CADE. Lo dijeron pero ¿quién escucha?

Written By: Hugo Neira - Nov• 18•14

He escuchado a dos sabios en Lima. Ricardo Hausmann y Lant Pritchett. El primero, es el actual Director del Centro para el Desarrollo Internacional y profesor en Harvard. El segundo, también de Harvard y de la Escuela de Gobierno Kennedy. Las sendas ponencias se hicieron en estos días, en Lima, y en el marco del encuentro anual del CADE de ejecutivos 2014. Tengo la impresión de que ambos tienen un vistazo global que envuelve otros temas invocados para esa reunión anual, como educación, competitividad, combate a la corrupción, seguridad ciudadana, descentralización. Que en realidad, pasan a segundo plano, dado el estadio de retraso que esas exposiciones revelaron. Hay que decirlo, el riesgo de reuniones como esa, a medio camino de la academia y contactos sociales y otras formas de sociabilidad, aminora el impacto directo de las ideas. En especial de esos dos expositores. La televisión si cubrió bien sus exposiciones. Pero gran parte de la prensa hicieron reseñas pobres y desencaminadas. Ahora vayamos a lo esencial. ¿Qué dijeron?

Hausmann comenzó por  felicitar al Perú y a los peruanos por sus recientes éxitos, pero eso solo fue el introito. Hausmann es partidario de una “diversificación productiva”. Recordó el caso de los empresarios de Corea del Sur que fueron pasando de la explotación de la madera, a la maquinaria aserradora, a otro tipo de máquinas y de ahí, al zinc, acero, construcción naval y hoy, a la exportación de productos de alta tecnología. Para Haussmann la cosa es clara. “No se sale de la pobreza  arrancando unas cuantas rocas de los Andes”. La gente rompió a aplaudir. Pero no es un antiminero. Explicó, en fin, que esa “diversificación”, implica un “sistema real de profesionales empresarios”. Y yo me dije ¿de dónde los sacamos? No con “empoderados” para negocios comerciales y pésima secundaria.

Pritchett trató de eso, pero lo he visto reseñado en un diario limeño de manera incompleta. “Perú debe mejorar educación en cuatro puntos” (sábado 15, La República). No es eso lo que dijo. Pritchett dijo que “en educación, Perú está a 50 puntos debajo de Chile; Chile a 40 puntos debajo de Turquía; y Turquía a 30 puntos de Corea del Sur”. Ahora bien, ¿qué es un punto de esa medida? Es un año calendario de esfuerzos. O sea, el Perú está actualmente a 120 años de los citados. Y a 180 años de los punteros. Y como Perú avanza a solo un punto por años, conviene que pase a 4. El dato del retraso real no ha aparecido en la prensa impresa limeña. Es terrible decirlo pero Chile de la señora Bachelet aborda hoy lo que ambos sabios nos dijeron aquí que hiciéramos. Diversificación + educación de calidad masiva.

En suma, por unos días brilla la luz de la razón; el espíritu crítico, aunque la prensa se ocupó más del caso Orellana, o de Martín Belaunde. Muy buen CADE pero, por el amor de Dios, un poco de lucidez. No podemos con manipulaciones “positivistas” esconder lo mal que estamos. Lo de “rumbo al primer mundo”, no solo es exagerado sino desatinado. Mucho sería alcanzar a Brasil y Chile, potencias intermedias. Y para eso se necesita mirar de frente lo real. “Cada año se instalan 10 mil profesionales extranjeros”. El Comercio. Bienvenidos. Pero son los profesionales que sí tuvieron los cursos escolares que desaparecieron en Perú.

Publicado en El Montonero., 17 de noviembre de 2014

http://elmontonero.pe/columnas/2014/11/cade-lo-dijeron-pero-quien-escucha/

 

“La ecuación peruana”. 2017

Written By: Hugo Neira - Nov• 11•14

La sociedad peruana no puede ser interpretada desde sucesos inmediatos. Nos preceden hechos demográficos y antropológicos. El entender una sociedad requiere de algo más que información económica y estadísticas sobre la orientación del voto. A la vida política la explica también el trasfondo antropológico, cultural. Lo que se llama “la metapolítica”. Pero algunos comentaristas leen el tejido de la vida peruana terso y sin abismos, como si fuésemos una de esas sociedades del capitalismo avanzado que la modernidad ha vuelto homogéneas. Se ahorran la historia. Y no ven los pliegues de lo real, donde el ayer se venga regresando.

Una de estas noches, en un autor que se ocupa de la cultura hispánica, encuentro este párrafo: (1) «Para franceses y para anglosajones, la democracia se confunde con la garantía de derechos del ciudadano e implica la ley y la limitación del poder». Pero en la cultura hispánica «es el ejercicio del poder quien genera su  propia legitimación». O sea, del Cid campeador a Conquistadores y hasta Franco, el hilo conductor es el mismo. Cuenta el capricho del Príncipe, «la real gana». Y me pregunté si solo ocurre en el caso español. De Pizarro a Fidel Castro y a Pinochet, ¿no cuenta «la conquista del poder y luego la capacidad de ejercerlo»? «El mundo hispano premia la hazaña. Las otras culturas occidentales, el orden de la ley.»  Está claro que el tema del poder como eje de toda política está en ambos lados del Atlántico.

Lafaye habla de una «ecuación hispana». Y me pregunto si no tenemos una «ecuación peruana». Diría que sí. Con este reparo, no es feliz en la praxis política. Nuestra ecuación es antropológica y cultural, literatura, música, arte y cocina. Pero esa ecuación no ha logrado en dos siglos ni república ni nación. Pesan tres siglos de dominación. ¿No vivimos el poder como algo relacional y no de leyes? El vínculo de poder personal genera el compadre, la argolla y los amigos. Algunos se refieren a esos fenómenos como colonialidad, en especial Anibal Quijano. Yo los veo virreinales y no republicanos.  No somos los únicos, pero somos los que más.

Mandar sí sabemos, pero como «patrón», «gerente», «líder mesiánico», aunque fuese solo Cajamarca o Puno. Siempre el capricho del Príncipe, «la real gana». Y esto no atañe solo a los poderosos. Al ciudadano que en nombre de sus derechos habla, decimos que «se manda». En fin, el motor de la vida social no es el consenso sino «la relación dialéctica entre el poder y la disidencia» (Lafaye). Es eso, precisamente, lo que me inquieta, el 2017. Ahora bien, una parte del país electoral quiere delegar su poder tras el voto. El otro no. Esto puede invitar a un ensanche de la democracia, más horizontal, o a algo piramidal, como lo que detestó Octavio Paz en México. Digo qué fino tendrá que ser quien se maneje entre partidarios de una democracia normal que delega el poder, y el otro país que ya no cree en nadie y quiere también intervenir. El poder será empoderar o no será obedecido.

(1) Lafaye, Jacques, «Abismos de conceptos», en Quetzalcóatl y Guadalupe, FCE, 1999

Publicado en El Montonero., 10 de noviembre de 2014

http://elmontonero.pe/columnas/2014/11/la-ecuacion-peruana-2017/

 

Ampuero, Lima, el 900. ¡Vaya Teatro!

Written By: Hugo Neira - Nov• 04•14

Esta semana, además de clases y un par de libros míos que me desvelan, he conversado con amigos de los entreveros que hay en los partidos políticos. Por lo visto hay gente que vive en el mejor de los mundos, a lo Leibniz. O sea, el reparto de puestos para el 2016. ¡Qué ilusos! No solo las ánforas dan sorpresas sino que el que cargue con el muerto con la economía por los suelos, va a pasar las de Caín. Pero una vez más, no la ven, no manyan la cosa. Me estaba poniendo de mal humor, y eso es malo para el hígado y para la escritura, en eso decido para esta carta semanal a amigos comentar lo visto el domingo pasado en el teatro Larco, Un fraude epistolar, de Fernando Ampuero. Dirigida por Giovanni Ciccia, del Grupo 9. Cuando se abre el telón, y uno entra en esa magia, a otro tiempo, a otras gentes y personajes, agradecí a los cielos estar en Lima, pese a mis negros pronósticos para el 2016.

Es la historia (real) de una broma por correo. Dos muchachos limeños se atreven a escribirle a Juan Ramón Jiménez, español, poeta, que era lo máximo, como hoy se dice. Y como eran limeños deciden hacerlo en broma. Fingen ser una chica limeña, Georgina Hübner, que en realidad existía, pero ni prestó ni nombre ni la curvada caligrafía de niña educada por monjas para las cartas que se fueron a España. Ahora bien, el poeta se la creyó, ¡una limeña! ¡Y joven! ¡Y admiradora! A la tercera carta —así fue en los hechos—Juan Ramón decide tomar el barco y desembarcar en Lima-Callao. Para que no viniera, los autores de la broma, veinteañeros asustados, logran que el poeta sepa que «Georgina Hübner ha muerto». Hay un poema de Juan Ramón, más tarde Premio Nobel, con esa frase. La obra es una tragicomedia, pero es más que eso.

Es Lima el personaje. Pero con todo los respetos a Chabuca Granda, no viene cabalgando José Antonio en un berebere criollo, no. No es la Lima rural de hacendados la que aparece sino la urbana. En la obra de Ampuero no es tampoco el medio pelo de mercachifles, escribanos o sacristanes. Ni nostalgia colonial, ni higuera de Pizarro, ni marinera, ni fervor cucufato. Ni personajes de hipérbole y linaje, escapados de una página de Riva-Agüero. Son un par de muchachos ingeniosos y zumbones, otra Lima, la del novecientos. En “Fraude epistolar”, en el escenario hay todo lo que habíamos olvidado de esta ciudad. La impalpable razón por la cual la admiraban los viajeros. O sea, una forma de vivir donde se sonríe en plena tragedia y no se pierde ocasión de gastar una broma. Porras, mi maestro, lo explica muy bien en uno de sus magistrales textos que un par de burros mandando en educación condenan al olvido. “Esa suerte de irreflexividad limeña” —dice— “eso de estar siempre de bromas”. Pero más que la zumba, la gracia de seres a los que el teatro presta vida. ¡Ese grupo de limeñas! En la salida me encuentro con Alfredo Bryce. Esta obra de Ampuero y Un mundo para Julius, van de la mano. Bravo por la puesta en escena. No se la pierdan. Es un viaje a una Lima amable.

Publicado en El Montonero., 03 de noviembre de 2014

http://elmontonero.pe/columnas/2014/11/ampuero-lima-el-900-vaya-teatro/

 

Medio Oriente. Los guerreros del Ego

Written By: Hugo Neira - Oct• 28•14

Cuando los guerreros del Estado Islámico (EI) degüellan a James Foley, periodista americano, el pasado 19 de agosto, su verdugo dice algunas palabras. Las cámaras del mundo entero registran un acento típicamente británico. Entre los yihadistas que asedian las fronteras turcas, hay gente de Marruecos, Túnez y Arabia Saudita. Pero en el reclutamiento de los guerreros del EI, también hay jóvenes venidos del extenso mapa del mundo occidental. Según especialistas en el Islam, en las filas del EI hay 800 rusos, 700 franceses, 270 alemanes, 120 holandeses, unos 70 norteamericanos y 30 canadienses. Dejan familia, país y estudios por la “guerra santa”. ¡Incluso hay 30 suecos! Hay otros, los del yihadismo individual, como el que mata un soldado en Canadá. No trataré de ellos sino de los “visibles”.

Es impresionante la masa de información que ha aparecido sobre el origen social y la mentalidad de los adherentes a la guerra del EI. Si usted, amigo lector, supone que se trata de jóvenes devotos del Islam, va por camino errado. Jóvenes, sí lo son. Pero no necesariamente religiosos fervientes. Examinando las mochilas de los caídos en combate, lo que se encuentra no es el Corán sino textos burdos, de esos de cualquier supermercado, estilo “el Islam al alcance de todos”. Igual parten a ponerse un pasamontaña y en las manos un AK-47 (fusil de asalto Kalashnikov). No son precisamente doctores ni eruditos. Tampoco se fueron al monte los docentes universitarios que en Lima admiraban a SL en aulas, y sí sus desdichados alumnos. ¡A la guerra van los jóvenes! En The Daily Beast, diario americano, publican la semblanza de Douglas McCain, un conocido rapero blanco, de pronto muerto en los combates de Siria. Habría dicho a sus amigos: «¿por qué morir como loser cuando se puede ser un mártir?».

Comunidades musulmanas, pobreza, marginalidad, estos tópicos no explican por qué hay rebeldes salidos de las clases medias europeas y norteamericanas. Se ha descrito cómo son recibidos en las filas del EI. Con los brazos abiertos, un rol y una buena paga en dólares. Courrier International  ironiza. «Destination Djihad», en el mismo tono como para un tour deportivo por el Himalaya. Dos muchachos conversan:

          – Este verano me voy al yihad, a la guerra santa.

          – Y yo voy a aburrirme con mis padres al camping, le responde su amigo.

Triste modernidad. En ambos lados del Atlántico se comienza a hablar de “una generación perdida”.  Democracia, libertades, sociedades pacificadas, no los satisface. El tema merece dos hipótesis. O bien es la condición humana. El homo sapiens adora arte, religión, conocimiento, también la guerra. Nos gusta combatir. La especie humana está todavía muy cerca del Cro-Magnon. O bien es una crisis de hijos de una civilización sin grandes pasiones. No quieren ser los buenos chicos de una globalización materialista. Se desmorona el mito posmoderno de seres pacíficos y consumistas. Por la sangre de los combatientes en las arenas de Siria, corre más adrenalina que en el planeta entero de internautas y jóvenes del mundo cool. Las guerras virtuales en Internet no reemplazan el erotismo perverso de causar la muerte real. Se inventaron una épica. El Islam es el pretexto. Los guerreros en Siria combaten por su propio Ego. Y no hay nada más occidental que el amor a sí mismo.

Publicado en El Montonero., 27 de octubre de 2014

http://elmontonero.pe/columnas/2014/10/medio-oriente-los-guerreros-del-ego/

Alan García. Confucio y el qué dirán

Written By: Hugo Neira - Oct• 21•14

El libro Confucio y la globalización está en librerías, y a la vez en la preocupación de quienes temen al autor como probable candidato a la presidencia en el 2016. Yo no sé si eso será cierto, ni estoy en el secreto de los dioses, solo digo que tal coincidencia, en otra megalópolis sudamericana —Buenos Aires, México—, provocaría un apasionado debate. Aquí no, la respuesta es el precavido silencio. En Lima hay mucha gente inteligente que le encantaría comentar este libro, pero no se atreven. Lo digo para que se sepa, los estrechos límites de nuestra “ciudad letrada”, como dice la doctora Mc Evoy cuando se ocupa del XIX peruano. Pero aquí estoy tratando del clima inquisitorial de Lima en el siglo XXI. Por hacer mención de este libro de Alan García, muchos perderían el empleo. Estoy hablando de universidades, en medios sí se ha comentado (Raúl Vargas, RPP). Los de la secta que ningunea, controla cátedras. En lo que me concierne seguiré en lo que me place. Aquí hice la reseña de Nicolás Lynch, sin cálculos viles de a qué molino llevaba agua.

Vamos al libro que adquirí en una librería, y sin que nadie me impusiera una reseña, apenas lo tuve en la mano pasé a examinarlo con la metodología que recomiendo a mis alumnos. Leerlo por entero y definir el tema dominante.  Algunos lo llaman “el asunto”, pero Lázaro Carreter, propedéutico español lo llama el tema, y en eso me quedo. Y se dice corto. El que reseñamos está en “el funcionario educado”. Es decir, la administración en China, exitosa por racional, adoptada gracias a la predominancia de la escuela confuciana. El caso es que desde  207 a.C., se inventa en China el Estado en base a funcionarios reales reclutados por concursos abiertos a todo el que tuviese competencia. Esos son los mandarines. Las subsiguientes dinastías, los Sui, los Tang —paso varias de ellas— y los Ming, coetáneos del Descubrimiento, siendo mongoles, siguieron ocupándose de la educación popular. Eso y un pacto con las masas rurales evitó feudalismos. Todo esto hizo de China una potencia sin colonias y admirable. El autor se ocupa minuciosamente de ese tema central. De cómo el proceso chino no es una reacción contra el maoísmo (:36-40). De Confucio, centro de gravedad de esa cultura (:65). La tesis es muy interesante, ¿el confucionismo reemplazando el marxismo? Y el hecho que hayan traducido el libro de AG, es un signo, casi.

Ahora bien ¿qué es eso del “el modo de ser chino” (Cap. I)? Un comentario obliga a buscar el concepto clave que sigue el autor. Lo hallé en la página 58, la cita de Abram Kardiner, la idea de “la personalidad básica”. ¿Y quién es Kardiner? Un fruto del encuentro entre psicoanálisis y antropología, el culturalismo, un linaje de renovadores: Ruth Benedict, Linton, Sapir. Ellos trabajaron con la idea de los patterns, es decir hábitos y disposiciones que permanecen. De modo que el autor se apoya en fundamentos académicos. De ahí los cap. II, III, V. Sobre el peso de la familia ampliada, la política y el Estado, en China clásica y la actual.

Me hubiera gustado, sin embargo, que se dijera que China es laica. En el pasado, no hubo tensión entre religión y conocimiento intelectual, como es el caso nuestro, herederos de la Contrarreforma. Siempre estamos viendo a quién colgamos sambenitos o ponemos en la hoguera de los proscritos. China en cambio es, como dicen los chinos, “el país de las tres escuelas”, confucionistas, budistas y taoístas. Escuelas de moral y fuerte espiritualidad, lo que a veces hace que en Occidente las toman como religiones. Error, para los chinos el mundo es increado. Y esto sí lo aborda el autor (Cap. III, del Dios creador y el antropocentrismo). China es un tema enorme. AG ha hecho un libro de múltiples entradas, es mezquino no leerlo. “Investigación extensa”. “García destaca su filosofía (la de Confucio) a favor de la igualdad de los hombres, su labor conciliadora”. Cito uno de los comentarios, en México. Y aquí ¿el ninguneo de los catedráticos mandarines, que no lo son, porque no han pasado concurso alguno? ¡Qué vergüenza!

 

Publicado en El Montonero., 20 de octubre de 2014

http://elmontonero.pe/columnas/2014/10/alan-garcia-confucio-y-el-que-diran/