Lo barroco en la vida política peruana

Written By: Hugo Neira - Nov• 21•22

Tal y como cinco siglo atrás.

Estoy en el extranjero pero sigo lo que ocurre en la vida política. Por ejemplo, los modos de actuar del poder legislativo ante el poder ejecutivo. Todo el país mantuvo una esperanza, pero lo que se ha hecho (o lo que se dejó de hacer) es algo que no es de nuestro tiempo. Algo que no es nada pero algo más bien complejo. Se le llama lo barroco. Tanto como el romanticismo, el racionalismo o los escépticos cubren un periodo de tiempo, lo barroco proviene de un periodo cultural de hace cinco siglos. Si el amable lector tiene una máquina de nuestro tiempo conectada a Internet, podrá corroborar la definición que damos de lo que significa lo barroco en el Diccionario de Oxford de Google:

“1. El Barroco es un movimiento cultural y artístico que se desarrolló en Europa y sus colonias americanas entre finales del siglo XVI y principios del XVIII. Surgió como una reacción a las estrictas normas clásicas del Renacimiento. 2. Periodo histórico cultural europeo y americano que comienza a finales del siglo XVI y termina a principios del siglo XVIII durante el cual se desarrolló este movimiento. En España, el Barroco coincide con la decadencia del Imperio y con el Siglo de Oro de las Letras.”

La tradición de lo barroco tuvo un periodo bastante largo. Tomamos del Diccionario María Moliner una definición. Viene del francés baroque, nombre de «una figura de silogismo que los renacentistas aplicaron a los razonamientos absurdos, cruzado con el portugués barrôco, perla irregular, pariente del español berrueco”. En tanto que adjetivo, “se aplica al estilo artístico, particularmente empleado en la ornamentación arquitectónica, nacido en Italia y generalizado en Europa y América española en los siglos XVI y XVII, caracterizado por el predominio de las líneas curvas y la profusión de adornos; así como a las obras realizadas en ese estilo y a las cosas relacionadas con él”.

Ahora bien, lo barroco, se vuelve churrigueresco (de Chirriguera, su inventor), rococó, o sea excesivamente recargado. Barroco se aplica por extensión, dice el Diccionario, “a cualquier cosa, material o no material, por ejemplo al lenguaje o al estilo literario, complicada, retorcida, o con adornos superfluos”.

Traemos la mirada del filósofo Eugenio d’Ors en Lo Barroco (Tecnos, Madrid, 1993) que son textos españoles de “carácter histórico-artístico y estético, tomados en consideración por la crítica universal”. Uno en página 35 se titula “El Paraíso Perdido”:

“Fielmente guardo la memoria de una hora meridiana, cierto día de mayo, en el Jardín Botánico de Coimbra. Hora lenta y turbia, de perfumes vegetales y arrullos voluptuosos. Las palmeras esbeltas, ávidas de sol, subían, dominando desde muy arriba las frondas, que ahora olvidaban, en la altura de su palacio de luz; así mujer desvestida ante el espejo olvida, por el resplandor inteligente de los ojos, las sombras fieras que el instinto encontrara a medio subir… Sí, las palmeras dominaban a los laureles; pero las trompetas marciales sonantes en algún cuartel vecino, no ahogaban el cálido gemir de las tórtolas. (E. D’Ors)

Para un ser humano de nuestra época, como en otros lugares en España o en Italia. estaría de más el Palacio, en algunos casos construido con mármoles. Y si se tiene un Jardín Botánico, se perdía el visitante por el bosque natural. Pero se puede pensar que ambas cosas serían una verdad, una revelación. Y entonces, nos dice:

“En la pereza y en el recogimiento, me fue dada la posesión de una verdad fecunda: a saber, que el Barroco está secretamente animado por la nostalgia del Paraíso Perdido. Paraíso, principio y fin de la Historia. En el espíritu de la Humanidad, alfa y omega. Por culpa del árbol de la ciencia —es decir, por el ejercicio de la curiosidad y de la razón— perdióse un día el Paraíso. Por el calvario del progreso —es decir, también por el ejercicio de la curiosidad y de la razón— se adelanta en el camino de vuelta. Toda la Historia puede considerarse como un penoso itinerario entre la inocencia que ignora y la inocencia que sabe”. (E. D’Ors)

Pero lo Barroco es interminable, está en la pintura, la poesía, la música, la escultura, la  arquitectura, la belleza de los templos, colegios y jardines cada vez más grandes y ostentosos. ¿Qué significaba el estilo barroco, lo recargado de sus modificaciones? El barroco ha sido siempre una respuesta al malestar de una época. Es un código.

Lo Barroco reacciona contra las normas clásicas del Renacimiento. El estilo barroco era prueba de poder económico. El barroco y sus imágenes nos conducen a la teología católica de la Contrarreforma, a la mentalidad del imperio de los Habsburgo, el más potente imperio de ese tiempo y del cual México (o Nueva España) y el Perú eran parte.

Y en nuestro país, el Ejecutivo pide una Cuestión de confianza al Legislativo. Un anticipo de respuesta fue que por un lado, sí le dan la confianza pero, por el otro, dicen que no pueden hacerlo. Lo dije años atrás ya, barroco está bien cuando es arquitectura, teatro, voluntad artística, y hasta cocina. ¿Pero el Estado? La economía y las relaciones internacionales son serios, sobrios, austeros. Son clásicos. Si el barroco es enrevesamiento (la definición es de Picón Salas), nada mejor en arte, nada peor en política.

El planteo ha sido un enorme error. Parece una broma, con respuestas imposibles. En una época de Príncipes, Maquiavelo nunca decía sí o no, por astucia. La Modernidad, en política como en negocios, es saber decir sí o no.

Publicado en El Montonero., 21 de noviembre de 2022

https://www.elmontonero.pe/columnas/lo-barroco-en-la-vida-politica-peruana

El ejemplo brasileño

Written By: Hugo Neira - Nov• 14•22

La lucha contra el hambre, la pobreza y la falta de educación para los pobres

Para entender lo que pasa en el Brasil de hoy, la semana anterior nos ocupamos del Brasil convertido en un ‘nuevo grande’, no solo en el continente sino entre los otros del planeta. Conozco Brasil pero preferí apoyarme en el libro de Alain Rouquié Le Brésil au XXI siècle, que me entregó, a mí y a Claire, en París, en la Casa de América Latina de la cual es Director. Estuvo, del 2000 al 2003, Embajador de Francia en ese país, pudo medir de cerca las mutaciones profundas del Brasil de esos días. Gran democracia mestiza, una civilización industrial en los trópicos, esos trópicos mismos que vuelve al Brasil una de las tres grandes potencias emergentes del planeta, explica Rouquié especialista de la América latina contemporánea.

Ahora bien, Luiz Inácio Lula da Silva, conocido como Lula (en su lengua materna quiere decir audio, sonido), fue primero un obrero metalúrgico, sindicalista y una vez en la vida política, un hombre de acción progresista. Tal como estamos, los peruanos y los latinoamericanos inmediatamente nos preguntaríamos si es de izquierdas o de derechas. El actual presidente electo en la República Federativa del Brasil tendrá un tercer mandato en tanto que  Presidente de todos. Su carrera no fue al servicio de una ideología como pasa en otros países latinoamericanos. Primero fue miembro fundador y presidente honorario del Partido de los Trabajadores. Lula, obrero metalúrgico, tiene un origen humilde. Fue uno de los principales organizadores de las mayores huelgas durante la dictadura militar del 64, que aceleró —dice Wikipedia—, la caída de ese régimen. Fue un político muy conocido, vinculado a los obreros brasileños, que tuvo que presentarse repetidas veces a la Presidencia (1989, 1994, 1998) y solo en el 2002, logró la victoria.

Lula, a diferencia de muchos políticos en la América Latina, es conocido como el presidente que transforma el Brasil. Reformas radicales que cambiaron la economía y la sociedad durante sus ochos años de gobierno. De los datos que tenemos en la mano, no se puede dudar. En esos años, triplica el PBI per cápita, según el Banco Mundial. Con ese presidente y su partido, el Partido de los Trabajadores, la República brasileña se convierte en una potencia mundial y en la sexta economía más grande del mundo.

Se entiende, los 8 años de gobierno de Lula en Brasil, no se olvidan. German Padinger, de CNN, dijo en setiembre pasado que “a los 76 años, Lula ha dedicado la mayor parte de su vida a buscar la presidencia”. Cuando tenía 45 años, “compitió por primera vez con el Partido de los Trabajadores”, el PT. En 1989, “perdió en segunda vuelta con Fernando Collor de Mello. Volvió a intentarlo en 1994 y 1998, y perdió en ambas cosas ocasiones, y en primera vuelta, con Fernando Henrique Cardoso”.

Como todo país con una clase política y un aparato de Estado —lo que en Francia, llaman la “nobleza del Estado” por su continuidad, Brasil tiene una capa social administradora. Hay que decir que la economía mundial y las circunstancias particulares de los mejores hombres de Estado (o estadistas) intervienen mucho en su gestión. Cuando dejó la presidencia en el 2010 a su protegida, Dilma Rousseff, Lula tenía casi un 90% de aprobación. 

Lula da Silva fue imputado en el 2016 por corrupción y blanqueo de capitales. Tras una serie de apelaciones fue enviado a prisión, pero en 19 meses, fue liberado. En el pasado debate con Bolsonaro, le dijo: “me arrestaron para que usted pudiera ser elegido presidente”.

Lo que a mí me llama la atención es lo que hizo Lula durante años que estuvo en el poder.  Pienso en estas tres medidas de gobierno. En primer lugar, puso en marcha el programa Fome Zero (Hambre Cero en castellano), lo que permitía llegar a las familias indigentes y facilitarles el acceso a los alimentos básicos a través de la asistencia social. Con Lula, la desnutrición infantil se redujo en un 46%. En mayo de 2010, la ONU concedió a Lula da Silva el título de campeón mundial de la lucha contra el hambre. Para ese gasto, 760  millones de dólares que iban a gastarse en una docena de aviones de combate, fueron priorizados en lo social apenas asumió. Con Lula, la pobreza medida por el umbral de ingreso diario internacional que es de 2.15 US dólares, pasó del 11,7% al 6,1% en el 2009. Y en cuanto a la línea de pobreza para economías de ingresos medios bajos, que es de 3,65 US dólares diarios, cayó del 25% al 15%. La Bolsa Familia de Lula beneficiaba a 55 millones de personas al final de su mandato. También la mortandad infantil retrocedió en el gobierno de Lula. La tasa bajó de 35,87 por mil en el 2002 al 21,17 por mil  a principios de 2011.

En segundo lugar, su política educativa consiguió alcanzar altos niveles de escolarización en todos los ámbitos, desde primarias hasta universitarios. Con el FUNDEB (Fondo de Mantenimiento y Desarrollo de la Educación Básica y de Valorización de los Profesionales de la Educación), Brasil pasó de dar atención a 47 millones de estudiantes brasileños en vez de 30 millones, un 56,6%  más. En el área de la educación superior, el PRO-UNI (Programa Universidad Para Todos), el mayor programa de becas de la educación latinoamericana,  ofreció en el 2007  265 mil becas en 1985 instituciones en todo el país. Además, se crearon once nuevas universidades públicas y federales, es decir en educación pública y gratuita, y se redujo la población no escolarizada de entre cuatro a diecisiete años.

En tercer lugar, su política económica exitosa de la cual destaco el empleo. Cuando asumió, el desempleo afecta mucho al país. En el 2001, 7,8 millones en edad de trabajar estaban desempleados por el efecto de las políticas neoliberales anteriores. “Más y mejores empleos, su programa de gobierno en el 2002, estableció los ejes estructurales de una política de empleo comprometida con la creación de 10 millones de puestos de trabajo entre 2003 y 2006. En primer lugar estos puestos serían creados a partir de la recuperación sostenida del crecimiento económico” (Marcio Pochmann, 2003). El segundo eje era la reducción de la jornada laboral de 44 horas de un 10% y el tercero, cambiar el patrón del gasto público, con políticas públicas orientadas al empleo, según el mismo investigador. Resultado, en el primer semestre del 2010, cuando el empleo sufría de la crisis en el resto del mundo, el Brasil de Lula logró más de 1’400’000 nuevos empleos formales. “Durante el periodo 2004-2009, la expansión del empleo formal para el sector privado fue de 25,3%; para el empleo en el sector público alcanzó el 19,3%; en el caso de los empleadores, su número creció en 15%. Las peores ocupaciones presentaron un ritmo mucho menor de crecimiento: el trabajo doméstico se incrementó en 11,8%; el empleo asalariado informal disminuyó 0,8%; el trabajo autónomo aumentó apenas 2,3%, y el trabajo no remunerado se redujo en 21,7%”. (José Dari Krein & Anselmo Luis Dos Santos, 2012).

¿Qué va hacer el “tercer” Lula? Dijo que en el acto de la toma la posesión del poder, va anunciar el Plan Nacional del Trabajo. Siempre un enfoque laboral prioritario. Por otra parte, Lula mantuvo siempre buenas relaciones con el Mercosur y también con los países del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Y con Fidel Castro, Hugo Chávez, Rafael Correa en Ecuador y los Kirchner en Argentina. Es un político. Es un estadista. Sabe.

Los presidentes de Brasil del siglo XXI, ninguno de nuestros estadistas les visita, fueran predecesores o bien sucesorios. Está claro, y lo he dicho muchas veces, el Perú no está en este siglo.

Publicado en El Montonero., 11 y 14 de noviembre 2022

https://elmontonero.pe/columnas/el-ejemplo-brasileno

El nuevo presidente del Brasil

Written By: Hugo Neira - Nov• 07•22

Solo se puede entender la elección del nuevo presidente tras repasar las transformaciones de Brasil en los últimos decenios. Sin duda alguna, Luiz Inácio Lula da Silva llama la atención: obrero metalúrgico y político progresista, actual presidente electo de la República Federativa de Brasil,  asumirá el 1° de enero del 2023 por tercera vez el poder, tras vencer a su opositor saliente, Jair Bolsonaro, en una segunda vuelta apretada. Llama mucho la atención en ese país que es uno de los cinco más grandes del mundo, donde emerge una singularidad que lo volvió un “grande” económico, una potencia emergente. Me parece que el marco geográfico, hay que conocerlo mejor, de lo contrario no podríamos entender el Brasil actual, el país de Lula.

Economía en movimiento y una sociedad nómade

El Brasil del siglo XXI está marcado por dos fenómenos, una “economía en movimiento y una sociedad nómade” (Alain Rouquié, 2007). Desde el Descubrimiento se consideraba, dice Rouquié, que su historia económica era una sucesión de ciclos: madera, azúcar, oro, caucho y café. Esa visión, simplista, se enfocaba en los booms de producción, pero permite entender los desplazamientos de mano de obra de norte a sur, o más al interior, hacia la Amazonía o hacia los ríos. Se llama borracha al caucho amazónico cuya bonanza vino de la mano del desarrollo del café. El enfoque cíclico esconde las tensiones que hubo en el financiamiento de los booms,  minimiza la trata de esclavos, esa “especulación miserable pero tan rentable” que la bonanza del azúcar ocultaba. El azúcar, producción costera, enriqueció el Nordeste en los siglos XVI y XVII. Más tarde en el XVII, el oro en las montañas del Minas Gerais drenó la mano de obra de la zona azucarera hacia el interior del país. Cuando siguió la hora del caucho, la misteriosa Amazonía dejó de serlo. Los desplazados por las grandes sequías del Ceará (1877-1889), en el Nordeste, los retirantes, pasaron a ser los seringueiros de la selva. No se enriquecieron mucho pero hicieron la prosperidad de Manaus, que se volvió una capital mítica cuando llegó su ópera y los tranvías eléctricos. Por su parte, los barones del café, en Sao Paulo, atrajeron a los inmigrantes para tener una mano de obra libre pero le cerraban el acceso a la propiedad de la tierra. Así migraron muchos hacia las ciudades y se formaron las grandes aglomeraciones de Campinas, Sorocaba, Marilia. Luego la industria se instaló en el estado de Sao Paulo sin que dejara de ser el primero en producción agrícola. Al llegar la crisis del azúcar, el Nordeste perdió su posición en beneficio de Sao Paulo. El café hizo la riqueza del estado de Sao Paulo y la modernidad de Brasil. De ser un estado que concentró lo esencial de la producción industrial en 1970 (56,6%), ahora concentra el 45% y es la locomotora de la agroindustria, dice Rouquié. Hubo un reequilibrio y eso aplica a todo Brasil.

En el Brasil de esos días, hay nuevas formas de trabajo y recursos. Hoy, tiene una gigantesca población urbana que lo convierte  en un país de «tierras de contraste», como dijo alguna vez Roger Bastide, francés y catedrático en Sao Paulo, en un libro suyo. Pues bien, me parece que se puede entender el Brasil político y a Lula si se sabe cómo es el Brasil del siglo XXI. Por ejemplo, cómo millones de brasileños suelen emigrar dentro de las regiones de su país para alcanzar los puestos de trabajo y dar de comer a sus familias. Se ha tomado cifras de las instituciones internacionales. Cuando millones se desplazan desde uno a otro espacio de su inmenso territorio, las cifras comparativas son las siguientes: EE.UU., 48 % – Francia, 43%   –   Brasil,  58 %.

Ahora bien, tomaré dos temas de la singularidad brasileña: cómo es el Brasil actual, la razón por la cual prefiero presentar al país más grande de nuestro continente antes de entrar al segundo paso, la vida política de Lula (y qué puede hacer), que reservo para otro artículo. Dicho esto, intenté conocer mejor las grandes mutaciones de ese gran país, y busqué al mejor de los estudios, el más serio en francés, Le Brésil au XXIe siècle. Naissance d’un nouveau grand (Brasil en el siglo XXI: Nacimiento de un nuevo grande). En la ocasión de un viaje a Francia, en París pude hallar el trabajo de Alain Rouquié. Rouquié ha puesto en la portada esta idea que señala muchas cosas: los ‘grandes’. Conozco a Alain Rouquié desde que estudiamos juntos,  en París, en los 60, en Sciences Politiques. Es hoy un gran especialista de Latinoamérica y director de la Casa de América Latina, en París. Rouquié tiene una manera muy intensa de estudiar una nación o un país en el que presta sus servicios diplomáticos. Y  cuando nos recibió, a Claire y a mí, aquella vez, me dio su libro que es una buena manera de entender el Brasil. Por su geografía, ha logrado una civilización industrial en los trópicos, y una democracia mestiza. No solo es un poder latinoamericano sino que está entre los “grandes” del mundo, el «país de Lula».  El lector de este artículo conocerá a alguien que lo ha estudiado de manera a llegar a sus paradojas. Solo lamento que no esté traducido al castellano, se le puede encontrar en francés y en portugués. Conozco bien el mundo intelectual francés, no hacen las cosas a medias, son varios años de investigación. Las obras francesas no son las favoritas y no son muchos, en Lima, los que creen saber qué pasa en el mundo. Prefieren los libros en inglés, es decir lo que el Imperio cree comprender. Como Europa no espera volver a ser un Imperio, les importa muy poco este lado del mundo occidental.

En nuestro tiempo, Brasil es un país que ingresó al club de la producción industrial. Además, sus poblaciones y culturas son mucho más incluidas (indios desde milenios, europeos como los portugueses y algo de españoles y franceses, y una población de africanos descendientes de los que fueron un tiempo esclavos).

La formación de Brasil es también singular. Portugal ocupaba el ángulo sudoeste de la península ibérica, se le conocía antes como Lusitania. Solo cuando vencieron a los castellanos y se independizaron formando el reino de Portugal, empezaron a explorar los mares. La dominación portuguesa se estableció con un poderoso imperio colonial después de doblar el Cabo de Buena Esperanza (Bartolomeu Dias, 1488) buscando una ruta para las relaciones comerciales con el Extremo Oriente. Con el apoyo de los franceses para detener a los ingleses, la Casa de Braganza reina hasta 1910. Para evitar tanto a los ingleses como a los bonapartistas, hicieron algo genial.  Juan VI se refugia en Brasil, y entre 1821-1824 declara al Brasil independiente. La dinastía y el monarca se quedan en Brasil hasta 1833. La Casa de los Braganza deja serenamente el imperio, Pedro I de Brasil abdica y pasa a aclamar una República. Hasta nuestros días. Incluso en Europa no ha habido pocas líneas sobre la historia de Brasil. Algo que no podemos olvidar: con la independencia, Brasil no se rompió en manos del coronelismo, como pasó en el Perú tras su independencia con las guerras de caudillos, o por unos estratos sociales ambiciosos. La paradoja del singular Brasil es digna de estudiar.

Por supuesto, podemos ser culturas distintas, pero acaso otras potencias no nos conocen por nuestras propias y distintas formaciones. Basta ya, cuántas teorías políticas han fallado, el comunismo, el gobierno sin libertades, el fascismo de la Alemania nazi, el capitalismo y sus crisis cíclicas… y ahora el nacionalismo exagerado. Las teorías se desploman tanto como la antigua Roma, pero seguimos con utopías y sueños imposibles.

Quizá la ley sea el primer paso. Pero esto es de Aristóteles. Estamos como los astrónomos que nos dicen ahora que no hubo Big Bang sino Big Bounce. O sea, siempre estuvo.

En una sociedad, siempre hay algunos más ricos y otros más pobres. Unos correctos y otros, malvados. ¿Acaso podemos cambiar al ser humano? El redescubrimiento de la comunidad, eso fue Rousseau. Hegel, el Estado y la Sociedad civil. El Pueblo y su ley, las religiones. Platón y su República fue otra, más moderna.

https://www.bloghugoneira.com/non-classe/brasil-no-es-solo-odebrecht-es-lula

Publicado en El Montonero., 7 de noviembre de 2022

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Voces de ultratumba

Written By: Hugo Neira - Oct• 31•22

Carlos Franco (1939-2011) nos decía, en artículo de 1990 en Socialismo y Participación n°52, que “los compromisos políticos de las multitudes urbanas del Perú en los últimos cuarenta años”, registren un hecho “aparentemente  paradójico”: “la constancia de su adhesión al ‘populismo’ y la inconstancia de su lealtad a los ‘populismos’”. Y añadía: “A diferencia de lo ocurrido en México, Argentina o Costa Rica, la plebe urbana en el Perú no ha entregado, delegado o hipotecado su representación política permanentemente a un solo líder, movimiento o gobierno populista”.

Comenzamos esta columna con un párrafo de Carlos Franco —que ya no es de este mundo—, porque Perú es un país muy especial, son los muertos quienes plantean las cuestiones decisivas. Franco planteó que la plebe urbana tenía “una aguda conciencia de sus intereses económicos y culturales y de una mecánica racionalista gobernando situacionalmente su comportamiento”, una “modernidad popular” que por su naturaleza propia podía hacerse sujeto político de sus propios intereses. Al estudiar y discernir los populismos (de distribución, de identidad), observa que el populismo peruano, probablemente antes de Velasco, “fusiona en un solo discurso el distribucionismo y la identidad”, y se plantea “si el populismo en el Perú aparenta ser ¿o es? el ‘costado político’ de la moderna identidad popular”. Y llega a la conclusión de que la ‘plebe urbana’ no era un sujeto sociopolítico sino una ‘sociedad’. ¿Una sociedad separada, un Perú de dos sociedades? No, postuló la idea del alumbramiento, “la sociedad plebeya habitaba dentro de la sociedad peruana ‘conocida’”. “El populismo peruano se apareció entonces como el partero de la sociedad plebeya”. Y la pregunta que se hace inmediatamente después es si “la sociedad plebeya va a ser experimentada como propia o como ajena por los grupos dominantes o por los grupos integrados a la sociedad peruana ‘conocida’”. De las relaciones ambivalentes y la tensión entre ambas sociedades, no salimos, y no terminamos de tener una proyección como país.

Pero Franco fue siempre un observador desencantado. Fueron por lo menos 40 o 50 años en que los partidos políticos se esfumaron por diversas razones, entre ellas, la corrupción, a niveles absolutamente mayores que en otros siglos y etapas históricas. La cuestión de la plebe está clara, se esperaba que no solo se buscaría elevar los salarios de los obreros y campesinos sino que se diera el salto de una clase o capa social a la clase media. Para eso, pasarían a ser población urbana. Lo que ha pasado es algo completamente fuera de la modernidad. Las multitudes rurales invadieron las ciudades grandes o pequeñas. Hoy el Perú es un país con población urbana —en distritos no del todo modernos— y esa «modernidad popular» no cuenta con tierras, empresas y productividad. Pero tampoco se conoce empresas que harían en el país una revolución industrial.  Ni en América del Sur naciones como Brasil, Chile y México son del todo países en camino a la ciencia y modos de producción como los tienen Europa y el Asia. En el Perú no hay esa fiebre por la ciencia, y si tiene alguna el peruano se va a otros lugares del planeta. Sin embargo, todos van a tener que prepararse y ampararse de los efectos del cambio climático de esta época.

Para entender la gobernabilidad en las últimas décadas, es preciso decir, según Julio Cotler, que hubo cambios y continuidades en la relación entre la sociedad y la política, descomposición política y autoritarismo al mismo tiempo. Por eso, ante la ausencia de partidos políticos o su debilitamiento desde los años 90 a nivel global, emergieron los populismos para resolver las demandas populares no atendidas, entre ellas la educación que establece la clase social.

Populismo, es uno de los conceptos más difíciles de definir dentro de las ciencias sociales y ciencia política, de ahí ‘los populismos’. Durante los últimos veinte años, realmente ¿se podía creer que Alejandro Toledo, por mestizo o cholo, sería de izquierda una vez sentado en el sillón presidencial? ¿Que Ollanta Humala, por venir de familias que no son de la clase alta pero sí militar de mando medio, sería lo que fueron antes los andinos Sánchez Cerro u Odría, autoritarios de extrema derecha? La corriente que llevó al poder ambos personajes fue otra cosa, algo con un nombre específico que apareció en la revista Amaru, en marzo de 1968, en un artículo titulado “Para una sociología del arribismo en el Perú” de Carlos Delgado. Tuvo versiones en inglés, una en 1969 en Human Organización y, en 1970, en Ekistics. También salió publicado por el Fondo de Cultura Económica de México en 1969, en el número 10 de la Revista de Psicoanálisis, Psicología y Psiquiatría. Posteriormente fue publicado en Lima en el libro Problemas sociales en el Perú contemporáneo, Campodónico Ediciones, en 1971, con el título “Ejercicio sociológico sobre el arribismo en el Perú”. Carlos Delgado así lo explica:

“En el Perú el «sistema» social sigue caracterizándose por una marcada rigidez que en gran medida dificulta e impide formas fluidas de movilidad social. La rígida estrechez del «sistema» en cuanto red de desplazamientos sociales, determina que el éxito social solo puede alcanzar a grupos relativamente pequeños de individuos. En una sociedad así, donde la virtualidad operativa de los mecanismos de movilidad social sufre el impacto decisivo de las influencias personales, el poder de patronazgo de ciertos individuos dentro de la sociedad es, en realidad, considerable y, por ende, la posibilidad de manipular tal poder en beneficio propio gravita con fuerza irresistible para estimular determinados tipos de comportamiento de gran eficacia dentro del contexto de un ordenamiento patrimonial de la sociedad. En una sociedad de tales características las posibilidades de éxito social son extremadamente reducidas y es muy alta la competencia por el acceso a posiciones de prestigio, riqueza y poder concebidos como bienes supremos.”

¿Qué quiere el arribista? Escalar posiciones, subir. Sobre Carlos Delgado (1926-1980), algo. Nacido en el norte, en Chiclayo, era aprista, amigo y alumno de Haya de la Torre. Pasarse al aprismo en esos años era un pecado para el comunista o el liberal peruano. Se nota que no existía en el Perú mecanismos para una movilidad de clase baja hacia las mejores formadas. La crudeza misma de la acción competitiva se justificaba por el resultado de haber llegado, ascendido. El arribismo al parecer tiene dos principios. Uno es la adulación genuflexa, o lo que se llama popularmente el sobe. El otro es el raje. “Perú, raje y sobe”, dijo Delgado. Brillante.

El presente artículo se escribe fuera del Perú, en Chile. Son naciones vecinas pero muy diferentes. Hagamos, pues, una comparación. Para el Perú, ha sido el gran problema, por cierto, económico y estructural, la tenencia de la tierra, el país de los gigantescos feudos de la clase dominante que dejó de serlo cuando, en 1969, un régimen militar aplica la reforma agraria, devolviendo la tierra a millones de campesinos indígenas. Y en Chile, el gran problema sigue siendo la educación, la aspiración a una educación de alto nivel, tema que dejamos para otra semana.

Publicado en El Montonero., 31 de octubre de 2022

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Ciberpolítica, el nuevo mundo que se viene

Written By: Hugo Neira - Oct• 24•22

María del Pilar Tello me hace el honor de que prologue este su nuevo libro. Es una alegría y a la vez un problema. Ella sabe mucho más que el que escribe esta nota previa, sobre ciberpolítica e internet. Ha estado tras de ese enorme tema un buen rato. Me consta, de eso hablamos cuando nos encontrábamos. El tema es enorme, tan extenso como cuando en algunos países europeos —y más tarde en América del Norte y en Japón— se dieron cuenta de que la circulación de barcos de vapor y ferrocarriles a fuerza de carbón, y la aparición de fábricas —desde el XIX— estaban cambiando por completo la vida humana. Y la llamaron revolución industrial.

Pues bien, este libro, que viene de la segunda, tercera y acaso cuarta revolución industrial —por cierto, en ninguna de ellas hemos entrado— se ocupa no de algo que es historia sino de la realidad que nos rodea. Desde la conversación que podemos tener con internet, con alguien que vive en las antípodas, tras una pantalla de laptop. O comprar un libro en Amazon, acaso en papel impreso o bajarlo. Sin hablar de las técnicas medicinales de estos días. Ya no con rayos X sino con resonancias. Pero a lo que voy, puede que lo que esté ocurriendo no sea un ciclo más de las revoluciones tecnológicas. Acaso otro tiempo. El impacto de la informática, la genética (los genes podrán ser tratados e impedir enfermedades hereditarias), de eso a ciudades sobre los océanos, el control del clima, un cambio tan grande para el género humano como el que ocurrió cuando las primeras tribus de humanos pasaron de la caza a la agricultura. Y de clanes transhumantes a sedentarios en urbes y civilizaciones. Hoy estamos en el umbral de otra era. Y nada de esto es ciencia ficción. Los instrumentos de esa mutación social se hallan delante de nuestras narices.

Querida María del Pilar, no es fácil presentar tu libro. Tengo que comenzar contándote qué hago cuando abordo ese tema en mis clases, no con tu competencia, sino a mi manera. Les digo a los que siguen mis seminarios, que llegamos tarde a la primera revolución industrial. Eso lo primero, para situarnos. Ese término, «situarse», era uno de los preferidos por Jean-Paul Sartre. Mi generación, ese término lo usamos a fondo. Ahora bien, en la clase me detengo y hago la siguiente pregunta. Revolución industrial. ¿A partir de cuándo la llamaron de esa manera? Puesto que las primeras zonas industriales aparecen en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII y la locomotora de Stephenson es de principios del siglo XIX, ¿cuándo se crea el concepto de revolución industrial? Y aunque parezca mentira, era un tiempo en que la tracción animal era reemplazada por máquinas a carbón y a vapor, pero lo que ocurría, no tenía un nombre propio. La llamaron «maquinismo». Otros prefirieron hablar de «civilización industrial». Sobre todo en Francia. Ahora bien, en 1765, James Watt construye el primer prototipo de máquina a vapor. Los ferrocarriles circulan desde 1835 en Inglaterra, y luego en toda Europa, a excepción de España que llegó tarde a todos los grandes eventos políticos y técnicos que poblaron el siglo XIX. Y sin embargo, el concepto de «revolución industrial» amanece en Friedrich Engels, el gran amigo de Marx, en un modesto trabajo sobre la «situación de la clase obrera en Inglaterra» en 1845. Pues bien, entre la aparición de la sociedad de máquinas y obreros y el concepto, pasaron unos 80 años. Debemos asombrarnos.

Se trataba de un evento espectacular, de coches sin caballos, con tejidos hechos por telares mecánicos, de agricultura con sus desmontadoras, de viajes por los océanos con naves a vapor y no en vela, era algo que todo el mundo veía y aprovechaba. Sin embargo, como puede apreciarse, nada es más difícil para los seres humanos que el darse cuenta en qué era viven. Con la excepción de los hombres del Renacimiento, todas las épocas han sido bautizadas tardíamente.

María del Pilar se ocupa de la cibernética, internet, poder, democracia. Ese intitulado plural permite abrazar el enorme contenido de «lo que transforma el mundo y las relaciones de las naciones». Uso esa frase, deliberadamente, porque son las de David Landes en 1998, hablando de la «revolución industrial». Eso vendría a ser la actual era digital. Lo hago a propósito de la situación actual. Estamos entre un Alfa y un Omega. El tema que se aborda en este libro es tan vasto que no hay más remedio que reunirlos en una sola temática. Es lo que hace Pilar Tello con internet y política. Es cierto que en otras ocasiones es mejor separar los temas. Pero en este caso  no es así. Más claramente, si este libro estuviera consagrado a explicar el universo, sería posible hacerlo, pero a partir de qué es el big bang y la formación de estrellas en los millones de galaxias. E incluso, admitiendo, por el momento, el límite del saber humano: los agujeros negros que no acabamos de entender, o la materia oscura «que es invisible, cuya masa podría ser muy superior a la de la materia visible» (Diccionario del amante de la ciencia, Claude Allègre). Pues bien, la nueva era digital tiene sus enigmas. No es pues inútil la comparación con la clásica revolución técnica, política y social del siglo XIX y el XX. Hoy estamos ante una transformación tan completa y total como cuando la gente comenzó a viajar en ferrocarriles y entre un enorme y múltiples cambios, dos nuevas clases sociales: la burguesía y el proletariado. Y otro modo de producción que llamamos capitalismo.

Pero, ¿qué modificaciones se producirán en la vida laboral? ¿Qué pasará bajo los efectos del big data, el Facebook y Google, el poder político de los algoritmos? ¿Qué ocurre cuando vivimos, quieras o no, bajo el imperio de las tecnologías? Cada una de esas entidades, es lo que analiza la autora. Son cinco capítulos y un epílogo. Se ocupa de la ciberpolítica, cap. V. Que no es tema abstracto sino concreto. Es decir, «la posverdad y las noticias falsas, lo que amenaza a las democracias». Ya sabemos que las elecciones que ganó Donald Trump las gana con mentiras (llamadas posverdades). «La mentira más difundida —dice la autora— fue que el papa Francisco había dado su apoyo al candidato republicano». La campaña por el Brexit es otro caso. Y el separatismo catalán. Y el escándalo de Facebook. Hay un capítulo de lo más interesante de la página 181 hacia adelante. Entre paréntesis, lo del Facebook me lo sospeché. Nunca me inscribí en ese club de vanidosos. Solo creo en tener como amigos a aquellos con los que puedo tomar un café y conversar. No sé por qué siempre me resistí a las modas.  

Para que se entienda este libro, su enorme importancia, quisiera decir algo sobre su autora. María del Pilar Tello ama el Perú, profundamente. Pero eso no le ha impedido tener también una vida cosmopolita. Conoce a fondo Francia, su cultura, sus costumbres intelectuales. Y es por eso que sus libros, que son numerosos, provienen del uso de la razón. De aquella de lo más exigente. Esa que viene de la vieja Europa. Solo se busca la verdad. No esa ensalada de medias verdades, calculadas pasiones, eso que se llama ideología. Muchos marxistas, por estas tierras  «tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos » (el mexicano Porfirio Díaz), creen en la ideología de Marx. Por desgracia, son marxistas que no han leído a Marx. Ignoran que para su primera obra, La ideología alemana —escrita en Bruselas, ya era un exiliado—, vino a verlo su gran amigo Engels, y entre ambos, ese par de jóvenes brillantes escriben un panfleto contra Feuerbach, filósofo de izquierda alemán, y contra las elucubraciones de Bauer, Stirner —jóvenes hegelianos— todo esto, en setiembre de 1846. Marx tenía 28 añitos. Engels, 30. Ya estaban a la izquierda de la izquierda. ‘Ideología’ para ellos era una explicación a partir de una creencia y de valores que son siempre subjetivos y que predominan sobre lo real, acomodados a los intereses personales o de clase del autor o de los autores. En otras palabras, no era ciencia. Y a eso aspiraba el joven Marx. Por eso estudió la economía de Adam Smith. Decirle ideólogo era insultarlo. Todo esto para decir que lo dominó a Marx y más tarde a Weber, el Verstehen de los alemanes. Primero comprender. Luego, juzgar. Las Geisteswissenschaften. Las ciencias del conocimiento.

Lo digo aquí porque María del Pilar no porta consigo una ideología. Si eso fuera así, yo no estaría escribiendo estas líneas. Ella investiga, opina, libremente. No trabaja para esos grupos cerrados y sectarios que dominan nuestras empobrecidas universidades. Si alguna inclinación política tiene, es la de una socialdemócrata. Es decir, la más razonable y abierta de las posturas intelectuales. Y es una de las pocas que hablan de los «compromisos socialdemócratas que permitió el modelo social más avanzado del mundo e hizo de Europa un buen lugar para vivir».  Ni invento ni miento (p. 103). ¿Y qué tiene que ver eso con la informática ? Tiene que ver. «Pero Silicon Valley explota las incongruencias, ambigüedades y debilidades del ideal socialdemócrata». No es pues, una partidaria del neoliberalismo. Del todo mercado. Ni tampoco del todo Estado  (Fidel, Maduro, etc).  ¿Qué es? Un testigo libre de estos tiempos. De ese tipo de gente al que me sumo. Somos los precursores de algo. Y eso es un chiste inglés. Un señor, se encuentra en una sala de galería de arte. Y cruza una conversación con otro visitante e intrigado le pregunta: ¿qué es usted? Y el desconocido le responde: – Soy un precursor. Y entonces, le repregunta:  – ¿Precursor de qué? Y la respuesta es: – Si lo supiera, no sería precursor.

Fuera de bromas. Hay pocos libros tan meticulosos como el presente. Cuando María del Pilar aborda la revolución digital —uno de los tantos conceptos de los cuales es rico este trabajo— la define, apelando a otros investigadores, como se hace en perfecta regla académica. En ese caso, a Francisco Sierra Caballero y a Ramón Zaya, sendos autores de libros en la materia. Estoy diciendo que el presente libro está concebido en las más exigentes de las reglas del mundo del pensamiento escrito, es decir, se interroga, se cita, con las debidas comillas, y se comenta. Así se discute, se afirma y se duda. Ojalá muchos otros autores tuvieran el mismo rigor intelectual de la autora. No se contenta con citar a las mayores autoridades sino que hace algo más. Si cita a Castells, a una celebridad, sobre el tema de cómo «los modelos de desarrollo económico van a entrar a un impulso de reestructuración», en un párrafo de nueve líneas, y luego, ella misma añade que es esa «lógica diferente» (p. 29).

Libros así, quiere decir tres cosas. La primera, que hay una enorme materia que la autora ha recogido. Esa es una regla elemental en trabajos de esta naturaleza, agotar la bibliografía en la materia. Si no se estudia lo que se ha dicho sobre el tema central, entonces se corre el riesgo de descubrir el Mediterráneo. Y en consecuencia, hacer el ridículo. La segunda regla es que no se trabaja para tener una sola visión de la cosa, sino varias. Entonces, se entra al terreno del debate, de los puntos de vista diferentes. La tercera regla es añadir, o al menos intentar decir algo nuevo. Entonces lo novedoso puede venir de la personalidad del investigador. Y es el caso de este libro. Cuando la autora se ocupa de los escándalos provocados por Facebook y Google, no lo hace solo como una observadora de lo que fue la campaña electoral de Trump. El compromiso personal con su país la habita. La preocupación muy justificada de que algo parecido nos ocurra en el 2021.

Este es un libro crítico. Y criticar —tengo que decirlo— no es solo señalar algo defectuoso o falso. En nuestro país se tiende a encerrar los problemas en espacios muy reducidos. Criticar, en nuestra lengua y en general en las lenguas indoeuropeas, la idea es más ancha. Es poder decir algo en favor o en contra de algo. A la manera de un crítico de teatro que puede hallar excelente la entonación de los actores, y sin embargo puede que encuentre que el decorado teatral es más bien mediocre. Ese arte equilibrado de juzgar, casi ha desaparecido en nuestros usos ordinarios y también en el discurso intelectual. Eso no ocurre en estas páginas. Por una sencilla razón. Por la honestidad intelectual de la autora y porque los temas sociales pueden ser ambiguos.

En efecto, el internet es como una moneda, tiene una doble cara, como tantas otras cosas que el genio humano ha inventado. Los primeros libros, después de la invención de la imprenta, se hicieron para leer la Biblia, los manuales de moral, de buenas costumbres, pero también para entretenerse con la novela, o bien, para ver imágenes eróticas y hubo libros de ciencia como pornográficos. Un filósofo español de nuestros días decía que un automóvil puede servir para sacar a pasear a los niños y a la abuela, pero también para asaltar un banco.

Este libro tiene el entusiasmo por la nueva tecnología, y a la vez, la virtud de la prudencia, ante su impacto en la sociedad, la lucha por el poder y el conflicto social que es innato a toda sociedad humana. Y con más fuerza cuando las sociedades —como las actuales— entran inexorablemente a un proceso de mutación. Este libro es la iniciación para saber qué son esas nuevas formas de producir información. Y a la vez, un ensayo crítico. María del Pilar es periodista y profesora universitaria. Yo diría que cuando la periodista se entusiasma, acude la profesora que contribuye con el peso de la duda. En efecto, cada cosa que ha hecho el ser humano es ambivalente. Cuando se inventa el hierro, sirve para la agricultura y los arados, pero también para fabricar mejores espadas. Un invento sirve para la vida pero también para la guerra. Por eso, ciberpolítica e internet. Por eso, poder y democracia van de la mano.

Vivimos una era muy singular. Hace muy poco, el gran Sartori, acaso el mayor politicólogo del siglo XX, precisamente por su actitud a no renunciar ante la complejidad de las cosas, explicó cómo la televisión, hace cincuenta años, se había convertido en un medio de comunicación sencillo y al parecer sano. Pero unos decenios después, cambia de opinión. La televisión la ve como uno de los nuevos riesgos para la democracia. «En el mundo del homo videns no hay más autoridad que la de la pantalla: el individuo sólo cree en lo que ve (o en lo que cree ver). Lo visual reemplaza a lo escrito. La pantalla no permite nada que no sea breve. Y emocional.» Sartori, que se hizo famoso, visitaba diversos países. En todos ellos, aun en los más avanzados y civilizados, en el inicio del milenio, la calidad del discurso político estaba en plena regresión. Al homo sapiens lo reemplaza el homo ludens. Por nuestras calles, como en las ciudades del planeta, caminan individuos que conversan interminablemente con amigos invisibles. Cierto, no están solos. Se conectan, pero algo presiento que se pierde, el gusto por leer. Y si esto es así, el descuido en el uso de la lengua —sea cual fuese—, no leer ni poder escribir una página correcta significa que estamos ante una gigantesca regresión. En la ciencia cognitiva —que es un racimo de saberes científicos y humanistas— se ha estudiado el cerebro mejor que nunca. Y esta es la verdad, hay zonas del cerebro que solo se encienden (la metáfora del foco de luz es correcta) cuando se lee o cuando se escribe. No cuando se habla o solo se mira. No se es completamente un ser humano si no se lee. Pero han surgido las masas de homo videns, y esas, las maneja cualquiera. Hitler se ha hundido pero no su comunicador, Göbbels. Por lo visto, es su era. 

En fin, creo que este libro tendrá una efecto genealógico. Será el precursor de otros tantos estudios que acompañarán la ruda problemática de este siglo. Lo que viene es y será difícil de entender. Ante la posibilidad de sociedades más ricas y humanizadas, sociedades de lo multicultural, multisocial, multiétnica y multirreligiosa, no podemos reducir esa tareas a una ciencia en particular. Es preciso la interdisciplinariedad. E investigadores como la autora. El lector debe entrar a este libro en punta de pie, y con lápiz en la mano. Porque aquí están las llaves que abren las puertas de las diversas mutaciones que emergen en el contorno nuestro. No es el futuro. Son sus anticipaciones. Por mi parte, no me arriesgo a pensarlo ni paradisiaco ni apocalíptico. Más bien complejo. Es por eso que admiro a fondo el trabajo de la periodista y profesora María del Pilar Tello. Dos grandes métiers como dicen los franceses. Tiene, aunque no parezca, mucho de la pasión y la razón del artesano. Para ser profesor o ebanista, hay que amar el oficio, y solo así se llega a los alumnos y al público. ¿Cuándo le dan un rectorado? ¿Cuándo un diario? ¿Cuándo un programa en los medios?

El tiempo pasa, la brillante generación que fue la mía, se extingue. Fuenzalida, Carlos Franco… No veo sucesores. Veo un abismo cultural por delante. Y el lector debe saber que eso es lo peor, la conciencia individual y colectiva, dañada. De ahí acaso mi tono un tanto indignado, del que pido disculpas. No hay detrás de mis palabras sino afecto y reconocimiento por la autora, y acaso la silente esperanza que las cosas cambien. Y cuando pido rebeldías no miro a los cielos, sino a mis contemporáneos. Dejen tranquilo a Jehová que no tiene la culpa de nuestras torpezas. Defiendan este libro, háganlo circular. Esta obra, entre tantas pequeñeces y mentiras.

(Prólogo al libro de María del Pilar Tello, Ciberpolítica: Internet, poder y democracia, Fondo Editorial de la Universidad Villarreal, Lima, 2018)

Publicado en El Montonero., 24 de octubre de 2022

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