Otros ojos deben mirarnos

Written By: Hugo Neira - Nov• 29•22

Este artículo se escribe después de la visita de dos días del Grupo de Alto Nivel de la OEA (Organización de los Estados Americanos) en el Perú a pedido del gobierno. Se supo poco de su agenda, indicaron a los medios que “han tenido 27 reuniones y conseguido una gran cantidad de información para la realización de su informe” según RPP Noticias. Según la misma fuente, “la misión internacional se reunió con el Presidente de la República, la Vicepresidenta y parte de su gabinete; los integrantes de la Mesa Directiva del Congreso; la titular del Poder Judicial y dos magistrados de la Corte Suprema; con los magistrados del Tribunal Constitucional; la Fiscal de la Nación; los 13 grupos parlamentarios representados en el Congreso; autoridades electorales; la Defensoría del Pueblo; la Conferencia Episcopal peruana; organizaciones profesionales de abogados, periodistas; centrales sindicales; y organizaciones de la sociedad civil.” Pues bien, a nuestro modo de ver, esta visita ha sido muy pobre. Se olvidaron que el Perú, pese a su pobreza, tiene desde hace siglos universidades, pensadores, investigadores, científicos, que dictan clases y publican libros de gran valor por su sinceridad. Críticos de lo que ocurre en la sociedad, son los que pudieron explicar cómo se llegó a la situación política que motivó dicha misión de la OEA.

En columna anterior, nos ocupamos de la ambivalencia del Legislativo y acudimos a lo barroco para explicar el proceder de nuestras instituciones. En el caso de la visita de la OEA, tenemos el protagonismo de la Presidencia que busca cumplir su mandato de cinco años pese a ser el único primer mandatario investigado durante su función en democracia. Retomaré las palabras del periodista Juan Diego Quesada, del diario El País América, desde México que decía en marzo pasado: «El Congreso, siempre fragmentado al no existir los partidos políticos tradicionales, es una herramienta para delimitar el poder presidencial y, llegada la hora, guillotinarlo. Perú lleva en esa espiral seis años.» «Perú, de 33 millones de habitantes, se ha sumido de nuevo en la convulsión. En América Latina se le ha puesto la etiqueta de ingobernable. Se suceden los dirigentes quebrados. Los peruanos se preguntan qué clase de maldición ha caído sobre ellos.» (https://elmontonero.pe/columnas/los-guanacos-son-inteligentes). No nos cansaremos de decirlo, en dos siglos de independencia, no se ha podido construir un Estado con un ordenamiento legal que sea respetado.

Entonces, nuestros visitantes se habrán ido sin saber de nuestra crisis, y sin embargo, no faltan los libros que permiten entenderla. En distintos campos, cada uno de los siguientes títulos para entender al Perú es muy útil:

1-. Perú: élites del poder y captura política, de John Crabtree y Francisco Durand editado por la Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú. Del 2017.

2-. La mano invisible en el Estado. Efectos del neoliberalismo en el empresariado y en la política, de Francisco Durand, publicado por DESCO y Fundación F. Ebert Stiftung (2006).

3-. Para salir del laberinto. Del neoliberalismo a la nueva socialdemocracia, de Alfredo Barnechea, publicado por Santillana (Taurus), en Lima. Es del 2001.

4-. Los Estilos de Vida en el Perú, de Rolando Arellano Cueva, editado por Consumidores & Mercados, en el 2000.

5-. Los doce apóstoles de la economía peruana, otro título de Francisco Durand, editado por el Fondo Editorial de la PCUP, del 2017.

6-. El Perú: retrato de un país adolescente, de Luis Alberto Sánchez, publicado en 1987 por PEISA.

7-. ¿Es otro el rostro del Perú? Identidad, diversidad y cambio, el libro de Max Hernández, actual Secretario General del Acuerdo Nacional, publicado por Agenda: Perú, en el 2000.

8-. Profetas del odio. Raíces culturales y líderes de SL de Gonzalo Portocarrero, del Fondo Editorial PCUP, del 2012.

9-. Conversando con el doctor Vladimiro, una compilación de los vídeos de la corrupción en los años 90 de la dupla Montesinos-Fujimori que debemos a Luis Jochamovitz, Ediciones El Comercio, libro del 2002.

10-. Sociedad mediocre. El Perú de los zorros y vizcachas, de José Mendívil, editado por el Instituto de Ciencia y Tecnología de la URP, Lima, 2016.

11-. El problema de ser cholos. Dudas y desconciertos de todos los que tienen la piel trigueña, libro de Manuel Jesús Granados autoeditado en Lima en el 2019.

12-. País combi de Pedro Morillas, Editorial Summa (2014).

13-. El nacimiento de los otorongos. El congreso de la república durante los gobiernos de Alberto Fujimori 1990-2000, Carlos Iván Degregori & Carlos Meléndez, editado por el IEP y libro de 2007.

14-. Sombras coloniales y globalización en el Perú de hoy, de Gonzalo Portocarrero en tanto que editor, y publicado entre varias entidades (PCUP/IEP/Universidad del Pacífico, etc.) en el 2013. Trata de temáticas distintas, los “claroscuros coloniales, el autoritarismo patriarcal, los enfrentamientos visuales al poder, las intenciones inquisidoras desde la fotografía”

15-. Nuevos súbditos. Cinismo y perversión en la sociedad contemporánea, de Juan Carlos Ubilluz y editado por el IEP en el 2006.

16-. Añadiremos tres más, uno muy importante, de varios autores, editado por el IEP y el BCR, en el 2014, Compendio de historia económica del Perú, el tomo 5 que cubre el periodo 1930-1980.

17-. Organización y participación política en el Perú, antes y durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado, de José Carlos Fajardo, y publicado por Editorial Universitaria Ricardo Palma, en el 2009.

18. El mal peruano 1990-2001, libro mío editado por SIDEA en el 2001, que se puede encontrar en Ebook ahora.

Gracias por la visita, es saludable. Los mismos peruanos escriben mucho sobre su país, y por eso hicimos esta lista. Ojalá se hubieran quedado más tiempo para entender mejor al Perú.

Publicado en El Montonero., 28 de noviembre de 2022

https://www.elmontonero.pe/columnas/otros-ojos-deben-mirarnos

Lo barroco en la vida política peruana

Written By: Hugo Neira - Nov• 21•22

Tal y como cinco siglo atrás.

Estoy en el extranjero pero sigo lo que ocurre en la vida política. Por ejemplo, los modos de actuar del poder legislativo ante el poder ejecutivo. Todo el país mantuvo una esperanza, pero lo que se ha hecho (o lo que se dejó de hacer) es algo que no es de nuestro tiempo. Algo que no es nada pero algo más bien complejo. Se le llama lo barroco. Tanto como el romanticismo, el racionalismo o los escépticos cubren un periodo de tiempo, lo barroco proviene de un periodo cultural de hace cinco siglos. Si el amable lector tiene una máquina de nuestro tiempo conectada a Internet, podrá corroborar la definición que damos de lo que significa lo barroco en el Diccionario de Oxford de Google:

“1. El Barroco es un movimiento cultural y artístico que se desarrolló en Europa y sus colonias americanas entre finales del siglo XVI y principios del XVIII. Surgió como una reacción a las estrictas normas clásicas del Renacimiento. 2. Periodo histórico cultural europeo y americano que comienza a finales del siglo XVI y termina a principios del siglo XVIII durante el cual se desarrolló este movimiento. En España, el Barroco coincide con la decadencia del Imperio y con el Siglo de Oro de las Letras.”

La tradición de lo barroco tuvo un periodo bastante largo. Tomamos del Diccionario María Moliner una definición. Viene del francés baroque, nombre de «una figura de silogismo que los renacentistas aplicaron a los razonamientos absurdos, cruzado con el portugués barrôco, perla irregular, pariente del español berrueco”. En tanto que adjetivo, “se aplica al estilo artístico, particularmente empleado en la ornamentación arquitectónica, nacido en Italia y generalizado en Europa y América española en los siglos XVI y XVII, caracterizado por el predominio de las líneas curvas y la profusión de adornos; así como a las obras realizadas en ese estilo y a las cosas relacionadas con él”.

Ahora bien, lo barroco, se vuelve churrigueresco (de Chirriguera, su inventor), rococó, o sea excesivamente recargado. Barroco se aplica por extensión, dice el Diccionario, “a cualquier cosa, material o no material, por ejemplo al lenguaje o al estilo literario, complicada, retorcida, o con adornos superfluos”.

Traemos la mirada del filósofo Eugenio d’Ors en Lo Barroco (Tecnos, Madrid, 1993) que son textos españoles de “carácter histórico-artístico y estético, tomados en consideración por la crítica universal”. Uno en página 35 se titula “El Paraíso Perdido”:

“Fielmente guardo la memoria de una hora meridiana, cierto día de mayo, en el Jardín Botánico de Coimbra. Hora lenta y turbia, de perfumes vegetales y arrullos voluptuosos. Las palmeras esbeltas, ávidas de sol, subían, dominando desde muy arriba las frondas, que ahora olvidaban, en la altura de su palacio de luz; así mujer desvestida ante el espejo olvida, por el resplandor inteligente de los ojos, las sombras fieras que el instinto encontrara a medio subir… Sí, las palmeras dominaban a los laureles; pero las trompetas marciales sonantes en algún cuartel vecino, no ahogaban el cálido gemir de las tórtolas. (E. D’Ors)

Para un ser humano de nuestra época, como en otros lugares en España o en Italia. estaría de más el Palacio, en algunos casos construido con mármoles. Y si se tiene un Jardín Botánico, se perdía el visitante por el bosque natural. Pero se puede pensar que ambas cosas serían una verdad, una revelación. Y entonces, nos dice:

“En la pereza y en el recogimiento, me fue dada la posesión de una verdad fecunda: a saber, que el Barroco está secretamente animado por la nostalgia del Paraíso Perdido. Paraíso, principio y fin de la Historia. En el espíritu de la Humanidad, alfa y omega. Por culpa del árbol de la ciencia —es decir, por el ejercicio de la curiosidad y de la razón— perdióse un día el Paraíso. Por el calvario del progreso —es decir, también por el ejercicio de la curiosidad y de la razón— se adelanta en el camino de vuelta. Toda la Historia puede considerarse como un penoso itinerario entre la inocencia que ignora y la inocencia que sabe”. (E. D’Ors)

Pero lo Barroco es interminable, está en la pintura, la poesía, la música, la escultura, la  arquitectura, la belleza de los templos, colegios y jardines cada vez más grandes y ostentosos. ¿Qué significaba el estilo barroco, lo recargado de sus modificaciones? El barroco ha sido siempre una respuesta al malestar de una época. Es un código.

Lo Barroco reacciona contra las normas clásicas del Renacimiento. El estilo barroco era prueba de poder económico. El barroco y sus imágenes nos conducen a la teología católica de la Contrarreforma, a la mentalidad del imperio de los Habsburgo, el más potente imperio de ese tiempo y del cual México (o Nueva España) y el Perú eran parte.

Y en nuestro país, el Ejecutivo pide una Cuestión de confianza al Legislativo. Un anticipo de respuesta fue que por un lado, sí le dan la confianza pero, por el otro, dicen que no pueden hacerlo. Lo dije años atrás ya, barroco está bien cuando es arquitectura, teatro, voluntad artística, y hasta cocina. ¿Pero el Estado? La economía y las relaciones internacionales son serios, sobrios, austeros. Son clásicos. Si el barroco es enrevesamiento (la definición es de Picón Salas), nada mejor en arte, nada peor en política.

El planteo ha sido un enorme error. Parece una broma, con respuestas imposibles. En una época de Príncipes, Maquiavelo nunca decía sí o no, por astucia. La Modernidad, en política como en negocios, es saber decir sí o no.

Publicado en El Montonero., 21 de noviembre de 2022

https://www.elmontonero.pe/columnas/lo-barroco-en-la-vida-politica-peruana

El ejemplo brasileño

Written By: Hugo Neira - Nov• 14•22

La lucha contra el hambre, la pobreza y la falta de educación para los pobres

Para entender lo que pasa en el Brasil de hoy, la semana anterior nos ocupamos del Brasil convertido en un ‘nuevo grande’, no solo en el continente sino entre los otros del planeta. Conozco Brasil pero preferí apoyarme en el libro de Alain Rouquié Le Brésil au XXI siècle, que me entregó, a mí y a Claire, en París, en la Casa de América Latina de la cual es Director. Estuvo, del 2000 al 2003, Embajador de Francia en ese país, pudo medir de cerca las mutaciones profundas del Brasil de esos días. Gran democracia mestiza, una civilización industrial en los trópicos, esos trópicos mismos que vuelve al Brasil una de las tres grandes potencias emergentes del planeta, explica Rouquié especialista de la América latina contemporánea.

Ahora bien, Luiz Inácio Lula da Silva, conocido como Lula (en su lengua materna quiere decir audio, sonido), fue primero un obrero metalúrgico, sindicalista y una vez en la vida política, un hombre de acción progresista. Tal como estamos, los peruanos y los latinoamericanos inmediatamente nos preguntaríamos si es de izquierdas o de derechas. El actual presidente electo en la República Federativa del Brasil tendrá un tercer mandato en tanto que  Presidente de todos. Su carrera no fue al servicio de una ideología como pasa en otros países latinoamericanos. Primero fue miembro fundador y presidente honorario del Partido de los Trabajadores. Lula, obrero metalúrgico, tiene un origen humilde. Fue uno de los principales organizadores de las mayores huelgas durante la dictadura militar del 64, que aceleró —dice Wikipedia—, la caída de ese régimen. Fue un político muy conocido, vinculado a los obreros brasileños, que tuvo que presentarse repetidas veces a la Presidencia (1989, 1994, 1998) y solo en el 2002, logró la victoria.

Lula, a diferencia de muchos políticos en la América Latina, es conocido como el presidente que transforma el Brasil. Reformas radicales que cambiaron la economía y la sociedad durante sus ochos años de gobierno. De los datos que tenemos en la mano, no se puede dudar. En esos años, triplica el PBI per cápita, según el Banco Mundial. Con ese presidente y su partido, el Partido de los Trabajadores, la República brasileña se convierte en una potencia mundial y en la sexta economía más grande del mundo.

Se entiende, los 8 años de gobierno de Lula en Brasil, no se olvidan. German Padinger, de CNN, dijo en setiembre pasado que “a los 76 años, Lula ha dedicado la mayor parte de su vida a buscar la presidencia”. Cuando tenía 45 años, “compitió por primera vez con el Partido de los Trabajadores”, el PT. En 1989, “perdió en segunda vuelta con Fernando Collor de Mello. Volvió a intentarlo en 1994 y 1998, y perdió en ambas cosas ocasiones, y en primera vuelta, con Fernando Henrique Cardoso”.

Como todo país con una clase política y un aparato de Estado —lo que en Francia, llaman la “nobleza del Estado” por su continuidad, Brasil tiene una capa social administradora. Hay que decir que la economía mundial y las circunstancias particulares de los mejores hombres de Estado (o estadistas) intervienen mucho en su gestión. Cuando dejó la presidencia en el 2010 a su protegida, Dilma Rousseff, Lula tenía casi un 90% de aprobación. 

Lula da Silva fue imputado en el 2016 por corrupción y blanqueo de capitales. Tras una serie de apelaciones fue enviado a prisión, pero en 19 meses, fue liberado. En el pasado debate con Bolsonaro, le dijo: “me arrestaron para que usted pudiera ser elegido presidente”.

Lo que a mí me llama la atención es lo que hizo Lula durante años que estuvo en el poder.  Pienso en estas tres medidas de gobierno. En primer lugar, puso en marcha el programa Fome Zero (Hambre Cero en castellano), lo que permitía llegar a las familias indigentes y facilitarles el acceso a los alimentos básicos a través de la asistencia social. Con Lula, la desnutrición infantil se redujo en un 46%. En mayo de 2010, la ONU concedió a Lula da Silva el título de campeón mundial de la lucha contra el hambre. Para ese gasto, 760  millones de dólares que iban a gastarse en una docena de aviones de combate, fueron priorizados en lo social apenas asumió. Con Lula, la pobreza medida por el umbral de ingreso diario internacional que es de 2.15 US dólares, pasó del 11,7% al 6,1% en el 2009. Y en cuanto a la línea de pobreza para economías de ingresos medios bajos, que es de 3,65 US dólares diarios, cayó del 25% al 15%. La Bolsa Familia de Lula beneficiaba a 55 millones de personas al final de su mandato. También la mortandad infantil retrocedió en el gobierno de Lula. La tasa bajó de 35,87 por mil en el 2002 al 21,17 por mil  a principios de 2011.

En segundo lugar, su política educativa consiguió alcanzar altos niveles de escolarización en todos los ámbitos, desde primarias hasta universitarios. Con el FUNDEB (Fondo de Mantenimiento y Desarrollo de la Educación Básica y de Valorización de los Profesionales de la Educación), Brasil pasó de dar atención a 47 millones de estudiantes brasileños en vez de 30 millones, un 56,6%  más. En el área de la educación superior, el PRO-UNI (Programa Universidad Para Todos), el mayor programa de becas de la educación latinoamericana,  ofreció en el 2007  265 mil becas en 1985 instituciones en todo el país. Además, se crearon once nuevas universidades públicas y federales, es decir en educación pública y gratuita, y se redujo la población no escolarizada de entre cuatro a diecisiete años.

En tercer lugar, su política económica exitosa de la cual destaco el empleo. Cuando asumió, el desempleo afecta mucho al país. En el 2001, 7,8 millones en edad de trabajar estaban desempleados por el efecto de las políticas neoliberales anteriores. “Más y mejores empleos, su programa de gobierno en el 2002, estableció los ejes estructurales de una política de empleo comprometida con la creación de 10 millones de puestos de trabajo entre 2003 y 2006. En primer lugar estos puestos serían creados a partir de la recuperación sostenida del crecimiento económico” (Marcio Pochmann, 2003). El segundo eje era la reducción de la jornada laboral de 44 horas de un 10% y el tercero, cambiar el patrón del gasto público, con políticas públicas orientadas al empleo, según el mismo investigador. Resultado, en el primer semestre del 2010, cuando el empleo sufría de la crisis en el resto del mundo, el Brasil de Lula logró más de 1’400’000 nuevos empleos formales. “Durante el periodo 2004-2009, la expansión del empleo formal para el sector privado fue de 25,3%; para el empleo en el sector público alcanzó el 19,3%; en el caso de los empleadores, su número creció en 15%. Las peores ocupaciones presentaron un ritmo mucho menor de crecimiento: el trabajo doméstico se incrementó en 11,8%; el empleo asalariado informal disminuyó 0,8%; el trabajo autónomo aumentó apenas 2,3%, y el trabajo no remunerado se redujo en 21,7%”. (José Dari Krein & Anselmo Luis Dos Santos, 2012).

¿Qué va hacer el “tercer” Lula? Dijo que en el acto de la toma la posesión del poder, va anunciar el Plan Nacional del Trabajo. Siempre un enfoque laboral prioritario. Por otra parte, Lula mantuvo siempre buenas relaciones con el Mercosur y también con los países del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Y con Fidel Castro, Hugo Chávez, Rafael Correa en Ecuador y los Kirchner en Argentina. Es un político. Es un estadista. Sabe.

Los presidentes de Brasil del siglo XXI, ninguno de nuestros estadistas les visita, fueran predecesores o bien sucesorios. Está claro, y lo he dicho muchas veces, el Perú no está en este siglo.

Publicado en El Montonero., 11 y 14 de noviembre 2022

https://elmontonero.pe/columnas/el-ejemplo-brasileno

El nuevo presidente del Brasil

Written By: Hugo Neira - Nov• 07•22

Solo se puede entender la elección del nuevo presidente tras repasar las transformaciones de Brasil en los últimos decenios. Sin duda alguna, Luiz Inácio Lula da Silva llama la atención: obrero metalúrgico y político progresista, actual presidente electo de la República Federativa de Brasil,  asumirá el 1° de enero del 2023 por tercera vez el poder, tras vencer a su opositor saliente, Jair Bolsonaro, en una segunda vuelta apretada. Llama mucho la atención en ese país que es uno de los cinco más grandes del mundo, donde emerge una singularidad que lo volvió un “grande” económico, una potencia emergente. Me parece que el marco geográfico, hay que conocerlo mejor, de lo contrario no podríamos entender el Brasil actual, el país de Lula.

Economía en movimiento y una sociedad nómade

El Brasil del siglo XXI está marcado por dos fenómenos, una “economía en movimiento y una sociedad nómade” (Alain Rouquié, 2007). Desde el Descubrimiento se consideraba, dice Rouquié, que su historia económica era una sucesión de ciclos: madera, azúcar, oro, caucho y café. Esa visión, simplista, se enfocaba en los booms de producción, pero permite entender los desplazamientos de mano de obra de norte a sur, o más al interior, hacia la Amazonía o hacia los ríos. Se llama borracha al caucho amazónico cuya bonanza vino de la mano del desarrollo del café. El enfoque cíclico esconde las tensiones que hubo en el financiamiento de los booms,  minimiza la trata de esclavos, esa “especulación miserable pero tan rentable” que la bonanza del azúcar ocultaba. El azúcar, producción costera, enriqueció el Nordeste en los siglos XVI y XVII. Más tarde en el XVII, el oro en las montañas del Minas Gerais drenó la mano de obra de la zona azucarera hacia el interior del país. Cuando siguió la hora del caucho, la misteriosa Amazonía dejó de serlo. Los desplazados por las grandes sequías del Ceará (1877-1889), en el Nordeste, los retirantes, pasaron a ser los seringueiros de la selva. No se enriquecieron mucho pero hicieron la prosperidad de Manaus, que se volvió una capital mítica cuando llegó su ópera y los tranvías eléctricos. Por su parte, los barones del café, en Sao Paulo, atrajeron a los inmigrantes para tener una mano de obra libre pero le cerraban el acceso a la propiedad de la tierra. Así migraron muchos hacia las ciudades y se formaron las grandes aglomeraciones de Campinas, Sorocaba, Marilia. Luego la industria se instaló en el estado de Sao Paulo sin que dejara de ser el primero en producción agrícola. Al llegar la crisis del azúcar, el Nordeste perdió su posición en beneficio de Sao Paulo. El café hizo la riqueza del estado de Sao Paulo y la modernidad de Brasil. De ser un estado que concentró lo esencial de la producción industrial en 1970 (56,6%), ahora concentra el 45% y es la locomotora de la agroindustria, dice Rouquié. Hubo un reequilibrio y eso aplica a todo Brasil.

En el Brasil de esos días, hay nuevas formas de trabajo y recursos. Hoy, tiene una gigantesca población urbana que lo convierte  en un país de «tierras de contraste», como dijo alguna vez Roger Bastide, francés y catedrático en Sao Paulo, en un libro suyo. Pues bien, me parece que se puede entender el Brasil político y a Lula si se sabe cómo es el Brasil del siglo XXI. Por ejemplo, cómo millones de brasileños suelen emigrar dentro de las regiones de su país para alcanzar los puestos de trabajo y dar de comer a sus familias. Se ha tomado cifras de las instituciones internacionales. Cuando millones se desplazan desde uno a otro espacio de su inmenso territorio, las cifras comparativas son las siguientes: EE.UU., 48 % – Francia, 43%   –   Brasil,  58 %.

Ahora bien, tomaré dos temas de la singularidad brasileña: cómo es el Brasil actual, la razón por la cual prefiero presentar al país más grande de nuestro continente antes de entrar al segundo paso, la vida política de Lula (y qué puede hacer), que reservo para otro artículo. Dicho esto, intenté conocer mejor las grandes mutaciones de ese gran país, y busqué al mejor de los estudios, el más serio en francés, Le Brésil au XXIe siècle. Naissance d’un nouveau grand (Brasil en el siglo XXI: Nacimiento de un nuevo grande). En la ocasión de un viaje a Francia, en París pude hallar el trabajo de Alain Rouquié. Rouquié ha puesto en la portada esta idea que señala muchas cosas: los ‘grandes’. Conozco a Alain Rouquié desde que estudiamos juntos,  en París, en los 60, en Sciences Politiques. Es hoy un gran especialista de Latinoamérica y director de la Casa de América Latina, en París. Rouquié tiene una manera muy intensa de estudiar una nación o un país en el que presta sus servicios diplomáticos. Y  cuando nos recibió, a Claire y a mí, aquella vez, me dio su libro que es una buena manera de entender el Brasil. Por su geografía, ha logrado una civilización industrial en los trópicos, y una democracia mestiza. No solo es un poder latinoamericano sino que está entre los “grandes” del mundo, el «país de Lula».  El lector de este artículo conocerá a alguien que lo ha estudiado de manera a llegar a sus paradojas. Solo lamento que no esté traducido al castellano, se le puede encontrar en francés y en portugués. Conozco bien el mundo intelectual francés, no hacen las cosas a medias, son varios años de investigación. Las obras francesas no son las favoritas y no son muchos, en Lima, los que creen saber qué pasa en el mundo. Prefieren los libros en inglés, es decir lo que el Imperio cree comprender. Como Europa no espera volver a ser un Imperio, les importa muy poco este lado del mundo occidental.

En nuestro tiempo, Brasil es un país que ingresó al club de la producción industrial. Además, sus poblaciones y culturas son mucho más incluidas (indios desde milenios, europeos como los portugueses y algo de españoles y franceses, y una población de africanos descendientes de los que fueron un tiempo esclavos).

La formación de Brasil es también singular. Portugal ocupaba el ángulo sudoeste de la península ibérica, se le conocía antes como Lusitania. Solo cuando vencieron a los castellanos y se independizaron formando el reino de Portugal, empezaron a explorar los mares. La dominación portuguesa se estableció con un poderoso imperio colonial después de doblar el Cabo de Buena Esperanza (Bartolomeu Dias, 1488) buscando una ruta para las relaciones comerciales con el Extremo Oriente. Con el apoyo de los franceses para detener a los ingleses, la Casa de Braganza reina hasta 1910. Para evitar tanto a los ingleses como a los bonapartistas, hicieron algo genial.  Juan VI se refugia en Brasil, y entre 1821-1824 declara al Brasil independiente. La dinastía y el monarca se quedan en Brasil hasta 1833. La Casa de los Braganza deja serenamente el imperio, Pedro I de Brasil abdica y pasa a aclamar una República. Hasta nuestros días. Incluso en Europa no ha habido pocas líneas sobre la historia de Brasil. Algo que no podemos olvidar: con la independencia, Brasil no se rompió en manos del coronelismo, como pasó en el Perú tras su independencia con las guerras de caudillos, o por unos estratos sociales ambiciosos. La paradoja del singular Brasil es digna de estudiar.

Por supuesto, podemos ser culturas distintas, pero acaso otras potencias no nos conocen por nuestras propias y distintas formaciones. Basta ya, cuántas teorías políticas han fallado, el comunismo, el gobierno sin libertades, el fascismo de la Alemania nazi, el capitalismo y sus crisis cíclicas… y ahora el nacionalismo exagerado. Las teorías se desploman tanto como la antigua Roma, pero seguimos con utopías y sueños imposibles.

Quizá la ley sea el primer paso. Pero esto es de Aristóteles. Estamos como los astrónomos que nos dicen ahora que no hubo Big Bang sino Big Bounce. O sea, siempre estuvo.

En una sociedad, siempre hay algunos más ricos y otros más pobres. Unos correctos y otros, malvados. ¿Acaso podemos cambiar al ser humano? El redescubrimiento de la comunidad, eso fue Rousseau. Hegel, el Estado y la Sociedad civil. El Pueblo y su ley, las religiones. Platón y su República fue otra, más moderna.

https://www.bloghugoneira.com/non-classe/brasil-no-es-solo-odebrecht-es-lula

Publicado en El Montonero., 7 de noviembre de 2022

https://elmontonero.pe/columnas/el-nuevo-presidente-del-brasil

Voces de ultratumba

Written By: Hugo Neira - Oct• 31•22

Carlos Franco (1939-2011) nos decía, en artículo de 1990 en Socialismo y Participación n°52, que “los compromisos políticos de las multitudes urbanas del Perú en los últimos cuarenta años”, registren un hecho “aparentemente  paradójico”: “la constancia de su adhesión al ‘populismo’ y la inconstancia de su lealtad a los ‘populismos’”. Y añadía: “A diferencia de lo ocurrido en México, Argentina o Costa Rica, la plebe urbana en el Perú no ha entregado, delegado o hipotecado su representación política permanentemente a un solo líder, movimiento o gobierno populista”.

Comenzamos esta columna con un párrafo de Carlos Franco —que ya no es de este mundo—, porque Perú es un país muy especial, son los muertos quienes plantean las cuestiones decisivas. Franco planteó que la plebe urbana tenía “una aguda conciencia de sus intereses económicos y culturales y de una mecánica racionalista gobernando situacionalmente su comportamiento”, una “modernidad popular” que por su naturaleza propia podía hacerse sujeto político de sus propios intereses. Al estudiar y discernir los populismos (de distribución, de identidad), observa que el populismo peruano, probablemente antes de Velasco, “fusiona en un solo discurso el distribucionismo y la identidad”, y se plantea “si el populismo en el Perú aparenta ser ¿o es? el ‘costado político’ de la moderna identidad popular”. Y llega a la conclusión de que la ‘plebe urbana’ no era un sujeto sociopolítico sino una ‘sociedad’. ¿Una sociedad separada, un Perú de dos sociedades? No, postuló la idea del alumbramiento, “la sociedad plebeya habitaba dentro de la sociedad peruana ‘conocida’”. “El populismo peruano se apareció entonces como el partero de la sociedad plebeya”. Y la pregunta que se hace inmediatamente después es si “la sociedad plebeya va a ser experimentada como propia o como ajena por los grupos dominantes o por los grupos integrados a la sociedad peruana ‘conocida’”. De las relaciones ambivalentes y la tensión entre ambas sociedades, no salimos, y no terminamos de tener una proyección como país.

Pero Franco fue siempre un observador desencantado. Fueron por lo menos 40 o 50 años en que los partidos políticos se esfumaron por diversas razones, entre ellas, la corrupción, a niveles absolutamente mayores que en otros siglos y etapas históricas. La cuestión de la plebe está clara, se esperaba que no solo se buscaría elevar los salarios de los obreros y campesinos sino que se diera el salto de una clase o capa social a la clase media. Para eso, pasarían a ser población urbana. Lo que ha pasado es algo completamente fuera de la modernidad. Las multitudes rurales invadieron las ciudades grandes o pequeñas. Hoy el Perú es un país con población urbana —en distritos no del todo modernos— y esa «modernidad popular» no cuenta con tierras, empresas y productividad. Pero tampoco se conoce empresas que harían en el país una revolución industrial.  Ni en América del Sur naciones como Brasil, Chile y México son del todo países en camino a la ciencia y modos de producción como los tienen Europa y el Asia. En el Perú no hay esa fiebre por la ciencia, y si tiene alguna el peruano se va a otros lugares del planeta. Sin embargo, todos van a tener que prepararse y ampararse de los efectos del cambio climático de esta época.

Para entender la gobernabilidad en las últimas décadas, es preciso decir, según Julio Cotler, que hubo cambios y continuidades en la relación entre la sociedad y la política, descomposición política y autoritarismo al mismo tiempo. Por eso, ante la ausencia de partidos políticos o su debilitamiento desde los años 90 a nivel global, emergieron los populismos para resolver las demandas populares no atendidas, entre ellas la educación que establece la clase social.

Populismo, es uno de los conceptos más difíciles de definir dentro de las ciencias sociales y ciencia política, de ahí ‘los populismos’. Durante los últimos veinte años, realmente ¿se podía creer que Alejandro Toledo, por mestizo o cholo, sería de izquierda una vez sentado en el sillón presidencial? ¿Que Ollanta Humala, por venir de familias que no son de la clase alta pero sí militar de mando medio, sería lo que fueron antes los andinos Sánchez Cerro u Odría, autoritarios de extrema derecha? La corriente que llevó al poder ambos personajes fue otra cosa, algo con un nombre específico que apareció en la revista Amaru, en marzo de 1968, en un artículo titulado “Para una sociología del arribismo en el Perú” de Carlos Delgado. Tuvo versiones en inglés, una en 1969 en Human Organización y, en 1970, en Ekistics. También salió publicado por el Fondo de Cultura Económica de México en 1969, en el número 10 de la Revista de Psicoanálisis, Psicología y Psiquiatría. Posteriormente fue publicado en Lima en el libro Problemas sociales en el Perú contemporáneo, Campodónico Ediciones, en 1971, con el título “Ejercicio sociológico sobre el arribismo en el Perú”. Carlos Delgado así lo explica:

“En el Perú el «sistema» social sigue caracterizándose por una marcada rigidez que en gran medida dificulta e impide formas fluidas de movilidad social. La rígida estrechez del «sistema» en cuanto red de desplazamientos sociales, determina que el éxito social solo puede alcanzar a grupos relativamente pequeños de individuos. En una sociedad así, donde la virtualidad operativa de los mecanismos de movilidad social sufre el impacto decisivo de las influencias personales, el poder de patronazgo de ciertos individuos dentro de la sociedad es, en realidad, considerable y, por ende, la posibilidad de manipular tal poder en beneficio propio gravita con fuerza irresistible para estimular determinados tipos de comportamiento de gran eficacia dentro del contexto de un ordenamiento patrimonial de la sociedad. En una sociedad de tales características las posibilidades de éxito social son extremadamente reducidas y es muy alta la competencia por el acceso a posiciones de prestigio, riqueza y poder concebidos como bienes supremos.”

¿Qué quiere el arribista? Escalar posiciones, subir. Sobre Carlos Delgado (1926-1980), algo. Nacido en el norte, en Chiclayo, era aprista, amigo y alumno de Haya de la Torre. Pasarse al aprismo en esos años era un pecado para el comunista o el liberal peruano. Se nota que no existía en el Perú mecanismos para una movilidad de clase baja hacia las mejores formadas. La crudeza misma de la acción competitiva se justificaba por el resultado de haber llegado, ascendido. El arribismo al parecer tiene dos principios. Uno es la adulación genuflexa, o lo que se llama popularmente el sobe. El otro es el raje. “Perú, raje y sobe”, dijo Delgado. Brillante.

El presente artículo se escribe fuera del Perú, en Chile. Son naciones vecinas pero muy diferentes. Hagamos, pues, una comparación. Para el Perú, ha sido el gran problema, por cierto, económico y estructural, la tenencia de la tierra, el país de los gigantescos feudos de la clase dominante que dejó de serlo cuando, en 1969, un régimen militar aplica la reforma agraria, devolviendo la tierra a millones de campesinos indígenas. Y en Chile, el gran problema sigue siendo la educación, la aspiración a una educación de alto nivel, tema que dejamos para otra semana.

Publicado en El Montonero., 31 de octubre de 2022

https://elmontonero.pe/columnas/voces-de-ultratumba