Asu Mare. Detrás de la Taquilla

Written By: Hugo Neira - May• 18•13

Una tarde, conversando con uno de mis alumnos de un curso de doctorado, le pregunto si ya ha visto Asu Mare. Me dice todavía no, pero que su hijo, sí, y «le ha gustado». El padre le ha preguntado por qué, y ese adolescente de la Lima de hoy, responde «me he sentido identificado».  Me intrigó. Decidí ir a verla. Dos millones de espectadores es un fenómeno de sociedad.

El Alcázar como cine me agarra cerca. Así está Lima, tiene uno que medir a lo Einstein, el espacio-tiempo. Y fue mi primera sorpresa. La cola bajaba por las escaleras. La segunda fue la película misma. ¿Qué quieren que les diga que no se haya dicho? La trama es simple, se apoya en el «show» de Alcántara. O sea, del éxito de cabaret al cinematógrafo: el adolescente que quiere triunfar y luego de mil intentos, lo logra. Pese a  las trampas de la vida urbana y a las distancias sociales. A la «mujer de su vida», encantadora rubia de clase alta, no se la liga cuando adolescente, porque le falla el inglés. La obra es una tierna parodia. Desde la madre, gruñona, jodida, pero amorosa, y el que encarna Alcántara, o sea él mismo, personaje seguro de sí mismo. Pero la seducción de Asu Mare, me parece, tiene otros motivos.

Arrellanado en mi butaca, a los pocos minutos se me vino encima el mundo limeño de los años setenta. Cuando la televisión en negro y blanco era Augusto Ferrando y Trampolín a la fama, y en la radio la voz de Lucha Reyes y en el México 70, en el mundial, el fútbol peruano era Chumpitaz, Cubillas, y goles que estremecieron el Perú como el terremoto de ese mismo año.  Cuatro disjockeys hacían la noche limeña en el Ebony o el Mon Cheri. Apenas en sus 2 millones, la capital no dejaba de ser una villa tranquila, menos autos que hoy, menos restaurantes, menos coca, violencia, delincuencia, asaltos, menos todo. E ir a echar un polvo era un viaje inevitable a las afueras de Lima, al 5 y medio. No había hostales. A estas alturas, me pregunté si ese éxito de taquilla era un asunto de nostalgia. La hay pero no la agota.

Miré, entonces, la sala en penumbra. Como en otras, Asu mare la estaban viendo familias enteras y muchísimos jóvenes. Ese fenómeno de sociedad no era un simple revival.  Por lo demás, conozco el cine Alcázar y su público habitual. Y ese era otro. El aumento del nivel de vida está igualando a la gente y no podría decir de donde venían.  Algo había en el aire. Y entonces me di cuenta. En la  platea y en el filme reaparecía un mundo criollo que no se fue a vivir a Miami. Que se quedó y en su propia cultura urbana. Criollos y andinos, caben en la farándula y en el Perú de múltiples rostros. Pero aquí se acaba un mito: solo se es peruano si se es andino. Hay varias culturas. Alcántara expresa una, Dina Páucar otra, dicho con inmenso respeto para ambos. ¿Un filme simpático lo estaba viendo un público simpático? Me puse de pie para dejar pasar a una señora y dos hijas, cosa que siempre hago ante butacas estrechas, la señora no me dijo nada, pero luego me convidó su popcorn. En el Alcázar nunca me habían convidado nada. El gesto me recordó una Lima amable.

Esa taquilla con multitudes no se explica por el marketing como dice un bárbaro en un diario para empresarios. Tiene un sentido antropológico y social: el país plural. No todos los emprendedores vienen del «cholo capitalismo» (Hernando de Soto). Arrancan otros del capital simbólico de la sonrisa y las buenas maneras. El éxito de Cachín no es mejor ni peor que el de Rey de la papa o el espárrago, es distinto. Supongo que por eso el hijo de mi amigo se identifica. Lo de Asu madre muestra que lo criollo también triunfa, si sabe sacarse el alma en el trabajo. También significa que hay dos identidades culturales en competencia. Enigmático filme.

  Publicado en Caretas n° 2283 del 16 de mayo de 2013

Me escribe un amigo, Miguel Pons-Couto (*)

Written By: Hugo Neira - May• 15•13

No hay plazo que no llegue ni deuda que no se pague

El panorama en la región es de diagnóstico reservado para algunos gobernantes.

 Encabeza la lista Cristina Fernández de Kirchner. ¿Asesinaron ella y su hijo a Néstor Kirchner?  ¿Se confirma su enriquecimiento ilícito? Está a la defensiva que, de acuerdo a su carácter, la hace más agresiva. ¿Qué nueva locura ideará para salvarse? ¿Sus seguidores continuarán apoyándola o comprenderán que es inútil hacerlo porque va en caída libre y cada uno buscará cómo salvarse? Podrán emigrar y guarecerse en países de donde no sean extraditados. Sus mal habidas fortunas están a salvo en paraísos fiscales servirán para mantener a varias generaciones de descendientes.

 Nicolás Maduro culminó su gira para implorar ayuda. Argentina, Brasil y Uruguay lo acogieron y firmaron ventajosos, para ellos naturalmente, acuerdos. El precio que pagará Venezuela será alto porque ha hecho muchas concesiones para salvar el pellejo es su país. Los abastecimientos extranjeros inundarán el mercado venezolano pero la ilusión de abundancia no durará porque la economía se desploma. La farra de Chávez  -rico con dinero ajeno-  terminó. Ahora viene el tiempo de tormentas que no cesarán salvo que desate una guerra civil para mantenerse en el frágil sillón de ahora se sienta. Chávez se vacunó contra una revuelta militar. Eliminó a los militares que no le eran adictos y los sustituyó por otros que creyó le serían «leales». Pero si la cosa llega a «sálvese quien pueda» saldrán despavoridos porque las milicias chavistas poseen cien mil fusiles y harán uso de ellos no para defender a Maduro sino para asesinar, saquear, robar que es lo que hizo su fallecido líder desde el poder. ¿Por qué no hacerlo si él, a ojos vista, lo hizo? Que Maduro vaya pensando en qué «pajarito» se convertirá para juntarse con su «padre» ideológico.

 Evo Morales, el dirigente cocalero que desgobierna Bolivia. quiere, también, reelegirse para completar su revolución «socialista» (¿sabrá qué es socialismo?). Un copista, mal imitador de sus colegas antes mencionados llegó al poder y se mantuvo con dinero venezolano sustraído a los venezolanos por Hugo Chávez Frías. ¿Maduro le dará más dinero o lo descartará de la lista de «protegidos»? Bolivia no tiene nada que ofrecerle para sacarlo a flote. Morales caerá, como caen todos los autócratas. ¿Cuándo? Pronto pero aun no se puede dar fechas. Caídos Kirchner, Maduro y los Castro, caerá, también, él.

 Y, hablando de los Castro, hay una ley inexorable de la que no podrán escapar: la muerte. Longevos los dos hermanos, no tienen sustitutos. 53 años en el poder han impedido la renovación generacional. Fidel, que se inició en el socialismo a la cubana, y que curaría todos los males que afectaban a Cuba hasta los años 60, no lo hizo porque derivó en una autocracia con rasgos fascistas y que mata de hambre a su pueblo. No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Van 50 pero ya son muchos. (M. P-C)

 (*) Miguel Pons-Couto.  Diplomático de carrera jubilado, con cargos en Gran Bretaña, República Popular China, Estados Unidos de América y España. Ha viajado extensamente por países de Asia, Medio Oriente, Norte de África, Europa y América. Analista político.  Investigador de historia peruana (siglo XVI) en el Instituto de Altos Estudios Históricos «Raúl Porras Barrenechea» de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Javier Diez Canseco. Sanmarquino y Jacobino

Written By: Hugo Neira - May• 10•13

Cuando la muerte cruza el camino de un hombre público, todo un país se estremece. Es el caso. Se ha dicho en estos días,  «la política peruana está de duelo».Y se ha dicho también que lo que caracteriza a Javier Diez Canseco fue  su militancia de izquierda, el estar al lado de las luchas populares. ¿Pero eso explicaría por qué centenares de personas fueron a los coloniales patios del viejo San Marcos a rendirle un adiós emocionado? ¿Cuál es el signo de una vida? Que fue dirigente socialista desde sus días de estudiante hasta estos últimos años, de la Izquierda Unida de los años setenta al reciente Partido socialista, es algo que todos sabemos. Pero hay otro hecho, el de una actividad precisa, regular, a la que fue fiel tanto como a sus ideas.

1980, 1985, 1990, 1995, 2001, 2011. Javier Diez Canseco fue elegido 6 veces legislador. Resulta sorprendente, la función de parlamentario ha ido cambiando en la vorágine de la vida pública peruana. Pero diputado, constituyente, senador, y por último congresista, Diez Canseco estuvo ahí. Los últimos treinta años, presente en el Poder Legislativo.

Hay un tipo de político —y hablo en extenso y no solo para el Perú— que cree en el principio de representación y en la opinión y la voz de la calle. Esta raza de políticos  amanecen en la modernidad  tras los clubes políticos del XVIII y en 1789, cambian la historia cuando sus asambleas inventan las repúblicas sin reyes, fuentes de la nuestra. La ciencia política y la historia los llama «jacobinos». Es una familia histórica de grandes oradores. Son radicales que creen a la vez en la ley y en la legitimidad popular. Eso quiere decir el jacobinismo.

Eso fue Diez Canseco. Un tribuno republicano, lo digo sin mengua de su ideología, al contrario. Y no es la primera vez que sostengo esa idea. Hace muchos años, una prestigiosa revista académica en Francia, me pidió un trabajo sobre la izquierda peruana, entonces en auge. Años ochenta, los de Barrantes Lingán. Hice el trabajo, una minuciosa descripción de los 30 partidos de izquierda peruana. Y cuando llegué a Diez Canseco lo describí como «un jacobino». En la simbología francesa es un elogio. Quiere decir, por paradójico que parezca, revolucionario y hombre de leyes. Diez Canseco vivió para la Revolución y el Parlamento.

En lo personal, nunca coincidimos. Cuestión de edad. Cuando el que esto escribe era comunista, Javier tenía diez años. Cuando en los setenta aparecen las izquierdas, y Javier como uno de sus líderes, por mi parte yo era, como Héctor Béjar y Carlos Franco, un velasquista. Ahora bien ¿se puede admirar a un político, con el que no se está de acuerdo? Por mi parte sí. Coincido que en muchos terrenos resulta en nuestros días ejemplar. Incluso el semblante grave, que otros han tratado de «duro». Adusto es la palabra correcta. Qué mal se está usando el castellano. ¿Pero qué semblante se puede tener ante los males actuales del Perú que no sea el de la severidad? Bien podría el Congreso actual hacer enmienda honorable por el mal trato que le impuso, recogiendo sus ensayos, sus libros, y ojalá, sus intervenciones de congresista. ¡Si es que las han guardado como grabaciones! Se apreciará la lógica del discurso de Javier Diez Canseco, su elocuencia a la vez jurídica y pasional. Un hombre con la toga de un antiguo romano en Lima, Perú. Lo vamos a echar de menos, cuando la República vuelva a ser pronto amenazada por algún otro intento de poder autocrático.

Publicado en Caretas n° 2282, del 9 de mayo de 2013

Se retira el Papa. Se muere Chávez. ¿Y Susana se queda?

Written By: Hugo Neira - Mar• 15•13

Vaya mes, contando desde mi último artículo en esta revista. Renuncia del Papa Benedicto XVI. La muerte de Chávez y ¡qué de secretos en el seno del poder caraqueño! Y claro, el emponzoñado proceso de la revocatoria. Comenzaré con Roma. Por encima de todo está la conciencia del tiempo. No todos los días un Papa renuncia. No todos los días una institución que tiene más de 2000 años se destina acaso a otra metamorfosis.  ¿Qué hacías, lector, cuando te llega la noticia? Por mi parte andaba ensimismado en el libro que concluyo en un barrio de Santiago de profesores y artistas, de librerías, cafés, cines y a tiro de piedra de mis centros de investigación. Pero dejé lo que hacía. Mi asombro fue completo, y mi admiración instantánea: renunciar es desprenderse, es desposeerse.

Sobre Roma no se podrá negar este hecho, la función pontificia está como arropada por cuidados cotidianos que no recibe monarca ni mandatario alguno. Es ritual y a la vez afecto. Un Papa romano es el guía espiritual de la religión más extensa del mundo occidental y la América Latina. Y a la vez el jefe de un pequeño Estado, el Vaticano, que mantiene relaciones con 179 Estados, con una guardia suiza de 110 hombres cuyo lema es coraje y fidelidad (Acriter et Fideliter) y un cuerpo de 92 cardenales en todos los continentes. De esa comunidad espiritual y fuerza política real se desprende quien entrega la tiara al azar de unas votaciones secretas y se supone que a Dios. No hay, pues, sino que preguntarse a qué aspira este hombre lúcido, Papa y profesor de filosofía, alemán. Dejo para otra vez el comentario de alguno de sus libros; aunque no soy de ir a misas, amo la religión de mis abuelas y sus valores que son los míos, pero mi  punto de vista es laico. Volviendo al doctor Joseph Ratzinger, lo que ha hecho es enorme. No ha esperado que lo llame el Señor, como se dice. Su gesto es desacralizador. Podría decirse que está fatigado como cualquier presidente de una gran corporación. Pero no, lo hace para obligar a sus pares a reunirse. A salvar a la Iglesia de grandes males de todos conocidos, pero no él solo. Un laico inteligente, Michel de Certeau, acaba de decir, “la Iglesia era un cuerpo, ahora es un corpus”. Los cardenales tienen que trabajar para remitir a la centralidad pontifical una nueva legitimidad. Permítame decirlo, este cónclave viene a ser algo que en la vida de los Estados se llama un momento constituyente. Es una maniobra finísima y audaz de un Papa-Rector, la idea le viene a Danièle Hervieu-Léger, que razona sobre los rieles de una “crisis de la monarquía pontifical”. Era mi criterio cuando abro Le Monde. No me extraña esta coincidencia, la citada es profesora en Hautes Études en ciencias sociales donde me formé. Deformación profesional, donde los otros ven una fe, que respetamos, nosotros los sociólogos vemos una institución que es capaz de autorreformarse. Veremos lo que sigue.

Pasando al segundo tema, ¿no ha hablado Ernesto Laclau de la razón populista?  No, no creo que el chavismo desaparezca.  Porque esto ya ha ocurrido, con “masas en estado de disponibilidad” según Gino Germani, que vio un gran parecido entre el fascismo italiano y los populismos latinoamericanos, tengo que decirlo. Siempre, un caudillo carismático. Y siempre masas muy, pero muy descontentas. Y siempre la cosa viene de fuera del juego regular de la política. Sí, pues, retorno a la hipótesis del outsider. Voy a mostrar unos casos, sumariamente. Eso fue Perón en 1946. Fue tres veces presidente, le dieron un golpe de Estado en 1955 y volvió 18 años después, se muere en 1974, pero el peronismo, ¿desapareció después de Perón? La respuesta es no. No digo que eso sea bueno o malo para los argentinos. No juzgo, explico. La pregunta es otra. ¿Por qué su obra permanece? Me permite el lector ¿otros dos casos?  ¿Desaparece el aprismo a la muerte de Haya? Después de Velasco Alvarado, ¿Morales Bermúdez y Belaunde Terry corren presurosos a devolver la tierra a los antiguos hacendados? No ocurrió así. La respuesta en lo que concierne el aprismo después de Haya es que lleva a un aprista a la presidencia no una sino dos veces.

Dicho eso, demos un salto hacia el concepto. Son regímenes que no son ni liberales ni marxistas clásicos (donde más de un aprovechado se recicla). Y en nuestros días, no derivan al fascismo puro como en Europa sino a formas que aspiran al poder legal y a un mando jefatural. Hay que decirlo, ni son por completo autoritarios ni por completo democráticos. La academia los estudia, son un dolor de cabeza: carismático, los llama Epstein partial democracy (2006), Diamond hybrid regime (2002) y el profesor Levitsky que da clases en la PUCP y escribe en La República,  competitive authoritarianism (2002), lo cual es término confuso: ¿compiten y son a la vez autoritarios? Eso es un oxímoron. Precioso para la poesía, no en política.

Para simplificar, vamos a llamarlos con una palabra desacreditada, populismos. Hace 44 años, cuando era joven, escribí en la revista del Instituto de Ciencias Politicas de París, “el cesarismo populista”. Desde entonces, el fenómeno se ha multiplicado. ¿Qué los causa?  Rápidamente hay que descartar las explicaciones espontáneas, ambición, capacidad de oratoria (Perón, Haya, Chávez). Cuando aparece el populismo aparece el pueblo, un pueblo airado, y en ese sentido, multitudinario, el “demos”, como decía Mariátegui, “la plebe urbana” de mi inolvidable hermano Carlos Franco. A los populismos los hacen los líderes. Al populismo los ponen en la escena política las demandas. Se entiende, no satisfechas. Entonces, los populismos sociopolíticos es eso que ocurre cuando una democracia liberal no sabe ser eficaz. Y una clase política se duerme. Chávez ha puesto al pueblo necesitado en el centro de la vida venezolana como Perón puso a los sindicatos hasta nuestros días y como Velasco sacó a los campesinos de la servidumbre y el precapitalismo. Y Maduro o Capriles, tendrán que atenerse. Lo de los cerritos miserables no va a repetir.

Con la señora Villarán y la polis limeña ha habido un malentendido de mamey con pepa. Ellos, los del pujante Cono emergente, querían su túnel bajo el cerro de San Juan de Lurigancho, el otro tramo del tren eléctrico, un río Rímac domesticado (hay que meter preso ese río, está en el complot), en suma, una gestión concreta. Y lo que han visto es una señora muy rara que se tomaba como Presidenta. Después del mudo, se quedaron con la boca abierta. Pero luego vinieron las encuestas. Ella siguió investigando al antiguo alcalde, bajándose las placas. Como no se enmendaba, siguieron lógicamente los revocadores. Y ahora, ¿qué hay? Los del Sí, son gente de abajo, de la sociedad civil y mal hablados. Un exalumno mío, y ahora amigo, D’Medina, dice que les cae “un cargamontón”. Si gana el No, ¿qué conclusión pueden sacar las gentes que atropellaron en La Parada? Que se han reído de ellos. La desilusión democrática se suele pagar muy cara. Por lo demás, escuché el mea culpa de la señora alcaldesa sin estar en Lima, así está el mundo global. Y me quedé espantado, todo sobre su victimización. Y 15 segundos para “algunos errores”. No creo que tenga “propósito de enmienda y dolor de corazón”, aunque eso se enseña en el colegio Sagrado Corazón. En fin, es grave que Orrantia le gane a San Juan de Lurigancho. ¿Y por esa causa, Lourdes, Toledo, el brasileño, Patria Roja, la Confiep? ¿Castas contra clases?  Esa revocatoria la vamos a recordar por su ceguera. ¿Victoria de un Frente antipopular? Era una simple revocatoria, será un agravio. Ahora bien, ¿quieren ustedes tener un chavismo de aquicito nomás en el poder? Es muy sencillo. No escuchen el clamor de los sectores D y E indignados por el desatinado gobierno municipal de la señora Villarán. Voten para que permanezca. ¡Al diablo la revocatoria!  Y habremos inventado la democracia sin los pobres. ¡Felicitaciones!

Posdata:

Marco Tulio Gutiérrez, a quien no conozco de nada, ya le colgaron lo de “violador” por una pachotada que salió a decir, sobre el sí y el no en las mujeres, un chiste viejo, de pésimo gusto, pero bueno, le quieren sacar provecho como la palabra poto con Lourdes Flores. Todo el mundo está usando los argumentos ad hominem. Desacreditar al otro, así de sencillo. Por lo demás,  ¿quieren un pueblo culto? ¡Mejoren la educación! A propósito, si se queda la alcaldesa está apta a entregar las escuelas del pueblo a su aliados en “la confluencia”, Tierra y Libertad, Patria Roja y Movadef. Nada en ellos es izquierda, son totalitarios. Ella por lo visto, no hace la diferencia.  Y eso es tan importante como su tirria a hacer obras con cemento.

 Escrito el 10 de marzo y publicado en la revista Contrapoder del 15 al 28 de marzo del 2013

 

Chávez, los caudillos y la muerte

Written By: Hugo Neira - Mar• 06•13

 

 

Acabo de escuchar a José Antonio García Belaunde en la televisión. Comentando la muerte de Hugo Chávez. Un programa de Perú mágico (Canal N) que se logra ver desde el extranjero en donde por el momento, me encuentro. Tiene razón mi amigo, el inteligente y fino ex Canciller. Es la hora de la muerte, y del dolor de un pueblo. En ese mismo Canal, minutos antes, convocaron a varios comentaristas, entre ellos, Juan Sheput y un comentarista internacional, cuyo nombre se me escapa, lo digo con las disculpas del caso. Estuvieron también muy bien. En efecto, Sheput señaló que no se va a disipar por completo el tipo de sistema político que rige en Cuba, porque forma parte de una suerte de eje, con Irán, con Rusia de Putin. No es que particularmente me guste lo que dice, sino que  es la realidad. La Realpolitik. Una cosa sin embargo me pareció un tanto unilateral. Que el dolor que se mostraba en el rostro de la gente caraqueña por la desaparición de Chávez se debía al temor de ver desaparecer las ayudas estatales, el clientelismo. Quién duda que este exista. Pero en casos como los de Chávez y en otros casos de líderes de masas, las cosas no son tan simples.

En este tema hay dos aspectos, el chavismo y la muerte. Y uno tercero que se encarama a los otros. El dolor popular. Déjeme el lector contarle algo personal. En 1975, cuando Franco se puso enfermo, estuve en Madrid para cubrir —como se dice— la noticia. Se comprenderá que no era el único “enviado especial”, los hubo miles. Pero la agonía del caudillo fue larga, muy larga, y poco a poco, mermaba el número de periodistas. Un diario de Lima me publicaba mis notas de viajero, de observador, pero pasaban las semanas, la cuenta del hotel aumentaba y Franco no tenía cuándo decidirse a mejorar o a morir. El hombre luchaba. Cada mañana, cumplidamente, siete médicos distintos —uno para cada dolencia— daban un informe oral a los periodistas acreditados entre los cuales me contaba, y copias de los estados clínicos del mandatario. Como se comprenderá, reinaba en España, entretanto, un orden varsoviano. La verdad que me comenzaba a cansar, el gerente del diario de Lima me previno que tenía que volver y yo comenzaba a aburrirme. Ya había dicho todo lo que podía decir sobre los escenarios posibles, ora una dictadura militar (cosa en la que dudaba) o bien la república (lo cual era lo que suponían los periodistas de diarios democráticos y muy mal informados) o bien juramentaba el Príncipe de Asturias, o sea, el actual rey, Juan Carlos I. Pero claro, fuera de eso, ni yo ni nadie podía anticipar. Y Franco luchaba contra la muerte.

Una mañana, un domingo, lo recuerdo como si fuera ayer, decidí irme un rato de un Madrid de lo más silencioso, y tomé un tour. Uno breve, a Toledo, no sé si el lector conoce España, pues Toledo es una maravilla de ciudad antigua a unas horas de Madrid. Y por una excelente carretera de las que el franquismo en su estilo de desarrollo compulsivo y autoritario había cubierto el mapa ibérico, atrayendo millones de turistas, lo que se llamaba entonces, “la industria sin chimeneas”. Fui pues a Toledo, que me conocía de memoria, pero que igual me gustaba mucho. Esa tarde tuve una suerte de iluminación. Después de haber almorzado en una de esas ventas que parecían arrancadas de un libro antiguo, me puse a caminar por una de esas calles que culebrean entre grandes casonas, lejos de plazas y calles para autos, calles para recorrerlas en silencio y como hechas a la meditación, medio terrosas, adustas y herméticas como un misterio. Y en eso, veo venir una mujer, alta, vestida de negro, ni joven ni vieja, caminando, pasa a mi lado,  y sigue camino. Llevaba esa mujer una radio prendida a sus oídos. Ya existía ese invento, el transistor. La mujer escuchaba las noticias de la radio e iba llorando, bajo el sol, calma, ensimismada. Esa desconocida lloraba por la muerte de Franco. No era mujer rica, pero tampoco puedo decir que era una pobre,  una vecina. Una toledana, como tantas. La radio, la muerte y la mujer ya de luto me produjeron un efecto fulminante.

Esa noche, volviendo a Madrid, tomando en cuenta la diferencia horaria, seis horas por delante del Perú, pude usar uno de los télex que las autoridades habían asignado a los periodistas visitantes y enviar una crónica a mi diario en Lima. No, estábamos equivocados. Franco iba a morir pero ese sentimiento que el tirano, pese a todo, había despertado a lo largo de cuatro décadas, no se iría con el fallecido a la tumba. No de inmediato. Por mi parte, había desarrollado desde mis crónicas juveniles en Expreso sobre los campesinos cusqueños en los años de las tomas de tierras de hacienda, una capacidad intuitiva para entender sus razones, eso mismo me llevaba a entender cuál era el punto de arranque de ese amor popular que muchos encontrarían paradójico. Equivocados o no, los españoles, en 1975, no tomaban los años del franquismo como una privación de la libertad sino como los años de la paz que trajo consigo el fin de la guerra civil, los años de penuria que pronto se volvieron de prosperidad, y la sensación, sin duda exagerada pero real, de haber contando con una suerte de padre protector que los alejaba de los demonios de la desunión entre españoles mismos. Y entonces, me atreví a decir hay una masa política del franquismo que buscará cómo acomodarse a la exigencia de Europa, cuyas condiciones para recibir a España en su seno eran un sistema pluralista de partidos e instituciones democráticas. Querrán el cambio pero guardando las conquistas sociales del periodo franquista, entre ellas, la seguridad y la tranquilidad pública. Esa fue mi traducción de las lágrimas de esa desconocida. No vendría a España ni la revolución ni la continuidad del caudillo. Vendría otra cosa. Aunque no sabía entonces lo que podía ser.

Y fue así. Se le llama la Transición. Asume Juan Carlos I, gobierna con franquistas un año. En 1976 llama a un referéndum. Y los dos bandos políticos de la guerra civil son desmentidos por el voto popular. Ni quieren otro Franco (sus partidarios obtuvieron el 2%) ni el retorno a la vida republicana. Prefirieron una solución moderada, un régimen de Monarquía Constitucional. Y en las primeras elecciones en 40 años, no ganó  ni la derecha ni la izquierda extrema, sino el partido centrista de Adolfo Suárez, es decir, un exfranquista reciclado a la democracia y que gobernó con mucho sentido común y respeto por sus principales oponentes, los socialistas de Felipe González que tuvieron que esperar otros comicios para llegar legítimamente al poder.

¿Por qué me acuerdo de todo eso, hoy, cuando Chávez ha muerto? Porque los pueblos no olvidan a quienes los han ayudado.  No, que no se equivoque el amigo lector, nunca me gustó Franco, es más, no tiene por qué saberse pero viví en Madrid, cuando su dictadura, y escribía en diarios de oposición al régimen, uno de ellos, el diario Madrid, es hasta ahora célebre, y en él encontré algunos de mis mejores amigos de toda la vida. Lo dejé cuando en 1969 arranca con Velasco Alvarado la reforma agraria, y decidí regresar. Algo importante, por lo cual antes había luchado, estaba pasando. Antonio Fontán, entonces director del diario Madrid, me dijo: “siento perderlo como periodista, pero hace bien de volver al Perú. Pero, si las cosas no son como parecen ser, si esos militares no están haciendo esas reformas profundas, si se trata de otro cuento más, aquí tiene usted su casa y su trabajo”. Fue muy conmovedor, me pagaron el viaje de regreso. Me debía detener en varios puntos de la América del Sur, y uno de ellos fue Caracas. Mis crónicas de viaje las guarda el archivo virtual del diario Madrid y se pueden consultar por Internet.

Venezuela, ni esto ni aquello

Volví varias veces después a Caracas. De Lima, con misiones del gobierno de Velasco. Y desde Europa, cuando me incorporé por completo a la docencia francesa. Y es uno de los países que mejor conozco, tanto como México. Y lo que vi, nunca me gustó. La extrema descomposición social de uno de los países no solo entre los más ricos del continente sino con una renta petrolera envidiable. Vi la degradación de la vida venezolana en medio del esplendor de sus clases medias, ciegas a la pobreza de los cerritos y al desamparo de los pobres en medio de ricos que no merecían sus fortunas. Hasta que pasó lo que pasó. Llegó Chávez.  “Llegó el llanero, no tan solitario, y se va a quedar un buen rato, tiene apenas 50 años, y va a revertir los dividendos petroleros hacia abajo. El método puede no convencernos, pero es lo que ocurre en países rentistas, Venezuela hoy y Argentina ayer, cuando el egoísmo social deja crecer una masa enorme de excluidos. Otro corresponsal cuenta cómo en el aeropuerto se cruza con un señor de clase media que atropella la cola: «Me voy a Miami porque en Venezuela el whisky es carísimo».” Esto es lo que escribo en Lima, en el diario La República, sabatina del 21 de agosto del 2004. (*)

No me gustó Chávez pero tampoco la Venezuela anterior a Chávez. Así de sencillo. Lo he dicho en otra sabatina, y lo repito ahora: “A Chávez lo auparon para otra cosa, para que corrigiera una democracia corrupta, pero se ha inventado esa «democracia directa», cuando toda la que se vuelva directa deja de serlo. No le gusta la palabra compromiso ni mediación, es decir, no sólo lo que a Venezuela le falta sino la esencia de toda política. Chávez es un político de la antipolítica, como lo fuera Fujimori. Lo llamaron para curar la peste y aportó el cólera. Pero, aun así, nadie lleva por completo razón, ni la oposición ni las bases chavistas, cada una con su ulcerada y parcial verdad venezolana. Esta  “sabatina» no es sino el preámbulo de otras. (Ni esto ni aquello, 1° de febrero del 2003) (*)

Entonces, ¿será Henrique Capriles, como esos demócratas españoles que entendieron que el franquismo sociológico —como dice mi amigo el sociólogo Amando de Miguel—, tiene que ser escuchado y atendido —no se asusten— por ese lado de la clase política que hereda no una sino dos herencias? La primera, la del uso personal y autoritario del poder de parte de los chavistas. La segunda, de una serie de servicios sociales que el Estado  chavista ha dado a los más humildes. Por el amor de dios, ¡centenares de miles de muchachos que pueden ir a estudiar a una universidad!  Cosa que ni soñamos por aquí. No, las cosas no son sencillas. Ni todo es clientelismo, como dicen. Que ha habido un interés político en regímenes autoritario-paternalistas, sin duda alguna. Pero no les vengan con el juego del libre mercado a los millones de españoles que llegaron a tener una vivienda subvencionada en las ciudades llamadas satélites en torno a Madrid, lugares que conozco bien, del tipo Residencial San Felipe pero menos costosas, más vastas como departamentos, y numerosas, barrios enteros. No me digan que los que han seguido estudios superiores en Venezuela con becas y subsidios no son una masa crítica de lealtad al chavismo. Y me pregunto si Henrique Capriles tendrá el tino de lograr un periodo de transición entre uno y otro sistema o, una vez más, se dejará de lado las necesidades populares. Sí pues, una combinación sabia de populismo y sociedad abierta será necesario. Y como me decía un amigo limeño, muy inteligente, que prefiero no citar, si Finlandia fuese petrolera, y un Chávez nórdico hiciera esas transferencias de rentas a los sectores populares, todo el mundo diría “muy bien, el modelo nórdico”. Mi objeción es que falta ver cuánto de corrupción también ha habido con Chávez, cuánto de abuso, y cuánto de ganas de hacerlo sin respetar, a la cubana, la libertad de expresión y la existencia de un pluralismo inevitable, porque el unanimismo en una sociedad no es de este mundo. Una sociedad tiene clases, intereses distintos, personas iguales y diferentes a la vez. La democracia es un sistema lleno de errores, pero todos los otros son peores. Apuesto, pues, que el tema venezolano se juega en cómo se sigue repartiendo internamente la renta petrolera y, a la vez, alcanza niveles de acuerdos y desacuerdos (eso es la libertad) evitando que se vuelva al pasado anterior a Chávez.  “Más allá de su truculencia, el personaje expresa algo que lo sobrepasa. Con el psicodrama de su presencia, Venezuela nos está dando una señal, la de la decepción democrática. Para las masas, y para sus electores, es el campeón de la lucha contra la corrupción y contra la «democracia pactada» cuando adecos y socialdemócratas se repartían la torta del poder. Así, ese Estado no se libró de la sanción de las urnas pese al maná de sus petrodólares, que nosotros no tenemos. La Venezuela de Chávez encarna la crisis de gobernabilidad. Una crisis que se produce no porque los partidos venezolanos no se entendieran sino, al revés, porque se entendieron demasiado. Chávez es el fracaso estruendoso de la clase política. El tipo que no bailó el ritmo lento y pegado donde se dicen cosas íntimas. Que la nuestra, ahora que iniciamos otra etapa, sepa no juntarse demasiado, tampoco querellarse en exceso. Cordiales distancias. El pueblo observa. Un outsider, un improvisado vengador, como en 1990, se fabrica, electoralmente, de la noche a la mañana” (Sabatina, 14 de julio del 2001).

(*) Artículos anteriores:

02.06.2009. Caracas. La cosa es grave

http://www.bloghugoneira.com/que-soy/periodista/diario-la-republica/trienio-11-10-09/internacional#VenezuelaCaracas

21.08.2004. Hugo Chávez y Venezuela saudita

http://www.bloghugoneira.com/que-soy/periodista/diario-la-republica/trienio-05-04-03/internacional#HugoChavez

06.02.2003. Comprensión de Venezuela

http://www.bloghugoneira.com/que-soy/periodista/diario-la-republica/trienio-05-04-03/internacional-parte-ii#Comprension

01.02.2003. Venezuela : ni esto ni aquello

http://www.bloghugoneira.com/que-soy/periodista/diario-la-republica/trienio-05-04-03/internacional-parte-ii#Venezuela

14.07.2001. Meditación caraqueña

http://www.bloghugoneira.com/que-soy/periodista/diario-la-republica/trienio-02-01-00/internacional#Meditacion