La Lima de Chabuca Granda

Written By: Hugo Neira - Sep• 20•22

Para el amable lector, una crónica que celebra su jubileo, 60 años. La escribí para el diario Expreso el mes del natalicio de Chabuca Granda (setiembre 1920), que era apurimeña. Tenía entonces 26 años. A Chabuca, que supo retomar el buen humor del fin de siglo en sus canciones, le he dedicado una columna hace dos años en este portal, y fue la ocasión también de recordar cómo eran los años 60 (https://elmontonero.pe/columnas/chabuca-granda-cuando-la-cancion-es-poesia-y-metafora). Tiempo aquel en que había broma y no injuria como ahora. Con algo de nostalgia, la columna del joven Neira.

LA LIMA DE CHABUCA GRANDA*

Todo el mundo sabe quién es Chabuca Granda. Y todos gustamos de «su Lima», porque viene envuelta en la magia de un ritmo y un verso con matices sólo alcanzables para la rubia compositora. Pero entre la ciudad de ensueño, con rumores de río y alameda, que ella nos canta, y la otra ciudad en la que vivimos, hay el abismo que separa a la realidad de la fábula. Claro, nosotros vivimos en «una Lima» y Chabuca nos habla de «otra», de otra Lima que ya no es.

Pero la imaginación perdona al sentido común y fascina los sentidos. Así, quizá ella nos ayuda a ver bella una ciudad que cada día es más arbitraria, vulgarmente cosmopolita, sucia a veces, injusta siempre, si se la ve por el lado de las barriadas. La Lima de Chabuca Granda es una ciudad aristocrática. Es criolla, pero «fina», no popular. Quizá por eso, porque el pueblo admira lo que está por sobre él, por la misma razón que hace que justamente los que nunca aparecen en la página social son los que más leen las páginas sociales de los diarios. Por parecidas apetencias son populares los valses de Chabuca. Su humanidad limeña es superior. Se diría que esconde sus linajes en la vieja prosapia de las familias linajudas. Y los personajes de sus valses, aun la acanelada criolla, bien pueden ostentar nobles abolengos, ramificados y prestigiosos árboles genealógicos; sus casas, han de ser, necesariamente, grandes casonas señoriales, de patios recogidos, con olor de jazmines, y fresca agua de aljibe. Y, por lo tanto, los hombres, señoriales y bizarros, como José Antonio, caballero de galano caballo de paso. En fin, el mundo perdido y casi olvidado del criollismo señorial. Es una tradición que Chabuca ha sabido recrear y hacer gustar a todos, incluso a quienes están más lejos de esta vida.

Después de todo, hubo alguien antes que ella, que hizo lo mismo: Ricardo Palma. Esto es, prestigiar la dorada vida de los virreyes y los oidores ante los ojos y oídos alucinados y atentos del alma popular. Así, debido a estos trovadores, el pueblo seguirá cantando la leyenda de los señores cuando éstos hayan dejado de existir. (HN)

*Lima, Expreso, viernes 21 de septiembre de 1962. Reeditado en: Neira Hugo, Pasado presente. Del tiempo aleve: crónicas de los 60, Sidea, 2001, pp. 208-209)

Publicado en El Montonero., 19 de septiembre de 2022

https://elmontonero.pe/columnas/la-lima-de-chabuca-granda

Breve historia de la clase indígena peruana

Written By: Hugo Neira - Sep• 13•22

En su libro Entre Escila y Caribdis. Reflexiones sobre la vida peruana, Augusto Salazar Bondy así describía al indio:

“La alienación peruana

La condición miserable del campesino indígena, el hacinamiento degradante de las grandes masas en las ciudades, la subalimentación de la mayoría de la población peruana, los bajísimos niveles de salubridad, el analfabetismo, el régimen de trabajo servil son algunos de los inocultables signos de la alienación del hombre en el Perú. Y el cuadro de la miseria peruana se agrava por la existencia de una minoría privilegiada que vive en el lujo, está autorizada a acumular riqueza y poder sin medida y endereza todos sus esfuerzos no a alcanzar una prosperidad compartible por la comunidad peruana en su conjunto sino, por el desarrollo, a hacer perdurar la opresión y el atraso gracias a los cuales puede medrar indefinidamente del Estado mafioso en el que cae el país por tiempos. Hay así en el Perú, claramente distinguidas y opuestas, de un lado, una gran masa oprimida y excluida de los beneficios de la vida social moderna y, de otro, una minoría opresora, absorbida por los valores   del lucro.” […] (edición Casa de la Cultura del Perú, Lima, 1969).

El indigenismo como problema o esperanza

Esta ha sido la temática más intensa que hubo después de la Independencia. No solo en Perú sino en Bolivia, Ecuador, México. La existencia de pueblos de diversas culturas formando la mayoría de la población nacional hace que la historia de los indios acompaña la vida peruana y la de una gran parte de nuestras repúblicas. Tras el periodo colonial, con el indigenismo en el siglo XX, la cordillera andina siempre nos pareció la espina dorsal de los Andes, el punto central del Perú después de volverse una república. La propiedad de la tierra fue un asunto siempre conflictivo. Antes de Mariátegui, el peruano Hildebrando Castro Pozo, en 1924, en su libro Nuestra comunidad indígena, concebía las comunidades indígenas en Perú (ayllu) como “cooperativas socialistas” y eso, influye en Mariátegui inmediatamente. La posibilidad de una sociedad socialista antes que la economía capitalista fue un principio para los peruanos. Pero el mundo indígena era también visto como una posible guerra interna. Tenemos que recordar al peruano Luis Valcárcel (1891-1987) autor de Tempestad en los Andes. Yo recuerdo en el colegio que nos decían que “tempestad” se refería a una revolución en los Andes. Sin embargo, esa guerra entre indios nunca ocurrió. Las guerrillas, años después, no fueron de una etnia o raza determinada sino de gentes diversas. Otro profeta fallido fue José Uriel García (1889-1965) con el pronóstico de El nuevo indio (1930). En efecto, surgieron otras culturas, y otros escritores: Ciro Alegría, con su libro El mundo es ancho y ajeno, en 1941. Y José María Arguedas (1911-1969), muy popular a partir de Yawar fiesta, en 1941. Y también Manuel Scorza, Redoble por Rancas, un indigenismo renovado en la línea del realismo mágico de Gabriel García Márquez. Es un momento muy alto de la literatura latinoamericana. Sin embargo, esa corriente literaria se había iniciado antes, con Aves sin nido de la peruana Clorinda Matto de Turner, en 1889. Es el primer manifiesto del indigenismo literario, lo dice el investigador Henri Favre en Indigénisme, su libro editado en francés.

Migración interna. De las ojotas rebeldes a la choledad empresarial  *

Nos atrevemos a usar el concepto de cholo, no como insulto, sino como reconocimiento social. Las cifras nos permiten un punto de vista objetivo y racional. En 1940, el 70% de la población del Perú era rural. Hoy es todo lo contrario. En el 2017, la población urbana es mayoritaria en todos los departamentos del Perú. No solo en la costa sino en sierra y selva. Hoy, el 76% de los peruanos reside en localidades urbanas. La migración interna es un acontecimiento inmenso. Por la sencilla razón que ocurre cuando la población total alcanzó su mayor tasa de crecimiento. En cifras globales, en 1961 había 10’217’500. En el 2007, había aumentado a 28’220’700. Desde entonces, la tasa anual ha disminuido. El Perú ha hecho su transición demográfica. Es por eso erróneo creer que la migración del campo a la ciudad ha disminuido la población rural. «Entre 1961 y 2007 la población rural aumentó en poco más de 1,4 millones de personas.» ¿Qué significa esta migración interna de los últimos cincuenta años? Lo que sigue se apoya en los censos de población realizados en 1940, 1961, 1972, 1981, 2005, 2007 y 2017.

Una transformación sin precedentes. Se urbaniza la sociedad. La capital, Lima, en 1940 —cuando se inicia el éxodo rural hacia la capital— contaba con 645’172 habitantes. En 1961, veinte años más tarde, la población es de l’845’910. En 1993, llega a los seis millones. Hoy, en el 2018, alberga nueve millones. Respecto al resto del país, Lima metropolitana ha pasado de 9,4% en 1940 a 28,4%. Pero sería un error pensar que despuebla la capital a las ciudades costeñas o serranas. La distribución (voluntaria) de los migrantes, el pasaje o invasión del campo a la ciudad hace crecer también a otras urbes. Y el INEI (Instituto Nacional de Estadística e Información) señala que en los días que corren, las ciudades del interior crecen a una tasa superior a la de Lima. Estamos hablando de un proceso de modificaciones, tanto económico y social como cultural. Además, hay que decir que lo urbano se acompaña de otro cambio significativo. Los peruanos de hoy viven más bien en la costa que en la sierra o la selva. En la costa, reside el 55%, en la sierra el 29,6%. La selva sigue siendo poco poblada. Hay que decir que es la primera vez que en tres mil años, la sierra peruana deja de ser el centro nuclear del Perú histórico. Estas mutaciones no nos impiden decir que todavía la peruana es una sociedad muy fragmentada. Por ejemplo, la pobreza monetaria afecta a un 21,7% de la población. Sin embargo, entre 2007 y 2017, cerca de seis millones de personas dejaron de ser pobres. 

Otro cambio gigantesco. Alfabetismo y menos analfabetos. En 1940, un 57,6%. Que pasó en 1961 a 38,9%, y en 1981 se reduce a 18,1%. En el 2017, habría solo un 6%. Por lo general, población de adultos mayores y que viven en lugares alejados. Hay debate sobre lo actual: según diversos estudios, consideran que queda un 13% de analfabetos, en departamentos como Huánuco, Ayacucho, Huancavelica, oscilan entre 14% a 11%. Y siempre hay más mujeres analfabetas que varones. Pero se puede decir grosso modo que la población peruana es ahora urbana, costeña y analfabeta. Es innecesario insistir en el impacto de esas modificaciones que llamamos la dinámica de las capas tectónicas. Es decir, la población misma, entrando silenciosamente a los primeros pasos de la modernidad.

En el nivel rural —talón de Aquiles de la sociedad peruana— las viviendas con disponibilidad de áreas de saneamiento han pasado de un 43% en 1993, a un 60% en el 2008. Pero el malestar ha continuado, pues, las brechas con las capas medias y ricas son enormes. Conviene, pues, examinar, paso a paso, diversos índices sobre pobreza, ingresos familiares, gasto social por parte del Estado, empleo, y signos de calidad de desarrollo humano como mortalidad de los niños.

Una hipótesis razonable ante el descontento es que el menudo pueblo habría sentido ese crecimiento en sus bolsillos. Pero no es así. Una vez más las cifras son aplastantes y desconcertantes. En lo que concierne al ingreso per cápita, en 1980, era de 890 dólares. En 1995 alcanza los 1’530 $. Y en el 2009, es de 4’200 $. En el 2017, es de 6’541. El cálculo es del Banco Mundial y de Images Économiques du Monde, edición del 2017. Puede surgir inmediatamente otra duda. ¿Hubo acaso un proceso inflacionario que anula ese crecimiento por persona? La sospecha en principio es razonable. A fines de los años ochenta, el Perú tuvo una inflación solo comparable a la Alemania de la República de Weimar. Pero en los últimos veinte años —incluyendo el segundo gobierno de Alan García—, el Perú ha sido en lo que concierne a la política monetaria, cambiaria y fiscal, una seriedad inconmovible. El entorno económico y financiero no ha hecho sino elogios.

Entre tanto, los migrantes andinos se convertían en la clase más baja pero dispuesta a los trabajos improvisados. De abajo vino el vendedor ambulante, luego los mercaditos callejeros, el negocio propio, la tiendecita, en suma, los emprendedores populares. Sin la migración, nada de eso existiría. Si esto no es una revolución social, ¿qué es?                     

Economía y política en Perú. O cuando Dios y el diablo se dan un apoyo  *

Perú, pobreza. 2001: 54,8% – 2017: 21 %

¿Por qué la situación peruana presenta un marco de sociedad frágil, pese al crecimiento de su PBI en los últimos veinte años? ¿Un rumbo incierto y en general un esquema de sociedad que no ha tomado el camino a la modernidad sino parcialmente, y se retarda la implantación del Estado de derecho? ¿Es posible una economía abierta y de mercado cohabitando con una sociedad cada vez más fragmentada? Entre tanto, el índice en Perú de aceptación de las instituciones es uno de los más bajos del continente. La cuestión de fondo es, pues, la acumulación de diversos índices de progreso claramente positivos y, a la vez, la inestabilidad política. De 1990 al 2016.

No es fácil entender ese prolongado siglo XX. ¿Prosperidad por un lado, llantas quemadas en carreteras y marcha de protesta por el otro? En las estadísticas que recogemos, el ingreso personal se ha doblado, y la cifra de hogares que han accedido a servicios públicos como el agua, la luz eléctrica, incluso en sectores rurales. Dejemos de lado cualquier hipótesis malsana e improbable de una disposición cultural al desagradecimiento, atribuida en general a la herencia colonial. La hipótesis más realista y pragmática sería la de que esos años de bonanza no se hizo gasto social de parte de municipalidades, obras del Estado Pero las estadísticas prueban lo contrario, como lo veremos más adelante. En suma, en el Perú crece a la vez el ingreso per cápita, los gastos sociales y el permanente malestar social. Y si esto no es una paradoja…

Y no estamos hablando de un ciclo breve —cinco años— sino de varios regímenes que se han sucedido por la vía normal de las urnas. Pero fuera quién fuese los candidatos que compiten en la vida política, la sociedad peruana ha enviado a algún outsider al poder legal, personajes sin partido alguno, sin experiencia de las funciones de Estado. Y por razones muy complejas, el elegido para el sistema se comporta en contra del sistema mismo y termina por no realizar el programa de sustitución, para exasperación y desilusión de clientelas y votantes que esperaban lo prometido en las campañas. La paradoja es que cuanto más procesos electorales se dan, más se deteriora en Perú la confianza del ciudadano en sus representantes, en el Congreso o en los ministerios. En el Perú gobernar es traicionar, visto desde abajo, o desde las elites, tanto financieras como políticas, es seguir el camino de la alternativa del mercado y la economía abierta. No decimos quién tiene razón, decimos que en economía y política, se abren cada vez más grandes brechas. Y eso no es saludable, ni para unos ni para otros. 

Un enigma peruano. Crecimiento económico y desafecto político (2001-2018)

Como se sabe, en los inicios de los años noventa, el Perú se vuelve económicamente un leal seguidor del Consenso de Washington, y retorna a una economía de mercado y de apertura al exterior. Digo esto sin ningún a priori favorable o desfavorable, es evidente que el producto bruto interno no dejó de crecer desde 1991. En las administraciones o gobiernos sucesivos a Alberto Fujimori, los mecanismos que llevan al crecimiento no sufren grandes modificaciones, y para abreviar, el crecimiento anual del 2001-2005, con una media de 4,2%, pasa entre 2006-2010, a 7,2% (Banco Mundial). Hay que decirlo sin ninguna jactancia, es el más alto de la América Latina. Ahora bien, en otro indicador social, esta vez sobre la cultura política de la democracia, en la publicación más conocida como el Barómetro de las Américas, el Perú, en aprobación del sistema, aparece como uno de los más bajos, junto a Panamá y Guatemala. La cifra es de 12.2%. Por comparación, Ecuador es de 19.2%, México de 22%, Chile de 29% y Uruguay de 38%. No son muy altas, pero la respuesta peruana es ostensiblemente mínima.

Durante veinte años ¿descontento social y crecimiento económico a la vez? Si esto fuera cierto, se derrumbaría el esquema del desarrollo por vía de aumento de la riqueza. Como signo de descontento tomamos el visible hecho que ningún presidente haya conseguido que un sucesor sea elegido por la ciudadanía. Ni Fujimori, ni Toledo, García o Humala. Puede pensarse, pues, que el descontento proviene del olvido de las necesidades. Los datos estadísticos muestran lo contrario. La pobreza ha disminuido, de un 54,3% del 2001 a un 31,3% en 2010. Y  Cierto que con diferencias entre costa, sierra y selva, y de Lima misma. Sigue siendo la sierra andina el lugar de pobreza. Pero a solo un tercio es un cambio social que no se puede despreciar. Quizá en esta área conviene señalar otros datos. La vida de una familia popular habría cambiado sustancialmente, del 67% que tenía un hogar con alumbrado eléctrico en 1996, en el 2009 sube a un 86,4 %.

Los peruanos conocen estos cambios o creen conocerlos. Los han percibido como la aparición en la capital de migrantes andinos o provincianos. Y con ellos, varios eventos inesperados, toma de tierras eriazas, aparición de las barriadas (transformadas, con la ayuda del tiempo, en distritos). Gente que construye sus propios hogares, al inicio choza en los arenales costeños, luego casa propia. Matos Mar llamó la atención de esa mutación. Y Hernando de Soto explicó, muy tempranamente, ese comportamiento social de los recién llegados (El otro Sendero: la revolución informal, 1987). No por azar la subtitula, «la revolución informal». Los «cholos» bajados de las alturas andinas ocupaban terrenos, organizaban sus calles y plazas, se inventaban sus propios oficios. Nace con ellos el autoempleo, la autoconstrucción y el autogobierno. Son a la vez el éxito, por ejemplo, Villa el Salvador, y la informalidad, con todo lo de positivo y negativo que la habita. De Soto encuentra en ellos el inicio de un capitalismo venido desde abajo. Aníbal Quijano anuncia el nacimiento de una sociedad cholificada. En efecto, Norma Adams y Jürgen Golte, en Los caballos de Troya de los invasores, encuentran la clave de ese asombroso éxito popular. Los excampesinos llegan a la gran ciudad con el «poder simbólico» (Cf. Bourdieu). Es decir, sus costumbres. Provienen de un patrón de comportamiento andino, cauto en los gastos, prudente porque la tierra como las lluvias son precarias, y con una moral del trabajo y la austeridad (que era milenaria). Al punto que la antropóloga Adams les encuentra un parecido a los pioneros americanos, y lo dice: «no saben que lo son, pero son protestantes». La migración confirma una de las tesis de Max Weber. El capitalismo había aparecido con la Reforma y desde abajo. Los calvinistas alemanes eran sobrios y ahorrativos. Los invasores andinos también lo fueron, en las dos primeras generaciones. Lo suficiente para prosperar por cuenta propia. Hoy sus nietos o tataranietos son parte del país consumista que es el Perú actual. Su cultura ha cambiado, es chicha, es achorada, es otra cosa. Y es otro tema. Aquí explicamos el génesis y no el apocalipsis.

El desprecio al conocimiento y los mejores se van del país **

Ha sido el gran Basadre quien se preocupó por el destino de las elites. En Perú, así como hay un deseo de reformar y progresar, hay también un apego a que todo siga como está. Ahora bien, vista esta anomalía, uno puede entonces preguntarse por qué lo mejor de la creación peruana se ha escrito en el extranjero. ¿O no es verdad acaso que César Vallejo escribe su más alta poesía muriéndose en París? ¿Y por qué un Vargas Llosa juvenil encuentra sus editores y lectores en Barcelona? ¿Por qué Víctor Raúl Haya de la Torre, no solo gran orador y tambien excepcional conversador, viajaba tanto, acaso porque lo entendían mejor que sus paisanos peruanos y si lo entendian los socialistas del norte de Europa? ¿No es cierto que José Carlos Mariátegui estaba a punto de irse a Buenos Aires, puesto que Leguía le cerraba todos los caminos, y la muerte lo sorprende? ¿Vivió mucho tiempo entre nosotros, César Moro? ¿Y Julio Ramón Ribeyro, cuya narrativa era la vida de las clases medias y sus quintas, cargada de distancia y nostalgia? ¿Y acaso Ventura García Calderón no se muere en París? Y Manuel Nicolás Corpancho, tuvo que irse a México, y al regresar, el barco en que volvía se incendia. ¿Y no muere de un accidente aéreo Manuel Scorza, que ya vivía en Europa? Y nuestro primer clásico, Garcilaso de la Vega, ¿no se va para siempre «llevándose consigo las conversaciones de su niñez», como él mismo lo dice? Y el padre Gutiérrez, ¿no realiza su teología en la Universidad de Lyon? ¿No es cierto que el poeta Alberto Hidalgo, por muy arequipeño que fuera, gran parte de su producción la publican en Buenos Aires? ¿Y no es verdad que Aves sin nido de Clorinda Mattos de Turner, aparece en 1889 en Buenos Aires? Aunque Federico More nace en Puno y se muere en Puno. Y a Teodoro Núñez Ureta, pintor y muralista, le reconocieron su talento en vida. Y Lucho Loayza no volvió nunca más. Ciro Alegría sufre exilios pero igual logra escribir libros con los cuales ganaba concursos, hasta hacerse famoso. Muere en Lima, con los reconocimientos del presidente Fernando Belaunde, y con el título póstumo de «amauta». Pero desde entonces, las cosas han empeorado. José María Arguedas se muere preguntándose si «había vivido en vano». Un grupo de intelectuales lo hirieron simbólicamente. Raúl Porras se muere de soledad después de su discurso en San José de Costa Rica. Algo había dicho en otra ocasión, sobre «la ausencia de los mejores».

Acaso he trabajado este gigantesco jardín de ideas [Dos siglos de pensamiento de peruanos, editorial universitaria Ricardo Palma, de 666 páginas, 2021] porque escuché a Porras en un homenaje a su persona, cuando era Presidente del Senado. Nos dice que «ciertas virtudes externas de la democracia —libertad de pensamiento, independencia de espíritu, libertad y autenticidad electoral— han desaparecido por completo las normas íntimas e indeclinables de una democracia». ¿Qué normas? «El aprovechamiento del mérito y la aptitud, el sentido de la responsabilidad y el necesario e imprescindible uso de la alternabilidad y de la renovación».

Porras, nuestro Sócrates liberal. «Vosotros sabéis o debéis saber que la regla primera de una orientación democrática sincera es la selección de los mejores». Y luego: «Esta es la tragedia del Perú, durante casi toda su vida republicana y particularmente en los últimos lustros: la exclusión de la vida directiva del Estado de todos aquellos que ostentan una aptitud superior o una probidad notoria, o una vida rectilínea y el predominio únicamente de los que siguen una conocida curva de servilismo y lisonja».

Ha pasado de ese discurso más de cincuenta años. Pero la norma continúa a ser y con más ganas, «el predominio de los incompetentes y, la exclusión del poder de quienes podían orientar y enseñar». Y termina: «es deber vuestro contribuir con vuestra acción cívica, al restablecimiento de un Perú más digno y mejor». Lamento decir que no hemos hecho gran cosa.

El Perú —estoy convencido— será grande cuando los mejores no tengan que partir. Pero acaso eso será para un tercer centenario. No por el momento. Hay universidades que se han hecho para tener un partido polîtico. Así apareció Sendero Luminoso en una universidad de Ayacucho, y en otra supuesta casa de estudio, el negociode plata como cancha. En cuanto las clases sociales, los ricos colocan sus hijos en los lugares del planeta en que las mejores universidades son las más caras, pero producen profesionales que podrían hacer entrar al Perú al mundo de la ciencia. El conocimiento y el saber es algo que en el Perú no interesa. Y para los peruanos que tuvieron formación en Estados Unidos o en Europa, en su retorno fugaz al país, son una incomodidad. Traen temas, métodos y saberes que molestan a los académicos que siguen con los conocimientos de 50 o 70 años atrás. Me atrevo a decir, por mi parte, que el Perú es una nación extemporánea. No está en este siglo. Situación muy peligrosa. Las grandes empresas apatridas pueden comprar países enteros dado el poder mundial de unas finanzas que no les importa ni los pueblos ni las naciones. Vendepatrias abundan. Menos mal, no estaré para ver el apocalipsis de un país que amé, pese a sus maldades.

Como el mundo andino se salva tras unos pasos inesperados que ellos mismos dan

Esos pasos son tres: 1- La migración de los andinos dentro del Perú mismo. 2- Luego la aparición de una clase de trabajadores informales en las ciudades.  3- El ingreso a la empresa moderna y de capitales al igual que las capas sociales de blancos y limeños.

1-La migración de los andinos dentro del Perú mismo

Perú país de los Andes que el sabio Murra califica de “pisos ecológicos”, pero regiones sin medios de comunicación. Entonces, es más lógico mover a los nativos que las tierras fertiles, y eso fue lo que pasó. No los dirigió un partido ni tampoco un gobierno. En la mitad del siglo XX, se inició la migración voluntaria del pueblo rural. Nada ha modificado tanto el Perú como la marcha de millones de peruanos pasando de una región a otra. Este éxodo, esta revolución oculta, lo he llamado movimiento de placas tectónicas en mis últimos libros. Cuanto ha cambiado el Perú, ni un golpe de Estado lo sobrepasa. Se modificó  la manera de vivir, los oficios, la vida urbana, y las mentalidades. Hoy día, según el Instituto del Perú, la mayoría de las familias viven en ciudades (no solo en la capital). El Perú hoy es urbano. Y rural, solo en un 10% . Y además, la mayoría de la población vive en la costa, algo impresionante. Hace tres mil años, incluyendo el Perú antiguo, era la sierra. No por eso podemos dejar de pensar las consecuencias. Pero quiero insistir en que la sociedad civil ya no es la que fue, es otra. Difícil de entender a menudo.

Vayamos a las cifras, que es un modo de entender desde lo objetivo y racional. En 1940, el 70% de los peruanos eran rurales. Hoy es todo lo contrario. En el 2017, la población urbana es mayoritaria y en todos los departamentos del Perú. No solo en la costa sino en la sierra y la selva. Hoy el 76% reside en localidades urbanas, en casas construidas por las familias mismas. Y la población nacional total alcanzó su mayor tasa de crecimiento. En cifras globales, en 1961, había 10’217’500 habitantes. En el 2007, había aumentado a 28’220’ 700. Desde entonces, la tasa anual ha disminuido. El Perú ha hecho su transición demográfica. Pero si la economía no logra crear puestos de trabajo, continuará la antipolítica, y la decepción de los peruanos ante los partidos políticos así como la desconfianza ante el Estado.

Una transformación sin precedentes. Se urbaniza la sociedad de un país del Tercer Mundo. La capital, Lima, en 1940 (cuando se inicia el exodo rural) contaba con 645’172 habitantes. En 1961, veinte años más tarde, la población es de 1’845’172 habitantes. En 1993, Lima conta con 6 millones de habitantes. Confieso que estas cifras vienen de uno de mis libros. Y con las ciudades, desde el fondo de la historia de la evolución de nuestra especie, se inician las civilizaciones. En Egipto, Grecia, Roma, etc. Las únicas civilizaciones que encontraron en la América recién descubierta fueron México y Perú. (Vienen de El águila y el cóndor, libro comparativo de México y Perú editado por la Universidad Ricardo Palma. Ese libro,  con la ayuda de Claire, mi esposa, lo trabajamos fuera del país, en Santiago. Cuando escribo, me concentro y necesito algo que es la distancia y la soledad, consejo del mexicano Octavio Paz.)

2- Luego la aparición de una clase de trabajadores informales en las ciudades

Una clase de proletarios sin fábricas, excampesinos, una nueva clase popular. “Lima es una ciudad de inmigrantes ensimismados, de conquistadores de barrio, de pioneros que siembran el cemento sobre las áreas verdes. De gente pobre que invade los arenales, de gente rica que invade cerros vírgenes y acantilados. Los limeños somos invasores de nuestro propio espacio común. Forasteros permanentes. Estamos los que llegamos de los Andes huyendo de la guerra y la pobreza, en busca de educación o porque se nos dio la gana. Están los extranjeros que llegan todos los días. Están los peruanos que se fueron ayer y que vuelven hoy. Están tambien los que, anclados en Lima, migran de un barrio a otro, de un distrito pobre a otro ‘mejor’. De los Olivos a Miraflores, de Miraflores a Surco, de Surco a La Molina. Todos somos migrantes. Nuestras raíces son jóvenes. No terminamos de conocer al vecino. No saludamos a nadie.”  Este párrafo lo hemos extraído del libro de Marco Avilés, No soy tu cholo, página 30. En ciertos casos, la literatura sobrepasa a la sociología y la antropología. Un libro de protesta y reflexión sobre la choledad. El racismo, el orden y el desorden, la pluralidad y lo naciente. Nuevos aires por todas partes.

3-El ingreso a la empresa moderna y de capitales, al igual que las capas sociales de blancos y limeños, de los emprendedores provincianos. Es decir que en esta categoría de la actividad nacional, no hay solo grupos pertenecientes a las grandes familias de Lima sino también los que llamábamos “indios”. Hoy el peruano de ascendencia andina, ya no como obrero o empleado en el rubro de los servicios, emerge de la sociedad chola para ingresar a una capa social antes solo de criollos y gente blanca.    

Para llegar a esta novedad, hemos acudido al libro Los doce apóstoles de la economía peruana, de Francisco Durand. Se trata de una mirada social a los grupos de poder limeños, dice  Durand. Pero hay algo decisivo y novedoso. Este estudio analiza los grupos de poder,  no solo los conocidos grupos limeños sino los grupos empresariales provincianos que han emergido. Y en efecto, en la lista de los doce, aparecen seis grupos limeños y a la vez, otros seis que son provinciales y que ya cité en columna anterior.

Ya es anticuado hablar de “los dueños del Perú”, ya no son solo los grupos limeños sino otros y provincianos. Y si esto es un hecho real, ya no es cierto decir que los blancos son los empresarios en el Perú. Entonces, estaríamos en esa situación que la historia sorprende. Esas empresas crecerán en función del capitalismo globalizado. 

Este hecho —emprendedores ni blancos ni limeños—, es un ágape, el festín de la producción en manos de los no blancos, los cholos, los informales, y otro tipo de acaudalados acaso más cercanos a las clases medias y a los grupos étnicos. Si esto es así, hay otro  aspecto. Esas empresas emergentes trabajan por encima de las fronteras del país, en el mercado exterior. Los nuevos post indígenas no estarán en contra de la producción capitalista. Acaso como la China post Mao, y entonces, tendremos una suerte de “burguesía chola” además de las burguesías criollas del Perú post virreinal. Es una sorpresa y algo lógico. Con el dinero y el respeto ganado, los pueblos peruanos dejarían de ser los pobres y siervos del mundo criollo. Lo  peor sería que la oligarquía cambie de dominio, al punto que el renco.r acumulado por siglos se dé la vuelta.

Uno de estos días podría aparecer una oferta de trabajo:  SE NECESITA MUCHACHA CAMA ADENTRO PARA ASEO DE LA CASA Y RIEGO DE LOS JARDINES, DE PREFERENCIA BLANCA Y LIMPIA. Espero que no ocurra, que nos comportemos como republicanos. Pero el ‘mágico Perú’ nos ha dado tantas sorpresas… que no me llamaría la atención esa capacidad surrealista de nuestro sufrido país. Nada ya nos sorprende. Hay que entender que los nuevos empresarios ven en la economía mundializada el medio de ponerse al mismo nivel que las empresas de los blancos limeños, y eso sería entonces una nueva etapa de la economía y la sociedad actual, siguiendo el ejemplo de la China post Mao, sin por eso perder su soberanía. Reunir dinero, los que ayer fueron una clase pobre, en otros siglos, no lo podían hacer. Ni Sendero Luminoso, ni el experimento de repetir un sistema ruso-comunista en los Andes, dado que ha sido el más impresionante desplome de nuestros tiempos el sistema de la Rusia comunista. China es más hábil, su sistema cuenta con un Estado fuerte que no le impide volverse la mayor fábrica del planeta y ser una potencia que alcanza a los Estados Unidos. No es eso lo que debemos pensar sino entrar al mundo de la revolución industrial. La población indígena tiene la capacidad, sin dejar lo rural. Tiene la habilidad manual de los peruanos de color ‘marrón’ —como dicen ahora— pero le faltaba su necesaria burguesía para dar un gran salto en el trabajo, los estudios y la posibilidad de reunir dinero. No es, pues, ni la guerra interna ni los salarios lo que puede modificar la vida de cada día, sino las empresas, ya no solo de limeños, que aparecen en otras regiones del inmenso Perú. Lo han hecho en países del Asia, y en el continente, mucho en Chile y un tanto en el Brasil. Y seguirán…

*, **: Extraído de mis libros El águila y el cóndor y Dos siglos de pensamiento de peruanos.

Publicado en El Montonero., 12 de setiembre de 2022

https://elmontonero.pe/columnas/breve-historia-de-la-clase-indigena-peruana

Plebiscito Constitucional en Chile: testimonio

Written By: Hugo Neira - Sep• 07•22

Este domingo 4 de setiembre, los extranjeros radicados como los mismos chilenos estaban obligados a ir a votar, y mi mujer y yo fuimos a pie a un enorme colegio cercano. Pero antes de salir a la calle, una radio peruana, en la mañana misma, la radio RCR en Tacna, me invitaba con otros a su programa Revista Dominical vía la tecnología Zoom. Me permito decir quiénes eran: Oswaldo De Rivero Barreto, nada menos que Embajador del Perú en los EEUU, desde Washington. Luego, desde Lima, Herberth Cuba García, analista político, historiador experto en políticas públicas de salud y columnista de este portal. En su caso, desde Lima. Luego, Manuel Bernales Alvarado, politólogo, exfuncionario de la UNESCO. En fin, yo, desde Santiago de Chile, y acaso por estar en Santiago. Me presentaron como pensador, historiador y ensayista. Agradezco la invitación y me dieron el micro el primero.

Antes de continuar sobre ese conversatorio debo decir qué hago en Santiago. No soy un especialista de la vida y política chilena. Estando en una universidad en Lima, pedí licencia, al rector y a mis colegas, de dos cosas, la docencia y de mi cargo de administración. Y hace un buen tiempo que mi tarea es escribir unos libros, que quiero terminar dado mi edad y algunos problemas de salud. He escrito libros en los años sesenta, como Cuzco, tierra y muerte, y en los setenta Huillca, habla un campesino peruano. Hacia la tercera mitad, en 1996, cuando docente en la Polinesia Francesa, acaso porque tenía más tiempo para escribir. Entrando al siglo XXI, El mal peruano, Pasado presente (2001), Del pensar mestizo (2006), Ayer y mañana, con el Fondo Editorial de la USMP, en el 2008.

El penúltimo es El águila y el cóndor. Un segundo libro de comparación México y  Perú. De 500 páginas editado en el 2019. Por lo visto fue bien aceptado, lo digo porque tras la salida del primer volumen me nombraron miembro vitalicio de la AMECIP. La Asociación mexicana de Ciencias Políticas. En fin, conocí a Octavio Paz. Y me atreví a preguntarle por la distancia que lo llevó al laberinto de la soledad. Para entender el país mexicano, no hay que olvidar que está cargado de tradición, y que hay unas actitudes para llegar el fondo anímico, las secretas raíces. La espiritualidad mexicana solo se puede encuadrar dentro de la filosofía y de la ciencia social. Y para sus ensayos, el fuego de cada día. La historia es lenta. La historia y la historia oculta. Y me propuso algo de lo que llamaba países no viables, y en algunos casos, de cuyos descalabros se aprende.

Conversando

Repito, no estoy en Santiago para ser un especialista de Chile. Lo primero que dije fue sobre el tema de las repercusiones para América Latina, y repercusión será porque en estos días, sea Rechazo o Apruebo el resultado, pienso que será una lección de democracia puesto que el pueblo elector, millones de electores, dará la respuesta legal. Eso no ocurre en la Cuba de hoy, ni en Venezuela, ni en la Nicaragua de Ortega (qué lástima, el Ortega que conocimos, el filósofo, goza de lectura en nuestro continente). Pienso entonces en la Revolución Francesa que fue la abuela de nuestras repúblicas, de 1789, la legitimidad no estaba en los reyes ni en los cortesanos sino en el pueblo mismo. Pero los ciudadanos pueden equivocarse, ¿no hicieron jefe de Estado a Hitler? Las democracias pueden también equivocarse. Y no nacen en nuestras naciones latinoamericanas democracias sino democraturas, y por lo general, de largas etapas sangrientas para dejar el poder.

Todo esto, en la mañana del domingo, antes de ir a votar. Confieso que hay dos temas que me ponen en contra del Apruebo que defiende el Presidente Boric. No soy jurista, mi preocupación fue, y lo dije claramente, la desaparición del Senado, que según el Diccionario de Julio Casares, quiere decir “asamblea respetable”, cámara que tienen las naciones democráticas y modernas, como Inglaterra y Estados Unidos, y que examina en segunda instancia los acuerdos de la cámara de diputados. Pero en el proyecto plebiscitado se prefirió una entidad con criterio étnico, una Cámara de Regiones, lo cual es un enorme error. Soy peruano, y conozco bien mi país, el Perú está dividido en dos culturas: la cultura andina, los descendientes de los indios, y el otro Perú, el de los blancos. A un presidente años atrás (Toledo), se le ocurrió descentralizar el sistema de Estado, y así surgieron las Regiones. El país estaba enfermo de minorías, y convertidas en gobierno de regiones, fue un desastre. En vez de ser un progreso, varios presidentes de Región huyeron del Perú o se encuentran en la cárcel. Por mi parte, yo siempre lo he dicho, Chile es una nación y los chilenos son un ejemplo de carácter nacionalista.

Mi hipótesis es que los chilenos quieren estar juntos y no divididos, han visto los problemas que van a tener con esta Constitución. Si hay aymaras en Perú, Bolivia, y algunos en Chile e inclusive también en los llanos argentinos, ¿qué sería eso, una nación dentro de otras naciones? Cierto que hay pueblos que están fuera del Estado, la solución era un ministerio y no remover la estructura del poder político. Me parece que la gran mayoría de chilenos no han querido dividirse y acaso ante la pérdida de una entidad como el Senado, han preferido el Rechazo y no el Apruebo.

En el diario El Mercurio del día 5 dan el resultado de las comunas. Es enorme el Rechazo: de 346 comunas, unas 338 votaron por el Rechazo. A nivel nacional, un 61,97% votó en contra de la propuesta de la Convención Constituyente. El Apruebo es de 38,03%. También podemos decir, con los mismos resultados, que la aprobación ni llegó en el voto de Santiago, la capital, ni en Valparaíso, con 49,66% de apruebo y 58,34% de Rechazo. Un caso excepcional, casi igual. Pero la tabla de los resultados, desde la región de Arica pasando por La Araucanía y hasta Los Lagos y Magallanes, muestra Rechazo en todo Chile. Digamos que, en números, el plebiscito dio el siguiente resultado:

Apruebo                                                                   Rechazo

38,14%                                                                    61,86%

4.860.093 votos                                                    7,882,958 votos

Una opinión de Leonidas Montes, director del Centro de Estudios Públicos. “El país quiere una nueva constitución pero no cualquiera, sino una que nos une”. Un amigo filósofo e ingeniero, pero no diré su nombre: “Nadie esperaba una diferencia tan grande de casi 25 puntos”. Conocido el resultado, el presidente Boric admite lo que ha ocurrido y dijo recoger “con humildad este mensaje y lo hago propio”.

Los meses que vienen serán de debates. La metamorfosis del poder no se hace de un día al otro. Las teorías del poder nos llevan a pasearnos por Maquiavelo sabiendo lo difícil que es guardarlo. O por La Boétie, para lograr la obediencia de los ciudadanos. O por Hobbes, el poder es necesario para que los hombres usen el Estado como el dios mortal. Se modifica, no siempre. El inglés Locke, el gobierno civil, y Montesquieu y Rousseau que inventan los poderes separados. Y Marx y el poder de las clases sociales. Y Pareto, el problema de las elites. Siempre hay una minoría dominante, pero hay estabilidad si las elites circulan.  Y si los pueblos comprenden a las elites.

Publicado en El Montonero., 7 de setiembre de 2022

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Indigenismo o indianismo, no es lo mismo

Written By: Hugo Neira - Sep• 06•22

Desde Colón, en el inmenso territorio de América descubierto en los primeros pasos de los españoles, surgió una corriente favorable a las poblaciones que habitaban el Nuevo Mundo. En Roma, el Vaticano otorga la conquista a los reyes católicos con la obligación de difundir la palabra de los Evangelios a quienes llamaban “indios” porque eran, sin duda alguna, dotados de un alma. España venía de una guerra de reconquista de los territorios ocupados por los moros. El Papa Alejandro VI, en 1493, da a los reyes católicos la posesión de esa América. Desde entonces se inicia el debate sobre la naturaleza de esos “indios”. Para extraer los recursos, los conquistadores explotaban a los indios, desde el Caribe hasta en las tierras americanas continentales. Como hubo excesos, aparecieron figuras del clero defendiendo a los indios. Primero fue el dominico Antonio de Montesinos, en Santo Domingo, fustigando a los encomenderos desde su púlpito en un sermón escuchado en todo el Caribe. Esa Orden favorable a los naturales del Nuevo Mundo se instalará en América en 1510 y se enfrentará al hijo de Colón. Luego le siguió los pasos Fray Bartolomé de Las Casas (1474-1566) que, de encomendero en 1502, había regresado, pero en tanto que sacerdote en 1508, a Santo Domingo. La defensa de los indios locales fue una vasta evangelización pacífica en lo que es hoy Venezuela (Cumaná) y Guatemala. En 1550, Carlos V reúne en Valladolid una comisión de teólogos y juristas para detener la opresión de los indios. Las Casas enfrenta al jurista Sepúlveda que busca remediar las “costumbres abominables” (sacrificios humanos, canibalismo) mediante la servidumbre. La polémica es conocida como la Controversia de Valladolid. El debate fue muy complejo. Cierto que no se admite la esclavitud de los indios, pero se discute su naturaleza. Las Casas ponía en cuestión la legitimidad de la Conquista. Los señores de las tierras americanas no conocían los Evangelios, no podían ser entonces “infieles”, y “si lo hubieran sido, no podían ser privados del derecho a la libertad y la propiedad” (Henri Favre). Los naturales eran “pobres, humildes, pacíficos, obedientes”, según Las Casas, en su libro Brevísima relación de la destrucción de las Indias cuya publicación estaba prohibida. “Era una denuncia violenta y apasionada, pero sólidamente documentada”, añade el investigador francés Favre (L’indigénisme, PUF, París, 1996) y fue el punto de partida de la “leyenda negra” de España por siglos. Les dio municiones a las potencias protestantes de Europa para su lucha contra el imperio español.

Muchos de esos debates y escrituras se encuentran en el Archivo General de Indias, en Sevilla, en un edificio concebido en 1583 por el arquitecto real Juan de Herrera que se terminó de construir en 1646. El Archivo es un centro de documentación sobre el Descubrimiento y la Conquista del Nuevo Mundo, las civilizaciones de México, el mundo de los aztecas y los mayas, el Tahuantisuyo y el Imperio de los Incas. Es el mayor archivo existente sobre la actividad de España en América con una vasta información (historia política, social, económica, historia de las mentalidades, de la Iglesia, historia del arte o la geografía de los nuevos territorios.)

La Iglesia en la colonia

El Real Patronato, confirmado por el Papa Julio II, en 1508, llamado el Papa Soldado, concede a España el patronato universal de las Indias. Desde entonces, los obispos católicos fueron nombrados por el Rey. Un caso único. ¿Por qué razón? La argumentación de los juristas españoles era que los naturales de las islas Antillas y más tarde de México y del Perú, los indígenas, pasan a ser una suerte de pupilos del Estado, lo cual merecía un régimen de tutela. La Corona, entonces, pretende que esos deberes de patronato propios a la colonización bien podían formularse y ponerse a la disposición de los reyes católicos. En general, el Real Patronato le da potestad a la Corona para intervenir en la vida misma de la Iglesia indiana. El Real Patronato robustece a la Corona y no a la misma Iglesia. (Esto está en mi libro El mundo mesoamericano y el mundo andino, 2016, páginas 245-246.)

Según el ABC de la Historia del Perú: “Habiendo acompañado a Francisco Pizarro y su fuerza durante la conquista, los frailes católicos romanos procedieron con celo a llevar a cabo su misión de convertir a los pueblos indígenas al cristianismo. En este esfuerzo, la iglesia llegó a jugar un papel importante en la aculturación de los nativos, atrayéndolos a la órbita cultural de los colonos españoles. También libró una guerra constante para extirpar las creencias religiosas nativas. Tales esfuerzos tuvieron sólo un éxito parcial, como lo atestigua hoy la naturaleza sincrética del catolicismo romano andino. Sin embargo, con el tiempo, la misión evangélica de la iglesia dio paso a sus esfuerzos eclesiásticos regulares de ministrar a la creciente población española y criolla.

A fines del siglo, la iglesia comenzaba a adquirir importantes activos financieros, particularmente legados de tierras y otras riquezas, que consolidarían su posición como la potencia económica más importante durante el período colonial. Al mismo tiempo, asumió el papel principal de educador, proveedor de bienestar y a través de la institución de la Inquisición, guardián de la ortodoxia en todo el virreinato. Juntos, la asociación Iglesia-Estado sirvió para consolidar y solidificar la autoridad de la corona en Perú que, a pesar de los terribles problemas de distancia, terreno accidentado y comunicaciones lentas, soportó casi tres siglos de gobierno continuo y relativamente estable.”

Testimonios

Sobre la mentalidad del Nuevo Mundo, he aquí extractos del estudio de un grupo de jesuitas del final del siglo XVI a inicios del XVII.

Capítulo 1. En que se trata de la mita de Potosí y de los daños y agravios que los antecedentes indios reciben en ella.

Cosa notoria es a todo el mundo la gran riqueza de plata que ha salido desde el Reino del Pirú, la cual principalmente ha salido del cerro y minas de Potosí. Este cerro está apartado de lo poblado de los indios que van a él, lo más cerca, como cuarenta leguas, y lo más lejos, como ciento y tantas leguas. Y la disposición de la tierra es de manera que la habitación de los indios se extiende a lo largo y no al un lado y otro de Potosí. De los pueblos o provincias van cada año a la labor de las minas cierto número de indios que son como trece mil. Y, aunque de algunos pueblos enteran los indios el número que están obligados a dar, los más no cumplen la parte que les toca, porque no pueden. Y para que mejor se entienda lo que se pretende pornáse aquí lo que en la Provincia de Chucuito se hace cada año y los indios van y vuelven y lo que en ella pasa. (…) Esta Provincia está repartida en siete pueblos y en toda ella en la última se revisita que se hizo agora 16 años se hallaron unos 17 mil indios de tasa de 18 a 50 años, contando los presentes y ausentes de todos éstos que, aunque algunos años atrás no iban sino mil y cien indios, mandó D. Francisco de Toledo, virrey que era entonces destos Reinos, que cada año fuesen 2000 y 200 y añadió 200 a los dos mil. Todos estos ordinariamente iban con sus mujeres y hijos y el número de todos ellos siempre pasa de siete mil almas. Cada indio destos lleva por lo menos ocho o diez carneros de la tierra y algunos pacos o alpacas para comer. Otros de más caudal llevan treinta y cuarenta carneros. En ellos llevan su comidas y ollas y los chuses en que duermen, que son sus frazadas, y sus esteras para defenderse del frío, porque duermen siempre en el campo (…) Toda esta gente con toda esta riqueza y carruaje va caminando a Potosí por sus jornadas y tárdanse de ordinario en llegar allá en dos meses y será la distancia como cien leguas. (pp. 244-245)

Capítulo II. En que se trata lo que es el trajín y los agravios y daños que dél resultan a los indios.

El trajín es en esta manera: el corregidor de una provincia (un funcionario) manda a los caciques de su distrito manda le den unos cien indios para que vayan con su ganado del corregidor a Paucartambo por coca, a los valles de Arequipa por vino. (…) La paga que dan a cada indio por un mes, son cinco pesos de a ocho reales. Sacados ya los indios, reciben el ganado por cuenta y van con él hasta el pueblo donde han de cargar de coca o vino y después vuelven hasta sus pueblos de donde salieron y allí truecan y van otros hasta Potosí. Y con todo este viaje de ordinario y a veces más se tardan seis y siete meses. (p. 252)

-Capítulo V. De los agravios que muchos corregidores hacen a los indios de sus repartimientos vendiéndoles algunas cosas a mucho más de lo que valen forzándolos

a que las compren.

-Capítulo VII (tenemos 12 y más textos). De cómo muchas veces se cobra la tasa doblada más de lo que los indios están obligados a pagar.

Capítulo XI. En que se trata cómo se han huído y huyen muchos indios a diferentes partes por los trabajos sobredichos.

Capítulo XII. En que se trata la razón que hay para temer no se pierda este Reino del Perú o alguna parte de él.

Es necesario hablar del autor de este libro, El indio peruano y la defensa de sus derechos, Quintín Aldea Vaquero, que retoma lo publicado por el jesuita Rubén Vargas Ugarte en 1951 (Pareceres jurídicos en asuntos de Indias). Vargas Ugarte lo tomó del Archivo de Indias. Al final del libro, nos enteramos de que los testimonios corresponden a los jesuitas Juan Sebastián de la Parra, nacido en Aragón y que había entrado en la Compañía en 1567. Ya sacerdote, en 1580 marcha al Perú en la sexta expedición de jesuitas que llegó al Callao el 20 de mayo de 1581. Estaba acompañado de Juan de Atienza y Diego de Torres, el fundador de las Reducciones de Paraguay. De la Parra que era Rector del Colegio de Lima, sucedió a Atienza, que era Provincial. El autor Aldea Vaquero, investigador español, fue publicado en 1993 por la PUCP y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid.

Indigenismo

Por multiforme el indigenismo tuvo diversas manifestaciones, fue una tendencia, una corriente difícil de explicar en este corto ensayo. Incluye migraciones de provincias a las ciudades y de preferencia a la capital. Una cultura que cubre la música, el arte, y la literatura. Comenzaremos con sus escritores y creadores del Perú andino. Por orden de publicación, Aves sin nido de Clorinda Matto de Turner (1852-1909),manifiesto del indigenismo literario. En Bolivia, Raza de bronce, en 1919, de Alcides Arguedas(no confundirse con el Arguedas peruano). Más tarde, en esa misma corriente cultural, el peruano Ciro Alegría (1909-1967) con El mundo es ancho y ajeno. Curiosamente, en el Ecuador, país con numerosa población indígena, en 1934, la novela de Jorge Icaza, Huasipungo.En el Perú, José María Arguedas (1911-1969) con Yawar fiesta, en 1941. Fue todo un personaje. Profesor universitario en el mundo criollo, líder intelectual, con su amor nostálgico por los indios y su conocimiento en tanto que antropólogo, Arguedas fue un padre tutelar de la cultura de la gente de los Andes. Él mismo tenía la doble cultura, la moderna y la mente tradicional de esos pueblos con diversas mentalidades, por su crianza. Su par más cercano tal vez sea el mexicano José Vasconcelos, autor del ensayo La raza cósmica. Una filosofía que cambió de nombre: indología.

Millones de peruanos cansados de que no llegara la modernidad (salud, educación y buenos empleos a sus aldeas y pueblos) se echaron a andar y cambiaron de nombre en el siglo XX. Fue una enorme migración. Ya no hay “indios” sino “cholos”, al menos esta palabra tiene algo de amable. Por mi parte, cuando era director de la Biblioteca Nacional del Perú, organizamos un coloquio, con un equipo estupendo que nunca he olvidado, sobre Lo cholo en el Perú. Durante dos años, cada mes, dejamos que tomaran la palabra no los doctores ni los sabios sino, en la lógica de Néstor García, las “culturas híbridas”. Aquello fue una “sonata polifónica”, título que lleva un texto mío de balance. Cholo, mestizo y mestizaje. Ellos nos contaron sus éxitos.

“¿Qué es lo cholo? ¿Un espacio urbano? ¿Un lenguaje, en esta ciudad en donde las cosas se pueden decir de diversas maneras? ¿Una clase, individuos, un híbrido estratificado, un puesto de comercio, una combi, una fiesta? En un país donde hay tanto cinismo y mentira, nos preguntamos por ese proyecto, o proyectos, que luchan por su supervivencia. Por los derrotados que resulta que no lo son. Empresarios populares con éxito. La moda de Gamarra. Oralidad. Humor y obscenidad. Los cómicos ambulantes (…)” que hacen reír porque estos también son ellos. Con esas preguntas abrimos el coloquio. Con los afiches chicha, o sea, arte popular. “El calificativo cholo fue por mucho tiempo palabra de injuria. Luego, terminó ambiguo, igual hoy acerca como aleja. ¿Qué es lo cholo? Por eso, para debatir, convocamos a esta serie de coloquios, para reflexionar. Y escuchar diversas voces. Testimonios. La choledad, la vemos, sentimos. Es multiplicidad que valida lenguajes distintos, en el cine, el teatro, la  pintura. En la televisión. Con estos temas, y por varios meses, vamos hacia el centro de nuestra propia sangre.”

El coloquio Lo cholo en el Perú, en la BNP duró un par de años y acogió al público en el cómodo teatro de la Biblioteca de San Borja. Las actas constan de dos volúmenes, la cita anterior viene del segundo, Migraciones y mixtura. Participaron 300 expositores, 300 nuevos actores culturales que departieron con casi 25 mil asistentes. Así, la migración fue abordada desde la experiencia propia. Como lo recordaba entonces (p. 18), lo cholo, en el estado actual de la cuestión, es por igual un grupo social en ascenso, en los llamados cholos ya hay una nueva burguesía venida del esfuerzo, al tiempo que sigue habiendo pequeños y frágiles empresarios y pueblo dador de fuerza de trabajo. En el Perú, como lo dijo Tzvetan Todorov en La conquista de América, el problema es el otro (Siglo XXI ediciones, Buenos Aires, 1982). Que veremos en otro momento.

Publicado en El Montonero., 5 de setiembre de 2022

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Buscando un presidente para el Perú

Written By: Hugo Neira - Ago• 29•22

En los años setenta, Alberto Flores Galindo, buscaba un Inca. No era el único. Manuel Burga era partidario del nacimiento de una utopía de muerte y resurrección de los incas. Por mi parte, estuve en contra de la utopía andina (una utopía es una ilusión), y escribí las“doce razones para dudar y olvidar la utopía andina”(Dos siglos de pensamiento de peruanos, Editorial URP, 2021, página 606). Un proyecto que comenzaba por la utopía andina, luego la revolución y el cambio total. Visión del futuro que nunca ocurrió. En cambio, lo que sucedió fue la violencia política con Sendero Luminoso. Y hemos entrado al siglo XX entre dos posibilidades: Entre Escila y Caribdis, como lo escribió Augusto Salazar Bondy (1969).

Dejemos las ilusiones. El sociólogo que soy solo se ocupa de los fenómenos reales. Es probable que tengamos muy pronto unas elecciones presidenciales. ¿Pero para un Perú de varias culturas locales, con un país que no ha logrado ser una nación? No sé si el lector lee a algunos filósofos españoles. Hay uno que dice “yo soy yo y mi circunstancia”. Pues bien, tenemos un Perú con una geopolítica en plena crisis.

Países peruanos dentro de un solo Estado

Al final del siglo XX y durante los primeros decenios del presente siglo, en tanto que ciudadanos de un país con Estado y democracia, diversos escritores peruanos nos describen el caos de lo peruano. Nada mejor que los títulos de sus libros, de 1990 hasta la fecha. El nacimiento de los otorongos: el Congreso de la República durante el gobierno de Alberto Fujimori 1990-2000, de Carlos Iván Degregori y Carlos Meléndez (2007). Luego, El estado mafioso, de Manuel Dammert Ego Aguirre (2001). Democracia sin partidos. Perú 2000-2005, de Martín Tanaka (2005). Y de Francisco Guerra García, Reforma del Estado y crisis de los partidos (1996). Y Perú hoy. La divina tragedia (Desco, 2015), la pareja que gobernaba, Humala y su esposa.

Los graves problemas son también examinados. Pese a todo, los peruanos reciben los estudios de su sociedad en las librerías, y con la aparición de la violencia, Maruja Martínez y Federico Tong publicaron en 1998 ¿Nacidos para ser salvajes? Identidad y violencia juvenil en los 90. No se puede dejar de lado El laberinto de la choledad,de Guillermo Nugent, es libro de 1992 que trae “páginas para entender la desigualdad”. Hay también libros menos densos que señalan el poder de Montesinos, Vladimiro Montesinos y el poder político en el mandato de Alberto Fujimori, 2007, de Iván Rodríguez Alegre. Como se nota, no se salvan ni los líderes políticos como es el caso de Juan Luis Cipriani, discutido en tanto que actor político, por Luis Pásara, Augusto Álvarez Rodrich y otros (Cipriani como actor político, 2006).

Está claro que hay libertad de expresión y que se puede ostentar sus frutos. Pero qué extraña sociedad civil que va conociendo sus vicios sin indignarse. Quizá porque sabemos que ciertas maneras de vivir vienen del pasado. En realidad, desde el siglo XIX, se admite que somos un país muy heterogéneo, eso lo sabemos. Y uno de nuestros antropólogos, Carlos Iván Degregori, nos lo dijo muy claramente en su libro No hay país más diverso, un compendio de antropología peruana, en el 2000. No se debe a que nuestro territorio sea de costa y alturas andinas, y parte de la selva amazónica. Cuando se habla de culturas después de Lévi-Strauss, se habla de lenguas, creencias, mentalidades, todo aquello que se llamaba etnología, lo cual abarca tanto a sociedades primitivas como a las que han logrado mantener sus tradiciones. En otros continentes, como en el África, la ecología no ha olvidado el modo de vida y la psicología local. Pero Perú tiene un pasado milenario propio, su historia no arranca con la conquista y la ocupación del territorio por el Imperio de los Reyes Católicos. Como lo revela la arqueología, Perú ha pasado por diversas evoluciones. Antes de los Incas había diversas poblaciones con una disciplina preincaica propia, y fueron largos periodos antes de la unión imperial del Tahuantinsuyo. Y después vendría otra economía y manera de vivir con el Virreinato. Cada etapa ha dejado una macro huella que no logró desaparecer en dos siglos de república. A Degregori le hubiera dicho que somos los más heterogéneos puesto que la India, por ejemplo, puede ser inmensa, pero la une el hinduismo, los brahmanes, su cosmogonía, el tantrismo. Tantas culturas con historia propia no hacen un país sino una civilización.

En ciertos casos, nuestra variedad nos favorece. Los Andes, el mar y la costa han hecho del Perú un país de geografía y climas variados, por eso que los peruanos suelen decir que en el Perú no hay hambre. Si esto ocurre es más bien por incapacidad política. Pues bien, también hay distancias entre las clases sociales y las regiones naturales tan distintas. Los problemas no son lo mismo en el Norte que en el Sur. La economía de los Andes y otras alturas de escasa conectividad descansa en unas infraestructuras que el Estado atiende pero no logra satisfacer.

Lo que quiero decir es que si hay un cargo difícil es el de presidente de la república del Perú. No es que deba entender el Perú actual sino también lo que pasa en otras repúblicas latinoamericanas, y las modificaciones de los espacios económicos en todo el planeta. No necesita una cabeza sino dos.

Por eso, acudo a una metáfora, el águila bicéfala. Fue un símbolo repetido varias veces en la historia como veremos adelante. El águila bicéfala, Carlos V lo tomó como algo digno de un imperio, cuando los Habsburgo dejando de ser condes llegaron al trono del Imperio de la corona de España. La historia durante mucho tiempo fue la de los imperios, no solo de los reinos. Pues bien, vivimos en Estados-nación, pero los imperios regresan. ¿Qué es sino la guerra en Ucrania, nación independiente a punto de regresar al poder de una Rusia que quiere recuperar los pequeños espacios de dominio que ha perdido?   

Ahora, bajo tensiones nacionales e internacionales, se necesita una doble habilidad y doble experiencia. Es cierto que en todo país hay gente que disfruta la vida en su territorio, diríamos los sedentarios. Y también hay los cosmopolitas que, por lo general, dejan su patria de nacimiento. Pues bien, dos cabezas y varias experiencias, en otros países, además de entender a sus pueblos. Entender a sus paisanos y su pueblo, que es una capacidad subjetiva, hace de un político un estadista. Eso es lo más natural. Pero es aún mejor si entiende lo de fuera, por haber estado algún tiempo en otros países que se asemejan a su país de nacimiento.

Pues bien, conozco a un peruano que está ahora en el Perú y conoce el Estado. Se ha educado en Perú y en México y tiene larga experiencia laboral en ese país inmenso que se nos parece mucho. He aquí el país más cercano al Perú por su historia. Cuando los españoles descubren civilizaciones imperiales solo las hallaron en el mundo azteca y el mundo andino. Luego, el formarán parte del imperio español.

Estadista de doble cabeza es Jorge Nieto: ex ministro de Cultura y de Defensa en 2016 y 2018 y formado en la sabiduría política de los mexicanos

Después de 20 años con presidentes casi sin partido político, parece que no entienden qué es un estadista, lo que sí es Jorge Nieto. Político con militancia activa desde su juventud y con una experiencia mexicana, el Perú tiene en él un estadista probado, que encontró respuestas adecuadas durante el desastre del Niño costero en la cartera de Defensa. Pero como a mis paisanos peruanos les han quitado el curso de Historia en la secundaria, les diré de inmediato qué hizo México para tener un itinerario que se parece al del Perú. Y en qué se diferencian.

1-La independencia de México fue compleja. No necesitaron a un San Martín o un Bolívar para emanciparse. Su libertador fue Iturbide, monarca. Ni español ni mexicano: un novohispano. Un César mexicano. México tuvo un primero y segundo imperio. Luego tuvieron sus guerras con los franceses que invadieron México, y con ingleses y norteamericanos que les quitaron una gran porción de su territorio. Luego México se separa de la Iglesia Católica en 1824. (Todo está en mi libro de comparatismo El águila y el cóndor. México/Perú, publicado en Lima en el 2019 y desde hace poco disponible en Ebook).

2-Después de Santa Anna y Porfirio Díaz, algo muy importante, la Revolución Mexicana, de 1910 a 1920, una revolución que vino desde abajo, se vuelve “el llano en llamas”, título de un libro de Juan Rulfo. Nada que ver con nuestras guerras entre pocos caudillos (Gamarra, Castilla), después de la Independencia. En cambio, la revolución mexicana hace desaparecer una clase social, tanto que solo se le puede comparar con la toma del poder de Lenin, en 1917.

3-De esa revolución claramente popular surge un Leviatán, el Partido Revolucionario Institucional (PRI). En Perú, lo he dicho en mi cuita, ni Piérola ni Ramón Castilla consiguieron derrotar a las clases dominantes. Ya en el siglo XX, el civilismo lo agota Leguía, y luego, desde los años treinta, el aprismo de Víctor Raúl Haya de la Torre, que nunca llegó a gobernar. Luego ha habido presidentes improvisados y una capa social dedicada a la cleptocracia. El PRI ha hecho de México una nación moderna.

Encuentros casuales

Antes de continuar, debo decir que Nieto no me ha pedido esta columna a su favor. No. Sobre lo que puede decirse sobre su experiencia ya lo he hecho en este portal el primero de agosto de 2016. http://elmontonero.pe/columnas/jorge-nieto-algo-mas-que-un-ministro

Cuando supe que Nieto volvía a la política en el Perú, yo estaba en Europa camino a un Congreso Internacional de Ciencia Política que debía realizarse en Turquía y terminó en Polonia, al restringirse la libertad de expresión en Turquía con la presidencia de Tayyip Erdogan.

Como decía en aquella columna, Nieto y yo nos conocimos, aunque pasajeramente. Sin embargo, hay algo que yo no puedo olvidar. Eran los años del velasquismo y Nieto militaba en uno de los tantos partidos de izquierda, para los cuales la “aplanadora” del SINAMOS era un dolor de cabeza. Nos dijeron de todo, de fascistas para abajo. Pero Nieto, a Carlos Franco, a Francisco Guerra García, a Carlos Delgado y a Béjar, nos trató de ser parte de un “reformismo militar”. No estaba del todo mal para el clima de ese momento. Otro que nos trató de reformistas fue Ricardo Letts. Los más feroces opositores eran unos ultras, con el tiempo formarían Sendero Luminoso. Años después, en una de mis tantas visitas a México, lo volví a encontrar. Y de ahí hacia delante, amigos.

En cuanto a su perfil, es sociólogo, y ha estudiado Ciencia Política. Solo quiero añadir qué significa en la vida de un peruano la experiencia mexicana. Y eso, me parece, un tema central. Nieto no ha sido el único peruano en vivir en México. Tomo en cuenta a Rafael Roncagliolo, a Osmar Gonzáles y su doctorado en el Colegio de México. Y a Hugo Garavito. Nieto como Garavito puede que sean los peruanos que más tiempo recibieron las lecciones prácticas de la vida política mexicana. En ambos me ha asombrado siempre su tino y la finura del análisis de situación. Y disposiciones para lo que Pareto llamaba “el arte de las combinaciones”.

Hay que saber que, por sus formas de hacer política, México es el “Vaticano de la cultura política latinoamericana”. Cuando se entiende qué pasa en Los Pinos, el nombre corriente que dan los mexicanos a la residencia presidencial, se entiende todo el resto.

En México, hay un culto a la cultura y no es algo como la rueda de un coche descuidado en Lima. En Lima solo se tiene un culto al dinero, “plata como cancha”, dijo ese candidato y rector que fundó un partido.Para eso sirven las universidades actuales. Ya se sabe que los alumnos de secundaria están entre los últimos del mundo en las pruebas PISA. Gran riesgo, una ignorancia que explica lo poco de cívico que tenemos…

Alguna vez, propuse a un presidente eso que los mexicanos llaman el Colegio de México. Está por encima de las universidades y educa al pueblo. En México, tienen investigadores nacionales para que investiguen y escriban de por vida. En México, es imposible alguien inculto en el Estado. Los mexicanos aman y protegen a sus intelectuales. Conocí a Octavio Paz, era un crítico muy serio. Pero Paz vivió en México mientras Vargas Llosa tuvo que irse a sus veintitantos años, como Julio Ortega, y Oviedo que hecho el mejor trabajo sobre la literatura latinoamericana. Lo menos que se podía hacer era incluirlos en los cursos de secundaria, e invitarlos para que al menos un joven peruano supiera cómo se escribe un texto personal, eso que se llama un paper. Un breve ensayo. No para que se convierta en un literato o novelista o poeta. Solo para que pueda ser un ciudadano capaz de redactar y organizar un texto, claro, útil y defender sus ideas.   

La doble cabeza es porque el presidente no solo debe ocuparse de la administración del Estado sino anticipar las necesidades del mismo en tanto que jefe de Estado, o sea cuidar de la adecuada formación de los funcionarios estatales como de la oferta de salud, educación y seguridad para los ciudadanos. Bien, es cierto que no es sencillo conocerlo todo y mostrarse cauteloso. Pero gobernar es prever, reza el dicho. En otras palabras, se necesita que el jefe de Estado sea una persona con cabeza política para guardarse de la gente que lo rodea. Por algo ha ganado las elecciones presidenciales. Pero no puede tener una sola cabeza. Miremos lo que le pasa al brasileño Bolsonaro. No es precisamente un intelectual, es hombre de temperamento fuerte. Eso no es suficiente.  Y esos caciques no hacen salir masivamente a la gente de la pobreza.

Sí pues, la política es un juego muy complicado. Ganar por las urnas, saber llegar, es una cosa, pero otra es gobernar. Hay que tener el poder del conocimiento, que es lo que hace falta a muchos para el ejercicio del poder político. Si no sabe nada de ciencias duras y sociales, el presidente está perdido. No se puede gobernar con ministros y asesores sin preparación para trabajar con los necesarios equipos técnicos o científicos.

El símbolo del águila bicéfala existe desde hace mucho

Por eso, acudo a una metáfora, el águila bicéfala. En la antigua ciudad de Persépolis, cerca hoy de la ciudad de Shiraz, en Irán, proviene la escultura que ilustra este artículo. Una cabeza de un animal imaginario mirando hacia lo infinito de lo pasado y la otra, lo infinito del futuro. Luego el símbolo se repitió con una doble cabeza de águila y representaba la unión con la sabiduría completa. Cierto, no estamos en la época del Imperio Hitita (1200 a.C.) de la que proviene, pero fue emblema de personajes históricos, como Napoleón Bonaparte, las legiones romanas, los cruzados, el águila bicéfala como signo de poder y fortaleza.

O sea, un presidente puede haber ganado en las urnas, pero debe también saber qué hacer con su Estado, conocer la historia de su país, su situación económica, sus regiones tan distintas unas y otras por la geología, con pueblos también distintos y con demandas específicas. Un presidente que tenga conciencia de su país, de los marginados y capas sociales que esperan un tipo de Estado distinto. Pero no al punto de ser un sedentario político que no ha pisado el resto de su tierra peruana. De ser sedentario, el político alcanza para ser alcalde, encabezar una municipalidad. O, por un tiempo, presidir una región, pues, al contrario, no hay necesidad de que sea un cosmopolita.

Volviendo a Jorge Nieto, insisto en dos hechos decisivos. No conozco muchos dirigentes de partidos con su experiencia y formación, es raro en Europa como en los Estados Unidos. Repito, la vida mexicana, más moderna y muy compleja, evita dirigentes ignorantes. En México también hay indígenas como los hay en Bolivia, Chile y Ecuador. Pero pegados por la geografía a EEUU, los mexicanos saben cómo dar pasos hacia la modernidad sin perder la identidad. Preparado y político, Nieto es el político con dos cabezas que piensa el Estado peruano y que el Estado necesita. Y es alguien que puede llamar a los mejores, en las ciencias de la sociedad o para asuntos de la naturaleza. Lo hemos conocido como ministro. Espero ver a Nieto, pues veo pocos que reúnan esas virtudes. Su partido, el Partido del Buen Gobierno, alude al cronista Huamán Poma y su obra Primer nueva corónica y buen gobierno. Son difíciles los cargos presidenciales dado que pasamos por una época extremadamente inestable, y es sensato elegir a quienes conocen los problemas de nuestras democracias.

Publicado en El Montonero., 29 de agosto de 2021

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