Me comenta Javier Barreda

Written By: Hugo Neira - Mar• 13•15

Sueños de opinólogo

Hace algunos días Hugo Neira escribía en su blog “la opinología es la huachafería limeña del Siglo XXI”. Neira expresaba una preocupación por ese “mal peruano” de despreciar a los políticos profesionales (cuando es lo que más necesita). Una expresión de este desdén es, dice Neira, esa forma superficial de reemplazo a los políticos profesionales por la opinología, ilustres amigos que pontifican superficialmente sobre la política. Basta el artículo preciso y la invitación oportuna y ya eres analista, opinólogo. La crisis de la política y de los políticos profesionales, ha provocado el surgimiento de este ejército de comentaristas, analistas, pontificadores, estratega y táctico, que saben más que todos los políticos; de los de ayer y los de hoy.

El Perú no tiene un tratado político completo, pero jóvenes politólogos como Carlos Meléndez, Eduardo Dargent, Jorge Aragón, Alberto Vergara, Daniel Parodi, Rodrigo Barrenechea, o más jóvenes como Diego Salazar o Alan Salinas, desde hace un tiempo vienen construyendo una explicación sobre el poder y la política en el Perú; aproximaciones adecuadas y claves desde las ciencias sociales y, seguro, discutibles.

Los opinólogos tienen otra extirpe: son una “raza distinta”. Muchos tienen experiencias fallidas en la política (que es mejor no recordar) y carecen de tratados o libros “orgánicos”; les encanta ponerse en el lugar de cualquier político (sea de oposición u oficialista) y pontifican sobre los que ellos debieron decir o decidir. Los opinólogos son una especie de comentaristas de fútbol que dicen cómo se juega, sin haber ganado un campeonato o, a lo mejor, ni siquiera haber jugado bien una pichanga de barrio.

Pero tienen sueños, son humanos. Ser invitados a cualquier programa. O sueñan con un outsider (a su medida) o que el político profesional los convoque (porque ellos poseen la piedra filosofal). No ven a Magaly Medina, pero les encantaría ser invitados (¿o no?). Opinan sobre el poder y aspiran a él. Mientras los políticos profesionales y partidos no se relegitimen, la opinología hará de las suyas. Y con los tecnócratas marcarán el debate y no siempre para bien. (J.B.)

Publicado en  Exitosa Diario,  12 de marzo de 2015

http://www.exitosadiario.pe/javierbarreda/suenos-de-opinologo

Sociedades suicidas y el desprecio al Político

Written By: Hugo Neira - Mar• 10•15

Algunos científicos sociales han extendido el concepto de suicidio a anchas colectividades. Los mayas, Bizancio, Roma desde el siglo II, y también a casos nacionales, el Japón de Pearl Harbor. El antropólogo Manuel Delgado, español, describe sociedades movedizas y patologías colectivas. No estamos en eso, pero casi, a dos dedos de esos abismos. Una señal, el odio al político cuando más lo necesitamos. En un artículo del amigo y vecino de página, el doctor Herberth Cuba dice, alarmado, “para los establecimientos de salud nos faltan 40 mil médicos”. Con no menor urgencia nos faltan políticos. Y atinadamente, se ha puesto de moda despreciarlos.

¿Saben que en los años previos a la Guerra del Pacífico lo que más tirria le tenían en Lima era a comprar fragatas? En este país se desprecia lo que se necesita. Sobre el político llueven los insultos. Tuiteros, blogueros, del insultismo anónimo ni me ocupo. Hay algo peor, la improvisada sustitución.

¿Qué la hace posible? El rumor suicida de la plebe urbana, “los políticos son para robar”. Verdad a medias. Valentín Paniagua no. Ni Fernando Belaunde. Ni Barrantes. Ni Béjar, ni Hugo Blanco. Ni Bedoya Reyes que me hace el honor de recibirme y conversar. Ni Armando Villanueva. Con “político igual ladrón”, se busca sacudirse de una tutoría. Rousseau decía que toda comunidad aspira a no tener reyes ni gobiernos, “pero para eso tendríamos que ser ángeles”. Con despreciar la cuestión pública esquivamos el fondo del asunto. La política es una actividad. Desde los griegos. No es una chambita, a ratitos. Es a tiempo completo. Haya de la Torre se cepillaba los dientes en Villa Mercedes y salía pitando a Alfonso Ugarte. Política era lo que hacía mañana y tarde, día a día, año tras año. Ver gente, informarse, discutir, decidir.

La política es una carrera. Pero ¿qué se creen? Nixon comenzó en un distrito de California. Bill Clinton de gobernador en Arkansas. Para ser un profesional de la política hay gente que va a Harvard (los Kennedy), a Oxford, a Ciencias Políticas en París. Para ser político se estudia. La informalidad nos ha lavado la cabeza. Como hubo gente que metía papas y camotes en una carretilla y las vendía al otro extremo de Lima y cobraba el esfuerzo —meritorio—, hoy muchos creen que la política es algo parecido. Admito que para cargos locales, la democracia directa es posible. Pero no convocas a 1200 millones de habitantes de la India para una decisión. Quién la tome, eso es ser político. Tener cabeza y tener huevos.

Cuando enseñaba en la Católica, recuerdo un grupo de alumnos, muy competentes, iban a formar un partido, “Constructores”. Puro ideario, sin acción. Los políticos son full time. Lo era Barrantes. ¿Hay políticos así, ahora? Ricardo Letts, Luis Castañeda, Yehude Simon, Mauricio Mulder, Alan García. Me cuenta Carlos Meléndez que entrevistando a Alan, este le pregunta: “¿piensa usted en lo que piensa el ciudadano de a pie?” Y agrega Alan: “yo, todas las mañanas de mi vida, desde hace 40 años”. Eso es un político. De por vida. ¿Estamos? Y tengo entendido que Keiko viaja por provincias. ¿Qué creen que hace Mujica, la señora Bachelet? La política es profesionalización. En fin, también es una disposición. Y en esto, es como el Evangelio, “muchos son los llamados, pocos los elegidos”. La simpatía, el carisma, unos lo tienen y otros no. Lo siento. Otra cosa es que nos interese. Pero Sartre, Sartori, Raymond Aron, ni políticos ni opinólogos. Escribieron Tratados. La opinología es la huachafería limeña del siglo veintiuno.

Publicado en El Montonero., 09 de marzo de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/2015/03/sociedades-suicidas-y-el-desprecio-al-politico/

 

Héctor. Aquiles sin Ilíada

Written By: Hugo Neira - Mar• 03•15

A Héctor Béjar, le ha hecho un excelente reportaje Carlos Cabanillas en el último Caretas, el que todavía cuelga en los quioscos. Béjar está en tratamiento con quimioterapia. Valiente como siempre, lo revela y enfrenta el reto. Del fondo del alma espero que se reponga. En el Perú, por lo visto, hay que estar grave para que la gente repare en el valor de algunos. De Héctor, Aquiles sin Ilíada.

Guerrillero, velasquista, de izquierda, gran profesor, ¿eso es todo? ¿Sabe el amable lector quién es Béjar? Es Calixto, así lo conocía el Che Guevara. Obviamente un seudónimo. Es hora de saber que el Che no estuvo en Bolivia para hacer la revolución en ese país, eso es un disparate; el Che se disponía a llegar al Perú y liberar a Calixto de la prisión, y “encender la pradera”. Ese es Calixto, llamado Béjar. El mismo que dice hoy: “me han marginado”.

Béjar hizo don de su vida cuatro veces. La primera, entró a lo más radical que encontró en ese país conformista y envilecido por la prosperidad de la dictadura de Odría. Al partido comunista. Era un don, un pequeño partido, las masas (que no eran tantas) y las urnas estaban con el aprismo. La suya fue también mi opción. En lo que me concierne, una noche Milagros Leiva me entrevista y me dice, con aire de reproche: «¿Cómo has podido ser comunista?» ¿Qué otra cosa se podía ser, entonces, Milagros? Si se quería ser honesto. Acaso aprista. Quien sabe tímido reformista. También mirar el techo y disimular el país infame que fue el de nuestra juventud. Béjar fue expulsado y yo, me fui, desilusionado. Nunca lo he contado.

La segunda ofrenda fue la guerrilla. Un error, pero no se sabía, o poco, lo que anhelaban los verdaderamente pobres, los campesinos. Querían la tierra, no el poder. Y eso lo entendió Hugo Blanco. Y Saturnino Huillca. Otros olvidados. Ellos, con tomas de tierras, cambiaron el Perú sin todas las sangres, con un puñado de rebeldes que hablaban quechua.

El tercer don de su persona es aceptar trabajar con Velasco. Pueden decir lo que quieran, no fue para enriquecernos, y Velasco es reconocido planetariamente. Cito en estas apretadas líneas a François Chevalier, de la Sorbonne. Al latifundismo «lo combaten tímidamente en los sesenta», pero «el régimen militar instaurado por un golpe de Estado (…) lo llevó a cabo en pocos meses: la liquidación de la antigua oligarquía, y con ello, del viejo Perú indo-criollo que nació en gran parte después de la Independencia. La reforma agraria, verdadero Blitzkrieg», guerra relámpago.

Béjar, posteriormente, como Carlos Franco y Francisco Guerra García, fueron el CEDEP. Fraternos, sencillos y modestos, acaso en exceso. A Franco no se le ha terminado de entender. A Pancho, tampoco, honesto y estadista. ¿Qué hubieran podido ser? Todo.

En cuanto a Béjar, ¿el último don? Libros, clases, viajes, militante en el altermundismo. Un Béjar informado de la sociedad peruana y del mundo. Naturalmente, le han llovido invitaciones al CADE. Nos caracteriza el respeto por los que piensan distinto, por favor. Hace unos años,  pasó Taibo II por Lima. Hace gigantescas biografías, una sobre Pancho Villa, lo digo porque en Lima casi no se lee. Quería escribir sobre Béjar. Claro, Taibo II es español y mexicano. Afuera sí les parece un Aquiles. Se fue desanimado, los peruanos tenían otros héroes, Chollywood. Y una tarde, en una asamblea de lo que queda de la izquierda, prefirieron a Humala que a Béjar. Para la historia. Se buscaron su Sánchez Cerro cuando tenían su Mujica.

Publicado en El Montonero., 02 de marzo de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/2015/03/hector-aquiles-sin-iliada/

 

La balsa de tumbesinos

Written By: Hugo Neira - Feb• 24•15

Cuando en Panamá, don Pascual de Andagoya, en 1522, antes que Pizarro, escucha de la boca de un comerciante indio que existe un imperio muy rico en el sur, decide emprender una expedición marítima. En aguas de Tumbes se cruza con una balsa tumbesina. Es la primera embarcación con indios peruanos que los españoles encuentran. La carabela se detiene y también la balsa. La gente de Andagoya nota que la balsa tiene “vela, timón y balanza”, y que los “naturales”, “eran gente muy entendida y de orden y justicia entre sí”. En la embarcación va un hombre grave, bien vestido y que pide permiso para subir a la carabela. Es el primer funcionario inca que conocen. Todo está en la crónica de Francisco de Xerez, recogida por Raúl Porras en “Las Relaciones Primitivas de la Conquista del Perú”, París, 1937. Escritura de español de abajo, sincero, cuenta lo que ve. Y los peruanos no quedaban mal parados.

¿A qué viene esto?, dirá el amable lector. A nada, es una metáfora. Una introducción, parte de la retórica del saber exponer. Estas crónicas presentistas se mezclan, en mi persona, con lo que fabrico en el extranjero, un libro de historia, qué otra cosa puedo hacer. Y el presente a veces lleva a pensar en un pasado que solemos desmemoriar. Me pregunto, pues, si en estos procelosos días, una nave del Banco Mundial se cruzara con una bolichera peruana, qué impresión tendría. Pues una probablemente desastrosa. La nave peruana no ha renovado su permiso para la pesca, ni pagado su multa al Estado, la tripulación manipula el sistema de seguimiento satelital. El cronista, si hubiera uno a bordo, no diría esta vez que somos gente  “de orden y justicia”, sino productores de “harina negra”. Así están las cosas.

¿Qué nos pasa, señores? Como el cangrejo. Discrepo abiertamente de la jactancia de creernos a dos dedos de la OCDE y pienso que en donde estamos es en un modelo de maldesarrollo, y nos hundimos cada día más. Pero si el lector cree que voy a cargar las tintas a los políticos, no hoy. Acaban de dar prueba de sensatez. Asistieron al llamado del Presidente. Lo del espionaje pone en el tablero la nación, la patria.

Bien, pero no olvidemos la balsa de tumbesinos. Todos estamos en ella, a la deriva. Hablo de la sociedad entera. La avidez por el dinero me preocupa. La lista de mitos peruanos, en los que no entro, es larga. Uno de ellos. Somos un pueblo de suizos que cada cinco años es asaltado por una banda de cafres. No es así. La antipolítica es un lindo invento para desculpabilizarnos. Buena la lista de Carlos Meléndez de candidatos presidenciales, ¡qué prolongada! Da que pensar. Revela que muchos piensan que gobernar es fácil. Luego les ocurre lo que a Ollanta Humala y a la Alcaldesa Villarán. Ganan, suben y no saben para qué. Y hoy los arrepentidos se dan golpes de pecho, pero preparan su 2016. ¿Qué pasará? Lo que hemos engendrado. Los victimados de una secundaria común “con áreas”, y sin cursos normales, los semieducados van a elegir semipolíticos (otra vez) que harán semigobiernos, de semi derecha o de semi izquierda, porque son semiprofesionales, semicultos, semitodo y tendremos una semidemocracia o una semidictadura, con un semi-Crecimiento. La balsa de tumbesinos hoy, es semibalsa, a vela y a motor, y semigansteril, le han puesto ruedas para llegar a la costa y salir pitando. Un semitransporte para un seminegocio, en un semi-País. Con semimarinos, seminformáticos. Se acaba la semicrónica.

 

Publicado en El Montonero., 23 de febrero de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/2015/02/la-balsa-de-tumbesinos/

 

Del péndulo a la filosofía de la pendejada

Written By: Hugo Neira - Feb• 17•15

Viene a verme uno de mis exestudiantes de la Papúa Nueva Guinea de los tiempos en que dictaba cursos de antropología para jóvenes descendientes de antropófagos. Teihotaatamaraetefau, de nombre Vaitea, era el mejor pero medio chiflado. No sé cómo me ha encontrado. Me preparo a lo que me va a decir, a sus ideas estrafalarias que me dejan un reguero de sentimientos encontrados, sorpresa, desconcierto y dolor de cabeza.

—¿Cómo le va Vaitea? me escuchó decir. Trato de aparecer cordial.

Teihotaatamaraetefau, largo y longilíneo como su patronímico, casi dos metros de estatura, como siempre se toma un tiempo en instalarse. Echa una mirada de reojo y me dice, muy tranquilo:

—Qué gusto, profe. No nos vemos de cuando escribía en La República.

Y esto es verdad, algunos pensaban que me inventaba un personaje como el “Cándido” de Voltaire, o “el persa” de Montesquieu, nada de eso.

— Vaya al grano, Vaitea, tengo trabajo. Ni caso me hace.

— Mire profe ¿no se caliente, ya? La última vez que nos vimos, le traje un informe mío de una  ONG sobre la ausencia de sapos en Cajamarca por culpa de la Minera, ¿no?

— Ya, ya. ¿Adónde quiere ir, Vaitea? Desembuche.

— Bueno, el caso es que en Harvard me han pedido que retome lo de Efraín Gonzales de Olarte sobre el “Péndulo Peruano”. Les he dicho que ya no hay péndulo sino la búsqueda de otro outsider, al servicio de los grupos de siempre, una izquierda de profesores que nunca toman riesgos  personales y empresarios que quieren tecnócrata que no joda con proyectos sociales.

— Vaitea, no me haga perder tiempo. Eso lo sabe todo el mundo, no es ninguna novedad (y me interrumpe).

— La pendejada, profe. Eso es lo que voy a estudiar, la gran contribución peruana a la civilización occidental.

Me dice eso y se mira las uñas de las manos, es un gesto muy suyo, a mí me saca de quicio.

— ¿Cómo dice, Teihotaatamaraetefau?

— He conseguido la ayuda de la Weltanschzüng Corporation y me financian en su país, profe.

–– Siga, luego le digo.

— La pendejada, profe. Entre astucia y comportamiento social ¿no? Mire, siempre ha habido, la habilidad, la maña, los griegos, Ulises y el caballo de Troya.

— No se vaya tan lejos, Vaitea.

— Pero profe, ¡los tiene por todas partes! La lista de los que evaden los impuestos, “Swissleaks”, los inacabables procesos por corrupción, esa también es otra pendejada peruana, las leyes embrolladas para dar chamba a los tinterillos. Chuponeos, reglajes. Abra las páginas de los diarios. La espectacular anomia, ese concepto que usted ha usado.

— O sea, ¿va a ser un análisis sociopolítico?

— Un estudio sociointegral, profe. Es el deporte nacional preferido.

— ¿Por dónde va a comenzar?

— Por universidades, profe. Me han dicho que no quieren estudios profesionales o científicos sino ser millonarios en corto plazo. Hay carreras para cómo llegar a ser pendejos, profe. Para relacionistas. O sea, el gobierno tiene plata. El país necesita carreteras, colegios, hospitales, puentes, aeropuertos, tú conectas plata con amigos. La pendejada es un estatus. Una meta.

— ¿Llama así a una canallada?

— No pues, no es fácil ser pendejo. El pendejo tiene que tener virtudes, la gracia para engañar, el talento para fingir, el genio de la improvisación.

— ¿Y eso es todo?

— Claro que no, profe. No se lo digo porque sino le escribe a Víctor Andrés y me roban la idea antes de la encuesta.

Al fin se va. Y me quedo pensando. ¿Como Baltasar Gracián y el “Arte de Ingenio”?  Y lo primero que hago es esta pendejada.

 Publicado en El Montonero., 16 de febrero de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/2015/02/del-pendulo-la-filosofia-de-la-pendejada/