Alan García. Confucio y el qué dirán

Written By: Hugo Neira - Oct• 21•14

El libro Confucio y la globalización está en librerías, y a la vez en la preocupación de quienes temen al autor como probable candidato a la presidencia en el 2016. Yo no sé si eso será cierto, ni estoy en el secreto de los dioses, solo digo que tal coincidencia, en otra megalópolis sudamericana —Buenos Aires, México—, provocaría un apasionado debate. Aquí no, la respuesta es el precavido silencio. En Lima hay mucha gente inteligente que le encantaría comentar este libro, pero no se atreven. Lo digo para que se sepa, los estrechos límites de nuestra “ciudad letrada”, como dice la doctora Mc Evoy cuando se ocupa del XIX peruano. Pero aquí estoy tratando del clima inquisitorial de Lima en el siglo XXI. Por hacer mención de este libro de Alan García, muchos perderían el empleo. Estoy hablando de universidades, en medios sí se ha comentado (Raúl Vargas, RPP). Los de la secta que ningunea, controla cátedras. En lo que me concierne seguiré en lo que me place. Aquí hice la reseña de Nicolás Lynch, sin cálculos viles de a qué molino llevaba agua.

Vamos al libro que adquirí en una librería, y sin que nadie me impusiera una reseña, apenas lo tuve en la mano pasé a examinarlo con la metodología que recomiendo a mis alumnos. Leerlo por entero y definir el tema dominante.  Algunos lo llaman “el asunto”, pero Lázaro Carreter, propedéutico español lo llama el tema, y en eso me quedo. Y se dice corto. El que reseñamos está en “el funcionario educado”. Es decir, la administración en China, exitosa por racional, adoptada gracias a la predominancia de la escuela confuciana. El caso es que desde  207 a.C., se inventa en China el Estado en base a funcionarios reales reclutados por concursos abiertos a todo el que tuviese competencia. Esos son los mandarines. Las subsiguientes dinastías, los Sui, los Tang —paso varias de ellas— y los Ming, coetáneos del Descubrimiento, siendo mongoles, siguieron ocupándose de la educación popular. Eso y un pacto con las masas rurales evitó feudalismos. Todo esto hizo de China una potencia sin colonias y admirable. El autor se ocupa minuciosamente de ese tema central. De cómo el proceso chino no es una reacción contra el maoísmo (:36-40). De Confucio, centro de gravedad de esa cultura (:65). La tesis es muy interesante, ¿el confucionismo reemplazando el marxismo? Y el hecho que hayan traducido el libro de AG, es un signo, casi.

Ahora bien ¿qué es eso del “el modo de ser chino” (Cap. I)? Un comentario obliga a buscar el concepto clave que sigue el autor. Lo hallé en la página 58, la cita de Abram Kardiner, la idea de “la personalidad básica”. ¿Y quién es Kardiner? Un fruto del encuentro entre psicoanálisis y antropología, el culturalismo, un linaje de renovadores: Ruth Benedict, Linton, Sapir. Ellos trabajaron con la idea de los patterns, es decir hábitos y disposiciones que permanecen. De modo que el autor se apoya en fundamentos académicos. De ahí los cap. II, III, V. Sobre el peso de la familia ampliada, la política y el Estado, en China clásica y la actual.

Me hubiera gustado, sin embargo, que se dijera que China es laica. En el pasado, no hubo tensión entre religión y conocimiento intelectual, como es el caso nuestro, herederos de la Contrarreforma. Siempre estamos viendo a quién colgamos sambenitos o ponemos en la hoguera de los proscritos. China en cambio es, como dicen los chinos, “el país de las tres escuelas”, confucionistas, budistas y taoístas. Escuelas de moral y fuerte espiritualidad, lo que a veces hace que en Occidente las toman como religiones. Error, para los chinos el mundo es increado. Y esto sí lo aborda el autor (Cap. III, del Dios creador y el antropocentrismo). China es un tema enorme. AG ha hecho un libro de múltiples entradas, es mezquino no leerlo. “Investigación extensa”. “García destaca su filosofía (la de Confucio) a favor de la igualdad de los hombres, su labor conciliadora”. Cito uno de los comentarios, en México. Y aquí ¿el ninguneo de los catedráticos mandarines, que no lo son, porque no han pasado concurso alguno? ¡Qué vergüenza!

 

Publicado en El Montonero., 20 de octubre de 2014

http://elmontonero.pe/columnas/2014/10/alan-garcia-confucio-y-el-que-diran/

El Estadio del espejo. Educación y Región

Written By: Hugo Neira - Oct• 14•14

El «estadio del espejo» es concepto de Lacan. Lo usaré para reflexionar ante dos grandes problemas peruanos y la manera cómo se les ve, o ¡no se les ve! Por una parte, el tipo de políticos que asoma en provincias. Por la otra, el tema del desastre de la educación peruana. El estadio del espejo viene del psicoanálisis, y como todo el mundo habré leído a Freud pero no soy psicólogo. Consulté pues con uno de mis amigos, psicoanalista.  El estadio del espejo es cuando el niño humano, todavía bebé, de 6 a 18 meses, no alcanza a coordinar sus movimientos pero ve su imagen en el espejo. Y entonces, el niño jubila. Y aunque sea «una sensación imaginaria de dominio» —dice Lacan— anticipa su coordinación muscular. Ahora bien, ante el espejo una cría chimpancé no jubila. El chimpancé es «natural» toda su vida. El hombre no. Se inventa. También los pueblos.

Sobre la realidad peruana, veo una conjunción. En pocas palabras, los que condujeron el carro del Estado —en plan Zeus, en carruaje de corceles— soltaron las riendas al mercado y al mismo tiempo restringieron la educación de las masas. Así de simple y de contradictorio. El resultado: altísimo consumo pero nones de libros y cultura. Jóvenes de clases populares frecuentan los cines solo en un 5%, y la mitad de su lectoría de la prensa en Lima es El Trome (Protzel (2011), Lima imaginada :361-:341).

Sobre las recientes elecciones ha habido enjuiciamientos inteligentes. El de Alberto Vergara, «democratizar las culpas»1. Y señala «un sistema político defectuoso». Pero Alberto, déjame decirte, no es cierto que «nadie gana». Algunos pierden. Al menos en Lima. Pero no diré nada más. Las urnas hablaron. Carlos Meléndez, de tu nota  retengo esta temible verdad, nadie «sabe qué hacer»2.

Lo primero sería abrir un Observatorio de Regiones. Sería lo cuerdo, a ese proceso interno hay que seguirlo sin a priori. Pero ¿se ocuparán Universidades, la Banca, alguna ONG? ¿O seguiremos pontificando desde Lima? Desde el Principado de Monaco, que me recuerda Vergara. Sí pues, dije eso de Lima, ciudad de provincianos pero de espaldas al país interior. Y hoy no  sabemos qué ha pasado ¡y tenemos opiniones! El estadio del espejo y el narcisismo herido por lo real.

Sobre las regionales, hay una nota de Juan de la Puente, confirma lo peor, «una abrumadora mayoría (…) de escasos escrúpulos, es decir, un regionalismo político pobre y atrasado»3.

¿Atrasado en qué, Juan ? ¿No fue bajando el nivel con una secundaria paupérrima en el curso de los últimos treinta años? Nos lo ha dicho hasta el prudente Banco Mundial, «carentes de recursos humanos» (Perú 2006). El mal está, desde decenios, en que se volaron las asignaturas. Reemplazadas por áreas. Vamos a ver. Los colegios privados están mejor, ¿no? Pues bien, enseñan con asignaturas. Los públicos, por «áreas». Invento de unos cuantos, doctas tinieblas nos han conducido al disparate de una secundaria para pobres que no forma ni para oficios ni para el saber superior. Así, nuestros escolares no pasan el test PISA ni los adultos el del espejo de Lacan. El niño nación dice, «ese no soy yo». Irrealidad peruana. Lo siento, somos esas aulas, esos electos. ¿Qué cuesta decir, en sendos problemas, nos equivocamos? ¡Y a enmendar!

1 http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/democratizar-culpas-alberto-vergara-noticia-1762642

2 http://peru21.pe/opinion/no-toque-nada-2200843

3 http://www.larepublica.pe/columnistas/la-mitadmasuno/el-voto-que-no-me-gusta-10-10-2014

 

Publicado en El Montonero., 13 de octubre de 2014

http://elmontonero.pe/columnas/2014/10/el-estadio-del-espejo-educacion-y-region/

La visita del héroe

Written By: Hugo Neira - Oct• 13•14

Los años 60, en Perú pasaban  cosas. En 1963, la muerte de Javier Heraud. En 1965, la de Luis de la Puente Uceda en Mesa Pelada. Las utopías sociales comenzaban a contar sus muertos. El Leviatán de la Iglesia se desperezaba y 1962 es el año de Vaticano II y de Juan XXIII. El cine era Fellini, Godard, y Jules et Jim es de 1962. El fútbol era Cubillas y Chumpitaz.  En la pantalla grande, con el rostro de Sean Connery todavía joven, 007 era James Bond. Se muere o la matan a Marilyn Monroe. Y en eso aterriza en Lima el general De Gaulle. En los 60, el mundo era terriblemente joven.

Esos años eran un muchacho con los cabellos largos que escuchaba rock, o un posible guerrillero, o una muchacha vestida de gitana con vivos colores, todos los caminos conducían a Katmandú o, como quedaba lejos, al menos al Cuzco, entonces lleno de hippies. El siglo venía con marihuana y muchas ilusiones, mucho nos interesaba la estrella ascendiente de una revolución en Cuba con jóvenes barbados como griegos antiguos, Fidel Castro y Guevara. De seguro iban a hacer un socialismo distinto del soviético, eso creíamos. Cuando en eso aterriza en Lima el general De Gaulle.

Los 60 era la minifalda y la píldora anticonceptiva, y en el mundo no había sida, ni paro ni recesión. Había Guerra Fría, y a la vez el comunismo estaba cambiando. Kruschev revela los crímenes de Stalin. Y América era John Kennedy, un raro presidente, al interior de los Estados Unidos un renovador y también el fracaso de Bahía de Cochinos. Todavía discutimos quiénes lo matan en noviembre de 1963, y a Martin Luther King. La revolución cultural barre China en 1966. La muerte del Che es 1967. Yo ya no estaba en Lima, ni en el diario Expreso. Pero había contado cómo los campesinos cusqueños cambiaron el curso de la historia al tomar las inmensas haciendas sureñas —«recuperando tierras» decían— sin matar a un solo hacendado. Por esos años aterriza en Lima el general De Gaulle.

En el Perú mismo pasaban cosas. El crecimiento económico continuaba, crecía Lima con barriadas, crecía nuestra esperanza, por encima de la cabeza de todos volaba el ruso Yuri Gagarin, desafiando a los americanos en la carrera del espacio. Los 60 eran años frescos, ilusionados. En Expreso escribía Lucho Loayza, Raúl Vargas, nuestro corresponsal era Mario Vargas Llosa. Mi generación soñaba de pie, César Calvo, Arturo Corcuera, Max Hernández, Matilde Ureta, y Ricardo Letts en Cooperación Popular de Belaunde yendo a pueblitos andinos. El tema no era si el ‘mercado’ o el ‘Estado’ sino que íbamos a hacer una revolución, acaso pacífica, acaso violenta. Y en eso aterriza en Lima el General De Gaulle.

Para mi generación Francia era Camus, Sartre, pero también la guerra colonial en Argelia contra la cual hacíamos mítines, y de vez en cuando unas cuantas piedras en embajadas. Cuando llega De Gaulle, sabíamos su papel en la historia de Francia, su Resistencia a la Alemania nazi, pero se nos escapaba las razones de su rechazo de la débil IV República, la invención de la V República, un Estado fuerte. No vi ni vimos eso. Sino una Europa liberada de hegemonías. De la americana y de la soviética. Un viaje de tres semanas, 32 mil kilómetros por la América Latina. Nos quedó una frase, dicha en castellano, «la mano en la mano».

De Gaulle no critica directamente en su viaje a las otras potencias. Pero, gran orador, se las arregla para que lo entiendan. En el balcón de Palacio dirá, con un arte de la síntesis heredada de la cultura francesa: «Francia es un país grande que ama a los países medianos y pequeños. Hay países grandes que no los aman». La gente escucha en la Plaza de Armas y rompe a aplaudir. El pequeño era el Perú. El grande USA. No nos quería. Francia sí. Todos entendimos. Eso fue todo. Éramos unas 50 mil personas en las calles, de Miraflores al Centro. Mucho para la Lima de entonces. Lo mismo pasaba en Caracas, Río, La Paz, Quito, Buenos Aires, México. Y nunca más hubo un jefe de Estado europeo tan aplaudido.

 

Publicado en Caretas, n°2355 del 09 de octubre de 2014, p. 64-65

Voto sensato en Lima y en provincias, descuajeringue

Written By: Hugo Neira - Oct• 07•14

¡Lima ha cambiado tanto! El niño Julius de Bryce Echenique descubre esta ciudad desde el carro, sin bajarse, el que maneja el chofer Carlos mientras la empleada Arminda le hace conocer desde la ventanilla «todas las Limas de hoy, ayer y las que fue», y el Mercedes deja atrás las grandes casonas y atraviesa una urbe «con casas cada vez más feas y menos árboles». Pero la enorme urbe de hoy, como la describe Giovanni Anticona y que sigue amenamente Javier Protzel, es vista de otra manera. Un estudiante de arqueología de la Universidad Católica toma dos micros. “Uno en Javier Prado” y el otro “en la avenida Túpac Amaru {…}. Una senda recta {…} que atraviesa el Rímac, Independencia, Comas y finalmente, Carabayllo”. No hay exotismo ni misterio ni para el narrador ni para Protzel, sociólogo, en magnífico libro que comentaré otro día.

Pero es la tarde del domingo y se tiene los resultados a boca de urna. Dos victorias y una cantada derrota, la de Susana Villarán. Lo siento, pero hay que decirlo, ha sido un voto sanción, no por lo que hizo o no hizo sino por modales y talante. Los peruanos no aguantan que los dividan más allá de sus legítimas diferencias. Es una lección para los que creyeron que tratando a la clase política casi por entero de “corruptos”, iban a producir algo así como el “que se vayan todos” de los bonaerenses. El tiro les ha salido por la culata. El aprismo con Cornejo está de vuelta. Y las grandes máquinas electorales.  Ahora bien, si en las líneas precedentes hablo de literatura, es porque existen señales de cómo ha cambiado la vida peruanolimeña. Si Susana y su gente hubiesen hojeado la novela de Anticona o escuchado, al menos, a los taxistas limeños. ¿Sabe el lector que la mitad de taxistas limeños tienen educación superior? (Protzel, p. 353) No, prefirieron ‘pitonisos’ extranjeros.

La contraparte de este voto limeño (lo anticipé, “el voto lógico”, (*) 11 de agosto) son los resultados regionales. En esas elecciones, bajo logos distintos y que no dicen qué son y solo sirven para inscribirse, hay de todo. Dejando el caso de Santos aparte, las campañas no se han hecho con micropartidos sino con algo como mototaxis, buenos como sabemos para distancias cortas. Algunas autoridades parecen haber sido reelectas, pero también hay flores de un día. Me temo algo. La reproducción a escala gigantesca del disparate capitalino. ¿Qué es Lima o las muchas ciudades que hay en ella? Una espectacular saturación de vehículos, debido a un transporte que nunca fue planeado en decenios anteriores. ¡Salvo el zanjón! ¿Y qué está ocurriendo en las ciudades peruanas? Ya son vocingleras y descuidadas. Sin trenes eléctricos u otro tipo de transporte masivo, ahí va Arequipa, Trujillo, Cusco, con atascos capitalinos. ¿El consumismo individualista va a reproducir en las urbes provincianas el mismo mal limeño? ¿Cómo pueden conjurarlo gobernanzas efímeras y sin vínculos otros que los locales? ¿Vamos hacia un país de muchas Limas? Los antropólogos hablaron de “la andinización” hace decenios. ¿Estaremos ante una limeñización de las regiones? Y eso ¿es bueno? Lo más probable es que nos desorganicemos más. Descentralizar es una cosa. Otra, descuajeringarse. Es limeñismo. Si quieren más información, en Martha Hildebrandt.

(*) http://www.bloghugoneira.com/non-classe/lima-del-voto-ideologico-al-voto-logico

Publicado en El Montonero., 05 de octubre de 2014

http://elmontonero.pe/columnas/2014/10/voto-sensato-en-lima-y-en-provincias-descuajeringue/

La cuestión Alberto Fujimori

Written By: Hugo Neira - Sep• 30•14

Una cuestión —la cuestión laboral, regional— es un tema siempre difícil. Pero voy a tratar de escribir una nota sensata sobre un tema insensato. La cuestión Fujimori, en la cárcel y preso también encerrado en sus propias pasiones. Ahora bien, tengo la intuición, que acaso venga de mis orígenes plebeyos —barrio de Lince, escuela fiscal— que la gran mayoría de peruanos no forma parte de las enconadas ideologías que se enfrentan en los medios, o chismosos o maniqueos. Una gran mayoría silenciosa existe. Y ella razona más allá de lo que Octavio Paz llamó “las cárceles del pensamiento”.

No es la primera vez que me ocupo de Fujimori. Escribí lo siguiente: «El peor enemigo del fujimorismo es Alberto Fujimori. {…} El peor enemigo de la candidata Keiko es su señor padre. ¡Qué dificultad la de los Patriarcas para dejar la escena del poder!» (“Fujimori y sus fujimorismos” (*), 27.01.2011, La República). Además, hice un análisis sin complacencia en un libro, El Mal Peruano (2001). Hoy, lo dicho por Mario Vargas Llosa es materia de comentario. Sine ira et studio. Sin parcialidad. Soy su amigo de siempre, pruebas no faltan, pero también, como decía el filósofo, “amigo de la verdad”.  Hace mucho tiempo que formo mis juicios sin otro recurso que el de mi propia razón. Y a mis riesgos y peligros.

Ante lo dicho por MVLL, para analizarlo digo que dijo dos cosas. “Keiko es la hija de un ladrón” y en consecuencia se opone a su candidatura. Y una segunda argumentación, que “indultará al padre”. Lo primero es impracticable. Por ética y por civilidad. El mundo liberal viene de dos raíces. La cristiana y la sociedad de individuos. La Cristiandad le da un alma a todos, nadie va al infierno por pecados de un pariente. La modernidad cree en el ciudadano y no en el clan. ¿Qué es eso de “es hija de tal o cual”? No estoy de acuerdo, ni para la candidatura del hijo o nieto de ‘Mosca Loca’. Si esa regla quiere ser moral, tendría que ser universal (E. Kant), y entonces tendría que aplicarse a ese Rey sensato que fue Juan Carlos I. ¿O acaso no es cierto que Francisco Franco lo guiaba, le indicaba los estudios y por último lo designa Rey por encima del padre, Don Juan, Conde de Barcelona? Cierto, no es su hijo, ¡pero sí hechura del Caudillo! Pero Juan Carlos I no fue el continuador del franquismo, al contrario. Dirige la Transición que desfranquiza España. El segundo argumento sí me preocupa. ¿Qué garantías tenemos que Fujimori, libre y en casa, no dirija el fujimorismo? A Mario Vargas Llosa, en eso le doy razón. El tema se desplaza al propio fujimorismo. Y a la celda del expresidente.

Entonces, señor Fujimori, tiene una sola alternativa. El desprendimiento. Pese a que los déspotas suelen ser tercos. No hubo cambios en China hasta la muerte de Mao. No se atrevió la Concertación en Chile a proponer un candidato socialista hasta la muerte de Pinochet. Fidel Castro sigue activo y Cuba se pudre. ¿Por qué, señor Fujimori, no hace esto: jurar el no participar en la vida política peruana? Nunca más. Sálgase de la lista de tiranos obcecados. Puede usted sellar su vida con un gesto de grandeza. No veo otra.

 

 

Publicado en El Montonero., 29 de setiembre de 2014

http://elmontonero.pe/columnas/2014/09/la-cuestion-alberto-fujimori/

(*) http://www.bloghugoneira.com/que-soy/periodista/diario-la-republica/trienio-11-10-09/nacional-politicaeducacion#Fujimori