¿Y qué pasaría si la sociedad es tiránica?

Written By: Hugo Neira - Oct• 07•19

El título lo inspira una obra de esos escritores de periódicos en España, Javier Marías. Alguien que nada a contracorriente. Y por eso lo habita la soledad. Es un riesgo, y hace rato que he ido contra esa corriente de opinión de mis paisanos, ese optimismo, que nunca ven hasta que el toro de la desgracia los atropella.

Lo que ocurre, no me sorprende. Lo vi venir y de eso son testigos mis artículos. No se trata de magia o predicciones, sino de sentido común. En marzo del 2018, en televisión, en ATV, con Beto Ortiz: «si lo vacan (a PPK) pues para eso están los vicepresidentes». Y sobre Vizcarra,  «es provinciano y no tiene empresas» (19.03.2018, EM). Pero como continuaba lo que llamé la «guerra civil sin balas», dije entonces, «se está fabricando un magnopresidencialismo». Y «la ausencia de reflexión marca este tramo oscuro de la patria» (19.11.2018, EM).

Para esta crónica, leo y releo a algunos. Por ejemplo a Fernando Vivas que hace la crónica minuciosa donde se juntaron lo fáctico, lo emotivo, lo jurídico, y cuando una fuente palaciega le dice aue el decreto de disolución ya estaba hecho, y «las crisis nos enseñan que los actores tienen planes y metas que han calculado y barajado los escenarios». Siempre lo hacen, Fernando, desde Roma, «si era o no legal que César hubiese pasado el Rubicón».

Podemos leer a Jaime de Althaus: «Es asombroso constatar cómo las convicciones democráticas y constitucionales se adecúan a las conveniencias políticas del momento. Políticos, periodistas y hasta constitucionalistas que creíamos firmes defensores del orden constitucional, de pronto encuentran toda clase de razones para justificar o constitucionalizar una medida dictatorial, cuando ella favorece a sus posiciones, intereses o en algunos casos, fobias políticas». Y menciona a Eduardo Dargent por su concepto de «demócratas precarios». (El Comercio, 4.10.2019)

En fin, Martín Tanaka hace un recuento de lo que pudo hacer el Legislativo, desde sus inicios, «una amplia coalición conservadora». Pero la crisis se agudiza, y entonces, Tanaka se pregunta: ¿Y ahora? Bueno, por mi parte, entiendo la libido dominandi de los políticos. Pero, en efecto, ¿para qué? ¿O para quiénes? Algún día sabremos quiénes fueron los del gabinete en la sombra para esas decisiones audaces. Puede que el propio presidente. Ya se sabrá.

La crisis actual es algo que viene de más lejos. «El neopresidencialismo en el Perú»  (1997), es un texto de Agustín Haya de la Torre. «Se había cambiado la constitución para afianzar las posiciones autoritarias». Agustín se tomó el trabajo de decirnos que la modernidad política que se manifiesta por los partidos de masas, con base doctrinal, «no encuentra terreno apropiado para desarrollarse». El desdén ante el parlamento no solo es de nuestros días, «siempre fue visto como engorroso y molesto» (Ensayos de sociología política, 2005, p. 38). Y menciona de paso el discurso totalitario de Sendero Luminoso, que muchos olvidan. Agustín se ocupa del sistema de partidos, de la difícil construcción de la comunidad política, y si lo entiendo bien, estaría por una «democracia parlamentaria de participación plena».

Vamos amable lector, escuchemos a César Arias Quincot, en su excelente libro La difícil transición democrática (2005). Ve avances, limitaciones y conflictos. Y como Arias Quincot es un pensador libre, se atreve a decir que «está la percepción en las grandes mayorías de que, cuando vivimos en democracia y el poder tiene limitaciones,  es posible generar agitación, desorden y violar la ley bloqueando carreteras, tomando locales o propiciando demostraciones violentas, sin temor a sufrir las consecuencias» (p. 71). Arias Quincot es una persona serena, pero la sociedad peruana no lo es. Y por eso ve «una mentalidad autoritaria que predomina en el Perú». «La gran mayoría carece de sentido de respeto por la legalidad y, por lo tanto, acepta someterse a un poder personal fuerte y arbitrario, a la par que desprecia a quienes respetan el Estado de derecho» (Ibid.) Y añade: «Fujimori captó muy bien esa actitud cultural, y la explotó al máximo» (p.72). La cosa estaba cantada desde hace años pero los políticos democráticos, si es que los hay, no leen. Ni escuchan ni a los de magia blanca o magia negra. Ya sabemos, nadie es profeta en su tierra.

Una tragedia sin héroes, la derrota de los partidos… Perú 1980-1992, libro de Nicolás Lynch. Editado por San Marcos, en 1999. Está todo, la ilusión electoral, los outsiders, la democracia conservadora, el populismo sin partido, la agudización de la desigualdad social, las coaliciones imposibles, «el joven que sabía más que su partido» (Alan) y «cuando los vaivenes matan», o «yo mismo soy», y «el viraje hacia el abismo». Que hay en común, en los presidentes, el personalismo. Lynch como Arias Quincot, no tienen empacho alguno en decir que puede abreviar el lapso democrático de este inicio de siglo. Lynch es de izquierda, pero no esconde «el problema de la ambigüedad ideológica». Se refería a la Izquierda Unida de esos días, y en algún momento, Carlos Tapia y Santiago Pedraglio la observan en la poco clara actitud de las izquierdas ante Sendero Luminoso. Su libro recorre todos los vericuetos de esos años, y especialmente, cómo anduvo Alberto Fujimori quien tampoco estuvo «contento con las mayorías parlamentarias», y además, «manifiesta repetidamente en público su aversión a la negociación con los diferentes grupos políticos», y eso de negociar con grupos políticos, lo tomaba «como un impedimento al normal desenvolvimiento de la labor de gobierno» (p. 246). En «Anatomía de una derrota» Alberto Vergara (El Comercio, 6.10.19): «Con todo lo que hemos visto en estos años, yo ya no confío en nadie». De acuerdo Alberto, ¿pero hubo políticos en estos últimos años? Lo que son en esencia estadistas, en el posfujimorismo, no los hubo a excepción de Paniagua y Alan segundo gobierno. Políticos improvisados sí los hubo: Toledo, Ollanta y su «presidencia conyugal», PPK y Keiko. La crisis no es de hoy. Es crónica.

En fin, en un coloquio sobre «la estupidez en la escena política contemporánea», organizado por la Sociedad Peruana de Psicoanálisis el viernes pasado, escuché a uno de los invitados una barbaridad sin límites. «La voz del pueblo es la voz de Dios». Cuando me tocó hablar, conté que hace años, en una cena con profesores de una universidad y el padre Gutiérrez, alguien dijo lo mismo. Y el pensador de la Teología de la liberación corrige: «ni la voz del pueblo es la voz de Dios». Un sacerdote católico, que por lo general conoce el mundo y la historia, no puede dejar de saber que Hitler fue elegido por los alemanes. ¿Y no tuvo apoyo popular Franco en España? ¿Y en Chile, simpatizantes de Pinochet? A veces, el autoritarismo habita en las sociedades compuestas de excluidos y se vuelven tiránicas. ¿Ese es nuestro inmediato destino?

Publicado en El Montonero., 7 de octubre de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/y-que-pasaria-si-la-sociedad-es-tiranica-1

El mal mayor *

Written By: Hugo Neira - Sep• 30•19

Hay algunos grandes enigmas que ocupan a los seres humanos. En astrofísica y cosmología, lo que se llama la materia oscura, que no es energía o materia ordinaria, algo que no emite ningún tipo de radiación o luz, pero que existe, y que ocuparía un 25% de la materia del universo. Lo deducen con telescopios por sus efectos gravitacionales. El segundo gran enigma es qué nos espera en el futuro inmediato, si la temperatura sube de dos grados a cuatro o cinco. Países enteros inhabitables, poblaciones enteras aniquiladas.  ¿Tierras áridas y a la vez inundaciones? Esto lo dice Mark Lynas, en libro que le ha ganado el premio de la Royal Society por su divulgación científica. Pero la extinción de nuestra especie, no es precisamente nuestra preocupación. Nuestro problema mayor consiste en preguntarse qué pieza de ajedrez moverá de la noche a la mañana, el presidente Vizcarra.

El país está paralizado pero en Palacio se divierten. Hasta hace poco, en la vida política peruana, era constante la sorpresa. «Con la política en el Perú nadie se aburre.» Pero en estos dos últimos años, ha perdido su encanto.

Esto ya cansa. Hace veinte años que vivimos de brazo con lo inesperado. ¿A quién se le iba a ocurrir que el ilustre candidato rey de la novela y la literatura y halagado por todos los diarios del mundo, iba a ser derrotado por un casi desconocido rector, y además, descendiente de emigrados japoneses? Y sin embargo, el «chinito», subido a un tractor, regalando lápices, derrota a Mario Vargas Llosa. Y el vencedor instala un sistema personalista y autoritario. Pero aquel presidente que había estabilizado la economía y ganado la guerra al terrorismo, se fuga al Japón, y el intento de entrar al país por Chile fracasa, y acaba  extraditado y con 25 años de sentencia. ¿A quién se le iba a ocurrir que el siguiente presidente, Alejandro Toledo, que según Juan Paredes, «mantuvo a velocidad crucero la economía y la democracia», ese mandatario que supo rodearse de ministros cabales —Luis Solari, Carlos Ferrero, Beatriz Merino—, el «cholo sagrado» como decía Eliane, acabase con esta frase que pasará a la historia: «Barata, paga, carajo»?

¿Debo seguir? ¿Cómo podíamos imaginar que ese señor, que tenía experiencia desde 1980 en que apoya a Fernando Belaunde, quien lo nombra ministro de Economía, y si no me equivoco, Director del Banco Central, exilado por el velasquismo, que hace su fortuna en los Estados Unidos, que había trabajado en el Banco Mundial, y que preside el gabinete cuando Alejandro Toledo, ese hombre, candidato de Peruanos Por el Kambio —«representante de la gente blanca y el sector privado» según los diarios norteamericanos—, resulta que se hunde con los destapes de Odebrecht. Al parecer, entre el 2004 y el 2014, se había vertido unos 4,8 millones de dólares a Westfield Capital y First Capital, «dos sociedades ligadas a Kuczynski» (Wikipedia). Un hombre de Estado que dimite en marzo del 2018. Hoy detenido. Con problemas cardiácos.

Un hombre de Estado, pero si razonamos un poco, por encima de todo, un hombre de negocios. Nunca entendió que la empresa es una cosa y otra el Estado. En Chile, cuando llega al poder legítimo el presidente Piñera —muy parecido a PPK, empresario, inversor y político—, lo primero que hizo el chileno es montar un fideicomiso. ¿Tan difícil es separar —al menos por un tiempo—, el inversor y el político? Le debemos su herencia, el vicepresidente. Estamos encantados de ese reemplazo. Es prudente, trabajador, ha reconstruido el norte después del cataclismo del Niño, la economía va a toda velocidad, no propone cambios constitucionales. Nos hace recordar a Paniagua, gobierna un interregno y luego deja el mando. Estoy bromeando.

Si PPK no entendió nunca que el Estado no es una Empresa, muchos hoy, no entienden para qué sirve el Estado con tres poderes. Pésima secundaria. Me hago, pues, pedágogo y explico que es un viejo truco para que las democracias caminen. Lo inventó no un norteamericano ni un marxista, nada de eso, un filósofo de la Ilustración francesa del siglo XVIII, un tipo que lucía estos apellidos: Charles Louis de Secondat, noble, barón, más conocido como Montesquieu. Un loquito de esos que intentaba un tipo de leyes que salvaguardara a la vez la libertad y el orden. Resulta que en Del Espíritu de las Leyes  (el amable lector puede adquirirlo en las mejores librerías del ramo) se vuelve la herramienta inevitable de todas las democracias contemporáneas. «La democracia debe evitar el gobierno de uno solo»  (p. 162). Y entonces, «para que no se pueda abusar del poder, es preciso que, por las disposiciones de las cosas, ‘el poder frene al poder’».  Debería enseñarse en las aulas de escolares. Pero esos cursos dejaron de dictarse por los noventa. Los resultados son evidentes.  

Acaso tengamos que modificar el ritual republicano. Jurar diciendo, «acepto la existencia de los tres poderes autónomos, y sometidos a normas y leyes».

Lo que ocurre hoy, comienza a aburrirme. No veo sorpresas sino repeticiones. Hoy volvemos a viejas tradiciones, caudillistas. Don Augusto B. Leguía gana las elecciones en 1919, y por si acaso, da un golpe de Estado. Necesita eso para una constitución nueva a su medida. Hoy, el combate de los clanes —no hay otra manera de definirlos— es algo descontectado del país real. Un ejemplo: mientras ocurre la guerra civil entre los poderes, los peajes pagados en Lima en la Vía Evitamiento —que no forma parte de las obras construidas por la brasileña OAS—, igual los recauda la empresa brasileña (¡!). Y eso  debía durar unos 30 años, pero en la gestión de la señora Villarán, se amplió a 10 años más. Algo así como «US$ 1000 millones más de ganancia». Menos mal que tenemos una prensa libre que nos informa de todos los ilícitos cometidos. No solo la ponzoñosa vía expresa Línea Amarilla sino los movimientos bancarios de consorcios entre empresas brasileñas y peruanas. Bromeo, nada de esto está en los diarios, sino en un libro convincente. Estado Corrupto. Los megaproyectos del caso Lava Jato en Perú, de Juan Pari (Planeta, 2017). Solo explica cuatro megaproyectos. ¿Qué pasaría si conociéramos los otros?

El mal mayor, querido amigo Carlos Meléndez. Siglo XXI, crece la riqueza peruana, y con ello, ¿la necesidad de capturar el Estado? La avidez de hacerse rico es corriente en cualquier país, pero en nuestro acelerado Perú, no solo se ha corrompido al Estado, sino una parte de la sociedad. La buena pro, a como dé lugar, es la voz. Lo peor está por venir. «Cómo ser déspota sin que se note». Habrá numerosos candidatos presidenciales. Desde ahora lo digo, votaré en blanco. Si es que voto. Hace 30 años que la educación, para los hijos del pueblo en escuelas estatales, la hicieron pedazos. Eso y las tecnologías, no producen conocimiento sino ignorancia. Y un alegre caos. Que será corto. Se viene una sanción popular en las urnas para todos los que hoy creen ser amados. De repente, una revolución. Las revoluciones no las hacen los revolucionarios. Ocurren. El que vive, verá.

* Lo digo jugando con el título del libro de Carlos Meléndez, El Mal Menor. Realmente, un buen trabajo.

Publicado en El Montonero, 30 de setiembre de 2019

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La gran cuestión: qué de bueno y qué de malo

Written By: Hugo Neira - Sep• 30•19

Es una atinada y gran cuestión la que han pedido a nosotros los periodistas. Les respondo con mucho gusto. Comienzo con sinceridad. El decir qué va y qué no va en el Perú, es una pregunta que me estremece. Algo así como si opinara sobre la extensión del universo. Rara vez hablo del Perú en global. Prefiero la economía peruana, la historia peruana, la literatura peruana, las ideas contemporáneas en el Perú. Cuando quiso hablar del Perú, José Carlos Mariátegui lo hizo mediante siete ensayos. Genial el gran Mariátegui que apenas tuvo primaria y luego, en el periodismo, creció hasta ser un gigante. Admirable caso de autoeducación. Hablar del Perú es como tratar de un tema oceánico, el Antiguo Egipto, la Grecia antigua, algo por el estilo. Y siento la sensación de estar al borde de un enigma. 

Detrás del periodista está el estudioso. Toda mi vida he hecho cuerdas con ambos oficios. Cuando el profesor escribe, el periodista viene y le dice que redacte con claridad y con frases cortas. Cuando el periodista se está pasando de ligero, acude el profesor para decirle que los hechos sociales, todos, son ambivalentes. Y es por eso que no practico el mayor vicio que tenemos, el maniqueísmo.

Cuando me llegó la presente invitación estaba terminando mis clases (y un enorme libro que ya saldrá con la parsinomia propia a mis editores, las universidades). Y pensé voy a responder qué hubo de progresivo y de regresivo en la sociedad peruana. Pero tenemos un problema en el uso de ese concepto. Como se sabe, soy sociólogo. Uno que primero estudia en San Marcos la ciencia histórica, luego, con la sensación de que una disciplina no es suficiente, estudia ciencias políticas en París, en el Harvard de Francia, siendo investigador en S. Po. (Institut des Sciences Politiques). Luego, tras su retorno al Perú de Velasco, estudia de nuevo (mientras es profesor) ciencias sociales. Eso es lo que soy. Sin dejar de lado jamás esa ciencia (y arte) de la actualidad que se llama modestamente periodismo. Ustedes lo saben. Es más que eso. El fútbol lo jugamos todos, pero solo algunos tienen la velocidad mental del que mete goles. Estoy diciendo que tampoco cualquiera puede ser periodista. Es también una cuestión de que en el vértigo de las cosas, encuentra lo esencial de lo inmediato. Ese don, se tiene o no se tiene.

A lo que voy. Iba a tratar de la sociedad peruana. Con los franceses aprendí a razonar desde lo más simple. (Eso es Descartes.) Y en efecto, los hombres viven en sociedad. La praxis de su vida se inscribe en el ámbito familiar, el trabajo, la economía, la religión. Pero saber qué es la sociedad como una totalidad, lleva a que la realidad social es un sistema de relaciones, y comenzamos entonces a encontrar totalidades particulares, por decirlo así. Agrupaciones, clases, multiplicidades enormes, agentes sociales diferentes y contradictorios. Siempre la hemos querido ver como una totalidad, a la sociedad. Para luego distinguir, por ejemplo, la sociedad industrial, la sociedad de masas, lo cual no nos impide observar las burocracias, las sectas, etc.

Eso es lo que se usó hasta ahora. Eso es lo que aprendí en Europa (hubiera sido casi igual de haber hecho estudios en Estados Unidos). Pues fíjense la difícil era en la que vivimos. Mis colegas —no los peruanos—, la comunidad de las ciencias sociales en el extranjero, ponen en cuestión el uso orgánico, cohesionante, de la sociedad. Uno de los que fueran mis profesores, Alain Touraine, luego un amigo, ha escrito un libro que es un terremoto en la metodología misma del hombre en sociedad. La fin des sociétés. Cuando se traduzca se llamará el fin de las sociedades. No quiere decir que desaparezcan. No estoy jugando tontamente con algún criterio de decadencia o algo por el estilo. Las sociedades avanzadas del capitalismo (Europa, Rusia, Estados Unidos, Canadá y Australia) les ocurre, en la vida cotidiana, una mutación inesperada. Se descomponen todos los marcos de referencias. La familia, la empresa, las clases sociales. Es un tiempo en que el actor social es el individuo. Pero de ese mundo plural, en progreso, que se vuelve un mundo de recomposiciones sociales, prefiero no tocar en esta nota.

Seré sincero. Hace rato que me trota en la cabeza que no hay un solo Perú, sino varios.  Si fuera antropólogo, diría que es un país de diversas culturas. En sentido antropológico no cultural, como cuando las candidatas a miss Perú dicen que en música prefieren Mozart. Si hiciera solo historia, diría que los peruanos viven en mundos diversos, algunos ya son cosmopolitas y les da lo mismo vivir en Lima que en Miami. Otros viven en tribus, en la Amazonía. Otros en culturas regionales que se resisten a la homogeneidad de lo republicano. De eso voy a tratar. Mi ponencia es la siguiente. Hay varias sociedades peruanas. Yuxtapuestas y a la vez simultáneas. El amable lector no debe sorprenderse. ¿Conocen a Francisco Durand? Sus tres economías. Formalidad, informalidad y economía delectiva. Profesor en los Estados Unidos. A veces, como para apreciar una pintura, hay que dar unos pasos y ver no de tan cerca, eso pasa con el oficio del análisis y de síntesis, que es lo nuestro. A eso voy. Veo tres sociedades, acaso cuatro si le añadimos el «lumpen», que asalta y mata con una frialdad que antes no había.

Hay un Perú que ya es urbano. No es que se me ocurra. La población censada en centros urbanos en el 2007 representaba el 75,9%. Eso lo sabe bien el INEI (Instituto Nacional de Estadística e Informática). Esa mutación, que es espontánea, por ser migración interna, tiene consecuencias enormes. Y se le suma otro fenómeno social: crecen también las ciudades provincianas. Ya no lo son tanto. Hace poco, en un momento en que era vacaciones y no dictaba cursos, varias ciudades del interior me invitaron a dar conferencias. Puno, Juliaca, Cusco y Abancay. En esta última, me llenaron de condecoraciones, «hijo predilecto», etc. A lo que voy, hacía un tiempo que no iba y me quedé asombrado. ¡Qué de progresos! ¡Qué de universidades y carreteras!

Otro cambio, realmente sideral. Resulta que los peruanos han preferido vivir en la costa. No por mucho, el 55,9%. Pero me asombra. Por  primera vez en nuestra historia, la primera en tres mil años del Perú profundo, la sierra deja de ser el centro de nuestra vida. En el ayer precolombino, las civilizaciones de la costa, Paracas, Chimú, no eran más pobladas que las culturas de quechuas, aymaras y chancas. Hoy las cuencas serranas, las tan queridos y amados valles andinos, no son el eje de vida peruano. Pero aclaremos. La población rural y serrana sigue creciendo, pero menos rápidamente que la costeña. Por lo demás, se entiende esa migración. La costa tiene mejores medios de transporte. Es llana. Eso tiene no haber construido una infraestructura de ferrocarriles y buenas carreteras. A cada rato hay un bus que se precipita al abismo en nuestra sierra. O el chofer estuvo borracho, o el bus no tuvo mantenimiento, o esas carreteras son una invitación al suicidio.

Sumemos. País urbano y costeño. ¿Eso es todo? No. El Perú es mayoritariamente alfabeto. En la materia, hay discusión. Unos dicen un 5%, otros un 13%. Para nuestra lectura, es igual. Ya no somos un país de analfabetos. ¿Debo seguir? Además la pobreza ha retrocedido. Y desde los noventa a la fecha, el PBI se ha incrementado por tres.

Entonces, ¡estamos salvados! No, señor. La lectura de las fragmentaciones del Perú en sociedades proviene del mundo del empleo, del trabajo. Volvamos a las economías. Esa sociedad moderna, número 1, es real pero bien cortita. Es solo para los que habitan en la sociedad peruana de los empleos formales. Y eso es apenas un 20%. Y soy generoso en el cálculo. Lo que predomina —y el lector lo sabe— es lo informal. Seamos sencillos, miren lo que sale en Wikipedia. «En Perú, las PYMES constituyen el 98,3% de la economía, contribuyendo al 42% del producto bruto interno (PBI) y con el 88% de empleo de la población económicamente activa (PEA)». Como se entenderá, mientras el trabajo siga siendo informal, esos ciudadanos carecen de servicios sociales. Son un motor de progreso, pero con un saldo feroz de esfuerzo y trabajo. No lo dicen, pero el peruano con chamba propia, trabaja 15 o más horas por día. ¿Qué tiempo le queda para vivir?

La tercera sociedad, es donde se confunden los informales y los formales, algo como  2.5 millones de micro y pequeñas empresas. En ellos están los que podemos llamar no nuevos ricos sino los no pobres. Muchos observadores de este estrato social, en nombre de esa enfermedad de la ceguera y el optimismo obligatorio que se practica en nuestro país, los llaman ya «clases medias». Arellano por ejemplo. Las clases medias en el mundo entero tienen dos poderes. Uno, el capital. Y eso lo tienen ya en los conos. Pero el otro es el poder simbólico. La palabra, el conocimiento (concepto de Bourdieu). Y eso no lo tienen, a veces, tampoco los más acomodados. Por algo que hemos fallado. Dejemos de esconder aquello en lo que hemos retrocedido. La educación peruana, esa que yo tuve en una Gran Unidad Escolar —años cincuenta— ha desaparecido. En las pruebas PISA seguimos a la cola de todas las naciones. Como lo dijo con coraje Nicolás Lynch, cuando era Ministro, «los últimos de la clase».

Ese deterioro que es gravísimo, produce electores populares que no compran diarios y peruanos que no abren un libro ni con una pistola en la sien. Ya no tenemos analfabetos sino gente que puede leer pero no lo hace. Eso se le llama «iletrado». Son millones. Pueden, pero no les interesa. Miran en los quioscos los titulares y no compran diarios. Les han enseñado a ser «empoderados». Esa tendencia pedagógica estaba destinada a dar confianza a los hijos del pueblo para que montaran negocios personales y familiares. Bravo. Pero también lo han tomado como «yo ya lo sé», y a mi nadie me da lecciones. Y produce gente que llega a ser alcalde, congresista, incluso ministro, pero es gente que nunca adquirió el saber necesario a un dirigente o político. Eso es grave. Nos lleva a la cuarta sociedad. Que es una antesala del infierno.

Hualpa, 37 años, con profesión cocinero (o sea, no era pobre) mata a Eyvi Ágreda, de 22 años, porque sí. No se fijaba en su persona y decide no solo matarla, sino incendiarla en un bus, destruyendo su belleza, haciéndola sufrir. Lo han creído un psicópata. Puede ser. Pero su crimen revela otra cosa. Hay una sociedad infernal, de peruanos que no tuvieron nunca una escuela que los humanizara. Todos saben qué cursos han sido eliminados caprichosamente (Literatura, Humanidades,…), les parece bien a este país de pragmáticos. Eso quiere decir que Hualpa —como otros tantos millones— jamás ha escuchado un poema, un texto literario. Es decir, nadie lo formó —porque los cerebros se forman en una edad precisa— en algo que podía ser la ternura. Los sentimientos. Nadie. A los de mi generación se les enseñaba, «qué estará haciendo mi andina y dulce Rita de junco y capulí, ahora que me habita Bizancio y que dormita la sangre, como flojo coñac, dentro de mí». Ahí tienen los peruanos machos y con ganas de que las guapas los miren. Eso es la cuarta sociedad peruana. Algo peor que el lumpen. Los zombies que no tuvieron ni cursos de historia, ni de lógica, ni de gramática, ni literatura ni nada. Solo una falsa secundaria, y luego, una chamba. Y nada más.

Cuatro sociedades peruanas. La primera ya moderna. La que es hegemónica, pero frágil. Su capital es Asia. Las otras tres hacen mayoría. Entonces, tiemblen cuando las tres cuartas partes de la sociedad siga al Hitler populista y sin duda, popular, que aparecerá para el 2021. Siempre llamé «La República de Weimar» a esta república, del 2000 a nuestros días. Fue aquello la feliz y liberal sociedad alemana de la posguerra, años veinte. La pasaron bomba, se admitió el sexo entre hombres y de mujeres con mujeres, y luego de esa juerga, vino Adolfo. Con una máscara de exsoldado puritano. Y ya saben lo que hizo. Campos de exterminio para millones de judíos y luego guerra europea en la que murieron millones de alemanes, esos que lo habían elegido Führer. Esto, lo de  «la promesa peruana», no la de Basadre sino de un Weimar achorado —espero equivocarme—, el único que me entendió fue Arias Quincot. Escribía en El Peruano. Muy culto. Muy libre. No duró mucho.

Cuatro sociedades, amigos. No una sola. Así somos. Ese es nuestro reto. Que crezca la economía, pero que crezcan en número las gentes que leen, razonan, dudan, piensan, proponen racionalidades y no quimeras sangrientas. Que así sea. Que Rosa de Lima y Sarita Colonia, cierren las abiertas puertas del infierno, de corruptos arriba y abajo, y de gente que enamora matando. Eso no es una patología individual, la que estudian los discípulos de Freud. Hay patologías sociales. Desde Durkheim, uno de los padres de la sociología. Los individuos Hualpa son más temibles que los más furiosos de Larco Herrera. Puede que los sin alma se junten y lleven al poder a su Tirano. Desde las urnas, por el peso de la mayoría, todo puede pasar. Y si la posverdad es lo que domina, propongo a mis colegas periodistas ir a contracorriente. Nuestro pueblo tiene sentido común, por eso ha progresado de la barriada a la empresa propia. Pero hay que educarlo, para salvarlos y salvarnos. Hablando claro, sin disfuerzos o melindres. Diciendo lo cierto. Unamuno, español, filósofo, ante la guerra civil, decía: «Di tu palabra, y rómpete».

Escrito el 28 de junio de 2018, y publicado en la revista Periodistas del Colegio de Periodistas, Lima, año 1, n°3, 2018, pp. 4-10.

Dos caras tiene el destino

Written By: Hugo Neira - Sep• 23•19

La situación meteorológica del continente: según la televisión francesa, Lima tiene el cielo bouché. O sea tapado, cubierto, sin el sol que gozan en Quito, Caracas o Buenos Aires. No creo en la existencia de arcángeles ni intervenciones celestiales o demoniacas, pero es curioso que se acomode como metáfora a lo que le ocurre en un gobierno amenazado desde sus propias entrañas por un adelanto de elecciones. Y una crisis inventada, con talento maquiavélico. Sin embargo no estamos en los noventa. No necesitamos de un Alberto II para cerrar congresos para capturar a Abimael Guzmán.

Entre tanto, leo los diarios, converso con amigos, tratamos de entender. Confieso que no acudo a las redes sociales. En cambio, observo qué sienten y dicen los diarios. ¿Y qué encuentro? Titulares como estos. «Corriendo a ninguna parte». Editorial del El Comercio, lo menciono sin rencor alguno. Me hicieron un favor, porque estos días, ando muy, pero muy ocupado. «El temerario juego del presidente» (Paredes Castro). «Un cronograma sin fechas precisas» (Martín Calderón).  «La democracia no es turba», Federico Salazar. Y en una de sus columnas, Mariella Balbi: «Odebrecht es el gobierno del Perú». En fin, el investigador británico John Crabtree —que tiene un libro al alimón con Francisco Durand que trata de la captura del Estado—, no nos hace un favor cuando dice «la política peruana nunca es aburrida». Vaya broma, con ese criterio, una quimioterapia tampoco es aburrida. Hay opiniones muy sensatas. La de Jaime de Althaus, el viernes pasado, «Superar ya el adelanto de elecciones». La idea de superar me parece más que atinada por la variedad de usos. Se supera cuando se mejora algo que va mal, un negocio o los líos de familia. «El gobierno tiene que aceptar que su pedido de adelanto de elecciones es inejecutable y que le está infligiendo al país una crisis innecesaria» (Althaus).

En uno de sus artículos, Abusada Salah se pregunta si Vizcarra es un populista. «El populismo que vemos resurgir en el mundo desarrollado ha sido el mal endémico más grave de Latinoamérica en el siglo pasado». Aprecio que diga que el populismo es un maniqueísmo, puesto que hace poco usé ese concepto. Lo mejor de su crónica es haber entendido al presidente Vizcarra. No ve uno sino dos. ¿Populista? No lo creo, dice Abusada, y enrumba su crónica recordando «su desempeño como gobernador en Moquegua», cuando «bajo su mandato, la región mejoró el desempeño escolar en matemáticas y comprensión lectora». Recuerda también que «impulsó inteligentemente el proyecto minero Quellaveco». Cuando aparece en la escena presidencial, no me pareció mal. No era no un lobista como PPK y además, provinciano. Nací en Abancay y siempre pensé que Lima es una suerte de Luxemburgo, o Monaco, una ciudad poblada de hijos y nietos de andinos de la gran migración. Pero hoy lo de las regiones, es un Sur que ha empeorado. Si las cosas siguen así, a la Bolivia de Evo Morales pueden preferir los partidos aymaras de estos días. No es regionalismo sino política etnicista. Algo que no entiende la nación. Se han quedado en los clanes. Mientras Lima la ingenua, la pasa bomba.

Volviendo al Vizcarra de Abusada Salah. Se pregunta si no ha sido «atraído por la retórica populista». Abusada recuerda lo que deja de hacer el presidente, «los acuciantes problemas de la economía, la seguridad, la salud», etc. El intitulado de esta crónica, me hizo recordar una película mexicana (por 1952), la historia de un médico brillante que pierde un paciente y abandonna todo, incluso su identidad. Me pregunto cuál de los dos Vizcarras va a elegir el propio presidente. ¿Cuál será el rostro del Perú para los años veinte y treinta de este siglo? ¿El de estadista sensato o líder carismático?

Un amigo me decía que de hacer buenas obras, el pueblo electoral se lo agradecería. Pero soy muy escéptico sobre la mentalidad de estos años. Voy a decir algo que me cuesta decirlo. Hubo una vez un presidente de la República que levanto el PBI a medias de 7 y 8%, en Lima rehace el amado estadio nacional, concluye la línea de tren eléctrico que va de Lima a Villa El Salvador. Y en las elecciones, cuando aspira a un tercer mandato, solo obtiene un misero 5,83%.  Creo que hay una brecha entre lo popular y los políticos. El peruano de hoy, piensa que gracias a la informalidad, el caos y el empoderamiento, no le debe nada a nadie. Si pudieran dejar de votar, lo harían. Y no les pidan encima eso de los tres poderes¡! De las utopías socialistas del siglo XX hemos pasado bruscamente al consumismo, el dinero como sea.

Vastos errores. Hoy domingo, El Comercio, coloca cara a cara a Alberto Adrianzén y Jaime de Althaus. Los presentan como un sociólogo y un antropólogo, lo cual es verdad. Aplaudo ese debate. Pero los presentan como izquierda y derecha. Y eso no es lo que son. Adrianzén, hace años, se despidió con un artículo «La izquierda peruana: ni revolucionaria ni reformista». ¿Dónde? En Socialismo y Participación, junio de 2007, la excelente revista que dirigían Carlos Franco y Héctor Béjar. En cuanto a de Althaus, es un liberal. Lo cual no necesariamente es ser de derechas.

Por mi parte pienso que hay otras pasiones en el actual conflicto. No es una disputa entre tendencias. En el 2016 dos derechas ocupan el espacio electoral, PPK y Keiko, y no pudieron entenderse (¡!) Diría que hay otras fuerzas, inteligentes y perversas. ¿Los que rodean a los presidentes? Siempre los hubo, pero ahora temen eso que dicen proteger, la democracia. Ocurre que mientras se disolvían los partidos, lo que se llamaba ‘izquierda’ dejó de ser la continuidad de Barrantes o de Diez Canseco. Se instalan grupos en la cúpula del poder sin pasar por las urnas. Funcionarios públicos, ONGs y consultorías, grupos como los masones de otro tiempo, herméticos, ocultos. No se puede llamar ‘comunistas’ a quienes fingen salvar a las masas, cuando lo que quieren es manejarlas desde arriba y con las urnas, no pueden. Y persiguen a todo aquel que puede arrancarles sus actuales privilegios. Los admiro, se han disfrazado de izquierdistas para lograr asentarse en el Estado para siempre. Genial. Y como a los peruanos no les han enseñado en las escuelas a dudar, se la tragan.

Al diablo la democracia. Quieren decisiones. Soy un graduado en doctorados europeos, diré lo que eso significa en términos universales. No lo saben ni ellos mismos, son los nietos inesperados de Karl Schmitt, el filósofo alemán —cuya filosofía la toma Hitler— y que sostenía que en política no hay rivales sino enemigos. Detestaba el parlamentarismo. «Y lo legítimo es cuando la nación se encarne con el Führer» (Schmitt, y  probablemente varios gobernadores, estilo Cáceres). Ya no buscamos un Inca, como en los días de Flores Galindo. No hay que ser rubio y blanco para ser un nacionalsocialista. Suena bien, pero acaba en tragedia.   

¡Despierten ciudadanos! La política que existe hoy en el Perú, ha dejado de ser política.

Publicado en El Montonero., 23 de setiembre de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/dos-caras-tiene-el-destino

Alan García en la noche nochera de Barranco

Written By: Hugo Neira - Sep• 16•19

Crónica sobre la noche limeña, más bien barranquina. Y algo más. Fuimos al teatro, a  Microteatro, en Barranco. Cuando llegas, te encuentras en una suerte de cafetería, luego bajas una escaleras, y te hallas en el lugar escénico (Jirón Batallón Ayacucho, 271). El lugar es acogedor, te tratan con amabilidad, puedes tomarte un trago antes de entrar al escenario, hay guías para cada paso. Luego los peldaños para la hora en que se inicia el microteatro. Me sorprendió, no lo conocía. Todo eso, para un público que por cierto ama la noche, sin embargo, una disciplina de cuartel. Y ahí una obra teatral sobre Alan García. No es broma. No me lo permitiría por respeto a la muerte, y a los que se nos han ido, y con más razón, tratándose de un amigo como Alan, por la aflicción de la hostilidad a su persona cuando en vida. Ahora bien, antes de comentar la obra de teatro, conviene que les diga algo sobre la singularidad de la escenificación.

El local y el lugar. Todos los jueves, los viernes y los sábados, desde las 11:00 pm (no me equivoco, a esa hora) una obra titulada «En Instantes». Para ello, han montado un sistema de teatro en el que cada obra dura no más de 15 minutos, y en un local deliberadamente pequeño, y lo que es decisivo, por razones psicológicas, el actor lo tenemos lo más cerca posible. Por lo demás, se presentan diversas obras, todas las cuales —unas cinco— arrancan con una puntualidad admirable, a las 11:00 de la noche, a las 11:10, a las 11:50, etc. De modo que si alguien quiere seguir viendo otras obras, puede hacerlo en el tiempo que transcurre en un obra teatral convencional. Cortita la escena pero intensa, muy intensa.

¿Por qué fuimos a ver aquella que el personaje elegido era el expresidente Alan García?

Estuvimos, después de cenar en Café Cultural que es un vagón de tren de los de los tiempos de Maricastaña, porque el libreto ha sido escrito por Fernando Vivas, lo que me intrigaba. Tengo por mi parte la mejor opinión de Vivas periodista, y recordé las veces que entrevistó a García, lo mucho que personalmente lo conocía, y aposté que esa obra teatral no podía ser de ninguna manera una chapuza, y menos un sainete cualquiera, una de esas cosas que aparecen en la televisión y que, queriendo ser graciosos, vuelve el arte del teatro una vil pantomima que solo hace reír a los tontos.

Nada de eso ocurrió esa noche. Llegamos a la salita para el tablado, y lo primero que vimos era un hombre no alto sino muy alto, de espaldas al público, y nosotros los espectadores, en torno a la escena, en círculo. El actor se llama Alonzo Aguilar, lo han maquillado adecuadamente, luce una falsa papada, pero en realidad, no necesita mucho histronismo para la representación de Alan García. Vimos los ademanes del extinto presidente, su manera de hablar mientras daba grandes pasos, el gesto de Alan de detenerse y echarse para atrás, como le pasa a muchos de los que son muy altos, y tienen que evitar fatigar la columna vertebral que suele encorvarse. Vi de nuevo al expresidente; el gesto de echar de golpe una mirada a alguno de los espectadores, mirándole fijamente, como si esa parte del discurso fuese dirigido a esa persona y no a todos. Debo decir que me dejó pasmado. La argumentación, el curso de sus ideas durante el monólogo, no tuvo ninguna ornamentación ajena. Vaya trabajo el de Vivas. Lo que se escuchaba en el proscenio es el posible discurso del extinto.

En cuanto al soliloquio, las cosas que decía esa suerte de resurrección de Alan García era lo que habría dicho, de estar con vida. El acierto de ese monólogo teatral, tiene el actor que se le parece y a la vez, los giros orales, las referencias a su vida (episodios reales, no literarios), lo que hizo en sus gobiernos, la citación adecuada de Haya de la Torre y las persecuciones de los años treinta, la convicción de que lo odiaban y la respuesta que de por su parte no odiaba. Vuelvo a decirlo, como se nota que Fernando Vivas conoce el repertorio de las ideas del expresidente, son los argumentos del fatídico viajero, unas voces que vienen de ultratumba, «la imprescriptibilidad del odio».

El periodismo que sigue el teatro limeño, ha aceptado que esa obra toca el destino de esa persona que ya es parte de nuestra historia, e invita a la reflexión. El diario El Comercio, en Somos de la semana pasada, dice: «para Vivas, la mayoría de peruanos no se ha dado un tiempo para procesar (mentalmente) la muerte del expresidente García». Por mi parte, noche sensacional. Buena obra de Fernando Vivas, impresionante el actor Alonzo Aguilar, el silencio caviloso del público y los sonoros y prolongados aplausos al final.

Que el lector no se equivoque, esto no es politiquería sino arte. Se evitaron los juicios a favor o en contra. En «esencia», como se dice en estos días oscuros, quien habló fue García. O sea, el amable lector puede gozar de esa dramaturgia, y sus simpatizantes, y acaso también los que lo odiaron. He aquí, una vez más, el triunfo del arte del teatro. Para volver a escuchar al líder aprista que decidió irse, hay que ir a Barranco, estar en la salita de «En Instantes». Un viaje al otro mundo con boletería a 17 soles. Vale la pena. Y bravo por el director Mario Ballón, el actor Alonzo Aguilar, el dramaturgo Fernando Vivas, y la productora, Naomi Moreno, que no tengo el gusto de conocer. No estoy vendido a ningún grupo mediático, no suelo ser ni sobón ni zalamero. Eso de apreciar nos inhibe por ese excesivo prejuicio del qué dirán. A estas alturas del partido, a los ochenta y tantos de mi ya prolongada vida, lo que los roñosos —los cicateros como dicen los madrileños—, los tacaños para elogiar, digan o piensen, me llega altamente. Cuando algo es bueno hay que decirlo. Costumbre que se ha perdido. Y cuando alguien toma una decisión desde el poder y es un error, hay que decirlo. Sencillamente, y sin aspirar a puesto alguno. ¿Estamos?

Publicado en El Montonero., 16 de setiembre de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/alan-garcia-en-la-noche-nochera-de-barranco