Weber, Iberoamérica y el patrimonialismo

Written By: Hugo Neira - Dic• 19•22

Hace poco he recibido un libro de amigos europeos. Uno sobre Max Weber. Max Weber en Iberoamérica, de Álvaro Morcillo Laiz y Eduardo Weisz, editores (FCE de México, 2016). A Weber lo conocemos desde su estudio de la economía, la política relacionada con las éticas religiosas. Pero esta vez, sus herederos intelectuales se interesan por Iberoamérica. Weber, nacido en Erfurt, Alemania, en 1864, en una familia de industriales protestantes, establece en 1905 el principio de La ética protestante y el espíritu del capitalismo y desde entonces, deja de lado a Hegel y a Marx. A Weber le interesa la dominación de la actividad social y la dominación de las religiones sin por eso dejar del todo de lado a Marx. Es solo que se interesa por la ética y no tanto por los actos racionales, o sea todo aquello que es emocional, acercándose a la psicología, también llamada ‘ciencia de las emociones’. Pero Weber no había llegado a Iberoamérica. De ahí nuevas interpretaciones. Al final de este texto, nos ocuparemos del concepto de weberiano para nuestro continente, una formación especial de repúblicas y el patrimonialismo como forma de gobierno. Abunda en nuestros mundos. Pero, a diferencia de Marx, no hay partidos políticos weberianos.

Entre tanto, un par de temas, unos libros sobre el poder económico.

Primero, el ensayo de Carlos Malpica, Los dueños del Perú (Peisa, 1964). Hombre de izquierda, ingeniero, autor y político nacido en Chota (1929) y fallecido en Lima en 1993, su obra describe una estructura del poder económico que permaneció por decenios. Fue todo un éxito, cuenta 13 ediciones entre 1964 y 1984, 100 mil ejemplares vendidos. Pero después de Velasco, el poder económico pasó a otras capas sociales del Perú, tuvo que  actualizar su texto por los cambios consiguientes a las reformas del gobierno militar. Por ejemplo, “las Grandes Empresas Agrarias han desaparecido como grupo de poder”. Y los grupos de poder vinculados a nuevas actividades, entre los cuales los que no son dueños de los medios de producción pero ejercen gran influencia, los directores y tecnócratas de empresas estatales (prólogo a la edición de 1984). Nos dice: “Si el proyecto resulta rentable y beneficioso se atribuyen el éxito; si es un fracaso (como lo son muchos) nadie asume la responsabilidad y el país es el que paga las consecuencias. Por ejemplo, el presupuesto de Petro-Perú llega a más de la mitad del presupuesto nacional, incluidos gastos militares; si a eso se agrega la influencia de sus ejecutivos en el otorgamiento de contratos de exploración y explotación de nuestro petróleo, se comprenderá que constituyen un real grupo de poder con dominio superior al de muchos antiguos ‘Dueños del Perú’ y casi sin ninguna responsabilidad.”

El segundo libro es de Francisco Durand, Los doce apóstoles de la economía peruana, una investigación valiosa (Fondo Editorial PUCP, 2017). Tiene un PhD en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Berkeley en California, y es sociólogo por la PUCP, la Universidad Católica del Perú. Asesor y consultor para el Banco Interamericano de Desarrollo, el Centro Interamericano de Administración de Impuestos y la Universidad de Oxford. Hoy es profesor principal de Ciencia Política y Gobierno en la Católica y ha sido profesor de Ciencias de Política en la Universidad de Texas de San Antonio. Es autor de libros en el Perú y el exterior sobre la proyección de los empresarios a la política. Por haber vivido y estudiado en los Estados Unidos, nos atrevemos a decir que tiene esa visión global  que tanto los académicos como los políticos locales no tienen, por lo cual entendió que después de 1968, después del periodo oligárquico, el país se había organizado desde sus nuevas fuerzas y emergieron grandes empresas (sobre todo en la sierra). Desde entonces, tanto Durand como la prensa misma les han señalado como los “apóstoles» de la economía del siglo XXI.

Algo muy importante ocurrió y ha cambiado el rostro del Perú.  El poder económico  no está solo en Lima sino en las alturas de los Andes. Las inversiones no solo son los son los grupos limeños y de la costa sino grupos de cholos con empresas, como los Añaños de Ayacucho, o los Huancaruna de Cajamarca. Esa emergencia andina reciente me parece un gran cambio. Ya no se puede decir que los dueños del Perú son los grupos limeños. Esos grupos de poder económico (GPE) son a menudo llamados “poderes fácticos”. La revolución que Carlos Malpica esperaba entre 1956-1962 no ocurrió, sin embargo los grupos estudiados siguen pero ya no están solos. Hoy, el capitalismo y el libre mercado es asunto compartido entre capitalinos y provincianos.

“La presencia actual de los grupos provincianos emergentes como parte de la cúpula del poder económico constituye un hecho histórico de la mayor importancia: solo a partir del XXI tantos empresarios de este tipo social llegan tan alto. Esta situación expresa una democratización económica” (p. 210). Pero “como no se sabe de dónde sacaron tanto dinero”, Durand especifica lo siguiente: “el mercado y la política se ha democratizado al punto de que empresarios provenientes de clases sociales medias provincianas o de clase popular, algunos de ellos migrantes, se inician en los negocios, se enriquecen, tienen fama de grandes y poderosos empresarios, pueden formar o apoyar partidos políticos, pero no se integran a los niveles más altos del poder limeño ni a la alta política, a pesar de que tienen grandes fortunas.” (p. 211) Así, en el Perú, tenemos “dos grandes élites económicas poco integradas lo que les resta fuerza en la defensa de sus intereses” (p. 212).

Reproducimos la lista de los ‘doce apóstoles’ que la mirada social de Durand nos presenta para mostrar los pasos dados luego de dos siglos con dos repúblicas (los dominantes y el inmenso Perú cholo), hasta que se logre una república de ciudadanos para todos.

«Una mirada social a los grupos de poder limeños y provincianos

Grupos limeños establecidos:

  1. Benavides (Buenaventura, Yanacocha)
  2. Graña y Montero (GyM)
  3. Brescia (Inversiones Breca, BBVA)
  4. Ferreyros (Ferreycorp)
  5. Rodríguez-Pastor (Intercop)
  6. Romero (Credicorp, Alicorp)

Grupos provincianos emergentes:

  • Rodríguez (Gloria, Arequipa)
  • Añaños (Ajegroup e ISM, Ayacucho)
  • Dyer (Dyer & Coriat, Pucallpa)
  • Acuña (Universidad César Vallejo, Cajamarca)
  • Huancaruna (Altomayo, Cajamarca)
  • Flores (Tiptop, Huancavelica)»

Las nuevas burguesías son un gran paso. Al tener dinero, podrán educar a sus hijos, llevarlos a las mejores universidades. El dinero cambiará la mentalidad de las familias del mundo campesino y obrero. Con él empieza la metamorfosis de la cultura andina. Es lo mejor que ha ocurrido, no se sabe mucho y es bueno repetirlo. De esa burguesía emergente luego saldrán sociólogos, historiadores, científicos, filósofos pues sin dinero no se alcanza a llegar a las cumbres de la vida intelectual. Hay que leer y viajar, es necesario para entender cómo emergen las potencias (India, China, Japón). Entender que necesitamos una ética y una filosofía propia, nuestra, a la vez local y universal.

Volviendo a Weber, se ocupa de la historia antigua y con ella, de la lengua alemana, las ciudades urbanas y rurales. Y de ahí, un acercamiento a la sociedad colonial, por cierto de los rasgos de la dominación española en América, por investigadores latinoamericanos. En la página 432 de Max Weber en Iberoamérica, los autores describen por completo la relación entre el gobierno urbano y la burocracia patrimonial. “Aunque derivado del feudalismo ibérico, el régimen colonial tuvo que acomodarse a las condiciones de las nuevas sociedades de ultramar. Estas se sedimentaron muy pronto en un sistema de castas que difería de la sociedad matriz en aspectos importantes. Españoles y naturales estaban obligados por ley a morar en sus respectivas repúblicas, pero la dependencia de la mano de obra nativa obligó a que las ciudades de españoles se rodeaban de barrios o pueblos de indios. La reducción de los nativos a formas de vida urbana semejantes en apariencia a las castellanas generó procesos sociales con características propias.” El autor se fijó en que “los Cabildos indígenas gozaron de cierta autonomía, pero la oposición entre las instituciones del cacicazgo, el municipio y el corregimiento corría necesariamente en detrimento de los indios del común (…) La estructura de la dos repúblicas institucionalizó en la América colonial formas diferenciadas de subordinación a la Corona, ya que los indígenas, aunque reconocidos como súbditos, estaban afectados por un estatuto de minoridad y sometidos a un régimen tributario específico. De hecho, dado el acelerado proceso de miscegenación y migración interna, la categoría de indio terminó por definir ante todo un estatuto fiscal y personal más que directamente étnico.” (…) “Para el estamento criollo, alimentado por las sucesivas oleadas migratorias, la posesión señorial de la tierra  y el tránsito generacional del comercio al latifundio constituían la principal fuente de prestigio y la certificación de su ascenso en la escala social” (Francisco Colom).

Weber nos entregó el concepto de Patrimonialismo. No es americano, viene de las ciencias sociales europeas, su raíz está en el siglo XVIII. “El Código Civil prusiano de 1794 contempla la jurisdicción patrimonial, que se halla vinculada a la posesión de un bien; esta disposición relativa al derecho de propiedad sobre lo que en principio son derechos públicos se basa también en la teoría del Estado patrimonial, considerado, en algunas obras teóricas sobre el Estado de finales de del siglo XVIII, como una peculiaridad de las circunstancias constitucionales alemanas” (Stefan Breuer). “Es una forma de gobernabilidad en la que todo el poder fluye directamente del líder. Estos regímenes son autocráticos u oligárquicos y excluyen del poder a las clases media y alta” (Wikipedia). En la sombra de otras fuerzas, está en Weber, a diferencia de Karl Marx, todo eso que es emociones, sentimientos, algo que en castellano se le llama las ciencias de las emociones, o behaviorism en inglés.  

En la palabra patrimonial está siempre el concepto de padre. Una forma de relación como la  tuvieron las juventudes alemanas con Hitler. Algo más que el Jefe. El patrimonialismo es un sistema de poder concentrado en una o pocas personas que manejan todos los bienes de la sociedad como si fuesen su propiedad personal. Para el patrimonialismo en el Perú, dejo un ejemplo. Hemos visto el convencimiento, hasta la fe, del líder que cree que los peruanos quieren tener un poder centralizado en manos de unos pocos. Por lo general, no les gustan los gobiernos parlamentarios, pues no entienden la separación de los poderes.

Una versión corta de esta columna fue publicada en El Montonero., 19 de diciembre 2022

https://elmontonero.pe/columnas/weber-iberoamerica-y-el-patrimonialismo

El outsider *

Written By: Hugo Neira - Dic• 12•22

Si el outsider es el invitado inesperado, si resulta que es ese o esa, a quien no se le conocía aspiraciones presidenciales, entonces casi todos los candidatos que obtuvieron la presidencia entre el 2001 y el 2011 han sido outsiders. La excepción es Alan García en el 2006. La serie se ha continuado con Ollanta Humala. En la era del outsider que vivimos, no disminuyeron sino que se multiplicaron los movimientos políticos. Y de los noventa a la fecha, los aspirantes siguieron saliendo de la nada. Si este no es un fenómeno, que baje Pedro y lo vea.

El outsider que se repite regularmente es una curiosa y llamativa regularidad de lo irregular. Mayor razón para detenerse en el concepto mismo y antes de proseguir el estudio de esa sucesión de sorpresas. Por eso comenzamos por llamarlo fenómeno, “la manifestación de algo oculto”. El a priori del cual partimos es que debe haber un sentido a esa aparición sucesiva. En efecto, los candidatos outsiders parecen de izquierda o de derecha, de geometría variable, pero nunca provienen de esos campos sino de una postura inesperada y rupturista que les abre el camino hacia el poder legítimo. Luego, con la misma asombrosa rutina, olvidando las promesas de los meses de campaña, se pierden cabalgando el Leviatán inconcluso del Estado. Terminan por lo general o en prisión u olvidados. Los outsiders no tienen hasta ahora sucesión en el Perú. Ni logran prolongarse en el poder como Evo Morales, Correa o Hugo Chávez. No diríamos que han sido flor de un día, sino una vegetación inclasificable que no tiene sino un lustro como vida.

¿Qué es un outsider? Una polisemia riesgosa

El concepto de outsider guarda distintos significados. Su semiología se modifica según cada disciplina. En sociología se le suele aplicar para estudiar a grupos muy desvalidos en países del Welfare State, por lo general en la Europa comunitaria, que no perciben subsidios en caso de paro o pobreza extrema. O indocumentados, emigrantes clandestinos, etc. Es decir, individuos en la marginalidad de esas sociedades. El outsider en ciencias políticas existe, pero rara vez ocupa las primeras páginas en diarios o la atención de los medios, porque en sistema bipartidarios —como en los republicanos y demócratas norteamericanos— es raro que alguien rompa la alternancia. Lo mismo ocurre con izquierdas y derechas clásicas en Europa. Cuando aparece algún político con masas y fuera del sistema establecido, el intruso trata de ser parte del sistema convencional de partidos. Es el caso de Podemos en la España de Rajoy y de los socialistas, o de Marine Le Pen y su Frente Nacional en la Francia de gaullistas y socialistas. Y ocurrió, en otra edad de la política europea, con Adolfo Hitler, que luego de su fracaso en el golpe de Estado en Múnich, que le valió la prisión, vuelve a la vida partidaria no solo con un partido sino una novedad extremadamente organizada, entre movimiento de masas, ejército privado y secta religiosa. Y que no dejó de apelar a las urnas y a la legalidad para llegar al poder. Deja de ser un outsider en 1925 y llega a Canciller en 1933. Igual, el outsider ha mermado en las sociedades industriales. El outsider político en América Latina va más lejos que los raros casos que se presentan en los Estados Unidos y en Europa. Es el caso de Hugo Chávez y no es el único en el continente.

Falta decir que hay otro uso del concepto de outsider, extremamente interesante. Es el del outsider intelectual. A mí personalmente me ha interesado mucho desde que conocí el trabajo de Francisco Gil Villegas, filósofo mexicano, Los profetas y el mesías (1996). Para explicarse la originalidad de algunos pensadores, Lukács, Simmel y Ortega y Gasset, retoma una idea del psicólogo Alfred Schutz, de 1944. Sostenía que cada sociedad tiene una “idea relativamente natural del mundo”, en la cual la sociedad misma se incluye. Lo que el “endogrupo” no puede percibir, según Schutz, puede ser captado por el ajeno, el forastero. Gil Villegas explica que esa distancia crítica se explica en el caso de Lukács y Simmel, eran judíos. Con Ortega no fue fácil, su capacidad para distanciarse de los tópicos dominantes en la España de sus días tiene otras razones.

La hipótesis de las ventajas cognitivas de ser un outsider intelectual “yo no soy nada menos que el extranjero y me beneficio de sus melancólicos privilegios” —la célebre frase de Ortega y Gasset—, como se comprenderá, es utilísima para estudiar a los intelectuales. Y así lo he hecho. Hay que decir, sin embargo, que algunos no admiten la necesidad de esa distancia. Fueron los partidarios del engagement como Sartre. Otros, en cambio, siempre fueron conscientes de su peculiar situación, como Octavio Paz. “La voz del político surge de un acuerdo tácito explícito entre sus representados; la voz del escritor nace de un desacuerdo con el mundo o consigo mismo, es la expresión del vértigo ante la identidad que se disgrega. El escritor dibuja con sus palabras una falla, una fisura. Y descubre en el rostro del Presidente, el César, el Dirigente Amado y el Padre del Pueblo la misma falla, la misma fisura («El escritor y el poder», 1979). ¿Existe, en efecto, esa inteligencia flotante, la freischwebenden Intelligenz, de Karl Mannheim? ¿Y su contrario es el insider el hombre enterado y arraigado? El tema corre traslado a la sociología del pensamiento. En Mannheim, la finura y sensibilidad de su análisis para con los intelectuales produjo, paradójicamente, incomodidad y fastidio. Ellos tratan los sujetos sociales, no están habituados a ser tratados como objeto de estudio. Es Raymond Aron quien lo rescata para la sociología de nuestro tiempo.  

Mínima descripción. Los orígenes de una especie singular

Comencemos dejando de lado un lugar común. Cuando se dice outsider en Lima se piensa inmediatamente en Alberto Fujimori. Sin duda alguna lo fue, en lo que concierne al acceso a la presidencia de alguien sin antecedentes políticos, por lo menos hasta 1990. Pero desde un punto de vista más ancho, y más revelador, se olvida el antecedente Ricardo Belmont, elegido el 12 de noviembre de 1989 nada menos que alcalde de Lima, y reelecto en 1992. La capital es una plaza electoral gigantesca y decisiva, ningún país de la América del sur sufre de la macrocefalia que produce Lima tanto en la economía del país o como distrito electoral. Con Belmont y en la capital, aparecen “los independientes”. Así comienza la historia de los outsiders. Desde entonces, no desaparecieron, al contrario. Y podemos guardar esa fecha. Es el final de un sistema de partidos políticos en el Perú. No el fin de la política, acaso el inicio de un gigantesco debate y de diversas prácticas sociales, todas hasta ahora a la vez importantes e insuficientes. Un debate mayor que exige el diagnóstico de nuestro tiempo. El cual brilla por su ausencia. 

La taxonomía que vamos a seguir para estudiar esta figura del poder, no va a ser cronológica, sino desde los rasgos específicos del outsider, aquello que en particular posee y que lo separa de los políticos habituales. Como sabemos, los líderes de partidos, por lo general han hecho política desde jóvenes, han sido líderes universitarios y en alguna organización ascendieron de modo gradual y constante. Es el caso de Luis Bedoya Reyes, de Alan García. Diputados, alcaldes, lo mismo pasa con líderes de las izquierdas. Gentes de un aparato político. Un outsider no. Una buena mañana, se despierta político. Razones coyunturales no faltan. El Perú siempre está en crisis. Hasta ese momento, el Señor no lo ha llamado a otro destino, como Pablo de Tarso en el camino a Damasco. Algunos sospechan que al apóstol lo que le produjo su ceguera era una aguda retinitis que hoy se cura con gotas. Pero dejemos esas especulaciones impías. Lo cierto es que el que va a transformarse de golpe y porrazo en conductor de multitudes, hasta la hora de la iluminación, es un tranquilo funcionario del Banco mundial, o profesor de economía, o rector de universidad. O comandante. La política no le ha interesado. Lo cual en gran parte explica el entusiasmo con el que luego abrazan la política de la antipolítica.

El segundo rasgo no es tanto su virginidad partidaria sino que son personas públicas, figuras, personajes. Mario Vargas Llosa era ya un afamado escritor con éxitos internacionales cuando se lanza a la candidatura. Pero los otros outsiders, en una escala muy menor, no dejaban de tener sus propios laureles. No es cierto que antes de su conversión a la misión de salvar al Perú, ni Fujimori, ni Toledo, ni Humala, ni Guzmán o Acuña fueran unos desconocidos. Gozaban de algún prestigio, más bien de carácter grupal, profesional, pero había un reconocimiento en torno a cada uno de ellos, como se suele tener en cualquier sociedad de nuestro tiempo para con personas que destacan en un campo preciso de la actividad humana. Fujimori era un rector de la Agraria reputado por sus méritos como gestionario, además del prestigio de ser un matemático de primer nivel. Recibió una distinción en Bélgica, mucho antes de jugar un papel político, mérito que no suele aparecer en sus biógrafos. Toledo venía de Stanford, de trabajos de consultor en organismos internacionales. Humala había ascendido hasta comandante. Habría seguido su carrera militar, de no interrumpirla al optar por la vida política. Guzmán, antes de su candidatura, era parte de esa tecnocracia de Estado que el Perú tiene desde hace más de un decenio, y que garantiza una estricta política fiscal. Acuña ha montado varias universidades, y alcanzado varios altos cargos, y por las urnas, en el norte del país. Son lo que los franceses llamaban en el siglo XIX, “los notables”. Una categoría social y un estatus importante, pero limitado, no hacía de ninguna manera a un notable el aspirante a conducir el Estado. En suma, en nuestro caso, gente social y profesionalmente importante, pero a ninguno se le conocía  —ni sus familiares ni amigos— ambición política alguna. El outsider es una sorpresa para todos, incluso para sí mismo. O es acaso un climax, una fractura, ¿una transición política que todavía no alcanzamos a entender? ¿Y por lo mismo, en aquel que va a encarnar el rol del salvador?

¿Cuenta entonces el origen social? Sin duda, no ser ni parte de la clase política ni parte de las capas sociales privilegiadas. En este caso, Toledo es el que mejor encarna el outsider ideal. Provenía de un hogar de dieciseis hijos, era el octavo, de padre campesino que había migrado a Chimbote, puerto pesquero. El niño Alejandro tuvo que trabajar cuando era escolar y de pronto, una beca norteamericana lo salva. Casado con Eliane Karp, antropóloga, en 1972, separado en 1992, vuelto a casar en 1997, la vida de Toledo era acaso lo que necesitaba la mitología peruana para tener a la vez un outsider por su experiencia profesional y a la vez, un ciudadano emergente, cuyo componente étnico resultaba decisivo. Eliane le inventa lo del “cholo sagrado” y el mito marchó por un buen rato.

Fujimori es otro outsider que ocupa perfectamente el papel del que emerge desde abajo y que además, es distinto. Es decir, un Nisei. No es una desventaja, al contrario, el pueblo ha aprendido a respetar a esos hijos y nietos de japoneses emigrados y conocidos por su sobriedad, honestidad y don de trabajo. La mejor propaganda que Alberto Fujimori recibe es la tienda de la esquina de una calle, en barrios e innumerables ciudades, administradas por familias japonesas. Sin duda, cuenta la buena opinión que se tiene de los descendientes de los japoneses, y un capital simbólico viene a ser sus orígenes. El padre, un emigrado del Japón, recolector de algodón en una hacienda de Paramonga, luego improvisado sastre en Huacho, luego reencauchador de llantas, y ferretero, tienda de jugos, una florería, como lo explica Yusuke Murakami (Perú, en la era del Chino). Miles de miles de excampesinos peruanos que migraron a las ciudades de provincia y a la capital podían identificarse con esa experiencia de vida de los Fujimori. Que Alberto, uno de los cuatro hermanos, progresara tras una escuela en el centro de Lima y eligiera una facultad de Agricultura, y gozara de becas y promociones, era también una senda que no podían menos que sentir suya la mayoría de peruanos. […]

*Extraído al 90% de mi libro El águila y el cóndor. México/Perú, Editorial Ricardo Palma, 2019, pp. 423-427.

Publicado en El Montonero., 12 de diciembre de 2022

https://elmontonero.pe/columnas/el-outsider

Madre mía, poema

Written By: Hugo Neira - Dic• 05•22

No es un poema mío, pero lo sé de memoria desde la primaria.

Yo no conocía a mi madre que vivía en Arequipa. Mis padres se habían separado cuando yo tenía tres años. Pero mi madre, Rosalía Samanez, no podía venir a Lima a verme. Yo recibía y leía sus cartas. Y este poema, además de ser bello, era una lección de moralidad. Yo la tuve a los ocho años. Vivía con mis abuelas paternas, las Damiani, arequipeñas, en Lima. Me daban lecciones de comportamiento.

Este poema lo retuve durante años hasta que un día, en el viaje de promoción del final de la secundaria, teniendo yo unos 17 años, animé al grupo a conocer la ciudad de Arequipa para yo conocer a mi madre. Y le di un abrazo declamando estos versos que marcaron mi construcción personal. Gracias al poema de Federico Barreto y los buenos colegios de antaño.

Nunca olvidé ese verso, al final, —“seré austero, sagaz; justo y honrado”—, que se volvió la ruta de mi vida.

                                                           ***

¡Madre mía!

Madre mía, tu carta he recibido
y he llorado sobre ella tanto, tanto,
que sus renglones han desaparecido
bajo las turbias gotas de mi llanto…

“Hijo -me dices con amante anhelo
en esos signos que mi pecho adora-.
¡Dios te bendiga desde el alto Cielo
Como yo lo hago, desde aquí, a toda hora!”

Hijo, sé bueno y, como bueno, honrado;
no te arrastres jamás por la escoria,
y cuando bajes al sepulcro helado
Dios como premio te dará la Gloria.

Sé paladín de toda causa buena;
coloca la razón sobre el deseo,
y cada vez que ruedes en la arena,
álzate con más fuerzas como Anteo.

No envidies con rencor lo que te admira,
porque la envidia ruin, tenlo presente,
es una gloria para el que la inspira
y es un infierno para el que la siente.

Si odias, depón tu encono envenenado;
Si amas, mantén tu amor hasta la muerte.
Y, ya seas feliz o desgraciado,
aprende a conformarte con tu suerte.

Ama a la patria con amor profundo,
Ámala con inmensa idolatría.
¡Más que a mí mismo! ¡Más que a todo el mundo!
¡Mira que es madre tuya y madre mía!

Respeta siempre todos mis consejos,
si buscas paz, si quieres tener calma.
y hoy que me tienes, de tu vista, lejos,
no me olvides jamás, hijo del alma!

Esto me dices en tu carta bella,
y yo te juro, madre bendecida,
que las lecciones que me das en ella
serán desde hoy la norma de mi vida.

Federico Barreto Bustíos

Poeta tacneño (08/02/1868 – 30/10/1929)

Publicado en El Montonero., 5 de diciembre de 2022

https://elmontonero.pe/columnas/madre-mia-poema

Otros ojos deben mirarnos

Written By: Hugo Neira - Nov• 29•22

Este artículo se escribe después de la visita de dos días del Grupo de Alto Nivel de la OEA (Organización de los Estados Americanos) en el Perú a pedido del gobierno. Se supo poco de su agenda, indicaron a los medios que “han tenido 27 reuniones y conseguido una gran cantidad de información para la realización de su informe” según RPP Noticias. Según la misma fuente, “la misión internacional se reunió con el Presidente de la República, la Vicepresidenta y parte de su gabinete; los integrantes de la Mesa Directiva del Congreso; la titular del Poder Judicial y dos magistrados de la Corte Suprema; con los magistrados del Tribunal Constitucional; la Fiscal de la Nación; los 13 grupos parlamentarios representados en el Congreso; autoridades electorales; la Defensoría del Pueblo; la Conferencia Episcopal peruana; organizaciones profesionales de abogados, periodistas; centrales sindicales; y organizaciones de la sociedad civil.” Pues bien, a nuestro modo de ver, esta visita ha sido muy pobre. Se olvidaron que el Perú, pese a su pobreza, tiene desde hace siglos universidades, pensadores, investigadores, científicos, que dictan clases y publican libros de gran valor por su sinceridad. Críticos de lo que ocurre en la sociedad, son los que pudieron explicar cómo se llegó a la situación política que motivó dicha misión de la OEA.

En columna anterior, nos ocupamos de la ambivalencia del Legislativo y acudimos a lo barroco para explicar el proceder de nuestras instituciones. En el caso de la visita de la OEA, tenemos el protagonismo de la Presidencia que busca cumplir su mandato de cinco años pese a ser el único primer mandatario investigado durante su función en democracia. Retomaré las palabras del periodista Juan Diego Quesada, del diario El País América, desde México que decía en marzo pasado: «El Congreso, siempre fragmentado al no existir los partidos políticos tradicionales, es una herramienta para delimitar el poder presidencial y, llegada la hora, guillotinarlo. Perú lleva en esa espiral seis años.» «Perú, de 33 millones de habitantes, se ha sumido de nuevo en la convulsión. En América Latina se le ha puesto la etiqueta de ingobernable. Se suceden los dirigentes quebrados. Los peruanos se preguntan qué clase de maldición ha caído sobre ellos.» (https://elmontonero.pe/columnas/los-guanacos-son-inteligentes). No nos cansaremos de decirlo, en dos siglos de independencia, no se ha podido construir un Estado con un ordenamiento legal que sea respetado.

Entonces, nuestros visitantes se habrán ido sin saber de nuestra crisis, y sin embargo, no faltan los libros que permiten entenderla. En distintos campos, cada uno de los siguientes títulos para entender al Perú es muy útil:

1-. Perú: élites del poder y captura política, de John Crabtree y Francisco Durand editado por la Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú. Del 2017.

2-. La mano invisible en el Estado. Efectos del neoliberalismo en el empresariado y en la política, de Francisco Durand, publicado por DESCO y Fundación F. Ebert Stiftung (2006).

3-. Para salir del laberinto. Del neoliberalismo a la nueva socialdemocracia, de Alfredo Barnechea, publicado por Santillana (Taurus), en Lima. Es del 2001.

4-. Los Estilos de Vida en el Perú, de Rolando Arellano Cueva, editado por Consumidores & Mercados, en el 2000.

5-. Los doce apóstoles de la economía peruana, otro título de Francisco Durand, editado por el Fondo Editorial de la PCUP, del 2017.

6-. El Perú: retrato de un país adolescente, de Luis Alberto Sánchez, publicado en 1987 por PEISA.

7-. ¿Es otro el rostro del Perú? Identidad, diversidad y cambio, el libro de Max Hernández, actual Secretario General del Acuerdo Nacional, publicado por Agenda: Perú, en el 2000.

8-. Profetas del odio. Raíces culturales y líderes de SL de Gonzalo Portocarrero, del Fondo Editorial PCUP, del 2012.

9-. Conversando con el doctor Vladimiro, una compilación de los vídeos de la corrupción en los años 90 de la dupla Montesinos-Fujimori que debemos a Luis Jochamovitz, Ediciones El Comercio, libro del 2002.

10-. Sociedad mediocre. El Perú de los zorros y vizcachas, de José Mendívil, editado por el Instituto de Ciencia y Tecnología de la URP, Lima, 2016.

11-. El problema de ser cholos. Dudas y desconciertos de todos los que tienen la piel trigueña, libro de Manuel Jesús Granados autoeditado en Lima en el 2019.

12-. País combi de Pedro Morillas, Editorial Summa (2014).

13-. El nacimiento de los otorongos. El congreso de la república durante los gobiernos de Alberto Fujimori 1990-2000, Carlos Iván Degregori & Carlos Meléndez, editado por el IEP y libro de 2007.

14-. Sombras coloniales y globalización en el Perú de hoy, de Gonzalo Portocarrero en tanto que editor, y publicado entre varias entidades (PCUP/IEP/Universidad del Pacífico, etc.) en el 2013. Trata de temáticas distintas, los “claroscuros coloniales, el autoritarismo patriarcal, los enfrentamientos visuales al poder, las intenciones inquisidoras desde la fotografía”

15-. Nuevos súbditos. Cinismo y perversión en la sociedad contemporánea, de Juan Carlos Ubilluz y editado por el IEP en el 2006.

16-. Añadiremos tres más, uno muy importante, de varios autores, editado por el IEP y el BCR, en el 2014, Compendio de historia económica del Perú, el tomo 5 que cubre el periodo 1930-1980.

17-. Organización y participación política en el Perú, antes y durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado, de José Carlos Fajardo, y publicado por Editorial Universitaria Ricardo Palma, en el 2009.

18. El mal peruano 1990-2001, libro mío editado por SIDEA en el 2001, que se puede encontrar en Ebook ahora.

Gracias por la visita, es saludable. Los mismos peruanos escriben mucho sobre su país, y por eso hicimos esta lista. Ojalá se hubieran quedado más tiempo para entender mejor al Perú.

Publicado en El Montonero., 28 de noviembre de 2022

https://www.elmontonero.pe/columnas/otros-ojos-deben-mirarnos

Lo barroco en la vida política peruana

Written By: Hugo Neira - Nov• 21•22

Tal y como cinco siglo atrás.

Estoy en el extranjero pero sigo lo que ocurre en la vida política. Por ejemplo, los modos de actuar del poder legislativo ante el poder ejecutivo. Todo el país mantuvo una esperanza, pero lo que se ha hecho (o lo que se dejó de hacer) es algo que no es de nuestro tiempo. Algo que no es nada pero algo más bien complejo. Se le llama lo barroco. Tanto como el romanticismo, el racionalismo o los escépticos cubren un periodo de tiempo, lo barroco proviene de un periodo cultural de hace cinco siglos. Si el amable lector tiene una máquina de nuestro tiempo conectada a Internet, podrá corroborar la definición que damos de lo que significa lo barroco en el Diccionario de Oxford de Google:

“1. El Barroco es un movimiento cultural y artístico que se desarrolló en Europa y sus colonias americanas entre finales del siglo XVI y principios del XVIII. Surgió como una reacción a las estrictas normas clásicas del Renacimiento. 2. Periodo histórico cultural europeo y americano que comienza a finales del siglo XVI y termina a principios del siglo XVIII durante el cual se desarrolló este movimiento. En España, el Barroco coincide con la decadencia del Imperio y con el Siglo de Oro de las Letras.”

La tradición de lo barroco tuvo un periodo bastante largo. Tomamos del Diccionario María Moliner una definición. Viene del francés baroque, nombre de «una figura de silogismo que los renacentistas aplicaron a los razonamientos absurdos, cruzado con el portugués barrôco, perla irregular, pariente del español berrueco”. En tanto que adjetivo, “se aplica al estilo artístico, particularmente empleado en la ornamentación arquitectónica, nacido en Italia y generalizado en Europa y América española en los siglos XVI y XVII, caracterizado por el predominio de las líneas curvas y la profusión de adornos; así como a las obras realizadas en ese estilo y a las cosas relacionadas con él”.

Ahora bien, lo barroco, se vuelve churrigueresco (de Chirriguera, su inventor), rococó, o sea excesivamente recargado. Barroco se aplica por extensión, dice el Diccionario, “a cualquier cosa, material o no material, por ejemplo al lenguaje o al estilo literario, complicada, retorcida, o con adornos superfluos”.

Traemos la mirada del filósofo Eugenio d’Ors en Lo Barroco (Tecnos, Madrid, 1993) que son textos españoles de “carácter histórico-artístico y estético, tomados en consideración por la crítica universal”. Uno en página 35 se titula “El Paraíso Perdido”:

“Fielmente guardo la memoria de una hora meridiana, cierto día de mayo, en el Jardín Botánico de Coimbra. Hora lenta y turbia, de perfumes vegetales y arrullos voluptuosos. Las palmeras esbeltas, ávidas de sol, subían, dominando desde muy arriba las frondas, que ahora olvidaban, en la altura de su palacio de luz; así mujer desvestida ante el espejo olvida, por el resplandor inteligente de los ojos, las sombras fieras que el instinto encontrara a medio subir… Sí, las palmeras dominaban a los laureles; pero las trompetas marciales sonantes en algún cuartel vecino, no ahogaban el cálido gemir de las tórtolas. (E. D’Ors)

Para un ser humano de nuestra época, como en otros lugares en España o en Italia. estaría de más el Palacio, en algunos casos construido con mármoles. Y si se tiene un Jardín Botánico, se perdía el visitante por el bosque natural. Pero se puede pensar que ambas cosas serían una verdad, una revelación. Y entonces, nos dice:

“En la pereza y en el recogimiento, me fue dada la posesión de una verdad fecunda: a saber, que el Barroco está secretamente animado por la nostalgia del Paraíso Perdido. Paraíso, principio y fin de la Historia. En el espíritu de la Humanidad, alfa y omega. Por culpa del árbol de la ciencia —es decir, por el ejercicio de la curiosidad y de la razón— perdióse un día el Paraíso. Por el calvario del progreso —es decir, también por el ejercicio de la curiosidad y de la razón— se adelanta en el camino de vuelta. Toda la Historia puede considerarse como un penoso itinerario entre la inocencia que ignora y la inocencia que sabe”. (E. D’Ors)

Pero lo Barroco es interminable, está en la pintura, la poesía, la música, la escultura, la  arquitectura, la belleza de los templos, colegios y jardines cada vez más grandes y ostentosos. ¿Qué significaba el estilo barroco, lo recargado de sus modificaciones? El barroco ha sido siempre una respuesta al malestar de una época. Es un código.

Lo Barroco reacciona contra las normas clásicas del Renacimiento. El estilo barroco era prueba de poder económico. El barroco y sus imágenes nos conducen a la teología católica de la Contrarreforma, a la mentalidad del imperio de los Habsburgo, el más potente imperio de ese tiempo y del cual México (o Nueva España) y el Perú eran parte.

Y en nuestro país, el Ejecutivo pide una Cuestión de confianza al Legislativo. Un anticipo de respuesta fue que por un lado, sí le dan la confianza pero, por el otro, dicen que no pueden hacerlo. Lo dije años atrás ya, barroco está bien cuando es arquitectura, teatro, voluntad artística, y hasta cocina. ¿Pero el Estado? La economía y las relaciones internacionales son serios, sobrios, austeros. Son clásicos. Si el barroco es enrevesamiento (la definición es de Picón Salas), nada mejor en arte, nada peor en política.

El planteo ha sido un enorme error. Parece una broma, con respuestas imposibles. En una época de Príncipes, Maquiavelo nunca decía sí o no, por astucia. La Modernidad, en política como en negocios, es saber decir sí o no.

Publicado en El Montonero., 21 de noviembre de 2022

https://www.elmontonero.pe/columnas/lo-barroco-en-la-vida-politica-peruana