se inicia, pues, con el abandono de la escuela estándar de educación primaria y secundaria. El resultado es catastrófico. Carecemos de personal calificado y de una masa mayoritaria de ciudadanos educados. La mejora económica no resuelve el abismo, lo acrecienta. A los jóvenes de origen popular los duermen con empleos precarios. Un estudio —y hecho por jóvenes— nos dice que la mayoría de “emprendedores” entre 19 y 29 años no asiste a ningún centro de enseñanza «porque no les gusta estudiar  (CONAJU, p. 39). Un 87% es indiferente a las elecciones. Por lo demás, no nos quejemos del poco o nada capital simbólico de los elegidos congresistas. ¿Qué garantiza que mejoren? Puede empeorar. Abajo, a los neourbanos populares los volvieron pymes, gente con ambición de billete, y la cultura profesional la guardan para las clases medias con plata y sentido de las cosas. Tenemos, pues, un desarrollo descendente. Esa «nada cultural» —¡y abajo!— es el taller del diablo. Cualquier cosa sale de ahí. Y no va a ser precisamente muy democrática que digamos.

Publicado en El Montonero., 26 de octubre de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/peru-cuando-dos-por-dos-no-es-cuatro

 

 

Béjar, cronista

Written By: Hugo Neira - Oct• 19•15

«El elefante es irrefutable». Me trota esa frase en la cabeza. Me trota porque Béjar es real y las guerrillas de los 60. Y su derrota. ¿Pero estamos seguros de eso? ¿Y qué fue la reforma agraria de los militares sino la distribución de tierras de hacendados y el adiós al gamonalismo? Y dar paso a un país de millares de nuevos propietarios, expongos y yanaconas. Los Andes de hoy.

¿Cómo hago para cumplir con esa regla mínima de la contextualización ante el libro de Héctor Béjar, y de lo que contiene, en el Perú actual cuyo nuevo dios es el Mercado? Y los jóvenes quieren iPod, laptop, moto, depa y negocio propio, ¡ya! Y lo de la Kalashnikov les es inverosímil. Para los no entendidos, la AK-47, o fusil ligero.

¿Cómo hago? Y me sopla al oído el ángel de la guarda: habla de la atmósfera de los 60. Y en efecto, ese tiempo peruano cabe en una metáfora político-militar: vanguardia, conflicto, lucha, correlación de fuerzas, estrategia, táctica. Así pensábamos. No solo el ELN de Béjar y sus compañeros. Hegemónico el discurso de las armas en el aprista rubio y trujillano de la Puente Uceda que se fue a morir a Mesa Pelada. Y en el MRTA, que resbala de la utopía a la cubana al secuestro de gerentes. No todo fue la muerte poética de Javier Heraud.

Retorno a la guerrilla no es  ni regreso a las  armas ni reflexión sobre la guerrilla, eso ya lo hizo Béjar. Tampoco es Memoria, género para pedantes pero también para que un Chateaubriand político se revele gran escritor. Pero no creo que la haya escrito de un tirón postoperatorio. Las ha compilado —páginas del tiempo vivido— ahora del tercer Béjar. Profesor y pensador. Libro sincero hasta el desdoblamiento del yo del autor en dos personajes. Por un lado, Calixto, el guerrero que se asombra de su propia dureza. «Ahora que han pasado tantos años digo: (…) se había endurecido dentro de mí haciéndome resistente a las impresiones de la muerte (:331).» Y hay el otro álter ego de Béjar, se llama Bernardo, el que se alegra de volver a la vida corriente, como todo mortal.

En esas páginas, hablan muchos peruanos. Y esas conversaciones están recogidas con las artes del oficio de escribir. Hay, pues, mucha oralidad. Se les escucha decir cosas ciertas y conmovedoras. Sus ilusiones, sus miedos. Pero no la crean ficción. No es novela. Nada es inventado. Acaso es una crónica. Sí, de esas del XVI cuando los conquistadores al pie del vivac, escribían a cerca de un país que comenzaba a llamarse Pirú. No hay muchas crónicas de guerreros, ni la bitácora de Grau ni hay un carnet de vida de Piérola. ¿Para qué? No nos interesa el pasado. Aunque se sabe el precio de ese error: pueblo que ignora su historia la repite.

Béjar deja hablar a la sombra de sus muertos. Y si describe a los guerrilleros, también a los militares. No los idealiza, hubo remates y torturas, pero también se hablaron. En un momento del relato el ya vencido y cautivo guerrillero Zapata Bodero (existió) responde a un militar que lo interroga.

Nosotros queremos resolver los problemas sociales por la única vía posible, las armas. Todo lo demás está agotado.

El militar que le escucha «arrastró la silla y luego tomó asiento con las piernas abiertas, las botas enredándose en las patas metálicas». El militar está intrigado por esos guerrilleros. Y le suelta a la cara su sincera opinión:

 – Zapata, ustedes están locos. El tono es ahora paternal. Lo escucha y luego le espeta:

Tú has sido dirigente sindical. Has tratado de levantar a los obreros de Cachimayo. Pero también sabes que ellos no querían otra cosa que salarios más altos para comer mejor. No querían la revolución.

Eso es lo que tú piensas, contesta Zapata. Nosotros creemos que estamos abriendo un camino.

Aguilar sonrió irónicamente y movió la cabeza de un lado a otro.

– No. Están perdidos, Zapata, están perdidos (:343).

Textos inspirados en lo real. Como el elefante de las primeras líneas.

 

Publicado en El Montonero., 19 de octubre de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/bejar-cronista

 

Arequipa y la cultura

Written By: Hugo Neira - Oct• 12•15

Estuve en Arequipa, en una gran Feria Internacional del Libro. Con el apoyo de dos universidades —UNSA y UCSM—, la Alianza Francesa, el ICPA, el CCPNA, el Gobierno Regional, el Instituto de Ingenieros de Minas, invitaron a unos 125 autores entre nacionales y extranjeros. Por mi parte tuve tres actividades. Una, comenté el libro de Juan Carlos Valdivia Cano, profesor en sendas universidades arequipeñas y estupendo ensayista. Su “Voluntad de crear” dedicada a Mariátegui merece crónica aparte (no se dice amerita). Dos, un libro mío, ¿Qué es Nación?. La tercera fue en un homenaje que me hicieron (*). Me pidieron “la vida y la escritura”.

Eso hice. Y hablando de mis libros y vida, les dije algo que no sabían: de muy niño viví en Arequipa en casa de mis abuelas paternas, las Damiani, y luego ellas me llevaron a Trujillo y a Lima, mis padres se habían divorciado, y con ellas viví mi infancia y mi adolescencia. Las abuelas arequipeñas marcaron mi manera de ser y mi destino, desde la severidad afectuosa con la que se ocuparon de ese niño y el cotidiano yantar de pastas como descendientes de italianos y el chupe de camarones cada domingo de la vida, de los 8 a los 18 años. Y el respeto a los principios cristianos pero no a los “curas”. El abuelo italiano era garibaldino. Eso, y una atención sin mimos, y la estupenda escuela fiscal y el Melitón Carbajal de esa época de oro de la educación pública, y el barrio moreno y bronco de Lince donde se aprendía a ser iguales, hicieron el resto. Por eso no puedo ser hasta ahora dogmático de nada.

Perdón por estas confidencias. Voy a mi crónica, sobre temas públicos. Medios y prensa me hicieron diversas preguntas. A ellas acudo.

– Usted ha dicho que volvió a estudiarlo todo en 1989, cuando se desplomó la URSS. Ha dicho que vino también una renovación de las ciencias políticas. ¿Podría explicar un poco más eso?

Mire, vuelto a Europa, Antes de la Perestroika, visité la Polonia de Solidaridad. Y escribí un artículo que publicó Carlos Franco en Socialismo y Participación. Anuncié el fin de la URSS siete años antes. La hipótesis era sencilla: Moscú tenía que elegir entre su imperio del Este y las demandas internas. Lo que no pensé fue en el desplome total. Entonces, decidí revisarlo todo. Fueron años de relectura, en Tahití, ya profesor.

-Y con eso escribe Hacia la tercera mitad. ¿Pero puede darnos más precisión?

Tiene razón. Por un lado, la renovación de las ciencias humanas vino del lado liberal, desde Raymond Aron y Hannah Arendt, ante el tema del totalitarismo. Pero a ambos se les ignoró en América Latina. ¡No eran marxistas! Por otro lado, se descubre a un par de enormes pensadores, los criticos de izquierda de la izquierda. Rogelio Castoriadis y Edgar Morin. En ambos hay otro paradigma para pensar la sociedad y al hombre. La idea de la autoorganización.

– ¿Puede darnos un ejemplo de esa autoorganización?

En el Perú, las invasiones (o recuperaciones de tierras) de los campesinos cusqueños. Comenzó con Hugo Blanco, pero fue un movimiento espontáneo. De inteligencia colectiva. El otro movimiento que se genera sin partidos ni líderes es Mayo del 68 en París. También estuve de cuerpo presente. Fui un testigo. La conceptualización me vino después. Es así siempre.

-Doctor Neira, de todo eso, díganos un concepto, uno solo.

El concepto de la libertad. Desde la libertad hay entonces política. Fíjese bien, no digo política de izquierda o de derecha. Solamente que exista. La libertad no es un regalo.

-¿Le preocupa el 2016?

Me preocupa el 2017. Vamos a pagar el monstruoso error de aulas sin humanidades ni libros.  Ciudadano es quien sabe leer y comentar un texto. Pero nunca han aprendido a redactar ni una página personal. ¿Somos una democracia con millones de ágrafos?

Publicado en El Montonero., 12 de octubre de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/arequipa-y-la-cultura

(*)  Homenaje / Artequipa:

corto: https://www.youtube.com/watch?v=APmKff9ppoQ

largo: https://www.youtube.com/watch?v=0-r-Wl4Rlt4

 

 

Otro visitante, Niccolò Machiavelli

Written By: Hugo Neira - Oct• 05•15

Llego a casa un poco tarde, y en esto que me espera en el salón nada menos que Maquiavelo. Otro enviado del cielo como Hobbes. O de los infiernos. El florentino se pasea entre los estantes de mi biblioteca. Comedidamente me da la bienvenida.  No hay que olvidar que es coetáneo de Castiglione, el de la idea del Cortesano. Y luego me suelta una pregunta.

– ¿De modo que soy «el Galileo de la política»?

– Bueno, eso no lo digo yo sino el filósofo Cassirer.

– Claro, responde. Un tudesco. Con el tiempo los alemanes se volvieron finos, no eran así cuando los visité en 1508. Su Señor, era Maximiliano, un inconstante.

– No fue su modelo de Príncipe, me atrevo a decir.

– No por cierto, más aprecié a Fernando el Católico, campeón de una virtud, la avaricia.

– En Lima decimos tacaño.

– Eso es bueno para el Principatibus, no son convenientes los Señores dispendiosos responde Maquiavelo.

Y le pregunto: – ¿Quién le inspiró El Príncipe, César Borgia?

Maquiavelo no responde y sigue hojeando libros. Al fin retoma la palabra y me dice:

– Esa obra se la dediqué a uno de los Médicis. Quería volver a Florencia, vivía en Sant’Andrea in Percussina, a unos veinte kilómetros. Suspira y me pregunta:

– En su Señoría, ¿van pronto a elegir otro gonfalonero?  (El abanderado, el jefe)

– En efecto, en elecciones generales.

Inmutable Maquiavelo prosigue:

– ¿Elige el pueblo grosso?

– ¿O sea los magnates? Claro que sí, pero el popolo es mayoritario.

Maquiavelo me mira y me dice:

– En Florencia unas mil familias elegían un gonfalonero de justicia de por vida. En mis días, fue mi amigo Soderini, republicano como yo, quien me eleva a segundo canciller, y me ocupé de asuntos internos como de las relaciones exteriores de mis 29 a los 43 años. Luego, para ambos, vino la tortura y el exilio. ¿Sus gonfaloneros tienen mejor destino?

– De ninguna manera. Por lo general pasan el resto de su vida en prisión. Otros tienen que huir por los techos y otros terceros enfrentan a los tribunales por el resto de su vida.

– Usted sabe que he pensando siempre que el pueblo de trabajadores, los mechanici, finalmente piensa mejor que los Príncipes. Eso lo digo en  “Los discursos”.

– Es libro para republicanos, se lee menos. Somos un país donde nadie quiere ser pueblo. La aspiración es a enriquecerse rápidamente y ser a su vez, Señores. Le llaman «movilidad social».

– ¿Qué va a pasar en el 2016?

– Usted usa dos conceptos. Virtù y diosa Fortuna. Lo primero es el coraje para gobernar. E imponer decisiones realistas. No creo que nuestros electores busquen eso, sino “la fortuna”, es decir el azar, la chance. Dios es peruano.

– Bizarra República, le oigo decir. ¿Tienen guerreros?

– Sí, como usted reclamaba, una milicia.

– ¿Son valientes?

– Sí, pero luego que salvan al pueblo de tiranías y condotieros peligrosos (Abimael Guzmán) van presos. En los conflictos internos, algunos pillan, violan a campesinas.

– Si la milicia falla, entonces  los grossos (los ricos) ¿toman las armas?

– Para nada. Quieren que todo se arregle con conversaciones y consensos.

Maquiavelo sonríe. «Han pasado siglos y la humanidad se mantiene inmutable. Siguen pensando que el orden es un hecho natural y no político».

– Tengo entendido que es amigo de Alan García. ¿Qué le falta  para ganar?

– Lo que tiene Keiko, una parte del pueblo de abajo.

– ¿Y a esa dama, qué le falta?

– Lo que tiene García, cuadros de clase media, pueblo aprista y experiencia.

– ¿Y el Signore PPK?

– Como consejero, dicen, se habría traído un brasileño, una persona de otro país.

Maquiavelo enarca las cejas.

– ¿Un extraño para saber qué quieren los grossos y el popolo locales? No me han entendido. Hay que ser temido y ser amado, pero si hay que elegir…

– No, en la Señoría de Lima todos quieren ser amados. ¿Temidos por aplicar la ley? Ni locos.

– Y entre tanto el caos se apodera de la citta, concluye Maquiavelo.

– Sí, pues la República está en riesgo y el Marqués no lo entiende.

 

Publicado en El Montonero., 05 de octubre de 2015

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El tercer Béjar, en la Derrama

Written By: Hugo Neira - Sep• 28•15

Hace unas noches, Héctor Béjar en la Derrama. El auditorio y la galería superior atiborrados, y como se dice, no cabía un alfiler. Héctor y un nuevo libro. Lo sabíamos enfermo y gravemente. Los médicos lo han salvado, y una vez más su coraje. Esa noche no fue mitin sino ceremonia. Coro de San Marcos, himnos, y mesa de debate. El historiador Antonio Zapata que explicó los años 60. Haydée Chamorro de San Marcos, Marco Sipán dirigente de Patria Roja, Federico Helfgott, antropólogo de Michigan. Y Víctor Aguirre, Nelly Reyes. El libro de Béjar se titula ‘Retorno a la guerrilla’. Algo provocador y equívoco, no dice que su autor, repuesto de sus males, anuncie su vuelta al monte, metralleta al hombro.

Fue un acto de rememoración sin duda trágico, pero cuerdo. Uno de los más jovenes habló de las guerrillas como “esas dinámicas de los años 60”. Víctor Aguirre, si mis apuntes no me traicionan, lo ve como “una cuestión de generaciones”. Y ante una sala atiborrada: “¿Qué significa hablar del socialismo, hoy? Y que “los socialismos reales podían ser una medicina peor que la enfermedad”. Nadie dijo lo contrario, ni el propio Béjar. Y se volvió a pronunciar la famosa y temible palabra ‘revolución’. De otra manera. Alguien recordó la movilización de los jóvenes ante la ‘ley Pulpín’.

Hay tres Béjar. El militante comunista y luego fundador del ELN, el guerrillero. El segundo, junto a otros que reúne Carlos Delgado, con Velasco. En esa noche se refirió, escuetamente, “un momento en que un grupo militar liberó fuerzas sociales y políticas”. Hoy el tercer Béjar es el profesor, don Héctor, querido y apreciado. El que viene de su doctorado, que viaja y estudia, y que desde una perspectiva altermundista piensa y escribe. El tercer Béjar en la noche de la Derrama fue para luchar contra esa ley inexorable que en el Perú es el olvido y el calculado silencio.

No explicó su guerrilla, ya lo ha hecho en ensayo autocrítico que publicaron los cubanos hace años. Aunque esa noche dijera “nuestro pueblo siempre ha tenido razones para sublevarse”. Más bien fue un Béjar calmo y sonriente hablando de sus camaradas. De ellos, los olvidados, minuciosamente, evocando a Camba y a Pachi, comuneros. A Mario Rodríguez y a Antonio, soldados del ejército, parte de los alzados (cosa que hasta ahora ignorábamos). Y a José Tope Apaza, obrero de construcción. Béjar los mencionaba como si hubiesen muerto ayer. Nemesio Junco, el balsero. Sinceramente, no sabíamos que eran tantos y diversos. El cortejo de sombras desfiló esa noche con su carga trágica. De ahí el libro. Que comentaré aparte. Es otra sorpresa, memoria e historia.

Y de esa noche unas frases. “Han desaparecido los gamonales. Se ha acabado con el pongo y el trabajo servil de los indios”. “El movimiento guerrillero se inscribía en la gran movilización mundial contra el colonialismo”. Y desde los “micropoderes de los débiles”. Y esta otra, de paso, “el poder no está en el fusil sino en la calidad moral del que lo porta”. No estuvo mal para una noche de rumores de golpe. El tercer Béjar es aquel que no olvida. Aquel Perú donde no había héroes a lo Oropeza.

Noche de gente joven y de la antigua izquierda, no la sabionda, con cátedra y que nunca corrió riesgos. Confieso que canté la Internacional. Hacía tiempo que no lo hacía, desde la Yugoslavia de Tito, con mi hermano socialista autogestionario, Carlos Franco, locos de esas quimeras generosas. Béjar propuso una letra distinta: “Arriba parias de la tierra”. Yo me he quedado en “arriba los pobres del mundo, de pie los esclavos sin pan”. Bueno, amable lector, ¿quién quiere el partido único, el totalitarismo? Ni Béjar ni los presentes de esa noche. Más bien la esperanza de hacer una política sana. Hoy no hay guerrillas sino algo hasta peor. El asalto claro, mafioso y deliberado al poder para enriquecerse.

 

Publicado en El Montonero., 28 de setiembre de 2015

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