¿Presidenciables?

Written By: Hugo Neira - Dic• 05•18

Hay cosas que me ocupan, amable lector. Mis clases y alumnos, la defensa de tesis cuando soy parte de un jurado académico, la presentación de mis últimos libros, la preparación de obras que siguen, si los dioses lo permiten, esos que tienen el hilo de nuestra existencia al filo mortal de sus tijeras. Entre tanto, nada me aparta de lo que Basadre llamó Perú, problema y posibilidad. En 1931 (¡!) Vamos a llegar a un siglo de esa propuesta dual y dolorosa y lo que hemos hecho para resolverla, en realidad, es muy poco.

La curiosidad no me abandona. Trato de entender no solo el Perú sino a los peruanos. Y a veces voy a encuentros en que me vuelvo estudiante, escucho y no intervengo. A lo que voy, recibí una invitación. El pasado jueves 22/11, en el Centro de Convenciones, hubo el Foro Empresarial 2018 de Viva en el Mundo. Los temas abordados: infraestructura, minería y actualidad. Hace un año estuve en el CADE de Paracas. Tenían un eslogan estupendo: «Un solo Perú, no más cuerdas separadas». Un año mas tarde, están más separadas que nunca. Pues bien, esa mañana en el Foro, vi que se entrelazaban tras escuchar a varios ponentes.

Escuché a Julio Velarde. Como se sabe, Presidente del Banco Central de Reserva del Perú. No soy dado al elogio, pero sería mentir no decir que vi desfilar no solo los indicadores económicos sino la firme orientación que ha mantenido en vilo la economía peruana. Velarde asume en el 2006 con Alan García y sigue con Ollanta Humala y luego PPK. Seamos sinceros, ha habido una disciplina fiscal. Con Velarde y quienes lo preceden (Webb, Silva Ruete). La historia de estas primeras décadas del siglo XXI reconocerá esa tarea, impidieron gastar irracionalmente.

Y luego, sendas conferencias. La de Raúl Diez Canseco, fundador de la universidad San Ignacio de Loyola. Jorge Muñoz, flamante Alcalde electo de Lima. Y Roque Benavides, presidente de la CONFIEP. A medida que los escuchaba, me sorprendían. Muñoz luce seguridad personal, es claro, sencillo, se le entiende. Diez Canseco, lo suyo fue anchamente economía y posibilidades nacionales. Roque Benavides, con el aplomo de un candidato presidencial. Los tres expositores juntaron cuerdas económicas con visiones que van más allá de los negocios.

Pero me hicieron recordar los presidenciables a mediados del siglo XX. Conocí a varios. A Pedro Beltrán, liberal cuando no estaba de moda, formado en Gran Bretaña, no pasó de ser Primer Ministro. Conocí a Manuel Ulloa, se había hecho rico en la bolsa en USA, pero sabe dios por qué, no lo vieron presidenciable. Y Manuel Seoane, tal vez hubiese ganado las elecciones de 1963. Seoane caía bien a gente muy diversa. Pero ninguno de los tres fue candidato.

¿Es que hay empresarios que aspiran a la presidencia? Era de esperar, dada la debilidad de la clase política. Eso ha ocurrido en el siglo XIX, Pardo y Piérola. En los inicios del siglo XX, Augusto B. Leguía. Ahora bien, para el 2021, otras presencias. Por ejemplo, el moradito, Guzmán, muy callado por el momento. El propio presidente Vizcarra, ¿por qué no?

Pero tener elecciones no nos hace del todo demócratas. Veo, en lo inmediato, una competencia entre élites, lo que llama Dahl, una poliarquía. ¿Dónde está el pueblo? ¿Descabezados apristas y fujimoristas y una singular izquierda, fuerte en élites, pobre en tener pobres? Veo, de nuevo «un poder delegativo» como en los noventa, concepto de O’Donnell (1994). En el mejor de los casos, una democracia mínima. En el peor, un neofujimorismo compuesto por antifujimoristas.

Publicado en El Comercio, 5 de diciembre de 2018

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/presidenciables-hugo-neira-noticia-584375

Retrato a pluma de un inclasificable mexicano

Written By: Hugo Neira - Dic• 03•18

Desde el 1° de diciembre, México tiene un nuevo presidente. Andrés Manuel López Obrador, que vamos a llamar AMLO, como lo hacen seguidores y medios de prensa. Una de sus frases, al llegar al poder, «he recibido un país en quiebra». Pero a mi entender, la frase que mejor lo resume es: «No me dejen solo, sin ustedes no valgo nada». Esa humildad, en México, paga. Y por ello, inmensamente popular. AMLO presidente, un giro, un tournant como se dice en francés. Y viene a tiempo para la América Latina. México será el contrapeso ante la monstruosidad que es Brasil en manos de Jair Bolsonero. Lo creen un ultraderechista. Es peor que eso. A su lado, Trump resulta un izquierdista.

No es poca cosa México. Un PBI de 1 294,7 billones de dólares. Aunque la industria mexicana dependa del mercado americano. Aunque Brasil sea casi el doble, 2 416 billones, caben en México casi tres Argentinas, cinco Colombias y 39 Bolivias. Sin embargo, el per cápita es de 10 mil dólares, inferior a chilenos y argentinos. Los problemas que enfrentará el nuevo presidente son enormes: brechas sociales, carteles, mafias, delincuencia, crimen organizado sumado a la corrupción y a la impunidad de los poderosos. Problemas acaso peores que los nuestros. En México todo es enorme. Contra todo eso, el 1° del pasado julio, AMLO, a los 65 años, fue elegido con un 53%.

Los mexicanos han festejado ese resultado, y con razón. Unas veinte mil personas ocuparon el lugar residencial, Los Pinos, que tiene 14 veces el tamaño de la Casa Blanca de Washington. Eso también es México, grande en sus virtudes y en sus vicios. Han votado por alguien que a la vez es un hombre honesto y que no ha entrado con la pata en alto, al contrario. No quiere AMLO ser «una presidencia imperial» (Referencia al libro de Enrique Krauze). Va a combatir «el circo y la simulación», pero ha dicho también «que no va a perseguir a nadie». ¿Qué le parece, amigo lector?

Quiero explicar quién es AMLO. Para ello, hay que evitar varios escollos. Lo primero que debemos dejar de lado la costumbre muy peruana del rapidito. No es un outsider como nuestros calamitosos Toledo, Ollanta Humala y compañía. López Obrador está en la política hace un buen rato. Se enfrentó a Vicente Fox y a Calderón, ambos de derechas. Y a Enrique Peña Nieto, del PRI. Lo segundo es que pudo llegar porque en México hay partidos. Cosa que no tenemos. Hay que olvidar lo rapidito y también lo facilito. En fin, México tiene instituciones. Cosa que tampoco tenemos. Ese mexicano no viene de la antipolítica.

Al contrario. ¡Ha mezclado tendencias! Conozco México. Lo he visitado muchas veces, y he visto, entre otras cosas, su ascenso lento, terco, peleón. De modo que ahí va lo que es su itinerario. Lo que no encontrarán en otros medios de comunicación. Van a decir que es una suerte de Lula da Silva, pero se equivocan. Y lo de populista resulta corto.

¿Quién es López Obrador? Un mexicano que encarna el sur pobre y los abandonados. Nacido en Tabasco, su primera actividad fue ocuparse de los indígenas. Sí, pues, comenzó con un cargo menor, dentro del PRI. Ahora bien, si no entendemos qué es ese partido, no entendemos nada. El PRI en dos palabras: un partido-Estado. No solo 70 años en el poder sino millares de cuadros formados decenios tras decenios, de una calidad que ya quisiéramos. Más partido que el aprismo en sus mejores momentos, y que el peronismo, Weber habría aplaudido. Vargas Llosa nunca entendió México y la llamó «la dictadura perfecta». Ni dictadura ni perfecta. En fin, tengamos claro que López Obrador no fue uno de esos grandes cuadros del PRI, y ni intelectual ni tecnocrático. ¿Qué fue y es? Un operador. Pero con expectativas que fueron creciendo con el tiempo y la experiencia.

Si entendemos el PRI, entonces, tenemos donde situar a AMLO. Es un hombre con buena estrella, asciende cuando se comienza a descascarar el viejo PRI. Y entonces, es como un monje medieval que se voltea contra el Vaticano. Es el Lutero del PRI, comienza a operar por su cuenta cuando una suerte de patriotismo lleva a muchos del PRI a salirse. López Obrador, puesto que se vuelve disidente, forma un partido «de la revolución democrática», el PRD (1996). Así, el sistema mexicano de partidos ya no es solo el PRI y el PAN, partido de derecha que hace triunfar a Fox y a Calderón, sino ese intruso. Ha logrado un triángulo.

El ascenso al poder de López Obrador se debe al debilitamiento paulatino del partido hegemónico que era el PRI. Gobernara quien gobernara, Obrador estaba ahí para ser el apóstol de la oposición, el Mahoma de un cambio de régimen, pero le faltaba algo, la fama. Esta viene cuando es elegido Jefe del D.F. es decir México ciudad. En diciembre del 2000. Es entonces que se luce. Subvenciona tarifas del metro, se ocupa de las pensiones de los pobres, la seguridad mejora, y lo que es impresionante, salva el centro histórico colonial de México capital. Otra gran obra es el anillo periférico a dos niveles, algo como nuestro Evitamiento pero doble. ¿Cómo lo hizo? Se asocia a un hombre multimillonario, Carlos Slim, para recuperar el centro de la ciudad. López Obrador tenía el hábito de dar una conferencia de prensa cada día, a las siete de la mañana. Costumbres de provinciano.

Ha ganado porque ya lo conocen. Pero no fue fácil, por años, sus rivales —el poderoso PRI y también el PAN— le dijeron de todo. «El Chávez mexicano». Ya lo sabemos, se criminaliza, se demoniza. Pero en el 2006, ya estaba trece puntos por delante del PAN. Todavía le gana Calderón en ese año, probablemente con fraude. AMLO llama a sus seguidores y ocuparon el Paseo de la Reforma. Algo así como llenar de gente el zanjón de Lima. ¿En qué momento ya aparece como probable triunfador? Cuando quieren meterlo preso¡! Le hacen un juicio, un supuesto abuso de poder, había hecho una carretera para un hospital sobre terrenos en litigio. Tuvieron que dar marcha atrás, se metió el International Herald Tribune, «eliminar políticamente a López Obrador, era un desastre para la democracia mexicana». En el 2012 las elecciones presidenciales las gana todavía Enrique Peña Nieto con 38,2% contra el 31,6% de AMLO. Pero él continúa, su gran instrumento político ha sido la calle. O sea, todo el marketing se viene abajo¡!

¿De izquierda? «Su discurso es radical pero no es anticapitalista» (Rouquié). Inclasificable. López Obrador se ha autoinventado. Los mexicanos esperan algo grande, como cuando Benito Juárez, en el siglo XIX, hizo la Reforma, o sea, la ruptura del Estado y la Iglesia. Su prócer preferido es Francisco A. Madero, el candidato a presidente que Porfirio Díaz envía al exilio y que desde la frontera llama a la Revolución. Es un moralista rebelde. Ni izquierda ni derecha. Sentido común y cojones.

Publicado en El Montonero., 3 de diciembre de 2018

https://elmontonero.pe/columnas/retrato-a-pluma-de-un-inclasificable-mexicano

Enrique Bernales. La muerte de un justo

Written By: Hugo Neira - Nov• 26•18

Enrique Bernales ha muerto. Lo sabíamos enfermo, pero amigos, familiares y sus alumnos y colegas, lo habíamos visto luchar contra el cáncer y reponerse. Lo creímos ya salvado, daba clases y llevaba una gorrita para cubrir la caída de cabellos tras una quimioterapia. Pero lo hemos perdido. Defunción o deceso, ningún hombre escapa a esa cita, por eso la llamamos fallecimiento, óbito, pero también es cierto que nos preguntamos qué es lo que expira. Con Bernales se apaga la voz de un justo.

Era un gran constitucionalista, eso todos lo sabemos. Pero algo más. Fue acaso su profunda fe católica lo que lo había llevado a actuar en los meses previos al súbito desenlace, como un misionero, de esos franciscanos del siglo XVI que trataban de proteger a los indígenas de los males que les imponían los conquistadores. Hoy día son otros conquistadores los que imponen formas sinuosas de dominación, de moda.

En los últimos días de Bernales en vida, acaso corriendo riesgos de salud, aceptó repetidas veces ir a canales de televisión y diarios. Entrevistas que no eran para lucirse. Ya había sido senador en las cámaras que Fujimori cierra en 1992. Se pronunció sin tapujos —pero sin odios ni insultos— «sobre el evidente tráfico de influencias y corrupción en el sistema de justicia». Pueden escucharlo en Youtube. «Si hay algún órgano que realmente está podrido es justamente todo lo que se refiere al sistema de administración de justicia».

El Perú actual atraviesa lo que se llama un clima político. Una gran crisis que alcanza al pensamiento de toda una nación, tanto como convulsiones sociales y políticas. Enrique Bernales estuvo por encima de las hordas del anti o el pro. Entre su voz y la de los maniqueos, hubo un infranqueable abismo. Lo suyo fue un patriotismo constitucional. No a favor de tal o cual partido, y menos de una camarilla en el poder. Flota sobre Lima una negra nube de ambición de un poder sin límites. Para eso, ya no se necesitan tanques.

Bernales no está. La pena suele ser mayor cuando se pierde para una nación entera una garantía jurídica y moral. Es el caso. Mientras estaba en vida, por mi parte, sentía que había alguien que no solo impugnaba un sistema podrido de arriba abajo, sino que se preguntaba por el papel social de los juristas. Bernales amaba intensamente el derecho y la legalidad, no le parecía, como a muchos, una suerte de supraestructura, no era marxista, no le daba importancia a modos de producción y otros determinismos. Por cierto, le importaba el pueblo y sus sufrimientos. Pero en esta hora dolorosa, hay que decirlo, era un cristiano social, un católico con principios republicanos. Y por eso le importaba del poder judicial, su «virtualidad práctica». Me explico, los comportamientos del poder judicial tienen efectos positivos y también negativos, y moldean la realidad misma. Si se nos pudre, es como un ser humano que pierde su columna vertebral. Entonces, Enrique Bernales estaba en contra del delito y la corrupción, pero sin por ello pasar de un abismo a otro. Hoy, en medios y en universidades, se hallan apóstoles del irracionalismo y la inquisición. Pero quien siembra vientos, cosecha tempestades. La misma maquinaria de represión se puede tornar contra otros -ismos, para gobernar autocráticamente.

Le he llamado en setiembre un «justo». Sobre el justo hay un paradigma, el filósofo Cassirer. De eso conversábamos con Bernales. Y hablamos de la República de Weimar, justamente la de los años treinta, del siglo XX. Cassirer escucha en 1939 decir «que la justicia y el derecho es lo que sirve al Führer», y dice: «si mañana todos nuestros prestigiosos juristas no se alzan como un solo hombre para protestar contra esa arenga, Alemania está perdida». Bernales-el-justo muere enfrentando todo aquello que no solo puede perjudicar a la vida republicana presente, sino a nuestros hijos, y a los hijos de los hijos. De buscar un inca, en los días de Flores Galindo, estamos pasando a buscar un Führer.

La idea dominante en el presente clima político, es que se puede y se debe combatir el mal con el mal mismo. Eso es la preventiva. Un golpe de gracia al presunto delincuente y hablan hasta por los codos los secuaces para salvarse. Pero ese sistema desmantela las leyes y el principio mismo del respeto al individuo. ¿Y si se dicen mentiras? ¿Qué habrá sentido Enrique Bernales cuando se allana un estudio de abogados y cuando un Cardenal nos injuria? Monseñor, no defendemos ninguna inmunidad sino el derecho de los individuos a no ser sentenciados a priori. Para eso nuestros mayores hicieron la Independencia. La Inquisición, la cerramos. Usted ayuda a resucitarla en este valle de lágrimas.

Desde Nueva York, Max Hernández me envía este mail. «Lo que era Quique está en el poema de Kavafis sobre los defensores de la Termópilas». Lo busco y encuentro lo que sigue. Honor a aquellos que en sus vidas / se dieron por tarea el defender Termópilas./ Que del deber nunca se apartan; / justos y rectos en todas sus acciones,/ pero también con piedad y clemencia;/. Pero cómo termina el poema, es que los medos (los enemigos de los griegos) de todos modos pasaron. ¿Se dan cuenta del presagio de Max? Vencerá el vicio, la maña, el enredo judicial. Triunfa, a fin de cuentas, nuestra mayor ideología: la pendejada.

«Pobre del árbol caído en el Perú. Pobre del débil, de quien pide ayuda. Pobre del fatigado, de quien siente miedo. Pobre del pobre en el Perú. Pobre de quien no puede pagar sus deudas. Pobre de la campana sin campanario. Pobre del inocente sin testigos en el Perú» (Guillermo Thorndike).

Publicado en El Montonero., 26 de noviembre de 2018

https://elmontonero.pe/columnas/enrique-bernales-la-muerte-de-un-justo

 

Protesta, rebelión, revolución

Written By: Hugo Neira - Nov• 21•18

«En castellano se usa poco la palabra revuelta». Esta frase inicia un célebre texto del mexicano Octavio Paz. «La revuelta es popular y expresiva». La rebelión —añade— «es una sublevación solitaria o minoritaria». Texto de 1978, y que me ha acompañado toda mi vida, una tríada que no ha perdido su vigencia. La otra idea es revolución. ¿Por qué Paz? Le dieron el Nobel de literatura no por escribir novelas sino por poeta y ensayista. Paz, un gran pensador latinoamericano. El laberinto de la soledad, una pena que muchos peruanos no lo conozcan. Me armo de estos conceptos para abordar lo que nos está pasando. En particular, el tema del asilo.

Vamos al grano. El tema crucial es la corrupción. Qué duda cabe, desde los años 90, el país ha crecido económicamente y a la vez se ha corrompido. Odebrecht pudre por decenios a políticos y de paso funcionarios, estudios de abogados y la mar en coche. Hay una parte de la sociedad que está hambrienta de justicia, y otra, que ha lucrado. Y es cierto que los presidentes en los últimos 18 años, o están pedidos o tienen procesos judiciales abiertos. ¿Pero dónde está el error? En la «detención preventiva». Investigar, sí. Pero sin arrasar los derechos humanos y la libertad del ciudadano. Ya sé, hay esa ley, pero abre de par en par las puertas a un poder sin límites. La preventiva, mañana un opositor; pasado cualquier disidente. De la anticorrupción nos estamos deslizando al hábito de la persecución. Del sartén al fuego.

Privar de libertad es muy práctico. Se ponen esposas o grilletes a un personaje y su contorno comienza a cantar. El problema es que eso no es novedad. Lo preventivo se ha usado en el muy eficaz Estado totalitario de la Unión Soviética. Ni los comunistas que eran parte de las instituciones gubernamentales estaban a salvo de una acusación. El pragmatismo cínico escogía las víctimas entre sus propias filas. Eso se llama purga. Y con los nazis, ¿quién podía estar seguro con su mórbida revolución? Nosotros, a la peruana, «la Fiscalía ha creado un clima de indefensión jurídica», dice Alan García en su carta al presidente uruguayo. O sea, aun con ausencia de pruebas, cualquiera puede ser puesto en la «preventiva»¡! No es, pues, un asunto solo de expresidentes sino de 32 millones de ciudadanos, hoy desprotegidos.

El asilo de Alan García es el mayor golpe dado al presente gobierno. Es la «rebelión», a decir de Octavio Paz. Palacio ha actuado como si el Perú estuviera fuera del planeta. Olvidaron que el individuo y sus derechos no tienen fronteras, de ahí el exilio. Los apristas, en particular, saben cómo es eso. Estamos dentro de una realidad global. En el inmenso tráfico de la mundialización, no solo corren negocios sino noticias. No se priva de libertad así porque sí. Cierto, es difícil y a veces imposible desenredar la telaraña de las mafias, eso en todas partes. Pero la medicina que aquí se aplica, es peor que la enfermedad.

En cuanto a la protesta, los pueblos no son infalibles. El lumpenproletariado llevó al poder a Hitler. Los españoles, dados los excesos de los republicanos, soportaron a Franco 40 años. En Chile, al general Pinochet lo apoyaron clases medias contrarias a Allende. Hay revoluciones reaccionarias. ¿Eso queremos? ¿Y qué pasa si Butters tiene razón y se avecina un flujo de exalcaldesas y expresidentes rumbo a las otras embajadas en Lima?!

La rebelión es el arma pacífica ante las leyes despóticas. La Independencia fue una rebelión. Piérola, Castilla eran rebeldes. Solo se obedece lo justo.

Publicado en El Comercio, 21 de noviembre de 2018

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/preventiva-alan-garcia-protesta-rebelion-revolucion-hugo-neira-noticia-579602

Ni virrey ni inca, buscando un Jefe

Written By: Hugo Neira - Nov• 19•18

Después del velasquismo volví a Europa. ¿Qué otra cosa podía hacer? Eran los años ochenta y corrían cambios decisivos. Se conocía ya lo que se ignoraba en la América Latina, la situación insostenible de la Unión Soviética. En el mundo universitario, «el marxismo había dejado de ser hegemónico» (Jacqueline Russ, La marche des idées contemporaines). Para mí fueron años de reestudio. Revisé a fondo mis conceptos básicos. De A a Z. Dejé de ser marxista pero no me hice liberal. En esos decenios, se produjo un big bang de ciencias sociales libres de la ortodoxia estaliniana. De ahí provengo. Gané por concurso un puesto de docente y durante siete años, escribo serenamente Hacia la tercera mitad. En Arequipa, hace poco un editor me entrega la quinta edición. https://elmontonero.pe/columnas/ni-virrey-ni-inca-buscando-un-jefe Como diagramación es mejor que las anteriores. Y el muy cuerdo editor me pide un ensayo más. Sobre lo ocurrido de 1996 al 2018, en el Perú. Lleva un intitulado que lo dice todo: «La prosperidad del vicio». Y no insinúo un grupo en especial, me asombra la descomposición de instituciones, partidos y gentes.

Acaso vivamos una época de rupturas y metamorfosis. ¿Pero tenemos la epistemología para entenderla? En las ciencias de la vida, hablo de la biología y la genética universal, se entiende la autorganización de la vida con un concepto reciente, el genoma. Para entender el cosmos, Stephen Hawking, antes de irse, nos ha explicado que los agujeros negros son perfectamente razonables, lo que pasa es que nuestros conceptos de espacio y tiempo no lo son. En nuestra cabeza no cabe que esas singularidades sean otros tantos universos paralelos. Y después de decir eso, tras quebrar las leyes de la física, se calla para siempre.

Aterricemos. Cuando me fui, el Perú gozaba todavía de sus oropeles. País de grandes historiadores y de ánimo republicano. La nacionalidad peruana se enroscaba como una serpentina en torno a la obra de Jorge Basadre, Riva-Agüero, Raúl Porras, Luis Valcárcel. Sin duda, Pease, María Rostworowski. Alguien me dirá, son los clásicos. Pero no existen en cursos de historia para escolares. Tengo ante mis ojos la Nueva historia general del Perú , con escritos de Lumbreras, Burga, López Soria, Flores Galindo, Bonilla, pero lejana, de 1975. Luego, el señor Vexler, los ha exterminado. E igual, le dan honoris causa.

El último de los ensayos en ese libro es de Sinesio López. «De imperio a nacionalidades oprimidas». Era el posvelasquismo. Parecía que venía algo positivo. «El Perú es una nación en formación». ¿Qué nos ha pasado, a todos? ¿A izquierdas, derechas, centristas, a ricos y medio ricos, a pobres, a la gente que vive en ciudades —que es la mayoría del país— y a los que siguen siendo rurales?

Van a cumplirse muchos años de mi retorno. Veo una sociedad sin mapas mentales, sin reflexión sobre el pasado. Y para el presente, una sociedad cargada de miedos, desconfiada ante los otros y políticos erráticos dando palos de ciego. Veo una sociedad habitada por millones de peruanos que no saben de dónde vienen. Deshistoriados. Y sin embargo, en el presente, veo los fantasmas del pasado: odios políticos, guerra al rival, justicia como venganza. Me parece vivir los decenios posteriores a San Martín y Bolívar. ¡Y se creen modernos!

Me preocupa los miedos como argumento central de la política. Marx había dicho que los hombres construyen la historia, pero no aquella que les gustaría. ¿Cómo puede surgir algo positivo desde la mala memoria? ¿Cómo proponer un destino? Nos hemos quedado sin historia. Y en consecuencia, sin realidad. No la soportamos.

Entonces, cuando Dios no está, el diablo hace de las suyas. Sin el uso del razonamiento, viene la irrealidad. El presentismo de estos días se hace a base de emociones, fake news, mensajes falsos. Ya no se piensa, se sospecha. La Lima republicana del siglo XIX, la de Ricardo Palma, era de comadres y marisabidillas, con sus modestos 60 mil habitantes, una aldea locuaz y chismosa. ¿Pero cerca de diez millones, hoy, tras la posverdad y las noticias falsas? Y se tragan mentiras del tamaño del monumento a San Martín…

Desde mi punto de vista, ese uso de las emociones ya lo hemos visto en otras naciones. Mi objeción es fácil de entender. Quién en política prefiera el mito a la razón, es parte del fascismo. No es necesario ser rubio, ario, alemán y de ojos claros para ser un nazi. Aquí no hay esvásticas pero sí un sustituto, mitologías. Las creen y difunden las redes sociales. Allá ellos.

Hay entre nuestras tribus políticas, partidarios del retorno al Tahuantinsuyu y no bromeo. Desde que volví, me sorprendió la inclinación a la magia y a la subjetividad en muchos intelectuales. Recuerdo uno en particular, Gustavo Benavides. En Márgenes (04.12.1988) sostenía que Sendero encarnaba «la ideología mesiánica del mundo andino». Le prestaba una religiosidad que no era parte de la cruel máquina de guerra de Abimael. Años después, la Comisión de la Verdad entierra esa mitología describiendo las masacres de SL. Uchurracay, Lucanamarca, Santillana —qué pronto las hemos olvidado— el asesinato de Quispes, Yupanquis, Condoris. Hubo más muertos en Ayacucho que cualquier otro lugar. Unos 340 mil se fueron a Lima. La religión de SL mató más quechuaparlantes que los conquistadores. Era un Pol Pot a la peruana, y punto.

Todavía hay quienes sueñan con un jefe despótico. No se dedicará a «batir el campo», como «el pensamiento Gonzalo». El que se está fabricando será un magnopresidencialismo. Y aunque han quitado ese verso del himno nacional, volverá el «largo tiempo el peruano oprimido». Volveremos a la normal, al déspota con apoyo popular. Lo tuvo Leguía, Odría, ¿por qué no en el inmediato porvenir? La ausencia de reflexión marca este tramo oscuro de la patria.

Publicado en El Montonero., 19 de noviembre de 2018

https://elmontonero.pe/columnas/ni-virrey-ni-inca-buscando-un-jefe