Algo de Castoriadis nos vendría bien

Written By: Hugo Neira - Abr• 17•23

La vasta obra filosófica de Cornelius Castoriadis se encuentra traducida al castellano y es fácil encontrarla. Invito al lector a conocerla. Lo que ha tenido menos divulgación son sus textos que salieron en la revista francesa Socialisme ou Barbarie, de corte político. Escribo esta columna desde el extranjero.

Según Castoriadis, las sociedades pueden diferir en su imaginario social pero no se pueden lograr sin vencer la barbarie. Quisiéramos tener en el Perú un filósofo que entendiera el nuestro. Pero por desgracia no es así.  Me da una gran pena decir lo que sigue. Somos un país fragmentado con un imaginario social problemático. Somos muy pocos los que reconocemos esa situación para poder superarla, pero citaré unos cuatro autores que siempre tengo a la mano. Me refiero a los investigadores Jorge Yamamoto, que ha escrito mucho sobre la felicidad, Víctor Vich (El caníbal es el otro), Juan Carlos Ubilluz (Nuevos súbditos. Cinismo y perversión en la sociedad contemporánea), Cristóbal Aljovín y Marlene Castillo, Visión del Perú: historia y perspectivas). Me detendré en un artículo reciente que es de Jorge Yamamoto, del 20 de octubre del 2010, en El Comercio: «Cuando un peruano tiene éxito, el otro peruano se siente miserable y alivia su infelicidad devaluando el mérito del otro» (…) «El peor enemigo de un peruano… no es otro peruano. Somos buenos amigos, mejores familiares, solidarios, alegres, generosos. El problema comienza cuando nos hacemos favores, pequeños o grandes, dentro o fuera de la ley; cuando lo hacemos con solo aquellos que forman parte de nuestra argolla, a nuestros ‘hermanitos’, sin pensar si es justo para los otros, sin reflexionar si con eso se arruina a un gran país. El problema está arraigado en uno de los niveles más profundos de la mentalidad de una nación: los valores.» Para Yamamoto, un revólver no es necesario, más sencillo es la «difamación por el raje», o «el hábito de fastidiar al otro, en buena o mala onda». Es tan visible esa situación y podemos explicarla por tener una ‘sociedad incivil’, título de otro libro que también tengo siempre a la mano. El investigador Yamamoto dice que la «infeliz capacidad destructiva de la tríada social del mal —envidia, chisme, egoísmo—» va muy lejos, hasta conseguir un truco de magia negra, pagando la cantidad necesaria a los ‘maleros’, para dañar al otro. Se funda en una tesis, de Walter Pachas, sobre el tema. Todo esto nos aleja de la civilización.

Originalmente, los seres humanos se unieron en lo que llamamos la tribu. Cuando llegaron a construir ciudades, pasaron a la sociedad, sometiéndose para ello a una organización y reglas comunes en varios ámbitos. Pero por lo visto no hemos conseguido dar ese salto. Yamamoto de nuevo: «cuando un huanca progresa, el otro huanca lo envidia y se siente infeliz».  Volviendo a Castoriadis,  la sociedad se auto-instituye, hay imaginarios que hacen las sociedades más o menos democráticas. El político, el que tiene que ver con el poder, existe en todas las sociedades pero la política, la verdadera, resulta de un campo social-histórico que es frágil. La institución, la suma total de las instituciones particulares, representa la «institución de la sociedad como todo». La civilización no es solamente la civilidad sino también el peligro de la corrupción como uno de los peores malos del país. Todo debería partir de una educación desde la primaria en valores, y de tener presente que para ser feliz en una sociedad no puede estar ausente la conciencia moral, la empatía y el respeto por el otro, como dice Castoriadis. Con la delincuencia y la mentira no se produce una sociedad feliz. Tampoco se puede formar una nación sin el respeto por el otro.

Publicado en El Montonero., 17 de abril de 2023

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La mentalidad tridentina y sus herederos actuales

Written By: Hugo Neira - Abr• 10•23

Nosotros, los peruanos, no fuimos parte de las guerras de religión europeas pero sí de sus consecuencias. Tuvimos el catolicismo no solo de los conquistadores o misioneros franciscanos y dominicos sino de la Iglesia renovada por el Concilio de Trento. De 1545 a 1563, el más largo de la historia, que fue convocado por el emperador Carlos V, y cuyas repercusiones en las Indias son decisivas. No tuvimos debates con los protestantes y otros reformistas cristianos. Las Indias —ese era nuestro nombre y estatus— fueron preservadas de esos combates y violencias, sin embargo, eso significó el aislamiento ante un debate que comprometía Iglesia y Estado y, en consecuencia, el nacimiento del Estado Moderno. En Europa, no en España ni en América española. Tuvimos un catolicismo especial. Poco se habla del Real Patronato. Sin embargo, en Wikipedia está al alcance hasta del más lego: “El Patronato regio consistió en el conjunto de privilegios y facultades especiales que los Papas concedieron a los reyes de distintas monarquías europeas del Antiguo Régimen y que les permitían elegir directamente, en sustitución de las autoridades eclesiásticas, a determinadas personas que fueran a ocupar cargos vinculados a la Iglesia Católica”. En pocas palabras, los obispos los nombraba el poder real, el Estado.

Tuvimos un catolicismo estatal. Solo comparable al de los popes rusos al servicio de los zares. Tuvimos una Iglesia Católica de la Contrarreforma. Es decir, bajo el poder de los reyes Austria, profundamente hostil a la modernidad. Crecimos en el vientre de un Imperio reaccionario y que defendía una heterodoxia. Durante tres siglos, las ideas dominantes eran absolutamente la verdad revelada y no eran materia de discusión.

Todo el tema se reduce a esta pregunta: ¿la Independencia en 1821-24 significa una ruptura de hábitos ortodoxos? La respuesta es no. La mentalidad tridentina, es decir, la intolerancia con los disidentes se traslada a la arena republicana y al debate político. Nuestros liberales eran tan intransigentes como sus opositores. San Martín y Bolívar no pudieron entenderse. Ni los caudillos. Nacimos doctrinarios, dogmáticos, e intolerantes. Pero lo que es virtud en teología resulta defecto en la vida política. Se explica nuestro horror al pacto, al acuerdo, a las alianzas. El horror a la política proviene de que la mentalidad tridentina —que en los ciclos coloniales sin política era religiosa— hoy es política de gente sin sotana. Se hacen laicos, pero no lo son, porque ignoran el sentido y la práctica del pluralismo. No hemos ni retrocedido ni progresado. Seguimos siendo una sociedad premoderna. Solo algunos tienen el monopolio de la verdad. A los otros hay que exterminarlos. Pero como no se puede matar al otro, se recomienda “la muerte civil”.

Somos parte de una Contrarreforma que no cesa. (Y ese somos, es de un plebeyo, no el de un hijo de papá.) Pero esta vez la culpa no se la podemos atribuir a la Iglesia Católica, cuyo proceso de renovación es evidente en el siglo XX, entre ello, Vaticano II. La “Iglesia” no es la que porta las feroces ideologías en nuestros días. Al clero negro lo reemplaza el clero rojo. Y estos no tienen púlpito, pero sí cátedra. Ellos son la colonia prolongada. Y seguimos siendo víctimas de alguna forma de poder eclesiástico que se hace pasar por civil. Cierto es, tenemos universidades, pero en el sílabo de los estudios que imparten, jamás hay adversarios. Sus coloquios son cerrados. El universitas como espíritu estuvo mejor practicado en la universidad colonial porque, al menos ahí, hubo espíritus más abiertos. En el virreinato, la Inquisición y el Convictorio de San Carlos estaban separados. Hoy, Inquisición y los dueños de las aulas son los mismos.

Una dominación eclesiástica sin que los que la portan lleven hábitos religiosos, en el fondo, son una ortodoxia. Muy especial, muy sui géneris, muy peruana. Su dominio parecería ser el del campo intelectual, pero este resulta más ancho que sus acólitos. Después de Mariátegui y de Flores Galindo su contribución no rebasa los límites del país, a veces no sobrepasa los de un conocido fundo legado por un conservador rico, sin pensar que ahí se iba a construir una suerte de mezquita. Su influencia es más bien sobre los hábitos mentales, las formas de discurrir, sobre dicotomías. La mentalidad tridentina que no se inclina por el análisis social —tendría que reconocer la existencia del otro— sino por la exclusión en nombre de principios morales (lo que recuerda asombrosamente a los púlpitos coloniales), se une a otra cosa. El habitus. Sí, el concepto de Bourdieu. “El conjunto de disposiciones durables, generadoras de prácticas y de representación, adquiridas en la historia de los individuos, en su infancia, en el hogar, la familia y, sobre todo, el tipo de escuela”. Son una suerte de clase de dominados (no son los más ricos) pero a su vez, dominadores. Quitan y ponen candidatos.

Cuenta en esta clase dominada/dominante las relaciones personales entre gente que ha hecho los mismos estudios en escuelas privadas y se conocen de toda la vida. Papel fundamental en el habitus, la educación. Estamos hablando de la lógica social que conduce a elegir una escuela privada, y en ellas, algunas de preferencia. El gasto escolar atiende a que en ciertos colegios se enseña mejor pero también a que los vástagos tengan amigos en esos establecimientos donde la clase dominante coloca a sus infantes para continuar, mancomunadamente, más tarde, los inmerecidos privilegios de siempre. La matrícula es una inversión que prepara el ingreso futuro a los grandes negocios corporativos, clubes sociales y otros espacios del poder de cleptoplutocracias. En nuestro país, la distribución de desigualdades arranca en una selección darwiniana que se inicia en las aulas. «Todas las sociedades tienen sus reglas secretas y no aman que se las descubran» (Castoriadis).  En fin, los malos colegios estatales son una plaga, los han vuelto lo que son, y ahí se finge una educación que no imparten. Los colegios para vástagos de familias adineradas son otra plaga, sin duda distinta. Pero ambas se construyen sobre principios que coinciden en la no educación.

En el Perú pesan con exceso “las religiones políticas”. Un concepto tomado del filósofo Eric Voegelin (1901-1985). No tal o cual filosofía política y programas de los partidos sino prácticas y rituales que son lo contrario de lo público, son sectarios. Grupitos, muy autosatisfechos. Creyendo que entramos a la Modernidad, en realidad nada más cercano a la extirpación de idolatrías que el debate público en Perú. Los censores no se han ido. La mentalidad trinitaria estrecha el campo del debate político y de ideas. Las sociedades industriales se sacudieron de una herencia absolutista aceptando lo que Weber llama “el politeísmo de los valores”, pero no en Sudamérica. El abandono de una tradición absolutista que, quiérase o no, proviene del fondo católico, nos es hasta ahora extraño. La consecuencia la sabemos todos. Nuestras sociedades tienden políticamente a generar corrientes raigalmente sectarias. La Iglesia es muy respetable. También el mundo intelectual, tengan las ideas que tengan. Lo que estoy señalando es una confusión de roles. Como lo tridentino baña a unos y otros, el resultado es confuso. Los intelectuales parecen hombres de religión. Y los hombres de religión, parecen políticos. No tiene nada de malo pero el pueblo de fieles no elige sus obispos. Hay una disimetría. Y eso, entonces, no es democrático.

Falta el demos al que aludía Mariátegui hace casi un siglo. Un demos, no lo constituye la turba, la multitud, sino gente popular bien formada y la conciencia de clase. Pero también se hace notoria la crisis de las elites. Si alguien corre el riesgo de la excelencia, lo más probable es que termine por partir. El Perú tiene una extraordinaria capacidad para deshacerse de sus mejores hijos. La errancia es el deporte nacional de científicos y profesionales. Los que se quedan, en la ausencia de los mejores, se sienten de lo más contentos. Nuestro es el Reino, nuestro el poder. Sí pues, Dios es peruano. Se premia a los peores. Esta selección al revés daña todo. Es el gran mal peruano, los inconformes y rebeldes no tienen más remedio que callar o partir. Nadie se extraña, pues, que se continúe la cadena eterna de grupos de poder.

Pasan los decenios, los siglos, y realmente no pasa gran cosa. Hay algo que permanece, un rasgo, los elementos de irracionalidad que garanticen que, en el peor de los casos, las reformas o revoluciones, las encabece alguien que forma parte de las elites dominantes. ¿O acaso no siguen buscando guías dogmáticos que ya conocen? Siempre alguien ya visto. “Uno de los nuestros”. Son un club, más cerrado que el Club Nacional.   

Publicado en El Montonero., 10 de abril de 2023

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La fascinante historia colectiva de los españoles

Written By: Hugo Neira - Abr• 03•23

La historia de España o, mejor dicho, de las Españas o de los españoles, es tan fascinante que el libro que debemos a unos universitarios franceses de Tolosa, Histoire des espagnols. VI-XXe siècle, publicado en 1985, fue traducido al castellano y publicado cuatro años después por Crítica. Lo que se propusieron fue estudiar el destino colectivo de un pueblo que no tuvo rupturas sino metamorfosis durante un milenio y medio, desde que nació una conciencia hispánica, por muy frágil que estuviera en los inicios, y que vino con la incursión de los visigodos (estimados entre 70 y 200 mil en el origen), los que llamamos bárbaros. Y centrándose en las vidas de la gente, desde el modo de vivir hasta las luchas y desafíos de cada época, especialmente de cada generación, poniendo menos énfasis en las instituciones.

Con la llegada de los godos, se dejaron de lado las escasas reglas romanas, el vacío de poder, y se instala una monarquía que tiene subordinada a la Iglesia. El reino tiene sus bases frágiles, con un sistema político dictatorial y una crisis profunda del régimen esclavista que pone en cuestión la misma dominación goda, y trae una represión feroz y el antisemitismo. Pocos años después, la península conocerá la invasión árabe, en 711. Tres religiones, tres culturas, cristianos, musulmanes y judíos, van a coexistir durante siglos. Solo la España húmeda y montañosa, en los Cantábricos, escapa a los conquistadores del Islam que tuvieron el talento de no imponerse del todo. En algunas villas firmaron unas capitulaciones, o acuerdos que permitían a los cristianos seguir practicando su culto e incluso sus obispos. Poco después, los cristianos del norte libres empiezan un movimiento de Reconquista. ¿Por qué se produce? Al parecer, algunos califas lanzaron expediciones devastadoras. Luego aparecen luchas por el poder, un periodo caótico, reinos de taifas, que pasará a la historia como signo de descomposición. La España cristiana comienza a crecer desde el siglo XIII. Extiende mucho su territorio, y ante las nuevas tierras, unas son dadas a señorías, es decir a nobles que han sido los compañeros de armas de las órdenes militares. Otras van al pueblo mismo, ora como comunidades, ora como “villas libres”, con un concepto plebeyo y jurídico, los fueros.  La Reconquista, sin embargo, no logra restaurar la unidad hispana perdida, solo su conciencia común. Durante su proceso y por el frente permanente de guerra, varios reinos habían aparecido. Se hablaba de los cinco reinos de Iberia, Portugal, Castilla y León, Navarra, Aragón. Ese frente representaba una “frontera” que atraía a los guerreros móviles que podían ascender rápido defendiéndola.

Desde los Reyes Católicos —el magnífico momento de la unión entre Isabel la Católica y Fernando de Aragón, 1469—, los autores han podido apreciar que las grandes mutaciones de España se hicieron al paso de las generaciones. Hispania albergó el Califato de Córdoba (929-1031) o al-Ándalus, el apogeo del islam andaluz, que contaba con un Estado estructurado, sistema que traerá estabilidad a lo largo del tiempo, a diferencia de la parte cristiana. Al-Ándalus caerá en las guerras de la Reconquista que duraron casi ocho siglos. Con los Reyes Católicos, se reunifica España y desaparece el último reino musulmán en 1492 con la caída de Granada. Las guerras peninsulares habían preparado la Conquista de América, que fue lograda con muy pocos hombres. Los conquistadores no eran soldados profesionales por la simple razón que no era posible distinguir entre civil y soldado en una sociedad como la española que estuvo en guerra civil tantos siglos, en contra de otros españoles que eran islámicos. Y también recurrieron a ideas pactistas, pactos que habían permitido a Isabel la Católica, además de movilizar a tres ejércitos, lograr la caída de Granada. Con los Reyes Católicos, se inventa en España una estructura aristocrática.

Con ellos, se acabó la España medieval, un país de fronteras internas. En su momento más poderoso, es un Imperio gobernado por la Casa de los Habsburgo y Carlos V. En realidad, contaba una treintena de Estados, y “la mitad del mundo”, como lo escribió Ramón Tamames (La mitad del mundo que fue de España, Espasa, 2021). Desde México y Perú del otro lado del océano hasta los Países Bajos e Italia. Un imperio multinacional. Acaso en nuestro tiempo no hay una sola España, son las Españas, las autonomías: Castilla, Cataluña, País Vasco, etc. y las zonas donde vivieron largo tiempo los moros, como Andalucía. Los Reyes Católicos, fundados en un acuerdo personal y dinástico, se afirman por encima de los estamentos sociales. A las Cortes de Toledo, las reorganizan. Durante la Reconquista, la nobleza había jugado un gran papel, pero con Isabel y Fernando, se vuelve una rueda más. Un Consejo permanente la reduce a tres caballeros, ocho o nueve letrados, varios juristas (por lo general opuestos a la nobleza) y la presidencia a un prelado. El Estado español que está surgiendo —aunque no se llame así en ese preciso momento— tiene operadores políticos. El término por supuesto es de nuestro tiempo, pero el rol en la época es el mismo, los pesquisidores, los corregidores, los que presiden los debates en apariencia muy democráticos de las municipalidades. Las hermandades. Una de ellas se va a hacer célebre, muy conocida, la Santa Hermandad. O sea, la Inquisición. En los inicios, un tribunal eclesiástico sometido a la autoridad del Papa. Pero Isabel consigue que el inquisidor general, a la cabeza de la institución, sea nombrado por los reyes. Y el Papa aprueba. Desde ese instante, la Inquisición pasa a estar al servicio del Estado. Esa institución pasa a América. Y la propia Iglesia queda supeditada a la Corona, con el Real Patronato.

La “reconquista”, pues, había preparado a los castellanos a enfrentar culturas distintas. No solo en el campo de batalla sino para entenderlas. Asturianos, castellanos, andaluces, aragoneses, vascos, acaso un tanto menos gallegos y catalanes, habían vivido y convivido con unos pueblos distintos durante siglos. Con judíos y con islámicos. Habían tenido, ante los turcos, una experiencia multicultural que acaso solo en la Europa de los Balcanes se había conocido. La población, poco a poco, se acostumbró a cambiar a menudo de señores. A los pueblos cristianos de campesinos sedentarios que preferían pagar impuestos a los reyes islámicos se les llamó mozárabes. Y los que prefirieron no abandonar tierra ni hogar y admitir algún señor cristiano, se les llamó moriscos. España y las Españas. Es título de un libro de Luis González Antón (Alianza Editorial, 1997).El plural permite definir mejor la tensión cada vez más fuerte entre el sentimiento de pertenencia nacional y las diferencias territoriales. De las variadas culturas nuevas sale una sociedad nueva.

La Guerra Civil (1936-1939) fue larga y muy sangrienta. Termina con la dictadura de Franco que dura 36 años y va a marcar la historia de España. Desde lo favorable, acaba la revolución industrial que España no había logrado hasta entonces y preparó su ingreso a la Comunidad Europea. Pero la Transición que a su muerte se produce, como ya lo he dicho en este portal, fue porque hubo una conciencia colectiva de no volver a repetir el pasado. Yo mismo escuché a la gente decir, «todo menos la guerra civil». Y decirse, a sí mismos, «somos los turcos de Europa». Lo peor. Y con ello, sentimientos contradictorios. A Franco lo lloraron, pero no quisieron que los franquistas gobernaran. Cierto, hasta 1975, España fue un régimen autoritario, pero amparó España de la dominación rusa y por lo tanto, salvó a Europa. El régimen constitucional que le siguió establecía un intenso debate y la búsqueda de consensos. Seamos claros, la Transición fue un pacto, con grandes silencios sobre el pasado franquista. Ese era el precio del retorno a la libertad. Todo aquello que los peruanos no pueden hoy día establecer.

España es hoy el decimotercer país desarrollado del planeta. Los países latinoamericanos, salvo Brasil y México, brillan por su ausencia.

Publicado en El Montonero., 3 de abril de 2023

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Hablemos de Haya, del Aprismo y del Perú

Written By: Hugo Neira - Mar• 27•23

Aunque esté lejos del Perú, me alegra la noticia que recibo de Lima: la inscripción definitiva del partido aprista ante el Jurado Nacional Electoral. El partido político histórico, el APRA, no forma parte de esos partidos que no quieren competir con otros, como pasa con los herederos de Lenin y ahora, en la Venezuela de Maduro, que no quiere irse.

Los países, al igual que sus paisajes, tienen sociedades variadas y que van cambiando, es la idea fuerza que motiva esta columna. El Perú de Haya no se puede comparar con el Perú de hoy, la sociedad ha cambiado mucho. En un estudio sobre el Perú de los años 1930-1970, el geógrafo francés Olivier Dollfus nos decía que para entenderlo, hay que conocer su geografía, las grandes etapas históricas de sus sociedades y la organización social (Le Pérou, PUF, París, 1983). La presión demográfica llevó a una nueva organización espacial, a mayores interacciones entre la gente de la costa, de la sierra y de la selva, que la masa de los Andes divide. Pero los Andes ya no son los mismos que en los 70 en cuanto al tipo de trabajo y modo de vivir.

Antes de continuar, debo decir que no sigo la costumbre limeña de hablar mal de todo lo que se origina en la provincia. Disculpen. Obviamente, toda mi vida, nunca fui aprista pero tampoco un antiaprista. Pero debo contar que me encontré con Haya De la Torre en esa casa enorme que tenía hacia la carretera la sierra, en Ate, Villa Mercedes, y alguna vez en París, cuando yo estudiaba y trabajaba allí, en los años 60. El líder del aprismo estaba de paso, iba a Suecia, a aprender del régimen político que los suecos y otros pueblos de la Europa del Norte —“los pueblos enérgicos” los llamaba— tenían, la socialdemocracia. Haya viajaba siempre para “observar, estudiar, aprender”. Un modelo económico y social distinto al anglosajón y al comunismo. En el modelo sueco, Haya encontraba el anticipo de sus propias propuestas, o sea conciliar el realismo de la economía de mercado con una política social que se llama el “Estado providencia”. Sistemas de salud y educación masivos, cunas infantiles en el lugar de trabajo para las madres que laboran, ancianos y desvalidos protegidos por el Estado. Un modelo de corresponsabilidad social que en Lima no se entendía. “Yo sostengo que los escandinavos (aunque todavía puedan ellos quejarse y hacer críticas a sus organizaciones sociales, que por cierto no pueden ser absolutamente perfectas) son los pueblos que han llegado a las más altas realizaciones democráticas después de la II Guerra Mundial. Y que es de ellos, y no de otros, de los cuales los países latinoamericanos deben tomar ejemplo” (Haya, 1955). No olvidemos tampoco que Haya había pasado por Oxford, aprendía de todos.

El Perú sigue siendo una “tierra de contrastes”, como lo dijo Dollfus. La misma topografía de los Andes peruanos es variada, con mesetas de alturas variables de hasta 4000 metros, las punas, que presentan cuencas alimentadas por un río, como es el caso del Mantaro, en Huancayo. Otras más pequeñas, caso de la cuenca de Cajamarca. Y profundos y estrechos valles que forman el lecho de los ríos que corren hacia el Pacífico. Un relieve que nos da una gran variedad de climas y cultivos.

El Perú del interior se ha despoblado para hacer crecer las ciudades intermedias y su cinturón urbano. De tal forma que hoy es un país urbano, hay más población en las ciudades que en el mundo rural. Y es un mundo de comerciantes. Los migrantes hacia la capital o la ciudades medianas no encuentran trabajo sino en el sector terciario, y empleos precarios, pues no tuvimos un proceso de industrialización. “El crecimiento demográfico ha sido un gran desafío. De 6,2 millones de habitantes en 1940, pasó a 18 millones en 1980, o sea triplicó. En 1983 o 1984, la población había alcanzado los 20 millones”, dice Dollfus. En el 2022, los peruanos alcanzaron los 33 millones 396 mil según el INEI. Y los mayores de 60 años representan el 13.3% del total. En 1940, el 64,6% de los peruanos vivían en el medio rural, y 35,6% en el medio urbano. Esto se ha revertido por completo. Según el INEI siempre, ahora (2017), el 82,4% de la población vive en zonas urbanas. Y el tamaño de un hogar, en el 2021, es de 3,4 personas.

Después de una transición militar, el ingeniero Belaunde llega a la presidencia del Perú, con Acción Popular, en 1963. Los apristas se mantienen en la oposición en una coalición con Odría, APRA-UNO. Es el adiós del revolucionario Haya. Una mayoría de parlamentarios provenía de las clases medias y algunos minifundistas del Cusco. Frustraron la primera reforma agraria que resultó muy limitada. Luego, el golpe de Velasco, en 1968, proscribe los partidos políticos. Tras las presiones populares para el regreso de la democracia, se anuncia en 1976 una Asamblea Constituyente que se elige dos años más tarde. El APRA tuvo la primera mayoría y Haya la más alta votación y fue designado su presidente. Luego vendrá la enfermedad y la muerte, en 1979, poco después de firmar la nueva constitución.

Conviene, me parece, dar un par de ideas personales respecto del partido. Y en apuro.

 -Yo que ellos, no buscaría un político filósofo. Haya tuvo no solo una visión del Perú sino del continente latinoamericano. Funda el APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) en México. Es un pensador de esos que aparecen cada 500 o mil años. Haya había conocido la revolución de México, viajado a toda la Europa de esa época. Hemos tenido en Haya uno de los grandes pensadores de la historia política: 1- Conoció el marxismo para refutarlo, recordaba siempre el fracaso en la URSS. 2- No deseaba países socialistas con autoritarismo. Todo lo contrario, era demócrata. 3- Siempre estudió otros desarrollos en otros continentes.  4- Es un Moisés que enseñó a ser libres y a la vez desarrollados en sociedades del conocimiento y de la libertad.

– El tejido social está muy disuelto: empleos precarios, elites depredadoras, desinterés en las clases trabajadoras por los asuntos públicos. Hay una subcultura popular. No se espera gran cosa del Estado, por lo que se entiende por Estado, “una fuerza jurídica y legal por encima de la sociedad civil y de sus conflictos”. Es más, las capas sociales más bajas y gran parte de la clase dominante son abiertamente hostiles a todo proyecto de un Estado. Una ley secreta, esa que no se dice, es que “el compromiso con la legalidad es muy bajo”. 

Hoy la legitimidad política no se consigue con el juego tradicional de clientelas populares y servicios sociales. Para entender lo que pasa, hay que mirar a la sociedad. Y como sociólogo, no veo una sino varias. Un universo humano fragmentado por regiones, intereses particulares e identidades dispersas.

Publicado en El Montonero., 27 de marzo de 2023

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Revueltas y desastres

Written By: Hugo Neira - Mar• 20•23

No estoy en Perú, estoy en el extranjero donde me ocupo de mis achaques y dolencias. Pero aun así, sigo lo que pasa en mi tierra pese a lo terrible que son, para mis paisanos, las pérdidas que se encadenan. Un ciclón, Yaku, que provoca inundaciones y huaicos en el norte del país y luego aluviones en la región de Lima. Desastres que se repiten.

Con la tecnología de hoy, lo que sucede en algún lugar traspasa inmediatamente las fronteras nacionales como si no las hubiera. Abundante información e imágenes que nos llegan. Y tengo en mano el número 1681 de Courrier International, del pasado mes de enero, con un artículo sobre el Perú que les quería comentar. Me llamó la atención por su título “Une révolte incontrôlable” (una revuelta incontrolable) y es un resumen de prensa de la primera quincena de enero.

Lo que dice la redacción de Courrier International va junto con un mapa del Perú para situar la cordillera de los Andes y los principales focos de revueltas en las regiones, ubicando las de Ayacucho, Apurímac, Cuzco y Puno. Y Lima, un punto de color rojo. ¿Qué dicen los periodistas de Courrier? “Lejos de calmarse, la crisis política escala y nadie sabe hasta dónde irá. Luego de los bloqueos de carreteras y tentativas de toma de aeropuertos, los manifestantes que exigen entre otras cosas la renuncia de la presidenta Dina Boluarte, han iniciado una ‘marcha’ hacia la capital”. Marcha, entre comillas.

Lo repito, no estuve en Perú para ver esa “révolte incontrôlable”. Me hubiera sorprendido verla. Se cita la revista digital Americas Quarterly de Nueva York que se ocupa de América Latina; y lo siguiente: “El sublevamiento y la represión se explican por la desconexión que existe entre las maniobras políticas de Lima y el clima que impera en las regiones donde lo indígena, lo rural y la pobreza dominan.” Seamos sinceros, hubo manifestantes que venían hacia la capital desde esas regiones más pobres (Ayacucho, Apurímac). Los problemas del Perú provincial que no es atendido debidamente por sus autoridades cercanas ni por el gobierno central. Lima da la espalda al país del interior que marchó para hacerse recordar. Recuerdo que en Brasil, Lula ha sido reelegido, y democráticamente, por tercera vez en un territorio tan vasto y diverso como es Brasil. Se me ocurre que, si volvió luego de ocho años en dos mandatos (2003-2011) y largos años de maniobras judiciales posteriores, es porque se ocupó de los de abajo, madres, niños y las clases obreras. Los atendió y sacó de la pobreza a millones con, por ejemplo, la Bolsa Familia. Eso no es algo peruano. Me permito recordar que la temida marcha hacia la capital, Lima, no es tan así. ¿Capital? No la sienten suya ni un centro administrativo como en Brasil sí lo es Brasilia, ciudad muy distinta por su ubicación y concepción. En una columna del 2015, les decía que Lima no es la capital sino una ciudad grande que queda muy cerca del Perú. Y que en Lima-Mónaco, todo se cura con el bálsamo del diálogo. Años después, hay un país harto de “mecidas”. https://www.bloghugoneira.com/non-classe/la-agonia-del-principado-limeno

El artículo de Courrier también recoge las opiniones sobre la presidenta de la sucesión que parte del país no quiere reconocer, en La República, El País América, El Comercio y Ojo Público. No solo se ha ganado impopularidad por los enfrentamientos directos con las masas sino por aceptar la sucesión constitucional y mantenerse firme en el cargo. Su llamado al Congreso para acordar elecciones anticipadas que la calle también pedía, no logró aprobarse. La sensación de caos es lo que retiene la revista, por la “represión sangrienta” de una policía “poco preparada”, según opinión de un columnista peruano, para tales enfrentamientos, que también dieron “un policía quemado vivo por los protestantes”. Una nota bien ponderada.

La situación que vive el Perú me trae a la memoria a Manuel González Prada (1844-1918). Nuestro escritor y agudo crítico —el fundador de nuestro pensamiento crítico—, era un hombre libre, no se le pudo callar. Había logrado ingresar al colegio San Carlos donde destacaba en los cursos de química, letras y filosofía. Entre 1870 y 1879, vivía retirado en su hacienda Tutumo en Mala, y dedicado a la agricultura. Vivió de cerca la tragedia de la Guerra del Pacífico participando en la defensa de Lima. Una vez ocupada la capital, se encerró en su domicilio “parar no ver la insolente figura de los vencedores”. “Consagrado como un escritor de verbo penetrante, sus frases fueron verdaderos latigazos de cólera dirigidos contra la clase política que llevó al Perú a la  situación de 1879”, nos dice el historiador Juan Luis Orrego:

            “¿Qué fueron por lo general nuestros partidos en los últimos años? Sindicatos de ambiciones malsanas, clubs eleccionarios o sociedades mercantiles. ¿Qué nuestros caudillos? Agentes de grandes sociedades financieras, paisanos astutos impulsivos que veían en la presidencia de la República el último grado de la carrera militar.”

Por ello en el Teatro Politeama, el 29 de julio de 1888, les decía a los estudiantes de Lima:

            “Niños, sed hombres, madrugad a la vida, porque ninguna generación recibió herencia más triste, porque ninguna tuvo deberes más sagrados que cumplir, errores más graves que remediar ni venganzas más justas que satisfacer”. 

La independencia nos abruma como una montaña de plomo. Se diría que lamentamos la esclavitud perdida.”

González Prada ponía en cuestión la sociedad entera. Un siglo después de su muerte, y por su desidia, la sociedad peruana entera debe cuestionarse. Obstinarse en levantar casas en lugares prohibidos, en las quebradas, y no realizar las obras de prevención y mantenimiento mínimas, añade más desastre al desastre natural.

Publicado en El Montonero., 20 de marzo de 2023

https://elmontonero.pe/columnas/revueltas-y-desastres