«En busca de las racionalidades: Una breve lectura del libro ‘Civilizaciones Comparadas’ de Hugo Neira»

Written By: Hugo Neira - Sep• 11•19

Por:  Pedro Favaron*

El libro Civilizaciones Comparadas**, de Hugo Neira, brinda elocuente testimonio de una erudición excepcional. No solo por la vastedad y variedad del corpus, de las referencias y la multiplicidad temática. Lo que la hace excepcional es que la erudición explicativa se realiza sin pedantería, con claridad meridiana, amena y pedagógica. Son cuatro las civilizaciones comparadas por este libro: la Inka, la mesoamericana antigua, la China y la India. Aunque el autor no presume de ser un especialista en cada una de estas complejas y antiguas civilizaciones, sino que recurre a quienes mejor y con más detenimiento las han investigado, no se trata de un mero libro de divulgación. Esto es así porque Neira no se limita a dar cuenta de un corpus preexistente, sino que además reflexiona sobre sus propias prácticas intelectuales, sobre su metodología y la epistemología, y postula una perspectiva sobre cómo se deben pensar las sociedades en esta nueva etapa de mundialización. La labor de un pensador auténtico es siempre abrir nuevas posibilidades intelectuales, ampliar el límite de lo pensable y dar un aporte original a su campo de estudio. Este libro entiende que, para investigar sobre sociedades y culturas, hay que abordar los fenómenos desde una perspectiva transdisciplinaria que no rehúya al pensamiento complejo.

La escritura de Neira desborda las especialidades académicas (la sociología, las ciencias políticas, la historia) y las vincula, para que en conjunción ayuden a pensar lo social desde la conceptualización filosófica. Su dinámica reflexiva se orienta por una fe indesmayable en la racionalidad humana. Estudiar las sociedades desde sus conceptos fundamentales implica creer que, a pesar de sus diferencias con el paradigma moderno e ilustrado, estas civilizaciones no han sido irracionales, sino que se han sustentado en sus propias formas de racionalidad. Es así que este libro grato y profundo, al mismo tiempo, se vincula con una creciente tendencia intelectual que rompe con el eurocentrismo filosófico, para abrirse a dialogar con otras formas de pensamiento y de organización social sobre la base del respeto. El diálogo, sabia práctica que parece entrada en desuso y que resulta conveniente reavivar, demanda que se respete la diversidad de quienes dialogan y se acepte que la diferencia reflexiva no hace que el otro carezca de razón. Es desde el propio campo académico y de la filosofía que se empieza a aceptar que, allende los límites de occidente, existen otras formas de pensamiento filosófico capaces de conversar en igualdad de condiciones con los pensadores ilustrados. Ante las contundentes evidencias, la modernidad ilustrada ha debido aceptar, con humildad, que sus métodos no son los únicos válidos para acceder al conocimiento ni los únicos dignos de ser considerados racionales. Sabia y saludable apertura a la que nos convoca nuestro tiempo.

El ejercicio comparativo es ético, en tanto propone un diálogo que, para ser veraz y llegar a buen puerto, será siempre desjerarquizado. Y ha de buscar, con sinceridad, aprender de los otros para ensanchar las propias concepciones sobre la condición humana. Aunque Neira escribe desde una perspectiva cosmopolita que linda con el ánimo enciclopédico, desde un hondo diálogo con las tradiciones intelectuales francesas y alemanas, principalmente, sus reflexiones también nos interpelen de forma personal en nuestra intimidad andina. Y esto no solo por su estudio sobre los Inkas y el pensamiento andino ancestral, al que sitúa entre las cumbres de la racionalidad humana, sino porque nuestra región no es moderna en un sentido ilustrado, sino que nuestra modernidad es heterogénea. Por eso el comparativismo sociológico y filosófico que propone Neira, esa apertura a un diálogo respetuoso de lo diverso y al encuentro de las diferentes dinámicas reflexivas, nos invitan a la búsqueda sin complejos de nuestras propias racionalidades andinas. Esta invitación filosófica se realiza sin desdeñar una literatura bien lograda. Resulta bastante singular que la escritura de Neira abra múltiples mundos reflexivos, que van desde Max Weber a Lao Tsé, del budismo al kamaq andino, de Confucio a los escolásticos, recorriendo tan ancha geografía y temporalidades sin perder el hilo narrativo y la coherencia interna. Se trata, sin duda, de una aventura intelectual, valiente y de gaya ciencia, que descolla ante el empobrecido panorama postmoderno y la superficialidad imperante.  

* Pedro Favaron (1979), escritor, poeta y comunicador social y audiovisual peruano-argentino. Ph.D. en Literatura por la Université de Montréal y Magister en Comunicación y Cultura por la Universidad de Buenos Aires.

** https://www.bloghugoneira.com/que-soy/editor/libros-personales/civilizaciones-comparadas

Asombro peruano ante Colombia*

Written By: Hugo Neira - Sep• 11•19

La comparación entre repúblicas de la América Latina debería ser una temática frecuentada hasta el agotamiento, pero ocurre lo contrario. Son pocos los trabajos en ese sentido. Y por eso, más allá de los agradecimientos por la invitación, sinceramente felicito la iniciativa del Embajador de Colombia en el Perú, señor Ignacio Higueras. Es  cierto que en los últimos años, algunos han tomado el camino de los estudios comparativos. Es el caso del historiador y profesor en San Marcos, Cristóbal Aljovín de Losada quien, con el apoyo del rector, Manuel Burga, convocaron a chilenos y peruanos para un libro muy imparcial y académico (Chile-Perú/Perú-Chile, 1820-1920). La edición corrió a cuenta de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad San Marcos del Perú. Creo que es justo mencionar que otros peruanos participaron, a saber, Carlos Contreras, Scarlett O’Phelan Godoy, Miguel Jaramillo.

Confieso, sin embargo, que el último citado, Jaramillo, destinó su trabajo no tanto a la historia comparada sino a la situación actual, a lo que llama «desarrollos económicos y sociales en fase de transición» (pp. 267-311). Lo cito porque esa temática —las relaciones entre sociedad y Estado— es la que interesa al señor Embajador, «Historia, Dinámica y Actualidad». Y en consecuencia, me voy a concentrar en esos aspectos, lo cual, me parece, interesa a la Pontificia Universidad Javeriana.

Advierto, sin embargo, que no soy lo que se puede llamar un especialista en los temas colombianos. Lo que sigue proviene de dos fuentes. Mi formación en la Fondation Nationale des Sciences Politiques de París, en donde tuve cursos para llegar a ser lo que se llama «un americanista». Obviamente, hubo cursos y explicaciones sobre Colombia. Quiero decir con esto que conocí a «colombianistas», para decirlo con el giro que se usa para «mexicanistas» y «peruanistas». Y parte de ese legajo lo aplicaré en las líneas que siguen, más adelante. La otra fuente es más directa. He visitado varias veces Colombia, ora como invitado a coloquios académicos, ora como profesor invitado (por una universidad de Manizales). Ora como politólogo, para escribir en revistas y diarios de España y Perú. Pero me atendré a algunas situaciones que sorprenden, en particular a los peruanos.

La primera, el equilibrio de la política colombiana, no en los cambios debido a resultados electorales sino aplicando el concepto del historiador francés Braudel, autor del concepto de la longue durée. El tiempo largo de las sociedades y no el tiempo agitado y corto de los gobiernos. Y no diré mi opinión sino la de un investigador que ha dedicado su vida a Colombia, y casado con colombiana. Pierre Gilhodes. «La permanencia a través de la historia de Colombia independiente de dos partidos, el liberal y el conservador. Sin duda alguna esa es la característica más notable de ese país» (Tableau des Partis Politiques en Amérique du Sud, Ed. Armand Colin, París, 1969, p. 17).

Se puede entender que esa hegemonía de dos partidos tuvo la virtud de una construcción nacional, y a la vez, como suele suceder en la vida política, sus inconvenientes. La dificultad de integrar, con el correr del tiempo, otras corrientes políticas, lo que acaso llevó —me atrevo a conjeturar— a los estallidos de protesta y a guerras internas de larga duración. Pero eso es historia colombiana. Y a lo que voy, es a la lectura de los peruanos ante tal tipo de organización política, que integra a la vez la rivalidad y la alternancia. Nada de esto pasó en la sociedad y en la historia del Perú después de su Independencia. Un largo caos, del que todavía no salimos.

Acabo de concluir un libro comparativo entre México y Perú. Y si bien no toco el tema de Colombia, en ese libro, vuelvo a reestudiar nuestro siglo XIX. Y luego el siglo XX. El libro se titula El águila y el cóndor. México/Perú. Segundo volumen de historia comparada editado por la Universidad Ricardo Palma (2019, 511 páginas). Metáfora para tratar México y Perú, semejantes por la herencia indígena de aztecas y de incas, que fueron imperio antes de ser dominio de los Habsburgo, que no eran españoles, sino alemanes flamencos que, por el azar de las herencias reales, conducen a Carlos V. Quien hablaba «el alemán para sus súbditos, el francés para la diplomacia y el castellano para los perros».

En Perú no hubo ‘la Patria Boba (1810-1816)’. Tomo ese nombre desde el uso de David Bushnell, «Colombia, una nación a pesar de sí misma». Tengo en las manos la edición decimonovena, de 2014. Colombia, pese a las calamidades propias a las jóvenes naciones tales como la Guerra de los Mil Días —que parece inspiraron a Gabriel García Márquez—, es una taza de té al lado de la vida peruana. Seré sintético. Los primeros decenios republicanos —de 1824 a 1845, hasta la llegada al poder de Ramón Castilla—, fue la guerra de innumerables «caudillos». No es la guerra de la independencia la que arruina la economía rural sino las guerras intestinas (toma de caballos y ganado). Luego, un periodo dorado, el guano de las islas. Pero el Perú ha sido y es el país de las «oportunidades perdidas» (Jorge Basadre, gran historiador). Después vino la guerra infinita entre Cáceres y Piérola, hasta el fin del siglo XIX. Y en el siglo XX, el aprismo y el antiaprismo. Luego, el anti, como táctica perpetua.

Segundo punto que nos asombra. Se llama Eliécer Gaitán. Interesa a los peruanos por la similitud con Haya de la Torre. En común, grandes oradores. En común, el carisma, la atracción de las masas, el amor del pueblo. Y acaso más que todo aquello, un tipo de movimiento no solo político sino social, que rompía los esquemas clásicos tipo derecha e izquierda. Por táctica o por teoría, el caso es que escapan a las clasificaciones convencionales. Incluso se dice que se parecían físicamente. ¡Y se conocían! Eso me lo contó el mismo Haya de la Torre, en París, de paso, porque se iba a la Europa Nórdica, Suecia, Dinamarca, donde se practicaba ese encuentro entre capitalismo y justicia social que predicaba, aunque los peruanos de su tiempo no lo entendieron. Era su partido la mayor organización política de 1931 a 1980, pero no lo suficiente para llevarlo legalmente al poder. No fui aprista, estaba en una de las tantas izquierdas del Perú de los sesenta, pero Haya conversaba conmigo. Un gran pensador y un demócrata que el arraigo de lo tradicional, y el estrecho marxismo local, desperdiciaron.

Tercer punto. Hay algo que noté en mis breves pero intensas visitas en Colombia. Tuve la ocasión de conocer y conversar no solo con colegas y académicos, sino con lo que Hegel llamaba la ‘clase política’. No solo ministros o expresidentes, sino gobernadores locales. Y lo digo ahora y lo repito en cada ocasión. Quienes ejercen el poder republicano en Colombia son gente culta. No es el caso del Perú contemporáneo. Una época y cuando joven, pensé que la causa de esa ausencia de conocimientos se debía, en Perú, a lo que llamábamos «oligarquía». Una capa de terratenientes que desaparecen cuando se establece la reforma agraria, 1969. Pensé entonces en términos de antropología, las costumbres señoriales, el desdén por el saber ya que eran un estamento social que igual dominaba, sapiencia o no. Pero no siempre la ‘clase ociosa’ (Thorstein Veblen) se dedica a solo las fiestas, al gasto lujoso. En otras sociedades, con la riqueza aumenta también el «capital simbólico» del que habla Bourdieu. No en el Perú: a más crecimiento, más juerga y corrupción.

En fin, me intriga la clase política colombiana. ¿Por qué son tan cultos? Eso es para mí un enigma. Colombia como Perú son sociedades que provienen de un sistema social colonial. Ambos son masivamente católicos y de un pasado histórico común. ¿Por qué las costumbres son tan diferentes? En el Perú actual, la frecuencia de lectura es medio libro por año. Eso explica que del 2000 al 2018 hayamos tenido una serie de presidentes elegidos por el pueblo —y con pocas excepciones—, personajes sin ninguna experiencia de partido ni vida política. Fujimori, Toledo, Humala, han sido lo que llamamos, caritativamente, outsiders. Lo que puede ocurrir en el 2021, dado el colapso de la educación pública en los últimos decenios, va a sobrepasar la ingenuidad de los que votaron por Hugo Chávez. Espero equivocarme. Pero por desgracia, Giovanni Sartori dice que la lógica de la democracia, depende de tener ciudadanos educados. En fin, una sociedad podría no desplomarse si al menos tuviera élites. Pero ¿qué puede ocurrir cuando al pueblo no le importa la política y, además, no hay élite alguna?  

*Artículo publicado en: Álvarez Londoño, Luis Fernando, Perú y Colombia: historia, dinámica y actualidad, Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Bogotá, 2019.

Publicado en Café Viena, 10 de setiembre de 2019

Crónica para los caídos del palto

Written By: Hugo Neira - Sep• 09•19

Me pasé días pensando qué escribía para este lunes. En este diario virtual, libremente, y ya tenía dos buenos temas cuando me traen el Expreso del sábado, ayercito nomás, y menos mal que estaba escribiendo, porque sino me caigo sentado. Un misil, un explosivo, un disparo estremecedor dirigido al corazón mismo de los que manipulan actualmente el Estado, medios y redes. Es sabido que los adelantos electorales solo benefician al que los fomenta. «Una maldad estatal» como los llama el mexicano González a esos regímenes que intentan subir con el lumpen, con el voto vengativo. No nos contemos cuentos, hoy en Perú todos sabemos que se busca un tipo de gobierno personalista, para el 2020. O sea, la repetición de Alberto Fujimori. Aunque usted no lo crea. Pero algunos han dicho hasta aquí llegamos. El para, para de los argentinos.

No sé si el amable lector pasó por un quiosco y no le presto atención al diario Expreso, hay tantos diarios. Decía lo siguiente, a cuatro columnas: FF.AA. NO AVALAN GOLPE. Y de subtítulo: «No participarán en medidas de este tipo que violen la Constitución». ¿Quiénes se habían atrevido a semejante chicote? Nada de oculto, de potencial o recóndito, de lo más legible. Sus nombres y opiniones en la primera plana. Roberto Chiabra, Jorge Montoya, Francisco Vargas, Luis Giampetri. Militares en retiro, cierto. Pero ¡qué militares! Para muestra basta un botón, decía mi abuelita. Francisco Vargas Vaca, general en retiro y miembro de la Asociación de Oficiales Generales y Almirantes del Perú, que se llama ADOGEN. «Enfatizaba que las Fuerzas del Orden no tienen la obligación de respaldarlo». Se refieren obviamente, al presidente Vizcarra.

¿Qué dicen? Expreso, la portada y a grandes letras negras. Chiabra: «Si quiere cerrar el Congreso, el presidente Martín Vizcarra verá cómo lo hace. Las FF.AA. no participarán en un golpe de Estado para solucionar la crisis política, es el Ejecutivo quien debe resolver esa situación». Luego Jorge Montoya: «Las Fuerzas Armadas son respetuosas de la Constitución, deben garantizar el orden interno. No participarán en una medida de este tipo». Francisco Vargas: «Las Fuerzas Armadas no pertenecen al Gobierno de turno, sino al Estado. El Ejecutivo puede dar la orden que sea, pero si no está de acuerdo a ley no cumplirán porque violarían la Constitución». Luis Giampietri: «No pueden utilizar el ejemplo de lo que pasó en el año 1992, porque los militares que participaron de ese golpe, y que son de mi promoción, hasta el día de hoy están sometidos a juicio. Si quieren ir presos, participarán».

Este domingo, he salido temprano rumbo al quiosco más cercano. El misil de papel de los militares debería afectar a las manos invisibles que fabrican las trampas y mueven los hilos para la sinrazón en la mentalidad de los peruanos. Pero el bombazo anti golpe de Estado de los militares —¡al revés de la historia!— no aparece comentado por ningun lado. Perú21 se ocupa de los ‘crímenes sin límites’. Pero que los militares —si así lo hace Vizcarra— «estarían de huelga los poderes de la Policía y las Fuerzas Armadas», ¿no se comenta? El diario Correo le pone la portada a Rosa Bartra sobre la comisión de Venecia ¿y nada de que «la crisis política la resuelve el Ejecutivo y no nosotros»? ¿Charlatanería, verborea palabreo, locuacidad? Ya quisieran muchos. Cierto, no son los militares en activo, pero justamente, son los que pueden hablar. Los jubilados. Y no digan que tienen interés personal, no es posible, por la edad. Conozco a los militares. Siete de mis años con Velasco. Cuidan al Estado. Y no dicen cosas así nomás.

Al cuidadano que nos lee, le ruego vaya al Expreso del sábado 7 de setiembre, y lea lo que dice Pérez Rocha, nada menos que exjefe de la PNP y que advierte los peligros. «Golpismo puede generar crisis social». Y luego: «Lo planteado por Vizcarra, no tiene respaldo suficiente de los especialistas sobre este tema». (Me tinca que se refiere a los 8 constitucionalistas que dijeron nones.) ¿Y es así cómo ven la cuestión de confianza? El arma final que puede usar el actual presidente si archivan su propuesta, «produciría un enfrentamiento más complicado que el actual».

Algo extraordinario ha ocurrido ese sábado de setiembre. Los hombres con uniformes les están diciendo que no se chupan los dedos y se dan cuenta de que estamos a un paso de un golpe de Estado, ¡dado por civiles! De acuerdo, pero Curzio Malaparte y sus herederos —el periodista italiano que estudió todos los tipos de golpes de Estado, desde las trampas de Napoleón III que se hizo elegir Emperador a las marchas de los fascistas por Roma—, de vivir, tendría que ocuparse de cómo se llega al poder despótico vía las urnas, o sea, Hugo Chávez, Maduro, Lenin Moreno que ahora nos da lecciones de cómo no alcahuetear a Odebrecht. Estamos inventando en la América Latina regímenes populares y a la vez suicidas.

¿Qué veo en esa suerte de mensaje de militares en retiro? Lo evidente. Seamos claros, usemos nuestro lenguaje corriente y de abajo. Los conceptos los aprendí en la Sorbona. Sin por ello olvidar la lengua de la calle, del pueblo, puesto que crecí en un barrio de broncas, en Lince. Y la secundaria, en colegio del Estado. Y así, amable lector, ¿cómo se dice cuando desprecias o repudias algo? Puesto que los diarios de la coalición mediática al discurso de los militares, «le han tirado caca» (Julio Hevia). Sin embargo, puede que sea un mensaje bondadoso, no vaya a ser que al presidente «le salga cuadras». Tendría el mandatario que cambiar de equipo, porque como va, «le están vendiendo el estadio». O sea, engañándole. Cuidado con los lornas, presidente. Hay gentes que se creen politólogos pero no «la ven, no la computan». Le voy a poner un  ejemplo.

Tengo delante mío unos artículos de Carlos Basombrío. En El Comercio, jueves 25 de julio del 2019, «El circo de tres pistas». Ahí se llama a sí mismo, ‘analista político’. En fin, y sin alabanzas, hombre de experiencia, ha sido ministro, nada mal. Pero entender el lado oscuro de la política, creo que no. Ya el título es cachaciento, pero a lo que voy, se ocupa del probable mensaje del presidente el 28 de julio. Y se anticipa, convencido de que el discurso de ese 28 no «tenga el impacto y la trascendencia que tuvo el del año pasado». Y luego, cree que va a ocuparse de la economía y «tratará de recuperar la confianza de la inversión pública». Y lo que es peor, pronostica que «conforme pasen los meses, Vizcarra va a ir perdiendo apoyo en las encuestas», y cuando se acerquen las elecciones, «irá entrando poco a poco a la irrelevancia». Qué error. Nunca se han ocupado tanto de Vizcarra, ¡a favor o en contra! Cómo se nota que el señor Basombrío no ha entendido que un político es temeridad, sorpresa, y si es preciso, el salto al vacío. En criollo, gana «el dueño del carrusel», el protagonista principal. Manda el arrebato, y eso es lo que hizo en ese discurso del 28. No estoy de acuerdo con lo que propuso pero admito que ha aparecido un político. El chongo ayuda ante las masas. Claro está, los niños bien, los que estudiaron en colegios de curas, no pueden prever esas tácticas y procedimientos. Acaso son demasiado correctos. Para entender lo que está pasando es preciso no «estar bajo de pilas». Sino se «quedan cortina».

Publicado en El Montonero., 9 de setiembre de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/cronica-para-los-caidos-del-palto

Si se ve de lejos, la cosa se aclara

Written By: Hugo Neira - Sep• 02•19

Vuelvo a lo que me asombra y preocupa. El clima social, más fabricado que real. No hay que ser un águila para darse cuenta de lo que pasa. Con más líos y manipuleos que un Game of Thrones a la peruana.

Sin embargo, leo los diarios, y no están tan mal como se dice. La prueba, un artículo de Jaime de Althaus: «La crisis política que ahora vivimos ha sido generada por el propio pedido de adelanto de elecciones». «El adelanto de las elecciones generales sería desastroso para el país no solo por la paralisis de la economía que entraña» y «que ya se siente». Por lo demás, «ya no hay tiempo», «sería improvisación pura». Ahora bien, las abuelas nos dirían piensa mal y acertarás. ¿Qué se busca? ¿No seis o siete partidos sólidos sino una caterva de partiditos malquistados entre ellos mismos? ¿Los enanitos del cuento y quién será Blanca Nieves? La meta es un megapresidencialismo. Un tema que rebasa estas líneas.

Pese al desdén actual por todo lo que sea razonable, he escuchado en RPP, a varios invitados, entre ellos Flores-Aráoz, que soltó una idea que casi pasa desapercibida. Si el presidente Vizcarra impone el cierre del Congreso, sería además «un mal antecedente». Y entonces, pensé en poner, en esta columna, lo que sigue.

Había una vez un país europeo, nación industrial, poderosa, que se fue a una guerra y la perdieron. En los años veinte les fue muy difícil poder reconstruirse. Ya no había Imperio alemán sino la República de Weimar. A los efectos de la Ia guerra mundial se suma la crisis de 1929. Y es entonces cuando los electores alemanes buscan un hombre seguro, un héroe de la guerra. Y lo encuentran en Paul von Hindenburg. En l916 había sido el Jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas de Alemania. Un aristócrata prusiano. Su prestigio y la crisis política lo llevan a las elecciones. Pero entre 1928 y 1931, el partido nacionalsocialista —el partido de Adolf Hitler— pasa de 2,6% a 18,3%. Y es así como en octubre de 1931, lo enfrenta Paul von Hinderburg y obtiene 16 millones de votos, ante los 11 millones de los nazis. Pero hay un problema. En la calle, debido a la crisis, se enfrentaban dos fuerzas por igual fanáticas. Comunistas y nazis. Ambos vestidos con uniformes. Hindenburg, gran jefe prusiano, detestaba a ese plebeyo, el cabo Hitler. ¿Pero quién podía parar en las calles a los comunistas? No hay que olvidar, que en Moscú, Stalin esperaba una Alemania revolucionaria. Finalmente, en nombre de la patria, Hindenburg llama a Hitler.

El mariscal-presidente se había acostumbrado a gobernar con decretos presidenciales. Su gobierno era personalista. Y lo que le da al flamante Hitler es muy poco: apenas dos ministros, Göring y Wilhelm Frick. Suficiente, uno de ellos es Ministro de la Policía. Y una mañana, el Reichstag es incendiado. En horas, miles de alemanes son puestos en prisión. El incendio del Reichstag el 27 de febrero de 1933, cambia todo. Hindenburg, ya muy enfermo, pide a Hitler restablecer el orden legal, pero es tarde. Un año después, muere víctima de un cáncer al pulmón. El nazismo había preparado una ley para fusionar Presidencia y cancillería. Y el parlamento vota la «ley del poder». Hitler gobierna sin límite alguno. En efecto, funcionó la industria, la economía, pero luego todo se fue al infierno porque el Führer decidió la guerra.    

Regreso a la cuestión planteada por Flores-Aráoz. ¡El «precedente»! ¿Qué estamos haciendo? Volvemos a los comienzos del siglo XX. Otra vez al leguiísmo. A lo que había llamado el inteligente Pedro Planas la República autocrática. ¡En 1994! Me da pena decirlo pero no hemos avanzado ni en moralidad ni en política. Involucionamos colectivamente.   

Es la crisis no solo moral sino cognitiva lo que me preocupa. Como sociólogo, me interesan los problemas de fondo. Por lo general, invisibles. Un día de esos, me invitaron a una cena con el padre Gutiérrez. Y en la conversación a alguien se le ocurrió decir, «la voz del pueblo es la voz de dios». Y entonces el padre de la Teología de la liberación le contestó: «ni la voz del pueblo, es la voz de Dios». Y esa noche, lo admiré.

¿Qué nos pasa? Los pueblos suelen equivocarse. ¿No es acaso cierto que votaron por Hitler, por Chávez, por Trump tras la manipulación de los rusos en las redes? La política se ha inventado para que una minoría se ocupe del ‘bien común’. Desde los tiempos del clan primitivo, la tribu, los imperios a los gobiernos de hoy. Pero la gente está ocupada en sus quehaceres, y alguien decide por ellos, el jefe de tribu, el Rey, el Presidente. Desde 1789, desde que hay repúblicas, el poder legal se entrega a grupos o personas, pero por un cierto tiempo. Una de las características de la democracia es que es pro tempore. Es decir, los candidatos se presentan al electorado a intervalos regulares (Juan J. Linz). La idea y uso de los tres poderes es práctica corriente. Viene de Montesquieu, «a un poder lo frena otro poder». Siglo XVIII. Pero todavía en Perú hay gente que ignora que los países más equilibrados y más felices son los que tienen parlamentos. Además que nos consume una tendencia al decisionismo, se suma a nuestros problemas el vacío cognitivo provocado por el resultado del desplome de la enseñanza peruana tras 30 años de deseducación. Desaparecieron los cursos de Educación Cívica, Lógica y Gramática. No se formó ciudadanos.

Entonces, ¿cómo nos ven en el resto del mundo?

Las imágenes que acompañan estas líneas provienen del World Values Survey, un mapeo de valores, uno hecho en el 2014, y el otro, en el 2018. Hace 4 años, estábamos en el grupo latinoamericano y cerca de Chile. En el segundo mapeo, ya no. Estamos fuera de la América Latina, en el paquete de «africanos-islámicos», junto a Uganda, Yemen, Libia, Bangladesh, Ruanda y Zimbabue. ¿Cómo nos ven? Como un Estado islámico. No lo digo yo. Sino entidades internacionales e imparciales. He aquí el brillante resultado de atizar odios. O sea, intolerantes hasta el extremo. Volvió la noche. Peor que en los días de auge senderista.

Entre tanto, ¿vacancias, cierres? Que se vayan todos pero a su hora. Por mi parte, que siga Vizcarra. Que siga el Congreso hasta el 2021. Y que hagan lo que tienen que hacer. Ponerse de acuerdo. Por lo demás, no es posible que los odios del lumpen le pongan la agenda al gobierno como lo ha hecho ese Gobernador de Arequipa, que se las trae. ¿Se han fijado en el uniforme que se ha inventado?

En fin, pareciera que los dioses quieren que nos disputemos. San Martín y Bolívar; Piérola y Cáceres; Haya y Sánchez Cerro. Keiko imprudentemente diciendo por chat a su bancada, cómo aplaudir al finalizar su discurso PPK. El gran problema de los peruanos no es la identidad sino la alteridad. La cuestión del otro. No lo aguantamos. Sea blanco, mestizo, indio, negro, chino o cholo o nisei, lo que sea. No queremos ser iguales. ¿Cómo entonces, una república? ¿Cuando se aplasta al «otro»?

Publicado en El Montonero., 2 de setiembre de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/si-se-ven-de-lejos-las-cosas-se-aclaran

Lo nuevo puede ser lo viejo: humillaciones de siempre con los indios (2/2)

Written By: Hugo Neira - Ago• 28•19

Las líneas anteriores son globales. Tocan la política y los conflictos y rivalidades de  élites del poder. Las líneas que siguen, más bien son «la visión de los de abajo». El testimonio de la «pequeña historia». La grande, es que el Perú dejó detrás esa continuación colonial de la encomienda, eso que era el latifundio. Pero ahora, ruego al lector me acompañe, tratando de gente corriente. Y de que me sirva, en este instante, lo que en las ciencias sociales se llama, «historias de vida».

Es un género particular. Se logra no con estadísticas sino con entrevistas. Los antropólogos lo pusieron entre sus recursos desde 1920, y consiste en transcribir el testimonio de personas de un determinado grupo social sobre su vida. No se trata de autobiografías, porque se trata acaso de gente que no tiene la costumbre de un diario personal. Lo que cuenta es qué relato individual representa, quiérase o no, la idea que un grupo social se hace de sí mismo. Es el relato de los excluidos. De los dominados. De esos que Miguel Barnet llamó les peuples du silence. Los pueblos del silencio, sus autobiografías mediatizadas por antropólogos, sociólogos, historiadores. En la América Latina se expande como género a partir de 1960. Recordaré algunas obras.

Ricardo Pozas que abre la vía publicando en 1952 la vida de un indio de Chiapas, México, Juan Pérez Jolote, biografía de un tzotzil. El cubano Miguel Barnet que publica tres relatos de vida sobre la vida de un antiguo esclavo, Biografía de un cimarrón, 1966. Hay también el relato de un emigrante gallego, Gallego, 1981. La de una cantante, Canción de Rachel, 1969. Y luego, en 1983, Me llamo Rigoberta Menchú, que encarna la revolución en Guatemala. Entre estos casos, se suele citar, en el extranjero, mi libro, Huillca: habla un campesino peruano (1974), premio de la Casa de las Américas, en Cuba. Hay uno que se titula Se necesita muchacha (1983), testimonio de sirvientes en el Cusco (Culebrero, 1986). Y hay una obra que no he podido encontrar. José Luis Ayala, Yo fui canillita de José Carlos Mariátegui, autobiografía de Mariano Larico Yujra (Lima, 1990). El testimonio notable del Perú a los inicios del siglo XX, ¡hecho por un aymara!

El interés de los relatos de vida es que llevan consigo una cultura, un lenguaje, una visión del mundo difícilmente accesible. Es la palabra y a la vez la conciencia a la manera de la gente humilde, sobre su situación, de alguien vinculado a la acción, acaso sin saberlo. Fue, finalmente en París, en la Sorbona, en un curso de antropología, que tuve la fortuna de seguir las lecciones de Lévi-Strauss, el más grande antropólogo del siglo XX. Una de esas mañanas, nos dice que nada es mejor que el trabajo en el terreno y sobre todo, la entrevista. O sea, la historia de vida. Fue entonces que me juré reencontrar a Huillca, y así fue. De ahí el libro que gana un premio en Cuba y que está traducido a varias lenguas. La historia de un campesino, tras 5 siglos de silencio. Los 3 mil dólares del premio, se los entregué a Huillca, el verdadero autor de ese libro. Con un micro en la boca y la traducción de dos quechuistas. Cuando volvimos al Perú, se compró Huillca un par de vacas finas.

¿Para qué estos trabajos de investigación?

Dos metas :

– La objetividad, la visión popular de la historia.

– Un paso metodológico, la percepción del mundo por el actor y no el universitario.

URIN PARCCO Y HANAN PARCCO

(apenas unos fragmentos de un libro imposible de negar su valor)

Es obra compuesta de textos de testimonios de campesinos que conocieron cómo era la vida en las haciendas antes de las invasiones de tierras, y antes de la Reforma Agraria. A cada testimonio se suma una foto. Rogamos a los editores, que coloquen lo uno y lo otro. La imagen y lo que el personaje dice.

Cornelio Quispe Huamaní (78 años)

«En tiempos de la hacienda, hemos sufrido sin pago. Era la tierra de ellos. Como vivíamos ahí, ellos nos hacían trabajar sin pago como retribución de lo que vivíamos en su tierra. Yo nací cuando ya era hacienda. Por eso no tenemos estudio. No sabemos ni leer ni escribir.»

 ¿Cómo se enteró de la reforma agraria?

Eso llegó cuando ya estaba aquí, cuando ya salí del cuartel. Entonces, un grupo fuimos a Huancavelica a protestar como en campaña, gritando, ¡Los gamonales que mueran! diciendo.

Mauro Yancari Nahuincopa (78 años)

«El patrón no quería que estudiemos. Recuerdo que mi papá nos ha puesto en Manyacc a una escuela, y a mi papá le había llamado y le había dicho, ¿Para qué has puesto a tu hijo? ¿Acaso va a ser ingeniero, o doctor? diciendo le pegó. Así, no quería que estudiáramos. Yo ya sabía leer porque había estudiado hasta tercer grado, y yendo al ejército me enseñaron más».

Alejandra Quispe Belito (77años)

«No nos pagaba nada. Cuando pastábamos animales, a veces moría y eso de todas maneras teníamos que reponer de nuestra parte. Una vez tenía que reponer cinco ovejas. En aquella vez, mi casa se [ha] incendiado. (…)  Se ha quemado los pellejos. Entonces, tejiendo medias, braceras he comprado cinco ovejas para reponer. Así hemos sufrido».                                                                                  

Máximo Soto Buendía (70 años)

«En la hacienda trabajábamos de lunes a viernes y, para nosotros, solo trabajábamos sábados y domingos. Toda la semana trabajamos sin pago.»

Fuente: Mercedes Crisóstomo Meza, editora y autora —aunque por gesto hermoso, dice, ‘autores’, Comunidad de Buenos Aires Parco Chacapunco y Comunidad de San José de Parco Alto—, CISEPA de la PUCP, Lima, diciembre 2017.

Publicado en Café Viena, 27 de febrero de 2019