Minería, ¿en un país de espaldas a la ciencia y la tecnología?

Written By: Hugo Neira - Jul• 21•15

El tema minero es importante pero hay una dificultad medular. Perú es el país con mayor potencial minero de la América Latina. Y a la vez, el país cuya tradición, desde la llegada de los conquistadores a Cajamarca con Pizarro, evoca un gigantesco riesgo. Desde entonces se vincula leyenda y mito del Perú, país de Jauja, abundancia de oro y plata, y fácil ganancia y desprecio para el mundo duro de los Andes. Sus sedentarios agricultores le temen a todo lo que pueda alterar el equilibrio entre la poca agua y la poca tierra fértil. Y no les falta razón. No somos un país de vastas llanuras húmedas como la pampa argentina, ni de tierra verde de bosques como Colombia.

Tampoco somos un país con entusiasmo científico. Basadre decía que «no hay destino más triste que el de un sabio en el Perú». Han pasado decenios de ese enjuiciamiento severo, y no ha perdido vigencia. Seamos sinceros, nuestros jóvenes prefieren carreras de aplicación, cortitas, prácticamente lo que en sociedades más sensatas que la nuestra se  brinda en politécnicos. Por lo demás, más atraen todavía los estudios profesionales y seguimos produciendo abogados. Nada de eso resuelve el problema de fondo. Una cosa es entrar en la mundialización y otra en la occidentalización. Es el término que utiliza Serge Gruzinski. No quiere decir volverse europeo ni norteamericano. Quiere decir ingresar a la ciencia y a la técnica. Masivamente. Eso hizo Japón, y hoy, espectacularmente, China e India. Hoy ese transvase de conocimientos ocurre en todo el planeta. Pero algunos países se resisten. El Perú por ejemplo, tenaces en sospechar que la ciencia nació en Europa y es colonialista. Mientras que los hindúes y con turbante, progresan. ¡Y los chinos asimilan el saber occidental para competir con Occidente!

Hemos conocido momentos de enloquecida riqueza. El guano y el salitre, que acabó muy mal. Un periodo brillante y desperdiciado, llamado por Jorge Basadre la «falaz prosperidad». Y el fin es 1879 y la derrota ante Chile. De 1900 a 1930, el país conoce un auge sin par. Exportaciones al exterior, algodón y azúcar, oasis de la costa vueltos valles agrícolas. Se aprovecha un ciclo Kondratieff de demanda externa. En 1929 acaece la crisis mundial. En 1930 cae Leguía. De 1931 a 1956 los poderosos bloquean a un partido social democrático que aspiraba a reformas. Al aprismo. En ese lío, perdimos el siglo XX.

¿Qué impide hoy entender cuando la minería sostiene que no dañaría el medio ambiente?

Descarto la importancia de los radicales antimineros. Son un puñado de gente, y la impresionante serie de marchas y protestas proviene más bien de una convicción ya establecida. En los malentendidos está el poco o nulo conocimiento que tienen las empresas sobre la mentalidad del mundo campesino. Han creído en la comunicación, en técnicas de marketing o de publicidad. ¿Ante una tradición de sospecha? Que una aplicación científica pueda evitar daños ambientales no es creíble. ¿Por qué razón? En el Perú no hubo casi industria en el siglo XIX y XX. Y para colmo, millones de peruanos que pasaron por aulas (del Estado) no han tenido cursos de física, química, ciencias naturales. Les quitaron esos cursos. No se crearon escuelas agro-técnicas para hijos y nietos del pueblo campesino, hoy de propietarios. No se ha educado en ciencia a millones de origen popular (y de sus jóvenes en el paro surgen los sicarios). Y si no estuvimos en las revoluciones industriales, ¿cómo creer en la presente propuesta minera? Difícil. El peso de lo no hecho y de lo que se ignora es más alto que la más alta cumbre de los Andes. Salvo que … inviertan el 80% del canon en directa educación para jóvenes campesinos. Y en la aldea misma. Lo hizo Suecia, y se volvió lo que es. Pero claro, me van a decir, son luteranos. Y las nuevas burguesías ladronas que se forman en provincia estarán en contra.

Publicado en El Montonero., 20 de julio de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/2015/07/mineria-de-espaldas-a-la-ciencia-y-la-tecnologia/

 

Marcos Caplansky

Written By: Hugo Neira - Jul• 20•15

Un justo ha vivido entre nosotros. Ese «nos» son las numerosos personas que lo han conocido. Hace unos días, se puso mal y su esposa lo llevó a una clínica. Hace unos días que Marcos se nos acaba de ir. Lo que voy a decir, lo saben los amigos que lo frecuentaron porque Caplansky tuvo muchos amigos y conocidos. Marcos era un justo. Y esta forma de llamarlo no sorprenderá a quienes lo conocieron en vida. Y estas líneas no son tampoco de esas que se escriben en torno a alguien que deja este mundo. No creo en la cultura de cementerio que solemos practicar y que en algún momento he criticado. Ocurre, sin embargo, que hace un tiempo, en uno de esos momentos en que tuvo problemas de salud, de los que solía recuperarse, le dije que era un justo. Ni me aprobó ni me reprobó. De modo que ahora honro su memoria repitiendo lo mismo. Y la fortuna que hemos tenido, tantos y tantos, conociendo a un justo. No abundan.

Jamás a Marcos, en los muchos años que lo conocí, le escuché una palabra fuera de lugar, un infundio, una calumnia, una falsedad, una mentira. Su conducta, de manera natural, era un cuidadoso y espontáneo lazo con la verdad. Tanto que incluso podría pasar desapercibido. Porque los justos, los que lo son, no son ostentosos ni en la virtud. Ahora bien, no estoy diciendo que no tuviese simpatías y antipatías, las tenía, como todo ser humano. Ni enojos y fastidios. Incluso en los momentos más conflictivos, había en él ese arte de la retención. Un justo es ecuánime, equitativo, y además, insobornable. No podíamos los que lo conocimos imaginarlo en un negocio delictivo, ni en el despecho. Pero aun los justos en este mundo tienen que sufrir el mal de los otros. Les ocurre, como a todos, sufrir de lo contrario de lo que son, de injusticias. En algún momento pierde una fortuna en un banco en el que había puesto sus ahorros. Ni eso le arrancó una mala palabra, aunque sí las palabras justas para quienes lo habían defraudado. Ni una más ni una menos.

No es una nota biográfica la presente, por eso las fechas y situaciones podrían ser imprecisas. Marcos era argentino, vivió y amo esta ciudad como la suya, era culto y era organizado, muy culto, con él podíamos hablar de cualquier cosa. Lo conocí decenios atrás cuando era parte del Club de Teatro, luego como editor de libros muy hermosos, publicista, maestro y profesor en una escuela especial para la formación de gente del design y comunicaciones. Lo que hizo en unas y otras actividades fue de excelencia. Era un hombre justo e inteligente. Ni nuestra desaguisada política le sacaba de su natural distancia y de opiniones acertadas, nunca injuriosas. Nos entendía, por momentos le daba risa o también pena. Pero no hacía eso que solemos hacer, irse de boca.

Estaba siempre de buen humor, pero no era porteño. Hay muchas maneras de ser argentino. Y cuando le hablé con entusiasmo de Poné a Francella —en realidad lo que me interesaba era la Nena— noté que el personaje masculino no era de su gusto. Acaso lo encontraba demasiado criollo, en versión bonaerense. Vivió en el Perú pero, fiel a sus raíces, nunca dejó su nacionalidad de origen. Marcos venía de una familia judía de migración rusa. Puedo suponer que mucho tuvo que ver la formación infantil en su actitud para la vida. El justo, es hora de decirlo, es una virtud celebrada por los judíos. Como el sage  es una categoría de sabio entre los franceses y el santo, en los cristianos. No estoy diciendo que fuera un santo. Sino un justo.

Se casó con Matilde Ureta, y ha sido el compañero de su vida. Y ni siquiera le he consultado esta breve nota. Es capaz de decirme que era un justo y por eso mismo, a los justos, no se les dice que son justos. Ella sabe que ese es un concepto y una leyenda rabínica. Existen, dicen, unos cuantos en medio de los hombres, unas versiones dicen que son seis, otros que doce, pero en general, si no hubiese un mínimo de hombres justos, ya Jehová hubiese exterminado la especie humana. Unos cuantos soportan el peso de nuestros incontables actos de deliberada maldad, de nuestras imprudentes conductas y sobre todo de palabras fuera de lugar. Esas cosas, la maledicencia, nos tiene sin cuidado. En otras culturas resultan la línea que separa el bien del mal, lo lícito de lo ilícito y lo que se debe decir y lo que se debe guardar en silencio. Por respeto no solo al otro, sino a sí mismo.

En mi pena, hay algo más, un agradecimiento. Cuando volvía al Perú, luego de mi vida de profesor en universidades francesas, los Caplansky, Mati y Marcos, nos alojaron en Montecassino, en lo que fuera el departamento de Alicia, madre de Mati, todo el tiempo que tomó la construcción del edificio donde Claire y yo ahora vivimos. Han sido y son más que amigos.  Y Mati me devolvió mi manuscrito de Hacia la tercera mitad diciéndome: «le falta un año de corrección». Hay gestos que no se pueden olvidar.

No solo esta ciudad ha perdido un justo, un amigo, un ser humano al que siempre se podía recurrir por un consejo, esperando una respuesta sensata, cuerda, atinada. Y eso era Marcos. Algo inapreciable se nos ha ido, que los dioses feroces del Antiguo Testamento nos sean clementes.

Nadine y la Comisión Laura Bozzo (con perdón de Laura)

Written By: Hugo Neira - Jul• 16•15

Acabo de enterarme de las preguntas que se le han hecho a la señora Nadine Heredia en la Comisión de Investigación del Congreso. Y la fulminante respuesta de la ciudadana Heredia. Preguntas, vaya deriva de la Comisión, sobre su vida privada. Y no me sumaré al infierno de chismes dando el nombre de algún varón nombrado. Si la cercanía a la gente del poder, sea quien sea, produce dividendos, hay que probarlo, asunto de inversiones, cifras, licitaciones. Y punto. Ninguna otra mención, menos a una mujer casada y con marido e hijos. He visto en los diarios la queja de la agraviada, “la pregunta de la congresista Pérez Tello afecta a mi honor de mujer, madre de familia y esposa”. No le falta razón. Pésima pregunta. Pésima costumbre de mezclar lo privado con lo público.

No tengo nada que ver con el partido nacionalista, ni lo tuve ni lo pienso tener, pase lo que pase el 2016. Ni voté por Ollanta Humala ni en el 2006 ni en el 2011. Es más, dije en La República que no votaría por él “ni con una pistola etnocacerista en la sien”. “Si gana Humala la inestabilidad institucional no acabará el 6 de junio. Por el desencuentro entre Congreso y Palacio. Por lo que Ollanta pueda intentar, si gana, hasta un programa de derecha con cuadros que se le ha arrimado”. Eso dije, mi punto de vista sigue siendo el mismo. Y si opino en esta columna es como profesor universitario. No me apura lo inmediato, y “chiquitas” y “carnecitas” no son mi taza de té. Pero toda regla tiene excepciones. Hoy estoy indignado y alarmado por lo que ocurre en esa Comisión. Las preguntas de índole personal que le han hecho a la ciudadana Nadine Heredia nos hacen pensar que hemos vuelto a los días de la Inquisición. Por la manera en que se ha formulado, y su contenido —asuntos de orden privado, de orden moral, de esos que interesan en los confesionarios— me da vergüenza ajena.

He dicho también preocupación. El tema Nadine Heredia era, hace apenas unas semanas atrás, si el Congreso iba a investigar sus cuentas bancarias levantando el secreto de las mismas. Era que Nadine Heredia “busca evitar que el Congreso acceda a su secreto bancario” (El Comercio, 01.07.15). Era que la lista de personas en torno a Belaunde Lossio seguía aumentando, expresidentes de regiones como Jorge Acurio, o empresarios como Olmer Mendoza y Eduardo Novoa Monje, directores de Omesa Consultores y SIMA, respectivamente. Y entre ellos, el abogado de Nadine Heredia, Eduardo Roy Gates (El Comercio, 02.07.15). Era que Ilan Heredia, su hermano, era incorporado como investigado. Era que Rocío Calderón callaba y que María Llanos levantaba sospechas (La República, 08.07.15) ¿Y ahora? ¿En qué quedamos sobre los depósitos en cuenta bancaria y unos US $ 79’000 de la empresa venezolana Kaysamak, que habría depositado en la creación del Partido Nacionalista Peruano (El Comercio, 08.07.15)?  ¿Y las transferencias desde un Banco de Nueva York a Rocío Calderón (El Comercio, 21.06.15)?

¿Qué pasó con todo eso? Que es bastante abultado. Que si contactos, que si tarjetas bancarias, que si plata que unas fuentes exteriores dan para partidos (lo cual no es en nada un ilícito) y en cambio se gastan en compras personales. ¡Vaya amor por los pobres! Pero vamos a lo de estos días: la señora Marisol Pérez Tello acaba de decir que “recibió un primer grupo de documentos remitidos por entidades financieras”, añadiendo, “pero aún no lo hemos revisado”. Pero señora, por el amor de dios, es por ahí donde tenía usted que comenzar y no con chismes ni como ustedes los llama “trascendidos”.

Hoy el tema central es salvar al Estado de Derecho. La metida de pata de la ciudadana Marisol Pérez Tello es inadmisible. Hasta parece un truco, una trampa¡! El presidente umaHumaHumm Humala no ha parado de decir que la Comisión Belaunde es “ilegal”, y que hay “difamación y mala intención”. ¿Y le hacen ese tipo de preguntas a su esposa? ¿De carácter íntimo, personal? Bravo, congresistas. Esa investigación parece que la dirige Laura Bozzo, una de esas trifulcas de callejón en la que nadie escucha y todos hablan a la vez.

Publicado en El Montonero., 16 de julio de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/2015/07/nadine-y-la-comision-laura-bozzo-con-perdon-de-laura/

Los indios del Perú y “los muchos y grandes pecados”

Written By: Hugo Neira - Jul• 14•15

El Papa Francisco acaba de pedir perdón por “las ofensas de la Iglesia a los indígenas durante la Conquista”. ¿Cómo no celebrar tal mensaje? Pero no diré sino cosas sabidas, buenas de recordarse sobre nuestro pasado colonial. En parte vigente.

La Conquista fue feroz, qué duda cabe. En la realidad corriente, la hueste de Cortés no fue grande, unos 600 hombres. Y con Pizarro, 189 hombres y 39 a caballo. Pero el México azteca que conoce Cortés es de 25 millones. En 1605, solo 1 millón¡! El Perú, de 1530 a 1560, pierde población, un 30%. Un tiempo se pensó que la mortandad se debía a minas y obrajes. Sí, pero ¿desaparece el 90%? Hoy sabemos tras Simpson, Borah, de la demografía de Berkeley y del choque microbiano. Los grandes generales que acompañan a Cortés y Pizarro son el general sarampión, varicela y gripe. Despoblaron. El mundo solo sabe de microbios con Pasteur (en 1895).

La verdad, Santo Padre, lo peor vino después.

Vino la explotación de los indios. No los exterminaron, los necesitaban. La población indígena comienza a recuperarse en el XVII, pero sobre la fuerza-trabajo de indios se encarama la entera sociedad colonial. Todos. Corregidor, hacendado o minero, criollos y españoles, para repartirse la mano de obra local y pillar sus tierras. A ese sistema de explotación se suma el curaca y la nobleza india. Y siento decirlo, también los curas.

Franciscanos y dominicos fueron la primera ola evangelizadora, y a los indios, los protegieron. No lo olvidamos. Pero los reemplazan curas doctrineros. Cómo vivían es de espanto. Lo cuenta Huamán Poma de Ayala: “los dichos padres de las doctrinas (…) tienen muger yndia por manseba” y “solteras” para “hilar y texer, como alcagüeta” (p. 542, edición Murra, 2013). Y con el Corregidor el cura “nos rroba”. Tenían cárceles propias y pegaban. Estos curas doctrineros amancebados tenían una media de 20 hijos.

¿Solo el abuso con los indios? Por desgracia no. El alto clero compite en corrupción con el mundo criollo. Su comportamiento escandaloso lo describe, con horror, Jorge Juan y Antonio de Ulloa. “Dase noticia de la conducta y graves desórdenes de su vida, en particular de los religiosos” (Noticias secretas de América, p. 501). El ayer colonial no fue solo procesiones, santos y santas. Lo que vieron esos dos marinos españoles era un clero con “la primacía del concubinaje”.

¿Un mea culpa por la Santa Inquisición? No encuentran muchos cismáticos y judíos y se dedican a aplicar tormentos a mulatas como Teodora Villarroel, iqueña, que se jactaba de sortilegios. O a mujeres como Ana de Castro, acusada de judaizante, en realidad vendía sus favores —hermosa mujer— a los virreyes, y la torturaron, la pasearon con sambenito y la quemaron. ¿Quién lo dice? Ricardo Palma (Anales de la Inquisición). Fue una institución que nos inicia en supersticiones y delación. Algo nos queda. Chismes y colgar sambenitos.

Un mea culpa debe incluir los siglos de inútil metafísica de las universidades virreinales cuya escolástica denuncia Javier Prado en El Estado social del Perú en 1894. No tuvimos ciencia colonial ni a tiempo se estudia a Descartes, ni a Kant ni se toma el camino de los estudios empíricos y del racionalismo. Herederos de la Contrarreforma. Dogmáticos hasta las cachas. Hasta nuestros días.

El mea culpa debemos emprenderlo también los intelectuales. Cuando declina la intolerancia de la Iglesia contrarreformista, la reemplazan en Perú las ideologías. Y nuevas inquisiciones, hoy de seglares. La caza de brujas se hace en pomposas cátedras de sesudos profesores que pontifican. Partidarios de la lucha armada que nunca han corrido riesgo alguno. Me hubiera gustado, Padre, que algo se diga sobre la necesidad de estudios de ciencia y tecnología que nos hacen falta, para transformar justamente la naturaleza sin herirla. Entiendo que Adán era el jardinero del Edén. No su sirviente. Y que no es conveniente reemplazar el Dios del Antiguo Testamento por un culto medio pagano del Dios Medio Ambiente, intocable. Algunos lo van a ver así. Digo yo, es un decir.

Publicado en El Montonero., 13 de julio de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/2015/07/los-indios-del-peru-y-los-muchos-y-grandes-pecados/

 

Obama y una isla que quiere ser Nación

Written By: Hugo Neira - Jul• 06•15

¿Por qué habría Obama que cerrar la mano a los hermanos Castro? El presidente americano no saludaría a un tipo de economía y régimen sino a una nación. La independencia cubana a fines del XIX fue distinta. E intervinieron los americanos. Es una larga historia, y merece una apretada sinopsis.

Nuestras independencias suramericanas ocurren entre 1810 y 1830, en Cuba mucho más tarde, entre 1895 y 1898. Paréntesis decisivo. Millones de emigrados españoles se habían instalado en el Caribe, y se aferraron a Cuba, Puerto Rico y Filipinas, últimas colonias. Fue una guerra feroz. Los generales españoles optaron por “tierra arrasada”. Fue una guerra tardía. Un siglo atrás, las naciones latinoamericanas habían enarbolado principios independentistas sin carga de reivindicación social, salvo Bolívar que en el Cusco se puso a dar leyes para favorecer los indios, irritando a los conservadores. Cuba agenda dos revoluciones y no solo una. Luego de salir de España, una generación de revolucionarios se propuso liberar La Habana de Batista, Sodoma y Gomorra entonces capital de gánsteres.

Cuba ha tenido siempre una dramática vecindad con los Estados Unidos. En su guerra independentista contra España se entrometieron los yanquis. Un inesperado atentado contra un barco americano, el Maine, provocó una intervención fulgurante. ¿Qué hacía un acorazado en las aguas de un país caribeño en plena guerra? Tras el hundimiento del Maine, nada pudo detener la movilización de voluntarios americanos; cerca de 200 mil. Pronto se prueba la obsolescencia de la marina española. Y en tierra, el ejército español capitula en la provincia del Río. Pero la intervención norteamericana no salva la causa patriota, la trastorna. La isla es ocupada: la Enmienda Platt permite el control de la isla de 1899-1902. Por muy poco, Cuba pudo ser un anexo como Puerto Rico.Y créanme, no les gusta, ni lo olvidan.

Cuba se halla en el Caribe. “Patio trasero” de América. Con las repúblicas suramericanas, los problemas con la potencia del norte la más de las veces son los de una dominación diplomática, financiera, política, pero siempre indirecta, sin intervención directa o militar. Abajo del Canal de Panamá, jamás se ha visto la bota de un U.S. marine. Otra cosa es el Caribe. «Entre 1898 y 1965, se cuenta unas 400 intervenciones de los Estados Unidos en 23 países, totalizando 25 años de ocupación juntando Cuba, Haití y Nicaragua» (Encyclopædia Universalis, 1975).

Obama sabe todo eso. En Fidel Castro, el mundo ha dejado de ver un dirigente comunista, y ve un líder anticolonialista. Ha sido ambas cosas. Lo primero no ha sobrevivido a la prueba de los hechos. Lo segundo sigue vigente. Por mi parte he estado varias veces en Cuba, guardando mis distancias ante el modelo cubano. Y he indagado, en abierta discusión, por las razones de la popularidad, pese a todo, de Fidel y Raúl. Y de los que se batieron en Sierra Maestra.  A ningún líder suramericano se le ocurre ser la continuidad del libertador San Martín. En cambio los cubanos ven a Martí y a Fidel muy cercanos.

Es la idea de Soberanía quien recibiría el apretón de mano del presidente Obama. Los cubanos cambiarán de régimen —es de esperar— sin por ello ser norteamericanos. Sé que muchos no me van a entender.  Pero no todo es economía ni costo/beneficio en esta vida. Cuentan los sentimientos profundos, los arraigos.  “Patria o muerte” no quiere decir socialismo o liberalismo. Esas son ‘políticas’, todas opinables. Quiere decir a secas, patria. Si no se entiende no se entiende nada. La lección cubana nos debe dejar una sola preocupación: ponernos la mano en el pecho y preguntarnos qué clase política o ciudadano de a pie piensa, aun fuese un minuto, en la idea de patria. Y no solo en los intereses particulares.

Publicado en El Montonero., 06 de julio de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/2015/07/obama-y-una-isla-que-quiere-ser-nacion/