Basadre y Macera sobre los militarismos

Written By: Hugo Neira - Feb• 13•23

Para ocuparse de la historia del Perú, los historiadores tienen métodos distintos a los de sociólogos y antropólogos que recogen la tradición oral. Así es raro un libro en el que dos grandes historiadores conversan. Es lo que hicieron Pablo Macera y Jorge Basadre, una conversación editada en 1979 en Lima por Mosca Azul, y que salió en dos mil ejemplares. Macera, en su presentación, dice entrevistar a Basadre como lo hiciera anteriormente José Miguel Oviedo con Luis Alberto Sánchez, en Conversaciones, que publicado en 1973. Conversaciones con Basadre explora, nos dice Macera, nuevas técnicas de información en el campo de la historia (“una ciencia en crisis”), que en realidad no lo son del todo si se recuerda que “toda la historia precolonial andina fue una historia hablada”. Macera señala que esa rehabilitación de nuevas fuentes históricas, con el precedente de Luis Alberto Sánchez y Oviedo “inicia un género confidencial a mitad de camino entre el reportaje y los libros de memoria”. Frente a una grabadora, Basadre respondía las preguntas en dos o tres sesiones sobre el misma tema. No todo está en la publicación, la editorial las clasificó y redujo en seis secciones: – El oficio del historiador – Marxismo e historia – La acción política – Los intelectuales y su función social – El proceso histórico peruano. Si Macera eligió a Basadre no fue una arbitrariedad, fue porque “era el primero de los historiadores peruanos, estaba en plena producción y apartado de toda actividad política”. Formaba parte de los grandes intelectuales de ese momento como Luis E. Valcárcel, Raúl Porras, José Carlos Mariátegui y Sánchez. Macera resalta una originalidad de Basadre: “siempre reactualizaba su información y sus criterios de estudio”.

Nos interesa saber del oficio del historiador, que es la primera sección del libro, y del cómo llegó a serlo. En página 31, Basadre habla de Tacna, su familia, y su infancia. Nació en Tacna en 1903 durante la ocupación chilena. En una zona de minifundios y escasez de agua, precisa. Fue el menor de siete hermanos. Por el lado paterno, viene “de una familia enraizada allí desde hace muchos siglos”. Y por el lado de la madre, tiene antecedentes europeos. Su madre era “hija de un comerciante alemán y de una tacneña con orígenes locales desde el comienzo del siglo XIX y con ascendientes irlandeses y españoles”,  Olga Grohmann. En su casa, había una buena biblioteca, libros de literatura y de historia que fueron un refugio para el joven Basadre. “El goce de leer en cualquier momento lo que pertenece a uno, de abrir o cerrar libremente las páginas preferidas, de hallar compañía en lo que otros pensaron o dijeron es una voluptuosidad incomparable tanto en la primera juventud como en la vejez”. Su abuelo paterno había iniciado los estudios histórico-geográficos de Tacna y otro pariente, Modesto Basadre, había escrito mucho en los periódicos sobre la primera etapa del siglo XIX. Esta sería la raíz familiar de su vocación por la historia.

A los seis años, se muere su padre y la madre se hace cargo de todo. Pero ante las dificultades, se desarraigan y se van en 1912 a Lima. Su madre lo hace ingresar al Colegio Alemán “y no al de la Inmaculada o al de la Recoleta”. Y el último año de secundaria, en el Guadalupe. Ingresa a San Marcos en 1919, sustenta su tesis en 1927 y empieza a dictar un curso de “Historia del Perú, curso monográfico”. Al percatarse de que sus alumnos no tenían base de historia política, fue llevado a publicar parte de su tesis y sus nuevas investigaciones, en un libro titulado Iniciación de la República, en 1929 y 1930 (son dos volúmenes). Y en 1931 sale Perú: problema y posibilidad, un año antes de irse a Europa. En 1932, antes de la Alemania de Hitler, se va como estudiante libre del Instituto de Estudios Ibero-Americanos de Berlín y siguió un curso de Historia del Derecho. De Alemania, se va luego a España, muy disgustado por los acontecimientos en el Perú (el golpe de Sánchez Cerro), donde encuentra un trabajo en el Centro de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, cuyo jefe era José María Ots y que lo lleva a investigar en varios Archivos. Luego le dieron un cargo en el Instituto de Estudios Históricos de Madrid. En 1935 regresó al Perú y recuperó su cátedra, una vez reabierta la universidad que Sánchez Cerro había clausurado.

Nos importa mucho la formación de Basadre, gran patriota. Es muy saludable para un joven peruano irse a Europa para formarse, aprender la seriedad, la claridad, el rigor. No por ello perdió su amor al Perú. Basadre es un ejemplo entre otros. Sus escritos son llenos de verdades que resultan del sentido crítico del historiador. Aquí les traemos un extracto de la conversación grabada en 1973.

                                                           ***

Exif_JPEG_420

Los militarismos  (pp. 153-156)

-Jorge Basadre: A mí me parece que el militarismo nace en el Perú por varias causas. En primer lugar, la guerra de la Independencia, como decía antes, es muy larga. Se necesita crear la fuerza armada que va a destruir a quienes representaban al Rey de España. En segundo lugar, dadas las características especiales del Perú, el proceso de la Emancipación termina cuando en nuestro país hay tropas colombianas. Así que, inmediatamente después de la lucha con los españoles, se produce un fenómeno nacionalista anticolombiano que da lugar al derrumbe del régimen llamado vitalicio y de la Constitución vitalicia, y que, al mismo tiempo, obliga al retiro de las tropas colombianas, no solamente del Perú sino de Bolivia. El problema con este país sigue vivo durante muchos años, no obstante el hecho de que en 1873 se firma el tratado secreto de alianza. También me parece que el militarismo surge porque hay un gran vacío social. La aristocracia peruana no ha dirigido la última etapa de la revolución de la Independencia. La última etapa de la revolución de la Independencia ha estado en manos de Bolívar, de los colombianos; naturalmente con algunos auxiliares peruanos muy importantes: Sánchez Carrión, Unanue y otros; pero fundamentalmente, Bolívar y los colombianos. A la aristocracia colonial se le ha escapado el comando de la revolución. Las grandes figuras aristocráticas de la independencia terminaron en una posición inverosímil: Riva-Agüero buscando en vano una solución intermedia de acuerdo peruano-español que no era viable en ese momento, como no lo había sido cuando San Martín lo pretendió. Y Torre Tagle asilándose en Lima  según la tesis que él plantea– ante el peligro que presentaba la orden de fusilamiento dada por Bolívar, y amparándose así al lado de los españoles. El problema de Torre Tagle habría que discutirlo. Tanto Riva-Agüero como Torre Tagle están ausentes de las batallas de Ayacucho y de Junín o en los días que inmediatamente siguen a Ayacucho. A la aristocracia peruana se le ha escapado la revolución de la Independencia. La aristocracia peruana no ha comandado la revolución de la Independencia. Bolívar es el primero que comienza la tarea de deshacer a esa clase social. La ejecución de Juan de Berindoaga en la Plaza de Armas, no obstante todos los esfuerzos que hubo para salvar su vida, expresa claramente el deseo de Bolívar de humillar y dejar de lado a estos grandes señores limeños. Entonces, en ese vacío que no podía ser llenado por los ideólogos que pronunciaban discursos en las Asambleas Constituyentes, aparecen los militares vigorizados, repito, la duración larga de la guerra, por la actitud nacionalista frente a los colombianos y por el problema con Bolivia que ansía salir al mar por Arica. Al amparo de una serie de actitudes de orden personal, surge el caudillaje, que es como una especie de respuesta brutal, una especie de respuesta de hecho que la realidad ofrece a la teoría de las Constituciones formalmente copiadas de otros países. Este es el primer militarismo. Quienes lo conforman son todos combatientes de Ayacucho. El crepúsculo de este periodo aparece con la figura de Prado en el 65.

-Pablo Macera:  Ese es un militarismo después de la victoria.

Jorge Basadre: Sí y luego tenemos el militarismo después de la derrota, cuando ya el país está deshecho por los años que ha durado la guerra con Chile. Tras la destrucción del Estado, la única fuerza organizada es la fuerza militar, que en guerra civil prolonga la dolorosa etapa que implicó el conflicto con los chilenos.

Pablo Macera: Podríamos hablar entonces, por lo pronto, de dos militarismos; uno que llamaríamos el militarismo ayacuchano y otro que, si no fuera por Cáceres, podríamos llamar de Ancón. Pero quizás dentro de estos dos primeros militarismos cabría distinguir a su vez otros grupos. En el militarismo ayacuchano hubo diferencias entre hombres como, de un lado, Gamarra y Santa Cruz, que pienso coincidían en lo fundamental porque ambos querían la Confederación Perú-boliviana, solamente que cada uno de ellos pretendía comandarla, como usted ha dicho en su Historia de la República.

Jorge Basadre: La diferencia también existía en el hecho de que, para Gamarra, esta unión entre el Perú y Bolivia o, por lo menos, entre el Departamento de La Paz y el Perú, debería darse bajo el mando del Perú; y Santa cruz, que quiso ser Presidente del Perú en 1827 y no lo dejaron (por desgracia lo arrinconaron y no tuvo más remedio que aceptar la presidencia de Bolivia, donde dijo que él iba a hacer una Macedonia, del mismo modo como de Macedonia parte la unificación de Grecia clásica), Santa Cruz cree que de Bolivia puede partir la unificación natural entre el Alto y el Bajo Perú. Son esas dos las diferencias: primero la ambición personal y luego digamos el punto de partida para esta unión entre los dos Perúes.

Pablo Macera: Entonces podríamos incluso añadir otros grupos más. Siguiendo la metáfora de Santa Cruz, habría también un militarismo ateniense, representado por el mariscal napoleónico Vivanco, y dos hombres que necesitan un examen especial, que serían Salaverry, que en algún momento entusiasma a las juventudes liberales peruanas, y Castilla, el gran mito, a quien pienso yo que, como a otros mitos, cabe destruir o, por lo menos, reducir a su verdadera estatura.   […]

Publicado en El Montonero., 13 de febrero 2023

https://elmontonero.pe/columnas/basadre-y-macera-sobre-los-militarismos

Hemos perdido a un gran investigador

Written By: Hugo Neira - Feb• 06•23

Sigo lo que ocurre en el mundo político gracias a la tecnología. Me permite ver aunque esté lejos tanto las marchas en las calles de Lima como los bailes serranos por todas parte. Claro que no es lo mismo cuando se está en un país distinto. Pero he escuchado por largas horas los debates en el Congreso sobre el proyecto de elecciones anticipadas. Y supe de muchos otros acontecimientos. Ahora me ha llegado una noticia muy triste, la muerte de Francisco Durand.

Lo echaremos de menos.

Me gustaban mucho sus escritos, algunas veces nos habíamos encontrado en Lima. Pues bien así es la vida, y aunque no sea yo un filósofo, recuerdo del español Unamuno “el sentimiento trágico de la vida”. Cuando supe la noticia, no solo tuve pesadumbre por el amigo sino por lo que nos ha dicho, a todos los peruanos, sobre nuestros errores y vicios. Durand nos ha dicho cosas tremendas. Primero que nuestro querido Perú es el de tres economías: primero la formal, luego la informal, esa que se hace sin técnica o reglas, y la tercera, la delictiva. Cierto, ocurre en todas partes, en unos países más que en otros pero no en las proporciones que le tocan al Perú. Su texto El Perú fracturado: formalidad, informalidad y economía delictiva, me sigue siempre, es una edición del Fondo Editorial del Congreso, de 2007. También tuvo sus investigaciones con DESCO.

La muerte. Que impone el silencio. Hemos perdido a alguien que nos hablaba —un folleto, un libro, es eso— con el deseo de decir la verdad, de cómo vemos cada vez más recursos que podrían cambiar por completo la vida de los peruanos, pero para ello se necesita que los peruanos que admiran a otros países, en especial los de la Europa que hace tiempo entraron al mundo de la sociedad industrial, sigan sus pautas. Tienen una ética y no desnudan al fisco nacional para cambiar de vida. Se necesita pensar en otra forma de hacerse rico en el Perú.

El pueblo de abajo sabe que los de arriba les quitan, de ahí un desencuentro entre ricos y pobres.  Eso dio una serie de obras críticas. Más adelante les presentaré a Víctor Vich, como ya lo anuncié, y su libro El caníbal es el otro. Violencia y cultura en el Perú contemporáneo.  Que completa la serie mencionada en mi artículo anterior, Nuevos súbditos. Cinismo y perversión en la sociedad contemporánea, de Juan Carlos Ubilluz, junto con la tesis sobre la pendejada que todavía, por mi parte, no he terminado de leer. Es algo muy serio: en el mundo iberoamericano —o si quiere la América Latina—, cuando de estadísticas sobre confianza, civismo, comportamientos, de personas o de grupos, se trata, repetidas veces nuestro adolorido Perú sale como uno de los peores.

Como si fuera un ramo de flores, resulta que los peruanos son los que menos respeto tienen a las leyes y normas. “En un país como el Perú, donde existen leyes, normas y documentos hasta la saciedad, el problema no está en el cambio del texto, sino en hacerlo cumplir. (…) Si no se hace cumplir, no es falta del texto, sino de la incompetencia e inmadurez de la clase dirigente nacional que no sabe hacer frente a esa exigencia, y con el refuerzo de criminales y grupos al margen de la legalidad que medran de esta anarquía sin contrato social.” Opinión de Álvaro Zapatel, economista y especialista en políticas públicas, actualmente profesor en la Universidad Corporativa Intercorp en Madrid. Si Fernando Fuenzalida hubiese visto nuestro actual Estado y sociedad, hablaría estoy seguro de “la agonía del Estado-nación” para nuestra patria (es título de unos de sus últimos libros). Recordemos que Gonzalo Portocarrero había dicho: “Con los años, el mal ejemplo cundió hacia todos los sectores sociales. El abuso y la coima se democratizaron.

Publicado en El Montonero., 6 de febrero de 2023

https://elmontonero.pe/columnas/hemos-perdido-a-un-gran-investigador

Una mirada a la situación actual

Written By: Hugo Neira - Ene• 30•23

Un espacio para el amigo

He visto a Fernando Vivas en un programa de TV. Como siempre, lo vi claro, con opiniones razonadas. Últimamente no nos hemos encontrado pues ando fuera de Lima. En el set estaba con otras tres personas, pero no he logrado apuntar el nombre de cada una. No estuvieron el tiempo suficiente en pantalla y eso no está bien. Lima no es una aldea donde todos se conocen. No alcancé a apuntar los nombres asociados a las buenas ideas que escuché. Luego de averiguar, se trataba del programa “Cuatro a la N”, en Canal N, conducido por Gonzalo Prialé. Los otros invitados eran José Luis Gil, un coronel de la Policía en retiro, y el ingeniero Rómulo Mucho, experto en minas. Fernando, dijiste que “no hubo ni habrá toma de Lima pero persistirá una violencia que necesita una respuesta política”. Tuviste razón, no hubo toma de Lima. La respuesta política, en cambio, se ve difícil. Hay varios Perúes en marcha. La pasión por el conocimiento es nuestra primera actividad, pero en la mentalidad peruana, desgraciadamente, no es así como lo señalé en columna anterior. (Los peruanos saben, “del aire”. No leen.)

Nuestra sociedad

Para entender nuestra compleja sociedad, hay que conocerla. Varias veces en este portal les he mencionado una tesis sobre la pendejada que cualquiera puede encontrar en internet. (Cabe precisar que en el Perú, pendejada significa deshonestidad con éxito. Para los mexicanos, venezolanos y colombianos no es pícaro ni vivo. “No seas pendejo” es ponerse estúpido.) La tesis en cuestión es un trabajo de sociología del magister Humberto Porras, de San Marcos, que se titula “Estudiantes universitarios y cultura de la criollada” y fue dirigida por César Germaná. De hace trece años. El capítulo sobre la pendejada va de la página 19 a la 35. ¿Qué resalta? En página 16, lo siguiente: Según un sondeo del Instituto de Opinión Pública de la Universidad Católica, el 25% de los limeños cree que hay un escaso acatamiento a las leyes. Cuando se les pide que consideren el peor defecto de los peruanos, el 36% considera que es ser ‘criollo’ (tramposo), que busca el camino fácil, ‘una vara’; el 26% considera que el peor defecto es la impuntualidad. Un 89% considera que es muy difícil confiar en los demás. El 93% confía en su familia, el 70% confía en sus amigos y el 51% confía en sus vecinos. La encuesta explora también otros aspectos, como la pervivencia de prejuicios racistas, la tolerancia al otro, la aceptación de las reglas de la convivencia. Y lo relaciona con un artículo de El Comercio del 1° de junio del 2008 donde se menciona también que “los peruanos muestran poco respeto a las leyes y a las normas de convivencia”.

Otro autor y psicólogo, Jorge Yamamoto de la PUCP, en un artículo del 20 de octubre del 2018 dijo: Cuando un peruano tiene éxito, el otro peruano se siente miserable y alivia su infelicidad devaluando el mérito del otro con una sofisticada narrativa que entremezcla la verdad con la difamación: el raje. (…) Cuando al envidioso le toca el turno del éxito, el envidiado u otro peruano cercano le devolverá el favor practicando el deporte nacional del raje-macheteo. Esto crea un entorno egoísta, corta la ayuda mutua, motor del desarrollo y la felicidad, y degenera en el ‘animus jodendi’, o el hábito de fastidiar al otro, en buena o mala onda. Este afán de sabotear no se da en solitario. Las empresas, los ministerios y las asociaciones no son equipos articulados para beneficio de la organización, son argollas enfrentadas buscando el beneficio propio, el malestar de las otras argollas, sin importar que a la larga pierda la institución. El universitario, tras un estudio de investigación, precisa lo qué nos pasa: El problema está arraigado en uno de los niveles más profundos de la mentalidad de una nación: los valores. Los estudios de nuestro grupo de investigación en psicología social –conformado por psicólogos de la PUCP y de la consultora Bienestar y Productividad, de la cual soy fundador– encuentran en el Perú los valores de trabajo, ayuda y lealtad; a la vez, los antivalores de la envidia, el chisme y el egoísmo, ‘la tríada social del mal’.

Un tercer autor que ha escrito sobre la pendejada es Juan Carlos Ubilluz, en su libro Nuevos súbditos. Cinismo y perversión en la sociedad contemporánea (IEP, edición de 2006). Nos dice: “La pendejada divide el mundo entre pendejos y lornas” (p. 59) “Si bien el lorna es víctima del pendejo, no por ello aquel está fuera del sistema de la pendejada. (…) El lorna solamente es lorna en tanto que se esfuerza en pertenecer al grupo de pendejos. Si no se identificase con los ideales del grupo, el lorna permanecería para sus integrantes como un personaje distinto, extraño, indescifrable quizás” (p. 60). El molde de la sociedad criolla se ha reproducido en los medios populares. “La pendejada es el guion fantasmático en el cual los peruanos nos hemos objetivado —estancado— para responder a la angustiante pregunta ‘Qué quiere el Otro de mí’?” (p. 76).

En la vida peruana, la violencia y la cultura se mezclan. Seguiré con el tema y otros autores.

Publicado en El Montonero., 30 de enero de 2023

https://elmontonero.pe/columnas/una-mirada-a-la-situacion-actual

La historia de estos días

Written By: Hugo Neira - Ene• 23•23

Estos días estaba dispuesto a ocuparme de Víctor Vich y su brillante libro El caníbal es el otro cuando la quema de edificios en Lima me obligó a cambiar de texto. En verdad, si mi pluma es la de un estudioso de las ciencias sociales, habita en mí también el periodista que está obligado a ocuparse de lo que pasa en nuestra sociedad peruana. Y por los incendios del pasado 19 de enero en el Perú, se preocuparon unos periodistas españoles que me conocen del tiempo que era columnista en el diario Madrid, al final del periodo de Franco.

Conversé con los amigos y colegas de España. A sus preguntas, no respondí sin emociones y retomé lo que varios especialistas han llamado el “Perú fracturado”, que es título de un estudio de Francisco Durand. Según el investigador, la economía peruana es en realidad tres economías yuxtapuestas en distintos niveles, la formal, la informal y la delictiva. La formal es la de las empresas modernas que tributan. La informal, la de muchas pequeñas y microempresas, el esforzado peruano que vive de su negocio y sortea los obstáculos sustrayéndose a la legislación laboral y fiscal para sobrevivir. Y la delictiva que, como su nombre lo indica, se hace al margen de la ley y abarca el narcotráfico, el contrabando, las mafias de funcionarios, como en México. Lo delictivo es un fenómeno que afecta todo el territorio nacional, ciudades y provincias. La producción de coca se ha incrementado, en el Perú, desde los años 2000, por el Plan Colombia que trasladó la demanda a nuestro país, dice Durand. El mercado formal de la coca es muy pequeño y la producción recae en Enaco (Empresa Nacional de la Coca). Según el FONAFE (Fondo Nacional de Financiamiento de la Actividad Empresarial del Estado), que la controla, si se acabara con la producción ilícita, unas 100 mil familias de cuatro personas en promedio perderían su trabajo (cifras de hace quince años de Durand). Ahora el Observatorio Peruano de Drogas estima la producción global en 146 mil toneladas, y solo el 8% tiene un destino industrial o legal. Los carteles de la droga se expandieron, y prosperan a semejanza de las multinacionales.

Cuando los funcionarios públicos, al poco tiempo de ser nombrados o de asumir un cargo, se hacen ricos de la noche a la mañana, la anguria de plata fácil lleva la clase media, los trabajadores y el pueblo mismo a no tener confianza alguna en el Estado peruano. La crisis de confianza se ha agudizado desde el año 2016, al punto de tener en seis años seis presidentes, una enorme inestabilidad que impide atender las demandas sociales o gremiales y agudiza los conflictos. En El País del 20 de diciembre, el periodista Renzo Gómez dedicó su columna a “Los 10 presidentes del declive de la política peruana”. De ellos “solo tres y que fueron de transición no se han visto salpicados por corrupción” en los últimos tres decenios. Desde Alberto Fujimori, el político que derrotó a Mario Vargas Llosa y autor del autogolpe de 1992, que disuelve el Congreso de la República. Reelegido, termina yéndose del país y renuncia a distancia. Asume el poder Valentín Paniagua por ocho meses. Le sigue Alejandro Toledo por cinco años, y se le descubre mucho después los sobornos de Odebrecht, la constructora brasileña que regalaba millones a cambio de licitaciones. Seguirán por cinco años Alan García y Ollanta Humala, y luego Pedro Pablo Kuczynski, que renuncia. Siguen Martín Vizcarra, Manuel Merino y Francisco Sagasti, interinos todos, y asume Pedro Castillo por cinco años, sin preparación para estar al mando del Estado, hasta su autogolpe fallido del 7 de diciembre. Duró apenas 17 meses y tuvo 78 ministros. “Hoy en prisión preventiva, acusado de rebelión y conspiración”, precisa el articulista. Dina Boluarte asumió la sucesión constitucional.Asume en un país convulsionado, con protestas en su contra en las provincias y en la capital.

¿Perú republicano? Más bien Perú poscolonial. Todo lo que ha ocurrido en los últimos dos años —corrupción de personajes sin experiencia alguna ni potencial para dirigir el Estado, sociedad de culturas y pueblos variados desarticulada—, nunca en la larga historia de la política peruana tanta distancia se había hecho visible. Ya no hay partidos políticos, es un declive jamás visto. Es difícil encontrar ciudadanos y que no terminen en la cárcel. ¿Qué hacer? Varias reformas.

Deberíamos hacer lo que ha hecho Brasil, el país más grande de Sudamérica. Su ciudad más poblada es Sao Paulo, pero su capital es Brasilia, una región poblada por indígenas. Lima es todo lo contrario. Las regiones y ciudades medianas del país no admiten a Lima como su capital porque la ven más bien española o extranjera pese a la migración interna. Tengo a la mano el libro del geógrafo francés, Olivier Dollfus, sobre el Perú, de 1983 (Le Pérou, PUF, París). Gran viajero, retomo su primera frase: “Perú, tierra de contrastes”. Y luego “de contrastes muy grandes dentro de la misma ciudad de Lima, que reflejan situaciones sociales y económicas muy diferenciadas: lujosas casas rodeadas de jardines, manzanas de edificios para clases medias y barriadas que no cesan de crecer desde hace más de medio siglo.” Dedica los capítulos II y III a “la explotación, ocupación y uso del espacio” y la “historia de las grandes etapas de la ocupación del espacio”. No planificamos. Si tuviéramos una Brasilia peruana, o sea una ciudad administrativa que concentra las finanzas, las grandes empresas, las instituciones nacionales, no habría la pesadilla de los incendios provocados que arruinan vidas de residentes.

Otro problema muy serio que tiene la sociedad peruana es su sistema de Educación. No me cansaré de repetirlo. Yo estudié de joven en un colegio estatal y era muy bueno. Tuve una secundaria excelente que las últimas generaciones de peruanos no han conocido. Gracias a la buena secundaria pude estudiar en San Marcos, nos habían enseñado la historia peruana y universal, la gramática, la lógica, a redactar, a razonar. Esto ha desaparecido haciendo un daño terrible al país, que pagamos muy caro. Por un lado, tenemos en la educación superior estudiantes que no tuvieron clases de lógica, lenguaje, literatura, historia, que son asignaturas fundamentales para los hombres de ley, y los estudios sobre la sociedad como sociología, psicología. Por el otro, la penosa secundaria peruana no forma al pueblo. Nuestra sociedad tiene millones de personas que se creen ciudadanos. Ahora bien, no hay democracia posible para los que no entienden lo que leen, no han sido educados para hacerla posible. Desde los griegos, no hay democracia sin reglas previas para vivir juntos y que se cumplen. Hasta en el periodo precolonial, las distintas culturas tenían sus propios sistemas de organización (idioma, comunicación, administración) para poder desarrollarse.

Pero sabemos que Perú son varias culturas y no una sola, la andina y la criolla han permanecido separadas aun en los tiempos de la república, prolongando el sistema de dominación, y es tremendo. Hasta de la errancia hemos excluido a los pueblos indios, es el inicio de un libro que estoy preparando. En la cultura hemos excluido a los pueblos indígenas. Un recalcitrante estereotipo persiste en verlos como pegados a la tierra, sedentarios, pese a que en los decenios finales del siglo XX peruano tomaron las ciudades andinas y costeñas (“las ojotas porfiadas” de las que hablara Jorge Basadre). La gran migración del campo a la ciudad, espectacular en el caso del Perú, no despertó de su somnolencia a los investigadores. Acaso las espléndidas páginas de Riva-Agüero ligan en exceso al hombre con el paisaje, como si este fuese solo naturaleza y no, en gran parte, historia, novedad, desde que llegara la oveja, las aves de corral, y las campanas de las iglesias de aldeas (que también vinieron de fuera). La errancia es geografía cambiante y excepcional aventura. Y en el fondo de los tiempos, hubo otros éxodos, otras migraciones.

En fin, me parecería un gran paso si hubiera una universidad para los hijos del mundo andino, del mundo quechuahablante que les enseñara el castellano, a ser bilingües. Con solo el quechua, pierden la posibilidad de formar parte de los 600 millones de hispanohablantes. De formar parte de algo más global, una lengua internacional.

Por lo demás, a la gente que me lee le digo que no se confunda. Yo no estoy de acuerdo con que después de cinco siglos de brutalidad y dominación, los indígenas sean hoy las “aristocracias” que tuvieron durante el virreinato. Nada ganamos pasando de un sistema abusivo al otro. No soy partidario de un Perú o de otros países andinos formados en torno a lo étnico como en otros tiempos lejanos. Todos los peruanos, sin importar su origen o condición de inmigrado (los que vinieron del África, China, Japón), deben respetarse y tratarse fraternamente en sociedades modernas donde somos iguales y libres por el imperio de la ley. Todo ser humano tiene una moral que va evolucionando con las etapas que al hombre le ha tocado vivir. No podemos desear infiernos que ya desaparecieron. ¿Por qué atacar y destruir una pieza de arte, un inmueble de estilo de los años veinte en el Cercado de Lima? Lo que se ha hecho nos deja como un país de salvajes. Hoy en día todo se sabe, ese incendio por gusto, a un paso de una conocida plaza pública, nos deja muy mal. ¿Quién va a invertir en un país donde la gente quema su propia ciudad? Un récord de salvajismo del que no será fácil olvidarse.

Casa Marcionelli antes y después - Infobae

Publicado en El Montonero., 23 de enero de 2023

https://www.elmontonero.pe/columnas/la-historia-de-estos-dias

Cómo era nuestra patria 20 años atrás

Written By: Hugo Neira - Ene• 16•23

Comenzaba a descomponerse. Desde entonces, estar de acuerdo es muy difícil.

Escribir sobre política es una apuesta imposible decía Pascal. El filósofo llegaría a esa metáfora extrema al notar que unos y otros se tomaban por emperadores o reyes. En su contexto, es decir en 1742, eso quería decir gentes que no dudaban. Sin embargo, frente a nuestras enormes desgracias individuales y colectivas, muertos en Puno, sucesos en Barranca, el riesgo de los unos y la responsabilidad de los otros, ocurre que sí, que dudamos. La opinión pública, a juzgar por las encuestas, es matizada, a menudo encontrada, pero si no resulta muy lógica, en cambio expresa la virtud de la incertidumbre. Por mi parte no he tenido empacho, a menudo, de ir a contracorriente, pero esta vez me inscribo en esos remolinos de dudas. Todavía no había visto otras sociedades.

¿Quién está en el secreto de los dioses para saber a ciencia cierta lo que está pasando? Nadie, ni en la inteligencia militar ni en salas de redacción, y aunque los congresistas han escuchado el informe del ministro Loret de Mola con razón secreto, no creo que las tengan claras, ni siquiera los probables comandos de la sombra —no nos chupemos el dedo— que están tras las legítimas protestas de maestros pésimamente pagados, y agricultores y empleados de salud y personal de justicia. Esos sectores de Estado que sin ellos no hay Estado. Y no hablemos de una policía nacional que tiene que comprarse sus propios uniformes. El cuadro es patético, como si a todos se les escapase la situación, a Palacio y a los “lobbies” del terror, al gobierno que quiere gobernar y a la oposición política que calcula sus ganancias mientras el país se hace trizas. Decir que el clima es de suicidio tampoco nos avanza mucho, pero igual lo digo. Como si no bastara la amarga experiencia, los decenios de intis devaluados y el fujimorismo de tirano sonriente, con resignada dulzura mi país intenta volverse otra vez una suerte de sudamericana República de Weimar. El antecedente de una frívola Alemania que por los años veinte desperdició su democracia, tiene la ejemplaridad de los grandes malos ejemplos que se repiten. Paradigma de cómo los pueblos se sabotean a sí mismos. Ya ha pasado en otros lugares, ya nos ha pasado, y es así como nos veremos dentro de unos años, mirando hacia atrás con ira, percibiendo la tenacidad de nuestros prejuicios. De cómo volvemos tirano a todo gobierno.

Pero menos mal la incertidumbre no es parálisis. Una inmensa mayoría aprueba la protesta y, a la vez, por contradictorio que sea, las medidas de urgencia. Están por los reclamos y a la vez por el libre tránsito. Sin duda las respuestas de los encuestados no son muy coherentes, pero acaso expresan la complejidad de la situación pues mientras se escribe esta crónica, Loret de Mola dice que a los soldados los sitiaron en Puno y Javier Diez Canseco recoge otra versión, el Sutep multiplica las manifestaciones. No falta quien sostiene que no era urgente declarar el país en emergencia. ¿Así? ¿Y los 61 puntos de ruptura de vías de tránsito? Sin soldados y con policías en huelga ¿cómo habría evolucionado la cosa? Escucho la argumentación contraria, nada prueba que las tropas de urgencia calmen el juego. Nada en efecto. Pero ante situaciones de extremo, y la presente lo es, no hay sino dos lógicas. La de “la convicción” es una. En efecto ¿quién puede estar a favor de servirse de la violencia de Estado, por legítima que fuera? Pero desde Hans Jonas (1903-1993), a lo largo del siglo XX, cabe invocar otra, la del “principio de responsabilidad”. O sea, aplicado a nuestros dolores presentes ¿qué pasaría sin el Estado de Emergencia? Las cosas se asemejan a algo nuevo, no a una revolución, sino a una situación de desplome interno, de implosión social. Entretanto, a Bedoya lo llevan al ex San Jorge, declaran contumaz al ex fiscal Aljovín, como si la aceleración de la lucha anticorrupción tuviera algo que ver con la actividad del enigmático “polo” que siembra las públicas desgracias que comentamos. Como si hubiera varias películas en una, un teatro de múltiples escenas. Por lo demás, Fujimori se llevó consigo el capital de confianza que une, en principio, gobernantes y gobernados y, así, el Estado de emergencia tarda en acatarse. Por cierto, el problema de fondo no se arregla con abrir carreteras o despejar escuelas vacías, no se necesita ser muy zahorí para afirmarlo. Pero ante al Estado enfermo, colapsado, lo urgente fue llevarlo a urgencias y no comenzar a recriminarlo si estaba obeso o fumaba en exceso. Después del marcapasos, vienen las dietas. Si hay después. Tendrá que haberlo, una aplastante mayoría de peruanos piensa, pese a todo, como un texto de Rousseau que nadie les enseñó «la democracia es una aventura, pero yo prefiero —decía— una libertad peligrosa a una esclavitud tranquila. En El contrato social, libro I, III; capítulo IV.

(Columna mía publicada en La República del 31 de mayo del 2003 y titulada “República de Weimar”)

                                                                       ***

Mal que bien, andamos en democracia, aunque a trompicones, con mínimos de aceptación para Congreso y congresistas, ministros y clase política y devaluado Presidente, pero en fin, ahí vamos. Reforma de la Justicia, Comisión de la Verdad, a trancas y barrancas. Incluso hasta recibimos Jefes de Estado como Lula. Hay prensa libre, mass media, universidades. Todo muy bonito, precioso, rodando hacia el 2006. Solamente este cronista hace esta pregunta: ¿con qué ciudadanos? No hablo de militancia ni de partidos políticos, sino de otra cosa. […]

En Tumbes hallé una abandonada biblioteca municipal, no llega un solo libro de Lima desde hace treinta años. Además me contaron que no sé qué embajada —si Italia o España—, les había regalado una computadora, pero una “autoridad” se la llevó a su oficina para otros menesteres, y luego a su casa. Tal como. “No vienen alumnos” me explican. ¿Para qué van a leer? Multiple choice. Contestan con una aspita, y aprueban. […]

Desculturización, pues, a toda máquina, y no me vengan con que “la cuestión económica”. Se gasta más en chelas. El hábito de informarse ha desaparecido de las costumbres. ¿Democracia sin ciudadanos? Pobre Rousseau, en un país voluntariamente ágrafo. “Hay mucho periódico”, me argumenta alguno, en plan de queja. Claro, en la educación que un peruano recibe (salvo en las universidades de copete) no se le entrena en el cotejo de fuentes contradictorias, a sopesar argumentos, a formarse una opinión propia. No, millones de futuros votantes han sido deformados por el multiple choice. La aspita y ya está. Bacán, light, moderno. Pobre Sartori, con su idea de “la democracia régimen difícil que necesita de la inteligencia y la mentalidad lógica de los ciudadanos”. El caso es que todos en el Perú “saben”. En efecto en provincias me decían, enteradísimos, “que si Toledo, que si García, que si Lourdes o Paniagua, que si la CVR”… Socráticamente, y armado de paciencia, me dediqué a preguntar: ¿cómo lo sabe? Ni una sola vez alguien me mencionó diario, revista, informe o fuente alguna.  Simplemente “saben”. Así, del aire. Cuando volví a Lima, el taxista que me recogió era también de lo que ya «sabían». Y votará. Por Fujimori. 

(Otra columna mía publicada en La República del 28 de agosto del 2003. Su título: “¿Con qué ciudadanos?”)

La mentalidad de los peruanos es compleja. Porque en gran parte provienen de distintas regiones e ideologías. No hay una conciencia sino diversas. Explicar los diferentes grupos, las colectividades, es explicar un fenómeno a la vez político y psicológico cuyas raíces son múltiples. Pero entender las masas, cómo se tratan los peruanos entre sí, lo dejamos para otro ensayo, para el próximo artículo. No será solamente mi opinión sino los estudios de otros investigadores. Es conocido el dicho “el peor enemigo de un peruano es otro peruano”.

Publicado en El Montonero., 16 de enero de 2023

https://www.elmontonero.pe/columnas/como-era-nuestra-patria-20-anos-atras