Presidenciables como cancha

Written By: Hugo Neira - Ago• 04•15

Hace unos días, y por razones que no vienen al caso, viajaba por el sur chico y como cualquiera, para distraerme, miraba el desfilar de paredes medianeras, cuando me doy cuenta que estaban llenas de pintas electorales. Desde siempre llevo conmigo una cámara fotográfica, y no me sirvo del celular. Tengo un alma curiosa, que conduce al periodismo como a la etnología de lo inmediato. La curiosidad es una actitud de interés por las cosas con algo de impertinencia. Saqué, pues, unas fotos, y me las guardé para este artículo.

¿Quién es ‘Rómulo Mucho’? Si existiera, que me perdone el atrevimiento, pero hay una gran pared de unos cien metros con pintura roja sangre. Por mi parte lo confieso, ignoraba que existía como presidenciable. Eso es lo que se luce, en todo caso, por Pachacamac y Mala. Y yo que me creía bien informado y no me había enterado hasta esa mañana luminosa de la costa peruana de un nuevo mesías y la candidatura de un hombre muy conocido llamado ‘Rómulo Mucho’. ¡Qué descuido de mi parte! En las paredes pintadas aparecen también otros nombres. El lector que no lo dude. ‘PPK’, con letras en colores. ‘Keiko’ a secas, con letrotas rojas. Y ‘ALAN’ con mayúsculas, seguido de ‘experiencia’. No me asombraron esas menciones, digamos, de cajón. ¿Pero las otras? ¿Y todas, modestamente, para Presidente de la República?

¡De frente a Palacio! Algo así como “pueden estar tranquilos para el 2016, aquí estoy yo”. Entre las pintas, la siguiente: ‘Meza, hambre cero’, candidato para las regionales 2014. ¿Es una buena noticia, no? Eso de ‘hambre cero’, sin embargo, me parece un tanto desconectada de la interpretación de la realidad peruana. Quizá en los días de Mariátegui, ¿pero hoy? Que hay “pobreza extrema”, quién lo duda. “Desigualdad social”, obvio. ¿Pero hambre? ¿En plan país africano, al que hay que llevar comida con camiones de Naciones Unidas porque hay dos millones de desplazados? Me parece que nos estamos volviendo un país de gorditos, de gran demanda de comida al paso, bajo la ideología dominante del papeo en plato popular que se llama modestamente “aeropuerto”. Te lo sirven en los restaurantes al paso por 10 soles y en los finolis. Atinado lema del ciudadano Meza.

‘Calvo presidente’. Caray, otro que se lanza. Era muy estimulante también algunas pintadas religiosas. ‘Jesucristo es el señor’. Caramba, no nos habíamos enterado. Bueno, estamos en un país libre como dicen los filmes norteamericanos y me dio un gustazo ver otra pintada, ‘Flores Aráoz, orden’. A propósito, amigo Ántero, ¿por qué tan cortito el nombre del partido? Lo hubieras acompañado, digamos, con algo más, “leyes justas”. En Brasil la divisa es “orden y progreso”. Es un lema filosófico, se sabe, de Comte. Pero dice algo, ¿no? Entre las pintas hay una que dice ‘Alfredo Barnechea’. Con pintura azul-negra. Buena Alfredo. Desde siempre eres el presidenciable.

¿Cree el amable lector que es un buen signo? Diría por mi parte que no. Esas pintadas son prueba de la degradación de la carrera hacia el viejo Palacio de Pizarro en el imaginario nacional. Al margen de los que podríamos llamar profesionales, la Troika Alan, Keiko, PPK y si nos apetece, Barnechea, Ántero, el resto, ¿quiénes son? Está claro que la ven como chancay de a medio. Me asombra. Está terminando un régimen que muestra que no es así, y aparece como por encanto, ¿un paquete de presidenciables de la nada? Deben pensar que el despacho presidencial será un poquito más complicado que una Pyme de menos de diez operarios, pero no mucho más que eso. ¿Una confusión gramatical? ¿Entre accesible y asequible? Lo primero es un objeto al alcance de todos. Lo segundo algo que se puede alcanzar sí se tiene competencia. Pero país de empoderados, “a la presidencia llega cualquiera”. Lo peor es que puede ser cierto.

Publicado en El Montonero., 03 de agosto de 2015

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Discursos presidenciales

Written By: Hugo Neira - Jul• 29•15

Hace unas semanas, y por razones que no vienen al caso, estuve varios días por Paracas, y en idas y venidas, observé los trastornos que produce la construcción del aeropuerto de Pisco. Me alegró el corazón tal futuro, aunque de inmediato ponga patas arriba el contorno de varios distritos. Me pregunté entonces cuántas de esas obras “macro” estaban ocurriendo en ámbitos lejanos de nuestro territorio. Varios días después, un exalumno, que reside en Puno, se pone a contarme cómo va lo del gasoducto del sur. Hoy, escuché al presidente Humala. Unas obras no serán visibles, como los tramos de la línea 2 del metro en Lima, otras ignoradas, desparramadas en parajes de la accidentada geografía del Perú.

Un discurso de ese estilo no pudo evitarme recordar los de mi infancia. El hábito de entrar en detalles viene de Manuel Prado, primer gobierno (1939-1945), hablaba de sus obras. Ocupaba el poder por derecho despótico, lo eligió el general Benavides como sucesor, y gobernaba con los apristas en exilio o en prisión. De Prado y su listado de lavandería les escuché renegar a mis mayores. Y luego, mientras crecía, me soplé en el colegio estatal los discursos del general Odría, que también lucía obras por doquier. Incluyendo las Unidades Escolares, estupendo aporte, en una de ellas hice mi secundaria completa. Muy superior a lo que apenas alcanzan los de “Alto Rendimiento” del día de hoy. La verdad es que saliendo de la magia de las obras desparramadas por la nación, uno lo que veía era un desolado país muy retrasado. Inmensamente retrasado. Por eso mi generación fue marcada por el ideal de una revolución. No se hizo, pero eso es otra historia.

Debo comentar el discurso presidencial. Es consejo de retóricos latinos: primero la miel, luego la hiel. He visto un Presidente más serio, más en su sitio, lejos de ese comandante más bien juguetón que juramentó por la “Constitución de 1979”, ese primer 28 de Ollantita lo recuerda hoy Ricardo Uceda, en La República. El hombre ha aprendido. Un poco tarde, pero bueno. Eso de aprender oficios, de rey, presidente o papa, lleva tiempo. Luego, un golpe teatral. Lo digo sin reproche. La política siempre ha tenido teatralidad. Eso de ir hablando de acciones de su gobierno y traer y poner en las tribunas a quienes han recibido una beca, al chico o chica con las mejores notas, es un acierto. Otro acierto, la honestidad de hacer la separación de obras, unas completas, otras para el 2016 ó el 2017, y de lo que queda por hacer en Ayacucho o en Huancavelica.

Los listados de obras presidenciales invitan a la verdad, pero por vía lenta, como una combi por la Panamericana. Cuando la monotonía de la lectura y los aplausos de la maquinita hacían sus efectos soporíficos, y el presidente Humala andaba por lo de la escuela de oficiales de Puente Piedra, me había quedado dormido, y en eso me salta al pecho el gato de mi casa. Menos mal. Y me puse a pensar lo siguiente. Qué bien las obras en los pueblitos perdidos, por Tayacaja, por el Putumayo. Una sola pregunta: ¿por qué no lo dijo antes? Es evidente que el presidente no comunica. Ese lujo se lo puede dar, por ejemplo, el Alcalde Castañeda. Incluso “el mudo” gana por su silencio. Pero un Presidente en un país presidencialista no puede callarse la boca.

En fin, tuve la intuición de que hubiera varios Ollanta Humala. Uno, el presidente de obras de infraestructura, no son tantas, pudo ser un paquete tres veces más grande, pero en fin. Hay un segundo Humala, el que habla. Y que hace política con lo primero que se le ocurre como si fuera cualquier hijo de vecino. El que sale a despotricar contra las instituciones legítimas de la nación. Las últimas semanas, en plan de marido ofendido. Cuando lo hace, pierde.

Tradición del Presidente, bueno o malo, militar o civil, demócrata o tirano, es mostrar su lista de lavandería. Más allá de la cantaleta, queda una cuestión de Estado, si queremos salir del subdesarrollo y dejar de ser un país de progresos fragmentados. Y esa cuestión es cómo se articula todo lo hecho y por hacer: teleférico para el Agustino, agroindustria, parques industriales. No veo en su accionar nexos entre economía y sociedad. No hay plan global. Un Presidente no solo preside. En consecuencia, con todos mis respetos, confieso que sentí un alivio cuando dijo, por dos veces, esta frase mágica: “al término de mi mandato”. El mejor regalo del 28. La Patria le será agradecida.

 

Publicado en El Montonero., 28 de julio de 2015

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Un visitante lúcido: Manuel Alcántara y qué es ‘Podemos’

Written By: Hugo Neira - Jul• 28•15

Varias veces académico, doctor en sociología y ciencias políticas, catedrático en Salamanca, Alcántara está entre lo mejorcito de esas disciplinas. Me voy a ahorrar las universidades donde ha dictado, los libros publicados, el amable lector puede abrir Google. Estuvo unos días en Lima. Vino a una ancha cita de politólogos, pero como suele ocurrir, otras universidades y no únicamente la que convocaba, también le pidieron una intervención. Lo escuché este miércoles pasado. En un panel organizado por el IEPA (Instituto de Estudios Políticos Andinos) y la USMP. En la mesa expusieron Santiago Basabe, de FLACSO, y Yasmin Calmet, de la Universidad Federal Santa Catarina, Brasil.

El doctor Alcántara es lo que se llama un americanista. Esa noche, sin embargo, se ocupó de España y Grecia. Y abordó ampliamente Podemos. Conoce como ciudadano a Pablo Iglesias y a Monedero. Tuvimos, entonces, una información precisa y preciosa. Pablo Iglesias y los de Podemos son jóvenes. Iglesias de 35 años, Monedero algo mayor, 52. Pero no cualquier tipo de jóvenes, son profesores universitarios y de ciencias políticas. Su electorado —a diferencia de lo que aquí se ha dicho— va de los 25 años a los 60. El tema es otro. Ambos, Iglesias y Monedero, son gente exitosa. Iglesias pasa de maravilla en la TV. Monedero ha publicado unos 15 libros. Han puesto de vuelta y media la vida española. Pero son cultos, hay que decirlo, y no provienen del skateboard. Ahora bien, prepárese amable lector, para lo mejor. En un par de intervenciones antes de Alcántara, se había hablado de la consabida crisis de los partidos. Y yo, por mi parte, de populismo y populismos. Pues bien, ¿saben dónde aprendieron los inventores de Podemos lo que hoy saben? Fueron asesores de gobiernos en Ecuador, Bolivia y Venezuela. La patria de “la nueva política” es Latinoamérica. Lo dijo el invitado. Yo había dejado tras mi exposición un libro de Laclau sobre la mesa, La razón populista, y Alcántara lo coge, lo levanta, lo muestra al público, y dice, sobre los de Podemos: “esa es su biblia”.

De Podemos, nos cuenta incluso lo paradójico: «ha repotenciado a la derecha como nunca ocurrió en la historia». Mariano Rajoy resulta que ahora goza de una fuerza increíble. No es que a Alcántara eso le guste, sino que es lo real. Volviendo a Iglesias y a Monedero, son muy hábiles, no se presentaron a las municipales pero sí al Parlamento europeo, y consiguieron 5 diputados. Iglesias, uno de ellos. “Pero no sobredimensionemos. En España hay un sistema parlamentario”. Podemos no ha ganado unas elecciones para reemplazar aquellos partidos por los que votan los españoles, el PSOE y el partido conservador que se llama Partido Popular, el de Rajoy. La presencia de Podemos quiere decir que una parte del electorado no quiere nada con los políticos, a los que llaman, “la casta”. Pero ahora resulta que Iglesias es parte de esa “casta”, diputado en el Parlamento europeo. Contradicciones, digo yo. Por mi parte, me asombra la similitud con otras situaciones, entre ellas la peruana. Lo que nos dijo, en un par de horas (yo estaba presidiendo el debate y dejé que corriera) no cabe en esta nota. Ve un mundo en riesgo. Desde hace rato, “la política va detrás de la economía”. Lo de la crisis de la representatividad a nivel mundial, para otro lunes.

Conviene que diga qué tipo de americanista es. Para armar su libro El oficio de político (2012), lo ha escrito tras 18 años de encuestas a diputados latinoamericanos. Es de los que primero van al terreno y luego hablan. A propósito ¿cuántos opinólogos han ido a Islay? ¿Y cuántos han ido a ver qué pasa con la minería informal, en el lugar mismo donde el mercurio se come la selva? Hay quienes, con el trasero bien puesto en Lima, disertan sobre el Perú y el mundo.

 

Publicado en El Montonero., 27 de julio de 2015

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Minería, ¿en un país de espaldas a la ciencia y la tecnología?

Written By: Hugo Neira - Jul• 21•15

El tema minero es importante pero hay una dificultad medular. Perú es el país con mayor potencial minero de la América Latina. Y a la vez, el país cuya tradición, desde la llegada de los conquistadores a Cajamarca con Pizarro, evoca un gigantesco riesgo. Desde entonces se vincula leyenda y mito del Perú, país de Jauja, abundancia de oro y plata, y fácil ganancia y desprecio para el mundo duro de los Andes. Sus sedentarios agricultores le temen a todo lo que pueda alterar el equilibrio entre la poca agua y la poca tierra fértil. Y no les falta razón. No somos un país de vastas llanuras húmedas como la pampa argentina, ni de tierra verde de bosques como Colombia.

Tampoco somos un país con entusiasmo científico. Basadre decía que «no hay destino más triste que el de un sabio en el Perú». Han pasado decenios de ese enjuiciamiento severo, y no ha perdido vigencia. Seamos sinceros, nuestros jóvenes prefieren carreras de aplicación, cortitas, prácticamente lo que en sociedades más sensatas que la nuestra se  brinda en politécnicos. Por lo demás, más atraen todavía los estudios profesionales y seguimos produciendo abogados. Nada de eso resuelve el problema de fondo. Una cosa es entrar en la mundialización y otra en la occidentalización. Es el término que utiliza Serge Gruzinski. No quiere decir volverse europeo ni norteamericano. Quiere decir ingresar a la ciencia y a la técnica. Masivamente. Eso hizo Japón, y hoy, espectacularmente, China e India. Hoy ese transvase de conocimientos ocurre en todo el planeta. Pero algunos países se resisten. El Perú por ejemplo, tenaces en sospechar que la ciencia nació en Europa y es colonialista. Mientras que los hindúes y con turbante, progresan. ¡Y los chinos asimilan el saber occidental para competir con Occidente!

Hemos conocido momentos de enloquecida riqueza. El guano y el salitre, que acabó muy mal. Un periodo brillante y desperdiciado, llamado por Jorge Basadre la «falaz prosperidad». Y el fin es 1879 y la derrota ante Chile. De 1900 a 1930, el país conoce un auge sin par. Exportaciones al exterior, algodón y azúcar, oasis de la costa vueltos valles agrícolas. Se aprovecha un ciclo Kondratieff de demanda externa. En 1929 acaece la crisis mundial. En 1930 cae Leguía. De 1931 a 1956 los poderosos bloquean a un partido social democrático que aspiraba a reformas. Al aprismo. En ese lío, perdimos el siglo XX.

¿Qué impide hoy entender cuando la minería sostiene que no dañaría el medio ambiente?

Descarto la importancia de los radicales antimineros. Son un puñado de gente, y la impresionante serie de marchas y protestas proviene más bien de una convicción ya establecida. En los malentendidos está el poco o nulo conocimiento que tienen las empresas sobre la mentalidad del mundo campesino. Han creído en la comunicación, en técnicas de marketing o de publicidad. ¿Ante una tradición de sospecha? Que una aplicación científica pueda evitar daños ambientales no es creíble. ¿Por qué razón? En el Perú no hubo casi industria en el siglo XIX y XX. Y para colmo, millones de peruanos que pasaron por aulas (del Estado) no han tenido cursos de física, química, ciencias naturales. Les quitaron esos cursos. No se crearon escuelas agro-técnicas para hijos y nietos del pueblo campesino, hoy de propietarios. No se ha educado en ciencia a millones de origen popular (y de sus jóvenes en el paro surgen los sicarios). Y si no estuvimos en las revoluciones industriales, ¿cómo creer en la presente propuesta minera? Difícil. El peso de lo no hecho y de lo que se ignora es más alto que la más alta cumbre de los Andes. Salvo que … inviertan el 80% del canon en directa educación para jóvenes campesinos. Y en la aldea misma. Lo hizo Suecia, y se volvió lo que es. Pero claro, me van a decir, son luteranos. Y las nuevas burguesías ladronas que se forman en provincia estarán en contra.

Publicado en El Montonero., 20 de julio de 2015

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Marcos Caplansky

Written By: Hugo Neira - Jul• 20•15

Un justo ha vivido entre nosotros. Ese «nos» son las numerosos personas que lo han conocido. Hace unos días, se puso mal y su esposa lo llevó a una clínica. Hace unos días que Marcos se nos acaba de ir. Lo que voy a decir, lo saben los amigos que lo frecuentaron porque Caplansky tuvo muchos amigos y conocidos. Marcos era un justo. Y esta forma de llamarlo no sorprenderá a quienes lo conocieron en vida. Y estas líneas no son tampoco de esas que se escriben en torno a alguien que deja este mundo. No creo en la cultura de cementerio que solemos practicar y que en algún momento he criticado. Ocurre, sin embargo, que hace un tiempo, en uno de esos momentos en que tuvo problemas de salud, de los que solía recuperarse, le dije que era un justo. Ni me aprobó ni me reprobó. De modo que ahora honro su memoria repitiendo lo mismo. Y la fortuna que hemos tenido, tantos y tantos, conociendo a un justo. No abundan.

Jamás a Marcos, en los muchos años que lo conocí, le escuché una palabra fuera de lugar, un infundio, una calumnia, una falsedad, una mentira. Su conducta, de manera natural, era un cuidadoso y espontáneo lazo con la verdad. Tanto que incluso podría pasar desapercibido. Porque los justos, los que lo son, no son ostentosos ni en la virtud. Ahora bien, no estoy diciendo que no tuviese simpatías y antipatías, las tenía, como todo ser humano. Ni enojos y fastidios. Incluso en los momentos más conflictivos, había en él ese arte de la retención. Un justo es ecuánime, equitativo, y además, insobornable. No podíamos los que lo conocimos imaginarlo en un negocio delictivo, ni en el despecho. Pero aun los justos en este mundo tienen que sufrir el mal de los otros. Les ocurre, como a todos, sufrir de lo contrario de lo que son, de injusticias. En algún momento pierde una fortuna en un banco en el que había puesto sus ahorros. Ni eso le arrancó una mala palabra, aunque sí las palabras justas para quienes lo habían defraudado. Ni una más ni una menos.

No es una nota biográfica la presente, por eso las fechas y situaciones podrían ser imprecisas. Marcos era argentino, vivió y amo esta ciudad como la suya, era culto y era organizado, muy culto, con él podíamos hablar de cualquier cosa. Lo conocí decenios atrás cuando era parte del Club de Teatro, luego como editor de libros muy hermosos, publicista, maestro y profesor en una escuela especial para la formación de gente del design y comunicaciones. Lo que hizo en unas y otras actividades fue de excelencia. Era un hombre justo e inteligente. Ni nuestra desaguisada política le sacaba de su natural distancia y de opiniones acertadas, nunca injuriosas. Nos entendía, por momentos le daba risa o también pena. Pero no hacía eso que solemos hacer, irse de boca.

Estaba siempre de buen humor, pero no era porteño. Hay muchas maneras de ser argentino. Y cuando le hablé con entusiasmo de Poné a Francella —en realidad lo que me interesaba era la Nena— noté que el personaje masculino no era de su gusto. Acaso lo encontraba demasiado criollo, en versión bonaerense. Vivió en el Perú pero, fiel a sus raíces, nunca dejó su nacionalidad de origen. Marcos venía de una familia judía de migración rusa. Puedo suponer que mucho tuvo que ver la formación infantil en su actitud para la vida. El justo, es hora de decirlo, es una virtud celebrada por los judíos. Como el sage  es una categoría de sabio entre los franceses y el santo, en los cristianos. No estoy diciendo que fuera un santo. Sino un justo.

Se casó con Matilde Ureta, y ha sido el compañero de su vida. Y ni siquiera le he consultado esta breve nota. Es capaz de decirme que era un justo y por eso mismo, a los justos, no se les dice que son justos. Ella sabe que ese es un concepto y una leyenda rabínica. Existen, dicen, unos cuantos en medio de los hombres, unas versiones dicen que son seis, otros que doce, pero en general, si no hubiese un mínimo de hombres justos, ya Jehová hubiese exterminado la especie humana. Unos cuantos soportan el peso de nuestros incontables actos de deliberada maldad, de nuestras imprudentes conductas y sobre todo de palabras fuera de lugar. Esas cosas, la maledicencia, nos tiene sin cuidado. En otras culturas resultan la línea que separa el bien del mal, lo lícito de lo ilícito y lo que se debe decir y lo que se debe guardar en silencio. Por respeto no solo al otro, sino a sí mismo.

En mi pena, hay algo más, un agradecimiento. Cuando volvía al Perú, luego de mi vida de profesor en universidades francesas, los Caplansky, Mati y Marcos, nos alojaron en Montecassino, en lo que fuera el departamento de Alicia, madre de Mati, todo el tiempo que tomó la construcción del edificio donde Claire y yo ahora vivimos. Han sido y son más que amigos.  Y Mati me devolvió mi manuscrito de Hacia la tercera mitad diciéndome: «le falta un año de corrección». Hay gestos que no se pueden olvidar.

No solo esta ciudad ha perdido un justo, un amigo, un ser humano al que siempre se podía recurrir por un consejo, esperando una respuesta sensata, cuerda, atinada. Y eso era Marcos. Algo inapreciable se nos ha ido, que los dioses feroces del Antiguo Testamento nos sean clementes.